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Muere el torero Manolo Cortés


El matador de toros sevillano Manolo Cortés ha fallecido en el Hospital de San Juan de Dios de Bormujos a los 67 años, han informado fuentes allegadas al malogrado espada.

El torero arrastraba una gravísima dolencia que le había retirado de la vida pública en los últimos meses; y su estado de salud había empeorado irreversiblemente en los últimos días. Su fallecimiento, que ya era esperado en el ambiente taurino sevillano, ha causado un hondo pesar entre la gente del toro.
Manolo Cortés nació en la localidad sevillana de Gines el 11 de junio de 1949 en el seno de una familia humilde, por lo que pronto encontró en el toro un salvoconducto para salir de la pobreza.

Su primer contacto fue actuando en la parte seria de un espectáculo cómico taurino, donde ya algunos vieron las cualidades que atesoraba, lo que hizo que el 8 de septiembre de 1969 se presentara por primera vez de luces en Santisteban del Puerto (Jaén) alternando con Antonio Millán, Carnicerito de Úbeda.


Al cabo de tres años en los que Cortés, torero de arte y de estirpe gitana, se fue forjando como uno de los novilleros más importantes del escalafón, tomaría la alternativa en Valencia, el 14 de marzo de 1968, hace casi medio siglo.

Su padrino fue el rondeño Antonio Ordóñez, que le cedió un toro de Urquijo, compareciendo como testigo de ceremonia su paisano sevillano Diego Puerta.



La confirmación y su debut en Madrid, animada por sus primeros éxitos profesionales, no se haría esperar. Sólo dos meses después vuelve a ser apadrinado por Ordóñez, que le entrega los trastos en presencia de Miguelín para lidiar un toro de Murube.
Cortés fue un lidiador de corte artista, torero de toreros, que mantuvo el crédito y la admiración de los profesionales y aficionados a pesar de los altibajos de su larga trayectoria.

La carrera de Manolo Cortés, con algunas intermitencias, se prolongó hasta finales de la década de los 90 del pasado siglo XX. A partir de entonces su figura adquiere prestigio como preparador y entrenador de toreros.

Cortés también destacó en el campo del apoderamiento y fue el responsable del lanzamiento del joven matador camero Alfonso Oliva Soto y principal forjador de la resurrección taurina del palaciego Pepe Moral, al que apoderó hasta 2015.

Publicado en Diario de Sevilla

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Corbacho en la piscina

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Por Chapu Apaolaza.

Entrada la noche, las chicharras arrancaron a cantar y sobre el quicio de la ventana de la pensión anoté la portagayola de mis recuerdos: «El país de las maravillas de Alicia queda entre Sevilla y Mérida, en la sierra de Aracena. Entre la espesura verde de encinas y jaras, el Castillo de las Guardas, y más allá, una pedanía: La Alcornocosa. Pasado el pueblo, tres perros en la cuneta y una casa en obras en la que hay casi de todo: ovejas escapistas, hermosas gallinas, gansos con mala leche, un burro grande, otro chico, dos potrancas alazanas, un erizo blanco que duerme debajo de una teja, un loro que habla por teléfono y un enano torero que te adivina la muerte».

La medida de toda aquella geometría onírica la daba un hombre vestido con una chilaba, la barba blanca, larga y socrática, el pelo alborotado como una prolongación de las ideas, la piel de un ballenero y los ojos profundos, prendidos de un dolor directo, franco y constante como un tiro en una rodilla. Se llamaba Antonio Corbacho y era forjador de toreros. Leía a Confucio y se descojonaba cuando se escapaban las ovejas y cuando se le engorilaba el enano, que tenía una mala leche de ciego y que decía a la gente cuándo se iba a morir. El enano tenía allí una casita del Leroy Merlín, de esas que le compraría un rico a su hijo por la primera comunión y Corbacho no sabía lo que guardaba allí. «Si entro, el enano me mata». Corbacho lo había rescatado un día en que había llegado al pueblo en un espectáculo de toreo cómico que se llamaba ‘Fantasía Taurina’. Venía en un coche que andaba solo, vestido de militar loco. Corbacho, que pasaba sobre las vidas de las personas como la cuchilla de un barbero, cuando se le quejó le dijo que ya era hora de que fuera matando al enano que llevaba dentro. Al Niño del Sol Naciente, al que un toro le dejó en silla de ruedas y que estaba sumido en una depresión, le soltó que o dejara de lamentarse o se pegara un tiro. Y lo arregló. Se quedó allí a torear, que es una forma de vivir, aunque sea en silla de ruedas.

