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Plaza 1 contabiliza más de 300.000 espectadores en 16 festejos


Foto: Briones.

De SOL y SOMBRA.

Plaza 1 ha superado ya el listón los 300.000 espectadores con un total de 16 espectáculos. 

Con el “Hoy hay billetes” del viernes día 26, el número total de espectadores que han pasado por Las Ventas se sitúa en 306.986, con una entrada media diaria de 18.187 asistente, lo que supone el 80,2% del aforo total.

Si estos datos se actualizan con la entrada registrada este sábado –que fue de 17.277 localidades ocupadas–, el número total de espectadores pasa a ser de 324.263, con una entrada media de 19.074, lo que representa el 80,1% del aforo total.

En lo que va de este primer ciclo organizado Simón Casas, se han registrado cinco tardes de “No hay billetes”, una que ha superado el listón del 90%, otras 4 en las que se ha pasado del 80%, una en la que se superó el 70%, dos en las que hubo más del 60% y tres en las que la entrada colocó el listo algo por encima del 50%. Ningún de los festejos ha tenido menos de media plaza.

Fuera de las tardes de lleno total, el festejo que mayor afluencia de público tuvo fue el celebrado el día de San Isidro, 15 de mayo, con el 92,8% del aforo cubierto, con un cartel que integraban Curro Díaz, Paco Ureña y Alberto López Simón, para la lidia de toros de Montalvo.

Entre los toreros anunciados hasta ahora, tan sólo dos han repetido en carteles de “No hay billetes”: Sebastián Castella y Alejandro Talavante. 

Como se sabe, en los 31 festejos que integraron el abono y las dos extraordinarias –Prensa y Beneficencia– en la temporada de 2016 Taurodelta alcanzó la cifra de 620.000 espectadores, lo que representaba un aforo medio cubierto cada día del 86,7%, esto es: 20.633 asistentes. En aquella ocasión, durante todo el ciclo el cartel de “No hay billetes” se colocó en 8 ocasiones.

Leer más de esta nota en Taurología

 

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Las Ventas: 007


Por Jorge F. Hernández.

Fue tan insulso y desagradable el paso de los toros de Valdefresno sobre el ruedo de Las Ventas que sólo dan ganas de escribir sobre la muerte de Roger Moore, mejor conocido como James Bond y rendir un callado homenaje a las víctimas del enésimo ataque terrorista, ahora en Mánchester del Reino Unido.

007: cero la corrida de por sí parchada con sus propios hermanos de Fraile Mazas y cero las posibles ganas de reconocer lo poco que se esforzaban en hacer los toreros, banderilleros, picadores e incluso, once again, los cabestros capirote de Florito que se tuviern que llevar de vuelta al corral a dos blandengues de Valdefresno y 7, el tendido de los siempre inquietos que por hoy llevaban toda la razón en sus constantes críticas, aplausos de protesta y coros que exigen la presencia del Toro, el de veras, el que fuera bravo y noble, encastado, repetidor, galopante; el que hunde el hocico en la arena con embestidas de embeleso y siembra un respeto inapelable con su bravura a flor de piel, con el cara seria y los belfos cerrados y la mirada de lince… y todo eso que convertía a James Bond en el agente secreto con licencia para matar.

Never say Never, como una de sus películas podría ser el placebo para algunos buenos aficionados que se resignen a reconocerle cierto mérito a Daniel Luque ante el galimatías que le presentó un tal Perseguido del hierro de Carriquiri que parecía haber sido tentado cuando era eral y salió como sobrero para reconocer de memoria no sólo el ruedo y los burladeros, sino al picador con la vara. También hay que celebrar que Fortes se toma tan en serio lo de la torería que camina arrastrando las zapatillas como si lo pintaran al óleo y hay que reconocer esos cuatro naturales de rodillas con los que abrió su faena al infumable Cigarro de Valdefresno que no podía con el alma ni con los 521 de su desabrido encaste y creo que también habrá que reconocer el valor a toda prueba de Juan Leal, sobre todo en la rara geometría con la que tuvo que intentar pasar al agrio y acobardado Pomposico II, una calistenia que parecía triángulo isósceles y que estuvo a punto de costarle una cornada… una trama enredada, con los villanos cornudos sembrando desconciertos y si acaso, un par de banderillas, un par de puyazos como carga de caballería y un par de razones de puro valor y cierta vergüenza que tienen que mostrar los agentes secretos vestidos de oro, plata o pasamanería en azabache para salir airosos en la desgraciada y descastada película en la que han caído las corridas cuando son tan lamentables.

