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Opinión: Merece la pena seguir yendo a los toros

Morante en Ronda. Fotografía: Arjona.

Por Fernando Fernández Román.

Porque todavía tenemos una reserva de bravura en nuestros campos y porque aún hay hombres en el mundo dispuestos a jugarse la vida por el prurito que reporta una vanagloria legítimamente alcanzada –al margen de la recolecta de otras recompensas mundanas y tangibles–, merece la pena ir a los toros, estudiar su insólito e imprevisible carácter y tomar conciencia de la proeza que alcanzan aquellos individuos de la especie humana que son capaces de enfrentarse a ellos, creando arte en situaciones de máximo riesgo, sobre el albur que entraña lo recóndito, al filo de lo imposible.

Por todo esto merece la pena seguir yendo a los toros.

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Morante, la decadencia del genio

“La afición debe estar agradecida porque no me haya ido del todo”: Morante.

Editorial – De SOL y SOMBRA.

Dicen que esta temporada taurina Morante tiene atrapado en el fondo de su alma un sentido de culpa que sólo consiguen los alcohólicos y los muy religiosos.

Nosotros, aunque lo dudamos, pensamos que quizás ese arrepentimiento proviene de estar dilapando su arte con esa imagen lamentable que proyecta en donde quiera que se presenta por estos días.

Ese enorme torero, hoy en decadencia, de quien alguna vez apuntó nuestro compañero Luis Cuesta “que nadie ha toreado con tanta hondura en nuestra generación”, es el pálido reflejo de un torero disipado, derrotado por su manía de ser el más popular, el más excéntrico y el más millonario.

Morante tal vez piense que todos los genios sufren alguna vez en su vida el síndrome de la decadencia y, quizás para consolarse, a su locuaz apoderado o algún confidente le confesará en secreto que se siente tan destruido como alguna vez lo estuvo de Paula, otro de sus ídolos.

La única diferencia, será, que a Rafael de Paula le cayó alguna vez la megalomanía y se le quebraron los huesos, mientras que a Morante lo aplasta también la megalomanía y la tristeza de los tiempos en que le tocó vivir.

Jerez, Valladolid, Santander, Pucela y cuantas plazas más le faltarán al genio para seguir manchando un legado que se escribía hasta hace muy poco con letras de oro.

Acaso: ¿No se puede repetir el pasado? ¡Claro que se puede! pensará el de la Puebla en algún hotel frente al espejo y ojalá que así sea porque si no esté grandioso torero, el último de una especie que desaparece, será arrasado por su presente.

La última esperanza para los morantistas en el 2018 será en Sevilla, ahí veremos si Morante nuevamente es capaz de cambiar las golondrinas que le revolotean por la cabeza, por un aura de gloria que lo haga resurgir milagrosamente como un ave fénix.

Y si no es así, el sueño fue bonito mientras duro.

***

¿Como te has dejado llevar a un callejón sin salida? El mejor dotado de los conductores suicidas…

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Morante: a treinta años de un debut

El niño José Antonio Morante Camacho juega al toro en las calles de La Puebla. Empuja el carretón su primo Juan Carlos, su actual mozo de espadas. / Archivo Morante de la Puebla.

El diestro de La Puebla vistió su primer traje de luces en la plaza de Villamanrique de la Condesa el 3 de septiembre de 1988. Tenía nueve años y aún faltaban nueve para su alternativa.

Por Alvaro R. Del Moral.

La anécdota es bien conocida. José Antonio Morante Camacho, un niño aún, ganó su primer dinero toreando al viento. Fue en las calles de La Puebla, ensayando lances de salón con su pandilla de amigos. Un mercedes se paró junto a la tropilla de torerillos para contemplar las maneras de aquel chiquillo cetrino que se distinguía sobre los demás. El espectador era Antonio Ruiz, Espartaco padre, que entregó al chaval una reluciente moneda de veinte duros que se antojaba premonitoria.

José Antonio siempre había querido ser torero. Un 6 de enero los Reyes Magos le sorprendieron con un vestido de torear de juguete que aún conserva. Su vocación era firme. Y un niño era aún –sólo tenía nueve añitos de calendario– cuando su nombre se anunció para actuar delante de un becerro en la placita que se había improvisado en Villamanrique de la Condesa. Era el 3 de septiembre de 1988, hoy hace justo 30 años, que han dado para mucho. Aún quedaban tres años más para su debut más formal, el 3 de agosto de 1991, en Montellano. Vestía un viejo traje celeste y oro que, ahora sí, daba el definitivo pistoletazo de salida a una carrera que se vería espoleada en aquellos años locos vividos al lado de Leonardo Muñoz, su definitivo descubridor. El Nazareno montaba festejos aquí y allí -rodeados de mil peripecias- sabiendo que tenía entre las manos un diamante en bruto. El debut con picadores llegó el 16 de abril del 94 en Guillena mientras crecía el ambiente y las esperanzas de los aficionados. La alternativa, tres años después, la tomó en Burgos en medio de las primeras discrepancias con los Pagés que, con sus respectivas reconciliaciones, han marcado la carrera del diestro cigarrero.

