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Opinión: La muerte de Ivan Fandiño 


Por Luis de la Calle Robles.

No es casualidad que los soldados que regresan a sus países de origen tras haber participado en misiones de ocupación en el extranjero sufran trastornos de estrés postraumático. Como documentó la premio Nobel Svetlana Alexievich en su extraordinario Zinky Boys, no había nada más deprimente para un joven soviético que hubiera decidido cumplir en la guerra de Afganistán con su “deber internacionalista” que regresar a la URSS y descubrir que, en el mejor de los casos, sus conciudadanos le miraban con pena y en el peor, con desprecio. La camaradería creada durante la guerra, la dependencia mutua para salvar la vida, la rutina de la muerte y el éxtasis de la supervivencia, eran todas estrategias adaptativas que se volvían perjudiciales una vez recuperado el rango civil en una sociedad anestesiada frente a los horrores de los conflictos externos.

El también periodista Sebastian Junger narra en su librito Tribe pautas semejantes para los soldados estadunidenses desplegados en Iraq y Afganistán: más que una enfermedad producida por los estragos de la guerra, el sufrimiento de dichos soldados al regresar a casa parece estar dirigido por su incapacidad para adaptarse a una sociedad que no valora (e incluso rechaza) los valores y comportamientos que son precisamente necesarios para sobrevivir en un conflicto bélico. Ese desajuste entre el igualitarismo agresivo de la vida en una unidad militar y el individualismo ecléctico de la sociedad norteamericana cortocircuita a los soldados que al regresar descubren que sus esfuerzos, lejos de ser agradecidos, son en el mejor de los casos ninguneados. Los eclécticos encuentran poco que elogiar en el soldado, porque este es mero asalariado víctima del sistema (en la visión más bienpensante) o un sádico deseoso de venganza (en la visión más fanática). 

En las sociedades modernas no hay sitio para la violencia. Esto no quiere decir que no exista, sino simplemente que se trata públicamente como una mutación sorpresiva del gen humano que más pronto que tarde desaparecerá. En parte hay motivos para este optimismo. En su monumental The Better Angels of Our Nature, el psicólogo Steven Pinker evidencia la caída paulatina que las muertes violentas han experimentado al menos en Occidente. Las guerras internacionales parecen una reliquia del pasado. La caída de la URSS aceleró las transiciones democráticas (qué tipo de democracia se consolidó, esa es otra cuestión), así como la apertura de mercados internos al comercio internacional. La literatura académica sobre violencia ha encontrado que los países democráticos rara vez hacen la guerra entre ellos y que el intercambio comercial entre países también reduce las probabilidades de guerra. En el frente doméstico, con la hecatombe del marxismo rebelde, los conflictos violentos son casi monopolio del yihadismo islámico desde hace más de una década. Y donde no hay yihadistas, las disputas internas se canalizan cada vez más hacia fórmulas supuestamente apolíticas en las que los antaño rebeldes robinhoudianos hoy se rigen por la más escrupulosa regla del beneficio propio. Los ladrones, es sabido, deberían minimizar su uso de la violencia para no atraer el foco policial, y cuando se lo atraen, poco importa cómo se acabe con ellos siempre y cuando se acabe.

Sin guerras internacionales, la violencia es personificada por las masacres que con periodicidad tristemente admirable se repiten en Estados Unidos producidas por jóvenes perturbados con acceso fácil a las armas, por los ataques suicidas realizados por yihadistas en territorio europeo y por las narcofosas llenas de cadáveres anónimos. En los tres casos, los perpetradores de la violencia se representan como seres alienados y autoexcluidos, que han renunciado a formar parte de una sociedad occidental ilusionada con la utopía pacifista. Aislados de cualquier red de legitimidad política, los nuevos malvados ni siquiera tienen el consuelo de saberse en posesión de la verdad histórica. Su violencia es perversa, dice el discurso oficial, porque está desenraizada de la pacífica civilización vencedora. Pero desgraciadamente toda civilización tiene su cuota de sangre y no hay Roma sin gladiadores.

El pasado 17 de junio, el torero vasco Iván Fandiño fue mortalmente corneado en la plaza francesa de Aire-sur-l´Adour, cuando quitaba por chicuelinas al tercero de la tarde, toro de nombre “Provechito” y perteneciente a la ganadería de Baltasar Ibán. A pesar de que no faltaron miembros de la civilización pacífica que salieron a alegrarse por la desgracia ajena, tanto los profesionales (ganaderos, toreros, empresarios y periodistas) como los miles de aficionados al toreo sintieron en sus almas esa comunidad del dolor, esa solidaridad del silencio que los soldados “imperialistas” relatados por Alexievich y Junger no encontraron al regresar de sus misiones por el extranjero. 

