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FERIA DE BILBAO: ¿Dónde está el prestigio?


Por Antonio Lorca.

Eso, eso… ¿Dónde está el prestigio de la plaza de Bilbao? Perdido, seguro, y no hallado. Está perdida la afición. Un tercio de plaza en los dos primeros días de corridas ordinarias y más de tres cuartos hoy, al reclamo de las figuras. ¡Y qué público…!, que aplaude a los picadores por no picar y pide orejas si el toro cae pronto, sea como fuere la colocación de la espada y el tenor de la faena.

Está perdido el presidente, de pañuelo fácil, como si ejerciera su cometido en plaza de segunda.

Ayer estuvo perdido también el toro, sin la presentación exigida, manso de libro (no se picó ni uno), blando, descastado y desfondado. Los equipos de veedores eligieron una birria, y se esmeraron en que los toros no tuvieran el trapío de otras tardes (el jefe manda). Por cierto, el cuarto quedó con los dos pitones escobillados tras hundirlos en la arena. ¡Vaya, hombre…! Pues no que parecía que estaba afeitado. Seguro que no, claro, porque se trata de la prestigiosa plaza de Bilbao…

No sería justo, sin embargo, afirmar que también estuvieron perdidos los toreros; más bien habría que decir que no se encontraron. Tiraron de oficio con picardía, alargaron las faenas hasta el fastidio, dieron cientos de pases y emocionaron casi nada. Lo dicho, el prestigio, perdido.

Roca Rey cortó dos orejas; la primera, al tercero, después de una labor correcta, valerosa e insulsa. Pero mató de una estocada y paseó un trofeo inexplicable. Pero es que cortó otra al sexto tras un feísimo metisaca que precedió, eso sí, a una estocada hasta la bola de efectos fulminantes. Otra vez la faena tuvo escaso peso, atiborrada de pases vacíos de contenido.

A El Juli se le nota la experiencia, faltaría más… Pero es un oficio el suyo que difícilmente emociona. Se le ve fácil en la cara del toro, pero cuenta pocos misterios. Cómodo fue su primero por el pitón derecho, y su labor no desprendió ni frío ni calor; larga fue su faena al escobillado cuarto, sin hondura, sin exigencia, sin gracia; y como mató mal y escuchó un aviso se quedó sin oreja.

Valeroso toda la tarde Perera, al que se le nota que atraviesa una racha de firmeza, confianza y seguridad en sus posibilidades. Distraído y con la cara alta embestía su primero, y el torero optó por mostrar su solvencia con un arrimón que entusiasmó al generoso público bilbaíno. Si hubiera matado bien pasea con trofeo. Y el quinto, que acudió con enorme codicia a los dos primeros pases cambiados por la espalda, se hundió un minuto después y ahí se acabó la presente historia.

¿Prestigio de Bilbao? El que lo encuentre, que levante la mano…

¡Ah! Lo mejor, dos pares de banderillas de Javier Ambel al quinto. Torería pura.

JANDILLA / EL JULI, PERERA, ROCA
Toros de Jandilla, justa de presentación, mansos, sosos, nobles y descastados. Destacó por su movilidad el sexto.

El Juli: casi entera perpendicular y baja (silencio); pinchazo —aviso— dos pinchazos, estocada baja y un descabello (ovación).

Miguel Ángel Perera: pinchazo y estocada baja (ovación); pinchazo —aviso— y estocada (ovación).

Roca Rey: estocada (oreja); metisaca —aviso— y estocada fulminante(oreja).

Plaza de Bilbao. Cuarta corrida de feria, 22 de agosto. Más de tres cuartos de entrada.

Publicado en El País 

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OPINIÓN: Morante, la pataleta de un torero con estrella

OPINIÓN Morante, la pataleta de un torero con estrella.

Por Antonio Lorca.

Morante de la Puebla anuncia su retirada por tiempo indefinido y para algunos parece que se han desatado las siete plagas de Egipto. No, hombre, no. Un toro mató en 1920 al rey de los toreros; un miura enterró a Manolete y hace tiempo que está desaparecido José Tomás, y el toreo sigue adelante.

Se retira, pues, el torero de La Puebla, pero no la fiesta. Enferma y renqueante, pero dispuesta, también, a la emoción, la tauromaquia continúa su marcha. Lo grave es que se retirara el toro…

No obstante, no es una buena noticia la que ha comunicado Morante, pero pocas cosas cambiarán en el toreo tras su marcha. Y la primera razón es que el torero llevaba demasiado tiempo desaparecido, como si estuviera sin estar, ausente y sin ideas, como si la culpa fuera siempre de los demás, el toro, los presidentes, veterinarios…

Es la tercera vez que se va; la primera, por problemas síquicos, la segunda, por falta de ilusión y ahora por culpa de otros. No parece, dicho con el debido respeto, que Morante sea un personaje centrado; más bien, es un hombre atado a sus fantasmas personales, al que han convencido de que es un genio y, como tal, se puede permitir excentricidades que, a veces, provocan una sonrisa y otras, como esta, una sorpresa inexplicable. Así, da la impresión de que su decisión es una pataleta -un nuevo capricho- de un torero con estrella acostumbrado a explotar sus excelsas cualidades en su único beneficio.

El pasado año no acudió a la feria de San Isidro en desacuerdo con la pendiente del ruedo, y solo se anunció esta temporada cuando la Comunidad de Madrid accedió a sus pretensiones.

