Archivo de la etiqueta: Sevilla

Curro Romero: «El toreo está muy encorsetado y es un arte que debe ser libre»

El torero de Camas hace balance – J.M.Serrano.

El Faraón de Camas rememora los mejores momentos de su carrera y analiza la situación actual de la Fiesta.

Por Lorena Muñoz.

Ha pasado medio siglo desde aquel 13 de junio de 1968 en el que Curro Romero se encerró con seis toros en la Maestranza. Fue su segunda Puerta del Príncipe y un nuevo hito en su carrera. Dos años antes había protagonizado la mayor gesta taurina que se recuerda. El 19 de mayo de 1966 cortó ocho orejas a la corrida de Urquijo, el día de la Ascensión, a beneficio de la Cruz Roja. Una marca que todavía no ha sido superada. Aquel día nació el currismo.

Nos recibe en su casa, con la misma amabilidad y sencillez de siempre. Es un privilegio hablar de toros con un mito del toreo. Antes de entrar en materia, hay tiempo para preguntarle por el Real Betis Balompié y por el tenista Rafael Nadal, dos pasiones de las que se confiesa fiel seguidor. Vamos a hablar de toros y de un festejo que se celebró hace cinco décadas

¿Tiene vivos los recuerdos?

«Es sorprendente, el tiempo es tremendo, parece que está parado pero uno va andando, pasan los años y no es fácil recordar muchas cosas después de cincuenta años. Sí tengo más presente el día de Urquijo porque me encontré muy bien y muy dispuesto. Siempre digo que en el toreo y en el toro hay que tener mucha suerte y ese día yo la tuve», sostiene.

Aquel día nació el currismo pero asegura que «enganchó» a los buenos aficionados mucho antes.

«Había una tertulia en «el Sport», donde se juntaban muchos ganaderos, aficionados y profesionales. Se hablaba mucho de mi debut de novillero en el año 1957. Después de varios años de matador, decían que no había estado como aquel día. Ahí empecé a darme a conocer entre los aficionados de Sevilla».

Las tertulias de entonces eran lo que alimentaba la llama. «El boca a boca era más auténtico, antes se hablaba mucho de toros, se discutía y eso desapareció», lamenta Curro, que se sorprende de que todavía siga siendo un ejemplo para muchos, de que siga siendo el torero de Sevilla, incluso para quienes no lo han visto torear. «No lo termino de encajar, me pongo como loco porque vienen chavales muy jóvenes que me piden hacerse fotografías conmigo y autógrafos para sus padres y abuelos. Se entiende que ellos les han hablado de mí. Me lo piden con ganas y se ponen muy contentos. Eso no es normal».

No ha sido un torero de números pero ahí están sus siete puertas grandes en Madrid y cinco en Sevilla, más las que no quiso salir a pesar de cortar los trofeos. Lo revive con cariño.

«Pienso muchas veces porque casi no me lo creo. Cuando me embestía un toro, yo me daba y me sentía», asegura. De aquella tarde del 13 de junio de 1968 recuerda el conjunto, el cariño del público. La salida a hombros por la Puerta del Príncipe. El primer toro saltó al callejón. Curro, lo ha borrado de su memoria. «No me acuerdo, son cosas que no me llaman mucho la atención», asegura con una sonrisa.

Tampoco recuerda demasiado las orejas, pero sí que se las daban con entrega. «He tenido fortuna de que fuera en Sevilla y en Madrid. Y he tenido la suerte de nacer con esas cualidades que me hacían transmitir y conectar con el público rápido. Para mí era maravilloso, no hay que estar ahí machando. Rápidamente cuando embestía un toro se volcaban conmigo».

En ese aspecto ha cambiado mucho el toreo. «Hoy el toro tiene menos movilidad y los toreros tardan más en ligar. Como no acaban de calentar a la gente, de uno en uno es más difícil. Ellos siguen y se hacen hasta pesados. El toro embiste menos por su casta y sus hechuras y se viene abajo todo lo que se ha hecho al principio».

Y qué decir del toreo de capote. «Las verónicas al segundo, que tomó un puyazo arrancándose de largo, levantaron un clamor de admiraciones y promovieron acordes musicales», escribe en su crónica don Fabricio II. ¿Por qué hoy es tan difícil ver torear bien con el capote? «Es como si no le dieran interés a torear con el capote, que yo creo que es una de las cosas más bonitas que hay cuando se torea bien. Sobre todo cuando viene un toro de salida y lo templas y lo vas reduciendo si te embiste. El interés con la muleta es más que con el capote, desisten… ¡Ellos sabrán, yo no lo sé!».

Ahora las orejas se cortan con la muleta y es lo que cuenta aunque el Faraón de Camas tiene su propia visión. «Cuando se torea con el capote la gente ha salido toreando por la calle». ¿Se podría cortar un trofeo solo con el toreo de capa? «El toreo está muy encorsetado, hay un Reglamento y creo que está mal. El toreo, como arte, es libre, debe ser más libre. Si un toro te embiste y puedes pegarle 30 ó 40 lances o diez o doce medias verónicas y quieres entrar a matar, ¿por qué no lo vas a hacer? Siempre lo he pensado. Una vez se lo dije a Miquel Barceló y me dijo que lo hiciera, pero le dije que me podían penalizar para no torear dos años en la provincia. Eso es más peligroso que una multa», bromea, ya que no duda de que el toreo es un arte. «Sin duda, y un arte grandioso. Cuando se hace el toreo como se requiere y como se merece un toro bravo y con clase, hay que acariciarlo, estar medido con él. La cantidad no tiene nada que ver con la calidad».

