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«El Dorado» del toreo: del sueño a la realidad de la Fiesta

Las Ventas, una tarde de lleno en San Isidro – Paloma Aguilar.

Por Rosario Pérez – ABC.

Cuenta la historia que en el siglo XVI se generó una leyenda entre los primeros descubridores del Nuevo Mundo: había un pueblo en el que todo era dorado, un lugar donde los reyes eran cubiertos con oro en polvo a su muerte como ofrenda a los dioses. Esta deslumbrante urbe se localizaba en medio de la jungla, posiblemente en la zona central de la Nueva Granada, actual territorio de Colombia, aunque dependiendo del origen o la época de la versión, lo mismo se sitúa en Cundinamarca que en alguna zona de Venezuela, en la selva amazónica o en los mismos Andes. Variaba según la febril imaginación y la codiciosa mirada de algunos exasperados conquistadores.

Aquí, en España, la tauromaquia vivió su particular «Dorado» entre los años 50 y 70 del siglo pasado (sí, había menos oferta de ocio). Las plazas se llenaban, los toreros formaban parte de la cultura y la sociedad, y el toreo competía con el fútbol y el boxeo como mayor espectáculo de masas de un país que resurgía de sus propias cenizas. Los ochenta sufrieron su crisis, superada a principios de este siglo. En aquella época dorada las plazas se llenaban con el mero hecho de anunciar el cartel en una pizarra con tres o cuatro días de antelación. Al rebufo de esta ola fervorosa por las corridas, surgieron geniales empresarios que utilizaron el ingenio y una gran pasión para llevar nuestra Fiesta hasta cotas inimaginables. Hubo también grandiosas figuras, aunque en eso las épocas no son tan distintas y, lógicamente, los había con inmenso tirón como El Cordobés y otros con mucho menos.

Pliego intervencionista

Aún en 2018, algunos todavía sueñan con ese «Dorado» que nos contaban, aunque no son pocos los que empiezan a pensar que es tan irreal como aquel que imaginaron los conquistadores de las Américas. Y lo es porque la Fiesta se ha desestructurado. Toreros, empresarios y ganaderos van por caminos distintos y encontrados, cada vez más alejados. Los políticos utilizan el toreo como moneda de cambio y se sientan al sol que más calienta. Madrid, capital del toro, ha estirado como una goma San Isidro, tratando de paliar un pliego recaudatorio y nocivo para la Fiesta, que por primera vez en muchos años ha sobrepasado por poco la media plaza en festejos del abono del Santo. Bilbao busca la gestión privada tratando de huir de los desmanes de un modelo desgastado. Sevilla vive un modelo basado en un antiguo contrato y mantiene una delicada (aunque resistente a la par) salud, y a Valencia le ha tomado el pulso la misma empresa que no termina de cogérselo a la Monumental madrileña, con una oferta desorbitada en el último concurso. Un poco a la desesperada, se ha recurrido en Otoño a la fórmula del bombo para reclamar la atención del público: a ver si las figuras recogen el guante… Como algo puntual y novedoso, que ya se sabe que el manda elige y no es amigo de loterías… Pues estos son los cuatro ases de la baraja en los que se sustenta el toreo.

Pamplona es punto y aparte: allí encontraron su Dorado particular a mediados del siglo pasado, ayudados por un Nobel norteamericano, y siguen abarrotando los tendidos 70 años después. El resto de las plazas luchan por sobrevivir a los ataques antitaurinos, algunos caprichos de varias figuras y la renovación de un modelo que ya no da para más. Los años ochenta vivieron una gran crisis taurina y de identidad, pero la muerte en la plaza de Paquirri y Yiyo reforzó y dio credibilidad a cuanto acontecía en el ruedo y los públicos volvieron a las plazas. Por desgracia, hemos vuelto a vivir la tragedia de dos toreros caídos en la arena, pero no parece que aquel relanzamiento se repita. Tres décadas después, tenemos una sociedad cada día más desnaturalizada, a la que preocupa más las proteínas que aportamos a la alimentación de nuestro Cocker que el drama que viven los niños en Siria, donde en lo que va de 2018 han muerto más de mil pequeños, según datos de Naciones Unidas.

Alternativas de los carteles

Volvamos a la tauromaquia: en este triunvirato de poderes en el que se sustenta, los empresarios son quizá la pata más coja del banco. Componer carteles se ha convertido en una quimera basada en los intereses de un reducido grupo de figuras que dominan a su antojo los restos de aquel «Dorado» de hace 60 años. Salvo la excepción de Roca Rey, las ferias se componen por toreros y carteles que se repiten durante casi décadas y no generan la expectación soñada. El paso a los jóvenes es testimonial. El argumento simple: «No interesan». ¿Alguien se preocupó de que interesaran los noveles? Para muestra, un botón.

Analizados algunos carteles de plazas significativas y variadas de primera y segunda categoría, en lo que va de temporada los resultados son esclarecedores: Castellón arroja una media de 16 años de alternativa por actuante; Valencia, 12; Sevilla, 14; Madrid, 11; Algeciras, 12; Burgos, 15; y Pamplona, 12. Con 27 carteles en los que sus actuantes suman más de 40 años de alternativa y algunas puntas de iceberg alarmantes, en la Maestranza dos carteles alcanzaron los 60 años de alternativa, 57 en Burgos, 52 en Valencia y 50 en Madrid. Otro dato más es que en Sevilla 24 de los 45 puestos disponibles (más del 50%) los copan diestros que estuvieron ya anunciados en la feria de 2007… ¿Dónde está la regeneración?

Desglosemos por años de alternativa los 15 primeros puestos del escalafón actual de matadores de toros. Desde Roca Rey, que lo lidera, hasta Román, que cierra ese top 15, arroja una media de casi 15 años de alternativa por coleta, con trece diestros por encima de los 10 años, nueve por encima de los 15, cinco por encima de los 20 y ¡solo! tres por debajo de dichos años de doctorado.

El porqué de tan delicada situación

Las cifras asustan por sí mismas, pero convendría analizar el porqué se ha llegado a esta delicada situación. Si analizamos la pirámide de abajo hacia arriba, la base la componen los matadores como máximos responsables de lo bueno y lo malo de cuanto acontece en la plaza, pero sería muy injusto generalizar, puesto que el escalafón 2017 lo compusieron 157 matadores (156 para ser exactos, puesto que uno de ellos, el que logró un lleno histórico en Madrid pore el camino de la independencia y saliéndose del «sota, caballo y rey» ya no está entre nosotros). Y nos atreveríamos a afirmar que no más de diez ven rentabilizados económicamente los esfuerzos y sacrificios realizados en la plaza. Alrededor de otra veintena viven dignamente de su profesión y los más de 120 restantes compatibilizan la tauromaquia con otras profesiones para poder llegar a fin de mes.

La liga novilleril

El caso de los novilleros es capítulo aparte: el caos y abandono de la liga juvenil es para hacérselo mirar. Y eso es lo que sucede: miran al lado y echan la culpa al siguiente. Mientras tanto, la solución de esos casi 200 novilleros con picadores es precaria y sin ninguna solución a corto plazo, salvo la esperanza de que surja algún genio, hecho que ocurre cada vez menos… Muchas veces tendemos a juzgar con demasiada severidad a imberbes que se ponen en Madrid delante de un ¿novillo? con más cuajo y seriedad del toro que matan en plazas de segunda y algunas de primera las figuras (el sobrero de Espartaco de la final de las nocturnas es un claro ejemplo). Chavales sin apenas bagaje y cuya recompensa económica son los mínimos de un convenio con el que, si les da por estrenar un vestido, salen del hotel en negativo. No son ellos los culpables de su poca experiencia, a los principales responsables no les suena ni el cinco por ciento de estos proyectos de toreros.

