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Feria de Otoño: ‘Jurista’, un novillo de lujo que se fue con las orejas puestas

Por Carlos Ilián.

El sótano de los que perdieron el tren del toreo está lleno de quienes se encontraron en un momento con el novillo o el toro ideal y lo desperdiciaron. Ayer le ocurrió a Pablo Mora en el quinto, un ejem plar de Fuente Ymbro sensacional por su embestida templada, humillada y larga, además por ambos pitones. El novillo de llamaba Jurista y ha dictado sentencia, la que limita lasa auténticas posibilidades del chaval que se puso enfrente y que salvo en una tanda por redondos anduvo desperdigado, sin unidad en la faena y muy rácano en las tandas, cortas, nunca por encima de tres muletazos.

Y así, entre chispazos y lagunas se desperdició el gran novillo de Fuente Ymbro. El tercero no derrochó tanta clase pero sí que exigía que se le atacara por derecho y en esa labor Francisco de Manuel no se decidió, conformándose con una digna, lim pia y aseada faena por el pitón derecho. Aunque, hay que decirlo, hubo compostura y muy buen juego de muñeca en algunos momentos, lo suficiente para que después de un pinchazo y un estoconazo contrario se diera una vuelta al ruedo. El sexto un infecto sobrero de Hato Blanco se hartó de intentarlo ante la moruchez del novillo.

El portugués Juanito tiró líneas en el primer novillo, que también se dejó hacer el toreo, lo mismo que en el cuarto, no sobrado de casta, al que trasteó de forma rutinaria y perfilera.

Plaza de Madrid. Segunda corrida. Asistencia: 17.136 espectadores, tres cuartos de entrada. Novillos de Fuente Ymbro y un sobrero de Hato Blanco lidiado en 6º lugar (5), de gran juego el quinto, bajos de casta el resto aunque tuvieron movilidad. Juanito (4), de verde inglés y oro. Pinchazo y estocada trasera (saludos con protestas).Pinchazo y pinchazo hondo (silencio). Pablo Mora (5), de verde botella y oro. Media estocada caída (silencio). Estocada caída (silencio). Francisco de Manuel (5), de frambuesa y oro. Pinchazo y estocada contraria (vuelta). Pinchazo y estocada trasera (silencio) – MARCA

El mundo al revés Por Paco Mora:

Un viejo y popular dicho, muy utilizado entre los aficionados a la Fiesta de los Toros, afirma que “No hay quinto malo” y el ejemplar de Fuente Ymbro lidiado esta tarde en Las Ventas después del cuarto, ha sido extraordinario y naturalmente ha brillado con luz propia en una, en general, buena novillada. “Jurista” se llamaba y era un gran novillo; bravo, encastado, fuerte y repetidor, de esos que se comen la muleta por abajo. Un novillo-toro de triunfo, cuya cabeza merecía ser conservada como recuerdo de la consagración en Madrid del torero al que le toco en suerte. Pero ese gran toro le ha llegado demasiado pronto al joven novillero Pablo Mora, que apunta detalles de un buen torero en ciernes.

Era un toro al que había que darle sus, terrenos, sus distancias y su ritmo…Y eso no esta todavía al alcance de su matador. De lo que solo es culpable “el sistema”.

Cuando uno comenzó a ver toros, allá por los años cuarenta, los novilleros recorrían todas las plazas de los pueblos y ciudades donde se organizaban espectáculos llamados “menores”. En esos lugares se cocían los muchachos que intentaban la difícil y casi imposible aventura de ser toreros de postín. Unos llegaban –como siempre, muy pocos- y otros se quedaban en el camino, como siempre también. Pero en Madrid se anunciaban cuando ya estaban placeados y conocían el oficio, sino a la perfección por lo menos con la suficiencia para, si les salía un “Jurista”, situarse en el camino de la alternativa. Hoy se dan muy pocas novilladas y el proceso es a la inversa; los novilleros van a Madrid excesivamente bisoños a ver si hay suerte y pueden torear en las plazas de segunda y de tercera, y así ser torero es casi una misión imposible. Luego, repito, la culpa no es de ellos; es “del sistema”.

Si “Jurista” hubiera tenido delante al mismo Pablo Mora, con dos o tres años de lucha por pueblos, villas y villorrios, y alguna que otra feria de plaza de tercera y de segunda, el guapo novillo de Los Romerales habría sido arrastrado al desolladero sin los dos apéndices auriculares, los aficionados habríamos disfrutado como enanos de las hermosas embestidas de un toro bravo de verdad y a estas horas estaríamos hablando de un novillero que puede ser figura del toreo.

El portugués Juanito, “Juanitu” que dicen sus paisanos, ha dado la impresión de ser el más puesto, y que revela un estilo más definido de los tres actuantes.

Juan de Manuel, deja entrever condiciones muy positivas y el ánimo le secunda, pero repito que, cuando uno peinaba rizos y todavía no le había atacado la osteoporosis, la plaza de Las Ventas era la Universidad Central del toreo y allí iban los novilleros a pasar el Examen de Estado, que era el inevitable “nihil obstat” para comenzar la carrera en serio. ¡Qué tiempos! Porque, no nos equivoquemos, aquí no valen los másteres a los que tan aficionados son los políticos que padecemos. Aquí, el que sabe, sabe y el que no se queda de cuadra…

Publicado en Aplausos

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Feria de San Miguel: Novilleros y ‘gatitos’ blanditos

Solo Juanito dio una vuelta generosa ante chicos y muy nobles novillos de Talavante.

Por Antonio Lorca.

Novilleros y novillos blanditos. Los dos. Tristes, conformistas, afligidos, decepcionantes. Los humanos y los animales. Una tarde más para la preocupación y el más soberano aburrimiento.

Tres muchachos con condiciones sobre el papel, sin edad aún para la desilusión, con ganas, se supone, de comerse el mundo y los ves en la plaza y se te cae el alma a los pies: como tres señoritos, comodones, a verlas venir, sin ánimo para exponer ni un alamar, como si disfrutaran ya de cortijos y mercedes.

Tres toreros que no tienen empacho en anunciarse con seis ‘gatitos’ de Talavante, con caritas de becerritos, sin pitones, por supuesto, -mejor presentados se han visto en esta plaza en festejos sin caballos-, enfermos de tonta nobleza, sositos, también, pero dispuestos a colaborar al triunfo de los de luces, y ni por esas. Ahí estaban los tres novilleros sin deseo alguno de armar la marimorena, de subirse en los lomos de sus novillos, de jugarse la vida y calentar los calurosos tendidos de una tarde que, por su culpa, quedó para el olvido. ¡Qué calor, y qué aburrimiento más escandaloso!

