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El Madrid televisado no dejó dudas Por Bardo de la Taurina


La televisión en este país siempre ha estado extranjerizada mencionar a los españoles que han transitado por sus venas sería interminable, mas citemos al insustituible madrileño que llego como Carlos Fernández Valdemoro y terminó aquí como ‘Pepe Alameda’ (en recuerdo a la Alameda de Hércules, en Sevilla y a José Gómez ‘Gallito’ – 1941) quien no necesita panegíricos y sobraría con decir que en lo taurino ha sido el más grande y quien aquí acuño el aforismo ‘El toreo no es burla, sino pasión; entrega total y no graciosa huida’ (1944)

La televisión como ha trasgredido todo, ya no se sabe en donde comienza la parte buena y en donde se convierte en espejo de lo reprobable, así que tiremos al inodoro la imagen de la semana en la que aparece un tipo a quien llaman ‘El mesías tropical’ que protagonizó otro capítulo de este culebrón en el que la política se regodea en su propio lodazal, y en donde exhibe sus bajezas y pone en tela de duda hasta los efectos especiales cuando estos son burdos y la escena misma lo es como esa en donde el señor peje lagarto -dicen con fines propagandísticos- se ‘auto agredió’ con un huevito que podría haber sido preparado pa’ que se posara en la maceta de quien quiere ser el actor eterno de las noticias.

Hablando de huevos ¿sabe usted como se preparan los de utilería? que en esencia es el mismo sistema que usan las brujas y los charlatanes pa’ impresionar a los incautos con esos huevos previamente inyectados con tinta china -referente al que le ‘estrellaron’ al político- la preparación se realiza pasando por agua el huevo y cuando se empieza a agrietar con una coladera se saca del líquido y se coloca en un trapo húmedo con el que se forma una especie de nido para que el artesano con una jeringa introduzca por una de las grietas que se le han formado al cascaron un aguja fina y vaya extrayendo la clara y la yema aun blandengues hasta hacerlo inofensivo.

Y siguiendo con los huevos y la televisión, lo que si fue una realidad es lo que la televisión española nos mandó desde Madrid, lo que ocurrió el sábado 27 durante la corrida de la feria de San Isidro, en donde participó un torero mexicano, llamado José Adame quien partió plaza junto con Ginés Marín y Francisco José Espada, confirmante de borla quienes despacharon un encierro del hierro de ‘El Torero’, desde luego la entrada se fortaleció con la reciente Puerta Grande de Marín torero de Jerez de la Frontera, el torero de Aguascalientes, del que las lenguas de doble filo dicen que ‘Joselito’ más bien saca a la gente de los tendidos, cabe decir que pa’ esa tarde era muy importante de cara a las contrataciones que la televisión nos informa se están iniciando con vistas a la temporada de la Plaza México, donde José Adame el invierno pasado, no terminó de convencer al grueso de la no muy gruesa concurrencia.

José Adame mató a tres reses, por lo que la tertulia taurina, televisiva y etílica prometía largueza e intensidad en ‘La Aceituna’ y ¿qué fue lo que paso?

Que en dos y medio toros, no pasó nada, cuando ya había de haber pasado algo desde endenantes, Adame a quien en la televisión dijeron que en México se le considera figura, sabía que del toro anterior debía naturales, los pago, luego se aventó un desplante fuera de cacho, se pasó al toro por la espalda con espectacularidad temeraria, en una modalidad que ya traía preparada dejo incólume la grana muleteril en la arena y con solo la espada se tiró a vencer los dos puñales de ‘Omani’ al que partió por la mitad dejándole solo fuerzas para arrollar a su matador y desplomarse arriba de él de donde a jalones lo sacaron pa’ darle una oreja que arrancó a mordidas y rematar diciendo ante los micrófonos de la televisión que quiere ser figura en España, donde a decir verdad, le falta un tramo tan largo como el que ha recorrido, entre cuyos laberintos está el sello ese que define el estilo de un torero ¿hasta cuándo?, si ya tiene más de veinte años en este asunto y sigue siendo ‘Joselito’.

Y es que una cosa es sacar el ‘guardadito’ y una muy diferente es el convencimiento y en Madrid quedo visto que con las telas no convenció al grado que antes del acto mortuorio ya había gente tomando el olivo.  

