Indultitis y Puertagranditis.

Por Antonio Burgos.

La pamplina gaditana se está perdiendo y es una pena. Los más geniales, para quitar importancia a sus ocurrencias, las llaman pamplinas. Aquí hacemos lo mismo, pero rebajándonos de rancho de genialidad alguna. Vaya, pues, una pamplina del montón. En la que piensa un montón de gente.

Indultitis. «Ea, pues vamos a intermedio,/y para alegrar la espera,/¡suenen las notas juncales/de la música torera!». Aparte de otros males, como el prohibicionismo de los separatistas como símbolo de España, como el antitaurinismo de muchísima gente joven, como tener los enemigos dentro, ahora el Toreo padece las epidemias de la Indultitis y la Puertagranditis.

Hombre, ya que pagamos, que veamos indultar un toro (o dos) y a un torero (o dos) salir por la Puerta Grande. En el Toreo, las rebajas de julio son ya en abril y en mayo. Y no en plazas portátiles de pueblo: en Sevilla y en Jerez.

El Pana. Era el pobre mexicano berrendo en chuflón, con puro encendido en el paseíllo. Pero en la Verdad del Toreo ha quedado tetrapléjico de un volteretón como el que mató a Antonio Bienvenida. Bueno, pues hay malnacidos antitaurinos que se alegran de lo que le ha pasado al pobre Pana.

Son sencillamente unos hideputas, por terminar con Cervantes lo que empezamos por Shakespeare.

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