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Feria de Abril: lo malo, si breve…


El presidente niega una oreja a El Juli en una deslucida corrida de Jandilla.

Por Andrés Amorós.

Si el cartel, en sí, era muy bueno, después del indulto de «Orgullito», se convierte en óptimo. El ambiente es extraordinario: una gran fiesta social. Luego, como tantas veces, llega la decepción. El toro lo decide todo. Recuerdo un viejo refrán: «Tres cosas hay que nadie sabe cómo van a ser: el melón, el toro y la mujer».

Más chocante resulta porque Jandilla lleva dos temporadas muy buenas pero, esta tarde, las reses han fallado estrepitosamente: flojos, descastados, huídos, sin emoción, rajados… Ese es el enigma básico de este arte, siempre imprevisible. Y los ánimos del público, exaltados al comienzo, se han ido desinflando, como un gigantesco «soufflé»…

Al comienzo, se ha hecho saludar a El Juli, en recuerdo de la gran faena al toro indultado. (Me dice una elegante vecina: «En Las Ventas, lo van a esperar»). Se emociona el público con una pancarta: «Cataluña, taurina». Todos aplauden. Y uno apostilla: «Y el Barsa, Subcampeón de la Copa del Rey…». La guasa de esta tierra.

Raíces clásicas

Antonio Ferrera ha conseguido que muchos esperemos con ilusión su nuevo estilo, de raíces tan clásicas. El gran público, en cambio, sigue pitándole, cuando no coge las banderillas. La gente no lee y tardará tiempo en enterarse de que ésa es su decisión para esta temporada. El primer toro flaquea, se queda corto. (Tendré que repetir esto con casi todos sus hermanos). Además, no repite y pega derrotes . Antonio, en seguida, lo lleva al centro – a pesar del viento – y muletea, muy asentado y sereno. De pronto, el toro decide echarse en el dorado albero. ¡Vaya decepción! Le piden que corte y lo hace. Después de un pinchazo, logra una buena estocada. Recibe al cuarto con buenos lances, en su estilo propio, bajando la cabeza, acompañando la embestida. Se luce poniéndolo en suerte. El toro tardea, echa el freno ante el caballo, sale de la suerte cayéndose. Ferrera muletea con oficio y buenas maneras pero las caídas deslucen el trasteo. Con valor y mérito, todavía le roba pases en tablas, que son insuficientemente valorados. (La efervescencia emocional del comienzo ya se ha diluido). Mata bien, entrando despacio.

Resume certero Fran: «En esta Feria, de seis toros, sólo le ha embestido uno». Veremos si en Las Ventas tiene más suerte.

Idilio con Sevilla

El Juli vive su momento de idilio con el público sevillano, que lo apoya y empuja. El segundo toro es noble pero flojo. Lo recibe con buenos lances, cargando la suerte y a pies juntos. Roca Rey aprovecha la bondad de la res para su quite barroco. Julián replica con chicuelinas de mano baja (como Manzanares padre) y compás abierto (como José Tomás). La gente ruge: ¡dos gallos de pelea! Es lo que han venido a ver. Brinda Julián al público; anda fácil con el toro pero molesto por las ráfagas de viento. Torea con mando, algo encorvado. Los naturales desmayados hacen sonar la música: escuchar a esta Banda «Suspiros de España» es una maravilla. Al final, desata el entusiasmo con un circular. Mata mal, con el habitual salto; además, caído y perpendicular. La petición de oreja es mayoritaria pero el Presidente no la concede. Sentencia un vecino: «Ha sido sólo medio toro; por eso, la faena ha ido a menos». Y no está bien que, en esta Plaza, como ahora en casi todas, se valore sólo lo rápido que caiga el toro, no el lugar de la estocada. Da la vuelta al ruedo. El quinto sale con genio, embiste de largo al caballo, pica bien Barroso. Después de los doblones iniciales, el toro se queda corto, se para y se cae. Una vez más, vivimos la desesperante situación de un diestro que ha de gritar cinco o seis veces «¡Je!» para que el toro embista un poquito. Le piden que abrevie y lo hace. Mata mal, con derrame.