A partir de ahí, la carrera de Morante se escribe en dientes de sierra, incluyendo su única Puerta del Príncipe, vestido de grana y oro en la Feria de Abril de 1999. Un año después llegaría la gravísima cornada que partió en dos tantas cosas; la frustrada exclusiva con los Canorea; las égidas de 2004 y 2007; los preocupantes problemas psiquiátricos que le obligaron a viajar a Miami para ser tratado; el imposible apoderamiento de Rafael de Paula y las fallidas parejas profesionales; las ausencias de la plaza de la Maestranza y las vueltas jubilosas… pero, sobre todo, la creación del personaje que, de alguna forma, oculta la verdadera y más profunda alma de artista de un torero irregular, inimitable, enciclopédico, profunda y verdaderamente natural.

Morante esbozó su última retirada –realmente no fue tal– en la yema de agosto de 2017. En mayo de este año se volvía a enfundar el vestido de torear –un original terno inspirado en un antiguo capotillo de Manolo Vázquez– en la plaza de Jerez–. Antes de esa fecha ya era un torero de culto que navega por la temporada por encima del bien y del mal. Ha cuajado faenas para el recuerdo en plazas como Córdoba, Huelva o Almería y ya prepara su retorno en doble pase para la feria de San Miguel de Sevilla. Estaremos allí para contarlo.

Publicado en El Correo Web

Ronda y su Goyesca

Morante por Arjona para Aplausos.

Por Ignacio Sánchez Mejías.

La cuidad de Ronda se vuelca con su Goyesca y la Goyesca se vuelca con su cuidad. Desde por la mañana los visitantes lo llenan todo y los lugareños se echan a la calle contagiados del bullicio. Ignoro los habitantes de Ronda que van a los toros, pero me imagino que están en franca minoría, ellos viven la corrida desde fuera, como el acontecimiento del año. Hoteles, restaurantes, bares y calles abarrotadas para ver el desfile de las cuadrillas en coche de caballos hasta la plaza.

2018 GoyescaLa plaza, que pasa por la más cara del mundo (mi entrada de fila uno de sombra alta costó 155€) se lleno de “No hay billetes”, coincidiendo con una terna atractiva y con que el primer sábado de septiembre se empalmaba con las vacaciones de agosto. Según nos comentaron, se está barajando la posibilidad de cambiar las fechas de su feria al último fin de semana de agosto para aprovechar el tirón de os que están de vacaciones. Total, si se han cambiado las fechas de la Feria de Abril, nada nos puede extrañar.

Morante de la Puebla cuida el detalle y la liturgia de la fiesta al detalle. Ayer se presentó con un original vestido, en distintos tonos de beige, inspirado en el de los antiguos bandoleros de la Serranía, con unas taleguillas sin ajustar y larga madroñera, que hacía un conjunto armonioso y digno de admirar. Nuestra enhorabuena al torero, a la diseñadora y a cuantos artesanos han trabajado en él. Lo acompañaba de un capote de seda “rosa empolvao” nos dijeron, con el que paró su primer toro en clásicas verónicas.

La corrida de Juan Pedro Domecq, fue muy desigual de presentación y de comportamiento, predominando la falta de fuerzas, de poder y de raza. El comienzo de retrasó 20 minutos porque Cayetano estaba en la enfermería. El primero de Morante, con poca fuerza, fue noble en la muleta y la faena se llenó de arte y torería. Los pinchazos se llevaron los trofeos. Sin fuerzas y a la defensiva el incierto cuarto, en el que Morante hizo un esfuerzo por ambos pitones logrando pasajes de calidad. Mató de estocada desprendida y le pidieron infructuosamente la oreja.

Cayetano se encontró con un segundo de mucha nobleza y calidad en la muleta, y al que toreó a placer, pero muy despegado. La faena tuvo más fachada, de desplantes y gestos a favor del público, que calidad. Mató de una estocada trasera recibiendo y le dieron las dos orejas. El encastado quinto fue el más toro de la corrida. La faena de Cayetano irregular, despidiendo al toro hacia fuera, y donde los aplausos más sinceros se los llevó la banda de música por una floreada interpretación de “La Concha Flamenca”. Mató de media tendida.

Roca Rey está en un momento que impresiona a todos los públicos. Se pone en el sitio que todos los toros tienen por fuerza que embestir, y ni rectifica ni se mueve. Así viene saliendo a triunfo por tarde. El tercero tenía muy pocas fuerzas y apenas los picaron. Pero se vino arriba con clase en la muleta. La faena de Roca asustó por quietud y cercanías. Estocada desprendida y dos orejas. El último fue un toro difícil que solo tiraba gañafones, cabezazos y “giñás”. Roca de la jugó a base de quietud, pero también de tirar del toro sin moverse un ápice. Mató de media y le dieron una oreja. Indiscutible triunfador.

