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Solo para Villamelones: Los toreros emergentes

Sergio Flores en Las Ventas el pasado San Isidro.

Por Manuel Naredo.

Tan inmersos solemos estar en los aconteceres cotidianos de la Fiesta, que realmente muy poco miramos hacia el futuro inmediato; nos atraen los triunfos y sinsabores de las llamadas figuras, pero reparamos un mínimo en aquellos que, apenas detrás, se están significando como sus sucesores.

¿Quiénes son esos toreros, tanto aquí como fuera de nuestras fronteras, que atendiendo a sus características, podrían convertirse en las inmediatas figuras del toreo mundial? He aquí algunos nombres.

Ginés Marín, joven torero jerezano, aunque criado en Olivenza, de apenas de veintiún años. Le nació el gusto por el toreo viendo a su padre, quien se desempeñó como picador de segunda profesión. Egresado de la Escuela Taurina de Badajoz, tomó la alternativa en Nimes de manos de Morante de la Puebla, luego de haber encabezado el escalafón novilleril. Ha tenido rotundos triunfos en plazas españolas y francesas de primera importancia, incluyendo la de Las Ventas de Madrid.

José Garrido, de Badajoz, aunque con ascendencia cordobesa, y con veinticuatro años de edad, se doctoró en Sevilla de manos de Enrique Ponce, luego de que, como novillero, se hiciese llamar “Gallero”; su padre fue mayoral de los caballos Domecq y eso propició que el torero, además, sea un gran jinete. Mantiene una relación amorosa con la diseñadora María José Espinosa, una de las hijas de Fermín Espinosa, Armillita.

Andrés Roca Rey, nieto del por muchos años empresario de la plaza de toros de la capital peruana, tierra natal del diestro, es también hermano menor de otro torero, Fernando, y se ha convertido en el fenómeno de taquilla más importante del mundo, gracias a su personalidad y a los múltiples triunfos en casi todas las plazas donde se presenta. Tiene apenas veintiún años y tomó la alternativa en Nimes de manos de Enrique Ponce.

Jesús Enrique Colombo, nacido en Táchira, Venezuela, y con apenas veinte años, mató su primer becerro a los diez años. Hace escasos nueve meses le cedió los trastos como matador de toros el francés Sebastián Castella en Zaragoza, luego de una temporada novilleril plagada de triunfos y reconocimientos.

Sergio Flores, nació en Apizaco, Tlaxcala, hace veintisiete años, y ha sido un ejemplo de empeño y tenacidad, sobre todo a lo largo de varias temporadas novilleriles en Europa, donde finalmente tomó la alternativa, de manos de Julián López, El Juli, en la plaza francesa de Bayona. Sus reiterados triunfos en cosos mexicanos lo han convertido en un atractivo especial en los carteles nacionales.

Luis David Adame, hermano menor de Joselito, apenas tiene diecinueve años y nació en la capital de Aguascalientes; se ha hecho en España y Francia, país donde se doctoró, teniendo como padrino a Alejandro Talavante, en el histórico coso de Nimes. Ha mantenido, desde entonces, una intensa actividad, primero en su tierra natal y después en Europa, donde se está labrando su propia y particular carrera.

Todos ellos son apenas unos nombres de quienes, seguramente, estarán encabezando la baraja taurina de ambos lados del Atlántico, aunque algunos de ellos, quizá, sólo podrán hacerlo en su propia tierra, y algún otro lo haga ya, de manera contundente, en todos los sitios.

Es la nueva generación de toreros emergentes que acaso vengan a ocupar los primeros sitios de quienes están por irse.

Publicado en Diario de Querétaro

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«El Dorado» del toreo: del sueño a la realidad de la Fiesta

Las Ventas, una tarde de lleno en San Isidro – Paloma Aguilar.

Por Rosario Pérez – ABC.

Cuenta la historia que en el siglo XVI se generó una leyenda entre los primeros descubridores del Nuevo Mundo: había un pueblo en el que todo era dorado, un lugar donde los reyes eran cubiertos con oro en polvo a su muerte como ofrenda a los dioses. Esta deslumbrante urbe se localizaba en medio de la jungla, posiblemente en la zona central de la Nueva Granada, actual territorio de Colombia, aunque dependiendo del origen o la época de la versión, lo mismo se sitúa en Cundinamarca que en alguna zona de Venezuela, en la selva amazónica o en los mismos Andes. Variaba según la febril imaginación y la codiciosa mirada de algunos exasperados conquistadores.

Aquí, en España, la tauromaquia vivió su particular «Dorado» entre los años 50 y 70 del siglo pasado (sí, había menos oferta de ocio). Las plazas se llenaban, los toreros formaban parte de la cultura y la sociedad, y el toreo competía con el fútbol y el boxeo como mayor espectáculo de masas de un país que resurgía de sus propias cenizas. Los ochenta sufrieron su crisis, superada a principios de este siglo. En aquella época dorada las plazas se llenaban con el mero hecho de anunciar el cartel en una pizarra con tres o cuatro días de antelación. Al rebufo de esta ola fervorosa por las corridas, surgieron geniales empresarios que utilizaron el ingenio y una gran pasión para llevar nuestra Fiesta hasta cotas inimaginables. Hubo también grandiosas figuras, aunque en eso las épocas no son tan distintas y, lógicamente, los había con inmenso tirón como El Cordobés y otros con mucho menos.

Pliego intervencionista

Aún en 2018, algunos todavía sueñan con ese «Dorado» que nos contaban, aunque no son pocos los que empiezan a pensar que es tan irreal como aquel que imaginaron los conquistadores de las Américas. Y lo es porque la Fiesta se ha desestructurado. Toreros, empresarios y ganaderos van por caminos distintos y encontrados, cada vez más alejados. Los políticos utilizan el toreo como moneda de cambio y se sientan al sol que más calienta. Madrid, capital del toro, ha estirado como una goma San Isidro, tratando de paliar un pliego recaudatorio y nocivo para la Fiesta, que por primera vez en muchos años ha sobrepasado por poco la media plaza en festejos del abono del Santo. Bilbao busca la gestión privada tratando de huir de los desmanes de un modelo desgastado. Sevilla vive un modelo basado en un antiguo contrato y mantiene una delicada (aunque resistente a la par) salud, y a Valencia le ha tomado el pulso la misma empresa que no termina de cogérselo a la Monumental madrileña, con una oferta desorbitada en el último concurso. Un poco a la desesperada, se ha recurrido en Otoño a la fórmula del bombo para reclamar la atención del público: a ver si las figuras recogen el guante… Como algo puntual y novedoso, que ya se sabe que el manda elige y no es amigo de loterías… Pues estos son los cuatro ases de la baraja en los que se sustenta el toreo.

