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Opinión: El animalista inhumano


Por Ignacio Blanco.

Hace un año que falleció Victor Barrio y hace unos días fue Iván Fandiño. También nos dejó en 2017 Adrián Hinojosa, un niño de 8 años, al que el cáncer interrumpió su inocente vida y cuyo deseo era ser torero. No puedo llegar a imaginarme el sufrimiento de unos padres enfrentados a la enfermedad y muerte de su hijo, azotados durante ese trance por los indeseables animalistas inhumanos, una nueva clase social que pretendiendo amor a los animales desean la muerte a los seres humanos.

Dijo Schopenhauer que el hombre, en el fondo, es un animal terrible y cruel, en referencia a que ese fondo queda oculto por la domesticación a que nos somete la educación recibida del entorno social en el que nos desarrollamos. Un entorno social que nos trasmite como pilar básico el respeto por los demás. El respeto a su vida y su integridad, pues el ser humano como ser social, requiere de la vida en comunidad para sobrevivir y desarrollarse. Una vida social que no puede basarse en la constante agresión para lograr objetivos personales, pues estos pueden ser más altos y se obtienen con un menor coste, cuando los mismos se logran mediante la colaboración voluntaria.

Este principio liberal, básico de nuestra civilización, parece no haber sido asumido por los animalistas inhumanos. Se extiende peligrosamente el deseo a la muerte del semejante para tratar de solucionar problemas o frustraciones personales, muy propio del darwinismo social, que estos fundamentalistas del derecho animal critican cuando se da en ámbitos no relacionados con el animalismo. La competencia entre especies ha desaparecido en el caso del ser humano y esta es la razón por la que el hombre evoluciona sólo contra sí mismo, pues no hay animal en el mundo que le plantee competencia alguna. Unos compiten por dinero, otros por fama, otros por alimento, otros por la defensa de los animales y en esta lucha, en algún momento, alguien rebasa la línea roja deseando la muerte del otro, símbolo extremo de competencia.

El ansia de protección de los animales y el deseo de que estos sean tratados dignamente es encomiable, pero sólo hasta el límite de la dignidad del propio ser humano. Algo que parece comienza a cuestionarse incluso en el ámbito penal, donde ya existen casos de condenas a penas de prisión por maltrato animal, algo que el propio Karl Marx consideraría una aberración. Esta extraña evolución del derecho penal de salón de té, podría llevar en breve a que se considere genocidio la actividad de los mataderos, que exista una policía local para constatar el trato que los hamsters reciben de nuestros hijos o se decrete el derecho a una renta social para palomas cuyo sustento no está asegurado en la ciudades actuales.

Vivimos una sociedad adormecida en una ensoñación de ausencia de dolor, esfuerzo o problemas, en la que nuestros deseos se convierten en necesidades y estas en derechos. Una sociedad en la que una lata de comida para gatos es más cara de una lata de atún para consumo humano. Una extraña sociedad que enloquece con sus animales domésticos a los que en ocasiones trata mejor que a sus propios hijos. Una sociedad que cree vivir un cuento de hadas, en la que como refiere Clarasó en su Asesino de la Luna «El ser humano es incomprensible para los otros seres humanos; solo algunos animales domésticos le comprenden. Pero estos no escriben sus memorias y no se sabe lo que piensan del hombre».

Es incomprensible como el supuesto amor a los animales lleva a algunos a ser peores personas. No hay sentimiento más despreciable que desearle la muerte a otro ser humano, pero el simplismo o la debilidad mental de estos indeseables, les lleva a aliviar sus frustraciones deseándole la muerte a un niño.

No soy aficionado al toreo, no lo comprendo, no disfruto con el espectáculo de la tauromaquia, asistí en una ocasión a una corrida y no me gustó, pero no me genera el completo rechazo que me producen las manifestaciones y actitudes de aquéllos, que considerándose amantes de los animales, le desean la muerte a otra persona y me produce asco cuando lo desean a un inocente niño de 8 años, que ni siquiera llegó a cumplir su sueño de ser torero.

