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Desafío ganadero en Madrid: Un toro de Saltillo y José Carlos Venegas, la casta y el valor

Venegas en Madrid. Foto Plaza 1. 

Por Carlos Ilián.

En la programación del final de la temporada de verano, anterior a la feria de Otoño, la empresa se ha sacado de la manga un desafío ganadero en el que compiten seis hierros de los clasificados como muy de Madrid. 

Y para empezar se enfrentaron los de Saltillo y Juan Luis Fraile, con claro triunfo saltillero, especialmente por el juego del tercer toro, de nombre Gallito, que después de mansear en cuatro puyazos, se entregó en el quinto y cambió como de la noche al día porque en la muleta humilló y embistió con casta y codicia.

En este toro José Carlos Venegas estuvo a tono con las exigencias del de Saltillo. El torero de Jaen templó y ligó, plantado con firmeza en el toreo sobre la mano derecha, sobre la que fundamentó prácticamente toda su labor, aunque en el toreo al natural dejó un par de apuntes. La gente no le tuvo en cuenta el espadazo haciendo guardia con el que culminó la faena y le pidieron con mucha fuerza una oreja, la misma que paseó con el orgullo de cortársela en Madrid a un toro de verdad encastado.

En el sexto, de Juan Luis Fraile, un torazo de bella lámina y muy mal estilo, se defendió con más agallas que técnica ante las violentas tarascadas del animal y su forma de reponer y rebañar. Pero consiguió, por lo menos, salir ileso ante aquel aluvión de gañafones. 

Como ileso salió también Octavio Chacón después de enfrentarse a un lote imposible, tanto su primero, de Saltillo, cogiendo moscas en derrotes de infarto y midiendo cada embestida, como en el cuarto de Fraile, un toro complicadísimo, con la mirada en el bulto y la cara por las nubes. En ambos toros Chacón muleteó con dignidad.

Pérez Mota del que puedo dar fe de que en alguna ocasión le aprecié condiciones de torero fino y de exquisita muleta, ayer estuvo a la deriva ante la casta del quinto, de Saltillo, un toro exigente al que no encontró nunca ni la distancia, ni el temple y menos aún poderle por bajo. La gente se metió con el chaval de Cádiz, aunque me habría gustado ver con este toro a alguno de los de arriba del escalafón. En su primero, de Fraile, un toro de cara arriba y embestida arisca y cortísima hizo un esfuerzo por correr la mano aunque apenas conseguía remedos de muletazos.

Plaza de Madrid. Desafío ganadero, primera corrida. Un cuarto de entrada. 

Toros de Saltillo (6), encastados, de mucha movilidad y de juego bravo el tercero, y de Juan Luis Fraile (3), muy serios y de complicada y mansa condición. 

Octavio Chacón (5), de nazareno y oro. Dos pinchazos, bajonazo y tres descabellos. Un aviso (silencio). Pinchazo y estocada caída (silencio). 

Pérez Mota(4), de grana y oro. Cuatro pinchazos y bajonazo. Un aviso (silencio). Cinco pinchazos y descabello (pitos). José 

Carlos Venegas (7), de turquesa y oro. Estocada que atraviesa (una oreja). Pinchazo hondo, media estocada atravesada y dos descabellos (silencio).

Publicado en MARCA

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A la conquista de Madrid


Por Ángel González Abad.

El pasado domingo toreó en el madrileño coso de Las Ventas un diestro catalán que esta luchando por abrirse paso. Abel Robles debutaba en la primera plaza del mundo con toda su carga de ilusiones, con la bandera de querer ser torero en una tierra en donde se mezclaron toros y política con toda clase de intereses, tanto que cercenaron la libertad de una afición.

Pues Abel Robles, un chaval que ha salido de la Escuela de Tauromaquia de Cataluña -un milagro que siga viva- desplegó en el ruedo venteño toda su torería, que, a juicio de las crónicas, no fue poca. Los novillos de San Martín que le tocaron en suerte no fueron los mejores para el triunfo, pero el catalán se sobrepuso. Firmeza y elegancia, le han cantado los críticos, que han destacado su buen concepto del toreo y sus formas clásicas. No hubo éxito grande, pero sí dejó ganas de volver a verlo. A punto estuvo de conquistar Madrid.