Fuente: El País 

Feria de San Isidro: Castella queda en evidencia


Por Antonio Lorca.

Al final, la corrida derivó en una mezcla de ingredientes diversos. Hubo dos fracasados —Castella y el ganadero—; triunfó Talavante ante un nobilísimo sobrero al que muleteó con templanza y hondura, y resultó herido Javier Jiménez en el muslo derecho cuando muleteaba al sexto, un toro sin clase y deslucido.

Sebastián Castella bajó muchos enteros en su consideración de figura del toreo; es imperdonable que a uno de los que dicen mandar se le vaya un toro de puerta grande en feria de tanto relumbrón, pero que persista en el error y se le vaya otro que, al menos, le ofreció en bandeja un tercer trofeo, ya es para que se retire a un monasterio unos días y reflexione sobre las causas de tan grave fracaso.

Algo extraño le ocurrió, sin duda, porque el torero francés ha demostrado en esta plaza que sabe torear muy bien; pero ayer le abandonaron las musas, se enfundó el traje de la monotonía y ofreció todo un recital de destoreo, mantazo va, mantazo viene, hasta la derrota final

Lo más grave sucedió ante el primero, un sobrero de Buenavista, que cumplió en el caballo, acudió alegre en banderillas y llegó al tercio final con tranco, prontitud, fijeza y transmisión. El comienzo por alto y unos elegantes ayudados hicieron presagiar faena de triunfo grande. Mejoró el toro en cada tanda, persiguió la muleta con codicia y obedeció los cites del torero antes de que este le mostrara el engaño. Pero a medida que el animal asentaba su buena clase, Castella decía a voz en grito que no era su tarde, ni su toro, ni su plaza… No dio pie con bola, mezcló pases estimables con un aluvión de desatinos, alargó la faena en un intento desesperado de encontrar una salida digna, pero no consiguió más que cansar al bendito público que consintió, en respetuoso silencio, sus brochazos oscuros. Hasta dos avisos escuchó por su tardanza, y lo peor fue que el toro se marchó con las orejas al desolladero. ¡Imperdonable!

Pero es verdad que todo puede empeorar. El cuarto, de la pésima corrida titular, no tuvo la calidad de su compañero, pero no dejó de embestir al engaño del peor Castella imaginable. Acelerado siempre, con la muleta enganchada, dijo que las ideas le habían abandonado. Ojalá sea un retiro momentáneo.

El segundo fracasado, el ganadero. Hasta dos toros de la corrida titular fueron devueltos, pero alguno más podía haber seguido el mismo camino. Todos estuvieron muy justos de presencia, y, a excepción del cuarto, evidenciaron una preocupante falta de fuerzas y ausencia de casta. Otra birria más. El primero, por poner un ejemplo, se echó en la arena tranquilamente en el tercio de varas, circunstancia que aprovechó el presidente para mandarlo directamente a la puntilla; pero es que el tercero se desplomó ante la muleta de Jiménez y le costó un mundo recuperar la posición inicial.

La corrida iba a toda velocidad por el precipicio de la decepción más absoluta cuando salió un sobrero grandón del Conde de Mayade que huyó del primer encuentro con el caballo, mejoró en el segundo tercio, lo que permitió el lucimiento en banderillas de Juan José Trujillo, y llegó a la muleta con bondad y un temple exquisito. Lo aprovechó en toda su dimensión Talavante, quien se entretuvo en torear de salón, confiado y artista, por naturales hermosos, algunos de ellos bellísimos, y redondos rebosantes de torería. Faltó la emoción de la casta, pero ahí quedaron pinceladas del mejor toreo moderno.