¡Las cosas como son!

 

 

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FERIA 2017 / TOROS: A pasármelo bien


Por Ignacio Luque.

Volvió a ocurrir, allá por el tercer (¿o era el cuarto?) toro de la tarde: «Maestro, ¡música!», pedía uno desde el seis, a lo que otro, justo delante de nosotros, respondió: «¡Vete a la Feria!», con las consabidas risotadas.
Una vez que la afición en sí ha quedado reducida de manera notable, la Fiesta queda progresivamente enclaustrada en el simple espectáculo. Y si este no se ofrece desde abajo, se busca en cualquier cosa desde arriba. ¿Que se arranca con un pasodoble la banda de música? Pues se la acompaña dando palmas como si fuera Paquito El Chocolatero. ¿Que hay un animal inabordable? Pues la consiguiente bronca para el matador. 

«¡Becerrista!», le llegaron a gritar al de La Puebla del Río, entre otras lindezas. Total, si el mejor de los tres, el peruano Roca Rey, tuvo que aguantar que le llamaran «pegapases», imagínense qué no le dijeron a Morante. «¿Qué pasa? Estamos en un país libre y yo digo que es un pegapases». Ay, libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre, que decía la revolucionaria.

Y como se sigue abriendo el concepto de libertad como si de un trastero se tratase, continuaron con Morante, que le enseñó el trapo de lejísimos a la alimaña que le había tocado hasta provocar el cachondeo: «A ver si te va a pillar». Y los tendidos continuaban calentándose: «Vamos, que no está ese toro para torearlo», decía uno. «Pero se lo lleva calentito», le respondía otro. 

Manzanares intentó reconducirlo a pesar de que tampoco tenía ganado. Pero el alicantino, al menos, se llevó el reconocimiento de la gente que, en cualquier caso, ya se había fijado en Roca Rey, el «pegapases», según el en–tendido.

Se llevó una oreja el peruano y al retirarse lo hizo acompañado de varios alumnos de la escuela taurina. Alguno de los chavales, incluso, quiso echárselo a hombros, ante la insistente negativa del matador y la reprobación de los tendidos.

Pero una de las dos grandes ovaciones de la fiesta (que no Fiesta), se la llevó uno de los aspirantes a torero, todos vestidos con chaqueta. Con el pie escayolado, se recorrió el anillo a la pata coja siguiendo al matador, lo que provocó el reconocimiento de los que aún quedaban en la plaza.

Aún iba a haber un plus. Con la puerta de cuadrillas ya cerrada salió apenas un metro de humanidad, no más de cinco años. Pantalón corto verde, camiseta blanca y un capotillo no más grande que el mantel de una mesa camilla. Se puso a torear de salón y, de manera insospechada, provocó los olés de los miles que aún estaban en el recinto.

El himno de ayer era el «voy a pasármelo bien». Ocurra lo que ocurra. Tanto, que cuando le dijeron a un torero «vete a la playa», reconozco que pensé: «Pero llévame a mí contigo».

Publicado en El Diario de Córdoba 

Córdoba, viernes 26 de mayo de 2017. 1ª de Feria. Tres cuartos de plaza.

Toros de Zalduendo, aceptables de presencia, sosos, justos de fuerza y deslucidos, en general.

Morante de la Puebla, ovación y pitos.

José María Manzanares, ovación y silencio.

Andrés Roca Rey, ovación y oreja tras aviso.

Antonio Banderas, Sergio Ramos y Antonio Ferrera

Por Fernando Bermejo.

El artículo iba también de un trío, parecido pero diferente: de fútbol, toros y política. A menudo me pasa en mayo, el mes más ocupado del año de largo. Los que vivan en Madrid, les interese el fútbol, se asomen algo a los toros (o a los bares cercanos) y ejerzan como ciudadanos sabrán de lo que les hablo, esas superposiciones del Real Madrid en ebullición y a punto de rematar coincidente con un cartel de San Isidro casi nunca rematado pero siempre con algo para ver y, de postre, unas generales, autonómicas, municipales o estas últimas primarias del terremoto.