La crónica de Manuel Olmedo -con el pseudónimo de don Fabricio II- termina diciendo de «Curro Romero, artista que posee entre sus singulares dotes un gran poder de sugestión». El torero es consciente de la fidelidad de sus partidarios. «En mi época nos seguían mucho. Había una afición de una grandeza extraordinaria, de saber esperar y gozaban mucho. Ahora ha desaparecido el aficionado bueno».

«Curro ha conseguido su propósito de rehabilitarse ante la afición sevillana (…) ha vuelto a otorgarle su confianza jubilosamente», comenzaba la crónica del 13 de junio de 1968. «Sevilla ha sabido esperar a los toreros siempre. A mí me han pegado muchas broncas pero han ido al día siguiente a verme. Me dijeron que era el torero que más irritaba a los públicos de España y yo me preguntaba si no era peor aburrirlos», argumenta.

Era una figura del toreo indiscutible.

¿Era antes más fácil que ahora?

«Hay un toro muy grande, lo han sacado de tipo y hay menos probabilidades de triunfo. Los empresarios románticos han desaparecido y no todo es el dinero, el cuidar a la afición y darle los carteles que se merecen, si no se lo dan, se ve la bajada de gente en las plazas. Tiene mucho peligro porque el que se va no vuelve».

¿Qué ocurre con los que empiezan?

«Ya se ha acabado el padrino famoso que se gastaba el dinero para recuperarlo en el futuro. No se dan novilladas, cada vez menos y cuesta mucho trabajo, tomar la alternativa sin tener el oficio bien aprendido, cuando no se tiene la técnica, el triunfo está siempre más lejos».

Si echa la vista atrás, ¿volvería a ser torero?

«Yo siempre, aunque a lo mejor con estos toros… no sé yo».

Para Curro Romero, «con la altura que tienen y los cuellos tan cortos, se paran y se acaba todo pronto. No se puede torear tan cerca alrededor de los pitones. Las distancias son muy importantes». Hablamos de tres conceptos fundamentales en el toreo: la distancia, la medida y el temple.

¿Sigue soñando con torear?

«No, las cosas llegan y pasan y no hay que ser iluso. Pero sí que me acuerdo algunas veces, ¿no me voy a acordar? Sí, pero corto rápido porque a lo mejor me pongo a llorar», sonríe.

Publicado en ABC

Anuncios

¿Donde quedo el rigor de la afición madrileña? Generosa Puerta Grande para Castella en la puesta de escena de Ponce

El empresario Simón Casas se rompía la camisa frente el micrófono de canal Toros ante la puerta grande de su poderdante, mientras el prestigio de Las Ventas para muchos se iba por una coladera del coso madrileño.

La catedral del toreo esta de cabeza, su empresario no ha cumplido con lo que prometio al tomar la plaza, hay más cemento en el tendido que en años pasados, mientras que su afición y autoridades cada vez están mas cerca de una plaza triunfalista y sin rigor como por ejemplo la Plaza México, que de Las Ventas.

De la Televisión mejor ni hablar, ya que el resultado que nos arroja el festejo del día de hoy es una bomba molotov para Las Ventas.

Por Paco Aguado para el Heraldo.

El amable y festivo público que colmó este miércoles los tendidos de la plaza de Las Ventas consiguió que el diestro Sebastián Castella, aun lesionado, saliera finalmente a hombros, más por la impresión causada por el aparatoso percance que sufrió el francés que por los méritos reales de su faena al quinto toro de la tarde.

Ese preciso momento, cuando recibía de capa al astado de Garcigrande, fue la dramática clave de todo cuanto sucedió después, pues condicionó que se tomara como una heroicidad todo lo que Castella, ya recuperado del tremendo susto, le hizo al animal que minutos antes estuvo a punto de acabar con su vida.

Y es que el toro, de un violento y seco derrote de su pitón izquierdo, cuando aún conservaba todas sus fuerzas, prendió al francés por el pecho y lo zarandeó brutalmente en el aire antes de dejarle inerme sobre la arena.

Toda la plaza, hasta ese momento metida en fiesta, se quedó en silencio, impactada, conmocionada, esperando a que Castella tuviera una mínima reacción, esa que solo llegó cuando las cuadrillas lograron que se incorporara y pudieron llevarle hasta las tablas para ser atendido.

Tardó unos minutos el torero galo en recuperar las fuerzas y el ánimo, en tanto que el toro iba mostrando la calidad y la profundidad de sus embestidas. Quizá por ello, en un gesto que enardeció al tendido, Castella comenzó su faena de muleta con las dos rodillas en tierra con más voluntad que temple y acierto.

Pero ese matiz, esa falta de mando y de pulso sobre el notable toro de Garcigrande que continuó marcando el resto del trasteo, no lo tuvo en cuenta ese público que jaleó cada medio pase, cada alarde y cada efectismo de Castella como si contemplara una revelación, sin reparar en la buena condición de su enemigo, que no pedía épica sino una más profunda estética.

Sebastián Castella cortó dos orejas. Efe

Aun así, después de que Castella saliera trastabillado de una estocada volcándose entre la cuna de los pitones, se pidieron y se concedieron esas dos orejas, que fueron un desmedido premio acorde a las desmedidas reacciones de un público más impresionable de lo que era habitual en esta seria y exigente plaza.

