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FIESTAS DE SAN JUAN Y SAN PEDRO: Cuatro monstruos en una corrida para buenos aficionados

Por María J. Muñiz.

La anuncian como una corrida «monstruo» y desde luego reúne, en lo que a toreros se refiere, algunas de las personalidades taurinas que más desean ver los aficionados en este momento. Personalidades, porque si algo define a los cuatro diestros que esta tarde lidiarán ocho toros en el coso del Parque es su distinta y muy singular concepción del toreo, sus formas y sus liturgias. Prometedor pulso, porque cada uno de ellos se encuentra en un momento de plenitud de su carrera, desde el diestro de pellizco siempre esperado al aspirante ya consagrado en su coraje; del poso de la madurez a la estética atemporal.

Vuelven a la plaza de toros de León los macrofestejos que en su día pergeñó la también singular e inigualable figura del desaparecido Gustavo Postigo, genio y figura de la compleja ingeniería de la mercadotecnia taurina. Buscan revitalizar el pulso de una feria que viene tornando mortecina, sea por el devenir de una Fiesta que no atiende a los nuevos códigos sociales o de un quehacer empresarial que no enlaza la onda que demanda el público cotizante. La oferta es atractiva en lo torerista, quizá falta la tecla torista sin la que la Fiesta languidece.

En uno de los festejos a priori más apetecibles de la temporada taurina, esta tarde, a partir de las 18.00 horas, harán el paseíllo en El Parque la siempre esperada inspiración y originalidad de Morante de la Puebla; el gusto, el poso y la calidad de José Mari Manzanares; la estética disrruptiva, transgresora a la vez que atemporal, de Alejandro Talavante. Y, como guinda, la esperanza ya consolidada de la entrega, la valentía y el momento de oro de Andrés Roca Rey.

Talavante, en el punto dulce del torero triunfador del largo ciclo madrileño de San Isidro, que también dejó huella en la Maestranza. Como lo han hecho el maestro Manzanares y el pujante Roca Rey. Han dado su puñetazo sobre la mesa en las principales ferias hasta el momento. Morante esquiva las televisiones. Hay que sentir su pálpito sobre la arena. Ahí le espera El Parque.

Publicado en Diario de León

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La “España veloz y el toro futurista”

Por Ignacio Ruiz Quintano – ABC.

Para decir la verdad en España hay que tener un siglo y dinero de bolsillo, como la marquesa de los veraguas.

Del Conde de los Toros de Ojos Verdes (Fernando Villalón, conde de Miraflores de los Ángeles) a la Marquesa de los Toros de Capas Blancas (Mercedes Picón, marquesa de Seoane), los jaboneros de Prieto de la Cal, que le ha confiado a Emilia Landaluce dos cosas: que el indulto de “Orgullito” en Sevilla fue “una vergüenza”, y que los toreros “que mandan” (?) hoy son “unas figuras de mazapán, capullitos de alhelí y rosas de pitiminí”.

Orgullito”, criado para jugar al corro de la patata, supone la consumación del toro socialdemócrata, una criatura servicial que hace lo que sea necesario para sustentar la teoría de los pegapases, que son “los artistas”.

La “España veloz y el toro futurista” de Marinetti ya están aquí, en coincidencia con un ministro de Cultura animalista que aspira a la sociedad socialista de Fourier, donde los animales perjudiciales (toros encastados) habrán desaparecido, dedicándose todos a servir al hombre:

–En vez del león existirá un anti-león, corcel de maravillosa rapidez en que los jinetes encontrarán un asiento tan suave como los cojines de un coche de buenos muelles…

El león, en los toros, eran los victorinos, pero un torero modesto, Escribano, indultando uno en Sevilla y pegando “pedresinas” a otro en Madrid, ha señalado en ellos a “Negro II”, el toro futurista que Marinetti imaginó testando para ser admitido (el toro, claro) en los jurados de la tauromaquia socialdemócrata:

–¡Tengo en los pulmones el implacable fuego futurista de España!

Nos quedan los Saltillo, pavura de ruedos… y jurados, aunque los posibilistas de “Los de José y Juan”, que en la plaza llamaban a los saltillos “mulos”, en la barra del snack-bar les han concedido el “indulto” de una “mención especial”, y aplaudiendo “con manos de higos chumbos”.

–A los que no tragamos, nos eliminan –resume la marquesa de los veraguas.