El ritual taurómaco seguirá teniendo sentido siempre que haya personas dispuestas a jugarse la vida al ponerse delante de un toro y haya miles de aficionados que reconozcan el significado último de ese enfrentamiento atávico entre un hombre valeroso y artista y un animal fiero y noble. Sin esa comunidad de sentido, el toreo no es nada. Con esa comunidad, ya pueden aprobarse leyes y apagones mediáticos, que no desaparecerá. 

Quizás llegue el día en el que el ser humano sea capaz de abstraerse de su pasado evolutivo y garantizar derechos efectivos a los otros seres vivos que pueblan el planeta. Hasta que ese día llegue, las corridas de toros seguirán siendo una representación popular del sangriento enfrentamiento entre los hombres y los animales, un enfrentamiento que para Iván Fandiño tristemente acabó en derrota.

Publicado en La Silla Rota 

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Feria de Colombinas 2017: Corridas de Toros

Estos son los protagonistas de una cartelería que pasado mañana va a conocer su puesta de largo con motivo de su presentación oficial por parte de la empresa de La Merced. p. guerrero

Por Paco Guerrero.

Morante, Manzanares y Roca Rey abren el elenco de una feria de Colombinas que a falta de dos días para su presentación oficial ya tiene cerradas sus cuatro combinaciones toreras.

En el cóctel que la empresa de La Merced ha tenido que conformar para esas cuatro tardes agosteñas se apuntan también los nombres de Miguel Ángel Perera, Sebastián Castella y David de Miranda, integrantes del cartel para la segunda corrida del abono.

No ha debido ser fácil para la empresa terminar conformando estas combinaciones. Ya se ha dicho que el año después de José Tomás deja estos lastres, pero no es menos cierto también que la feria onubense se nutre de toreros importantes del escalafón y por ahí hay poca variación, aunque es verdad que este año llegan nombres que refrescan esa nómina de nombres que a fuerza de estar arriba se repiten con demasiada asiduidad.

Digo que no ha debido ser fácil cuando a los carteles de la feria se han llevado entrando y saliendo nombres que a cada momento le daban un giro al abono. Que si Talavante sí, que Manzanares ahora no. En esa especulación sobre carteles, incluso quien esto firma apuntó como cierta esa terna de Talavante, Manzanares y Roca Rey el cuatro de agosto. Gajes del oficio. Después llegaron esos rumores del “oiga, que viene Ponce, que lo tiene hecho de hace mucho tiempo”. También el desmentido “que no, que Ponce dice ahora que no y que Morante se queda en casa”.

Bueno, pues al final todos dichosos. Cada uno con la corrida con la que quería venir a la feria. Cada uno encajado en la fecha que tenía que ser. O sea, que hay Colombinas para ser presentadas el próximo jueves día 29 en el patio central del Ayuntamiento onubense como bien anunciamos hace dos días.

La feria por lo tanto queda montada de la siguiente forma:

Miércoles 3 de agosto: novillos de Federico Molina para Rafael Serna, Emilio Silvera y el debut de Rodrigo Molina.

Viernes 4 de agosto: toros de Torrealta para Sebastián Castella, Miguel Ángel Perera y David de Miranda.

Sábado 5 de agosto: toros de Nuñez del Cuvillo para Morante de La Puebla, José María manzanares y Andrés Roca Rey.

Domingo día 6 de agosto: toros de los Espartales para Pablo Hermoso de Mendoza, Andrés Romero y el debut de Lea Vicens.

Tres debutantes llegan pues a la feria. Lo hacen el novillero Rodrigo Molina, la francesa Lea Vicens y el hierro de Torrealta.

Vuelve Castella, en uno de los momentos más dulces de su carrera, justamente cuando este próximo agosto cumple 17 temporadas como matador de toros.

Es verdad que la feria comienza a mitad de semana pero no es menos verdad que la novillada queda emplazada en el día grande de las fiestas y que además tiene dentro a un torero, Emilio Silvera, que al margen del percance con la espada el pasado año la verdad es que el de Huelva dejó expectación en esta plaza a costa de un toreo de muchos quilates con la zurda.

Y si hay que alabar en algo este abono es que el mismo haya defendido el nombre de David de Miranda dentro del mismo. El triguereño tenía ganada por derecho propio una plaza ante la afición de su tierra. No es defender por defender algo por el mero hecho del paisanaje sino en cuanto a las virtudes toreras que apunta Miranda al igual que se antoja justa esa inmejorable colocación de Andrés Romero en el cartel de rejones que cerrará la feria, más aun si se tiene en cuenta la gran dimensión de toreo que el rejoneador onubense dejó hace dos días en la feria algecireña.

Si la feria se quiere mirar en cuanto a sus ausencias posiblemente se eche en falta a Talavante, por el momento del extremeño, y a que Pablo y Ventura quieran torear juntos. No es admisible eso para el rejoneo ni para el aficionado, pero así está esto. Importan las presencias y la feria tiene buena pinta.

Los carteles solo son eso, carteles y declaración de intenciones. Y las del abono agosteño de Huelva las proclama bien intencionadas.