Corbacho se juntaba con los toreros a decir cosas. Se entrenaban en atletismo, en ballet y en yoga y leían el bushido. En ese gimnasio espiritual de matadores se formaron José Tomás o Alejandro Talavante. Le gustaba que sus toreros fueran samuráis. Hablamos una tarde entera y mientras el enano regaba las azucenas, comentaba el vacío del ruedo como el cero absoluto y a la vez el infinito retratado sobre el bucle de la circunferencia del redondel; la eternidad dibujada alrededor de una boca de riego, el eterno retorno de un rito que siempre es igual y distinto, los hombres que son ellos en un instante y después salen volando en pedazos. Las golondrinas chirriaban al cortar el aire dulce y morado de la tarde y bebían en pleno vuelo del agua de la piscina sobre la que flotábamos él y yo.

Corbacho sabía quién podía ser cada uno, que es el gran secreto. Por eso tenía la sartén agarrada por el mando del destino. En los momentos en los que uno se asoma a determinados abismos, recuerda a Corbacho flotando en esa piscina y aquella gran lección: la manera más rápida de no ser nadie es convertirse en todas las personas que los demás pretenden que sea uno.

Publicado en lavozdigital.es

 

Opinión: Y si no, que lo quiten… Por Fernando Fernández Román

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Tengo para mí, que el indulto del toro de lidia durante la misma es cosa buena. Buena, obviamente, para el propio animal –se libra del fin de su existencia, que no es poco–, para el ganadero que lo ha criado –es un bien gratuito que se incorpora a la cadena reproductora de su industria pecuaria–, para el torero que ha disfrutado de la excelencia de su comportamiento y para el público, que ha gozado con tan afortunado y feliz encuentro. Item más: sirve de regalo argumental para mostrar a la fiel y feroz infantería antitaurina que los aficionados y los profesionales no vamos a la Plaza sedientos de sangre y de muerte, sino a presenciar la expresión de un arte fugaz y dinámico y, a la vez, a reconocer –y premiar hasta su más gratificante consecuencia– los valores biológicos del principal elemento que lo permite.

Por tanto, son muchas las razones por las que el indulto del toro bravo debe estar presente en el desarrollo de los festejos taurinos, y sin embargo creo, también, que su regulación reglamentaria es un caos en toda regla, un galimatías que induce a polémicas a veces furibundas o a controversias del más variado jaez.

Para empezar, hemos de tener en cuenta que en las corridas de toros el público es especial. Muy especial. Hay un sector –más o menos amplio, dependiendo del escenario—que se acomoda en el tendido con un premeditado afán fiscalizador, no como mero expectante espectador, como ocurre en el resto de los espectáculos públicos del mundo.

Y es que el todo aquél que se tiene por aficionado a los toros se procura apartar del insidioso colectivo del público en general, para alistarse en el grupo de elite que juzga a todo bicho viviente –tanto racional como irracional– que se da cita en el ágora del gran teatro del mundo que es la plaza de toros.

Vistas así las cosas, y a tenor de que es el público en general quien está facultado para solicitar el perdón de un semoviente condenado de antemano a muerte, el hecho de indultar a un toro bravo se ha convertido en cuestión altamente peliaguda, controversia permanente y rifirrafe interminable en el que se emplean esgrimas dialécticas de muy variada argumentación que, sin embargo, como ocurre con el mareo de la perdiz en el rastrojo de la vaciedad, se acaba disparando a tenazón y errando el tiro.