Un manso manejable

Todos esperan que Roca Rey se enfrente con todas sus armas al diestro triunfador: lo intenta pero no logra rematar el triunfo. El tercero se llama «Jumbrío» (supongo que es «Umbrío», con la hache aspirada, como «cante hondo» da lugar a «jondo») pero se queda en muy oscuro. Apenas lo pican; se mueve, en banderillas, pero renquea de atrás; quiere embestir pero… Comienza Andrés con cinco muletazos de rodillas: uno de ellos, por la espalda. («El pase del runrún», lo bautiza un vecino). Liga muletazos mandones, de mano baja, pero la flojedad del toro frena el estallido. Aunque la res saca genio, le arranca muletazos. Mata con decisión pero mal. El último es un manso manejable que huye continuamente hacia chiqueros. El quite por gaoneras c y una larga sube un poco la emoción, muy caída. Saluda en banderillas Juan José Domínguez. En los terrenos que va buscando el toro huído, intenta sujetarlo, manda y aguanta; todavía consigue naturales de mucho mérito, en tablas, pero pierde la oreja, al pinchar. Una vez más, ha demostrado que, además del evidente valor, posee una notable capacidad y una claridad de cabeza poco frecuente. Con esas calidades, va a llegar muy lejos.

Única noticia buena, la corrida ha durado poco más de dos horas, algo increíble, hoy en día. Lo malo, si es breve, sigue siendo malo, pero se soporta mejor.

FICHA

REAL MAESTRANZA DE SEVILLA. Jueves, 19 de abril de 2018. Décima corrida. Lleno de «No hay billetes». Toros de Jandilla y Vegahermosa (4º), de muy pobre juego, todos flojos y deslucidos.

ANTONIO FERRERA, de azul marino y oro. Pinchazo y estocada (silencio). En el cuarto, buena estocada (silencio).

EL JULI, de tabaco y oro. Estocada caída perpendicular (petición y vuelta al ruedo con bronca al presidente). En el quinto, media caída con derrame (silencio).

ANDRÉS ROCA REY, de barquillo y oro. Estocada rinconera (saludos). En el sexto, pinchazo y estocada. Aviso (ovación de despedida.

Publicado en ABC

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Crónica de Sevilla: “El Juli y Roca Rey, una rivalidad en ciernes”

Jueves, 19 de abril de 2018. Sevilla. 11ª de abono. No hay billetes. 12.000 almas. 27 grados a la sombra, algo de viento. Dos horas y diez minutos de función. Cinco toros de Jandilla y uno -4º- Vegahermosa, que completaba corrida. Los seis, de Borja Domecq Noguera. Antonio Ferrera, silencio en los dos. El Juli, vuelta al ruedo y silencio. Roca Rey, saludos y saludos tras un aviso.

Por Barquerito. Foto Arjona.

POR INTELIGENCIA, por temple y por la manera de torear en posado desmayo, El Juli. Por frescura, ambición, poderío, descaro y temeridad, y temple y desmayo también, Roca Rey.

Con uno y otro, y con los dos únicos toros de Jandilla que lo permitieron, cada uno a su manera, se midieron sin disimulo los dos toreros. El brujo y el aprendiz de brujo. El águila y el aguilucho, que ya vuela solo y planea y, si fuera preciso, muerde. Igual que El Juli hace veinte años.

Dieron los dos la talla. No solo por separado en sendas faenas que no tuvieron en común nada más que sus muchos recursos, su cabeza y su firmeza, sino también en una misma y sola baza juntos. En el segundo toro salió Roca Rey en su turno a quitar. Con gesto de retar, calentar y desafiar, un quite mixto de cuatro caros golpes, muy despaciosos, casi tanto como los tres lances sueltos a pies juntos con que El Juli se había hecho admirar en el primer quite propio. El remate de ese quite fue una espléndida media ceñida y a pulso. Contó además la manera de irse Julián de la cara del toro después de dejarlo puesto en suerte. Pura marchosería.