Era un gran artículo. Cuando el Madrid se juega la Liga o la Champions, sabemos que hay noches de mayo señaladas, o tardes de domingo luminosas, con el retrovisor en Santa Cruz, como tanto se han esforzado en rememorar entre Vigo y Málaga, las dos últimas estaciones de una Liga inolvidable con el mejor juego visto en años, de éste y del resto de equipos.

A las 7 empiezan los toros en Las Ventas, con lo que es muy probable que corridas de toros y partidos cruciales se entremezclen, y uno ya no sabe dónde mirar. La política y sus elecciones quedan destinadas a esos domingos inolvidables, como aquél en que Finito de Córdoba se destapó en Madrid y mi amigo Julián Campo, procedente de Burgos, intentó votar en vano en mi colegio electoral de Conde de Peñalver tras pasar por la barra de La Cruz Blanca. De aquello no queda ni Julián, ni la cervecería. Finito resiste, pero casi nadie se acuerda de él.

Vivir en Madrid, ser del Real Madrid, que te gusten los toros, que seas abonado de ese club, de esa plaza, y que no seas abstencionista depara casi siempre un mayo de esplendor, gane Pedro, pierda Susana -jamás el periodismo se ha referido con tamaña familiaridad a los políticos-, gane Cristiano, galope desde atrás el tapado Mateo, triunfe Talavante o no toree Morante hasta casi en verano, qué lejos queda. Se entrecruzan los nombres, las citas, las entradas, los abonos, las urnas, las reservas, aunque casi siempre acabemos en Costa Leandro en cursiva (calle Londres) o en la humeante de habano terraza de Richelieu (paseo de Eduardo Dato).

Pero la viralidad ha azotado la idea primigenia y la terna es otra: Banderas, Ramos y Ferrera. El actor aprovecha un desfile benéfico de Naomi Campbell en Cannes para, con las yemitas de los dedos, desplegar la verónica con la chaqueta. Mucho arte, sin ser tópico. Y sale de la suerte rimbombante, ahí queda eso.

La verónica de Ramos es más esperada, por habitual, por que el Madrid suele ganar mucho en mayo. Lo hace con la bandera, en la que los colores de España se comen al escudo blanco, para azuzar más a los críticos. Saca Sergio poco los brazos, por lo que el presunto toro se le echaría encima. Y el remate se lo tiene más que currado: una revolera efectista antes de saludar a las cámaras acabado el repertorio. Toreo de llegar al tendido y cortar las orejas. Fijo.

Ramos, entre Vigo y Málaga, se pasó por el callejón de Las Ventas para deleitarse, justo enfrente de donde estaba, con su amigo Talavante. Suele hacerlo siempre que el estresante, como habrán comprobado, mayo se lo permite.

Estos lances de Banderas y Ramos los habrán podido ver en telediarios, espacios de antes y de después de comer, en la media tarde o antes de cenar. Multiplicados en las redes y en whatsapps. Verónicas en Cannes y en La Rosaleda.

En el limbo mediático, este domingo, mientras Keylor hacía la cuarta de sus paradas trascendentales de los últimos partidos y los recuentos de Cangas de Onís, Benavente y Pozuelo empezaban a dibujar el rostro de ganador puño en alto y sin cazadora de Pedro Sánchez, el triunfador de la Feria de Sevilla, que se llama Antonio Ferrera, que cumple este año como matador 20 de sus casi 40 años de edad, que está maravillando con el mejor toreo de la temporada, cuajó una elegantísima faena a media altura, pletórica, a un toro de Las Ramblas dulce pero sin humillar.

Tendrán, eso sí, que buscar para verla. Merece la pena.

Ah, y el próximo 9 de junio -al menos- repite en Las Ventas. En sazón, como el central y el actor.

Publicado en El Independiente

Las manías y exigencia de la afición madrileña 


Segunda semana de feria ● Hubo faenas notables, pero muchas se malograron con la espada ● El miércoles torea allí Roca Rey.

Por PABLO J. GÓMEZ DEBARBIERI.

