Archivo de la etiqueta: TOROS

CASI CINCO SIGLOS CON CORRIDAS DE TOROS EN MÉXICO

Por Jaime Oaxaca.

La tradición, la historia, son argumentos sólidos para conservar la fiesta de los toros. En esta tierra, mucho antes que se llamara Estados Unidos Mexicanos, ya se corrían toros; desde hace 492 años, el 24 de junio de 1526 cuando se realizó la primera corrida en el centro de lo que ahora es la ciudad de México.

Fue en una plazuela llamada del Marqués, ubicada atrás de lo que ahora es la Catedral de México, los toros y caballos se guardaban en un corral situado en lo que hoy es el principio de la avenida 5 de Mayo, a un costado de la Catedral, junto al edificio que actualmente ocupa el Monte de Piedad.

Normalmente, el 24 de junio es una fecha que pasa inadvertida para el medio taurino, prácticamente a ninguno de los que ganan dinero de las corridas de toros, se les ocurre festejar una fecha tan significativa.

Junio es un mes en el que no se realizan corridas en la República Mexicana debido a las lluvias, el 24, día de San Juan Bautista, casi siempre cae agua.

A pesar de que a lo largo del territorio mexicano existe una buena cantidad de poblaciones con el nombre de San Juan, muy pocas realizan alguna corrida en su feria patronal, este año sólo habrá una en Hidalgo, en la población San Juan Solís; en San Juan del Río, en Querétaro, en 2018 no habrá festejo taurino.

El asunto es que a la gente del toro no se le ocurre organizar alguna actividad cultural para celebrar uno de los días más importantes de la tauromaquia, bien valdría la pena cacarear que son casi 500 años de tradición taurina.

A los empresarios taurinos, por ejemplo, casi nunca se les ve organizando conferencias, ciclos de películas, exhibición de pinturas o esculturas, presentaciones de libros; como que no les interesa promover su negocio, deberían generar actividades para generar más clientela.

Son los aficionados, por el gusto que tienen por la fiesta brava, quienes se dedican a realizar actos culturales, generalmente ante la indiferencia de los profesionales.

Escriben los historiadores que con motivo del regreso de un viaje (1524-1526) del conquistador Hernán Cortés de Las Hibueras (Honduras) se realizó tal festejo.

“Estaba Cortés viendo correr ciertos toros cuando le avisaron de la llegada del visitador Luis Ponce de León”, narran en sus crónicas Torquemada y López de Gómara. El visitante venía con poderes de la corona española para hacerle un juicio sobre los manejos administrativos y políticos. Le cayó la contraloría del reino español.

Nada tiene que ver la forma en que se realizaban aquellas corridas con el espectáculo actual; el nombre de “corrida”, se origina porque el pueblo corría los toros para llevarlos a la plaza, de aquellos festejos se deriva la fiesta contemporánea.

El historiador mexicano NicolásRangel anota el 13 de agosto de 1529 -día de San Hipólito- como la fecha de la primera corrida; sin embargo, existen los antecedentes ya mencionados. La confusión se debe a que el Cabildo de la Ciudad ordenó que se corrieran toros en la fecha mencionada para celebrar la caída de la Gran Tenochtitlan.

Innegable que el origen de la fiesta brava es español. Para bien o para mal fuimos conquistados por los hispanos.

La afición está de plácemes, celebrando 492 años de tauromaquia. Han tratado de destruirla, surgieron los supuestos protectores de animales y los antitaurinos. En realidad quienes más daño hacen son algunos profesionales de la fiesta, están terminando con ella; los alacranes están dentro de las sábanas.

Los ganaderos eliminan bravura de sus toros. Los toreros exigen el toro chico y el billete grande, en muchos casos lidian el novillo en lugar del toro. Los empresarios ofrecen espectáculos indignos, no ofrecen lo que anuncian. Las autoridades de plaza son peleles de los empresarios. Los medios de comunicación alcahuetean anomalías. Los aficionados aceptan los engaños.

Sólo el regreso de la autenticidad puede salvar la tauromaquia. Aprovechemos que aún queda fiesta, casi medio siglo con corridas de toros en México.

Publicado en El Popular

Anuncios

Aborrecible tarde de los Bohórquez, salvada por el vestido mercurio y azabache de Sergio Aguilar

Por José Ramón Márquez.

El tostón. Sin paliativos. El puro tedio. La nada. ¿A quién se le ocurriría lo de traer hoy los murubes de Bohórquez? ¿A Florito? ¿A Carreño? ¿Quién ve los toros para Madrid? ¿Quién programó esta corrida innecesaria? El domingo pasado al salir de la de la Prensa y ver ya pegado el cartel de los Bohórquez, la mosca se fue inmediatamente detrás de la oreja y ya de ahí no se movía el animalito, por más manotazos que se llevase, dados todos ellos con el máximo cariño en su condición de ser igual a nosotros “en inteligencia, sensibilidad, en derecho a la vida”, tal y como predica nuestro flamante Ministro de Cultura. Ya me hubiera gustado ver al Ministro en contrabarrera del 9 a ver cómo sostenía lo de la “inteligencia”, lo de la “sensibilidad” y lo del “derecho a la vida” de las seis prendas que mandó don Fermín Bohórquez Escribano desde Cádiz a hacer el ridículo en Madrid el día que se conmemoraba el LXXXVII aniversario de la de la corrida a beneficio del paro obrero, aquella inauguración ful de una Plaza rodeada de desmontes, pues, como todo el mundo sabe, la Plaza Vieja siguió funcionando con total normalidad hasta finales de la temporada 1934.

Decir Bohórquez es pensar en rejones, que ése ha sido el destino natural de los toros de esta ganadería desde hace lustros. A lo mejor los rejoneadores, que ahora necesitan el toro perfectamente manufacturado para sus ejercicios de doma, ya se han hartado de los toros de Bohórquez y el hombre ha pensado volverlos a echar a la cosa de la lidia a pie, pero si la evolución de la vacada tuviera que tomar su deriva particular a raíz de lo visto esta tarde en Madrid, a la vuelta del camino acecharía el “eliminando lo anterior”, que cuanto antes lo apliquen, mucho mejor. El hecho de considerar deplorable a la corrida que don Fermín ha enviado a Madrid es opinión que se cimenta en varios aspectos.

En primer lugar la presentación. No es necesario saberse de memoria el AREVA, ni siquiera es preciso haber oído hablar del Barbero de Utrera, basta con irse a la página 7 del programa oficial y leer donde dice: “el murube se ha caracterizado por ser un animal grande o de caja generosa…” etcétera, para conocer que hoy, de eso nada. Es decir que cualquiera que entienda el español, aunque nunca haya visto una corrida ni un toro, ya podía leer en tan docta publicación oficial de la propia Plaza que lo que había en el ruedo no tenía nada que ver con lo que debía haber.

En segundo lugar, por la cosa de la casta, que la contemplación de esas cucarachas desparramando la vista a ver si encontraban una encina con la que ir a rascarse, huyendo de los pencos o mirando bobamente la muleta mientras se preguntaban para qué podría servir eso, colocaba a los toros más cerca de la feria de ganado de Torrelavega que de lo mínimo exigible en un Plaza de Toros.

