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Ocho con Ocho: Buena Feria Por Luis Ramón Carazo


Ir a la Feria de San Isidro y aspirar a ser testigo de faenas triunfales en siete días, es algo que cuando se tira una moneda a la fuente y se consigue el deseo, es para de inmediato ir a comprar un billete de lotería, pues no es frecuente que ocurra y sin embargo y encapsulando desde el domingo 19 hasta el viernes 25 de mayo, con todo y que ha llovido a cantaros en la capital hispana, cada tarde no ha parado en darnos alegrías y lo digo con la nostalgia de que este año por diferentes razones, me he tenido que conformar con verlas por la pantalla.

Me da gusto que el evento taurino mundial más importante del año, marche bien y que bueno para aquellos que lo han podido paladear en vivo, es una experiencia incomparable el estar en el momento en que el arte efímero del toreo se manifiesta en plenitud en el ruedo venteño.

El sábado 19, la alegría nos la proporcionó Joselito Adame con una faena de gran conocimiento y arrojo, al toro de Alcurrucén que parecía no ofrecer la oportunidad de triunfo y la cual fue labrando con gran paciencia, aunque no falten quienes lo denuestan por vaya usted a saber qué motivo.

El domingo 20 el gran rejoneador luso-hispano Diego Ventura dio una muestra más de que en su año 20 de alternativa, ha alcanzado un sitio de privilegio y ya tiene 15 salidas en hombros el centauro en su haber, como no lo ha hecho ninguno otro de sus colegas en Madrid y uno de ellos es el esquivo Pablo, a quién le corresponde haber marcado el nuevo derrotero del toreo a caballo, pero que no parece dispuesto a confrontarse hoy en día con Diego, quién está que echa lumbre coloquialmente hablando con sus cabalgaduras.

El lunes 21, un novillero de apodo taurino Toñete, tejió una faena bajo el granizo a un animal del Conde de Mayalde y le arrancó prácticamente un trofeo con base en su patente voluntad, por ser alguien en el toreo.

El miércoles 23, le correspondió en el sexto toro de la ganadería de Victoriano del Río a Andrés Roca Rey para ratificar porque es la figura que más atrae al público en el tiempo presente (como atinadamente lo comentó Luis Cuesta recientemente) y lo logra con base en un toreo serio, estoico y con sello.

La faena al sexto de la tarde fue estremecedora, después de un chubasco y de seguro para los asistentes al salir, les provocó a tomar algo que reconfortara al cuerpo y a platicar de quién atesora una gran cantidad de cualidades positivas en una tauromaquia con sello muy propio.

El día anterior David Mora, torero lleno de clasicismo con un toro del Ventorrillo nos puso a disfrutar de su forma tan añeja de interpretar el toreo.

Y el jueves 24 que se puede decir que no se haya dicho o escrito de la gran actuación de Julián López El Juli (quién como Diego Ventura, navega a punto de celebrar su vigésimo aniversario como matador de toros) con el extraordinario colorado de Alcurrucén con el nombre de Licenciado que fue noble y codiciosa materia prima, para que diera rienda suelta a su maestría Julián y solamente por la suerte suprema es que no se fue por la Puerta Grande, en mano a mano con Ginés Marín quién a su vez solamente dejó destellos de su buen trazo.

Y como si algo faltara, el 25 de mayo fue Talavante con Cacareo de Núñez del Cuvillo quién finalmente redondeó una faena plena de sentimiento de dos trofeos muy merecidos y también con un aguacero (que provocó un ruedo resbaloso)pero que no impidió que López Simón con gran pundonor le acompañara hacia la calle de Alcalá con un trofeo por faena, para sellar una fecha inolvidable y cuya replica anterior de dos toreros en hombros, lo fuera el 1 de junio de 2016 en el mismo sitio pero con Manzanares y el mismo Alberto.

Cabe mencionar que Talavante actúo en lugar del convaleciente Paco Ureña y que sus honorarios los donó a una institución sin fines de lucro y por si algo faltara tuvo la categoría de brindar, su actuación al compañero herido, lo cual provocó además un lleno por ser poco usual que una figura tomé el lugar de un compañero que por alguna razón, no comparece.

Hubo suerte, no me cabe duda, y deseamos que en la segunda parte de la feria así se mantenga, Madrid es Madrid, capital del toreo mundial y motor de una fiesta que languidece pero que cuando es triunfal, nos hace renacer la fe en ella.

Enhorabuena.

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Roca Rey, más puma que cóndor

Por Antonio Lucas / José Ayma.

Aquello que dijo Neruda sobre el Macchu Picchu, días de fulgor vivo en la intemperie, le cae bien a este muchacho del Perú, maestro en tauromaquia, aún con veintitantos años aún y ya con buen sabor añejo.

¿Qué lleva a un casi adolescente a volcarse en los toros tan de lleno? Ya no es el hambre. Ya no es el escaqueo de los malogrados. Debe ser por algo más. Tiene que existir un motivo que no puede explicarse enteramente. Andrés Roca Rey es un torero peruano. 22 años. Cicatrices. La mano turbulenta y dulce. La espada envuelta en meteoros. No sé si el arte de los toros está ya en su ocaso o vive de fulgores sucesivos. Pero en él alcanza un sentido nuevo que viene de muy atrás. Eso lo hace extrañamente moderno. El arte de torear tiene algo de gastada primavera humana. Y también de bestialismo. De quirófano con moscas. Pero a la vez alberga magias y pulsiones muy extrañas. Las impulsa y las provoca. Contemplar a este tipo en una plaza de toros es comprender que no sucumbe del todo eso que ya tiene hoy poco sitio en la vida.

