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Peccata minuta en la Plaza México

Enrique Ponce con el ingeniero Carlos Slim, quien quintuplicará los honorarios íntegros que donará Poce para los damnificados del terremoto.
Enrique Ponce con el ingeniero Carlos Slim, quien quintuplicará los honorarios íntegros que donará Ponce para los damnificados del terremoto.

Por José Antonio Luna.

¡Orale!, miren ustedes que a tiempo. Resulta que hubo algún error, pero nada como percatarse con oportunidad y corregir. Un traspié de lo más tonto.

Resulta que hubo algún error, pero nada como percatarse con oportunidad y corregir. Un traspié de lo más tonto. Resulta que los vendedores de Enrique Ponce junto con los de la empresa, se habían equivocado al escoger los toros de Julio Delgado. Metimos las cuatro patas hasta las ingles, pensarán las administraciones poncista y la de Tauroplaza México y por ello, enmiendan la suerte.

Digo, será cosa del torero valenciano, porque Joselito Adame está para que lo manden las figuras españolas y El Payo… también. ¡Hombre!, por favor, lo que usted ordene es perfecto, maestro, que no está el horno para bollos ni la magdalena para tafetanes.

Nadie lo expresa abiertamente, pero se entiende que reconocen que con los flojos camotitos corniausentes presentados en las dos corridas pasadas, se les había ido un poquito la mano y han mandado por las cocas a don Julio Delgado, para sustituir lo suyo con tres toros de Barralva. La duda es si serán del encaste del Saltillo. Supongo que sí. Una cosa es querer enmendar y otra, liarse con los “atanasios”.

¿Y los “teofilitos”?. Esos sí se quedan.

Así, la torería irá más cómoda y el público saldrá toreando desde los mismos túneles del coso y todavía el lunes, en cueros, con la toalla seguirán pegando chicuelinas. ¡Que felicidad inmensa!.

Cambian sólo la mitad de la corrida, que tampoco es para tanto. Al fin y al cabo, los bichos de la ganadería de Teófilo Gómez se dejaron bien, hubo faenas muy bonitas. Insulsas, intrascendentes y desabridas, pero muy bonitas. Arte y sensaciones placenteras es lo que se busca, cosas, modas y procederes de la posmodernidad. ¡Madre mía!, pero si tenemos el gozo estético que produce el descubrimiento de la bravura “detenida” -o sea, ¡el verdadero milagro mexicano!- sería absurdo cambiar el comportamiento borreguil y dulzón de la teofilada por algo más bravo, ¿y cómo para qué, oiga?. Se trata de cortar orejas.

Al fin y al cabo, los aficionados que no tragan son unos cuantos, los otros, se conforman con más docilidad, flojedad y nobleza que la de los novillines que están aplaudiendo.

Son peculiares los arreglos de la empresa de la Plaza México. Todo lo hace tarde. Arma los carteles bajo la premisa del “a ver si es chicle y pega”. Sin embargo, ¡qué carajo!, parece que este año no está pegando. A cambiar las cosas de último momento, porque las vueltas de la reata se están acabando y no da para más. Estos serán días de hablar de bondades en el servicio al cliente: estamos para complacer al público, queremos garantizar el espectáculo y la madre que los parió.

A mí, sinceramente, que cambien los toros de Julio Delgado por Barralvas me da igual. Lo que me pregunto es cuándo el señor juez, sus asesores y veterinarios pensarán en la dignidad de los espectadores, para evitar que sigan siendo pisoteados por toreros, empresarios y apoderados. Si nadie lo va a hacer, ya es tiempo de que nosotros los aficionados velemos por la integridad del toro y que empiecen las lidias leales.

¡Basta de becerretes débiles aprobados como toros!, basta de pitones serruchados y de tontines con pequeños cuernos.

El asunto es muy sencillo, la casta torera se demuestra toreando toros bravos, adultos y bien armados. Lo demás, es rollo sandunguero. Así que nada, esta es nuestra fiesta mexicana, es decir, es como hemos querido hacerla nosotros los espectadores.

¡Ah! y se me olvidaba, el domingo, en primer turno, habrá que soplarse el número del caballito. Sólo una cosa, señores rejoneadores, el principal atributo de un toro son los pitones, no sé si captan lo que entre renglones les estoy diciendo.

