Archivo de la etiqueta: LAS VENTAS

Manolete y los aficionados, cartel de San Isidro 2017

De SOL y SOMBRA.

El cartel ilustrador de la Feria de San Isidro 2017 es una novedosa composición cuya base está formada por más de 1000 fotografías realizadas y enviadas por los aficionados para la recreación de un retrato de Manolete
31 tardes seguidas de toros que comenzarán el 11 de mayo y finalizarán el 11 de junio, a las que hay que sumar la Corrida de la Beneficencia, la primera edición de la Corrida de la Cultura y la novillada de triunfadores; y en la que se darán cita un gran número de personas que son la base en la que se sustenta la tauromaquia. San Isidro eres tú.

El año en que se cumple el centenario de su nacimiento, Manolete es la figura clave para ilustrar los carteles de San Isidro 2017, pero no es el IV Califa del Toreo el único en el cartel, ya que más de 1000 fotografías de aficionados componen como partículas del toreo, una bella imagen.

La idea partió de la inquietud de querer mostrar también a un gran protagonista de la tauromaquia como es el público, y para ello se convocó a los aficionados a enviar sus fotografías para ser parte activa, no solo de la feria, sino también del cartel ilustrador de la misma, haciéndolos partícipes de un nuevo homenaje a Manolete.

Alrededor de 1000 aficionados enviaron sus fotos a través de la red social Facebook y con estas imágenes se ha recreado una postal única que ensalza no sólo el recuerdo a Manolete en el aniversario de su nacimiento sino también la importancia que tiene el aficionado para que la tauromaquia siga viva.

Toros, toreros, afición, pasión y… Manolete. Todo a la espera de que dé comienzo la feria taurina más importante del mundo en su setenta aniversario.

Fuente: La Razón

Anuncios

Resurrección en Madrid. Puedo y no quiero de Díaz y quiero y no puedo de Garrido


Por José Ramón Márquez.

Para presentar esta corrida de toros del Domingo de Resurrección, mano a mano, los expertos en mercadotecnia de Plaza 1 organizaron un acto en el gimnasio Momo (sic), emplazado en la llamada Caja Mágica, recinto deportivo que se halla en el antaño temible barrio de San Fermín, situando a los toreros que se anunciaban dentro de un ring de boxeo. Acaso poniendo a Curro Díaz y a José Garrido dentro de las doce cuerdas, con el impar Matías Prats ejerciendo de speaker, pretendían dar al encuentro un aire de rivalidad, de desafío, de confrontación de estilos… Acaso pretendían dar la sensación de que había una tensión entre los protagonistas de la tarde, una especie de Mayweather y Canelo del toreo, que se trasladaría al redondel de Las Ventas para poder contemplar la decisión de cada uno de ellos por estar por encima del otro. De esto, como puede suponerse, no hubo nada. 
Prevaleció la visión contemporánea de los toreros como “compañeros” que ni se molestan ni se pisan la manguera, que eso va más acorde con estos mansos tiempos que vivimos, y por allí no asomó ni la rivalidad, ni el desafío ni ná de ná, no vaya a ser que alguno se lleve un berrinche. Mucho nos tememos que si en estos tiempos hubiese alguno que, al romper el paseíllo, se le ocurriese decir aquello de “¡Cornás pa tóos, hijos de p…!”, sería inmediatamente acusado de delito de odio y censurada de forma unánime en todas las redes sociales su ineducada y violenta actitud. Ya lo dice Morante, mientras besuquea la uña de un paquidermo: “Vivimos tiempos raros, complicados para los animales, no sólo para los humanos.” 

La otra parte del espectáculo, la que no estuvo en el ring de la Caja Mágica, eran los toros, que en principio eran los que tenían la cosa más complicada, como tan bien señalaba el inmarcesible artista de la Puebla del Río, pues la previsión era -y como tal se cumplió- de que ninguno de ellos volviese a contemplar en su vida terrenal los cercados de piedra de Los Vaenes, predios donde don Agustín Montes Díaz cuida el ganado que, procedente de una compra a Luis Algarra y a Francisco Medina, hierra con la eme, de Montes,y la de, de Díaz, y lidia en las Plazas con el nombre de El Montecillo. 
Volveremos aquí a reseñar la gran corrida que don Agustín soltó en Madrid el 2 de mayo de hace un par de años y lo poco clara que resultó la del Isidro 2016 para tomar un poco de carrerilla y ponerle los peros a la que se ha traído hoy a Madrid. 
Lo primero la presentación, que entre el más gordo y el más flaco había ciento setenta y cinco kilogramos de diferencia, que se dice pronto; lo segundo lo mansa tirando a descastada que ha salido, con toros saliendo sueltos de la vara a toda carrera; lo tercero lo tirando a blanda que resultó, ya que sin desplomarse ni mucho menos, tampoco dio la sensación de que los pupilos de don Agustín fuesen hercúleos titanes. La verdad es que no parece que el material visto en Madrid esta tarde sea como para que el mayoral se haya ido lo que se dice feliz, pues la cosa en comportamiento ni apuntó a lo juampedrero de su origen ni tampoco a la interesante variedad de comportamientos, viveza, dureza de pezuñas y seriedad de hace dos años. 
En descargo de los bóvidos digamos que no hubo durante toda la tarde el más mínimo sentido de la lidia, que se picó de pena, llevándose la palma de la inutilidad la incompetencia varilarguera de Javier García “Jabato hijo”, que Antonio Chacón recibió un puntazo corrido cuando entraba en el burladero del 10, acosado por el cuarto, Bordador, número 78, sin que hubiese por allí un capote para llevarse al toro y que hubo un toro, Campanita, número 40, que ofreció franca su embestida por si su matador se decidía a aprovecharla en beneficio propio.