Publicado en Huelva Información

Los huevos de oro Por Bardo de la Taurina

Pensar que con solo la mayoría de coletas mexicanos la Fiesta va a resucitar, es tanto como pensar que el petróleo se puede extraer con tirabuzón, equivaldría a andar despistados o no querer ver que el nacionalismo en tiempos de crisis, puede resultar contraproducente, el mayor problema de la fiesta actual es; que un sector no quiere aceptar que esto no está bien, no quieren darse cuenta de ello ¡Carajo! No es delito, ni ningún otro terminajo simplemente es realidad, veamos cuando a usted medio le duele el esqueleto, medio tiene el cuerpo cortado, como que medio siente calenturilla, o corre a la cantina a echarse una ‘Piedra’ o alguien piadoso le pone el termómetro pa’ medirle el agua a los camotes.

En la fiesta ¿cual es el termómetro? Pues las entradas, que nos dicen que la gente está dejando de ir a los tendidos, hagamos un ejercicio de conciencia sencillo de esos que no requieren de una radiografía, y veamos; cuando se dan carteles exclusivamente con toreros mexicanos ¿Qué porcentaje del aforo de las plazas se ocupa? La respuesta es clarísima, por lo general oscila entre un 25 o 30 %, ¿quiere un pilón?, se lo ponemos ¿qué más evidencia que eso?, ¿Cuál es el remedio? ¿Seguir repitiendo los mismos carteles con esos cinco toreros que son buenos? Pero que no meten gente a los tendidos.  

Más el grave problema es que los empresarios se van a cansar de perder dinero y van a tirar el arpa y entonces sí, adiós cocodrilo, por ello los ganaderos, los gremios de toreros y las autoridades tienen que jalar parejo, antes de que los empresarios terminen cerrando las plazas por incosteables, ¿la solución? Es la del juego de ‘La Pirinola’ es momento en que todos tienen que poner, los ganaderos tienen que flexibilizar sus precios de venta en los toros de cuatro y cinco años, para que los empresarios los puedan pagar y jugarse el albur de que anunciando el Toro, Toro y el Novillo, Novillo mayor número de gente asista a las plazas, si no lo hacen así, mientras se sale de la crisis, si es que sale, la situación se les va tornar más crítica porque cuando empiecen a darse menos festejos e incluso a cerrarse plazas de toros a los únicos empresarios a los que les van a poder vender sus animales son a los del Mc Donald’s.

Los gremios de toreros repito en esta época de crisis van a tener que ceder o flexibilizarse en el número de participantes extranjeros, si así le conviene a la mercadotecnia de los empresarios, porque de alguna manera vuelvo a lo mismo, si con tres connacionales lo más seguro es que pierdan dinero, que salgan tablas o si hay suerte pues ganen un dinerito, debido a dos factores, que estando bajo el nivel de atracción, pa’ tratar de compensar los empresarios fijarán precios que aunque fuesen justos al público, por lo general les van a parecer altos, entonces la lógica dice que hay que meter uno, dos o tres extranjeros pa’ hacer que les entre dinero y así se recapitalicen y además es cuando los toreros mexicanos tienen que sacar la enjundia pa’ triunfar con rotundidad y así vayan ganando en atracción hasta que los tricolores vuelvan a ser base de carteles, lo cual lamentable en esta epidemia de anorexia, no sucede.

Y es aquí donde las autoridades también deben de comprender que el enfermo (la fiesta) necesita urgente de transfusiones de importación pues hay epidemias que no se curan con chiqueadores de ruda y una de esas es la taurina y si no pues esperemos a que la gallina de los huevos de oro un día de estos clave el pico, y en su epitafio se leerá ‘La quisieron hacer más mexicana que el guacamole y terminó en mole colorado’
 
De tres a cuatro en Cinco Villas

Como anillo al dedo pa’ ejemplificar en un solo evento mucho de a lo que nos hemos venido refiriendo es lo que está sucediendo en torno a un festejo que se dará el 1ro. De julio en la llamada Catedral de la novillería, que lo es la plaza de Cinco Villas, donde en principio estaba anunciado un atractivo festejo con tres novilleros de otros tantos países México, España y Venezuela con seis novillos procedentes de un solo hierro y de pronto la empresa modifica el cartel incluyendo en él a un mexicano más, cuya eleccion  recayó en un novillero mexicano recién llegado de España, por ética y respeto a las partes solo me concretaré a decir que las causas por las que el cartel original fue modificado, podrán quedar esclarecidas ésta misma semana.

 
Sólo asentar que este ajuste le va a costar a la empresa un platanal, aparte de que va a tener que afrontar situaciones que no eran necesarias, me pregunto; ¿Le quedara a la empresa ganas de seguir apoyando a los novilleros?