Pamplona es punto y aparte: allí encontraron su Dorado particular a mediados del siglo pasado, ayudados por un Nobel norteamericano, y siguen abarrotando los tendidos 70 años después. El resto de las plazas luchan por sobrevivir a los ataques antitaurinos, algunos caprichos de varias figuras y la renovación de un modelo que ya no da para más. Los años ochenta vivieron una gran crisis taurina y de identidad, pero la muerte en la plaza de Paquirri y Yiyo reforzó y dio credibilidad a cuanto acontecía en el ruedo y los públicos volvieron a las plazas. Por desgracia, hemos vuelto a vivir la tragedia de dos toreros caídos en la arena, pero no parece que aquel relanzamiento se repita. Tres décadas después, tenemos una sociedad cada día más desnaturalizada, a la que preocupa más las proteínas que aportamos a la alimentación de nuestro Cocker que el drama que viven los niños en Siria, donde en lo que va de 2018 han muerto más de mil pequeños, según datos de Naciones Unidas.

Alternativas de los carteles

Volvamos a la tauromaquia: en este triunvirato de poderes en el que se sustenta, los empresarios son quizá la pata más coja del banco. Componer carteles se ha convertido en una quimera basada en los intereses de un reducido grupo de figuras que dominan a su antojo los restos de aquel «Dorado» de hace 60 años. Salvo la excepción de Roca Rey, las ferias se componen por toreros y carteles que se repiten durante casi décadas y no generan la expectación soñada. El paso a los jóvenes es testimonial. El argumento simple: «No interesan». ¿Alguien se preocupó de que interesaran los noveles? Para muestra, un botón.

Analizados algunos carteles de plazas significativas y variadas de primera y segunda categoría, en lo que va de temporada los resultados son esclarecedores: Castellón arroja una media de 16 años de alternativa por actuante; Valencia, 12; Sevilla, 14; Madrid, 11; Algeciras, 12; Burgos, 15; y Pamplona, 12. Con 27 carteles en los que sus actuantes suman más de 40 años de alternativa y algunas puntas de iceberg alarmantes, en la Maestranza dos carteles alcanzaron los 60 años de alternativa, 57 en Burgos, 52 en Valencia y 50 en Madrid. Otro dato más es que en Sevilla 24 de los 45 puestos disponibles (más del 50%) los copan diestros que estuvieron ya anunciados en la feria de 2007… ¿Dónde está la regeneración?

Desglosemos por años de alternativa los 15 primeros puestos del escalafón actual de matadores de toros. Desde Roca Rey, que lo lidera, hasta Román, que cierra ese top 15, arroja una media de casi 15 años de alternativa por coleta, con trece diestros por encima de los 10 años, nueve por encima de los 15, cinco por encima de los 20 y ¡solo! tres por debajo de dichos años de doctorado.

El porqué de tan delicada situación

Las cifras asustan por sí mismas, pero convendría analizar el porqué se ha llegado a esta delicada situación. Si analizamos la pirámide de abajo hacia arriba, la base la componen los matadores como máximos responsables de lo bueno y lo malo de cuanto acontece en la plaza, pero sería muy injusto generalizar, puesto que el escalafón 2017 lo compusieron 157 matadores (156 para ser exactos, puesto que uno de ellos, el que logró un lleno histórico en Madrid pore el camino de la independencia y saliéndose del «sota, caballo y rey» ya no está entre nosotros). Y nos atreveríamos a afirmar que no más de diez ven rentabilizados económicamente los esfuerzos y sacrificios realizados en la plaza. Alrededor de otra veintena viven dignamente de su profesión y los más de 120 restantes compatibilizan la tauromaquia con otras profesiones para poder llegar a fin de mes.

La liga novilleril

El caso de los novilleros es capítulo aparte: el caos y abandono de la liga juvenil es para hacérselo mirar. Y eso es lo que sucede: miran al lado y echan la culpa al siguiente. Mientras tanto, la solución de esos casi 200 novilleros con picadores es precaria y sin ninguna solución a corto plazo, salvo la esperanza de que surja algún genio, hecho que ocurre cada vez menos… Muchas veces tendemos a juzgar con demasiada severidad a imberbes que se ponen en Madrid delante de un ¿novillo? con más cuajo y seriedad del toro que matan en plazas de segunda y algunas de primera las figuras (el sobrero de Espartaco de la final de las nocturnas es un claro ejemplo). Chavales sin apenas bagaje y cuya recompensa económica son los mínimos de un convenio con el que, si les da por estrenar un vestido, salen del hotel en negativo. No son ellos los culpables de su poca experiencia, a los principales responsables no les suena ni el cinco por ciento de estos proyectos de toreros.

Desde dentro (y desde fuera) da la impresión de que los mandamases del toreo viven al margen de la realidad. La realidad de las cifras. Exigen corrida, fecha y cartel y el dinero de la plaza llena. Hasta ahí todo perfecto, pero el problema viene cuando la plaza no se llena en la mayoría de ocasiones y generan dos agujeros: el económico y el desequilibrio en la feria. Si la actualidad tiene cuatro o cinco toreros -caso aparte es José Tomás– que tienen demanda taquillera y van juntos en dos corridas, el empresario se ve en la difícil tesitura de completar las tres o cuatro restantes de cualquier feria mediana en los días menos buenos con toreros que no atraen al gran público. En lo que va de 2018, ha habido varias «cornadas» a las empresas de las graves. Vayamos por orden cronológigo en algunos ejemplos: en Guadalajara, por Primavera, Ventura y Perera, mano a mano, con sus 20 Puertas Grandes de Las Ventas y a media hora del Foro, apenas congregaron 1.800 personas; Aranjuez, con al aditivo mediático de Cayetano, por ahí anduvo; Zamora, León y Segovia, con los Julis, Manzanares, Talavantes, Morantes y Rocas repartidos, poco más de media entrada real… Lo de Badajoz tuvo entradas tristísimas. Y León, apenas media plaza en un cartel monstruo con Morante, Manzanares, Talavante y Roca Rey. ¿Poca promoción? ¿Falta de interés del público? ¿De todo un poco? Una feria consolidada como las Colombinas apenas ha reunido media plaza un día y escasos tres cuartos el otro con las máximas figuras y la milagrosa reaparición del ídolo local. En declaraciones a Carrusel Taurino, Carlos Pereda manifestó: «No ha sido una feria satisfactoria, económicamente hablando, pero podemos darnos por satisfechos. Nos salen las cuentas». Se trata de «salvar», más que de «ganar», en un negocio en el que se supone se mueven muchos billletes…

