Por Xavier Toscano G. de Quevedo.
Estamos ya en la semana de “Farolillos” y Sevilla vive con grande intensidad los últimos días de su Feria de Abril. En El Real de la Feria, la fiesta y la algarabía de los sevillanos se prolonga no solamente durante las largas horas de la noche, ya que ésta se continúa hasta cuando el sol refleja sus primeros rayos en las aguas del río Guadalquivir.
Hemos arribado al ecuador de “Farolillos” y hoy miércoles tendremos la presentación de “Los Victorinos”, esperando con impaciencia ver sí por fin, ahora aparecen “toros bravos” en el albero sevillano, porque habrá que señalar, que la mansedumbre y falta de fuerza ha sido el común denominador de todas las tardes. Interesante también se presenta el cartel del viernes 15 y obviamente la corrida de Miura, que pondrá punto final a la feria.
Pero mientras le llega su hora a estos acontecimientos, continuaremos nuestro relato que enmarca la trascendental historia de La Real Maestranza, recordando los últimos párrafos del escrito anterior, en el apuntamos como llego la transición que llevó finalmente al año de 1670 cuando el Rey Carlos II ordenara la creación del Real Cuerpo de Maestranza de Caballería de Sevilla, convirtiéndose la antigua cofradía de San Hermenegildo, en “Hermandad de Maestranza”. Seis décadas después, en 1754 finalmente se les otorga a Los Maestrantes la posesión de unos terrenos que se utilizaban como tiraderos de basura llamados del “Baratillo”, y el asentamiento de la nueva plaza es definitivo, construyéndose como era lo usual en aquellos años, con materiales de madera que tenían que ser reparados y remplazados continuamente.
En el año de 1761 se da inicio a la construcción definitiva encargándosela al arquitecto Vicente de San Martín la elaboración de los planos del nuevo recinto que cambiaría una parte de su madera por material. Para 1786 un tercio de la plaza ya estaba construida de cantería, incluido el Palco del Príncipe. Llegado el siglo XIX y más específicamente en 1849 las últimas estructuras de madera fuero sustituidas por material, estando ya prácticamente completa la obra, emergiendo majestuosa la Real Maestranza de Caballería, plaza de toros que por su clásica, armoniosa y regia arquitectura es sin duda ni comparación, la más bella, atractiva y hechizante de todas las plazas españolas y del universo taurino.
Cuando el coso Maestrante adquiere su fisonomía, paralelamente nacería la feria de abril, y aunque en 1850 únicamente se anunciaron dos festejos, al ir avanzando los años se llegó a la semana completa, y la feria sevillana fue consolidándose como la más importante de España. Es así, como Sevilla acuñó el modelo de las ferias y después Madrid se vio en la necesidad de trazar su Feria de San Isidro en la década de los cuarenta, cuya la de Sevilla llevaba más de un siglo.
Muchas planas se han escrito sobre este magno y real escenario, de sus Maestrantes – únicos propietarios del inmueble – de los toreros que por él han pasado, y seguramente aún quedará mucho por escribir. Esta es su fascinante historia, y espero no haber quedado mal con mi brindis ¡”mi estimado amigo”!
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