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Solo para Villamelones: Los toreros emergentes

Sergio Flores en Las Ventas el pasado San Isidro.

Por Manuel Naredo.

Tan inmersos solemos estar en los aconteceres cotidianos de la Fiesta, que realmente muy poco miramos hacia el futuro inmediato; nos atraen los triunfos y sinsabores de las llamadas figuras, pero reparamos un mínimo en aquellos que, apenas detrás, se están significando como sus sucesores.

¿Quiénes son esos toreros, tanto aquí como fuera de nuestras fronteras, que atendiendo a sus características, podrían convertirse en las inmediatas figuras del toreo mundial? He aquí algunos nombres.

Ginés Marín, joven torero jerezano, aunque criado en Olivenza, de apenas de veintiún años. Le nació el gusto por el toreo viendo a su padre, quien se desempeñó como picador de segunda profesión. Egresado de la Escuela Taurina de Badajoz, tomó la alternativa en Nimes de manos de Morante de la Puebla, luego de haber encabezado el escalafón novilleril. Ha tenido rotundos triunfos en plazas españolas y francesas de primera importancia, incluyendo la de Las Ventas de Madrid.

José Garrido, de Badajoz, aunque con ascendencia cordobesa, y con veinticuatro años de edad, se doctoró en Sevilla de manos de Enrique Ponce, luego de que, como novillero, se hiciese llamar “Gallero”; su padre fue mayoral de los caballos Domecq y eso propició que el torero, además, sea un gran jinete. Mantiene una relación amorosa con la diseñadora María José Espinosa, una de las hijas de Fermín Espinosa, Armillita.

Andrés Roca Rey, nieto del por muchos años empresario de la plaza de toros de la capital peruana, tierra natal del diestro, es también hermano menor de otro torero, Fernando, y se ha convertido en el fenómeno de taquilla más importante del mundo, gracias a su personalidad y a los múltiples triunfos en casi todas las plazas donde se presenta. Tiene apenas veintiún años y tomó la alternativa en Nimes de manos de Enrique Ponce.

Jesús Enrique Colombo, nacido en Táchira, Venezuela, y con apenas veinte años, mató su primer becerro a los diez años. Hace escasos nueve meses le cedió los trastos como matador de toros el francés Sebastián Castella en Zaragoza, luego de una temporada novilleril plagada de triunfos y reconocimientos.

Sergio Flores, nació en Apizaco, Tlaxcala, hace veintisiete años, y ha sido un ejemplo de empeño y tenacidad, sobre todo a lo largo de varias temporadas novilleriles en Europa, donde finalmente tomó la alternativa, de manos de Julián López, El Juli, en la plaza francesa de Bayona. Sus reiterados triunfos en cosos mexicanos lo han convertido en un atractivo especial en los carteles nacionales.

Luis David Adame, hermano menor de Joselito, apenas tiene diecinueve años y nació en la capital de Aguascalientes; se ha hecho en España y Francia, país donde se doctoró, teniendo como padrino a Alejandro Talavante, en el histórico coso de Nimes. Ha mantenido, desde entonces, una intensa actividad, primero en su tierra natal y después en Europa, donde se está labrando su propia y particular carrera.

Todos ellos son apenas unos nombres de quienes, seguramente, estarán encabezando la baraja taurina de ambos lados del Atlántico, aunque algunos de ellos, quizá, sólo podrán hacerlo en su propia tierra, y algún otro lo haga ya, de manera contundente, en todos los sitios.

Es la nueva generación de toreros emergentes que acaso vengan a ocupar los primeros sitios de quienes están por irse.

Publicado en Diario de Querétaro

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«El Dorado» del toreo: del sueño a la realidad de la Fiesta

Las Ventas, una tarde de lleno en San Isidro – Paloma Aguilar.

Por Rosario Pérez – ABC.

Cuenta la historia que en el siglo XVI se generó una leyenda entre los primeros descubridores del Nuevo Mundo: había un pueblo en el que todo era dorado, un lugar donde los reyes eran cubiertos con oro en polvo a su muerte como ofrenda a los dioses. Esta deslumbrante urbe se localizaba en medio de la jungla, posiblemente en la zona central de la Nueva Granada, actual territorio de Colombia, aunque dependiendo del origen o la época de la versión, lo mismo se sitúa en Cundinamarca que en alguna zona de Venezuela, en la selva amazónica o en los mismos Andes. Variaba según la febril imaginación y la codiciosa mirada de algunos exasperados conquistadores.

Aquí, en España, la tauromaquia vivió su particular «Dorado» entre los años 50 y 70 del siglo pasado (sí, había menos oferta de ocio). Las plazas se llenaban, los toreros formaban parte de la cultura y la sociedad, y el toreo competía con el fútbol y el boxeo como mayor espectáculo de masas de un país que resurgía de sus propias cenizas. Los ochenta sufrieron su crisis, superada a principios de este siglo. En aquella época dorada las plazas se llenaban con el mero hecho de anunciar el cartel en una pizarra con tres o cuatro días de antelación. Al rebufo de esta ola fervorosa por las corridas, surgieron geniales empresarios que utilizaron el ingenio y una gran pasión para llevar nuestra Fiesta hasta cotas inimaginables. Hubo también grandiosas figuras, aunque en eso las épocas no son tan distintas y, lógicamente, los había con inmenso tirón como El Cordobés y otros con mucho menos.

Pliego intervencionista

Aún en 2018, algunos todavía sueñan con ese «Dorado» que nos contaban, aunque no son pocos los que empiezan a pensar que es tan irreal como aquel que imaginaron los conquistadores de las Américas. Y lo es porque la Fiesta se ha desestructurado. Toreros, empresarios y ganaderos van por caminos distintos y encontrados, cada vez más alejados. Los políticos utilizan el toreo como moneda de cambio y se sientan al sol que más calienta. Madrid, capital del toro, ha estirado como una goma San Isidro, tratando de paliar un pliego recaudatorio y nocivo para la Fiesta, que por primera vez en muchos años ha sobrepasado por poco la media plaza en festejos del abono del Santo. Bilbao busca la gestión privada tratando de huir de los desmanes de un modelo desgastado. Sevilla vive un modelo basado en un antiguo contrato y mantiene una delicada (aunque resistente a la par) salud, y a Valencia le ha tomado el pulso la misma empresa que no termina de cogérselo a la Monumental madrileña, con una oferta desorbitada en el último concurso. Un poco a la desesperada, se ha recurrido en Otoño a la fórmula del bombo para reclamar la atención del público: a ver si las figuras recogen el guante… Como algo puntual y novedoso, que ya se sabe que el manda elige y no es amigo de loterías… Pues estos son los cuatro ases de la baraja en los que se sustenta el toreo.

Pamplona es punto y aparte: allí encontraron su Dorado particular a mediados del siglo pasado, ayudados por un Nobel norteamericano, y siguen abarrotando los tendidos 70 años después. El resto de las plazas luchan por sobrevivir a los ataques antitaurinos, algunos caprichos de varias figuras y la renovación de un modelo que ya no da para más. Los años ochenta vivieron una gran crisis taurina y de identidad, pero la muerte en la plaza de Paquirri y Yiyo reforzó y dio credibilidad a cuanto acontecía en el ruedo y los públicos volvieron a las plazas. Por desgracia, hemos vuelto a vivir la tragedia de dos toreros caídos en la arena, pero no parece que aquel relanzamiento se repita. Tres décadas después, tenemos una sociedad cada día más desnaturalizada, a la que preocupa más las proteínas que aportamos a la alimentación de nuestro Cocker que el drama que viven los niños en Siria, donde en lo que va de 2018 han muerto más de mil pequeños, según datos de Naciones Unidas.

Alternativas de los carteles

Volvamos a la tauromaquia: en este triunvirato de poderes en el que se sustenta, los empresarios son quizá la pata más coja del banco. Componer carteles se ha convertido en una quimera basada en los intereses de un reducido grupo de figuras que dominan a su antojo los restos de aquel «Dorado» de hace 60 años. Salvo la excepción de Roca Rey, las ferias se componen por toreros y carteles que se repiten durante casi décadas y no generan la expectación soñada. El paso a los jóvenes es testimonial. El argumento simple: «No interesan». ¿Alguien se preocupó de que interesaran los noveles? Para muestra, un botón.