La afición de Madrid siempre ha sido difícil e intransigente. Guerrita, la gran figura de fines del XIX, dijo “En Madrid que toree San Isidro”; que el santo patrón de la capital se enfrentase con ese público veleidoso. José Gómez ‘Joselito’ –rey de los toreros− y Juan Belmonte protagonizaron la llamada Edad de Oro del toreo, que hoy los madrileños añoran. Sin embargo, el 15 de mayo de 1920, día de San Isidro, víspera de la muerte de Joselito en Talavera (cogido por un toro), abroncaron a Belmonte y a él, llamándolos sinvergüenzas. José le dijo a Juan “Dejemos de torear un tiempo en Madrid; es inaguantable”. 

A los dos días, los mismos que le gritaron “estafador” a Joselito, lloraban tras el cortejo que llegó a la capital desde Talavera, antes de embarcar su féretro rumbo a Sevilla.

Por eso, no extraña que Madrid, hoy, siga castigando a las figuras que ella misma ha encumbrado, reacia a aplaudir a los que triunfan en otras plazas.

LA EXIGENCIA

Una de las manías recurrentes de un sector de Las Ventas, aquel que impone sus conceptos al resto, dictatorialmente, desde el tendido 7 −vociferando e increpando−, es la de exigir que el torero esté siempre cruzado hacia el pitón contrario; sea oportuno o no. El que no lo hace, si ellos lo juzgan indispensable, es pitado y censurado.

Exigen toros con trapío, pujanza y raza; correcto. Pero en eso también se equivocan a veces, confundiendo peso con trapío. El primero de Parladé, para David Mora, el jueves 18, los dejó en evidencia; pesaba 487 Kg pero su seriedad y pitones –siendo bajo y corto de cuerpo− era innegable. Lo protestaron de salida, influenciados por el peso; resultó bravo y satisfizo a todos, ellos incluidos.

Aciertan exigiendo que en Madrid no se regalen orejas por faenas sin rotundidad.

CRUZARSE AL PITÓN CONTRARIO

Pero en lo de cruzarse al pitón contrario yerran de medio a medio; quizá por ser entendidísimos aficionados de tendido y de valientes tertulias de bar, pero que jamás han intentado –no digamos ponerse delante de una becerra− ni siquiera tratar torear de salón, con una toalla, a una silla.

Si lo hicieran, comprobarían que el torero, ubicado en la prolongación de la línea que nace de la testuz del toro (al centro, entre los pitones), al ofrecerle la muleta al toro, lo hace por el ojo más alejado del diestro, el ojo externo. Estando cruzado, con −por ejemplo− la muleta en la mano derecha, le muestra la franela al astado por el ojo izquierdo del animal. Al citarlo, lo obliga a realizar un arco alrededor del cuerpo del torero, alejándolo y aliviando al hombre, que desplaza a la bestia hacia afuera y hacia adelante. Así, puede rotar y volver a citar al toro.

Pero al girar el astado, ya no se está cruzado, sino más bien alineado con el pitón más cercano y debe dejársele la muleta en la cara, para ligar el siguiente pase. En ese momento, el ojo que ve la muleta (y quizá al torero) es el más cercano. El siguiente pase debe ser muy templado –llevando la muleta a pocos centímetros de la cara del toro− para que el ojo cercano al diestro no vea al hombre detrás de la franela.

Manzanares, en un derechazo a un toro de Hermanos García Jiménez al que citó estando cruzado; nótese que el ojo de afuera del toro, el izquierdo, es el que está fijo en la muleta.

EL NO PODER LIGAR

Si el toro no repite, el torero queda al hilo del pitón más cercano; si permanece allí y porfía en el cite, ese sector de Las Ventas piensa que se está aliviando −siendo todo lo contrario, al poder ser visto por el ojo más cercano, el de dentro− y le exige que se recoloque, se vuelva a cruzar e inicie desde cero una nueva serie, impidiendo así la posibilidad de ligar los muletazos, forzando a dar los pases de uno en uno. Con ello, la faena pierde el gran atractivo de la ligazón.

Estando cruzado, hay menor probabilidad de que el toro coja al espada; lo contrario de lo que piensa la “cátedra” madrileña y al no poder ligarse los pases, las faenas pierden brillo. A ver quién se los explica.

Publicado en El Comercio

Los monosabios serán recuerdo y un recuerdo de Jorge Cuesta Por Bardo de la Taurina


Jorge Cuesta y su inseparable Guadalupe.