Ese fue el mejor Talavante, pero hubo otro, no tan bueno, ante el segundo, un toro que iba y venía sin gran fijeza. El torero dio muchos pases, pero no hubo ni un solo muletazo que recordarse pueda, ni un solo detalle más allá de sus posturas flamencas tras el cierre de varias tandas anodinas. Es decir, que ante la mínima dificultad, queda patente que el toreo carece del más mínimo sentido de la emoción.

El peor parado fue el joven Javier Jiménez. Un toro enfermizo y con cara de pena, lisiado, noqueado y moribundo, fue su primero. Salió a por todas en el sexto, incierto de embestida y con la cara a media altura. Tan incierto que, en cuanto pudo, lo levantó cuando lo pasaba con la mano derecha, le clavó el pitón en el muslo, lo zarandeó y lo mandó directamente a la enfermería a pesar de los deseos en contra del propio diestro.

Puerto / Castella, Talavante, Jiménez

Toros de Puerto de San Lorenzo, —el primero y el quinto, devueltos—, muy justos de presencia, mansurrones, flojos, descastados y nobles. El primer sobrero, de Buenavista, bravo y muy noble y repetidor en la muleta; el segundo, de Torrealta, devuelto por inválido; el tercer sobrero, del Conde de Mayalde, grandón, manso y muy noble.

Sebastián Castella: —aviso— estocada trasera —2º aviso— y un descabello (palmas); —aviso— gran estocada (palmas); estocada en el que mató por cogida de Jiménez (silencio).

Alejandro Talavante: pinchazo, media y cuatro descabellos (silencio); estocada caída (oreja).

Javier Jiménez: gran estocada (silencio); cogido de gravedad por el sexto. El parte médico indica que la herida fue en el muslo derecho y tiene dos trayectorias; hacia arriba, de 20 centímetros, que produce destrozos en músculos aductores, y otra hacia abajo, de 15 centímetros que afecta a los músculos vasto interno y aductor. Pronóstico grave.

Plaza de Las Ventas. Corrida de la Prensa. Novena corrida de feria. 19 de mayo. Lleno de ‘no hay billetes’ (23.624 espectadores). Asistió el Juan Carlos I, que estuvo acompañado por Victoria Prego, presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid, y Carmen Martínez Castro, secretaria de Estado de Comunicación.

Foto: Info Castella Twitter.

Feria de San Isidro: David Mora, una reivindicación sin brillo


Se jugaba mucho en esta corrida David Mora después de escuchar los tres avisos el pasado sábado; se jugaba, quizá, la temporada y la propia fe en sí mismo. Por todo ello, sin duda, salió, aparentemente, a por todas en sus dos toros —el mejor lote del encierro—, se le vio tan dispuesto como embarullado, sus dos faenas fueron de más a menos, y en ninguna fue capaz de convencer a la parroquia de que su reivindicación iba completamente en serio. Quiso mucho, es verdad, pero no pudo todo lo necesario para que el borrón quedara limpio como una patena.

Al final, paseó una oreja, pero de poco le servirá. Era un trofeo hueco, inesperado, de esos que hacen más daño que beneficio, porque se recordará siempre que fue un regalo del palco presidencial que, a veces, ofrece razones que la razón no comprende.

Por Antonio Lorca.

Se jugaba mucho en esta corrida David Mora después de escuchar los tres avisos el pasado sábado; se jugaba, quizá, la temporada y la propia fe en sí mismo. Por todo ello, sin duda, salió, aparentemente, a por todas en sus dos toros —el mejor lote del encierro—, se le vio tan dispuesto como embarullado, sus dos faenas fueron de más a menos, y en ninguna fue capaz de convencer a la parroquia de que su reivindicación iba completamente en serio. Quiso mucho, es verdad, pero no pudo todo lo necesario para que el borrón quedara limpio como una patena.

Al final, paseó una oreja, pero de poco le servirá. Era un trofeo hueco, inesperado, de esos que hacen más daño que beneficio, porque se recordará siempre que fue un regalo del palco presidencial que, a veces, ofrece razones que la razón no comprende.