Analizados algunos carteles de plazas significativas y variadas de primera y segunda categoría, en lo que va de temporada los resultados son esclarecedores: Castellón arroja una media de 16 años de alternativa por actuante; Valencia, 12; Sevilla, 14; Madrid, 11; Algeciras, 12; Burgos, 15; y Pamplona, 12. Con 27 carteles en los que sus actuantes suman más de 40 años de alternativa y algunas puntas de iceberg alarmantes, en la Maestranza dos carteles alcanzaron los 60 años de alternativa, 57 en Burgos, 52 en Valencia y 50 en Madrid. Otro dato más es que en Sevilla 24 de los 45 puestos disponibles (más del 50%) los copan diestros que estuvieron ya anunciados en la feria de 2007… ¿Dónde está la regeneración?

Desglosemos por años de alternativa los 15 primeros puestos del escalafón actual de matadores de toros. Desde Roca Rey, que lo lidera, hasta Román, que cierra ese top 15, arroja una media de casi 15 años de alternativa por coleta, con trece diestros por encima de los 10 años, nueve por encima de los 15, cinco por encima de los 20 y ¡solo! tres por debajo de dichos años de doctorado.

El porqué de tan delicada situación

Las cifras asustan por sí mismas, pero convendría analizar el porqué se ha llegado a esta delicada situación. Si analizamos la pirámide de abajo hacia arriba, la base la componen los matadores como máximos responsables de lo bueno y lo malo de cuanto acontece en la plaza, pero sería muy injusto generalizar, puesto que el escalafón 2017 lo compusieron 157 matadores (156 para ser exactos, puesto que uno de ellos, el que logró un lleno histórico en Madrid pore el camino de la independencia y saliéndose del «sota, caballo y rey» ya no está entre nosotros). Y nos atreveríamos a afirmar que no más de diez ven rentabilizados económicamente los esfuerzos y sacrificios realizados en la plaza. Alrededor de otra veintena viven dignamente de su profesión y los más de 120 restantes compatibilizan la tauromaquia con otras profesiones para poder llegar a fin de mes.

La liga novilleril

El caso de los novilleros es capítulo aparte: el caos y abandono de la liga juvenil es para hacérselo mirar. Y eso es lo que sucede: miran al lado y echan la culpa al siguiente. Mientras tanto, la solución de esos casi 200 novilleros con picadores es precaria y sin ninguna solución a corto plazo, salvo la esperanza de que surja algún genio, hecho que ocurre cada vez menos… Muchas veces tendemos a juzgar con demasiada severidad a imberbes que se ponen en Madrid delante de un ¿novillo? con más cuajo y seriedad del toro que matan en plazas de segunda y algunas de primera las figuras (el sobrero de Espartaco de la final de las nocturnas es un claro ejemplo). Chavales sin apenas bagaje y cuya recompensa económica son los mínimos de un convenio con el que, si les da por estrenar un vestido, salen del hotel en negativo. No son ellos los culpables de su poca experiencia, a los principales responsables no les suena ni el cinco por ciento de estos proyectos de toreros.

Desde dentro (y desde fuera) da la impresión de que los mandamases del toreo viven al margen de la realidad. La realidad de las cifras. Exigen corrida, fecha y cartel y el dinero de la plaza llena. Hasta ahí todo perfecto, pero el problema viene cuando la plaza no se llena en la mayoría de ocasiones y generan dos agujeros: el económico y el desequilibrio en la feria. Si la actualidad tiene cuatro o cinco toreros -caso aparte es José Tomás– que tienen demanda taquillera y van juntos en dos corridas, el empresario se ve en la difícil tesitura de completar las tres o cuatro restantes de cualquier feria mediana en los días menos buenos con toreros que no atraen al gran público. En lo que va de 2018, ha habido varias «cornadas» a las empresas de las graves. Vayamos por orden cronológigo en algunos ejemplos: en Guadalajara, por Primavera, Ventura y Perera, mano a mano, con sus 20 Puertas Grandes de Las Ventas y a media hora del Foro, apenas congregaron 1.800 personas; Aranjuez, con al aditivo mediático de Cayetano, por ahí anduvo; Zamora, León y Segovia, con los Julis, Manzanares, Talavantes, Morantes y Rocas repartidos, poco más de media entrada real… Lo de Badajoz tuvo entradas tristísimas. Y León, apenas media plaza en un cartel monstruo con Morante, Manzanares, Talavante y Roca Rey. ¿Poca promoción? ¿Falta de interés del público? ¿De todo un poco? Una feria consolidada como las Colombinas apenas ha reunido media plaza un día y escasos tres cuartos el otro con las máximas figuras y la milagrosa reaparición del ídolo local. En declaraciones a Carrusel Taurino, Carlos Pereda manifestó: «No ha sido una feria satisfactoria, económicamente hablando, pero podemos darnos por satisfechos. Nos salen las cuentas». Se trata de «salvar», más que de «ganar», en un negocio en el que se supone se mueven muchos billletes…

El Puerto inauguró, con Morante y Manzanares, con poco más de media plaza (días después, rozó el lleno con Roca Rey -con Padilla y Manzanares-). La empresa de Antequera ha tenido que salir corriendo tras la cornada económica de la primera corrida. Las figuras más taquilleras, con Juli, Manzanares y Roca, tampoco llenaron en Pontevedra. En Gijón, tampoco se están registrando las entradas esperadas. La recuperada Illumbe no remonta (las entradas de los primeros festejos de la Semana Grande han sido reducidas) tras los vientos prohibicionistas y pese al llenazo el año de José Tomás. Y van ya varios portazos a plazas de toros: vale que en algunas son por cuestiones políticas, pero han hecho algo las grandes figuras para decir «allá que voy a Vitoria», ¿por ejemplo? Es momento de hacer acto de reflexión y coger al toro por los cuernos.

Matemáticas de andar por casa

Metida a matemática de andar por casa, si a una plaza de segunda van 5.000 personas a una media de 40 euros la entrada (36 una vez descontado el IVA), la taquilla es de 180.000 euros. Si ponemos la corrida para figuras a 36.000; los gastos de apertura de plaza (médicos, veterinarios, seguros, cuadra de caballos, servicio plaza, etc.) en 9.000 euros; la Seguridad Social en 9.000; los gastos de publicidad en 7.500, quedan unos 118.500 euros. Si contratan a dos de esas tres o cuatro figuras que exigen 60.000 euros por tarde, ya va el organizador del espectáculo por «menos 1.500» y falta el tercer torero… Y algo debería ganar la empresa, ¿no?

Pues imaginemos ahora tres de ese grupo de «privilegiados»: para cubrir esos 180.000 euros, más los 61.500 de gastos, hay que vender 6.700 entradas para que la empresa «empate». ¿Y si no se venden? ¿Quién asume su responsabilidad? Casi siempre, el empresario… Otro ejemplo más es la plaza de toros de Las Ventas, donde se dicen que los beneficios en 2017 no llegaron al millón de las antiguas pesetas. Con una facturación cercana a los 30 millones de euros y un plantilla fija de casi 20 personas, los datos dan las mismas sensaciones que los antiguos Palhas: horror, terror y pavor. ¡Eso en Madrid!

Los empresarios se han quejado en varias ocasiones de que en los carteles donde están tres de esas cuatro o cinco figuras son ampliamente deficitarios aun colgando el «No hay billetes». Empresarialmente, ¿cómo se puede iniciar un negocio donde la pérdida es segura a pesar del lleno? La excusa de los apoderados es que tiran del abono y en los carteles medios se compensan las cifras. ¿Seguro? A veces sí, pero no siempre… En 2016 regresaron los miembros del G5 a la temporada sevillana tras dos años de ausencia voluntaria por no sé qué conflicto de intereses y cuentan que apenas se vendieron 300 nuevos abonos. La sangría de Madrid cuesta frenarla a pesar de estar todas las figuras. Con estos datos, ¿a qué excusa nos acogemos para justificar esos ingresos? Si trasladara estos números a mis compañeros de economía, me costaría convencerlos de la realidad que vivimos en nuestra querida tauromaquia.

Las empresas

Aunque hay algunas excepciones, el conjunto empresarial no destaca por su imaginación ni capacidad de trabajo, peros son, junto con los ganaderos, los grandes perjudicados de la situación actual. La inyección en dólares por parte de un millonario mexicano y la aparición de una agencia de viajes en Las Ventas no son suficientes para sostener los cimientos de un sector que se tambalea. La esperanza de contratar a José Tomás, salvar un abono y aprovechar su rebufo cada día se complica más, y con el resto de los mimbres y sus exigencias es una labor de orfebrería y altas dosis de trabajo y talento «perder poco» en cualquier feria. De ahí que los empresarios intenten atar cada vez a más toreros: viven más de ese intercambio y comisiones de apoderamiento que de la propia taquilla de las plazas.