En el México taurino se está desbordando una corriente tendiente a que el público se trague una fiesta artificial en donde nunca más una corrida de toros se suspenderá porque el ruedo se halle en malas condiciones, hecho un lodazal o incluso disparejo, por los hoyos mal atendidos, eso ya será cosa del pasado cuando queden instaladas las nueva carpeta sintética de tartán con sus rayas circunvecinas que no requerirán de estar siendo pintadas, así que adiós pinta rayas, y circundando la boca del riego un anuncio de condones ‘Trojan’ pa’ que no desentone con las cogidas… que en los medios se dan con frecuencia.

Con estas implementaciones tendientes a modernizar la fiesta, algunos elementos desaparecerán y otros se adecuaran, como por ejemplo los monosabios cambiaran sus zapatillas por los Nike antiderrapantes que son los más adecuados para usos en seco y agua, dado que la arena y los rastrillos areneros ya no se usaran pues después de la muerte de cada toro la majada de los animales equinos y vacunos así como la sangre serán eliminadas a través de aspiradoras Koblenz y las hidrolavadoras Karcher remataran la faena, quienes también pasaran a las filas de los desempleados serán las mulillas y los mulilleros pues cuando el toro ya esté muerto o noqueado por la pistola hidráulica, aparecerá un tractorcito Tesla de esos que no necesitan piloto, que ira solito hacia el toro al que se le colocara pa’ evitar mal trato un chaleco fosforescente que se enganchara con un arnés a la horquilla sujetadora del vehículo, otros de la cuadrilla de los monosabios que también chuparan ‘faros’ lo serán quienes cargan los letreros con las características de los bureles pues seguramente será ofertada a alguna marca comercial que llevara sus propias edecanes en función de anunciadoras.

Los taquilleros y las personas que recogen las entradas serán sustituidos por máquinas automáticas las cuales además cumplirán con otra función al momento de otorgar la tan discutida primera oreja, toda vez que cuando el cartoncillo o brazalete se pase por el lector en automático quedara registrado el número de asistentes en la pizarra electrónica que sustituirá a los clásicos relojes y cuando doble cada toro el público levantara el cartoncillo o la pulsera de plástico y un lector contador indicara con un GO si la manifestación de aprobación rebasa digamos el 80%, la banda de música desde luego será pasado, aunque se seguirá escuchando ‘El Cielo Andaluz’ y ‘La Macarenita’ nada más que electrónicamente, todo esto podría parecer una parodia, pero volteemos a otras disciplinas donde las superficies se han transformado por citar en el futbol, el tenis e incluso pistas de nieve hoy sintéticas, las anunciadoras cachondas forman parte de las funciones de box, las máquinas expendedoras de entradas y de acceso ya se usan en el Metro y el sistema de votaciones esta en uso en recintos tan serios ¿o risorios? como las cámaras de Diputados y Senadores.

No pido perdón por expresar estas ideas, pido conciencia para quienes no se han dado cuenta que destaparon la caja de Pandora habiendo permitido por años una fiesta que dejó de ser brava pa’ ser blandengue y ahora quienes la degradaron, la solaparon y la encubrieron, la quieren resucitar con manitas de gato cuando lo que se necesita es solo un toro y un torero, un empresario y un apoderado, un reglamento inviolable y un juez que lo aplique, una pluma y un micrófono que denuncien, todos con un solo común denominador que sean ¡Verdaderos!, ¡No a la party!, ¡Sí a la Fiesta!

Son tiempos nuevos donde pa’ no ir muy atrás me viene el recuerdo de ese apoderado con percha, con tipo, con clase, con figura de nardo perfumado, ágil como el trigo que torea al viento y no se quiebra, brillante como la corona del girasol, fuerte en sus raíces cual arbusto de buena sepa, que además tal vez caso único se especializó en apoderar toreros con el aroma del arte, la clase y el sello de la fina escuela, naturalmente que me estoy refiriendo al apoderado de las figuras Don Jorge Cuesta, quien bebió de la cultura que le trasmitió su amigo y guía Don ‘Pepe Alameda’, en poderes de contrataciones y administración llevo en una época al ‘Numero 1’ sí, a Manolo Martínez, a quien sumo a matadores de élite, como lo fueron Alfredo Leal, Humberto Moro, ‘Curro’ Leal, José Antonio Gaona, José Antonio Ramírez ‘El Capitán’, Javier Bernaldo, Miguel Munguía ‘El Inspirado’, Pepe Luis Vázquez (hijo) en México y por supuesto no podía faltar esa gema que lo es Guillermo Capetillo.  