Desde dentro (y desde fuera) da la impresión de que los mandamases del toreo viven al margen de la realidad. La realidad de las cifras. Exigen corrida, fecha y cartel y el dinero de la plaza llena. Hasta ahí todo perfecto, pero el problema viene cuando la plaza no se llena en la mayoría de ocasiones y generan dos agujeros: el económico y el desequilibrio en la feria. Si la actualidad tiene cuatro o cinco toreros -caso aparte es José Tomás– que tienen demanda taquillera y van juntos en dos corridas, el empresario se ve en la difícil tesitura de completar las tres o cuatro restantes de cualquier feria mediana en los días menos buenos con toreros que no atraen al gran público. En lo que va de 2018, ha habido varias «cornadas» a las empresas de las graves. Vayamos por orden cronológigo en algunos ejemplos: en Guadalajara, por Primavera, Ventura y Perera, mano a mano, con sus 20 Puertas Grandes de Las Ventas y a media hora del Foro, apenas congregaron 1.800 personas; Aranjuez, con al aditivo mediático de Cayetano, por ahí anduvo; Zamora, León y Segovia, con los Julis, Manzanares, Talavantes, Morantes y Rocas repartidos, poco más de media entrada real… Lo de Badajoz tuvo entradas tristísimas. Y León, apenas media plaza en un cartel monstruo con Morante, Manzanares, Talavante y Roca Rey. ¿Poca promoción? ¿Falta de interés del público? ¿De todo un poco? Una feria consolidada como las Colombinas apenas ha reunido media plaza un día y escasos tres cuartos el otro con las máximas figuras y la milagrosa reaparición del ídolo local. En declaraciones a Carrusel Taurino, Carlos Pereda manifestó: «No ha sido una feria satisfactoria, económicamente hablando, pero podemos darnos por satisfechos. Nos salen las cuentas». Se trata de «salvar», más que de «ganar», en un negocio en el que se supone se mueven muchos billletes…

El Puerto inauguró, con Morante y Manzanares, con poco más de media plaza (días después, rozó el lleno con Roca Rey -con Padilla y Manzanares-). La empresa de Antequera ha tenido que salir corriendo tras la cornada económica de la primera corrida. Las figuras más taquilleras, con Juli, Manzanares y Roca, tampoco llenaron en Pontevedra. En Gijón, tampoco se están registrando las entradas esperadas. La recuperada Illumbe no remonta (las entradas de los primeros festejos de la Semana Grande han sido reducidas) tras los vientos prohibicionistas y pese al llenazo el año de José Tomás. Y van ya varios portazos a plazas de toros: vale que en algunas son por cuestiones políticas, pero han hecho algo las grandes figuras para decir «allá que voy a Vitoria», ¿por ejemplo? Es momento de hacer acto de reflexión y coger al toro por los cuernos.

Matemáticas de andar por casa

Metida a matemática de andar por casa, si a una plaza de segunda van 5.000 personas a una media de 40 euros la entrada (36 una vez descontado el IVA), la taquilla es de 180.000 euros. Si ponemos la corrida para figuras a 36.000; los gastos de apertura de plaza (médicos, veterinarios, seguros, cuadra de caballos, servicio plaza, etc.) en 9.000 euros; la Seguridad Social en 9.000; los gastos de publicidad en 7.500, quedan unos 118.500 euros. Si contratan a dos de esas tres o cuatro figuras que exigen 60.000 euros por tarde, ya va el organizador del espectáculo por «menos 1.500» y falta el tercer torero… Y algo debería ganar la empresa, ¿no?

Pues imaginemos ahora tres de ese grupo de «privilegiados»: para cubrir esos 180.000 euros, más los 61.500 de gastos, hay que vender 6.700 entradas para que la empresa «empate». ¿Y si no se venden? ¿Quién asume su responsabilidad? Casi siempre, el empresario… Otro ejemplo más es la plaza de toros de Las Ventas, donde se dicen que los beneficios en 2017 no llegaron al millón de las antiguas pesetas. Con una facturación cercana a los 30 millones de euros y un plantilla fija de casi 20 personas, los datos dan las mismas sensaciones que los antiguos Palhas: horror, terror y pavor. ¡Eso en Madrid!

Los empresarios se han quejado en varias ocasiones de que en los carteles donde están tres de esas cuatro o cinco figuras son ampliamente deficitarios aun colgando el «No hay billetes». Empresarialmente, ¿cómo se puede iniciar un negocio donde la pérdida es segura a pesar del lleno? La excusa de los apoderados es que tiran del abono y en los carteles medios se compensan las cifras. ¿Seguro? A veces sí, pero no siempre… En 2016 regresaron los miembros del G5 a la temporada sevillana tras dos años de ausencia voluntaria por no sé qué conflicto de intereses y cuentan que apenas se vendieron 300 nuevos abonos. La sangría de Madrid cuesta frenarla a pesar de estar todas las figuras. Con estos datos, ¿a qué excusa nos acogemos para justificar esos ingresos? Si trasladara estos números a mis compañeros de economía, me costaría convencerlos de la realidad que vivimos en nuestra querida tauromaquia.

Las empresas

Aunque hay algunas excepciones, el conjunto empresarial no destaca por su imaginación ni capacidad de trabajo, peros son, junto con los ganaderos, los grandes perjudicados de la situación actual. La inyección en dólares por parte de un millonario mexicano y la aparición de una agencia de viajes en Las Ventas no son suficientes para sostener los cimientos de un sector que se tambalea. La esperanza de contratar a José Tomás, salvar un abono y aprovechar su rebufo cada día se complica más, y con el resto de los mimbres y sus exigencias es una labor de orfebrería y altas dosis de trabajo y talento «perder poco» en cualquier feria. De ahí que los empresarios intenten atar cada vez a más toreros: viven más de ese intercambio y comisiones de apoderamiento que de la propia taquilla de las plazas.

Por cierto, alguno aboga por variar el precio en taquilla según el cartel, igual que ocurre, por ejemplo, en los conciertos: no todos los artistas «cuestan» lo mismo. ¿Y si se prueba en los toros allá donde el pliego no lo impida?

Otro caso curioso de la actualidad es el de Talavante. El genio extremeño vive un momento artístico pleno de inspiración, con un toreo puro al que casi ninguno se aproxima, pero sus logros en la plaza no se reflejan en la demanda que genera en taquilla y es la sorprendente ausencia de muchas ferias después de haber sido triunfador en San Isidro y cuajar la mejor faena de Sevilla y de otras plazas como Cuatro Caminos. Algunos culpan a Matilla, sacando toda su inquina hacia el empresario salmantino, y una venganza por su ruptura, pero no es esa la verdad, según comentan varios gerentes. Talavante está obsesionado con igualar sus números a los de Juli, Morante y Manzanares, y eso ha generado que los empresarios hayan decidido prescindir de tan grandioso torero por vivir al margen de la realidad económica de sus taquillas. Claro que no es el único caso que vive al margen de esa realidad, y algunos mantienen su caché casi por inercia. Por lo que Talavante dirá: ¿y por qué yo no? Eso sí, a cada cual lo suyo: es una de las figuras con mayor tirón en el Foro.