En su primero Curro Díaz planteó una faena breve que no llega en momento alguno a cobrar vuelo, pero en la que quedan algunos retazos de la clase que atesora el jienense, sin que muchos se diesen cuenta. Venciendo su natural prevención hacia el toro, en seguida se queda quieto y ofrece su muleta de manera franca sin rectificar la posición, el medio pecho por delante, ligando dos muletazos. Es tan sólo un fulgor del toreo bueno, que no tiene continuidad en un trasteo en el que prima cierta desconfianza del torero, empeñado en no acabar el muletazo y fiando la solución de sus problemas a la inequívoca y torera estampa que compone Curro Díaz en su manera de estar en la Plaza. Mata de una estocada entera de buena ejecución.

Su segundo se llamaba Argentino, número 66, y lo mismo se podía haber llamado Barrabás, porque desde que lo recibió con la franela se vio que no tenía la más mínima intención de llegar a nada con él. Lo tuvo bastante claro y no anduvo pajareando, lo tocó por ambos pitones, no le gustó lo que vio y se echó a matar, esta vez con menos puntería que en el primero.

El tercero, un jabonero claro que atendía por Campanita, sirvió para poner a prueba la ambición de Curro Díaz. El animal se movía por ambos lados, acudió pronto a los cites y no hizo aspaviento alguno como para temerle más allá de lo que dicta la prudencia. Curro recibe a ese toro de manera muy personal con esos suaves trincherazos suyos, acaso más de acompañamiento que de mando, pero que ponen la Plaza a mil por hora. Ése es el momento en que Curro Díaz, en vez de profundizar en su toreo hacia adelante, buscando la hondura y el desgarro, opta por ceder la posición al toro, esconder la pierna de salida de manera inmisericorde y dedicarse a moverlo de acá para allá sin que se produzca el milagro del toreo, que una cosa es pegar pases y otra muy distinta torear. Con ese jarro de agua fría la afición se queda con un palmo de narices y la faena va despeñándose a menos y quedándose en una futesa. El toro se va sin torear, Curro Díaz firma una faenilla sin ambición de grandeza, óptima para un gache, y deja pasar la ocasión de pegar un aldabonazo fuerte en Madrid. Tuvo material y lo dejó ir. Y luego, con el estoque lo degolló.

Y GarridoJosé Garrido no se sabe qué demonios hacía en este ring. A Garrido la tarde le vino grande. En su primero, Virtuoso, número 84, le jalearon unos telonazos como al modo de verónicas que se dio el toro solo y yendo por donde le vino en gana y luego su labor se diluyó en la lidia y muerte del animal sin que nada reseñable ocurriese. El segundo, un castaño listón albardado bragado, Bordador, número 78, que desde el principio cantó la excelencia de su pitón izquierdo, le dio la oportunidad de entrar en la corrida. 
La lástima para él fue que el toro necesitaba que se le provocase metiéndose en su terreno, cosa que Garrido ni soñaba hacer, por lo que las posibilidades de mandar al tendido un inequívoco mensaje de decisión y de ganas se diluyeron como el azucarillo aquél de cuando había azucarillos. Garrido se obstinó en no ir donde el toro le respondía y el toro se empeñó en no ir donde el matador se la ponía, por lo que no hubo acuerdo. El sexto, Novillero, número 59, con Garrido fuera de la corrida, fue el mastodonte cárnico de 680 kilos, casi 60 arrobas, que era un pobrecillo que no se comía a nadie y bastante tenía con arrastrar sus lorzas. Ahí Garrido volvió a insistir en los mismos argumentos que en los anteriores sin que su labor llegase a emocionar ni a los más impresionables.

Luego, a la salida, había quienes se quejaban, pero al menos los que hicimos Domingo de Resurrección en Madrid habíamos visto algo parecido a una corrida de toros. 
Anda que si nos llegamos a quedar en Sevilla…

Fuente: Salmonetes ya no nos quedan

Las Ventas y la Maestranza celebran este domingo corridas de alto voltaje

Uno de los toros de la ganadería de Montealto, presentados para la corrida del domingo. Plaza 1.

Por Antonio Lorca.

Curro Díaz y José Garrido -artística veteranía y juventud arrolladora- en Madrid; Morante, Manzanares y Roca Rey, en Sevilla. Los dos primeros lidiarán seis toros de la ganadería de Montealto; a los tres restantes les esperan reses de Núñez del Cuvillo.

Estas son las dos propuestas que presentan las dos plazas más importantes del mundo taurino para este Domingo de Resurrección, 16 de abril. Dos festejos de alto voltaje, entre los que destaca, sin duda, el que se anuncia en la capital de España por el emocionantísimo recuerdo que ambos toreros dejaron en la afición en la Feria de Otoño del año pasado, cuando se enfrentaron a una durísima y correosa corrida de Puerto de San Lorenzo, de la que salieron victoriosos tras recibir una fuerte paliza.