Y si echamos la vista atrás, quien conquistó Madrid en su presentación fue Enrique Patón, que ahora celebra el cincuenta aniversario de su alternativa. El 3 de septiembre de 1967, de manos de Chamaco, ante Paquirri, y con un toro de Manuel Arranz, un espigado mozo de Figueras se hizo matador de toros en la Monumental de Barcelona. Un torero que dejó escritas buenas páginas en la década en la que luchó enconadamente por alcanzar un lugar de privilegio en el escalafón de matadores. Triunfos y sangre marcaron su carrera, que tuvo el punto final en donde empezó, en una tarde de septiembre, de 1977, en la arena de la plaza de Barcelona. El pasado como hombre vestido de luces, catalán siempre, y el aún presente como importante empresario taurino.

Patón toreó mucho tanto en el coso barcelonés como en las numerosas plazas catalanas que por aquellos años ofrecían una temporada completa. Quiso, ya como empresario, coger las riendas de la Monumental barcelonesa, pero le cerraron el paso. Como a Abel Robles, el joven novillero que no puede pisar su plaza, pero que a punto ha estado de conquistar Madrid. 

Tiempo habrá.

Publicado en ABC 

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Cursilería, amargura y toros 

Simón Casas y la rejoneadora Lea Vicens.
Simón Casas y la rejoneadora Lea Vicens.

Por Jean Palette-Cazajus.

«Hacerle el amor al toro, desde luego es impúdico, es hermoso. Viene hacia nosotros, no para cornearnos sino para amarnos. La muleta se arrastra por el suelo como una lengua que nos invitase a un beso profundo. El espectador se vuelve vouyerista, lo que presenciamos es un coito, un orgasmo colectivo, […] la corrida es vaginal…»

Dentro de la logorrea y la cursilería que tanto abruman la literatura taurina, lo que acaban de leer se sitúa sin duda entre lo más granado del género. Pocos se extrañarán si les digo que acabo de traducir tan antológica pieza del francés. Y a muchos les invadirá una auténtica «schadenfreude» cuando se enteren de que el autor es el impagable Bernard Domb, más conocido en el mundillo taurino como Simón Casas, actual y muy cuestionado gestor de la plaza de Las Ventas. 

Los improbables desbordamientos están extraídos de un libro publicado en 2003 por el polifacético personaje y titulado «Manchas de tinta y de sangre». El caso es que esta misma mañana tropiezo en un conocido blog taurino con un ataque inmisericorde y sin duda justificado contra la gestión de Simon Casas, si bien enhebrado en una retórica patriotera donde, resumiendo, vienen a decirnos, entre más veras que bromas, que el aludido es un daño «colateral» de la invasión napoleónica y del reinado de Pepe Botella. El enconamiento de la agresión antitaurina ha propiciado el auge de un tipo de defensa neo casposa que me provoca erisipela.

Estoy recién salido de la dura experiencia de tener que reflexionar por obligación sobre una hipotética filosofía taurina. Me encuentro confrontado con la declaración de guerra a la tauromaquia recientemente protagonizada por el filósofo francés más mediático, el prolífico Michel Onfray. Espero tener algo de tiempo para reconsiderar ambos eventos. De momento les dejo mi respuesta al cuestionario de la «Revista de Estudios Taurinos», publicada en el reciente número 40, en compañía de otras varias opiniones entre las cuales están las de Pepe Campos, Víctor Gómez Pino Francis Wolff. 

Redactado de prisa y corriendo, no me avergüenzo del todo de un texto que llega a reflejar mis conceptos fundamentales sobre la cuestión, además de mi distancia sideral con cierto tipo de aficionados que nos conducen al precipicio. Descuiden, soy el primero en darme cuenta de mis propios coqueteos con la logorrea y la cursilería. 

En otro momento intentaré exponer mi particular hipótesis sobre las razones por las cuales ni los más prevenidos nos libramos de tan aterradora plaga.  

1)    Qué razones avalan su afición a la fiesta de toros?

En mi caso personal, joven adolescente francés, no cabe negar el papel inicial de lo que se conoce como exotismo. El exotismo es el sueño de una radical exterioridad. Puede ser trivial punto de fuga o basculación de los ejes vitales y de la propia identidad. Lean a Víctor Segalen. Hoy tras compartir mi vida entre ambas naciones, sigo pensando que la corrida es, fundamentalmente, exotismo absoluto.  Entendida como ritual, como misterio en el sentido griego, o como simple espectáculo, «la corrida de muerte» consiste efectivamente en una exteriorización absoluta del sujeto humano fuera de los aplomos cotidianos de su condición básica. 