Pero, ¿qué ‘quedrán’ estos muchachos para triunfar? ¿Será, acaso, que el problema es que no tienen ‘hambre’, sinónimo de necesidad? Algo será, porque los novillos de Talavante, nobles hasta la extenuación, merecieron que alguien con ardor torero se los merendara y les cortara las orejas. Y ni una, oigan, le pasearon; todo lo más, una vuelta al ruedo, y parece que fue más por cuenta de Juanito que por empuje del público.

Por cierto, hasta la salida del quinto novillo no había pasado nada. Juanito se arrodilló en la puerta de chiqueros y con una desordenada larga cambiada recibió a su segundo; después, tres verónicas y una media, apasionadas todas, pusieron el punto de emoción que había estado ausente toda la tarde. Se le vio entonado y comprometido con la muleta, y dibujó un par de tandas que supieron a mucho menos de lo esperado. Tras pinchar llegó la vuelta inesperada. Muy desdibujado se mostró ante su primero, un novillo acaramelado y sin emoción, al que toreó a media altura y con poco fundamento.

Naufragó Ángel Jiménez, que ofreció una mala imagen ante el primero de la tarde, el más codicioso del encierro. Lo recibió a ‘portagayola’ y muleteó muy despegado y precavido a un santurrón justo de fuerza y desbordante de buenas intenciones. Y no mejoró ante el cuarto a pesar de que sonara la música (se estrenó con la batuta una mujer, hija de director habitual) tras un elegante cambio de manos.

Y silenciada vio su labor Francisco de Manuel, desvaído, soso, con pocas ideas. Insulso ante su primero, y aburrido ante el sexto, el mejor presentado del encierro que demostró más genio que bravura.

Ya se dijo: blanditos novilleros y novillos. Los utreros de Talavante, impresentables para la Maestranza, empujaron desigualmente en varas, pecaron de falta de fuerzas y derrocharon nobleza; más que toros parecían borreguitos, sin posibilidad aparente para emocionar. Pero son los deseados por estos chavales que esperan llegar así a una meta que cada vez parece estar más lejos.

TALAVANTE/JIMÉNEZ, JUANITO, DE MANUEL

Novillos de Talavante, muy mal presentados, abecerrados todos menos el sexto, astifino y con mejores hechuras, que cumplieron en los caballos, blandos, sosos y muy nobles.

Ángel Jiménez: estocada (silencio); pinchazo hondo atravesado y un descabello (silencio).

Juan Silva Juanito: estocada (ovación); pinchazo y estocada (vuelta).

Francisco de Manuel: pinchazo y estocada (silencio); estocada (silencio).

Plaza de La Maestranza. 28 de septiembre. Primer festejo de la Feria de San Miguel. Algo menos de media entrada.

Publicado en El País

La Nostalgia Amarga Por Bardo de la Taurina


La Plaza México, apenas el domingo pasado, en que arrancó la conclusión de la espiral más campechana que se ha dado en materia novilleril, nos aventó por principio un animal al que le correspondía el honor de abrir pa’ cerrar a tambor batiente el serial, cuando el novillero Francisco Martínez tomo la muleta, se escuchó un -¡‘Suerte Becerrista!’-…, el quehacer del novillero desde luego no fue tomado en cuenta, lo que fue injusto pa’ él, pero comprensible, pues aquello era como ver torear de salón en los viveros, la falta fue imperdonable así que dividámosla cuando menos entre una quintilla de responsables, ¡que lamentable!

Luego en otro turno con las cuentas del rosario entre las manos, vimos a Roberto Román subirse al péndulo de la muerte, oscilando entre uno y otro pitón pa’ luego cual gambusino caer vencido en la arena vencida por el diluvio, bueno hasta ahí, digamos que todo iba normal, porque un chaval que está llevando el curso de la técnica en la nocturna a oscuras y por eso los animales lo traen en la mira.

Mas lo cierto es que el novillero sigue ahí parpadeando como un semáforo con la luz ámbar teniendo a todo mundo en ascuas, al son de ‘voy derecho y no me quito´.

Y otra preocupante, cuando en un chat de los dos que me hacen favor de tenerme incluido (como receptor, no como participante) a las 21.46 horas, leí; –Román (Roberto) está en observación médica, hasta donde yo sé las sábanas y las almohadas de un hotel no son observadoras de un madreado, que si no fue canalizado a un nosocomio, fue por una valoración oficial, ¿entonces de donde salió la otra versión infundada?, luego continua el chat diciendo -parece que por su bien, no lo van a dejar torear de nuevo-, ¿quién, los Derechos Humanos?, y ahondo, de ser cierto esto, que no lo es, se estaría atentando contra la libertad de ganarse los frijoles de un joven, lo cual hasta donde recuerdo nunca ha sucedido dentro de la fiesta de paga, ¡na´nay! solo se trató una vez más de usar las redes, no como una plataforma veras sino como un aparador de apantallamiento ‘informativo’, en lo que hoy llaman las ‘fake news’ o noticias falsas…

Pero el tiempo desenmascara; Roberto Román en medio de Francisco Martínez y José María Mendoza, viernes 28 de septiembre en San Miguel de Allende, 7 de octubre Plaza México, 12 de octubre Monterrey, 14 de octubre Guadalajara.

Esta columna fue bautizada tal cual a sugerencia del mandón de la sección taurina del ESTO, el colega Miguel Ángel García, quién sí que tiene razón el Bardo vive o más bien padece de ‘Nostalgia Amarga’, ¿usted no?

El Precipicio Novilleril – Reanudación Menor con Diluvio Mayor en La México

La actual Plaza México oficializa un nuevo calendario: acostumbrémonos. Las novilladas serán dadas así seguramente en un intento de inventar lo ya inventado o de alguna otra situación externa que ya habrá tiempo de explorar. Sea el clima, las circunstancias, la difícil situación taurina, la falta de interés… sabrá Dios que tantas más excusas habrá, lo cierto es que la mala suerte se atrae y ayer es la muestra. La lluvia inclemente ahoga toda posibilidad de emoción incluyendo la bravura de la novillada de Caparica y la seriedad en los actuantes que salvo Héctor Gutiérrez con las reservas del caso, deja cualquier opción de triunfo apagada.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Sospechamos que… el piso tendrá la culpa.

Nada salva al encierro. Más tomando en cuenta que la bravura lo ha de ser siempre y bajo cualquier circunstancia. Echemos mano del ayer. Para variar. Año 2009, Sergio Flores debuta inmejorablemente una tarde de sol con la novillada de Don José Garfias de los Santos a quien tanto se le extraña y por quien hoy hacemos votos para que su salud mejore. A los ocho días, dadas las dos orejas que corta, se le repite, claro está, fue con la de San Judas Tadeo y, en plena tarde lluviosa, triunfó.