Me pregunto quién respeta más al animal, ¿el torero o el animalista inhumano?. Esta pregunta sólo puede ser respondida desde la perspectiva del riesgo que asume cada uno en su propósito.

En este sentido, resulta evidente que es el torero quien respeta más al animal, pues es éste el que se expone a morir. No me imagino mayor respeto que ofrecer la vida en un propósito. Exponer tu vida, arriesgarte a no volver a besar a tus hijos, verlos crecer o amarlos, supone otorgar un poder al animal, que ningún animalista comprende. Supone elevar al Toro a la categoría de ser humano, cuando este puede acabar con la vida que presentas frente a sus astas. He tratado de imaginar que pretende el torero, y me resulta evidente que no es el hecho de la muerte del toro, si así fuera, no sería necesario exponer la vida en ello, bastaría con entrar en una finca con un fusil para lograr tal objetivo. Sin conocer a ningún torero, creo imaginar lo que lo mueve, es el propio hecho de exponerse a la muerte sin quererla, pero sin rechazarla, de experimentar la vida en ese hilo de tierra que la separa del avismo de la muerte, un territorio que pocos recorren, pero que se me antoja de una extraordinaria fuerza. En los entornos de seguridad en los que vivimos actualmente, en los que nadie asume ningún riesgo, todos los problemas han de sernos solucionados por otros, frente a esas aburridas vidas que parecen rodar todas sobre la misma huella, la tauromaquia se me antoja como uno de esos reductos en los que puede suceder cualquier cosa, hasta la muerte.

En el caso del animalista inhumano, resulta evidente que no respeta más al animal que el torero. El animalista inhumano no arriesga nada en su defensa. Su mayor esfuerzo es sentarse en el retrete y trolear desde una cuenta anónima de twitter con su iPhone anticapitalista, deseándole la muerte a un torero o a un niño. Si no arriesgas nada por la causa que defiendes ¿tiene esa causa algún valor, cuando el torero arriesga la vida en su lance con el toro?.

Son estos animalistas inhumanos, estos débiles mentales, los que en su incoherencia vital se oponen a la pena de muerte, dictada por un tribunal estadounidense, pero al mismo tiempo la desean a sus semejantes cuando son ellos el jurado de su propia causa animal.

Por otro lado, cuesta entender como pretenden estos animalistas inhumanos salvar al toro de lidia sin el toreo, pues estoy convencido de que estos animalistas inhumados no dedicarían un minuto al mantenimiento de estos formidables animales, salvo que sea con el esfuerzo y el dinero de otros.

En fin, como dijera Bertrand Russell «los animales son felices mientras tengan salud y suficiente comida. Los seres humanos, piensa uno, deberían serlo, pero en el mundo moderno no lo son, al menos en la gran mayoría de los casos» y los animalistas inhumanos nunca llegarán a serlo porque la vida de un ser humano nunca estará por debajo de la vida de un animal.

Publicado en Gaceta

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@Taurinisimos 116 – Madrid, Mejores Faenas. Fandiño en Mont de Marsan. Adiós Gregorio Sánchez.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 23 de Junio de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina.

Resumen, Mejores Faenas, Madrid 2017.

Gines Marín, Enrique Ponce, Alejandro Talavante, Juan del Álamo y Sebastián Castella. Ganaderías Alcurrucén, Victoriano Del Río, Conde de Mayalde y Jandilla.

Recuerdo de Gregorio Sánchez, fallecido esta semana.

Iván Fandiño en Mont de Marsan en 2014, corrida de La Quinta.

Recuerdo infancia de Iván Fandiño (EITB).

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 30 de Junio de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

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Opinión: Los toros sin tiempo

¿Especies que desaparecen?
Por Luis Martínez.

Cualquier extranjero que visita España y acumula alguna lectura de Hemingway siente la necesidad de poner un pie en una plaza de toros. Lo recomienda la Lonely. Los más atrevidos, después de manifestar la pena que sienten por el animal, dan un paso más allá y allí que se plantan. Al sol. Mi experiencia como anfitrión siempre es la misma: más allá del tercer toro, no hay manera. Ni con pipas, que también les llaman mucho la atención. Y no por piedad, o no siempre, sino por puro y simple aburrimiento. 

