¡Enrique Ponce es a la perfección!


Por Xavier Toscano G. de Quevedo.

¿Cuáles son las principales virtudes y cualidades que debe poseer un torero para lograr ser un digno representante de su profesión?

En el enigmático y sublime mundo de la tauromaquia, y a través de su ya dilatada historia —más de nueve siglos y seguramente continuará— hay enunciados que han quedado acuñados por la importancia y trascendencia de quienes los han expresado y que además enmarcan perfectamente sus condiciones:

“Para ser torero, primero habrá que parecerlo”, afirmó El Pasmo de Triana Juan Belmonte, uno de los toreros más importantes y eje piramidal de la tauromaquia, que obtuvo el don y la capacidad para evolucionar y sus enseñanzas dictaminaron las nuevas formas, y la técnica para lidiar reses bravas dando con sus virtuosas ideas, pasó al torero moderno.

“Torear, es mandar sobre los toros”, palabras que exteriorizó el ganadero de Galapagar Victorino Martin, quien además agregó: “Pegar pases a una res, eso cualquier torero lo hace, torear de verdad es privilegio de muy pocos”. Qué razón y con qué claridad lo expresó, el mejor ganadero de reses bravas que hay en este momento, y para ser más precisos en las últimas cinco década en el mundo de los toros.

Dos frases imborrables en nuestra fiesta, que son un enigma y sentencia para la gran mayoría de individuos que persiguen el sueño de ser toreros, pero que no cuentan con la inteligencia para captar o asimilar dos cuestiones que son fundamentales: la primera y de máxima importancia es la de negarse a aceptar que se carece de las cualidades fundamentales para poder realizar e interpretar frente a un “res brava”, momentos mágicos y de inspiración artística. Y la segunda, que su capacidad para aprender y asimilar el oficio, o los principios en la lidia de “reses bravas”, es muy limitado.

Además deberemos siempre recordar que existen más premisas o postulados imprescindibles que a la letra dicen: “El Arte de Torear, es el acto gobernado por el sentimiento, la estética y el corazón, asociado al conocimiento y el dominio perfecto y absoluto de todas las suertes del torero”. Y otro más que apunta: “Lidiar, es mostrar el funcionamiento sereno y exacto, en el cual la inteligencia, la técnica y los conocimientos ayudan a lograr el mando y dominio total sobre las reses bravas”.

Así, entendidos estos conceptos, tomemos como ejemplo lo sucedido en la ciudad portuaria de Santander el pasado martes 26 de julio, en su tradicional feria dedicada al Apóstol Santiago, en el cartel que estuvo integrado por el maestro de Valencia y pilar fundamental del toreo Enrique Ponce, Juan del Álamo y el torero peruano Andrés Roca Rey, en la lidia de reses de la dehesa de Miranda y Moreno —encaste Juan Pedro, ni modo— de los cuales el salido en cuarto lugar por lo menos “¡embistió!”  

¡Qué faena del maestro Enrique Ponce! La perfección a su máxima expresión, es él la figura non de la tauromaquia, es él la efigie e imagen de la fiesta en las últimas tres décadas, ha alcanzado ya los dinteles de la gloria, en este enigmático y sublime mundo, que vive gracias a su majestad, El Toro Bravo.

Publicado en El Informador.

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