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Alfonso Cadaval: “Tenemos que ir a las plazas importantes sin rodaje” 


El novillero sevillano ha visto caer en el olvido la oreja que cortó y que le aupó como triunfador del ciclo de novilladas de promoción de la Maestranza. Cadaval habla de la difícil situación que atraviesa la cantera: “Tenemos que ir a las plazas importantes sin rodaje”.

Por Maria Vallejo.

Veintitrés abriles y un año y quince minutos como novillero con picadores han sido suficientes para que Alfonso Cadaval haya visto salir las dos caras de la moneda que, cada tarde, los toreros lanzan al aire. La faz almidonada del metal de la fortuna le sacó a hombros hace poco menos de un año de la plaza de toros de Ronda. Y le vio pasear el anillo maestrante, oreja en mano, el pasado 22 de junio. La cara áspera, en cambio, (que antes ya de que debutara con los de a caballo dio jaque a la femoral del joven torero con una cornada de 20 centímetros que le diseccionó la arteria) le mantiene ahora fuera de muchas de las plazas que deberían abrirse con la llave maestra de un trofeo hispalense.

“En Sevilla viví una tarde importante, tanto para mí como para el público, porque creo que mucha gente se dio cuenta del torero que quiero ser. Pero lo cierto es que no ha tenido la repercusión que antes tenía una oreja en la Maestranza”, dice Cadaval, antes de repasar una temporada que apuntaba un ritmo prometedor para el cuentarrevoluciones de cualquier novillero: “El inicio de este año fue bastante bueno. En Valencia, me sentí muy bien y, si el toro no hubiera tardado en doblar, le hubiera cortado una oreja. Después di dos tardes en Sevilla muy serias y completas. Pero parece que a algunos les cuesta creer que realmente quiero ser torero”.

Y lo cierto es que es tremendamente difícil pensar que aún queden jóvenes que, como Alfonso, estén dispuestos a consagrar la etapa dorada de su vida a algo tan complejo y poco agradecido como son los inicios de la carrera de un torero. “Abrirse hueco en el escalafón novilleril es súper complicado. No sólo para mí, para todos mis compañeros. Las oportunidades son muy escasas y tenemos que ir a las plazas importantes sin a penas tener rodaje. Creo que esas no las condiciones ideales, pero no nos queda más que adaptarnos a la situación que atraviesa la Fiesta con respecto a los novilleros”, afirma el joven sevillano.

Una situación que bien se puede resumir en la complicada ecuación que el sistema actual exige a los que empiezan: hacer cestos cada vez más fuertes con un número decreciente de mimbres. “Hay dos plazas que marcan la diferencia: Madrid y Sevilla. Tenemos el ejemplo de mi compañero Colombo. Tuvo una actuación muy importante en San Isidro y ha entrado en todos los sitios. Yo, en cambio, he sido triunfador en Sevilla y no ha habido repercusión alguna”, dice el novillero que, aunque confiesa que “es duro” ver cómo los grandes puertos de montaña pierden alcance, no se arredra ante las dificultades: “Hay que afrontarlo y seguir trabajando. No pasa absolutamente nada”.

Ese trabajo es el que Cadaval tendrá que poner a prueba en la recta final de la temporada: “El 25 de agosto toreo en Collado Mediano. Después estoy anunciado en Soria, en varios pueblos de los alrededores de Madrid y, si Dios quiere, en las novilladas de Arnedo. Parece que el mes de septiembre va a traer más oportunidades, por eso mi objetivo es hacer un buen final de temporada y, de cara al próximo año, plantearme la idea de debutar en Madrid”, dice Alfonso. Que no sólo busca “el clasicismo y la pureza” en los ruedos, sino también en su andadura hasta llegar a ellos. Por eso no ha pisado aún arena venteña. Por que, dice, “no se puede ir a Madrid para pasar por pasar. Hay que llegar rodado [como antaño permitía el panorama] y capacitado para destacar y triunfar”.

Fuente: El Mundo 

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Las puertas grandes de un Cesar del toreo por Joaquín Vidal 

Seis veces ha salido Rincón por la puerta grande de Las Ventas. Las cinco primeras fueron narradas así en EL PAÍS por Joaquín Vidal.

