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Feria de San Isidro: Las figuras se reparten tres orejas

Por FERNANDO FERNÁNDEZ ROMÁN.

Para torear así, tal cual se muestra en el documento gráfico, el torero tiene que tener la gallardía y el chispazo de inspiración propio de una gran figura del toreo, y el toro tiene que embestir de esa manera. Si ambas cosas no se circunstancian, la belleza del arte del toreo no se produce.

Reflejada la premisa, lo emblemático de la fecha en que se produce el hecho obliga a rendir emocionado culto al Torero por antonomasia, al que fuera indiscutible Sumo Sacerdote de la Tauromaquia de su tiempo, al ídolo inmolado en la plaza de toros de un pueblo toledano, va para un siglo. Noventa y ocho años, exactamente. Noventa y ocho tardes de toros en que los toreros de última generación que se visten de luces cada 16 de mayo, se descubren e inclinan la cabeza para musitar una oración en su recuerdo. Noventa y ocho veces ya que una multitud se pone en pie y guarda un respetuoso minuto de silencio en su memoria. Y es que ayer, hizo noventa y ocho años –se dice pronto—que a Joselito el Gallo le mató un toro en Talavera. Y nos seguimos acordando de él. ¡Cómo sería de grande su arte y de fecunda su obra!

Ayer se colocó el cartel de No Hay Billetes en la fachada de la Plaza de Las Ventas, porque actuaban tres toreros considerados figuras en esta época, dos consolidados, Manzanares y Talavante y uno, Ferrera, que viene trepando por los vagones del tren del toreo y va camino de alcanzar la locomotora. Decir tres figuras del toreo y público de Madrid, equivale a escenificar un escenario de permanente beligerancia. ¿Por qué razón? Razón, ninguna. En cuestiones taurinas, esto es Madrid. La villa y corte. El centro geográfico del país y, por supuesto, el santo y seña de la Tauromaquia; dicho lo cual, conviene recordar que Joselito el Gallo no actuó hace noventa y ocho años en Madrid porque la hostilidad de su público de toros se hacía ya insoportable. Hay que irse, Juan –le dijo a Belmonte–, vayámonos por un tiempo de la Plaza de Madrid y dejemos que vengan otros toreros…; pero se fue solo él, a encontrar su muerte talaverana junto al río Tajo, pegado a la ermita de la Virgen del Prado. Y ahora Madrid, año tras año, como si de una contrición perpetua se tratara, se quita el sombrero, se pone en pie y le dedica un minuto de silencio que a mi me parece más que de rendición admirativa, de remordimiento.

Con estos antecedentes, suponíamos que la corrida de máxima expectación acabaría como el rosario de la aurora. Figuras y Madrid, igual a petardo. Así sucede casi siempre. Pero, venturosamente, no sucedió tal cosa.

Sucedió que vimos al resurgido Antonio Ferrera, ahora colocado en modo homo levitating, vestido de raso y oro, torear a un toro de Cuvillo como si fuera una becerra de tentadero, incluso sin pensar en el premio a ganar, es decir, sin ánimo de lucro. Torear sin ánimo de lucro, aunque sea una metáfora, supone que el toro tampoco ha de poner apenas dificultades, como así era. No quiere esto decir que el peligro –de muerte, también, por supuesto- no acechara al torero. Quiere decir que el toro debe poner emoción a su embestida. Si esa emoción no aparece, el arte puede llegar a convertirse en artificio. Ni ese primer toro de la corrida ni el cuarto de la tarde, segundo del lote de Ferrera, generaron la emoción que lleva implícita la casta brava, por tanto, la emoción hubo de buscarla el torero por la vía de la estética, aunque también debiera estar lejos del amaneramiento. Antonio toreó a sus dos toros despacio, despacio, despacio porque los toros acometían andando, pesadamente. Toreó a placer. Para su placer, principalmente. Dos faenas de parecido corte, con algunos chispazos de cierta genialidad, en las que intercaló muletazos de bella composición. Al primer toro lo mató de una excelente estocada y al segundo de su lote, después de una faena de espejo larguísima, con algunos muletazos que podían servir de modelo para un cartel de Ruano Llopis, de un metisaca en los bajos. Oreja y aviso fue el balance de Ferrera, pero si llega a colocar a este cuarto toro un volapié tan magnífico y tan eficaz como el que recetó al primero, en esta corrida Antonio abre la Puerta Grande de Las Ventas.

Otro tanto le ocurrió a José María Manzanares, que se enfrentó al toro de mejores hechuras del lote enviado por Núñez del Cuvillo, jugado en segundo lugar y de 555 kilos de peso. Eso es entrar en razón. Fue éste un toro algo corretón de salida, al que picó superiormente Chocolate-hijo, pero un toro al que había que someter, porque su encastada embestida generaba calamocheos y rebrincamientos difíciles de aplacar. José María cuajó muletazos excelentes, de largo recorrido y templanza evidente, a pesar de que un sector del público le recriminaba constantemente, con ese ponte aquí y quédate allá, que es el tópico preferido o el catecismo de moda en estos tiempos. Lo cierto es que la labor de Manzanares en este toro fue francamente meritoria, pero caprichosamente devaluada por una corriente empecinada en el distorsionado del sentido común. El quinto fue un jabonero sucio de bella estampa, al que el diestro alicantino toreó de capa con ampuloso juego de brazos y bamboleo suave de la tela. Se arrancó el toro de largo al caballo de picar y Manzanares le volvió a ofrecer la capa para torear por delantales, suaves, sedosos, lentísimos; tan lentos que en uno de ellos por poco se lo lleva el toro por delante. Después, el de Cuvillo presentó problemas por el pitón izquierdo, pero tomó bien –sin perder temperamento— la muleta por el derecho, donde José María encontró los momentos más inspirados. Dos series por ese lado fueron sencillamente magníficas… a pesar de los pesare de por allá arriba del graderío. Otra vez montó la espada y ejecutó el volapié con perfecta sincronía de movimientos, metiendo el acero por el hoyo de las agujas. Solo por la estocada, la oreja que paseó el torero fue un premio de máxima justicia.