Ahora, acusa a los presidentes y veterinarios de su marcha, porque el volumen del toro, según sus palabras, impide el toreo de arte.

¿Pretende, acaso, que disminuya el trapío de sus toros, cuando él es uno de los pocos privilegiados que elige ganaderías, peso, color y cara de las reses que lidia?

Si ese es su deseo, el problema tiene fácil solución: que se anuncie solo en plazas de tercera, donde no tendrá problema alguno con las autoridades.

A ver si va a tener razón un empresario con mala uva, ya en sus cuarteles de invierno, quien le llamaba ‘Morante de los pueblos’.

No puede ser la actuaciónn de presidentes y veterinarios la razón de su marcha, tan inconsistente que produce sonrojo y es muy poco edificante para su prestigio profesional. Se habrá retirado porque no puede torear, porque se le ha esfumado la ilusión, porque su cabeza es un meteorito o vaya usted a saber por qué razones personales que pueden atenazar la imaginación de un artista.

Se habrá retirado porque ha perdido la inspiración, porque no se encuentra a sí mismo, porque se siente perdido y no es capaz de desentrañar su propio misterio, pero no por culpa de los demás. ¡Pero si es un privilegiado, por Dios…!

Dicho todo lo cual, quede constancia de que Morante de la Puebla es un torero mágico, imbuido de gracia y embrujo, un orfebre con capacidad innata para hacer del toreo una de las bellas artes. Es un torero con estrella y un hombre con problemas. Al fin y a la postre, nadie es perfecto. Morante volverá. Sin duda. Y lo hará cuando se sienta capaz de ordenar su cabeza y aceptar sus responsabilidades. Ya lo hizo en dos ocasiones anteriores.

Mientras tanto, se le echará de menos, y habrá más tiempo y oportunidades para admirar a esos otros toreros que se enfrentan cada día a lo más serio y encastado de la cabaña brava, ven poco dinero, carecen del reconocimiento debido y no se quejan.

Como alguien ha dicho: hasta para irse hay que tener vergüenza torera…

Publicado en El País

Si quieres ser torero, come, y no olvides que es más difícil que ser Papa

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Por Antonio Lorca.

Se dice, y parece que con mucha razón, que ser figura del toreo es más difícil que ser Papa de Roma. A fin de cuentas, al máximo representante de la Iglesia lo elige el Colegio Cardenalicio, donde todos son conocidos y amigos y, una vez ungido, todo lo que diga va a misa sin más discusión posible, al menos, en el seno de la organización eclesial.

Caso muy diferente es el de los toreros que sueñan con la gloria. El camino exige, también, años de estudio (el conocimiento del toro puede llegar a ser más intrincado que el misterio divino), meditación (el aspirante a torero debe aislarse del mundo y vivir por y para un sueño), sacrificio (los chavales pierden su adolescencia y juventud y, a veces, hasta la infancia, sin más compañía que la del toro), y suerte (seguro que hay por ahí algún alma de torero conduciendo un autobús porque una cogida a destiempo, una enfermedad o su mala estrella le impidieron intimar con el traje de luces). Y algo más: juventud, un valor heroico, una cabeza privilegiada y la capacidad para emocionar y conmover a los públicos.

Lo dicho: es más difícil ser figura del toreo que Papa de Roma…

Se nace torero, lo que es muy distinto de sentirse torero. Seguro que por las calles de cualquier localidad taurina de este país (Sevilla, por ejemplo) hay personajes que hacen el paseíllo todas las mañanas, viven en torero, siguen con la cabeza llena de sueños, torean en la plaza de su imaginación y salen a hombros por la Puerta del Príncipe cada vez que desde el tendido de la Maestranza ven embestir a un toro, se les pone la carne de gallina, cierran los ojos y vuelan hasta el albero.

El camino de la gloria exige juventud, estudio, meditación, sacrificio, suerte, valor, inteligencia…

Muchos lo han intentado, y la mayoría se ha quedado en el camino; algunos han sabido rectificar a tiempo y visten con dignidad y hombría el traje de plata, y otros han salido adelante lejos del toro. Pero todos se sentirán toreros hasta la muerte, porque ese es un veneno incurable.

Se nace torero; y quien se asoma al mundo con esa gracia, deslumbra; se siente, se le nota a lo lejos, y, más bien pronto que tarde, destapa el tarro de su misterio.

¿Cómo, si no, se explica el caso de Curro Romero, que guardó cerdos y trabajó como recadero en una farmacia siendo un chaval, y sorprendió al mundo el primer día que se vistió de torero, a los 21 años?

Javier Vázquez, a las puertas de la plaza de Las Ventas.
Javier Vázquez, a las puertas de la plaza de Las Ventas. Kike Cuesta. Efe

Toda esta perorata se justifica por la fugaz huelga de hambre que ha protagonizado a las puertas de la plaza de Las Ventas un chaval —bueno, un hombre hecho y derecho de 34 años— para que la empresa le ofrezca una oportunidad. Javier Vázquez debutó con picadores en 2003 —hace 14 años—, hizo el paseíllo en Sevilla en 2009, y asegura que ha lidiado 30 novilladas.

Su mensaje, escrito en una sábana que le ‘robó’ a su madre, decía: “Soy y me siento torero, pero sin una oportunidad no puedo conseguirlo ni demostrarlo”.