Convendría regularizar más y mejor la cosa del indulto. Armonizar su existencia. Dejar bien claro cuándo y por qué un toro bravo debe ser patrimonio vitalicio de su especie; pero sobre todo, tomar en cuenta las circunstancias que concurren en el desarrollo del arte del toreo y, en general en la Tauromaquia contemporánea, porque si la piedra de toque principal para optar al indulto es la suerte de varas, también esta suerte debería ser la principal de la lidia, como ocurría hace más de un siglo. Pero no lo es. Para que lo fuera, debería sufrir una remodelación drástica, un planteamiento acorde con las exigencias actuales, empleando un caballo y un peto protector radicalmente opuesto al percherón y al colchón enorme –Cañabate decía que eran sofás del Rastro– que conforman el mazacote del que emerge el picador, en muchos casos poco avezado en el manejo de la rienda y la garrocha. Entonces, el toro pelearía en condiciones de igualdad más razonables y se podrá apreciar mejor su reacción ante el primer castigo extroversor de la lidia.

A partir de este hecho, si la suerte de varas sigue siendo el parámetro sine qua non para optar al indulto, el toro lo tiene crudo, las polémicas no cesarán jamás y los censores no dejarán títere con cabeza.

Ahora bien: ¿Queremos que la polémica sea permanente bastión de la Tauromaquia? ¿La sal y pimienta de la Fiesta? Pues entonces déjese como está estipulado el indulto, es decir, que lo pida el público y entren en consenso torero y ganadero, para que el presidente no tenga más remedio que claudicar, aunque sea contra su propio criterio.

Por los motivos muy arriba expresados, aquí, al firmante, el indulto del toro de lidia le parece algo muy necesario, diría imprescindible. Tal como está la ganadería brava española –y la de otros lugares del mundo ni les cuento—dilapidar una fuente de sangre brava me parece un disparate, un despilfarro intolerable. Pero que alguien se lo piense más y mejor, y se regule con sentido común. Que se elimine la absurda prohibición –saltada a la torera constantemente, por cierto—de no permitirlo en plazas de tercera categoría. ¿Quién es quién para matizar el emplazamiento de la muerte? ¿Quién es quién para darles categoría a los públicos, según el censo de la población y el aforo de la Plaza donde tiene lugar el festejo? ¿Pero qué discriminación es esta? ¿Qué culpa tiene el toro de la designación de su último destino?

A mayores, habrá que justipreciar la labor del torero en todos los tercios de la lidia que es algo intrínsicamente subjetivo, por naturaleza. Hay toros que tienen mala suerte en el sorteo y están radicalmente condenados a la última pena desde las doce de la mañana. Toros que podrían haber sido indultados si los hubiera toreado un diestro más diestro en la materia. Y toreros que fuerzan el indulto con gestos desmesurados, lo cual invita a entrar en el busilis de la cuestión: ¿quiere el indulto por el bien de la especie de bóvidos bravos y de la Fiesta o por asegurarse un triunfo de clamor, hurtando el riesgo de la estocada, que es el supremo colofón de la lidia?

Para evitar esto último habría que suprimir la concesión de máximos trofeos. No hay trofeos tangibles que conceder, porque me parece un contrasentido y una humillación para los congéneres que yacen sin vida en el destazadero que mutilen su anatomía desollada. Y como ya he repetido en más de una ocasión: ¿Qué orejas o rabos van a cortar si el indulto se produce en el primer toro de la corrida? ¿Irán a la casquería más cercana? ¿Estará abierta a esas horas? ¿Será festivo el día?…

Ya verán cómo si el torero indultador sabe que no habrá premio tangible, ni Puerta Grande, ni apoteosis posterior, monta la espada con la intención de apiolar al bravo ejemplar que tiene delante; pero es entonces cuando el público deberá amotinarse para que tal hecho no ocurra y el Presidente –autoridad suprema en todo momento— deberá mandarle a la Prevención, si necesario fuere.

