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¿Qué hay que saber para ser un buen aficionado a los toros?

Por Tamara Navarro.

¿Qué es un quite? ¿un natural? ¿Para qué sirve el pañuelo verde del presidente? éstas y otras son muchas de las preguntas que se formulan todos aquellos que asisten por primera vez a una plaza de toros o ni si quiera han asistido.

Pues bien, como todo ‘espectáculo’, la tauromaquia también está regulada por unas normas básicas, a veces, con un vocabulario de lo más complicado, que parece estar creado solo para aficionados y entendidos.

Es por ello, que junto al torero salmantino Juan del Álamo, hemos querido elaborar una guía rápida con los aspectos técnicos más básicos de una corrida. No es necesario ser taurino para aprenderlos, y para que la experiencia resulte agradable no se debe tener una predisposición negativa.

Hay muchos tipos de públicos en una plaza de toros, desde el espectador que va a la plaza atraído por el colorido a aquel que es aficionado de verdad. Para ver una corrida de toros hay que mirar al toro y al torero, pero primero al toro. Todo gira en el ruedo alrededor del toro:

El paseíllo

-“En él están presentes todas las personas que van a participar en la corrida. El paseíllo se inicia por orden del presidente y tras sonar clarines y timbales. Lo encabezan los alguacilillos, montados a caballo, que además entregan las llaves de los toriles al torilero”.

-¿Quién torea primero?

-“Cuando los tres acartelados son ya matadores de toros el orden lo establecerá la fecha de toma de alternativa, que no la edad”.

-¿Por qué hay dos líneas pintadas en el ruedo?

“La función de esas rayas pintadas separando el centro del ruedo de la barrera, es delimitar el espacio en el que deben situarse los picadores a la hora de citar al toro. Aquellos que lleven a su caballo más allá de la línea exterior serán abroncados por el público”.

-¿Qué pasa si llueve?

-“Se suspende la corrida y se devuelve el importe de las entradas, siempre que el festejo no haya empezado”.

-¿Por qué se aplaude al toro cuando sale?

-“No se aplaude siempre. Si son grandes y se entiende que el peso, la cornamenta y las hechuras son buenas, está bien presentado, se aplaude… si por el contrario no es así, se abronca”.

-Recibir a porta gayola

-“Es una de las suertes más complicadas de ejecutar. El torero se sitúa de rodillas enfrente de la puerta de toriles y cita al toro. Es una muestra de entrega, de querer demostrar ni defraudar al público”.

-¿Por qué hay dos picadores?

-“El que debe picar al animal se sitúa en el lado opuesto de la puerta de toriles, en lo que se conoce como contraquerencia. El otro, enfrente”.

-¿Por qué los caballos llevan los ojos tapados?

-“Porque saldrían corriendo. Los llevan tapados para evitar que desconfíen al igual que las orejas”.

-¿Qué es un tercio?

-“Hay tres. Varas, banderillas y muleta, cada uno de ellos es un tercio”.

-¿Y un quite?

-“Después del segundo puyazo, el diestro que toreará el siguiente astado al que se está lidiando en ese momento tiene el derecho de realizar una tanda de pases. Te ayuda a lucirte con el toro”.

-¿Cómo se identifica a un toro manso o bravo?

-“Hay conductas fácilmente reconocibles en el toro que mansea, como la de buscar las tablas, rehuir cualquier tipo de pelea, ya sea con el capote o en el caballo. Si no lo hace, es bravo”.

El significado de los pañuelos

-“El blanco se utiliza para marcar el inicio del festejo, la salida del ganado, el cambio de suerte, los avisos y la concesión de trofeos. El rojo sirve para cuando el toro no quiere embestir al caballo y por tanto al no haber sido picado, se le pondrán banderillas negras. El azul es para cuando el astado, después de su muerte, será arrastrado a los corrales por las mulillas después de haber dado una vuelta al ruedo. Naranja premia la bravura del toro concediéndole el indulto. Para ello debe pedirlo el público y estar de acuerdo el torero y el ganadero. El verde para devolver el toro a los corrales”.

El natural

“Es el pase clave en una faena. Se realiza con la mano izquierda. Cuando el pase es ejecutado con la derecha se llama derechazo”.

Publicado en Tribuna de Salamanca

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Opinión: Merece la pena seguir yendo a los toros

Morante en Ronda. Fotografía: Arjona.

Por Fernando Fernández Román.

Porque todavía tenemos una reserva de bravura en nuestros campos y porque aún hay hombres en el mundo dispuestos a jugarse la vida por el prurito que reporta una vanagloria legítimamente alcanzada –al margen de la recolecta de otras recompensas mundanas y tangibles–, merece la pena ir a los toros, estudiar su insólito e imprevisible carácter y tomar conciencia de la proeza que alcanzan aquellos individuos de la especie humana que son capaces de enfrentarse a ellos, creando arte en situaciones de máximo riesgo, sobre el albur que entraña lo recóndito, al filo de lo imposible.

Por todo esto merece la pena seguir yendo a los toros.

Twitter @Twittaurino

Morante, la decadencia del genio

“La afición debe estar agradecida porque no me haya ido del todo”: Morante.

Editorial – De SOL y SOMBRA.

Dicen que esta temporada taurina Morante tiene atrapado en el fondo de su alma un sentido de culpa que sólo consiguen los alcohólicos y los muy religiosos.

Nosotros, aunque lo dudamos, pensamos que quizás ese arrepentimiento proviene de estar dilapando su arte con esa imagen lamentable que proyecta en donde quiera que se presenta por estos días.

Ese enorme torero, hoy en decadencia, de quien alguna vez apuntó nuestro compañero Luis Cuesta “que nadie ha toreado con tanta hondura en nuestra generación”, es el pálido reflejo de un torero disipado, derrotado por su manía de ser el más popular, el más excéntrico y el más millonario.

Morante tal vez piense que todos los genios sufren alguna vez en su vida el síndrome de la decadencia y, quizás para consolarse, a su locuaz apoderado o algún confidente le confesará en secreto que se siente tan destruido como alguna vez lo estuvo de Paula, otro de sus ídolos.