Por Sixto Naranjo COPE:

Jesús Enrique Colombo se convertía en el noveno matador de toros al que Enrique Ponce confirmaba alternativa en Las Ventas. Ocho toreros de varias generaciones precedían al venezolano. Desde los tempranos Abellán o Juli hasta los más noveles Román o Varea. Es lo que tiene llevar casi treinta años al pie del cañón. Quien no tuvo suerte con el toro de la ceremonia fue Colombo. Un semoviente que llegó totalmente desfondado al tercio de muleta y con el que el joven diestro solo pudo brillar en un poderoso tercio de banderillas.

Se protestó al primero del lote de Ponce, muy lavadito de cara pese a sus buenas hechuras. No hubo mucho motivo para la polémica porque el animal se descoordinó al poco de salir y hubo de volver a chiqueros.

El sobrero de Valdefresno. ‘Lironcito‘ y Ponce en el recuerdo lejano. No estuvo sobrado de fuerza el toro del hierro charro, al que mimó el de Chiva en los primeros tercios. El inicio de faena, puro almíbar. Por abajo, sin violentar al toro y abriéndole los caminos. Dos tandas a derechas, aprovechando la bondad y clase del toro de Valdefresno. Muy estético, pero poca verdad en el embroque. Al natural le tropezó más el engaño, se alargaron los tiempos muertos. Cuando retomó la diestra el toro ya había echado el cierre. La estocada viajó caída y algunos intrépidos se aventuraron a pedir incluso la oreja. Pareció excesiva hasta la ovación final y la puesta en escena de Ponce y su cuadrilla, incitándole ésta a dar la vuelta al ruedo.

Colombo se volvió a mostrar como un fácil y poderoso rehiletero. Destacó en un tercer par al quiebro por los adentros de mucha exposición. Para prologar su faena de muleta, el venezolano se hincó de hinojos. Por dos veces el toro se llevó por dalente la muleta. El de Garcigrande siempre quiso salir de najas. Otro desarme ya incorporado frenó aún más la labor del joven diestro, que estuvo un punto acelerado por sus ansias de agradar.

Foto: Pablo Cobos Teran.

Es lo que digo yo: Roca Rey ¿La próxima revolución?

Por Luis CuestaDe SOL y SOMBRA.

Andrés Roca Rey es punto y aparte. Uno de los últimos genios que está revolucionando nuevamente el toreo. Porque no solo hay qué fijarse en su quietud, en sus lances sin enmendar, sino también en el majestuoso esfuerzo del ánimo que tiene este torero, acompañado siempre de un valor inmenso.

En su segunda actuación en Las Ventas ha roto las leyes del espacio y del tiempo, dibujando espirales para llevar al toro donde el quería con su muleta y su cuerpo como escudo.

Que Roca Rey es un torero diferente no me cabe la menor duda. Que actualmente es el que más entusiasma a las masas está fuera de toda cuestión. No reconocerlo sería estar ciego.

La pregunta es: ¿Estamos ante un nuevo revolucionario del toreo?

Hay que recordar que los últimos revolucionarios basaron su legado en tres fundamentos: El riesgo, el dominio del toro, y la estética.

De los tres factores, en el del riesgo, Roca Rey cumple cabalmente con los fundamentos inpuestos por toreros como Belmonte y Ojeda, este quizás el último revolucionario, aunque algunos críticos dicen que en realidad el último fue Manuel Benítez “El Cordobés”.

En el aspecto estético, el toreo de Roca Rey esta transformándose en un concepto de arte superior, por momentos muy lento, y en ocasiones, muy en redondo, pero basado en el toreo más fundamental, rematado con pases de pecho instrumentados con mucha hondura.

Y en cuanto al dominio de los toros, es preciso señalar que en su novísimo toreo, es algo que tarde a tarde ha ido mejorando, prueba de ello es que los toros ahora lo respetan más que en otras temporadas. Será interesante en un futuro verlo con otros encastes y toros mas exigentes, pero creo que todo llegará en su momento.

Hoy su faena al sexto toro tuvo dos partes: Una, de acuerdo con los cánones clásicos y la otra, de esa emocionante nueva tauromaquia que está anunciado una nueva revolución en el toreo.

Una revolución que, todavía algunos no quieren ver y que quizás cuando menos lo esperen, tocará muy pronto a las puertas de sus plazas.

Es lo que digo yo.

Twitter @LuisCuesta_

Foto: NTR Twitter

Cúchares: Madrid, Sevilla, La Habana…

Por Álvaro R. del Moral.

Nació en los madriles –hoy hace justo dos siglos– y murió en La Habana, hace casi 150 años. Pero se le consideró siempre sevillano y del barrio de San Bernardo, ese vivero torero vinculado al viejo matadero de la Puerta de la Carne sin el que no se pueden entender los caminos, el oficio y las fuentes del arte de torear desde la prehistoria del oficio hasta prácticamente nuestros días. Francisco Arjona Guillén, Curro Cúchares en los carteles, es una de las ramas fundamentales del frondoso árbol del toreo hispalense, injertada en las raíces más hondas del viejo arrabal.

Cúchares era hijo de carcinero y sobrino carnal por vía materna de Curro Guillén, aquel torero legendario que también había velado sus armas en el antiquísimo matadero. Un toro de Cabrera –antecedente remoto de la actual ganadería de Miura– lo mató en la Maestranza de Ronda el 20 de mayo de 1820, dos años justos después del nacimiento de su sobrino. Sus restos se enterraron junto a los chiqueros de la plaza de piedra, en el mismo sitio que se depositaron después las cenizas de Antonio Ordóñez.