Mención aparte merece el piso de la magnífica e histórica plaza de toros de la Maestranza de Ronda. En la parte de contra querencia parecía una playa, irregular y llena de desniveles, hasta un caballo se cayó él solo de un traspiés antes de que llegara el toro. Moránte también pisó un agujero y cayó en la cara del toro, que hizo por él y a punto estuvo de costarle un disgusto. Y Sánchez Araujo perdió una zapatilla perseguido por el toro después de un quite. Tan magnífico evento, en ese marco histórico, merece la perfección en todos los detalles.

@isanchezmejias

La foto es de Arjona para aplausos.es

Publicado en Blogs SEVILLA ABC

Opinión: Cuarto a espadas

Por Enrique Gª-Máiquez.

Lo bueno de pasar unas semanas sin escribir es escribir después. La perspectiva que te da el silencio y la distancia la explicaré con un ejemplo, pero que tiene, espero, valor en sí mismo, no sólo instrumental.

El sábado 4 de agosto estuve en el cuarto de Morante de la Puebla mientras se vestía para su corrida del Puerto. Si hubiese habido que contarlo al día siguiente, como la tarde no se le dio y acabó en bronca monumental, no habría podido. Ahora, como las cosas y los cosos se han decantado, sí.

Hay algo fascinante en un torero vistiéndose. Yo había imaginado que el ambiente sería trágico, la vida y la muerte danzando tétricas por el aire sombrío de la habitación en penumbra. No. El maestro nos recibió con una hospitalidad luminosa. Como un detalle conmigo, quiero decir, por supuesto, con la poesía, puso en el hilo musical las “Chuflillas del Niño de la Palma” de Rafael Alberti recitadas por Lola Flores: “Ángeles con cascabeles/ arman la marimorena,/ plumas nevando en la arena/ rubí de los redondeles./ La Virgen de los caireles/ baja una palma del cielo./ ¡Qué revuelo! […] Te digo y te lo repito,/ para no comprometerte,/ que tenga cuernos la muerte/ a mí se me importa un pito”. Morante esbozó un baile que era una media verónica recogidísima. Luego se encendió un puro.

La inesperada naturalidad recalcaba, paradójica, la importancia del momento. La ponían los símbolos, los gestos exactos, los tiempos y hasta las reliquias. La montera era la de Joselito. Recordé un endecasílabo de Martínez Mesanza: “Debes hacer un rito del vestirte”. No lo cité no fuesen a pedir que continuase el poema: “la sobreveste puede ser mortaja”. Lamenté que los columnistas no echemos nuestro cuarto a espadas y no nos vistamos con solemnidad para escribir; aunque Maquiavelo, que sabía latín, lo hacía para leer. Pensé cuánto han perdido los sacerdotes que han renunciado a sus sotanas. Un poema de Mario Quintana lo cuenta, aunque sin perder la esperanza: “Un día los curas se desotanaron/ disfrazándose de gente./ Así perdieron hasta la sonrisa respetuosa de los incrédulos./ Felizmente, sus Ángeles de la Guarda conservaron aún/ sus grandes alas/ palpitantantes, inquietas, temblorosas…”

No debe de ser casualidad que aparezcan ángeles en ambos poemas, en el taurino y en el sacerdotal, porque ellos saben más que nadie de ritos, de silencios significativos y de distancias salvadas y salvíficas.

Publicado en Diario de Jerez

El toreo se cita en Ronda

Por Antonio M. Romero.

La cuna del toreo, Ronda, se vuelve a citar un año más, cuando septiembre se asoma en las hojas del almanaque, con la tauromaquia. El más que bicentenario coso de piedra de la Real Maestranza de Caballería abrirá sus puertas por tres días para acoger los espectáculos para el que fue concebido y no como un mero monumento muy visitado durante el resto del año. El gran aliciente será la tradicional Corrida Goyesca, de mañana sábado, y el abono elaborado por el empresario del coso, Francisco Rivera Ordóñez, se completa con una novillada picada y un festejo de rejones.

La Goyesca, aquel festejo ideado en 1954 para conmemorar el segundo centenario del nacimiento del insigne matador de toros rondeño Pedro Romero, cumple su LXII edición y lo hace con un cartel de lujo: Morante de la Puebla, que ya sabe lo que es saborear las mieles del triunfo en el coso rondeño; Cayetano, cuya familia materna, los Ordóñez, están íntimamente ligados, a través de la histórica figura de su abuelo Antonio, a la organización y promoción de esta corrida; y Roca Rey, que debuta en este tradicional festejo, uno de los más singulares y especiales de la temporada española.

Morante es un torero siempre esperado por la afición y estrenará en la Goyesca un traje especial diseñado por la sevillana Vicky Martín Berrocal. El festejo de mañana será, según fuentes consultadas, el de la reaparición en los ruedos de Cayetano tras su reciente lesión de costillas que le ha hecho perder varios contratos en plazas como Bilbao, Cuenca o Antequera. Por su parte, Roca Rey llega a Ronda en la temporada de su consolidación como máxima figura del toreo, con la vitola de ser uno de los diestros jóvenes que más expectación ha despertado en los últimos años y avalado por recientes triunfos en plazas como Málaga o Bilbao. Los toros llevarán el hierro de Juan Pedro Domecq y Parladé.