El Puerto inauguró, con Morante y Manzanares, con poco más de media plaza (días después, rozó el lleno con Roca Rey -con Padilla y Manzanares-). La empresa de Antequera ha tenido que salir corriendo tras la cornada económica de la primera corrida. Las figuras más taquilleras, con Juli, Manzanares y Roca, tampoco llenaron en Pontevedra. En Gijón, tampoco se están registrando las entradas esperadas. La recuperada Illumbe no remonta (las entradas de los primeros festejos de la Semana Grande han sido reducidas) tras los vientos prohibicionistas y pese al llenazo el año de José Tomás. Y van ya varios portazos a plazas de toros: vale que en algunas son por cuestiones políticas, pero han hecho algo las grandes figuras para decir «allá que voy a Vitoria», ¿por ejemplo? Es momento de hacer acto de reflexión y coger al toro por los cuernos.

Matemáticas de andar por casa

Metida a matemática de andar por casa, si a una plaza de segunda van 5.000 personas a una media de 40 euros la entrada (36 una vez descontado el IVA), la taquilla es de 180.000 euros. Si ponemos la corrida para figuras a 36.000; los gastos de apertura de plaza (médicos, veterinarios, seguros, cuadra de caballos, servicio plaza, etc.) en 9.000 euros; la Seguridad Social en 9.000; los gastos de publicidad en 7.500, quedan unos 118.500 euros. Si contratan a dos de esas tres o cuatro figuras que exigen 60.000 euros por tarde, ya va el organizador del espectáculo por «menos 1.500» y falta el tercer torero… Y algo debería ganar la empresa, ¿no?

Pues imaginemos ahora tres de ese grupo de «privilegiados»: para cubrir esos 180.000 euros, más los 61.500 de gastos, hay que vender 6.700 entradas para que la empresa «empate». ¿Y si no se venden? ¿Quién asume su responsabilidad? Casi siempre, el empresario… Otro ejemplo más es la plaza de toros de Las Ventas, donde se dicen que los beneficios en 2017 no llegaron al millón de las antiguas pesetas. Con una facturación cercana a los 30 millones de euros y un plantilla fija de casi 20 personas, los datos dan las mismas sensaciones que los antiguos Palhas: horror, terror y pavor. ¡Eso en Madrid!

Los empresarios se han quejado en varias ocasiones de que en los carteles donde están tres de esas cuatro o cinco figuras son ampliamente deficitarios aun colgando el «No hay billetes». Empresarialmente, ¿cómo se puede iniciar un negocio donde la pérdida es segura a pesar del lleno? La excusa de los apoderados es que tiran del abono y en los carteles medios se compensan las cifras. ¿Seguro? A veces sí, pero no siempre… En 2016 regresaron los miembros del G5 a la temporada sevillana tras dos años de ausencia voluntaria por no sé qué conflicto de intereses y cuentan que apenas se vendieron 300 nuevos abonos. La sangría de Madrid cuesta frenarla a pesar de estar todas las figuras. Con estos datos, ¿a qué excusa nos acogemos para justificar esos ingresos? Si trasladara estos números a mis compañeros de economía, me costaría convencerlos de la realidad que vivimos en nuestra querida tauromaquia.

Las empresas

Aunque hay algunas excepciones, el conjunto empresarial no destaca por su imaginación ni capacidad de trabajo, peros son, junto con los ganaderos, los grandes perjudicados de la situación actual. La inyección en dólares por parte de un millonario mexicano y la aparición de una agencia de viajes en Las Ventas no son suficientes para sostener los cimientos de un sector que se tambalea. La esperanza de contratar a José Tomás, salvar un abono y aprovechar su rebufo cada día se complica más, y con el resto de los mimbres y sus exigencias es una labor de orfebrería y altas dosis de trabajo y talento «perder poco» en cualquier feria. De ahí que los empresarios intenten atar cada vez a más toreros: viven más de ese intercambio y comisiones de apoderamiento que de la propia taquilla de las plazas.

Por cierto, alguno aboga por variar el precio en taquilla según el cartel, igual que ocurre, por ejemplo, en los conciertos: no todos los artistas «cuestan» lo mismo. ¿Y si se prueba en los toros allá donde el pliego no lo impida?

Otro caso curioso de la actualidad es el de Talavante. El genio extremeño vive un momento artístico pleno de inspiración, con un toreo puro al que casi ninguno se aproxima, pero sus logros en la plaza no se reflejan en la demanda que genera en taquilla y es la sorprendente ausencia de muchas ferias después de haber sido triunfador en San Isidro y cuajar la mejor faena de Sevilla y de otras plazas como Cuatro Caminos. Algunos culpan a Matilla, sacando toda su inquina hacia el empresario salmantino, y una venganza por su ruptura, pero no es esa la verdad, según comentan varios gerentes. Talavante está obsesionado con igualar sus números a los de Juli, Morante y Manzanares, y eso ha generado que los empresarios hayan decidido prescindir de tan grandioso torero por vivir al margen de la realidad económica de sus taquillas. Claro que no es el único caso que vive al margen de esa realidad, y algunos mantienen su caché casi por inercia. Por lo que Talavante dirá: ¿y por qué yo no? Eso sí, a cada cual lo suyo: es una de las figuras con mayor tirón en el Foro.

Pero, ¿quién tira del carro de la taquilla de verdad hoy? Solo la apisonadora Roca Rey, el último y joven fenómeno (que curiosamente no es el que más cobra….), ha sido capaz de situarse por delante de todos en la demanda de entradas para verle, gracias a su juventud, novedad, desparpajo y sus arrolladoras campañas, aunque, vista esta dinámica, ¿cuánto durará esa inercia?

El resto de la nueva hornada compuesta por Ginés Marín, Garrido o Román no termina de dar el salto, a pesar de algunos triunfos, y la recuperación de diestros como Ureña, Chacón, De Justo, Cortés o Moral no pasa de ser un buen complemento a los carteles medianos. Los mediáticos Fandi o Padilla (con su tirón en determinadas plazas) están también ya muy vistos. Y el circuito de las corridas duras (salvo en escenarios concretos) suscita el interés de parte de la afición pero no del público general y no mueve el suficiente dinero.

El incombustible Ponce aparece como «abreplaza» de lujo, mientras vive un dorado final dando lustre y categoría a una excelente trayectoria, siendo el triunfador de las dos últimas Orejas de Oro, pero sin llegar a las cotas taquilleras de sus inicios. Castella y Perera (que está cuajando un gran verano), dos figuras por el mismo palo pero opuestos planteamientos (el extremeño es de los pocos que se atreven al camino de la independencia), triunfan con regularidad pero su demanda taquillera está por debajo de sus resultados artísticos.