El quite de Roca fue celebradísimo. Por inesperado, por teatral y porque el torero limeño domina mejor que nadie los lances en bucle rescatados del repertorio barroco mexicano -saltilleras, gaoneras, los faroles en rizo de El Calesero– y los interpreta con aire ligero y seco, soltura notable y la imprescindible y elástica verticalidad. El toro se había empleado en dos puyazos de Salvador Núñez, iba a cambiarse el tercio y El Juli tuvo la brillante idea de recoger el guante y de salir a replicar con toda la tropa cerca. Se abrió de rayas afuera y en distancia, cobró dos chicuelinas de giro raudo y manos muy bajas, jaleadas las dos, y, sobre todas las cosas, remató esa réplica con dos lances de recorte a pies juntos antológicos, uno por cada mano.

Esos dos recortes sentenciaron a su favor la partida. Fue el momento cumbre de la corrida. Contando incluso el supino primor con que El Juli, en desmayo no impostado sino todo lo contrario -tensión cero-, llegó a torear con la izquierda muy a su antojo al toro de los quites. En los medios, en el tercio, entre las rayas también. Donde convino, porque el viento, que lo descubría, hizo a Julián rectificar su primer camino -las rayas delante de la Puerta del Príncipe- y buscar abrigo debajo de los músicos, que se arrancaron con una versión muy rica del Suspiros de España.

Siendo metódica, fue faena cargada de improvisaciones. Algunas del calado de seis muletazos por tanda y su broche. Por la mano derecha no había dejado de protestar el toro, que amagó con rajarse cuando El Juli quiso aplicarle el tercer grado. Por esa mano lo acabó obligando también. Sobró la coda de la faena. Tal vez estuviera Julián desatado. El toro se puso gazapón, se resolvió la cosa. Una estocada en la suerte contraria. Hubo petición sobrada. El palco se enrocó sin contar pañuelos. La vuelta al ruedo fue una fiesta.

Contando el quite, en fin, pero de otra manera tanto o más que el arrojo, la astucia y la limpia resolución de Roca Rey para buscarle y llegar a hallarle al sexto jandilla el cómo, el dónde, el cuánto y el cuándo. Un toro que huía de su sombra, no aguantaba más de dos viajes seguidos y solo tuvo una secreta virtud: no puntear ni cabecear. Dentro de la mansedumbre, su nobleza. Eso fue lo que adivinó Roca Rey, juncal, suelto de brazos, la muleta en vilo suave, sin carreras ni prisas ni pisotones, aunque tocara perseguir al toro y recorrer en pos de él el perímetro casi entero del óvalo de la Maestranza. Poderle a un toro tan rajado como ese -más que ninguno en unas cuantas ferias-, taparlo y gobernarlo y hasta someterlo en una penúltima tanda en carrusel pareció milagro. Al tercero de corrida, de viajes cortos y revoltosos, lo había tumbado Roca de una estocada en corto hasta el puño tan de las suyas. A este lo pinchó cuando ya acariciaba un triunfo de peso.

Por lo demás, la corrida de Jandilla fue un jarro de agua fría. Por su falta de combatividad, entrega y hasta fijeza. Las hechuras, sí. El fondo, no. Ferrera, distinguido en la brega como siempre, se llevó un lote deslucidísimo: se echó el primero, se aplomó el cuarto, El quinto, último de los cuatro que El Juli mataba en la feria, solo pegó taponazos antes de pararse.

Publicado en Torodos.com

Ocho con Ocho: Tiempos modernos Por Luis Ramón Carazo


Hoy en día y con mayor frecuencia el público demuestra su inclinación por el indulto, un hecho que aconteció el 16 de abril de 2018 en la Maestranza de Sevilla, en la que un toro de Garcigrande con el nombre de Orgullito, fue magistralmente toreado por Julián López El Juli e inmediatamente surgieron opiniones de protesta ante el premio que otorgó el presidente, José Luque Teruel y quién ya anteriormente concedió ese mismo premio a un toro de Victorino Martín en la misma plaza, y me refiero a Cobradiezmos, lidiado por Manolo Escribano, el 13 de abril de 2016.

El presidente de la Maestranza es hijo de Andrés Luque Gago, gran subalterno y apoderado y sobrino de André Gago, quién fuera apoderado entre otros de Carlos Arruza.

Las protestas surgen porque de acuerdo a los apegados a las reglas a rajatabla (regleros en Sonora) alegan que no fue en la suerte de varas un toro muy codicioso, eso sí coinciden en que en la muleta fue un toro de una embestida fija, con codicia, humillada en su largo recorrido y además fue de menos a mucho más en su lidia final.