– 21 de mayo de 1991. Toros de Baltasar Ibán. “La apoteosis se le venía encima a Rincón, y seguramente no se lo podía creer. El toro caía fulminado por efecto de una estocada mala, pero el éxito estaba conseguido, y ya flotaba Rincón entre las blancas nubes de la gloria. Le abrazaban las cuadrillas y el apoderado levitaba entre barreras con cara de querubín, mientras trepidaba el coso”.

– 22 de mayo de 1991. Toros de Murteira Grave. “El rinconismo ha surgido y se ha propagado con tanta rapidez, que en Madrid ya tiene mayoría absoluta y los militantes, por defender al titular de la causa, serían capaces de pegarse con su padre. A lo mejor, alguno se ha pegado ya”.

– 6 de junio de 1991. Corrida de Beneficencia. Mano a mano con Ortega Cano. “Tanto Ortega como Rincón mantuvieron una competencia a la antigua. (…) Rincón sorprendió con unas inusuales tijerillas de sobresalto, y al abrocharlas con una barroca revolera, se iba de la cara del toro igual de jacarandoso que si hubiera mamado el toreo en el corazón de Triana”.

– 1 de octubre de 1991. Un toro de João Moura. “¡Torero, torero!’, gritaba el público hasta enronquecer, como si estuviera fuera de sí… Quizá estaba fuera de sí. La casta torera de un diestro colombiano que ya fue el asombro de este mismo coso unos meses atrás, había provocado aquel delirio, aquella especie de locura colectiva, la gran conmoción, que abrirá uno de los más importantes capítulos en la historia de la tauromaquia”.

– 29 de mayo de 1995. Un toro de Astolfi. “Rincón se recreció; desafió al encastado toro de Astolfi; prolongó la faena; no llegaba el aviso, que ya correspondía; se llevó el toro al tercio mediante ayudados por bajo muy toreros. Y, al cobrar una excelente estocada, el mundo se iba a venir abajo”.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de mayo de 2005

Recuerdo a un grande, lágrimas a un amigo: “Va por tí Ivan Fandiño”

La plaza de toros de Las Ventas, en Madrid, acoge este lunes un funeral por Iván Fandiño, que murió el pasado 17 de junio en la plaza de toros francesa de Aire Sur L’Adour, según ha informado el Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid en un comunicado. La Federación Taurina de la Comunidad de Madrid, la Unión de Toreros, la Unión Nacional de Picadores y Banderilleros de España y distintas asociaciones de aficionados y abonados de la plaza de toros de Las Ventas, con la colaboración del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, han organizado la ceremonia, que tendrá lugar un mes después de la muerte del torero. En la ceremonia también serán recordados otros dos toreros fallecidos recientemente: Sebastián Palomo Linares y Gregorio Sánchez.

Lo que daría yo por empezar de nuevo…
Por volver a esas capeas en las que me ilusionó el toreo, y no un toreo cualquiera sino “TU TOREO”. Ese que tenía tanta verdad y pureza que erizaba la piel y que consiguió que te admirase desde el primer día que te ví en aquella plaza de pueblo.

Lo que daría yo…por volver a ver tu lucha, esfuerzo y sacrificio, que era el espejo donde mirarme para salir adelante día a día, porque si tú podías con todo, yo también tenía que intentarlo. Ser “Fandiñista” no era sólo seguirte como torero, era y es mucho más, es una forma de vida guiada por la honestidad y la fidelidad a unos principios y valores. Forma de vida que tú nos enseñaste y que a partir de ahora será tu legado… “Con el corazón seguro”.

Lo que daría yo… por volver, a disfrutar de tus triunfos, y ver esa carita de felicidad, orgullo y satisfacción por el trabajo bien hecho. Momentos en los que todos querían estar a tu lado, ensalzarte y adularte, pero tú sólo querías tomarte un simple “McFlurry” con los tuyos, los de siempre; sin más.

Lo que daría yo… por volver a acompañarte en tus batallas perdidas, cuando las legiones que te izaban en volandas al principio, se diluían cual nube de humo, al verte caído. E incluso cambiaban de bando para ahondar en la herida. Pero al final te levantabas…SIEMPRE te levantabas.

Lo que daría yo… por volver a verte con él, con Néstor: tu mentor, tu apoderado, tu amigo, tu hermano. Codo con codo, con esos gestos de complicidad que sólo vosotros entendíais y qué bien entendíais….Ese tándem indisoluble , que era y será la envidia de muchos, que no encontraran algo parecido ni en los mejores de sus sueños.