La razón es la capacidad torera, llovía igualmente, las cuadrillas se rajaban y él, en el único lugar relativamente seco del ruedo, en los adentros a un costado del toro, se llevó a aquel castaño y, recuerdo bien, ligó los naturales, emocionó se arrimó a conciencia y triunfó.

Pese a todo y pese a todos.

Ha sido tal la circunstancia de esta novillada que a la salida del primero la concurrencia recibe un golpe de decepción, esos que quitan la afición y el gusto a cualquiera: la presencia de un abecerrado burel. Una vergüenza. Esta administración tan preocupada en lidiar durante estos dos primeros años de gestión novillos sin picadores, ayer se olvida que en dichos festejos ha echado lo serio pero hoy cuando las cosas tienen que elevarse a la altura de la coyuntura no lo hace.

Tan sólo el becerro es la respuesta. Y responde además porque la inocencia infantil del toretillo busca afanosamente el engaño, un bombón para devorarse entero si cae en buenas manos. Cae en las equivocadas del guanajuatense Francisco Martínez que triunfa en primavera pero que el otoño no le ve con avances. Muy preocupante es que la mitad de los lances que ha pegado de recibo han sido enganchados y aun así, serán las ganas de aplaudir, La México se da coba, corea y, tras el susto al piquero, en los quites la cosa se empieza a descomponer porque Martínez se deja comer el terreno, no se coloca y se encuentra en la tafallera comprometido al no alternar cada lance.

Y a partir del remate el pequeño pero encastado burel le empieza a formar la cuenta.

Para el segundo tercio, salvo un buen primer par, el resto son ideas sin conexión y que, aun así, el novillo llega con mucho que torear y yéndose largo a la tela. Martínez intenta doblarse pero sus muletazos en vez de ordenar, terminan haciendo que el novillo agarre aire y enganche el último tiempo del muletazo con un brazo que no acaba por mandar y que, aun con ciertos momentos de acople, cuando llega el momento de ligar por pitón izquierdo, el abecerrado burel puede más.

Martínez se pierde por completo. Le engancha, y no remata correctamente con un desorden final del primer turno que es el preludio de una tupida lluvia, cruel porque al sur muy cercano a la Plaza el cielo muestra un agujero de claridad siendo que todo lo demás está oscuro y lloviendo de tal modo que amenaza la continuación del festejo.

Entonces el triunfador hidrocálido Gutiérrez muestra su sitio, su solvencia y aun en pleno aguacero se nota sobrado ante un novillo al que pega un bonito remate a modo de tijerilla en el quite. Pero con tanto mantazo de las cuadrillas el novillo desarrolla hacia lo malo y la cabeza arriba desluce todo. Fuerte el aguacero, enlodándose el piso, la justificación habrá para que las cuadrillas se tapen en el burladero del agua. Sin mayor lucimiento Gutiérrez mata a como puede.

El muchacho Roberto Román, tan desordenado en sus lances, sale a quedarse quieto, lo logra al principio de un quite combinado por tafalleras pero que es desarmado, para variar, si contáramos cuantos quites ha intentado desde novillero sin caballos de un año para acá no encontraremos salvo dos, en que haya podido rematar por entero.

Román se queda quieto pero da la impresión de no saber para qué.

De ahí tanto arropón, enganchón y suplicio incluso para el espectador pues en un momento Román es empalado y al levantarle en vertical se teme lo peor.

Afortunadamente, aun todavía, a la novillería, “la Virgen te cuida”.

Entonces la Banda, luego de la muerte del tercero, mientras las cuadrillas tratan de “asesorar” a los espadas, se da a tocar “En Er Mundo”, “La Chiclanera” y “La Última Estocada” para aportar las cuotas más taurinas de la tarde. Menos mal. Porque Martínez regresaría a mostrarse impreciso, a merced del serio cuarto con el que equivoca el inicio por alto, le prende porque trae la cara alta y desarrolla sentido entre el piso, el tratamiento de las cuadrillas y el desarme que hace al novillo aprender arameo antiguo y al novillero no resolver la papeleta.

Peor con la muleta. Con ello su calvario apenas empezaba.

Porque Martínez habría de volver a aparecer cuando Román cae en el precipicio del sexto cuando la lluvia regresa y ante el serio cierraplaza se ve peor que nunca. Desastre en varas con tres puyazos a mansalva por parte de los de a caballo, peor con la incapacidad de los banderilleros ni sesgando ni al cuarteo ni a la media vuelta. De plano, ese hombre, Jesús Morales, disculpa el tercer par que antes había ordenado. Román advierte que tiene mucho peligro el toro. Y sabe de sus limitaciones pero no encuentra el modo de quitárselo de encima sin pasar por tantas volteretas una terrible de la que cae pésimamente y de la que ya no se repone.

Martínez al borde del tercer aviso, descabellando de lejos y haciéndose para atrás.

Ese tercer aviso no sonó porque Jesús Morales es capaz de todo.

Como regalar la oreja a Héctor Gutiérrez.

Y no porque el hidrocálido no luzca, al contrario. Es el único que hace valer la preparación, el sitio y el oficio que lo hace notar ante el paupérrimo de cabeza cárdeno quinto. Que inicia muy bien que protesta el mantazo que da Gutiérrez a pies juntos previo a corregir y lancear con prestancia y temple, ese mismo que demuestra en el toro anterior en una rebolera de lujo que da al novillo de Martínez. Replica esto en tres tandas, la segunda sensacional por el lado derecho.

Esa que derrumba la casta el novillo de Caparica.

De ahí que Gutiérrez pese a ser frenado por el novillo no ceja en el empeño, la embestida por el pitón izquierdo es casi nula y el hidrocálido se lo juega sin mayor resultado. Las manoletinas son peores.

Mata mal.

Y Morales se come el cuento del propio novillero que trata de alejarse de este precipicio llamado “Nacional de Novilladas” y hace como si hubiera matado por todo lo alto, cosa que no ha sido cierto. Como esto no se valora cuatro desorientados piden la oreja y el desorientado mayor, otrora buen banderillero afloja.

Así las cosas. Acabando la lidia del sexto el aguacero es inmisericorde.

Pero más cruel es el estrépito al que la administración somete a los novilleros, a la Afición y a la Fiesta. La de hoy es una novillada para levantar la ceja, para activar la alarma. Ojalá, con el otoño y sus primeros días, los festejos que restan, sean el necesario filtro, la necesaria regla que dicte de manera natural quien sigue y no.