Fuente: Intolerancia

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Damaso

De SOL y SOMBRA.

El diestro Dámaso González (Albacete, 1948) ha fallecido en la madrugada del paado sábado en una clínica madrileña a causa de una rápida enfermedad; su desaparición ha producido una enorme sorpresa en el mundo taurino, pues solo su intimo círculo familiar y pocos amigos conocían las circunstancias que han acabado con la vida de uno de los toreros más importantes de la década de los setenta.

Retirado de los ruedos desde el año 2003, Dámaso González ganó fuera de los ruedos el reconocimiento y el prestigio que se le negó durante su vida profesional. Considerado como un torero de valor, pasará a la historia como un rey del temple, referente y espejo de varias generaciones de toreros.

Dámaso González afirma que se retira definitivamente esta temporada
Excelente muletero, valeroso y poderoso siempre, con gran sentido de las distancias y los terrenos, lidiaba toros de las ganaderías más duras sin darle mayor importancia. De él se ha dicho que hipnotizaba a los toros con su muleta y su famoso péndulo.

Sus muchas cualidades como matador no se vieron acompañadas por su estética, desaliñado casi siempre, con la camisa desabrochada y el corbatín al viento, lo que, sin duda, contribuyó a su tardía consideración como un artista del toreo.

Sea como fuere, Dámaso González, por su personalidad como torero y su calidad como persona sencilla, cabal y sabia, como aseguran quienes le han conocido, es una figura trascendental del toreo moderno, uno de los padres de la tauromaquia actual.

Nació en Albacete el 11 de septiembre de 1948 en el seno de una familia ganadera; en 1966 participó en las primeras capeas, y al año siguiente inició su carrera como novillero bajo el apodo de Curro de Alba. El éxito comenzó a sonreírle en 1969, cuando en el mes de marzo triunfó en Barcelona, lo que le permitió que actuara siete tardes más en la misma plaza.

Así, el 24 de junio de ese año, en la plaza de Alicante tomó la alternativa de manos de Miguel Mateo Miguelín y con Paquirri como testigo. La confirmación le llegaría un año después, el 14 de mayo de 1970, con el Viti como padrino y Miguel Márquez como testigo.
Consiguió sonados éxitos en las plazas americanas, y esperó hasta el año 1979 para salir por vez primera por la Puerta Grande de Las Ventas, al cortar dos orejas a un toro de La Laguna. Fue el primero del escalafón al año siguiente, y volvió a salir a hombros en Madrid en el año 1981.

Tras reiterados triunfos en todas las ferias y ganarse un puesto de privilegio entre las figuras de la época, Dámaso González decidió retirarse de los ruedos en septiembre de 1988.

Tres años después, su paisano Manuel Caballero lo convenció para que le diera la alternativa en Nimes, y en 1992 volvió a vestirse otra vez de luces de manera regular. La segunda retirada llegó en 1994, volvió en el 2000 para participar en la corrida benéfica de Asprona, y tres años más tarde abandonó de manera definitiva los ruedos.

Su figura se ha agigantado fuera de las plazas; tardía , pero justamente se le ha reconocido a Dámaso su condición de figura, su dominio del temple, su extraordinario conocimiento de los toros y su aparente facilidad ante las ganaderías más duras.

Hombre parco en palabras, buena persona, educado y generoso, Dámaso ha mantenido hasta el final de sus días un contacto estrecho con el mundo de los toros.

Una estatua en el entorno de su plaza de Albacete recordará para siempre la grandeza de un torero extraordinario y una persona cabal que ha muerto a la temprana edad de 68 años.

«Siento el pasar de los años para bien»: Jerónimo 


Por Francisco Vargas.

Después del triunfo que tuvo en la Plaza techada “El Pinal” de Teziutlán, donde cortó dos orejas, lo que le dio las llaves para abrir la Puerta Grande del “Carmen”, el matador de toros poblano Jerónimo, platicó con nosotros para compartir sus emociones de su actuación, así como también puntos de vista muy interesantes sobre el trascendental momento que está atravesando su carrera. De todo lo anterior, señaló:

“Contento porque fue una tarde exitosa y muy bonita, en la cual los dos toreros salimos a hombros, hubo faenas interesantes, el público y afición quedó satisfecho, era un gran compromiso para mí porque yo jugaba como local, se echó la moneda y hubo un triunfo para todos”.