Ocho con Ocho: ¿Qué onda? Por Luis Ramón Carazo


Mientras en Badajoz, Joselito Adame y Pepe Garrido, tuvieron triunfal actuación el 24 de junio de 2017, en la extremeña plaza de Badajoz y las noticias como ya lo saben, fueron halagüeñas, pues ambos se fueron por la puerta grande después de torear con lucimiento a los toros de El Torreón, propiedad de César Rincón, en la festividad de San Juan que como cantaría Serrat; “todos comparten su pan, su mujer y su gabán” Por cierto, lo segundo difícil de establecer, si es cierto.

El jaleo o arrebatinga como diríamos en México, está que arde en el coso de Las Ventas de Madrid, aun cuando el domingo 25 de junio se celebró un festejo en el que el resultado de la terna fue de una oreja para Iván Vicente ante un cuarto de entrada, según escriben las crónicas, pero ignorantes en concreto de lo que pasará los próximos días con la actualidad de la plaza más importante del mundo.

¿A qué me refiero en concreto?

A que existe una controversia entre el Ayuntamiento de Madrid, que encabeza Doña Manuela Carmena y la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, pues el primero, aduce que por razones de seguridad ha instado su cierre y la segunda, admite obras para paliarlo, pero no de inmediato y afirma que los espectáculos taurinos programados para éste año, no se cancelaran de ninguna manera.

Doña Manuela (nombre que en México es proclive a la picardía) fue una opositora al régimen franquista y posteriormente, por su lucha contra la corrupción política, recibió en 1986 el Premio Nacional de los Derechos Humanos y continúo su carrera en varias instancias y ya jubilada, fue investida alcaldesa de Madrid el 13 de junio de 2015.

Desafortunadamente, para quienes disfrutamos del toreo, la señora alcaldesa es contraria a la tauromaquia y como dicen en España eso nos cabrea al ver que pretende detener la marcha de un recinto histórico y cuya administración ganada en licitación de la Comunidad de Madrid, corresponde a Simón Casas y a la empresa Nautalia en la persona de Rafael Garrido, empresa que se denomina Plaza 1.

Rafael declaró en un medio español sobre la plaza” Tiene muchísimos problemas estructurales”; “Está mucho peor de lo que nos dijeron. Necesita reformas urgentes y una adecuación para garantizar la comodidad del espectador y su seguridad”

Como diría alguno en nuestro país; “Ay mamá, los de la luz” es cierto que la plaza es bellísima por fuera y muy incómoda en general en sus asientos, pero…

Se abre la especulación sobre cuál es la postura de la empresa, ante un posible cierre y es que aunque si se autoricen los festejos taurinos mientras se realizan las mejoras, el coso perderá ingresos, tal vez de la Comunidad de Madrid por otro tipo de eventos como el muy próximo de una presentación de motociclismo a celebrarse en los primeros días de julio.

Estamos pues ante una situación inesperada, en medio de discusiones entre políticos de izquierda y de derecha, con la empresa en medio que ha sido cauta en emitir su postura, pues cabría también saber quién es, quién pagaría las obras.

La inversión para ciertas mejoras, se estima en alrededor de 5 millones de euros, lo cual representa casi dos años y medio del pago por la asignación de la plaza, a Plaza 1 por el contrato de explotación del servicio público vigente hasta el año 2020 a la Comunidad de Madrid, hasta finalizar los festejos taurinos en octubre de ese año.

La inversión es una buena pasta o lana si lo quiere mexicanizar, aunado al hecho de que los festejos a celebrar de aquí a la Feria de Otoño que conlleva un abono, generalmente se celebran con poco público y lo más probable es que representan pérdidas para la empresa, cuyo pulmón financiero es San Isidro, como lo ha sido para todas las gestiones que han tenido a su cargo, el coso.

Por lo pronto, nos tienen en ascuas en Madrid, ya veremos cómo se resuelve el entuerto, lo cual por cierto no parece será fácil. 

Opinión: El animalista inhumano


Por Ignacio Blanco.

Hace un año que falleció Victor Barrio y hace unos días fue Iván Fandiño. También nos dejó en 2017 Adrián Hinojosa, un niño de 8 años, al que el cáncer interrumpió su inocente vida y cuyo deseo era ser torero. No puedo llegar a imaginarme el sufrimiento de unos padres enfrentados a la enfermedad y muerte de su hijo, azotados durante ese trance por los indeseables animalistas inhumanos, una nueva clase social que pretendiendo amor a los animales desean la muerte a los seres humanos.

Dijo Schopenhauer que el hombre, en el fondo, es un animal terrible y cruel, en referencia a que ese fondo queda oculto por la domesticación a que nos somete la educación recibida del entorno social en el que nos desarrollamos. Un entorno social que nos trasmite como pilar básico el respeto por los demás. El respeto a su vida y su integridad, pues el ser humano como ser social, requiere de la vida en comunidad para sobrevivir y desarrollarse. Una vida social que no puede basarse en la constante agresión para lograr objetivos personales, pues estos pueden ser más altos y se obtienen con un menor coste, cuando los mismos se logran mediante la colaboración voluntaria.

