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Cúchares: Madrid, Sevilla, La Habana…

Por Álvaro R. del Moral.

Nació en los madriles –hoy hace justo dos siglos– y murió en La Habana, hace casi 150 años. Pero se le consideró siempre sevillano y del barrio de San Bernardo, ese vivero torero vinculado al viejo matadero de la Puerta de la Carne sin el que no se pueden entender los caminos, el oficio y las fuentes del arte de torear desde la prehistoria del oficio hasta prácticamente nuestros días. Francisco Arjona Guillén, Curro Cúchares en los carteles, es una de las ramas fundamentales del frondoso árbol del toreo hispalense, injertada en las raíces más hondas del viejo arrabal.

Cúchares era hijo de carcinero y sobrino carnal por vía materna de Curro Guillén, aquel torero legendario que también había velado sus armas en el antiquísimo matadero. Un toro de Cabrera –antecedente remoto de la actual ganadería de Miura– lo mató en la Maestranza de Ronda el 20 de mayo de 1820, dos años justos después del nacimiento de su sobrino. Sus restos se enterraron junto a los chiqueros de la plaza de piedra, en el mismo sitio que se depositaron después las cenizas de Antonio Ordóñez.

Guillén alternaba en aquella tarde infausta con Juan León, ahijado de alternativa y diestro arqueológico que acabó tomando bajo su amparo al joven Curro Cúchares. El aprendiz aprendió las primeras letras taurinas en la efímera escuela de Tauromaquia que impulsó Fernando VII en los corrales del matadero. Su maestro, precisamente, fue el gran Pedro Romero de Ronda, que había reclamado para sí mejor derecho sobre la plaza de director que se había ofrecido en un primer momento a Jerónimo José Cándido. Sabemos que la vida activa de aquella academia de toreros fue breve pero permitió poner en circulación a dos toreros fundamentales como Paquiro y el propio Cúchares, que empieza a saborear las primeras mieles del triunfo bajo la protección de Juan León, que además acabaría siendo su compadre.

En la década de 1840 ya es una figura indiscutible que ha ascendido a la categoría de primer espada. Su competencia con José Redondo El Chiclanero forma parte de la mitología del romanticismo taurino. La pugna entre ambos lidiadores terminó de enconarse en el ruedo de la Corte a costa de la discusión en torno a matar el primer toro de la tarde. Ambos acabaron marchándose hacia el burel empuñando su estoque y el asunto acabó con Cúchares durmiendo en el calabozo. La competencia prosiguió pero la sangre, una vez más, no llegó al río.

¿Qué aportó Cúchares al toreo? El tratadista decimonónico José Velázquez y Sánchez señaló que en él se reunían «la alianza de la intrepidez con la más completa seguridad de ánimo, las alternativas de la agilidad con el aplomo perfecto, las consecuencias de una enseñanza clásica y la feliz inspiración del privilegiado instinto, la gracia que hace al torero simpático a los ojos de la multitud, y el mérito que le recomienda a la estimación de los inteligentes». Su puesta en escena, en cualquier caso, distaba mucho de lo que hoy podríamos entender por un torero clásico.

A Cúchares tampoco le faltaron detractores. Un folleto publicado en Madrid en 1845 señalaba, con cierto aire despectivo, que el torero «salta, brinca, corre, capea, banderillea, mata, descabella, adorna, saluda y zapatillea a los toros». El mismo texto advertía que «no se ha hecho ni se puede hacer más malo o bueno, porque unos aplauden y otros silban…».

Cúchares mantuvo una intensa relación con su patria chica y fue el responsable de la rehabilitación de la hermandad de San Bernardo en los años de su apogeo. Bajo el amparo del torero se logró volver a poner la cofradía en la calle en 1839. Pero el mataor murió lejos de la Giralda. Ya estaba mayor y en franca decadencia cuando aceptó un contrato para torear en Cuba. Y allí marchó sin saber que el Caribe sería su propia Samarkanda. La enfermedad del vómito negro –la fiebre amarilla– lo despachó para el otro mundo en La Habana. Corría 1868, el nefasto año de aquella revolución mal llamada Gloriosa que supuso un auténtico zarpazo patrimonial para la ciudad. Los restos del mítico torero de San Bernardo no pudieron ser trasladados a Sevilla hasta 1885. Desde entonces han reposado a los pies de los dos crucificados de la Salud. Tras la mesa de altar, por un hueco practicable, se puede llegar hasta la lápida del matador. Una inscripción escrita a mano reza que «dichoso aquel que fuera llorado sin dejar en la tierra un enemigo».

Publicado en El Correo Web

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Así vio la prensa la actuación de José Adame en Las Ventas de Madrid

Joselito Adame durante el duodécimo festejo de la Feria de San Isidro. Fernando Alvarado, EFE.

De Toros en Libertad – José Antonio del Moral: Joselito Adame se había hecho un lío con el mejor toro de la tarde, un Acurrucén de alta nota, y con el quinto un toro muy manso, se halló con el que embistió con más celo y más fijeza. Tardó en descubrirlo. Pero una vez resuelto el problema, el diestro mexicano gozó como no lo había hecho desde hace tiempo. A los de siempre no les gustó que de concedieran el trofeo. Pero a los demás que hicieron mayoría casi absoluta, sí. Por cierto, falta le hacía a Joselito que en esta temporada no andaba fino.

Joselito Adame llevaba una temporada desnortado. Uno no sabe a qué se debía porque, Joselito, lo que fue siempre es su gran capacidad. Muy por encima de su estilo. Últimamente, le han salido dos hermanos más altos, más guapos y más adornados por el arte que él. Y creo que eso le tiene – le tenía – desnortado. Oye, que debe ser muy duro que un hermano te moje la oreja. Ayer, aunque tardó, Joselito volvió a descubrir su gran capacidad. Tardó en hallarla, si, pero la halló.

Salmonetes ya no nos quedan – José Ramón Marqués: La verdad es que el pobre de don Jesús María Gómez Martín, Presidente del festejo de hoy, lleva dos días que no da una, el hombre. El otro día la lió con lo de expulsar de la Plaza a un toro que no acometía a los capotes como demostración de su supina mansedumbre, que es una de las condiciones de las reses con la que, a veces, tienen que apechugar los toreros. Y hoy se ha lucido con lo de darle a Joselito Adame la oreja (¿oreja u horeja?) tras un bajonazo de los transitivos, de los que pasan de la mente del toreador y se transfieren de él al toro por el sistema de agarrarlo en los blandos, provocando el desagradable vómito y, para más INRI, haciendo guardia, que para los que de esto no chanan significa que el extremo más alejado del mango de la espada asoma por algún lado de la anatomía del toro. Con esto el joven don Jesús María alcanza en tiempo récord a su compañero don Trinidad, que es el primero que tenemos registrado en la moda de dar oreja al espadazo que hace guardia. Con este bochorno de hoy, cada día uno, con esta orejilla devaluadísima de hoy, lo único que han han conseguido ha sido “poner en valor” como se dice ahora a la de ayer de Castella, meritísima a la vista de los inexistentes méritos de Adame, que obtiene su quinta oreja en Madrid; cinco orejas del río Lethes, que los romanos identificaron con el Sil, cuyas aguas producen el olvido.