Roca Rey no es un matarife, sino que se ha domado en la veta insondable de los grandes. Es un tipo de su tiempo que no se enfrasca en batallas que no merecen la pena ni para perderlas.

Le dicen El Cóndor, pero tiene más de puma con un galope de claridad nocturna. Parece un tipo grave, reconcentrado, proyectado hacia dentro. Un joven de los que encontró pronto el sitio y teme tanto a la muerte como a las tardes que son tan sólo racha fría. Es el último fenómeno de la tauromaquia. El más firme de su edad. El claro relevo. El volcán que electrifica los tendidos desplegando esa verdad de quienes no temen el bullebulle del drama. Es uno de los faros de este San Isidro. Vivir es exponerse. Torear es multiplicar la vida en un instante varias veces.

Publicado en El Mundo

Feria de Córdoba: Califato Morantista

De SOL y SOMBRA.

Tarde de triunfo en el coso de Los Califas de Córdoba con salida a hombros de Morante de la Puebla, que cortó dos orejas al cuarto, en un festejo donde también triunfaron Finito de Córdoba y Roca Rey, que pasearon también dos orejas, una de cada toro de sus lotes.

Se lidiaron seis toros de Juan Pedro Domecq, justos de presencia y nobles en general.

Juan Serrano Finito de Córdoba, oreja y oreja.

José Antonio Morante de la Puebla, silencio y dos orejas.

Roca Rey, oreja y oreja.

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria del doctor Ramón Vila y de Raúl Arce, antiguo empleado del coso cordobés.

La plaza registró más de media entrada.

Justo reparto de trofeos en la segunda del abono de Los Califas. Finito de Córdoba, Morante de la Puebla y Roca Rey obtuvieron un total de seis orejas, dos por coleta, en la última corrida de toros a pie del abono cordobés tras lidiar un asequible encierro de Juan Pedro Domecq que, sin acabar de romper, concedió opciones para el éxito.

Finito brindó a la afición la faena a su primero, al que citó a pies juntos para sacarlo del tercio con maestría antes de cambiar de terreno. En esa demarcación construyó una faena fundamentada en la diestra, toreando con técnica y largura en ocasiones, aunque a media altura, por la respuesta de la res. En la media distancia pudo ligar dos series antes de optar por el toreo al natural, donde la faena decreció. De nuevo con la derecha, Finito consiguió pasaje templado y con aplomo, levantando al respetable. Eficaz con el estoque, recibió un trofeo.

En el cuarto, Finito construyó una faena a un animal que, aparentemente, no regalaba acometidas. El de El Arrecife animó al tendido con varias series a derechas por abajo antes de pasar a la zurda, donde alargó el trazo. Faena en constante construcción que llegó al tendido y que fue premiada con otro apéndice.

Morante, que anduvo ausente ante el segundo de la tarde, se desquitó en el quinto con una faena donde hubo profundidad y largura. El torero, que contó con el acompañamiento de su rival, compuso un precioso preámbulo con ayudados por alto. Sobre la diestra enganchó por delante sin titubear para trenzar a media altura hasta que el animal, noblote, acabara dejándose por bajo.

En esas, diseñó una secuencia por ambos pitones donde el astado nunca acabó de emplearse, pero la buena consigna del matador imprimió cordura. Más gusto se vio en una cuarta serie, impregnada con el duende propio. Faena pertinente pero sin rotundidad, que fue premiada generosamente con dos orejas.

Roca Rey anduvo insistente y comprometido ante un animal, el tercero, soso y sin transmisión que sólo concedió opciones por obra y gracia del torero, que anduvo presto por ambos pitones, cuidando la colocación. Faena construida por el matador, donde hubo aplomo y perseverancia, aunque también altibajos.

En el último anduvo decidido y fresco. Sin dejar de batallar, el torero intentó un máximo despliegue con la muleta en la diestra pero la res se vino abajo, concediendo únicamente fases. La entrega y voluntad del peruano propiciaron un enfrentamiento más en la distancia corta que el público quiso premiar.

Una serie de manoletinas antes de mostrarse eficaz con el acero le valió una oreja.

Al finalizar la tarde Finito y Roca Rey salieron a pie por la puerta de cuadrillas, mientras que Morante lo hizo a hombros por la de Los Califas.

Tarde con sabor.

Roca Rey: «Para poder expresar el toreo tienes que sentirlo, entrenarlo y ensayarlo»

Por Raul Doblado.

Pocas horas después de haber vuelto a demostrar su valía en la plaza más importante del mundo (Las Ventas), Andrés Roca Rey puso su objetivo en otra plaza de primera, Córdoba. Lo hace a sabiendas de que su figura se ha convertido desde hace tres años en un valor fundamental para el sostén de la Fiesta. Porque, hoy por hoy, si hay un espada que empuje a las gentes hacia la grada es este peruano que apenas supera las dos décadas de existencia. Llevar el peso de dicha responsabilidad no es algo que le abrume, todo lo contrario: tal y como explica supone un revulsivo porque «te das cuenta de que puedes hacer feliz a mucha gente».