Guillén alternaba en aquella tarde infausta con Juan León, ahijado de alternativa y diestro arqueológico que acabó tomando bajo su amparo al joven Curro Cúchares. El aprendiz aprendió las primeras letras taurinas en la efímera escuela de Tauromaquia que impulsó Fernando VII en los corrales del matadero. Su maestro, precisamente, fue el gran Pedro Romero de Ronda, que había reclamado para sí mejor derecho sobre la plaza de director que se había ofrecido en un primer momento a Jerónimo José Cándido. Sabemos que la vida activa de aquella academia de toreros fue breve pero permitió poner en circulación a dos toreros fundamentales como Paquiro y el propio Cúchares, que empieza a saborear las primeras mieles del triunfo bajo la protección de Juan León, que además acabaría siendo su compadre.

En la década de 1840 ya es una figura indiscutible que ha ascendido a la categoría de primer espada. Su competencia con José Redondo El Chiclanero forma parte de la mitología del romanticismo taurino. La pugna entre ambos lidiadores terminó de enconarse en el ruedo de la Corte a costa de la discusión en torno a matar el primer toro de la tarde. Ambos acabaron marchándose hacia el burel empuñando su estoque y el asunto acabó con Cúchares durmiendo en el calabozo. La competencia prosiguió pero la sangre, una vez más, no llegó al río.

¿Qué aportó Cúchares al toreo? El tratadista decimonónico José Velázquez y Sánchez señaló que en él se reunían «la alianza de la intrepidez con la más completa seguridad de ánimo, las alternativas de la agilidad con el aplomo perfecto, las consecuencias de una enseñanza clásica y la feliz inspiración del privilegiado instinto, la gracia que hace al torero simpático a los ojos de la multitud, y el mérito que le recomienda a la estimación de los inteligentes». Su puesta en escena, en cualquier caso, distaba mucho de lo que hoy podríamos entender por un torero clásico.

A Cúchares tampoco le faltaron detractores. Un folleto publicado en Madrid en 1845 señalaba, con cierto aire despectivo, que el torero «salta, brinca, corre, capea, banderillea, mata, descabella, adorna, saluda y zapatillea a los toros». El mismo texto advertía que «no se ha hecho ni se puede hacer más malo o bueno, porque unos aplauden y otros silban…».

Cúchares mantuvo una intensa relación con su patria chica y fue el responsable de la rehabilitación de la hermandad de San Bernardo en los años de su apogeo. Bajo el amparo del torero se logró volver a poner la cofradía en la calle en 1839. Pero el mataor murió lejos de la Giralda. Ya estaba mayor y en franca decadencia cuando aceptó un contrato para torear en Cuba. Y allí marchó sin saber que el Caribe sería su propia Samarkanda. La enfermedad del vómito negro –la fiebre amarilla– lo despachó para el otro mundo en La Habana. Corría 1868, el nefasto año de aquella revolución mal llamada Gloriosa que supuso un auténtico zarpazo patrimonial para la ciudad. Los restos del mítico torero de San Bernardo no pudieron ser trasladados a Sevilla hasta 1885. Desde entonces han reposado a los pies de los dos crucificados de la Salud. Tras la mesa de altar, por un hueco practicable, se puede llegar hasta la lápida del matador. Una inscripción escrita a mano reza que «dichoso aquel que fuera llorado sin dejar en la tierra un enemigo».

Publicado en El Correo Web

El sector taurino asegura que la fiesta no perjudica a la infancia

De S y S.

La Comisión Nacional de Asuntos Taurinos ha respondido mediante una declaración institucional a un informe de Naciones Unidas en el que se planteaba que ‘para prevenir los efectos nocivos para los niños del espectáculo de los toros’, sería recomendable prohibir la participación de niños menores de 18 años como toreros y como público, asegurando que esta sugerencia ‘no tiene base científica’.

“Los informes de psicólogos que tenemos nosotros acaban diciendo que no debe implicar nada negativo que un niño acompañado de sus padres en un ambiente festivo acuda a un festejo taurino. No tiene por qué afectarles en nada”, ha asegurado el director general de Bellas Artes y Patrimonio Cultural, Luis Lafuente, a la salida de la reunión de la comisión en la madrileña Plaza de las Ventas.

El informe del Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas fue publicado el pasado 5 de marzo. La Comisión Nacional de Asuntos Taurinos, órgano de participación y colaboración de las Administraciones públicas españolas con competencia sobre la tauromaquia, ha publicado una declaración institucion en respuesta “en ejercicio de sus competencias relativas a la propuesta de medidas para el fomento y protección de los espectáculos taurinos”.

Así, en la citada declaración recuerda que la tauromaquia se ajusta a la definición de Patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO y que la prohibición de participación y asistencia de los menores “carece de una base científica sólida que la justifique”. “Los estudios nacionales e internacionales que han analizado el impacto emocional de la participación o asistencia de los menores a los espectáculos taurinos desde la perspectiva científica de la psiquiatría, la psicología infanto-juvenil y la sociología concluyen unánimemente que no hay bases suficientes para sustentar científicamente esta prohibición”, ha apuntado.

Asimismo, recuerda que la participación y asistencia de menores “se ajusta a la normativa” internacional, citando tanto artículos de la Convención de Naciones Unidas como de la Declaración Universal de Derechos Humanos. También critica que la citada recomendación “desconoce la realidad histórica, cultural y jurídica de la Tauromaquia en España”.