Lo que daría yo… por verte de nuevo…, como esa última tarde de gran toreo en Plasencia, una semana antes de la tragedia, en la que el destino me regaló el honor de poder despedirme de tí, sin saberlo, quedándome en el recuerdo SIEMPRE, esa sonrisa y ese abrazo sincero que me diste al verme.

Lo que daría yo… por empezar de nuevo Iván…, porque esa tarde del 17 de Junio se borrara de nuestras vidas, esas que dejaste vacías para siempre, y fuera sólo un sueño…un mal sueño.

Lo que daría yo… porque vieras cómo te llora hoy todo el toreo. Pasaste a formar parte de la historia de la Tauromaquia como querías, sin ser uno más. Incluso esos que ayer te cuestionaban y vilipendiaban, ahora….también te lloran y homenajean. Quizás tarde, quizás por compromiso, quizás por protagonismo,… pero te lloran y te homenajean. Hasta eso has sido capaz de conseguir, maestro.

Te fuiste pronto león, muy pronto, cuando aún tenías muchas cosas que dar y que recibir. Allá donde estés no dejes de proteger a tu familia, a tu mujer, a tu pequeña, a tus amigos,… no dejes de protegernos a todos, y en especial a él…tu otra mitad, tu “APO”…la vida también se le fue contigo.

Lo que daría yo mi león, por empezar de nuevo….GRACIAS por tanto amigo.

Hasta siempre TORERO, AGUR Iván!!! #OrgulloFandiñista Eterno.

Yolanda Lario López.

Las Ventas: Colombo, el torero de Venezuela que pisa fuerte en España

Colombo. Foto Plaza 1.

Por Rosario Pérez.

Año I después de Víctor Barrio, eterno Víctor Barrio. Las Ventas guardó un minuto un silencio en su memoria, una memoria de nostalgias y realidades de la dureza de la Fiesta. Minutos antes del paseíllo en Madrid, Pablo Saugar “Pirri” sufría un tremendo tabacazo en Pamplona, hacia donde se dirigían las miradas y las llamadas en los móviles de profesionales y aficionados. Qué año más duro, con la fatal cornada a Iván Fandiño reciente y presente… Un Fandiño “de” esta plaza, donde merece, tal y como han pedido miles de aficionados en change.org, un azulejo que inmortalice su nombre.

Mientras se avivaban los recuerdos más crudos del toreo, entre los comentarios de los espectadores, las miradas de veteranos banderilleros en el tendido y el verbo mudo de la preocupación por Pirri y a la vez de la ilusión por ver a tres jóvenes esperanzas, apareció el primer novillo de Fernando Peña, que lidió un conjunto de buen juego en líneas generales, con alguno estupendo.

Además de la interesante novillada, la tarde tuvo otro nombre de interés: Jesús Enrique Colombo, cosecha venezolana del 97, natural de San Cristóbal. El joven de Venezuela pisó fuerte y dio otro toque de atención en la capital, como hace unos días hiciese en San Fermín. Colombo, siempre dispuesto, desplegó todo su repertorio. Si ya tuvo una entonada actuación en el tercero -el de menos fondo y raza de la parte inicial del festejo-, en el sexto ofreció todo y más con un novillo, bautizado como “Alfeñique“, de calidad y virtudes, que pecó de contada fortaleza.

Se lució con desparpajo en la bienvenida a este último, con verónicas enlazadas a chicuelinas y una revolera de broche. Un alboroto formó enbanderillas, con pares de todas las marcas y uno meritísimo al quiebro por dentro -en el anterior dejó uno sobresaliente-. A por todas, echó las dos rodillas por tierra en la muleta, aunque flaqueó “Alfeñique“… Colombo, dipuesto, seguro y con asiento, buscó siempre el temple que pedía el novillo e incluso dibujó algunos muletazos con desmayo, combinados con otros de más largura. No falló con el arma que sella todo y enterró un estoconazo que hizo flamear los pañuelos.

El novillero de Venezuela, que viene a España para quedarse y ser torero de todas partes, paseó el único trofeo de tarde, aunque los de Fernando Peña ofrecieron varias orejas… Pese a la voluntad de sus compañeros de terna, se atisbó la falta de oficio, cosa no extraña en los tiempos que corren para los novilleros y sus pocas oportunidades, y no pudo materializarse ningún triunfo más.