Por cierto, alguno aboga por variar el precio en taquilla según el cartel, igual que ocurre, por ejemplo, en los conciertos: no todos los artistas «cuestan» lo mismo. ¿Y si se prueba en los toros allá donde el pliego no lo impida?

Otro caso curioso de la actualidad es el de Talavante. El genio extremeño vive un momento artístico pleno de inspiración, con un toreo puro al que casi ninguno se aproxima, pero sus logros en la plaza no se reflejan en la demanda que genera en taquilla y es la sorprendente ausencia de muchas ferias después de haber sido triunfador en San Isidro y cuajar la mejor faena de Sevilla y de otras plazas como Cuatro Caminos. Algunos culpan a Matilla, sacando toda su inquina hacia el empresario salmantino, y una venganza por su ruptura, pero no es esa la verdad, según comentan varios gerentes. Talavante está obsesionado con igualar sus números a los de Juli, Morante y Manzanares, y eso ha generado que los empresarios hayan decidido prescindir de tan grandioso torero por vivir al margen de la realidad económica de sus taquillas. Claro que no es el único caso que vive al margen de esa realidad, y algunos mantienen su caché casi por inercia. Por lo que Talavante dirá: ¿y por qué yo no? Eso sí, a cada cual lo suyo: es una de las figuras con mayor tirón en el Foro.

Pero, ¿quién tira del carro de la taquilla de verdad hoy? Solo la apisonadora Roca Rey, el último y joven fenómeno (que curiosamente no es el que más cobra….), ha sido capaz de situarse por delante de todos en la demanda de entradas para verle, gracias a su juventud, novedad, desparpajo y sus arrolladoras campañas, aunque, vista esta dinámica, ¿cuánto durará esa inercia?

El resto de la nueva hornada compuesta por Ginés Marín, Garrido o Román no termina de dar el salto, a pesar de algunos triunfos, y la recuperación de diestros como Ureña, Chacón, De Justo, Cortés o Moral no pasa de ser un buen complemento a los carteles medianos. Los mediáticos Fandi o Padilla (con su tirón en determinadas plazas) están también ya muy vistos. Y el circuito de las corridas duras (salvo en escenarios concretos) suscita el interés de parte de la afición pero no del público general y no mueve el suficiente dinero.

El incombustible Ponce aparece como «abreplaza» de lujo, mientras vive un dorado final dando lustre y categoría a una excelente trayectoria, siendo el triunfador de las dos últimas Orejas de Oro, pero sin llegar a las cotas taquilleras de sus inicios. Castella y Perera (que está cuajando un gran verano), dos figuras por el mismo palo pero opuestos planteamientos (el extremeño es de los pocos que se atreven al camino de la independencia), triunfan con regularidad pero su demanda taquillera está por debajo de sus resultados artísticos.

Panorama ganadero

En el apartado ganadero, superada ya la inflación que supuso la burbuja del ladrillo en nuestras dehesas y reguladas en base a la ley de mercado las cabezas existentes en las fincas, los sufridos criadores de bravo han conseguido «equilibrar» sus cuentas, aunque salvo cinco o seis excepciones son negocios por amor al arte y nula rentabilidad. En realidad, casi nunca lo fueron. Ser ganadero siempre fue un ejercicio de afición, valor, desinterés, amor al toro y, en ciertos casos, cierta dosis de ego que compensaba los sacrificios. De lo que no hay duda es de que estamos atravesando, a pesar del criticado monoencaste, una época dorada de porcentaje de toros que embisten. La unificación de la sangre Domecq en nuestra cabaña brava ha venido motivada, no nos engañemos, por la demanda y exigencia de la lidia actual. Su bravura más tardía ha sido la única capaz de soportar la longitud de lidia moderna y se ha adaptado a la nuevos tiempos. Pero la variedad de encastes es necesaria y también recobrar la importancia del toro. Pocos son los que preguntan «¿qué se lidia?», pues el público moderno es más bien torerista. Pero entre las ganaderías de otras sangres hay excepciones sobresalientes y que, en manos de algunos genios de la alquimia y la genética, han sido capaces de mantenerlas con éxito en plena actualidad. También, cierto es, algunas divisas Domecq atraviesan muy mal momento.

Con este panorama descrito viene el momento de preguntarnos si hay solución a nuestra realidad. Todavía generamos la demanda suficiente para mirar el futuro con optimismo, pero para ello toca ponerse el mono de trabajo y mancharse de grasa. Las cifras de espectadores todavía nos reflejan brotes verdes y esperanza. Y aquí ya se sabe: unos ven el vaso medio lleno, otros medio vacío y, como dice un viejo aficonado, «otros ven vodka donde solo hay hielo». Según el informe elaborado Diego Sánchez de la Cruz, más de cinco millones de espectadores asistieron a los toros durante la temporada 2017 en España. Según las estimaciones de su estudio, se vendieron alrededor de se vendieron 1.838.000 entradas en cosos de primera, 1.100.000 en escenarios de segunda y 2.100.000 en plazas de tercera y portátiles. A todo ello hay que sumar los festejos populares, alma de la tauromaquia. No nos olvidemos de ellos, cada vez con más auge. Todos esos datos son muy positivos, pero, no nos engañemos, existe un runrún de preocupación y de incertidumbre. Además de los varapalos externos, políticos y animalistas, se encuentra el de algunas tardes en taquilla.

La Fundación

La Fundación del Toro está muy bien, su discurso mejor, pero, más allá de postureos, ha llegado la hora de actuar y dejar de soñar con «El Dorado» e ir a buscarlo desde abajo. Quizá sea necesario gente externa, que desde dentro mire hacia fuera (y viceversa) y no al propio ombligo. También, para el aumento de socios, no estaría de más una transparencia total, con pelos y señales, en las cuentas y los resultados. Y también de los objetivos que persiguen y la hoja de ruta que siguen. Paciencia, sí, que aún es el embrión, pero el tiempo apremia y hay cuestiones que resolver pronto y en la mano, con reuniones con los principales mandamases de cada partido político y analizando las entrañas del propio sector. Sí, para ser cien por cien creíble y eficaz, la Fundación debería velar por profesionales y afición, por la supervivencia y el crecimiento del mundo del toro. No abandonemos Vitoria, ni Palma, donde cierto es que no están prohibidos pero las condiciones exigidas para dar toros convertirían la corrida en una pantomima, lo que imposibilita su celebración. Luchen por recuperar los puertos perdidos… ¿Ven a toreros y profesionales muy preocupados? Lo que se pierde, difícilmente se recupera…

Repetimos mucho la expresión figura del toreo. Pues, figuras, afronten el riesgo económico; el físico y el artístico ya lo asumen (y sí, ya sabemos que no hay precio que pague la vida, por lo que todos los dineros son pocos para un torero), y demuestren su ¿unión? no solo para atacar a un presidente y su grandeza no solo a la hora de coger la mejor fecha, ganadería y compañeros para «salvar» su cartel, demuestren su categoría pensando en el mañana, algo que algunos (pocos) sí hacen. Dejen paso a los nuevos, tiren ustedes de la taquilla en los días regulares, hagan (junto a las empresas -que necesitan, además de una política de precios asequible, dar una vuelta a los carteles y campañas de promoción efectivas-) algún guiño al que pasa por taquilla y discutan con los empresarios por el porcentaje de lo que generen. Tal vez no estaría de más igualarse con los grandes boxeadores y repartirse el neto de los ingresos. Cada uno en función de su categoría y demanda. Y, por favor, no dejen que se pierdan más plazas. Ganaderos y cuadrillas, hagan lo mismo. Y empresarios… ¡Trabajen y trabajen con cabeza, afición y afición! Solo así se podrá volver a soñar con «El Dorado» de una Fiesta que es grandeza por historia, sangre y verdad, pero en la que hay mucho, mucho, por hacer.

Posdata: las cifras aportadas han sido extraídas de conversaciones con diversos profesionales del sector. Y demasiadas veces se oye aquello de «vamos a llevarnos lo que podamos mientras esto dure…» Al menos donde políticos y pliegos lo permitan, trabajen todos los taurinos para que el presente de la Fiesta sea saludable y su futuro largo. Son muchos más los aficionados y las gentes que respetan las tradiciones que los animalistas falsos y oportunistas. La tauromaquia es grande, pero hagámosla gigante.