Jerónimo, lo anterior confirma por el estupendo momento que estás pasando:

“Así es, como torero vas sintiendo más solera en lo particular en mí quehacer taurino, lo siento al pasar de los años para bien, en lo físico pongo más atención porque no tengo veinte años, pero sí con el paso de los años disfruto y lo siento en mi expresión y modo de torear; todo el arte que puedo crear delante del toro”.

Agregó: “Repito siento esa solera y pasar de los años de manera positiva y eso da tranquilidad y relajación.

Esto habla matador, por el momento que pasas como hombre, esposo y padre:

“Sí, tu sabes que en la vida del torero hay mucho sacrificio para llegar y lograr objetivos, pero también como persona como hombre, ya con una familia, hijos, con esposa, todo eso se va conjuntando; el torero y el hombre; eso es lo que estoy expresando en el ruedo”.

Jerónimo, estás cargado de ilusión ya que tú esposa pronto traerá al mundo a tu esperada niña:

“Efectivamente, viene en camino mi niña, primero Dios esperamos que todo salga bien, está por nacer y eso es motivante también como torero, hace dar lo mejor de uno”.

Matador, todo lo anterior es alimento al espíritu, tan importante y necesario para ustedes los toreros:

“Totalmente, creo que un torero tiene que vivir intensamente la vida, porque es lo que uno tiene que expresar en el ruedo, si uno no vive intensamente y no se tiene esa capacidad de tener esa sensibilidad de todo lo que la vida y Dios nos da, está uno hueco para poder expresar; así lo pienso y me he formado; eso es lo que trato de hacer”.

¿Qué viene para Jerónimo?

“En septiembre voy a Ciudad Juárez para participar en un festival taurino, por otra parte se está cuajando una corrida para Morelia para finales de ese mes; y a la espera de otras fechas en la Feria de Tlaxcala, donde tengo toda la ilusión por entrar una vez más; el año pasado me fue bien así que deseo regresar”.

Añadió: “Tengo la esperanza de volver también a la Plaza México, ha habido ya contactos, así que solo queda esperar”.

Lo importante es que estás dando toques de atención a las empresas:

“Sí, solo con regularidad como triunfos y pasar por buen momento como pienso lo estoy, es la manera que las empresas pueden volverte a ver, gracias a Dios hay comunicación con todas las empresas grandes, ya sólo es que apuesten tantito por un torero; yo por mi parte a seguir preparándome y continuar con esa regularidad, es la mejor carta de presentación”.

Jerónimo, enhorabuena por los triunfos y la mejor de las suertes para lo que viene:

“Muchas gracias, aprovecho la oportunidad y espacio para enviar un saludo a toda la afición de Aguascalientes y todo México; siempre como torero es una enorme ilusión estar en una feria tan importante como es la de San Marcos; cuando uno no puede estar es una gran tristeza como torero, así han pasado muchos años pero eso es positivo también porque volvemos a lo mismo, tener esa ilusión y esos sentimientos encontrados, sé que el día de mañana volveré a pisar el ruedo de la Plaza Monumental y sentir a esa gran afición, tengo mucho que expresar; gracias y un abrazo a los lectores de este importante diario que siempre me ha dado total apoyo a mi carrera, finalizó”.

Fuente Zócalo 

Ocho con Ocho: Lo que mueve al toreo Por Luis Ramón Carazo

Algunos me cuestionan que no le reclame agriamente a la empresa de la Plaza México, por el retraso en el inicio de los festejos novilleriles y la falta de noticias claras al respecto. Si exigir sirviera, se lo aseguro, ya lo hubiera hecho, más bien cabría que esperar noticias, pues entiendo que el diferimiento ya no será tan largo y aquí nos vale aplicar, el de serenidad y paciencia, amigos.

Además, celebrar al menos 12 festejos, es un requisito indispensable para presentar la próxima Temporada Grande y creo ya no tardaremos en saber algo al respecto, y espero casi al unísono el serial tapatío, novilleril. En este espacio, por lo pronto, prefiero compartir lo que uno de tantos buenos aficionados comentó respecto a los cien años de El Taquito y su sentir de lo que mueve a ser aficionado al toreo de por vida. Me refiero a Sergio Suárez Liceaga de entrada uno de los contadores públicos financieros más respetados en el país por su trayectoria y luego familiar de la dinastía del apellido materno que alguna vez escribí al respecto.