Cuando uno se despierta tras haber toreado la tarde anterior en Madrid de la manera en la que usted lo hizo, ¿qué sensaciones tiene?

Son muy buenas, sin duda. Gracias a Dios (el miércoles) las cosas salieron bien. Las sensaciones que uno guarda son bonitas. Y ahora lo que uno desea es volver a sentirlas.

A pesar de su juventud, su tauromaquia parece consolidada. ¿Hasta dónde puede seguir evolucionando?

Voy evolucionando cuando busco cosas. Voy mejorando pequeños detalles que luego se ven grandes. Una vez que eso sucede, como artista y como torero te sientes cada vez mejor.

¿Es torero de mucho entrenamiento o de los que se guía por inspiración?

Pienso que, como sucede con todo en la vida, cuando tú de verdad te sientes metido en la profesión, la quieres y buscar ser alguien dentro de ella, le dedicas mucho tiempo. Ni tú mismo te das cuenta del tiempo que le estás dedicando. Obviamente, hay sacrificio, entrega, pero es la única forma de que las cosas ocurran. Siempre entrenas y te preparas para cuando salga el toro y poder esta bien. Me refiero al nivel que tú quieres y puedes expresar. Para poder expresarlo tienes que sentirlo y entrenarlo y ensayarlo. Ahí está la clave.

¿Se fija objetivos o metas a corto y largo plazo?

Mi meta final es ser feliz, supongo que como quiere todo el mundo.

¿Es de los toreros que se siente más cómo con un tipo de encante?

Mientras un toro tenga fiereza y movilidad, tenga las características fundamentales para crear emoción, tienes que estar dispuesto a entregarte a él. Una vez sucede esto, te olvidas del toro y de su encaste.

¿Qué supone para usted el miedo?

Todas las personas tenemos miedo. Y todas lo sentimos. El miedo siempre está ahí para todo el mundo, pero es un factor que no puede desaparecer, porque sin él, muchas emociones se perderían. Es un factor que también te motiva, que te hace ir a más. Obviamente, es algo que a veces cuesta trabajo superar pero también estamos para eso.

¿Le ha cambiado mucho la vida desde que ejerce de figura?

En el ámbito familiar, no, porque la familia siempre sigue siendo la misma. Obviamente, a las plazas acude ahora más gente. Es parte de esto y tienes que aceptarlo. Para mí es bonito. Cuando llegas a un hotel, a un restaurante o vas caminando y la gente te reconoce como torero, es bello. En ocasiones piensas que podrías esconderte, pero luego te das cuenta de que puedes hacer feliz a mucha gente.

En ese sentido, ¿algo que le haya llegado al corazón de manera especial?

En Madrid vino a saludarme una persona de mi país, que había tenido cáncer y lo había superado. Me dijo que mientras estaba en tratamiento se venía arriba viendo las corridas de toros y que le había ayudado a recuperarse. Escuchas eso y sientes que eres partícipe de la felicidad de muchas personas, y por eso no puedes dejarlas solas.

Leer mas de esta entrevista en ABC

Es lo que digo yo: Roca Rey ¿La próxima revolución?

Por Luis CuestaDe SOL y SOMBRA.

Andrés Roca Rey es punto y aparte. Uno de los últimos genios que está revolucionando nuevamente el toreo. Porque no solo hay qué fijarse en su quietud, en sus lances sin enmendar, sino también en el majestuoso esfuerzo del ánimo que tiene este torero, acompañado siempre de un valor inmenso.

En su segunda actuación en Las Ventas ha roto las leyes del espacio y del tiempo, dibujando espirales para llevar al toro donde el quería con su muleta y su cuerpo como escudo.

Que Roca Rey es un torero diferente no me cabe la menor duda. Que actualmente es el que más entusiasma a las masas está fuera de toda cuestión. No reconocerlo sería estar ciego.

La pregunta es: ¿Estamos ante un nuevo revolucionario del toreo?

Hay que recordar que los últimos revolucionarios basaron su legado en tres fundamentos: El riesgo, el dominio del toro, y la estética.

De los tres factores, en el del riesgo, Roca Rey cumple cabalmente con los fundamentos inpuestos por toreros como Belmonte y Ojeda, este quizás el último revolucionario, aunque algunos críticos dicen que en realidad el último fue Manuel Benítez “El Cordobés”.

En el aspecto estético, el toreo de Roca Rey esta transformándose en un concepto de arte superior, por momentos muy lento, y en ocasiones, muy en redondo, pero basado en el toreo más fundamental, rematado con pases de pecho instrumentados con mucha hondura.

Y en cuanto al dominio de los toros, es preciso señalar que en su novísimo toreo, es algo que tarde a tarde a ido mejorando, prueba de ello es que los toros ahora lo respetan más que en otras temporadas. Será interesante en un futuro verlo con otros encastes y toros mas exigentes, pero creo que todo llegará en su momento.