La única diferencia, será, que a Rafael de Paula le cayó alguna vez la megalomanía y se le quebraron los huesos, mientras que a Morante lo aplasta también la megalomanía y la tristeza de los tiempos en que le tocó vivir.

Jerez, Valladolid, Santander, Pucela y cuantas plazas más le faltarán al genio para seguir manchando un legado que se escribía hasta hace muy poco con letras de oro.

Acaso: ¿No se puede repetir el pasado? ¡Claro que se puede! pensará el de la Puebla en algún hotel frente al espejo y ojalá que así sea porque si no esté grandioso torero, el último de una especie que desaparece, será arrasado por su presente.

La última esperanza para los morantistas en el 2018 será en Sevilla, ahí veremos si Morante nuevamente es capaz de cambiar las golondrinas que le revolotean por la cabeza, por un aura de gloria que lo haga resurgir milagrosamente como un ave fénix.

Y si no es así, el sueño fue bonito mientras duro.

***

¿Como te has dejado llevar a un callejón sin salida? El mejor dotado de los conductores suicidas…

Twitter @Twittaurino

Morante: a treinta años de un debut

El niño José Antonio Morante Camacho juega al toro en las calles de La Puebla. Empuja el carretón su primo Juan Carlos, su actual mozo de espadas. / Archivo Morante de la Puebla.

El diestro de La Puebla vistió su primer traje de luces en la plaza de Villamanrique de la Condesa el 3 de septiembre de 1988. Tenía nueve años y aún faltaban nueve para su alternativa.

Por Alvaro R. Del Moral.

La anécdota es bien conocida. José Antonio Morante Camacho, un niño aún, ganó su primer dinero toreando al viento. Fue en las calles de La Puebla, ensayando lances de salón con su pandilla de amigos. Un mercedes se paró junto a la tropilla de torerillos para contemplar las maneras de aquel chiquillo cetrino que se distinguía sobre los demás. El espectador era Antonio Ruiz, Espartaco padre, que entregó al chaval una reluciente moneda de veinte duros que se antojaba premonitoria.

José Antonio siempre había querido ser torero. Un 6 de enero los Reyes Magos le sorprendieron con un vestido de torear de juguete que aún conserva. Su vocación era firme. Y un niño era aún –sólo tenía nueve añitos de calendario– cuando su nombre se anunció para actuar delante de un becerro en la placita que se había improvisado en Villamanrique de la Condesa. Era el 3 de septiembre de 1988, hoy hace justo 30 años, que han dado para mucho. Aún quedaban tres años más para su debut más formal, el 3 de agosto de 1991, en Montellano. Vestía un viejo traje celeste y oro que, ahora sí, daba el definitivo pistoletazo de salida a una carrera que se vería espoleada en aquellos años locos vividos al lado de Leonardo Muñoz, su definitivo descubridor. El Nazareno montaba festejos aquí y allí -rodeados de mil peripecias- sabiendo que tenía entre las manos un diamante en bruto. El debut con picadores llegó el 16 de abril del 94 en Guillena mientras crecía el ambiente y las esperanzas de los aficionados. La alternativa, tres años después, la tomó en Burgos en medio de las primeras discrepancias con los Pagés que, con sus respectivas reconciliaciones, han marcado la carrera del diestro cigarrero.

A partir de ahí, la carrera de Morante se escribe en dientes de sierra, incluyendo su única Puerta del Príncipe, vestido de grana y oro en la Feria de Abril de 1999. Un año después llegaría la gravísima cornada que partió en dos tantas cosas; la frustrada exclusiva con los Canorea; las égidas de 2004 y 2007; los preocupantes problemas psiquiátricos que le obligaron a viajar a Miami para ser tratado; el imposible apoderamiento de Rafael de Paula y las fallidas parejas profesionales; las ausencias de la plaza de la Maestranza y las vueltas jubilosas… pero, sobre todo, la creación del personaje que, de alguna forma, oculta la verdadera y más profunda alma de artista de un torero irregular, inimitable, enciclopédico, profunda y verdaderamente natural.

Morante esbozó su última retirada –realmente no fue tal– en la yema de agosto de 2017. En mayo de este año se volvía a enfundar el vestido de torear –un original terno inspirado en un antiguo capotillo de Manolo Vázquez– en la plaza de Jerez–. Antes de esa fecha ya era un torero de culto que navega por la temporada por encima del bien y del mal. Ha cuajado faenas para el recuerdo en plazas como Córdoba, Huelva o Almería y ya prepara su retorno en doble pase para la feria de San Miguel de Sevilla. Estaremos allí para contarlo.

Publicado en El Correo Web

«El Dorado» del toreo: del sueño a la realidad de la Fiesta

Las Ventas, una tarde de lleno en San Isidro – Paloma Aguilar.

Por Rosario Pérez – ABC.

Cuenta la historia que en el siglo XVI se generó una leyenda entre los primeros descubridores del Nuevo Mundo: había un pueblo en el que todo era dorado, un lugar donde los reyes eran cubiertos con oro en polvo a su muerte como ofrenda a los dioses. Esta deslumbrante urbe se localizaba en medio de la jungla, posiblemente en la zona central de la Nueva Granada, actual territorio de Colombia, aunque dependiendo del origen o la época de la versión, lo mismo se sitúa en Cundinamarca que en alguna zona de Venezuela, en la selva amazónica o en los mismos Andes. Variaba según la febril imaginación y la codiciosa mirada de algunos exasperados conquistadores.

Aquí, en España, la tauromaquia vivió su particular «Dorado» entre los años 50 y 70 del siglo pasado (sí, había menos oferta de ocio). Las plazas se llenaban, los toreros formaban parte de la cultura y la sociedad, y el toreo competía con el fútbol y el boxeo como mayor espectáculo de masas de un país que resurgía de sus propias cenizas. Los ochenta sufrieron su crisis, superada a principios de este siglo. En aquella época dorada las plazas se llenaban con el mero hecho de anunciar el cartel en una pizarra con tres o cuatro días de antelación. Al rebufo de esta ola fervorosa por las corridas, surgieron geniales empresarios que utilizaron el ingenio y una gran pasión para llevar nuestra Fiesta hasta cotas inimaginables. Hubo también grandiosas figuras, aunque en eso las épocas no son tan distintas y, lógicamente, los había con inmenso tirón como El Cordobés y otros con mucho menos.