Pero, ¿quién tira del carro de la taquilla de verdad hoy? Solo la apisonadora Roca Rey, el último y joven fenómeno (que curiosamente no es el que más cobra….), ha sido capaz de situarse por delante de todos en la demanda de entradas para verle, gracias a su juventud, novedad, desparpajo y sus arrolladoras campañas, aunque, vista esta dinámica, ¿cuánto durará esa inercia?

El resto de la nueva hornada compuesta por Ginés Marín, Garrido o Román no termina de dar el salto, a pesar de algunos triunfos, y la recuperación de diestros como Ureña, Chacón, De Justo, Cortés o Moral no pasa de ser un buen complemento a los carteles medianos. Los mediáticos Fandi o Padilla (con su tirón en determinadas plazas) están también ya muy vistos. Y el circuito de las corridas duras (salvo en escenarios concretos) suscita el interés de parte de la afición pero no del público general y no mueve el suficiente dinero.

El incombustible Ponce aparece como «abreplaza» de lujo, mientras vive un dorado final dando lustre y categoría a una excelente trayectoria, siendo el triunfador de las dos últimas Orejas de Oro, pero sin llegar a las cotas taquilleras de sus inicios. Castella y Perera (que está cuajando un gran verano), dos figuras por el mismo palo pero opuestos planteamientos (el extremeño es de los pocos que se atreven al camino de la independencia), triunfan con regularidad pero su demanda taquillera está por debajo de sus resultados artísticos.

Panorama ganadero

En el apartado ganadero, superada ya la inflación que supuso la burbuja del ladrillo en nuestras dehesas y reguladas en base a la ley de mercado las cabezas existentes en las fincas, los sufridos criadores de bravo han conseguido «equilibrar» sus cuentas, aunque salvo cinco o seis excepciones son negocios por amor al arte y nula rentabilidad. En realidad, casi nunca lo fueron. Ser ganadero siempre fue un ejercicio de afición, valor, desinterés, amor al toro y, en ciertos casos, cierta dosis de ego que compensaba los sacrificios. De lo que no hay duda es de que estamos atravesando, a pesar del criticado monoencaste, una época dorada de porcentaje de toros que embisten. La unificación de la sangre Domecq en nuestra cabaña brava ha venido motivada, no nos engañemos, por la demanda y exigencia de la lidia actual. Su bravura más tardía ha sido la única capaz de soportar la longitud de lidia moderna y se ha adaptado a la nuevos tiempos. Pero la variedad de encastes es necesaria y también recobrar la importancia del toro. Pocos son los que preguntan «¿qué se lidia?», pues el público moderno es más bien torerista. Pero entre las ganaderías de otras sangres hay excepciones sobresalientes y que, en manos de algunos genios de la alquimia y la genética, han sido capaces de mantenerlas con éxito en plena actualidad. También, cierto es, algunas divisas Domecq atraviesan muy mal momento.

Con este panorama descrito viene el momento de preguntarnos si hay solución a nuestra realidad. Todavía generamos la demanda suficiente para mirar el futuro con optimismo, pero para ello toca ponerse el mono de trabajo y mancharse de grasa. Las cifras de espectadores todavía nos reflejan brotes verdes y esperanza. Y aquí ya se sabe: unos ven el vaso medio lleno, otros medio vacío y, como dice un viejo aficonado, «otros ven vodka donde solo hay hielo». Según el informe elaborado Diego Sánchez de la Cruz, más de cinco millones de espectadores asistieron a los toros durante la temporada 2017 en España. Según las estimaciones de su estudio, se vendieron alrededor de se vendieron 1.838.000 entradas en cosos de primera, 1.100.000 en escenarios de segunda y 2.100.000 en plazas de tercera y portátiles. A todo ello hay que sumar los festejos populares, alma de la tauromaquia. No nos olvidemos de ellos, cada vez con más auge. Todos esos datos son muy positivos, pero, no nos engañemos, existe un runrún de preocupación y de incertidumbre. Además de los varapalos externos, políticos y animalistas, se encuentra el de algunas tardes en taquilla.

La Fundación

La Fundación del Toro está muy bien, su discurso mejor, pero, más allá de postureos, ha llegado la hora de actuar y dejar de soñar con «El Dorado» e ir a buscarlo desde abajo. Quizá sea necesario gente externa, que desde dentro mire hacia fuera (y viceversa) y no al propio ombligo. También, para el aumento de socios, no estaría de más una transparencia total, con pelos y señales, en las cuentas y los resultados. Y también de los objetivos que persiguen y la hoja de ruta que siguen. Paciencia, sí, que aún es el embrión, pero el tiempo apremia y hay cuestiones que resolver pronto y en la mano, con reuniones con los principales mandamases de cada partido político y analizando las entrañas del propio sector. Sí, para ser cien por cien creíble y eficaz, la Fundación debería velar por profesionales y afición, por la supervivencia y el crecimiento del mundo del toro. No abandonemos Vitoria, ni Palma, donde cierto es que no están prohibidos pero las condiciones exigidas para dar toros convertirían la corrida en una pantomima, lo que imposibilita su celebración. Luchen por recuperar los puertos perdidos… ¿Ven a toreros y profesionales muy preocupados? Lo que se pierde, difícilmente se recupera…

Repetimos mucho la expresión figura del toreo. Pues, figuras, afronten el riesgo económico; el físico y el artístico ya lo asumen (y sí, ya sabemos que no hay precio que pague la vida, por lo que todos los dineros son pocos para un torero), y demuestren su ¿unión? no solo para atacar a un presidente y su grandeza no solo a la hora de coger la mejor fecha, ganadería y compañeros para «salvar» su cartel, demuestren su categoría pensando en el mañana, algo que algunos (pocos) sí hacen. Dejen paso a los nuevos, tiren ustedes de la taquilla en los días regulares, hagan (junto a las empresas -que necesitan, además de una política de precios asequible, dar una vuelta a los carteles y campañas de promoción efectivas-) algún guiño al que pasa por taquilla y discutan con los empresarios por el porcentaje de lo que generen. Tal vez no estaría de más igualarse con los grandes boxeadores y repartirse el neto de los ingresos. Cada uno en función de su categoría y demanda. Y, por favor, no dejen que se pierdan más plazas. Ganaderos y cuadrillas, hagan lo mismo. Y empresarios… ¡Trabajen y trabajen con cabeza, afición y afición! Solo así se podrá volver a soñar con «El Dorado» de una Fiesta que es grandeza por historia, sangre y verdad, pero en la que hay mucho, mucho, por hacer.

Posdata: las cifras aportadas han sido extraídas de conversaciones con diversos profesionales del sector. Y demasiadas veces se oye aquello de «vamos a llevarnos lo que podamos mientras esto dure…» Al menos donde políticos y pliegos lo permitan, trabajen todos los taurinos para que el presente de la Fiesta sea saludable y su futuro largo. Son muchos más los aficionados y las gentes que respetan las tradiciones que los animalistas falsos y oportunistas. La tauromaquia es grande, pero hagámosla gigante.

Publicado en ABC

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Los de Fuente Ymbro favorecen el espectáculo en la Picassiana de Málaga

Oreja de perfil bajo para Sebastián Castella en una tarde en la que Miguel Ángel Perera protagonizó los instantes más destacados. Antonio Ferrera dio una vuelta al ruedo.

Por Daniel Herrera.

La Malagueta cada año se transforma por un día. La Corrida Picassiana se ha convertido ya en una seña de identidad de la Feria Taurina de Málaga, y las intervenciones realizadas por el artista francés Loren Pallatier, ya un malagueño más, le dan un plus de aliciente al espectáculo taurino. La propuesta de este año quizás no haya sido la más llamativa ni vistosa, aunque sin duda ha sido la más elegante.