En lo cinematográfico fue eslabón de enlace pa’ la realización de esa obra titulada ´Los caprichos de la agonía’ del inmenso Juan Ibáñez, que verso en parte de la vida tormentosa del ‘Mandón’, Don Jorge se destacó además como empresario, no nada más taurino sino de la versatilidad con su famoso y legendario ‘Ring’ en San Miguel Allende sede del Jet – Set, como funcionario público llevo al estado de Guerrero turísticamente a la cumbre y por eso hoy desde su Acapulco, donde las olas se siguen columpiando, contempla los atardeceres que aún son bellos pero intranquilos, donde la brisa sangra y la muerte se da hasta los gavilanes, en fin estamos en una época en que recordar a los grandes es más sano que el presente de la transición.

Hay que volver a la semilla Por Bardo de la Taurina


Guillermo Capetillo en la foto.

Platicaba con un personaje de la Fiesta Brava Don Héctor Castillo Abreu hombre que vistió de luces en la plaza Carmelo Pérez del legendario Texcoco y salió el tema de la reciente feria de aquella entidad, el caballero con cuando menos setenta años en el toro me decía los empresarios son muy buenas personas e hicieron su mejor esfuerzos, le conteste que con esos palmares lo que habría que hacer es meterlos a un convento donde se supone esta la gente buena, dado que en el toro lo que se necesita es gente especializada, calificada y sensible que pueda ver a través de los ojos de la sagacidad la que se necesita para saber con qué toreros armar los carteles, que toros llevar y como montar la publicidad, y bordando sobre eso se está insistiendo que la publicidad tiene que reinventarse modernizarse pa’ que a través de ella la fiesta la conozcan los ‘babys’, la gente joven y en general despertarle un atractivo a las personas que no son taurina (chango viejo no aprende maroma nueva) la pregunta es: 

¿Quien (es) van a dar ese paso intrépido en el que desplieguen anuncios que con su solo texto e imagen se conviertan en imán de taquillas y de tendidos?, mientras tanto estemos prevenidos pa’ cuando veamos aparecer en el Facebook con letras fosforescentes, ‘Encuentro de convivencia entre toros de la ganadería de Alpura y toreros emanados del Instituto de Interlomas, desde luego las imágenes alusivas ya se las imagina usted ni pensar siquiera en una de esas pinturas vanguardistas de Picasso quo obviamente para la causa apestan a naftalina, los brazaletes de admisión o cover podrán adquirirse en la venta nocturna de los autoservicios de UXXU, los nombre de los espadas se conocerán al momento que arranque la corrida’, además de que da lo mismo quien toree toda pues la baraja taurolina que pertenece a este monopolio se expresa igual como piezas salidas de troquel chino, cabe señalar que de acuerdo a los puntos que la pizarra electrónica le otorgue a los actuantes quienes más acumulen tal vez vayan a un festejo de fin de feria, ¿o será de kermes?

 

En la plaza de enfrente en un hermosísimo cartel pintado por el maestro Ramón Reveles para la ocasión se lee 6 arrogantes toros 6 cinqueños de la ganadería de Coaxamalucan para ser lidiados por los matadores Guillermo Capetillo, Jerónimo y Mauricio Morett, así de sencillo, para cerrar las festividades de la feria están programados toros de Atenco que serán lidiados por los matadores ‘El Glison’ – Humberto Flores – Luis Conrado -, ¿usted escoja a que plaza asistirá?  

 
La pregunta ¿será mucho más la gente nueva que acuda a la plaza, que la taurina que deje de asistir? 
Por ya no soportar las bofetadas a las tradiciones y los ganchos al hígado que le han venido recetando con la degradación del toro bravo en esencia, edad, trapío y con la falta de entrega y enjundia de gran parte de toreros que los consorcios y/o monopolios, tienen apergolladados pero a cambio de ello ‘torean’ sin torear.
 