Pliego intervencionista

Aún en 2018, algunos todavía sueñan con ese «Dorado» que nos contaban, aunque no son pocos los que empiezan a pensar que es tan irreal como aquel que imaginaron los conquistadores de las Américas. Y lo es porque la Fiesta se ha desestructurado. Toreros, empresarios y ganaderos van por caminos distintos y encontrados, cada vez más alejados. Los políticos utilizan el toreo como moneda de cambio y se sientan al sol que más calienta. Madrid, capital del toro, ha estirado como una goma San Isidro, tratando de paliar un pliego recaudatorio y nocivo para la Fiesta, que por primera vez en muchos años ha sobrepasado por poco la media plaza en festejos del abono del Santo. Bilbao busca la gestión privada tratando de huir de los desmanes de un modelo desgastado. Sevilla vive un modelo basado en un antiguo contrato y mantiene una delicada (aunque resistente a la par) salud, y a Valencia le ha tomado el pulso la misma empresa que no termina de cogérselo a la Monumental madrileña, con una oferta desorbitada en el último concurso. Un poco a la desesperada, se ha recurrido en Otoño a la fórmula del bombo para reclamar la atención del público: a ver si las figuras recogen el guante… Como algo puntual y novedoso, que ya se sabe que el manda elige y no es amigo de loterías… Pues estos son los cuatro ases de la baraja en los que se sustenta el toreo.

Pamplona es punto y aparte: allí encontraron su Dorado particular a mediados del siglo pasado, ayudados por un Nobel norteamericano, y siguen abarrotando los tendidos 70 años después. El resto de las plazas luchan por sobrevivir a los ataques antitaurinos, algunos caprichos de varias figuras y la renovación de un modelo que ya no da para más. Los años ochenta vivieron una gran crisis taurina y de identidad, pero la muerte en la plaza de Paquirri y Yiyo reforzó y dio credibilidad a cuanto acontecía en el ruedo y los públicos volvieron a las plazas. Por desgracia, hemos vuelto a vivir la tragedia de dos toreros caídos en la arena, pero no parece que aquel relanzamiento se repita. Tres décadas después, tenemos una sociedad cada día más desnaturalizada, a la que preocupa más las proteínas que aportamos a la alimentación de nuestro Cocker que el drama que viven los niños en Siria, donde en lo que va de 2018 han muerto más de mil pequeños, según datos de Naciones Unidas.

Alternativas de los carteles

Volvamos a la tauromaquia: en este triunvirato de poderes en el que se sustenta, los empresarios son quizá la pata más coja del banco. Componer carteles se ha convertido en una quimera basada en los intereses de un reducido grupo de figuras que dominan a su antojo los restos de aquel «Dorado» de hace 60 años. Salvo la excepción de Roca Rey, las ferias se componen por toreros y carteles que se repiten durante casi décadas y no generan la expectación soñada. El paso a los jóvenes es testimonial. El argumento simple: «No interesan». ¿Alguien se preocupó de que interesaran los noveles? Para muestra, un botón.

Analizados algunos carteles de plazas significativas y variadas de primera y segunda categoría, en lo que va de temporada los resultados son esclarecedores: Castellón arroja una media de 16 años de alternativa por actuante; Valencia, 12; Sevilla, 14; Madrid, 11; Algeciras, 12; Burgos, 15; y Pamplona, 12. Con 27 carteles en los que sus actuantes suman más de 40 años de alternativa y algunas puntas de iceberg alarmantes, en la Maestranza dos carteles alcanzaron los 60 años de alternativa, 57 en Burgos, 52 en Valencia y 50 en Madrid. Otro dato más es que en Sevilla 24 de los 45 puestos disponibles (más del 50%) los copan diestros que estuvieron ya anunciados en la feria de 2007… ¿Dónde está la regeneración?

Desglosemos por años de alternativa los 15 primeros puestos del escalafón actual de matadores de toros. Desde Roca Rey, que lo lidera, hasta Román, que cierra ese top 15, arroja una media de casi 15 años de alternativa por coleta, con trece diestros por encima de los 10 años, nueve por encima de los 15, cinco por encima de los 20 y ¡solo! tres por debajo de dichos años de doctorado.

El porqué de tan delicada situación

Las cifras asustan por sí mismas, pero convendría analizar el porqué se ha llegado a esta delicada situación. Si analizamos la pirámide de abajo hacia arriba, la base la componen los matadores como máximos responsables de lo bueno y lo malo de cuanto acontece en la plaza, pero sería muy injusto generalizar, puesto que el escalafón 2017 lo compusieron 157 matadores (156 para ser exactos, puesto que uno de ellos, el que logró un lleno histórico en Madrid pore el camino de la independencia y saliéndose del «sota, caballo y rey» ya no está entre nosotros). Y nos atreveríamos a afirmar que no más de diez ven rentabilizados económicamente los esfuerzos y sacrificios realizados en la plaza. Alrededor de otra veintena viven dignamente de su profesión y los más de 120 restantes compatibilizan la tauromaquia con otras profesiones para poder llegar a fin de mes.

La liga novilleril

El caso de los novilleros es capítulo aparte: el caos y abandono de la liga juvenil es para hacérselo mirar. Y eso es lo que sucede: miran al lado y echan la culpa al siguiente. Mientras tanto, la solución de esos casi 200 novilleros con picadores es precaria y sin ninguna solución a corto plazo, salvo la esperanza de que surja algún genio, hecho que ocurre cada vez menos… Muchas veces tendemos a juzgar con demasiada severidad a imberbes que se ponen en Madrid delante de un ¿novillo? con más cuajo y seriedad del toro que matan en plazas de segunda y algunas de primera las figuras (el sobrero de Espartaco de la final de las nocturnas es un claro ejemplo). Chavales sin apenas bagaje y cuya recompensa económica son los mínimos de un convenio con el que, si les da por estrenar un vestido, salen del hotel en negativo. No son ellos los culpables de su poca experiencia, a los principales responsables no les suena ni el cinco por ciento de estos proyectos de toreros.