Al tercer espada del cartel AlejandroTalavante, le echamos de comer aparte, que diría un castizo. Su primer toro, tercero de la corrida fue un toro enrazado, corniveleto y respondón, al que Talavante toreó por bajo con unos muletazos de inspirado concepto –me atrevería a decir que se le ocurrieron sobre la marcha–, flexionando la pierna de salida de la suerte y obligando a humillar hasta lo inverosímil al toro de Núñez del Cuvillo. Incluso se permitió el lujo de mirar al tendido.

Comienzo tan explosivo auguraba una faena de altas dimensiones, pero el temperamento del toro no permitió excesivas florituras al torero. No obstante, el Tala cuajó muletazos magníficos, sobre todo en dos series con la mano derecha y una –excelsa—de naturales. Mató de estocada casi entera y la oreja cayó, sin discrepancia alguna que tuviera base concreta y sensata. Mejoró su actuación en el sexto, sin duda el toro de la corrida. Un cuvillo castaño que derribó con estrépito al caballo y al picador, Manuel Cid; acudió de nuevo con fijeza al área de castigo y apretó de firme bajo el peto. Arreó en banderillas, pero Juan José Trujillo le ganó la cara en dos pares meritorios, que le obligaron a saludar. La faena de Talavante a este toro olía a Puerta Grande. Más aún: a triunfo grande, de dos orejas. Y a fe que a punto estuvo de conseguirlo, porque toreó de muleta con arrebatada personalidad y desbordante torería. Las series en redondo con la derecha, perfectas; las de naturales, inmaculadas. Faena de gran intensidad que no firmó su espada como merecía. Dos pinchazos y estocada. La ovación, supo a poco.

Tres orejas, tres se repartieron las figuras ayer en Las Ventas del Espíritu Santo. Los tres, tienen nuevas comparecencias contratadas. Los tres deben agradecer a Núñezdel Cuvillo la corrida que envió a Madrid: toros de razonable peso, algunos bien corpulentos, pero todos ellos armados con dos puñales puntiagudos. Corrida, pues, seria y buena en líneas generales, con los matices descritos.

Corrida en la que un año más, salió revalorizado José Gómez Ortega, Gallito, o Joselito el Gallo, como ustedes quieran. En cualquier caso, el Rey de los Toreros, antes, ahora y siempre. Un Rey que ha dejado en prenda su corona: la montera que tuve el honor, el placer y la fortuna de tener entre mis manos durante varios minutos, hace tan solo tres días. Todavía me tiemblan de emoción.

Publicado en República

Foto: NTR Toros.

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Feria de San Isidro: Amar la trama

Por Juan José Cercadillo.

Amar la trama más que el desenlace, Jorge Drexler ‘dixit‘.

Amo esa definición para cualquier cosa. Para el trabajo, para la vida, para el amor, para el odio, para la familia o la pareja. Amar la trama, disfrutar el momento, sentir que lo importante no es cómo quieres estar dentro de un tiempo sino cómo estás ahora. Es más fácil cuando disfrutas, cuando eres feliz en lo que haces, cuando no estás forzando situaciones a la búsqueda de mejor posición o sensaciones. Fácil de decir, difícil de hacer… La vida misma. Mucho riesgo olvidarse del final, de la estrategia o el objetivo y entregarse a disfrutar, pase lo que Dios quiera que venga. Pero creo en firme que es la actitud buena para disfrutar de todo, y en especial de los toros, y muy en especial en Las Ventas.

Y este miércoles la trama ha sido de ensueño. Ver a toreros cuajados, sensibles, con arte y con compromiso remontar las envidias de los mediocres, solventar las deficiencias de sus toros, entregar generosos sus interiores hilvanando historias que disfrutar a cada pase, a cada cite, a cada desplante o remate es disfrutar del todo de la trama, sin importar el desenlace de las estocadas perfectas, de las orejas cortadas.

Disfrutamos este miércoles hasta la médula la trama de Antonio Ferrera, la fama de Manzanares, la calma de Talavante, el fluir de una corrida que pudo marcar historia si no caen los toros al piso y se callan los que sobran… Y si no pincha Alejandro, también es cierto. Pero, como siempre en la vida, hay quien no disfruta de nada. Da igual que vean los pases lentos y planos del Manzanares más torero, los naturales profundos, sentidos y verdaderos de un Ferrera en plenitud o la fibra, el temple y la belleza de los pases del figurón del futuro Talavante. Da igual, algunos no quieren verlo y vuelven para sus casas como si no hubiera pasado nada delante de sus narices, al final de sus tendidos y muy muy dentro de su alma.