Curro Díaz volvió a demostrar aquella tarde que es un torero de una pieza, valiente y elegante artista, que no se arredra ante las enormes dificultades que le planteó su lote; el joven Garrido, por su parte, fue volteado, zarandeado, perseguido y pisoteado por sus toros, ofreció toda una lección de pundonor y se ganó el respeto y la admiración de la afición madrileña.

Los dos vuelven a Las Ventas con todos los honores, junto a los toros de Montealto, en uno de los carteles más interesantes de la temporada que ahora comienza. La ganadería que dirige Agustín Montes, fundada en el año 2000 con vacas y sementales de Luis Algarra y Victoriano del Río, ha triunfado ya en esta plaza, y se ha distinguido por su clase y encastada nobleza.

En otro plato fuerte se celebrará en la plaza de la Real Maestranza de Sevilla, que inaugura la temporada con un cartel torerista, como es habitual cada año en esta ciudad.

Tras una intensa Semana Santa, el Domingo de Resurrección en la capital andaluza es el día taurino por excelencia; se espera que se cuelgue el cartel de ‘no hay billetes’ y los ánimos estarán dispuestos para que se abra la Puerta del Príncipe a poco que los toreros ofrezcan motivos. No en vano están anunciados dos ‘consentidos’ de esta plaza, Morante de la Puebla, a quien todo se le perdona y jalea, y José María Manzanares, que tiempo ha fue acogido como hijo predilecto aunque naciera en tierras alicantinas. Ambos estarán acompañados por el joven Andrés Roca Rey, nuevo en este cartel, la gran esperanza de la temporada, en quien están depositadas todas las ilusiones. En este cartel, los toros importan menos. Pertenecen a la ganadería gaditana de Núñez del Cuvillo, una de las más comerciales y nobles -y también menos emocionantes- del campo español, razones suficientes para que figure entre las preferidas de los toreros de postín.

Veinticuatro horas antes de que se abran las puertas de cuadrillas en Madrid y Sevilla, habrá toros en la plaza de Málaga. Allí, el llamado Sábado de Gloria se inaugurará la temporada con un festejo mixto, en el que se lidiarán dos toros de Guiomar Cortés Moura, para el rejoneador Diego Ventura, y cuatro de Torrehandila-Torreherberos, para Fortes y López Simón.

Hosanna, Victorino (bajo palmas en Madrid con una corrida de la serie A)


Por José Ramón Márquez.

Aquí hay que empezar diciendo, como harán todos, que el entradón que se ha registrado hoy en Madrid, Plaza Monumental de Las Ventas, hace mucho que no se veía fuera de Feria, del trágala del abono cautivo, y que el mérito de este éxito de público, de esos 17.000 que se han dejado los cuartos en la taquilla, hay que anotarlo en primer lugar en el haber de Plaza 1, que ha sabido programar como su primera corrida de toros una corrida acorde a la categoría de la Plaza y, vista la entrada que se ha registrado, acorde a los gustos de la afición.

Podemos engañarnos si queremos, ¿quién nos lo impide?, pero en honor a la verdad se le debe conceder en segundo lugar el mérito del entradón a la A coronada, a la ganadería del Excelentísimo Señor don Victorino Martín Andrés, paleto de Galapagar y criador de reses bravas: convocados por el hechizo de la divisa azul y encarnada acudieron en masa las gentes a las taquillas abarrotando el sol y el sol y sombra y ocupando con alegría la sombra. Vamos, que te anuncian una de Gavira como la del año pasado tal día como hoy y vamos los de siempre más los cuatro chinos y los de la ribera del Indo con sus turbantes, y hoy te pintan en el cartel el hierro de Albaserrada y la gente acude en masa, porque tampoco parece que la terna Iván Fandiño, Alberto Aguilar y Gómez del Pilar fuese como para mover la taquilla.

Nos vamos a Las Ventas, pues, a ver a los de Victorino con la certeza de que la corrida de Victorino que nos ha de gustar será esta, y podemos apostar en BWin un euro y no perderlo a que la de San Isidro, con la entrada en ella de ese permanente amagar y no dar llamado Talavante, tendrá un registro menos violento, mas cobradiezmero para entendernos, que es el registro que menos nos interesa en estas vacadas de las que nos declaramos partidarios. Y a fe que la corrida no ha defraudado sobre lo que nos esperábamos: desde Las Tiesas de Santa María se vino Victorino hijo acompañado de seis galanes con mucho que torear, cárdenos, sanos, bien criados y con esas miradas huecas que tanto estimamos. La corrida arrojó un promedio de 576 kilos, que no dista mucho del promedio de 555 que dio la del San Isidro 1984, que tengo a mano el programa y lo miro por indicación del aficionado A. Entre los seis victorinos llamaba la atención por grande un Bosquimano, número 27, de 631 kilogramos, que fue recibido con palmas por la afición, y por chico un Gardacho, número 38, que sin ser el de menor peso sí fue el de menor presencia, recibiendo algunas censuras en forma de ese sonido agudo que se produce al hacer pasar con fuerza el aire por la boca teniendo los labios fruncidos. El sexto lo echaron de vuelta al averno de Florito para que quedase patentemente demostrado que don Trinidad López, por mucho que haya aprovechado la invernada para pegarse un cambio de look que le hace casi irreconocible, sigue siendo tan mal aficionado como antes. Habíamos venido a la llamada de Victorino y queríamos ver entera la corrida de Victorino, no a ese cacho feo de Cadencioso, número 42, de San Martín, que nos comimos con patatas porque al usía le dio por sacar el moquero verde cuando ya estaban banderilleando.