Por supuesto, la lluvia, esperemos, no esté invitada.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2018. Domingo, Septiembre 23. Octavo festejo de Temporada Chica. Menos de un cuarto de Plaza en tarde de fuerte lluvia, constante desde el final de la lidia del primero, viento en ese turno y ruedo en condiciones muy complicadas increíblemente soportando la arena toda la lluvia que cayó sin desbordar el encharcamiento en buena medida gracias a la cuadrilla de monosabios que atendieron la situación.

6 Novillos, 6 de Caparica (Divisa Tabaco, Negro y Rojo) Dispareja de presencia con muy poca cara el quinto y especialmente el primero, sencillamente impresentable por abecerrado, indignante haber reseñado, aprobado y lidiado este ejemplar no solo por su cabeza sino inclusive el propio cuerpo. El resto con trapío suficiente, fiel a su tipo y bien armados. Mansos en general, derrumbando su juego luego del primer tercio, no obstante su buena pelea en las cabalgaduras, a partir de la pésima lidia otorgada por las cuadrillas, las condiciones del suelo y la poca entendedera mayormente del primer y tercer espadas. El impresentable primero resulta el único que, tras derribar al piquero, brinda juego por ambos lados en la muleta, probablemente por la poca edad que aparenta, resalta su buen pitón izquierdo.

Francisco Martínez (Berenjena y Oro) Silencio, División y Pitos tras Dos Avisos en el sexto que mató por el tercer espada. Héctor Gutiérrez (Canela y Oro con remates negros) Silencio y Oreja. Roberto Román (Azul Rey y Oro) Silencio en el único que mató.

Pésima la Autoridad de Plaza encabezada por Jesús Morales, sin tino, distraído y concediendo la oreja del quinto sin ninguna valoración sobre la mayoría o no. Desorden en la lida del quinto con el cual, ante la incapacidad de las cuadrillas Usía disculpa el tercer par no obstante había ordenado que fuera colocado.

Sufriendo y literalmente remando para no ahogarse, insufrible tarde de las cuadrillas a pie que echan mano de todo el costal de malas mañas con mantazos, desarmes y banderilleando a la media vuelta, seguramente, dada la condición del piso.

A punto el encierro de Fernando Lomelí para la Plaza Mexico

La ganadería del saltillense Fernando Lomelí García, entrará por la puerta grande a la Plaza de Toros México, al ser anunciado un lote de seis ejemplares para la novillada del próximo domingo 30 de septiembre, dentro del serial Sueño de Gloria, Primer Nacional de Novilladas.

Este evento consta de cuatro carteles, el primero de ellos se realiza este domingo 23 de septiembre con 6 de la ganadería de Caparica, y enseguida vendrán los de Fernando Lomelí, que harán su debut en el coso más importante del mundo una semana después, luego de que ofrecieron un excelente juego durante la presentación que tuvieron en la temporada de novilladas en Guadalajara, Jalisco, el 1 de octubre del año anterior.

“Para nosotros es motivo de orgullo que nuestros novillos sean considerados porque ahora sí vamos a las ‘Grandes Ligas’ del toreo, estamos hablando de la principal plaza del país, eso habla del trabajo realizado y ante todo del empeño que ponemos para que cada toro tenga el temple, fortaleza y bravura necesarios para ser lidiados, los cuidamos y preparamos durante cuatro años”, señaló Manuel González Lomelí, nieto del fundador de la ganadería.

El responsable de la crianza de los ejemplares es Fernando Tohui Lomelí, quien se ha encargado de mantener vigente esta tradición de presentar astados de calidad y aunque en esta ocasión son novillos, hay bastantes posibilidades de debutar en la Temporada Grande de la Plaza México, tal y como lo han hecho otras ganaderías de la región.

“Nuestro orgullo es ver cristalizado este esfuerzo del ingeniero Fernando Lomelí hecho realidad, que sus ejemplares vuelvan a ser lidiados en eventos importantes; su ganadería tiene 40 años de funcionar, han sido lidiados por grandes figuras del toreo nacional, en ruedos mexicanos y ofreciendo excelentes actuaciones”, finalizó.

Los ejemplares:

No. Nombre

12 Cuarenta Años

13 Coahuilteco

39 Chamizo

18 Porvenir

17 El Contador

22 Filomeno

La ganadería…

Fecha de fundación: 1978 con 100 vacas y sementales de Corlomé se formó la ganadería.

Fundador: Fernando Lomelí García

Nota: En ese mismo año se agregaron 60 vacas de la ganadería Boquilla del Carmen y 3 sementales de San Antonio de Triana.

Por José Luis Dávila

Solo para Villamelones: Nacional de Novilladas en la Plaza México

Por Manuel Naredo.

La México ya no es lo que era, y cada temporada se empeñan en reafirmarlo. La México ya no parece ser la catedral del toreo mexicano, sino una plaza más, que a duras penas atiende las necesidades de los aficionados taurinos de una ciudad de varios millones de habitantes.

Si bien es cierto que en el mundo del toro siempre ha pesado más lo que se resuelve en los despachos, también lo es que los toreros, los buenos toreros, solían ganarse un lugar con base en sus resultados frente al toro. ¿Y qué mayor resultado en esta compleja profesión que la de salir por la puerta grande, cortar apéndices y ganar certámenes en tierras españolas y francesas?

Hace unos días se dieron a conocer los carteles de novilladas en la Monumental de Insurgentes, que se reducen a cuatro, pues el quinto será confeccionado con los triunfadores de las apariciones anteriores. En ellos solo se descubren tres jóvenes mexicanos que han dado la lucha en tierras europeas: André Lagravere, “El Galo”, Juan Pedro Llaguno y Héctor Gutiérrez, aunque los dos primeros están anunciados sólo una tarde.

A diferencia, Héctor Gutiérrez está colocado en los tres primeros festejos, y tanto Francisco Martínez como Roberto Román, partirán plaza en dos ocasiones.

Nada de los nombres de Diego Sanromán, Alejandro Adame, Isaac Fonseca, ni Miguel Aguilar, quienes han dado la cara por nuestro país en la Madre Patria, y lo han hecho lustrosamente. Aguilar, por ejemplo, fue el absoluto ganador del certamen “Camino a la Glorieta”; Sanromán ha despertado una evidente expectación, Adame y Fonseca han cortado orejas de manera insistente y contundente.

Seguramente habrá razones, o quizá excusas, para no contratarlos en el supuesto mayor escaparate taurino del país: el que están en temporada allá, en que alguno aún no debuta con picadores, o hasta el que otro está herido. Nada parece fundamento lo suficientemente sólido, sobre todo si, en contraste, Gutiérrez partirá plaza en tres de los cuatro festejos anunciados, y quizá podrá aparecer en el quinto.