Adame volvía a los madriles por segunda vez en la Feria del Isidro. A Óscar Bernal le tocó picar los dos toros de la tarde, al primero de tanda y al segundo estando de reserva. En el primero picó de pena, ganándose la censura del respetable, y en el segundo, un mansazo que le llegó huido del picador de tanda, agarró un puyazo en buen sitio en la puerta de cuadrillas y aguantó con entereza el arreón del manso que le llevó a él y a su cabalgadura hasta el burladero del 6. Adame inició su faena al segundo con una verbena compuesta de cinco del Celeste Imperio, tres del desprecio y uno por alto. Bonito inicio a más y, a partir de ahí faena a menos, nula de colocación y fuera de compromiso, por debajo de las condiciones del toro, que se va sin torear y marcha a esperar su juicio en el Valle de Josafat. Lo del quinto, el de la oreja, es ya como de cámara oculta. Adame se va al toro mandando al tendido la neta imagen de que de la cosa de los terrenos anda pez y de que allí hay alguien que va sin plan alguno, a ver qué pasa. Se pone a torear al manso ¡en los medios! Y el bicho en uno de cada dos se le trata de escapar a zonas de menos conflicto, viendo que aquello no progresa, se lo trae al tercio del 9 y allí, erre que erre el bicho que se quiere ir: el muletazo hacia tablas lo sigue, pero en el que da hacia los medios se le va. Adame sigue la inclinación de animal de nuevo hacia los medios con idéntico resultado que al principio y, de pronto, alguien le dice o él lo piensa que hay que llevarse al bicho hacia chiqueros. Ahí consigue al menos que no se le vaya el toro y allí vende su burra al facilón público de este sábado a base de dejar la pierna escondida, de citar desde la oreja del toro, de estar siempre por afuera y, si acaso, de aplicar cierta técnica no quitando la muleta de la cara para empalmar un cabezazo del toro con el siguiente; al producirse el empalme de los trapazos nace el ya clásico bramido de los que creen que lo está haciendo muy bien y con la degollina haciendo guardia le dan una oreja por una labor deslavazada que hace veinte años no habría sido ni para saludar desde el tercio. La verdad es que al hombre se le veía contento

De SOL y SOMBRA – Luis Cuesta: José ha salvado una actuación que pudo ser desastrosa, si lo tradujéramos en términos futbolísticos, podríamos decir que en tiempos extras.

Ha estado bien con el malo, pero no ha estado a la altura del toro bueno. José como Dr. Jekyll y Mr. Hyde nos ha enseñado las dos caras de su toreo, que consistieron en un toreo sin mucho selló con su primero ante un toro noble encastado que embestía con codicia, casi planeando en su muleta y un toreo con oficio y bullidor ante su segundo, con un manso perdido, pero muy noble y de temperamento muy similar a lo que suele matar en su país, al que finalmente, después de media faena de andar dandole vueltas, se atrevió a dejarle la muleta en la cara para encelarlo y conseguir ligarle unos muletazos rapidillos pero templados, que calentaron a un público entusiasta que le perdonó y le aplaudió todo, hasta una estocada entera pero algo caída.

Seguramente la oreja le supo a gloria a Adame, pero no hay que olvidar que pudieron ser otras dos para su cuenta, si contamos el primero de su lote de Alcurrucén y otro toro de su pasada actuación.

Al final cortó su oreja, que sin duda le dará un poco de oxigeno, pero que sinceramente no tapará una actuación con muchos altibajos en el serial isidril.

La Vanguardia – Javier López: El mexicano Joselito Adame fue otro de los toreros en aprovechar las ya eternas rebajas que cierto público de Madrid mantiene por San Isidro, al cortar una oreja de muy poco peso a un manso, huidizo y deslucido toro de Alcurrucén, al que solamente robó dos tandas a derechas antes de matarlo de cualquier manera.

Porque la espada cayó muy baja, y provocó derrame al animal, que, como no podía ser de otra manera, cayó fulminado sobre el albero, algo que incomprensiblemente entusiasmó todavía más a una parroquia inmersa en una fiesta que ya se ha convertido en toda una “rave” taurina, y que no tiene pinta de finalizar hasta el próximo 10 de junio.

Y no se dan cuenta de que por el hecho de dar y regalar orejas no se mejora el espectáculo, todo lo contrario, lo adultera de tal manera que lo convierte en algo totalmente irreconocible, más todavía en una plaza donde la exigencia había sido, hasta ahora, santo y seña de una afición a la que cada vez le van comiendo más terreno esos otros espectadores más festivaleros y, por supuesto, menos entendidos.

Los mismos que vibraron de forma totalmente desmedida con la labor de Adame ante un quinto manso, huido y remiso a cualquier afrenta.

El mexicano parecía desesperarse, igual que el personal, que veía que se marchaba a casa sin nada que poder contar, de ahí que, tras dos tandas a derechas, en las que el de luces consiguió medio sujetar al manso, llegara la locura, con gente puesta en pie aplaudiendo como si Adame hubiera cuajado la faena de su vida. Y fueron dos tandas, dos, meritorias por sudadas, pero tampoco nada del otro mundo.

Ya está dicho que la espada se le fue un palmo abajo. Dio igual. Como también el aparatoso y desagradable derrame de sangre del animalito, según se desplomaba patas arriba sobre la arena. Los pañuelos no tardaron en aflorar, vistiendo los tendidos de blanco, y al usía (otra vez el mismo que le negó el triunfo a Fortes hace ocho días) no le quedó otra que asomar también el suyo.

Algo todavía más preocupante es que Adame paseó la oreja en una eterna y celebradísima vuelta al ruedo, olvidándose posiblemente del toro que se le había ido en su primer turno, el único con posibilidades del envío, aunque solo fuera por el pitón derecho.

El de Aguascaliente no se acopló en ningún momento con él. Demasiado acelerado y deslavazado, sin acabar de someter al animal por abajo, y haciendo un toreo de inercias, a media altura, sin mando y entre incontables enganchones. Pero así y todo, y tras otra estocada defectuosa, hubo algunos que ya en ese momento hasta se atrevieron a pedirle la oreja. Ver para creer.

Marca – Carlos Ilián: Pero además estos Lozano tienen suerte porque en la mansada se coló un quinto toro, igualmente manso pregonado, al que Joselito Adame se obstinó en torear en el tercio a pesar de que el toro pedía la querencia. En ese empeño de cuajar la faena en el terreno hostil para el toro el diestro mexicano tuvo la habilidad de taparle la salida, metido en el cuello fue ligando sin solución de continuidad hasta lograr derechazos que calentaron a la gente y con un bajonazo calentar la petición de oreja, que el palco concedió a pesar de las protestas.

Y ya no tuvo más historia la tarde porque el propio Adame, con un principio de faena torerísimo en su primero, fue decayendo en un trasteo anodino.

COPE – Sixto Naranjo: El lucero segundo, ancho de sienes y largo de viga, también manseó de lo lindo. Miguel Martín y Fernando Sánchez lo bordaron con las banderillas. Joselito Adame también lo bordó en el inicio de faena. Los estatuarios y los pases del desdén sacándose al toro al tercio tuvieron sabor. A derechas el toro tuvo emoción en sus humillados viajes. Entendió la distancia y la altura Adame, que templó y ligó por este pitón. Al natural no hubo igual entendimiento y la faena no recobró la intensidad hasta las manoletinas finales con las que el mexicano epilogó su labor. La estocada rinconera dio paso a una petición que no cuajó en mayoritaria.