La lectura es clara lo que se necesita es devolverle a lo tradicional su fortaleza, con un par de elementos insustituibles que lo son el toro de respeto y los toreros que interesan, porque además son ellos bureles y toreadores son los que con su anorexia física y del alma han sacado a los aficionados de las plazas y ellos tienen la obligación de regresarla, además de que son los únicos que pueden remediar el mal, así que empresarios olvídense de la fiesta de similares regresen a la semilla, donde está el arte y el drama, la pasión y la polémica y eviten más tropezones innecesarios que en conjunto están siendo devastadores, la fiesta es grandeza y con pequeñeces solo la van a seguir desinflando, ¡Mejor ya no soplen!

Feria de San Isidro: Garrido, un torero contundente


Por Antonio Lorca 

Foto Bernardo Perez (El País)

El Fandi solo pudo escuchar una ovación con el mejor toro de una decepcionante corrida de Fuente Ymbro.

Ciertamente, lo estropeó al final con dos feos pinchazos al sexto, pero José Garrido se había mostrado toda la tarde como un torero de una pieza, hecho y derecho, valeroso y artista, muy serio y contundente.

Lo demostró sobradamente ante el tercero. Brindó a Don Juan Carlos, se marchó hasta la boca de riego y allí recibió al toro con dos ceñidos estatuarios y dos ayudados, tres naturales y el obligado de pecho que supieron a gloria. Continuó con la mano derecha y las dos tandas siguientes resultaron premiosas por la escasa fortaleza del animal, pero se notaba que allí estaba pasando algo importante. Tomó la muleta con la zurda, obligó a embestir de verdad a su oponente y surgieron notables naturales, y uno ellos monumental. Ante la tenue luz de la casta del toro, se cruzó y volvió a lucirse antes de ejecutar unas ajustadas bernardinas que acabaron por convencer al respetable. Mató mal, y la oreja que tenía ganada a ley se esfumó justamente.

Volvió a intentarlo con el sexto, con menos brío que el tercero, comprometido y responsable, y a fe que se mostró como un torero a tener muy en cuenta. Exprimió la muy escasa clase del toro, y todo lo emborronó con la espada. Pero está empezando, como quien dice, y merece todo el crédito. Ahí hay figura.

Él fue el mejor torero de la tarde, y el mejor toro fue el cuarto. No coincidieron, lo que suele suceder para decepción nuestra. El buen toro, que hizo una pelea desigual en varas, galopó en banderillas y derrochó encastada nobleza en la muleta le tocó a El Fandi, quien ofreció la mejor versión de sí mismo, lo que no fue suficiente para emocionar a la parroquia. Se esmeró con cuatro pares de banderillas -en el primer toro falló en uno de ellos y el presidente no le permitió continuar con los garapullos-; inició la faena de muleta de rodillas y se lució de verdad con dos redondos, un circular completo y muy templado y, ya de pie, cerró con un meritorio pase de pecho.

A estas alturas, el toro había enseñado el carné: clase, prontitud, fijeza y transmisión. Hasta siete tandas dio El Fandi, dos de ellas con la izquierda, pero no consiguió emocionar como el toro merecía. Acabó con manoletinas de rodillas en un ardid desesperado para animar los corazones, pero no. Una estocada baja acabó por deshacerlo todo.

Dibujó dos sentidas verónicas y una media en el recibo a su primero, al que banderilleó con prisas y escaso acierto; y la muleta no dijo nada. Tampoco el toro era de muchas palabras.

Y Perera pasó desapercibido. Tuvo el peor lote, es verdad, pero no fue el torero poderoso de otro tiempo. Bien de verdad su subalterno Curro Javier, torerísimo con el capote.

¿Y la corrida? A excepción del cuarto, otra birria.

Fuente Ymbro/El Fandi, Perera, Garrido

Toros de Fuente Ymbro, bien presentados, a excepción del quinto; mansos y descastados. Destacó el cuarto por su encastada nobleza en la muleta.

El Fandi: dos pinchazos y dos descabellos (silencio); estocada baja (ovación).

Miguel Ángel Perera: bajonazo descarado (silencio); estocada trasera (silencio).

José Garrido: _aviso_ media y dos descabellos (ovación); dos pinchazos _aviso_ y media estocada (silencio).