Por lo demás se puede decir que la corrida, en la que no existió dirección de lidia en modo alguno, fue muy mal lidiada y pésimamente picada, lo cual no redunda en la adecuada evolución del comportamiento del ganado: si echamos cuenta de los trapazos, recortes, pasadas en falso y demás contraproducentes trapacerías que se perpetraron con (o mejor contra) los toros es fácil comprender que estos hayan aprendido, desarrollando sentido y peligro. Al primero lo quiso poner Gómez del Pilar de largo al caballo y “El Patilla” hizo todo lo que estuvo a su alcance para que el bicho no se le arrancase, que los 598 kilos de Estaquero, número 89, y su seria presencia no debían animarle mucho a verle galopar hacia él. Luego ya una vez en jurisdicción al relance ahí la cosa cambiaba y los lanzazos manaban como cosa natural. Cobró en varas lo que le dieron y él se dejó y partió hacia las verdes praderas arrastrado por los benhures sin que nadie en Las Ventas haya podido contemplar el color de su lengua ni de la de sus hermanos. El segundo, un toro cuajado de preciosa lámina Barbacano, número 39, cumplió en varas. El tercero, el mejor del encierro, Buscador, número 72, que se empleó en el caballo, lo dejaron como un San Sebastián. El cuarto era el gigantón de Bosquimano, todo fachada, que una vez que se estrelló contra el murto de kevlar, se quedó ahí recibiendo el castigo que le quisieron dar. El quinto, el Gardacho, suspenso en penco. El sexto, el cacho feo de San Martín, tontibobo.

Para dar fin del encierro, como se dijo más arriba, Iván Fandiño, Alberto Aguilar y Gómez del Pilar, que venía a confirmar la alternativa que tomó en agosto de 2013. Reseñemos que Fandiño va ya para los doce años de alternativa, y Alberto Aguilar para los once, no son unos jóvenes inexpertos, llevan mucho tiempo alrededor del toro para saber qué se puede y se debe hacer a lo de Victorino y qué no. Si se sorprenden porque el toro se gira en medio de la suerte, lanzando un hachazo, si no se enteran de que hay que llevar a estos toros toreados y no hay que cortarles el viaje, si tantos años de alternativa no han servido para saber que esto no es lo de todos los días, mal vamos. En su primero, el de la confirmación, Gómez del Pilar, incapaz de hacerse con la fiereza del animal, con los gañafones que le lanza, hace un gesto como significando “Esto no es. Yo no he venido a esta guerra” y en ese gesto queda patentemente delimitada su incapacidad para estar frente a lo que no sea la tonta del bote.

Iván Fandiño, que acabó siendo despedido con pitos, dio otra nueva vuelta de tuerca a su particular via-crucis. Sin concepto ni ideas, extremadamente espeso y basto se encontró con el mejor lote de la tarde a condición de que quisiese jugársela. A ambos los recibió con un capoteo insulso, muy de peón, andando hacia atrás y sin infligir castigo, luego con la muleta compuso dos trasteos sin orden y cuando enhebró tres naturales muy del montón, tal y como suele ocurrir en estos tiempos, la gente bramó, que el respetable está deseoso de ver algo, eso no se puede negar.

Alberto Aguilar le sacó un compuesto derechazo a su primero, que tenía mucho que torear y mucho que lidiar. Por un momento pareció que a lo mejor salía la cosa, pero todo se quedó en lo que pudo haber sido si hubiese habido concepto de lidia, y mando y poder en la muleta, todo lo que no hacía falta alguna en el sobrero de San Martín ante el que Aguilar desarrolló una innecesaria tauromaquia basada en no cruzarse una sola vez y pegar unos telonazos despegados que fueron vitoreados por parte del público como si hubiesen visto resucitar a Lagartijo. De cómo mata, mejor ni hablamos.

Jarocho se llevó una ovación de lujo por poner un par a toro pasado y otro tomando el olivo, pero eso ya parece no importar a nadie.

Fuente: Salmonetesyanonosquedan.com

LAS VENTAS | DOMINGO DE RAMOS: En memoria del niño Adrián

Alberto Aguilar, volteado en su segundo toro de la tarde. Jaime Villanueva.

El festejo, como suele suceder, encerraba mucha expectación, pero fue toda una decepción

Por Antonio Lorca.

Será la primera vez en la historia que Las Ventas se pone de pie y guarda un minuto de respetuoso silencio en homenaje a un niño -Adrián Hinojosa, de ocho años- que quiso ser torero, pero una cornada mortal le ha impedido vestir.

Emocionantes el momento y la atronadora ovación en memoria de un crío que se convirtió por obra de una maldita enfermedad y de algunos malvados instalados en el anonimato de las redes sociales en el símbolo de una fiesta necesitada de referentes.