Se protestó la presencia del zancudo y vareado quinto. Muy alejado del trapío de Madrid pese a los dos leños que coronaban su testa. No quiso caballo, se dolió en banderillas y salió suelto después de cada muletazo de Adame. Otro manso de tomo y lomo que peso aún más por la deriva de la tarde. Muy inteligente, el hidrocalido logró ligar los pases. La estocada, caída, y la muerte rápida y espectacular del toro elevó la obra al premio de la oreja que tuvo mayoría de pañuelos y que salvaba in extremis la feria de Adame. Las protestas por la concesión del trofeo acompañaron la vuelta al ruedo con el trofeo.

ABC – Andrés Amorós: He dejado para el final a Joselito Adame. El segundo se crece en el caballo, mete bien los riñones. Parean muy bien Miguel Martín y Fernando Sánchez. El toro repite, con suavidad y nobleza, se come la muleta, transmite emoción. El diestro comienza haciendo la estatua, muestra su oficio pero poco más, la faena va a peor.

En el quinto vivimos el momento más interesante de la tarde. Se le recibe con protestas, el toro se frena, mansea claramente, cocea en el caballo y las protestas aumentan. Un irónico vecino se pregunta: «¿Se devolverá otra vez a un toro sólo por manso?» Gracias a Dios, no se ha repetido. De hecho, el manso, yendo hacia chiqueros, embiste fuerte al picador de reserva. El toro está muy suelto y Adame comienza intentado hacer la faena habitual, con derechazos y naturales, en el lugar de siempre: como es lógico, el toro sigue yendo a su aire y no pasa nada. Mediada la faena, cambia de táctica y hace lo que debía haber hecho desde el comienzo: aceptar que el toro vaya a su querencia, sujetarlo por bajo, pelearse con él; es decir, lidiarlo. Para sorpresa de muchos, resulta, entonces, que el toro sí embiste, saca casta, transmite emoción. Mata bien y corta la oreja. Aunque algunos protesten el trofeo, la mayoría se ha emocionado como si hubiera visto algo insólito. Sin quitarle mérito al oficio y la decisión de Joselito, la realidad es que ha hecho lo que tantas veces ha supuesto un triunfo grande, en Las Ventas: Paco Camino, Capea, Roberto Domínguez, Fernando Lozano, Enrique Ponce, Roca Rey, bastantes más…

La Razón – Patricia Navarro: Jugó, con permiso de la palabra, con el factor sorpresa. Porque la tarde no iba. Y el toro tampoco. Hablamos del quinto, un toraco feo de hechuras y cornalón. De la corrida de Alcurrucén. Y del mexicano Joselito Adame. De un buen lleno madrileño en plena feria. Una feria que cada día respira distinto y que cada jornada Fortes vuelve a la cabeza, por aquella injusticia y otras que nos quedan con dudas. Manseó el toro con ganas, descaro incluso, como si no se avergonzara dentro de su condición de toro bravo porque, además, su encaste Nuñez se lo permite.

La tecla vino con el cambio de terrenos y dejándole al toro elegir, le correspondió el animal la generosidad descolgando algo la cara en el viaje, lo que en verdad ya había hecho en el capote y con repetición. Después de la seguridad que imprimió al trasteo, se fue detrás de la espada muy de verdad, con la misma verdad que el acero se fue abajo, caidita, eso sí de efecto fulminante. Se le pidió el trofeo. Y se le concedió. Con protestas en este caso. Y cuestionable el lugar exacto de la espada. Remendaba las grietas que había dejado en el segundo, que fue el toro con más nota del encierro.

Se desmonteraron con él Miguel Martín y Fernando Sánchez tras exponer al parear. Tuvo el toro movilidad y repetición y más entrega por el pitón diestro. Por ahí sostuvo Adame la mejora tanda, después del comienzo por estatuarios. Cuando cambió al pitón zurdo no le cogió la medida, tenía el animal menos cualidades, y tiró el mexicano por una faena de recursos, de circulares y manoletinas sin una estructura real que la mantuviera en pie.

Por el Pitón Derecho – Dario Juárez: Segundo paseíllo para Joselito Adame. En el retrovisor, la gran tarde de su hermano hace unos días y la sensación de que el devenir de lo que pudiera suceder fuera la cruz definitiva de Madrid.

Lamentable, como viene siendo habitual, fue la falta de seriedad de los tendidos al pedir la oreja del quinto tras una estocada notoriamente caída. Es cierto que el mayor de los hermanos acabó entendiendo lo que podía regalarle el animal, pues su condición fue huidiza, mansa a más no poder y sin ninguna emoción. Pero la entendió demasiado tarde. Mostró tesón para engañar al toro dejando la muleta en el hocico sin dejarlo pensar. Poco más.

Con el segundo, al que no le sobraron las fuerzas, estuvo muy apático. Quiso encauzar la embestida encastada que traía el pitón derecho con un toreo en profundidad que despedía hacia fuera. Todo ello tras un inicio de faena por estatuarios y remates por abajo muy toreros. Lo demás fue paja y pases mudos. Destacar en su haber el porte y la categoría de su cuadrilla de a pie, especialmente en la figura de un gran tercero como Fernando Sánchez.

Diario Crítico – Por Emilio Martínez: El festejo, con ciertos altibajos, rayaba lo mínimamente aceptable en cuanto a espectáculo en los dos primeros toros, que a pesar de su mansedumbre, iban y venían. Y que comparados con lo que saldría después eran de lujo. Pero a partir del tercero la escasa casta del encierro se vino abajo definitivamente y, claro, los tendidos aprovecharon una faena despegada y populachera de Joselito Adame en el quinto para divertirse y creer que aquello era el toreo. Y no.

El toro no se empleó en ninguno de lo tercios anteriores y llegó a la flámula desentendiéndose del engaño, máxime si Adame se empeñaba en torearlo en el platillo. Cuando el aburrimiento iba a alcanzar su grado máximo, el burel se fue, por decisión propia, a la querencia de chiqueros y allí, su matador, retorciéndose antiestéticamente hasta el infinito y aprovechando el viaje de su enemigo tendente a tablas, le endilgó varias series de redondos descargadísima la suerte que fueron jaleadísimos por un público en su mayoría más propio de Benidorm que de la cátedra.

Encima, Adame le pasaportó de un horrendo bajonazo y esa mayoría enloqueció creyendo que habían visto a Belmonte, a la cumbre del toreo. La verdad es que la afluencia de moqueros estaba en el límite para conceder o no el trofeo. ¿Y qué pasó? ¡Exacto! Otro usía también tipo talanqueras, Jesús María Gómez, la concedió, mientras el resto de los asistentes, la minoría que entiende, quería suicidarse y protestó con mucha fuerza.

Adame en su segundo, comenzó su labor al segundo con cinco estatuarios y pudo extraerle algunas series de redondos, pero también ventajistas y la cosa quedó en casi nada.

El País – Antonio Lorca: Joselito Adame que se las vio en quinto lugar con un manso de libro, el peor presentado del festejo, que se negó a embestir hasta que el mexicano comprendió que se estaba jugando el futuro y decidió presentar la muleta como mandan los cánones. Embistió, entonces, el toro y la faena alcanzó una intensidad inesperada; tan inesperada que le cortó una oreja, protestada con razón por parte del público.