Hombre, ha tenido 30, y, como poco, dos de ellas en plazas de primera categoría. Pocos aspirantes a la torería pueden ofrecer un currículo tan abultado. Si con su historial y en tantos años, Javier no ha conseguido destacar, hace tiempo, mucho tiempo, que debió optar por otros derroteros en su vida.

Se nace torero, lo que es muy distinto de sentirse y vivir en torero

Ha habido grandes figuras que pasaron hambre antes de alcanzar su objetivo, pero no se conoce caso alguno de que una huelga de apetito haya abierto a nadie las puertas de la gloria; y menos con 34 años.

El Sirio, un magnífico torero de plata, natural de Alepo, enrolado actualmente en la cuadrilla del matador de toros Román, se presentó en la escuela taurina de Valencia con 23 años, y el director rechazó su solicitud con un argumento inapelable: “Con tu edad, chaval, ya hay quien es figura del toreo”.

Las huelgas de hambre no sirven más que para llamar la atención, pero no para atraer el interés de los aficionados o de las empresas.

Quienes han optado alguna vez por esa descabellada iniciativa se han negado a aceptar que la vida no les ha llamado por el destino de la gloria delante de los pitones de un toro.

La profesión de torero está plagada de soledad y desesperación, por su inherente dificultad, por un drama inesperado, un olvido injusto, una mala tarde en plaza de responsabilidad… Pero siempre prevalecerá la innata condición, la capacidad de sufrimiento y la disposición para el máximo esfuerzo. En otras palabras, que la torería es cuestión de genialidad.

Iniciar una huelga de hambre con 34 años para torear en Las Ventas es ir contra la corriente de la vida.

La mejor oportunidad de Javier es que puede vivir en torero hasta el final de sus días; como tantos otros que soñaron, lo intentaron y el toro los devolvió al callejón.

Y debe estar satisfecho porque sentirse torero es una gracia, un sueño, una realidad ficticia preñada de tardes de gloria. Esa es su suerte. Todo lo demás, una broma… Ah! Y que no deje de comer, que con el estómago vacío no se puede torear… ni en sueños.

Otra Fiesta: Azpeitia el protagonismo del toro, los toreros valientes y los más necesitados

Joxin Iriarte, empresario de Azpeitia, delante de la plaza de toros. MARIANO GARCÍA.
Joxin Iriarte, empresario de Azpeitia, delante de la plaza de toros. MARIANO GARCÍA.

Las corridas las pongo yo y no las que deciden los veedores de las figuras – Joxin Iriarte, empresario taurino (Azpeitia, 1957).

Por ANTONIO LORCA.

Dicen los propios vecinos que es difícil no ser aficionado a los toros en Azpeitia, una localidad de 15.000 habitantes situada en el corazón de la provincia de Guipúzcoa, donde la tradición taurina se remonta, como poco, al siglo XVI, y se mantiene enraizada en los festejos populares que se celebran en distintas épocas del año.

Quizá por eso, la feria taurina que se organiza a finales de julio, con motivo de la festividad de San Ignacio de Loyola, es singular y está reconocida como un referente en la tauromaquia moderna. Y la avalan distintos motivos.

El más llamativo y sobresaliente es una apuesta clara y decidida por las ganaderías toristas; el segundo, y no menos importante, es que se celebran tres corridas de toros que concitan la atención de exigentes y documentados aficionados de distintas zonas de España y Francia en torno a una remozada plaza que se inauguró en 1903 y tiene una capacidad para 3.750 espectadores.

El tercer motivo es que el Ayuntamiento de Azpeitia está gobernado con mayoría absoluta por la coalición abertzale Bildu, -formación que prohibió los toros en San Sebastián-, que respeta que una mayoría social opte por la afición a los toros y apoya y alienta la celebración de la feria.

Los sectores más débiles de la localidad reciben cada año entre 6.000 y 10.000 euros.

Y el cuarto es que la empresa que gestiona los festejos es una sociedad mercantil -comisión taurina- formada por tres vecinos azpeitiarras que manejan un presupuesto anual que ronda los 250.000 euros, y se comprometieron ante notario a asumir las pérdidas cuando las hubiere, y reparten los beneficios entre entidades benéficas de la localidad.

La cabeza visible de esa comisión es Joxin Iriarte (Azpeitia, 1957), exindustrial del sector maderero, enamorado del toro, que divide su tiempo entre la organización de la feria y la gestión de la carrera del torero Curro Díaz.

Horas después de que se cerraran las puertas de la plaza y sin tiempo aún para hacer un balance económico definitivo de las tres corridas celebradas, Iriarte afirma que aún está en una nube, que queda mucho papeleo por revisar, pero que tiene claras dos cuestiones, a su juicio fundamentales.

Por un lado, que ha habido más espectadores que en 2016, y, por tanto, un año más, la feria dará beneficios -entre 6.000 y 10.000 euros- para Cáritas, la congregación de Siervas de María de Azpeitia, que se dedica a la atención de enfermos a domicilio, y alguna otra ONG.

Y, por otro, que “Azpeitia tiene que seguir siendo diferente”, añade. “El toro es lo más importante y esa es la razón fundamental por la que los aficionados viajan hasta aquí”.