Y se han cortado tres orejas, una por cada coleta, que decían los antiguos. Y da igual que Ferrera no pudiera rematar el cuarto, que Manzanares no reventara del todo rompiéndose con el buen quinto y sobre todo que Talavante no enterrara esa espada en el impresionante sexto que le hubiera dado una nueva puerta grande de la que contar a tus hijos.

Grandioso Alejandro de tobillos a la nuca, de cintura, de cadera, de muñecas y atributos. Entregado, sensible y templado, me ha encantado la trama de sus faenas. Bien compuestas y llevadas, bien planteadas y serias. Con historia, con su trama y con verdad de la buena.

Amar la trama del toreo, olvidar un poco el desenlace. Más allá… volver a vivir la trama y evitar el desenlace. Disfrutar de cada pase y recordarlo por siempre… Y me da igual la puerta grande.

Plaza de toros de Las Ventas, miércoles 16 de mayo de 2018.

9ª de feria. Lleno de no hay billetes en tarde primaveral y agradable. Toros de Núñez del Cuvillo de entre 533 y 585 kilos muy bien presentados y en tipo, serios y con gran tono en general, flojos algunos, lo que impidió, junto con los pinchazos de Talavante, una tarde de verdadera gloria.

Antonio Ferrera, de nazareno y oro. Oreja y silencio.

Manzanares, de azul marino y oro. Silencio y oreja.

Alejandro Talavante, de blanco y oro. Oreja y gran ovación. Pudo abrir la puerta grande de no pinchar en el sexto tras dos grandiosas faenas.

Se guardó un minuto de silencio al final del paseíllo por el aniversario de la muerte de Joselito el Gallo en Talavera.

Publicado en El Confidencial

Foto: NTR TOROS.

Corrida de expectación en Madrid: 3 de las 4 Puertas de Talavante han sido toreando con Manzanares…

Mientras el Atlético de Madrid se jugará en Lyon ser campeón de la Europe League, en la plaza de toros de Las Ventas Ferrera, Manzanares y Talavante miden sus fuerzas en el primer gran cartel de San Isidro 2018. Mucha expectación para esta corrida en la que se lidiarán toros de Cuvillo.

Atentos a las claves y curiosidades que nos ofrece, un día más, Datoros.com

De SOL y SOMBRA.

Talavante fue el torero que más cortó en la pasada feria de San Isidro (3). Por primera vez en su carrera puntuó en tres tardes en una misma feria (En Beneficencia –fuera de abono en 2017- se marchó de vacío).

Entre los 3 toreros, Talavante domina claramente el marcador en Las Ventas. El extremeño suma 15 orejas, 4 Puertas Grandes y 3 toros desorejados. Por su parte, Manzanares ha cortado en Madrid 8 orejas, ha salido dos veces a hombros y ha desorejado a otros tantos toros. Ferrera suma en toda su carrera 9 orejas, 1 salida a hombros y un toro desorejado.

Talavante se ha impuesto en los duelos con Manzanares en Las Ventas. 3 de las 4 Puertas Grandes que Talavante ha logrado en Madrid han sido toreando con Manzanares. Mientras, el alicantino nunca ha salido a hombros cuando ha hecho el paseíllo con el extremeño, sumando 3 trofeos menos.

Manzanares llega a Madrid tras desorejar un Cuvillo en La Maestranza. El alicantino es el único torero en la historia que ha desorejado un toro de Cuvillo en Las Ventas y en Sevilla en un mismo año (2011). Esta temporada podría lograrlo de nuevo.

José María Manzanares ha abierto en dos ocasiones la Puerta Grande de Madrid (2011 y 2016) En caso de lograrlo de nuevo igualaría las 3 salidas a hombros de su añorado padre.

Talavante ha cortado al menos una oreja en 6 de las últimas 7 temporadas en las que ha toreado en Madrid. Desde 2011 tan sólo se fue en blanco en 2014. Más irregular es Manzanares, que nunca ha encadenado más de dos años consecutivos puntuando. No obstante, desde 2011 nunca ha sumado dos años marchándose de vacío, algo que le ocurrió en 2017.

Talavante se puede convertir en el torero en la historia que más orejas ha cortado a los Cuvillo en Madrid. Hasta ahora está empatado a 4 orejas con Miguel Ángel Perera.

Ferrera vuelve a Madrid donde no pudo torear en la pasada feria de Otoño, cuando estaba anunciado dos tardes. El año pasado cortó una oreja de peso a un toro de Las Ramblas. No encadena dos años seguidos puntuando en Madrid desde 2002 – 2003.

Desde 2008 tres toreros han desorejado a un Cuvillo en Madrid: Perera (2008), Castella (2009) y Manzanares (2011). Sólo Manzanares lo hizo en la feria de San Isidro.

Hace 44 años que nadie desoreja un toro en Madrid un 16 de mayo. El último en lograrlo fue Antonio José Galán en 1974.

La corrida de hoy:

Enchiquerados seis toros de Núñez del Cuvillo para Antonio Ferrera, José María Manzanares y Alejandro Talavante.