Ese mismo torero conoció la hiel ante el segundo, el más encastado y fiero, con el que se lucieron, y bien, Miguel Martín y Fernando Sánchez en banderillas. Adame lo intentó de veras; primero, con ceñidos estatuarios, un recorte y un largo pase de pecho torerísimos. Continuó después con buen tono con la mano derecha, pero al tiempo que el quehacer del torero intentaba sin éxito alcanzar la emoción aumentaba la fijeza, la codicia y la exigencia de su oponente. Total, que quedó la certera impresión de que el toro se fue sin torear y que Joselito no le había llegado ni a las pezuñas.

El Mundo – Zabala de la Serna: Puntuó el alcurrucén que hacía segundo. Girón, chorreado, bajo, fino de pitón. Notables hechuras. Una pintura. Joselito Adame vio las posibilidades. Que las entendiese todas fue otra cosa. El toro viajaba pronto, largo y descolgado. Adame no le cogió el aire siempre. Ni el sitio para dejársela en la cara. Recogió el torero de México los cuajados aplausos en el tercio como consuelo. Más unánime sonó la ovación para Segoviano.

Cuando saltó el quinto a la arena, se comprendió pronto que entró a última hora por alguna de las bajas. Feas las hechuras de la bestia. Toro al carrer. Bou de las calles. No quería trato con nadie. Volvía grupas y se volvía al revés. La faena de Joselito derrochó fe. Paciencia y tenacidad. El “7” recriminaba cosas. Un zambombazo con la espada tiró sin puntilla al manso. Delantera la colocación. Sitio mortal el rincón. La oreja más trabajada de toda la feria sembró la polémica.

El Español – Juan Diego Madueño: El quinto tenía la frente afilada y dos puntas oscuras, dagas que nacían en la sombra de la cara, partida por la zona umbría de los ojos. Huyó siempre con la rabia comprimida. Empujó al caballo que guardaba la puerta, trasladando al autobús hasta los terrenos del 6. Con el titular no quiso nada.

Cada vez que se daba la vuelta del revés en la muleta, avanzaban un tanto el matador y él, apurando la distancia hasta chiqueros. Marcaba los terrenos el alcurrucén. Se empeñó Joselito Adame en torear en la orquilla del 9 y el 10. Intentar ganar a un toro por cabezonería es entrañable. En su territorio salía desentendido pero se dejaba agarrar con la muleta puesta. Y se paró también. Si se le atacaba a su altura y sin espacios iba y venía penosamente y Adame garabateó dos tandas que entusiasmaron, sin parar la última con todo el repertorio de remates ofrecido. Eso los volcó. No ví aquí ninguna maniobra brillante del mexicano. A Adame le sonó el despertador justo a tiempo. La estocada tuvo un efecto inmediato, caída y mortífera, derrumbando al toro panza arriba. La petición se alimentó de las protestas. La oreja vino en tromba, debatida. El público lo vivió con desenfreno. A ver por donde desemboca todo esto.

Al segundo los tramos blancos de piel le sentaban como a una cordillera las manchas de nieve, las zonas todavía por derretir. Por la barriga, la frente, el rabo, en las axilas. Con hechuras aerodinámicas, fino. Se lo reservó todo para la muleta.

El inicio de faena de Joselito Adame fue un chispazo. A la trincherilla llegó la gente metida. Esa intensidad se mantuvo en la siguiente tanda y en la otra. Joselito Adame ligó varios derechazos y el público respondía. Al natural se fue el WiFi. El toro mantuvo el gas. Salía con todo hacia la muleta. Se tantearon por ese pitón, Joselito lo desplazaba, el alcurrucén había bajado un punto, perdida completamente la conexión. Entre sus defectos la faena fue cayendo. El último tramo lo hizo lanzado el mexicano. Con el piloto automático. Hubo protestas al saludo.

Taurología – Redacción: Pese a todas sus deficiencias, hubo dos toros que tuvieron mayores opciones de las que se vieron en el ruedo. Se corresponden con el lote de Joselito Adame. Y así el 2º, el único que peleó con cierta nota ante los montados, pedía una receta diferente a la que aplicó el de Aguascalientes. Cierto que el calambrazo del final de las suertes no facilitaba las cosas, pero con un poquito más de ritmo y de argumento, el relato muletero debería haber ido a más.

El quinto llevaba el cartel de manso, pero un manso que metía la cara por abajo cuando se le provocaba. Adame tardó demasiado tiempo en en decidirse a que el de Alcurrucen se asentera en ese su lugar de paz que para el eran tableros de toriles, Allí hasta obedecía bien cuando se le ponía muleta y se trataba de llevarlo muy metido en ella, sin dejarle espacio para salirse de la suerte, hasta hilvanar las series, que ahora sí prendieron más en los tendidos. A sus dos toros los mató en el célebre rincón, de tanto y tan rápido efecto. Este fue uno de los factores por lo que un sector del público protestara la concesión de la oreja del 5º.

Twitter @Twittaurino

Última llamada para José Adame en San Isidro 2018

Llega el turno de una de las ganaderías que más triunfos está posibilitando en los últimos años en Madrid. Los toros de Alcurrucén serán lidiados por Curro Díaz, Joselito Adame y Juan del Álamo. Estos son los datos y claves por Datatoros.

Desde 2015 Alcurrucén ha posibilitado 4 Puertas Grandes en Madrid: Castella (2015), David Mora (2016), Ginés Marín y Juan del Álamo (2017). Ninguna ganadería puede presumir de estos datos en este tiempo.

El año pasado, por primera vez en la historia de Alcurrucén, dos toreros salieron a hombros en dos tardes diferentes en San Isidro con esta ganadería (Ginés Marín y Juan del Álamo).

Desde 2015, dos toros de Alcurrucén han sido premiados con la vuelta al ruedo: Jabatillo (2015) y Malagueño (2016). Con ambos abrieron la Puerta Grande Castella y David Mora, respectivamente.

Curro Díaz se puede convertir en el séptimo torero en activo con más Puertas Grandes en Madrid. Ha triunfado en dos ocasiones: 2007 y 2016. Ninguna de sus dos salidas a hombros fueron en la Feria de San Isidro.

Adame pone punto y final a su paso por San Isidro tras irse de vacío en su primera actuación y con la sombra del reciente triunfo de su hermano Luis David en el mismo ruedo venteño. En toda su carrera suma 4 orejas en Madrid, la última en 2017. Nunca ha encadenado dos años consecutivos puntuando en Las Ventas.

Luis David Adame superó el jueves uno de los registros de su hermano Joselito. Éste necesitó de 3 corridas para cortar su primera oreja en Madrid, mientras que Luis David tan sólo ha necesitado de 2.

No será una tarde fácil para Joselito, ya que además de su lote, tendrá que enfrentar a un sector del publico madrileño que le aprieta mucho y que le exige resultados más contundentes en Madrid después de 13 tardes como matador de toros.

Oportunidad para del Álamo para convertirse en este año en el matador salmantino con más Puertas Grandes en Madrid en el Siglo XXI. Hasta ahora está empatado a una con Juan Diego, que la logró en 2003. El último diestro salmantino que encadenó dos años saliendo a hombros en Madrid fue Niño de la Capea.

Del Álamo se vuelve a encontrar con Alcurrucén tras la Puerta Grande que consiguió la pasada temporada. En aquella ocasión cortó una oreja a Licenciado (El palco no le concedió la segunda) y otra más a Bocineto. Adame también corto una oreja en 2013 a Alcaparrito.