Descarto el argumento de la belleza. Primero porque solo surge en muy contadas ocasiones. Luego porque es convención. La tauromaquia no es retórica. Es la respuesta del logos a la etología del toro. En el ruedo reinan las reglas. Si surge la belleza no será perceptible para quien las desconozca. No hay belleza sin educación previa. En los Toros, la belleza es la respuesta fácil que acalla las preguntas complicadas. Antes que de educación, convendría hablar aquí de «iniciación». La excepcionalidad de la corrida de toros se basa en una transgresión fundamental. En la sociedad del simulacro y de la realidad «virtual», la corrida expone, única, la obscenidad de la muerte. La conciencia del aficionado más básico debe estar modelada por esta sagrada premisa.

Intuí desde un principio que las palabras básicas, contradictorias, conflictivas que denotaban la corrida de toros, muerte, peligro, belleza, tragedia, sangre, entusiasmo, aburrimiento, vulgaridad, cutrez, verdad, mentira… perdían todo sentido consideradas una por una. La corrida de toros es, parodiemos a Marcel Mauss, un «hecho existencial total». Por ello, siempre resultará un proyecto aporético intentar explicarla. Las circunstancias actuales me empujan a procurar entender lo que ella explica de mí.

2)    ¿Qué opina de las circunstancias actuales que están viviendo las fiestas de toros?

La sensibilidad zoófila se ha apoderado de los siquismos humanos. Se trata de una ruptura epistemológica y deóntica brutal. La temática de los llamados derechos animales ocupa el primer plano de las preocupaciones en la sociedad posoccidental. Una sociedad ilusa, atomizada en mónadas egoístas, de pronto asustada por el pitón buido de la razón y tentada por el necio refugio en el cascarón de las creencias autocompasivas. Algunos piensan así conjurar la violencia intraespecífica que define nuestra condición. Califican de culminación del proceso de civilización lo que son, al contrario, los síntomas de su crisis agónica. Sus salmodias lastimeras calan hondo en un abanico que va desde el fervor místico a la indiferencia benevolente. Tal ideología se extiende de forma viral y hace buena las teorías de Richard Dawkins sobre la replicación cultural de los llamados «memes».

Mientras, buena parte de la afición honra el verso machadiano y «desprecia cuanto ignora». Nada quiere saber sobre sus adversarios, ni quiénes, ni cómo, ni cuántos. Semejantes tropas suelen ser el plato favorito de los desastres. Piensan enfrentarse a una secta necia y minoritaria. Y sin embargo ven, día tras día, los estragos de su capacidad de influencia, ven como la sociedad se define mayoritariamente opuesta o indiferente a los toros. La pereza discursiva se acuerda entonces del viejo compló judeomasónico, resucitado hoy en catalanopodemita. Aires de caverna miope y oscurantista  soplan sobre tal afición. 

Creen defender la Fiesta y la trivializan. Son los primeros en tapar su grandeza. Su  rancia retórica oculta el temor a enfrentarse a la gravedad de esta relación a vida o muerte con «la sustancia peligrosa de los seres vivos», palabras de Lévi Strauss. Hace años que afirmo que todo aficionado dotado del cupo neuronal reglamentario es alguien que sólo puede cabalgar inconfortablemente en el filo de la navaja entre el Sí y el No. Quienes no renunciaremos nunca a «la funesta manía de discurrir» sabemos que la corrida de toros es un terrible lecho de Procusto para la mente humana. Formo parte de quienes, al final, consideran no obstante que la aportación de los toros a la inexplicable anomalía humana inclina positivamente el fiel de la balanza.

La paleoantropología y la biología evolutivas, la ecología del comportamiento, las neurociencias son cada vez más aptas para desbaratar las obsesiones antropomórficas del lamento animalista. Tal afirmación sólo le puede resultar contraintuitiva al dueño de un cerebro previamente colonizado por semejantes dogmas. No soy el primero en negar toda dualidad ontológica de las sustancias entre el hombre y el animal. O en recusar la intervención de toda trascendencia  en el debate. Pero precisamente porque el hombre ocupa, en tanto que uno más en la cadena de los seres vivos, su sitio en la evolución del genoma, es más fácil evidenciar la inconmensurabilidad de destino entre cualquiera de las especies animales y los factores autopoiéticos y emergentes que propiciaron la particularidad humana. Sólo desde la fe antropomórfica se puede pretender que las citadas ciencias contribuyen a borrar las fronteras entre hombre y animal. Creo que, muy al contrario, van afianzando cada día la realidad de una frontera tan inexorable como irreductible.