Además en sus casi 20 años de alternativa se ha desarrollado la innata maestría de Julián López Escobar y la faena de muleta sin olvidar que estuvo magistral en el capote, fue memorable y en conjunto con su primera actuación en la misma tarde, provocaron una fecha para guardarla en los anales de la historia del toreo, inolvidable dejando casi en el olvido lo cual no es fácil el que Enrique Ponce obtuvo un trofeo del cuarto.

En Andalucía el Reglamento Taurino en su artículo sesenta establece que el indulto se concede; si es que sea solicitado mayoritariamente por el público; que lo solicite el diestro a quién haya correspondido la lidia de la res; que muestre conformidad el ganadero o mayoral de la ganadería. Los tres requisitos se cumplieron en Sevilla.

Y he aquí una reflexión, las herramientas de selección con los que cuentan los ganaderos de toros de lidia son diversas, una de las labores en el campo más hermosas es el tentadero de hembras y de machos. Se cuenta con los libros de la ganadería, en dónde registran la calificación histórica de la ascendencia o descendencia para la selección de empadres.

Cuando el toro de cualquier ganadería se lidia en público, este último sin el antecedente del trabajo ganadero, se pronuncia por el indulto de un ejemplar que a su modo de entender, lo merece, y pasa por alto muchos detalles como la suerte de varas, si escarbó o no el toro, si tuvo distracciones en el comportamiento, etcétera.

En conjunto el público juzga el fenotipo o forma física y el genotipo o comportamiento que incluye como condición positiva, la acometividad, el acudir con fijeza y mantenerse atento a los ligeros toques de capote y muleta, su duración, alegría, que humille al máximo, el galope y el recorrido.

Los ganaderos hace muchos años no eran proclives a que a sus reses se les concediera el homenaje del indulto al saber que el destino de su res era hasta la suerte suprema, pero el tiempo cambio y hoy es distinto, el público también opina, tiene peso en la decisión.

Ahora bien expresan su sentir todos en una plaza como Sevilla; los menos con aparentemente conocimiento (de toros saben las vacas y no hablan) y la mayoría con la sensación. Pocos asisten consuetudinariamente a un número alto de festejos taurinos, como sí sucedía antaño y eso nos pone claramente en perspectiva el futuro que pudiera tener el toreo, como espectáculo masivo.

Si, el objetivo prioritario es atraer al público y en particular a las nuevas generaciones, me parece que tiene que sustentarse en la hipótesis de lo que viene y no de lo que ya fue, tratando de regresar a tiempos idos que ya no volverán, por eso antes de seguir criticando acremente a toda la ganadería actual, sería bueno no caer en extremos y entender que todo cambia.

La grandeza del toreo se consigue en el ruedo, pero la leyenda la genera el público, cuando acude no le digamos que no sabe y que se equivocó, mejor incentivemos a que regresen que con el tiempo cada uno desde su prisma decidirá que le gusta y que no.

Las imposiciones me parece nunca serán buenas, el público cuando decide, exige para el toro el honor de retornar con vida a la dehesa y dado su papel protagónico es justo tomarlo en cuenta y viene a colación relatarlo como producto de la emoción que causa relatar los hechos de la tarde en la que el comportamiento de un toro de Garcigrande y la maestría de El Juli, fueron el epicentro en Sevilla.

Sevilla: Entrega total de Garrido

De SOL y SOMBRA.

En una corrida larga que duro tres horas y resultó pesada en su

Sus alternantes Juan Bautista y López Simón decepcionaron; siendo silenciados en sus respectivos lotes.

Con alrededor de media entrada, se lidiaron toros El Pilar, cuarto y quinto como sobreros, de desigual presentación y juego. Juan Bautista, silencio y silencio; López Simón, silencio y silencio; José Garrido, vuelta al ruedo tras petición de oreja y oreja.

En cuadrillas, saludaron los banderilleros Yelco Álvarez y Jesús Arruga en el segundo toro; Antonio Chacón en el tercero; y Vicente Osuna en el quinto, cogido sin consecuencias en el primer par.