Desde dentro (y desde fuera) da la impresión de que los mandamases del toreo viven al margen de la realidad. La realidad de las cifras. Exigen corrida, fecha y cartel y el dinero de la plaza llena. Hasta ahí todo perfecto, pero el problema viene cuando la plaza no se llena en la mayoría de ocasiones y generan dos agujeros: el económico y el desequilibrio en la feria. Si la actualidad tiene cuatro o cinco toreros -caso aparte es José Tomás– que tienen demanda taquillera y van juntos en dos corridas, el empresario se ve en la difícil tesitura de completar las tres o cuatro restantes de cualquier feria mediana en los días menos buenos con toreros que no atraen al gran público. En lo que va de 2018, ha habido varias «cornadas» a las empresas de las graves. Vayamos por orden cronológigo en algunos ejemplos: en Guadalajara, por Primavera, Ventura y Perera, mano a mano, con sus 20 Puertas Grandes de Las Ventas y a media hora del Foro, apenas congregaron 1.800 personas; Aranjuez, con al aditivo mediático de Cayetano, por ahí anduvo; Zamora, León y Segovia, con los Julis, Manzanares, Talavantes, Morantes y Rocas repartidos, poco más de media entrada real… Lo de Badajoz tuvo entradas tristísimas. Y León, apenas media plaza en un cartel monstruo con Morante, Manzanares, Talavante y Roca Rey. ¿Poca promoción? ¿Falta de interés del público? ¿De todo un poco? Una feria consolidada como las Colombinas apenas ha reunido media plaza un día y escasos tres cuartos el otro con las máximas figuras y la milagrosa reaparición del ídolo local. En declaraciones a Carrusel Taurino, Carlos Pereda manifestó: «No ha sido una feria satisfactoria, económicamente hablando, pero podemos darnos por satisfechos. Nos salen las cuentas». Se trata de «salvar», más que de «ganar», en un negocio en el que se supone se mueven muchos billletes…

El Puerto inauguró, con Morante y Manzanares, con poco más de media plaza (días después, rozó el lleno con Roca Rey -con Padilla y Manzanares-). La empresa de Antequera ha tenido que salir corriendo tras la cornada económica de la primera corrida. Las figuras más taquilleras, con Juli, Manzanares y Roca, tampoco llenaron en Pontevedra. En Gijón, tampoco se están registrando las entradas esperadas. La recuperada Illumbe no remonta (las entradas de los primeros festejos de la Semana Grande han sido reducidas) tras los vientos prohibicionistas y pese al llenazo el año de José Tomás. Y van ya varios portazos a plazas de toros: vale que en algunas son por cuestiones políticas, pero han hecho algo las grandes figuras para decir «allá que voy a Vitoria», ¿por ejemplo? Es momento de hacer acto de reflexión y coger al toro por los cuernos.

Matemáticas de andar por casa

Metida a matemática de andar por casa, si a una plaza de segunda van 5.000 personas a una media de 40 euros la entrada (36 una vez descontado el IVA), la taquilla es de 180.000 euros. Si ponemos la corrida para figuras a 36.000; los gastos de apertura de plaza (médicos, veterinarios, seguros, cuadra de caballos, servicio plaza, etc.) en 9.000 euros; la Seguridad Social en 9.000; los gastos de publicidad en 7.500, quedan unos 118.500 euros. Si contratan a dos de esas tres o cuatro figuras que exigen 60.000 euros por tarde, ya va el organizador del espectáculo por «menos 1.500» y falta el tercer torero… Y algo debería ganar la empresa, ¿no?

Pues imaginemos ahora tres de ese grupo de «privilegiados»: para cubrir esos 180.000 euros, más los 61.500 de gastos, hay que vender 6.700 entradas para que la empresa «empate». ¿Y si no se venden? ¿Quién asume su responsabilidad? Casi siempre, el empresario… Otro ejemplo más es la plaza de toros de Las Ventas, donde se dicen que los beneficios en 2017 no llegaron al millón de las antiguas pesetas. Con una facturación cercana a los 30 millones de euros y un plantilla fija de casi 20 personas, los datos dan las mismas sensaciones que los antiguos Palhas: horror, terror y pavor. ¡Eso en Madrid!

Los empresarios se han quejado en varias ocasiones de que en los carteles donde están tres de esas cuatro o cinco figuras son ampliamente deficitarios aun colgando el «No hay billetes». Empresarialmente, ¿cómo se puede iniciar un negocio donde la pérdida es segura a pesar del lleno? La excusa de los apoderados es que tiran del abono y en los carteles medios se compensan las cifras. ¿Seguro? A veces sí, pero no siempre… En 2016 regresaron los miembros del G5 a la temporada sevillana tras dos años de ausencia voluntaria por no sé qué conflicto de intereses y cuentan que apenas se vendieron 300 nuevos abonos. La sangría de Madrid cuesta frenarla a pesar de estar todas las figuras. Con estos datos, ¿a qué excusa nos acogemos para justificar esos ingresos? Si trasladara estos números a mis compañeros de economía, me costaría convencerlos de la realidad que vivimos en nuestra querida tauromaquia.

Las empresas

Aunque hay algunas excepciones, el conjunto empresarial no destaca por su imaginación ni capacidad de trabajo, peros son, junto con los ganaderos, los grandes perjudicados de la situación actual. La inyección en dólares por parte de un millonario mexicano y la aparición de una agencia de viajes en Las Ventas no son suficientes para sostener los cimientos de un sector que se tambalea. La esperanza de contratar a José Tomás, salvar un abono y aprovechar su rebufo cada día se complica más, y con el resto de los mimbres y sus exigencias es una labor de orfebrería y altas dosis de trabajo y talento «perder poco» en cualquier feria. De ahí que los empresarios intenten atar cada vez a más toreros: viven más de ese intercambio y comisiones de apoderamiento que de la propia taquilla de las plazas.