Manos extraídas de grandes obras de la pintura clásica parecían mostrar el camino hacia la excelencia, como si estuvieran marcando el lance que debieran ejecutar los espadas, que hicieron guiños a la tarde, aunque en lo que respecta a los vestidos urge encontrar un modelo para distinguir estos trajes de los empleados en las corridas goyescas.

Sólo faltaba que los toros de la ganadería de Fuente Ymbro estuvieran a la altura de un gran acontecimiento y que los diestros se mostraran dispuestos. Sirvió la corrida en líneas generales, mostrando nobleza y en determinados momentos la casta que se le pide a los toros criados por Ricardo Gallardo. El punto negativo llegaba por su falta de fuerza, que en buena medida condicionó el desarrollo de un festejo entretenido que pudo haber alcanzado cotas superiores.

El primero del lote de Sebastián Castella no destacó por su calidad. Suelto de salida, requirió de un esfuerzo por parte de sus banderilleros José Chacón y Vicente Herrera, que fueron invitados a saludar. Quiso apostar por él el francés con un inicio de faena sentado en el estribo para sacarlo hasta el tercio por bajo. En realidad, era un toro que iba y venía, pero sin clase ni emoción. Faltando estos ingredientes, el matador tuvo que tirar de técnica para sacar algún pase suelto por cada pitón en un conjunto insípido por la condición del astado.

Mejor material tuvo en el quinto, un toro con calidad y ese picante que da realce a todo lo que se le haga. No por repetido deja de impresionar el inicio de faena en el que se plantó a pies juntos en el centro y sin enmendarse se lo pasaba en hasta tres ocasiones imperturbable por la espalda. Tras este comienzo explosivo, se sucedieron las tandas por los dos pitones sin la trascendencia esperada conforme a lo que tenía enfrente. Al hilo del pitón, no fue la colocación su mejor virtud. Sólo cuando acortó las distancias pareció mostrarse cómodo en un conjunto largo que fue diluyéndose cual azucarillo. Solo que acertara a colocar el estoque de forma habilidosa en lo alto del morrillo y que el animal rodara con celeridad hace entender que el generoso público sacara sus pañuelos y se concediera uno de los trofeos de perfil más bajo que se recuerdan en los últimos años en La Malagueta. No siempre lo mejor es lo que se premia en la fiesta de los toros?

Lo mejor lo hizo Miguel Ángel Perera. Él y su cuadrilla. Uno de los momentos más vibrantes de la corrida se vivía con el tercero de lidia ordinaria. Tras una salida en la que flojeó su oponente, se vivió un momento cumbre con la intervención de sus hombres de plata en banderillas. La buena lidia de Curro Javier fue acompañada de dos soberbios pares de Javier Ambel, ante los que no quiso ser menos el tercero Guillermo Barbero. Fue toda una exaltación a los subalternos que recibieron una clamorosa ovación de La Malagueta. El matador siguió la senda y aprovechó que el toro se había venido arriba, iba largo y con transmisión. Le exigió enormemente de inicio, bajándole la mano y alargando el trazo del muletazo hasta donde su brazo se lo permitía. Fue generoso con el astado, y es de valorar que dejara ver sus virtudes dejándoselo venir de lejos, mostrando una calidad enorme por el pitón derecho. Bajó por el izquierdo, pero lo que acusó fue la falta de fuerza.

La disposición mostrada anteriormente, y el juego que estaba dando la corrida, ponía las ilusiones por todo lo alto en el que cerraba plaza. Volvió a levantarse la plaza para ovacionar a la cuadrilla, con dos quites de exposición de Curro Javier. Torerísimo fue el inicio de faena con una rodilla en tierra y la mano izquierda encajada en la cintura; y poderío y empaque tuvieron las tandas que le siguieron en redondo. El temple se impuso al natural, pero a partir de ahí tuvo que realizar todo a favor del animal, que se apagó antes de tiempo. Si hubiera matado al primer intento, igual que en su primero no hubiera caído baja la espada, sí que habría paseado una oreja con fuerza, pero la petición en este último se quedó en el límite y el usía optó por guardarse el pañuelo.

Muy dispuesto estuvo con el capote Antonio Ferrera con el que abría plaza, torero y garboso llevándolo al caballo por delantales, aunque el topetazo que se pegó con el peto fue claramente acusado por el astado. Parte del público le solicitó que banderilleara, suerte que ha abandonado esta temporada, dejando todo a expensas de la faena de muleta. Lástima que le faltara un último tranco para perseguir el engaño hasta el final. Pese a todo, tras las probaturas iniciales sin demasiado ajuste, su administración de los recursos le llevó a adquirir una línea ascendente, bajándole cada vez más la mano y enroscándose con él hasta que el toro se sintió podido y solo colaboraba a favor de la querencia. Pese a la petición de oreja, la ejecución de la suerte suprema fue decisiva para su no concesión. Nuevamente lucido en el recibo con un capote con una mano impresa, brindó la muerte de su segundo a Finito de Córdoba, que vestido de calle saltaba al ruedo para recibir el ofrecimiento. Amorcillado de inicio, amenazando con echarse, Ferrera no quiso tirar la toalla y le fue encelando en la franela. Nuevamente sin apreturas, fue robándole las embestidas. Pero es complicado robarle a quien no tiene nada, por lo que el alargue careció de sentido.

Publicado en La Opinión Málaga

Un ‘quejío’ milagroso

La bella y frágil verónica de Rafael de Paula. JESÚS.

Por Gonzalo I. Bienvenida.

El lance de los elegidos, de aquellos que sublimaron el toreo con el capote y dejaron huella en la arena del toreo, entre hitos y mitos, es el hilo conductor de esta serie

Como un quejío apareció Rafael de Paula en el toreo. Un grito desgarrado y sentido que marcó una forma de entender la vida. Una irrupción histórica que se vivía en menor escala la tarde que Paula toreaba. Sus muñecas dieron vida al capote del que surgía entonces un vuelo sedoso que templaba la potencia animal. Reducir la embestida a través de la belleza. Invitar a entregarse al toro a través de la entrega artística del torero.

Dicen que Paula fue un torero de pellizco. Rafael de Paula (Jerez de la Frontera, 1940), con sus luces y sus sombras, fue un torero de culto. Su carrera estuvo plagada de altibajos, pero también de contenido artístico. Los aficionados encontraron en Paula el refugio de un toreo único. Una lesión en las rodillas que arrastró toda su vida desde 1978 le impidió desarrollar todo su potencial como torero.

Alumbrado en el barrio de Santiago de Jerez, siendo un niño Rafael sintió la llamada del toreo. Los que le vieron crecer cuentan que con un capote en la mano se transformaba. Su timidez desaparecía cuando soñaba con ser torero. La metamorfosis del artista. Su descubridor fue Bernardo Muñoz Carnicerito de Málaga, quien años más tarde se convertiría en su suegro.

Cuenta la leyenda que Juan Belmonte se quedó tan impresionado al verle torear en una ocasión en casa de Fermín Bohórquez que de cuando en cuando mandaba a su chófer a Jerez para que trajeran a su finca Gómez Cardeña al “niño del barrio de Santiago”. Aquellas vivencias en casa de Belmonte aportaron tanto a Paula que los tres santos que comandaron su capilla a lo largo de su vida fueron: Juan Belmonte, Cagancho y Antonio Ordóñez.