Publicado en ABC

Los de Fuente Ymbro favorecen el espectáculo en la Picassiana de Málaga

Oreja de perfil bajo para Sebastián Castella en una tarde en la que Miguel Ángel Perera protagonizó los instantes más destacados. Antonio Ferrera dio una vuelta al ruedo.

Por Daniel Herrera.

La Malagueta cada año se transforma por un día. La Corrida Picassiana se ha convertido ya en una seña de identidad de la Feria Taurina de Málaga, y las intervenciones realizadas por el artista francés Loren Pallatier, ya un malagueño más, le dan un plus de aliciente al espectáculo taurino. La propuesta de este año quizás no haya sido la más llamativa ni vistosa, aunque sin duda ha sido la más elegante.

Manos extraídas de grandes obras de la pintura clásica parecían mostrar el camino hacia la excelencia, como si estuvieran marcando el lance que debieran ejecutar los espadas, que hicieron guiños a la tarde, aunque en lo que respecta a los vestidos urge encontrar un modelo para distinguir estos trajes de los empleados en las corridas goyescas.

Sólo faltaba que los toros de la ganadería de Fuente Ymbro estuvieran a la altura de un gran acontecimiento y que los diestros se mostraran dispuestos. Sirvió la corrida en líneas generales, mostrando nobleza y en determinados momentos la casta que se le pide a los toros criados por Ricardo Gallardo. El punto negativo llegaba por su falta de fuerza, que en buena medida condicionó el desarrollo de un festejo entretenido que pudo haber alcanzado cotas superiores.

El primero del lote de Sebastián Castella no destacó por su calidad. Suelto de salida, requirió de un esfuerzo por parte de sus banderilleros José Chacón y Vicente Herrera, que fueron invitados a saludar. Quiso apostar por él el francés con un inicio de faena sentado en el estribo para sacarlo hasta el tercio por bajo. En realidad, era un toro que iba y venía, pero sin clase ni emoción. Faltando estos ingredientes, el matador tuvo que tirar de técnica para sacar algún pase suelto por cada pitón en un conjunto insípido por la condición del astado.

Mejor material tuvo en el quinto, un toro con calidad y ese picante que da realce a todo lo que se le haga. No por repetido deja de impresionar el inicio de faena en el que se plantó a pies juntos en el centro y sin enmendarse se lo pasaba en hasta tres ocasiones imperturbable por la espalda. Tras este comienzo explosivo, se sucedieron las tandas por los dos pitones sin la trascendencia esperada conforme a lo que tenía enfrente. Al hilo del pitón, no fue la colocación su mejor virtud. Sólo cuando acortó las distancias pareció mostrarse cómodo en un conjunto largo que fue diluyéndose cual azucarillo. Solo que acertara a colocar el estoque de forma habilidosa en lo alto del morrillo y que el animal rodara con celeridad hace entender que el generoso público sacara sus pañuelos y se concediera uno de los trofeos de perfil más bajo que se recuerdan en los últimos años en La Malagueta. No siempre lo mejor es lo que se premia en la fiesta de los toros?

Lo mejor lo hizo Miguel Ángel Perera. Él y su cuadrilla. Uno de los momentos más vibrantes de la corrida se vivía con el tercero de lidia ordinaria. Tras una salida en la que flojeó su oponente, se vivió un momento cumbre con la intervención de sus hombres de plata en banderillas. La buena lidia de Curro Javier fue acompañada de dos soberbios pares de Javier Ambel, ante los que no quiso ser menos el tercero Guillermo Barbero. Fue toda una exaltación a los subalternos que recibieron una clamorosa ovación de La Malagueta. El matador siguió la senda y aprovechó que el toro se había venido arriba, iba largo y con transmisión. Le exigió enormemente de inicio, bajándole la mano y alargando el trazo del muletazo hasta donde su brazo se lo permitía. Fue generoso con el astado, y es de valorar que dejara ver sus virtudes dejándoselo venir de lejos, mostrando una calidad enorme por el pitón derecho. Bajó por el izquierdo, pero lo que acusó fue la falta de fuerza.

La disposición mostrada anteriormente, y el juego que estaba dando la corrida, ponía las ilusiones por todo lo alto en el que cerraba plaza. Volvió a levantarse la plaza para ovacionar a la cuadrilla, con dos quites de exposición de Curro Javier. Torerísimo fue el inicio de faena con una rodilla en tierra y la mano izquierda encajada en la cintura; y poderío y empaque tuvieron las tandas que le siguieron en redondo. El temple se impuso al natural, pero a partir de ahí tuvo que realizar todo a favor del animal, que se apagó antes de tiempo. Si hubiera matado al primer intento, igual que en su primero no hubiera caído baja la espada, sí que habría paseado una oreja con fuerza, pero la petición en este último se quedó en el límite y el usía optó por guardarse el pañuelo.

Muy dispuesto estuvo con el capote Antonio Ferrera con el que abría plaza, torero y garboso llevándolo al caballo por delantales, aunque el topetazo que se pegó con el peto fue claramente acusado por el astado. Parte del público le solicitó que banderilleara, suerte que ha abandonado esta temporada, dejando todo a expensas de la faena de muleta. Lástima que le faltara un último tranco para perseguir el engaño hasta el final. Pese a todo, tras las probaturas iniciales sin demasiado ajuste, su administración de los recursos le llevó a adquirir una línea ascendente, bajándole cada vez más la mano y enroscándose con él hasta que el toro se sintió podido y solo colaboraba a favor de la querencia. Pese a la petición de oreja, la ejecución de la suerte suprema fue decisiva para su no concesión. Nuevamente lucido en el recibo con un capote con una mano impresa, brindó la muerte de su segundo a Finito de Córdoba, que vestido de calle saltaba al ruedo para recibir el ofrecimiento. Amorcillado de inicio, amenazando con echarse, Ferrera no quiso tirar la toalla y le fue encelando en la franela. Nuevamente sin apreturas, fue robándole las embestidas. Pero es complicado robarle a quien no tiene nada, por lo que el alargue careció de sentido.

Publicado en La Opinión Málaga

La Niebla Humeante – Triunfa Jerónimo con Piedras Negras en Teziutlán.

Así embistió, empujando por su casta, “Mezcalero” de Piedras Negras a la muleta de Jerónimo. Y así, largo y por abajo, roto de sentimiento, llegó el derechazo del torero. FOTO: Tadeo Alcina Rivera.

Convoca Piedras Negras y, sin traer su corrida más pareja en remate y juego, triunfa porque salvo el sexto todos los lidiados en algún momento brindan emoción, eterno distintivo de la centenaria casa tlaxcalteca. En medio de la bruma de la sierra, de menor a mayor, Jerónimo hace valer el sello, su personalidad y largueza para superar sus momentos de desigualdad y salir en hombros. De mayor a menor, José Adame se aprovecha de la taurinamente adolescente concurrencia para salir a hombros en una tarde desconcertante ante el más bravo de la corrida que le exhibe y con el que no respalda su supuesto cartel. Inicio esperanzador de una Feria que mejora.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Teziutlán.

Se apodera la niebla, brumosa y lluviosa, cubriendo la Perla de la Sierra, de las torres de la Catedral hasta su Plaza de Toros, El Pinal. Afortunadamente, techada. Por lo que el “blanco animal divino//engolado y soñoliento” que decía Gabriela Mistral, no hará de las suyas.

En la tierra de Maximino Ávila Camacho está viva la sensación taurina.

Claro. Alimentada por no pocos taurinos locales, orgullosos de su tierra y que pugnan año con año por el toro. Por una empresa que escucha y que, pese a las presiones, resiste lo más que puede y apuesta en los últimos dos años por traer lo que, malamente, se ha puesto la etiqueta de “duro” de “difícil”, a lo que muchos, incluyendo “taurinos” alzan la ceja. Como a los que sí nos gustan los toros, nos encanta que lo difícil se haga realidad, “El Pinal” abre su feria con un hierro que en un año, para alegría de la afición, se ha lidiado ya tres veces.

El resultado, artístico y de taquilla, refuerza su cartel y categoría.

Y es ya una cita obligada: Piedras Negras en Teziutlán es ineludible.

Pero la sospecha comienza desde que el taurineo aparece. Estos personajes sombríos que presionan con todas las artimañas posibles para quitarle algo, lo que sea, a los encierros: que si los sobreros de otro lado, que si sortean a puerta cerrada, que mejor fuera de la plaza, que si entre más chicos, mejor. Y muchas otras perrerías. Todo eso, menos mal, queda fuera cuando el primero de la tarde gusta por la belleza de su cárdena y berrenda capa, así como la manera de tomar el capote de Jerónimo, largo y por abajo.