Un buen natural, siempre que el toro «no se deje» ¡claro!, puede calificarse de neguentrópico. El toreo sirve para reactivar en cada ocasión el núcleo fisible del tiempo y de la muerte. El bifaz lítico anunció la hominización. Chronos/Thanatos configuran el bifaz existencial que anuncia y fataliza la humana condición. El primate se hominizó cuando accedió al tiempo, es decir a la convivencia -¿la connivencia?- con la muerte. Tiempo y muerte sedimentaron durante milenios en el espesor geológico del lenguaje. Por eso no debemos dudar de que el contenido existencial de cada especie reside por entero en lo que cada ejemplar sea capaz de decir de sí mismo. De modo que el toro muere, pero sólo el hombre es mortal. La «creación» es muda, los animalistas burdos ventrílocuos.

Ni siquiera el hombre acaba de acceder a la total conciencia de su finitud. Su animalidad constitutiva le borra parcial y afortunadamente la nitidez de su horizonte mortal. Si tuviéramos cabal conciencia de tal e inmenso absurdo, la vida se nos haría literalmente imposible. Los ingenuos siempre pensaron que el devenir de la especie iría aportando paz y respuestas a sus preguntas. El devenir sólo invalida las viejas respuestas y carga de tormentas las nuevas preguntas. Prohibir la corrida de toros no supondría acabar con una respuesta inconveniente sino abortar una pregunta necesaria. La corrida de toros, es así la mejor vacuna contra las ilusiones mortales de quienes esperan respuestas desde el porvenir o la historia. En nuestro tiempo, como en el de los estoicos, la respuesta no tiene pregunta, la pregunta no tiene respuesta y sólo cabe confiar en la capacidad torera del alma propia.

3)    ¿Qué soluciones daría para incentivar en la sociedad del siglo XXI las fiestas de toros?

Muchas cosas deberían cambiar para que la corrida de toros saliera viva del siglo XXI. Me pierdo en la historia del hombre y me voy sin evocar siquiera la necrosis interna de la Fiesta actual, sus menguantes públicos papanatas, sus  toros precocinados y su toreo fraudulento. Suena el tercer aviso sin tiempo para explicar por qué, cualquier medida positiva en los toros, sería siempre aquella que suscite el rechazo unánime de empresarios, ganaderos y toreros. Si la Fiesta Brava puede salvarse lo tendrá que hacer contra todas sus letales rutinas. De momento la única pregunta seria es la de saber quién acabará primero con los ritos táuricos, si el cáncer en las propias entrañas o la agresión exterior. No por ello debe aflojar nuestra voluntad de defender la tauromaquia. Recordemos a Camus y «El mito de Sísifo ». Vivimus quia absurdum.

Publicado en Salmonetes ya no nos quedan.

Alfonso Cadaval: “Tenemos que ir a las plazas importantes sin rodaje” 


El novillero sevillano ha visto caer en el olvido la oreja que cortó y que le aupó como triunfador del ciclo de novilladas de promoción de la Maestranza. Cadaval habla de la difícil situación que atraviesa la cantera: “Tenemos que ir a las plazas importantes sin rodaje”.

Por Maria Vallejo.

Veintitrés abriles y un año y quince minutos como novillero con picadores han sido suficientes para que Alfonso Cadaval haya visto salir las dos caras de la moneda que, cada tarde, los toreros lanzan al aire. La faz almidonada del metal de la fortuna le sacó a hombros hace poco menos de un año de la plaza de toros de Ronda. Y le vio pasear el anillo maestrante, oreja en mano, el pasado 22 de junio. La cara áspera, en cambio, (que antes ya de que debutara con los de a caballo dio jaque a la femoral del joven torero con una cornada de 20 centímetros que le diseccionó la arteria) le mantiene ahora fuera de muchas de las plazas que deberían abrirse con la llave maestra de un trofeo hispalense.

“En Sevilla viví una tarde importante, tanto para mí como para el público, porque creo que mucha gente se dio cuenta del torero que quiero ser. Pero lo cierto es que no ha tenido la repercusión que antes tenía una oreja en la Maestranza”, dice Cadaval, antes de repasar una temporada que apuntaba un ritmo prometedor para el cuentarrevoluciones de cualquier novillero: “El inicio de este año fue bastante bueno. En Valencia, me sentí muy bien y, si el toro no hubiera tardado en doblar, le hubiera cortado una oreja. Después di dos tardes en Sevilla muy serias y completas. Pero parece que a algunos les cuesta creer que realmente quiero ser torero”.