Hoy su faena al sexto toro tuvo dos partes: Una, de acuerdo con los cánones clásicos y la otra, de esa emocionante nueva tauromaquia que está anunciado una nueva revolución en el toreo.

Una revolución que, todavía algunos no quieren ver y que quizás cuando menos lo esperen, tocará muy pronto a las puertas de sus plazas.

Es lo que digo yo.

Twitter @LuisCuesta_

Foto: NTR Twitter

Un Sublime Roca Rey: Así vio la prensa su actuación en Las Ventas…

Roca Rey, en un muletazo por la espalda al sexto de la tarde. Foto JULIÁN ROJAS.

José Antonio del Moral – De Toros en Libertad: Vivido lo visto ayer con la lidia y muerte del sexto toro de Victoriano del Río, en cualquier época de esta plaza de Las Ventas, tenida por la más importante y, desde luego, la más trascendental del mundo, Andrés Roca Rey, el peruano-español que ya es tan nuestro como limeño, será aún más grande figura del toreo de lo que ya venía siendo, independientemente del numero de orejas que le dieron, solamente una, señores, solamente una tras enloquecer a toda la plaza con una faena más que épica que convenció a todos los presentes salvo al indeclinable sector que la desdora y la emborrona, como también y esto sí que tiene bemoles, salvo al señor presidente del festejo que obedeció las ruidosas indicaciones de la gentuza que intentó y consiguió impedir que aquello no fuera premiado con las dos orejas del único animal que medio sirvió de la muy decadente y decaída corrida. Pero dado el ambiente triunfal que dominó el ambiente hasta grados pocas veces visto aquí, no importó nada que Roca Rey no pudiera salir a hombros por la Puerta Grande, últimamente y al parecer cerrada a cal y canto porque a no más 60 personas entre las más de 22.000 que abarrotaban la plaza no les pareció oportuno que lo consiguiera. Sin embargo, el parecer general fue que el aún jovencísimo diestro se había consagrado en Madrid definitivamente. No es de ahora el dislate. Madrid con las grandes figuras casi siempre fue injustísima. Podríamos traer ahora mismo a colación – argumentar, aducir razones y ejemplos, digo yo, de las muchas veces que aquí ha ocurrido lo mismo en todas las épocas.

Paso a relatar lo que yo mismo viví junto al gran Paquirri una tarde que terminó en injusta bronca de los ínclitos del tendido 7. Habíamos llegado al Hotel Goya, donde se vestía siempre el de Barbate, cuando sonó el teléfono que descolgó el propio gran torero. Era Luis Miguel Dominguín, tío político del años más tarde trágicamente desaparecido diestro y por tanto mitificado en la historia del toreo para siempre. Y esta fue la conversación entre ambos: “¡Enhorabuena, Paco ! Enhorabuena por qué, si esos malditos me han puesto a caldo”. “No deberías estar tan enfadado”, enfatizó riéndose Luis Miguel que siguió diciendo “lo mejor que te puede pasar en Madrid es que te abronquen aún habiendo estado bien. Es la señal que distingue aquí a todos los grandes del toreo”. Y Paquirri, repentinamente conformado con el sabio consejo de Luis Miguel, abandonó su agriado gesto y volvió a sonreír tan abiertamente como siempre lo hacía. De tal modo sucedió también ayer o debió suceder con Roca Rey.

Imagínense ustedes hasta donde podría llegar a poco que le respeten más los toros por lo dificilísimo que es torear al borde del abismo con tanta entrega y, por ende, tanta limpieza… y sin ninguna red. No nos alerta tanto todo esto para Roca Rey a quien salva su privilegiada inteligencia, su enorme capacidad de improvisar lo que conviene hacer técnicamente en cada caso, dadas las varias y repentinas acciones de los toros y, encima, lograrlo sobre la marcha. Puras y variadas las sorpresas que adornan casi todas sus actuaciones a poco o poquísimo que los toros se le presten.

¡Hoy me rindo del todo ante usía, don Andrés! Que vos sigáis así durante el mucho tiempo que le queda y que uno lo vea.

Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA: Roca Rey es punto y aparte. Uno de los últimos genios que está revolucionando nuevamente el toreo. Porque no solo hay qué fijarse en su quietud, en sus lances sin enmendar, sino también en el majestuoso esfuerzo del ánimo que tiene este torero, acompañado siempre de un valor inmenso.

Hoy en Las Ventas ha roto las leyes del espacio y del tiempo, dibujando espirales para llevar al toro donde el quería con su muleta y su cuerpo como escudo.

Que Roca Rey es un torero diferente no me cabe la menor duda. Que actualmente es el que más entusiasma a las masas está fuera de toda cuestión. No reconocerlo sería estar ciego.

La pregunta es: ¿Estamos ante un nuevo revolucionario del toreo?

Hay que recordar que los últimos revolucionarios basaron su legado en tres fundamentos: El riesgo, el dominio del toro, y la estética.

De los tres factores, en el del riesgo, Roca cumple cabalmente con los fundamentos inpuestos por toreros como Belmonte y Ojeda, este el último revolucionario.

En cuanto a la estética, el toreo de Roca Rey esta consiguiendo asimilarlo con un concepto de arte superior.