¿O es que podrá creerse que los novilleros triunfadores en Europa puedan ponerle peros a viajar hasta nuestro país para cumplir un compromiso a todas luces importante para su presencia aquí? ¿O será, como decía, que ya el coso taurino de la capital mexicana ya no es lo que era y no tiene mucho caso?

De cualquier forma, viendo los carteles novilleriles anunciados por los empresarios de la México uno no deja de descubrir en su confección, al menos, pobreza, y hasta un toque de mediocridad. Y sí, es que la México ya no es, ni remotamente, lo que era. Hoy, ahí parece servir de poco el triunfar rotundamente. Hoy, ahí parece que lo que se desarrolla en los despachos es más poderoso que nunca.

Publicado en Diario de Querétaro

Calasparra, un oasis torista en plena región de Murcia

Seis novilladas de distintos encastes conforman cada año la Feria del Arroz.

Septiembre, en el mundo del toro, es el mes de los novilleros. En Arnedo (La Rioja), Villaseca de la Sagra (Toledo), Arganda del Rey (Madrid) o Algemesí (Valencia), los principales integrantes del escalafón menor compiten cada año en los certámenes novilleriles más importantes. Huérfanos de oportunidades, estas localidades son su única esperanza. La meta: entrar en las escasísimas novilladas que se programan en las grandes ferias y llegar con cierto ambiente a la alternativa.

Pero en esta lista de pueblos que apuestan por los más jóvenes destaca uno muy particular: Calasparra, un municipio de poco más de 10.000 habitantes que se encuentra en el interior de la Región de Murcia. Dos son sus señas de identidad: el arroz, de los mejores del país, y los toros. O mejor dicho, sus novilladas. Desde hace casi 30 años, durante la primera semana de septiembre, en Calasparra se celebra la Feria del Arroz, un ciclo taurino compuesto por media docena de festejos menores.

El novillero francés Adrien Salenc, formado en la Escuela Taurina de El Juli, ha sido el último ganador de la Espiga de Oro, el máximo galardón de este certamen por el que compiten cada año 18 jóvenes. Los toreros son importantes, obviamente, pero en Calasparra el verdadero protagonista es el toro. Desde por la mañana, en los encierros que atraviesan el centro de la localidad, hasta bien entrada la noche, varias miles de personas participan de unas fiestas eminentemente taurinas.

Al contrario que en la mayoría de pueblos y ciudades españolas, en Calasparra no se ha roto el vínculo entre la sociedad, el pueblo, y la tauromaquia. La fiesta se vive como algo propio, una tradición sin ideología. Actualmente, en la población gobierna el PSOE. Su alcalde, José Vélez, se sube cada tarde al palco para presidir las novilladas. Y, como la mayor parte de los aficionados del lugar, es exigente.

Esa es precisamente otra de las características de esta feria. La mayoría de ejemplares que se lidian lucen un trapío espectacular que nada tiene que envidiar al de las plazas de primera categoría; en Calasparra gusta el tercio de varas y se presiona para que se ejecute en todo su esplendor; además, rara vez se concede un trofeo no merecido ni bien ganado.

De ello se ocupa el alcalde-presidente y, sobre todo, la afición. Una afición capitaneada por la Asociación El Quite, nacida en el año 2003 y de marcado acento torista. Su lema lo dice todo: “El toro-toro, base de nuestra fiesta. No al fraude”.

Aunque reconocen que no ha sido fácil, su lucha contra el sistema taurino en favor de una fiesta íntegra con el toro encastado como protagonista ha dado sus frutos. Solo hay que echar un vistazo al elenco ganadero de esta última Feria del Arroz: Miura, Adolfo Martín, Prieto de la Cal, Valdellán, Villamarta y Castillejo de Huebra. Seis novilladas, seis encastes diferentes.

Una diferencia abismal con Murcia, la capital, que también celebra estos días su feria taurina. Allí, bien escogidas para uso y disfrute de las figuras, las divisas elegidas han sido Parladé, Daniel Ruiz y Victoriano del Río. Tres corridas, misma procedencia. Eso, por no hablar de la ínfima seriedad de las reses reseñadas.

Pero es que, además, la Feria del Arroz no se reduce a lo acontecido cada tarde en la plaza de toros; durante todo el día, las distintas asociaciones y peñas organizan numerosos actos culturales con los protagonistas del festejo. Tertulias, charlas, exposiciones… Todo con el objetivo de seguir sembrando afición. Y, a tenor de la afluencia de público y de la pasión con la que viven la fiesta jóvenes y mayores, lo están consiguiendo.

Como los galos que resistían ante la dictadura romana, Calasparra resiste a contracorriente frente a un sistema poderoso y en medio de un desierto en el que reina el triunfalismo y el fraude. Por todo ello, su caso es especial. Por ello Calasparra es un oasis, un milagro.

Publicado en El País

«El Dorado» del toreo: del sueño a la realidad de la Fiesta

Las Ventas, una tarde de lleno en San Isidro – Paloma Aguilar.

Por Rosario Pérez – ABC.

Cuenta la historia que en el siglo XVI se generó una leyenda entre los primeros descubridores del Nuevo Mundo: había un pueblo en el que todo era dorado, un lugar donde los reyes eran cubiertos con oro en polvo a su muerte como ofrenda a los dioses. Esta deslumbrante urbe se localizaba en medio de la jungla, posiblemente en la zona central de la Nueva Granada, actual territorio de Colombia, aunque dependiendo del origen o la época de la versión, lo mismo se sitúa en Cundinamarca que en alguna zona de Venezuela, en la selva amazónica o en los mismos Andes. Variaba según la febril imaginación y la codiciosa mirada de algunos exasperados conquistadores.

Aquí, en España, la tauromaquia vivió su particular «Dorado» entre los años 50 y 70 del siglo pasado (sí, había menos oferta de ocio). Las plazas se llenaban, los toreros formaban parte de la cultura y la sociedad, y el toreo competía con el fútbol y el boxeo como mayor espectáculo de masas de un país que resurgía de sus propias cenizas. Los ochenta sufrieron su crisis, superada a principios de este siglo. En aquella época dorada las plazas se llenaban con el mero hecho de anunciar el cartel en una pizarra con tres o cuatro días de antelación. Al rebufo de esta ola fervorosa por las corridas, surgieron geniales empresarios que utilizaron el ingenio y una gran pasión para llevar nuestra Fiesta hasta cotas inimaginables. Hubo también grandiosas figuras, aunque en eso las épocas no son tan distintas y, lógicamente, los había con inmenso tirón como El Cordobés y otros con mucho menos.