En tercer lugar la fortaleza, que es una forma de decir la debilidad, para que se vea lo antigualla que llevan la cosa estos Murube, que cuando prácticamente la mayoría de los ganaderos han conseguido eliminar el síndrome de blandura y derrumbe, con estos de Bohórquez parecía que habíamos echado hacia atrás veinte años en el tiempo. Ya sabemos que a los calés no les gustan los buenos principios, pero es que hoy ni principio, ni nudo, ni desenlace. El primero de la tarde, cuyas señas nos vamos a ahorrar, era ya de por si tan feo, tan repelente, tan indecoroso, que nos llevó a pensar en que después del trajín de los eminentes profesores veterinarios durante la Feria del Isidro, hoy habían encomendado la labor evaluadora del ganado a un becario poco espabilado o de patente enchufe.

Y si falla la ganadería, lo suyo sería pensar que ahí hay un funcionario público dispuesto a hacer su labor contra tirios y troyanos y a defender el interés de la vociferante plebe frente al poder de la Empresa. Esa misión, en el día de hoy, le correspondía haber sido desempeñada por don Justo Polo Ramos, pero el hombre, por la causa que fuese, no estimó oportuno el momento como para investirse de tan intrincada labor y, de entre toda la escala cromática en forma de pañuelos que alberga al alcance de su mano presidencial, tan solo estimó que el blanco, ese color que es imagen de inocencia, bondad y pureza, ese símbolo de la humildad y la paz sería su estandarte en esta tarde de junio, tarde de luto de aniversario por la muerte de Iván Fandiño en la que él, al modo de los antiguos griegos, exhibiría el blanco, sólo el blanco, pasase lo que pasase; y así se sucedieron, una tras otra, las veinticinco pañoladas, blancas como los acantilados de Dover, con las que don Justo se desentendió del espectáculo denigrante que se desarrollaba a sus pies en el espacio rodeado por una barrera hecha de maderos y actuó como si la tarde se desarrollara en términos de la mayor normalidad. Esto, como es natural, desató las iras de los damnificados -que siempre somos los mismos- y eso llevó a muchos a exigir al señor Polo, de manera coral y, si se quiere, con cierto desafinamiento, el inmediato abandono del Palco, cosa que como puede comprenderse no ocurrió.

Y así, con unos toros impropios y con un Presidente en pleno abandono de su labor, ya podía venir Juan Belmonte resucitado, que la tarde no la levantaba ni Sansón. Para la cosa del toreo los de Plaza1 montaron un cartel barato trayéndose a Fortes, a quien el hecho de que en San Isidro no le concedieran una oreja -otro pañuelo blanco- le sirvió para verse anunciado hoy en Madrid y en seguida en Pamplona; a Álvaro Lorenzo, de quien siempre se me olvida lo de que cortó tres orejas en Madrid antes de Feria y ahí tengo al aficionado J. para recordármelo; y a Galdós, que venía de proclamar su Episodio Nacional ayer mismo en Torrejón de Ardoz. De las respectivas labores de los diestros, en honor a la verdad, nada se puede decir, salvo reseñar que por allí estuvieron.

¿Y no hubo nada bueno que reseñar? Pues incluso en una tarde tan aborrecible como la de hoy, al menos podemos poner tres cosas buenas: la primera que la tarde fue placentera, con un ligero y agradable vientecillo; la segunda, la brega al segundo y el vestido de Sergio Aguilar, mercurio y azabache; la tercera, que nadie tomó el olivo.

No soy capaz de concebir la idea de la tauromaquia que se habrán llevado a sus países de origen los extranjeros que hoy, por primera y acaso única vez en su vida, hayan asistido a esta corrida de toros.

Publicado en Salmonetes ya no nos quedan

Veinticinco recuerdos estelares e inolvidables del pasado San Isidro

El picador Agustín Navarro y el toro 'Coplero', de Victoriano del Río. MANOLO BRIONES
El picador Agustín Navarro y el toro ‘Coplero’, de Victoriano del Río. MANOLO BRIONES.

Por Antonio Lorca.

Treinta y tres festejos -26 corridas, tres novilladas y cuatro espectáculos de rejoneo- dan para mucho. La feria de San Isidro de 2018 ha sido la más larga de la historia, y una de las más lluviosas, también. Quedan en el olvido muchos momentos de silencios y aburrimiento, pero ha habido otros, unos pocos, que permanecen en el recuerdo agradable de los espectadores.

He aquí una relación no exhaustiva de 25 destellos de emoción, bravura, torería, tensión, miedo y arrebato, que de todo ha habido. No están todos los que han sido, pero sí son todos los que están.

Por orden cronológico, estos son algunos de los instantes por los que merece la pena seguir siendo aficionado a la fiesta de los toros.

1.– El 10 de mayo, Hazen Al-Masri El Sirio, subalterno de Román, salvó de una cornada cantada a Tomás López, perteneciente a la cuadrilla de Joselito Adame, cuando resbaló a la salida de un par de banderillas y quedó a merced de un astifino ejemplar de Fuente Ymbro. El capote milagroso de El Sirio fue auténticamente providencial. Minutos después saldría ‘Hechizo’, uno de los toros de la feria.

2.- Fortes protagonizó una actuación valentísima, desbordante de gallardía, ante un toro de Pedraza de Yeltes, el día 11. La plaza se cubrió de pañuelos, pero el presidente entendió que no había mayoría. El torero dio dos vueltas al ruedo, y el usía pasó al baúl de los errores.

3.- El cuarto toro de Las Ramblas, el lunes 14, demostró de salida que de bravo solo tenía la ascendencia. Huyó despavorido de los capotes y, acobardado, se parapetó en la puerta de toriles. La protesta se hizo muy ruidosa, y el presidente adoptó una decisión considerada insólita: ordenó su devolución a los corrales. Aunque el Reglamento nacional permite hacerlo en circunstancias muy especiales, fue la primera vez que un toro era devuelto por manso.

4.- El comienzo por bajo -mirando al tendido 7- de Talavante a su primer toro de Núñez del Cuvillo del día 16 fue sencillamente espectacular. Fueron muletazos largos, profundos, rebosantes de empaque y estética. Esa tarde, él, Manzanares y Ferrera cortaron una oreja cada uno. El palco lo ocupaba la misma persona que se la había negado a Fortes. Esta vez, con las figuras, fue generoso.

5.- Inicio de muleta en el segundo de la tarde del 17 de mayo. Román se sitúa en los medios, pliega el engaño en la mano izquierda, el estoque escondido en la cadera y cita al toro, aculado en tablas, con el llamado cartucho de pescao. No pasó nada relevante, pero la imagen fue pura torería.

6.- Pablo Atienza, Alfonso Cadaval y Toñete no supieron aprovechar las bondades de los novillos del Conde de Mayalde, el lunes 21 de mayo. La tarde amenazaba tormenta, y durante la lidia del sexto cayó un aguacero en forma de diluvio que despejó los tendidos y convirtió el ruedo en una piscina. No se amilanó Toñete y su enorme esfuerzo fue premiado con un trofeo.

7.- Con motivo del mano a mano entre El Juli y Ginés Marín -24 de mayo- apareció ‘Licenciado’, un toro de Alcurrucén, extraordinario en la muleta, hondo e incansable, al que el veterano torero madrileño cortó una oreja.

8.- Ese mismo día quedó claro que la suerte de varas existe y es una preciosidad. Solo son necesarios toros bravos y picadores toreros. El toro, ‘Coplero’, de Victoriano del Río; el picador, Agustín Navarro. El animal acudió con alegría en dos ocasiones, empujó con los riñones y la plaza disfrutó.