Hoy, novillada

El ciclo se inaugura esta tarde con una novillada picada para seis actuantes: Javier Orozco (Ronda); David Bolsico (Higuera la Real, Badajoz); Alfonso Cadaval (Sevilla); Toñete (Madrid); Ángel Téllez (Mora de Toledo); y Alfonso Ortiz (Tielmes, Madrid). Los novillos llevarán la divisa de Río Grande.

El domingo se cerrará el abono de la Feria de Pedro Romero con la tradicional Corrida Rondeña de Rejones que cumple su XXXVII edición y que cuenta en el cartel con Rui Fernandes, Diego Ventura y Leonardo Hernández ante toros de Benítez Cubero y Pallarés. Este festejo, como los anteriores, comenzará a las 17.30 horas.

Por su parte, el rejoneador, ganadero y fundador de la Real Escuela de Arte Ecuestre de Jerez, Álvaro Domecq, pronunciará esta tarde, a partir de las 20.45 horas en el antiguo convento de Santo Domingo, la sexta edición del pregón taurino de Ronda que organiza la Asociación Cultural Taurina Tauromundo. Domecq será presentado por Julio Stuyck Collado.

Publicado en Diario Sur

«El Dorado» del toreo: del sueño a la realidad de la Fiesta

Las Ventas, una tarde de lleno en San Isidro – Paloma Aguilar.

Por Rosario Pérez – ABC.

Cuenta la historia que en el siglo XVI se generó una leyenda entre los primeros descubridores del Nuevo Mundo: había un pueblo en el que todo era dorado, un lugar donde los reyes eran cubiertos con oro en polvo a su muerte como ofrenda a los dioses. Esta deslumbrante urbe se localizaba en medio de la jungla, posiblemente en la zona central de la Nueva Granada, actual territorio de Colombia, aunque dependiendo del origen o la época de la versión, lo mismo se sitúa en Cundinamarca que en alguna zona de Venezuela, en la selva amazónica o en los mismos Andes. Variaba según la febril imaginación y la codiciosa mirada de algunos exasperados conquistadores.

Aquí, en España, la tauromaquia vivió su particular «Dorado» entre los años 50 y 70 del siglo pasado (sí, había menos oferta de ocio). Las plazas se llenaban, los toreros formaban parte de la cultura y la sociedad, y el toreo competía con el fútbol y el boxeo como mayor espectáculo de masas de un país que resurgía de sus propias cenizas. Los ochenta sufrieron su crisis, superada a principios de este siglo. En aquella época dorada las plazas se llenaban con el mero hecho de anunciar el cartel en una pizarra con tres o cuatro días de antelación. Al rebufo de esta ola fervorosa por las corridas, surgieron geniales empresarios que utilizaron el ingenio y una gran pasión para llevar nuestra Fiesta hasta cotas inimaginables. Hubo también grandiosas figuras, aunque en eso las épocas no son tan distintas y, lógicamente, los había con inmenso tirón como El Cordobés y otros con mucho menos.

Pliego intervencionista

Aún en 2018, algunos todavía sueñan con ese «Dorado» que nos contaban, aunque no son pocos los que empiezan a pensar que es tan irreal como aquel que imaginaron los conquistadores de las Américas. Y lo es porque la Fiesta se ha desestructurado. Toreros, empresarios y ganaderos van por caminos distintos y encontrados, cada vez más alejados. Los políticos utilizan el toreo como moneda de cambio y se sientan al sol que más calienta. Madrid, capital del toro, ha estirado como una goma San Isidro, tratando de paliar un pliego recaudatorio y nocivo para la Fiesta, que por primera vez en muchos años ha sobrepasado por poco la media plaza en festejos del abono del Santo. Bilbao busca la gestión privada tratando de huir de los desmanes de un modelo desgastado. Sevilla vive un modelo basado en un antiguo contrato y mantiene una delicada (aunque resistente a la par) salud, y a Valencia le ha tomado el pulso la misma empresa que no termina de cogérselo a la Monumental madrileña, con una oferta desorbitada en el último concurso. Un poco a la desesperada, se ha recurrido en Otoño a la fórmula del bombo para reclamar la atención del público: a ver si las figuras recogen el guante… Como algo puntual y novedoso, que ya se sabe que el manda elige y no es amigo de loterías… Pues estos son los cuatro ases de la baraja en los que se sustenta el toreo.

Pamplona es punto y aparte: allí encontraron su Dorado particular a mediados del siglo pasado, ayudados por un Nobel norteamericano, y siguen abarrotando los tendidos 70 años después. El resto de las plazas luchan por sobrevivir a los ataques antitaurinos, algunos caprichos de varias figuras y la renovación de un modelo que ya no da para más. Los años ochenta vivieron una gran crisis taurina y de identidad, pero la muerte en la plaza de Paquirri y Yiyo reforzó y dio credibilidad a cuanto acontecía en el ruedo y los públicos volvieron a las plazas. Por desgracia, hemos vuelto a vivir la tragedia de dos toreros caídos en la arena, pero no parece que aquel relanzamiento se repita. Tres décadas después, tenemos una sociedad cada día más desnaturalizada, a la que preocupa más las proteínas que aportamos a la alimentación de nuestro Cocker que el drama que viven los niños en Siria, donde en lo que va de 2018 han muerto más de mil pequeños, según datos de Naciones Unidas.