Por cierto, alguno aboga por variar el precio en taquilla según el cartel, igual que ocurre, por ejemplo, en los conciertos: no todos los artistas «cuestan» lo mismo. ¿Y si se prueba en los toros allá donde el pliego no lo impida?

Otro caso curioso de la actualidad es el de Talavante. El genio extremeño vive un momento artístico pleno de inspiración, con un toreo puro al que casi ninguno se aproxima, pero sus logros en la plaza no se reflejan en la demanda que genera en taquilla y es la sorprendente ausencia de muchas ferias después de haber sido triunfador en San Isidro y cuajar la mejor faena de Sevilla y de otras plazas como Cuatro Caminos. Algunos culpan a Matilla, sacando toda su inquina hacia el empresario salmantino, y una venganza por su ruptura, pero no es esa la verdad, según comentan varios gerentes. Talavante está obsesionado con igualar sus números a los de Juli, Morante y Manzanares, y eso ha generado que los empresarios hayan decidido prescindir de tan grandioso torero por vivir al margen de la realidad económica de sus taquillas. Claro que no es el único caso que vive al margen de esa realidad, y algunos mantienen su caché casi por inercia. Por lo que Talavante dirá: ¿y por qué yo no? Eso sí, a cada cual lo suyo: es una de las figuras con mayor tirón en el Foro.

Pero, ¿quién tira del carro de la taquilla de verdad hoy? Solo la apisonadora Roca Rey, el último y joven fenómeno (que curiosamente no es el que más cobra….), ha sido capaz de situarse por delante de todos en la demanda de entradas para verle, gracias a su juventud, novedad, desparpajo y sus arrolladoras campañas, aunque, vista esta dinámica, ¿cuánto durará esa inercia?

El resto de la nueva hornada compuesta por Ginés Marín, Garrido o Román no termina de dar el salto, a pesar de algunos triunfos, y la recuperación de diestros como Ureña, Chacón, De Justo, Cortés o Moral no pasa de ser un buen complemento a los carteles medianos. Los mediáticos Fandi o Padilla (con su tirón en determinadas plazas) están también ya muy vistos. Y el circuito de las corridas duras (salvo en escenarios concretos) suscita el interés de parte de la afición pero no del público general y no mueve el suficiente dinero.

El incombustible Ponce aparece como «abreplaza» de lujo, mientras vive un dorado final dando lustre y categoría a una excelente trayectoria, siendo el triunfador de las dos últimas Orejas de Oro, pero sin llegar a las cotas taquilleras de sus inicios. Castella y Perera (que está cuajando un gran verano), dos figuras por el mismo palo pero opuestos planteamientos (el extremeño es de los pocos que se atreven al camino de la independencia), triunfan con regularidad pero su demanda taquillera está por debajo de sus resultados artísticos.

Panorama ganadero

En el apartado ganadero, superada ya la inflación que supuso la burbuja del ladrillo en nuestras dehesas y reguladas en base a la ley de mercado las cabezas existentes en las fincas, los sufridos criadores de bravo han conseguido «equilibrar» sus cuentas, aunque salvo cinco o seis excepciones son negocios por amor al arte y nula rentabilidad. En realidad, casi nunca lo fueron. Ser ganadero siempre fue un ejercicio de afición, valor, desinterés, amor al toro y, en ciertos casos, cierta dosis de ego que compensaba los sacrificios. De lo que no hay duda es de que estamos atravesando, a pesar del criticado monoencaste, una época dorada de porcentaje de toros que embisten. La unificación de la sangre Domecq en nuestra cabaña brava ha venido motivada, no nos engañemos, por la demanda y exigencia de la lidia actual. Su bravura más tardía ha sido la única capaz de soportar la longitud de lidia moderna y se ha adaptado a la nuevos tiempos. Pero la variedad de encastes es necesaria y también recobrar la importancia del toro. Pocos son los que preguntan «¿qué se lidia?», pues el público moderno es más bien torerista. Pero entre las ganaderías de otras sangres hay excepciones sobresalientes y que, en manos de algunos genios de la alquimia y la genética, han sido capaces de mantenerlas con éxito en plena actualidad. También, cierto es, algunas divisas Domecq atraviesan muy mal momento.

Con este panorama descrito viene el momento de preguntarnos si hay solución a nuestra realidad. Todavía generamos la demanda suficiente para mirar el futuro con optimismo, pero para ello toca ponerse el mono de trabajo y mancharse de grasa. Las cifras de espectadores todavía nos reflejan brotes verdes y esperanza. Y aquí ya se sabe: unos ven el vaso medio lleno, otros medio vacío y, como dice un viejo aficonado, «otros ven vodka donde solo hay hielo». Según el informe elaborado Diego Sánchez de la Cruz, más de cinco millones de espectadores asistieron a los toros durante la temporada 2017 en España. Según las estimaciones de su estudio, se vendieron alrededor de se vendieron 1.838.000 entradas en cosos de primera, 1.100.000 en escenarios de segunda y 2.100.000 en plazas de tercera y portátiles. A todo ello hay que sumar los festejos populares, alma de la tauromaquia. No nos olvidemos de ellos, cada vez con más auge. Todos esos datos son muy positivos, pero, no nos engañemos, existe un runrún de preocupación y de incertidumbre. Además de los varapalos externos, políticos y animalistas, se encuentra el de algunas tardes en taquilla.