Panorama ganadero

En el apartado ganadero, superada ya la inflación que supuso la burbuja del ladrillo en nuestras dehesas y reguladas en base a la ley de mercado las cabezas existentes en las fincas, los sufridos criadores de bravo han conseguido «equilibrar» sus cuentas, aunque salvo cinco o seis excepciones son negocios por amor al arte y nula rentabilidad. En realidad, casi nunca lo fueron. Ser ganadero siempre fue un ejercicio de afición, valor, desinterés, amor al toro y, en ciertos casos, cierta dosis de ego que compensaba los sacrificios. De lo que no hay duda es de que estamos atravesando, a pesar del criticado monoencaste, una época dorada de porcentaje de toros que embisten. La unificación de la sangre Domecq en nuestra cabaña brava ha venido motivada, no nos engañemos, por la demanda y exigencia de la lidia actual. Su bravura más tardía ha sido la única capaz de soportar la longitud de lidia moderna y se ha adaptado a la nuevos tiempos. Pero la variedad de encastes es necesaria y también recobrar la importancia del toro. Pocos son los que preguntan «¿qué se lidia?», pues el público moderno es más bien torerista. Pero entre las ganaderías de otras sangres hay excepciones sobresalientes y que, en manos de algunos genios de la alquimia y la genética, han sido capaces de mantenerlas con éxito en plena actualidad. También, cierto es, algunas divisas Domecq atraviesan muy mal momento.

Con este panorama descrito viene el momento de preguntarnos si hay solución a nuestra realidad. Todavía generamos la demanda suficiente para mirar el futuro con optimismo, pero para ello toca ponerse el mono de trabajo y mancharse de grasa. Las cifras de espectadores todavía nos reflejan brotes verdes y esperanza. Y aquí ya se sabe: unos ven el vaso medio lleno, otros medio vacío y, como dice un viejo aficonado, «otros ven vodka donde solo hay hielo». Según el informe elaborado Diego Sánchez de la Cruz, más de cinco millones de espectadores asistieron a los toros durante la temporada 2017 en España. Según las estimaciones de su estudio, se vendieron alrededor de se vendieron 1.838.000 entradas en cosos de primera, 1.100.000 en escenarios de segunda y 2.100.000 en plazas de tercera y portátiles. A todo ello hay que sumar los festejos populares, alma de la tauromaquia. No nos olvidemos de ellos, cada vez con más auge. Todos esos datos son muy positivos, pero, no nos engañemos, existe un runrún de preocupación y de incertidumbre. Además de los varapalos externos, políticos y animalistas, se encuentra el de algunas tardes en taquilla.

La Fundación

La Fundación del Toro está muy bien, su discurso mejor, pero, más allá de postureos, ha llegado la hora de actuar y dejar de soñar con «El Dorado» e ir a buscarlo desde abajo. Quizá sea necesario gente externa, que desde dentro mire hacia fuera (y viceversa) y no al propio ombligo. También, para el aumento de socios, no estaría de más una transparencia total, con pelos y señales, en las cuentas y los resultados. Y también de los objetivos que persiguen y la hoja de ruta que siguen. Paciencia, sí, que aún es el embrión, pero el tiempo apremia y hay cuestiones que resolver pronto y en la mano, con reuniones con los principales mandamases de cada partido político y analizando las entrañas del propio sector. Sí, para ser cien por cien creíble y eficaz, la Fundación debería velar por profesionales y afición, por la supervivencia y el crecimiento del mundo del toro. No abandonemos Vitoria, ni Palma, donde cierto es que no están prohibidos pero las condiciones exigidas para dar toros convertirían la corrida en una pantomima, lo que imposibilita su celebración. Luchen por recuperar los puertos perdidos… ¿Ven a toreros y profesionales muy preocupados? Lo que se pierde, difícilmente se recupera…

Repetimos mucho la expresión figura del toreo. Pues, figuras, afronten el riesgo económico; el físico y el artístico ya lo asumen (y sí, ya sabemos que no hay precio que pague la vida, por lo que todos los dineros son pocos para un torero), y demuestren su ¿unión? no solo para atacar a un presidente y su grandeza no solo a la hora de coger la mejor fecha, ganadería y compañeros para «salvar» su cartel, demuestren su categoría pensando en el mañana, algo que algunos (pocos) sí hacen. Dejen paso a los nuevos, tiren ustedes de la taquilla en los días regulares, hagan (junto a las empresas -que necesitan, además de una política de precios asequible, dar una vuelta a los carteles y campañas de promoción efectivas-) algún guiño al que pasa por taquilla y discutan con los empresarios por el porcentaje de lo que generen. Tal vez no estaría de más igualarse con los grandes boxeadores y repartirse el neto de los ingresos. Cada uno en función de su categoría y demanda. Y, por favor, no dejen que se pierdan más plazas. Ganaderos y cuadrillas, hagan lo mismo. Y empresarios… ¡Trabajen y trabajen con cabeza, afición y afición! Solo así se podrá volver a soñar con «El Dorado» de una Fiesta que es grandeza por historia, sangre y verdad, pero en la que hay mucho, mucho, por hacer.

Posdata: las cifras aportadas han sido extraídas de conversaciones con diversos profesionales del sector. Y demasiadas veces se oye aquello de «vamos a llevarnos lo que podamos mientras esto dure…» Al menos donde políticos y pliegos lo permitan, trabajen todos los taurinos para que el presente de la Fiesta sea saludable y su futuro largo. Son muchos más los aficionados y las gentes que respetan las tradiciones que los animalistas falsos y oportunistas. La tauromaquia es grande, pero hagámosla gigante.

Publicado en ABC

Huamantla: Luces y sombras en la noche que nadie duerme

Corrida de las luces. Foto Ángel Sainos.

De SOL y SOMBRA.

La corrida de Las Luces, festejo de la feria de Huamantla, nuevamente registró un lleno en los tendidos y pudo verse a nivel mundial mediante una transmisión vía Facebook, que no estuvo exenta de algunos problemas técnicos.

Unas horas antes del festejo se anunció que la transmisión sería gratis, cuando ya se había promocionado por un costo de 5 dólares -que algunos aficionados pagaron- y está por verse aún si estos les serán reembolsados.