Curro Díaz no mata un toro de Alcurrucén en Madrid desde 2004, en un mano a mano con Antón Cortés. Más experiencia tiene

Joselito Adame, que ha estoqueado 6 toros con un balance de 1 oreja.
Sólo 3 toreros han desorejado un toro en Madrid un 19 de mayo en toda la historia de San Isidro: Chicuelo II (1954), Andrés Vázquez (1962) y Matías Tejela (2014).

Fuente: Datatoros

Foto: Joselito Adame prensa.

San Isidro: Castella y Roca Rey, paripé con el toro cadáver

Por Carlos Ilián.

En estas tardes de no hay billetes y gran expectación llega un público eufórico, de ocasión, y con el ánimo dispuesto para el triunfalismo. Por eso ayer en algunos pasajes de la lidia no parecía que estuviéramos ante el público de Madrid, más bien nos recordaba a cualquier plaza de un pueblo en fiestas.

Por eso no es de extrañar que Sebastián Castella rozara la puerta grande y que Roca Rey entusiasmara con unas arruzinas del más rancio tremendismo.
En el ruedo había seis toros de Jandilla que además de inválidos salieron mansos, una de las corridas más pobres de casta que le recuerdo le recuerdo a Borja Domecq. Con ese género hubo suficiente para el paripé vergonzoso con el que Castella y Roca Rey se taparon y equivocaron al inocente público de ayer. En su primer toro Castella toreó en línea a un prematuro cadáver. El quinto, dentro de su flacidez metió la carita en la muleta y el torero francés lo ligó por el pitón derecho.

El toro se apagó del todo y Castella se plantó en un ejercicio mentiroso, de arrimarse mucho y obligar a un pobre animalito en estado de agonía, ante el paroxismo de un público de plaza portátil. Una oreja y ¡petición de la segunda!. Donde hemos caído…

Y el paripé con el toro cadáver lo llevó al extremo el peruano Roca Rey en el tercero, dispuesto a endilgarle arrucinas, venga o no a cuento, como una de ellas, al final, que fue un monumento al toreo populachero. En el sexto, un manso declarado, lo aprovechó en la querencia sobre la mano derecha, entre trallazos. Tampoco el manso daba más juego.

Padilla se despedía de Madrid. Lo ovacionaron después del paseíllo y en su dos faenas no arriesgó ni un alamar. Fue un Padilla de retirada. no hay duda…

Plaza de Madrid. Undécima corrida. Asistencia: 23.664 espectadores, lleno. Toros de JANDILLA (2), de irreprochable presentación, como aspecto positivo, pero muy blandos y de juego moribundo. JUAN JOSÉ PADILLA (3), de azul marino y oro. Mertisaca en los bajos, estocada caída y descabello (silencio). Estocada corta y dos descabellos (silencio). SEBASTIÁN CASTELLA (5), de azul y oro. Bajonazo (silencio). Media estocada (una oreja). ROCA REY (5), de blanco y plata. Estocada (palmas). Estocada (ovación).

Publicado en Marca.

San Isidro’18. IX de Feria. Gloria al Fino en sus andares y en la arena paz a los juampedros de buena voluntad*

Nunca merezcan mis ausentes ojos

Ver tu muro, tus torres y tu río,

Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!

Góngora, el otro Fino de Córdoba.

Por José Ramón Márquez.

En la Feria del Isidro hay, como si dijéramos, dos ferias que van entrelazadas. Por un lado lo que llamaríamos la Feria propiamente dicha y por otro la Feria Innecesaria, compuesta por todas aquellas corridas de relleno, de poco costo y poco interés donde la posibilidad de que salte la sorpresa es prácticamente inexistente. Hoy, sin ir más lejos, tocaba festejo de la Feria Innecesaria, que cualquiera puede darse cuenta de que la combinación de la juampedritis con el Fino, Román y Adame II que pensó Domb en sus ensoñaciones no es, ni  mucho menos, de las que hacen que la taquilla se ponga a echar humo. Y así fue, vistas las calvas que presentaba el tendido.

Y luego lo del público, que casi todos los días lo repetimos, pero es que lo de no tener alrededor casi a personas conocidas es algo que llama la atención porque lo normal ha sido, a lo largo de lustros, tener a las mismas personas en las proximidades y pasar la Feria, muchas Ferias, junto a ellas. Y ahora han desaparecido, y llegas a la localidad y apenas hay rostros conocidos, que aquello está lleno de personas que cada día son distintas aunque, como me apunta el aficionado X., todos son parecidos, pues ninguno viene con la exigencia por bandera, y más bien están en el registro de la cosa triunfalista.

Lo de poner a la juampedritis (the real one), la del hierro de Veragua, en un cartel como el de hoy sólo significa una cosa: que la parte sensible del escalafón ha retirado su favor a esta vacada y ahora se la echan de recuelo a los del segundo escalón. Bueno, en realidad fueron cinco los de Juan Pedro Domecq y uno de Parladé, lo mismo que el año pasado que fueron cinco de Juan Pedro Domecq y uno de Juan Manuel Criado. Digamos que los productos que ya son el fruto de la selección de don Juan Pedro Domecq Morenés tras la muerte de su padre (qDg), no han sido capaces de proporcionar una corrida completa para Madrid en dos años consecutivos y digamos que lo que dichos productos han traído tampoco es como para ponerse a echar las campanas a volar, pues a la ya consustancial falta de poder de las reses de este hierro se ha unido la condición bobona del ganado, demostrada en grado supino en el jabonero claro que hizo tercero, Ombú, número 33, de características extremadamente serviles para con el que tenía que mandarle al otro barrio. El de Parladé salió en otro registro y, una vez dadas las tres tandas que traía de serie, cambió de manera espectacular, parándose y desarrollando sentido a causa de sus pocas fuerzas y, en general de su aire descastado y manso.

Por delante salió Juan Serrano, el Fino, con un vestido de ligeros bordados, como los del Luis Miguel que alcanzamos a ver, bordados cósmicos de soles y estrellas sobre un terciopelo de color berenjena. A estas alturas, parece mentira, ver a Finito es casi como ver al último de los clásicos. No me refiero a lo del toreo, que ya se ha comprobado en numerosas ocasiones que él no es hombre de gestas, y entiéndase aquí como gesta el ligar cuatro muletazos seguidos quedándose en el sitio, pero tiene un aire que nos lleva a una época no tan lejana en que los toreros, aunque estuviesen hasta las trancas, hacían afirmación de naturalidad en sus modos y en sus formas. Juan Serrano ha traído hoy a Las Ventas dos cosas de las que ya no se ven. La primera es la manera tan torera de moverse por la Plaza. Parece mentira que haya que reseñar esto, que debería darse por supuesto, pero con la invasión de feísmo en la que estamos sumidos de día en día, con la vulgaridad en las formas que se nos vende a diario como cumbres del arte, ver al Fino andando hacia su sitio, después de dejar el toro al caballo, yendo a su paso por detrás del penco con ese aire tan torero, con el capote recogido al brazo, es uno de los momentos buenos de la tarde. La segunda tiene que ver con la muleta, en la manera de agarrarla por el centro del palillo y la manera de presentarla, planchada y un poco retrasada, que se nota a las claras que él quiere estar en contacto con el toro cuanto menos mejor, cuando estamos aburridos de ver cada día el cite con el pico, esa espantosa letra uve que forma el cuerpo del torero con el brazo y la muleta, ver citar con la muleta recta y bien presentada es hoy día algo así como tener la oportunidad de ver a un bicho de esos que dicen que están en peligro de extinción. Resaltamos esos detalles de Finito de Córdoba, detalles de personalidad de quien estaba llamado a más altas cumbres que las obtenidas para poner el contrapunto adecuado a la estética restorcidista, atlética y febril de Román y de Adame II, cada cual en su forma. El Fino trajo eso para el ojo que estuviese avizor y, de una manera más genérica, trajo una sucesión de cuatro medias verónicas a su primero en los lances de recibo y un derechazo de mucho cuajo en ese mismo toro. En el segundo ná de ná. Magra cosecha, pero ciertamente quien esperase más de esto o es un iluso o no tiene repajolera idea de quién es Juan Serrano, Finito de Córdoba en los carteles.