ORDEN GANADERÍA Nº G. NACI. PESO NOMBRE CAPA TORERO

1º NÚÑEZ DEL CUVILLO 2 4 09/13 553 FUNDADOR COLORADO ANTONIO FERRERA

2º NÚÑEZ DEL CUVILLO 116 4 12/13 555 VERLANGUILLO NEGRO J.M. MANZANARES

3º NÚÑEZ DEL CUVILLO 255 4 01/14 538 AGUADOR NEGRO TALAVANTE

4º NÚÑEZ DEL CUVILLO 95 4 10/13 570 RESCOLDITO COLORADO ANTONIO FERRERA

5º NÚÑEZ DEL CUVILLO 69 4 12/13 585 TRISTÓN JABONERO J.M. MANZANARES

6º NÚÑEZ DEL CUVILLO 131 4 09/13 560 ROSITO COLORADO CHORREADO EN VERDUGO TALAVANTE

S1 JOSÉ CRUZ 39 3 10/12 580 NIGERIANO NEGRO

S2 BUENAVISTA 5 3 12/12 575 PENSATIVO NEGRO

PRESIDENTE: D. JOSÉ MAGÁN ALONSO

DELEGADO GUBERNATIVO: D. LUIS MARIANO AGULLA LÓPEZ
ASESOR: D. PEDRO HERRANZ `MADRILES.

VETERINARIOS: D. ENRIQUE RECAS VARAS. Da BEGOÑA FLORES OCEJO, D. FDO. DAVID FUENTE FUENTE

ANTONIO FERRERA

PICADOR ANTONIO PRIETO (Pizarra y oro) PICA 1º
PICADOR JOSÉ MARIA GONZÁLEZ (Corinto y oro) PICA 4º
BANDERILLERO JOSÉ MANUEL MONTOLIÚ (Azul noche y plata) LIDIA 1º
BANDERILLERO JAVIER VALDEORO (Sangre de toro y plata) LIDIA 4º
BANDERILLERO JAVIER SÁNCHEZ ARAUJO (Verde y plata)
MOZO DE ESPADAS OMAR FLORES
APODERADO

JOSÉ MARÍA MANZANARES

PICADOR PEDRO MORALES “CHOCOLATE” (Azul y oro) PICA 2º
PICADOR PACO MARÍA (Azul rey y oro) PICA 5º
BANDERILLERO JESÚS GONZÁLEZ “SUSO” (Sangre de toro y azabache) LIDIA 2º
BANDERILLERO RAFAEL ROSA (Lirio y azabache) LIDIA 5º
BANDERILLERO LUIS BLÁZQUEZ (Celeste y azabache)
MOZO DE ESPADAS FRANCISCO JAVIER CASTRO
APODERADO CASA MATILLA

ALEJANDRO TALAVANTE

PICADOR MIGUEL ÁNGEL MÚÑOZ (Burdeos y oro) PICA 3º
PICADOR MANUEL CID (Pizarra y oro) PICA 6º
BANDERILLERO JUAN JOSÉ TRUJILLO (Visón y azabache) LIDIA 3º
BANDERILLERO VALENTÍN LUJÁN (Azul y azabache) LIDIA 6º
BANDERILLERO JULIO LÓPEZ (Verde y azabache)
MOZO DE ESPADAS CARLOS MONTAÑO
APODERADO CASA MATILLA

Twitter @Twittaurino

Feria de San Marcos: Ferrera torero de otro cosmos

Por Sergio Martín del Campo R.

Foto: NTR Twitter.

Más de la mitad del graderío se cubrió por un público que salió impactado de la cuarta corrida de la Feria de San marcos. El motivo, un Ferrera impresionante, distinto, espiritual y de dimensiones desconocidas. La faena a su segundo, sin duda, ha sido una de las más estrujantes de cuantas se hayan realizado en la historia del edificio taurómaco de la “Expo-Plaza”.

Para esta función de toros, se anunciaron bureles de Begoña, aunque en el ruedo aparecieron cuatro quemados con la marca de la casa hermana, Santa Teresa (primero, segundo, quinto y sexto) y solo dos de los programados (tercero y cuarto).

En juicio global, formaron una partida de aceptable presencia, pero más bien descastada, con solo dos que dieron vértice al éxito. En una destanteada intervención, el juez mandó que se honrara con el arrastre lento al cuarto, un bueyón de carreta al que el diestro peninsular enseñó a embestir.

Con maravillosas verónicas e inclasificable remate enseñó Antonio Ferrera (palmas y vuelta) ante los aguascalentenses su media filial. No satisfecho, sacó al antagonista del caballo lidiando y toreando a la vez. Aquel llegó soseando a la muleta, sin embargo el peninsular demostró que es un diestro con altísima capacidad y oficio, y le extrajo pases que parecían imposibles, así por el cuerno derecho como por el siniestro, pese a que por tal flanco era aún más corto. Como quien saca agua de una peña.

Lamentablemente no terminó bien con la espada lo que bien hizo con los avíos.

Con su segundo vino la locura. Lo inaudito. Aquel bovino se comportó como un buey propio para unirlo en el arado. En manos de cualquier otro torero había sido punto más que imposible ver una faena, pero el extremeño es de otra galaxia. Primero inició un diálogo con el adversario, mandó callar la música y luego hizo suyo al antagonista. Tal pareció que le hechizó y le enseñó a embestir. Dictó una conferencia entonces en la que declaró que el toreo es un milagro, un ejercicio científico y espiritual en el que juegan a partes iguales el espacio y el tiempo. El bicorne aquel iba tras la pañosa como hipnotizado, mientras el espada la movía rítmicamente, sin buscar las posturas ni las ventajas, y sí, por el contrario, el alma misma de la tauromaquia práctica. En un momento clavó el ayudado en la arena y se entregó abandonado a cuajar pases de milagrería, sin trampas y sin patrones, hasta formar esculturas vivientes, con movimiento y dinámica. A estas alturas el cotarro se encontraba de pie y gritando el consagratorio coro de ¡torero, torero! El rabo lo tenía en sus manos, empero vinieron dos pinchazos antes de un bajonazo.