9.- Segunda corrida de Núñez del Cuvillo y las dos primeras puertas grandes de la feria: Talavante y López Simón. Toretes artistas, un torero inspirado y otro arrebatado por la épica. Alborozo general el viernes 25.

10.- Domingo 27 de mayo. Dolores Aguirre. Solo el nombre produce respeto. Un vendaval de mansedumbre, agresividad y dureza. ¡Fuera el aburrimiento!

11.- En el tercio de banderillas del quinto toro de Dolores Aguirre se produjo el acontecimiento de la tarde: David Adalid, reconocidísimo rehiletero hace solo unos años, clavó dos extraordinarios pares, especialmente el segundo, que pusieron la plaza en pie.

12.- Al día siguiente se celebraba otra corrida torista de alto interés: Partido de Resina, para Sánchez Vara, que sustituía a Ricardo Torres, Javier Castaño y Thomas Dufau. La previsión era de lluvia intensa. La empresa decidió no colocar los plásticos en el ruedo. A las siete de la tarde, no era posible la práctica del toreo. Había poco público. Y se produjo la suspensión. Pero, ¿fue por la lluvia o por interés económico?

13.- ‘Juglar’, un nobilísimo toro de Garcigrande, le propinó a Castella una dantesca voltereta y, después, lo empujó para que saliera por la puerta grande. Bien el torero, y sobrecogido el público… Era el 30 de mayo.

14.- Simón Casas, el jefe de Las Ventas, ideó la Corrida de las Seis Naciones. Hicieron el paseíllo seis toreros de otras tantas nacionalidades. El invento no cuajó en taquilla y solo hubo algo más de media plaza. Y tampoco en el ruedo. El festejo -31 de mayo- fue un tostón.

15.- 1 de junio. Cayetano dibujó una bellísima trincherillas en el inicio de faena a su primer toro. El torero destacó por su raza, entrega y su tauromaquia tan antigua como clásica.

16.- La corrida ilidiable de Saltillo se lidió -es un decir- el 4 de junio. Más que toros parecían tigres; y más que embestir, atacaban con la misma estrategia que los depredadores de La 2.

17.- Esa tarde, destacaron dos entre todos los héroes que saltaron al ruedo: Octavio Chacón, valiente, maestro, merecedor de más y mejores oportunidades; y Vicente Ruiz, autor de uno de los mejores pares de banderillas de la feria.

18.- ‘Saladera’ era el nombre del sexto saltillo, uno de los toros más complicados que se han visto en muchos años en la plaza de Las Ventas. Sebastián Ritter pasó un quinario y solo un milagro permitió que llegara por su propio pie al hotel.

19.- Lleno el 6 de junio, corrida extraordinaria de Beneficencia. La presidió el Rey emérito mientras el monarca reinante atendía a Pedro Sánchez, según informó la Casa Real. A Felipe VI se le echó de menos.

20.- ‘Chaparrito’, de Adolfo Martín, bravo y noble, -viernes, 8 de junio- ha sido elegido como el mejor toro de la feria, según el jurado de Plaza1. Lo lidió Pepe Moral y le cortó una oreja.

21.- Mientras el sevillano daba la vuelta al ruedo, un paisano suyo, El Cid, era intervenido en la enfermería de una cornada en el muslo derecho que le infirió el segundo de la tarde en el inicio de la faena de muleta.

22.- Ángel Sánchez, joven novillero, protagonizó uno de las gestas de San Isidro. Tomó la alternativa ante un ‘adolfo’. Perdió la apuesta, pero tiempo tendrá de ganar otras muchas.

23.- El 9 de junio, Diego Ventura se convirtió en el primer rejoneador que cortaba un rabo en la plaza de Las Ventas. Su tarde fue sencillamente cumbre.

24.- Los ‘victorinos’ cerraron la feria, y Felipe VI estuvo presente en una barrera. Dos acontecimientos.

Y 25: No menos de cuarenta banderilleros y unos pocos picadores merecieron el reconocimiento de la afición por su esmerada torería. Honor y gloria para todos ellos.

Publicado en El País

En la Muerte de Mario Aguilar – Adiós la Torera Inspiración.

Mario Aguilar y el muletazo por bajo a “Abelardo” de San Martín, uno de los más bellos episodios en los últimos tiempos en la Plaza México.

México se consagra como líder mundial en toreros malogrados, por las razones que sean, esta vez, las peores. Una más es el tristemente fallecimiento, la mañana de hoy en Aguascalientes, de Mario Alberto Aguilar Tavares, el célebre novillero, autor de una de las grandes faenas novilleriles de la década pasada en la Plaza México, poseedor de distintas y difíciles virtudes toreras. Se va, lamentablemente, por decisión propia, dejando una esperanza rota dentro y fuera del ruedo y, peor aun, sin lograr plenamente como torero las múltiples virtudes que atesoró. Ahora, tan solo el recuerdo taurino queda y a nosotros corresponde volver a vivirlo.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Si vivir es como torear, si torear es decidir, la elección de Mario Aguilar, además de dolorosísima es sencillamente desgarradora.

Ya no solo para una familia de varios hermanos, uno de ellos importante esperanza taurina, para una madre y una novia hoy el indescriptible desconsuelo total. Siempre son las damas las que más lágrimas derraman ante la muerte pues necesariamente, como diría Fernando Marcos, son las que más sufren al dar la vida. Con Mario Aguilar el camino, siempre espinoso, el drama de ser toreo, se precipita de la peor manera.

Todo lo contrario a sus virtudes toreras.

Supimos de su existencia taurina allá en el hoy lejano 2002, cuando se decía que había una cuadrilla infantil, principalmente, del Bajío que era impulsada por taurinos españoles y varios ganaderos mexicanos que habían importado el encaste Domecq. Luego supimos por el Dr. Octavio Lagunes, partidario inicial de dicha cuadrilla, que en Juriquilla, dos años después, el muchacho de Aguascalientes había salido bien librado de una terrible novillada de Jesús Cabrera y, no solo eso, lo había hecho con artística diferencia.

Luego, la semana en que Silverio Pérez se unió con Carmelo, es decir, Septiembre de 2006, aquella emocionante vuelta al ruedo de la Plaza México con las cenizas del Faraón de Texcoco y las notas del celebérrimo pasodoble preludiaron una novillada de La Joya para, en aquel entonces, Saldívar, “El Payo” y Aguilar, un festejo de altos vuelos donde, mayormente, los dos primeros destacaron.

No obstante, en aquel Mario Aguilar, no cabían, ni con sus quince años, las prisas.

Por ello remontó en Septiembre, esta vez con “El Payo” y Jairo Miguel con una mansada de Ayala que sustituía a las rechazadas Marco Garfias y Reyes Huerta, con la que Aguilar se repuso y toreo perfecto al natural al tercero y caminó con pases alternados de los medios al tercio para rematar la faena al sexto cerca de tablas para cortar una oreja y comenzar lentamente la ebullición. Esa oreja dejó ver las virtudes para nada menores del joven hidrocálido, serenidad y temple.