Me meto en estas reflexiones cuando ya se ha puesto tibia la polémica del indulto de un toro de Garcigrande en Valencia. Un toro bravo, muy bravo. Y noble, muy noble. Que humilló poco, pero embistió mucho y bien. El público –¿no es soberano?—lo pidió clamorosamente. Y después, el Presidente, previo consenso entre torero y ganadero, no hizo otra cosa que aplicar el Reglamento.

El indulto es la gracia suprema para el toro de lidia. Soy fervoroso partidario de instituirlo, pero su aplicación necesita una urgente y profunda revisión. Y, si no, que lo quiten.

Publicado en  Republica.com

Andrés Roca Rey organizará festival taurino para ayudar a damnificados

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El festival taurino se realizará “a beneficio de los miles de peruanos que que se encuentran actualmente en estado de desastre nacional”, se lee en el comunicado.

De SOL y SOMBRA.

El torero peruano Andrés Roca Rey organizará festival taurino para ayudar a damnificados por los huaicos en su país Perú. A través de las redes se pudo conocer que grandes exponentes de la tauromaquia mundial participarán del evento.

Se indicó también que aún está por definir la fecha, hora y lugar en donde se realizará el evento benéfico que organiza Andrés Roca Rey, en colaboración con Casa Toreros.

“Los fondos recabados en este festival benéfico irían destinados íntegramente a ayudar a los más necesitados y desfavorecidos por la catástrofe”, se lee en el comunicado

De esta forma, la familia taurina se une para realizar el evento a favor de los damnificados por los huaicos.

Tendido 7: Con un sello desfavorable y aterrador

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Por Xavier Toscano G. de Quevedo

Como agua entre los dedos, se han ido ya los festejos de “Fallas” en Valencia, que infaustamente fueron como una cascada, torrente o alud de abrumadoras fallas vividas, que además de ponernos a meditar, nos han dejar ver una alarmante señal de focos rojos que ponen en altísimo riesgo la continuidad del auténtico y fidedigno Espectáculo Taurino. Razón por la cual, obligadamente y una vez más tendremos que señalar —al igual que lo hiciera la semana anterior— que el yerro absoluto e irrefutable de la feria, ha caído en la ¡angustiante y aterradora mansedumbre y total descastamiento!, de los animales que torpemente presentaron.

Insistamos y acordémonos que EL TORO BRAVO, aunque para muchas personas les resulte extraño y lo desconozcan, ostenta unas características propias y muy particulares que lo separan diametralmente de los demás bovinos existentes. Por ello, los científicos y estudiosos de la zoología, lo han clasificado como un descendiente directo de Bos Taurus Primigenius, que era un animal corpulento, provisto de largas y puntiagudas astas, y cuya característica etológica era su comportamiento agresivo, que pobló durante miles de años un extenso territorio de la Europa Central.

A través de los siglos fue paulatinamente desapareciendo —al igual que otros animales— de los montes europeos hasta ver reducida su área, a las franjas boscosas de Navarra y Aragón, en donde fueron encontrados por los habitantes de esa zona de España, que se percataron de que estos toros manifestaban características de agresividad que se traducían en violencia y acometividad.

Gracias a él, que se le encontró afortunadamente en España, es el origen, la razón y el motivo del nacimiento de este emblemático, caballeresco y mágico espectáculo. Sin la presencia de él, su Majestad El Toro Bravo  —nunca me cansaré de decirlo— no podría haber existido y obviamente jamás se hubiera dado. Es exclusivamente por él, por su casta, su bravura y su raza, que al Espectáculo Taurino se le nombra Fiesta Brava, Fiesta del Toro, y a los recintos donde ésta se lleva a cabo se les denomina Plazas de Toros.