Lo valedero de Fabián Barba (oreja y al tercio tras fuerte petición de oreja) ante su primero, fue un denodado quite al modo del “Indio Grande del Toreo”. Posteriormente el astado arribó al tercio final con cierta nobleza y recorrido, y el diestro le indagó muy bien el son y la distancia, y basado en eso le ruecó una faena decorosa y variada en la que resaltaron algunas tandas derechistas, bajando el telón de una estocada delantera y caída, aunque de efectos mortales casi inmediatos.

Espoleado por la muestra del coletudo extranjero, se fue a encajar las rodillas al centro del anillo recibiendo a su segundo con tres largas cambiadas buriladas que fueron en recio metal. Recuperado el aplomo, fue cogido espectacularmente, pero se rehízo y forjó lances muy profundos, terminando su muestra capotera con aseadas y ceñidas chicuelinas. Ya en el tercio de muerte el toro se vino a menos, quedándose corto y retornándose en los remos delanteros, pero el diestro se vino a más y con un gran anhelo, pese a los dolores por el golpe sufrido, robó una faena decorosa y cumplidora en la que no faltaron los muletazos de aliño, coronándola de una estocada caída pero hecha de manera enjundiosa.

Los lances iniciales de Sergio Flores (oreja y palmas) estuvieron cargados de torería, son y temple, virtudes mismas que aplicó en la faena muleteril durante la que grabó bloques de pases rítmicos, desdoblando el brazo y profundizándolo largamente, cuál era la embestida del noble cornúpeta, el cual obedecía el trazo de la sarga. Para hacer el honor a su relevante faena, ejecutó la suerte suprema dejando el estoque ligeramente contrario y por ello resultando de consecuencias mortales tardías.

Con frescura toreó nuevamente a la verónica al que cerró plaza. Al armar la tela escarlata reeditó su sólido sitio y el excelente momento profesional que vive. El toro en dos series embistió con nobleza y calidad, no obstante, cambió de lidia yéndose a menos en el ecuador de la ejecutoria del tlaxcalteca. Pero quedó de manifiesto su torería cuando marcó muy bien los tres tiempos de los pases muleteros. Se entregó a la hora buena de realizar la suerte de matar, pero la mancha fue que el alfanje quedó atravesado, saliendo la punta de éste por un costado del bicorne, siendo insuficiente la acción, lo que le obligó a lanzar un par de descabellos.

Publicado en Noticiero Taurino

Video de la faena de Ferrera: https://youtu.be/nfWTltDk9W4

Antonio Ferrera por Roca Rey en Tlaquepaque

De SOL y SOMBRA.

La empresa Casa Toreros anunció que el torero español Antonio Ferrera sustituye al peruano Andrés Roca Rey en la corrida a celebrarse el próximo jueves 26 de abril en la plaza “El Centenario”, de San Pedro Tlaquepaque, Jalisco.

El cartel, queda de la siguiente manera: Antonio Ferrera, Jerónimo, Sebastián Castella, Paco Ureña, Joselito Adame y Luis David Adame, para despachar seis toros de diversas ganaderías: Marrón, Montecristo, Campo Hermoso, Xajay, Barralva y San Isidro.

Mientras que en Aguascalientes Fabián Barba entra por Roca Rey en la corrida de mañana domingo en la Monumental de Aguascalientes.

De esta manera, el cartel anunciado queda con Antonio Ferrera, Fabián Barba y Sergio Flores, con un encierro de Begoña.

Twitter @Twittaurino

Feria de Abril: lo malo, si breve…


El presidente niega una oreja a El Juli en una deslucida corrida de Jandilla.

Por Andrés Amorós.

Si el cartel, en sí, era muy bueno, después del indulto de «Orgullito», se convierte en óptimo. El ambiente es extraordinario: una gran fiesta social. Luego, como tantas veces, llega la decepción. El toro lo decide todo. Recuerdo un viejo refrán: «Tres cosas hay que nadie sabe cómo van a ser: el melón, el toro y la mujer».

Más chocante resulta porque Jandilla lleva dos temporadas muy buenas pero, esta tarde, las reses han fallado estrepitosamente: flojos, descastados, huídos, sin emoción, rajados… Ese es el enigma básico de este arte, siempre imprevisible. Y los ánimos del público, exaltados al comienzo, se han ido desinflando, como un gigantesco «soufflé»…

Al comienzo, se ha hecho saludar a El Juli, en recuerdo de la gran faena al toro indultado. (Me dice una elegante vecina: «En Las Ventas, lo van a esperar»). Se emociona el público con una pancarta: «Cataluña, taurina». Todos aplauden. Y uno apostilla: «Y el Barsa, Subcampeón de la Copa del Rey…». La guasa de esta tierra.