Se lució Mora con el capote en un quite por vistosas gaoneras a su primero, y recibió con empaque a la verónica al sexto. Brindó el tercero al Rey emérito, y, con enorme disposición, se plantó en el centro del ruedo. Impávido, esperó al toro y lo engañó con un pase cambiado por la espalda, y un segundo, que cerró con un largo de pecho, en una tanda tan corta como enhebrada, tan súbita como elegante, meritoria y torera.

Arreciaba el viento en esos instantes, pero el toro tenía buen son y el torero parecía con las ideas a flor de piel. Cita con la mano derecha, surgen varios redondos de peso, y al cuarto, uno que iba para largo y templado, y con el ¡biennn! ya en la boca del respetable, hace el toro ¡plof! y se derrumbó en la arena. Ahí acabó todo.

El animal recuperó la verticalidad, pero nada fue ya igual. El torero se apocó, hubo un derechazo grande, pero aislado en un mar de pocas ideas, falta de contundencia y escasas fuerzas. La ilusión se esfumó con la misma celeridad que momentos antes había inundado la plaza.

Y llegó el sexto, que permitió que Ángel Otero se luciera en dos pares espectaculares, pero menos ajustados que los del pasado sábado. Inició la faena por bajo, con empaque, y coronó el inicio con un molinete y un pase de pecho. Otra vez la ilusión. Tomó la mano diestra, y el toro obedeció sin rechistar; tanto, que embistió mejor que Mora toreó. Surgían los pases, pero a su labor le faltó la gracia que la nobleza del animal exigía. Se empeñó en torear por la izquierda y todo se desinfló. Sin saber el motivo, el presidente sacó el pañuelo sin que antes lo hubiera mostrado la mayoría de los espectadores.

Fue la suya una reivindicación sin brillo, de más a menos, de victoria personal que deja un agrio sabor de boca.

La corrida de Parladé fue una auténtica birria. Para empezar, no pudo lidiarse completa por decisión de los veterinarios, pero los que salieron al ruedo mostraron una presentación muy deficiente, impropia de esta plaza. Para mayor abundamiento, mansos, flojísimos y sin casta en las entrañas. ¿No habíamos quedado en que los ganaderos saben lo que tienen en el campo? Será mentira, porque el de Parladé ni tenía toros ni sabía que sus becerrotes eran mulas de carga.

El primero, por ejemplo, no era un toro, sino un buey jubilado, lisiado y amuermado. ¿No lo sabía el ganadero? Por lo visto, no, y, en consecuencia, debiera estar muchos años sin volver a esta plaza para que dedique su tiempo a conocer lo que guarda en su casa. Y en el destierro debe estar acompañado por el equipo presidencial, que aprobó cinco toros que nunca debieron pisar el ruedo madrileño.

Curro Díaz no tuvo posibilidad de reivindicación alguna. A ese primero lo mató pronto porque el propio toro le pedía con la mirada un trance cortito. Y ante el cuarto, de El Montecillo, se lució con unos recortes por bajo iniciales, y se acabó porque el animal era un muermo sin calidad.

Y Fandiño, que también está necesitado de vitaminas que revitalicen su carrera, estuvo sin estar, pasó apuros y se marchó. A su primero le costaba un mundo acudir al cite y lo hacía sin codicia ni condición de bravo. Muchos pases hubo, pero ingredientes todos de un profundo aburrimiento.

Y el quinto salió con presuntos problemas de vista, manso de libro y lagartos en la barriga. Puso en serios apuros a una cuadrilla que demostró no estar preparada para trances dificultosos, y Fandiño no quiso verlo. Bueno, lo vio y lo mató.

PARLADÉ / DÍAZ, FANDIÑO, MORA

Cinco toros de Parladé, —el segundo, devuelto—, mal presentados, flojos, mansos y descastados; el cuarto —manso y descastado— y el sobrero, —corrido en quinto lugar— muy deslucido, de El Montecillo.

Curro Díaz: media estocada (silencio); pinchazo hondo (silencio).

Iván Fandiño: casi entera trasera (silencio); estocada trasera y cinco descabellos (silencio).

David Mora: estocada trasera (ovación); estocada (oreja).

Plaza de Las Ventas. Octava corrida de feria. 18 de mayo. Más de tres cuartos de entrada (19.656 espectadores).