Fue entonces cuando para casi rematar la Temporada, en una novillada de lujo, San Martín, aun con Chafik y Miaja, envió un encierro para la historia, sería la última novillada que enviaría. Ahí Aguilar se sublimó, se despegó de sus compañeros de aquella cuadrilla infantil y pareció alejarse de la disparidad de “El Payo” y la frialdad de Saldívar, quien esa temporada había oído los tres avisos de un novillo de Manolo Martínez, haciéndose notar ya no solo por temple y valor, sino por su empaque y sello.

Se consagró al cortar una oreja al tercero pese a una voltereta y desorejar al sexto. “Abelardo” nombrado, para la historia.

La faena fue un compendio de ritmo.

Abelardo”, cárdeno oscuro de reunidos y blancos pitones, fue clarísimo hermano del cuarto, “Soñador” de bandera, bravísimo, triste y penosamente se le fue al primer espada Roberto Galán, quien no se impuso. “El Payo” se mostró sin recursos y Aguilar, tras el triunfo con el tercero, no se conformó con poco y desde el recibo, palpó, tras doble puyazo, que el novillo quedaría servido idealmente para su toque, en un quite por tafalleras que aun vibra por su plácido vaivén que rompió en una rebolera perfecta que al novillo le llevó por donde habría todo de ocurrir y ser.

Todas las virtudes en él vistas se sublimaron al bordar, desde el péndulo inicial hasta las joselillinas finales, la embestida de el noble pero bravo “Abelardo” que respondió ante el oleaje todo calma de la muleta del de Aguascalientes que fue trazando a partir de los derechazos el camino del pase natural, momento cumbre de aquella faena de cielo gris pero de luminosa composición.

De alarido, la fijeza del toro y la ligereza grácil, casi infantil del entonces novillero.

La largueza de la embestida, enviada al sitio correcto por el mando.

La caricia del temple y la rotundidad del bien hacer.

El milagro del toreo surgía con el novillo que se bebía entero la bamba de la muleta que provocaba la arrancada y Aguilar se regodeaba en cada remate ya sea arriba en liberación o abajo y contrario en sometimiento y caricia. Naturalidad, completa y soberbia muestra que ese, no cuentos o simulaciones, es el toreo real. Una de las dos mejores faenas de la década pasada, la otra ocurrió un año antes con “Arlequín” de Marco Garfias y Fermín Rivera.

¿Qué habría ocurrido un año después si ambas generaciones se hubieran encontrado en 2006 en La México? Buen intento. Pero a Rafael Herrerías se le cocían las habas y batió el arroz al doctorar aceleradamente, primero a Fermín Rivera y luego a José Mauricio en la Temporada Grande siguiente. Y a Tauromaquia Mexicana, con agenda propia, le urgía mandar a “El Payo” y a Aguilar a España aun cortando cualquier otra aspiración histórica.

La Afición, como siempre, frustrada.

No pudo verse el encuentro entre el también triunfador Víctor Mora y Mario Aguilar en ese mismo 2006, intereses y sobre intereses dejaron las cosas incompletas. Para variar un poco.

Aguilar volvería en 2007 para inaugurar la Temporada Chica y triunfar con San Isidro alternando con Murillo y Saldívar. No se le volvería a ver sino hasta la confirmación. Pero su paso por Madrid en 2008, con la oreja a un novillo de Martelilla, pareció colocarle en un sitio muy importante, no obstante, nadie lo ha aclarado nunca, su paso por España simplemente se acabó en el San Isidro del año siguiente, a diferencia de “El Payo” un año antes, sin suerte con un encierro de La Quinta.

Entonces, el tiempo que no perdona comenzó a acelerar la carrera de Aguilar.

Ya sin una guía ni una voz taurinamente benigna que le llevara con claridad, el afán de darle la alternativa y colocarle con ganaderías a modo le abatieron, como recuerdo en la goyesca de Guanajuato capital en apoteosis de Ponce con Arroyo Zarco o, en menos de tres meses, León, con “Juli” en plenitud para hacerle confirmar al dia siguiente también  con “Juli” y un Arturo Macías en su mejor momento.

Tan sólo resultó una precipitación y relego de su toreo.

Luego, para la otra Temporada, la apoteosis de Talavante con “Alma Gemela” de Julián Hamdan coincidió con su falta de sitio y de concentración, aquella tarde solo dejó ver su gran clase a la verónica con el tercero. Aguilar toreó en cantidad pero su arribo a mayor calidad no llegó. Si ser torero es difícil, muchas veces un drama, más lo es sin la cabeza fría y la guía adecuada. Cualquier profesión lo requiere, siempre dio la impresión que Aguilar la dejó de tener.

Aun así, una tarde de Calaveras, un año después, con un serio encierro de Celia Barbabosa, alternando con Talavante y Joselito Adame, así le vi y lo consignamos aquí en De SOL Y SOMBRA:

“Diferencia. Siempre hay diferencia cuando Mario Aguilar baja las manos.”

“Los ‘brazos pordioseros’ que conjugan belleza y majestad a la verónica con la que saluda al tercero muestran de Aguilar lo mejor que tiene, que es con lo qué tiene siempre que contar: el trazo clásico y sentido, bien hecho, el buen hábito técnico que sumado al sentimiento hondo sacan igualmente lo mejor de una afición que palpita al corear igual la plomada estática y la broncínea estética de la media que el gran recorte de regreso.”

Porque pareció que Aguilar requería del buen toreo, de lo mejor de sí mismo, para regresar al origen, a lo esencial a los fundamentos, del oficio taurómaco y de la vida.

Y pese a los triunfos en la propia Plaza México, Villa Carmela y Marrón en 2011, poco se le abonó al hidrocálido, comenzó el desfile de apoderados, el manejo inadecuado, gente que por vanidad tan solo se acerca a los toreros, que los pretende usar y que abonan en nada. Cortaría la oreja a un bravo novillo de Barralva.

Con Aguilar, la dejazón es una constante, personal y empresarial.

Los chispazos igualmente aparecieron porque los toreros con sello no se agotan en un solo acto. Aguascalientes disfrutó de su capote y su toque, con los Piedras Negras en Texcoco triunfaría y la tarde de Reyes redonda con los trastos ante los Carranco en Enero de 2014 en La México secaría con la espada una actuación de Puerta Grande.

Esa tarde pareció renacer el Mario Aguilar artista.

Reafirmaría aun en diciembre con Xajay, valiente y decidido. Pero sería de lo último.

Poco a poco escasearían los contratos, la consistencia en su toreo, se le vería fuera de forma como su tarde final en La México con los Piedras Negras donde pese a ser el mejor librado, no fue el torero que siempre anhelamos salvo un chispazo al natural ante el tercero, “Ranchero” de nombre al que, misteriosamente, se empeñó en matarle recibiendo para tan sólo pinchar.

Sospechoso, decían algunos, de depresión y quizá abusos, pasó todo un año hasta llegar al premonitorio catafalco y azabache de su última aparición san marqueña.

Lo que es hoy además de tristes nos deja el desgarro del coraje, la oscuridad de la desolación y, principalmente, la repetición, quién sabe cuántas veces más, de que en México el ritual, diría Don Dificultades se hace astillas entre los peñascos de la idiotez.

Sin importar de quién sea la culpa.

Mario Aguilar deja a un hermano, de nombre Miguel, como Carmelo dejó a Silverio. Como Joaquín dejó a Paco Camino, como Alberto Balderas dejó a Francisco o José Cubero dejó a Juan y también a Miguel. Y, tristemente, como Nimeño II a Nimeño. Perdón por hacer uso de lugares comunes pero siempre podrá el joven Miguel Aguilar pensar o sentir que, igual que a Silverio, Mario ha de asomarse en el cielo, como Carmelo, para verle torear.