En Mexico este formato de pago por evento en festejos taurinos nos genera desconfianza y el de Huamantla lamentablemente cumplió con algunos malos augurios, los cuales apuntaban hacia la poca seriedad y profesionalismo en el medio taurino para llevar un evento de esta magnitud hacía buen puerto.

La Corrida

El festejo de “Las Luces” cumplió a medias con las expectativas y estuvo compuesto por el rejoneador Santiago Zendejas, José Adame, Octavio García “El Payo” y Angelino de Arriaga, quien destacó por su arrojo y ganas de triunfar durante todo el festejo.

Se lidiaron siete toros de Xajay de presencia y juego desiguales.

Santiago Zendejas, hermano de Alejandro, está aún muy verde pero le puso voluntad a su actuación y dio una vuelta al ruedo junto a los Forcados de Mazatlán.

José Adame, anduvo técnico y fácil con su primero y se llevó una oreja. Con el quinto (bis) cumplió.

El Payo“, fue silenciado con su primero y en el sexto dejo detalles personales de su toreo para llevarse una oreja.

Angelino de Arriaga, el torero local del festejo, se llevó una oreja de su primero y fue ovacionado en el sexto

Incidencias: Antes de iniciarse el festejo hubo una ceremonia para revelar una placa por los 100 años del coso “La Taurina”.

Twitter @Twittaurino

Los de Fuente Ymbro favorecen el espectáculo en la Picassiana de Málaga

Oreja de perfil bajo para Sebastián Castella en una tarde en la que Miguel Ángel Perera protagonizó los instantes más destacados. Antonio Ferrera dio una vuelta al ruedo.

Por Daniel Herrera.

La Malagueta cada año se transforma por un día. La Corrida Picassiana se ha convertido ya en una seña de identidad de la Feria Taurina de Málaga, y las intervenciones realizadas por el artista francés Loren Pallatier, ya un malagueño más, le dan un plus de aliciente al espectáculo taurino. La propuesta de este año quizás no haya sido la más llamativa ni vistosa, aunque sin duda ha sido la más elegante.

Manos extraídas de grandes obras de la pintura clásica parecían mostrar el camino hacia la excelencia, como si estuvieran marcando el lance que debieran ejecutar los espadas, que hicieron guiños a la tarde, aunque en lo que respecta a los vestidos urge encontrar un modelo para distinguir estos trajes de los empleados en las corridas goyescas.

Sólo faltaba que los toros de la ganadería de Fuente Ymbro estuvieran a la altura de un gran acontecimiento y que los diestros se mostraran dispuestos. Sirvió la corrida en líneas generales, mostrando nobleza y en determinados momentos la casta que se le pide a los toros criados por Ricardo Gallardo. El punto negativo llegaba por su falta de fuerza, que en buena medida condicionó el desarrollo de un festejo entretenido que pudo haber alcanzado cotas superiores.

El primero del lote de Sebastián Castella no destacó por su calidad. Suelto de salida, requirió de un esfuerzo por parte de sus banderilleros José Chacón y Vicente Herrera, que fueron invitados a saludar. Quiso apostar por él el francés con un inicio de faena sentado en el estribo para sacarlo hasta el tercio por bajo. En realidad, era un toro que iba y venía, pero sin clase ni emoción. Faltando estos ingredientes, el matador tuvo que tirar de técnica para sacar algún pase suelto por cada pitón en un conjunto insípido por la condición del astado.

Mejor material tuvo en el quinto, un toro con calidad y ese picante que da realce a todo lo que se le haga. No por repetido deja de impresionar el inicio de faena en el que se plantó a pies juntos en el centro y sin enmendarse se lo pasaba en hasta tres ocasiones imperturbable por la espalda. Tras este comienzo explosivo, se sucedieron las tandas por los dos pitones sin la trascendencia esperada conforme a lo que tenía enfrente. Al hilo del pitón, no fue la colocación su mejor virtud. Sólo cuando acortó las distancias pareció mostrarse cómodo en un conjunto largo que fue diluyéndose cual azucarillo. Solo que acertara a colocar el estoque de forma habilidosa en lo alto del morrillo y que el animal rodara con celeridad hace entender que el generoso público sacara sus pañuelos y se concediera uno de los trofeos de perfil más bajo que se recuerdan en los últimos años en La Malagueta. No siempre lo mejor es lo que se premia en la fiesta de los toros?

Lo mejor lo hizo Miguel Ángel Perera. Él y su cuadrilla. Uno de los momentos más vibrantes de la corrida se vivía con el tercero de lidia ordinaria. Tras una salida en la que flojeó su oponente, se vivió un momento cumbre con la intervención de sus hombres de plata en banderillas. La buena lidia de Curro Javier fue acompañada de dos soberbios pares de Javier Ambel, ante los que no quiso ser menos el tercero Guillermo Barbero. Fue toda una exaltación a los subalternos que recibieron una clamorosa ovación de La Malagueta. El matador siguió la senda y aprovechó que el toro se había venido arriba, iba largo y con transmisión. Le exigió enormemente de inicio, bajándole la mano y alargando el trazo del muletazo hasta donde su brazo se lo permitía. Fue generoso con el astado, y es de valorar que dejara ver sus virtudes dejándoselo venir de lejos, mostrando una calidad enorme por el pitón derecho. Bajó por el izquierdo, pero lo que acusó fue la falta de fuerza.

La disposición mostrada anteriormente, y el juego que estaba dando la corrida, ponía las ilusiones por todo lo alto en el que cerraba plaza. Volvió a levantarse la plaza para ovacionar a la cuadrilla, con dos quites de exposición de Curro Javier. Torerísimo fue el inicio de faena con una rodilla en tierra y la mano izquierda encajada en la cintura; y poderío y empaque tuvieron las tandas que le siguieron en redondo. El temple se impuso al natural, pero a partir de ahí tuvo que realizar todo a favor del animal, que se apagó antes de tiempo. Si hubiera matado al primer intento, igual que en su primero no hubiera caído baja la espada, sí que habría paseado una oreja con fuerza, pero la petición en este último se quedó en el límite y el usía optó por guardarse el pañuelo.