Este principio liberal, básico de nuestra civilización, parece no haber sido asumido por los animalistas inhumanos. Se extiende peligrosamente el deseo a la muerte del semejante para tratar de solucionar problemas o frustraciones personales, muy propio del darwinismo social, que estos fundamentalistas del derecho animal critican cuando se da en ámbitos no relacionados con el animalismo. La competencia entre especies ha desaparecido en el caso del ser humano y esta es la razón por la que el hombre evoluciona sólo contra sí mismo, pues no hay animal en el mundo que le plantee competencia alguna. Unos compiten por dinero, otros por fama, otros por alimento, otros por la defensa de los animales y en esta lucha, en algún momento, alguien rebasa la línea roja deseando la muerte del otro, símbolo extremo de competencia.

El ansia de protección de los animales y el deseo de que estos sean tratados dignamente es encomiable, pero sólo hasta el límite de la dignidad del propio ser humano. Algo que parece comienza a cuestionarse incluso en el ámbito penal, donde ya existen casos de condenas a penas de prisión por maltrato animal, algo que el propio Karl Marx consideraría una aberración. Esta extraña evolución del derecho penal de salón de té, podría llevar en breve a que se considere genocidio la actividad de los mataderos, que exista una policía local para constatar el trato que los hamsters reciben de nuestros hijos o se decrete el derecho a una renta social para palomas cuyo sustento no está asegurado en la ciudades actuales.

Vivimos una sociedad adormecida en una ensoñación de ausencia de dolor, esfuerzo o problemas, en la que nuestros deseos se convierten en necesidades y estas en derechos. Una sociedad en la que una lata de comida para gatos es más cara de una lata de atún para consumo humano. Una extraña sociedad que enloquece con sus animales domésticos a los que en ocasiones trata mejor que a sus propios hijos. Una sociedad que cree vivir un cuento de hadas, en la que como refiere Clarasó en su Asesino de la Luna «El ser humano es incomprensible para los otros seres humanos; solo algunos animales domésticos le comprenden. Pero estos no escriben sus memorias y no se sabe lo que piensan del hombre».

Es incomprensible como el supuesto amor a los animales lleva a algunos a ser peores personas. No hay sentimiento más despreciable que desearle la muerte a otro ser humano, pero el simplismo o la debilidad mental de estos indeseables, les lleva a aliviar sus frustraciones deseándole la muerte a un niño.

No soy aficionado al toreo, no lo comprendo, no disfruto con el espectáculo de la tauromaquia, asistí en una ocasión a una corrida y no me gustó, pero no me genera el completo rechazo que me producen las manifestaciones y actitudes de aquéllos, que considerándose amantes de los animales, le desean la muerte a otra persona y me produce asco cuando lo desean a un inocente niño de 8 años, que ni siquiera llegó a cumplir su sueño de ser torero.

Me pregunto quién respeta más al animal, ¿el torero o el animalista inhumano?. Esta pregunta sólo puede ser respondida desde la perspectiva del riesgo que asume cada uno en su propósito.

En este sentido, resulta evidente que es el torero quien respeta más al animal, pues es éste el que se expone a morir. No me imagino mayor respeto que ofrecer la vida en un propósito. Exponer tu vida, arriesgarte a no volver a besar a tus hijos, verlos crecer o amarlos, supone otorgar un poder al animal, que ningún animalista comprende. Supone elevar al Toro a la categoría de ser humano, cuando este puede acabar con la vida que presentas frente a sus astas. He tratado de imaginar que pretende el torero, y me resulta evidente que no es el hecho de la muerte del toro, si así fuera, no sería necesario exponer la vida en ello, bastaría con entrar en una finca con un fusil para lograr tal objetivo. Sin conocer a ningún torero, creo imaginar lo que lo mueve, es el propio hecho de exponerse a la muerte sin quererla, pero sin rechazarla, de experimentar la vida en ese hilo de tierra que la separa del avismo de la muerte, un territorio que pocos recorren, pero que se me antoja de una extraordinaria fuerza. En los entornos de seguridad en los que vivimos actualmente, en los que nadie asume ningún riesgo, todos los problemas han de sernos solucionados por otros, frente a esas aburridas vidas que parecen rodar todas sobre la misma huella, la tauromaquia se me antoja como uno de esos reductos en los que puede suceder cualquier cosa, hasta la muerte.

En el caso del animalista inhumano, resulta evidente que no respeta más al animal que el torero. El animalista inhumano no arriesga nada en su defensa. Su mayor esfuerzo es sentarse en el retrete y trolear desde una cuenta anónima de twitter con su iPhone anticapitalista, deseándole la muerte a un torero o a un niño. Si no arriesgas nada por la causa que defiendes ¿tiene esa causa algún valor, cuando el torero arriesga la vida en su lance con el toro?.

Son estos animalistas inhumanos, estos débiles mentales, los que en su incoherencia vital se oponen a la pena de muerte, dictada por un tribunal estadounidense, pero al mismo tiempo la desean a sus semejantes cuando son ellos el jurado de su propia causa animal.