Como el más oportuno contrapunto a Juan Serrano salió a continuación Román, el torero extrovertido y populista con su pirotecnia de fiestas patronales. En su primero, Organista, número 13, desplegó su enorme muleta y su desparpajo en una faena a menos compuesta por la sucesión de muletazos de ida y vuelta, en un toreo empalmado más que ligado y, desde luego, atropellado.

En su segundo, Gandul (sic), número 75, se encontró con la horma de su zapato pero al revés. El animal, de carácter soso, no se prestó al incesante movimiento que el toreo de Román demanda, por lo que la lidia y muerte del toro se convirtió en una ceremonia plúmbea a la que no se veía el final. El bullidor desparpajo de Román necesita que el toro tenga una inequívoca inclinación al correteo, y sin eso el torero se queda en una patente demostración de las carencias del valenciano.

Y Adame, Luis David en el cartel, que iba de tercero. Yo creo, a mí me parece,  que este Adame es mejor que el otro Adame, el del otro día. Hoy encontró un toro dispuesto a echar una mano en lo que él quería hacer y un público muy proclive a lo que traía en la cabeza, o sea que si no se llega a cruzar la espada en su camino ahora estaríamos hablando de la primera Puerta Grande de Madrid de este Isidro 2018, en esta Plaza de Talanqueras más Importante del Mundo. Para que las cosas le rodasen como él quería necesitaba la colaboración de Ombú, que fue un toro cinqueño de muy buenas condiciones para la muleta, que se había arrancado con alegría y fijeza a los cites de Óscar Bernal, que hizo bien la suerte y le dejó sendos puyazos traserillos sin pegar en demasía, y que en banderillas demostró su galope largo para que Miguel Martín pusiese sus pares con eficacia de buen peón y Luis Cebadera se viese tomando el olivo innecesariamente. Con ese material Luis Miguel ya podría habernos dado fiesta a los aficionados, porque el toro no tenía ningún defecto, acudía a los cites como si fuese al encuentro de su primera novia, repetía las embestidas sin exigir nada a cambio en cuanto a colocación, andaba cuando había que andar y se paraba cuando había que estar parado. Ante este derroche de generosidad por parte de Ombú, a Luis David Adame no se le ocurrió otra cosa que entonar la conocida jaculatoria: “no te cruzarás, al toro lejos echarás, con el pico citarás y si el toro se mueve y se mueve, tú triunfarás”, y en vez de aprovechar las condiciones óptimas del toro, se tiró por la calle de en medio, la que lleva a la orejilla guarripé, y donde tenía que haber construido un sólido edificio, hizo un chamizo con los tablones clavados. Comenzó su faena de manera espectacular con cuatro del Celeste Imperio y uno del desprecio. Fue muy jaleado por el público, ansiosos de ver algo, pero el tema que cantó estaba lleno de morcillas y, cómo decirlo, de olvido, pues mañana nadie de los que pidió la oreja a don Trinidad López-Pastor Expósito (el presidente que en cierta ocasión concedió una oreja con una estocada haciendo guardia) y ni siquiera el propio don Trinidad recordarán nada de lo que Adame hizo al amable toro que le cayó en suerte. Su segundo, el Parladé, cantaba bien claramente las pocas ganas de lío que tenía dada su condición mansurrona. Le costaba echarse a correr, pero cuando estaba en movimiento se tragaba los muletazos y eso lo hizo por tres ocasiones; luego ya no hubo cuarta tanda, porque el animal se paró y se dedicó a lanzar arteros derrotes al mejicano, que si lo pilla lo destroza. Ni que decir tiene que las tres tandas de las que se habla más arriba son bajo el mismo concepto de lo que le hizo al primero. Falló a espadas y su sueño del 1+1 se esfumó y con él el de la cantidad de gente que estaba ya deseando verle salir por la Puerta de Madrid.

La cosa es que llevamos ya nueve corridas en la Feria, 23 matadores de toros han pasado ante nuestros ojos, y aún nadie se ha acercado ni por el forro a lo que hizo el día 2 de mayo Javier Cortés.

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*Finito de Córdoba declaró que sus toros habían tenido buena voluntad

Tres balas de almendra verde

tiemblan en su vocecita.

– Lorca.

Así vio la prensa la actuación de Luis David Adame en Las Ventas

De SOL y SOMBRA – Luis Cuesta: Ombú no era un toro fácil, era un toro de triunfó, de esos que te dan, pero que también te pueden quitar del toreo.

Luis David Adame lo tenia claro desde que partió plaza y sabía que algunas veces las hechuras no mienten, quizás por eso desbordo ilusión con él jabonero de Juan Pedro Domecq y no desentonó ante un toro que era una maquina de embestir.

Falto quietud por momentos y quizás también faltó mando en la muleta de Luis David, pero sobro corazón y raza en el torero mexicano que se tiro a matar con mucha verdad y aunque dejo una estocada levemente caída, corto una oreja merecida de un toro qué para muchos era de dos.

Cuarenta y seis años después de la ultima puerta grande de Eloy Cavazos en Madrid, está sigue cerrada de momento para los toreros mexicanos.

El País – Antonio Lorca: Pero salió Ombú, un precioso toro jabonero, que empujó en el caballo, galopó en banderillas y llegó a la muleta con una movilidad y una clase excepcionales. No era un toro fiero, sino artista y nobilísimo, pero hondo y exigente en la muleta.

Luis David le cortó una oreja y se la ganó a pulso con entrega y pundonor. Lo recibió a la verónica, quitó por chicuelinas e inició el tercio final por estatuarios muy toreros, atornilladas las zapatillas en la arena, derecho como una vela y quieto como un poste. Ombú embistió largo y tendido, humilló y aguantó una faena larga con extrema bondad.

Luis David hizo lo que sabe y lo hizo bien con ilusión y fortaleza. No es un exquisito, pero se esforzó para estar al nivel de su oponente, objetivo harto difícil. Las tandas resultaron aceleradas, vistas y no vistas, y quedó la impresión de que el que mandó fue el toro, que repetía incansable una y otra vez. Espada en mano, se tiró sobre el morrillo y, aunque quedó caída, mereció la oreja por su encomiable decisión.

Quedaba la incógnita del sexto y la posibilidad de la puerta grande para el mexicano. Echó el resto, pero no pudo ser. Hizo un muy vistoso quite por zapopinas, volvió a brindar al respetable, inició la faena con un ceñido pase cambiado por la espalda, pero el toro desarrolló genio, acortó el viaje y deslució el sueño del muchacho.