Asistió, por tercera vez en esta feria, Juan Carlos I.

CONTRAQUERENCIA | TERCERA DE FERIA DE SAN ISIDRO 2017: Tres avisos


Por Jorge F. Hernández.

Se escucha el primer aviso de un desahucio no en la variable multitud ajena a toda tauromaquia que se reúne para exigir la desaparición de las corridas de toros, sino en los propios gazapos, atropellos y erratas que de pronto parecen volverse costumbre en el transcurso de una lidia donde los toros relucen su mansedumbre, además peligrosa, y en particular la del llamado “Carapuerco Segundo” que salió a a la arena con ganas de brincar al callejón, huir de nuevo al campo y pintarse de rosa las pezuñas, con ese trotecillo de vaca lechera que compartió con otros de sus hermanos lidiados hoy con el hierro de El Pilar

El descaste y eso que llaman equivocadamente falta de raza (pues no dejan de ser bovinos) es un aviso de la coladera por donde nos podemos cargar todo esto en el transcurso de una tarde: animales que aunque sean bien presentados y presuman su trapío en fotos de perfil, luego salen al sol con la nefanda propensión a la distracción con golondrinas, con menos codicia que un niño sin dulces y una abnegada sosería que en nada hace eco de la bravura ancestral de su genética.

El segundo aviso de un probable hundimiento se filtra en la saliva de los propios aficionados que pasan de la justificada protesta por cualquier desorden o desgracia de la lidia al abierto encono encolerizado, ensañándose con un torero al que apenas hace una docena de meses recibía de pie por el milagro de su resurrección y la epifanía innegable de un faenón de dos orejas y Puerta Grande. Hay días en que la mala leche se descuelga de los tendidos de Las Ventas (desde los aplausos sincronizados de los llamados puristas y el necio gritito de quien se cree geómetra de la posición perfecta de las zapatillas sobre la arena sin ayuda de catalejos) pero también en la ira que se ha manifestado en ciertos estadios de futbol y quizá incluso en el otrora impecable silencio de las canchas de tierra batida del tenis.

El tercer aviso suena en el silencio de la tinta más bien biliar con la que ciertos sabelotodos opinan por opinar y confunden la etimología del héroe o del heroísmo con la engañosa miopía de glorificar lo banal, enaltecer lo cotidiano o descontextualizar el aura de los toreros avalando entonces la supuesta heroicidad de los narcotraficantes ya como personajes de Netflix o ¿será que en verdad es un héroe el malencarado conserje de un edificio que duerme todo el día y desatiende las labores de su oficio, mientras lee a deshoras la correspondencia de los inquilinos con el auxilio de la llave maestra de los buzones?

Publicado en El País

Feria de San Isidro: Las rebajas del patrón

Morenito pasa de muleta al toro que le cortó la oreja. Víctor Sainz.

Por Antonio Lorca.

La oreja de escasísimo peso que paseó Morenito de Aranda es la constatación de dos realidades; la primera, que Madrid —al igual que Sevilla— ya no es lo que era (“cuando el que manda es el público”, decía Pepe Luis Vázquez, “la fiesta se desmorona”); y la segunda, que hay tantas ganas de ver torear, hay tanto cansancio acumulado de tardes de desesperado aburrimiento, que cuando el tendido ve a un señor con un porte elegante, que se coloca en su sitio y traza algún buen muletazo trufado con medios pases, sueña literalmente el toreo. Es decir, que imagina lo que quisiera ver, y engrandece lo que la vista le transmite.

En dos palabras, que han llegado adelantadas las rebajas del patrón (no las de Simón Casas, que es el que manda ahora en esta plaza, sino las de San Isidro, que hace un alto en la labranza, y él, que sabe lo suyo de bueyes, se apiada de los valientes muchachos vestidos de luces), y, por un precio módico, Morenito paseó una oreja que otrora costaba un potosí.

Pero no estuvo mal el torero de Aranda, no. No estuvo para cortar un trofeo, pero sí muy por encima de su lote, el mejor, por otra parte, de una bien presentada, pero mansa, descastada y sosa corrida de El Ventorrillo.