Y nos recuerda Goethe tras anunciar la recopilación del epistolario lleno con las cuitas del joven Werther y que puede bien aplicar a cualquiera en el ruedo de la vida:

“¡Y tú, alma sensible y piadosa, oprimida y afligida por iguales quebrantos, aprende a consolarte en sus padecimientos! Si el destino o tus errores no te permiten tener cerca a un amigo, que este libro pueda suplir su ausencia.”

No pretendemos que estas líneas suplan a nadie.

Pero cada vez que el desconsuelo, personal o taurino, aletee sobre nosotros, sepamos que queda el consuelo en la obra del artista que hoy ha partido, en sus distancias, en sus fundamentos y aun en el lamento de su muerte, nos quedará el aliento de su temple y de su gracia.

Descanse en Paz.

Twitter: @CaballoNegroII.

Mario Alberto Aguilar Tavares (Aguascalientes, 1991) falleció en la primera mitad del día 10 de junio de 2018 en su domicilio del centro oriente de la capital hidrocálida. Le sobrevive su madre María Tavares y sus hermanos, el mayor de ellos, Miguel, novillero sin caballos. Sus restos están siendo velados en la Funeraria Hernández de la mencionada ciudad. Descanse en Paz, así sea.

Aguilar a la verónica con el encierro de Villa Carmela en La México, en 2011.

De @TorosyToreros72: Las Puertas de Curro Rivera en Madrid – Julio Téllez en @DSolySombra.

Formidable muletazo del desdén de Curro Rivera en plena Plaza Monumental de Las Ventas. Desdeñosa verticalidad y superior donaire en su apoteosis isidril de 1972. Con estos recuerdos madrileños damos la bienvenida a De SOL Y SOMBRA al Lic. Julio Téllez García para seguir platicando de Toros y Toreros.

A la sombra del mes de Mayo, de tantos recuerdos de Toros y Toreros, recordamos que ayer domingo ha sido el aniversario 47 de la primer Puerta Grande de Curro Rivera en Madrid, la de Junio de 1971. Pero claro está, nuestro recuerdo siempre se centra en la tarde maravillosa ocurrida un año después y que lo confrontaría en una naciente y creciente rivalidad con Sebastián Palomo Linares en medio de la sempiterna polémica corrida de Atanasio Fernández en la Feria de San Isidro de 1972. Estuvimos ahí y hoy que partimos plaza por primera vez en De SOL Y SOMBRA, lo hacemos con este hermoso recuerdo.

Por: Julio Téllez GarcíaDe SOL Y SOMBRA.

Nos recuerdan las redes, hoy un catálogo taurino abierto también al recuerdo, que el lunes 22 de mayo de 1972 -no fue el 23- Curro Rivera salió por la Puerta Grande de las Ventas en Madrid, al cortar cuatro orejas situación que no se repetiría sino treinta y seis años después.

Los comentarios a tal hecho no tienen desperdicio.

Curro salió dos veces en hombros de Las Ventas, la primera el 3 de junio de 1971 en la extraordinaria Corrida de Beneficencia, mano a mano con el maestro Antonio Bienvenida quien fue “ahogado” por Curro, al decir la prensa. No pudo Bienvenida con un torero joven e impetuoso que estuvo sensacional en sus tres toros. Currocortó la oreja al segundo de la tarde de nombre “Grajador”, perdió las orejas del cuarto “Callejero” de nombre, por fallar con la espada y cortó la oreja del último de la tarde, “Niño”, por gran faena. Los toros fueron de Felipe Bartolomé y el maestro Bienvenida estuvo bien, a secas, en su lote.

A Curro lo pasearon en hombros por el ruedo y salió por la Puerta Grande. Curro toreó diez tardes en Las Ventas cortando nueve orejas en total, según nos cuenta el Señor Hernández Silva.

Pero grandiosa fue la corrida del 22 de mayo de 1972, Curro cortó 4 orejas alternando con Palomo Linares y Andrés Vázquez, con toros de Atanasio Fernández. Esta es la corrida que propagó uno de los mitos más extendidos en el toreo, el cuento de que le fue entregado a Palomo Linares el rabo de un toro por “un estúpido nacionalismo”, argumento que usó hace muchos años Pancho Lazo en forma equivocada, engañando a sus lectores haciéndoles creer que el rabo entregado a Palomo fue para demeritar el triunfo de Curro.

Nada más falso.

Lazo ocultó la realidad de lo sucedido esa tarde en la que Curro, después del triunfo de Palomo, le peleó en el último toro de la tarde realizando una faena del más puro clasismo y cortando dos orejas a pesar de un pinchazo, algo inusitado en Las Ventas como inusitado fue el rabo otorgado a Palomo por su extraordinaria faena.

Muy tarde tratemos de encontrar la verdad sobre las mentiras de Lazo que hicieron escuela y todavía se las creen muchos taurinos malamente, tomemos como guía la reseña y las fotos de la corrida publicadas por El Ruedo, semanario de gran prestigio y credibilidad.

Nos cuenta El Ruedo que Palomo en su primero, segundo de la tarde de nombre “Clavijero”, lo toreo por naturales y pases de trinchera ligados con molinetes. Toda la faena fue por naturales, limpios, serenos, tranquilos con el “desahogo grande del pase de pecho” rematando su faena con dos trincherazos contundentes previos a una estocada desprendida.

A petición popular le concedieron dos orejas.

Curro Rivera en el tercero de la tarde, su primer toro de nombre “Cigarrero” le da la réplica saludando al toro con cinco verónicas templadísimas sin enmendar y cierra con “media de suave armonía”. Con la muleta empieza Curro con estatutarios pases por alto. El momento sorpresivo que provocó la aclamación pública la provocaron “unos circulares sin enmendarse en que tres veces pudo sin mover los pies, constituirse en el eje de la embestida” siguió Curro con series de naturales perfectos como prólogo de media estocada de efectos culminantes, provocando la aclamación popular y la exigencia de las dos orejas.

Hasta aquí los dos toreros actuaban en igualdad de circunstancias por las orejas cortadas, no así por el impacto de las faenas. Curro había conmocionado al público con los “circulares” que por primera ocasión ejecutaba en Las Ventas. En México, estos muletazos que desataron toda clase de polémica, los conocíamos con el feo mote de “circurret”.

Sale el quinto de la tarde, segundo de Palomo de nombre “Cigarrón” y, en franca réplica a Curro, recibe a su toro toreando a la verónica con gran temple, erguida la figura,

curro-y-palomo-gloria-ventec3b1a.jpeg
Curro y Palomo en 1972, gloria venteña.

toreando y caminando hacia los medios. Con la muleta, aprovechando la bravura y nobleza de “Cigarrón”, con gran decisión, lo torea de rodillas “con la misma soltura, mando y perfección que los mejores que se hayan dado de pie. La faena fue una maciza obra de arte en que el toreo más puro y más moderno se terminaron fundiendo como solamente se funden en los momentos de inspiración máxima. Una faena para guardar en el recuerdo.”

El final dramático conmocionó al público.

Palomo citó a recibir pero “Cigarrón”no acudió al cite, entonces, al encuentro, Sebastián se tiró a matar o a dejarse coger, dejó media estocada, salió prendido por el muslo y levantado en el aire.