Ahora desafortunadamente, con las empobrecidas y nefastas vivencias que nos ha mostrado Valencia en su plaza, con su “¿afición?”, y la bonhomía de sus pávidas autoridades, hemos sido testigos de un escenario inexplicable, y que seguramente es el origen de la fragilidad e inestabilidad por la que atraviesa nuestra fiesta en la actualidad.

¡La bravura se ha extinguido! —¡Vaya tragedia!— La complicidad de los toreros está más que manifiesta, ya que son ellos los que solicitan —o más bien exigen— la “fabricación” de bovinos mansos, descastados y bobalicones, que son supuestamente necesarios para la realización de sus “faenas llenas de aparente plasticidad”, y paradójicamente el público —que nunca los aficionados— de igual forma están hoy sometidos a este aciago e indolente escenario. ¡Qué contexto más pernicioso y aterrador!

De continuar así, nuestro Espectáculo Taurino estará en un altísimo riesgo de perder su credibilidad, y con ello probablemente un daño que costaría muchas y largas décadas de lentísima recuperación. El cambio que precisa es urgente, es importante, no puede esperar, es de hoy. La verdad en nuestra fiesta deberá presentarse sin cortapisas y prontamente en todas las plazas, y ésta se obtendrá exclusivamente cuando de nuevo aparezca en los ruedos del mundo Su Majestad El Toro Bravo.

Publicado en El Informador.

RECAPITULANDO: La Paciencia y la Memoria – Reafirmación de Silis en Concierto de Avisos.

Piedras Negras, una semana antes de su reaparición capitalina, recibe una pésima noticia: cuando en La México sale el toro, las cuadrillas terminan en su verdadero nivel y pueden cambiar y echar a perder la mejor de las intenciones. Aquí se mezclan una desigual pero interesante corrida de Rancho Seco, que reaparece, y la reafirmación de que Juan Luis Silis puede tener un futuro en esto del toreo a pesar de sus fallos con el acero ante su segundo. Mala tarde del resto de los espadas donde Ortega muestra ya un decaimiento de sus facultades y Godoy sus limitaciones con el mejor del encierro. Mientras Antonio Mendoza deja muy tristemente una estadística que nadie quisiera ni vivir ni recordar.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Silis triunfa.

Capitaliza su suerte en el sorteo, supera la adversidad previa y, pese a no redondear e incluso lucir rebasado en su segundo, habrá de estar en la de triunfadores. Esto ocurre en medio de un ambiente de mediocridad, en las cuadrillas, en los alternantes y, lastimosamente, en una empresa que pretendiendo innovar cae en la trampa de un formato que lejos de ser interesante releva a la empresa de pensar y planear dejando todo en manos de terceros.

Decimos esto dado el relajo que traen las cuadrillas.

Si Juan Luis Silis hubiese dejado las cosas sueltas, recargando la lidia en los de plata y pasamanería, nada de lo ocurrido con el primero habría pasado. Esto es tan cierto que no por nada el de Santa Anita desde que recoge la suave embestida del primero, “Pelotari” nombrado al que, a pesar de dar el paso atrás en los lances, alcanza a cerrar con buena manera en la media.

Es entonces cuando el toro canta su condición al salir suelto y estropear las tapatías para dejar en suerte, se estrella con el caballo y entonces Silis toma la decisión de cambiar el tercio, serenamente y sin apuros para entonces citar, ahora sí, por tapatías y cuajar cuatro lances, al paso y con el capote por detrás que gustan a la gente por templados y por su compás, además deja en suerte las cosas para el segundo tercio.

Con las espantosas cuadrillas.

Pasada en falso, espantadas, mala colocación, falta de temple y con todo lo que en el toro esto produce. Aun así Silis, tras sentido brindis al cielo, entiende a “Pelotari” se impone inmediatamente en el inicio abajo y los primeros derechazos, tanto que el toro de la confirmación se raja, se pierde y mira a la querencia, todos los fundamentos de Silis afloran para emocionar con la derecha y mostrarse con la izquierda pese a la desatención del toro.

Y esto reduce el alcance de la faena mas no su emoción.

