San Fermín es en julio

Por Xavier Toscano G. de Quevedo

El alcance que logra una festividad popular siempre va en relación a la personalidad de un pueblo, la dedicación que a ella consagran, a su gente y principalmente a su historia. Es por ello que iniciado el mes de julio, en la ciudad de Pamplona, del Reino de Navarra, se viven con una muy especial expectación las festividades de su Santo Patrono “San Fermín”.

De todos los rincones de la Península Ibérica, y a través de los años cada día se ha ido incrementando el número de visitantes llegados de todos los rincones del mundo para acudir a las calles de Pamplona, y estar presentes en una fiesta que cautivó grandemente al célebre escritor norteamericano “Ernest Miller Hemingway”, que en sus crónicas narró al mundo entero lo que en ellas se vivía, pero que nunca imaginó que a través de las décadas y más acentuadamente en este nuevo siglo, se ha venido perdiendo su verdadero espíritu taurino, convirtiendo sus calles en un trastornado regodeo de alcohol y desenfreno, en el cual participan infinidad de locales y turistas, que ni siquiera saben y mucho menos conocen —¿A estos ignorantes, les importará?— qué es un Toro Bravo.

Los aficionados pamploneses son un pueblo entregado con entusiasmo a una tradición enraizada como ninguna otra de sus costumbres y que hoy llaman “Los Sanfermines”, que da forma al más exaltado estallido de un pueblo cautivado por el culto a su Majestad El Toro Bravo, que se convierte en el eje central de estas celebraciones y que nacieron en el marco de los festejos en honor del patrono de los navarros, San Fermín de Amiens.

El Santo Protector de estas fiestas —así lo suplican en sus cantos los corredores cada mañana— nació en la ciudad de “Pompaelo” (hoy Pamplona) probablemente en el año 272 de nuestra era, siendo hijo de un senador romano de nombre Firmo, importante oficial de la administración romana en el siglo III. El joven Fermín se convierte al Cristianismo y es bautizado junto con sus padres por el Obispo Saturnino de Toulouse, y con tan sólo 18 años de edad fue ordenado sacerdote, viajando a Francia a la ciudad de Amiens en donde es nombrado Obispo a sus 24 años de edad. Fue un gran predicador y evangelizador de su tiempo, pero es aprehendido por las autoridades que se oponían a la divulgación de la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo, y es condenado a ser decapitado, muriendo en este martirio el 25 de septiembre de año 303.

Es hasta el año de 1186 (nueve siglos después de su martirio) cuando el Obispo Pedro de París lleva de la ciudad de Amiens a Pamplona una reliquia de San Fermín, convirtiéndose a través de los años en el patrono de Navarra junto con San Francisco Xavier. Con el paso del tiempo, la fiesta patronal que se celebraba en septiembre, se trasladó al mes de julio, y la solemnidad religiosa en honor a San Fermín, se amalgamó junto con las fiestas lúdicas de su Majestad, el Toro Bravo.

Fuente: http://opinion.informador.com.mx/Columnas/2016/07/06/san-fermin-es-en-julio/

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