El torero de la región responde con lo mejor de sí. Intenso su trazo y preciso su avance de tablas hasta más allá de las rayas para rematar con media de cartel. Pero el puyazo hace que el berrendo frene, que su casta se escape y llegue parado al último tercio sumado a la imprecisión de Jerónimo, inoportuno desarme, toreo rápido y múltiples pinchazos, dejan todo en pitos tras aviso.

El toro bueno, por presencia y esencia, aparece en segundo lugar.

Nombrado “Siete Mares” y la referencia jimenista –“entre las tempestades”- se hace buena al surcar las arenas de El Pinal con toda la dignidad de su trapío, enmorrillado alto, serio al frente pero, como prácticamente toda la corrida, perfectamente degollado. Y se va al abordaje apretando al segundo espada en el recibo. José Adame, joven de edad pero colmilludo al torear, lancea con la solvencia que de él se espera, con rapidez y levantando el pie de recibo en cada lance, aunque buena es la media.

Momento grande es el encuentro del cárdeno oscuro con el caballo. Derriba por empujar, amenaza la cuadra, basta su mirada que busca pelea y el peligro se percibe con el humeante poderío del astado y al que su lidiador, le otorga la gracia de no dar el tan necesario segundo puyazo. Torear es el arte de elegir y Adame, así se lo juega.

Solo que torear es dominar, tener las armas y usarlas en la medida exacta.

La del cárdeno es sobrepasar límites. A Víctor Mora lo hace padecer, ni la trampa de Juan Ramón Saldaña tocando para que banderillear a la media vuelta impide que Mora deje de pasar en falso y a su lidiador, pese a extender lo más posible la muleta, le pone las cosas en modo exigente y los doblones se quedan en intento. Lo mismo que el toreo con la derecha ante un toro al que hay que someter por bajo, quedarse quieto. Adame lo hace a retazos pendiente de salir más que de hacer entrar a su dominio al burel al que no le desengaña, ni por error, con la mano izquierda.

Zapatillazos por montones, torea para la galería cuando enfrente tiene un toro que aprieta y no traga pantomimas, mucha velocidad, por fuera, con la coreografía preconcebida termina por aburrir al toro y hacerle derrotar para arriba, un torero que cuando se lo propone es el heredero de las más corrientes formas recientes en el toreo mexicano.

Espadazo caído, dobla el astado que de su sangre humea vapores que se vuelven neblina.

Parece que la de Piedras Negras es una sangre que al vaporizar humea casta.

Palmas al toro. Y protestas al hidrocálido que resumiría su tarde en dos tandas al afligido cuarto, muy serio y hermoso cárdeno claro, bajo y bien cortado al que, de nuevo, ni por asomo consigue poner lo que le ha faltado sobre la mano izquierda, incluso es desarmado, de pena el final con intento de luquecinas. Pinchazos y piadoso silencio. Luego el tongo con el sexto, que tanto se empeña su gente a que, anovillado y de horrible cabeza, juegue. Para mal. Adame, si no luce con el toro serio, menos con el medio toro.

Salida a hombros para cubrir el expediente.

Entonces, cuando priva la vulgaridad, el maneo del taurineo, la nebulosa que quiere cargar lo más esencial del toreo, entre niebla, el humo de la casta encuentra su cauce en el sello y la personalidad, el nombre propio de Jerónimo. Siempre de menos a más. Sólido con el capote, vuelve a recibir con lances precisos al tercero, de cara y cabeza discretas pero con hechura exacta para embestir. El entrepelado duda al salir, solo un instante, entonces cambia el terreno el diestro serrano para lancear, largo y a la vez poderoso y hacer notar que ayer los Piedras Negras no es que se dejen o no, sino que el domino surge del toreo bien hecho.

Como las verónicas de Jerónimo a este cuarto que enciende la flama ante un coro que no comprende pero que siente y claro hay un reflejo en sus venas de que eso, lo que haya sido, ha sido valioso, desde que le pisa el terreno y se pone en el sitio, Jerónimo hace andar al astado y le remata lucidor con media.

Correcto el planteamiento, medido en varas, prontitud en banderillas.

Y el conocimiento rinde frutos. Cada muletazo de inicio encauza la embestida, somete por ambos pitones. Más allá del sabor y la personalidad es la plenitud de lo fundamental, que el astado pide quedarse quieto por ambos pitones. Jerónimo, cuando lo logra, derrocha su caudal de emoción prolongado en los naturales, en uno, su propio trazo hace que su toreo, a pesar de tomar la muleta más allá del centro, dicta la circunferencia del toro que camina con emoción pero que exige el temple so pena de enganchar y deslucir. Se adorna torero.

Jerónimo, luego de los pinchazos al primero y el primer pinchazo a este en la suerte contraria, cobra estoconazo, toda la mano se va empapada de esa sangre que con la que tanto se identifica. Y aunque hay una oreja, la emoción y el mérito se juntan en aclamada vuelta que rompe las nieblas y las dudas.

Jerónimo puede, como dice un gran aficionado, la cosa es que se decida.

De pronto, tras la fallida lidia al cuarto. Otra vez Jerónimo luce a la verónica y hace ver que de nuevo, el cárdeno, “Mezcalero”, quinto de la tarde, toma espléndido el capote por el lado izquierdo y el torero, despliega el lance, bellamente, llega a las rayas y luce en la media. Luego del puyazo, breve, pero en lo alto, el toro se alegra en el cite a la distancia para que vengan las chicuelinas, una muy asilverada, para rematar y de ahí, la brega no dilata y tras brindis a particular, Jerónimo, confiado y dispuesto, se brinda en pleno a la faena.

Alterna lados por arriba, alivia y se gusta en el de la firma y la fase de exploración del pitón derecho, incluye los derechazos largos y, luego de inoportuno enganchón, el remate enciende la cosa. Para la siguiente tanda, que remata con buen trincherazo, ya se anuncia el milagro posterior, suena “Silverio”, y tres son los derechazos de absoluta rotundidad, captura y despliegue de la emoción de la sangre brava que valen el boleto y la promesa, hoy cumplida, que torear es emocionar.

Aun al natural, vuelve una tanda breve, pero el bien ya se había hecho.

Luego una estocada caída, cierto, la emoción contagiada llevó a las dos orejas a la vuelta al ruedo del ganadero aun sin ser esta su más completa corrida, pero si la ilusión recompensada de ver un nuevo capitulo piedranegrino.

Que pronto sea.

Solo el humo de la casta, los vapores de la emoción son los que pueden deshacer la brumosa nebulosa, esa que ayer enciende y encuentra el aire de esencia en Jerónimo que bien podía, estando así, haber levantado toda la niebla con calor taurino.

Que con ese calor taurino bien podría haberse levantado toda la niebla de la gran Sierra de Puebla.

Texto:@CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza de Toros “El Pinal”. Teziutlán, Puebla. Feria del Toro 2018. Domingo, Agosto 5 de 2019. Primera de Feria. Más de Tres Cuartos de Plaza en tarde fría con bruma que rodea sin ingresar al coso, apenas un rayo de sol aparece a la muerte del quinto. Palco flojo y manejado por los toreros que equivoca la concesión de trofeos y autoriza llevar a cabo el sorteo fuera del horario reglamentario y las instalaciones de la Plaza. Pésima actuación de la Banda de Música con casi nulo repertorio taurino.

6 Toros, 6 de Piedras Negras (Divisa Negro, y Rojo) Desigual en hechuras de sospechosísimas encornaduras; el sexto impresentable en todo aspecto. Débil el primero. Serio aunque muy atacado el berrendo en cárdeno primero, que llegó sin fuerzas al último tercio. Bravo y creciente el lidiado en segundo lugar, número 540 “Siete Mares” nombrado de 520 kgs., hermoso entrepelado, alto, vuelto de pitones que tumba al caballo y muestra poder en los tres tercios, mereció mejor suerte. Espléndidos por su recorrido por ambos pitones en el último tercio los lidiados en tercero y, especialmente, el corrido en quinto lugar, número 518 de nombre “Mezcalero” de 490 kilogramos, cárdeno claro, ojalado y bocinero con espléndida fijeza y tremenda emoción por el lado derecho, homenajeado con merecido Arrastre Lento. El muy serio cuarto, pese a rajarse al final, tiene un momento de recorrido y cierta casta hasta desarmar a su lidiador y orientarse. El cierra plaza, anovillado, cariavacado con los pitones presumiblemente dañados, no debió lidiarse nunca.