Y me dice: “Con mucha pena me he tardado mucho en saludarte primero por una congestión de ideas, propósitos y quehaceres y recientemente por razones de salud que me mantuvieron hospitalizado por una neumonía de la que parece estoy en recuperación, aunque preso en casa por los convenientes cuidados. Tu artículo sobre El Taquito y El Carmen, me hacen renacer la nostalgia de aquellos tiempos y aquellos barrios en que yo por primera vez abrí mis ojitos.

Si efectivamente yo nací hace más de 88 años en la calle de San Sebastián No. l4 frente al Jardín y la iglesia de San Sebastián, a una cuadra de la Plaza del estudiante y de la Cárcel del Carmen, la Comisaria No 1 del D. F. en aquellos tiempos, por cierto en la calle a donde estaba (o está) la cárcel había un local corralón donde yo entrenaba toreando con una carretilla. Claro que me acuerdo del tumulto que se formó por el encarcelamiento y posterior liberación de don Lorenzo el “maestro del pase natural”, como también recuerdo la cojiniza al “Soldado” y luego de su faena parado sobre uno de ellos, para sacarse la espina del petardo. La plaza del Estudiante, se usaba para los baños con cubetas y agua de la fuente los “sábados de gloria” de entonces. La nostalgia me lleva a recordar las corridas de toros de aquellos tiempos y también como una vez ya te comenté, los cafés del Tupinamba y las funciones del Frontón México. Las meriendas de La Copa de leche en San Juan de Letrán, las funciones de cine en el Goya o el Alarcón, las comidas o cenas en El Taquito, en donde cuando yo trabajaba en La Tabacalera Mexicana, le hicimos un homenaje a mi tío David, donde saludamos a don Rafael y a su hijo Marcos al que sigo frecuentando.

En fin, que de recuerdos nostálgicos nos traen tus artículos. Y volviendo a los toros, te acuerdas Luis Ramón de cuando al salir el toro era recibido desde el burladero de enfrente por el peón de confianza para “pararle los pies” con dos lances y luego correrlo con tres “a una mano” con arte y sentimiento, ¿Te acuerdas cuando por reglamento se aplicaban tres puyazos seguidos de tres quites de los alternantes? Creo recodarás los quites de oro, o las tapatías o los quites de la mariposa e inclusive los quites al alimón: ¿Todavía existirán? Y hablando de banderillas creo que sabes que se invitaba a los alternantes como en el caso de David Liceaga, Arruza y Armillita. ¿Has vuelto a ver pares al cambio o al quiebro? o las banderillas cortas o en tablas? ¿O la merecida vuelta al ruedo del matador que no alcanzaba apéndices, pero había efectuado una buena faena?

Creo que antes los jueces de plaza no se lucían retrasando la entrega de trofeos y hacían respetar el reglamento para impedir el número de toreros en el ruedo (actualmente llegan a ser 7 o más). Que de cosas tuvimos la oportunidad de conocer personas como yo por mi edad o como tú por tú involucramiento desde joven. Cosas que el aficionado de hoy no tuvo la oportunidad de conocer.

En fin que linda es la fiesta y ojalá podamos seguir disfrutándola. “Un abrazo con el cariño de siempre y ojalá podamos platicar de esto en vivo” Me parece que sobra escribir algo más y ya quede con Sergio para ir a comer y celebrar su recuperación y taurinismo, así como también agradezco a Memo Infante convidado a esa comida, ejemplar ejecutivo en especial de la música discográfica y gran aficionado taurino, por tomarse el tiempo de escribir unas líneas.

La afición es la mejor defensa contra el ataque anti-taurino ahora proveniente de Veracruz y a ellos apelo para defender nuestra hermosa tradición a casi 500 años de haber celebrado el primer festejo taurino en México en un lugar muy cercano por cierto, a El Taquito.

@Taurinisimos 112 – Enrique Ponce A Hombros en Madrid. Recuerdo El Pana y Corrida del Siglo.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 2 de Junio de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina.

Feria de San Isidro 2017.

Triunfos de Joselito Adame, Roca Rey y Perera.

Puertas Grandes: Diego Ventura y Leonardo Hernández Hijo.