Y lo cierto es que es tremendamente difícil pensar que aún queden jóvenes que, como Alfonso, estén dispuestos a consagrar la etapa dorada de su vida a algo tan complejo y poco agradecido como son los inicios de la carrera de un torero. “Abrirse hueco en el escalafón novilleril es súper complicado. No sólo para mí, para todos mis compañeros. Las oportunidades son muy escasas y tenemos que ir a las plazas importantes sin a penas tener rodaje. Creo que esas no las condiciones ideales, pero no nos queda más que adaptarnos a la situación que atraviesa la Fiesta con respecto a los novilleros”, afirma el joven sevillano.

Una situación que bien se puede resumir en la complicada ecuación que el sistema actual exige a los que empiezan: hacer cestos cada vez más fuertes con un número decreciente de mimbres. “Hay dos plazas que marcan la diferencia: Madrid y Sevilla. Tenemos el ejemplo de mi compañero Colombo. Tuvo una actuación muy importante en San Isidro y ha entrado en todos los sitios. Yo, en cambio, he sido triunfador en Sevilla y no ha habido repercusión alguna”, dice el novillero que, aunque confiesa que “es duro” ver cómo los grandes puertos de montaña pierden alcance, no se arredra ante las dificultades: “Hay que afrontarlo y seguir trabajando. No pasa absolutamente nada”.

Ese trabajo es el que Cadaval tendrá que poner a prueba en la recta final de la temporada: “El 25 de agosto toreo en Collado Mediano. Después estoy anunciado en Soria, en varios pueblos de los alrededores de Madrid y, si Dios quiere, en las novilladas de Arnedo. Parece que el mes de septiembre va a traer más oportunidades, por eso mi objetivo es hacer un buen final de temporada y, de cara al próximo año, plantearme la idea de debutar en Madrid”, dice Alfonso. Que no sólo busca “el clasicismo y la pureza” en los ruedos, sino también en su andadura hasta llegar a ellos. Por eso no ha pisado aún arena venteña. Por que, dice, “no se puede ir a Madrid para pasar por pasar. Hay que llegar rodado [como antaño permitía el panorama] y capacitado para destacar y triunfar”.

Fuente: El Mundo 

Las puertas grandes de un Cesar del toreo por Joaquín Vidal 

Seis veces ha salido Rincón por la puerta grande de Las Ventas. Las cinco primeras fueron narradas así en EL PAÍS por Joaquín Vidal.

– 21 de mayo de 1991. Toros de Baltasar Ibán. “La apoteosis se le venía encima a Rincón, y seguramente no se lo podía creer. El toro caía fulminado por efecto de una estocada mala, pero el éxito estaba conseguido, y ya flotaba Rincón entre las blancas nubes de la gloria. Le abrazaban las cuadrillas y el apoderado levitaba entre barreras con cara de querubín, mientras trepidaba el coso”.

– 22 de mayo de 1991. Toros de Murteira Grave. “El rinconismo ha surgido y se ha propagado con tanta rapidez, que en Madrid ya tiene mayoría absoluta y los militantes, por defender al titular de la causa, serían capaces de pegarse con su padre. A lo mejor, alguno se ha pegado ya”.

– 6 de junio de 1991. Corrida de Beneficencia. Mano a mano con Ortega Cano. “Tanto Ortega como Rincón mantuvieron una competencia a la antigua. (…) Rincón sorprendió con unas inusuales tijerillas de sobresalto, y al abrocharlas con una barroca revolera, se iba de la cara del toro igual de jacarandoso que si hubiera mamado el toreo en el corazón de Triana”.

– 1 de octubre de 1991. Un toro de João Moura. “¡Torero, torero!’, gritaba el público hasta enronquecer, como si estuviera fuera de sí… Quizá estaba fuera de sí. La casta torera de un diestro colombiano que ya fue el asombro de este mismo coso unos meses atrás, había provocado aquel delirio, aquella especie de locura colectiva, la gran conmoción, que abrirá uno de los más importantes capítulos en la historia de la tauromaquia”.

– 29 de mayo de 1995. Un toro de Astolfi. “Rincón se recreció; desafió al encastado toro de Astolfi; prolongó la faena; no llegaba el aviso, que ya correspondía; se llevó el toro al tercio mediante ayudados por bajo muy toreros. Y, al cobrar una excelente estocada, el mundo se iba a venir abajo”.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de mayo de 2005

Recuerdo a un grande, lágrimas a un amigo: “Va por tí Ivan Fandiño”

La plaza de toros de Las Ventas, en Madrid, acoge este lunes un funeral por Iván Fandiño, que murió el pasado 17 de junio en la plaza de toros francesa de Aire Sur L’Adour, según ha informado el Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid en un comunicado. La Federación Taurina de la Comunidad de Madrid, la Unión de Toreros, la Unión Nacional de Picadores y Banderilleros de España y distintas asociaciones de aficionados y abonados de la plaza de toros de Las Ventas, con la colaboración del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, han organizado la ceremonia, que tendrá lugar un mes después de la muerte del torero. En la ceremonia también serán recordados otros dos toreros fallecidos recientemente: Sebastián Palomo Linares y Gregorio Sánchez.