Por otro lado, cuesta entender como pretenden estos animalistas inhumanos salvar al toro de lidia sin el toreo, pues estoy convencido de que estos animalistas inhumados no dedicarían un minuto al mantenimiento de estos formidables animales, salvo que sea con el esfuerzo y el dinero de otros.

En fin, como dijera Bertrand Russell «los animales son felices mientras tengan salud y suficiente comida. Los seres humanos, piensa uno, deberían serlo, pero en el mundo moderno no lo son, al menos en la gran mayoría de los casos» y los animalistas inhumanos nunca llegarán a serlo porque la vida de un ser humano nunca estará por debajo de la vida de un animal.

Publicado en Gaceta

Mano a mano entre Adame y Garrido sin público ni toros

Foto @MILINKO_ Twitter

 

Por Pepe Orantos.

Deslucido encierro de El Torreón del que destacaron el quinto y el sexto ante menos de un cuarto de plaza el día de San Juan en Badajoz

Cuando llegas a las inmediaciones de la plaza de toros de Badajoz tres cuartos de hora antes de que comience el festejo y no hay aparcacoches incordiándote para que les des un euro por señalarte el hueco que tú ya habías visto diez minutos antes, es de esperar que el aspecto de los tendidos deje mucho que desear. Ayer no es que no hubiera aparcacoches es que, si te arrimabas, podías dejar el coche en la puerta de la plaza sin problemas.

Sin público nada tiene sentido. El desolador aspecto que mostraba ayer el graderío del coso de Pardaleras debió ser deprimente para los dos matadores de toros que, cuando se abrió la puerta del patio de cuadrillas, debieron verlo todo del color gris de su cincuentenario hormigón. El día en el que la ‘nueva’ plaza de toros de Badajoz cumplía cincuenta años, bien hubiera merecido un cartel más rematado.

Ganado desclasado

‘Mentiroso’ se llamaba el que abrió plaza y correspondió en turno a Joselito Adame, que pronto comprobó su escasez de fuerza y blandura de manos. Se le coló en el inicio de faena de muleta por la derecha en el tercio y decidió fiarlo todo al pitón izquierdo por el que pudo arrancar algún natural sin brillantez ni transmisión. Mató de estocada caída y atravesada y fue recompensado con una ovación.

Al tercero, de nombre ‘Margatrillito‘, lo saludó y quitó por verónicas antes de que su cuadrilla cuajara un gran tercio de banderillas por el que fue conminada a desmonterarse. Inició la faena por estatuarios en el tercio y se ciñó al cuerpo una serie de derechazos que llegaron a los despoblados tendidos. Enseguida perdió el de El Torreón toda la gasolina que le restaba y comenzó a ofrecer embestidas más cortas a medida que avanzaba la faena. El tramo final de ‘Margatrillito‘ no sirvió más que para demostrar que se trataba del animal con menos raza del encierro al amenazar en un par de ocasiones con cantar la gallina de forma lamentable. Lo mató Adame de un bajonazo, que no impidió que fuera recompensado con una oreja.

El quinto, de nombre ‘Barbasucia‘ y capa jabonera fue, sin duda, el toro más bonito de la feria y el primero de los de ‘El Torreón’ en colaborar con el lucimiento de los toreros, lo que aprovechó Adame para instrumentarle un espectacular quite por navarras. En el inicio de la faena se lo llevó toreando al paso a los medios el mexicano, para meterse al público en el bolsillo, que no dejó ovacionar cada uno de los muletazos que el hidrocálido dio desde entonces por la derecha. Por la izquierda fue otra historia y pese a la voluntad de Adame, las embestidas eran más cortas y deslucidas.

Para evitar que se enfriaran los tenidos Adame acortó las distancias y acabó la faena con una tanda de bernardinas que antecedió a una estocada que le valió las dos orejas de su oponente.

Valor de Garrido

Inició su participación Garrido en este mano a mano con un soberbio saludo por verónicas al segundo de la tarde, de nombre ‘Azul‘, al que inició la faena de muleta con unos ayudados por alto en el tercio antes de que el animal comenzara a perder las manos con insistencia. Embestía a la muleta con dificultad y calamocheaba con insistencia a medida que evidenciaba su falta de clase. Se fajó Garrido con él hasta arrancarle algunos muletazos de mérito por el pitón izquierdo, hasta que se rindió por completo a su toreo. Quiso cerrar la faena por bernardinas y el de El Torreón le prendió por la taleguilla dándole un espectacular revolcón. Se levantó sin inmutarse el pacense y repitió la suerte del maestro Bernardó antes de cobrar un pinchazo y una estocada que le valieron una oreja.