Muy dispuesto estuvo con el capote Antonio Ferrera con el que abría plaza, torero y garboso llevándolo al caballo por delantales, aunque el topetazo que se pegó con el peto fue claramente acusado por el astado. Parte del público le solicitó que banderilleara, suerte que ha abandonado esta temporada, dejando todo a expensas de la faena de muleta. Lástima que le faltara un último tranco para perseguir el engaño hasta el final. Pese a todo, tras las probaturas iniciales sin demasiado ajuste, su administración de los recursos le llevó a adquirir una línea ascendente, bajándole cada vez más la mano y enroscándose con él hasta que el toro se sintió podido y solo colaboraba a favor de la querencia. Pese a la petición de oreja, la ejecución de la suerte suprema fue decisiva para su no concesión. Nuevamente lucido en el recibo con un capote con una mano impresa, brindó la muerte de su segundo a Finito de Córdoba, que vestido de calle saltaba al ruedo para recibir el ofrecimiento. Amorcillado de inicio, amenazando con echarse, Ferrera no quiso tirar la toalla y le fue encelando en la franela. Nuevamente sin apreturas, fue robándole las embestidas. Pero es complicado robarle a quien no tiene nada, por lo que el alargue careció de sentido.

Publicado en La Opinión Málaga

Las figuras del toreo, avaladas por un rancio ‘sistema’, ya no llenan las plazas

Foto: http://www.josemariamanzanares.com

Los taurinos han secuestrado la fiesta y la han convertido en un espectáculo aburrido y previsible,

Por Antonio Lorca.

Viernes, 3 de agosto.

— ¿Sabes cuánto me ha costado la entrada?

El mensaje era de un amigo, contagiado desde su nacimiento por el veneno de la afición a los toros, que estaba con su esposa en un tendido de sombra de la plaza de Huelva.

— Setenta y cinco euros.

— ¿Y están llenos los tendidos?

— Tres cuartos escasos, siendo muy generoso.

Era el primer día grande de Las Colombinas, y un cartel plagado de atractivos: Morante de la Puebla, José María Manzanares, la reaparición del joven onubense David de Miranda, y los toros de Juan Pedro Domecq.

“Esta es la fiesta de ellos”, comenta un aficionado

A los pocos minutos, un nuevo mensaje: una foto en la que se ve a un toro derrengado en la arena mientras un subalterno le tira del rabo, otro trata de levantarlo mostrándole el capote, y Manzanares, muleta en mano, espera el desenlace; y un texto desesperanzado: “Esta es la fiesta de ellos”.

Esta es la fiesta de ellos… Seis palabras que sonaban a todo un alarmante tratado sobre la cruda realidad de la fiesta de los toros en la temporada de 2018.

Ese fin de semana se celebraron diversas corridas en otros tantos puntos del país.

En Huelva, por ejemplo, se anunciaron el sábado El Juli, Perera y Roca Rey (toros de Torrealta), y los rejoneadores Diego Ventura, Andrés Romero y Andy Cartagena el domingo, y la asistencia no superó los tres cuartos ambos días, y solo se cubrió la mitad de la plaza en la novillada que abrió la feria. Algo muy serio ha cambiado —o está cambiando— en la feria de Las Colombinas.

Ese sábado 4 de agosto se anunció un cartelón en El Puerto de Santa María: Morante, Manzanares y la alternativa de Daniel Crespo (toros de Núñez del Cuvillo), y las crónicas certificaron que no se alcanzaron los tres cuartos de entrada. Y el domingo, en la misma plaza, un cuarto de entrada para ver toros de La Palmosilla, El Fandi, Castella y Perera.

Festejo de gala, también, en Pontevedra el día 5: El Juli, Manzanares y Roca Rey (toros de Alcurrucén), y casi tres cuartos de entrada, según informó la agencia Efe.

Hubo otros festejos en plazas menores, con resultados más pobres aún en taquilla.

¿Qué está pasando?

¿Cómo es que figuras modernas tan reconocidas como Morante, Manzanares o El Juli no cuelgan el cartel de “no hay billetes” allá por donde van?

A ver si va a tener razón el amigo que mantiene que “esta es la fiesta de ellos”.

El toro ha desaparecido de las plazas de postín

Una fiesta secuestrada por los taurinos; pensada, diseñada y ejecutada de espaldas a los clientes, en la que ya no hay toro, sino una maltrecha caricatura vestida de negro, con más aspiraciones de ser un artista cursilón que un animal fiero, poderoso, ese que impone respeto a los toreros y miedo a los tendidos. Un animal bonito, cariñoso, tierno y angelical, cual peluche infantil, feble y claudicante, que no admite, por incapacidad de nacimiento, la suerte de varas, y hace esfuerzos por llegar al tercio final con algo de aliento en las entrañas; es verdad, no obstante, que, a veces, como ocurrió en Huelva con un toro de Torrealta, un ‘artista’ se muestra infatigable en la muleta, pero con tanta bondad y nobleza que no emociona más que a los toreristas de clavel.

Una fiesta aburrida, previsible, soporífera y escasamente emocionante, sostenida por el llamado ‘sistema’, que viene a ser algo así como el gobierno en la sombra que mantiene el entramado del espectáculo taurino.

Un ‘sistema’ compuesto por la mayor parte de las figuras, los grandes empresarios y las conocidas ‘casas’ que ejercen como apoderados y ganaderos y con mando en muchas plazas. A la cabeza ¿invisible? de todas ellas un personaje desconocido socialmente, investido de un poder omnímodo, con ramificaciones en todos los estamentos, respetado y temido a un tiempo, cuyo nombre parece la banda sonora de una película de miedo: ¡Ma-ti-lla!

A su sombra —a sus órdenes— todo es seguridad y tranquilidad: sus ganaderos lidian y sus toreros se visten de luces; frente a él, escasean los contratos, se cierran los despachos y los nombres de toros y toreros desaparecen de los carteles.

Que le pregunten, si hay duda, a Alejandro Talavante, supuestamente vetado en las ferias más importantes desde que el pasado 3 de junio rompiera su acuerdo de apoderamiento con la Casa Matilla. De nada vale, al parecer, que saliera triunfador de San Isidro, y sea uno de los toreros más deseados del escalafón. Ha roto con el ‘jefe’ y está condenado a mazmorras. Y lo que es peor: nadie del sector -por supuesto, ninguno de los firmantes de la recusación contra la presidenta de la plaza de Málaga- ha levantado la voz en su defensa.

Otra vez, adquiere notoriedad el lamento del amigo: “Esta es la fiesta de ellos”. De Matilla, de Simón Casas, de los Choperas, de las figuras que dormitan a su abrigo (Talavante no puede quejarse ahora, porque también se benefició en silencio del ‘sistema’ mientras a él perteneció), de los ganaderos artistas, y de los aficionados que mantiene con su torerismo el decadente entramado actual.

Y no se olvide el veto supuestamente impuesto por Pablo Hermoso de Mendoza (apoderado por la casa Chopera) a Diego Ventura.