Y en cuanto al dominio de los toros, es preciso señalar que en su novísimo toreo, es algo que tarde a tarde a ido mejorando, prueba de ello es que los toros ahora lo respetan más que en otras temporadas.

Su faena al sexto toro de esta tarde tuvo dos partes: Una, de acuerdo con los cánones clásicos y la otra, de esa emocionante nueva tauromaquia que está anunciado una nueva revolución en el toreo.

Una revolución, que todavía muchos no quieren ver y que quizás cuando menos lo esperen, tocará muy pronto a las puertas de sus plazas.

Antonio Lorca – El País: El joven Roca Rey se erigió en el salvador de la tarde, si es que la corrida tenía salvación posible. El torero lo intentó con todas sus fuerzas ante el sexto de la tarde, cuando los ánimos estaban decaídos y nadie esperaba una recuperación que parecía imposible.

Pero este peruano es un ciclón. Cuenta con la fortaleza y la ilusión como atributos de su juventud; pero es, además, valiente a carta cabal. Ha adquirido oficio y trató de torear como mandan las escrituras. Goza del fervor popular y se ha convertido en el ídolo indiscutible del nuevo público taurino.

Todo se le jalea, todo se le aplaude, pero es que hay que reconocerle el gran mérito de su faena de muleta al que cerraba plaza, el único que embistió en el tercio final.

Esperó al toro en la primera raya del tercio, atornilladas las zapatillas en la arena, y aguantó unos muy ceñidos estatuarios, que cerró con un largo pase de pecho, que produjeron el delirio en los tendidos.

No le acompañaba la fortaleza al animal y dobló las manos dos veces en la primera tanda con la derecha. Cuando todo parecía destinado a la desesperación, Roca Rey lo embarcó en el engaño y le robó redondos hondos y largos, en el sitio justo, en un palmo de terreno, y, por vez primera en toda la tarde, surgió la emoción.

Hubo después un natural excelente y un espectacular e inteligente arrimón posterior; tanto se acercó a los pitones del toro que este lo derribó y, una vez en la arena, le perdonó la cornada. Se tiró a matar de verdad y consiguió una estocada en lo alto que produjo derrame y una muerte fulminante del animal.

Paseó la oreja con todo merecimiento; por su entrega, su encomiable decisión y porque salvó una tarde que había caído por el precipicio del fiasco más absoluto.

Este es el toro de las figuras, el que acabará con la fiesta, el que crían unos cuantos para que jueguen con ellos quienes copan ya todas las ferias al margen de un fracaso en Madrid.

Menos mal que, cuando nadie lo esperaba, surgió Roca…

Zabala de la Serna – El Mundo: Roca Rey remontó a última hora la frustración y arrancó una oreja de ley del sexto con una faena volcánica.

La anchura de sienes del tercero escondía el genio eléctrico que tantas veces se confunde con la casta. Roca Rey lanceó con decisión y quietud. La cortina de agua generaba una imagen borrosa. La media verónica chispeó bajo el aguacero. A RR no le importó para explosionar la faena por cambiados terroríficos. Como las puntas de fuego. La apuesta por la emoción desatada por encima de la necesidad de horma. El calambre del toro enganchaba los derechazos. No era fácil la limpieza. La muleta empapada y la rabia del toro componían una ecuación de difícil resolución. Lo consiguió a base de bajar mucho la mano. Sólo que, cuando logró la conquista, la embestida aminoró el recorrido. Y multiplicó las miradas desafiantes. El torero limeño piso terrenos volcánicos. Ya con la deriva del toro reculando. Y vencido.

Sobre zancos parecía levantado el último. Tan largas sus patas. Un toro hecho cuesta arriba además. Dosificó Roca Rey el castigo y se clavó por saltilleras impertérritas. Del quite de Saltillo brotó una media verónica espléndida. Las zapatillas de plomo del peruano volvieron a hundirse en los estatuarios. Los cimientos temblaron con la espaldina sin espacios. Y con el pase de pecho de pitón a rabo. El poder de su toreo volteó la plaza. Tan atalonado. El toro respondía con fijeza. Sin excelencias. La excelencia brotaba de la estatua peruana. La quietud máxima. El trazo profundo y arrastrado también con la izquierda. Otro cambiado, una arrucina, la embestida por las espinillas. Un circular invertido interminable. Ardía Madrid. Un volcán. En un trance apretado, el toro lo derribó. La bestia quedó asustada ante el hombre tendido. Cuando se levantó, lo crujió de un espadazo monumental. Rodó la oreja de ley del toro que al menos no duró un suspiro. Don King Roca acudía al rescate de la frustración a última hora. El don del rey de piedra. El don de los grandes.

Andrés Amorós – ABC: El tercero tiene un nombre muy adecuado, es un «Navegante» encastado pero flojo. Bajo el chaparrón, Roca Rey, impávido y solemne, logra suscitar olés con el capote; brinda al público; la faena es desigual pero tiene mérito: lo mejor, los naturales; lo más emocionante, cómo aguanta un parón, con los pitones rozándole el muslo. Pero el toro acaba rajado, en tablas.

