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Aborrecible tarde de los Bohórquez, salvada por el vestido mercurio y azabache de Sergio Aguilar

Por José Ramón Márquez.

El tostón. Sin paliativos. El puro tedio. La nada. ¿A quién se le ocurriría lo de traer hoy los murubes de Bohórquez? ¿A Florito? ¿A Carreño? ¿Quién ve los toros para Madrid? ¿Quién programó esta corrida innecesaria? El domingo pasado al salir de la de la Prensa y ver ya pegado el cartel de los Bohórquez, la mosca se fue inmediatamente detrás de la oreja y ya de ahí no se movía el animalito, por más manotazos que se llevase, dados todos ellos con el máximo cariño en su condición de ser igual a nosotros “en inteligencia, sensibilidad, en derecho a la vida”, tal y como predica nuestro flamante Ministro de Cultura. Ya me hubiera gustado ver al Ministro en contrabarrera del 9 a ver cómo sostenía lo de la “inteligencia”, lo de la “sensibilidad” y lo del “derecho a la vida” de las seis prendas que mandó don Fermín Bohórquez Escribano desde Cádiz a hacer el ridículo en Madrid el día que se conmemoraba el LXXXVII aniversario de la de la corrida a beneficio del paro obrero, aquella inauguración ful de una Plaza rodeada de desmontes, pues, como todo el mundo sabe, la Plaza Vieja siguió funcionando con total normalidad hasta finales de la temporada 1934.

Decir Bohórquez es pensar en rejones, que ése ha sido el destino natural de los toros de esta ganadería desde hace lustros. A lo mejor los rejoneadores, que ahora necesitan el toro perfectamente manufacturado para sus ejercicios de doma, ya se han hartado de los toros de Bohórquez y el hombre ha pensado volverlos a echar a la cosa de la lidia a pie, pero si la evolución de la vacada tuviera que tomar su deriva particular a raíz de lo visto esta tarde en Madrid, a la vuelta del camino acecharía el “eliminando lo anterior”, que cuanto antes lo apliquen, mucho mejor. El hecho de considerar deplorable a la corrida que don Fermín ha enviado a Madrid es opinión que se cimenta en varios aspectos.

En primer lugar la presentación. No es necesario saberse de memoria el AREVA, ni siquiera es preciso haber oído hablar del Barbero de Utrera, basta con irse a la página 7 del programa oficial y leer donde dice: “el murube se ha caracterizado por ser un animal grande o de caja generosa…” etcétera, para conocer que hoy, de eso nada. Es decir que cualquiera que entienda el español, aunque nunca haya visto una corrida ni un toro, ya podía leer en tan docta publicación oficial de la propia Plaza que lo que había en el ruedo no tenía nada que ver con lo que debía haber.

En segundo lugar, por la cosa de la casta, que la contemplación de esas cucarachas desparramando la vista a ver si encontraban una encina con la que ir a rascarse, huyendo de los pencos o mirando bobamente la muleta mientras se preguntaban para qué podría servir eso, colocaba a los toros más cerca de la feria de ganado de Torrelavega que de lo mínimo exigible en un Plaza de Toros.

En tercer lugar la fortaleza, que es una forma de decir la debilidad, para que se vea lo antigualla que llevan la cosa estos Murube, que cuando prácticamente la mayoría de los ganaderos han conseguido eliminar el síndrome de blandura y derrumbe, con estos de Bohórquez parecía que habíamos echado hacia atrás veinte años en el tiempo. Ya sabemos que a los calés no les gustan los buenos principios, pero es que hoy ni principio, ni nudo, ni desenlace. El primero de la tarde, cuyas señas nos vamos a ahorrar, era ya de por si tan feo, tan repelente, tan indecoroso, que nos llevó a pensar en que después del trajín de los eminentes profesores veterinarios durante la Feria del Isidro, hoy habían encomendado la labor evaluadora del ganado a un becario poco espabilado o de patente enchufe.

Y si falla la ganadería, lo suyo sería pensar que ahí hay un funcionario público dispuesto a hacer su labor contra tirios y troyanos y a defender el interés de la vociferante plebe frente al poder de la Empresa. Esa misión, en el día de hoy, le correspondía haber sido desempeñada por don Justo Polo Ramos, pero el hombre, por la causa que fuese, no estimó oportuno el momento como para investirse de tan intrincada labor y, de entre toda la escala cromática en forma de pañuelos que alberga al alcance de su mano presidencial, tan solo estimó que el blanco, ese color que es imagen de inocencia, bondad y pureza, ese símbolo de la humildad y la paz sería su estandarte en esta tarde de junio, tarde de luto de aniversario por la muerte de Iván Fandiño en la que él, al modo de los antiguos griegos, exhibiría el blanco, sólo el blanco, pasase lo que pasase; y así se sucedieron, una tras otra, las veinticinco pañoladas, blancas como los acantilados de Dover, con las que don Justo se desentendió del espectáculo denigrante que se desarrollaba a sus pies en el espacio rodeado por una barrera hecha de maderos y actuó como si la tarde se desarrollara en términos de la mayor normalidad. Esto, como es natural, desató las iras de los damnificados -que siempre somos los mismos- y eso llevó a muchos a exigir al señor Polo, de manera coral y, si se quiere, con cierto desafinamiento, el inmediato abandono del Palco, cosa que como puede comprenderse no ocurrió.

Y así, con unos toros impropios y con un Presidente en pleno abandono de su labor, ya podía venir Juan Belmonte resucitado, que la tarde no la levantaba ni Sansón. Para la cosa del toreo los de Plaza1 montaron un cartel barato trayéndose a Fortes, a quien el hecho de que en San Isidro no le concedieran una oreja -otro pañuelo blanco- le sirvió para verse anunciado hoy en Madrid y en seguida en Pamplona; a Álvaro Lorenzo, de quien siempre se me olvida lo de que cortó tres orejas en Madrid antes de Feria y ahí tengo al aficionado J. para recordármelo; y a Galdós, que venía de proclamar su Episodio Nacional ayer mismo en Torrejón de Ardoz. De las respectivas labores de los diestros, en honor a la verdad, nada se puede decir, salvo reseñar que por allí estuvieron.