Adrián ha tenido poco tiempo para sonreír y ser feliz a causa de una voltereta de las que no dejan escapatoria. Su muerte -la de un niño empitonado por el cáncer- llega al alma de cualquiera con dos dedos de frente. Por esa tristísima circunstancia, él fue ayer el protagonista del festejo; por eso, y porque ni la corrida de Victorino Martín ni la terna de toreros estuvieron a la altura del homenaje que merecía ese aspirante a la torería que, al menos, tuvo la alegría de dar la vuelta al ruedo y salir a hombros en un festival el año pasado.

Respondió la afición a la llamada de los toros del afamado ganadero de Galapagar, que vive tiempos de gloria tras el indulto de Cobradiezmos en la pasada Feria de Abril. Guapa corrida la que inauguró el ciclo de festejos mayores en la plaza de Madrid. Pero el envío de Victorino Martín no respondió a la ilusión despertada. La guapeza de su trapío no encerraba más que falta de entrega, tristeza, sosería, corto recorrido, cara a media altura y algunas aviesas intenciones. Total, que solo el segundo toro, primero de Fandiño, mostró noble sinceridad por el pitón izquierdo, y el quinto, sobrero de San Martín, blando como el devuelto, permitió que Aguilar lo muleteara con serenidad en una labor que no alcanzó el nivel esperado.

En fin, que el festejo, como suele suceder, encerraba mucha expectación, pero fue toda una decepción; el toro es un misterio y nadie sabe lo que guarda hasta que se abre el portón de chiqueros.

Pero, ¿y los toreros? Cuando no hay toros, ya se sabe… Pero la corrida se celebraba en Madrid, los tres están necesitados de un triunfo para enderezar su temporada y quién sabe si sus vidas toreras, y todas las miradas de toreo estaban centradas en la arena venteña.

Pues no pasó nada, lo cual es grave; especialmente, para los tres vestidos de luces. Hubo decisión, pero muchas dudas; entrega muy medida; poca firmeza y, sobre todo, la sensación de derrota.

Bien comenzó Gómez del Pilar yéndose a la puerta de toriles para recibir a su primero; el animal se frenó y todo quedó en un susto. Buena actitud en una tanda de verónicas, y un interminable tercio de varas, empeñados todos en que el animal se comportara como bravo cuando no lo era. Digno estuvo el torero muleta en mano, por encima de un oponente que pronto lo avisó por los dos pitones. Muy descastado su segundo, muy despegado el torero, y no pasó nada, que es lo peor.

Fandiño no ha despejado ninguna incógnita. Sigue sin confianza, ni ideas, y no se le nota síntoma alguno de recuperación. Le faltó chispa a su primero, que embistió con largura por el pitón izquierdo, y al torero le faltaron reposo y firmeza. Acelerado y muy desconfiado en el cuarto, y la gente se enfadó con él.

Muy dificultoso y con mal genio fue el primer victorino de Aguilar, y el torero se colocó a la defensiva, quizá con razón. Blandengue y noble fue el sobrero, y le hizo una faena irregular, con algunos momentos muy jaleados, que estropeó con la espada.

En fin, que así es la vida del aficionado… Lo que no ha tenido sentido es la muy corta vida de Adrián.

Martín/Fandiño, Aguilar, Del Pilar
Toros de Victorino Martín -el quinto, devuelto-, bien presentados, desiguales en varas, sosos, descastados y sin clase. El sobrero, de San Martín, blando y noble.

Iván Fandiño: bajonazo y dos descabellos (silencio); pinchazo y estocada muy trasera (pitos).

Alberto Aguilar: media (silencio); pinchazo -aviso-, estocada -segundo aviso- y dos descabellos (silencio).

Gómez del Pilar, que confirmó la alternativa: estocada caída (ovación); dos pinchazos, estocada -aviso- y dos descabellos (silencio).

Plaza de Las Ventas. Primera corrida de la temporada. 9 de abril. Tres cuartos de entrada. Se guardó un minuto de silencio en memoria del niño Adrián, fallecido el pasado sábado. Los tres espadas le brindaron uno de sus toros.

Publicado en El País

Corrida del Domingo de Ramos en Madrid: Emoción en el homenaje a Adrián y dura pelea de los victorinos


Fandiño vapuleado por un sector del público y una templada faena de Alberto Aguilar

Por Carlos Ilían.

La plaza más importante del mundo se unió al dolor de una familia para rendirle un homenaje cargado de emoción a un niño de ocho años que murió el sábado víctima de un cáncer. Adrián, el chaval que quiso ser torero y cuyo testimonio de entereza conmovió a España se fue para siempre pero nos dejó su ejemplo y por eso ayer casi 20 mil personas guardaron un estremecedor minuto de silencio en su memoria. 

Un homenaje que ha sido también la respuesta de la gente de bien a los desalmados que hasta han celebrado, en las nefastas redes sociales, la muerte del niño ¡porque quiso ser torero!. Hasta donde hemos llegado en la brutal campaña contra el toreo…

En el ruedo, en la primera corrida de toros de la temporada en Madrid, en el clásico Domingo de Ramos, ha sido Victorino el protagonista con una muy seria y exigente corrida, que ha tenido de todo y en la que tres toros destacaron por su pelea, sin regatear embestidas humilladas a la vez que pedían el carné al matador. 
En esa pelea Iván Fandiño tuvo un sector del público en contra a pesar de que en el toreo al natural, en su primer toro, hubo mucha verdad. 
En el cuarto toro, que embistió con clase por el pitón derecho, Fandiño ligó una tanda sincera y templada, pero a continuación el toro cambió y se apagó.