Al salir el sexto, la esperanza de ver a Roca Rey hace que la gente no haya huIdo, a pesar del miedo al catarrazo. Este último toro sale fuerte pero suelto; tardea, en el caballo; no humilla. Después del quite por saltilleras, el peruano hace la estatua cuatro veces y sorprende al público, sacándose al toro por la espalda. Aunque la res flaquea, se suceden los muletazos mandones, ligados. Cuando aguanta un parón, la Plaza es un clamor y se convierte en un manicomio, cuando se saca al toro con una arrucina. Está tan cerca que el animal lo empuja pero, en el suelo, no hace por él: «Con su valor, lo ha asustado», escucho. Y mata entrando muy derecho: la oreja es el premio justo, pedido por todos. En una tarde difícil, ha mostrado la responsabilidad y la seguridad en sí mismo que distingue a las figuras. Apostilla un vecino: «Como Cristiano, cuando tiró el penalti a la Juve». Escucho a un viejo aficionado: «Mi destino es morir de una pulmonía, en una Plaza de Toros». Pero añade: «Ha merecido la pena». La gente sale empapada pero feliz: se han emocionado viendo lo que esperaban, el fenómeno que es, ahora mismo, Andrés Roca Rey.

Carlos Ilián – Marca: Y así hasta el sexto toro, que se movió y se empleó con genio, lo mínimo imprescindible para que el peruano Roca Rey evitara pues el siniestro total y salvara su paso este año por Madrid. El torero sabía que teclas tocar para que funcionara la conexión con un público de su parte, no olvidemos que es un torero de moda. Y las modas pueden hasta con las exigencias de los sectores más exigentes, ayer acallados por el entusiasmo que despertaba Roca Rey con sus recursos para la galería, pero que resultan válidos en la cara del toro como alguna arrucina o algún pase cambiado.

En los derechazos, apenas se pueden rescatar media docena y los trallazos en el toreo al natural tuvo suficiente para dejar maduro al público y con un enorme volapié tumbar al toro sin puntilla y cortar una oreja.

Juan Diego Madueño – El Español:
A los días de acontecimiento hay que arroparlos hasta el último momento. Posiblemente alguien vaya a utilizar la odiosa fórmula de la decepción y la expectación. Una de las idioteces más insoportables que se pueden escuchar en los esquinazos después de los toros. Insoportable estaba también la tarde cuando salió el sexto. El misterio de si Roca iba a ser capaz de echarse la tarde a la espalda.

El último tenía buenas hechuras. Huía el toro de los capotes y el caballo. El quite fue tomado a mal, las saltilleras, y sobre todo la media, tan buena y cerrada.

La expectación envolvía a Roca en el silencio de la plaza, moteado por los berridos contra el ganadero, y se abrió el peruano en un inicio de vértigo sin mirar atrás. Olvidados los terrenos y las distancias y las querencias el toro giraba alrededor de la rotonda de Roca. La tanda por la derecha que crugió las gargantas llegó cuando se sujetó el toro, al que le costaba un mundo a pesar del buen estilo. Extraordinario otro natural. Roca remontaba la tarde sin artificios, con recursos y consciente del escenario. Un parón lo resolvió acortando las distancias; la arrucina salió limpia y milimétrica. Un traspiés volcó al torero en la cara y el victoriano lo perdonó, ya podido. Roca dio la dimensión exacta de desbordarse. Habrá que esperar un poco más. Lo reventó con la espada y la gente se olvidó de todo pidiendo la feliz oreja.

Patricia Navarro – La Razón: Se repobló la plaza para ver a Roca. Y se paró la lluvia. Quiso. Y quiso el peruano. Con el capote primero. Tan quieto que asusta. Y la muleta después. Estatuarios, más uno por la espalda, que es el que prende la llama, y la locura colectiva. Humilló el toro con esmero y repitió, aunque con ese punto de estar encogido, amedrentado. Por eso que se salvó Roca cuando estuvo a su merced. Roca se ajustó con el toro y cuando se le había acabado el gas tiró de largo del valor que tiene para pasarse los pitones del toro por donde la lógica dice no. Roca apretó en el esfuerzo y lo cierto es que un sector del público también le cuestionó. Estamos ya en la cara b del éxito.

Emilio Martínez – El Confidencial:
Llegó el sexto y a fuerza de no importarle el desangelado ambiente, condenado ya al empate, tiró del toro con tiento, con arte y con mucho temple, y caldeó en varias tandas ese lleno inexistente ya a esas alturas del partido en que todos, también el agua, firmábamos no soportar de nuevo otro aguacero… a cero. Y se plantó delante del toro y se lo pasó por todos lados, y hasta se cayó al suelo por exceso de entregado. Y toreó por la espalda, por delante… y por sus mismísimos huecos. Y cuando a todos el empate nos parecía lo serio, remató Roca Rey de impecable peruana metiéndole un gol a la lluvia en el tiempo de descuento. Impresionante torero que solo sabe de triunfo y que se volcó con la espada. Oreja casi ‘in extremis’ de un torero verdadero que pienso odia los empates, la mediocridad y desde luego los aguaceros.