¿Y no hubo nada bueno que reseñar? Pues incluso en una tarde tan aborrecible como la de hoy, al menos podemos poner tres cosas buenas: la primera que la tarde fue placentera, con un ligero y agradable vientecillo; la segunda, la brega al segundo y el vestido de Sergio Aguilar, mercurio y azabache; la tercera, que nadie tomó el olivo.

No soy capaz de concebir la idea de la tauromaquia que se habrán llevado a sus países de origen los extranjeros que hoy, por primera y acaso única vez en su vida, hayan asistido a esta corrida de toros.

Publicado en Salmonetes ya no nos quedan

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Dos hazañas taurinas de Rafael de Paula

Las cosechó en la plaza de Jerez, en 1964 y en 1979 cuando cortó las dos orejas y el rabo al toro ‘Sedoso’ del Marqués de Domecq y cuando mató seis toros en solitario, cortando siete orejas y fue llevado a hombros de sus partidarios hasta los pies de la Patrona, la Virgen de la Merced.

EL pasado 17 de mayo, se cumplieron treinta y nueve años de la gran faena que el diestro Rafael de Paula, hiciera al toro ‘Sedoso‘, de la ganadería del Marqués de Domecq, en la plaza de toros de Jerez, en el año 1979, cortándole las dos orejas y el rabo. Esa tarde, Rafael torearía con los ases sevillanos Curro Romero y Emilio Muñoz. Como recuerdo de su sensacional actuación, se colocó en la plaza una placa de bronce conmemorativa de dicha colosal faena.

Pero mayor hazaña aún, sería la que Paula realizó trece años antes, el 28 de junio de 1964 – se cumplen ahora 46 años – toreando Rafael como único espada, una gran corrida de seis toros de la ganadería de Salvador Guardiola, en la que cortó siete orejas en total. Dos orejas, en el segundo, y una en cada uno de los toros restantes.

Esta no sería la única encerrona de Paula con seis toros, ya que, a lo largo de su carrera taurina, mataría siete corridas, en solitario, haciéndolo dos veces en Jerez y otras dos en Sevilla, lidiando las restantes en plazas como las de Madrid y El Puerto.

Es curioso lo que ha sucedido con este torero de leyenda. Que se recuerdan sus muchos fracasos, pero no sus mayores triunfos, como aquel quite que hizo a un toro, en la plaza de Madrid, del que tanto tiempo se estuvo hablando, como algo grandioso. Cuando Rafael de Paula era joven, sus seguidores se contaban por legiones. Pero muchos de esos seguidores los fue perdiendo en sus últimos tiempos, incluso mucho antes de que el 15 de febrero de 2002 el Rey le concediera la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, cosa que algunos aficionados todavía ignoran, porque se acuerdan más del gesto de impotencia que le llevó a arrancarse la coleta y tirarla en la plaza de Jerez.

Pero volvamos al inolvidable triunfo que obtuvo al matar seis toros en solitario. El día de las siete orejas en la encerrona de 1964, Rafael de Paula que contaba entonces 24 años- nació el 11 de febrero de 1940 -, fue sacado a hombros de sus partidarios, siendo llevado así hasta el santuario de la Virgen de la Merced, donde se cantó una salve popular a la Patrona. Para los que no estuvieron allí, les recordaremos algunos otros datos de este histórico acontecimiento taurino en la carrera profesional de Rafael de Paula. “Un bravo gesto de un torero genial”, como decían los carteles. Era la reaparición de Paula, tras haber culminado su servicio militar.

El sobresaliente de espadas fue el jerezano ‘Rafaeli‘. El primer toro y el último los brindó al público; el segundo al veterinario Aurelio Agüera y el tercer toro de la suelta a un grupo de 50 invidentes de la ONCE que quisieron ir a ‘verlo’, demostrando así que a Rafael de Paula hasta los ciegos podían ‘verle’ ejecutar aquel toreo de maravilla que el gitano de Santiago tenía. Caso único éste, en la historia del toreo, que un grupo de cincuenta ciegos hayan acudido juntos a una plaza de toros a ver a un determinado diestro. Y como último dato de esta corrida que causó el delirio de los aficionados, digamos que aquel día, el Paula lució un precioso y poco visto terno de color naranja y oro.

No obstante, y pese a ese grandísimo triunfo, esa temporada Rafael sólo llegó a torear en diez corridas. La cara y la cruz, el sol y la sombra, la mala sombra, diríamos mejor, del gran torero de Jerez; al que pese a sus grandes triunfos seguían sin lloverle los contratos, para torear en otras plazas. Pero, con el tiempo, los contratos también le llegarían, pues supo ganárselos a pulso y luchando, siempre, siempre, contra la artrosis de sus rodillas, enfermedad que pese a diez operaciones, acabó por vencerle y retirarlo forzosamente del toreo; pasando a entrar, desde entonces, en la historia de los grandes toreros de leyenda

Publicado en El Diario de Jerez

Opinión: El guardián de la torería y las dos cabezas de borrachón

El doctor Xavier Campos Licastro al centro durante un congreso de cirujanos taurinos celebrado en la Zacatecas en 1997.
El doctor Xavier Campos Licastro al centro durante un congreso de cirujanos taurinos celebrado en Zacatecas en 1997.

Por Guzmán Vidales.

El consultorio del que fue uno de los médicos más afamados del país lo presidía una cabeza de toro que a punto estuvo de convertirse en asesino del que fuera torero número uno de México, el regiomontano Manolo Martínez.

Era Borrachón, de San Mateo, su impresionante pelaje negro zaíno, su aterradora cornamenta y ese brillante lunar lucero que le rodea el ojo del lado derecho.

El doctor Xavier Campos Licastro, era en su momento primerísima figura de la fiesta, quien fuera jefe de los servicios médicos de la monumental plaza de toros México y fundador y presidente honorario vitalicio de la Sociedad Internacional de Cirugía Taurina.

Esta entrevista se realizo un dos de enero del año 2003 y aquí la hemos rescatado del baúl de los recuerdos:

El doctor Xavier Campos Licastro vuelve vista y memoria atrás y pasa revista a sus más de 50 años de ver domingo a domingo corridas de toros, de haber efectuado más de 27 mil operaciones a cual más complicadas, y de haber salvado la vida a la mayor parte de quienes al paso de estos cinco decenios se han dedicado al difícil arte de lidiar reses bravas en todos los redondeles del país.