Andante maestoso.

La estremecedora fragilidad del ser

Por Quino Petit.

Mientras contemplaba la imponente cabeza de toro del personalísimo bazar de Eduardo Arroyo que exhibía hace algunos años el madrileño Círculo de Bellas Artes, sobrevolaron mi memoria unas declaraciones de este pintor que tuve la fortuna de recoger hace ocho años cuando elaboraba un perfil sobre Morante de la Puebla para El País Semanal. “Lo que me gusta de Morante es su fragilidad. Un torero no tiene que ser un atleta. La dificultad convierte al torero en algo sublime”.

Arroyo llegó a esta conclusión tras varios minutos de charla en los que, ante su manifiesta pasión pugilística (además de por el toreo con enjundia), traté de disuadirle sobre si Morante, acaso el último exponente de la magia en los ruedos, podría representar una suerte de Cassius Clay de la lidia.

Arroyo tardó poco en responder: “Más bien se me asemejaría a un Sugar Ray Robinson, al que tuve la suerte de ver ya viejo en París cuando hacía su última tournée. Sobrecogía verlo evolucionar en el ring.

Tiene razón Arroyo cuando habla de la dificultad del torero en el camino hacia lo sublime. Acaso se trata de la misma estremecedora fragilidad del ser que convertía en turbador espectáculo presenciar a Paula, Romero, y Antoñete durante sus últimos días en el ruedo.

Vestidos de torear, luciendo barrigas prominentes y el rostro acartonado cuales Sugar Ray Robinson subiendo al ring en su última tournée, estos tres hombres dejaron la impronta del toreo añejo, sabio e inevitablemente asentado que llega en el otoño de la vida. Por qué quisieron seguir toreando en público (probablemente en privado nunca se deja de torear) a edades en las que otros no son capaces de abrocharse los zapatos es algo que solo ellos saben. ¿Pasión, narcisismo, dinero, simple locura?

Quizá fuera esa denodada atracción por la muerte de la que hablaba Norman Mailer: “Lo mismo vale para el santo, el torero y el amante. El denominador común de todos ellos es su ardiente conciencia del presente, exactamente esa conciencia incandescente que las posibilidades ínsitas de la muerte han abierto para ellos. Una profunda desesperación late en la condición que permite permanecer en la vida tan solo abrazando la muerte, pero su recompensa es el conocimiento de que lo que acontece en cada instante del electrizante presente es bueno o malo para ellos, bueno o malo para su causa, su amor, su acción, su necesidad”.

Poco importan las razones. Lo que importa es lo que dejaron escrito en el ocaso de su existencia torera. Paula fue en sus últimos días de matador un hombre sin rodillas, y por extensión sin piernas. Un torero gitano que embrujaba la música callada que José Bergamín supo escuchar en sus lances. Cerca de los cincuenta años, con tres decenios de alternativa, Paula paró los relojes de Las Ventas la tarde del 28 de septiembre de 1987, momento que recoge la fotografía de Marisa Flórez en el encabezamiento de esta entrada. Y siguió y siguió como un Keith Richards reticente a bajar del escenario. Para el recuerdo queda la tarde del 5 de junio de 1997 en Aranjuez. Ya sin piernas y casi sin cuerpo, Paula recitó con el capote su sentimiento, inspiración y locura. Él mismo intentaba explicar con su intrincado verbo su concepción del arte: “Cuando la inspiración no llega, técnicamente estoy perdío”.

Antoñete, que estás en los cielos, también toreó siendo un viejo recio y altivo. Todo su parco verbo se convertía en literatura cuando sorteaba a las bestias con un simple trozo de tela en las manos. Antoñete desgranando naturales el 24 de junio de 1998, con 66 años y su mechón blanco reluciente, es simplemente un monumento a lo imposible, el milagro del toreo por encima incluso de la capacidad de respirar, prácticamente anulada por el fumeque como puede observarse hacia el final de este vídeo:

Si la imaginación propiciaba entonces soñar con carteles de toros, el cierre de una terna idílica lo rubricaba sin duda Curro Romero. Antoñete, Romero y Paula dibujaron juntos, de hecho, grandes páginas de la historia de la tauromaquia reciente en las postrimerías del siglo XX. Tan solo verles juntos hacer el paseíllo en Antequera en Agosto de 1999 representaba un desafío como pocos al paso del tiempo. Antoñete tenía entonces 67 años; Romero, 66; y Paula, 59.