Rafael de Paula reivindicó vestido de luces que el toreo va mucho más allá de dominar a un toro. El jerezano fue capaz de transmitir con su capote y su muleta los sentimientos más profundos de su intimidad. Su desgarrada sensibilidad encontró en el toreo el camino más sincero para expresarse.

Con su inigualable pureza y su particular forma de concebir el toreo, es difícil comprender que tras lograr éxitos como novillero tardase seis años en presentarse como matador de toros en Sevilla y 14 en confirmar la alternativa en Madrid. En 1960 se doctoró en Ronda, el lugar donde se había enfundado su primer traje de luces tres años atrás. Aquellas temporadas primeras de matador se basaron en sus plazas del rincón como lo fueron la de El Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda o Jerez de la Frontera, entre otras.

Gitano por los cuatro costaos. Un auténtico ídolo para los gitanos. Aquellos años en el rincón desarrolló su tauromaquia sin limitaciones físicas. Un apogeo artístico que le llevó a torear dos corridas como único espada: una en El Puerto y otra en Jerez. La explosión de sentimientos en esas tardes le granjeó una inmensa cuadrilla de partidarios. Todos los gitanos se identificaron con su forma de entender el arte, de interpretarlo. Rafael de Paula ha sido el máximo exponente del arte calé, incluso por encima de los grandes flamencos. Su carácter introvertido no le llevó a ser un asiduo de las fiestas flamencas pero sabía que los artistas más grandes le seguían.

En una entrevista dijo el propio Rafael de Paula: “No soy un gitano normal. No toco las palmas, ni canto, ni tampoco bailo, pero siempre me sentí muy artista frente a los toros”. Cuando viajaba se relajaba escuchando música clásica. Es más partidario de Mairena que de Caracol. Se emociona todavía con la Paquera de Jerez.

Su trayectoria tuvo un punto de inflexión en el año 1974. Un quite por verónicas frente a toriles enloqueció a la exigente afición de Las Ventas. Un quite desgarrador del gitano que con 34 años confirmó aquella tarde su alternativa. Una reivindicación arrebatada de su personalidad, de todo el sentimiento contenido en aquel rincón del sur durante 14 años.

José Bergamín escribió La música callada del toreo tras su actuación en la plaza de Vistalegre de Madrid. Puede que aquella fuese la obra más completa de Rafael de Paula. La tarde que le convirtió en mito.

El impacto fue tan grande que al año siguiente tenía firmadas 40 corridas de toros. Sucedieron entonces dos temporadas esplendorosas frenadas en seco por la fatídica lesión de rodillas en Bayona en 1978. Las operaciones sin éxito, las continuas fatigas ante los toros y los cada vez más habituales escándalos personales y profesionales precipitaron un largo declive.

Aun así, sólo Rafael de Paula era capaz de llegar al alma de la afición con su verónica. Cada lance se tornaba un milagro por su fragilidad. Tenía dificultades para irse de la cara del toro, lo que le provocaba una tremenda inseguridad y por lo que padecía un auténtico calvario a la hora de entrar a matar. Aun así hubo obras imborrables, con la honda huella de su dolor, de su autenticidad. Como aquel quite en Aranjuez, la magnífica faena al sobrero de Martínez Benavides en Madrid o tantas faenas en Jerez, así como cientos de detalles a golpe de sentimiento.

Rafael de Paula ha sido un torero responsable pese a lo que muchos pudieran pensar. Ordenado, metódico en sus entrenamientos, cuidadoso con sus trastos. Sufría tremendamente después de las corridas al analizar lo que había hecho y al pensar en lo que podría haber hecho con mejores facultades físicas. Se retiró en el año 2000. El toreo está huérfano de un sentimiento insustituible.

Publicado en El Mundo

La Niebla Humeante – Triunfa Jerónimo con Piedras Negras en Teziutlán.

Así embistió, empujando por su casta, “Mezcalero” de Piedras Negras a la muleta de Jerónimo. Y así, largo y por abajo, roto de sentimiento, llegó el derechazo del torero. FOTO: Tadeo Alcina Rivera.

Convoca Piedras Negras y, sin traer su corrida más pareja en remate y juego, triunfa porque salvo el sexto todos los lidiados en algún momento brindan emoción, eterno distintivo de la centenaria casa tlaxcalteca. En medio de la bruma de la sierra, de menor a mayor, Jerónimo hace valer el sello, su personalidad y largueza para superar sus momentos de desigualdad y salir en hombros. De mayor a menor, José Adame se aprovecha de la taurinamente adolescente concurrencia para salir a hombros en una tarde desconcertante ante el más bravo de la corrida que le exhibe y con el que no respalda su supuesto cartel. Inicio esperanzador de una Feria que mejora.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Teziutlán.

Se apodera la niebla, brumosa y lluviosa, cubriendo la Perla de la Sierra, de las torres de la Catedral hasta su Plaza de Toros, El Pinal. Afortunadamente, techada. Por lo que el “blanco animal divino//engolado y soñoliento” que decía Gabriela Mistral, no hará de las suyas.

En la tierra de Maximino Ávila Camacho está viva la sensación taurina.

Claro. Alimentada por no pocos taurinos locales, orgullosos de su tierra y que pugnan año con año por el toro. Por una empresa que escucha y que, pese a las presiones, resiste lo más que puede y apuesta en los últimos dos años por traer lo que, malamente, se ha puesto la etiqueta de “duro” de “difícil”, a lo que muchos, incluyendo “taurinos” alzan la ceja. Como a los que sí nos gustan los toros, nos encanta que lo difícil se haga realidad, “El Pinal” abre su feria con un hierro que en un año, para alegría de la afición, se ha lidiado ya tres veces.

El resultado, artístico y de taquilla, refuerza su cartel y categoría.

Y es ya una cita obligada: Piedras Negras en Teziutlán es ineludible.

Pero la sospecha comienza desde que el taurineo aparece. Estos personajes sombríos que presionan con todas las artimañas posibles para quitarle algo, lo que sea, a los encierros: que si los sobreros de otro lado, que si sortean a puerta cerrada, que mejor fuera de la plaza, que si entre más chicos, mejor. Y muchas otras perrerías. Todo eso, menos mal, queda fuera cuando el primero de la tarde gusta por la belleza de su cárdena y berrenda capa, así como la manera de tomar el capote de Jerónimo, largo y por abajo.

El torero de la región responde con lo mejor de sí. Intenso su trazo y preciso su avance de tablas hasta más allá de las rayas para rematar con media de cartel. Pero el puyazo hace que el berrendo frene, que su casta se escape y llegue parado al último tercio sumado a la imprecisión de Jerónimo, inoportuno desarme, toreo rápido y múltiples pinchazos, dejan todo en pitos tras aviso.

El toro bueno, por presencia y esencia, aparece en segundo lugar.

Nombrado “Siete Mares” y la referencia jimenista –“entre las tempestades”- se hace buena al surcar las arenas de El Pinal con toda la dignidad de su trapío, enmorrillado alto, serio al frente pero, como prácticamente toda la corrida, perfectamente degollado. Y se va al abordaje apretando al segundo espada en el recibo. José Adame, joven de edad pero colmilludo al torear, lancea con la solvencia que de él se espera, con rapidez y levantando el pie de recibo en cada lance, aunque buena es la media.