A Xavier Campos Licastro su padre lo llevó por primera vez a los toros un domingo de noviembre de 1929 cuando en la vieja plaza de El Toreo de la colonia Condesa recibió la alternativa el celebérrimo texcocano Carmelo Pérez de manos del no menos popular gitano Joaquín Rodríguez Cagancho. Fue esa la tarde en que un berrendo imponente ocasionó una terrible maroma al hermano de Silverio, misma que generó tremenda impresión al pequeño y futuro doctor de nueve años, que más tarde se alzaría como salvador non de toros los toreros mexicanos.

Entonces, alargado pero sin recursos para adquirir sus localidades, la amistad del padre con el director de la banda que interpretaba los pasodobles y calentaba el ambiente —Genaro Núñez— dio paso a una treta semanal para que el niño Campos Licastro siguiera entrando a la plaza de manera gratuita. “Núñez me citaba a las dos de la tarde cada domingo —explica el galeno— en el restaurante El Retiro para preparar la estrategia. Y semana a semana entraba yo cargando el estuche del clarinete, mientras que el músico que pulsaba ese instrumento lo llevaba siempre en la mano. Y así pasábamos todos sin levantar nunca la menor sospecha.

No olvida que fue en el hospital Rubén Leñero, allá por 1943, cuando por primera vez intervino quirúrgicamente una herida por cuerno de toro, misma con la que llegó a cuestas un joven novillero poco más que desconocido y pueblerino que respondía al nombre de Eugenio González. “Era yo entonces una rata de hospital porque no salía nunca del nosocomio. Había jornadas que entre novilleritos lesionados y todo tipo de accidentes debía yo practicar hasta diez operaciones al paso de un solo día o tal vez de una sola noche, y ese fue el caudal que me permitió estar lo suficientemente capacitado como para aceptar en 1962 el llamado de Fermín Rivera e ingresar como cirujano a la plaza de toros México y permitirme cumplir uno de mis más caros anhelos”.

Hoy recuerda, casi entre nubarrones de olvido cómo fue que Luis Briones se convirtió en el primer herido por cuerno de toro que en México recibió los beneficios de la penicilina. “Briones brindó a Maximino Avila Camacho, hermano poderosísimo del presidente de la República. El toro, de pronto, le pegó un derrote seco y le clavó el pitón apenas arribita del ojo causándole fractura del frontal y la lógica infección del cerebro. Avila Camacho indagó en la enfermería qué se ofrecía y el clamor de los médicos fue unánime: ‘Necesitamos penicilina’. Entonces don Maximino ordenó que un avión de la Presidencia se trasladara de inmediato a Estados Unidos y en unas cuantas horas estuvo de regreso con el medicamento salvador que impidió la muerte de Luis de Seda y Oro“.

Sufre al recordar esa herida de Manolo Martínez propinada por Borrachón. O la más grande que ha curado en cuanto a destrozos musculares y que sufrió Juanito Escamilla cuando un toro en corrida nocturna prácticamente lo abrió en canal desde la rodilla hasta la cresta ilíaca. O aquella aparatosísima que sufrió el novillero José Angel Adame al ser atravesado de lado a lado en el cuello, interesando yugular y afectando la laringe. O la terrorífica que se llevó al entonces triunfador Antonio Lomelín, cuando Bermejo de Xajay le abrió el abdomen y le dejó los intestinos en la arena.

No olvida Campos Licastro cornadas tremendas como la de Camisero a Capetillo, la de Escultor a AntonioVelázquez o la de Pablito de ReyesHuerta en el vientre a JoselitoHuerta en 1968.

Operaciones como las 27 mil que ha practicado Xavier Campos Licastro con éxitos casi siempre crecientes, éxitos que lo alejaron a diario de ese trajecito dominguero de la plaza de El Toreo de la Condesa, o de la subrepticia entrada al coso solapado por el director de la banda de Genaro Núñez.

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Las Dos Cabezas de Borrachón Por el Bardo de la Taurina:

En el ‘Cuerno de la Taurina’ llega a haber circunstancias que se vuelven legendarias y en ocasiones se constituyen como parte aguas, tal es el caso de lo acontecido aquella tarde del 3 de marzo de 1974 en la Plaza México donde alternaban Manolo Martínez, José Mari Manzanares y Mariano Ramos ante toros de San Mateo.

Entre los que venía ‘Borrachón’ que saltó a la arena en cuarto lugar correspondiéndole por lo tanto al diestro regiomontano  quién para lidiarlo vestía de Catafalco y Oro y que le había ligado un par de naturales con el sello de la casa antes de que ‘Borrachón’ que había sido marcado con el cabalístico número 13 y que dio en la romana 444 Kg. le tirara un ‘gañafonazo’ con dictamen de muerte que penetró secamente el muslo izquierdo del torero partiéndole las arterias femoral y safena con pavorosas trayectorias que alcanzaron 34 y 24 cm. de destrozos.

La sangre magentosa brotaba a una velocidad descomunal el boquete del ‘tabaco’ era tan inmenso que por él se logró meter una toalla para tratar de taponearle la herida,  al arribar Manolo a la enfermería y verse el cráter mortuorio entro en shock, el Dr. Xavier Campos Licastro fue bordando la faena clínica con magistral sabiduría sorteando el hilo invisible que separa a la vida de la muerte al grado que en dos ocasiones cuando a Martínez se le paralizaron los signos vitales su médico de cabecera el Dr. Salinas Rivero le referiría al Dr. Campos Licastro ‘¿Xavier,  no estarás operando un cadáver?’.