El cuarto ya avisó en el capote de que iba a dar un juego escaso, perdió las manos al salir del caballo y volvió a perderlas en el quite por chicuelinas. Garrido comenzó la faena con la muleta en la izquierda para comprobar enseguida que ‘Celosino‘ no iba a ofrecer más que embestidas cortas y sin ritmo alguno, hasta el punto de llegar a desarmarle y destrozar por completo la muleta.

Insistió Garrido por la derecha y el público le agradeció su tesón antes de concederle una ovación por una estocada entera.

El sexto, de nombre ‘Margarito‘ fue el toro con más clase de la corrida y se empeñó Garrido en torearlo de rodillas, tanto en su saludo capotero como en el inicio de faena de muleta. Metió bien la cara en el caballo y tomó varias tandas por la derecha que calaron en los tendidos y auguraban un triunfo de campanillas. Sin embargo, el pitón izquierdo no dio tanto juego y obligó a Garrido a rematar al toro por bernardinas para no dejar caer la faena. Un aviso precedió a una estocada que le valió la oreja que le sacó a hombros de su plaza.

FICHA DEL FESTEJO

Toros: Seis toros de El Torreón bien presentados y escasos de clase y fuerzas. El mejor el sexto.

Toreros

Joselito Adame, ovación, oreja y dos orejas. 

José Manuel Garrido, oreja, ovación y oreja.

Plaza. Tercer festejo de la feria de San Juan de Badajoz. Menos de un cuarto de entrada en tarde de temperatura agradable.

Publicado en Hoy

Opinión: La veracidad de la fiesta de toros

Por Salvador Giménez.

La fiesta de toros no pasa por buen momento para la sociedad de nuestro tiempo. Tachada de cruenta y arcaica por un sector animalista hueco y vacío, que incluso trata de cercenar las libertades individuales de aquellos a los que gusta, y que antepone la defensa de los derechos de los animales, tratando por todos los medios, y a cualquier precio, colocarlos a igual nivel, o incluso superior, que a de los seres humanos.

Por otro lado, otros, que dicen defender la tauromaquia, buscan un ceremonial en el que prime la estética y la belleza sobre todos los demás valores del toreo. Solo importa lo artístico buscando dejar de lado la épica y la tragedia. Venden y buscan la imposición de una fiesta incompleta, huérfana de gran parte de sus valores y con ello, sin desearlo, también colocan a la fiesta en un lugar complejo, pues los que llegan nuevos a una plaza de toros sólo están viendo una parte de lo que debe de ser la última liturgia viva de la cultura mediterránea.

La fiesta de toros necesita una defensa veraz y auténtica de todo su valor cultural y antropológico. El fundamento del toreo no es otro que la lucha primigenia de la razón del hombre contra la fuerza bruta de un animal enigmático y milenario. Una lucha a muerte, pues la tauromaquia es una representación de la vida que concluye con la muerte, siempre presente aunque no lo parezca. Por eso, se debe de mirar hacia dentro y comprobar que quedándonos con lo estético y superficial, erradicamos la tragedia y el drama de la muerte, que no es otra cosa que el fin de la vida.

Puede parecer complejo, tal vez anacrónico. Pero el drama puede hacerse presente en cualquier momento y lugar, de modo y forma que la realidad del toreo se hace notoria. El drama forma parte de la liturgia, aunque muchos traten de ignorarlo o maquillarlo con un exceso de brillo artificioso. El drama, o la muerte, van de la mano a la gloria efímera de lo que dura un triunfo.

La muerte siempre está presente. No hace más de una semana, la parca volvió a manifestarse mostrando la verdad del toreo. Un torero honesto, fiel representante de la ortodoxia más pura, caía herido mortalmente en la arena. Un torero que estaba alejado del arquetipo actual. Un torero forjado a sí mismo, fiel a un concepto y a un ideario que ha defendido hasta el final. Un torero independiente, que no atendió jamás a los cantos de sirena del sistema que adultera la fiesta a la que amaba y por la que ha entregado su vida. Un sistema que no le perdonó jamás un fallo y que no le agradeció jamás la defensa de los valores más veraces del toreo.

La muerte de Iván Fandiño en Vic-Fezensac no ha venido nada más que a mostrar la cruda realidad del rito. No han importado sus esfuerzos, sus sacrificios, sus gestas, sus triunfos, sus cimas, y también sus simas, a las que pudo superar, en unos segundos un buido pitón acabo con su vida, repitiéndose así el drama que convierte al hombre en un héroe mitológico. También esta muerte ha traído la miseria del ser humano. Una vez más los que se dicen detractores del toreo y defensores de los animales han vuelto a mostrar su crudeza, bajeza y una amoralidad infinita. Alegrarse de la muerte de un ser humano no hace nada más que poner de manifiesto su podredumbre de ideas y la escoria de unos sentimientos nulos y obtusos.

Aquel que llamaron León de Orduña entregó su vida por una fiesta que es difícil de comprender, pero que está ahí, anclada al ADN de cada español desde hace muchos años. Una fiesta que no debe de perder ni un ápice de su verdad. Es triste, pero es así, el rito sacrificial del toreo puede tener estos tintes trágicos, pero es cuando la verdad prevalece sobre lo que nos quieren hacer ver desde cierto sector que dice defenderlo.