El toro dobla y se produce una conmoción de entusiasmo de las que se ven pocas veces en la vida taurina y la plaza “exigió la rotura de normas y tabúes, obligando al Presidente a otorgar las orejas y el rabo”, aquel hombre al que se le terminaría haciéndole renunciar al día siguiente. He ahí uno de tantos hitos.

Era evidente la rivalidad y “pique” entre dos toreros jóvenes.

“Pitito”fue el último toro de la lidia y le tocaba a Curro.

¡Qué difícil remontar el rabo cortado por Sebastián!

Pero Curro tenía todas las armas para triunfar: juventud, creatividad plena con su toreo psicodélico muy a tono con la época que le tocó vivir, pero sobre todo, tenía las enseñanzas del toreo clásico que le enseñó su padre, el gran Fermín Rivera, y de esas enseñanzas hecho mano Curro para triunfar con “Pitito”, sin abandonar por momentos su toreo “psicodélico” del que era dueño y señor.

El anónimo cronista de El Ruedo, después de hacer una detallada crónica de la faena, la resume con este juicio: “… con el toro que tenía más respeto… Curro realizó la faena más clásica, más arriesgada, seguramente más maciza, dentro de la sobriedad elegante de los redondos y pases de pecho en línea, creciente de perfección. Después de un pinchazo y una estocada en buen sitio, el público embalado por el triunfo de los toreros, exige unánimemente las dos orejas para Curro.

De esta corrida, hay y habrá mucha tela para cortar; quise agregarme a la opinión muchos aficionados para aclarar algunos temas, sin descartar seguir platicando sobre esta eterna polémica.

Saludos y abrazos para toda la Afición envío desde Coeneo, Michoacán.

Twitter: @TorosyToreros72.

La Revolución Riverista entronizó, tras su paso por Madrid, a Curro Cumbre, Emperador Azteca del Toreo.
La Revolución Riverista entronizó en 1972, tras su paso por Madrid, a “Curro Cumbre, Emperador Azteca del Toreo.”

Opinión: ¿Qué tienen los toros de Miura para ejercer esa atracción fatal en los públicos?

La Revolera – Imposible por no ser posible:

Por Paco Mora.

Como “imposible, por no ser posible”, habría definido la “miurada” de esta tarde en Las Ventas, Pepe Conde, el mozo de espadas de Ignacio Sánchez Mejias, según su inveterada costumbre cuando trataba de excusar la presencia de su matador en cualquier acto o invitación.

Los toros del hierro de Zahariche no han sido ni buenos ni malos ni regulares; han resultado sencillamente imposibles. Verdaderas fieras corrupias ante las que Rafaelillo, Pepe Moral y Román se han jugado el tejido subcutáneo, la safena y la femoral sin la más remota posibilidad de éxito. A pesar de ello y de que los aficionados y espectadores de ocasión saben perfectamente que los Miuras son como son y que salgan de otra manera es pura casualidad, ha faltado un “tris” para que se colgara en las taquillas el cartel de “No hay billetes”.

¿Qué tienen los toros de Miura para ejercer esa atracción fatal en los públicos?

Sencillamente historia. Historia trágica pero historia al fin y al cabo. La tragedia también tiene su poesía y por ahí andan para “in saecula saeculorum” los versos y las canciones populares que recuerdan la muerte de los toreros que cayeron sitiados por un miureño, hasta llegar a la tarde de Linares en la que Manolete perdió la vida entre las astas de “Islero”, un toro que hoy no pasaría en una novillada de una plaza de tercera ni por edad, ni por peso ni por trapío.

Bueno, pues con ese material han estado realmente heroicos el murciano, el sevillano y el valenciano. Solo el segundo se ha equivocado dos o tres veces aunque siempre con violencia y por arriba y ha estado a punto de engañar a Moral, que, como le sobra valor, se la jugado a cambio de algunos muletazos de alto riesgo.

Mucho merito tiene Rafaelillo que, pese a conocer bien el material, ha probado todo lo posible con su primero y ha estado a punto pagarlo caro, pues el zaleo que le ha propinado el prenda ha sido impresionante.

Román ha intentado olvidarse donde pastaron sus dos regalitos y ha querido tratarlos como si fueran adversarios de calidad. Ha pasado las ducas, como sus dos compañeros de cartel, ante la impasividad de un público, que solo había ido a la plaza esta tarde para comprobar “in visu” la mala uva de los toros con la leyenda más negra de la ganadería brava española.

Publicado en Aplausos

San Isidro’18. XIX de Feria. Corrida de las Seis Naciones

Por José Ramón Márquez.

“La corrida de la OTI” la bautizó con acierto el aficionado R. “La corrida de las seis naciones” es el título colocado por el ingenio Dombiano a este inexplicable cartel del cual lo único que resplandece es su baratura, que la gran apuesta de Domb era la de ver cómo hacer para poder dar otra corrida que a él le salga a precio irrisorio y que le reporte beneficios copiosos. El invento consiste en traer a seis matadores de toros: un francés, un colombiano, un español, un peruano, un mejicano y un venezolano a matar un toro cada uno y colocar en las balaustradas de las salidas de los tendidos altos unas banderas de los correspondientes países, y con eso ya tenemos liada la corrida de la OTI. Faltaba la representación portuguesa, que bien podía haber venido de la mano de Palha, pero prefirieron irse al Puerto de la Calderilla en Salamanca a traerse un saldo ganadero de El Pilar, que les habrá salido bien apañadito en precio, caracterizado por las carencias de los toros en cuanto a presencia y trapío. Sin circunloquios, lo que El Pilar trajo a Las Ventas fue impropio de la Plaza, y es chocante que los eminentes profesores veterinarios que con tanto esmero se aplican a la evaluación de las reses, que el año pasado se vieron impelidos en aras de su deontología profesional a que no se lidiase completo el encierro de Rehuelga, hoy hayan aprobado esas cinco cabras y esa bola de sebo que, dicho de manera harto abreviada, es la corrida de esta tarde, sin entrar en lindezas.

Los de Plaza1 deben tenerle afición a esto de El Pilar porque el año anterior, el primero de la era Dombiana, la primera corrida de los varios hierros que están en manos de todo ese conglomerado familiar salmantino apellidado “Fraile” fue precisamente una de El Pilar. Y hoy, a repetir un año más tarde y aprovechar lo del señuelo de las seis naciones para enviar a la capital seis que pasaban por allí. El programa avisa de que en esto de El Pilar hay un certero blended entre los coquillas de Fonseca y los juampedros de Domecq y ahí hay tema como para echar la tarde intentando ver qué hay de los unos y qué hay de los otros en aquello que corretea por el ruedo, y lo que pasa es que luego te distraes con lo de que no les piquen y ya ni te acuerdas de Fonseca, ni de Domecq y al final el que está de espectador sólo se queda con lo de la mala presentación y los toreros con lo de la mala colaboración, y entiéndase esto último como la poca inclinación a correr tras el trapo que se les presenta de manera perruna y obediente.

El primero que salió a torear fue Juan Bautista, en representación de Francia, del cual podemos decir sin temor a equivocarnos ni a mentir que no hizo en su toro nada digno de ser reseñado. Bien es verdad es que el toro era un soso y un aburrido, pero tampoco las acciones de Juan Bautista estaban orientadas por una neta decisión de poner él lo que el toro no ponía. Se pasó el rato, por cumplir el expediente y el francés se embarulló con la cosa del estoque y se volvió a entre barreras como si no hubiese estado en la Plaza.