La Fundación

La Fundación del Toro está muy bien, su discurso mejor, pero, más allá de postureos, ha llegado la hora de actuar y dejar de soñar con «El Dorado» e ir a buscarlo desde abajo. Quizá sea necesario gente externa, que desde dentro mire hacia fuera (y viceversa) y no al propio ombligo. También, para el aumento de socios, no estaría de más una transparencia total, con pelos y señales, en las cuentas y los resultados. Y también de los objetivos que persiguen y la hoja de ruta que siguen. Paciencia, sí, que aún es el embrión, pero el tiempo apremia y hay cuestiones que resolver pronto y en la mano, con reuniones con los principales mandamases de cada partido político y analizando las entrañas del propio sector. Sí, para ser cien por cien creíble y eficaz, la Fundación debería velar por profesionales y afición, por la supervivencia y el crecimiento del mundo del toro. No abandonemos Vitoria, ni Palma, donde cierto es que no están prohibidos pero las condiciones exigidas para dar toros convertirían la corrida en una pantomima, lo que imposibilita su celebración. Luchen por recuperar los puertos perdidos… ¿Ven a toreros y profesionales muy preocupados? Lo que se pierde, difícilmente se recupera…

Repetimos mucho la expresión figura del toreo. Pues, figuras, afronten el riesgo económico; el físico y el artístico ya lo asumen (y sí, ya sabemos que no hay precio que pague la vida, por lo que todos los dineros son pocos para un torero), y demuestren su ¿unión? no solo para atacar a un presidente y su grandeza no solo a la hora de coger la mejor fecha, ganadería y compañeros para «salvar» su cartel, demuestren su categoría pensando en el mañana, algo que algunos (pocos) sí hacen. Dejen paso a los nuevos, tiren ustedes de la taquilla en los días regulares, hagan (junto a las empresas -que necesitan, además de una política de precios asequible, dar una vuelta a los carteles y campañas de promoción efectivas-) algún guiño al que pasa por taquilla y discutan con los empresarios por el porcentaje de lo que generen. Tal vez no estaría de más igualarse con los grandes boxeadores y repartirse el neto de los ingresos. Cada uno en función de su categoría y demanda. Y, por favor, no dejen que se pierdan más plazas. Ganaderos y cuadrillas, hagan lo mismo. Y empresarios… ¡Trabajen y trabajen con cabeza, afición y afición! Solo así se podrá volver a soñar con «El Dorado» de una Fiesta que es grandeza por historia, sangre y verdad, pero en la que hay mucho, mucho, por hacer.

Posdata: las cifras aportadas han sido extraídas de conversaciones con diversos profesionales del sector. Y demasiadas veces se oye aquello de «vamos a llevarnos lo que podamos mientras esto dure…» Al menos donde políticos y pliegos lo permitan, trabajen todos los taurinos para que el presente de la Fiesta sea saludable y su futuro largo. Son muchos más los aficionados y las gentes que respetan las tradiciones que los animalistas falsos y oportunistas. La tauromaquia es grande, pero hagámosla gigante.

Publicado en ABC

¡Hasta los huevos de Curro…!

¡¡ES QUE HASTA PARECE QUE ORDÓÑEZ NO EXISTIÓ !!

Por José Antonio del Moral.

Desde hace ya bastantes años, la mayoría de los que escriben de toros han visto – con sus ojos, o solamente en películas y/o en videos me refiero – muy poco por los escasos años que llevan yendo a los toros. Han leído, les han contado y se han tragado todos los tópicos. La historia del toreo está llena de tópicos hasta los topes.

Uno de los grandes tópicos del toreo es Curro Romero. Y cualquiera entre los que nunca tuvieron oportunidad de verle in situ, se tragan cuanto de dice y se escribe del llamado “Faraón”. Nadie de los que le vimos durante toda su muy larga carrera, podemos negar que su personalidad artística era extraordinaria. Es decir, mucho más allá de lo ordinario. En los mejores lances y en los mejores muletazos de Romero, cuando los cuajaba – muy pocas veces -, lograba plasmar décimas de segundo realmente excepcionales por su belleza y plasticidad, únicas, que se quedaban en la retina y, consecuentemente, en la memoria de los “afortunados” que pudimos verle torear infinidad de veces. Y de ello, nadie puede ni debe dudar de su particular excelencia. Como tampoco de la excelencia artística de otros toreros del mismo corte. El último de estos por ahora ha sido y continúa siendo Morante de la Puebla que, de entre todos los grandes artistas del toreo, es el que con más perfección, redondez y frecuencia ha conseguido ser quien sigue siéndolo. Infinitamente más regular en el triunfo de toda la historia del toreo contando incluso con su también conocida irregularidad. Vamos, que Morante es un fuera de serie entre todos los grandes del arte y todavía no ha salido nadie capaz de superarle.

Claro que, también es sabido por los que verdaderamente saben de toros, que todos los llamados grandes artistas con Curro Romero a la cabeza, fueron y son pésimos profesionales y casi todos han permitido y hasta ordenado a sus picadores que “mataran” a sus toros antes de que llegaran a sus manos en el último tercio. Y que el campeón de esta fechoría fue y sigue siendo Curro Romero. El ochenta por ciento de los toros que enfrentó llegaron medio muertos a la muleta. Pero de esto nadie osa decir ni pío… Quede dicho, pues.

En la más difícil de las suertes – la verónica – Morante ha sido el mejor desde el punto de vista de lo que hemos dado en llamar “estilo”. También en esto mismo – el estilo – no debemos dejar de nombrar a Rafael de Paula aunque, debido a sus debilidades físicas, fue aún más irregular que Romero y bastante más que Morante.

Pero señores, llevamos años en los que los que más escriben de toros – casi todos muy jóvenes – solo se habla de Romero y nadie dice nada de quien en mi opinión fue y continua siendo el mejor de la historia del toreo a la verónica no solo por cómo toreaba, también y sobre todo porque fue y sigue siendo el más regular y frecuente intérprete del toreo a la verónica de todos los tiempos: ¡ANTONIO ORDÓÑEZ!

Por eso estoy hasta los huevos de leer tantos elogios a Curro Romero.

Publicado en De Toros en Libertad

Curro Romero: «El toreo está muy encorsetado y es un arte que debe ser libre»

El torero de Camas hace balance – J.M.Serrano.

El Faraón de Camas rememora los mejores momentos de su carrera y analiza la situación actual de la Fiesta.

Por Lorena Muñoz.

Ha pasado medio siglo desde aquel 13 de junio de 1968 en el que Curro Romero se encerró con seis toros en la Maestranza. Fue su segunda Puerta del Príncipe y un nuevo hito en su carrera. Dos años antes había protagonizado la mayor gesta taurina que se recuerda. El 19 de mayo de 1966 cortó ocho orejas a la corrida de Urquijo, el día de la Ascensión, a beneficio de la Cruz Roja. Una marca que todavía no ha sido superada. Aquel día nació el currismo.