Digamos que la experiencia turístico-antropológica soporta un límite de repeticiones y un número finito de comentarios sobre la mística del albero. Los estándares de entretenimiento desde que se inventó la MTV casan mal con el rito solemne y algo ridículo de una actividad que, por definición, es alérgica al paso del tiempo. Es más, ésa es su única razón de ser: vivir fuera del tiempo.

El problema es que el tiempo es un misterio -además de ministerio- implacable. De hecho, como bien intuyó el insustituible Joaquín Vidal, gran parte de la pérdida de popularidad de los toros es consecuencia directa del empeño de algunos de modernizar, de explicar, de introducir en el tiempo lo que, sencillamente, es antiguo, inexplicable y anacrónico. Cada vez que una figura habla de toreo moderno, malo. En otras ocasiones, la moda, como el fenómeno que define precisamente el tiempo de la modernidad (Georg Simmel dixit), hace presa en la Fiesta. 

Y siempre acaba mal. Tiempo atrás, en los años 80, San Isidro se llenaba de señores con un clavel en la solapa y un gin-tonic en la mano. O al revés. Hasta la izquierda conspicua veía algo atávico y placentero al hecho de declararse taurina. Cosas del melodrama almodovariano que vivíamos. Ahora, el furor antitaurino en red ha hecho que el lado contrario abrace una fe inédita en Cúchares por el placer carpetovetónico de hacer equipo. Cosas de este tiempo.

Hoy se anuncia y desanuncia, según un viento ideológico entre Comunidad y Ayuntamiento, que la plaza de temporada que es Madrid dejará de serlo. Los turoperadores japoneses, desconcertados. 

Líos así restan un tiempo que quizá se acaba.

Fuente: El MUNDO

Las Ventas suspende su temporada taurina hasta San Isidro 2018


De SOL y SOMBRA.

La plaza de toros de Las Ventas cerrará en los próximos meses para llevar obras de mejora en seguridad y accesos. 

Por este motivo, la tres partes (Ejecutivo regional, Consistorio y el empresario francés Simón Casas) han decidido cerrar la plaza por un largo espacio de tiempo para comenzar cuanto antes las obras. El gran objetivo, según revela el diario ABC, es que las obras estén finalizadas para la próxima feria de San Isidro de 2018.

De momento, no existe un calendario fijado para la remodelación. Por este motivo, se ve como prácticamente imposible que esta temporada pueda celebrarse la Feria de Otoño. Simón Casas anunció en mayo su intención de celebrar diez corridas seguidas que comenzarían el sábado 23 de septiembre hasta el domingo 1 de octubre. Finalmente, casi con toda probabilidad, tendrá que suspenderse para disgusto de los aficionados.

La Comunidad de Madrid no tiene una fecha fijada para cerrar la plaza y comenzar con las obras. Primero, admiten, tendrá que eleborarse un proyecto y fijar el presupuesto de la obra, que será sufragado por el Gobierno de Cristina Cifuentes. De todas formas, admiten que el cierre será de larga duración y que podría comenzar en cualquier momento de este verano.

Con información de ABC España.

Especial Lunes de @Taurinisimos 115 – Gloria @IvanFandino (1980-2017) ¡Adiós, Torero!

Programa Especial @Taurinisimos de @RadioTVMx del lunes 19 de Junio de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Legado de Iván Fandiño, Matador de Toros.

Repaso por su carrera, filosofía y legado. Paso de Iván Fandiño por México.

Faenas en Madrid, Pachuca, tentadero en Piedras Negras.

Entrevista con Marco Antonio González, ganadero de Piedras Negras hablando sobre Iván Fandiño.

Pasodoble “Iván Fandiño” por Gema Castaño y recuerdo fotográfico, brindis a “El Pana” en la Plaza de Toros, Jorge “Ranchero” Aguilar.