Se define como “un inconformista por naturaleza” y no le duelen prendas reconocer errores en la gestión. “Me entristece que el primer día de feria, con un cartel integrado por Curro Díaz, Perera y Roca Rey, frente a toros de Fuente Ymbro, sobraran 700 entradas”, señala, “ cuando todo el mundo me aseguraba que sería una tarde de ‘no hay billetes’. La taquilla fue muy similar a la de los dos días siguientes, con toros de encastes más duros y toreros de otro nivel. La conclusión es clara: esta feria es más torista que torerista”,

Destaca, asimismo, la positiva sorpresa del torero colombiano Sebastián Ritter, el triunfo de Perera con un ‘fuenteymbro’ de vuelta al ruedo, y el buen juego en general de los dos hierros ganaderos triunfadores del ciclo (Ana Romero y Cuadri), que ya tienen asegurada su presencia en 2018.

PUNTO CLAVE: “Las corridas que se lidian las elige la Comisión Taurina y no los veedores de los toreros”

Iriarte muestra, además, su disconformidad con la tradición del desencajonamiento, muy arraigada en su localidad, por sus peligrosos efectos sobre la integridad de los toros.

“Téngase en cuenta, -explica- que las corridas se embarcan el miércoles a las diez de la noche y llegan a la plaza a las doce de la mañana del día siguiente, tras catorce horas de viaje; el acto del desencajonamiento comienza a las siete de la tarde; el toro se calienta, sufre, sale del camión como un loco y derrota contra los burladeros y se escobilla los pitones. Las tradiciones deben ser respetadas, pero me gusta que el toro salga íntegro al ruedo, por lo que alguna solución habrá que buscar para el futuro”.

Joxin Iriarte está convencido de que la feria sería más completa si en ella se anunciaran los toreros más reconocidos, pero…

“Sería un buen aliciente, pero las figuras no quieren venir con ganaderías toristas, y yo no voy a cambiar mi trayectoria y ponerme en sus manos. La Comisión debe mantener el pulso firme para respetar la línea del toro serio y contratar a los toreros que se atrevan con esas corridas”.

Cuenta Iriarte que un apoderado le dijo en una ocasión para ser un buen empresario hay que hablar primero con los toreros, y, después, con los ganaderos. “Le contesté que ya lo hice una vez y no volveré a repetir la experiencia. Las corridas las pongo yo y no las que deciden los veedores de las figuras”.

Porque en Azpeitia el toro es lo más importante…

– Sin duda alguna.

– ¿Y la afición ha respondido como usted esperaba?

– Siempre se puede mejorar, pero el abono ha aumentado, y tenemos clientes de muy diversos puntos de España, Inglaterra y, sobre todo, de Francia, de donde vienen entre trescientos y cuatrocientos aficionados.

Asegura el empresario que las relaciones con el Ayuntamiento, propietario de la plaza, y con el alcalde, Eneko Etxeberría, de Bildu, son excelentes. Añade que “algo habrá que hacer porque la fiesta de los toros va decayendo”, y que el momento más feliz es cuando la comisión taurina entrega los beneficios a las entidades que ayudan a los más necesitados. “Para mí, es el día más bonito”, confiesa. “Podíamos guardar ese dinero, pero preferimos empezar cada año desde cero. Esto no es una cuestión de rentabilidad, sino de que seamos capaces de ofrecer un buen espectáculo”.

-¿Y usted, por qué hace esto?

-Eso mismo me preguntó el alcalde. Por afición, le respondí. Si no la tuviera, no podría andar entre tantos problemas como plantea la organización de la feria. Y por la satisfacción de que Azpeitia siga siendo un referente del toro serio y los toreros valientes.

Publicado en El País

P.D. En México tenemos todavía mucho por aprender y mejorar. Hay algunas honrosas excepciones, pero esta lo de Azpeitia es otra prueba de que se puede ofrecer una fiesta mucho más digna y de calidad para el buen aficionado – De SOL y SOMBRA.

Feria de Azpeitia: Una muy interesante corrida, por seriedad y juego, de Fernando Cuadri

Solo Paulita cortó una oreja ante los fallos reiterados de la terna en la suerte suprema.

Por Antonio Lorca.

Ahí van los pesos de los seis toros de Cuadri que saltaron al cárdeno ruedo de Azpeitia: 580 kilos, 560, 560, 620, 560 y 615; y el quinto, que fue devuelto por cojo, 605 kilos.

Pero lo importante no era solo el reflejo de la báscula, sino la seriedad, la hondura, el cuajo… Toros con toda la barba, imponentes, que resaltaban aún más en el pequeño redondel de esta localidad guipuzcoana cada vez que se acercaban a un burladero. No eran toros guapos -todos recogidos de pitones-, pero sobradamente preparados para cualquier plaza.

Y hubo más: Cuadri lidió una más que interesante corrida en la que solo el lote de Sebastián Ritter desentonó del resto por mansedumbre en los caballos, corto de embestida y desfondado en el tercio final. Los otros cuatro, si acercarse a la perfección del toro bravo, dejaron muy alto el pabellón onubense.

Los cuatro cumplieron en sus encuentros con los picadores; los cuatro persiguieron en banderillas, y todos ellos llegaron al tercio final con clase, movilidad y altas dosis de nobleza. Destacaron especialmente los dos primeros, incansables en sus embestidas; el que abrió plaza, por los dos pitones, y el otro, extraordinario por el derecho. Las dos faenas fueron largas, en la búsqueda inalcanzable del triunfo, y aún seguían los toros obedientes al engaño tras seis o siete tandas.

Templado y noble fue el cuarto, y permitió que los banderilleros Juan Sierra y Manolo de los Reyes se lucieran con los garapullos; y repitió humillado el sobrero quinto.