Nos recibe en su casa, con la misma amabilidad y sencillez de siempre. Es un privilegio hablar de toros con un mito del toreo. Antes de entrar en materia, hay tiempo para preguntarle por el Real Betis Balompié y por el tenista Rafael Nadal, dos pasiones de las que se confiesa fiel seguidor. Vamos a hablar de toros y de un festejo que se celebró hace cinco décadas

¿Tiene vivos los recuerdos?

«Es sorprendente, el tiempo es tremendo, parece que está parado pero uno va andando, pasan los años y no es fácil recordar muchas cosas después de cincuenta años. Sí tengo más presente el día de Urquijo porque me encontré muy bien y muy dispuesto. Siempre digo que en el toreo y en el toro hay que tener mucha suerte y ese día yo la tuve», sostiene.

Aquel día nació el currismo pero asegura que «enganchó» a los buenos aficionados mucho antes.

«Había una tertulia en «el Sport», donde se juntaban muchos ganaderos, aficionados y profesionales. Se hablaba mucho de mi debut de novillero en el año 1957. Después de varios años de matador, decían que no había estado como aquel día. Ahí empecé a darme a conocer entre los aficionados de Sevilla».

Las tertulias de entonces eran lo que alimentaba la llama. «El boca a boca era más auténtico, antes se hablaba mucho de toros, se discutía y eso desapareció», lamenta Curro, que se sorprende de que todavía siga siendo un ejemplo para muchos, de que siga siendo el torero de Sevilla, incluso para quienes no lo han visto torear. «No lo termino de encajar, me pongo como loco porque vienen chavales muy jóvenes que me piden hacerse fotografías conmigo y autógrafos para sus padres y abuelos. Se entiende que ellos les han hablado de mí. Me lo piden con ganas y se ponen muy contentos. Eso no es normal».

No ha sido un torero de números pero ahí están sus siete puertas grandes en Madrid y cinco en Sevilla, más las que no quiso salir a pesar de cortar los trofeos. Lo revive con cariño.

«Pienso muchas veces porque casi no me lo creo. Cuando me embestía un toro, yo me daba y me sentía», asegura. De aquella tarde del 13 de junio de 1968 recuerda el conjunto, el cariño del público. La salida a hombros por la Puerta del Príncipe. El primer toro saltó al callejón. Curro, lo ha borrado de su memoria. «No me acuerdo, son cosas que no me llaman mucho la atención», asegura con una sonrisa.

Tampoco recuerda demasiado las orejas, pero sí que se las daban con entrega. «He tenido fortuna de que fuera en Sevilla y en Madrid. Y he tenido la suerte de nacer con esas cualidades que me hacían transmitir y conectar con el público rápido. Para mí era maravilloso, no hay que estar ahí machando. Rápidamente cuando embestía un toro se volcaban conmigo».

En ese aspecto ha cambiado mucho el toreo. «Hoy el toro tiene menos movilidad y los toreros tardan más en ligar. Como no acaban de calentar a la gente, de uno en uno es más difícil. Ellos siguen y se hacen hasta pesados. El toro embiste menos por su casta y sus hechuras y se viene abajo todo lo que se ha hecho al principio».

Y qué decir del toreo de capote. «Las verónicas al segundo, que tomó un puyazo arrancándose de largo, levantaron un clamor de admiraciones y promovieron acordes musicales», escribe en su crónica don Fabricio II. ¿Por qué hoy es tan difícil ver torear bien con el capote? «Es como si no le dieran interés a torear con el capote, que yo creo que es una de las cosas más bonitas que hay cuando se torea bien. Sobre todo cuando viene un toro de salida y lo templas y lo vas reduciendo si te embiste. El interés con la muleta es más que con el capote, desisten… ¡Ellos sabrán, yo no lo sé!».

Ahora las orejas se cortan con la muleta y es lo que cuenta aunque el Faraón de Camas tiene su propia visión. «Cuando se torea con el capote la gente ha salido toreando por la calle». ¿Se podría cortar un trofeo solo con el toreo de capa? «El toreo está muy encorsetado, hay un Reglamento y creo que está mal. El toreo, como arte, es libre, debe ser más libre. Si un toro te embiste y puedes pegarle 30 ó 40 lances o diez o doce medias verónicas y quieres entrar a matar, ¿por qué no lo vas a hacer? Siempre lo he pensado. Una vez se lo dije a Miquel Barceló y me dijo que lo hiciera, pero le dije que me podían penalizar para no torear dos años en la provincia. Eso es más peligroso que una multa», bromea, ya que no duda de que el toreo es un arte. «Sin duda, y un arte grandioso. Cuando se hace el toreo como se requiere y como se merece un toro bravo y con clase, hay que acariciarlo, estar medido con él. La cantidad no tiene nada que ver con la calidad».

La crónica de Manuel Olmedo -con el pseudónimo de don Fabricio II- termina diciendo de «Curro Romero, artista que posee entre sus singulares dotes un gran poder de sugestión». El torero es consciente de la fidelidad de sus partidarios. «En mi época nos seguían mucho. Había una afición de una grandeza extraordinaria, de saber esperar y gozaban mucho. Ahora ha desaparecido el aficionado bueno».

«Curro ha conseguido su propósito de rehabilitarse ante la afición sevillana (…) ha vuelto a otorgarle su confianza jubilosamente», comenzaba la crónica del 13 de junio de 1968. «Sevilla ha sabido esperar a los toreros siempre. A mí me han pegado muchas broncas pero han ido al día siguiente a verme. Me dijeron que era el torero que más irritaba a los públicos de España y yo me preguntaba si no era peor aburrirlos», argumenta.

Era una figura del toreo indiscutible.

¿Era antes más fácil que ahora?

«Hay un toro muy grande, lo han sacado de tipo y hay menos probabilidades de triunfo. Los empresarios románticos han desaparecido y no todo es el dinero, el cuidar a la afición y darle los carteles que se merecen, si no se lo dan, se ve la bajada de gente en las plazas. Tiene mucho peligro porque el que se va no vuelve».