Recibió al quinto con unas vistosas verónicas —Morenito maneja con gusto el capote—, un toro que no hizo una pelea de bravo en el caballo, aunque acudió alegre en banderillas y obedeció con prontitud el cite en la muleta. 

Permitió, eso sí, el lucimiento de José Manuel Zamorano —extraordinario el segundo par— y Pascual Mollinas, con los palos, y que el público creyera ver lo que no existió.

Acudió de largo y con codicia a la muleta de Morenito, en embestidas cortas, con más genio que clase, mientras el torero colocaba en la balanza su buen gusto y decisión, y el público, sus ansias por ver torear. 

Entre la obediencia del toro, la entrega del torero y la mirada obnubilada de los espectadores, aquello parecía lo que no era; tanto es así, que el matador falló en la suerte suprema y, a pesar de todo, una minoría de la plaza pidió la oreja, y una mayoría, con las manos en los bolsillos, gritó y silbó desaforadamente cuando vio que las mulillas estaban a punto de trasladar el toro al limbo del desolladero. Cómo sería el griterío que el presidente, muy digno en principio, se guardó la dignidad en el bolsillo, de donde se sacó un pañuelo blanco que le pesará en su conciencia de buen aficionado.

Aseado se mostró también Morenito ante su primero, con atisbos de clase, pero sin cimientos físicos para sostenerse en el mundo. Se colocó bien, cruzado siempre, y dejó cierto aroma con sus buenas maneras.

Caso muy distinto fue el de Eugenio de Mora, un veterano que ha cumplido ya 20 años de alternativa, y más que a una corrida parece que lo habían mandado a la guerra. Muy complicado fue su lote, sin codicia y con peligro el primero, y sin calidad y adormecido el otro. Salió con muchas ínfulas De Mora y se plantó de rodillas en el inicio de la muleta ante el que abrió plaza. No se lo tomó a bromas el toro, de modo que si el toledano no se levanta con rapidez, hoy estaría acostado, pero en un hospital. Pasó el quinario para acabar con su oponente, duro de roer, experto en arreones, y el asunto terminó regular gracias a la intervención del patrón, se supone. 

La pelea con el cuarto fue contra los elementos de un toro aculado en tablas que se negó taxativamente a seguir el recorrido de la muleta.
Y de órdago fue la voltereta que sufrió Román cuando trataba de robarle algún muletazo al sexto. Lo levantó y lo lanzó al aire con esa fuerza descomunal de un toro; imposible calibrar desde la grada la altura, pero la ilusión óptica fue de salto con pértiga. Pues el chaval se levantó como si tal cosa (porque es un chaval, claro), y continuó ofreciendo el pecho y los muslos a sabiendas de que no encontraría ningún tesoro.

El tercero, otro que tal bailaba, le lanzó un tornillazo al cuello, que si no le robó la medalla de la Virgen de los Desamparados, poco le faltó. Valentísimo, se jugó el tipo sin cuento, y dijo sin abrir la boca que prefería un disgusto que ser materia de olvido. ¡Qué duro resulta, a veces, para un torero ser huésped del recuerdo!

EL VENTORRILLO / DE MORA, MORENITO, ROMÁN

Toros de El Ventorrillo, bien presentados, astifinos, muy mansos, descastados y sin clase.

Eugenio de Mora: tres pinchazos, media tendida, —aviso— tres descabellos, casi entera —2º aviso— y estocada caída (silencio); estocada desprendida (silencio).

Morenito de Aranda: dos pinchazos —aviso— y dos descabellos (ovación); pinchazo y casi entera (oreja).

Román: estocada (silencio); dos pinchazos, media atravesada —aviso— y tres descabellos (silencio).

Plaza de Las Ventas. Segunda corrida de feria. 12 de mayo. Casi tres cuartos de entrada.

Publicado en El País 

Las Ventas: Toreras actuaciónes en la goyesca

Paco Ureña.

De SOL y SOMBRA.

Tradicional Corrida Goyesca del 2 de mayo en Madrid en la que con un tercio de entrada se lidiaron toros de José Vázquez, Victoriano del Río y Salvador Domecq. 