Análisis Puerta Grande de Enrique Ponce el 2 de junio de 2017 en Madrid.

Enlace con Jonathan Aguilera desde Madrid.

Recuerdo de Rodolfo Rodríguez “El Pana”, primer Aniversario Luctuoso y de la Corrida del Siglo 35 Aniversario.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 9 de Junio de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

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Muere el torero Manolo Cortés


El matador de toros sevillano Manolo Cortés ha fallecido en el Hospital de San Juan de Dios de Bormujos a los 67 años, han informado fuentes allegadas al malogrado espada.

El torero arrastraba una gravísima dolencia que le había retirado de la vida pública en los últimos meses; y su estado de salud había empeorado irreversiblemente en los últimos días. Su fallecimiento, que ya era esperado en el ambiente taurino sevillano, ha causado un hondo pesar entre la gente del toro.
Manolo Cortés nació en la localidad sevillana de Gines el 11 de junio de 1949 en el seno de una familia humilde, por lo que pronto encontró en el toro un salvoconducto para salir de la pobreza.

Su primer contacto fue actuando en la parte seria de un espectáculo cómico taurino, donde ya algunos vieron las cualidades que atesoraba, lo que hizo que el 8 de septiembre de 1969 se presentara por primera vez de luces en Santisteban del Puerto (Jaén) alternando con Antonio Millán, Carnicerito de Úbeda.


Al cabo de tres años en los que Cortés, torero de arte y de estirpe gitana, se fue forjando como uno de los novilleros más importantes del escalafón, tomaría la alternativa en Valencia, el 14 de marzo de 1968, hace casi medio siglo.

Su padrino fue el rondeño Antonio Ordóñez, que le cedió un toro de Urquijo, compareciendo como testigo de ceremonia su paisano sevillano Diego Puerta.



La confirmación y su debut en Madrid, animada por sus primeros éxitos profesionales, no se haría esperar. Sólo dos meses después vuelve a ser apadrinado por Ordóñez, que le entrega los trastos en presencia de Miguelín para lidiar un toro de Murube.
Cortés fue un lidiador de corte artista, torero de toreros, que mantuvo el crédito y la admiración de los profesionales y aficionados a pesar de los altibajos de su larga trayectoria.

La carrera de Manolo Cortés, con algunas intermitencias, se prolongó hasta finales de la década de los 90 del pasado siglo XX. A partir de entonces su figura adquiere prestigio como preparador y entrenador de toreros.

Cortés también destacó en el campo del apoderamiento y fue el responsable del lanzamiento del joven matador camero Alfonso Oliva Soto y principal forjador de la resurrección taurina del palaciego Pepe Moral, al que apoderó hasta 2015.

Publicado en Diario de Sevilla

Corbacho en la piscina

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Por Chapu Apaolaza.

Entrada la noche, las chicharras arrancaron a cantar y sobre el quicio de la ventana de la pensión anoté la portagayola de mis recuerdos: «El país de las maravillas de Alicia queda entre Sevilla y Mérida, en la sierra de Aracena. Entre la espesura verde de encinas y jaras, el Castillo de las Guardas, y más allá, una pedanía: La Alcornocosa. Pasado el pueblo, tres perros en la cuneta y una casa en obras en la que hay casi de todo: ovejas escapistas, hermosas gallinas, gansos con mala leche, un burro grande, otro chico, dos potrancas alazanas, un erizo blanco que duerme debajo de una teja, un loro que habla por teléfono y un enano torero que te adivina la muerte».

La medida de toda aquella geometría onírica la daba un hombre vestido con una chilaba, la barba blanca, larga y socrática, el pelo alborotado como una prolongación de las ideas, la piel de un ballenero y los ojos profundos, prendidos de un dolor directo, franco y constante como un tiro en una rodilla. Se llamaba Antonio Corbacho y era forjador de toreros. Leía a Confucio y se descojonaba cuando se escapaban las ovejas y cuando se le engorilaba el enano, que tenía una mala leche de ciego y que decía a la gente cuándo se iba a morir. El enano tenía allí una casita del Leroy Merlín, de esas que le compraría un rico a su hijo por la primera comunión y Corbacho no sabía lo que guardaba allí. «Si entro, el enano me mata». Corbacho lo había rescatado un día en que había llegado al pueblo en un espectáculo de toreo cómico que se llamaba ‘Fantasía Taurina’. Venía en un coche que andaba solo, vestido de militar loco. Corbacho, que pasaba sobre las vidas de las personas como la cuchilla de un barbero, cuando se le quejó le dijo que ya era hora de que fuera matando al enano que llevaba dentro. Al Niño del Sol Naciente, al que un toro le dejó en silla de ruedas y que estaba sumido en una depresión, le soltó que o dejara de lamentarse o se pegara un tiro. Y lo arregló. Se quedó allí a torear, que es una forma de vivir, aunque sea en silla de ruedas.