Twitter @Twittaurino

Opinión: El indulto…

Por Ignacio Ruiz Quintano – Abc.

Julián López indultó un toro de granja en Sevilla de nombre, oh, justicia poética, “Orgullito”, que suena a los Quintero, papás de “Malvaloca”.

–Es muy hermoso crear… –acostumbraba decir Joaquín, el hermano de Serafín–. Se siente uno Dios…

Lo hermoso, hoy, es indultar: el público se siente Dios, y el torero se ahorra matar. Adiós a la “espá” en los toros, que es como el adiós en el flamenco a la cañita del compás, que dijo Ramón Montoya.

La sensibilidad es cuestión de fechas. Doña María Cristina se ganó el apodo popular de “Doña Virtudes” al indultar al general Villacampa, sublevado en Madrid: la Reina quería, pero los ministros no, y Sagasta se valió de un error (adrede) de su “María Soraya”, Cañamaque, para concederle el capricho a la Reina Regente.

Para indultar un toro de granja en Sevilla (“Orgullito” es un toro de granja por diferenciarlo del toro de lidia, que sería “Cazarrata”) hay que rebuscar en el “Diccionario Razonado” de don Joaquín Escriche, para quien toda gracia es una derogación de la ley: si la gracia es justa, la ley es mala; pero si la ley es buena, la gracia es un atentado, pues el rigor siempre resultará menos funesto que la clemencia.

La faena de López viene en San Pablo a los romanos: “Pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. Mas en Madrid hace ilusión que el hijo de uno de sus barrios con más arte, San Blas, desaloje a Curro de la Maestranza; es como ver al japonés Horikoshi desalojar de Casa Anselma a Manolo Caracol. Aquí ya nadie recuerda que Palomo cortó un rabo en Las Ventas, para inspiración del añorado Cañabate:

–¡El rabo! ¡El rabo! El presidente se apresura a concederlo. ¿Por qué no, si la gente está muy contenta? ¿Qué significa un rabo? Cuatro pelos mal contados.

La tauromaquia está como España. El indulto de Sevilla anuncia una amnistía en Madrid. En la esfera del reloj, dice Pemán, hay siempre 5 minutos para lo revolucionario y destructor.

–Pero le quedan siempre 55 minutos a la tradición.

SEVILLA. “Una noble corrida de Cuvillo”

Reabierto el debate sobre el toro de Sevilla, cuatro y casi cinco ejemplares dan la razón a sus partidarios. Dos orejas muy generosas para Manzanares. Festejo solo discreto.

Por Barquerito.

Martes, 17 de abril de 2018. Sevilla. 9ª de abono. 9.500 almas. Primaveral. Dos horas y veinte minutos de función. Seis toros de Núñez del Cuvillo. Castella, silencio tras un aviso y saludos tras un aviso. Manzanares, dos orejas y saludos. Talavante, una oreja y silencio. Dos pares notables de José Chacón al primero

LA CORRIDA DE Cuvillo, muy astifina, fue dechado de nobleza. Con una excepción, la del sexto toro, negro berrendo, de familia muy distinta a las de los cinco previos. Tampoco es que el del cierre fuera toro pérfido ni artero, porque en la ganadería de Cuvillo no los hay, pero se soltó de una primera vara que cobró empujando a favor de querencia, cobró un segundo puyazo trasero -y lo acusó, cabezazos sueltos- y reculó en banderillas. Valentín Luján perdió pie al salir del tercer par -probablemente un patinazo en la raya de cal- y el toro se volvió a buscarlo en el suelo. Ni al quite a tiempo de Manzanares obedeció el toro al tener la presa tan a mano. Pero no pasó nada.

Tampoco cuando Talavante salió prendido y volteado de la estocada con que tumbó al tercero de la tarde. No solo la paliza, sino el batacazo. Sentado en el estribo, asistido por muchos, Talavante tardó en reponerse y se asustó la gente. Fue solo el susto. Talavante llevaría el recuerdo del percance y pasó de puntillas, o a la defensiva, con el berrendo. Ni intención de gobernar al toro ni de meterse con él. Era el último de los seis que mataba en el abono de Sevilla. En tres de las cuatro últimas corridas en puntas estuvo anunciado: el sábado, el lunes y el martes. Sesión continua. Una idea contraproducente.