Alternativas de los carteles

Volvamos a la tauromaquia: en este triunvirato de poderes en el que se sustenta, los empresarios son quizá la pata más coja del banco. Componer carteles se ha convertido en una quimera basada en los intereses de un reducido grupo de figuras que dominan a su antojo los restos de aquel «Dorado» de hace 60 años. Salvo la excepción de Roca Rey, las ferias se componen por toreros y carteles que se repiten durante casi décadas y no generan la expectación soñada. El paso a los jóvenes es testimonial. El argumento simple: «No interesan». ¿Alguien se preocupó de que interesaran los noveles? Para muestra, un botón.

Analizados algunos carteles de plazas significativas y variadas de primera y segunda categoría, en lo que va de temporada los resultados son esclarecedores: Castellón arroja una media de 16 años de alternativa por actuante; Valencia, 12; Sevilla, 14; Madrid, 11; Algeciras, 12; Burgos, 15; y Pamplona, 12. Con 27 carteles en los que sus actuantes suman más de 40 años de alternativa y algunas puntas de iceberg alarmantes, en la Maestranza dos carteles alcanzaron los 60 años de alternativa, 57 en Burgos, 52 en Valencia y 50 en Madrid. Otro dato más es que en Sevilla 24 de los 45 puestos disponibles (más del 50%) los copan diestros que estuvieron ya anunciados en la feria de 2007… ¿Dónde está la regeneración?

Desglosemos por años de alternativa los 15 primeros puestos del escalafón actual de matadores de toros. Desde Roca Rey, que lo lidera, hasta Román, que cierra ese top 15, arroja una media de casi 15 años de alternativa por coleta, con trece diestros por encima de los 10 años, nueve por encima de los 15, cinco por encima de los 20 y ¡solo! tres por debajo de dichos años de doctorado.

El porqué de tan delicada situación

Las cifras asustan por sí mismas, pero convendría analizar el porqué se ha llegado a esta delicada situación. Si analizamos la pirámide de abajo hacia arriba, la base la componen los matadores como máximos responsables de lo bueno y lo malo de cuanto acontece en la plaza, pero sería muy injusto generalizar, puesto que el escalafón 2017 lo compusieron 157 matadores (156 para ser exactos, puesto que uno de ellos, el que logró un lleno histórico en Madrid pore el camino de la independencia y saliéndose del «sota, caballo y rey» ya no está entre nosotros). Y nos atreveríamos a afirmar que no más de diez ven rentabilizados económicamente los esfuerzos y sacrificios realizados en la plaza. Alrededor de otra veintena viven dignamente de su profesión y los más de 120 restantes compatibilizan la tauromaquia con otras profesiones para poder llegar a fin de mes.

La liga novilleril

El caso de los novilleros es capítulo aparte: el caos y abandono de la liga juvenil es para hacérselo mirar. Y eso es lo que sucede: miran al lado y echan la culpa al siguiente. Mientras tanto, la solución de esos casi 200 novilleros con picadores es precaria y sin ninguna solución a corto plazo, salvo la esperanza de que surja algún genio, hecho que ocurre cada vez menos… Muchas veces tendemos a juzgar con demasiada severidad a imberbes que se ponen en Madrid delante de un ¿novillo? con más cuajo y seriedad del toro que matan en plazas de segunda y algunas de primera las figuras (el sobrero de Espartaco de la final de las nocturnas es un claro ejemplo). Chavales sin apenas bagaje y cuya recompensa económica son los mínimos de un convenio con el que, si les da por estrenar un vestido, salen del hotel en negativo. No son ellos los culpables de su poca experiencia, a los principales responsables no les suena ni el cinco por ciento de estos proyectos de toreros.

Desde dentro (y desde fuera) da la impresión de que los mandamases del toreo viven al margen de la realidad. La realidad de las cifras. Exigen corrida, fecha y cartel y el dinero de la plaza llena. Hasta ahí todo perfecto, pero el problema viene cuando la plaza no se llena en la mayoría de ocasiones y generan dos agujeros: el económico y el desequilibrio en la feria. Si la actualidad tiene cuatro o cinco toreros -caso aparte es José Tomás– que tienen demanda taquillera y van juntos en dos corridas, el empresario se ve en la difícil tesitura de completar las tres o cuatro restantes de cualquier feria mediana en los días menos buenos con toreros que no atraen al gran público. En lo que va de 2018, ha habido varias «cornadas» a las empresas de las graves. Vayamos por orden cronológigo en algunos ejemplos: en Guadalajara, por Primavera, Ventura y Perera, mano a mano, con sus 20 Puertas Grandes de Las Ventas y a media hora del Foro, apenas congregaron 1.800 personas; Aranjuez, con al aditivo mediático de Cayetano, por ahí anduvo; Zamora, León y Segovia, con los Julis, Manzanares, Talavantes, Morantes y Rocas repartidos, poco más de media entrada real… Lo de Badajoz tuvo entradas tristísimas. Y León, apenas media plaza en un cartel monstruo con Morante, Manzanares, Talavante y Roca Rey. ¿Poca promoción? ¿Falta de interés del público? ¿De todo un poco? Una feria consolidada como las Colombinas apenas ha reunido media plaza un día y escasos tres cuartos el otro con las máximas figuras y la milagrosa reaparición del ídolo local. En declaraciones a Carrusel Taurino, Carlos Pereda manifestó: «No ha sido una feria satisfactoria, económicamente hablando, pero podemos darnos por satisfechos. Nos salen las cuentas». Se trata de «salvar», más que de «ganar», en un negocio en el que se supone se mueven muchos billletes…