Lo de Romero viejo, Faraón de Camas, fue simplemente Arte y Majestad, que cantaba Camarón. “¿Hasta cuándo seguirá Curro?”, se preguntaba el respetable entre la incredulidad y el cachondeo. Y Curro solo callaba, toreando como los ángeles cuando le venía en gana. Curro desastroso y celestial, merecedor de la gloria y la bronca a partes iguales, contradictorio como la vida. Nunca tuvo miedo de tener miedo. “No me gusta la mediocridad, afortunadamente para mí”, se excusaba el Faraón tras el bombardeo de almohadillas y broncas de mil pares de bemoles que seguían a cada uno de sus sonados petardos.

Curro, Paula y Antoñete, como tantos otros, llegaron a estremecer al público vestidos de torear dibujando formas imposibles, barriga hacia fuera, el paso torpe, pero el toreo profundo, viejo, imperfecto, natural, sabio, entonando una trágica melodía que recordaba a la de aquel demacrado Chet Baker dando tumbos por los escenarios de Europa y susurrando a la cámara de Bruce Weber la mejor manera de dejarse llevar. Como tantos otros mitos, Baker llegó a viejo contra todo pronóstico y sopló la trompeta hasta el final afrontando todo tipo de dificultades (como aprender de nuevo a embocar el instrumento tras perder la dentadura en una trifulca con un camello) que convertían su mera presencia en el escenario en un acto de belleza suprema. Romero, Paula y Antoñete también torearon hasta que la vergüenza torera o quién sabe si una luz racional les hizo decir basta para orfandad de los sedientos de la suerte cargada con naturalidad y empaque.

Los tres diestros se cortaron la coleta con el cambio de siglo. Pero hasta entonces, narraron en el ruedo sus propias leyendas a quien quisiera escucharlas. Dijeron lo mismo que los demás, pero de forma diferente. Más diferente aún si cabe cuando fueron viejos. ¿Veremos torear también a esas edades a los Morante, Tomás y Manzanares de hoy? De todos ellos quizá sea Morante quien, como apunta Eduardo Arroyo, con más intensidad transmite hoy esa fragilidad del ser que encauza la creación hacia lo sublime. Su compleja personalidad y su estudiada estética ya le hacen parecer hoy en la arena un torero viejo, de otro tiempo. Un día tuve la oportunidad de preguntarle qué significaba el duende para él.

Respondió con voz baja en la dehesa Lo Alvaro, propiedad del difunto ganadero Juan Pedro Domecq, durante una desapacible tarde de aguacero. “Me gusta cómo hablaba García Lorca del duende y del arte. El arte es pinturero, y el duende sale más de la tierra. No voy a decir que yo lo tenga, pero se tiene o no se tiene. A veces sale. Y a veces no”.

Publicado en El País

San Isidro: ¿Por qué no se ha aplazado la corrida en lugar de suspenderla definitivamente?

Los toreros anunciados inspeccionan el estado del ruedo por la lluvia caída en Madrid. Chema Moya EFE.

Por Antonio Lorca.

El festejo vigésimo primero de la feria de San Isidro ha sido suspendido por decisión unánime de los tres matadores a causa del mal estado que presentaba el ruedo de la plaza por el agua caída en las últimas horas.

Así se anunció por la megafonía de la plaza, pasados unos minutos de las siete de la tarde, hora prevista para el comienzo de la corrida, y cuando los tendidos no estaban ocupados ni en la mitad del aforo. Aunque en ese momento lloviznaba ligeramente, numerosos charcos poblaban el piso de la plaza, motivado no solo por lluvia, sino porque la empresa no había colocado los plásticos que, en estos casos, impiden la formación de barro.

La corrida anunciaba toros de Partido de Resina, una de las 11 ganaderías toristas de esta feria, y la terna de toreros estaba compuesta por Sánchez Vara, que sustituía a Ricardo Torres, que causó baja por enfermedad, Javier Castaño y Thomas Duffau.

Momentos antes de la hora prevista para el comienzo, las cuadrillas salieron al ruedo para inspeccionarlo y pudieron comprobar cómo las zapatillas se hundían en el barro.