Producción: Miguel Ramos.
Operación: Abraham Romero.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 23 de Junio de 2016 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

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La de la Cultura. Performance con toros de granja en Madrid


Por José Ramón Márquez.

Por fuerza hoy lo del final debe ir al principio. Subíamos por la calle de Alcalá y, llegando a Manuel Becerra, mi acompañante recibe una llamada en su teléfono. Se descompone y se le saltan las lágrimas, le inquiero con un gesto: “A Fandiño acaba de matarle un toro de Ibán en Francia”, me dice. Al final la Cultura era eso, el viejo rito de la vida y de la muerte; no lo de andar marcando posturas con un torete de granja, sino que se te eche encima un toro encastado y te quite el futuro. Estadísticamente es inapelable que la muerte siempre está del lado del toro; lo raro es que pierda la vida el hombre y por eso, cuando tal cosa ocurre, apabulla. Fandiño sacó los pies del tiesto, y acaso otro día hablaremos de qué motivaciones le llevaron a anunciar su Domingo de Ramos en el que se jugó a sí mismo a una carta en una apuesta que acabó perdiendo, cuando vio bien a las claras cómo funciona el tinglado y las nulas oportunidades que tenía de romper la maraña de intereses que atoran el natural fluir de la parte alta del escalafón de los matadores de toros. Fandiño nos metió la ilusión en el cuerpo, la mayor ilusión colectiva en lo que llevamos de siglo XXI, en una corrida irrepetible en la que él solo fue capaz de llenar Las Ventas como hacía muchísimos años que no se veía en un festejo fuera de San Isidro. En el pobre resultado de aquella singularísima tarde perdió Fandiño y perdimos todos los que pensamos que la auténtica cultura del toro es la que se hace jugándose la vida, el físico y el alma frente a toros que no permiten estar “a gusto”. Tengo entre mis libros uno titulado “El día cuatro de agosto de 1947 moría Manolete en la Plaza de Vitoria”, su autor Gregorio de Altube; en ocasiones he fantaseado con Fandiño y la tarde de Resurrección, pensando, al hilo del libro aquél, que Iván Fandiño murió el 25 de marzo de 2015 en la Plaza de Las Ventas. Desde estas páginas se le animó, con la mejor intención, a que cortase su temporada en el año 16 y a que dejase pasar un poco de tiempo para meditar y recomponerse. No hay desdoro en ello. Muchos lo han hecho para retornar con más fuerza. Él o quienes le influían no contemplaron esa posibilidad, y ahora es ya demasiado tarde para saber qué podría haber pasado. Su deslumbrante e ilusionante irrupción en el panorama taurino en el año 11 es el otro gran recuerdo que hoy, en el día de su fin, se nos viene de Iván Fandiño.

Y ahora se hace difícil escribir porque la primera premisa de la corrida de hoy, titulada artera y ridículamente como “Corrida de la Cultura”, estaba concebida sobre la base de la inexistencia del toro como animal ofensivo, inteligente, memorioso y vigoroso, que de la casta ya ni hablamos. Cuando pensamos en Fandiño corneado por un toro de Baltasar Ibán y comparamos con los seis desgraciados que han salido hoy a Las Ventas y cuyas medias canales ya estarán en algún frigorífico, se ve a la perfección que existe un mundo de diferencia y que aunque el espectáculo se llame de la misma manera, apenas tiene nada que ver. Hoy en Madrid habían comprado una redada de Cuvis, de esos cuvillejos de cuya estirpe fue el impar Idílico, muerto en extrañas circunstancias, el alto, el bajo, el regordete, la sardina, el canijo, el donnadie: un control de alcoholemia a la salida del Fabrik, vamos. Y ahí estuvieron los seis cuvis, correteando y proclamando su supina bobería, su falta de ideas y su necia embestida perruna, con el fin de que sus matadores no pasasen otras fatiguitas que las que se derivan del calor sahariano que caía de manera viscosa sobre la Plaza. Y el mayoral, ya lo hemos dicho más veces, con el video grabando la corrida, para verla con el amo en el Grullo en invierno, en las noches de levante.