Veinticuatro horas después la muerte seguía acechando al ‘Torero Mandón’ quién  en un acto que lo pinta tal cual era, contestaría  al Maestro Rafael Cardona quién le pregunto en la Central Quirúrgica ¿Qué te retiras? ‘Que me retiren los toros, no los pinches periodistas…’ (Manolo Martínez Genio y Figura / Donaciano R. Botello)

Ante todo esto era obvio que la cabeza del toro ‘Borrachón’ que habría mandado al inmenso torero a la tierra de nunca jamás pues no solo valdría una millonada , sino que se convertiría en parte de la historia del mundo taurino y poseerla seria como tener  un tesoro morboso y legendario, así que ese domingo tal vez en el destasadero de la Plaza México se empieza a escribir una historia nebulosa y aclaró lo de ‘tal vez’ porque es posible que alguna de ‘las cabezas de ‘Borrachón’ no necesariamente salió del rastro de la plaza o a lo mejor salió por partida doble, lo que si me queda claro que jamás hemos visto salir por la puerta de Toriles a un toro con dos cabezas y bueno todo esto viene por que con el paso del tiempo resulta que existieron dos cabezas del mismo toro, una de las cuales supuestamente original se quemo en un incendio y la otra está a la venta y ¡claro! esto cobra relevancia por estar inmiscuido en ello, aparte del ícono del toreo que lo sigue siendo Manolo Martínez personajes relevantes y públicos de la vida taurina.

Una de las cabezas dice el taxidermista Genaro Hernández ‘El General’ que le fue entregada por el carnicero de la plaza para que la guardara y posteriormente la disecara, cuando ya Manolo hubiera muerto a consecuencia ¡claro! de la cornada, lo cual no ocurrió y el Dr. Campos Licastro en su libro ‘Solo…cincuenta años de operar toreros.’ escribe ‘el novillero Genaro Hernández cuando le atendí de una grave herida en el cráneo, dijo “No tengo con que pagarle lo que hizo por mi, le voy a regalar la cabeza del toro ‘Borrachón’” y sigue escribiendo el Dr. Campos Licastro “El malvado incendio de mi clínica, me la destrozo” y agrega “He sabido que por ahí hay otras cabezas de ‘Borrachón’, yo no puedo comprobar que la mía era la buena”, hoy la Familia Sánchez Valle tiene a la venta otra   cabeza de ‘Borrachón’ cuya historia arranca cuando la cabeza le fue comprada en la propia plaza al carnicero por el Dr. Leopoldo Sánchez Valle, sin duda ‘Aquí hay gato o más bien toro encerrado’  ante eso  mientras son peras o son manzanas, pues aguas con la piratería.

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Borrachón Por Ele Carfelo:

En alguna columna pasada, decíamos que el Doctor Xavier Campos Licastro, quien fuera una eminencia médica, especializado en cirugía taurina, quien estuvo al frente de los equipos médico de las Plazas “México” y “El Toreo”, cuando ya estaba instalada en “Cuatro Caminos” a la salida de la carretera a Querétaro, del Distrito Federal, había sido el cirujano que operó satisfactoriamente a Manolo Martínez de los destrozos que la cornada del toro “Borrachón” de “San Mateo” le infringió en la Plaza “México” el 3 de marzo de 1974, había declarado que esta cornada había sido la más grave que se le había presentado en una enfermería.

Al interrogar al extraordinario ortopedista, traumatólogo, con posgrado de Cirugía reconstructiva, posteriormente, sobre sus declaraciones anteriores, declaró que, en efecto, él consideraba que era la cornada más difícil, ya que despertó en él una gran desesperación y enorme impresión, porque en esta cornada aparecieron dos factores que originaron un gran “shock” en la humanidad del torero, pues el primero, afectó el sistema nervioso, el shock neurogénico.

El segundo factor, la enorme pérdida de sangre, y sobre todo, tal brusca, el shock hipovolémico.

“Cuando teníamos a Manolo en la mesa de operaciones, el Doctor Salinas Rivero, quien era el médico de cabecera del torero, y me ayudaba mientras operaba, me advirtió que Manolo, en un momento dado, no tenía pulso ni en las manos ni en los pies…” ¿No estarás operando a un cadáver?” me dijo… Yo me estremecí de pies a cabeza, aunque yo sabía que había falta de pulso, pero el corazón estaba latiendo. Afortunadamente, seguí y pudimos terminar a tiempo y con éxito… Pero los momentos vividos, fueron tremendos.

Campos Licastro declaraba esto, a pesar de que él había practicado la cirugía en las tremendas cornadas sufridas por Joselito Huerta en la Plaza “El Toreo” de Cuatro Caminos por el toro “Pablito” de ReyesHuerta, y la de Antonio Lomelín en la Plaza “México”, cuando banderilleaba a un toro de Xajay.

En ambos casos, los dos toreros habían llegado a la enfermería, con el “paquete intestinal” prácticamente “entre las manos”.

Manolo Martínez convaleció de la cornada en la Central Quirúrgica de la ciudad de México, habitación No. 619, hasta que pudo trasladarse a su casa en Monterrey, donde terminó su rehabilitación, para regresar al campo bravo, a prepararse para continuar su carrera taurina.

El Doctor Xavier Campos Licastro tenía su consultorio particular en la Colonia Roma del Distrito Federal y en ese local tenía también innumerables recuerdos taurinos sobre todo de sus experiencias como Jefe de los Servicios Médicos de las Plazas “México” y “El Toreo”. El brillante cirujano, mandó disecar la cabeza del toro “Borrachón” y encuadró un “poster” del momento de la cornada de Manolo Martínez, ambos recuerdos, colgados en las paredes de su consultorio, y testigos del gran trabajo profesional de este gran cirujano al que mucho deben –incluso la vida- muchos toreros.

Manolo, ya retirado, y siendo un ganadero de reses bravas exitoso y solicitado, ya retirado de los ruedos, falleció víctima de una tremenda afección hepática.

En la plaza de Las Ventas, con Iván Fandiño en el recuerdo

Fortes brindó su primer toro a la memoria de Fandiño. PLAZA1.
Fortes brindó su primer toro a la memoria de Fandiño. PLAZA1.

Por Alejandro Martínez.

A las siete y cinco minutos de la tarde, justo al finalizar el paseíllo, en la plaza de toros de Las Ventas se hizo el silencio. Los toreros, desmonterados; el público, en pie. Un minuto de mutismo sepulcral y emociones contenidas para rendir tributo a Iván Fandiño, héroe y artista, muerto en las astas de un toro, justo hace un año, en el coso francés de Aire sur l’Adour. Un año ya sin Fandiño. Parece mentira.