Lo que daría yo por empezar de nuevo…
Por volver a esas capeas en las que me ilusionó el toreo, y no un toreo cualquiera sino “TU TOREO”. Ese que tenía tanta verdad y pureza que erizaba la piel y que consiguió que te admirase desde el primer día que te ví en aquella plaza de pueblo.

Lo que daría yo…por volver a ver tu lucha, esfuerzo y sacrificio, que era el espejo donde mirarme para salir adelante día a día, porque si tú podías con todo, yo también tenía que intentarlo. Ser “Fandiñista” no era sólo seguirte como torero, era y es mucho más, es una forma de vida guiada por la honestidad y la fidelidad a unos principios y valores. Forma de vida que tú nos enseñaste y que a partir de ahora será tu legado… “Con el corazón seguro”.

Lo que daría yo… por volver, a disfrutar de tus triunfos, y ver esa carita de felicidad, orgullo y satisfacción por el trabajo bien hecho. Momentos en los que todos querían estar a tu lado, ensalzarte y adularte, pero tú sólo querías tomarte un simple “McFlurry” con los tuyos, los de siempre; sin más.

Lo que daría yo… por volver a acompañarte en tus batallas perdidas, cuando las legiones que te izaban en volandas al principio, se diluían cual nube de humo, al verte caído. E incluso cambiaban de bando para ahondar en la herida. Pero al final te levantabas…SIEMPRE te levantabas.

Lo que daría yo… por volver a verte con él, con Néstor: tu mentor, tu apoderado, tu amigo, tu hermano. Codo con codo, con esos gestos de complicidad que sólo vosotros entendíais y qué bien entendíais….Ese tándem indisoluble , que era y será la envidia de muchos, que no encontraran algo parecido ni en los mejores de sus sueños.

Lo que daría yo… por verte de nuevo…, como esa última tarde de gran toreo en Plasencia, una semana antes de la tragedia, en la que el destino me regaló el honor de poder despedirme de tí, sin saberlo, quedándome en el recuerdo SIEMPRE, esa sonrisa y ese abrazo sincero que me diste al verme.

Lo que daría yo… por empezar de nuevo Iván…, porque esa tarde del 17 de Junio se borrara de nuestras vidas, esas que dejaste vacías para siempre, y fuera sólo un sueño…un mal sueño.

Lo que daría yo… porque vieras cómo te llora hoy todo el toreo. Pasaste a formar parte de la historia de la Tauromaquia como querías, sin ser uno más. Incluso esos que ayer te cuestionaban y vilipendiaban, ahora….también te lloran y homenajean. Quizás tarde, quizás por compromiso, quizás por protagonismo,… pero te lloran y te homenajean. Hasta eso has sido capaz de conseguir, maestro.

Te fuiste pronto león, muy pronto, cuando aún tenías muchas cosas que dar y que recibir. Allá donde estés no dejes de proteger a tu familia, a tu mujer, a tu pequeña, a tus amigos,… no dejes de protegernos a todos, y en especial a él…tu otra mitad, tu “APO”…la vida también se le fue contigo.

Lo que daría yo mi león, por empezar de nuevo….GRACIAS por tanto amigo.

Hasta siempre TORERO, AGUR Iván!!! #OrgulloFandiñista Eterno.

Yolanda Lario López.

Las Ventas: Colombo, el torero de Venezuela que pisa fuerte en España

Colombo. Foto Plaza 1.

Por Rosario Pérez.

Año I después de Víctor Barrio, eterno Víctor Barrio. Las Ventas guardó un minuto un silencio en su memoria, una memoria de nostalgias y realidades de la dureza de la Fiesta. Minutos antes del paseíllo en Madrid, Pablo Saugar “Pirri” sufría un tremendo tabacazo en Pamplona, hacia donde se dirigían las miradas y las llamadas en los móviles de profesionales y aficionados. Qué año más duro, con la fatal cornada a Iván Fandiño reciente y presente… Un Fandiño “de” esta plaza, donde merece, tal y como han pedido miles de aficionados en change.org, un azulejo que inmortalice su nombre.