En fin, que Cuadri lidió una corrida en la que triunfaron los toros, y posibilitaron el éxito de los toreros, que no llegó porque fallaron con las espadas. Pero si hubieran acertado y el generoso público hubiera premiado su labor con trofeos también habría que apuntar que ni Paulita ni Lamelas hicieron suficientes méritos para ello. Se salvó por los puntos el joven Ritter, con el lote menos potable.

No estuvieron mal los toreros; el problema es que no estuvieron bien. El problema es que torean poco, y el toro noble y encastado, pero no tonto, como el de Cuadri, descubre las carencias al instante.

El oficio lo da la experiencia, y en esta profesión no sirven solo los buenos deseos y la entrega. Sobrado está Paulita de ganas por alcanzar una meta que se le resiste, y lo intentó con toda su alma ante el primero, pero solo pudo destacar en un par de muletazos con la derecha y otros dos naturales sentidos. Le falta la confianza que da el contacto con el toro. Y eso que el animal era un dechado de nobleza, pero no pudo ser. Como tampoco fue ante el cuarto, pronto al cite, otro animal noble, ante el que quiso y no pudo.

Animoso y apasionado se mostró Lamelas toda la tarde. Recibió a su primero con una larga cambiada de rodillas en el tercio y animosas verónicas, y volvió a repetir las suertes a la salida del quinto. El segundo de la tarde aún seguirá embistiendo por el pitón derecho en el cielo de los toros. Incansable el animal y con buen son. Pero era un tren, poderoso y encastado, y no un toro artista de los de ahora. El torero le dio muchos pases, pero no se produjo la fusión que desemboca en el triunfo. Tampoco levantó una polvareda ante el quinto, que repetía humillado.

Y Ritter, que también torea poco, es todo corazón. Tiene valor este torero, fortaleza y aparente serenidad, que le permite emocionar en la cara de los toros. Vende bien su mercancía. Embiste él si su oponente se niega a ello. Se dio un arrimón ante el tercero, muy corto de ánimo, e insistió con suficiencia ante el sexto, el de menos calidad del encierro.

Acabó así la feria de taurina de San Ignacio, que ha hecho honor, un año más, al toro bravo y a los toreros valientes. El problema es que la valentía no es suficiente para salir disparado hacia la cima.

Cuadri/Paulita, Lamelas, Ritter

Toros de Cuadri, -el quinto como sobrero- muy bien presentados, muy serios y con cuajo; primero, segundo, cuarto y quinto cumplieron en los caballos; bravos y encastados los dos primeros, y nobles los cuatro. Mansos y desfondados tercero y sexto.

Paulita: estocada trasera (oreja); dos pinchazos, media tendida _aviso_ y cuatro descabellos (ovación).

Alberto Lamelas: estocada perpendicular _aviso_ y cinco descabellos (ovación); estocada _aviso_ y dos descabellos (ovación).

Sebastián Ritter: bajonazo _aviso_ (ovación); media (ovación).

Plaza de Azpeitia. Tercera y última corrida de feria. 30 de julio. Casi lleno.

Publicado en El País 

La revista taurina más antigua es francesa y fue fundada por una mujer

Por Antonio Lorca.

Se titula Toros, —así, en castellano—, y es la revista taurina más antigua del mundo. Nació en 1925, en la ciudad francesa de Nimes, y fue fundada por una mujer, Marcelle Cantier ‘Miqueleta’, su primera directora hasta 1939. Tras una breve interrupción impuesta por la Segunda Guerra Mundial sigue hoy en contacto con sus lectores, como una excelente referencia de periodismo taurino libre e independiente.

A ‘Miqueleta’ le sucedió su hijo, Francis Cantier ‘Paquito’, que estuvo al frente de la publicación desde 1946 hasta 1980; después, vinieron Pierre Dupuy y Joël Bartolotti, y desde 2014 la dirige un exigente aficionado, Francis Fabre, jubilado como viticultor de la zona Cotes du Rhone y exprimer ejecutivo de una asociación de empresarios del sector vinatero del país vecino.

“En los años veinte del pasado siglo, había muchas pequeñas revistas de toros en Francia, pero la mayoría de ellas tenía compromisos con los empresarios”, cuenta Fabre. “Miqueleta —continúa— se empeñó en fundar una publicación absolutamente independiente de todos los poderes taurinos, y lo consiguió”.

Y para demostrarlo, el responsable destaca que la característica fundamental de Toros es que todos los que trabajan en ella —cuenta con unos 50 colaboradores— lo hacen de manera altruista, e, incluso, pagan de su bolsillo las entradas de los festejos que presencian. Solo los fotógrafos están autorizados a solicitar una acreditación para realizar su trabajo en el callejón. Una vez al año, la empresa los invita a una comida, generalmente en una ganadería, y de ese modo todos se dan por bien pagados.

“Nuestra línea editorial es la defensa del toro, eje fundamental de la corrida”, afirma Francis Fabre, director.

La revista no admite publicidad general, y mucho menos de toreros, y solo acepta como tal el cartel de feria de algunas plazas singulares. “Nuestros lectores no entenderían que actuáramos de otra manera”, afirma Fabre.

Toros edita 20 números al año de 20 páginas y cuatro especiales con 40, y distribuye 1.500 ejemplares, de los cuales el 85% es por suscripción. Publica unas 250 crónicas de los festejos que se celebran cada temporada en Francia y en las ferias españolas más importantes, como Madrid, Sevilla, Pamplona, Bilbao, Valencia, Castellón, San Sebastián, Azpeitia y Tafalla. El precio anual es de 74 euros, y cada ejemplar se vende en los quioscos al precio de 3,90 euros.