Pero no fue el único homenaje de la tarde en honor y recuerdo del torero de Orduña. Dos de sus compañeros, Fortes y Álvaro Lorenzo, brindaron uno de sus respectivos toros al cielo. Y seguro que ambos, y también el tercer integrante de la terna, Joaquín Galdós, se vistieron de toreros con la idea de homenajear a su compañero con muleta y espada. No pudo ser. Y es que, al final, ese minuto de silencio inicial en recuerdo de Iván Fandiño fue, sin duda, lo más emotivo y destacable de la tarde.

Los culpables de tan pobre espectáculo fueron, sobre todo, los toros de Fermín Bohórquez. Había cierta expectación por ver lidiar a pie una corrida con este hierro, habitual en los festejos de rejoneo. Pero la expectación se tornó en total decepción conforme fueron saliendo, uno a uno, por chiqueros los seis astados enlotados. ¡Qué corrida más blanda y descastada, Dios mío! Un verdadero fraude para todos aquellos aficionados deseosos de regresar a casa repletos de emoción. Eso sí, pese al insufrible juego de los toros de Bohórquez, el mayor culpable de tan lamentable espectáculo fue el presidente Justo Polo. Sin inmutarse, e ignorando las sonoras y reiteradas protestas de los aficionados, el usía mantuvo en el ruedo varios inválidos y no los devolvió, como merecían, a los corrales.

Y así pasó; luego, los toreros no tuvieron la más mínima opción de lucimiento. Fortes, que quedó inédito, fue el más perjudicado por la afrenta presidencial. Sus dos toros fueron exactamente iguales: tan nobles como inválidos. Dos animales a los que apenas se picó y que, aún así, llegaron al último tercio absolutamente desfondados, como borrachos. Cansado de que sus oponentes perdieran las manos, y entre los gritos de enfado e indignación de los espectadores, el torero malagueño no tuvo más remedio que tirar por la calle de en medio y tomar la espada.

Dentro del desastre ganadero hubo dos ejemplares, tercero y quinto, que, a pesar de su innata sosería, al menos tuvieron algo de movilidad. En el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Frente a ellos, ni Álvaro Lorenzo, ni Joaquín Galdós lograron decir nada. El primero, que nada pudo hacer ante el blando y descastado segundo, no se acopló en ningún momento al quinto, perdió pasos reiteradamente y no ligó dos muletazos seguidos.

Y peor fue lo de Galdós. El peruano no sólo se mostró acelerado y mecánico con su primer enemigo, sino que en un ejercicio de pasmoso ventajismo, se dedicó a citar siempre fuera de cacho y a retrasar la pierna contraria, descargando la suerte. Además, tras pinchar en tres ocasiones al sexto, desistió en su obligación de matar al toro con el estoque y recurrió al descabello.

¡Qué falta de ambición y torería!

BOHÓRQUEZ / FORTES, LORENZO, GALDÓS

Toros de Fermín Bohórquez, correctamente presentados (salvo el cuarto), nobles, flojos y descastados. Algunos, como primero y cuarto, inválidos.

Fortes: pinchazo y estocada corta (silencio); bajonazo (silencio).

Álvaro Lorenzo: estocada baja y trasera (silencio); pinchazo y estocada algo desprendida (silencio).

Joaquín Galdós: estocada ligeramente desprendida y atravesada (palmas y sale a saludar); tres pinchazos y seis descabellos (silencio).

Plaza de toros de Las Ventas. Domingo 17 de junio. Menos de un cuarto de entrada (8.874 espectadores, según la empresa). Se guardó un minuto de silencio en memoria de Iván Fandiño en el primer aniversario de su cornada mortal.

Publicado en El País

Veinticinco recuerdos estelares e inolvidables del pasado San Isidro

El picador Agustín Navarro y el toro 'Coplero', de Victoriano del Río. MANOLO BRIONES
El picador Agustín Navarro y el toro ‘Coplero’, de Victoriano del Río. MANOLO BRIONES.

Por Antonio Lorca.

Treinta y tres festejos -26 corridas, tres novilladas y cuatro espectáculos de rejoneo- dan para mucho. La feria de San Isidro de 2018 ha sido la más larga de la historia, y una de las más lluviosas, también. Quedan en el olvido muchos momentos de silencios y aburrimiento, pero ha habido otros, unos pocos, que permanecen en el recuerdo agradable de los espectadores.

He aquí una relación no exhaustiva de 25 destellos de emoción, bravura, torería, tensión, miedo y arrebato, que de todo ha habido. No están todos los que han sido, pero sí son todos los que están.

Por orden cronológico, estos son algunos de los instantes por los que merece la pena seguir siendo aficionado a la fiesta de los toros.

1.– El 10 de mayo, Hazen Al-Masri El Sirio, subalterno de Román, salvó de una cornada cantada a Tomás López, perteneciente a la cuadrilla de Joselito Adame, cuando resbaló a la salida de un par de banderillas y quedó a merced de un astifino ejemplar de Fuente Ymbro. El capote milagroso de El Sirio fue auténticamente providencial. Minutos después saldría ‘Hechizo’, uno de los toros de la feria.

2.- Fortes protagonizó una actuación valentísima, desbordante de gallardía, ante un toro de Pedraza de Yeltes, el día 11. La plaza se cubrió de pañuelos, pero el presidente entendió que no había mayoría. El torero dio dos vueltas al ruedo, y el usía pasó al baúl de los errores.

3.- El cuarto toro de Las Ramblas, el lunes 14, demostró de salida que de bravo solo tenía la ascendencia. Huyó despavorido de los capotes y, acobardado, se parapetó en la puerta de toriles. La protesta se hizo muy ruidosa, y el presidente adoptó una decisión considerada insólita: ordenó su devolución a los corrales. Aunque el Reglamento nacional permite hacerlo en circunstancias muy especiales, fue la primera vez que un toro era devuelto por manso.

4.- El comienzo por bajo -mirando al tendido 7- de Talavante a su primer toro de Núñez del Cuvillo del día 16 fue sencillamente espectacular. Fueron muletazos largos, profundos, rebosantes de empaque y estética. Esa tarde, él, Manzanares y Ferrera cortaron una oreja cada uno. El palco lo ocupaba la misma persona que se la había negado a Fortes. Esta vez, con las figuras, fue generoso.

5.- Inicio de muleta en el segundo de la tarde del 17 de mayo. Román se sitúa en los medios, pliega el engaño en la mano izquierda, el estoque escondido en la cadera y cita al toro, aculado en tablas, con el llamado cartucho de pescao. No pasó nada relevante, pero la imagen fue pura torería.