Santana Claros dejó detalles sueltos en su su presentación en la Monumental con un notable novillo, en el que corrió la mano en una estimable serie diestra dentro de una labor desigual. Bello y con cierta hondura el prólogo al cuarto, se evidenció la personalidad del malagueño y su persecución del arte en ese modo de componer los muletazos, con un par de trincherillas de gusto ante un animal con opciones. Con la espada necesita mucho carretón…

Daniel Crespo se lentificó en el saludo a la verónica al segundo, con una bonita media. Aunque se notó su escaso rodaje, apuntó esperanzadoras maneras en la muleta frente a un gran “Rinconclaro”, con sus casta y sus exigencias. Con rebrincado quinto, que se movió sin clase, el gaditano mostró sus modos clásicos sin terminar de dominar al rival.

FICHA

MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Domingo, 9 de julio de 2017. Un cuarto de entrada. Novillos de Fernando Peña, bien presentados y de buen juego en conjunto.

SANTANA CLAROS, de verde y oro. Pinchazo hondo y estocada (silencio). En el cuarto, tres pinchazos y otro hondo. Aviso (silencio).

DANIEL CRESPO, de verde y oro. Estocada y dos descabellos (silencio). En el quinto, dos pinchazos, media y descabello. Aviso (silencio).

JESÚS ENRIQUE COLOMBO, de azul pavo y oro. Estocada caída (ovación). En el sexto, estoconazo (oreja).

Se guardó un minuto de silencio en memoria de Víctor Barrio.

Publicado en ABC

El cierre fallido de la plaza de Las Ventas está plagado de puntos oscuros


Por Antonio Lorca.

Da la impresión de que la supuesta noticia del fallido cierre de la plaza de Las Ventas es una broma de mal gusto, o, quién sabe si una muy seria amenaza que se pretende cerrar en falso. O, tal vez, la estrategia bien diseñada del equipo de gobierno, profundamente antitaurino, del Ayuntamiento de Madrid.

Lo que está claro es que se le ha dado un carpetazo de silencio, como si aquí no hubiera pasado nada. Y así no debe ser porque son muchos los puntos oscuros, y más que suficiente la preocupación generada por una exclusiva periodística rápidamente desmentida en la que, al parecer, erraron sus autores y todos los medios, incluido este, que dieron por buena la noticia sin que estuviera convenientemente contrastada.

¿O, acaso, era cierto el anuncio del cierre y sus responsables han preferido esconder la cabeza debajo del ala antes que afrontar el escándalo de un cerrojazo que hubiera sido letal para la fiesta de los toros?

Sea como fuere, el asunto huele a chamusquina. Algo pasa y nadie quiere contarlo: ni la Comunidad de Madrid, propietaria de la plaza, ni el Ayuntamiento, que dice poseer informes que ponen en entredicho la seguridad del edificio, ni la empresa arrendataria, Plaza1, que guarda un silencio más que sospechoso desde que se conocieron los supuestos hechos.

¿Acaso Las Ventas sufre problemas estructurales que supongan una seria e inminente amenaza?

Es llamativo que, a estas alturas, el Consejero de Presidencia y portavoz del Gobierno de la Comunidad, Ángel Garrido, no haya comparecido ante la opinión pública para contar lo que hay que verdad en este asunto. Se ha limitado a apagar el fuego inicial, y ha asegurado que la temporada taurina no se interrumpirá y que las obras de rehabilitación se llevarán a cabo en los meses no taurinos.

Pero, ¿qué obras? ¿Cuál es la situación real de un edificio que se construyó en 1929 y que, aparentemente, se mantiene en buenas condiciones para la celebración de espectáculos taurinos? ¿Acaso Las Ventas sufre problemas estructurales que supongan una inminente amenaza para las personas que a ella acuden? No parece que así sea porque carecería de sentido que se hubiera permitido la reciente celebración de la Feria de San Isidro, por la que han pasado casi 650.000 personas

Otro asunto: ¿cuánto dinero y en qué ha invertido la Diputación Provincial de Madrid -propietaria hasta la implantación del estado autonómico-, primero, y la Comunidad, después, en el mantenimiento de un edificio que ha ingresado muchos millones de pesetas y de euros en las arcas públicas madrileñas?

¿Cuánto dinero ha invertido la Comunidad en el mantenimiento del edificio?