El Puerto inauguró, con Morante y Manzanares, con poco más de media plaza (días después, rozó el lleno con Roca Rey -con Padilla y Manzanares-). La empresa de Antequera ha tenido que salir corriendo tras la cornada económica de la primera corrida. Las figuras más taquilleras, con Juli, Manzanares y Roca, tampoco llenaron en Pontevedra. En Gijón, tampoco se están registrando las entradas esperadas. La recuperada Illumbe no remonta (las entradas de los primeros festejos de la Semana Grande han sido reducidas) tras los vientos prohibicionistas y pese al llenazo el año de José Tomás. Y van ya varios portazos a plazas de toros: vale que en algunas son por cuestiones políticas, pero han hecho algo las grandes figuras para decir «allá que voy a Vitoria», ¿por ejemplo? Es momento de hacer acto de reflexión y coger al toro por los cuernos.

Matemáticas de andar por casa

Metida a matemática de andar por casa, si a una plaza de segunda van 5.000 personas a una media de 40 euros la entrada (36 una vez descontado el IVA), la taquilla es de 180.000 euros. Si ponemos la corrida para figuras a 36.000; los gastos de apertura de plaza (médicos, veterinarios, seguros, cuadra de caballos, servicio plaza, etc.) en 9.000 euros; la Seguridad Social en 9.000; los gastos de publicidad en 7.500, quedan unos 118.500 euros. Si contratan a dos de esas tres o cuatro figuras que exigen 60.000 euros por tarde, ya va el organizador del espectáculo por «menos 1.500» y falta el tercer torero… Y algo debería ganar la empresa, ¿no?

Pues imaginemos ahora tres de ese grupo de «privilegiados»: para cubrir esos 180.000 euros, más los 61.500 de gastos, hay que vender 6.700 entradas para que la empresa «empate». ¿Y si no se venden? ¿Quién asume su responsabilidad? Casi siempre, el empresario… Otro ejemplo más es la plaza de toros de Las Ventas, donde se dicen que los beneficios en 2017 no llegaron al millón de las antiguas pesetas. Con una facturación cercana a los 30 millones de euros y un plantilla fija de casi 20 personas, los datos dan las mismas sensaciones que los antiguos Palhas: horror, terror y pavor. ¡Eso en Madrid!

Los empresarios se han quejado en varias ocasiones de que en los carteles donde están tres de esas cuatro o cinco figuras son ampliamente deficitarios aun colgando el «No hay billetes». Empresarialmente, ¿cómo se puede iniciar un negocio donde la pérdida es segura a pesar del lleno? La excusa de los apoderados es que tiran del abono y en los carteles medios se compensan las cifras. ¿Seguro? A veces sí, pero no siempre… En 2016 regresaron los miembros del G5 a la temporada sevillana tras dos años de ausencia voluntaria por no sé qué conflicto de intereses y cuentan que apenas se vendieron 300 nuevos abonos. La sangría de Madrid cuesta frenarla a pesar de estar todas las figuras. Con estos datos, ¿a qué excusa nos acogemos para justificar esos ingresos? Si trasladara estos números a mis compañeros de economía, me costaría convencerlos de la realidad que vivimos en nuestra querida tauromaquia.

Las empresas

Aunque hay algunas excepciones, el conjunto empresarial no destaca por su imaginación ni capacidad de trabajo, peros son, junto con los ganaderos, los grandes perjudicados de la situación actual. La inyección en dólares por parte de un millonario mexicano y la aparición de una agencia de viajes en Las Ventas no son suficientes para sostener los cimientos de un sector que se tambalea. La esperanza de contratar a José Tomás, salvar un abono y aprovechar su rebufo cada día se complica más, y con el resto de los mimbres y sus exigencias es una labor de orfebrería y altas dosis de trabajo y talento «perder poco» en cualquier feria. De ahí que los empresarios intenten atar cada vez a más toreros: viven más de ese intercambio y comisiones de apoderamiento que de la propia taquilla de las plazas.

Por cierto, alguno aboga por variar el precio en taquilla según el cartel, igual que ocurre, por ejemplo, en los conciertos: no todos los artistas «cuestan» lo mismo. ¿Y si se prueba en los toros allá donde el pliego no lo impida?