Momento grande es el encuentro del cárdeno oscuro con el caballo. Derriba por empujar, amenaza la cuadra, basta su mirada que busca pelea y el peligro se percibe con el humeante poderío del astado y al que su lidiador, le otorga la gracia de no dar el tan necesario segundo puyazo. Torear es el arte de elegir y Adame, así se lo juega.

Solo que torear es dominar, tener las armas y usarlas en la medida exacta.

La del cárdeno es sobrepasar límites. A Víctor Mora lo hace padecer, ni la trampa de Juan Ramón Saldaña tocando para que banderillear a la media vuelta impide que Mora deje de pasar en falso y a su lidiador, pese a extender lo más posible la muleta, le pone las cosas en modo exigente y los doblones se quedan en intento. Lo mismo que el toreo con la derecha ante un toro al que hay que someter por bajo, quedarse quieto. Adame lo hace a retazos pendiente de salir más que de hacer entrar a su dominio al burel al que no le desengaña, ni por error, con la mano izquierda.

Zapatillazos por montones, torea para la galería cuando enfrente tiene un toro que aprieta y no traga pantomimas, mucha velocidad, por fuera, con la coreografía preconcebida termina por aburrir al toro y hacerle derrotar para arriba, un torero que cuando se lo propone es el heredero de las más corrientes formas recientes en el toreo mexicano.

Espadazo caído, dobla el astado que de su sangre humea vapores que se vuelven neblina.

Parece que la de Piedras Negras es una sangre que al vaporizar humea casta.

Palmas al toro. Y protestas al hidrocálido que resumiría su tarde en dos tandas al afligido cuarto, muy serio y hermoso cárdeno claro, bajo y bien cortado al que, de nuevo, ni por asomo consigue poner lo que le ha faltado sobre la mano izquierda, incluso es desarmado, de pena el final con intento de luquecinas. Pinchazos y piadoso silencio. Luego el tongo con el sexto, que tanto se empeña su gente a que, anovillado y de horrible cabeza, juegue. Para mal. Adame, si no luce con el toro serio, menos con el medio toro.

Salida a hombros para cubrir el expediente.

Entonces, cuando priva la vulgaridad, el maneo del taurineo, la nebulosa que quiere cargar lo más esencial del toreo, entre niebla, el humo de la casta encuentra su cauce en el sello y la personalidad, el nombre propio de Jerónimo. Siempre de menos a más. Sólido con el capote, vuelve a recibir con lances precisos al tercero, de cara y cabeza discretas pero con hechura exacta para embestir. El entrepelado duda al salir, solo un instante, entonces cambia el terreno el diestro serrano para lancear, largo y a la vez poderoso y hacer notar que ayer los Piedras Negras no es que se dejen o no, sino que el domino surge del toreo bien hecho.

Como las verónicas de Jerónimo a este cuarto que enciende la flama ante un coro que no comprende pero que siente y claro hay un reflejo en sus venas de que eso, lo que haya sido, ha sido valioso, desde que le pisa el terreno y se pone en el sitio, Jerónimo hace andar al astado y le remata lucidor con media.

Correcto el planteamiento, medido en varas, prontitud en banderillas.

Y el conocimiento rinde frutos. Cada muletazo de inicio encauza la embestida, somete por ambos pitones. Más allá del sabor y la personalidad es la plenitud de lo fundamental, que el astado pide quedarse quieto por ambos pitones. Jerónimo, cuando lo logra, derrocha su caudal de emoción prolongado en los naturales, en uno, su propio trazo hace que su toreo, a pesar de tomar la muleta más allá del centro, dicta la circunferencia del toro que camina con emoción pero que exige el temple so pena de enganchar y deslucir. Se adorna torero.

Jerónimo, luego de los pinchazos al primero y el primer pinchazo a este en la suerte contraria, cobra estoconazo, toda la mano se va empapada de esa sangre que con la que tanto se identifica. Y aunque hay una oreja, la emoción y el mérito se juntan en aclamada vuelta que rompe las nieblas y las dudas.

Jerónimo puede, como dice un gran aficionado, la cosa es que se decida.

De pronto, tras la fallida lidia al cuarto. Otra vez Jerónimo luce a la verónica y hace ver que de nuevo, el cárdeno, “Mezcalero”, quinto de la tarde, toma espléndido el capote por el lado izquierdo y el torero, despliega el lance, bellamente, llega a las rayas y luce en la media. Luego del puyazo, breve, pero en lo alto, el toro se alegra en el cite a la distancia para que vengan las chicuelinas, una muy asilverada, para rematar y de ahí, la brega no dilata y tras brindis a particular, Jerónimo, confiado y dispuesto, se brinda en pleno a la faena.

Alterna lados por arriba, alivia y se gusta en el de la firma y la fase de exploración del pitón derecho, incluye los derechazos largos y, luego de inoportuno enganchón, el remate enciende la cosa. Para la siguiente tanda, que remata con buen trincherazo, ya se anuncia el milagro posterior, suena “Silverio”, y tres son los derechazos de absoluta rotundidad, captura y despliegue de la emoción de la sangre brava que valen el boleto y la promesa, hoy cumplida, que torear es emocionar.

Aun al natural, vuelve una tanda breve, pero el bien ya se había hecho.

Luego una estocada caída, cierto, la emoción contagiada llevó a las dos orejas a la vuelta al ruedo del ganadero aun sin ser esta su más completa corrida, pero si la ilusión recompensada de ver un nuevo capitulo piedranegrino.

Que pronto sea.

Solo el humo de la casta, los vapores de la emoción son los que pueden deshacer la brumosa nebulosa, esa que ayer enciende y encuentra el aire de esencia en Jerónimo que bien podía, estando así, haber levantado toda la niebla con calor taurino.

Que con ese calor taurino bien podría haberse levantado toda la niebla de la gran Sierra de Puebla.

Texto:@CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza de Toros “El Pinal”. Teziutlán, Puebla. Feria del Toro 2018. Domingo, Agosto 5 de 2019. Primera de Feria. Más de Tres Cuartos de Plaza en tarde fría con bruma que rodea sin ingresar al coso, apenas un rayo de sol aparece a la muerte del quinto. Palco flojo y manejado por los toreros que equivoca la concesión de trofeos y autoriza llevar a cabo el sorteo fuera del horario reglamentario y las instalaciones de la Plaza. Pésima actuación de la Banda de Música con casi nulo repertorio taurino.

6 Toros, 6 de Piedras Negras (Divisa Negro, y Rojo) Desigual en hechuras de sospechosísimas encornaduras; el sexto impresentable en todo aspecto. Débil el primero. Serio aunque muy atacado el berrendo en cárdeno primero, que llegó sin fuerzas al último tercio. Bravo y creciente el lidiado en segundo lugar, número 540 “Siete Mares” nombrado de 520 kgs., hermoso entrepelado, alto, vuelto de pitones que tumba al caballo y muestra poder en los tres tercios, mereció mejor suerte. Espléndidos por su recorrido por ambos pitones en el último tercio los lidiados en tercero y, especialmente, el corrido en quinto lugar, número 518 de nombre “Mezcalero” de 490 kilogramos, cárdeno claro, ojalado y bocinero con espléndida fijeza y tremenda emoción por el lado derecho, homenajeado con merecido Arrastre Lento. El muy serio cuarto, pese a rajarse al final, tiene un momento de recorrido y cierta casta hasta desarmar a su lidiador y orientarse. El cierra plaza, anovillado, cariavacado con los pitones presumiblemente dañados, no debió lidiarse nunca.

A la muerte del quinto, el ganadero Marco Antonio González y su hijo dieron la vuelta el ruedo acompañados del primer espada.