Esta es la fiesta de ellos, de la que han huido miles de aficionados, hartos de tanta sinrazón y engaño, de tanta sardina de cuatro patas, de tantas tardes de sopor, de tanto artista sin inspiración…

Hace unos años, Manuel Chaves, presidente de la Junta de Andalucía entonces, asistió a la entrega de los premios taurinos y universitarios de la Real Maestranza de Sevilla, y pronunció una frase que está resultando premonitoria: “La fiesta de los toros solo desaparecerá el día que no haya un solo aficionado en una plaza de toros”.

Un bello manojo de verónicas del excelso Morante no justifica que el ‘sistema’ siga mandando entre el silencio general. A la vista está: cada vez va menos gente a los toros, y el artista de La Puebla es uno de los damnificados. Su nombre ya no atrae a las masas.

Y, encima, a 75 euros la entrada.

Ni un atisbo de emoción

Un momento de la actuación de Ignacio Garibay en la primera corrida de la feria de SLP. Foto Tauro Nota Twitter.

Por Alejandro Martínez.

Los dos principales actores de la tauromaquia actual tienen un serio problema: no emocionan. Eso, siendo generosos. Si fuéramos completamente sinceros diríamos que, no sólo no emocionan, sino que aburren hasta la saciedad. Y, aunque parezca una contradicción, esto ocurre, en gran medida, por abusar de la perfección. Es tal la técnica que poseen hoy en día los toreros, que en su labor no hay espacio para el sentimiento ni la improvisación. De igual forma, la selección del toro de lidia se ha llevado hasta tal extremo que su comportamiento ha perdido todo atisbo de sorpresa e imprevisibilidad.

La lidia ha quedado prácticamente reducida al último tercio, el de muleta. Las faenas son eternas e idénticas.

¿Y el toro? Ese animal otrora salvaje y temible ahora es tan noble y obediente que apenas despierta la más mínima emoción en los espectadores.

El resultado: las tardes de toros se hacen largas y aburridas. “Como en la ópera”, apuntaba un joven aficionado en el tendido. “Los cantantes actuales tienen tanta técnica que son fríos, no conmueven”. Y sí, como la ópera o el teatro, el toreo es -o debería ser- emoción.

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Málaga: Un abono entre la veteranía y la savia nueva

Por Antonio M. Romero.

El Certamen Internacional de Escuelas Taurinas ‘La Malagueta’, cuya final se celebró ayer, ha sido el brillante prólogo a la feria taurina de Málaga que comenzará este próximo domingo, 12 de agosto, y se prolongará hasta el día 19 de este mes.

Un abono compuesto por ocho festejos (seis corridas de toros -una de ellas mixta- una novillada picada y una de rejones) cuyos carteles combinan a diestros y rejoneadores veteranos con la savia nueva de matadores de toros y caballistas jóvenes que vienen pidiendo paso en el escalafón. Una cita con la tauromaquia donde las grandes ausencias son la de Morante de la Puebla -la de José Tomás era previsible ya que su temporada se ha reducido a un sólo festejo, el pasado junio en Algeciras- y la del malagueño Javier Conde, que se cayó a última hora del cartel al cambiar la ganadería que iba a lidiar.

Por segundo año consecutivo, Toros del Mediterráneo ha sido la encargada de confeccionar la feria taurina de la capital, aunque con una novedad. En esta ocasión la empresa ya es totalmente malagueña después de que los empresarios locales José Luis Martín Lorca y José Carlos Escribano se hicieran con el cien por cien de la sociedad tras adquirir las acciones a sus socios Ramón Valencia, Simón Casas, Antonio Matilla y Manuel Martínez Erice. En esta nueva etapa en solitario al frente de una plaza, en la que ya estuvieron a principios del siglo XXI, los empresarios han lanzado una serie de promociones e incentivos dirigidos al abonado y al público en general para que acudan a los espectáculos y conozcan, asimismo, los entresijos de la tauromaquia. El número de abonados, según la empresa ha subido un 7% y no ha llegado a los 2.000.

En cuanto a los carteles, la base del abono es Enrique Ponce quien hará el paseíllo dos tardes como triunfador de la feria de 2017, donde abrió la puerta grande tras indultar al toro ‘Jaráiz’ de Juan Pedro Domecq en la Corrida Picassiana que, a su vez, fue la presentación internacional del espectáculo Crisol. El diestro valenciano, que ha sido el pregonero de la feria taurina de la capital, está anunciado en el festejo mixto del día 16 de agosto junto al rejoneador Diego Ventura, que está cuajando un gran año y que llega a Málaga con el aval de sus triunfos en otras plazas y después de haber marcado un hito al cortar un rabo en Madrid durante la Feria de San Isidro. Completa la terna el diestro El Juli, en la temporada que cumple veinte años como matador de toros y que llega a La Malagueta con el reto de abrir una puerta grande que se le resiste desde hace años. Los toros serán de Guiomar para la lidia a caballo y El Vellosino para los diestros a pie.

El Juli cumple veinte años como matador y llega a Málaga con el reto que se le resiste de abrir la puerta grande El matador Fortes y los novilleros Curro Márquez y José Antonio Lavado son la representación malagueña en el abono

En su segunda tarde, Enrique Ponce compartirá cartel con José María Manzanares, que el año pasado no pudo torear en Málaga por su enfermedad, y con Roca Rey, uno de los jóvenes valores con mayor proyección y que está cuajando una gran temporada donde se le ve con un toreo más reposado y profundo. Ese día las reses serán de Juan Pedro Domecq.

Juan José Padilla se despedirá de la afición malagueña, en la temporada de su retirada, el viernes 17 de agosto con los toros de Núñez del Cuvillo. Le acompañarán en el cartel Alejandro Talavante, una de las grandes figuras del escalafón y un torero siempre esperado por la afición malagueña, y el malagueño Fortes, en su única comparecencia en el ciclo y cuya actuación ha promocionado, en la capital y la provincia, como ‘una tarde eterna’ y uno de sus principales compromisos de una temporada irregular donde se le ha visto torear mejor pero ha perdido triunfos bien por la negativa del palco o con el fallo con la espada.

El Fandi, un clásico en La Malagueta, compartirá cartel con dos valores en alza: el madrileño Alberto López Simón y el extremeño Ginés Marín, un diestro muy del gusto del aficionado por la pureza de su toreo. Estoquearán reses de Santiago Domecq.

Esta ganadería protagonizará la sexta edición del Desafío Taurino junto a la de Lagunajanda. Esta última se lidiará el domingo 12 de agosto con un cartel en el que se anuncian El Cid en su regreso a Málaga, Paco Ureña, que en los dos últimos años ha firmado sendas grandes faenas en La Malagueta, y José Garrido, otro de los jóvenes valores en alza. Por su parte, la ganadería de Fuente Ymbro se lidiará el 14 de agosto y será la Corrida Picassiana donde se anuncian tres diestros curtidos: Antonio Ferrera, Sebastián Castella y Miguel Ángel Perera.