¿Qué ocurre con los que empiezan?

«Ya se ha acabado el padrino famoso que se gastaba el dinero para recuperarlo en el futuro. No se dan novilladas, cada vez menos y cuesta mucho trabajo, tomar la alternativa sin tener el oficio bien aprendido, cuando no se tiene la técnica, el triunfo está siempre más lejos».

Si echa la vista atrás, ¿volvería a ser torero?

«Yo siempre, aunque a lo mejor con estos toros… no sé yo».

Para Curro Romero, «con la altura que tienen y los cuellos tan cortos, se paran y se acaba todo pronto. No se puede torear tan cerca alrededor de los pitones. Las distancias son muy importantes». Hablamos de tres conceptos fundamentales en el toreo: la distancia, la medida y el temple.

¿Sigue soñando con torear?

«No, las cosas llegan y pasan y no hay que ser iluso. Pero sí que me acuerdo algunas veces, ¿no me voy a acordar? Sí, pero corto rápido porque a lo mejor me pongo a llorar», sonríe.

Publicado en ABC

¿Donde quedo el rigor de la afición madrileña? Generosa Puerta Grande para Castella en la puesta de escena de Ponce

El empresario Simón Casas se rompía la camisa frente el micrófono de canal Toros ante la puerta grande de su poderdante, mientras el prestigio de Las Ventas para muchos se iba por una coladera del coso madrileño.

La catedral del toreo esta de cabeza, su empresario no ha cumplido con lo que prometio al tomar la plaza, hay más cemento en el tendido que en años pasados, mientras que su afición y autoridades cada vez están mas cerca de una plaza triunfalista y sin rigor como por ejemplo la Plaza México, que de Las Ventas.

De la Televisión mejor ni hablar, ya que el resultado que nos arroja el festejo del día de hoy es una bomba molotov para Las Ventas.

Por Paco Aguado para el Heraldo.

El amable y festivo público que colmó este miércoles los tendidos de la plaza de Las Ventas consiguió que el diestro Sebastián Castella, aun lesionado, saliera finalmente a hombros, más por la impresión causada por el aparatoso percance que sufrió el francés que por los méritos reales de su faena al quinto toro de la tarde.

Ese preciso momento, cuando recibía de capa al astado de Garcigrande, fue la dramática clave de todo cuanto sucedió después, pues condicionó que se tomara como una heroicidad todo lo que Castella, ya recuperado del tremendo susto, le hizo al animal que minutos antes estuvo a punto de acabar con su vida.

Y es que el toro, de un violento y seco derrote de su pitón izquierdo, cuando aún conservaba todas sus fuerzas, prendió al francés por el pecho y lo zarandeó brutalmente en el aire antes de dejarle inerme sobre la arena.

Toda la plaza, hasta ese momento metida en fiesta, se quedó en silencio, impactada, conmocionada, esperando a que Castella tuviera una mínima reacción, esa que solo llegó cuando las cuadrillas lograron que se incorporara y pudieron llevarle hasta las tablas para ser atendido.

Tardó unos minutos el torero galo en recuperar las fuerzas y el ánimo, en tanto que el toro iba mostrando la calidad y la profundidad de sus embestidas. Quizá por ello, en un gesto que enardeció al tendido, Castella comenzó su faena de muleta con las dos rodillas en tierra con más voluntad que temple y acierto.

Pero ese matiz, esa falta de mando y de pulso sobre el notable toro de Garcigrande que continuó marcando el resto del trasteo, no lo tuvo en cuenta ese público que jaleó cada medio pase, cada alarde y cada efectismo de Castella como si contemplara una revelación, sin reparar en la buena condición de su enemigo, que no pedía épica sino una más profunda estética.

Sebastián Castella cortó dos orejas. Efe

Aun así, después de que Castella saliera trastabillado de una estocada volcándose entre la cuna de los pitones, se pidieron y se concedieron esas dos orejas, que fueron un desmedido premio acorde a las desmedidas reacciones de un público más impresionable de lo que era habitual en esta seria y exigente plaza.

Por Sixto Naranjo COPE:

Jesús Enrique Colombo se convertía en el noveno matador de toros al que Enrique Ponce confirmaba alternativa en Las Ventas. Ocho toreros de varias generaciones precedían al venezolano. Desde los tempranos Abellán o Juli hasta los más noveles Román o Varea. Es lo que tiene llevar casi treinta años al pie del cañón. Quien no tuvo suerte con el toro de la ceremonia fue Colombo. Un semoviente que llegó totalmente desfondado al tercio de muleta y con el que el joven diestro solo pudo brillar en un poderoso tercio de banderillas.

Se protestó al primero del lote de Ponce, muy lavadito de cara pese a sus buenas hechuras. No hubo mucho motivo para la polémica porque el animal se descoordinó al poco de salir y hubo de volver a chiqueros.

El sobrero de Valdefresno. ‘Lironcito‘ y Ponce en el recuerdo lejano. No estuvo sobrado de fuerza el toro del hierro charro, al que mimó el de Chiva en los primeros tercios. El inicio de faena, puro almíbar. Por abajo, sin violentar al toro y abriéndole los caminos. Dos tandas a derechas, aprovechando la bondad y clase del toro de Valdefresno. Muy estético, pero poca verdad en el embroque. Al natural le tropezó más el engaño, se alargaron los tiempos muertos. Cuando retomó la diestra el toro ya había echado el cierre. La estocada viajó caída y algunos intrépidos se aventuraron a pedir incluso la oreja. Pareció excesiva hasta la ovación final y la puesta en escena de Ponce y su cuadrilla, incitándole ésta a dar la vuelta al ruedo.

Colombo se volvió a mostrar como un fácil y poderoso rehiletero. Destacó en un tercer par al quiebro por los adentros de mucha exposición. Para prologar su faena de muleta, el venezolano se hincó de hinojos. Por dos veces el toro se llevó por dalente la muleta. El de Garcigrande siempre quiso salir de najas. Otro desarme ya incorporado frenó aún más la labor del joven diestro, que estuvo un punto acelerado por sus ansias de agradar.

Foto: Pablo Cobos Teran.