El Mundo – Zabala de la Serna: Dormía la plaza en aquel sueño hasta que apareció Ombú. Qué nombre más rotundo para tanta belleza. Una pintura jabonera, un cromo de armonía veragüeña. El toro cincelado por Dios. Habitaba en su interior la bravura, la casta envuelta de calidad. De principio a fin con la boca cerrada. Ese tópico que se hacía verdad. La humillación cierta como el empleo en todas las suertes. Ombú en el caballo empujó con estilo y riñones. Como lo había hecho en el capote de Luis David Adame. En las templadas verónicas del saludo y en las arrebatadas chicuelinas de manos bajas, esa bravura de no hacer ruido. Deslizante y sedosa, sin una sola renuncia.

Adame brindó la ilusión al gentío. Ombú era una ilusión. Y se clavó LD por estatuarios. Sin rectificar un ápice las zapatillas. La resolución del pase del desprecio prendió de oles los tendidos. La primera tanda de derechazos sonó a ajuste. En las siguientes enganchó por delante la embestida dorada, la guió con largura, la sintió en la palma. Acinturado, encajado y ligado el mexicano. Tan seriecito y ordenado. Ombú viajaba en los flecos de la muleta, planeaba en modo avión. La faena tomaba cuerpo. Un molinete que nació con forma de trinchera y el pase de pecho cosido a ella, o a él, pegaron fuerte en el corazón de Madrid. Y, sin embargo, por la mano izquierda la cosa pasaba tibia. Ombú se daba igual pero los naturales no calaban con la misma intensidad. La clase del juampedro palpitaba. Luis David volvió a conectar con su diestra. Más seguro de su dote muletera. La arrucina trajo el eco de su tierra caliente. Otra vez el de pecho a la hombrera contraria como una bocanada de fuego. No quiso despedirse sin catar de nuevo la joya en su zurda. La ronda al natural de correcta propuesta, no más. El cierre fue un órdago a la grande. Por bernadinas ceñidas y, finalmente, con detalles de orfebre por bajo. Cuando agarró la espada, Ombú se cuadró con la fijeza de siempre. Unidas las manos incluso para la muerte. La boca cerrada a la espera del último aliento. Adame lo despenó con rectitud de vela. Una estocada cabal. Como la oreja. En el tránsito del arrastre al cielo de los grandes toros, Ombú provocó una ovación unánime.

No volvió la cara nunca Luis David con el grandón sexto. Con el hierro de Parladé. Un zamacuco basto. Que venía sin irse. Correoso. Bruto. Adame lo alegró por zapopinas sincronizadas. Y se la jugó con firmeza de hombre. Bragado y peleón. Un arrimón en toda regla. Madrid lo despidió con atronador reconocimiento.

Torodos- Barquerito: A pesar de ser corrida de abono se hizo sensible la presencia de un público no habitual. Como el de los domingos de San Isidro. Un público más impresionable. Cuando asomó el toro jabonero, muchos se quedaron con la boca abierta. La ovación cerrada en el arrastre fue unánime: los de los domingos y los de días de labor. Tirios y troyanos, toristas y no. Gran toro. Llevaba nombre exótico: Ombú. El árbol patrio de la Argentina. El árbol de la vasta Pampa malquerido de los gauchos pese a ser de mucha y buena sombra.

Pues este Ombú no paró de embestir, por una mano y la otra, de salida y en banderillas, en las rayas, en los medios y en el tercio también, y de hacerlo con un ritmo carísimo, descolgado a pesar de ser corto de cuello, humillando y repitiendo. No solo le entró a la gente por los ojos. Sino por que de verdad importa y toca el corazón.

Estar a la altura del toro sin demérito era más difícil de lo que pueda pensarse, porque el toro de carril no es necesariamente bravo. Aunque haya casos raros de bravura de carril, como la de este toro tan singular que fue protagonista de la corrida. Mejor dicho, coprotagonista, porque el menor de los hermanos Adame, Luis David, se echó adelante con una seguridad, un celo y un aplomo impropios de torero nuevo. Veinte añitos no más. Toreaba por primera vez en San Isidro como matador de alternativa -la confirmó el pasado otoño en el abono- y la cosa fue llegar y besar el santo, porque no perdonó ni un viaje, estuvo puesto sin vacilar -en la segunda raya, cuatro ceñidos estatuarios para abrir boca, cosidos con el natural y el de pecho- y no se anduvo con tiempos muertos ni pausas ni bromas.

Al platillo sin más, y ahí brotaron tres tandas en redondo, el toro en los vuelos bien traído, en línea o no, las tres ligadas muy en serio y bien abrochadas. El son de la faena bajó un poquito tras esa explosión primera. Hubo toreo con la zurda de quilates, pero no la tanda generosa que pone del revés el mundo. La última tanda en redondo fue más rehilada que ligada. Adame intercaló una arrucina de sorpresa y remató con ajustadas y apuradas bernadinas más aparatosas que precisas. Se fue tras la espada a reventar. Entera la estocada, tal vez algo atravesada, muerte lenta del toro. Casi las dos orejas, muchas banderas mexicanas y esa voz tan fiel que le pega un viva a Aguascalientes cada vez que torea uno de los Adame.

Con Luis David estuvo la gente hasta el último suspiro de la tarde, pero el sexto toro, del hierro de Parladé, negro zaino, acodado, levantado, fue la cruz de la moneda, se quedaba debajo, se revolvía y se defendía. Y no pudo ser completo el desenlace. Una versión feliz del quite del Zapopán después de picado el toro puso a la gente caliente. Y el remate de una serpentina, la primera de la feria.

Marca – Carlos Ilián: En tan pobre conjunto había sin embargo un tal Ombú, toro hondo y lustroso, soberbio en todo que dignificó su procedencia. Un toro de fijeza extraordinaria, de embestida por ambos pitones dejando un surco en el ruedo, templado, codicioso, de largo recorrido. Ujn toro para soñar el toreo. Enfrente se plantó el mexicano Luis David que nunca perdió la cara, que dentro de sus posibilidades estuvo a gusto, desde los estatuarios hasta los redondos muy ligados y los naturales desiguales. Era difícil estar a la altura del toro, pero el chaval mexicano, al menos, pasó con enorme dignidad ante semejante exigencia. Cortó una oreja. El toro era de rabo.

De Toros en Libertad – José Antonio del Moral: De la corrida de ayer, nos quedará la actuación del espada mexicano Luis David Adame, el segundo de los tres hermanos y, por lo que ayer pudimos apreciar, el más virtuoso de la familia azteca. Pronto será la máxima figura actual de los espadas mexicanos. Y si no, tiempo al tiempo. Ayer anduvo enorme por todos los conceptos con el toro ya mencionado y con el otro de su lote, peor en comportamiento, lo que no quitó un ápice de los grandes méritos que Luis David. De haber acertado pronto y bien con la espada con este sexto de la tarde, Luis David hubiera podido salir a hombros por la Puerta Grande de la primera plaza del mundo.

ABC – Andrés Amorós: Luis David, el segundo de los Adame, que brilló como novillero, lucha por abrirse paso como matador. Fue el triunfador en San Sebastián. Tiene condiciones, debe ir madurando. El tercero, un bonito jabonero, se llama «Ombú»: es el nombre del árbol patrio argentino; en guaraní, significa «bella sombra», porque es el único cobijo para los dulces sueños de los gauchos, en la pampa. (Curiosamente, se discute si es un árbol o una hierba grande: aunque llega a diez metros de alto, su tronco es medio hueco). Este «Ombú» da un juego excelente, aunque no le sobren las fuerzas; embiste con prontitud, alegría y nobleza. Luis David capotea vistoso; comienza por estatuarios, logra acoplarse en series buenas, llevándolo prendido a la muleta, muy lento; intercala una arrucina; las bernadinas finales son superfluas. Se vuelca, aunque la espada va al rincón: oreja. El sexto, de Parladé, más grande, da un juego distinto, transmite cierta emoción. Quita Luis David por zapopinas. Saluda Tomás López, en banderillas. Comienza la faena con un pase cambiado de escalofrío; se entrega, buscando redondear el éxito, pero el toro se queda cortísimo; a fuerza de tragar, saca algún muletazo.