6.- Pablo Atienza, Alfonso Cadaval y Toñete no supieron aprovechar las bondades de los novillos del Conde de Mayalde, el lunes 21 de mayo. La tarde amenazaba tormenta, y durante la lidia del sexto cayó un aguacero en forma de diluvio que despejó los tendidos y convirtió el ruedo en una piscina. No se amilanó Toñete y su enorme esfuerzo fue premiado con un trofeo.

7.- Con motivo del mano a mano entre El Juli y Ginés Marín -24 de mayo- apareció ‘Licenciado’, un toro de Alcurrucén, extraordinario en la muleta, hondo e incansable, al que el veterano torero madrileño cortó una oreja.

8.- Ese mismo día quedó claro que la suerte de varas existe y es una preciosidad. Solo son necesarios toros bravos y picadores toreros. El toro, ‘Coplero’, de Victoriano del Río; el picador, Agustín Navarro. El animal acudió con alegría en dos ocasiones, empujó con los riñones y la plaza disfrutó.

9.- Segunda corrida de Núñez del Cuvillo y las dos primeras puertas grandes de la feria: Talavante y López Simón. Toretes artistas, un torero inspirado y otro arrebatado por la épica. Alborozo general el viernes 25.

10.- Domingo 27 de mayo. Dolores Aguirre. Solo el nombre produce respeto. Un vendaval de mansedumbre, agresividad y dureza. ¡Fuera el aburrimiento!

11.- En el tercio de banderillas del quinto toro de Dolores Aguirre se produjo el acontecimiento de la tarde: David Adalid, reconocidísimo rehiletero hace solo unos años, clavó dos extraordinarios pares, especialmente el segundo, que pusieron la plaza en pie.

12.- Al día siguiente se celebraba otra corrida torista de alto interés: Partido de Resina, para Sánchez Vara, que sustituía a Ricardo Torres, Javier Castaño y Thomas Dufau. La previsión era de lluvia intensa. La empresa decidió no colocar los plásticos en el ruedo. A las siete de la tarde, no era posible la práctica del toreo. Había poco público. Y se produjo la suspensión. Pero, ¿fue por la lluvia o por interés económico?

13.- ‘Juglar’, un nobilísimo toro de Garcigrande, le propinó a Castella una dantesca voltereta y, después, lo empujó para que saliera por la puerta grande. Bien el torero, y sobrecogido el público… Era el 30 de mayo.

14.- Simón Casas, el jefe de Las Ventas, ideó la Corrida de las Seis Naciones. Hicieron el paseíllo seis toreros de otras tantas nacionalidades. El invento no cuajó en taquilla y solo hubo algo más de media plaza. Y tampoco en el ruedo. El festejo -31 de mayo- fue un tostón.

15.- 1 de junio. Cayetano dibujó una bellísima trincherillas en el inicio de faena a su primer toro. El torero destacó por su raza, entrega y su tauromaquia tan antigua como clásica.

16.- La corrida ilidiable de Saltillo se lidió -es un decir- el 4 de junio. Más que toros parecían tigres; y más que embestir, atacaban con la misma estrategia que los depredadores de La 2.

17.- Esa tarde, destacaron dos entre todos los héroes que saltaron al ruedo: Octavio Chacón, valiente, maestro, merecedor de más y mejores oportunidades; y Vicente Ruiz, autor de uno de los mejores pares de banderillas de la feria.

18.- ‘Saladera’ era el nombre del sexto saltillo, uno de los toros más complicados que se han visto en muchos años en la plaza de Las Ventas. Sebastián Ritter pasó un quinario y solo un milagro permitió que llegara por su propio pie al hotel.

19.- Lleno el 6 de junio, corrida extraordinaria de Beneficencia. La presidió el Rey emérito mientras el monarca reinante atendía a Pedro Sánchez, según informó la Casa Real. A Felipe VI se le echó de menos.

20.- ‘Chaparrito’, de Adolfo Martín, bravo y noble, -viernes, 8 de junio- ha sido elegido como el mejor toro de la feria, según el jurado de Plaza1. Lo lidió Pepe Moral y le cortó una oreja.

21.- Mientras el sevillano daba la vuelta al ruedo, un paisano suyo, El Cid, era intervenido en la enfermería de una cornada en el muslo derecho que le infirió el segundo de la tarde en el inicio de la faena de muleta.

22.- Ángel Sánchez, joven novillero, protagonizó uno de las gestas de San Isidro. Tomó la alternativa ante un ‘adolfo’. Perdió la apuesta, pero tiempo tendrá de ganar otras muchas.

23.- El 9 de junio, Diego Ventura se convirtió en el primer rejoneador que cortaba un rabo en la plaza de Las Ventas. Su tarde fue sencillamente cumbre.

24.- Los ‘victorinos’ cerraron la feria, y Felipe VI estuvo presente en una barrera. Dos acontecimientos.

Y 25: No menos de cuarenta banderilleros y unos pocos picadores merecieron el reconocimiento de la afición por su esmerada torería. Honor y gloria para todos ellos.

Publicado en El País

Regresan Fortes y Chacón a Las Ventas

De SOL y SOMBRA.

La empresa de Las Ventas ya tiene listos los festejos a celebrarse el 24 de junio y el 1 de julio en Madrid.

Para el domingo 17 de junio, como ya estaba anunciado, se lidiarán toros de Bohórquez para Fortes, Álvaro Lorenzo y Galdós, un cartel lleno de alicientes para el aficionado.

El domingo 24 de junio se ha rematado un cartel de oportunidades y recompensa al compromiso con Madrid. Toros de Montalvo para Octavio Chacón, Javier Cortés y Tomás Campos que confirma alternativa.

El 1 de julio se dará una novillada con astados de María Cascón, para Borja Álvarez, Daniel Crespo y Fernando Flores.

Twitter @Twittaurino

San Isidro’18. Se llama Cayetano y ha conseguido que sólo se hable de él

Por José Ramón Márquez.