Jerónimo (Grosella y Oro) Pitos tras Aviso, Oreja y Dos Orejas con Protestas. Joselito Adame (Grana y Oro) Dos Orejas con Protestas, Silencio y Leves Palmas. Ambos espadas salieron a hombros.

César Morales fue derrumbado por el segundo. Juan Ramón Saldaña hace un enorme quite de riesgo a Diego Martínez al salir de un par al cuarto, no obstante toca a la distancia al segundo de la tarde a fin de obtener la ventajosa media vuelta a favor de Víctor Mora, fatal con banderillas mejor con el capote pese a ser enganchado en varias ocasiones.

Al finalizar el paseíllo se realizó un homenaje, con develación de placa en honor del Profesor Bruno Pérez Vázquez, cronista por años de la Plaza de Toros “El Pinal”, célebre locutor de la radio local, recientemente fallecido. A partir de esta corrida el burladero de la radio en el callejón de la plaza llevará su nombre. DEP.

La cruz en el sitio. Estocada entera, mojándose los dedos de Jerónimo, ante el tercero. Foto: @MyRyCar.

“No soy caprichoso. Pienso poco en el dinero”: Roca Rey

Roca Rey: “A veces la vocecita más baja de la plaza te acompaña”. Sergio González Valero.

La cita llega una semana después de su apoteosis pamplonesa (siete orejas y dos puertas grandes). Así que él viene exultante, además de alto y buen mozo, como dirían en las novelas de Miraflores, su barrio de Lima. Ojo: es menos inocente de lo que pueda parecer su mirada.

Por Luis Alemany.

En las corridas buenas, como las de Pamplona, ¿en qué momento sabe que va a pasar algo?

Nunca llegas a estar seguro de lo que pasa. Te desenvuelves, improvisas, haces lo que sientes. Hasta que no pasa todo no te das cuenta del triunfo.

Algo se intuirá.

Vas dispuesto, sabes que estás preparado para lo que venga.

Y cuando sabe que el toro es bueno, ¿da más miedo no estar a la altura que los pitones?

El miedo siempre está. El miedo a perder la vida y también el miedo escénico. La clave es convertir eso en una motivación que te haga disfrutar, que no te paralice.

¿Y el día que todo sale mal?

A pasar página.

Ésa es la teoría. En la práctica, ¿cuánto dura el enfado o la tristeza?

No es tristeza, es impotencia. Y dura… Dura hasta que toreas bien.

Cuando torea, ¿la cabeza piensa y toma decisiones racionales o se deja llevar?

Hay que pensar, saber lo que se hace y por qué se hace. Pero también hay que tener corazón. Si no, es todo muy mecánico.

Luego, cuando termina, ¿sabe cuál es el valor de lo que ha hecho? ¿O es de los que creen que van a sacar un 9 y luego sacan un 6,5?

Pero es que los toros no son un examen del instituto, dos más dos pueden no ser cuatro. Funcionas más por las sensaciones que has tenido. Y ahí, el que mejor sabe si uno ha estado bien o mal es uno mismo.

¿Se oye al público? Me refiero a las voces singulares, no al tumulto.

Se oye todo. A veces, una vocecita que ha sido la más baja de toda la plaza te llega en la soledad que sientes en la arena.

Cuando alguien le grita una impertinencia, ¿le perturba?

Puede afectar. Pero en eso también trabajamos, en hacer fuerte la mente, en estar concentrado en lo que hago, que no es una broma.

¿Qué tal duerme la noche antes y la noche después?

La noche antes duermo bien. La noche después de un día bueno me cuesta más, le doy muchas vueltas a lo que he hecho. En cambio, la noche de un día malo, quiero olvidar y duermo pronto.

¿Qué come los días de corrida?

Desayuno muy fuerte y no almuerzo. Me lo dijo un nutricionista.

¿Y al terminar tiene hambre?

Muchísima hambre.

¿Compite con sus colegas?

Siento respeto y admiración. La motivación y la competitividad están en mí, dentro, en mis ganas de ser mejor cada día.

¿Tiene amigos toreros?

Con los que toreo más a menudo tengo amistad.

¿Amistad o un trato cordial?

Amistad… Bueno, no es la relación que tengo con mis amigos, son compañeros con los que me llevo bien.

¿A qué se dedican sus amigos?

Mi mejor amigo se llama Mendel. Estudia Economía en Lima y trabaja. De vez en cuando me lo traigo.

Tiene que ser difícil tener 21 años y que tu mejor amigo sea un torero famoso y con dinero.

Un poco. Me dicen que siempre estoy rodeado de gente mayor.

¿En qué se le va el dinero?

No soy caprichoso. Alguna camisa… Pero pienso poco en dinero.

¿Suele llevar dinero encima?

Se me olvida sacar dinero. Pero sí que tengo mi tarjeta de crédito.

¿Cuánto estudió?

Todo el instituto. El último año lo hice por internet. Estoy preparado para entrar en una universidad.

¿Qué asignatura le gustaba?

Pues…

Bueno, ¿qué se le daba mal?

Las Ciencias. En Matemáticas no, en Matemáticas me iba bien. Y en Educación Física, también.

¡Ajá!

Y la Historia me gustaba. Leo Historia. Me gusta mucho leer.

¿Qué lee?

Me gusta leer biografías. Me impactó El más grande, de Muham-mad Ali, y el libro de Juan Belmonte.

¿El de Chaves Nogales?

Ése mismo. Me gustan esas historias de gente que consigue cosas importantes en su profesión. Yo también estoy en eso.

¿Ha salido ya en el ¡Hola!?

No lo sé. Creo que no.

Y el día que salga, ¿se enfadará mucho?

El día que ocurra, eso será algo que yo no pueda controlar. Si un fotógrafo me siguiese cuando doy un paseo, no dependerá de mí que me haga la foto o no. Así que espero no enfadarme

¿Le puedo preguntar por la casa en la que vive?

Vivo solo. De momento, me gusta, aunque tiene truco: paso muchos meses fuera. Pero me gusta tener ese espacio de soledad.

Publicado en El Mundo

1ª FERIA DE SAN IGNACIO: Emilio de Justo hace el toreo y Adame II tiene una desconcertante actuación

Adame ha pasado por Azpeitia con más pena que gloria ante los santacolomas, dejando muchas dudas sobre su evolución.

El diestro extremeño Emilio de Justo cortó dos orejas tras cuajar a un buen toro de Ana Romero. Una oreja de peso para Juan del Álamo.

De SOL y SOMBRA.

El hierro de Ana Romero recogió tras el paseíllo el trofeo como mejor toro lidiado el pasado año. Se ovacionó de salida el trapío del cuarto toro de nombre “Mariguana”. Pero esas palmas se tornaron en pitos cuando el de Ana Romero perdió las manos y fue devuelto. El sobrero del mismo hierro fue un ejemplar importante por su casta y nobleza al que Emilio de Justo le realizó una faena por el pitón derecho con temple y clasicismo en los muletazos. Una gran serie final al natural a pies juntos fue el preámbulo a un epílogo coronado con una estocada casi entera el toro. Las dos orejas cayeron por clamor en los tendidos.

Con su primero de Justo escucho palmas.

Más pesado de kilos y con más empuje fue el encastado tercero. Luis David Adame anduvo discreto en los primeros tercios y después, con la muleta, anduvo algo eléctrico y apuradillo. Con la espada tampoco lo vio claro y escucho una marcada división de opiniones.