A la muerte del quinto, el ganadero Marco Antonio González y su hijo dieron la vuelta el ruedo acompañados del primer espada.

Jerónimo (Grosella y Oro) Pitos tras Aviso, Oreja y Dos Orejas con Protestas. Joselito Adame (Grana y Oro) Dos Orejas con Protestas, Silencio y Leves Palmas. Ambos espadas salieron a hombros.

César Morales fue derrumbado por el segundo. Juan Ramón Saldaña hace un enorme quite de riesgo a Diego Martínez al salir de un par al cuarto, no obstante toca a la distancia al segundo de la tarde a fin de obtener la ventajosa media vuelta a favor de Víctor Mora, fatal con banderillas mejor con el capote pese a ser enganchado en varias ocasiones.

Al finalizar el paseíllo se realizó un homenaje, con develación de placa en honor del Profesor Bruno Pérez Vázquez, cronista por años de la Plaza de Toros “El Pinal”, célebre locutor de la radio local, recientemente fallecido. A partir de esta corrida el burladero de la radio en el callejón de la plaza llevará su nombre. DEP.

La cruz en el sitio. Estocada entera, mojándose los dedos de Jerónimo, ante el tercero. Foto: @MyRyCar.

FENAZA 2018 – Corridas de Toros: La Hermandad se impone en Zacatecas

Por Juan Carlos ValadezDe SOL y SOMBRA.

Otra vez, como cada año, se presentó puntualmente la feria de Zacatecas 2018 en su parte taurina. En total se van a celebrar cinco corridas de feria, dos festivales y una corrida extraordinaria en el mes de noviembre.

Resulta de verdad increíble que en cinco tardes no se anuncie una sola figura del toreo en Zacatecas ¿Cómo es posible que una feria con tanta categoría no tenga una figura en su feria?

Aquí la cosa esta muy clara, los macacos -antes eran los leones- son ahora los que dominan el circo y están imponiendo sus condiciones usando todos los recursos posibles que les da una empresa todopoderosa para conseguir sus planes.

Y no sólo eso, han sumado al circo a otros toreros inclusive de más calidad y personalidad, para que les sirvan de “teloneros” con la advertencia de que si no son parte del “circo”, no torearán en todas las ferias en donde se anuncie la hermandad.

Un buen aficionado capitalino me decía anoche: “Parece que nos tenemos que amoldar a los tiempos que nos toca vivir.”

Pero es que mire usted, si esta misma feria, sin darnos cuenta nos cambian la fechas y nos ponen el año 2017 o 2016, todos nos la podíamos creer que es la misma por su formato. Ya que es un serial sin ningún tipo de remate, ni redondez, en el que no se ha evolucionado nada. Pero como cada año nadie dirá nada, ya que la empresa goza de buena prensa. Yo sin embargo todavía no he encontrado a ningún aficionado que le guste la presente feria y esto contrasta con la actitud de la prensa.

Los carteles

Nos hubiera gustado ver más imaginación en los carteles y más rivalidades encontradas, pero casi todos los toreros, en especial los hermanos Adame, vienen con muchísimas pegas, exigencias y sin ningún tipo de rivalidad que los moleste.

Porqué mire usted, la verdadera rivalidad no está en un mano a mano entre José Adame y Antonio Ferrera, esta en un mano a mano de Adame I con Sergio Flores, sin embargo Adame I sigue rehuyendo al compromiso y no contento con su mano a mano antinatural, se anuncia en otro, pero con Adame II. También resulta desmotivante que la administración de Flores continúe sin poder capitalizar sus triunfos y la rentabilidad de este buen torero, para que de esta manera lo podamos ver en los carteles más importantes de todas las ferias de México.

Yo me pregunto; ¿Donde esta la seriedad y el compromiso? Es que acaso después del “temporadón” de la hermandad Adame en Europa, alguien esta interesado en verlos en un mano a mano nuevamente.

De verdad que no se puede excusar la falta de compromiso de estos líderes del escalafón. Cuando deberían de ser el ejemplo prefieren pasar de puntillas, evitando a toreros que les podrían meter mucha más presión como Flores, Silveti o un Juan Pablo Sánchez. Que incultura taurina y como desconocen la historia de la tauromaquia, solo les pido que hagamos un viaje al pasado unos treinta o cuarenta años para echar un vistazo a las combinaciones y como venían acartelados los que mandaban en la época, esos sí que tenían un compromiso con la plaza donde estaban actuando, además de que eran figuras del toreo y llenaban las plazas.

Otra cosa que no veo nada bien, es la ganadería elegida para el mano a mano de la feria y que solamente sea una la actuación de Ferrera, sin ningún paseíllo más.

Con todo esto expuesto se juntan dos intereses, de manera bastante clara. Como sucedió en San Luis Potosí los toreros importantes -no las figuras, porque en México no tenemos figuras- intentan venir lo más cómodo posible bajo el yugo del “circo”, mientras que la idea de la empresa es la de llenar los carteles de toreros extranjeros modestos para no encarecer mucho los emolumentos económicos a pagarles. De esta manera se junta el hambre con las ganas de comer. De ahí que los carteles de la feria de este año carezcan del interés del público en general.

Los ausentes y el elenco extranjero

Siempre en los diferentes mentideros taurinos que se montan, comentando los carteles, se suele hablar mucho más de las ausencias que de las presencias. Pero no podemos dejar pasar por alto la ausencia de José Mauricio que esta realizando un buena temporada. También está la ausencia destacada de Jerónimo, que está viviendo sus mejores momentos, incluso mejores que otros diestros acartelados. Resultan extrañas las ausencias de Fermín Espinosa un torero que tiene la onza del arte, algo muy difícil de encontrar en estos tiempos y de Arturo Saldívar, quienes tendrán que quedarse en la banca y ver como toreros como el peruano Joaquín Galdós y José Garrido hacen el paseíllo sin mucho mérito en la Monumental Zacatecana, mientras que la hermandad les quita dos puestos directos con sus manos a manos.

En cuanto al elenco extranjero este resulta de poca importancia ante la ausencia de las figuras, es cierto que Ferrera es un torero importante pero sin el brillo de las figuras ausentes. Ginés Marín es parte del circo y aunque no pasa por un buen momento, será fijo en las ecuaciones de este otoño e invierno. Tampoco se entienden mucho las inclusiones de Garrido y Galdós, dos toreros que están teniendo una temporada muy discreta en Europa.

El Ganado

En cuanto al elenco ganadero, hay que decir que me agrada ver el regreso de Los Encinos o de Torreón de Cañás y Jaral de Peñas. Echo en falta a José Julián Llaguno (lástima que no esté atravesando sus mejores momentos) y me hubiera parecido interesante ver el hierro de Guadiana que está subiendo en su selección.

La puntilla

Con todo esto la empresa tendrá nuevamente la difícil prueba de no solamente meter más gente a los tendidos, si no la de ya no sacar más gente de los mismos, ya que en los últimos años ante la pobre oferta ofrecida, los precios elevados en las entradas y encierros sin presencia la afición les dio la espalda.

La gran duda de este año será poder ver si la empresa consigue que la afición regrese a la Monumental. Algo que por lo menos en papel, se antoja muy difícil.

¡Ah! Por cierto ¿Y las novilladas? Pues nada, ya que este año las han sustituido por dos festivales gratuitos de “aficionados prácticos” y becerristas.

Las baratas de verano.

Los carteles:

Sábado 8 de septiembre, corrida del 472 aniversario de la Ciudad Heroica de Zacatecas, en disputa el escapulario de plata de la Virgen del Patrocinio. El rejoneador Santiago Zendejas con los forcados Mazatlecos y a pie, Ignacio Garibay en su campaña de despedida; Juan Pablo Sánchez y Sergio Flores, con 6 de Pozo Hondo y 1 de Boquilla del Carmen.

Domingo 9, segunda corrida. 8 toros de San Isidro, 8 para Arturo Macías “El Cejas”, Diego Silveti, Diego Sánchez y tomará la alternativa el torero zacatecano Ángel Espinosa “Platerito”.

Viernes 14 de septiembre a las 6:30 pm, Festival del Campo Bravo en la Monumental, festival gratuito encaminado a la niñez. Ximena Linares, Monse Silva, Alejandro Moreno “Castelita”, Cristóbal Arenas “El Maletilla”.