Porque Silis no se viene abajo, al contrario, mientras más intenta rajarse el toro, más se templa el torero que pega dos tandas más bajo la Contraporra y entonces la curva del derechazo trae el toreo ligado y el convencimiento de que este torero y su relegación ha sido producto de la desidia empresaria.

Todavía desahoga y remata por manoletinas, sin más movimiento que el del toro. Silis no se toma la molestia, auténticamente, de ir por la espada, ya la trae y, con esa decisión, en corto y por derecho, tras citar a recibir la entera llega, apenas desprendida.

Y la oreja, la vuelta y la esperanza.

Pero toda la ilusión acaba ahí, incluso el sol que aparece en la triunfal vuelta, se va de La México, como para no ver todo el desastre que vendría, con la mansedumbre del segundo, roto por dentro sin casta frente a un torero como Christian Ortega sin línea, con muchas dudas y errores, como tomar los palos y no mostrar el oficio aprendido, ni quitárselo con torería.

Nada

Y Mendoza, que, salvo el espantoso chongo por coleta, está bien con la muleta en ambos. Incluso con el duro primero al que en cercanías muleteó, se muestra frágil, terriblemente desconcentrado al matar. Incluso al espantoso sexto que, también, se le va vivo.

Todo esto para que el único toro bravo, que embiste al capote que derriba y empuja al caballo que crece en banderillas es fatalmente lidiado por Godoy y su cuadrilla. El tapatío no pisa el terreno siempre por fuera y sin sabor, ni mínimo se muestra como aquel novillero triunfador.

Silis equivocaría en no dar el segundo puyazo al larguísimo quinto que se le va para arriba se le va el toro y para abajo su espantosa forma de descabellar. De milagro, por obra y gracia de el señor Jesús (Morales) salva el tercer aviso.

Y a pesar de formas y su ausencia, un formato que fracasa y no responde a las necesidades de los que pagan, el toro está presente y solo esperamos que, así como Silis tiene que asegundar, la Plaza México no debe aflojar y estas corridas, no son de cuaresma, de ayuno y de guarda, sino de epifanía invernal.

Quiera Dios que esto sea.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Feria de la Cuaresma 2017. Domingo, Marzo 12 de 2017. Primera de Feria. Menos de Un Cuarto de Plaza en tarde soleada de inicio y nublada y con frío posterior. Diversas ráfagas de viento durante toda la lidia molestando la misma.

6 Toros, 6 de Rancho Seco (Divisa Caña y Rojo) Desigual de presencia y variopinta, muy bonito y serio el primero de la tarde, pasado de edad y larguísimo el sexto, duros y fuertes. Descastada en general y mansa con excepción del cuarto, nombrado “Campanero” muy ovacionado al derribar y tomar dos puyazos, crecerse en banderillas pese a tres pasadas en falso y embestir la primera mitad del último tercio no obstante lo mal lidiado.

Indebidamente la Empresa somete a un jurado la asignación del turno del sexto y quinto sin consenso general respecto del lidiador del cierra plaza.

Christian Ortega (Negro y Oro) Pitos. Juan Luis Silis (Malva y Oro) que confirma, Oreja y División tras Dos Avisos. Óliver Godoy (Sangre de Toro y Oro) División tras Aviso. Antonio Mendoza (Blanco y Oro) que confirma, Bronca tras Tres Avisos en Ambos.

Segundo y Cuarto espadas confirmaron su alternativa con los toros “Pelotari” y “Don Juan”, corridos en primer y segundo turno, respectivamente de la ganadería titular.

Salvo el tremendo puyazo de Alejandro Martínez III al cuarto tras ser desmontado de inicio y Ángel Martínez Hijo que saluda en el tercero, ni Christian Sánchez ni Héctor Martínez que saludaron tras el segundo tercio de los turnos cuarto y quinto debieron hacerlo luego de ser parte éstos últimos de una de las peores tardes para las cuadrillas que echan a perder mucho de la lidia tal como han estado Alfredo Ibarra, el propio Christian Sánchez al no bregar correctamente y pasar en falso un par de veces, pésimamente Juan Ramón Saldaña siempre enganchado con el capote.

