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¿La Fiesta en Paz? La feria de Agüitas y hamponce, incorregibles

Por Leonardo Páez.

Los mexhincados se esmeran en justificar y los toreros nuevos se empeñan en triunfar, no con el propósito de realizarse como seres humanos valientes y expresivos, sino con la mezquina finalidad de enfrentar, siguiendo el mal ejemplo los que figuran, toritos de la ilusión, dóciles y repetidores, como la reciente apoteosis de feria de pueblo de El Juli en Sevilla, con unos tendidos saturados como nunca de desentendidos del concepto de bravura amenazante y exigente de mando, extasiados con la repetidora bondad del pegapasismo mecánico de luces.

Más que Sevilla y su rica tradición, la responsabilidad recae en el taurineo –ese manejo opaco y ventajista del negocio taurino en perjuicio de la fiesta– y de la tauromafia –ese grupúsculo de adinerados faltos sensibilidad taurina pero sobrados de voracidad y amiguismo–, abarroteros de la mejor tradición tauromáquica de los pueblos, empeñados en exprimirla mientras dure, defraudando públicos que olvidaron exigir y emocionarse con la bravura y que confunden la tauromaquia con el toreo bonito ante toros a modo para toreros-marca tres eme: muleteros monótonos modernos. La tauridad –comportamiento del toro con bravura y clase, en ese orden– y la personalidad –sello que imprime la persona a sus actos, incluido el torero frente al toro, no su caricatura– se quedaron en los libros.

Cuando hemos repetido, con bastante tristeza por cierto, que México es hoy el país taurino más tonto del mundo, nos referimos a que ni en la dependiente Sudamérica, las figuras españolas torean los remedos de toro que por acá tienen a bien echarles los postrados dueños del negocio, a ciencia y paciencia de gremios, crítica especializada en encubrir, de públicos y de la autoridá, escupiendo sobre una tradición tauromáquica que otrora reflejó y enorgulleció al país.

Sergio Martín del Campo, uno de los cronistas independientes más serios de Aguascalientes y de México, escribió en relación con la quinta corrida de la mezquina y contumaz oferta taurina de la Feria de San Marcos: “Teófilo Gómez y Enrique Ponce son dos nombres que se han visto unidos en muchos carteles en la geografía de lo que nos queda de República Mexicana. Ambos son acérrimos enemigos de la fiesta brava, y han hecho de ella una parodia lamentable. Ponce, El pinchador de Valencia, es alérgico a la casta, y los dueños de la dehesa acotada por lo consiguiente.

“Ayer tarde en el coso Monumental aguascalentense, que registró casi tres cuartos de entrada, vivimos una tauromaquia –si así se le puede llamar– castrada, sin emoción, carente de ese sentido y de esa sabia trágica que solamente se da con la bravura de las bestias y la hombría de quienes la enfrentan. Para complacer al abusivo y poderoso coletudo extranjero –cuyas comparsas fueron su paisano Marín y el local Adame–, los herederos de Teófilo Gómez remitieron seis bueyes de arado, sin trapío, chicos y sosos, haciendo gala de falta de ética, honor y categoría.

“Los seis mansearon soberbiamente y en atención a su sosería fueron pitados cinco… Por si algo faltara, la suerte de varas prácticamente se simuló… Todavía, una vez doblado su segundo, el modoso y meloso de Chiva, se hizo el indignado… Nadie mejor para definir su actitud que la genial Sor Juan Inés de la Cruz:

‘Qué humor puede ser más raro/ Que el que, falto de consejo/ Él mismo empaña el espejo/ Y siente que no está claro?… Otro títere en esta puesta en escena fue el juez…’”

Pero ai la llevan, antitaurinos disfrazados.

Publicado en La Jornada

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Nubarrones (también sobre la tauromaquia). Lo que va del orgullo a «Orgullito»

Por Jean Juan Palette-Cazajus.