Pliego intervencionista

Aún en 2018, algunos todavía sueñan con ese «Dorado» que nos contaban, aunque no son pocos los que empiezan a pensar que es tan irreal como aquel que imaginaron los conquistadores de las Américas. Y lo es porque la Fiesta se ha desestructurado. Toreros, empresarios y ganaderos van por caminos distintos y encontrados, cada vez más alejados. Los políticos utilizan el toreo como moneda de cambio y se sientan al sol que más calienta. Madrid, capital del toro, ha estirado como una goma San Isidro, tratando de paliar un pliego recaudatorio y nocivo para la Fiesta, que por primera vez en muchos años ha sobrepasado por poco la media plaza en festejos del abono del Santo. Bilbao busca la gestión privada tratando de huir de los desmanes de un modelo desgastado. Sevilla vive un modelo basado en un antiguo contrato y mantiene una delicada (aunque resistente a la par) salud, y a Valencia le ha tomado el pulso la misma empresa que no termina de cogérselo a la Monumental madrileña, con una oferta desorbitada en el último concurso. Un poco a la desesperada, se ha recurrido en Otoño a la fórmula del bombo para reclamar la atención del público: a ver si las figuras recogen el guante… Como algo puntual y novedoso, que ya se sabe que el manda elige y no es amigo de loterías… Pues estos son los cuatro ases de la baraja en los que se sustenta el toreo.

Pamplona es punto y aparte: allí encontraron su Dorado particular a mediados del siglo pasado, ayudados por un Nobel norteamericano, y siguen abarrotando los tendidos 70 años después. El resto de las plazas luchan por sobrevivir a los ataques antitaurinos, algunos caprichos de varias figuras y la renovación de un modelo que ya no da para más. Los años ochenta vivieron una gran crisis taurina y de identidad, pero la muerte en la plaza de Paquirri y Yiyo reforzó y dio credibilidad a cuanto acontecía en el ruedo y los públicos volvieron a las plazas. Por desgracia, hemos vuelto a vivir la tragedia de dos toreros caídos en la arena, pero no parece que aquel relanzamiento se repita. Tres décadas después, tenemos una sociedad cada día más desnaturalizada, a la que preocupa más las proteínas que aportamos a la alimentación de nuestro Cocker que el drama que viven los niños en Siria, donde en lo que va de 2018 han muerto más de mil pequeños, según datos de Naciones Unidas.

Alternativas de los carteles

Volvamos a la tauromaquia: en este triunvirato de poderes en el que se sustenta, los empresarios son quizá la pata más coja del banco. Componer carteles se ha convertido en una quimera basada en los intereses de un reducido grupo de figuras que dominan a su antojo los restos de aquel «Dorado» de hace 60 años. Salvo la excepción de Roca Rey, las ferias se componen por toreros y carteles que se repiten durante casi décadas y no generan la expectación soñada. El paso a los jóvenes es testimonial. El argumento simple: «No interesan». ¿Alguien se preocupó de que interesaran los noveles? Para muestra, un botón.

Analizados algunos carteles de plazas significativas y variadas de primera y segunda categoría, en lo que va de temporada los resultados son esclarecedores: Castellón arroja una media de 16 años de alternativa por actuante; Valencia, 12; Sevilla, 14; Madrid, 11; Algeciras, 12; Burgos, 15; y Pamplona, 12. Con 27 carteles en los que sus actuantes suman más de 40 años de alternativa y algunas puntas de iceberg alarmantes, en la Maestranza dos carteles alcanzaron los 60 años de alternativa, 57 en Burgos, 52 en Valencia y 50 en Madrid. Otro dato más es que en Sevilla 24 de los 45 puestos disponibles (más del 50%) los copan diestros que estuvieron ya anunciados en la feria de 2007… ¿Dónde está la regeneración?

Desglosemos por años de alternativa los 15 primeros puestos del escalafón actual de matadores de toros. Desde Roca Rey, que lo lidera, hasta Román, que cierra ese top 15, arroja una media de casi 15 años de alternativa por coleta, con trece diestros por encima de los 10 años, nueve por encima de los 15, cinco por encima de los 20 y ¡solo! tres por debajo de dichos años de doctorado.

El porqué de tan delicada situación

Las cifras asustan por sí mismas, pero convendría analizar el porqué se ha llegado a esta delicada situación. Si analizamos la pirámide de abajo hacia arriba, la base la componen los matadores como máximos responsables de lo bueno y lo malo de cuanto acontece en la plaza, pero sería muy injusto generalizar, puesto que el escalafón 2017 lo compusieron 157 matadores (156 para ser exactos, puesto que uno de ellos, el que logró un lleno histórico en Madrid pore el camino de la independencia y saliéndose del «sota, caballo y rey» ya no está entre nosotros). Y nos atreveríamos a afirmar que no más de diez ven rentabilizados económicamente los esfuerzos y sacrificios realizados en la plaza. Alrededor de otra veintena viven dignamente de su profesión y los más de 120 restantes compatibilizan la tauromaquia con otras profesiones para poder llegar a fin de mes.

La liga novilleril

El caso de los novilleros es capítulo aparte: el caos y abandono de la liga juvenil es para hacérselo mirar. Y eso es lo que sucede: miran al lado y echan la culpa al siguiente. Mientras tanto, la solución de esos casi 200 novilleros con picadores es precaria y sin ninguna solución a corto plazo, salvo la esperanza de que surja algún genio, hecho que ocurre cada vez menos… Muchas veces tendemos a juzgar con demasiada severidad a imberbes que se ponen en Madrid delante de un ¿novillo? con más cuajo y seriedad del toro que matan en plazas de segunda y algunas de primera las figuras (el sobrero de Espartaco de la final de las nocturnas es un claro ejemplo). Chavales sin apenas bagaje y cuya recompensa económica son los mínimos de un convenio con el que, si les da por estrenar un vestido, salen del hotel en negativo. No son ellos los culpables de su poca experiencia, a los principales responsables no les suena ni el cinco por ciento de estos proyectos de toreros.