La tarde ha dejado el sabor del toreo purísimo de Diego Urdiales, una vez más emborronado con el acero, especialmente después de la brillante faena al primer toro. Hubo ovación, lo mismo que en el tercero y silencio en el quinto

Y la tarde también deja el sabor de la autenticidad de Paco Ureña que vuelve a convencer en Madrid. 

Cortó la oreja del sexto después de una faena de todo o nada ante un complicado toro de Victoriano del Río. Hubo silencio en su primero y ovación en el cuarto de la tarde.

FICHA DEL FESTEJO.- Dos toros -primero y segundo- de Salvador Domecq, noble y sin raza el primero, e inválido el segundo; otros dos -tercero y cuarto- de José Vázquez, mansurrones y de poco fondo; y dos más -quinto y sexto- de Victoriano del Río, sin clase uno y orientado el último.

Diego Urdiales: estocada ligeramente trasera y dos descabellos (ovación tras aviso); pinchazo, otro hondo y dos descabellos (ovación tras aviso); y dos pinchazos y estocada atravesada (silencio tras aviso).

Paco Ureña: estocada fulminante (silencio); media desprendida y cuatro descabellos (ovación tras aviso); y estocada baja (oreja tras aviso).

Incidencias: la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, presenció el festejo desde un palco de Las Ventas, acompañada por el consejero de Presidencia, Justicia y Portavoz de la Comunidad, Ángel Garrido.

La plaza registró algo menos de media entrada en tarde de nubes y claros, y de agradable temperatura.

Twitter @Twittaurino

Telemadrid emitirá la tradicional Corrida Goyesca de Las Ventas para todo el mundo 

A las 18:30h, Telemadrid conectará con la Plaza de Toros de Las Ventas, desde donde Miguel Ángel Moncholi ofrecerá el previo de esta cita taurina tan señalada para los madrileños. A continuación,  Moncholi, acompañado en los comentarios por el matador Joaquín Bernadó y el ganadero Víctor Huerta, emitirán en directo la Corrida Goyesca.

De SOL y SOMBRA.

El próximo 2 de mayo, día de la Comunidad de Madrid, la televisión autonómica Telemadrid emitirá en directo desde la plaza de toros de Las Ventas su tradicional corrida Goyesca.

A partir de las 18.30 horas, Telemadrid conectará con la Plaza de Toros desde donde se retransmitirá en directo el festejo en el que harán el paseíllo el arnedano Diego Urdiales y el murciano Paco Ureña. Un mano a mano en el que se lidiarán toros pertenecientes a los hierros de Victoriano del Río / Toros de Cortés, José Vázquez y Salvador Domecq.

Cambio de horario

La CAM mantiene la hora de la Goyesca y rechaza la petición de adelanto para que no coincida con el derbi europeo.

El Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid mantiene el horario de las 18.30 horas para la tradicional corrida Goyesca del 2 de mayo en la Plaza de Toros de Las Ventas, rechazando así la petición de adelantarla una hora de la empresa concesionaria, que quería que no coincidiera con el partido de fútbol Real Madrid-Atlético de Madrid, que comienza ese día a las 20.45 horas.

Según han confirmado a Europa Press fuentes municipales, la empresa de Simón Casas, que lleva desde hace unos meses la gestión del coso madrileño, había pedido permiso para adelantar a las 17.30 horas la corrida Goyesca, para que terminara con tiempo de que los aficionados taurinos pudieran seguir la semifinal de la Liga de Campeones europea.

Pero el Consejo de Asuntos Taurinos la ha rechazado alegando que el evento, al que suele ir la presidenta regional en el Día de la Comunidad de Madrid, se había anunciado con el horario tradicional desde hacía mucho tiempo, que ya están vendidos todos los abonos y muchos localidades y que el adelanto también altera las localidades de sol y sombra, lo que podría conllevar numerosas quejas de los más puristas aficionados taurinos.

Además, ese día festivo en la región hay un desfile de carruajes goyescos que partirá de la plaza de Manuel Becerra. Como cada año, el público podrá acceder al ruedo sólo ese día desde la apertura de puertas hasta media hora antes del festejo.

Twitter @Twittaurino