Por Xavier Toscano G. de Quevedo
No hay plazo que no se cumpla ni fecha que no llegue, así que estamos un año más a las puertas de la feria más importante del mundo taurino, la única que verdaderamente ilusiona a los toreros, porque ellos lo saben, de aquí depende su futuro taurino, son Las Ventas la plaza “que da y quita”, es ella y solamente ella, porque ninguna otra plaza en el mundo, con sus ferias, “y feriecitas” tiene ni por asomo su jerarquía, y los toreros lo saben, es por ello que los no convocados están absolutamente consientes que su año taurino se verá con muchos nubarrones.
En este 2016 se estarán cumpliendo 69 años de historia, en la que se han escrito páginas de gloria y de tragedia, de encanto e igualmente de aburrimiento, pero así es San Isidro. Tendremos la oportunidad de disfrutar, o no, de 31 festejos, programados de la siguiente forma: 24 corridas de toros —y serán toros—, cuatro festejos de rejones y tres novilladas, en las que encontramos con crecido gusto y optimismos la participación de Octavio García “El Payo”, y al novillero hidrocálido Luis David Adame en dos tardes, y al peruano Roca Rey en tres, con amplias posibilidades de convertirse en la figura de San Isidro.
La importancia de San Isidro no es obra de la casualidad, tampoco es el capricho de nadie, es únicamente el trabajo intenso, serio y decidido de siete décadas, de muchos hombres, de autoridades gubernamentales y empresarios que a través de su historia siempre se han comprometido y obligado a velar por la autenticidad del espectáculo, el cual finalmente —esto es lo verdaderamente importante— es valorado y custodiado por una afición exigente, juiciosa y responsable en su papel demandante ante toreros, ganaderos y autoridades, comportándose siempre inflexibles y rígidos en sus apreciaciones, como de igual forma deberían comportarse y ser todos, absolutamente todos aquellos aficionados que respetándose, acuden a cualquier plaza del mundo.
Criticada injustificadamente por algunos mediocres, que llevados por un impulso y aspaviento de envidia absurda, como siempre ha sucedido en las actividades que realizan los hombres, y más aún cuando se alcanzas logros y éxitos, es absolutamente cierto, que es mucho más aclamada por la mayoría de los aficionados, porque sin lugar a dudas, es la feria madrileña el foco de atención en el planeta de los toros, en la que veremos tarde a tarde las localidades agotas del coso venteño, sin importar lo modesto que pudieran parecer algunos carteles.
A partir del viernes Madrid se convertirá en el epicentro del mundo taurino, los aficionados al toro verán salir por la puerta de toriles auténticos TOROS, seguramente muchos que no cumplirán con su “distintivo que los diferencia de los demás vacunos de la creación; la bravura”, otros más que serán devueltos por carencias físicas, y muchos que pondrán a cada toreros en su lugar. Pero Madrid es para soñar e ilusionarse en conseguir un lugar importante en la más bella y enigmática de todas las fiestas; la de su majestad El Toro Bravo.





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