Soñó con ser torero y vivió la aventura de novillero, con luces y sombras

Soñó con ser torero y vivió la aventura de novillero, con luces y sombras -

Por Salvador Bellés.

Castellón vive, como cada año, las fiestas de la Magdalena, con muchos acontecimientos punteros en ellas. Uno viene a través de las corridas de toros. Son las que han instaurado la Feria de la Magdalena en todas partes y para siempre. Están en las entrañas de los sueños ancestrales de muchos castellonenses. Ya es sabido que han suscitado en nuestro mundo artístico poemas, romances, canciones, música… Un día de corrida cambia la fisonomía de las calles; hay quien dice que los toros devuelven la juventud a la ciudad, haciendo olvidar todo lo demás, aunque sean fiestas.

Un día de toros hace que de todas las comarcas de nuestra provincia vaya llegando un gentío que invade las calles, dándole un aire característico. Y eso en verdad tiene lugar en cualquier ciudad, grande o pequeña, en la que las corridas de toros son parte sustancial de las fiestas. Y aunque para algunos quede en su interior la imagen de mujeres con mantillas, con claveles en sus cabellos, a veces envueltas en vistosos mantones, a otros les hace soñar lo que ha ocurrido sobre la arena de la plaza. Son los aspirantes a toreros, envueltos en sueños y deseos. Es el caso de Pascual de la Cruz, el que fue aspirante a matador de novillos toros.

LAS ALTERNATIVAS // Durante la celebración de la Magdalena, han tenido lugar varias alternativas. La primera fue el 28 de febrero de 1932 y correspondió a Alfredo Corrochano. Se la concedieron Marcial Lalanda y Domingo Ortega. La segunda fue para Luis Castro ‘El Soldado’, mejicano, con Rafael ‘el Gallo’ como padrino. La tercera la recibió Antonio Chenel ‘Antoñete’, la tarde del 8 de marzo de 1953, de la mano de Julio Aparicio. Joaquín Bernardó fue el cuarto torero, en la corrida del 4 de marzo de 1956, con Antonio Bienvenida y Julio Aparicio en el cartel. Y la quinta es la de nuestro Antonio Rodríguez Caro, el 5 de marzo de 1961. Se la dio Chamaco, con la ganadería de Sánchez Cobaleda.

Y ahí me detengo. Estamos ya en nuestra época, la de Pascual de la Cruz y también la mía. En la calle de Enmedio, tenía su peluquería el llamado Paco Andreu, al lado de los carruajes de Toribio, muy taurino también. Mientras el padre me cortaba el pelo, allí se hablaba de las alternativas taurinas y Paquito Andreu, su hijo, tocaba el violín, interpretando piezas que él había compuesto. Tres pasodobles taurinos, dedicados a Rodríguez Caro, a Pepe Luis Ramírez y a Fernando Zabalza. Me invitaron a hacerlo y yo, mientras tanto, iba creando y recitando las letras de los tres pasodobles que, en la Magdalena siguiente, también tomaron la alternativa en la plaza de toros, con la Banda Municipal de intérprete musical.

LA VIDA // En Lucena del Cid, nació Pascual de la Cruz el día 17 de abril de 1934, hijo de Pascual de la Cruz Cabrera y María Planchadell Castillo, muy relacionados con Castellón a través de su colaboración laboral con Rafael Ribés. Al año siguiente nació Manuel, que falleció pronto.

La familia no tardó en trasladarse a Castellón y eligieron su vivienda en un piso de la avenida de los Hermanos Bou, el camí la mar. En la planta baja, instalaron su vaquería. Enfrente, la compañía permanente del conocido como “Ingenio”, esa mágica instalación eléctrica. Aquel entorno era el grupo Virgen de la Luz.

Por tanto, Pascual pasó su infancia entre vacas, en ese establecimiento donde hay ganado vacuno y se vende leche. Eran los años de la posguerra y alrededor de la vaquería no había casas, había masets, alquerías, aunque también convertidas en viviendas. Así que el oficio de Pascual fue el de ayudar a su padre a repartir con los recipientes apropiados, la leche por los alrededores, desde la Media naranja hasta el Grao. Se trataba, en realidad, de una lechería. Aún estaba muy lejos la llegada de Prica y Alcampo.

Con ese ambiente, rodeado todo el día de ganado vacuno, Pascual pensó que lo suyo era hacerse torero, matador de toros. Así que, muy pronto, en bicicleta, él y un compañero se trasladaron al Grao a torear en fiestas.

PRIMERA COGIDA // Su debut fue en la plazoleta pública frente a la iglesia. Ya se estaban celebrando las fiestas en honor de San Pedro, de 1951. Había mucha ilusión pero no acompañó la suerte. Al tercer muletazo, el becerro le dio un trompazo con su parte trasera y lo tiró contra la barrera. Resultado: rotura de clavícula.

Pero Pascual tenía ganas de convertirse en torero y no tardó en estar presente con su capote y su equipaje, sus ‘trastos’ de matar toros, en muchas de las fiestas taurinas de la provincia. Y me viene a la memoria, la imagen del Auto Pastoril de Gil Vicente, insertado en el tomo IV del legendario Cossío, que dice: ‘Tú, que andas siempre en bodas, corriendo toros y vacas…”, aludiendo a quien va en busca de encontrar su camino taurino. Y uno de sus principios tuvo lugar en agosto de 1953 en la plaza de toros de Gerona. Le acompañó un banderillero llamado Pablito Selís, hijo del popular ‘Bombero Torero’. Tuvieron un éxito destacado y Pascual cortó yo diría que su primera oreja. Siguió después en los festejos extraordinarios de Benassal, donde coincidió con varios de los compañeros de Castellón.

SEGUNDA COGIDA Y BODA // En la ya tradicional Feria de Benassal, con ‘bravas reses de casta’ como se anunciaba en los carteles de 1954, Pascual sufrió su segunda grave cogida, que le obligó a quedar ingresado durante dos semanas, siendo atendido por las monjas del pueblo y visitado cada día por muchos vecinos, ya que, antes y también después, Pascual de la Cruz cortó orejas en aquella feria y siempre fue acogido como un héroe. Hubo otras plazas y siempre muchas emociones. Y el 21 de agosto de 1955, hubo en Castellón la gran novillada con Ramírez, Zabalza y Rufino Milián y el propio Pascual de la Cruz. También sufrió una grave cogida, que le mantuvo convaleciente un mes entero en la enfermería de la plaza de toros y atendido por el cirujano Manuel Agut, aunque a quien más recuerda es al entonces conserje, Vicente Soliva y a sus hijos, Antonio y Celia.

Y llegó la boda. En Santa María y el 21 de enero de 1961. Con Adelina García Ruiz, con la que tuvo tres hijas, María José, Sara y Mercedes. Hay dos nietos ahora, Héctor y Óscar. Y sin moverse del camí la mar, ha tenido una vida feliz. Todo acabó cuando, después de Armando Moreno y su esposa Nuria Espert, también de Armando Alegre, formó parte de la empresa del Teatro Principal. Ya con traje y corbata.

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