Sixto Naranjo – COPE: Con la tarde ya en una cuesta abajo imparable, Roca Rey, que quitó por gaoneras, prologó su faena al sexto por estatuarios. Impávido el torero, sin rectificar ni un milímetro. Pero cuando comenzó el toreo fundamental, el toro siguió los parámetros de blandura de sus hermanos de camada. De ahí el mérito de Andrés al atornillarse sobre el ruedo e ir asentando al toro para después atacarlo por abajo. Respondió el toro y permitió varias tandas de profundo trazo a derechas. Al natural hubo un muletazo tremendo por la hondura aplicada. Luego, con el animal más parado, llegó un arrimón sincero con voltereta incluída que llevó definitivamente la pasión de los tendidos. La estocada fue letal y los pañuelos afloraron en los tendidos. La oreja cayó por mayoría.

Paco Aguado – TM Cuadernos de Tauromaquia: He aquí el hombre de moda: es joven y posee un valor descomunal, tiene carisma y llena las plazas. Además su fiebre de gloria no le resta capacidad de crecimiento: o sea, arrolla pero cada vez torea mejor. Su toreo fundamental es mandón y poderoso, a veces asombrosamente lento, y en ocasiones, muy en redondo, rematado detrás de la cadera. Para colmo ve faena en todos los terrenos y, aunque se arrima como un perro, lo hace con la cabeza muy despierta, de ahí que los toros no lo cojan tanto como sería previsible, teniendo en cuenta el sitio que pisa.

La descripción corresponde a Andrés Roca Rey, la inminente gran figura del toreo de los próximos años, y que esta tarde ha cortado una oreja en Madrid.

Ficha del Festejo:

Plaza de Toros Las Ventas de Madrid. Asistencia: 23.624 espectadores

Miguel Ángel Perera:
1º Silencio (1 aviso)
4º Silencio

Alejandro Talavante:
2º Silencio
5º Silencio

Roca Rey:
3º Silencio
6º Oreja

Toros de Victoriano del Río:

1º- Pitos
2º- Pitos
3º- Pitos
4º- Silencio
5º- Silencio
6º- Pitos

Twitter @Twittaurino

Un torero de Lima a la cima

Por Rubén Amón.

El verdadero nombre de Andrés Roca Rey (Lima, 1996) es Andrés Roca Rey. No necesitaba apodo el ídolo peruano. Lo lleva de serie. Imprime carácter la aliteración de sus apellidos. Roca Rey. Y parecen más propicios incluso a la gloria de un boxeador que al repertorio de un torero. Roca Rey. O King Roca,como se le conoce coloquialmente a propósito de su dureza y de sus expectativas de tiranía. Ha empezado a ejercerla desde la arrogancia, desde la personalidad, desde el valor. Y se han agotado antes que ningún día sus tardes de San Isidro -toreó el viernes 18 y repite el 23-, tanto por lo que representa la inercia triunfal en 2018 (Valencia, Sevilla, Jerez) como por la nostalgia del trono vacante de José Tomás.

El Rey Roca no es un delfín ni un epígono del tomasismo. El carisma y el temple definen sin comparaciones la propia idiosincrasia, pero su tauromaquia de plomo y aplomo incorpora el dramatismo y hasta la psicosis del torero ausente. Cercanía. Estremecimiento. Cara de niño. Espada de caballero antiguo.

El tributo de sangre se identifica en los costurones de su cuerpo. Sus muslos e ingles se retuercen en cremalleras de sutura, pero no se le ha escapado la valentía. Identifican el compromiso del matador y la constancia de su desafío. Roca Rey se hunde en la arena, se atornilla, aunque la gallardía no lo convierte en un temerario, ni en un torero desesperado. La elegancia y la altivez con que se pavonea matizan la testosterona. Y su verticalidad de campanario limeño recuerda más al descaro de Luis Miguel que al ciprés funerario de Manolete.

No es un delfín ni un epígono del tomasismo. Su tauromaquia, de plomo y aplomo, incorpora el dramatismo y hasta la psicosis del torero ausente

Roca Rey es el mayor fenómeno taurino que ha precipitado América desde los tiempos de César Rincón en los noventa, aunque le diferencia del maestro colombiano su alcurnia y su estirpe. Rincón venía del hambre y del pueblo. Roca procede del bienestar. Una familia acomodada de la primera clase limeña que le ha proporcionado educación, centímetros (mide 1,83) y prestancia, hasta el extremo de que la abuela del torero fue Miss Universo en el certamen de Long Beach en 1957.
Se notan los genes de la estética en la imagen distinguida del matador, como tenían que notarse los antecedentes de la tauromaquia. Su abuelo fue empresario en Lima, su tío ejerció de rejoneador, y hasta su hermano Fernando alcanzó a graduarse como matador de toros.

El contexto familiar predispuso el trance del bautizo. Andrés Roca Rey tenía siete años cuando su padre, empresario del algodón, condescendió con que toreara una becerra en su cumpleaños. La experiencia “envenenó” al Andi, tal como lo llamaban entonces. Supuso una revelación a la que no podían objetarse límites. Ni de edad (debutó en público con 11 años) ni de geografía, toda vez que la repercusión del torerillo en las plazas de México y de Colombia acercó el sueño de probarse en España con el pretexto o el compromiso de estudiar.