Raíces clásicas

Antonio Ferrera ha conseguido que muchos esperemos con ilusión su nuevo estilo, de raíces tan clásicas. El gran público, en cambio, sigue pitándole, cuando no coge las banderillas. La gente no lee y tardará tiempo en enterarse de que ésa es su decisión para esta temporada. El primer toro flaquea, se queda corto. (Tendré que repetir esto con casi todos sus hermanos). Además, no repite y pega derrotes . Antonio, en seguida, lo lleva al centro – a pesar del viento – y muletea, muy asentado y sereno. De pronto, el toro decide echarse en el dorado albero. ¡Vaya decepción! Le piden que corte y lo hace. Después de un pinchazo, logra una buena estocada. Recibe al cuarto con buenos lances, en su estilo propio, bajando la cabeza, acompañando la embestida. Se luce poniéndolo en suerte. El toro tardea, echa el freno ante el caballo, sale de la suerte cayéndose. Ferrera muletea con oficio y buenas maneras pero las caídas deslucen el trasteo. Con valor y mérito, todavía le roba pases en tablas, que son insuficientemente valorados. (La efervescencia emocional del comienzo ya se ha diluido). Mata bien, entrando despacio.

Resume certero Fran: «En esta Feria, de seis toros, sólo le ha embestido uno». Veremos si en Las Ventas tiene más suerte.

Idilio con Sevilla

El Juli vive su momento de idilio con el público sevillano, que lo apoya y empuja. El segundo toro es noble pero flojo. Lo recibe con buenos lances, cargando la suerte y a pies juntos. Roca Rey aprovecha la bondad de la res para su quite barroco. Julián replica con chicuelinas de mano baja (como Manzanares padre) y compás abierto (como José Tomás). La gente ruge: ¡dos gallos de pelea! Es lo que han venido a ver. Brinda Julián al público; anda fácil con el toro pero molesto por las ráfagas de viento. Torea con mando, algo encorvado. Los naturales desmayados hacen sonar la música: escuchar a esta Banda «Suspiros de España» es una maravilla. Al final, desata el entusiasmo con un circular. Mata mal, con el habitual salto; además, caído y perpendicular. La petición de oreja es mayoritaria pero el Presidente no la concede. Sentencia un vecino: «Ha sido sólo medio toro; por eso, la faena ha ido a menos». Y no está bien que, en esta Plaza, como ahora en casi todas, se valore sólo lo rápido que caiga el toro, no el lugar de la estocada. Da la vuelta al ruedo. El quinto sale con genio, embiste de largo al caballo, pica bien Barroso. Después de los doblones iniciales, el toro se queda corto, se para y se cae. Una vez más, vivimos la desesperante situación de un diestro que ha de gritar cinco o seis veces «¡Je!» para que el toro embista un poquito. Le piden que abrevie y lo hace. Mata mal, con derrame.

Un manso manejable

Todos esperan que Roca Rey se enfrente con todas sus armas al diestro triunfador: lo intenta pero no logra rematar el triunfo. El tercero se llama «Jumbrío» (supongo que es «Umbrío», con la hache aspirada, como «cante hondo» da lugar a «jondo») pero se queda en muy oscuro. Apenas lo pican; se mueve, en banderillas, pero renquea de atrás; quiere embestir pero… Comienza Andrés con cinco muletazos de rodillas: uno de ellos, por la espalda. («El pase del runrún», lo bautiza un vecino). Liga muletazos mandones, de mano baja, pero la flojedad del toro frena el estallido. Aunque la res saca genio, le arranca muletazos. Mata con decisión pero mal. El último es un manso manejable que huye continuamente hacia chiqueros. El quite por gaoneras c y una larga sube un poco la emoción, muy caída. Saluda en banderillas Juan José Domínguez. En los terrenos que va buscando el toro huído, intenta sujetarlo, manda y aguanta; todavía consigue naturales de mucho mérito, en tablas, pero pierde la oreja, al pinchar. Una vez más, ha demostrado que, además del evidente valor, posee una notable capacidad y una claridad de cabeza poco frecuente. Con esas calidades, va a llegar muy lejos.

Única noticia buena, la corrida ha durado poco más de dos horas, algo increíble, hoy en día. Lo malo, si es breve, sigue siendo malo, pero se soporta mejor.

FICHA

REAL MAESTRANZA DE SEVILLA. Jueves, 19 de abril de 2018. Décima corrida. Lleno de «No hay billetes». Toros de Jandilla y Vegahermosa (4º), de muy pobre juego, todos flojos y deslucidos.

ANTONIO FERRERA, de azul marino y oro. Pinchazo y estocada (silencio). En el cuarto, buena estocada (silencio).

EL JULI, de tabaco y oro. Estocada caída perpendicular (petición y vuelta al ruedo con bronca al presidente). En el quinto, media caída con derrame (silencio).

ANDRÉS ROCA REY, de barquillo y oro. Estocada rinconera (saludos). En el sexto, pinchazo y estocada. Aviso (ovación de despedida.

Publicado en ABC

El arte y la solidaridad, de la mano

Por Luis Carlos Peris.

Desde ayer y hasta que arrastren al último miura será un no dar abasto en cuanto a eventos concernientes al mundo del toro. Ayer se presentaba ese magnífico anuario taurino que coordina Carlos Crivell bajo el patrocinio de Caja Rural y este mediodía apareció en la agenda otro acto ya tradicional.

Casi cuarenta años tiene de vida el homenaje que le rinde Ramón Vila a su padre. Desde aquel acto en el inicio de los ochenta en que fueron Curro y Villalba los homenajeados en el local que regentaba Pepe Jaenes en calle Salado, cada martes de Pascua convoca el doctor Vila a la entrega de los premios al quite artístico y al providencial.