Para la cosa de la Cultura, además del insustituible octogenario Gárgoris Dragó, empeñado en vestir con T-Shirt, se trajeron a Morante, Cayetano y Ginés Marín, por lo culturales que son los tres.

Morante es más de la cultura ingenieril, de tipo terraplén. Se empeñó en que había que alisar el ruedo de Las Ventas en el que triunfaron Domingo Ortega y Dominguín y Ordóñez y Camino y Bienvenida y Antoñete y Rincón y Tomás y hasta que no se lo pusieron liso el tío no paró. Ahora está liso y tampoco torea ná de ná, o sea que lo mismo lo siguiente es pedir que le hagan un gua. Se plantó el tío en Las Ventas vestido de lingote de Fort Knox, que no cabía un hilillo de oro más en la chaquetilla, chaquetilla de picador bordada como un manto de la Macarena y, eso sí, con los dos pañuelitos de verdad en los bolsillos, como Lagartijo o Bienvenida, un detallazo. 

Apretadito de romana anda el de La Puebla, que eso no es obstáculo para el toreo, y con un capotón descomunal que nada tiene que ver con aquella inolvidable servilleta con la que toreaba Curro Romero, al que algunos insensatos tratan de equiparar a Morante. La verdad es que lo de Morante hay que verlo casi desde la óptica de las sectas o de los conversos: sale el primero, él despliega la manta de cama de matrimonio, le pega un lance al coloradito del que el bicho se va y la Plaza se viene arriba y ruge como si ahí, en ese preciso momento y de esa manera se hubiese fundado el toreo por los siglos de los siglos. En esta vida es mejor caer en gracia que ser gracioso, como dijo aquél. Acaso ni merezca la pena reseñar cómo dejó al toro ir suelto al caballo a que no le pegasen y cómo el burel se pegó por su cuenta una tercera entrada al jamelgo. En banderillas, una novedad de Morante: los seis palos son encarnados, acaso como homenaje al 39º Congreso del PSOE, vaya usted a saber. En banderillas Ginés Marín, pésimamente colocado toda la tarde, se cruza con Lili, estorbándole, cuando venía de parear perseguido por el toro, creando una innecesaria situación de riesgo. El inicio de la faena consiste en Araújo llamando al toro con el capote desde el callejón de manera insistente ante la mirada inocente del alguacilillo. No pasa ná. Morante se compone y traza sus medios pases, con la figura que tiene y que tan bien da en las fotos, se pasa al animal lo más lejos posible, abusa de las ventajas usuales y cobra una estocada habilidosa echándose fuera. Era su segundo de condición mucho menos clara que el primero y si con el primero no lo hizo, con el segundo menos. Y eso que el cuvi era una especie de novillo negro. En los lances de recibo le pega dos verónicas de gran gusto, soltando al toro antes de lo debido, con esa gracia que atesora. Cambiaron el tercio literalmente sin picar al toro y vuelven los peones con las banderillas del 39º Congreso. Comienza su faena por enganchinas, una y otra y otra y otra, que se ve que el toro no colabora, aunque lo que más claro queda es que a Morante lo que le molesta de verdad es el toro, no la arena. Viendo que no hay nada que hacer se demora en la nada por tratar de soliviantar un poco al público, que de broncas también se vive, cosa que consigue. Luego pega un mitin con la espada mientras en el tendido alto y la grada del 5 se produce una auténtica redada de la policía llevándose espectadores, acaso aficionados yihadistas.