Alberto Aguilar sucumbió ante la agresiva exigencia del primero de su lote y se encontró, luego con el reverso de la moneda, el sobrero de Martín, de humillada y templada embestida. Hubo cierta cadencia en los muletazos de Aguilar y poquita fuerza del toro. Con el público a favor perdió con la espada la ocasión de cortar una oreja en Madrid.

Gómez del Pilar, que confirmó la alternativa, salió como pudo del trance de su primero y se quedó a mitad de camino en su segundo que humillaba y se empleaba cuando el torero se decidió a exigir por bajo. Poquita cosa, muy poquita.

Plaza de Madrid. Tres cuartos de entrada. Toros de VICTORINO MARTÍN (6), serios de presencia y de juego exigente. IVÁN FANDIÑO (5) de aguamarina y oro. Bajonazo trasero y dos descabellos (pitos). Pinchazo y estocada trasera (pitos). ALBERTO AGUILAR (5), de azul pavo y oro. Estocada corta (palmas). Pinchazo, estocada delantera y dos descabellos. Dos avisos (saludos). GÓMEZ DEL PILAR (5), de azul y oro. Estocada delantera y desprendida (saludos). Pinchazo hondo, estocada caída y descabello. Un aviso (silencio).

Simón Casas: “Soy productor de emociones”

Por A. Mérida / G. Pose.

Ha llegado dispuesto a convertir Las Ventas en referencia mundial del toreo, el deporte y el arte. Simón Casas, carismático emprendedor francés.

Al final se ha quedado con la plaza de las Ventas. ¿Era una cuenta pendiente?

Llevo 40 años de productor de este arte que es la tauromaquia. Llegar a ser empresario de la primera plaza del mundo es la realización de una vida. Desde Madrid la fiesta necesita de una readaptación con su ámbito social. Hay muchos malentendidos ahora mismo con la fiesta de los toros y yo quiero influir. Estoy feliz.

No se define como empresario sino como productor de arte.

La parte de negocio existe como soporte. El empresario se ocupa de la parte especulativa, pero el productor trata de la parte artística. Soy un apasionado del arte y la cultura. Soy productor de emociones.

¿Por qué es cultura la tauromaquia?

Porque el toro con su bravura y nobleza, el torero con la búsqueda de estética, y el público entendido, conforman un edificio social que tiene su propia armonía. Cuando un torero pega un natural, todos los corazones y las mentes están en la misma unidad de tiempo. Entonces no hay conflicto ni límites, sino la evidencia de lo bello. ¿Qué que define el arte y la cultura? La pasión, las emociones.

Ha llegado en uno de los peores momentos de la fiesta.

Le daremos la vuelta. ¿Cómo se consigue? Utilizando la tecnología en la comunicación y trabajando con ahínco en la programación de los espectáculos. Además quiero transformar Las Ventas en un centro de actividad permanente lúdico y cultural de la ciudad de Madrid, que albergue otros espectáculos: galas, presentaciones, conciertos y la recuperación de grandes combates de boxeo en Las Ventas. No puede haber espectáculos mediocres; todo lo que ocurra en Las Ventas tiene que ser mayúsculo.

Tiene el antecedente de su brillante gestión en Nimes.

Nací en Nimes y volví allí en los ochenta, cuando sólo había una feria de tres corridas de toros. Ahí creamos quince o veinte y llegó a ser una de las plazas más importantes del mundo. Pusimos en marcha grandes conciertos, celebramos acontecimientos deportivos como la Copa Davis y organizamos un campeonato mundial de boxeo retransmitido en directo por televisión a EE UU.

Y su obsesión es convertir Madrid en ese centro.

Es que Madrid es una gran capital que está ahora en fase ascendente y más con el Brexit. Madrid puede ocupar un espacio como ciudad en Europa muy importante y esa debe ser la preocupación actual. El problema es que ha habido un desmadre político en los últimos años, tratando esta plaza como si fuera una boutique y no como una sala de espectáculo artístico.

Pero a pesar de toda su pasión como empresario, hay un elemento incontrolable que es el toro.

La tauromaquia no es una ciencia exacta. El toro depende de la genética. En un festejo puede haber de todo. La incertidumbre forma parte de la grandeza de la fiesta. Pero programando bien, se reduce al máximo el factor suerte. Eso es fruto de la experiencia, del saber hacer, de un equipo de trabajo con mucha experiencia. La fiesta tiene que ser engrandecida.

¿El toro de lidia de hoy tiene menos casta que el de hace años?

No, para nada. Los toreros de ahora se entregan más que nunca y reciben más cornadas que los de antes. El concepto de corrida torista o corrida comercial es falso, porque el riesgo no procede sólo del toro; el riesgo lo mide el torero por su entrega. No hay nada más peligroso que quedarse quieto, poner la muleta delante y ligar los pases. Esta técnica hace de los toreros auténticos héroes. No me preocupa el estado actual de las ganaderías. Lo que me preocupa es la incapacidad de los profesionales de transmitir sus valores y la de los políticos de apoyarnos como es debido.