La clase de Aguado y la entrega de Toñete en el inicio de la Feria de Olivenza

Pablo Aguado. Foto FIT prensa.

Olivenza es un ejemplo claro de cómo una Feria taurina bien organizada aporta muchísimo al turismo de la ciudad. 

Además de ser la primera española en la que actúan las figuras, programa interesantes novilladas: este año, dos, de un total de cinco festejos, en tres días. 

Los novillos del Parralejo de hoy fueron nobles pero flojearon, salvo el cuarto, que fue excelente. Aguado y Toñete cortaron un trofeo.

Por Andrés Amoros.

En una tarde invernal, con frío y lluvia, el público demostró auténticas ganas de ver toros. Olivenza es ya –como diría Hemingway– una fiesta: una fiesta taurina. Aduana para aficionados que llegan de sitios muy diversos, incluido algún «exiliado» catalán (para vergüenza del empresario Pedro Balañá). 

Aquí, Cutiño ha hecho una excelente labor y se recogen los frutos. Gracias a su Feria taurina, Olivenza está mucho más presente, en el mapa turístico español.

El FESTEJO 

El sevillano Pablo Aguado, que tomará la alternativa en San Miguel, tiene clase y gusto. En el cuarto, toreo francamente bien con el capote y se lucio en naturales templados, con empaque: por pinchar una vez, se quedo todo en una oreja. (Si mata a la primera, hubieran sido dos).

Al mexicano Leo Valadez, formado en la Escuela de El Juli, le tocaron los dos novillos más flojos. En el segundo, dio muestra de buen oficio y soltura, sufrió una voltereta y mato mal. Hizo el esfuerzo en el quinto, con zapopinas y toreo de rodillas, pero el novillo no lo ayudo.

Toñete es hijo de un conocido empresario: no sólo se torea porque «más cornás da el hambre». Está menos placeado y eso se nota en el capote, pero se queda quieto y corre la mano con facilidad. En el tercero, se volcó con la espada y corto una oreja. En el sexto, estuvo voluntarioso.

FICHA DEL FESTEJO PLAZA DE TOROS DE OLIVENZA. 

Viernes, 3 de marzo de 2017. Primera de feria. Alrededor de un tercio de entrada. Novillos del Parralejo, bien presentados, nobles, justos de fuerzas casi todos, salvo el 4º, muy bueno.

PABLO AGUADO, de sangre de toro y oro. Gran estocada (saludos). En el cuarto, pinchazo y estocada delantera (oreja).

LEO VALADEZ, de azul y oro. Cuatro pinchazos. Aviso (silencio). En el quinto, estocada atravesada (silencio).

TOÑETE, de negro y oro. Estocada contraria (oreja). En el sexto, estocada caída (palmas de despedida).

Fuente: ABC 

CURRO DÍAZ: “Mi personalidad como torero me la ha forjado la independencia”

Curro Díaz fue el principal protagonista de El Albero de esta semana. ARCHIVO

Por Sixto Naranjo | @sixtonaranjo

Está con la moral por las nubes. Palpa que puede ser su temporada después de un 2016 que comenzó sin futuro y acabó con el reconocimiento de públicos y empresas. Curro Díaz dio un vuelco a su carrera con el triunfo que cosechó el Domingo de Resurrección en Las Ventas. Un cara o cruz que salió más que de cara para el torero de Linares.

Por ello, el 2017 “se espera con la ilusión de afrontar un año en el que vuelvo a estar en el punto de mira del aficionado y la responsabilida que ello conlleva. Pienso que será una temporada dura pero interesante“, comenzó expresando Curro Díaz en El Albero de esta semana.

Curro es consciente del respaldo de los aficionados. “Pero no en estos momentos, creo que siempre he tenido muchos seguidores y partidarios que en los momentos más complicados de mi carrera han estado a mi lado. El año pasado, en el que he resurgido, fue como una alegría que les di“.

