REQUIEM POR UN REY

La feria de San Isidro 2016, en la capital española, incluyó por sexta ocasión en el cartel inaugural, a un torero mexicano. Fue el pasado sábado 14 de mayo cuando el hijo de David Silveti Barry demostró de que está hecho como torero.

Jamás he asistido a una plaza de toros a contar orejas y rabos, como aficionado irredento. Un pase, un puyazo, un par de banderillas, una estocada, un quite o un desplante me paga la tarde; mucho menos cuando veo las faenas por televisión, como en este caso, desde la comodidad del hogar.

Diego Silveti del Bosque tiene un largo camino por recorrer, para emular a su padre, abuelo y bisabuelo, especialmente para los autodenominados conocedores de mi generación, que esperan ver en él, la resucitación de su progenitor, como es mi nostálgico caso, pero se ha ganado mi corazón y respeto por su raza.

El “Rey” David nació en el Distrito Federal el 3 de octubre del año 1955, arrancó como becerrista a mediados de los 60’s y fue un novillero por demás destacado, recibiendo la alternativa el 20 de noviembre del 77 de manos de “Curro” Rivera como padrino, atestiguando la ceremonia “Manolo” Arruza en la Plaza Revolución en Guanajuato,  confirmado el 7 de enero del 79 en “la México” con Manolo Martínez y Eloy Cavazos, donde sufrió la primera de las incontables afectaciones en la rodilla que lo persiguieron a lo largo de toda su deslumbrante carrera, confirmando en “Las Ventas” madrileñas el quinto mes del año de 1987, el día 24, al lado de Nimeño II y Tomás Campuzano, siendo el único mexicano –hasta hoy– en matar toros de su país en su bautizo taurino en tierras españolas.

Fue una figura indiscutible, la verticalidad de su tauromaquia, su clase, su elegancia natural, su porte no tenía parangón, se decía que “David torea con un hierro en la pierna y otro en el corazón” y así era, así se sentía, por su valor inconmensurable, por la emotividad de su presencia, por su absoluta y total entrega. No pisé la Plaza más grande del mundo sino hasta principios de los noventas, cuando fue reabierta con un cartel inmejorable, las tres figuras de la década; “Curro” Rivera, Mariano Ramos y David Silveti, la sola algarabía de estar ahí por vez primera era por demás suficiente, sin embargo quien me pagó la tarde fue el “Rey” y lo hizo con creces al cortar la única oreja del festejo e increíblemente por una estocada perfecta, algo que nunca volvió a realizar.

El último rabo de su vida lo cortó en Tijuana a principios de este siglo, cuentan los asistentes que fue la tarde soñada, que nunca había toreado de esa forma, tocando el cielo y conmoviéndose y conmoviendo hasta las lágrimas a la mayoría de los felices concurrentes, finalizo su vida taurina con dos sublimes faenas en su plaza “La México” en enero y febrero de 2002.

Debo haberlo visto en el ruedo unas dos docenas de veces continuamente conquistador, perturbador, impresionante, lleno de sensibilidad y emotividad, fuera de la plaza era todo un caballero de porte aristocrático y una simpatía desbordante, accesible y amable, con una sonrisa cautivadora, seductora y la franqueza y alegría de sentirse pleno como artista, como persona, como ser humano realizado.

La tristeza que lo invadió al saber, que por las dolencias físicas, no volvería a portar el traje de luces, llevó a David Silveti Barry a la decisión más trágica de su vida el 12 de noviembre del año 2003 –con menos de 50 años– terminando con su existencia en esta tierra y dando paso a la leyenda que seguirá iluminando a su ilustre como esperanzadora estirpe.

Hasta siempre.

Fuente:zetatijuana.com

Una respuesta a “REQUIEM POR UN REY”

  1. Tuve la fortuna de conocerlo personalmente en 2001 en Guanajuato, cuando lo invitamos a dictar su conferencia: “Etica,Estetica y Patetica del Toreo”, y despues en 2002 lo trajimos a un Festival en el Cortijo San Javier de Guanajuato capital. Todo un caballero…

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