La novillada con caballos tendrá lugar el 13 de agosto y en la misma destaca la ausencia del malagueño Juan Carlos Benítez, que el pasado año cortó una oreja en La Malagueta. Sí estarán dos jóvenes novilleros de la tierra: Curro Márquez, un diestro de concepto clásico y artístico, y José Antonio Lavado, fuerza y raza en el ruedo. Completa el cartel José Luis Becerra ‘Corruco chico’, quien debutará con los del castoreño tras haber ganado en 2017 el Certamen Internacional de Escuelas Taurinas ‘La Malagueta’.

El abono se cerrará el domingo 19 de agosto con la corrida de rejones donde la francesa Lea Vicens compartirá cartel junto al maestro del arte a caballo Pablo Hermoso de Mendoza y su hijo, Guillermo, que debutará en Málaga.

La feria taurina de Málaga llega con una sombra de polémica después de que las principales asociaciones de profesionales y empresarios taurinos -la Unión de Toreros; la Unión de Picadores y Banderilleros (UNPBE); la Asociación Nacional de Mozos de Espadas (ASNAME) y la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (ANOET)- hayan presentado un escrito donde exigen el cese de la presidenta de La Malagueta, Ana María Romero, por «arbitrariedad en reconocimientos veterinarios y animadversión a las figuras y ciertos ganaderos».

Un ataque al que respondió Ana María Romero alegando que se limita a «cumplir el reglamento y a defender el nivel de la plaza de Málaga», de primera desde 2006, algo que muchos «todavía no aceptan». Además, desmintió que haya tenido «problema alguno» con ninguna figura del torero y alegó que cuando rechaza un toro lo hace para «preservar y dar importancia a la Málaga taurina». Romero ha recibido incontables apoyos del mundo taurino español e internacional.

Publicado en Diario Sur

Feria de San Luis: Una Golfería Monumental

Adame en el Paseo de San Luis. Foto Joselito Adame Twitter.

El cartel con el que iniciaba la feria de San Luis Potosí en su edición 2018, era quizás en el papel el más redondo, ya que incluía la despedida de un veterano torero como Garibay, la participación de una supuesta figura del toreo como Adame I y El Payo, un torero que tiene buenas maneras y que intenta hacer el toreo clásico en algunas ocasiones, aunque ayer no lo consiguió.

Dicho esto, la corrida de hoy es de las que deben tomarse como ejemplo de lo que no puede consentirse en una plaza de toros como El Paseo. Hay que volver a recordar que la mejor defensa de la Fiesta es ella misma con su grandeza, que conlleva una alta dosis de pureza.

Pero hoy en San Luis no hubieron toros de primera, no se picaron los toros, hubo un indulto inmerecido y se cortaron orejas de dudosa calidad.

Por Juan Carlos Valadez.

San Luis Potosí.- Los aficionados a la Fiesta Brava dicen que nunca hay una corrida de toros totalmente mala. Pero a veces también se equivocan de cabo a rabo.

Pero vamos por partes, hay que dejar muy en claro que la corrida de Julián Handam ha sido un enorme fraude. Toros sin una gota de casta, ni trapío, ni aparentemente la edad reglamentaria. Unos mini armarios tremebundos, algunos inválidos y todos sospechosos de manipulación de sus astas. Total….¡Una tomadura de pelo!

Los empresarios del Paseo no pueden estar contentos con lo que les vendió Julián Handam, porque además de lo impresentable, estos novilletes carecían de bravura. Un fraude para una plaza como El Paseo, porque a estas reses les falto lo mínimo que un toro debe tener: bravura, sobre todo, y fiereza cuando menos.

Yo en lo personal creo que lo que que ha traído a San Luis Potosí Julián Handam es una declaración de odio a la Fiesta y quizás de desahogo personal. No se puede criar unos animales más inválidos, más bobos, más antitaurinos que los seis toretes, que este señor ha mandado para hacer el más deprimente de los ridículos.

Pero vamos a poner nombres y apellidos a los responsables de este petardo que hace más daño a la Tauromaquia que todos los antitaurinos juntos. No son pocos los que pregonan la tesis que los males de la Fiesta estan dentro de la misma. Y es cierto, ya que los taurinos son los únicos culpables de esta golfería.

Pero mucho ojo, seguir tomando por idiota a la afición les puede resultar además de imprudente, cada vez más arriesgado. Ahora que si lo que se pretende es cargarse la fiesta, se va por buen camino.

Y como sin toro todo lo demás sale sobrando, el festejo fue una pantomima y un engaño total para todos los aficionados que pagaron un boleto por asistir a una corrida de toros y que terminaron asistiendo a una novillada fraudulenta.

Escenas del sorteo. Foto Tauro Nota.

Los otros autores intelectuales del fraude:

Ignacio Garibay que había pasado sin pena ni gloria con su lote, indultó gracias al efecto del dios Baco, un torito impresentable del hierro de Santa Bárbara por una faena destemplada, sin reposo, ante un astado noble encastado, que no se merecía el indulto, ni pensamos que pueda ser para vacas.

Adame I, ya no es el de antes, parece que la firmeza y la seguridad se le extraviaron o la guarda para España y ahora ofrece una imagen por momentos de impotencia, algo inaceptable para una supuesta figura del toreo en cualquier escenario. Adame I le tumbó una oreja al segundo de su lote tras señalar un bajonazo. Mientras que El Payo le cortó otras dos orejas al segundo de su lote, un becerro cornicorto con los pitones romos y afeitados hasta más no poder.

De verdad que se les debería de caer la cara de vergüenza, porque entre la autoridad y los taurinos están destruyendo esta fiesta. Y van a conseguir que desaparezca porque no es posible mayor incompetencia ni un ataque más furibundo al corazón mismo de este espectáculo.

Ficha del Festejo 

San Luis Potosí. Primera corrida de feria. Casi tres cuartos de aforo. Toros de Julián Handam, desiguales de trapío, sospechosos de pitones, inválidos y amodorrados, excepto el 6º, que tuvo más calidad. Un toro de regalo de Santa Bárbara, sospechoso de pitones, que mereció el premio del indulto.

Ignacio Garibay: Ovación, vuelta e indulto de un toro de regalo.

Joselito Adame: silencio y oreja.

Octavio García “El Payo“: ovación y dos orejas.

Twitter @Twittaurino