Hace ya bastantes semanas agredí la paciencia del lector infligiéndole el via crucis de un largo serial sobre toros y filosofía que no estaba todavía para publicarse. Si «lo bien toreao es lo bien arrematao», como dicen que dijo Rafael el Gallo, la faena que brindé al público de Salmonetes…, además de interminable, carecía clamorosamente de remate. No diré que era para bronca, pero no merecía otra cosa que el doloroso silencio. Tenía algunas disculpas. En aquellos momentos me tenía bastante atribulado el marrajo de la salud. No es que las cosas hayan mejorado, ya que el toro que me toca lidiar es particularmente incierto. Convocado en el hospital de Pau el día 26 de marzo para un balance, las noticias resultaron bastante nubosas. Mirando por la ventana de mi habitación me dí cuenta de que también los nubarrones se acumulaban por fuera. Y como el torero lo es en todo momento y no debe atribularse con minucias, me dio por sacar una foto conmemorativa.

Si decido sacar esta foto hoy, a toro muy pasao, es porque pienso que es apta para ilustrar, además del mío, el estado mental de cierto número de aficionados, tras el paripé de Sevilla. Como no estoy para excesivos trotes creativos, mi aportación consistirá sobre todo en un popurrí de citas del malhadado trabajo, ya algo mejor «arrematao». No lo vean como cosa de cara dura, a lo sumo como cara de circunstancia.

Algo reflexioné sobre el indulto, casi a punto de concluir, en el capítulo XXIII:

«Nada como la corrida de toros celebra y recuerda la presencia-conciencia de la muerte como condición de engrandecimiento y dignificación de la existencia humana. Por esto a la infrecuente muerte del torero se opone el infrecuente indulto del toro. Por un lado, el fin trágico del torero, simbólico del sino mortal de la humanidad, debe ser «necesariamente »; pero debe ser excepcional. Por otro, el indulto que libra al toro particularmente bravo de la muerte, le concede así una humanidad metafórica. Por esta razón el indulto debe ser; y por esta misma razón, debe ser excepcional […] Y así el concepto de «indulto» es antropomórfico como lo es buena parte del vocabulario que sirve para calificar el toro. El indulto al toro bravo bebe en la misma fuente animista que sustenta la sentimentalidad animalista. Pero lo que muestra en filigrana el indulto, al convertir excepcionalmente el toro en humano metafórico, es el indicio, la indicación necesaria de que la muerte del toro nunca es libre de interrogantes. Hacer, excepcionalmente, del toro un humano metafórico es precisamente la mejor manera de recordar, por antífrasis, hasta qué punto no es humano; y también de recordar que toda muerte reviste gravedad».

Concluíamos:

«[…] Desde hace algunos años, presenciamos una auténtica proliferación de indultos en la mayoría de las plazas de toros, casi todos ellos injustificables. No nos quepa la más mínima duda, lo que el fenómeno viene indicando es cómo, entre el festivo público taurino, muchos comportamientos van quedando subrepticiamente parasitados e inducidos por la presión animalista».

Quien lo dude tenía que haber oído al inefable Simón Casas, entrevistado en el callejón de la Maestranza, tras el indulto y dirigiéndose a los antitaurinos, con su habitual y gabacha (¡qué le vamos a hacer!) ampulosidad, para encarecerles la capacidad que tiene la tauromaquia de dejar al toro en vida…

En cuanto a lo de “parasitados”, pretendía recordar al lector algo que se comentaba en el capítulo XIII:

«Se sabe que las larvas de algunos parásitos, colonizan el cerebro del animal huésped, llegando a cambiar sus comportamientos naturales por aquellos que favorecen las necesidades vitales del desarrollo de dicha larva. Por ejemplo, una de ellas, «Toxoplasma gondii» parasita el cerebro del ratón hasta el punto de que le pierde todo miedo al gato. De la misma manera, la larva animalista coloniza nuestro cerebro y nos sugiere como legítimo el debate sobre la porosidad de las fronteras entre hombre y animal»…

… Y también coloniza nuestro cerebro en el debate sobre la naturaleza y la finalidad del indulto, cabe añadir ahora.