Desde dentro (y desde fuera) da la impresión de que los mandamases del toreo viven al margen de la realidad. La realidad de las cifras. Exigen corrida, fecha y cartel y el dinero de la plaza llena. Hasta ahí todo perfecto, pero el problema viene cuando la plaza no se llena en la mayoría de ocasiones y generan dos agujeros: el económico y el desequilibrio en la feria. Si la actualidad tiene cuatro o cinco toreros -caso aparte es José Tomás– que tienen demanda taquillera y van juntos en dos corridas, el empresario se ve en la difícil tesitura de completar las tres o cuatro restantes de cualquier feria mediana en los días menos buenos con toreros que no atraen al gran público. En lo que va de 2018, ha habido varias «cornadas» a las empresas de las graves. Vayamos por orden cronológigo en algunos ejemplos: en Guadalajara, por Primavera, Ventura y Perera, mano a mano, con sus 20 Puertas Grandes de Las Ventas y a media hora del Foro, apenas congregaron 1.800 personas; Aranjuez, con al aditivo mediático de Cayetano, por ahí anduvo; Zamora, León y Segovia, con los Julis, Manzanares, Talavantes, Morantes y Rocas repartidos, poco más de media entrada real… Lo de Badajoz tuvo entradas tristísimas. Y León, apenas media plaza en un cartel monstruo con Morante, Manzanares, Talavante y Roca Rey. ¿Poca promoción? ¿Falta de interés del público? ¿De todo un poco? Una feria consolidada como las Colombinas apenas ha reunido media plaza un día y escasos tres cuartos el otro con las máximas figuras y la milagrosa reaparición del ídolo local. En declaraciones a Carrusel Taurino, Carlos Pereda manifestó: «No ha sido una feria satisfactoria, económicamente hablando, pero podemos darnos por satisfechos. Nos salen las cuentas». Se trata de «salvar», más que de «ganar», en un negocio en el que se supone se mueven muchos billletes…

El Puerto inauguró, con Morante y Manzanares, con poco más de media plaza (días después, rozó el lleno con Roca Rey -con Padilla y Manzanares-). La empresa de Antequera ha tenido que salir corriendo tras la cornada económica de la primera corrida. Las figuras más taquilleras, con Juli, Manzanares y Roca, tampoco llenaron en Pontevedra. En Gijón, tampoco se están registrando las entradas esperadas. La recuperada Illumbe no remonta (las entradas de los primeros festejos de la Semana Grande han sido reducidas) tras los vientos prohibicionistas y pese al llenazo el año de José Tomás. Y van ya varios portazos a plazas de toros: vale que en algunas son por cuestiones políticas, pero han hecho algo las grandes figuras para decir «allá que voy a Vitoria», ¿por ejemplo? Es momento de hacer acto de reflexión y coger al toro por los cuernos.

Matemáticas de andar por casa

Metida a matemática de andar por casa, si a una plaza de segunda van 5.000 personas a una media de 40 euros la entrada (36 una vez descontado el IVA), la taquilla es de 180.000 euros. Si ponemos la corrida para figuras a 36.000; los gastos de apertura de plaza (médicos, veterinarios, seguros, cuadra de caballos, servicio plaza, etc.) en 9.000 euros; la Seguridad Social en 9.000; los gastos de publicidad en 7.500, quedan unos 118.500 euros. Si contratan a dos de esas tres o cuatro figuras que exigen 60.000 euros por tarde, ya va el organizador del espectáculo por «menos 1.500» y falta el tercer torero… Y algo debería ganar la empresa, ¿no?

Pues imaginemos ahora tres de ese grupo de «privilegiados»: para cubrir esos 180.000 euros, más los 61.500 de gastos, hay que vender 6.700 entradas para que la empresa «empate». ¿Y si no se venden? ¿Quién asume su responsabilidad? Casi siempre, el empresario… Otro ejemplo más es la plaza de toros de Las Ventas, donde se dicen que los beneficios en 2017 no llegaron al millón de las antiguas pesetas. Con una facturación cercana a los 30 millones de euros y un plantilla fija de casi 20 personas, los datos dan las mismas sensaciones que los antiguos Palhas: horror, terror y pavor. ¡Eso en Madrid!

Los empresarios se han quejado en varias ocasiones de que en los carteles donde están tres de esas cuatro o cinco figuras son ampliamente deficitarios aun colgando el «No hay billetes». Empresarialmente, ¿cómo se puede iniciar un negocio donde la pérdida es segura a pesar del lleno? La excusa de los apoderados es que tiran del abono y en los carteles medios se compensan las cifras. ¿Seguro? A veces sí, pero no siempre… En 2016 regresaron los miembros del G5 a la temporada sevillana tras dos años de ausencia voluntaria por no sé qué conflicto de intereses y cuentan que apenas se vendieron 300 nuevos abonos. La sangría de Madrid cuesta frenarla a pesar de estar todas las figuras. Con estos datos, ¿a qué excusa nos acogemos para justificar esos ingresos? Si trasladara estos números a mis compañeros de economía, me costaría convencerlos de la realidad que vivimos en nuestra querida tauromaquia.

Las empresas

Aunque hay algunas excepciones, el conjunto empresarial no destaca por su imaginación ni capacidad de trabajo, peros son, junto con los ganaderos, los grandes perjudicados de la situación actual. La inyección en dólares por parte de un millonario mexicano y la aparición de una agencia de viajes en Las Ventas no son suficientes para sostener los cimientos de un sector que se tambalea. La esperanza de contratar a José Tomás, salvar un abono y aprovechar su rebufo cada día se complica más, y con el resto de los mimbres y sus exigencias es una labor de orfebrería y altas dosis de trabajo y talento «perder poco» en cualquier feria. De ahí que los empresarios intenten atar cada vez a más toreros: viven más de ese intercambio y comisiones de apoderamiento que de la propia taquilla de las plazas.

Por cierto, alguno aboga por variar el precio en taquilla según el cartel, igual que ocurre, por ejemplo, en los conciertos: no todos los artistas «cuestan» lo mismo. ¿Y si se prueba en los toros allá donde el pliego no lo impida?

Otro caso curioso de la actualidad es el de Talavante. El genio extremeño vive un momento artístico pleno de inspiración, con un toreo puro al que casi ninguno se aproxima, pero sus logros en la plaza no se reflejan en la demanda que genera en taquilla y es la sorprendente ausencia de muchas ferias después de haber sido triunfador en San Isidro y cuajar la mejor faena de Sevilla y de otras plazas como Cuatro Caminos. Algunos culpan a Matilla, sacando toda su inquina hacia el empresario salmantino, y una venganza por su ruptura, pero no es esa la verdad, según comentan varios gerentes. Talavante está obsesionado con igualar sus números a los de Juli, Morante y Manzanares, y eso ha generado que los empresarios hayan decidido prescindir de tan grandioso torero por vivir al margen de la realidad económica de sus taquillas. Claro que no es el único caso que vive al margen de esa realidad, y algunos mantienen su caché casi por inercia. Por lo que Talavante dirá: ¿y por qué yo no? Eso sí, a cada cual lo suyo: es una de las figuras con mayor tirón en el Foro.

Pero, ¿quién tira del carro de la taquilla de verdad hoy? Solo la apisonadora Roca Rey, el último y joven fenómeno (que curiosamente no es el que más cobra….), ha sido capaz de situarse por delante de todos en la demanda de entradas para verle, gracias a su juventud, novedad, desparpajo y sus arrolladoras campañas, aunque, vista esta dinámica, ¿cuánto durará esa inercia?