Este segundo Adame se ha ganado el respeto de los aficionados. No debe abusar de los quites con el capote a la espalda (igual que Román): recuerden la belleza de la verónica… Ha tenido la fortuna de vivir un dulce sueño, a la sombra bella de un noble «Ombú».

La Razón- Patricia Navarro: Toro bravo, encastado y bueno, que exigía, porque tenía la embestida profunda y pedía que las cosas se le hicieran perfectas. Tuvo mérito todo, porque no era toro simplón sino importante. La faena se vivió con los tiempos templados, costó meterse en ella. De hecho, hubo que esperar a las bernardinas del final para que la cosa explosionara.

EFE – Paco Aguado: Esa solitaria oreja se antojó escaso premio no tanto a su voluntarioso trabajo sino en comparación con el aún mayor que el toro le puso en bandeja con la calidad, repetición y largo recorrido de sus embestidas, merecedoras de un toreo de más calado, hondura y reposo que el que encontraron en las manos del joven azteca.

El Español – Juan Diego Madueño: Inteligente Adame para no tirar demasiado, suave, templado; justo Ombú, con una embestida súper clase. Al natural no se confío Luis David en la primera tanda, se quedaba un poco debajo el toro. Había que llevarlo. Del gateo robó dos o tres. La arrucina elevó de nuevo la faena y ya mantuvo el vuelo hasta la siguiente tanda de naturales, esta vez sí, lo mejor.

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¿Por que mirar a Madrid? Por Bardo de la Taurina

Madrid, un capote de paseo, villa y corte del jaleo, tierra donde yo nací.

¡Señores, esto es Madrid!, así le componía en su pasodoble (no el chotis) Agustín Lara, el músico nacido en el Centro Histórico de la Ciudad de México, a donde hoy se anuncia ‘El Mundial del Toreo se juega en Las Ventas’, nos hacen saber que durante el mismo se van a realizar 34 festejos uno tras otro, que en comparación serían más o menos lo que aquí se realizarían juntando las 2 temporadas de la Plaza México, con sus diferencias desde luego, que en mucho las hacen, la presencia de los toros, la publicidad enfocada a los tiempos modernos en donde la atracción lograron dársela con los torsos y espalda desnuda de toreros actuantes sobre los que se pintaron símbolos arqueológicos que los identifican con las diversas culturas de las que provienen, todo esto desplegado a lo largo y a lo ancho del Madrid popular y cosmopolita, lo que resultándoles les habrán entrado según lo proyectado 20,000 personas por tarde que en números equivaldría a unas 680,000 almas, échele a 50 euros de promedio.¡Ufff!

Es inevitable que ante esto, que la instancia de turismo federal y de la CDMX o cuando menos la empresa que le da corretaje a los festejos en la capital reflexione sobre lo que está ocurriendo en Madrid en estos días, además sin contar con el apoyo de su alcaldía que está en contra de su fiesta nacional, pero no en ordeñarle los millonarios impuestos que ésta le va a generar, pero veamos si aquí se cuenta con una plaza del doble de aforo de la Madrid y si en la última temporada (s) se contó con figuras que no están ahora participando por allá, como Morante y José Tomás, ¿Por qué no dejarnos de falsos proteccionismos, como mayoría o igualdades de toreros aztecas en el ruedo?, se le concesione a OCESA y a la empresa de Simón Casas que es la que tiene Madrid, pa´ que traiga su espectáculo completo, hasta con algunos toros cinqueños cuajados en puntas y con toreros de ocho nacionalidades entregados al 100 pa’ que se disputen una bolsa tipo Gran Premio.

Y tal vez aplicando aquí su fórmula profesional y publicitaria, la fiesta se reactive y entonces se le dé continuidad al espectáculo masivo que es el único que va a mantener viva esta tradición de la que hemos olvidado una de sus partes importantes, que es el gozo y el disfrute y no la costumbre de asistir a ella como se hacía al culto que anunciaban las campanas, ya no se puede imponer, se trata de convencimiento global e integral.

45 años sin salir a hombros con toros de Juan Pedro en Madrid

De SOL y SOMBRA.

Un regreso, una nueva oportunidad y un debut. Así se puede definir la corrida del jueves 17 de mayo en Madrid, donde Finito, Román y Adame intentarán un triunfo con toros de Juan Pedro Domecq que se viene resistiendo desde hace 45 años. Estos son los datos, claves y curiosidades del festejo:

En todo el Siglo XXI, Finito de Córdoba nunca ha cortado una oreja en Las Ventas. A lo largo de su carrera, en la Feria de San Isidro sólo ha cortado un trofeo. Fue en la feria de 1993 a un animal de Mari Carmen Camacho. Finito es el segundo torero más veterano de la presente feria, sólo por detrás de Enrique Ponce. Su última actuación en Las Ventas fue en la feria de 2015. No abre una Puerta Grande en una plaza de 1ª Categoría desde mayo de 2009.

Segunda corrida de Román en la presente feria y segunda oportunidad de salir a hombros de Madrid por segundo año consecutivo. Sólo otros tres toreros del escalafón lo han conseguido: El Cid (2005 y 2006), Talavante (2011, 2012 y 2013) y López Simón (2015 y 2016).

Sólo hay un precedente de enfrentamientos entre Román y Luis David Adame. Fue en la pasada feria de Zaragoza. El mexicano se impuso cortando una oreja a una importante corrida de Margé mientras Román dio una vuelta al ruedo.

Luis David Adame debutará como matador de toros en la Feria de San Isidro. En 2016 impactó como novillero cortando una oreja y cayendo herido de gravedad. Confirmó la alternativa en la pasada feria de Otoño, marchándose de vacío.

Joselito Adame cortó su primera oreja como matador en Madrid en su tercer compromiso. Luis David Adame podría superar a su hermano al hacerlo en su segundo paseíllo.

Nunca un mexicano ha cortado una oreja a un toro de Juan Pedro Domecq en la feria de San Isidro. El último azteca que se enfrentó a estos toros fue Juan Pablo Sánchez en 2012.

Juan Pedro Domecq lidió en 2015 la mejor corrida de la feria de San Isidro. Nadie sale a hombros con estos toros en la feria de San Isidro desde Paco Camino en 1973.

Es la primera vez que Finito de Córdoba torea con Román y Luis David Adame. Entre Finito y Adame hay 26 años y 1 día de diferencia. De hecho, cuando el mexicano nació el diestro cordobés ya llevaba más de 6 años de alternativa. Es el segundo cartel con más diferencia de edad entre un torero y otro.

El 17 de mayo era el día de El Viti.

Hasta 3 toros desorejó Santiago Martín en esta fecha: 1965 y 1969 (Galache de Hernandinos) y 1971 (Atanasio Fernández). Ningún otro torero ha triunfado tanto en este día como “Su Majestad”.

Fuente: Datatoros