¿Está la plaza de Las Ventas en peligro de derrumbe? ¿Son tan graves sus carencias como para que alguna institución se haya planteado un cierre temporal y prolongado? ¿Sí o no?

¿O se trata, acaso, de una estrategia del Ayuntamiento que pretende fastidiar el uso continuado de la plaza de toros por la imperiosa necesidad de acomodarla a las medidas contra incendios y accesibilidad que impone la normativa actual?

Y queda un tercer implicado: la empresa Plaza1, presidida por Simón Casas, que no ha abierto la boca desde que la noticia desmentida apareció en la calle. Extraño comportamiento, al menos.

Circula un rumor y, como tal, no confirmado, de que los resultados económicos de la pasada feria madrileña no han sido los esperados y que ello, unido a la prohibición municipal de que se celebren espectáculos no taurinos -en los que Plaza1 tenía puestas todas sus esperanzas- hasta que el edificio se acomode a la normativa de seguridad, han colocado a la arrendataria en una situación crítica, de modo que no le hubiera venido mal el cierre de la plaza, lo que hubiera supuesto un ahorro de costes y nuevas pérdidas.

Pero quedan otras incógnitas.

¿Concedió la Comunidad la plaza de toros a una empresa solvente con capacidad para afrontar una feria de San Isidro con una cuenta de resultados adversa?

¿Conocía la empresa que pilotan Simón Casas y Nautalia que no iba a poder organizar espectáculos no taurinos hasta que el edificio no se adecúe a normativa de seguridad y accesibilidad municipal?

En fin, que no son pocos los puntos oscuros que se mueven en torno a la situación de la plaza de toros; y, de todos ellos, el peor es el silencio de las partes implicadas.

El aficionado -el espectador, el ciudadano- tiene derecho a saber cuáles son los problemas reales que obligan a acometer obras que algún medio ha cifrado en cinco millones de euros y la pérdida de cinco mil localidades; si son obras de calado estructural, lo que obligaría a la suspensión -también-de festejos taurinos, o no. Y tiene derecho, claro que sí, a saber si los millones que las arcas públicas madrileñas han recibido de la gestión de Las Ventas se ha dedicado, como manda la ley de Presupuestos autonómica, a la conservación y mejora de la plaza.

En fin, que alguien se ha equivocado gravemente al filtrar una información tan supuestamente errónea como escandalosa; o, lo que es más grave, la Comunidad permite que los aficionados a los toros ocupen un edificio en ruina.

De lo que no cabe la menor duda es que este turbio asunto debe ser aclarado cuanto antes. Todo lo demás, es otra falta de respeto a la tauromaquia y a sus muchos seguidores. Y quién sabe si una peligrosa irresponsabilidad.

Publicado en El País 

Opinión: Los toros sin tiempo

¿Especies que desaparecen?
Por Luis Martínez.

Cualquier extranjero que visita España y acumula alguna lectura de Hemingway siente la necesidad de poner un pie en una plaza de toros. Lo recomienda la Lonely. Los más atrevidos, después de manifestar la pena que sienten por el animal, dan un paso más allá y allí que se plantan. Al sol. Mi experiencia como anfitrión siempre es la misma: más allá del tercer toro, no hay manera. Ni con pipas, que también les llaman mucho la atención. Y no por piedad, o no siempre, sino por puro y simple aburrimiento. 

Digamos que la experiencia turístico-antropológica soporta un límite de repeticiones y un número finito de comentarios sobre la mística del albero. Los estándares de entretenimiento desde que se inventó la MTV casan mal con el rito solemne y algo ridículo de una actividad que, por definición, es alérgica al paso del tiempo. Es más, ésa es su única razón de ser: vivir fuera del tiempo.

El problema es que el tiempo es un misterio -además de ministerio- implacable. De hecho, como bien intuyó el insustituible Joaquín Vidal, gran parte de la pérdida de popularidad de los toros es consecuencia directa del empeño de algunos de modernizar, de explicar, de introducir en el tiempo lo que, sencillamente, es antiguo, inexplicable y anacrónico. Cada vez que una figura habla de toreo moderno, malo. En otras ocasiones, la moda, como el fenómeno que define precisamente el tiempo de la modernidad (Georg Simmel dixit), hace presa en la Fiesta. 