A la hora de enjuiciar la labor de El Juli, aquel ínclito 16 de abril, seguiremos con las desvergonzadas autocitas, en este caso un pequeño extracto del capítulo V:

«[…] el diestro Domingo Ortega (1906-1988) decía que torear era conseguir que “el toro vaya por donde no quiere ir”. Ni más ni menos. Hablar de toreo interior quiere decir lo mismo. Hablar de toreo exterior supone, lo habrán deducido, pactar de forma más o menos descarada con las peores tendencias del toro y las más cómodas para el torero. Para que se vaya por sus terrenos, por donde quiere ir, por donde «coge» menos por sentirse menos exigido. Paradójicamente, el resultado, un toreo rectilíneo o apenas arqueado, suele ser más largo, más espectacular, más fácil de « ligar» que el auténtico y encandila al «espectador» mientras el aficionado se desespera. En cambio el toreo interior es curvo, sobrio, intenso, «pisa» el terreno del toro, «obliga» su naturaleza y se practica en el espacio de la «corná».

En el mismo capítulo, también me atrevía a unas breves consideraciones sobre el toro bravo. Se remataron muchas semanas antes de que se celebrase el armónico paso a dos de Cascanueces, quiero decir de «Orgullito» con El Juli:

«El profano pocas veces sabe hasta qué punto la indudable genialidad selectiva de la mayoría de los ganaderos dichos «de bravo» ha sido capaz de independizar la embestida de la bravura. Tal vez lo que sigue diferenciando al aficionado del «espectador» es la idea de que un toro no puede ser calificado de bravo si no es peligroso, si no queda en él ningún rastro de fiereza. Si no manifiesta lo que, de forma antropomórfica, llamaríamos combatividad. En ciertas circunstancias, el dominio sicológico del torero sobre el toro llega a ser real y se podría decir que lo está, literalmente, «desbravando». Pero muchas faenas actuales semejan ejercicios de amaestramiento. Curiosamente, al que manifiesta un mínimo de inteligencia, con el consiguiente peligro, llamamos negativamente «toro de sentido». Pero ponderamos como «noble» al que el gran veterinario y escritor taurino, Ramón Barga Bensusán, mostraba científicamente ser un toro tonto. No nos cansaremos de repetirlo, la indudable profesionalidad y admirable competencia genética de los ganaderos actuales han resuelto la cuadratura del círculo y creado un toro que embiste sin crear apenas peligro. Hoy, para muchos cerebros crepusculares el toro ideal es el que combina recorrido y docilidad. Entre lo mecánico y lo doméstico».

Quienquiera que haya visto la corrida o echado un vistazo al vídeo que adjuntamos se habrá dado cuenta de la atmósfera delirante, extática, que reinaba en la Maestranza aquel día 16 de abril. No pasaremos de un puñado más o menos consistente los que manifestamos otra gama de sentimientos, entre total indiferencia o indignada consternación, ante lo que fueron aquel día toro, torero y toreo. ¿Qué conclusión debemos sacar? ¿La de considerar que somos una minoría ilustrada e incomprendida en medio de un oceáno de vulgaridad e ignorancia? No la descarto del todo pero ahora mismo no me siento con valor para sostenerla. Además de cómoda, resultará mucho más probable la hipótesis de que el espectáculo del otro día represente realmente lo que queda de la tauromaquia.

La experiencia de la muerte, por definición, es aquello que no alcanzaremos jamás a conocer personalmente. Ni la nuestra propia, ni la de nuestro entorno vital, ni la de nuestra civilización, ni la de nuestra historia. Estamos programados para tal disonancia, para percibir sólo confusamente las mayores evidencias. Intenté explicitarlo en el capítulo XIX. Adelante con otra autocita:

«Y así la presencia de una conciencia de la muerte incompleta entre nosotros constituye de alguna manera la gran particularidad de nuestro proceso adaptativo al entorno vital».

«Si la conciencia de la muerte fuese una presencia realmente inmanente a la experiencia del ser, la existencia humana se haría intolerable, de todo punto imposible».

Y así la tauromaquia es una estrella muerta y la luz que todavía la alumbra debilmente viene del pasado, procede de los años -años luz- en que todavía estaba viva. La plaza de la Real Maestranza es la más brillante de las estrellas muertas y ofrece siempre el modelo de una tauromaquia educada y de buena compañía, amena y desdramatizada. Básicamente destinada al bienestar de una civilizada convivencia. En Sevilla, la plaza de toros es la continuación del inapreciable ambiente de las casetas de Feria. Durante la corrida, perdura en los tendidos el estilo de un exquisito arte de vivir y en el ruedo, el toreo debe ser un selecto arte de sociedad. De modo que mal vemos cómo podrían aceptar aquellas conciencias, siquiera la hipótesis de que la tauromaquia ofrecida en la Maestranza sea un espectáculo ya necrótico. Ciertamente no será la primera vez en la historia que el sentimiento de pertenecer a una colectividad privilegiada habrá servido para negar una realidad agónica.

