Tendido 7: ¡Silencio, estamos de luto!

El capote de Víctor Barrio colgado en el balcón de la casa del reloj, con un crespón negro

Por Xavier Toscano G. de Quevedo

Nuestro enigmático Espectáculo Taurino es un acontecimiento que lleva implícito un fondo de dramatismo y muerte. En esta celebración encontramos dos opositores, a su majestad el Toro Bravo y a un lidiador llamado torero, cada uno preparado con sus armas; el toro con sus cualidades que le ha otorgado la naturaleza, que son su carácter de acometividad y sus astifinas astas —armas letales— y el torero con su inteligencia reflejada en el oficio para lidiarlo, y sus implementos —capote, muleta y estoque— que constituyen un difícil equilibrio, pero que son los elementos con los que se crea este incomparable arte.

Este complejo dilema son los elementos de una celebración solemne, nacida de la casualidad —el encuentro fortuito con el toro bravo hace más de nueve siglos— y el ingenio de los caballeros de esa época, que a través de los tiempos se convertiría en un hecho social, que no únicamente fue adoptado en sus inicios, finalmente se adaptó a una sociedad que continua con “vigencia” hasta nuestros días.

El Espectáculo Taurino es un hecho cultural, como lo han definido muchos intelectuales, poetas y filósofos  a través de su historia, como Federico García Lorca, Ortega y Gasset, Mario Vargas Llosa y muchos más. Sin la fiesta brava sería muy difícil comprender el desarrollo de muchas sociedades, iniciando por sus creadores el pueblo español, continuada y perpetuada por las naciones de nuestro continente en donde sus sociedades igualmente se “adaptaron y la adoptaron” como parte de su legado cultural.

Así, la realidad de nuestra fiesta —vilmente criticada por personas manipulas, y sin el más mínimo conocimiento de su esencia, pero que no se miden para insultar y agredir — en donde el componente cardinal queda implícito en el riego de la muerte, fundamento serio y muy radical que prevalece, pero que se convierte a algo profundo y de incalculable respeto que le es consustancial, que deriva en la posibilidad de que un toro pueda herir o también privar de la vida a un torero.

Todo esto, no debe transportar a una reflexión rigurosa y formal sobre el hecho de igual forma un hombre, nombrado torero, al asumir ésta profesión acepta la posibilidad de morir. Es éste un predicamento muy serio, grave e importante que le da un valor inmenso e incalculable a nuestro sublime Espectáculo Taurino.

¡Estamos de luto! Una vez más nos falta un torero, se llama Víctor Barrio, y falleció la tarde del pasado sábado a causa de una impresionante cornada en el pecho que le infirió el tercer toro de la tarde; se llamó “Lorenzo” marcado con el No. 26 de 529 kilos y pertenecía a la dehesa de Los Maños, era de pelaje negro. ¡La corrida se ha suspendido, así lo dictaminó el director de lidia Curro Díaz!

¡Silencio, hoy estamos de luto, un hombre se ha jugado la vida en la Plaza de Teruel! UN TORERO una vez más ha entregado su vida a la fiesta, asumiendo un riesgo que él escogió libremente, con la ilusión —como tantos a través de los siglos— de llegar a ser una figura importante, y de alcanzar la gloria en este enigmático espectáculo que nace de la presencia  de su Majestad, el Toro Bravo.

Fuente: EL INFORMADOR

2 Comentarios »

  1. Hermoso, Respetuoso y Triste testimonio de alguien que quiere y respeta la fiesta de los toros y sus conceptos vertidos en este artículo, para el hombre muerto, el torero caído en el magisterio de su oficio y el del esposo que ya nunca volverá a su hogar.

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