Cayetano vino el hombre a dar de sí lo que pudo. La verdad es que cuesta explicar lo mal que está porque ni sabe ni puede estar mejor, y en un honesto rasgo de pundonor pone toda la -poca- carne que atesora en el asador de justificarse. Su primero, el salpicado, era la máquina de embestir. A la distancia que se la pusiera, sin un mal gesto, el bicho iba e iba y Cayetano hacía lo que sabía lo mejor que sabía. El momento mejor de su actuación son cuatro naturales muy denodados, medio quedándose y sin maldita la gracia. Con una estocada habilidosa echándose fuera liquida al salpicado, que se va sin torear. A su segundo lo recibe con unas verónicas rodilla en tierra à sa façon, de nuevo con ganas de agradar. No puede dar más de sí que eso. Iván García pone las banderillas con majestuosidad y Cayetano está el hombre con una toalla de hotel, que le va más que un capote; con la toalla finalmente le hace el “quite de la toalla” a Alberto Zayas. Brinda a Curro Vázquez y quiere que salga, pero Curro sabe bien que él, amónido cosmopolita, de paisano no debe salir a la Plaza, así que el brindis se produce en la boca del burladero del 9. Se va al 6, se quita las zapatillas, por el calor, e inicia su faena de rodillas, como aquella vez en Arévalo. La cosa baja de intensidad cuando se pone en pie y se va llevando al toro a los medios donde apura su trasteo cada vez más a menos hasta que deja una estocada contraria quedándose en la cara y un descabello para finalizar su actuación.

Y Ginés Marín… ¡ay Ginés! Es un torerito pinturero al que falta muchísimo. Su primero, toro de granja-escuela, le saca de la Plaza obligándole a tomar el olivo tirando el capote, que de paso diremos que lo de la capa no es ni mucho menos lo más fuerte de Ginés. Cuando pican al toro el hombre se queda a la derecha del picador, como un pasmarote, de espectador sin que nadie le haya dicho que ahí no debe estar. Le importa un bledo. La faena la inicia con una inspirada fantasía andando con la que se saca el toro a los medios, y luego allí la lía a base de lo de cada día, lo del pico, lo del por las afueras, lo de la pata atrás, y el toro venga a repetir y repetir y las gentes bramando como si aquello fuese grande; si hay que estar bien colocado, él no lo estaba; si hay que torear hacia el terreno de adentro, él toreaba hacia afuera; si hay que quedarse dentro en el final del muletazo, él se quedaba fuera, ligando desde la oreja. Las buenas gentes bramaban como si hubiesen visto resucitar a Lagartijo y Ginés dio fiesta al público ansioso de vitorearle. Tres pinchazos y una estocada delantera y desprendida acaban con el torete y hay quienes hasta le aplauden en el arrastre, entre ellos don Simón el empresario. El sexto es otra cabra que no impone el más mínimo respeto; cuando el bicho se le viene y Ginés resuelve el muletazo con una espaldina de esas de ¡Ay! ya te das cuenta de que no respeta lo más mínimo al toro, lo que pasa es que este sexto no es el tercero el de ir y venir y quedarse él solito colocado, este dice ¡fu! por lo bajinis, pero eso no le interesa a Ginés, que no ha venido al mundo del toreo a resolver ecuaciones, por lo que parece. Para animar un poco le dio las bernardas que no se le pudieron dar a los de Cuadri antes de atizar un bajonazo que hizo que el animal se fuese raudo a chiqueros, para salir bien en el video del mayoral y cantar su mansedumbre de manera patente, antes de recibir dos descabellos con los que se puso el punto final al festejo de la Cultura.

A las nueve y treinta y cinco llegábamos a Manuel Becerra, comentando la corrida…

Publicado en http://salmonetesyanonosquedan.blogspot.mx/2017/06/la-de-la-cultura-performance-con-toros.html?m=1

@Taurinisimos 114 – Polémica Unión Picadores y Banderilleros – Pepe Luis Vázquez Hijo en Granada.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 16 de Junio de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina.

Polémica Unión de Picadores y Banderilleros caso Héctor Cobos en Madrid. Debate con el Subalterno en Retiro, Rafael Romero, invitado.

Imágenes de Alfredo Acosta, Vito Cavazos, Chato de Acámbaro y Efrén Acosta con los Victorino en Valencia en 2001.

Corrida de la Beneficencia en Madrid.
Triunfo de “El Juli” con toro de Victoriano del Río.

Recuerdo, Morante de la Puebla en Madrid, San Isidro 2001 Toro de Pérez Tabernero.