Mientras se avivaban los recuerdos más crudos del toreo, entre los comentarios de los espectadores, las miradas de veteranos banderilleros en el tendido y el verbo mudo de la preocupación por Pirri y a la vez de la ilusión por ver a tres jóvenes esperanzas, apareció el primer novillo de Fernando Peña, que lidió un conjunto de buen juego en líneas generales, con alguno estupendo.

Además de la interesante novillada, la tarde tuvo otro nombre de interés: Jesús Enrique Colombo, cosecha venezolana del 97, natural de San Cristóbal. El joven de Venezuela pisó fuerte y dio otro toque de atención en la capital, como hace unos días hiciese en San Fermín. Colombo, siempre dispuesto, desplegó todo su repertorio. Si ya tuvo una entonada actuación en el tercero -el de menos fondo y raza de la parte inicial del festejo-, en el sexto ofreció todo y más con un novillo, bautizado como “Alfeñique“, de calidad y virtudes, que pecó de contada fortaleza.

Se lució con desparpajo en la bienvenida a este último, con verónicas enlazadas a chicuelinas y una revolera de broche. Un alboroto formó enbanderillas, con pares de todas las marcas y uno meritísimo al quiebro por dentro -en el anterior dejó uno sobresaliente-. A por todas, echó las dos rodillas por tierra en la muleta, aunque flaqueó “Alfeñique“… Colombo, dipuesto, seguro y con asiento, buscó siempre el temple que pedía el novillo e incluso dibujó algunos muletazos con desmayo, combinados con otros de más largura. No falló con el arma que sella todo y enterró un estoconazo que hizo flamear los pañuelos.

El novillero de Venezuela, que viene a España para quedarse y ser torero de todas partes, paseó el único trofeo de tarde, aunque los de Fernando Peña ofrecieron varias orejas… Pese a la voluntad de sus compañeros de terna, se atisbó la falta de oficio, cosa no extraña en los tiempos que corren para los novilleros y sus pocas oportunidades, y no pudo materializarse ningún triunfo más.

Santana Claros dejó detalles sueltos en su su presentación en la Monumental con un notable novillo, en el que corrió la mano en una estimable serie diestra dentro de una labor desigual. Bello y con cierta hondura el prólogo al cuarto, se evidenció la personalidad del malagueño y su persecución del arte en ese modo de componer los muletazos, con un par de trincherillas de gusto ante un animal con opciones. Con la espada necesita mucho carretón…

Daniel Crespo se lentificó en el saludo a la verónica al segundo, con una bonita media. Aunque se notó su escaso rodaje, apuntó esperanzadoras maneras en la muleta frente a un gran “Rinconclaro”, con sus casta y sus exigencias. Con rebrincado quinto, que se movió sin clase, el gaditano mostró sus modos clásicos sin terminar de dominar al rival.

FICHA

MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Domingo, 9 de julio de 2017. Un cuarto de entrada. Novillos de Fernando Peña, bien presentados y de buen juego en conjunto.

SANTANA CLAROS, de verde y oro. Pinchazo hondo y estocada (silencio). En el cuarto, tres pinchazos y otro hondo. Aviso (silencio).

DANIEL CRESPO, de verde y oro. Estocada y dos descabellos (silencio). En el quinto, dos pinchazos, media y descabello. Aviso (silencio).

JESÚS ENRIQUE COLOMBO, de azul pavo y oro. Estocada caída (ovación). En el sexto, estoconazo (oreja).

Se guardó un minuto de silencio en memoria de Víctor Barrio.

Publicado en ABC

El cierre fallido de la plaza de Las Ventas está plagado de puntos oscuros


Por Antonio Lorca.

Da la impresión de que la supuesta noticia del fallido cierre de la plaza de Las Ventas es una broma de mal gusto, o, quién sabe si una muy seria amenaza que se pretende cerrar en falso. O, tal vez, la estrategia bien diseñada del equipo de gobierno, profundamente antitaurino, del Ayuntamiento de Madrid.

Lo que está claro es que se le ha dado un carpetazo de silencio, como si aquí no hubiera pasado nada. Y así no debe ser porque son muchos los puntos oscuros, y más que suficiente la preocupación generada por una exclusiva periodística rápidamente desmentida en la que, al parecer, erraron sus autores y todos los medios, incluido este, que dieron por buena la noticia sin que estuviera convenientemente contrastada.

¿O, acaso, era cierto el anuncio del cierre y sus responsables han preferido esconder la cabeza debajo del ala antes que afrontar el escándalo de un cerrojazo que hubiera sido letal para la fiesta de los toros?