“La revista se mantiene económicamente porque no tiene gastos; aquí solo cobran la imprenta y el distribuidor”, concluye Fabre.

El director expresa una indisimulada satisfacción cuando se le pregunta por la línea editorial: “El toro”, afirma concluyente. “Es el eje fundamental de nuestra concepción de la corrida”, aclara.

Pregunta. O sea, que ustedes no son toreristas.

Respuesta. No. Algunos colaboradores lo son, pero yo les insisto en que el toro es lo primero, y, después, deben valorar la actuación del torero en función de las condiciones del animal que tiene delante.

Como corresponde al responsable de una publicación tan singular, Francis Fabre es muy crítico con la tauromaquia en su país, y rompe algunos tópicos extendidos en España sobre los aficionados galos.

“El toreo en Francia es prácticamente igual que en España”, asegura, “y yo solo destacaría dos diferencias relevantes; la primera, que en mi país el número de espectáculos es más estable, y la segunda, es que, en términos relativos, en mi país hay más aficionados al toro que en España, y, en consecuencia, valoramos más el tercio de varas; pero en el resto de cuestiones, Francia y España son iguales, y ahí está el ejemplo del empresario Simón Casas, que actúa del mismo modo en Nimes que en las plazas españolas”.

P. Se puede concluir que ustedes conceden más importancia al toro…

R. No en todas las plazas; eso es verdad en algunas localidades pequeñas como Vic Fezensac, Ceret y Orthez, por ejemplo, pero no en las demás. Tampoco es cierto que la gestión empresarial esté, por lo general, en manos de los aficionados; así ocurre en las tres ciudades que he citado antes, pero poco más. En el resto abundan las grandes empresas, y el sistema es un calco del español.

No cree Fabre que los aficionados franceses tengan más conocimiento y sean “mejores y más exigentes” que los españoles, y cita de nuevo el ejemplo de Nimes, donde se lidian “corridas del encaste Domecq y se cortan muchas orejas”.

El director de Toros se atreve, además, a expresar su peculiar punto de vista sobre los medios de comunicación taurinos de ambos países.

Destaca, el primer lugar, la existencia en su país de cuatro revistas, además de la suya, “independientes y críticas”: Tauromaquia(mensual), Semana Grande (semanal), Planeta corrida y Tierras Taurinas.

Y añade: “Las crónicas taurinas que se publican en la prensa generalista española suelen reflejar, más o menos, lo sucedido en la plaza, pero eso no ocurre en Francia, donde los diarios no son críticos porque reciben mucha publicidad de las empresas taurinas. Y lo mismo sucede con las revistas taurinas españolas: viven de los toreros y empresarios, y están al servicio de ellos y no de los lectores”.

Confiesa Fabre que, aunque no tiene una ganadería preferida, “me gusta mucho el encaste Albaserrada”, y siente un creciente interés por la tauromaquia del torero Antonio Ferrera. “Lo que interesa es la emoción que trasmite la lidia, ya sea un toro, un matador o un subalterno; esa es la única verdad de la tauromaquia”.

P. ¿Tiene futuro la fiesta de los toros?

R. A mi juicio, el porvenir de la fiesta depende de su capacidad para generar movimiento económico. No se podría entender Nimes sin su feria taurina por el gran caudal turístico que genera, pero en una ciudad pequeña, que organiza un festejo al año, el futuro es preocupante. La razón de fondo es que la fiesta se aleja cada vez más de su esencia, que es la emoción. Por eso, si los toros contribuyen al bienestar de una ciudad, tienen futuro; en caso contrario, la fiesta está en peligro.

Publicado en El País

“La fiesta de los toros está pendiente de una revolución; necesita reinventarse”

Un operario pinta las rayas del tercio en la plaza de la Maestranza. PACO PUENTES.
Un operario pinta las rayas del tercio en la plaza de la Maestranza. PACO PUENTES.

Fernández Casado, presidente del Club Cocherito, un aficionado apasionado e incorrecto

Por Antonio Lorca.

El presidente del Club Taurino Cocherito de Bilbao, Antonio Fernández Casado (Valladolid, 1948), es un aficionado a los toros que se confiesa apasionado, radical y políticamente incorrecto.

Asegura que solo le interesa el toro y no los toreros, que prefiere ver a tres novilleros que empiezan antes que a Enrique Ponce, que no le han gustado ni Curro ni Paula, ni ahora bebe los vientos por Morante de la Puebla… Pero eso no es todo: afirma sin tapujos que la fiesta está pendiente de su propia revolución.

“El espectáculo taurino no se puede organizar como en el siglo XIX”

“Hay que cambiarla toda entera; hay que reinventarla y modernizarla para evitar su desaparición; hay que darle la vuelta a sus estructuras. El futuro es negro porque están saliendo enemigos prácticos por todos lados, y debemos atender a los que no están ni a favor ni en contra de la fiesta. La sociedad ha cambiado y el espectáculo taurino no se puede organizar como en el siglo XIX”.

Fernández Casado es empresario de hostelería, lector, escritor y editor de libros taurinos, y máximo dirigente de unos de los clubes con más tradición y solera, Cocherito de Bilbao, que cuenta con 1.350 socios, que pagan entre 75 y 80 euros anuales, y participan mayoritariamente en algunas de las más de ochenta actividades que organiza cada temporada.