Celebración del 218 aniversario de la Independencia Mexicana, el domingo 16 de septiembre, parten plaza: Octavio García El Payo, el peruano Joaquín Galdós y Luis David Adame, con seis de Los Encinos.

Viernes 21 a las 8:30 de la noche, segundo festival gratuito de aficionados prácticos internacionales. Saltaran al ruedo: Iñigo Rodríguez, Pedro Pinsón, Patricio Pons, el zacatecano Antonio Sandoval Jr., Yayo Robledo, Esteban Ortiz de Ecuador y Mario Escobar de Colombia; con 6 novillos de varias ganaderías.

Sábado 22 de septiembre Fermín Rivera y Sergio Flores, en doble mano a mano con José Garrido y Ginés Marín con 8 toros de Torreón de Cañas.

Domingo 23. Antonio Ferrera y José Adame en mano a mano con 6 de Santa Fe del Campo.

Igualmente se anunció una corrida extraordinaria para el domingo 18 de noviembre, con el rejoneador español Andy Cartagena y un mano a mano a pie entre “La hermandad” es decir Adame I y Adame II con astados de Jaral de Peñas.

Twitter @Twittaurino

Toros en Francia, una fiesta propia, orgullo para los aficionados

Exteriores de la plaza de toros de Mont de Marsan. ÁLVARO SUSO.

Por Álvaro Suso.

El mismo domingo que Mont de Marsan, capital del departamento francés de Landas, cierra su feria taurina de seis días, la pequeña localidad de Saint Vincent de Tyrosse, apenas a sesenta kilómetros, celebra su día grande con una corrida denominada Desafío de Leyendas ganaderas: Miura vs Palha.

Perderse en el interior de las Landas un fin de semana de julio o agosto es adentrarse en un territorio atractivo para el aficionado a los toros. Las referencias a la fiesta taurina se suceden en cada municipio. Carteles, algunos con siluetas de toros, adornan los anuncios de las fiestas patronales, que se mezclan con los reclamos de productos típicos. Recuerda a la España que no tenía vergüenza en mostrar su idiosincrasia y tradiciones. Mientras al sur de los Pirineos, la fiesta de los toros se ha convertido en otro de los complejos que atenazan a los españoles, en Francia han asimilado una expresión cultural ibérica con la misma apertura de pensamiento que le ha llevado a su desarrollo social.

Los toros es una expresión social que los aficionados franceses han incorporado a su cultura, y la han hecho tan suya que comienzan a ser protagonistas en todos los sentidos. Baste pensar que el empresario de Las Ventas es el galo Simón Casas.

En la novillada nocturna de Mont de Marsan, utreros franceses de la ganadería de Camino de Santiago para un madrileño, Francisco de Manuel, y dos promesas galas, Rafael Raucoule, Rafi, y Dorian Canton. Al día siguiente, la matinal de Saint Vincent de Tyrosse presenta erales de Lartet para Yon Lamothe y Tristan Espigue, cartel completamente francés. Es la prueba indudable de cómo en Francia han desarrollado una estructura bien pensada, con medio centenar de ganaderías y varias escuelas taurinas que educan a los jóvenes con deseos de ser toreros. Ya no es necesario traer nada del otro lado de la frontera, ni cuadras de caballos ni veterinarios ni siquiera los protagonistas de muchos espectáculos. A la entrada de la plaza, se agolpan las publicidades de novilladas y corridas del entorno.

Las fiestas en esta zona del suroeste francés están ligadas al toro, a la corrida landesa basada en jugar al toro a cuerpo limpio por equipos, con un jefe vestido con chaquetilla con parecidos adornos a los de un matador. Muchos pueblos, por pequeños que sean, tienen su plaza, en muchos casos ovaladas o rectangulares para facilitar el juego del toreo propio. Souprosse, Saint Sever, Aire sur l’Adour, Mimizan, Saint Perdon… cada pueblo tiene su plaza y su frontón como señas de identidad.

Pero lo más impactante es el orgullo con el que el aficionado francés vive su fiesta. La adoptaron en su momento y la han hecho tan suya que le han dado su propia característica, la del culto al animal y el torero como héroe que se enfrenta al toro. Y aunque por la influencia venida del sur les cabe todo, son conscientes de que espectáculos con toros mortecinos como el mano a mano protagonizado por Enrique Ponce y Sebastian Castella en Mont de Marsan ante reses de Núñez del Cuvillo no son su objetivo. Lo ven como un efecto colateral de la importación de la fiesta.

Después de la corrida, se celebra un coloquio en medio de las casetas que amenizan la fiesta para reflexionar sobre el festejo y pensar en cómo hay que mejorarlo. Se felicitan por las faenas del valenciano y del francés, pero recuerdan las emociones de los días anteriores con los toros de La Quinta y presagian las del día siguiente, con los temibles de Dolores Aguirre.

La principal diferencia es que en Francia opinan los aficionados y se les escucha. Hacen la fiesta antigua, la que se hacía en España antes de haber caído en las redes de los empresarios que han globalizado la tauromaquia. Los lugareños dan identidad a cada feria y en la mayoría de las localidades galas esto se mantiene. El Ayuntamiento nombra una comisión taurina formada por aficionados, que se apoya en un profesional para contratar a ganaderías y toreros de acuerdo con los gustos de sus paisanos y a la tradición de su plaza. Van al campo en excursión a ver los toros y se sienten orgullosos de enseñárselos a sus paisanos el día grande de las fiestas. Esto es precisamente lo que ocurría en España no hace tantos años, con empresarios identificados por largo tiempo en los cosos y que entendían las pretensiones de los aficionados; así se diferenciaba Sevilla de Madrid, Valencia de Castellón o Bilbao de San Sebastián; y es lo que ocurría en infinidad de pueblos, donde cada uno buscaba su mejor espectáculo.

En Saint Vincent de Tyrosse, por ejemplo, su corrida anual siempre tiene un carácter torista. Este año han buscado el desafío entre dos de las ganaderías más antiguas, Miura y Palha. Los diestros no son figuras, sino especialistas en reses complicadas y en llevar emoción a los tendidos con faenas meritorias. El madrileño Fernando Robleño, que cortó una merecida oreja, es un habitual del país vecino, mientras que el jienense Alberto Lamelas, quien se jugó la vida de forma admirable, basa su temporada en las actuaciones francesas al tiempo que en Madrid debe seguir su profesión ligada a un taxi; completó la terna el mexicano Arturo Macías, figura en su país, pero con pocas oportunidades a este lado del Atlántico, a pesar de su valentía y buen hacer. El festejo no resultó brillante, pero sí entretenido, con largas dosis de emoción e interés en una corrida que no resultó pesada, a pesar de haber durado dos horas y media. En dos ocasiones, hubo un quiebro landés en la salida del toro a la plaza, un sorbo de identidad para los paisanos que ocupaban los tendidos.

Las ciudades taurinas de Francia están unidas. Se apoyan unas a otras con medidas que castigan a quien les defrauda y premian a quien les agrada. Respetan los gustos de cada plaza, pero luchan de forma conjunta para crecer. Y las comisiones están presentes en todas las plazas. Así han logrado que la fiesta de los toros haya sido nombrada Patrimonio Histórico Cultural en Francia. España ha reaccionado de la mano de la Fundación Toro de Lidia, cuyo presidente, Victoria Martín, estuvo invitado para presenciar el desafío ganadero del domingo en Saint Vincent de Tyrosse.

Banderas rojigualdas se combinan en las plazas con la tricolor francesa, sin patriotismos ni negaciones. Disfrutan de los pasodobles, de la manzanilla andaluza y de las tapas de ibéricos con la misma cultura que han desarrollado en varios siglos de educación y cultura social. La gente camina por las calles de ciudades y pueblos con camisetas con el dibujo de un toro bravo, con camisas con anagramas taurinos y pañuelos de fiestas al cuello en los que la imagen del toro es el elemento principal.

Después de asistir a cuatro festejos en poco más de 24 horas, ni una presencia de antitaurinos. Y los hay que luchan activamente, pero Francia ha regulado su espacio y no están amenazando ni insultando en las puertas de las plazas. Quizás sea otra muestra de la cultura cívica de un país que busca la discusión en lugar de las luchas fratricidas.

La fiesta cumple los mismos patrones que en España, pero respira un espíritu diferente marcado por el orgullo de sentirse aficionado, y conviene al taurino español tomar un sorbo de ello de vez en cuando para comprobar cómo puede existir una expresión tan válida y tan distinta de la tauromaquia.