Y siempre acaba mal. Tiempo atrás, en los años 80, San Isidro se llenaba de señores con un clavel en la solapa y un gin-tonic en la mano. O al revés. Hasta la izquierda conspicua veía algo atávico y placentero al hecho de declararse taurina. Cosas del melodrama almodovariano que vivíamos. Ahora, el furor antitaurino en red ha hecho que el lado contrario abrace una fe inédita en Cúchares por el placer carpetovetónico de hacer equipo. Cosas de este tiempo.

Hoy se anuncia y desanuncia, según un viento ideológico entre Comunidad y Ayuntamiento, que la plaza de temporada que es Madrid dejará de serlo. Los turoperadores japoneses, desconcertados. 

Líos así restan un tiempo que quizá se acaba.

Fuente: El MUNDO

Las Ventas suspende su temporada taurina hasta San Isidro 2018


De SOL y SOMBRA.

La plaza de toros de Las Ventas cerrará en los próximos meses para llevar obras de mejora en seguridad y accesos. 

Por este motivo, la tres partes (Ejecutivo regional, Consistorio y el empresario francés Simón Casas) han decidido cerrar la plaza por un largo espacio de tiempo para comenzar cuanto antes las obras. El gran objetivo, según revela el diario ABC, es que las obras estén finalizadas para la próxima feria de San Isidro de 2018.

De momento, no existe un calendario fijado para la remodelación. Por este motivo, se ve como prácticamente imposible que esta temporada pueda celebrarse la Feria de Otoño. Simón Casas anunció en mayo su intención de celebrar diez corridas seguidas que comenzarían el sábado 23 de septiembre hasta el domingo 1 de octubre. Finalmente, casi con toda probabilidad, tendrá que suspenderse para disgusto de los aficionados.

La Comunidad de Madrid no tiene una fecha fijada para cerrar la plaza y comenzar con las obras. Primero, admiten, tendrá que eleborarse un proyecto y fijar el presupuesto de la obra, que será sufragado por el Gobierno de Cristina Cifuentes. De todas formas, admiten que el cierre será de larga duración y que podría comenzar en cualquier momento de este verano.

Con información de ABC España.

La de la Cultura. Performance con toros de granja en Madrid


Por José Ramón Márquez.

Por fuerza hoy lo del final debe ir al principio. Subíamos por la calle de Alcalá y, llegando a Manuel Becerra, mi acompañante recibe una llamada en su teléfono. Se descompone y se le saltan las lágrimas, le inquiero con un gesto: “A Fandiño acaba de matarle un toro de Ibán en Francia”, me dice. Al final la Cultura era eso, el viejo rito de la vida y de la muerte; no lo de andar marcando posturas con un torete de granja, sino que se te eche encima un toro encastado y te quite el futuro. Estadísticamente es inapelable que la muerte siempre está del lado del toro; lo raro es que pierda la vida el hombre y por eso, cuando tal cosa ocurre, apabulla. Fandiño sacó los pies del tiesto, y acaso otro día hablaremos de qué motivaciones le llevaron a anunciar su Domingo de Ramos en el que se jugó a sí mismo a una carta en una apuesta que acabó perdiendo, cuando vio bien a las claras cómo funciona el tinglado y las nulas oportunidades que tenía de romper la maraña de intereses que atoran el natural fluir de la parte alta del escalafón de los matadores de toros. Fandiño nos metió la ilusión en el cuerpo, la mayor ilusión colectiva en lo que llevamos de siglo XXI, en una corrida irrepetible en la que él solo fue capaz de llenar Las Ventas como hacía muchísimos años que no se veía en un festejo fuera de San Isidro. En el pobre resultado de aquella singularísima tarde perdió Fandiño y perdimos todos los que pensamos que la auténtica cultura del toro es la que se hace jugándose la vida, el físico y el alma frente a toros que no permiten estar “a gusto”. Tengo entre mis libros uno titulado “El día cuatro de agosto de 1947 moría Manolete en la Plaza de Vitoria”, su autor Gregorio de Altube; en ocasiones he fantaseado con Fandiño y la tarde de Resurrección, pensando, al hilo del libro aquél, que Iván Fandiño murió el 25 de marzo de 2015 en la Plaza de Las Ventas. Desde estas páginas se le animó, con la mejor intención, a que cortase su temporada en el año 16 y a que dejase pasar un poco de tiempo para meditar y recomponerse. No hay desdoro en ello. Muchos lo han hecho para retornar con más fuerza. Él o quienes le influían no contemplaron esa posibilidad, y ahora es ya demasiado tarde para saber qué podría haber pasado. Su deslumbrante e ilusionante irrupción en el panorama taurino en el año 11 es el otro gran recuerdo que hoy, en el día de su fin, se nos viene de Iván Fandiño.