Bolívar, que venía en representación de Colombia, estuvo aseado con el capote y al inicio de su faena de muleta, cuando toreaba por ayudados por alto, fue derribado y zarandeado en el suelo por el del Pilar, que se llamaba Jacobo, como el hermano del Duque de Alba, y que portaba marcado a fuego el número 114. Este toro sacó sus cositas que no fueron del agrado de Bolívar, lo primero porque parece que no acabó de recuperarse del susto que le metió el toro mientras estuvo en el suelo a su merced, y lo segundo porque ahí le esperan a la vuelta de cuatro días los albaserrada de Pepe Escolar, que es un reto más serio que el de las seis naciones. Por unos breves momentos pareció que Bolívar daba el paso adelante y hubo tres redondos que tuvieron buen son, pero la verdad es que la condición complicada del toro no fue suficiente acicate como para que Bolívar decidiese entrar en la pelea. El toro miraba mucho y se revolvía y Bolívar, ya definitivamente fuera de la corrida, acabó con él dejándole una estocada baja.

En tercer lugar ahí tenemos a Juan del Álamo, español y mirobrigense, del cual recordamos que el año pasado abrió la Puerta Grande de Madrid, sin que fuésemos testigos de dicho momento de éxito por no haber estado en la Plaza ese día. Su propuesta para hoy consistió en un sacarse al toro a los medios medio flexionando la pierna y en tomar las precauciones oportunas para mancharse lo menos posible el vestido blanco que traía, lo cual quiere decir que toreó de manera extremadamente despegada, muy por las afueras, llevando al animal con el pico de la talega. Le jalearon los consabidos muletazos empalmados, como ya va siendo tradición en esta Plaza, y luego se cambió la muleta a la izquierda donde lo intentó sin lucimiento. Cuando volvió al toreo en redondo el toro había cambiado, parándose tras cada pase, con lo que ni empalme ni aplausos. Y de matar, echándose afuera por dos veces y dejando el estoque a ver dónde cae.

Pasado el “ecuador de la corrida”, lo cual nos viene bien para decir que no tuvimos en este Festival de la OTI ningún toreador ecuatoriano, es decir Guillermo Albán, que es el único que nos suena de los de por allí, llegó el momento de Joaquín Galdós, del Virreinato del Perú. Al toro le puso Campanero el mayoral, y le marcó con el número 60, aunque le habría valido mejor el nombre de Goliat, porque era un grandullón gordinflón que demandaba un nutricionista a su lado más que un torero. El bicho iba a la muleta como el que va a por un Whopper a la hamburguesería, que hay hambre y eso es alimento, sin ilusión ni entrega y arrastrando sus lorzas. Tampoco Galdós dio esa impresión de que si no embiste el toro, embiste él, y más bien ofreció una imagen de si mismo acomodaticia y poco ambiciosa. Inició su faena con los ya consabidos pases de rodilla flexionada y entre medias dejó un cambio de mano y una trincherilla de buen aroma, siendo eso lo más señalado de su toreo en esta tarde. Con el estoque, mal.

Y en esto llegó el quinto, que “no hay quinto malo”, cuya muerte correspondía a Adame II, Luis David. El toro, con el número 59, atendía por Cotidiano, como el “panem nostrum” y tampoco fue el entregado y repetidor torito que Adame hubiese soñado para su trasteo. El animal nunca fue obligado por su matador, que buscaba lo que buscaba, esto es la maldita repetición de la embestida, para poder tundirle a muletazos. Como no se dio, la faena no fluyó y aunque el hidrocálido consiguió recabar algunos aplausos cuando se produjo el empalme, y aunque se tiró a matar con fe en clavar el estoque hasta la gamuza, sus argumentos no fueron suficientes como para que naciese una petición, inmerecida a todas luces, sin que ni siquiera el indecente chantaje que los benhures de la mula ejercen casi diariamente contra la Presidencia tuviera efecto. Luis David dio una vuelta al ruedo, que es un hermoso galardón en peligro de extinción. Se me olvidaba decir que no fuimos capaces de saber el color del vestido que portaba, que quedó perfectamente definido por la aficionada T. como “faja de señora mayor y oro”.

Y como colofón el venezolano Colombo, que en dos días es la segunda vez que le vemos. El toro, Medicillo, número 59 fue picado de pena por Andrés Nieto, quedándose Colombo con la cosa de las banderillas donde reiteró lo visto el día precedente en cuanto a que un matador no debe tolerar que los peones le “aparquen” el toro, que debe esa ser una labor del propio espada si decide banderillear. Puso tres pares, en el primero de los cuales tomó el olivo, y como la colocación de las banderillas del tercero, par al quiebro por los adentros, no fue muy correcta, decidió poner otro más, pura rabia, en el que rompió una de las banderillas, de la fuerza con la que las clavó. Colombo presentó un aire bullidor, muy en novillero con ganas, adoleciendo de muchos de los defectos contemporáneos en cuanto a colocación. En el remate de una serie, en un pase de trinchera, el toro alzó la cara y le arreó un golpazo en la mandíbula con la pala del pitón que fue como el K.O. de Mike Tyson a Tony Tubbs y Colombo se fue a la arena desplomado. Tras unos segundos se reanimó y volvió a la cara del toro a manifestar sus ganas de agradar y como mató de estocada entera con su habitual facilidad las gentes pidieron una oreja, que el usía no concedió con buen criterio, y finalmente el joven torero venezolano dio una vuelta al ruedo, la segunda de la tarde, que eso sí que es raro de ver.

La cosa del olivar entre el peonaje se la llevó de calle hoy El Pilo, que tomó el olivo dos veces de dos pares, aunque bien es verdad que en el segundo de ellos no había nadie en su sitio a hacerle el quite y tuvo que ser el alguacil quien distrajera al toro con las plumas de su sombrero. José Manuel Más también optó por tomar el oprobioso olivo banderilleando al quinto.

Salmonetes ya no nos quedan

San Isidro: La ONU taurina llega a Las Ventas

Por Fernando Fernández Román.

Era un experimento. Un ramalazo de genialidad, de buscar la novedad. Lo nunca visto, o casi nunca; en suma, un aliciente más, un pimiento del piquillo picante, para reavivar la cartelería maratoniana de esta feria de San Isidro. Dígase lo que se quiera, no se puede negar que, en principio, lo de la corrida de las Seis Naciones cayó bien. La ONU taurina se presenta en Las Ventas. Era una curiosidad que apetecía descubrir y discernir, llegada la hora. Y la hora llegó: las siete de la tarde del jueves del Corpus Christi, al tiempo que, a menos de una hora de camino en coche, se celebraba una corrida de toros de postín. Lo diré con letra de sevillana lenta de Chiquetete: A la Puerta de Toledo…/ en el mismo sitio (su plaza de toros) y a la misma hora, cuatro toreros, Morante, El Juli, Talavante y Álvaro Lorenzo, llenaban el coso de la imperial ciudad y se entretenían en cortarles ocho orejas a los toros de Garcigrande.