Dicho lo cual ¿para qué sirve entonces, para qué servimos –si se me consiente la osadía de autoincluirme– el cónclave de los toristas de la Andanada del 9, los devotos del «cruce» y de la «pata alante»? Para sugerirlo recurriré, ya es la última vez, a la desaprensiva autocita, esta vez a finales del capítulo XXII:

«Al igual que las otras pasiones ideológicas – religiosas o políticas – [el credo de la andanada del 9] …cumple una función «endotélica». Estabiliza el eje interior del ser humano, le confiere un sentimiento de protagonismo, le brinda la ilusión de la finalidad y permite sobrenadar en un océano embravecido y tumultuoso, sin puerto a la vista».

O sea que no pintamos para nada y no existe la más mínima posibilidad de que esto cambie alguna vez.

El Juli triunfador de la Feria de Abril 2018

Por Lorena Muñoz.

La Feria de Abril de 2018 tiene un nombre escrito en letras de oro: Julián López «El Juli». La figura madrileña ha acaparado los premios al triunfador y la mejor faena del ciclo sevillano. Así lo ha decidido el jurado de los trofeos de la Real Maestranza.

Estos son los galardonados:

– Triunfador: El Juli.

-Mejor faena: El Juli.

-Mejor estocada: José María Manzanares.

-Mejor toreo de capa: Manuel Escribano.

-Mejor corrida: Garcigrande.

-Mejor toro: Orgullito, de Garcigrande.

-Mejor rejoneador: Andrés Romero.

-Mejor subalterno: José Chacón.

-Mejor par de banderillas: Curro Javier.

-Mejor picador: Paco María.

Fuente: ABC

‘Limosnero’ de Miura cierra la Feria de Abril de Sevilla

Número 52. Limosnero. Negro bragado. 582 kilos.

De SOL y SOMBRA.

‘Limosnero’ de Miura cerrará la Feria de Abril esta tarde que se lidiará un encierro de la mítica ganaderia en el decimocuarto y último festejo de la Feria de Abril de Sevilla.

En el cartel se anuncian en mano a mano Manuel Escribano y Pepe Moral.

El primer reserva es del hierro anunciado y el segundo reserva será de Fuente Ymbro.

El festejo comienza a las 18.30 (11:30 am México) horas y el orden de lidia establecido es el siguiente:

ORDEN DE LIDIA

1. Número 36. Redondito. Castaño bragado. 606 kilos. 01/2014
2. Número 78. Londrito. Cárdeno oscuro. 536 kilos. 01/2014
3. Número 66. Bigote. Negro entrepelado. 579 kilos. 12/2013
4. Número 61. Limonero. Negro. 562 kilos. 12/2013
5. Número 30. Trianero. Cárdeno oscuro. 592 kilos. 02/2013
6. Número 52. Limosnero. Negro bragado. 582 kilos. 01/2014

SOBREROS

1. Número 84. Limeño. Negro bragado meano. 615 kilos. 01/2014 Miura
2. Número 182. Pardillo. Negro bragado meano. 556 kilos. 12/2013 Fuente Ymbro.

Feria de Abril: “Orgullito” no debió ser indultado…

Indulto de un ‘garcigrande’ y apoteosis de El Juli:

El torero madrileño cortó cuatro orejas y salió por quinta vez por la Puerta del Príncipe.

Por Antonio Lorca.

La plaza de la Maestranza ha vuelto a vivir el inmenso gozo del indulto de un toro. Los tendidos rebosaron alegría, felicidad y emoción, pues eso implica que un animal se gane la vida en el ruedo. Y la tarde fue apoteósica para El Juli, que desplegó un derroche de poderío, técnica y buen gusto, y alcanzó el merecido triunfo de la Puerta del Príncipe, la quinta de su carrera.