“La Tauromaquia comprende un conjunto de actividades que se conecta directamente con el ejercicio de derechos fundamentales y libertades públicas amparados por la Constitución española, como la libertad ideológica, de pensamiento y expresión, la libertad de producción y creación literaria, artística, científica y técnica, así como la libertad de empresa”, señala en el texto.

Además, indica que la tauromaquia tiene “una indudable trascendencia” como actividad económica y empresarial. “Constituye en España un sector económico de primera magnitud, con una incidencia tangible en ámbitos diversos como el empresarial, el fiscal, el agrícola-ganadero, el medioambiental, el social, el alimentario, el industrial o el turístico”, ha indicado, sustentando así que “corresponde a los poderes públicos españoles” establecer la regulación del sector taurino.

La Comisión Nacional de Asuntos Taurinos se ha reunido en la plaza de las Ventas para reactivar el Plan nacional de fomento y protección de la tauromaquia (Pentauro) y ha anunciado la celebración del II Congreso Internacional de Tauromaquia, que tendrá lugar en Murcia entre el 18 y 21 de octubre.

Además, entre las medidas adoptadas se encuentra la creación de un plan de formación para presidentes de plazas de toros, para “reforzar y ampliar los conocimientos de quienes ejerzan dicha presidencia”, y también la de trabajar en beneficio de “una asistencia sanitaria que sea homogénea en todas las plazas y para que no haya diferencia de trato entre pacientes”.

La Comisión Nacional de Asuntos Taurinos, coordinada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, es el órgano de participación y colaboración de las administraciones públicas españolas con competencia sobre la tauromaquia y de los sectores vinculados a la misma.

Forman también parte de esta comisión los ministerios de Hacienda y Funciones Públicas, Interior, Empleo y Seguridad Social, Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Economía, Industria y Competitividad, y Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

También las diecisiete comunidades autónomas y las dos ciudades autónomas; la Federación Española de Municipios y Provincias y una amplia representación del sector profesional afectado, que abarca a ganaderos, toreros, subalternos, empresarios, cirujanos, veterinarios, aficionados y escuelas taurinas.

Publicidad en El País

Adiós a la Feria de Sevilla: Miura, y échate a correr…

Por José Ramón Márquez.

Y en el fin, como tantas veces, Miura. Otro domingo de Miura más en Sevilla, otra nueva muesca en el revólver con la forma de una A con asas, junto a aquéllas de cuando bajábamos a ver a los de Lora del Río porque no iban a Madrid, que nos tiramos lo menos diez años seguidos sin verlos en Las Ventas, y cuando venían nos íbamos a El Batán a poner a prueba lo que sabíamos de las capas de los toros, porque allí no había dos iguales, de los sardos a los retintos y de los negros con amplias bragas o jirones a los salineros. Ahora los Miura no suelen sacar aquella variedad de capas, y últimamente vemos muchos cárdenos que, para qué negarlo, nos tienen algo amoscados a los que somos partidarios sin fisuras de esta histórica vacada que el año próximo conmemorará los ciento setenta años de su presentación en Madrid.

Miura es un Tourmalet para un torero. No es otra corrida de toros más. Por ejemplo Ponce sólo tiene una en su haber, Manzanares ninguna, Julián tampoco… para qué seguir. Se ve que con los Miura no debe manar el arte ése y los artistas, entonces, no están por la labor. Algo tendrá esta A cuando les conviene tan poco a los reyes del poderío como a los figurones de época, que ellos pensarán que habiendo Domingo Hernández, ese mármol de Carrara con el que esculpen sus figuras de Lladró vendidas como obras de Praxíteles, para qué se las van a ver con las cuernas astigordas, los tipos agalgados y altos, o los humores cambiantes del ganado que crían don Eduardo y don Antonio Miura en la finca Zahariche. Mejor dejarlos para otros.

Para ser honestos, diremos que en la tarde de hoy, decimocuarto festejo del abono de Sevilla, ha salido un Miura de los de verdad, el primero de la tarde, un castaño llamado Redondito, número 36, y otro que prometía lo suyo pero que no hemos llegado a ver por las prisas presidenciales en echarlo, el quinto, Trianero, número 30. El resto del encierro no ha sido lo que se dice un modelo en cuanto a presentación, siendo el caso más evidente el del segundo, Londrito, número 78, que se llevaba ochenta quilos con el de más peso de la tarde, que resultó ser el sobrero, Limeño, número 84, que sustituyó al Trianero antes reseñado. El encierro no fue sobradísimo de fuerzas, pero se movió bastante. Los toreros que para su honra como matadores de toros pusieron su nombre en los carteles junto al de Miura fueron Manuel Escribano y Pepe Moral.