A continuación, decidieron suspender el festejo, con el visto bueno de la autoridad. Algunas fuentes consultadas por este periódico relacionan los charcos con la reducción de la pendiente del ruedo de la plaza, llevada a cabo el año pasado por exigencias de Morante de la Puebla, y que ha obstaculizado el drenaje del agua de lluvia. Como se recordará, el torero sevillano no está anunciado en la feria de San Isidro de 2018. Estos hechos no impiden que hayan circulado distintas conjeturas sobre las causas de la suspensión.

Llamó la atención, en primer lugar, que no se colocaran los plásticos, práctica habitual y necesaria en caso de amenaza de lluvia.

A este respecto, Ignacio Lloret, representante de la empresa Plaza1, dirigída por Simón Casas, rechazó de forma tajante en los micrófonos de Movistar, que la empresa hubiera tenido el más mínimo interés en la suspensión, y aclaró que no se colocaron los plásticos porque impiden que el suelo se seque y, en esta ocasión, ya estaba mojado desde la madrugada.

De cualquier modo, por las redes sociales han circulado informaciones referidas a las conversaciones subidas de tono que habían mantenido por la mañana representantes de la empresa y la autoridad sobre la oportunidad de la suspensión.

Por otro lado, llama la atención que una terna de toreros sin compromisos en sus respectivas agendas y necesitados prioritariamente de un triunfo para relanzar sus carreras, decidan suspender el festejo, lo que significa que el festejo ya no se celebrará.

Sánchez Vara y Javier Castaño solo se han vestido de luces una tarde esta temporada, y el francés Duffau, que no torea en Las Ventas desde 2012, dos. Estos datos permiten sospechar que hayan podido recibir presiones empresariales para que se olviden de la corrida.

Un tercer apunte: ante la baja por enfermedad de Ricardo Torres, existe la posibilidad reglamentaria de que se pueda devolver el importe de la entrada. Aunque el dato se desconoce, es previsible que la devolución haya sido abultada, con lo que la empresa podría estar interesada en que el festejo no se celebrara y, consiguientemente, cobrar el seguro por suspensión a causa de la lluvia.

Y una pregunta final: ¿por qué no se ha aplazado la corrida en lugar de suspenderla definitivamente? En suma, no están claros los motivos exactos de lo sucedido con esta corrida torista, muy interesante sobre el papel, y que ya no será posible ver en esta plaza en la presente feria isidril.

Es de suponer, no obstante, que la empresa de Simón Casas se habrá comprometido verbalmente con los toreros anunciados en ofrecerles una oportunidad en los carteles previstos después de la feria. De otro modo, no se entiende la decisión adoptada, pues en tiempos no muy lejanos se han celebrado corridas en esta plaza con una situación meteorológica más grave que la de hoy.

Twitter @Twittaurino

Feria de Córdoba: Califato Morantista

De SOL y SOMBRA.

Tarde de triunfo en el coso de Los Califas de Córdoba con salida a hombros de Morante de la Puebla, que cortó dos orejas al cuarto, en un festejo donde también triunfaron Finito de Córdoba y Roca Rey, que pasearon también dos orejas, una de cada toro de sus lotes.

Se lidiaron seis toros de Juan Pedro Domecq, justos de presencia y nobles en general.

Juan Serrano Finito de Córdoba, oreja y oreja.

José Antonio Morante de la Puebla, silencio y dos orejas.

Roca Rey, oreja y oreja.

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria del doctor Ramón Vila y de Raúl Arce, antiguo empleado del coso cordobés.

La plaza registró más de media entrada.

Justo reparto de trofeos en la segunda del abono de Los Califas. Finito de Córdoba, Morante de la Puebla y Roca Rey obtuvieron un total de seis orejas, dos por coleta, en la última corrida de toros a pie del abono cordobés tras lidiar un asequible encierro de Juan Pedro Domecq que, sin acabar de romper, concedió opciones para el éxito.

Finito brindó a la afición la faena a su primero, al que citó a pies juntos para sacarlo del tercio con maestría antes de cambiar de terreno. En esa demarcación construyó una faena fundamentada en la diestra, toreando con técnica y largura en ocasiones, aunque a media altura, por la respuesta de la res. En la media distancia pudo ligar dos series antes de optar por el toreo al natural, donde la faena decreció. De nuevo con la derecha, Finito consiguió pasaje templado y con aplomo, levantando al respetable. Eficaz con el estoque, recibió un trofeo.