Otro caso curioso de la actualidad es el de Talavante. El genio extremeño vive un momento artístico pleno de inspiración, con un toreo puro al que casi ninguno se aproxima, pero sus logros en la plaza no se reflejan en la demanda que genera en taquilla y es la sorprendente ausencia de muchas ferias después de haber sido triunfador en San Isidro y cuajar la mejor faena de Sevilla y de otras plazas como Cuatro Caminos. Algunos culpan a Matilla, sacando toda su inquina hacia el empresario salmantino, y una venganza por su ruptura, pero no es esa la verdad, según comentan varios gerentes. Talavante está obsesionado con igualar sus números a los de Juli, Morante y Manzanares, y eso ha generado que los empresarios hayan decidido prescindir de tan grandioso torero por vivir al margen de la realidad económica de sus taquillas. Claro que no es el único caso que vive al margen de esa realidad, y algunos mantienen su caché casi por inercia. Por lo que Talavante dirá: ¿y por qué yo no? Eso sí, a cada cual lo suyo: es una de las figuras con mayor tirón en el Foro.

Pero, ¿quién tira del carro de la taquilla de verdad hoy? Solo la apisonadora Roca Rey, el último y joven fenómeno (que curiosamente no es el que más cobra….), ha sido capaz de situarse por delante de todos en la demanda de entradas para verle, gracias a su juventud, novedad, desparpajo y sus arrolladoras campañas, aunque, vista esta dinámica, ¿cuánto durará esa inercia?

El resto de la nueva hornada compuesta por Ginés Marín, Garrido o Román no termina de dar el salto, a pesar de algunos triunfos, y la recuperación de diestros como Ureña, Chacón, De Justo, Cortés o Moral no pasa de ser un buen complemento a los carteles medianos. Los mediáticos Fandi o Padilla (con su tirón en determinadas plazas) están también ya muy vistos. Y el circuito de las corridas duras (salvo en escenarios concretos) suscita el interés de parte de la afición pero no del público general y no mueve el suficiente dinero.

El incombustible Ponce aparece como «abreplaza» de lujo, mientras vive un dorado final dando lustre y categoría a una excelente trayectoria, siendo el triunfador de las dos últimas Orejas de Oro, pero sin llegar a las cotas taquilleras de sus inicios. Castella y Perera (que está cuajando un gran verano), dos figuras por el mismo palo pero opuestos planteamientos (el extremeño es de los pocos que se atreven al camino de la independencia), triunfan con regularidad pero su demanda taquillera está por debajo de sus resultados artísticos.

Panorama ganadero

En el apartado ganadero, superada ya la inflación que supuso la burbuja del ladrillo en nuestras dehesas y reguladas en base a la ley de mercado las cabezas existentes en las fincas, los sufridos criadores de bravo han conseguido «equilibrar» sus cuentas, aunque salvo cinco o seis excepciones son negocios por amor al arte y nula rentabilidad. En realidad, casi nunca lo fueron. Ser ganadero siempre fue un ejercicio de afición, valor, desinterés, amor al toro y, en ciertos casos, cierta dosis de ego que compensaba los sacrificios. De lo que no hay duda es de que estamos atravesando, a pesar del criticado monoencaste, una época dorada de porcentaje de toros que embisten. La unificación de la sangre Domecq en nuestra cabaña brava ha venido motivada, no nos engañemos, por la demanda y exigencia de la lidia actual. Su bravura más tardía ha sido la única capaz de soportar la longitud de lidia moderna y se ha adaptado a la nuevos tiempos. Pero la variedad de encastes es necesaria y también recobrar la importancia del toro. Pocos son los que preguntan «¿qué se lidia?», pues el público moderno es más bien torerista. Pero entre las ganaderías de otras sangres hay excepciones sobresalientes y que, en manos de algunos genios de la alquimia y la genética, han sido capaces de mantenerlas con éxito en plena actualidad. También, cierto es, algunas divisas Domecq atraviesan muy mal momento.

Con este panorama descrito viene el momento de preguntarnos si hay solución a nuestra realidad. Todavía generamos la demanda suficiente para mirar el futuro con optimismo, pero para ello toca ponerse el mono de trabajo y mancharse de grasa. Las cifras de espectadores todavía nos reflejan brotes verdes y esperanza. Y aquí ya se sabe: unos ven el vaso medio lleno, otros medio vacío y, como dice un viejo aficonado, «otros ven vodka donde solo hay hielo». Según el informe elaborado Diego Sánchez de la Cruz, más de cinco millones de espectadores asistieron a los toros durante la temporada 2017 en España. Según las estimaciones de su estudio, se vendieron alrededor de se vendieron 1.838.000 entradas en cosos de primera, 1.100.000 en escenarios de segunda y 2.100.000 en plazas de tercera y portátiles. A todo ello hay que sumar los festejos populares, alma de la tauromaquia. No nos olvidemos de ellos, cada vez con más auge. Todos esos datos son muy positivos, pero, no nos engañemos, existe un runrún de preocupación y de incertidumbre. Además de los varapalos externos, políticos y animalistas, se encuentra el de algunas tardes en taquilla.