Ya me hubiera gustado a mí ver a toda la parte alta del escalafón de matadores de toros con el primero de la tarde, ese perfecto ejemplar de Miura, puro trapío, que demandaba caballos sin peto y lidia en los pies. Su lidia comienza cuando arrebata el capote a Escribano de manera limpísima, como un prestidigitador, luego hizo una pelea mansibrava o bravimansa con los del arre, se vino a todo trapo a los cites a banderillas que le propuso su matador y cuando éste comenzó su faena de muleta le arrebató la misma con idéntica facilidad con que le había quitado antes el capote. Escribano planteó un trasteo muy superficial y desde el tendido se aprecia perfectamente cómo el toro se va enterando y va tomando conciencia del papel que le corresponde para acabar siendo el amo del cotarro. Desde el inicio de la faena, con una innecesaria pedresina, hasta la estocada con la que le cazó, la relación entre el toro y el torero fue ganada de manera neta por el de cuatro patas. Acaso para compensar, su segundo, Bigote, número 66, fue el menos miureño de los siete que salieron hoy de los chiqueros; a éste lo volvió a banderillear el matador con muchas ventajas, salvo un último par por los adentros de valor y exposición. Aquí no había que poder al toro tantísimo como en el anterior, pero Escribano se amontonó con el de Zahariche (o acaso el realquilado de Zahariche) y no consiguió poner en movimiento su tauromaquia o lo que sea que pretendiese hacer con el tal Bigote. A Bigote lo había recibido de rodillas frente a la puerta de chiqueros y lo mismo se le ocurrió hacer con Trianero, número 30, otro neto miureño de gran trapío que literalmente le sacó de la Plaza persiguiéndole hasta el burladero. Este parecía acalambrado y doña Anabel Moreno Muela, de quien todo lo ignoramos, acaso pésimamente asesorada por el profesor don Santiago Sánchez Apellaniz decidió poner al hermoso animal de vuelta al chiquero, cosa que hizo el toro con una excelente movilidad de sus cuatro extremidades y sin asomo de cojera o acalambramiento. En su lugar salió Limeño y Escribano volvió de nuevo a ponerse de rodillas frente a la puerta de chiqueros, que esto era un no parar. Vuelve Escribano también a tomar los palos para, de nuevo, dejar dos pares veloces y ventajistas y un espeluznante par al quiebro, citando sentado en el estribo, ejecutado en una perra gorda, como decían nuestros abuelos. El toro embiste con la cara alta y no da la sensación de que Escribano vaya a solucionar eso, a cambio el torero le propone al toro diversos “volver a empezar” hasta que viendo que de esa alcuza no saca más que susto, decide pasaportarlo con media tendida que envía a Limeño a las regiones celestiales.

Pepe Moral lo tuvo en la mano

Cuando salió Pepe Moral se notaba el run-run y que las gentes estaban completamente a su favor. A veces pasa, y hoy era innegable cómo la Plaza entera estaba dispuesta a echar una mano en el triunfo del de Los Palacios. En su primero, el más chico y de menor presencia del conjunto, Moral se puso de rodillas a la puerta de toriles, que menuda tarde de rodillas a la puerta de toriles nos han dado los dos matadores, y luego desarrolló una teoría de muletazos sin acoplamiento y ayunos de mando, de mucho acompañamiento y muy poca ligazón y remate que fue culminada con una estocada de zambullón que resultó desprendida y que puso a las buenas gentes a pedir la oreja, petición desaforada a todas luces, que fue mansamente atendida por doña Anabel Moreno Muela, de quien todo lo desconocemos, acaso pésimamente asesorada por “Finito de Triana”.

Limonero, número 4, es el segundo de Pepe Moral y, acaso la clave de esta corrida para él. Ni que decir tiene que la cosa comenzó con el matador de rodillas frente a la puerta de chiqueros, pero tras ese momento reiterativo y tras cumplir en su encuentro con el del castoreño, se presenta un toro que da la impresión de ofrecer la posibilidad del triunfo. Moral pone en marcha su tauromaquia recibiendo en seguida el apoyo entusiasta del tendido, que no cesa de jalearle su labor. La verdad es que no debería habérsele pasado la ocasión a Pepe Moral, con todo el viento a favor, de haber pisado el acelerador para poner la Plaza como una olla express, porque en esa faena se jugaba el quedar como triunfador de la Feria, pues no es lo mismo lo del Julián con el bobo de “Orgullito” que lo de este con un Miura, pero Pepe Moral no revienta a torear, no levanta de verdad la faena en ningún momento y por eso cuando el toro tarda en caer se enfría un poco el entusiasmo y se lleva una oreja y no las dos a las que debería haber optado si hubiera tenido hambre y ansia de comerse el mundo. Nadie culpe a esa tal doña Anabel, pues la culpa de no tener hoy las dos orejas de Limonero en la nevera del mueble bar del Colón es toda de Pepe Moral.

La apuesta de “a ver qué pasa en el sexto” es harto complicada en una corrida de Miura. Salió Limosnero, número 52, largo y serio y Pepe Moral estaba a un trofeo de la Puerta del Príncipe, pero Limosnero se enteraba mucho de lo que pasaba a su alrededor y en sus acometidas estaba muy presente la promesa del hule. José Chacón dejó dos sobrios y expuestos pares de banderillas para que quede constancia de su clase como excelso peón y cuando llegó el momento de ponerse a torear lo que tenía Pepe Moral era un toro de hace cien años ante el que no planteó unos recursos de poder o simplemente de lidia que le hiciesen ponerse por encima del astado. Lo intentó por los dos pitones a lo moderno y en medio de esa batalla un metepatas de estos que ahora abundan se puso a cantar un fandango o lo que fuese, y fue acabar el cante y empezar a llover a mares, sin que con esto queramos decir que el cante tuviese relación alguna con la lluvia que cayó. La cosa es que entre el agua, el lío de que si canta o no canta y demás nadie echaba cuentas del quinario que estaba pasando Pepe Moral. Falló a espadas en su primera entrada y cazó a Limosnero a la segunda. Le sacaron a hombros, pero él, seguramente, no estará feliz con su resultado.

En resumen, una entretenidísima tarde de toros, porque habiendo toros no hay quien se aburra.