Corbacho se juntaba con los toreros a decir cosas. Se entrenaban en atletismo, en ballet y en yoga y leían el bushido. En ese gimnasio espiritual de matadores se formaron José Tomás o Alejandro Talavante. Le gustaba que sus toreros fueran samuráis. Hablamos una tarde entera y mientras el enano regaba las azucenas, comentaba el vacío del ruedo como el cero absoluto y a la vez el infinito retratado sobre el bucle de la circunferencia del redondel; la eternidad dibujada alrededor de una boca de riego, el eterno retorno de un rito que siempre es igual y distinto, los hombres que son ellos en un instante y después salen volando en pedazos. Las golondrinas chirriaban al cortar el aire dulce y morado de la tarde y bebían en pleno vuelo del agua de la piscina sobre la que flotábamos él y yo.

Corbacho sabía quién podía ser cada uno, que es el gran secreto. Por eso tenía la sartén agarrada por el mando del destino. En los momentos en los que uno se asoma a determinados abismos, recuerda a Corbacho flotando en esa piscina y aquella gran lección: la manera más rápida de no ser nadie es convertirse en todas las personas que los demás pretenden que sea uno.

Publicado en lavozdigital.es

 

Opinión: Y si no, que lo quiten… Por Fernando Fernández Román

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Tengo para mí, que el indulto del toro de lidia durante la misma es cosa buena. Buena, obviamente, para el propio animal –se libra del fin de su existencia, que no es poco–, para el ganadero que lo ha criado –es un bien gratuito que se incorpora a la cadena reproductora de su industria pecuaria–, para el torero que ha disfrutado de la excelencia de su comportamiento y para el público, que ha gozado con tan afortunado y feliz encuentro. Item más: sirve de regalo argumental para mostrar a la fiel y feroz infantería antitaurina que los aficionados y los profesionales no vamos a la Plaza sedientos de sangre y de muerte, sino a presenciar la expresión de un arte fugaz y dinámico y, a la vez, a reconocer –y premiar hasta su más gratificante consecuencia– los valores biológicos del principal elemento que lo permite.

Por tanto, son muchas las razones por las que el indulto del toro bravo debe estar presente en el desarrollo de los festejos taurinos, y sin embargo creo, también, que su regulación reglamentaria es un caos en toda regla, un galimatías que induce a polémicas a veces furibundas o a controversias del más variado jaez.

Para empezar, hemos de tener en cuenta que en las corridas de toros el público es especial. Muy especial. Hay un sector –más o menos amplio, dependiendo del escenario—que se acomoda en el tendido con un premeditado afán fiscalizador, no como mero expectante espectador, como ocurre en el resto de los espectáculos públicos del mundo.

Y es que el todo aquél que se tiene por aficionado a los toros se procura apartar del insidioso colectivo del público en general, para alistarse en el grupo de elite que juzga a todo bicho viviente –tanto racional como irracional– que se da cita en el ágora del gran teatro del mundo que es la plaza de toros.

Vistas así las cosas, y a tenor de que es el público en general quien está facultado para solicitar el perdón de un semoviente condenado de antemano a muerte, el hecho de indultar a un toro bravo se ha convertido en cuestión altamente peliaguda, controversia permanente y rifirrafe interminable en el que se emplean esgrimas dialécticas de muy variada argumentación que, sin embargo, como ocurre con el mareo de la perdiz en el rastrojo de la vaciedad, se acaba disparando a tenazón y errando el tiro.