“Me preocupa sobremanera la relación entre los toros y la cultura”, añade, “y creo que debemos abrir el amplio abanico de la tauromaquia a las personas que no son estrictamente aficionadas; es verdad que ha surgido un colectivo activo de enemigos de la fiesta, pero hay una gran masa que no está ni a favor ni en contra, y a todos ellos debemos dirigirnos con la clara intención de captarlos para nuestra causa”.

Con tal motivo, el club Cocherito organiza sesiones de cine y literatura (una vez al mes, invita a los socios a leer un libro y, posteriormente, visionan una película relacionada con el texto), un programa de Introducción a la Tauromaquia, y cursos de toreo de salón, para familiarizar a los interesados con las distintas suertes del toreo.

Pero, a su juicio, el problema de la fiesta taurina va más allá. Reconoce, en primer lugar, que, como aficionado es muy selectivo. “A mí solo me interesa el toro y casi ningún torero”, asevera. “Prefiero una novillada que ver a Ponce, a quien reconozco como un grandísimo torero y un tipo excelente como persona. He visto a todos los grandes toreros de nuestra época, y me quedo con Antonio Ordóñez. ¿Los ha habido mejores? Creo que no. No me han gustado ni Curro Romero ni Rafael de Paula, ni bebo los vientos por Morante

Disfruté con el toreo de capote del maestro de Ronda y no he vuelto a ver a otro igual”.
Insiste, no obstante, en la necesidad de que la fiesta se modernice y actúe según los parámetros del siglo XXI.


“Debemos captar a los espectadores que no están a favor ni en contra de la fiesta”

“¿Cómo es posible, se pregunta, que las plazas de Sevilla, Bilbao o Pamplona estén en manos de instituciones de otro tiempo? 

¿Qué pintan las Casas de Misericordia organizando corridas de toros?  ¿Acaso reinvierten el beneficio en la fiesta?

 Lo primero que tendría que cambiar es la propiedad de las plazas y que se les dé protagonismo a los aficionados y empresarios de verdad. Yo, por ejemplo, soy socio del Atlético de Bilbao y propietario de un trocito del estadio”.

– ¿Cuál es, a su juicio, la clave del problema?

– Los aficionados somos una minoría. La mayoría de los espectadores no es aficionada, y el principal objetivo es captar a ese público para la causa. Y para ello hay que cambiarlo todo.

– ¿?

– Sí. La fiesta de los toros necesita imaginación. ¿Por qué no toca la banda de música de Las Ventas durante las faenas? ¿Por qué no podemos mezclar la música sinfónica y los toros? Yo me escandalizo cada vez que veo a ese operario de la plaza de Madrid que empuja una carretilla para marcar las rayas de los tercios en la arena. ¡No puede ser…!

Asegura, por otra parte, Fernández Casado que la plaza de Bilbao pierde 5.000 espectadores cada año.

“Hemos pasado de 110.000 en 2007-2008 a unos 70.000 en 2016; es decir, de un 70/80 por ciento de ocupación a un 50. ¿Cuál es el motivo? En primer lugar, las empresas han dejado de comprar abonos; los antitaurinos han sabido transmitir un sentimiento de culpa respecto a la fiesta, y se ha producido un evidente cambio social: la sociedad rural vizcaína, que hace años venía a los toros en agosto, ahora es urbana, ha estudiado, es consumista y exige un espectáculo diferente. A pesar de ello, tenemos problemas con las personas que organizan las Corridas Generales porque no admiten la más mínima crítica”.

Antonio Fernández Casado fue novillero sin caballos allá por los primeros años setenta, “pero me di cuenta de que no daba más de sí y me dediqué a la hostelería porque no quería ser banderillero ni malvivir de los toros”. Estudió Turismo, ha sido director durante casi veinte años del hotel Ercilla de Bilbao y hace tiempo que dejó de ser asalariado y se convirtió en empresario del sector.

Se considera un buen lector taurino, lo que le llevó a la escritura y a poner en marcha la editorial ‘La Cátedra Taurina’, en la que ha publicado varios libros sobre la fiesta y otros sobre materia turística.

“A principios de los años ochenta, constaté que había nacionalistas que mezclaban los toros con el franquismo, y sostenían que era un espectáculo español que había que despreciar. Investigué y descubrí que había un buen puñado de toreros vascos; así nació ‘Toreros de hierro’, que fue durante semanas el libro más vendido en Bilbao”.

Años después, publicó una biografía del torero Cástor Jaureguibeitia Ibarra, conocido como ‘Cocherito de Bilbao’, a la que siguió una guía taurina de Guipúzcoa a raíz de que Herri Batasuna gobernara en el Ayuntamiento de San Sebastián y prohibiera los toros en la ciudad. En 2015 vio la luz ‘Garapullos por máuseres, La fiesta de los toros durante la Guerra Civil 1936-1939’, y, en la actualidad, trabaja en un texto sobre Manolete y la utilización que hizo el franquismo sobre su figura.

– ¿Qué significa ser presidente del Club Cocherito?

– Es lo más grande taurinamente que se puede ser en Bilbao. Vivo entre Madrid y Vizcaya, supone para mí un gran sacrificio personal y familiar, pero también un gran orgullo.

Publicado en El País

El cierre fallido de la plaza de Las Ventas está plagado de puntos oscuros


Por Antonio Lorca.

