Ocho con Ocho: Cierre de la Grande Por Luis Ramón Carazo

En Guadalajara Talavante salio en hombros.

El domingo 21 de enero de 2016 culminó el serial que incluyó la celebración de los setenta años de la inauguración de la plaza de mayor aforo en el mundo.

Cerró con una gran entrada a la convocatoria de dos de los toreros más importantes de la historia del toreo; a caballo Pablo Hermoso de Mendoza y a pie, Enrique Ponce, desde luego que la comparecencia de los mexicanos Fermín Rivera y El Payo contribuyeron al ambiente de tarde importante de aquellas que convocan a todas las capas sociales del país y algunos que nos visitaron del extranjero.

Y me parece que en su gran mayoría los asistentes salieron contentos con lo visto en el ruedo.

Por delante Pablo Hermoso de Mendoza quién torea como auténtico centauro fusionado con sus cabalgaduras, a las que comanda con las riendas y con las piernas, para seguir sustentando el concepto de torear con el caballo sin lastimarlo, en perfecta sintonía, su revolución.

Su actuación con un toro con nobleza y celo a la hora de embestir de Los Encinos fue en constante crecimiento, para culminar con la suerte suprema ejecutada en un sitio perfecto para lograr hilvanar, no sin protestas, el cuarto rabo para su historia personal  y el quinto en la historia de La México para rejoneadores, el primero fue para Carlos Arruza quién combinó, para lograrlo, el toreo a pie y a caballo.

El toro se llamó Tejocote y es el segundo de Los Encinos de rabo para el navarro, el primero fue de Garfias y el otro de Montecristo, en La México.

Enrique Ponce es un hito en la historia del toreo, con más de veinticinco años de alternativa suma a su natural entendimiento de las reses de lidia, la capacidad de los detalles de artista que lo han convertido después de 100 astados lidiados en La México, en uno de los consentidos de la afición capitalina.

A lidiado a tres astados de Teófilo Gómez (uno sustituyendo a Payo)  el primero de los cuales fue muy débil y posteriormente otros dos con fondo de nobleza y acometividad, para que su actuación fuera para el público asistente, un sinfín de detalles, como cuando se dio a torear por naturales con primor cuando intempestivamente el toro se desprendió del capote del subalterno y él se dirigía a brindar a Miguel Alemán Magnani, para luego proseguir hacia las tablas una vez capturada la atención del cornudo.

Las crónicas se extenderán en su actuación y tal vez comenten algunos muy ácidos, que no faltan, que torea a gran distancia, que para ejecutar la suerte suprema se sale de la suerte, claro, le verán todos los defectos, pero surcar en el mundo del toreo al nivel de Enrique, solo él, ninguna figura de su cuerda ha durado tantos años manteniéndose en lo alto del escalafón como él lo ha hecho y eso se escribe fácil, ninguno lo había hecho.

También se dirá que no debió salir en hombros apelando a una regla que no existe por escrito en México, la de salir a hombros sin haber obtenido dos trofeos y se recordara que en Mérida, Venezuela triunfó con El Juli y otros colegas suyos con unos becerros, pero serán una raya más a un tigre que le pese a quién le pese sigue con ansia de figura grande, sólo él decidirá cuándo le para, por lo pronto los coros de ¡Torero, torero! De La México son para que se levante la epidermis de quién los provoca y escucha.

Fermín Rivera estuvo toreando con la gran escuela que tiene de lo bien hecho y en su primero demostró madurez, siendo imposible el segundo de su lote por su falta de acometividad.

El Payo estaba mermado e hizo un gran esfuerzo,  por esa razón no pudo redondear la tarde con el único de Teófilo Gómez que lidió. A mi manera de entender lo mejor del encierro al combinar nobleza y codicia en la embestida, en otras circunstancias tal vez hubiéramos visto una  faena de altos vuelos, que solo quedó en detalles y en preocupación constante al ver al torero tratar de sobreponerse al mal que le aqueja. Que se mejore.

En fin un cierre triunfal, ya veremos que depara el futuro.

Y no se puede dejar de felicitar a la ganadería de Jaral de Peñas por la lección dada en Guadalajara en cuanto trapío y emotividad de sus toros, salieron en hombros Talavante y Roca Rey junto a Juan Pedro Barroso digno hijo de don Luis Barroso, quién en el cielo debe haber vibrado con la tarde tapatía.

Nacho Garibay con una oreja en la espuerta, quedó con las ganas de acompañarlos.

Sigue dando ejemplo Guadalajara que la seriedad paga dividendos. Ya nos extenderemos, por lo pronto empieza Texcoco, desde luego continúa la Perla Tapatía de lo cual platicaremos.

1 comentario »

  1. Buenísima corrida, que nos deja un grato sabor de boca en este final de la temporada. Lástima que no vimos otra de Roca Rey, que ayer triunfó en GDL y tendremos que ir a España para verlo.

    Me gusta

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s