El resto de la nueva hornada compuesta por Ginés Marín, Garrido o Román no termina de dar el salto, a pesar de algunos triunfos, y la recuperación de diestros como Ureña, Chacón, De Justo, Cortés o Moral no pasa de ser un buen complemento a los carteles medianos. Los mediáticos Fandi o Padilla (con su tirón en determinadas plazas) están también ya muy vistos. Y el circuito de las corridas duras (salvo en escenarios concretos) suscita el interés de parte de la afición pero no del público general y no mueve el suficiente dinero.

El incombustible Ponce aparece como «abreplaza» de lujo, mientras vive un dorado final dando lustre y categoría a una excelente trayectoria, siendo el triunfador de las dos últimas Orejas de Oro, pero sin llegar a las cotas taquilleras de sus inicios. Castella y Perera (que está cuajando un gran verano), dos figuras por el mismo palo pero opuestos planteamientos (el extremeño es de los pocos que se atreven al camino de la independencia), triunfan con regularidad pero su demanda taquillera está por debajo de sus resultados artísticos.

Panorama ganadero

En el apartado ganadero, superada ya la inflación que supuso la burbuja del ladrillo en nuestras dehesas y reguladas en base a la ley de mercado las cabezas existentes en las fincas, los sufridos criadores de bravo han conseguido «equilibrar» sus cuentas, aunque salvo cinco o seis excepciones son negocios por amor al arte y nula rentabilidad. En realidad, casi nunca lo fueron. Ser ganadero siempre fue un ejercicio de afición, valor, desinterés, amor al toro y, en ciertos casos, cierta dosis de ego que compensaba los sacrificios. De lo que no hay duda es de que estamos atravesando, a pesar del criticado monoencaste, una época dorada de porcentaje de toros que embisten. La unificación de la sangre Domecq en nuestra cabaña brava ha venido motivada, no nos engañemos, por la demanda y exigencia de la lidia actual. Su bravura más tardía ha sido la única capaz de soportar la longitud de lidia moderna y se ha adaptado a la nuevos tiempos. Pero la variedad de encastes es necesaria y también recobrar la importancia del toro. Pocos son los que preguntan «¿qué se lidia?», pues el público moderno es más bien torerista. Pero entre las ganaderías de otras sangres hay excepciones sobresalientes y que, en manos de algunos genios de la alquimia y la genética, han sido capaces de mantenerlas con éxito en plena actualidad. También, cierto es, algunas divisas Domecq atraviesan muy mal momento.

Con este panorama descrito viene el momento de preguntarnos si hay solución a nuestra realidad. Todavía generamos la demanda suficiente para mirar el futuro con optimismo, pero para ello toca ponerse el mono de trabajo y mancharse de grasa. Las cifras de espectadores todavía nos reflejan brotes verdes y esperanza. Y aquí ya se sabe: unos ven el vaso medio lleno, otros medio vacío y, como dice un viejo aficonado, «otros ven vodka donde solo hay hielo». Según el informe elaborado Diego Sánchez de la Cruz, más de cinco millones de espectadores asistieron a los toros durante la temporada 2017 en España. Según las estimaciones de su estudio, se vendieron alrededor de se vendieron 1.838.000 entradas en cosos de primera, 1.100.000 en escenarios de segunda y 2.100.000 en plazas de tercera y portátiles. A todo ello hay que sumar los festejos populares, alma de la tauromaquia. No nos olvidemos de ellos, cada vez con más auge. Todos esos datos son muy positivos, pero, no nos engañemos, existe un runrún de preocupación y de incertidumbre. Además de los varapalos externos, políticos y animalistas, se encuentra el de algunas tardes en taquilla.

La Fundación

La Fundación del Toro está muy bien, su discurso mejor, pero, más allá de postureos, ha llegado la hora de actuar y dejar de soñar con «El Dorado» e ir a buscarlo desde abajo. Quizá sea necesario gente externa, que desde dentro mire hacia fuera (y viceversa) y no al propio ombligo. También, para el aumento de socios, no estaría de más una transparencia total, con pelos y señales, en las cuentas y los resultados. Y también de los objetivos que persiguen y la hoja de ruta que siguen. Paciencia, sí, que aún es el embrión, pero el tiempo apremia y hay cuestiones que resolver pronto y en la mano, con reuniones con los principales mandamases de cada partido político y analizando las entrañas del propio sector. Sí, para ser cien por cien creíble y eficaz, la Fundación debería velar por profesionales y afición, por la supervivencia y el crecimiento del mundo del toro. No abandonemos Vitoria, ni Palma, donde cierto es que no están prohibidos pero las condiciones exigidas para dar toros convertirían la corrida en una pantomima, lo que imposibilita su celebración. Luchen por recuperar los puertos perdidos… ¿Ven a toreros y profesionales muy preocupados? Lo que se pierde, difícilmente se recupera…

Repetimos mucho la expresión figura del toreo. Pues, figuras, afronten el riesgo económico; el físico y el artístico ya lo asumen (y sí, ya sabemos que no hay precio que pague la vida, por lo que todos los dineros son pocos para un torero), y demuestren su ¿unión? no solo para atacar a un presidente y su grandeza no solo a la hora de coger la mejor fecha, ganadería y compañeros para «salvar» su cartel, demuestren su categoría pensando en el mañana, algo que algunos (pocos) sí hacen. Dejen paso a los nuevos, tiren ustedes de la taquilla en los días regulares, hagan (junto a las empresas -que necesitan, además de una política de precios asequible, dar una vuelta a los carteles y campañas de promoción efectivas-) algún guiño al que pasa por taquilla y discutan con los empresarios por el porcentaje de lo que generen. Tal vez no estaría de más igualarse con los grandes boxeadores y repartirse el neto de los ingresos. Cada uno en función de su categoría y demanda. Y, por favor, no dejen que se pierdan más plazas. Ganaderos y cuadrillas, hagan lo mismo. Y empresarios… ¡Trabajen y trabajen con cabeza, afición y afición! Solo así se podrá volver a soñar con «El Dorado» de una Fiesta que es grandeza por historia, sangre y verdad, pero en la que hay mucho, mucho, por hacer.

Posdata: las cifras aportadas han sido extraídas de conversaciones con diversos profesionales del sector. Y demasiadas veces se oye aquello de «vamos a llevarnos lo que podamos mientras esto dure…» Al menos donde políticos y pliegos lo permitan, trabajen todos los taurinos para que el presente de la Fiesta sea saludable y su futuro largo. Son muchos más los aficionados y las gentes que respetan las tradiciones que los animalistas falsos y oportunistas. La tauromaquia es grande, pero hagámosla gigante.

Publicado en ABC