Sea como fuere, el asunto huele a chamusquina. Algo pasa y nadie quiere contarlo: ni la Comunidad de Madrid, propietaria de la plaza, ni el Ayuntamiento, que dice poseer informes que ponen en entredicho la seguridad del edificio, ni la empresa arrendataria, Plaza1, que guarda un silencio más que sospechoso desde que se conocieron los supuestos hechos.

¿Acaso Las Ventas sufre problemas estructurales que supongan una seria e inminente amenaza?

Es llamativo que, a estas alturas, el Consejero de Presidencia y portavoz del Gobierno de la Comunidad, Ángel Garrido, no haya comparecido ante la opinión pública para contar lo que hay que verdad en este asunto. Se ha limitado a apagar el fuego inicial, y ha asegurado que la temporada taurina no se interrumpirá y que las obras de rehabilitación se llevarán a cabo en los meses no taurinos.

Pero, ¿qué obras? ¿Cuál es la situación real de un edificio que se construyó en 1929 y que, aparentemente, se mantiene en buenas condiciones para la celebración de espectáculos taurinos? ¿Acaso Las Ventas sufre problemas estructurales que supongan una inminente amenaza para las personas que a ella acuden? No parece que así sea porque carecería de sentido que se hubiera permitido la reciente celebración de la Feria de San Isidro, por la que han pasado casi 650.000 personas

Otro asunto: ¿cuánto dinero y en qué ha invertido la Diputación Provincial de Madrid -propietaria hasta la implantación del estado autonómico-, primero, y la Comunidad, después, en el mantenimiento de un edificio que ha ingresado muchos millones de pesetas y de euros en las arcas públicas madrileñas?

¿Cuánto dinero ha invertido la Comunidad en el mantenimiento del edificio?

¿Está la plaza de Las Ventas en peligro de derrumbe? ¿Son tan graves sus carencias como para que alguna institución se haya planteado un cierre temporal y prolongado? ¿Sí o no?

¿O se trata, acaso, de una estrategia del Ayuntamiento que pretende fastidiar el uso continuado de la plaza de toros por la imperiosa necesidad de acomodarla a las medidas contra incendios y accesibilidad que impone la normativa actual?

Y queda un tercer implicado: la empresa Plaza1, presidida por Simón Casas, que no ha abierto la boca desde que la noticia desmentida apareció en la calle. Extraño comportamiento, al menos.

Circula un rumor y, como tal, no confirmado, de que los resultados económicos de la pasada feria madrileña no han sido los esperados y que ello, unido a la prohibición municipal de que se celebren espectáculos no taurinos -en los que Plaza1 tenía puestas todas sus esperanzas- hasta que el edificio se acomode a la normativa de seguridad, han colocado a la arrendataria en una situación crítica, de modo que no le hubiera venido mal el cierre de la plaza, lo que hubiera supuesto un ahorro de costes y nuevas pérdidas.

Pero quedan otras incógnitas.

¿Concedió la Comunidad la plaza de toros a una empresa solvente con capacidad para afrontar una feria de San Isidro con una cuenta de resultados adversa?

¿Conocía la empresa que pilotan Simón Casas y Nautalia que no iba a poder organizar espectáculos no taurinos hasta que el edificio no se adecúe a normativa de seguridad y accesibilidad municipal?

En fin, que no son pocos los puntos oscuros que se mueven en torno a la situación de la plaza de toros; y, de todos ellos, el peor es el silencio de las partes implicadas.

El aficionado -el espectador, el ciudadano- tiene derecho a saber cuáles son los problemas reales que obligan a acometer obras que algún medio ha cifrado en cinco millones de euros y la pérdida de cinco mil localidades; si son obras de calado estructural, lo que obligaría a la suspensión -también-de festejos taurinos, o no. Y tiene derecho, claro que sí, a saber si los millones que las arcas públicas madrileñas han recibido de la gestión de Las Ventas se ha dedicado, como manda la ley de Presupuestos autonómica, a la conservación y mejora de la plaza.

En fin, que alguien se ha equivocado gravemente al filtrar una información tan supuestamente errónea como escandalosa; o, lo que es más grave, la Comunidad permite que los aficionados a los toros ocupen un edificio en ruina.

De lo que no cabe la menor duda es que este turbio asunto debe ser aclarado cuanto antes. Todo lo demás, es otra falta de respeto a la tauromaquia y a sus muchos seguidores. Y quién sabe si una peligrosa irresponsabilidad.

Publicado en El País