TEMA OBLIGADO Por El Bardo de la Taurina

José Antonio Morante Camacho, el que nace en Puebla del Río, Sevilla. Y de ello le da maridaje al Morante de la Puebla, mismo que hoy está convertido en tema obligado, de un conglomerado sediento de mamar de las mieles que emanan de los elixires finos y también sea dicho, de las que produce y marea el populismo que son dos veneros diferentes, pero al final convergentes en el delirio de las masas, pero eso vendrá hasta dentro de unos  días, cuando Joselito Adame se embarre en la barriga a los cuadrúpedos y sea coronado como el ídolo emergente de México, ese al que todavía no le ha dado la personalidad como pa’ ya estar jamando de los tsunamis de los públicos.

 ¿Lo vio usted en la televisión vestido de paisano? Qué trabajo le costaba atarse al cogote un paliacate  de seda de esos que firma Pineda Cobalín y que cuestan mil baros, en el tianguis de su apoderado, ese donde usted compra y se convierte en ‘Totalmente changarro’  o un fino gazné de seda italiana y coronar la tatema que debe de ir bien engominada, con una gorra torera o hasta con un sombrero de ala ancha y entones, no estaría la gente preguntando ¿Y el joven a qué se dedica?

Como sí lo está, desde en ‘denantes’ y más subrayadamente en México, a partir del domingo pasado, Morante de la Puebla, personaje que a partir de sí mismo, está convertido antes que otra cosa, en un dechado de PERSONALIDAD que invita a la admiración o al repudio, pero que en cualquiera de las dos formas incita y consigue que la gente centre la mirada en él y eso en este galimatías, ha sido, es y seguirá siendo, el meollo del asunto, pues toreros o más bien sujetos que se vistan de luces hay muchos, mas con personalidad solo los elegidos y dentro de esos, este es el rey de diamantes.

Y que conste que no estoy chanelando de lo que hace o deja de hacer frente al toro, porque ese es tema orgásmico y no sé si en esta ocasión llegare a él, pues la mera y cruda neta a mi menda, lo que más o lo que primeramente me subyuga de un torero es su personalidad o de una vez pa’ decirlo claramente de cualquier persona, el sello propio, cuando se tiene, es el ábrete sésamo, ahí radica lo esencial, ya después viene lo substancial que es la ejecución de lo bien hecho en cualesquiera de los rubros o manifestaciones artísticas, eso diría yo, es indiscutible, y que conste que no estoy hablando de histrionismo, sino de percha la cual no necesariamente tiene que estar revestida con riqueza, sedas, aromas, pulcritud, ¡no, no, no! la personalidad es algo muy de uno, es tan propia que hace al individuo diferente, esté donde esté y es que insisto, ese don es la misma diferencia que existe entre una maquila en serie y un corte hecho a mano y me estoy refiriendo metafóricamente a todo lo excepcional.

 Como lo es este Morante de la Puebla, el que lo mismo vestido con el más refulgente de los ternos como ese que sacó el domingo en seda nazarena con bordados celestiales, estilo que tiene en varias tonalidades y variantes de bordados que estallan cual granate alucinante de belleza en el que luego se enfunda, para de ahí volcarse, cuando no está predicando en la locura del colorido estridente de sus pantalones naranja zanahoria o los verde rana, sin olvidar los rojos labios de piruja, en los que luego sumerge su extremidades, sin olvidar obviamente las alucinantes camisas que anda comprando en Polanco, concretamente en Antara y que la marca es Retro, bueno aún o a pesar de los atuendos a los que suma la melena alborotada tan de él, sigue siendo un tipo que en lugar de Lavanda o agua de colonia de Adolfo Domínguez, esa que destilan en Barcelona, transpira o más bien derrocha imantaría, que es, ese elemento que jala a todo lo que lo voltea a ver.

¡Ah! luego hay que oírlo hablar con la misma cadencia y perfume con el que firma todas sus obras, que precisamente son originales, auténticas, irrepetibles, inolvidables, infalsificables y sí en cambio deseadas, cotizadas, anheladas, alabadas, recordadas por mil razones y entre ellas una muy principal y es que están firmadas por un personaje endiosado, único, original llamado Morante de la Puebla, el que abrió su corazón el domingo en la Plaza México y les dijo:

Este soy yo y que la locura esté con ustedes, en el nombre del arte, del sentimiento y de la belleza, podéis ir en paz, la lidia ha terminado.

 

 

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