Lo más redondo que hizo Talavante esta vez fue un quite por delantales en los medios al segundo de la tarde, el de mejor nota de todos. El tercero estuvo a punto de desarmarlo en el recibo de capa. Tan despegados fueron los lances de saludo. No lo más redondo, pero sí lo más brillante fue la decisión de irse a los medios de partida con ese tercer toro, que cabeceó y se escupió en varas, pero galopó con ganas en banderillas. Trujillo le puso dos pares soberbios y de pronto pareció el toro claro y pronto. La apertura de faena con largos muletazos genuflexos y su coda fue promesa de trabajo mayor. Solo la promesa porque, de más a menos, la deriva abundó en el conformismo de fondo y en cosas para la galería: los desplantes, los muletazos rehilados, los pases mirando al tendido, los cites frontales muy impostados, una arrucina ligada con un molinete. La banda, en tarde gratuita y regalosa, puso música de fondo.

También la primera faena de Manzanares se vio regalada de los músicos antes de los diez viajes, ninguno de mayor cuantía. Un pasodoble tan torero como el “Cielo andaluz”, de Pascual Marquina, tenido por predilecto del torero. No solo la afinada orquesta de Tristán, que no paró y hasta resultó invasiva por su falta de medida. El toro, de tranco suave y seguro, la fuerza precisa, candentito y cadencioso -de nombre, Encendido-, fue música también. Espaciada en seis o siete tandas de logros desiguales, pero jaleada como acontecimiento por una mayoría y sin votos en contra, la faena tuvo por remate una estocada en la suerte natural. Manzanares recibió al toro sin aliviarse, pero la espada cayó trasera. Tardó mucho en doblar el toro, que se salió de rayas afuera en larga agonía. Esa muerte -la boca cerrada, como prefieren los toristas- levantó un clamor en ola. El clamor se hizo tan contagioso que hasta el mismo presidente sucumbió: dos orejas. No a la vez.

De manera que, echando cuentas, a Manzanares le bastaba con una más del quinto de corrida para abrir la Puerta del Príncipe famosa. Estaba de dulce la gente. El palco, también. Y no menos el toro, de manos leves y pantanosas, el carburador algo gripado y la misma nobleza del común de la corrida. Manzanares lo libró en el recibo con una larga cambiada de rodillas en tablas, pero el toro tardó en ser fijado a pesar de una molienda notoria de capotazos estériles. Morosa hasta la exageración, sembrada de tiempos muertos sin cuento, la faena se convirtió en parodia del toreo despacioso. De abajo arriba, de uno en uno, muchos paseos. Media atravesada y un descabello.

El primero de Castella, brusco al principio, se apagó después de enganchar mucho la muleta. Castella estuvo fino con el capote -templados lances rodilla en tierra-, pero se puso trabajoso solo después de haber arrancado faena con una estimable tanda de ayudados por alto del repertorio mexicano, a suerte cargada. No lo vio con la espada. Tampoco en el segundo turno con un cuarto que se paró y se quedó a mitad de suerte hasta dos veces. Sin rechistar. La carga de nobleza. Sin inmutarse Castella, que se sintió obligado a seguir y seguir. Se llevaba un botín de tres orejas a mitad de corrida. La tómbola.

Publicado en Torodos.com

Sevilla: De la espada de Manzanares y la izquierda de Talavante

Plaza de la Real Maestranza. Octava corrida. Lleno. Toros de NÚÑEZ DELCUVILLO (5), bien presentados, dos con mucha clase, 2º y 3º, bajos de casta y de pobre juego en varas. SEBASTIÁN CASTELLA (4), de azul marino y oro. Dos pinchazos y bajonazo trasero. Un aviso (silencio). Dos pinchazos y estocada trasera. Un aviso (saludos). JOSÉ MARÍA MANZANARES (7), de grana y oro. Estocada (dos orejas). Pinchazo hondo y descabello (saludos). ALEJANDRO TALAVANTE (6), de negro y oro. Estocada corta (una oreja). Dos pinchazos, media estocada, seis descabellos. Un aviso (silencio).

Por Carlos Ilián.