Como él mismo explicó en COPE hace casi un año tras el triunfo, esa tarde de Las Ventas suponía una tarde decisiva para su carrera. Si no había triunfo, Curro pensaba en dejarlo todo por la escasez de contratos. “El día de la Puerta Grande de Madrid fue la clave“, continuó relatando. “Fui muy tranquilo a la plaza. Estaba todo tan complicado, que pensaba sólo en torear. Por eso fui tan tranquilo. Después ese triunfo me dio la oportunidad de empezar a hacer una temporada“.

Los aficionados hablan mucho de la personalidad de Curro Díaz como torero. Una personalidad que para el torero “me la ha forjado la independencia. Me ha ayudado a ser libre y hacer en cada momento lo que he sentido, aunque me haya equivocado“.

Pese a todo, a una larga trayectoria, a los triunfos, a los fracasos, Curro reconoce que “parece que estoy empezando, que no sé nada. Me doy cuenta que cuando terminas de torear ves que puedes torear mejor, más despacio… Esa es la sensación que a mi me da y la ilusión con la que te levantas todos los días“.

El año pasado Curro Díaz se enfrentó en varias tardes a corridas de Victorino Martín. Una de ellas acabó con un gran triunfo en Calasparra con el indulto de un astado del hierro extremeño. El torero reconoció en El Albero que “te das cuenta que muchas veces los toreros aburrimos porque hacemos las mismas cosas a un mismo tipo de toro. El año pasado, para subirme al carro de la temporada, tuve que torear todo tipo de ganaderías. Descubrí que se puede torear a todo tipo de toro y que no aburría, que creaba emoción y que en momentos salían chispazos de arte“.

Sin embargo, esa trayectoria y esos triunfos no han valido para que Curro Díaz esté anunciado este año de nuevo en la temporada de la Real Maestranza de Sevilla. “Siendo sincero, primero entiendí que para un empresario debe ser difícil hacer una feria como la de Sevilla en la que todos quieren estar. Después, y yo que vivo en Sevilla, me sentí mal porque palpé en el ambiente que la gente tenía ganas de verte. Y cuando pasa eso te preguntas por qué no se le da al aficionado lo que quiere“.

Sin embargo, Curro sí volverá a Madrid con una primera cita el Domingo de Resurrección. Algo que gusta pero también le inquieta. “A Madrid, dejando tópicos de lado, todos los artistas de cualquien ámbito hemos ido allí para buscarse la vida. Yo no toreaba y fui a Madrid en un agosto, triunfé y me cambió la vida. Pero también lo he pasado mal en Madrid porque sale un toro muy grande, la afición es dura… pero aún así, si no existiese Madrid habría que inventarla. Cuando uno llega a la plaza, metes los riñones con un toro y gente de todas las condiciones se emociona… aquello se cae“.

Otra de las citas claves de la temporada 2017 de Curro Díaz se vivirá el sábado 8 de julio en la plaza de toros de Teruel. Ese día se recordará la muerte de Víctor Barrio un año antes en ese mismo coso y con Curro Díaz como compañero de terna del recordado torero segoviano. El torero linarense toreará junto a Enrique Ponce y a Morenito de Aranda frente a toros de Adolfo Martín. “Personalmente pensé que tengo que ir, porque además de guardarle un merecido homenaje, tengo que quitarme fantasma de la cabeza. Creo nos puede costar mucho trabajo, pero en la vida hay que superar cosas. Puede ser un día bonito, un homenaje bonito y con una ganadería, entre comillas, dura

Sobre su principal deseo para la temporada que despunta, Curro Díaz confesó en COPE que se trata de “no defraudar a nadie, ni a mi mismo ni a la gente que me quiere“.

Fuente: http://www.cope.es/detalle/mi-personalidad-como-torero-me-la-ha-forjado-la-independencia.html?id=2017030212510003