Aplacados los ánimos tras el éxtasis vivido en los tendidos, la pregunta surge sola: ¿Qué hizo Orgullito, número 35, negro listón, de 528 kilos, de la ganadería de Garcigrande, para que el presidente sacara el pañuelo naranja?

Pues Orgullito fue un magnífico toro moderno, muy justo de trapío, que acudió inicialmente al capote sin codicia, hizo una muy desigual pelea en varas (en el primer puyazo empujó con un solo pitón y solo recibió un picotacito en el segundo), embistió con largura en un buen quite por verónicas de El Juli, y se descubrió en la muleta como un toro con clase extraordinaria, profundidad, repetición, humillación y fijeza; y algo más: fue de menos a más, y acabó tras una muy larga faena con embestidas más profundas y emocionantes. En fin, un grandísimo toro para la muleta que se encontró, además, con un torero en plenitud y entre ambos amasaron una faena que encandiló al público y al presidente.

Orgullito no debió ser indultado porque no demostró su bravura en el caballo; pero como el primer tercio está en vías de desaparición, nadie (ni la autoridad, y eso es lo peor) lo tiene ya en cuenta. Es más, podría decirse que se acaba de firmar la sentencia de su desaparición tras el indulto del toro de Garcigrande. Fue un toro de vuelta al ruedo.

¿Y El Juli? Es un torero poderoso, que domina como pocos el oficio y la técnica del toreo. Se amoldó a la perfección a las condiciones del toro, mecánico y despegado su toreo en el inicio de la faena de muleta, y cada vez más ligado y profundo a medida que el animal se rompió en su exquisita calidad. Una faena esencialmente con la mano derecha, en tandas largas, al hilo del pitón casi siempre, pero henchidas de aroma. Solo un intento por vanos naturales y un doble circular que provocó el entusiasmo. Unos ayudados finales, con Orgullito alegre y codicioso aún, convencieron al presidente. Momentos antes, un quite a la verónica, de tres capotazos hondos y una buena media preludiaron el éxito posterior. Conclusión: Orgullito fue un toro nobilílismo, pero no combativo, exigente, poderoso y encastado. Ese animal ya no se lleva.

He ahí la razón fundamental por la que las figuras actuales exigen este tipo de toro, ideal, también, para los públicos generosos.

El Juli había cortado otras dos orejas a su primero, anovillado animal, nobilísimo, un corderito, al que El Juli toreó con oficio, pero sin intensidad ni emoción. Es verdad, no obstante, que lo veroniqueó con gusto, hizo un ajustado quite por chicuelinas, y su faena de muleta fue limpia, ligada y, también, fuera de cacho y al hilo del pitón. No hubo arrebato, ni conmoción, porque a toda la faena le faltó el alma que debe poner un toro encastado y un torero transfigurado.

También anduvo por la plaza Enrique Ponce, un poco desvaído en su expresión, que lidió primero una mona descastada, y le cortó la oreja al cuarto, otro animal noble y de escasa codicia. Jugó con él y lo mató de una gran estocada.

Y el tercero en discordia, Talavante, no tuvo su día. Insulso y sin esbozo de calidad fue el tercero y lo mató con prontitud; mejor el sexto, con más brío, pero el ánimo del torero estaba por los suelos y no arriesgó un alamar. No entendió a su oponente o, sencillamente, no lo quiso entender.

En dos palabras: valgan el indulto del toro y el triunfo del torero si contribuyen al enaltecimiento de la fiesta de los toros. Aceptemos, pues, pulpo como animal de compañía.

Garcigrande / Ponce, El Juli, Talavante

Toros de Garcigrande-Domingo Hernández, mal presentados —primero y segundo, anovillados—, mansurrones, blandos y muy nobles. El quinto, de calidad excepcional en la muleta, fue indultado.

Enrique Ponce: pinchazo hondo y cinco descabellos (silencio); estocada (oreja).

El Juli: estocada trasera (dos orejas); (dos orejas simbólicas).

Alejandro Talavante: pinchazo y casi entera tendida (silencio); cuatro pinchazos, media caída —aviso— y dos descabellos (silencio).

Plaza de la Maestranza. Séptima corrida de la Feria de Abril. 16 de abril. Lleno.