Plaza de Las Ventas. Séptima corrida de feria. 17 de mayo. Más de tres cuartos de entrada (19.928 espectadores).

Asistió el Rey Don Juan Carlos desde la meseta de toriles.

La corrida de hoy
Toros de Parladé, para Curro Díaz, Iván Fandiño y David Mora.

Publicado El País 

¿La Fiesta en Paz? Escaso pan y pobre circo es jugar con lumbre


La excepcional expresión torera de Pepe Murillo sólo es comparable con la absurda marginación de que ha sido objeto por parte de las empresas. Foto Archivo.

  • Escaso pan y pobre circo es jugar con lumbre
  • Pepe Murillo o el arte de la paciencia

Por Leonardo Páez.

Cuando hay talento político, el alimento no escasea y abunda el divertimento organizado, pero cuando se lleva décadas instalado en el amateurismo, en el aprendizaje a costa de la ciudadanía, en las complicidades abiertas o mal disimuladas, en la dependencia postrada y las corrupciones alegres, en la falta de correspondencia entre lo que se dice y lo que se logra, la olla amenaza con explotar ante la escasez de pan y reiterada mediocridad del circo.

Héctor Azar, inolvidable maestro de teatro y de vida y taurófilo pensante, afirmaba: Al público no hay que darle lo que pida, sino enseñarlo a pedir. Y sí, en la palabra enseñanza es donde los regímenes de débil democracia tuercen el rabo, pues lo último que les interesa es un pueblo instruido consciente de sus derechos y posibilidades de desarrollo. En las décadas pasadas esto se ha traducido en una paulatina degradación de la calidad de vida mexicana, incluida una mezquina oferta de espectáculos a cargo de instituciones, medios electrónicos y empresas.

El reciente bofetón a cargo de la televisión privada –sobre todo de imaginación y responsabilidad social– con motivo del publicitado combate entre un boxeador sobrevaluado y un púgil de dinastía, confirman que la corrupción permea la vida nacional y la autorregulación de los concesionarios, solapada por la autoridá, no contribuye a fortalecer espectáculos ni a atenuar el creciente descontento.

El tíololismo padecido durante 23 largos años por la anterior empresa de la plaza México y avalado por taurinos, autoridades, medios y afición, es un golpe del que la fiesta de toros en el país probablemente no se recupere. Sin embargo, la vocación taurina de México aún posee recursos humanos y animales para corregir rumbos y repuntar posicionamientos.

Los recientes seriales de Texcoco, Aguascalientes y Puebla, con carteles convencionales y ganado de escasa emoción, confirman una realidad: si no se pone el énfasis en ganado más bravo, no de falsa garantía –la tauromaquia es azar, no toreografía predecible–, que anime al público a ir a ver toros con emoción y toreros dispuestos y diferentes, entonces los escenarios se verán cada día más vacíos.

Tras sus sorprendentes actuaciones en la última etapa de la temporada 2016-2017 en la plaza México –ante reses exigentes, primero de Marco Garfias y luego de San Marcos–, el torero tapatío Pepe Murillo –30 años de edad y nueve de alternativa, que no confirmó antes por el capricho inepto de la empresa anterior– ve pasar el tiempo entrenando y practicando el arte de la paciencia o ciencia de tu paz, como dijo el gurú.

¿Por qué sorprendentes? Porque en sus dos comparecencias, Pepe Murillo, con una sola corrida el año anterior, supo decir más, bastante más, que la mayoría de los toreros que se presentaron a lo largo de la temporada. ¿Y qué es decir delante de los toros? Realizar las suertes con absoluta naturalidad y elocuente expresión, sin más propósito que sentir lo que se está haciendo y hacérselo sentir al público. Eso es privilegio de unos cuantos que suelen torear medio centenar de corridas al año. Si este Murillo, con una sola tarde en 2016, sorprendió por su quietud, juego de brazos y cadencia con capote y muleta, ¿qué no hará si torea con más frecuencia? 

Señores empresarios: en matadores como Pepe Murillo hay posibilidades reales de tauromaquia expresiva, de interés masivo y de rivalidad en serio. Sacúdanse la rutina en la conformación de sus carteles.