Fandiño estuvo fuera del sistema, fue torero más de aficionados que de público ocasional, pero aún así demostró su grandeza. 

Paradójicamente nunca abrió plaza en el albero califal, aunque sí actuó en la provincia. Tres fueron sus apariciones en cosos cordobeses. El 5 de agosto de 2011 se presentó en la plaza de Villanueva de Córdoba. Le acompañaron Juan Manuel Benítez y Cesar Jiménez, estoqueando una corrida de Las Monjas. Ya dejó patente su estilo clásico y ortodoxo. 

Más tarde, en 2014, formó parte del cartel inaugural del coso de Almedinilla, donde cortó cuatro orejas y un rabo. Le acompañaron el veterano Francisco Ruiz Miguel y Manuel Díaz El Cordobés. Su última actuación en ruedos cordobeses tuvo lugar en Pozoblanco el 27 de septiembre de 2015, alternando con Manuel Escribano y el rejoneador Leonardo Hernández.


Publicado en El Día de Cordoba

¿La Fiesta en Paz? Iván Fandiño: legado torero y denuncia post mortem


Por Leonardo Páez.

La muerte ha sido y sigue siendo el gran tabú de la humanidad, no obstante los esfuerzos de falsos demócratas, delincuencia organizada, narcos y autoridá para familiarizarnos con aquella, en forma real o en transmisión diferida. El propósito es el mismo: alimentar el miedo a la muerte, es decir, a la vida, para que deambulen, autorregulados, los vivillos y se estorbe a los valientes. 

La puntual no conoce suertes, embestidas, terrenos ni plazas. Llega y ya, cuando tiene que llegar, no cuando una lógica amedrentada supone que sea oportuno. Que los enfermos mentales –animalistas justicieros que se alegran por la muerte de un torero– sigan ladrando junto con los dueños del pandero taurino. A unos y a otros les falta conciencia de humanidad, comprensión de lo sacrificial, de volver sagrado lo ordinario y de llevar a cabo ofrendas apasionadas en afán de trascender. A taurinos y a antis les falta, sobre todo, grandeza de espíritu. 

Iván Fandiño, fallecido el sábado 17 de junio, tras perforarle el hígado un bravo bello rey de astas agudas, de nombre Provechito, del hierro de Baltasar Ibán, poseía una tauromaquia contraria al espíritu comodón de la época, empeñado en sustentar el arte de la lidia en una falacia: disminuir la casta y la tauridad del toro para que los toreros, artistas o no, toreen bonito, como si en ello pudiera sostenerse la emoción y el dramatismo del espectáculo. A Fandiño no le interesaba –y ese es su legado– torear bonito, sino enfrentar al toro sin adjetivos –como el codicioso que lo mató, como el lleno en su ejemplar encerrona en Madrid en 2015 con toros para toreros no para posturas–, por ello gustaba de fundirse con los astados y ofrecer una tauromaquia trascendente por comprometida. La estética de la ética, hoy postergada por casi todos en aras del toro bobo y repetidor. 

Por eso a Fandiño, sobrio y cabal en el trazo, lo relegó la tauromafia que detenta el dañino circuito del figurismo globalizonzo, el taurineo abusivo de los neoconquistadores del continente inventado, que se apropió del toreo para beneficio exclusivo de algunos, siendo frenado por figuras y empresas que hoy externan sentidos pensamientos. El desfile de pésames y esquelas tras la muerte del torero tiene un tufo de oportunismo, demagogia, cinismo o todo junto. Enrique Ponce, por ejemplo, escribió en Twitter: Ayer, hoy y siempre contigo, torero grande. 

Llenaste de orgullo y grandeza el toreo con tu pureza y verdad. Se oye bien, aunque en la realidad haya sido diferente. Matador de toros desde agosto de 2005, Fandiño confirmó en Madrid casi cuatro años después, en mayo de 2009. 

Triunfó en las principales ferias de España, en las plazas francesas, donde el exigente público torista lo tenía entre sus favoritos, y se presentó con éxito en cosos de Ecuador, Colombia y México. En nuestro país, donde somos hospitalarios pero malos aficionados, incluidos empresarios, ganaderos y comunicadores, a Iván Fandiño le sirvieron en Huamantla y Pachuca encierros tan terciados, que no faltó el indignado que lo tachara de Fraudiño, como si él hubiera escogido ese infamante ganado y no sus anfitriones. Pero en años recientes así semos: entreguistas con los de fuera y rigurosos con los de casa. Sin embargo, ¿sabe cuándo confirmó Iván su alternativa en la plaza México? Acertó: nunca. No era de la tauromafia. Entonces dejémonos de reproches a destiempo entre nosotros mismos, como ha sugerido un positivo.

Publicado en La Jornada.