Lo que son las cosas. No es lo mismo apellidarse Pérez hasta el quinto, como aquel inolvidable Tony Leblanc en Los Tramposos, que, pongamos por caso, apellidarse Ordóñez y máxime si estamos hablando de la cosa de los toros, que hay una serie de apellidos como Gómez, Vázquez, Mejías, Ordóñez o Roger, que para el aficionado medio representan la más pura idea de lo que son las dinastías en el ámbito de la tauromaquia. No es fácil portar esos apellidos si tu nombre aparece en los carteles y se da la circunstancia de que en tu DNI figura uno de ellos, porque el apabullante peso de la Historia está puesto de manera inmisericorde contra ti. Eso es algo que, en mi opinión y sin conocerle más que de una vez que fuimos presentados, siempre me ha parecido muy evidente en Cayetano Rivera Ordóñez desde el día de su confirmación, hace diez años por ahora, que él no quería pasar por Madrid sin dejar de alguna manera una huella y, desde luego, de no dar la impresión acomodaticia de ser alguien que tiene su temporada hecha a despecho de lo que ocurra en Las Ventas.

Mi opinión es que Cayetano ha venido siempre a Madrid con la idea de hacer un máximo esfuerzo, que a lo mejor no repite luego por esas Plazas de Dios, con el fin de no dejar a nadie indiferente y afirmar orgullosamente el compromiso con los que le han precedido en los ruedos, a despecho incluso de sus carencias. No es fácil decidir a la edad de 27 años que lo que uno quiere es ser torero; es una enorme losa iniciarte a la edad en que muchos se retiran y decidir que lo que quieres es dedicarte a este complicadísimo oficio, aunque tengas cerca a personas de tu máxima confianza dedicadas a enseñarte, porque el toreo es algo que se empieza a aprender desde la más tierna infancia, y como prueba ahí está la fotografía de Gallito perfilado para entrar a “matar” a su hermano Rafael en la Huerta del Algarrobo de Gelves bajo la mirada atenta del señor Fernando El Gallo.

La cosa es que Cayetano parece que quiere sacudirse de encima cualquier aire farandulero y, durante su pasada actuación en Madrid, ha sido torero durante toda la tarde y ha querido pisar el ruedo como lo hacen los matadores de toros, con aplomo y orgullo y dejar en la tibia tarde madrileña la presencia de sus aciertos y de sus errores, de lo que tiene y de lo que carece, sin mixtificación ni doblez. Y Cayetano ha dejado hoy lo más hermoso que se ha visto en todo lo que llevamos de feria, que es un bellísimo galleo por chicuelinas para llevar al caballo a su segundo, hecho con una naturalidad que echamos de menos cada tarde, con la velocidad de quien va simplemente dando un paseo y mientras tanto burla a un toro, con la verticalidad elegante y nada impostada de quien camina erguido. He ahí un recuerdo indeleble de la Feria 2018, pura torería hecha, armada y rematada. Y también una larga afarolada de las de cartel de toros de cuando en los carteles de toros se ponían bellas imágenes, y también un inicio de faena sentado en el estribo, cuatro ayudados, una trinchera, uno por alto… y también irse a recibir a su segundo a porta gayola, que no te lo esperas, y una espléndida media verónica de frente. Lo que se dice una actitud y unas ganas de no pasar desapercibido; y los detalles en que hay que fijarse, que le tira la montera al segundo para que se le arranque, tal y como hacía su abuelo, o que cuando va a brindar la muerte de su segundo a CurroVázquez y a su hermano llega corriendo el pelmazo de la TV (David Casas) con el micrófono a husmear sus palabras y le suelta un manotazo para echarle de donde no debe estar, que a nadie le interesa lo que les tenga que decir en el brindis. Y ésas son las cosas buenas de Cayetano en esta tarde, ésas y lo de llevar una excelente cuadrilla, pensando en hacer las cosas fáciles al matador y en no crear problemas, en la que hoy ha brillado con el capote Iván García con el descompuesto y distraído sexto de la tarde. Y por otro lado sus carencias, que parece que carece de las habilidades necesarias para tratarse con el toro que no sea estrictamente de carril, el de ir y venir, y en el momento que hay que tirar de oficio le faltan las ideas y aquello no prospera, tal y como le ocurrió en su segundo, que demandaba toreo cruzado y tocar el pitón contrario y él se empeñaba en hacerle lo que a los más pastueños y bobalicones. En su primero enjaretó una faenita de altibajos rematada con una estocada atracándose de toro, algo desprendida y ejecutada con un saltito que resultó emocionante, por más que el animal terminó en morir.

Don Trinidad López-Pastor Expósito atendiendo a la circunstancia de era viernes (dice el refrán: “Ve el viernes a Las Ventas / si quieres ver cortar orejas”) concedió de manera harto generosa una de las aurículas del primero de la tarde, provocando una fortísima división sustanciada en esta imagen: mientras yo abroncaba al torero por tan inmerecida oreja, la aficionada T. a mi izquierda batía las manos aplaudiendo. Cayetano consiguió que hoy sólo se hablase de él.

El resto del cartel estaba compuesto por Castella y por Manzanares III.

Lo de Castella es algo incomprensible, para que se vea cómo se las gasta Domb, empresario de Las Ventas y apoderado del torero.

En vez de dejarle apurar las mieles de la Puerta Grande y Generosa que se llevó el otro día por vaya usted a saber qué merecimientos, y teniendo la formidable excusa de la lesión en el pie, en vez de sacarle de un cartel en el que su papel a priori es el del patito feo, presentar parte y sustituirle por quien sea sin menoscabo en la taquilla, porque quien hoy movía la taquilla no era Castella precisamente, va y le pone con el previsible fin de devolver las orejas tan poco justamente obtenidas, tal y como ocurrió a la postre. La diferencia entre sus dos trasteos estuvo en que el del primer toro lo hizo calzado y el del cuarto, descalzo, y en que en su segundo hizo el pase cambiado y espaldero y en su primero, no. La cosa fue primero de lejanías, con el toro teledirigido por las afueras por el pico de la muleta, y luego de cercanías y arrimones, que no le sirvieron para meter el susto en el cuerpo a los de la ingesta del gin & tonic y llegó a dar la impresión de que se estaba poniendo un pelín espeso, sin que pareciese que nadie estaba haciéndole mucho caso. También dio el deleznable pase invertido circular, que debería ser multado de oficio, que hoy estaba que lo tiraba.