Andrés Roca Rey tenía siete años cuando su padre, empresario del algodón, condescendió con que toreara una becerra en su cumpleaños

Lo hizo con 15 años en la senda invertida de los conquistadores. Y echó raíces en la Escuela de Tauromaquia de Badajoz, aunque el episodio más relevante de aquellos años de aprendizaje, de pueblos y de tentaderos, sobrevino cuando lo vio torear José Antonio Campuzano, figura de los años ochenta y mentor plenipotenciario de Roca Rey, hasta el punto de adoptarlo como a un hijo.

Compartieron los primeros triunfos del niño prodigio, su debut de novillero (Capiteux, Francia, 2014) y el contratiempo de una grave cornada en Villaseca de la Sagra, aunque las heridas en el muslo derecho no le impidieron doctorarse en la plaza de Nimes el 19 de septiembre de 2015.

La salida a hombros fue la premonición de una carrera tan relevante por los hitos conseguidos (la Puerta del Príncipe de Sevilla, la Puerta Grande de Madrid, el Escapulario de Lima) como por las conquistas pendientes. No se le adivina techo a Roca Rey. E impresiona la madurez que ha adquirido a los 22 años, conservando un aura providencial y hasta un peinado de monaguillo.

La ejemplaridad con que se desenvuelve emula la concentración del samurái. No se le conoce novia a Roca Rey. Se le conocen partidarios de alcurnia. Empezando por Mario Vargas Llosa, cuya presencia en las tardes del compatriota formaliza un rito de fidelidad, y redunda en la sangre azul del fenómenoperuano. Fenómeno quiere decir que Roca Rey se ha convertido en un ídolo en Latinoamérica. Se le percibe como una estrella de rock. Y lo agasajan las masas en las plazas de toros y en los aeropuertos, aunque la fama y el dinero -es una de las figuras más cotizadas del escalafón- no han corrompido su modestia. Le protege el rosario que se ciñe en el cuello y lo hacen sus lecturas.

Roca Rey es un torero sobrio e ilustrado. Le gusta Arturo Pérez-Reverte. Y maneja como un breviario la biografía de Mohamed Alí que escribió Richard Durham. No es sólo una cuestión de devoción, sino de ambición. El propio título de la obra, El más grande, tanto evoca sin pretenderlo el pasodoble de Marcial como implica un camino de perfección que identifica los apellidos de Roca Rey, ahora sí, con el espacio claustrofóbico del cuadrilátero.

Roca Rey pelea contra sí mismo sin descuidar el modelo adolescente que le ha acompañado en las paredes de su habitación en su exilio de Gerena (Sevilla). Y no es Juan Diego Flórez, el tenor peruano, ni Manos de Piedra Durán, el demoledor boxeador panameño, sino Julián López, El Juli. Niño prodigio como él, pero sobre todo hombre prodigio en el umbral de los 20 años de alternativa y rival en los ruedos por la hegemonía de la tauromaquia del siglo XXI.

Publicado en El País

San Isidro: Castella y Roca Rey, paripé con el toro cadáver

Por Carlos Ilián.

En estas tardes de no hay billetes y gran expectación llega un público eufórico, de ocasión, y con el ánimo dispuesto para el triunfalismo. Por eso ayer en algunos pasajes de la lidia no parecía que estuviéramos ante el público de Madrid, más bien nos recordaba a cualquier plaza de un pueblo en fiestas.

Por eso no es de extrañar que Sebastián Castella rozara la puerta grande y que Roca Rey entusiasmara con unas arruzinas del más rancio tremendismo.
En el ruedo había seis toros de Jandilla que además de inválidos salieron mansos, una de las corridas más pobres de casta que le recuerdo le recuerdo a Borja Domecq. Con ese género hubo suficiente para el paripé vergonzoso con el que Castella y Roca Rey se taparon y equivocaron al inocente público de ayer. En su primer toro Castella toreó en línea a un prematuro cadáver. El quinto, dentro de su flacidez metió la carita en la muleta y el torero francés lo ligó por el pitón derecho.

El toro se apagó del todo y Castella se plantó en un ejercicio mentiroso, de arrimarse mucho y obligar a un pobre animalito en estado de agonía, ante el paroxismo de un público de plaza portátil. Una oreja y ¡petición de la segunda!. Donde hemos caído…

Y el paripé con el toro cadáver lo llevó al extremo el peruano Roca Rey en el tercero, dispuesto a endilgarle arrucinas, venga o no a cuento, como una de ellas, al final, que fue un monumento al toreo populachero. En el sexto, un manso declarado, lo aprovechó en la querencia sobre la mano derecha, entre trallazos. Tampoco el manso daba más juego.

Padilla se despedía de Madrid. Lo ovacionaron después del paseíllo y en su dos faenas no arriesgó ni un alamar. Fue un Padilla de retirada. no hay duda…

Plaza de Madrid. Undécima corrida. Asistencia: 23.664 espectadores, lleno. Toros de JANDILLA (2), de irreprochable presentación, como aspecto positivo, pero muy blandos y de juego moribundo. JUAN JOSÉ PADILLA (3), de azul marino y oro. Mertisaca en los bajos, estocada caída y descabello (silencio). Estocada corta y dos descabellos (silencio). SEBASTIÁN CASTELLA (5), de azul y oro. Bajonazo (silencio). Media estocada (una oreja). ROCA REY (5), de blanco y plata. Estocada (palmas). Estocada (ovación).

Publicado en Marca.