Producción: Miguel Ramos.
Operación: Abraham Romero.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 23 de Junio de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

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La corrida (Miura) del deshonor

Rafaelillo y su Miura. Foto Manolo Briones para NTR Toros


Por Antonio Lorca.

Miura / Rafaelillo, Dávila, Pinar

Toros de Miura -segundo y quinto, devueltos-, desiguales de presentación, muy flojos, muy mansos, descastados y deslucidos; chicos los tres primeros. Primer sobrero, de Buenavista, soso y noble; el segundo, de El Ventorrillo, cumplidor en varas, noble y con clase en el tercio final.


Rafaelillo
: media estocada y dos descabellos (silencio); media trasera (ovación).


Dávila Miura:
pinchazo y estocada caída (silencio); pinchazo y casi entera (división de opiniones).
Rubén Pinar: dos pinchazos y estocada (silencio); estocada y cinco descabellos (silencio).


Plaza de Las Ventas
. Trigésima segunda corrida de feria. 11 de junio. Casi lleno (22.490 espectadores).

El primer toro tenía cara de chavalín; el segundo, era un compañero del cole, y el tercero, escurrido de carnes. Pero eso no fue lo peor. El segundo fue devuelto a los corrales porque a su cara de niño le añadía una evidente invalidez, lo que ya parecía una broma. Y el animal se marchó solo a los corrales, convencido, sin duda, de que había terminado el recreo. 

Los tres últimos parecían los padres de los primeros; aún así, quedó claro que la ausencia de fuerzas no era cuestión de tamaño, sino de familia. Esa y no otra fue la razón de que también acabara en los corrales el quinto, y a punto estuvo de seguir los pasos el sexto. Pero el reloj ya pasaba de las nueve y no era cuestión de prolongar el hastío.

Y hubo más: ningún miura mereció la pena en ningún tercio; muy mansos en los caballos, con la cara siempre por las nubes, desganados en banderillas, y sosos, descastados y deslucidos en la muleta.

En fin, que vaya cierre de feria, menudo colofón y deshonor para ganadería tan señera; un fracaso sin paliativos que no admite disculpa alguna. Imperdonable que salieran tres toros anovillados, y un negro borrón en la historia de la centenaria ganadería por el pésimo juego de la corrida.

Con tal material, es presumible que el festejo fuera desabrido y plúmbeo, a pesar de la buena voluntad de los toreros.

Una cerrada ovación sonó al final del paseíllo en honor de Dávila Miura. Merecidísima. El gesto de matar la corrida de su familia en situación de torero retirado que no se viste de luces desde los Sanfermines del año pasado es una heroicidad que el público le reconoció. Al final, no lidió ningún miura, pues su lote fue el devuelto, pero demostró que la experiencia es un grado y permanece en sus muñecas el sabor añejo del toreo. Se le notó, claro está, la falta de rodaje, lo que no impidió que trazara varias tandas de estimables redondos a su noble primero, con el que dio la impresión de no sentirse cómodo ni relajado. El mejor toro de la tarde -cumplió en varas, acudió en banderillas y derrochó clase en la muleta- fue el quinto. Muy lucido el comienzo por bajo, rubricado con un gran pase de pecho; varias tandas muy toreras con la mano derecha, faltas de ceñimiento, quizá; un manojo de bellos naturales; otra tanda con la mano derecha sin la ayuda del estoque y unos inspirados ayudados por alto pusieron el colofón a una labor criticada incompresible e injustamente por parte del público, en la que el torero -es verdad- no llegó a romperse como se esperaba.


Rafaelillo
se llevó un susto gordo cuando el cuarto le lanzó un derrote a su menudo cuerpo y le produjo puntazos corridos de carácter leve en el muslo izquierdo y la axila derecha. Era un buey con malas pulgas. Y con el primero -tan soso y descastado como noble- se sintió a gusto, como si estuviera firmando un armisticio, de tan cariñoso como era, aunque el calor de la amistad no llegó a los tendidos.

El más perjudicado, Rubén Pinar. Un lote imposible. Decidido y esforzado. Merece otra oportunidad.

Publicado en El País