Después del desmadre y el triunfalismo desatado del día anterior ayer se volvió a la normalidad, aunque Manzanares anduvo coqueteando con la Puerta del Príncipe pero el quinto toro se defendió aunque José Maria, a pesar de todo cuajó algún natural suelto y una tanda de redondos indiscutibles. Si llega a meter la espada como en el segundo corta la oreja y se va en hombros.

Y es que en su primero, después de una faena medida y en la que el de Alicante nos enseñó su versión buena, sin aliviarse ni meterse en el cuello o abusar de la insoportable noria, Manzanares hizo la suerte de recibir de forma soberbia. Esa espada es de época. No le voy a dejar de elogiar la cadencia y la hondura de sus mejores muletazos al buen cuvillo, el mejor de una corrida mediocre.

A la espada de Manzanares hay que añadirle, como protagonista de la tarde, la mano izquierda de Alejandro Talavante. La echábamos de menos en esta feria que esta siendo muy pobre para el torero extremeño. Pero ayer nos dejó dos series de naturales que recitó con la hondura y la pureza del toreo más indiscutible; cada muletazo era una sinfonía. Se la jugó al entrar a matar para marrar esa oreja que nadie discutió.

Sebastián Castella alargó sin sentido una faena de trallazos al primero, un cuvillo descastadísimo y en el cuarto, que se desfondó, se jusatificó metido entre los pitones del toro moribundo.

Publicado en Marca

Sevilla: El Juli sortea el lote de su vida

Por Ignacio SM.

Foto: Tertulia Taurina Twitter.

Como sé que lo primero que quieren ustedes saber es si estamos de acuerdo con el indulto, lo diremos rápido: depende. Y soy de los aficionados que piensan que el indulto es un premio excepcional para un toro excepcional en TODOS los tercios. De los que debieran de darse dos o tres al año, y no los “tropetecientos” actuales. En este sentido no estoy de acuerdo. Por otra parte, tenemos la corriente triunfalista de los que creen que cada tarde tiene que haber triunfos, y mientras más mejor. Que cinco orejas y un indulto llenarán la plaza los próximos días por las expectativas de los asistentes de volver a ver algo grande. Si a esto unimos la corriente de pensamiento acomplejado, que argumenta que, para contrarrestar a los animalistas, nosotros somos tan bueno que perdonamos la vida todos los toros que se la merecen, comprenderán ustedes que los indultos abunden. Pero el indulto este de “Orgullito” ha tenido un componente esencial, el público, influenciado por los argumentos expuestos, la ha pedido mayoritariamente, y

La corrida de Garcigrande ha dado un gran juego, y El Juli ha sorteado un lote extraordinario. A su primero, todo lo que le faltaba de cara lo tenía de calidad y de nobleza. Obediente durante la faena de muleta y con duración, como si estuviera con el carretón. Cuando a la embestida de un toro le falta emoción, esta la debe de poner el torero, y a la faena de El Juli le faltó alma. A pesar de ello y después de una estocada, le dieron las dos orejas. Su segundo no dijo nada en los primeros tercios, de hecho, ElJuli ni lo toreó de capa. A la salida del último puyazo en la paletilla, el banderillero lo llevó de largo y el torero sí lo tereó a la verónica. Ahí creo que lo vio, y lo brindó al público. En la muleta fue el toro soñado, con clase, calidad, recorrido, ritmo y duración. El Juli se hizo una faena de ensueño, obligándole a cambiar de ritmo y de dirección como y cuando quiso. Una faena como supongo que habría soñado hacer en Sevilla. Ahí queda eso, cuatro orejas, Puerta del Príncipe y triunfador de la Feria.

El lote de Ponce también fue bueno, más exigente, pero de orejas. Al torero se le vio con ganas de agradar, pero su primero lo trasteó muy despegado, sin ajustarse y en diagonal. La faena a su segundo fue más más limpia, aunque tampoco es que toreara muy ajustado, aun así, y a remolque del triunfalismo comentado cortó una oreja.

Talavante, muy desganado, tiró por la calle de en medio a la primera dificultad del tercero, y lo intentó con el encastado sexto, pero con muy poca convicción. Así no se puede venir a Sevilla.

Publicado en blogs.sevilla.abc.es