¿Le molestan los antitaurinos?

Lo que me molesta y me duele es el mal entendimiento. La tauromaquia es una virtud. El toro de lidia existe porque hay corridas. La vida del toro hasta los cuatro años es privilegiada por su ámbito, comida y seguimiento sanitario. Cierto es que va a morir, pero los demás bovinos mueren de manera anónima en mataderos. Los que se creen que dañamos el toro no lo entienden, porque lo engrandecemos. Un toro puede ser indultado. Si yo tuviera que elegir un destino animal, yo elijo toro de lidia; no quiero ser un gato que se aburre, no quiero ser un animal de trabajo; el toro de lidia muere porque ataca y ataca porque son sus pulsiones.

¿Qué le parece la prohibición de los toros en Cataluña?

Culpa de los taurinos. Ya se habían cerrado muchas plazas porque habían sido más especuladores que artistas. También están cerradas casi la totalidad de las plazas de la Costa del Sol y que yo sepa el gobierno andaluz no lo ha ordenado. Desparece cualquier actividad artística cuando los pueblos y sus representantes políticos no cuidan su identidad y su patrimonio. Somos todos culpables. Este arte tan trascendental no ha tenido la gestión que se merecía.

Usted ha hecho de todo. Tiene una vida de novela. Pensé que sólo le faltaba ser futbolista pero creo que también.

Sí, he jugado de joven en el Olimpic de Nimes, mi ciudad natal, que entonces era un gran equipo de fútbol. Luego estuve en el Racing Club de París. Entonces había un futbolista español que se llamaba Gento y era mi referencia. Yo decía que quería ser extremo izquierdo como Gento, pero acabaron echándome por malo y por pesado. Entonces me vine a España en autostop y me hice torero.

Como francés, ¿le dio vergüenza el papelón del PSG en el Camp Nou?

No me da vergüenza que se pierda, me da vergüenza que no se intente ganar y eso es un valor que no enseña el fútbol. El fútbol nos enseña que siempre hay que ganar y la sabiduría dice que lo que hay que hacer siempre es intentarlo. Y este concepto es el fundamento de los Juegos Olímpicos. Perder un partido de fútbol no es vergonzoso siempre y cuando los jugadores se hayan entregado, sin miedo a perder. Ganar o perder para mí no es fundamental.

¿El fútbol es arte?

Por supuesto. Es un gran deporte, un juego convertido en arte pero no es arte en su conclusión. Cuando se pierde o se gana la frustración que genera hay que limpiarla. Hay que volver a poner el fútbol como valor ritual y trascendental, pero se ha alterado por el dinero y la falta de cultura de los pueblos.

¿Es usted más de Benzema o de Griezmann?

De los dos pero con una tendencia hacia Griezmann por su humildad, su modestia y por ser totalmente sano en su técnica, su juego, su pureza. Benzema es un gran jugador pero me quedo con Griezmann porque la humildad es lo que acompaña a los grandes creadores.

El público de Las Ventas se ha dicho que es como el del Bernabéu.

Lo respeto mucho. Puedo estar de acuerdo con ellos con matices. Estoy en contra del integrismo porque puede llegar a la estupidez; pero dicho esto, la exigencia del público de Madrid es sagrada, porque lo que ocurre aquí es la verdad absoluta. La exigencia de la plaza de Madrid me fascina.

¿Ha bajado la exigencia?

No, el público de Madrid sigue siendo el mismo. Le diría que ha crecido. En los setenta el toro era la mitad que ahora. El último rabo se cortó en el año 72 y fue Palomo Linares en una faena por la cual ahora le darían una oreja. Hoy, insisto, se torea mejor que nunca.

La de este año, ¿es la mejor feria que se podía hacer?

Están todas las figuras y los valores emergentes. No va a faltar nada ni nadie. Luego está la suerte. Si hay una diferencia con otros años es que aquí hemos hecho cien borradores de los carteles de San Isidro.

Pensábamos que íbamos a ver a José Tomás en Madrid.




Nunca hemos dicho que fuera a venir José Tomás. Soy muy respetuoso con ese torero y de momento no hay síntoma de que vaya a torear este año. Ya sabe cuál es su gestión: pocas corridas y cada corrida un evento de la máxima importancia. Necesita una programación reducida para una entrega máxima. Pero tenemos todavía José Tomás para unos cuantos años.

¿Sueña con algún momento estelar para esta feria?

No es un sueño es una realidad. Puede ocurrir siempre cualquier cosa. Le diré que en el mundo de los toros estamos esperando un profeta que lleve masivamente el público a la plaza. Ocurre cada veinte años y toca ahora. Mire, en los años veinte apareció Belmonte, en los cuarenta Manolete, en los sesenta el Cordobés, Paco Ojeda en los ochenta y en el 2000 José Tomás. Esperamos la inminente llegada de un profeta que llene las plazas.

¿Cómo tiene que ser?



Son el espejo del momento social. Si ahora es un momento de desconcierto, el próximo profeta será desconcertante. ¿De qué manera? No lo sé.