Hoy, junto al río, Antonio Ferrera y Javier Valdeoro recibieron los premios con que Ramón mantiene viva la memoria de su padre, aquel doctor Vila Arenas que le precedió en la hermosa tarea de velar por la vida del héroe de luces.

Publicado en el Diario de Sevilla

Foto: Cuarto Tercio.

Sevilla: Entre el dulzor de Ferrera y la fuerza expresiva de Roca Rey

Por Fernando Fernández Román.

Déjenme que me agarre al taraje del tópico –una vez más— para hablar de Sevilla. El tópico, cuando se utiliza como asunto recurrente venial no es nocivo, sino gratificante. Hasta en los medicamentos se recomienda el uso tópico para sanar o aliviar cualquier trastorno del organismo; por eso, echar mano del tópico de Sevilla no es nada grave, ni nada nuevo, ni lesivo, sino liviano lenitivo que nos conforta. Lo malo, lo realmente pernicioso del tópico es cuando se utiliza como dogma de fe, muchas veces promovido por venalidades interesadas; pero el tópico del cielo de Sevilla y del azahar y del encanto de su río y de Sevilla y Triana es una recurrencia benefactora, háganme caso. Sucede sin embargo, que cuando se cuentan y se cantan los encantos de una ciudad radicalmente diferente a las del mundo mundial, al profano, al desconocedor o, simplemente al no capacitado para entender de estas cosas, mundanas y etéreas a la vez, le chirrían y acaba por parecerle cansina cantinela. Le trae al pairo esta romanza de tópico, con Sevilla de fondo. Es más, le encocora. Es jujana y pamplina; pero yo, que soy pecador confeso, cada vez me empecato más con Sevilla, sencillamente porque me fascina. Y no me pidan más explicaciones.

Un Domingo de Resurrección en primavera y en Sevilla, es un regalo. Y, si encima, acudes a la Maestranza de Caballería para ver la corrida que abre temporada, hay que ser muy pobre de espíritu para no reconocer que el cuadro es de una riqueza cromática deslumbrante. Este primero de abril, el cartel también era deslumbrante, con tres toreros –¡no sevillanos!—que despiertan el interés de los aficionados. Lleno a reventar. Al final del paseíllo, minuto de silencio en memoria de los ganaderos Victorino Martín y Domingo Hernández, el puntillero Lebrija y el Delegado de la Autoridad Miguel Ángel Ocaña.

Tampoco hubiera costado nada ampliar la nómina a Luc Jalabert, que es el más reciente de todos. Nada más terminar, la primera ovación. Y la segunda, para una inmensa pancarta en los tendidos de sol, que rezaba: “Cataluña es taurina”. Tarde de templada temperatura, sol radiante y leve viento, que no estorba. Todo el mundo quería estar en la Maestranza. Vayan si no a las páginas de sociedad y verán qué cantidad de eso que llaman, de forma banal e inconcreta, caras conocidas se veían por los alrededores y dentro del coso del Baratillo.

La corrida de Victoriano del Río fue protagonista –que no víctima– de lo que también se llama incomprensiblemente baile de corrales. Algunos toros fueron rechazados en el primer reconocimiento y se trajeron más de los predios colmenareños de don Victoriano, con los dos hierros de la casa, primero –bis y quinto. Consecuencia: la corrida fue una escalera, desde el zambombo de 590 kilos que se devolvió a los chiqueros por su manifiesta invalidez, a la raspilla, respondona, fea y mala que remató el festejo. Hubo dos toros de nota: el tercero, bravo y codicioso, y el cuarto, bravo también, pero sobre todo, noble hasta decir basta. El segundo tenía jiribilla en sus arrancadas, miraba al torero, medía su emplazamiento y se metía para adentro en los embroques; el sobrero primero-bis, cortó en banderillas, también fue listillo y deslucido; el quinto se vino abajo estrepitosamente y el sexto mansurroneó y negó las embestidas. Si nos atenemos a la garantía que parecía ofrecer el gran momento de esta ganadería, habrá que culparla en gran parte del resultado de tan deslumbrante festejo.

Sin embargo, no debería fiarnos del marcador, que refleja un resultado pírrico, porque los tres toreros ofrecieron una dieron una gran medida de su capacidad artística, dentro de conceptos bien diferentes. Antonio Ferrera parece que ha decidido hacer tabla rasa de su anterior periplo por los ruedos y se ha instalado, por propia decisión, en el solio de solemnidad, apostura y galanura. No banderillea (al menos ayer en Sevilla), y se ha creado un entourage de nuevo repertorio, en el que incluye el ya comentado rescate del quite “de verdad”, entrando a por el toro cuando todavía está corneando el peto y sacándolo con suertes de variada ejecución. Al quinto, lo sacó por verónicas medio en cuclillas, que es rara forma de torear con el capote; pero lo hizo muy bien, muy templado y con un indiscutible toque de eso que llaman torería. No acabó de congeniarse con el primer toro, el sobrero de marras, al que mató de una estocada dejándose ver, y ganándose un pitonazo; pero en el cuarto, acompañado por los compases del pasodoble Dávila Miura, escenificó una faena llena de pausas, tanto toreando, como esperando a que el toro recuperara energías… y que el del solo de trompeta rematara también su faena. Fue uno de los momentos más emotivos de la corrida, porque la música sonora y bella de la Banda se paseó de bracete con la música callada de ese toreo místico en que Ferrera ha determinado practicar. Este torero es un veterano que ahora se presenta como novedad, por lo que hace y por lo bien que lo escenifica. Como si viniera pidiendo pinceles para el cartel de toros de toda la vida (toma nota, Diego Ramos). La verdad es que cuajó tandas de muletazos de temple exquisito y despaciosidad meridiana. Hubo dos series con la derecha y tres con la izquierda, realmente magníficas. Pero la verdad sería incompleta si no se valorara la exquisita dulzura de la embestida del toro de Victoriano del Río. Entre la dulzura del toro y el dulzor de Ferrera (más que inspirado, ensimismado), las torrijas de Semana Santa me parecieron amargosas. La faena tuvo un desaforado metraje, por las pausas antedichas, y sonó un aviso, antes de que el toro cayera de media estocada y descabello. Así y todo, creo que mereció sobradamente la oreja, pero al no concederla el presidente, la vuelta al ruedo fue de auténtico clamor.