Publicado en El País

Sevilla: Decepcionaron los victorinos

Por Ignacio SM.

Con la salida de sol, la vuelta del calorcito primaveral y la llegada de la Feria y de los victorinos, todos estábamos contentos y esperanzados. A mediodía acudimos a la caseta del Casino Los 40 al tradicional acto de entrega del premio al toro más bravo de la Feria anterior. En este caso otorgado a “Yegüero”, “Amapolo” en los carteles, de Miura, lidiado por Pepe Moral. El precioso premio, presentado por el presidente del casino D. Ignacio Sánchez Ibargüen, fue entregado a los ganaderos D. Eduardo y D. Antonio Miura, por el alcalde D. Juan Espadas, que cada año honra el acto con su presencia. Terminado este estuvimos de tertulia y vinos, como debe ser en una feria.

Pero nuestro gozo en un pozo, por la tarde la esperada corrida de Victorino defraudó. Y lo hizo porque dados los antecedentes en esta plaza esperábamos mucho más de la condición y el juego de los toros. En general fue sosa, sin recorrido, alguno peligroso pero sin poderte pelear con él, otros rajados y otros parados. Eso sí, muy bien presentados, con algún toro aplaudido de salida.

Así pocas cosas pudimos ver. Ferrera, que intentó de todo y no pudo sacar nada. Luque muy voluntarioso y bien colocado pudo sacar unos buenos derechazos en el último, antes de que el toro se rajara. Lo mejor lo vimos con la capa de Escribano, se fue a porta gayola en su segundo (también lo había hecho en el primero), el toro se le vino cruzado, cosa habitual en esta plaza con ese portón tan ancho, tuvo que echar cuerpo a tierra, pero se levantó, le volvió a dar dos largas pegado a chiqueros y le enjaretó unas magníficas verónicas que hicieron sonar la música. Después también nos puso en pie con el arriesgado par al quiebro pagado a tablas. El toro embestía muy despacio pero como sin ganas, con poco empuje, aun así hubo petición minoritaria después de una buena estocada.

No queremos dejar de mencionar dos magníficos pares de Raúl Caricol, arriesgados y ganando la cara con gallardía.

@isanchezmejias

Foto: NTR Toros Twitter

Tensión en Sevilla ¿Otro G5?

Por Pedro Toledano.

En el mundo del toro, los abusos, las excesivas complacencias o las rutinas un tanto extravagantes, suelen hacer acto de presencia con más frecuencia de la deseada. Son los males que suelen afectar a aquellos sectores de la economía en los que la endogamia se hace presente con inusitada frecuencia. En estas fechas se están poniendo en marchas las primeras gestiones entre empresarios, ganaderos y apoderados, para diseñar lo que será la temporada que comenzará apenas concluya el mes de enero.

Lo cierto es que se está apreciando cierta tensión en los primeros encuentros entre los distintos estamentos. Una tensión que ha venido a hacerse más visible a raíz de la reunión mantenida entre los empresarios de Sevilla, Ramón Valencia, a la sazón apoderado, o exclusivista, de la figura emergente Roca Rey, y el productor francés, Simón Casas, de quien hay que remarcar que además de ser gestor de un gran número de plazas de Francia y España, también gestiona a Castella, e indirectamente a otros toreros.

El comunicado que estos empresarios hicieron público, recogía que habían llegado a un acuerdo para: «potenciar todos los vectores de desarrollo de la Tauromaquia priorizando el fomento de la calidad y la protección de los nuevos valores». Llegados a este punto hay que decir que es una obviedad que el empresario siempre debe procurar fomentar la calidad, y que la «protección de nuevos valores» debería ser baza, no sólo a potenciar ahora, sino como filosofía continuada.

Sin embargo, más allá de los argumentos esgrimidos por tan poderosos profesionales, potenciar la calidad y salvaguardar la carrera de los nuevos valores, subyace algo que no han descifrado en su comunicado, y que deberían haber hecho si querían evitar que saltaran las alarmas que anuncian un nuevo enfrentamiento con las figuras, como aquella del G5 que dejó huérfana a la feria de Sevilla.