Y ahora se hace difícil escribir porque la primera premisa de la corrida de hoy, titulada artera y ridículamente como “Corrida de la Cultura”, estaba concebida sobre la base de la inexistencia del toro como animal ofensivo, inteligente, memorioso y vigoroso, que de la casta ya ni hablamos. Cuando pensamos en Fandiño corneado por un toro de Baltasar Ibán y comparamos con los seis desgraciados que han salido hoy a Las Ventas y cuyas medias canales ya estarán en algún frigorífico, se ve a la perfección que existe un mundo de diferencia y que aunque el espectáculo se llame de la misma manera, apenas tiene nada que ver. Hoy en Madrid habían comprado una redada de Cuvis, de esos cuvillejos de cuya estirpe fue el impar Idílico, muerto en extrañas circunstancias, el alto, el bajo, el regordete, la sardina, el canijo, el donnadie: un control de alcoholemia a la salida del Fabrik, vamos. Y ahí estuvieron los seis cuvis, correteando y proclamando su supina bobería, su falta de ideas y su necia embestida perruna, con el fin de que sus matadores no pasasen otras fatiguitas que las que se derivan del calor sahariano que caía de manera viscosa sobre la Plaza. Y el mayoral, ya lo hemos dicho más veces, con el video grabando la corrida, para verla con el amo en el Grullo en invierno, en las noches de levante.

Para la cosa de la Cultura, además del insustituible octogenario Gárgoris Dragó, empeñado en vestir con T-Shirt, se trajeron a Morante, Cayetano y Ginés Marín, por lo culturales que son los tres.

Morante es más de la cultura ingenieril, de tipo terraplén. Se empeñó en que había que alisar el ruedo de Las Ventas en el que triunfaron Domingo Ortega y Dominguín y Ordóñez y Camino y Bienvenida y Antoñete y Rincón y Tomás y hasta que no se lo pusieron liso el tío no paró. Ahora está liso y tampoco torea ná de ná, o sea que lo mismo lo siguiente es pedir que le hagan un gua. Se plantó el tío en Las Ventas vestido de lingote de Fort Knox, que no cabía un hilillo de oro más en la chaquetilla, chaquetilla de picador bordada como un manto de la Macarena y, eso sí, con los dos pañuelitos de verdad en los bolsillos, como Lagartijo o Bienvenida, un detallazo. 

Apretadito de romana anda el de La Puebla, que eso no es obstáculo para el toreo, y con un capotón descomunal que nada tiene que ver con aquella inolvidable servilleta con la que toreaba Curro Romero, al que algunos insensatos tratan de equiparar a Morante. La verdad es que lo de Morante hay que verlo casi desde la óptica de las sectas o de los conversos: sale el primero, él despliega la manta de cama de matrimonio, le pega un lance al coloradito del que el bicho se va y la Plaza se viene arriba y ruge como si ahí, en ese preciso momento y de esa manera se hubiese fundado el toreo por los siglos de los siglos. En esta vida es mejor caer en gracia que ser gracioso, como dijo aquél. Acaso ni merezca la pena reseñar cómo dejó al toro ir suelto al caballo a que no le pegasen y cómo el burel se pegó por su cuenta una tercera entrada al jamelgo. En banderillas, una novedad de Morante: los seis palos son encarnados, acaso como homenaje al 39º Congreso del PSOE, vaya usted a saber. En banderillas Ginés Marín, pésimamente colocado toda la tarde, se cruza con Lili, estorbándole, cuando venía de parear perseguido por el toro, creando una innecesaria situación de riesgo. El inicio de la faena consiste en Araújo llamando al toro con el capote desde el callejón de manera insistente ante la mirada inocente del alguacilillo. No pasa ná. Morante se compone y traza sus medios pases, con la figura que tiene y que tan bien da en las fotos, se pasa al animal lo más lejos posible, abusa de las ventajas usuales y cobra una estocada habilidosa echándose fuera. Era su segundo de condición mucho menos clara que el primero y si con el primero no lo hizo, con el segundo menos. Y eso que el cuvi era una especie de novillo negro. En los lances de recibo le pega dos verónicas de gran gusto, soltando al toro antes de lo debido, con esa gracia que atesora. Cambiaron el tercio literalmente sin picar al toro y vuelven los peones con las banderillas del 39º Congreso. Comienza su faena por enganchinas, una y otra y otra y otra, que se ve que el toro no colabora, aunque lo que más claro queda es que a Morante lo que le molesta de verdad es el toro, no la arena. Viendo que no hay nada que hacer se demora en la nada por tratar de soliviantar un poco al público, que de broncas también se vive, cosa que consigue. Luego pega un mitin con la espada mientras en el tendido alto y la grada del 5 se produce una auténtica redada de la policía llevándose espectadores, acaso aficionados yihadistas.