Y Manzanares, que sólo tuvo un toro porque el primero era la “Máquina de Huir de Victoriano del Río”, como una coña marinera del ganadero de las estrellas para los que el otro día hablaban pestes de otro manso de Dolores Aguirre. Se puso Manzanares frente al toro en el tercio frente al 9, le sacó un par de series en los que, acaso sin buscarlo, se quedó bien colocado para sacar un par de derechazos de enjundia y ahí finalizó todo, porque el bicho se fue corriendo al 1, al 2, al 3, al 4, al 5 y al 6 donde fue cazado por el inexorable y certero estoque de Manzanares. En el otro, durante el rato en que se medio movió, dio otra nueva muestra de su tauromaquia de pata atrás redimida para muchos por la estética que atesora el alicantino, pero ahí no hubo la fortuna de ver ni siquiera los dos destellos que se le vieron en el otro toro. Asombra que Manzanares no tenga los arrestos de venir a Madrid a tapar bocas a base de torear, que se sabe que puede hacerlo, que no se le pide que lo haga en todos los sitios, pero hacer un gesto un día, torear como él sabe, porque lo hemos visto, desoír los cantos de sireno salmantino de Matilla y firmar una faena de verdad en Madrid, y no esa cosa rococó del toro Dalia, sería una forma de abrirse camino en el pétreo corazoncito de una parte de la afición. Ni que decir tiene que a su segundo lo mató con idéntica eficacia que a su primero.

Y para el final los toros, por llamarlos algo. Los Victoriano del Río con la ya tradicional espuela de un Toro de Cortés (en realidad sería “unToros de Cortés”, que es el nombre de la vacada, aunque no case la concordancia), que visto lo visto esto se le está yendo de las manos y va a tener que echar mano del toro que clonó o de los hectómetros cúbicos del semen que tiene congelado este Fu-Manchú de la genética taurina, a ver cómo arregla el desaguisado, porque los toros fueron casi copias en sus modos los unos de los otros, y hoy como anteayer ni vamos a fijarnos en lo del comportamiento en varas, o lo de que se cayesen y terminasen los pases caminando sobre los codos, como aquél que dice, que si no le importa al ganadero ¿por qué nos va a importar a nosotros? Vamos a quedarnos en lo de las faenas de muleta, que es para lo que han sido criados. Pues el primero se entregó un poco al principio y a la de ¡ya! se largó a estar cerca de las tablas, que ahí se encontraba la mar de bien; el segundo es el de la maratón huyendo del que se habló antes; el tercero se acabó parando entre pase y pase y, lo mismo que su hermano, se encontró más a gusto en las tablas; el cuarto se tragó los del principio, repetidor, pero luego se paró y ya se sabe que sin ligazón hoy día no hay ná; el quinto sacó exigencias de toro cuando lo que de él se pedía era bobería sumisa, creó problemitas y además era más feo que Picio; el sexto tampoco estaba por favorecer la ligazón y le estropeó a Cayetano su 1 + 1 orejil que buscó con ganas y sin resultados. Los seis fueron tardos a la hora de echarse y dilataron la muerte en tablas, como marmolillos. Fracaso ganadero de Victoriano del Río, que a ver cómo va arreglando este desaguisado.

En la cosa del olivar hoy tenemos a Rafael Viotti que tomó el olivo en el primero de sus pares al cuarto y en el segundo de ellos hizo una carrera digna de un personaje de dibujos animados, colándose en el burladero de milagro, lo cual le valió una inexplicable ovación. Suso, Jesús González, hizo un pleno al tomar dos veces el olivo, una por cada uno de sus pares.

Antes se habló de Iván García, pero sería injusto no citar la perfecta brega de José Chacón al segundo de Castella.

Feria de San Isidro: Miura, un saldo impresentable que ofende a su historia y a Madrid

Por Carlos Ilián.

La leyenda de Miura sigue llevando la gente a la plaza como se demostró ayer. Una leyenda que se estrelló en Madrid con la inaceptable presencia de los toros enviados a San Isidro por los ganaderos del histórico hierro sevillano. Esta corrida con otro nombre, ponga usted Garcigrande, o Juan Pedro, no pasa el reconocimiento. Hasta el sector más torista y por lo tanto más cercano en su identidad con esta ganadería, protestó cinco de los seis toros que saltaron al ruedo.

Lo afirmo sin dudarlo: es la corrida de Miura peor presentada que recuerdo en plazas importantes. Un insulto a Madrid y a la propia historia de Miura por parte de los ganaderos que la enviaron y de los veterinarios que la aprobaron. De tan infame saldo se puede salvar el sexto toro, un auténtico miura por su honda caja y su expresión.

El juego de los miureños se desenvolvió con reacciones más moruchas que bravas. El primero, de aviesas intenciones, puso a Rafaelillo contra las cuerdas. Se defendió entre regates como pudo, evitando el hachazo en la embestida. Le costó un mundo el descabello. El cuarto hacia hilo con la humanidad del torero y Rafaelillo lo trasteó sin gran convicción hasta donde pudo.

El segundo toro le permitió a Pepe Moral unos momentos de indiscutible brillo, especialmente una tanda de naturales de trazo y temple impecables. Fue el minuto de oro de la tarde y de Moral porque el quinto desarrolló todo un arsenal de criminales intenciones. El tercero solo se peleó contra las tablas, de salida, porque en la muleta apenas embistió como cualquier vulgar manso.

En el sexto Román se estiró por ambos pitones hasta donde fue posible, y fue muy poco posible.

Plaza de Madrid. Vigesimoséptima corrida. Asistencia: 22.597 espectadores, casi lleno. Toros de MIURA (3), de impresentables excepto el 6º y de juego morucho excepto el 2º y 6º. RAFAELILLO (4), de azul pavo y oro. Estocada que atraviesa y once descabellos. Un aviso (silencio). Pinchazo hondo y dos descabellos (silencio). PEPE MORAL (5), de negro y plata. Pinchazo, estocada trasera y cuatro descabellos. Un aviso (saludos). Bajonazo (silencio). ROMÁN (5), de grana y oro. Cinco pinchazos, estocada atravesada y dos descabellos. Un aviso (silencio). Bajonazo y descabellos (ovación).

Publicado en Marca