LUIS MAZZANTINI, POR LOS CAMPOS ELÍSEOS

En España aún se vive en la ignorante creencia de que los franceses se han limitado a asumir los toros, pero lo importante es el desarrollo que han sido capaces de establecer en un espectáculo que desde hace dos siglos se asentó en muchas plazas del vecino país. A mediados del siglo XIX, las corridas en Bayona o en Nimes eran habituales e, incluso, llegaron a París, al coso de la Rue Pergolesse, donde se celebraron varias funciones con espadas que debían quedarse varios días en la capital y confraternizar con la sociedad parisina como los actores o cantantes líricos de la época. Figuras como el vasco Luis Mazzantini o Félix Robert, francés, departían en los Campos Elíseos. Por eso, para Francia no es una cultura moderna, sino una tradición arraigada en lo más profundo de pueblos como los pueblos del departamento de Landas, que hacen gala de su tradición y de una afición que en España ha calado en los complejos históricos de la cultura hispánica.

Publicado en El País

Ocho con Ocho: Variado Por Luis Ramón Carazo

Conforme transcurren los días parece que el llamado cotarro taurino mexicano en receso varias semanas, se mueve, el 21 de julio de 2018 se iniciaron los festejos novilleriles en Arroyo y aunque nos relatan que el ganado de Santillán de reciente cuño para Emilio Macías, Tato Loaiza, Cayetano Delgado y Fernando Vázquez fue complicado, se destacan la entrada en el bello coso y la actuación del regiomontano Cayetano, quién fue lo más rescatable del cartel al hacerse merecedor a una vuelta al ruedo.

Comentaba con un aficionado testigo del festejo, que hoy en día la capacidad lidiadora de astados menos dúctiles es baja y por ello aquellas faenas de aliño y de poder a poder, han caído en el desuso y tal vez por lo mismo cuando el toro tiende a ser incierto (en estos casos el novillo) se pone en grave predicamento a los actuantes y los resultados son magros.

En fin. Un torero actual de los mejor preparados para lo que salga por la puerta de toriles lo es, Fabián Barba y nos dio gran alegría saber que, después del percance que sufrió en su tierra en la feria de San Marcos, ya se le anuncia para reaparecer en la plaza potosina de Cedral para el 14 de agosto próximo y lo hará con un muy bien presentado encierro de Barralva y al lado de El Zapata y Arturo Saldívar.

Posteriormente en Teziutlán, Puebla el 19 de agosto junto con José Luis Angelino y José Mauricio (quién parece estar tomando aire fresco) enfrentará un encierro tlaxcalteca de De Haro, que por supuesto también se lidiará acorde a su serio estilo.

En semanas previas, anunció su decisión de retirarse de los ruedos, Ignacio Garibay uno de los mejores exponentes del capote en los últimos 20 años y lo ligo con el hecho de que Nacho fue el último mexicano en lograr el trofeo de la feria limeña de Acho de El Señor de los Milagros del 2001, en dónde ya también se anunció a Diego Silveti, para actuar como único representante de la torería nacional, el 4 de noviembre próximo en la bicentenaria plaza peruana de Acho. Luis Procuna en 1947 fue el otro mexicano ganador y porque no desear que Diego se apunte para México, el tercero.

Por su parte, Arturo Macías el domingo 27 de julio de 2017 compareció en la plaza francesa de Saint Vincent de Tyrosse, en aquel país todavía se privilegia la sensación de riesgo en el ruedo y por ello se lidian encierros de ganaderías menos proclives a la extrema nobleza.

Dos muy antiguas ganaderías europeas la de Miura española y la de Palha portuguesa conservan en su casa ganadera la costumbre de guiar el comportamiento pero dejar un margen para la incertidumbre y por ello se les ha denominado “duras” Para toreros como Macías con los machos bien puestos y alguna que otra vez para que los líderes del escalafón acometan lo que se denomina, una gesta.

A Arturo le tocó un toro de cada vacada y su actuación en el llamado Desafío de leyendas, le valió para en el quinto dar la vuelta al ruedo mientras que sus compañeros de cartel Robleño y Lamelas obtuvieron un trofeo por espuerta, en tarde que la crónica etiqueta de valientes. Bien por Arturo que no ceja en su propósito de acrecentar su historia.

Para cerrar este carrusel; Diego San Román sorprendió y formó un lío en su presentación como novillero con picadores en España, nuestro paisano estuvo a punto de abrir la Puerta Grande, que se cerró con la suerte suprema. Obtuvo una oreja del sexto, que pudieron ser más, de no fallar con los aceros. San Román expuso su concepto con el sexto, en tandas muy firmes y de bellas estampas, dejando la impresión de tener un futuro muy promisorio, en su aún corta trayectoria.

Concluyo, el toreo mexicano da notas importantes, buena nueva.

¿La fiesta en paz? La esencia de la fiesta debe ser el drama antes que la estética: pintor Antonio Rodríguez

Pintar temas taurinos es como torear: si no creas magia no vale mucho o trasciende poco lo que hagas, sostiene el artista de Saltillo.Foto Ilustración Antonio.
Pintar temas taurinos es como torear: si no creas magia no vale mucho o trasciende poco lo que hagas, sostiene el artista de Saltillo.Foto Ilustración Antonio.

Por Leonardo Páez.

Se dice que el hombre hace al nombre, y tal vez por eso José Antonio Rodríguez Fuentes, pintor de intemporales resonancias taurinas e influencias de difíciles maestros, firma sus cuadros con el torero nombre de Antonio. Nacido en la ciudad de Saltillo, Coahuila, en 1975, su obra posee un elocuente estilo impresionista, esa privilegiada percepción visual que reproduce seres, paisajes o cosas atendiendo al sentimiento personal del autor antes que a la realidad objetiva, intensificándola con atmósferas luminosas que aumentan el deleite de quien mira. Los óleos de Antonio,más quetorosmuestran torería, momentos de profundo taurinismo.

Con trazos precisos y enérgicos cuya intensidad recuerda el legado del catalán Mariano Fortuny y del valenciano Roberto Domingo, las pinturas del coahuilense Antonio reflejan no sólo una fina apreciación de suertes, anatomías y tonalidades sino, además, una ideología taurina muy clara, resumida en su frase “La esencia de la fiesta debe ser el drama antes que la estética, porque el primero es azar frente a una bravura impredecible, mientras que la segunda es creación artística a partir de la furia dominada o de la nobleza aprovechada.

“Mis escuelas son algunas clases de dibujo en el colegio, un permanente sentido de observación, el estudio de los grandes maestros y mi sentimiento. Procuro no olvidar el miedo que experimentaba cuando de niño me llevaban a los toros, la emoción que me provocaba aquel escenario polícromo, las revistas taurinas de mi abuelo y las sabrosas anécdotas de mi abuela. A nivel mundial, a la fiesta de los toros le urge recuperar verdad y competitividad.

“Me gusta representar situaciones de apuro, no sólo escenas bellas, pues la tauromaquia, como la vida, está llena de apuros, conflictos y trances que demandan ser enfrentados con valor, no sólo escurriendo el bulto. No compito con nadie, sino con lienzos, materiales y pinceles. Pintar temas taurinos es como torear: si no creas magia no vale mucho o trasciende poco lo que hagas. En la pintura el toro no es sólo negro, puede ser morado o azulado o del tono que la luz o tu ánimo te sugieran. Como toda creación, es un acto de libertad individual, el cual en las tauromaquias actuales veo reducido o, peor aún, uniformado. Toda expresión mecánica o automática es lo más opuesto al arte. De ahí mi preferencia por toreros como El Gallo, El Pana o Morante, con su desatada inspiración fuera de moldes.

“Igual pinto mulillas o monosabios o gallos de pelea que situaciones comprometidas porque, independientemente de los temas, la función del arte es expandir el espíritu de las personas, no enajenarlas con su falsificación. Me encanta el impresionismo y por ello pinto con manchas más que con detalles, concentrado en los efectos de la luz sobre la fusión de colores en los objetos pintados.

“Es una pena –remata Antonio– que en México casi haya desaparecido el cartel taurino, siendo una de las mejores maneras de promover el espectáculo, desde luego ya no con los pintores de siempre, sino con firmas de autores nuevos, tan buenos como desconocidos. Lo mismo ocurre con el resto de las artes en el país, lleno de sensibilidad y de expresiones estéticas desaprovechadas por falta de estructura y de políticas culturales incluyentes y coordinadas. En México no me han publicado ningún cartel; en España llevo tres en el último mes.

Publicado en La Jornada