La Fundación

La Fundación del Toro está muy bien, su discurso mejor, pero, más allá de postureos, ha llegado la hora de actuar y dejar de soñar con «El Dorado» e ir a buscarlo desde abajo. Quizá sea necesario gente externa, que desde dentro mire hacia fuera (y viceversa) y no al propio ombligo. También, para el aumento de socios, no estaría de más una transparencia total, con pelos y señales, en las cuentas y los resultados. Y también de los objetivos que persiguen y la hoja de ruta que siguen. Paciencia, sí, que aún es el embrión, pero el tiempo apremia y hay cuestiones que resolver pronto y en la mano, con reuniones con los principales mandamases de cada partido político y analizando las entrañas del propio sector. Sí, para ser cien por cien creíble y eficaz, la Fundación debería velar por profesionales y afición, por la supervivencia y el crecimiento del mundo del toro. No abandonemos Vitoria, ni Palma, donde cierto es que no están prohibidos pero las condiciones exigidas para dar toros convertirían la corrida en una pantomima, lo que imposibilita su celebración. Luchen por recuperar los puertos perdidos… ¿Ven a toreros y profesionales muy preocupados? Lo que se pierde, difícilmente se recupera…

Repetimos mucho la expresión figura del toreo. Pues, figuras, afronten el riesgo económico; el físico y el artístico ya lo asumen (y sí, ya sabemos que no hay precio que pague la vida, por lo que todos los dineros son pocos para un torero), y demuestren su ¿unión? no solo para atacar a un presidente y su grandeza no solo a la hora de coger la mejor fecha, ganadería y compañeros para «salvar» su cartel, demuestren su categoría pensando en el mañana, algo que algunos (pocos) sí hacen. Dejen paso a los nuevos, tiren ustedes de la taquilla en los días regulares, hagan (junto a las empresas -que necesitan, además de una política de precios asequible, dar una vuelta a los carteles y campañas de promoción efectivas-) algún guiño al que pasa por taquilla y discutan con los empresarios por el porcentaje de lo que generen. Tal vez no estaría de más igualarse con los grandes boxeadores y repartirse el neto de los ingresos. Cada uno en función de su categoría y demanda. Y, por favor, no dejen que se pierdan más plazas. Ganaderos y cuadrillas, hagan lo mismo. Y empresarios… ¡Trabajen y trabajen con cabeza, afición y afición! Solo así se podrá volver a soñar con «El Dorado» de una Fiesta que es grandeza por historia, sangre y verdad, pero en la que hay mucho, mucho, por hacer.

Posdata: las cifras aportadas han sido extraídas de conversaciones con diversos profesionales del sector. Y demasiadas veces se oye aquello de «vamos a llevarnos lo que podamos mientras esto dure…» Al menos donde políticos y pliegos lo permitan, trabajen todos los taurinos para que el presente de la Fiesta sea saludable y su futuro largo. Son muchos más los aficionados y las gentes que respetan las tradiciones que los animalistas falsos y oportunistas. La tauromaquia es grande, pero hagámosla gigante.

Publicado en ABC

FIESTAS DE SAN JUAN Y SAN PEDRO: Cuatro monstruos en una corrida para buenos aficionados

Por María J. Muñiz.

La anuncian como una corrida «monstruo» y desde luego reúne, en lo que a toreros se refiere, algunas de las personalidades taurinas que más desean ver los aficionados en este momento. Personalidades, porque si algo define a los cuatro diestros que esta tarde lidiarán ocho toros en el coso del Parque es su distinta y muy singular concepción del toreo, sus formas y sus liturgias. Prometedor pulso, porque cada uno de ellos se encuentra en un momento de plenitud de su carrera, desde el diestro de pellizco siempre esperado al aspirante ya consagrado en su coraje; del poso de la madurez a la estética atemporal.

Vuelven a la plaza de toros de León los macrofestejos que en su día pergeñó la también singular e inigualable figura del desaparecido Gustavo Postigo, genio y figura de la compleja ingeniería de la mercadotecnia taurina. Buscan revitalizar el pulso de una feria que viene tornando mortecina, sea por el devenir de una Fiesta que no atiende a los nuevos códigos sociales o de un quehacer empresarial que no enlaza la onda que demanda el público cotizante. La oferta es atractiva en lo torerista, quizá falta la tecla torista sin la que la Fiesta languidece.

En uno de los festejos a priori más apetecibles de la temporada taurina, esta tarde, a partir de las 18.00 horas, harán el paseíllo en El Parque la siempre esperada inspiración y originalidad de Morante de la Puebla; el gusto, el poso y la calidad de José Mari Manzanares; la estética disrruptiva, transgresora a la vez que atemporal, de Alejandro Talavante. Y, como guinda, la esperanza ya consolidada de la entrega, la valentía y el momento de oro de Andrés Roca Rey.

Talavante, en el punto dulce del torero triunfador del largo ciclo madrileño de San Isidro, que también dejó huella en la Maestranza. Como lo han hecho el maestro Manzanares y el pujante Roca Rey. Han dado su puñetazo sobre la mesa en las principales ferias hasta el momento. Morante esquiva las televisiones. Hay que sentir su pálpito sobre la arena. Ahí le espera El Parque.

Publicado en Diario de León