Tan brutal competencia hizo que los graderíos de la Monumental de Madrid se cubrieran solo en sus dos terceras partes. Impresión final: no carburó la novedosa corrida. Un solo toro para seis matadores, entraña el riesgo de que los toreros traten de dilatar al máximo su única intervención (lo cual puede acarrear, como así fue, una rociada de avisos). También comporta una pequeña ceremonia de la confusión, cada torero llevaba a sus órdenes un picador y dos banderilleros, pero como uno de estos últimos se encarga de la brega durante el segundo tercio, se tiene que echar mano de otro del siguiente espada, para cubrir el expediente. Total, que la inmensa mayoría del público, incluido el grueso de la conspicua afición, no se enteró bien de quien colocaba los palos en la tarde de ayer.

Banderas por doquier, en las bocanas de acceso a la gradería descubierta y también en los propios tendidos, en un ejercicio cromático y visual de fervor patriótico, esta vez un poco forzado por el marketing –bien dirigido, por cierto—del departamento pertinente de la empresa.

En efecto, a las siete y unos pocos minutos iniciaron el paseíllo una formación inusual de toreros, a saber: Juan Bautista (de Francia), Luis Bolívar (de Colombia), Juan del Álamo (de España), Joaquín Galdós (de Perú), Luis David Adame (de México) y Jesús Enrique Colombo (de Venezuela). Seis naciones taurinas en liza, con sus correspondientes embajadores plenipotenciarios (o no). Y en chiqueros, seos buenos mozos de El Pilar, ganadería salmantina (traer cada cual su toro “nacional” debió complicar mucho las cosas, pero todo se andará). La disposición jerárquica que, según el orden de antigüedad de los toreros, ofrecía el cartel obliga también a una exposición cronológica de lo ocurrido; por tanto, me olvido por esta vez de invocar al estro literario y me doy complacido a la tarea de utilizar el género periodístico del “toro por toro”, que con tanta fortuna manejaban los revisteros de antaño, para lo cual, me complace reestrenar mi seudónimo, solo sacado del armario en casos excepcionales. A ello voy:

Primer toro, Dudoso de nombre, castaño de pelo 551 kilos de peso, de correcta presentación, aunque mas bajo de agujas que los estereotipos de esta ganadería. Mansea en varas. Brega eficazmente de capa Rafael González y Gustavo García (de la cuadrilla del torero siguiente) le coloca un buen par de banderillas. Aprieta en uno de los puyazos, poro no tarda en echar el freno en el tercio final. Juan Bautista torea de muleta con soltura y buen oficio. El toro pega arreones y no termina de pasar. Poco que hacer. Pincha una vez, a continuación otro pinchazo horrible, media caída y descabello. Silencio.

Segundo toro, negro mulato, Jacobo de nombre, y como tal resultó ser un jacobino de tomo y lomo, porque revolucionó la lidia en pocos minutos. Los 549 kilos de peso, bien repartidos por su equilibrada anatomía. Luis Bolivar lo torea a la verónica con buen porte, y saca dos lances excelentes. Se arranca al caballo de picar desde gran distancia (unos 20 metros), pelea metiendo los riñones y le pegan duro. En la segunda vara también aprieta, pero le pegan menos. Bolívar inicia el trasteo confiado, y cuando trata de dar un pase en redondo con la mano diestra, el toro se acuesta por ese lado, le prende, voltea y busca en el suelo, rompiéndole al torero los bullones de la camisa y le saca la pañoleta a pasear. Tremendos instante de incertidumbre, porque los pitones rondaron el pecho, la espalda y el cuello del colombiano, a merced del toro de El Pilar durante angustiosos segundos. Se levanta Luis Bolívar sereno y valiente, mostrando al toro la muleta que maneja con la mano izquierda. Brotan los naturales armoniosos, todo lo que permite una embestida encastada y buscona del toro. Más con la derecha, encarrilando mejor al animal en el trapo rojo. Pases de pecho profundos y ceñidos. Adornos finales. Escocada algo caída. Aviso y silencio. Mereció una ovación cerrada el torero, porque tuvo mucho mérito su labor, dadas las condiciones del toro de El Pilar.

Tercer toro, cinqueño, Liebre de nombre, castaño de pelo, 515 kilos, también bajo de agujas. Le pican poco. Embistió con viaje desmotivado, evidenciando también bajura de casta y escasa codicia. Juan del Álamo realiza una larga faena, deseoso de sacar el máximo partido al animal. Algunos pases al natural le salen estimables y los de pecho, también. Pinchazo y más de media al encuentro. Aviso y silencio.

Cuarto toro, de nombre Campanero, 601 kilos, rabilargo. Recibe un puyazo al relance de un capote, empujando con poder y otro metiendo abajo la cabeza en el peto. Luis David Adame, en su turno de quites, realiza uno muy vistoso por navarras. El Pilo coloca dos buenos pares de banderillas y el peruano Joaquín Galdós escenifica un precioso comienzo de faena, por abajo, flexionando la pierna. Dos series con la derecha que permiten ver la nobleza del animal y alguna de naturales de bella traza, se logran a la voz y con toques precisos, aunque no consiguen calar en el público. El toro es noble, pero soso. Mal con las espadas, pincha tres veces, pone media estocada y descabella al segundo intento. Dos avisos y silencio.

Quinto toro, Cotidiano de nombre, cinqueño, de 535 kilos de peso, negro bragado y muy astifino. Se deja pegar en varas, metiendo los riñones en dos entradas. Exhibe movilidad en los tercios siguientes, aunque lleva la cara alta y los pitones por encima del estaquillador de la muleta de Luis David Adame, muy inteligente y sereno, le saca el máximo partido, midiendo tiempos, alturas y distancias. Los pases en redondo con ambas manos no pueden completarse como quisiera el torero porque el toro se frena en la salida de los muletazos. Las bernadinas ajustadas de final de faena son injustamente afeadas por un sector de público. La casta que le falta al toro la pone el torero. Estocada entregándose. Petición de oreja y vuelta.

Sexto toro, atiende por Medidillo, es negro y pesa 562 kilos. Lo recibe Jesús Enrique Colombo con dos largas cambiadas de rodillas en terrenos de tablas del 10 y con unos salerosos lances del delantal.

Empuja el toro en varas y Colombo quita por chicuelinas. Banderillea con su proverbial espectacularidad, pero marra en el par al quiebro, prendiendo los palos en la paletilla del toro. Pide colocar un tercer par y parte del público le abronca, en gesto de absurda impertinencia. Por fin coloca otro al cuarteo, exhibiendo sus facultades físicas, porque el toro arrea en este tercio. Muy encastado y con movilidad, este toro fue el mejor de la desigual corrida enviada por Moisés Fraile, y posibilitó algunas fases lucidas del joven diestro venezolano, todo voluntad y ganas de agradar. La contundencia de su espada precipitó una tibia petición de oreja, desatendida por el presidente. Dio la vuelta al ruedo.

Consideraciones finales. Casi todos los toros fueron protestados de salida. Ignoran los protestadotes el perfil fenotípico de estos toros, generalmente no “rematados de atrás”, pero muy ofensivos por delante. Luis Bolívar se mostró cuajado, artista y valiente. Mereció una mejor respuesta del público, después del trance terrible que sufrió, del que salió milagrosamente ileso. Adame (Luis David) sale reforzado de Madrid y Colombo queda a la espera de más reposo y una nueva oportunidad.

La tarde fue soleada y fresquita.

Publicado: República