Y mientras llega (quedan tres años), ¿por qué torero apostaría como triunfador para esta feria?

Ahora hay grandes figuras, cada uno con su clase. Por ejemplo, tenemos la magia de Morante, el poderío del Juli, la frescura y entrega de Roca Rey, la maestría de Enrique Ponce o la estética de Manzanares. Tenemos grandísimas figuras.

Si pudiera recuperar para esta feria a una figura del torero.

Seguramente la figura que más me fascina en la historia del toreo es Juan Belmonte.

Usted apoderó a Cristina Sánchez. ¿Qué diferencia hay entre una torera y un torero?

He conocido tres mujeres toreras, Cristina Sánchez, Maria Sara y Lea Vicens y ¿sabe qué pasa? Que tienen más cojones que los hombres. Son fascinantes. Quiero que mi epitafio sea: aquí descansa el hombre que hacía torear a las mujeres.

Usted tomó la alternativa en Madrid y abandonó al día siguiente. ¿Qué pasó?

No estaba preparado y no tenía técnica. Debutar con caballos en Madrid es un milagro. Ni estuve mal ni estuve bien, sencillamente no estuve. No estaba preparado y yo quería ser figura del toreo. Y le voy a decir un secreto: hoy en día ya soy figura del toreo.

Publicado en AS

Vente pa’ Madrid: Don King Casas, un ring de box y dos rivales muy cordiales 

¿Twins?

De SOL y SOMBRA.

Curro Díaz y José Garrido se reencontraron pero no fue en una plaza de toros, ni en un bar, sino en un ring de box para rememorar el mano a mano de la pasada Feria de Otoño y presentar el nuevo cara a cara que tendrá lugar el Domingo de Resurrección en Las Ventas. 

Él reencuentro fue en el gimnasio Momo de la Caja Mágica de Madrid, en donde los toreros hablaron de sus sensaciones ante su próximo compromiso junto al ganadero Agustín Montes y el Don King del toreo: Simón Casas. El acto estuvo presentado por el periodista Matías Prats, quien conduce la sección de Deportes de Informativos Telecinco, y es también nieto del reconocido periodista que estuvo muy vinculado a la tauromaquia y del que relató varias anécdotas.

Curro Díaz fue el primero en tomar la palabra para afirmar que se encuentra en “un momento muy bueno, muy bonito para volver a Madrid, aunque cuando he pasado por la plaza me he descompuesto.” 

José Garrido, por su parte, explicó: “me considero un artista. La lucha que se lleva es con uno mismo, con superarse. Busco esa consagración y el estar en mi sitio.”

Matías Prats les invitó a recordar la tarde de la Feria de Otoño, y Curro Díaz comentó: “Cada uno tenía su toro y sabía lo que tenía que hacer. La rivalidad está muy bien, pero tenemos rivalidad con nosotros mismos. Iba ganando en volteretas, salía él y empatábamos”. Garrido replicó: “Fue una tarde en la que los dos expusimos todo, expusimos nuestro cuerpo, y se trasladó a una lucha contra un animal. Esa tarde hubo de todo, pero sobre todo, hubo amor propio.

A pesar de que la localización invitaba al enfrentamiento, los dos toreros fueron muy cordiales. “Para ser torero, primero hay que parecerlo. Le tengo mucho respeto, soy muy admirador suyo, soy partidario,” opinó Díaz sobre Garrido. Sus palabras al extremeño el pasado octubre fueron “eres un tío”. “Curro tiene todos mis respetos. Ha sido un torero en el que me he fijado siempre. La clave de esto creo que es el sentimiento y la pasión y él tiene eso”. En resumen, que esto estuvo muy lejos de las conferencias de boxeo que suelen ser muy emocionantes, ya que esta resulto predecible con muchos abrazos y buenos deseos. 

Por su parte el ganadero de Montealto, Agustín Montes, declaró: “Destacaría las hechuras y la nobleza. No siempre sale el toro que yo prefiero pero normalmente, de lo que llevo lidiado, destaco eso. Nunca me han devuelto un toro en Madrid, toco madera, por el cuidado que tengo en preparar la corrida. Yo no soy un ganadero de categoría, en cuanto pase el Domingo de Resurrección puedo estar tan pronto arriba como abajo. No tengo más que esta corrida de toros así que imagínese cómo la estoy cuidando. Con que corten un par de orejas cada uno estoy contento”.

Don King Casas recordó: “Yo presencié el mano a mano de la Feria de Otoño. Fue intenso y apasionante y nos demostraron la primera virtud de los toreros que es la entrega. El espectador sale más culto (sic) de un espectáculo así porque este evento nos transmite valores universales y trascendentales.” 

El presidente de Plaza 1 finalizó su intervención con una apuesta: “Los dos vais a salir a hombros”.

José Garrido aclaró “no quiero verlo salir a hombros y yo andando. Ese es el objetivo. Y aún saliendo a hombros, si yo cortase tres orejas y él dos también sería bonito”.

Entre tantos buenos deseos, el ring,  les quedo grande a los toreros y los tertulianos de la reunión mejor optaron por irse a cenar a un lugar mas acogedor, que para eso somos artistas educados y si alguna vez nos pegamos, será por debajo de la mesa.

Twitter @Twittaurino