Convendría regularizar más y mejor la cosa del indulto. Armonizar su existencia. Dejar bien claro cuándo y por qué un toro bravo debe ser patrimonio vitalicio de su especie; pero sobre todo, tomar en cuenta las circunstancias que concurren en el desarrollo del arte del toreo y, en general en la Tauromaquia contemporánea, porque si la piedra de toque principal para optar al indulto es la suerte de varas, también esta suerte debería ser la principal de la lidia, como ocurría hace más de un siglo. Pero no lo es. Para que lo fuera, debería sufrir una remodelación drástica, un planteamiento acorde con las exigencias actuales, empleando un caballo y un peto protector radicalmente opuesto al percherón y al colchón enorme –Cañabate decía que eran sofás del Rastro– que conforman el mazacote del que emerge el picador, en muchos casos poco avezado en el manejo de la rienda y la garrocha. Entonces, el toro pelearía en condiciones de igualdad más razonables y se podrá apreciar mejor su reacción ante el primer castigo extroversor de la lidia.

A partir de este hecho, si la suerte de varas sigue siendo el parámetro sine qua non para optar al indulto, el toro lo tiene crudo, las polémicas no cesarán jamás y los censores no dejarán títere con cabeza.

Ahora bien: ¿Queremos que la polémica sea permanente bastión de la Tauromaquia? ¿La sal y pimienta de la Fiesta? Pues entonces déjese como está estipulado el indulto, es decir, que lo pida el público y entren en consenso torero y ganadero, para que el presidente no tenga más remedio que claudicar, aunque sea contra su propio criterio.

Por los motivos muy arriba expresados, aquí, al firmante, el indulto del toro de lidia le parece algo muy necesario, diría imprescindible. Tal como está la ganadería brava española –y la de otros lugares del mundo ni les cuento—dilapidar una fuente de sangre brava me parece un disparate, un despilfarro intolerable. Pero que alguien se lo piense más y mejor, y se regule con sentido común. Que se elimine la absurda prohibición –saltada a la torera constantemente, por cierto—de no permitirlo en plazas de tercera categoría. ¿Quién es quién para matizar el emplazamiento de la muerte? ¿Quién es quién para darles categoría a los públicos, según el censo de la población y el aforo de la Plaza donde tiene lugar el festejo? ¿Pero qué discriminación es esta? ¿Qué culpa tiene el toro de la designación de su último destino?

A mayores, habrá que justipreciar la labor del torero en todos los tercios de la lidia que es algo intrínsicamente subjetivo, por naturaleza. Hay toros que tienen mala suerte en el sorteo y están radicalmente condenados a la última pena desde las doce de la mañana. Toros que podrían haber sido indultados si los hubiera toreado un diestro más diestro en la materia. Y toreros que fuerzan el indulto con gestos desmesurados, lo cual invita a entrar en el busilis de la cuestión: ¿quiere el indulto por el bien de la especie de bóvidos bravos y de la Fiesta o por asegurarse un triunfo de clamor, hurtando el riesgo de la estocada, que es el supremo colofón de la lidia?

Para evitar esto último habría que suprimir la concesión de máximos trofeos. No hay trofeos tangibles que conceder, porque me parece un contrasentido y una humillación para los congéneres que yacen sin vida en el destazadero que mutilen su anatomía desollada. Y como ya he repetido en más de una ocasión: ¿Qué orejas o rabos van a cortar si el indulto se produce en el primer toro de la corrida? ¿Irán a la casquería más cercana? ¿Estará abierta a esas horas? ¿Será festivo el día?…

Ya verán cómo si el torero indultador sabe que no habrá premio tangible, ni Puerta Grande, ni apoteosis posterior, monta la espada con la intención de apiolar al bravo ejemplar que tiene delante; pero es entonces cuando el público deberá amotinarse para que tal hecho no ocurra y el Presidente –autoridad suprema en todo momento— deberá mandarle a la Prevención, si necesario fuere.

Me meto en estas reflexiones cuando ya se ha puesto tibia la polémica del indulto de un toro de Garcigrande en Valencia. Un toro bravo, muy bravo. Y noble, muy noble. Que humilló poco, pero embistió mucho y bien. El público –¿no es soberano?—lo pidió clamorosamente. Y después, el Presidente, previo consenso entre torero y ganadero, no hizo otra cosa que aplicar el Reglamento.

El indulto es la gracia suprema para el toro de lidia. Soy fervoroso partidario de instituirlo, pero su aplicación necesita una urgente y profunda revisión. Y, si no, que lo quiten.

Publicado en  Republica.com