José María Manzanares fue el que se llevó lo peor del lote de donVictoriano. El segundo toro de la corrida fue un toro encastado y geniudo. Con arteras intenciones. Es cierto que ofreció un tercio de varas espectacular, arrancándose de lejos al caballo montado por Paco María, y estuvo a punto de derribar en el primer encuentro, pero hay que destacar la soberbia actuación del piquero, que colocó un segundo puyazo magistral. Llegó a la muleta alertando de que no era un toro de carril. De Carril, son las almejas. Éste era un toro con su punto de fiereza, que avisaba de que podía hacerse con la presa en cualquier momento. Y ese momento llegó, en forma de volteretón tremendo, con búsqueda insistente del desarbolado torero, que fue corneado por el toro con tanta saña como, por fortuna, mala puntería. No se amilanó Manzanares, y siguió porfiando, visiblemente afectado por el palizón. Mató de pinchazo y estocada y le dedicaron una justa ovación. Peor fue el quinto, con el hierro de Toros de Cortés. Un toro que pareció desparramar la vista –habíamos entrado ya en la fase de corrida nocturna—, al colocó un buen puyazo Chocolate-hijo y un gran par de banderillas Rafael Rosa, antes de que el matador toreara por alto, ampuloso y confiado, en el comienzo de faena. Y poco más, el toro se rajó de forma vergonzante, después de tomar la muleta de José María con cabeceo molesto y nula entrega. Se le aplaudió cuando mató de media estocada delantera.

Algunas de estas cosas sucedieron antes y después de que Andrés Roca Rey llamara fuertemente con la aldaba de la Maestranza. ¿A quién o quienes llamaba?, se preguntarán. Pues a todo aquél que quiera ver lo que este mozo espigado, de cabeza fría y corazón caliente se trae entre manos. Y lo que se trae, lo que trae al toreo contemporáneo es un forma de interpretar el arte que practica realmente magnífica, sorprendente y absolutamente sincera. Sin concesiones banales. Habrá quien entienda que esos cites por la espalda o las arrucinas o cualquier recurso que se invente sobre la marcha durante sus intervenciones con capote y muleta formen parte de una performance que solo trata de desviar la atención. Mentira. Roca Rey es, ahora mismo, un chorro de agua fresca. Pero, además, ayer demostró en Sevilla que torea con una elegancia, un empaque, un temple y un mando difíciles de superar. Ayer le pegó al toro castaño de Victoriano del Rió que se jugó en tercer lugar, Jara, de nombre, media docena de series con ambas manos que dejaron boquiabierto al personal. Inició la faena por estatuarios, con pase cambiado entreverado… y la Banda de música arrancó a tocar, porque se presagiaba algo grande. Y grandeza tuvo la faena de Roca, bella, maciza, sin asomo de crispación, rematada con un volapié por lo alto, dejando llegar los pitones al bordado de la chaquetilla. Faena de dos orejas incontestables, que se quedó en una porque Jara no se quería ir de la Maestranza y se amorcillo junto a las tablas de la barrera. El aviso que sonó no es más que un recordatorio, no un castigo, y sin embargo a Roca Rey le penalizó el público, porque con el largo lapso de tiempo parte del personal ejerció de perezoso olvidadizo. Y ahora el aviso me lo doy yo, porque me olvidaba de consignar la soberbia brega de Viruta, en el tercio de banderillas. Todo suma.

Con una larga cambiada de rodillas recibió Roca Rey al sexto toro, el peor presentado de la corrida, como se ha dicho. Y el de peor juego. Mansurrón descastado, entregó la cuchara demasiado pronto. Se fue a las tablas y allí Andrés trató de sacarle los colores con un arrimón tremendo, inconsistente y absurdamente arriesgado. Nada que hacer. Se le despidió, como a sus compañeros, con una cerrada ovación. Queda mucha feria, y mucha temporada.

Así transcurrió la esperada corrida de Resurrección en Sevilla: entre el dulzor de Ferrera y la fuerza expresiva de Roca Rey . ¿Y Morante? Por allí andaba, con sus pobladas patillas, sentado en su localidad, trajeado de gris y coronado con un sombrero bombín. Como le dijeron en cierta ocasión a Curro Romero, en este mismo escenario: Ya vendrá el verano…

Publicado en República

Foto: Entre Artes Comunicación.