Da la impresión de que la supuesta noticia del fallido cierre de la plaza de Las Ventas es una broma de mal gusto, o, quién sabe si una muy seria amenaza que se pretende cerrar en falso. O, tal vez, la estrategia bien diseñada del equipo de gobierno, profundamente antitaurino, del Ayuntamiento de Madrid.

Lo que está claro es que se le ha dado un carpetazo de silencio, como si aquí no hubiera pasado nada. Y así no debe ser porque son muchos los puntos oscuros, y más que suficiente la preocupación generada por una exclusiva periodística rápidamente desmentida en la que, al parecer, erraron sus autores y todos los medios, incluido este, que dieron por buena la noticia sin que estuviera convenientemente contrastada.

¿O, acaso, era cierto el anuncio del cierre y sus responsables han preferido esconder la cabeza debajo del ala antes que afrontar el escándalo de un cerrojazo que hubiera sido letal para la fiesta de los toros?

Sea como fuere, el asunto huele a chamusquina. Algo pasa y nadie quiere contarlo: ni la Comunidad de Madrid, propietaria de la plaza, ni el Ayuntamiento, que dice poseer informes que ponen en entredicho la seguridad del edificio, ni la empresa arrendataria, Plaza1, que guarda un silencio más que sospechoso desde que se conocieron los supuestos hechos.

¿Acaso Las Ventas sufre problemas estructurales que supongan una seria e inminente amenaza?

Es llamativo que, a estas alturas, el Consejero de Presidencia y portavoz del Gobierno de la Comunidad, Ángel Garrido, no haya comparecido ante la opinión pública para contar lo que hay que verdad en este asunto. Se ha limitado a apagar el fuego inicial, y ha asegurado que la temporada taurina no se interrumpirá y que las obras de rehabilitación se llevarán a cabo en los meses no taurinos.

Pero, ¿qué obras? ¿Cuál es la situación real de un edificio que se construyó en 1929 y que, aparentemente, se mantiene en buenas condiciones para la celebración de espectáculos taurinos? ¿Acaso Las Ventas sufre problemas estructurales que supongan una inminente amenaza para las personas que a ella acuden? No parece que así sea porque carecería de sentido que se hubiera permitido la reciente celebración de la Feria de San Isidro, por la que han pasado casi 650.000 personas

Otro asunto: ¿cuánto dinero y en qué ha invertido la Diputación Provincial de Madrid -propietaria hasta la implantación del estado autonómico-, primero, y la Comunidad, después, en el mantenimiento de un edificio que ha ingresado muchos millones de pesetas y de euros en las arcas públicas madrileñas?

¿Cuánto dinero ha invertido la Comunidad en el mantenimiento del edificio?

¿Está la plaza de Las Ventas en peligro de derrumbe? ¿Son tan graves sus carencias como para que alguna institución se haya planteado un cierre temporal y prolongado? ¿Sí o no?

¿O se trata, acaso, de una estrategia del Ayuntamiento que pretende fastidiar el uso continuado de la plaza de toros por la imperiosa necesidad de acomodarla a las medidas contra incendios y accesibilidad que impone la normativa actual?

Y queda un tercer implicado: la empresa Plaza1, presidida por Simón Casas, que no ha abierto la boca desde que la noticia desmentida apareció en la calle. Extraño comportamiento, al menos.

Circula un rumor y, como tal, no confirmado, de que los resultados económicos de la pasada feria madrileña no han sido los esperados y que ello, unido a la prohibición municipal de que se celebren espectáculos no taurinos -en los que Plaza1 tenía puestas todas sus esperanzas- hasta que el edificio se acomode a la normativa de seguridad, han colocado a la arrendataria en una situación crítica, de modo que no le hubiera venido mal el cierre de la plaza, lo que hubiera supuesto un ahorro de costes y nuevas pérdidas.

Pero quedan otras incógnitas.

¿Concedió la Comunidad la plaza de toros a una empresa solvente con capacidad para afrontar una feria de San Isidro con una cuenta de resultados adversa?

¿Conocía la empresa que pilotan Simón Casas y Nautalia que no iba a poder organizar espectáculos no taurinos hasta que el edificio no se adecúe a normativa de seguridad y accesibilidad municipal?

En fin, que no son pocos los puntos oscuros que se mueven en torno a la situación de la plaza de toros; y, de todos ellos, el peor es el silencio de las partes implicadas.

El aficionado -el espectador, el ciudadano- tiene derecho a saber cuáles son los problemas reales que obligan a acometer obras que algún medio ha cifrado en cinco millones de euros y la pérdida de cinco mil localidades; si son obras de calado estructural, lo que obligaría a la suspensión -también-de festejos taurinos, o no. Y tiene derecho, claro que sí, a saber si los millones que las arcas públicas madrileñas han recibido de la gestión de Las Ventas se ha dedicado, como manda la ley de Presupuestos autonómica, a la conservación y mejora de la plaza.

En fin, que alguien se ha equivocado gravemente al filtrar una información tan supuestamente errónea como escandalosa; o, lo que es más grave, la Comunidad permite que los aficionados a los toros ocupen un edificio en ruina.

De lo que no cabe la menor duda es que este turbio asunto debe ser aclarado cuanto antes. Todo lo demás, es otra falta de respeto a la tauromaquia y a sus muchos seguidores. Y quién sabe si una peligrosa irresponsabilidad.

Publicado en El País