En el cuarto, Finito construyó una faena a un animal que, aparentemente, no regalaba acometidas. El de El Arrecife animó al tendido con varias series a derechas por abajo antes de pasar a la zurda, donde alargó el trazo. Faena en constante construcción que llegó al tendido y que fue premiada con otro apéndice.

Morante, que anduvo ausente ante el segundo de la tarde, se desquitó en el quinto con una faena donde hubo profundidad y largura. El torero, que contó con el acompañamiento de su rival, compuso un precioso preámbulo con ayudados por alto. Sobre la diestra enganchó por delante sin titubear para trenzar a media altura hasta que el animal, noblote, acabara dejándose por bajo.

En esas, diseñó una secuencia por ambos pitones donde el astado nunca acabó de emplearse, pero la buena consigna del matador imprimió cordura. Más gusto se vio en una cuarta serie, impregnada con el duende propio. Faena pertinente pero sin rotundidad, que fue premiada generosamente con dos orejas.

Roca Rey anduvo insistente y comprometido ante un animal, el tercero, soso y sin transmisión que sólo concedió opciones por obra y gracia del torero, que anduvo presto por ambos pitones, cuidando la colocación. Faena construida por el matador, donde hubo aplomo y perseverancia, aunque también altibajos.

En el último anduvo decidido y fresco. Sin dejar de batallar, el torero intentó un máximo despliegue con la muleta en la diestra pero la res se vino abajo, concediendo únicamente fases. La entrega y voluntad del peruano propiciaron un enfrentamiento más en la distancia corta que el público quiso premiar.

Una serie de manoletinas antes de mostrarse eficaz con el acero le valió una oreja.

Al finalizar la tarde Finito y Roca Rey salieron a pie por la puerta de cuadrillas, mientras que Morante lo hizo a hombros por la de Los Califas.

Tarde con sabor.

Es lo que digo yo: Roca Rey ¿La próxima revolución?

Por Luis CuestaDe SOL y SOMBRA.

Andrés Roca Rey es punto y aparte. Uno de los últimos genios que está revolucionando nuevamente el toreo. Porque no solo hay qué fijarse en su quietud, en sus lances sin enmendar, sino también en el majestuoso esfuerzo del ánimo que tiene este torero, acompañado siempre de un valor inmenso.

En su segunda actuación en Las Ventas ha roto las leyes del espacio y del tiempo, dibujando espirales para llevar al toro donde el quería con su muleta y su cuerpo como escudo.

Que Roca Rey es un torero diferente no me cabe la menor duda. Que actualmente es el que más entusiasma a las masas está fuera de toda cuestión. No reconocerlo sería estar ciego.

La pregunta es: ¿Estamos ante un nuevo revolucionario del toreo?

Hay que recordar que los últimos revolucionarios basaron su legado en tres fundamentos: El riesgo, el dominio del toro, y la estética.

De los tres factores, en el del riesgo, Roca Rey cumple cabalmente con los fundamentos inpuestos por toreros como Belmonte y Ojeda, este quizás el último revolucionario, aunque algunos críticos dicen que en realidad el último fue Manuel Benítez “El Cordobés”.

En el aspecto estético, el toreo de Roca Rey esta transformándose en un concepto de arte superior, por momentos muy lento, y en ocasiones, muy en redondo, pero basado en el toreo más fundamental, rematado con pases de pecho instrumentados con mucha hondura.

Y en cuanto al dominio de los toros, es preciso señalar que en su novísimo toreo, es algo que tarde a tarde ha ido mejorando, prueba de ello es que los toros ahora lo respetan más que en otras temporadas. Será interesante en un futuro verlo con otros encastes y toros mas exigentes, pero creo que todo llegará en su momento.

Hoy su faena al sexto toro tuvo dos partes: Una, de acuerdo con los cánones clásicos y la otra, de esa emocionante nueva tauromaquia que está anunciado una nueva revolución en el toreo.

Una revolución que, todavía algunos no quieren ver y que quizás cuando menos lo esperen, tocará muy pronto a las puertas de sus plazas.

Es lo que digo yo.

Twitter @LuisCuesta_

Foto: NTR Twitter

Morante de la Puebla, premio de la Cultura de la Comunidad de #Madrid

De SOL y SOMBRA.