Publicado en Salmonetes ya no nos quedan…

Nubarrones (también sobre la tauromaquia). Lo que va del orgullo a «Orgullito»

Por Jean Juan Palette-Cazajus.

Hace ya bastantes semanas agredí la paciencia del lector infligiéndole el via crucis de un largo serial sobre toros y filosofía que no estaba todavía para publicarse. Si «lo bien toreao es lo bien arrematao», como dicen que dijo Rafael el Gallo, la faena que brindé al público de Salmonetes…, además de interminable, carecía clamorosamente de remate. No diré que era para bronca, pero no merecía otra cosa que el doloroso silencio. Tenía algunas disculpas. En aquellos momentos me tenía bastante atribulado el marrajo de la salud. No es que las cosas hayan mejorado, ya que el toro que me toca lidiar es particularmente incierto. Convocado en el hospital de Pau el día 26 de marzo para un balance, las noticias resultaron bastante nubosas. Mirando por la ventana de mi habitación me dí cuenta de que también los nubarrones se acumulaban por fuera. Y como el torero lo es en todo momento y no debe atribularse con minucias, me dio por sacar una foto conmemorativa.

Si decido sacar esta foto hoy, a toro muy pasao, es porque pienso que es apta para ilustrar, además del mío, el estado mental de cierto número de aficionados, tras el paripé de Sevilla. Como no estoy para excesivos trotes creativos, mi aportación consistirá sobre todo en un popurrí de citas del malhadado trabajo, ya algo mejor «arrematao». No lo vean como cosa de cara dura, a lo sumo como cara de circunstancia.

Algo reflexioné sobre el indulto, casi a punto de concluir, en el capítulo XXIII:

«Nada como la corrida de toros celebra y recuerda la presencia-conciencia de la muerte como condición de engrandecimiento y dignificación de la existencia humana. Por esto a la infrecuente muerte del torero se opone el infrecuente indulto del toro. Por un lado, el fin trágico del torero, simbólico del sino mortal de la humanidad, debe ser «necesariamente »; pero debe ser excepcional. Por otro, el indulto que libra al toro particularmente bravo de la muerte, le concede así una humanidad metafórica. Por esta razón el indulto debe ser; y por esta misma razón, debe ser excepcional […] Y así el concepto de «indulto» es antropomórfico como lo es buena parte del vocabulario que sirve para calificar el toro. El indulto al toro bravo bebe en la misma fuente animista que sustenta la sentimentalidad animalista. Pero lo que muestra en filigrana el indulto, al convertir excepcionalmente el toro en humano metafórico, es el indicio, la indicación necesaria de que la muerte del toro nunca es libre de interrogantes. Hacer, excepcionalmente, del toro un humano metafórico es precisamente la mejor manera de recordar, por antífrasis, hasta qué punto no es humano; y también de recordar que toda muerte reviste gravedad».

Concluíamos:

«[…] Desde hace algunos años, presenciamos una auténtica proliferación de indultos en la mayoría de las plazas de toros, casi todos ellos injustificables. No nos quepa la más mínima duda, lo que el fenómeno viene indicando es cómo, entre el festivo público taurino, muchos comportamientos van quedando subrepticiamente parasitados e inducidos por la presión animalista».

Quien lo dude tenía que haber oído al inefable Simón Casas, entrevistado en el callejón de la Maestranza, tras el indulto y dirigiéndose a los antitaurinos, con su habitual y gabacha (¡qué le vamos a hacer!) ampulosidad, para encarecerles la capacidad que tiene la tauromaquia de dejar al toro en vida…

En cuanto a lo de “parasitados”, pretendía recordar al lector algo que se comentaba en el capítulo XIII:

«Se sabe que las larvas de algunos parásitos, colonizan el cerebro del animal huésped, llegando a cambiar sus comportamientos naturales por aquellos que favorecen las necesidades vitales del desarrollo de dicha larva. Por ejemplo, una de ellas, «Toxoplasma gondii» parasita el cerebro del ratón hasta el punto de que le pierde todo miedo al gato. De la misma manera, la larva animalista coloniza nuestro cerebro y nos sugiere como legítimo el debate sobre la porosidad de las fronteras entre hombre y animal»…

… Y también coloniza nuestro cerebro en el debate sobre la naturaleza y la finalidad del indulto, cabe añadir ahora.

A la hora de enjuiciar la labor de El Juli, aquel ínclito 16 de abril, seguiremos con las desvergonzadas autocitas, en este caso un pequeño extracto del capítulo V:

«[…] el diestro Domingo Ortega (1906-1988) decía que torear era conseguir que “el toro vaya por donde no quiere ir”. Ni más ni menos. Hablar de toreo interior quiere decir lo mismo. Hablar de toreo exterior supone, lo habrán deducido, pactar de forma más o menos descarada con las peores tendencias del toro y las más cómodas para el torero. Para que se vaya por sus terrenos, por donde quiere ir, por donde «coge» menos por sentirse menos exigido. Paradójicamente, el resultado, un toreo rectilíneo o apenas arqueado, suele ser más largo, más espectacular, más fácil de « ligar» que el auténtico y encandila al «espectador» mientras el aficionado se desespera. En cambio el toreo interior es curvo, sobrio, intenso, «pisa» el terreno del toro, «obliga» su naturaleza y se practica en el espacio de la «corná».