Cayetano vino el hombre a dar de sí lo que pudo. La verdad es que cuesta explicar lo mal que está porque ni sabe ni puede estar mejor, y en un honesto rasgo de pundonor pone toda la -poca- carne que atesora en el asador de justificarse. Su primero, el salpicado, era la máquina de embestir. A la distancia que se la pusiera, sin un mal gesto, el bicho iba e iba y Cayetano hacía lo que sabía lo mejor que sabía. El momento mejor de su actuación son cuatro naturales muy denodados, medio quedándose y sin maldita la gracia. Con una estocada habilidosa echándose fuera liquida al salpicado, que se va sin torear. A su segundo lo recibe con unas verónicas rodilla en tierra à sa façon, de nuevo con ganas de agradar. No puede dar más de sí que eso. Iván García pone las banderillas con majestuosidad y Cayetano está el hombre con una toalla de hotel, que le va más que un capote; con la toalla finalmente le hace el “quite de la toalla” a Alberto Zayas. Brinda a Curro Vázquez y quiere que salga, pero Curro sabe bien que él, amónido cosmopolita, de paisano no debe salir a la Plaza, así que el brindis se produce en la boca del burladero del 9. Se va al 6, se quita las zapatillas, por el calor, e inicia su faena de rodillas, como aquella vez en Arévalo. La cosa baja de intensidad cuando se pone en pie y se va llevando al toro a los medios donde apura su trasteo cada vez más a menos hasta que deja una estocada contraria quedándose en la cara y un descabello para finalizar su actuación.

Y Ginés Marín… ¡ay Ginés! Es un torerito pinturero al que falta muchísimo. Su primero, toro de granja-escuela, le saca de la Plaza obligándole a tomar el olivo tirando el capote, que de paso diremos que lo de la capa no es ni mucho menos lo más fuerte de Ginés. Cuando pican al toro el hombre se queda a la derecha del picador, como un pasmarote, de espectador sin que nadie le haya dicho que ahí no debe estar. Le importa un bledo. La faena la inicia con una inspirada fantasía andando con la que se saca el toro a los medios, y luego allí la lía a base de lo de cada día, lo del pico, lo del por las afueras, lo de la pata atrás, y el toro venga a repetir y repetir y las gentes bramando como si aquello fuese grande; si hay que estar bien colocado, él no lo estaba; si hay que torear hacia el terreno de adentro, él toreaba hacia afuera; si hay que quedarse dentro en el final del muletazo, él se quedaba fuera, ligando desde la oreja. Las buenas gentes bramaban como si hubiesen visto resucitar a Lagartijo y Ginés dio fiesta al público ansioso de vitorearle. Tres pinchazos y una estocada delantera y desprendida acaban con el torete y hay quienes hasta le aplauden en el arrastre, entre ellos don Simón el empresario. El sexto es otra cabra que no impone el más mínimo respeto; cuando el bicho se le viene y Ginés resuelve el muletazo con una espaldina de esas de ¡Ay! ya te das cuenta de que no respeta lo más mínimo al toro, lo que pasa es que este sexto no es el tercero el de ir y venir y quedarse él solito colocado, este dice ¡fu! por lo bajinis, pero eso no le interesa a Ginés, que no ha venido al mundo del toreo a resolver ecuaciones, por lo que parece. Para animar un poco le dio las bernardas que no se le pudieron dar a los de Cuadri antes de atizar un bajonazo que hizo que el animal se fuese raudo a chiqueros, para salir bien en el video del mayoral y cantar su mansedumbre de manera patente, antes de recibir dos descabellos con los que se puso el punto final al festejo de la Cultura.

A las nueve y treinta y cinco llegábamos a Manuel Becerra, comentando la corrida…

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