“Cantando ahuyentamos los monstruos y construimos sueños para ir remando cada día”. Con estas palabras Joan Manuel Serrat ha recogido el Premio de Cultura de la Comunidad de Madrid, dotado con 18.000 euros, en la categoría de música popular, este miércoles en los Teatros del Canal.

Serrat no ha sido el único en hacerse con este reconocimiento, también el torero Morante de la Puebla ha sido premiado por su aportación a la tauromaquia.

El acto ha estado presidido por el consejero de Cultura, Jaime Jiménez de los Santos que ha querido destacar la labor de los artistas premiados que, según ha dicho, inciden en la realidad de la cultura y sociedad española, además de hacer del país un lugar mejor.

Durante su discurso Morante de la Puebla, ha querido poner de relieve que a veces nadie es profeta en su tierra al recordar que este premio se lo ha concedido la Comunidad de Madrid mientras Andalucía, según a dicho, no se acuerda de él.

El acto que ha estado amenizado por dos integrantes del grupo La Ritirata ha finalizado con estas palabras del consejero De los Santos: “hoy es el Día de la Luz. Vosotros sois la luz”. Después todos los galardonados han disfrutado de una comida a cargo del chef premiado, Abraham García.

Foto: José Ramón Ladra.

Twitter @Twittaurino

Puerta Grande para Manzanares en Valladolid

Valladolid, 13 may (EFE).- El diestro José María Manzanares, que cortó dos orejas, fue el triunfador de la corrida celebrada en Valladolid con motivo de la festividad de San Pedro Regalado, en la que Morante de la Puebla logró también un trofeo, mientras que Alejandro Talavante se marchó de vacío con el lote más deslucido.

FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Núñez del Cuvillo, correctos de presencia, nobles, justos de raza y fuerzas.

José Antonio “Morante de la Puebla”, silencio y oreja tras aviso.

José María Manzanares, oreja y oreja.

Alejandro Talavante, ovación y silencio.

La plaza rozó el lleno en los tendidos en tarde ventosa y de fresca temperatura,

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SUPO A POCO

Gran expectación en el coso del Paseo de Zorrilla para ver la segunda actuación de Morante, tras su vuelta ayer en los ruedos en Jerez. Casi se llenó la plaza, con público venido de toda la geografía nacional, lo que provocó que el festejo comenzara con quince minutos de retraso, debido a las largas colas para acceder a los tendidos.

Poca historia tuvo el primero de la tarde, Vinatero, un toro que punteaba los engaños. Morante, al que molestó el viento, eligió terrenos de rayas para un trasteo casi íntegramente basado en la zurda, dejando algún natural de bella factura dentro de un conjunto sin relieve. Desafortunado con los aceros.

En su segundo turno, con el cuarto, anduvo muy torero su inicio de faena por ayudados por alto y firmó sobre la diestra buenos momentos, con un toro que echaba la cara arriba a mitad del viaje. Molestó mucho el viento, lo que condicionó la búsqueda continua de terrenos más resguardados.

Pero mantuvo el sevillano la enjundia sobre la diestra en la corta distancia, en las tablas, a lo largo de una faena de largo metraje, y de menos a más, rubricada con una estocada entera, perdiendo la muleta. Cortó un oreja.

Jugó bien los brazos a la verónica Manzanares con el segundo, con el que se desmonteró “El Suso” con los palos.

Faena intermitente del alicantino sobre la diestra en la que hubo pasajes presididos por el empaque y la prestancia pero en tandas demasiado cortas ante un toro que repitió en la embestida pero justo de fortaleza. Oreja al canto.

Manzanares, con el quinto, un toro más apretado de carnes y ofensivo por delante, lo llevó a media altura, pero sin poder sacarlo a los medios por el viento. Corrió bien la mano diestra, con temple y continuidad, sin embargo, resultaron excesivos los tiempos muertos. Feo metisaca en el primer envite, aunque la estocada entera en la suerte de recibir en el segundo intento le valió otra oreja.

Supo a poco la actuación de Talavante, que inició la faena del tercero con estatuarios, para continuar con tandas cortas por ambos pitones ante un toro bondadoso pero de escaso fuelle. Fácil el torero extremeño, dentro de un conjunto falto de relieve.

El sexto, un toro claudicante, no le dio la más mínima opción, y el extremeño decidió de forma acertada abreviar.

Publicado en La Vanguardia.