En el mismo capítulo, también me atrevía a unas breves consideraciones sobre el toro bravo. Se remataron muchas semanas antes de que se celebrase el armónico paso a dos de Cascanueces, quiero decir de «Orgullito» con El Juli:

«El profano pocas veces sabe hasta qué punto la indudable genialidad selectiva de la mayoría de los ganaderos dichos «de bravo» ha sido capaz de independizar la embestida de la bravura. Tal vez lo que sigue diferenciando al aficionado del «espectador» es la idea de que un toro no puede ser calificado de bravo si no es peligroso, si no queda en él ningún rastro de fiereza. Si no manifiesta lo que, de forma antropomórfica, llamaríamos combatividad. En ciertas circunstancias, el dominio sicológico del torero sobre el toro llega a ser real y se podría decir que lo está, literalmente, «desbravando». Pero muchas faenas actuales semejan ejercicios de amaestramiento. Curiosamente, al que manifiesta un mínimo de inteligencia, con el consiguiente peligro, llamamos negativamente «toro de sentido». Pero ponderamos como «noble» al que el gran veterinario y escritor taurino, Ramón Barga Bensusán, mostraba científicamente ser un toro tonto. No nos cansaremos de repetirlo, la indudable profesionalidad y admirable competencia genética de los ganaderos actuales han resuelto la cuadratura del círculo y creado un toro que embiste sin crear apenas peligro. Hoy, para muchos cerebros crepusculares el toro ideal es el que combina recorrido y docilidad. Entre lo mecánico y lo doméstico».

Quienquiera que haya visto la corrida o echado un vistazo al vídeo que adjuntamos se habrá dado cuenta de la atmósfera delirante, extática, que reinaba en la Maestranza aquel día 16 de abril. No pasaremos de un puñado más o menos consistente los que manifestamos otra gama de sentimientos, entre total indiferencia o indignada consternación, ante lo que fueron aquel día toro, torero y toreo. ¿Qué conclusión debemos sacar? ¿La de considerar que somos una minoría ilustrada e incomprendida en medio de un oceáno de vulgaridad e ignorancia? No la descarto del todo pero ahora mismo no me siento con valor para sostenerla. Además de cómoda, resultará mucho más probable la hipótesis de que el espectáculo del otro día represente realmente lo que queda de la tauromaquia.

La experiencia de la muerte, por definición, es aquello que no alcanzaremos jamás a conocer personalmente. Ni la nuestra propia, ni la de nuestro entorno vital, ni la de nuestra civilización, ni la de nuestra historia. Estamos programados para tal disonancia, para percibir sólo confusamente las mayores evidencias. Intenté explicitarlo en el capítulo XIX. Adelante con otra autocita:

«Y así la presencia de una conciencia de la muerte incompleta entre nosotros constituye de alguna manera la gran particularidad de nuestro proceso adaptativo al entorno vital».

«Si la conciencia de la muerte fuese una presencia realmente inmanente a la experiencia del ser, la existencia humana se haría intolerable, de todo punto imposible».

Y así la tauromaquia es una estrella muerta y la luz que todavía la alumbra debilmente viene del pasado, procede de los años -años luz- en que todavía estaba viva. La plaza de la Real Maestranza es la más brillante de las estrellas muertas y ofrece siempre el modelo de una tauromaquia educada y de buena compañía, amena y desdramatizada. Básicamente destinada al bienestar de una civilizada convivencia. En Sevilla, la plaza de toros es la continuación del inapreciable ambiente de las casetas de Feria. Durante la corrida, perdura en los tendidos el estilo de un exquisito arte de vivir y en el ruedo, el toreo debe ser un selecto arte de sociedad. De modo que mal vemos cómo podrían aceptar aquellas conciencias, siquiera la hipótesis de que la tauromaquia ofrecida en la Maestranza sea un espectáculo ya necrótico. Ciertamente no será la primera vez en la historia que el sentimiento de pertenecer a una colectividad privilegiada habrá servido para negar una realidad agónica.

Dicho lo cual ¿para qué sirve entonces, para qué servimos –si se me consiente la osadía de autoincluirme– el cónclave de los toristas de la Andanada del 9, los devotos del «cruce» y de la «pata alante»? Para sugerirlo recurriré, ya es la última vez, a la desaprensiva autocita, esta vez a finales del capítulo XXII:

«Al igual que las otras pasiones ideológicas – religiosas o políticas – [el credo de la andanada del 9] …cumple una función «endotélica». Estabiliza el eje interior del ser humano, le confiere un sentimiento de protagonismo, le brinda la ilusión de la finalidad y permite sobrenadar en un océano embravecido y tumultuoso, sin puerto a la vista».

O sea que no pintamos para nada y no existe la más mínima posibilidad de que esto cambie alguna vez.

El Juli triunfador de la Feria de Abril 2018

Por Lorena Muñoz.

La Feria de Abril de 2018 tiene un nombre escrito en letras de oro: Julián López «El Juli». La figura madrileña ha acaparado los premios al triunfador y la mejor faena del ciclo sevillano. Así lo ha decidido el jurado de los trofeos de la Real Maestranza.

Estos son los galardonados:

– Triunfador: El Juli.

-Mejor faena: El Juli.

-Mejor estocada: José María Manzanares.

-Mejor toreo de capa: Manuel Escribano.

-Mejor corrida: Garcigrande.

-Mejor toro: Orgullito, de Garcigrande.

-Mejor rejoneador: Andrés Romero.

-Mejor subalterno: José Chacón.

-Mejor par de banderillas: Curro Javier.

-Mejor picador: Paco María.

Fuente: ABC