Los empresarios quieren renegociar los honorarios y abrir los carteles de las fechas claves a los nuevos valores, mientras que las llamadas figuras se quieren hacer fuertes arropándose entre ellas. Al final choque de intereses que acabará pagando el aficionado.

Ay, si cada uno se dedicara a lo que debe hacer.

Fuente: Las Provincias

Feria de Abril: Grande Ferrera a la verónica

El diestro Antonio Ferrera da un pase de verónica a su segundo toro, quinto de la tarde. Paco Puentes.

Por Antonio Lorca.

Es una verdadera gozada ver cómo se mueve por la plaza ese nuevo torero, absolutamente transfigurado, que responde por Antonio Ferrera. Tras casi dos años de retiro forzoso, ha vuelto como un maestro, un artista, una auténtica figura.

Ayer, cuando la corrida de El Pilar deambulaba por la noble mansedumbre de unos toretes de infumable sosería, apareció Ferrera con el capote para recibir al quinto, y dibujó, soñó e imaginó un manojo de verónicas, lentísimas, preñadas de gusto, de profundidad, de bellísima hermosura, puro paladar para los sentidos. La banda de música brotó entusiasta, la plaza vibró y toreó con él, embelesada toda, conmovida por el más puro sentimiento torero, ante la gracia desmedida de un torero en un instante de inspiración plena.

Antonio Ferrera protagonizó así los segundos -chispazos, destellos eternos- más emotivos y hondos de la feria.

Después, lo que son las cosas, todo el encanto se desmoronó. ¡Qué poco dura la gracia en la vida de los aficionados taurinos! El toro, pura nobleza y de escasa fortaleza, se partió la mano izquierda a la salida de un par de banderillas, y el presidente optó acertadamente por su devolución, lo que no fue posible con la ayuda de los cabestros y sí con la intervención segura del puntillero.

Se había roto la ráfaga de luz con la que Ferrera había inundado la Maestranza. Pero ahí quedó su grandiosa luminosidad para la historia y el recuerdo imperecedero.

Emocionado, quizá, por su magisterio con el capote, entendió a la perfección al nobilísimo y blando sobrero con el que volvió a protagonizar momentos de enorme torería con ambas manos, consagrado a estas alturas como gran figura.

Hasta entonces, nada reseñable había ocurrido, más allá de una corrida de El Pilar muy justa de presentación, de bravura y de casta. Ningún toro se empleó en los caballos y todos demostraron que la búsqueda exclusiva de la nobleza lleva a la tontuna.

Con material tan escaso, poco pudieron hacer Padilla y Ferrera. Lo intentaron de veras, banderillearon con la espectacularidad y escasa brillantez con la que acostumbran, y se justificaron con la mejor voluntad ante un público cariñoso en exceso, alborotador y triunfalista.

Padilla se enfrentó a un lote de toros agotados, insulsos, sin fiereza ni codicia, y el jerezano se limitó a dar muchos pases carentes de interés. Más afanoso, si cabe, se mostró Ferrera con su sosísimo primero, al que exprimió su sosa mansedumbre y le robó un par de naturales muy estimables. Alargó la faena, consiguió el tachín, tachín de la banda y el público pidió una oreja sin sentido que el presidente no concedió.

López Simón hizo lo mejor que sabe -sin levantar pasiones- con el noble y flojo tercero, y se esforzó -con idéntico resultado- ante el sexto, otro de la misma pinta que no podía mantener el equilibrio.

La corrida de hoy, última de feria

Toros de Miura, para Antonio Nazaré, Pepe Moral y Esaú Fernández.



EL PILAR / PADILLA, FERRERA, LÓPEZ SIMÓN



Toros de El Pilar, Moisés Fraile -el quinto, devuelto-, justos de presentación, mansos, blandos, descastados y nobles.



Juan José Padilla: estocada (ovación); estocada (ovación).



Antonio Ferrera: estocada baja (petición y vuelta); -aviso- dos pinchazos, estocada caída -segundo aviso- (vuelta apoteósica).



López Simón: tres pinchazos y estocada (ovación); dos pinchazos y estocada (silencio).



Plaza de La Maestranza. Decimotercera corrida de abono. 6 de mayo. Casi tres cuartos de entrada.