El sexto no estuvo sobrado de fuerzas y Luis David nuevamente naufrago ante un toro que desarrollo sentido. En resumen ha sido una mala tarde para Luis David, que después de Madrid y salvo algunas tardes en Francia, no consigue levantar el vuelo en España.

Una cosa si nos queda clara, los hermanos Adame por lo visto este año han decidió dividirse la rebanada del pastel, ya que ahora Adame II aparece en las ferias y carteles que antes eran de Adame I y así de esta manera están pudiendo torear un poco más, pero lamentablemente lo están haciendo sin mucho éxito y sin dejar la huella esperada. No cabe duda que el deseo y el oficio no siempre van de la mano.

También alterno Juan del Álamo quien si aprovecho las bondades del primero de su lote y le cortó una oreja de peso. En su segundo la suerte no le favoreció y simplemente cumplió.

FICHA DEL FESTEJO

Azpeitia (Guizpúcoa), domingo 29 de julio de 2018. 1ª de Feria. Tres cuartos de plaza.

Toros de Ana Romero, el cuarto como sobrero. Bien presentados, aunque de desiguales hechuras. De juego interesante por su casta. Destacaron el manejable segundo y el encastado y noble cuarto, ovacionado en el arrastre.

Emilio de Justo, palmas y dos orejas.

Juan del Alamo, oreja y saludos.

Luis David Adame, división tras aviso y leve división.

Twitter @Twittaurino

Arturo Gilio sigue sumando buenas actuaciones en España

De SOL y SOMBRA.

Provincia de Navarra, España.- Arturo Gilio sumando buenas actuaciones en su campaña española, esta vez fue en la Feria y Fiestas de San Adrián, en la edición XXVII de novilladas sin picadores, donde se disputa el Trofeo “Espárrago de Oro”, otorgado a quien tenga la mejor actuación.

El mexicano cortó una oreja ante una novillada bien presentada, de hermanas Azcona, pero desafortunadamente no se pudo hacer del trofeo en disputa que finalmente fue para el novillero Collado.

Gilio protagonizo dos buenas faenas, una que le permitió cortar un apéndice y la otra llevarse dar una vuelta al ruedo.

Ficha del Festejo

Ante tres cuartos de entrada se dio la novillada en la que se lidiaron novillos de Hermanas Azcona, bien presentados que dieron juego desigual.

Juan Collado: ovación y Dos orejas.

Arturo Gilio: una oreja y vuelta con petición.

Twitter @Twittaurino

José Tomás: la penúltima reaparición

José Tomás tentando a una vaca de 'Los Rodeos' en la plaza de la finca. / LUICHE CALZADO
José Tomás tentando a una vaca de ‘Los Rodeos’ en la plaza de la finca. / LUICHE CALZADO.

Por Álvaro Rodríguez del Moral.

Sevilla, 27 jun (EFE).- El diestro madrileño José Tomás protagoniza este viernes en el coso de Las Palomas, de Algeciras (Cádiz), el último capítulo, por ahora, de su intermitente historia taurina.

El torero de Galapagar actuará mano a mano con el matador extremeño Miguel Ángel Perera en una corrida que se ha convertido en el eje indiscutible de la Feria Real de la localidad gaditana, que se inicia este miércoles.

Es la única fecha que figura hasta este momento en la agenda del matador, que aún no ha fijado ni día ni plaza para volver a enfundarse el vestido de torear en 2018. La de Algeciras será, además, su primera actuación en público después de actuar en la corrida coral organizada en la Monumental de México el 12 de diciembre de 2017 a beneficio de las víctimas de los terremotos que asolaron el país azteca.

El año anterior, la temporada 2016, sólo había actuado en siete funciones después de dejar 2015 prácticamente en blanco con una única comparecencia en el coso mexicano de Aguascalientes, el mismo ruedo en el que estuvo a punto de perder la vida en abril de 2010, abriendo de paso la penúltima etapa vital y taurina en su intransferible carrera.

Antes de la brutal cornada del toro Navegante, que pudo ser su verdugo, José Tomás ya era un torero de culto que había manejado como nadie los tiempos y hasta una extraña -y efectiva- política de comunicación basada en no decir nada. Desde entonces es una leyenda viva que ha espaciado al límite sus comparecencias públicas para seguir convirtiendo cada una de sus salidas a la palestra en una ocasión única.

José Tomás reapareció en la Feria de Julio de Valencia de 2011, un año después de aquel gravísimo percance. Lo hizo en medio de un clima de impresionante expectación. Aquella temporada se redujo a nueve funciones y tampoco fue demasiado pródiga en triunfos. Hay que anotar que la cerró en la clausura de la plaza Monumental de Barcelona, que permanece cerrada a pesar del recurso ganado en el Constitucional.

El diestro madrileño toreó mucho menos en 2012, tan sólo tres corridas de toros en las que incluyó la ya mítica encerrona nimeña que marcaría la cumbre de este tramo de su vida torera. 2013 quedó en barbecho y cuatro fueron las corridas apuntadas en 2014, que se redujeron a una sola en 2015: la nombrada reaparición en Aguascalientes.

Tomás ya ha rebasado de largo las dos décadas de una alternativa que tomó, precisamente, el 10 de diciembre de 1995 en México. A partir de ahí es obligado recordar otro trágico hito que, de alguna manera, ha marcado la trayectoria del torero. Se trata de la gravísima cornada sufrida en Autlán de la Grana, en el estado mexicano de Jalisco, el 16 de enero de 1996.

Aquel tremendo percance, como en Aguascalientes, obligó a hacerle varias transfusiones de sangre para salvar su vida. Aún no se había convertido en la leyenda que hoy es, y la sangre derramada no se rodeó del despliegue periodístico que siguió a la cornada de Aguascalientes. Su totemización llegaría después del largo paréntesis que siguió a su marcha en 2002.

Desde aquel año, la hipotética reaparición de José Tomás se había convertido en la comidilla de los inviernos hasta que, sorprendiendo a todos, decidió volver a vestirse de luces un lustro después de desaparecer de la escena pública.

Lo hizo llenando hasta los topes la Monumental de Barcelona el 17 de junio de 2007 iniciando otra etapa de su trayectoria marcada por la elección cuidada de los escenarios, el ganado y los compañeros y el escaso número de paseíllos cumplidos desde entonces, casi siempre fuera de las plazas de mayor trascendencia y, siempre, lejos del coso de la Real Maestranza de Sevilla.

Ha pasado el tiempo y cada una de sus actuaciones es también una menos para el eclipse definitivo que se producirá cualquier día, en cualquier plaza y sin anuncio previo. El diestro de Galapagar volverá a enfundarse el vestido de torear este viernes. Ha llenado la plaza y toda la feria; los hoteles y hasta las mesas de los restaurantes pero tampoco han faltado críticas a las estrategias taurinas de esta vuelta.

Tomás comparecerá en el coso de Las Palomas con tres toros de Núñez del Cuvillo especialmente escogidos para la ocasión. No habrá opción a sorteo con Miguel Ángel Perera, que ha reseñado tres reses de Jandilla. La tensión previa del encuentro queda así rebajada a pesar de la enorme expectación despertada.

Mientras tanto, se sigue especulando con la próxima plaza que podría pisar el diestro de Galapagar. En realidad ni siquiera se sabe con certeza si habrá otra más. Una cosa es segura: Tomás no volverá a hacer una temporada al uso; tampoco puede ser ya el paladín que defienda en el ruedo los ataques que sufre la fiesta. Un día, sin saberlo, será la última.

Publicado en La Vanguardia