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Solo para Villamelones: Los toreros emergentes

Sergio Flores en Las Ventas el pasado San Isidro.

Por Manuel Naredo.

Tan inmersos solemos estar en los aconteceres cotidianos de la Fiesta, que realmente muy poco miramos hacia el futuro inmediato; nos atraen los triunfos y sinsabores de las llamadas figuras, pero reparamos un mínimo en aquellos que, apenas detrás, se están significando como sus sucesores.

¿Quiénes son esos toreros, tanto aquí como fuera de nuestras fronteras, que atendiendo a sus características, podrían convertirse en las inmediatas figuras del toreo mundial? He aquí algunos nombres.

Ginés Marín, joven torero jerezano, aunque criado en Olivenza, de apenas de veintiún años. Le nació el gusto por el toreo viendo a su padre, quien se desempeñó como picador de segunda profesión. Egresado de la Escuela Taurina de Badajoz, tomó la alternativa en Nimes de manos de Morante de la Puebla, luego de haber encabezado el escalafón novilleril. Ha tenido rotundos triunfos en plazas españolas y francesas de primera importancia, incluyendo la de Las Ventas de Madrid.

José Garrido, de Badajoz, aunque con ascendencia cordobesa, y con veinticuatro años de edad, se doctoró en Sevilla de manos de Enrique Ponce, luego de que, como novillero, se hiciese llamar “Gallero”; su padre fue mayoral de los caballos Domecq y eso propició que el torero, además, sea un gran jinete. Mantiene una relación amorosa con la diseñadora María José Espinosa, una de las hijas de Fermín Espinosa, Armillita.

Andrés Roca Rey, nieto del por muchos años empresario de la plaza de toros de la capital peruana, tierra natal del diestro, es también hermano menor de otro torero, Fernando, y se ha convertido en el fenómeno de taquilla más importante del mundo, gracias a su personalidad y a los múltiples triunfos en casi todas las plazas donde se presenta. Tiene apenas veintiún años y tomó la alternativa en Nimes de manos de Enrique Ponce.

Jesús Enrique Colombo, nacido en Táchira, Venezuela, y con apenas veinte años, mató su primer becerro a los diez años. Hace escasos nueve meses le cedió los trastos como matador de toros el francés Sebastián Castella en Zaragoza, luego de una temporada novilleril plagada de triunfos y reconocimientos.

Sergio Flores, nació en Apizaco, Tlaxcala, hace veintisiete años, y ha sido un ejemplo de empeño y tenacidad, sobre todo a lo largo de varias temporadas novilleriles en Europa, donde finalmente tomó la alternativa, de manos de Julián López, El Juli, en la plaza francesa de Bayona. Sus reiterados triunfos en cosos mexicanos lo han convertido en un atractivo especial en los carteles nacionales.

Luis David Adame, hermano menor de Joselito, apenas tiene diecinueve años y nació en la capital de Aguascalientes; se ha hecho en España y Francia, país donde se doctoró, teniendo como padrino a Alejandro Talavante, en el histórico coso de Nimes. Ha mantenido, desde entonces, una intensa actividad, primero en su tierra natal y después en Europa, donde se está labrando su propia y particular carrera.

Todos ellos son apenas unos nombres de quienes, seguramente, estarán encabezando la baraja taurina de ambos lados del Atlántico, aunque algunos de ellos, quizá, sólo podrán hacerlo en su propia tierra, y algún otro lo haga ya, de manera contundente, en todos los sitios.

Es la nueva generación de toreros emergentes que acaso vengan a ocupar los primeros sitios de quienes están por irse.

Publicado en Diario de Querétaro

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«El Dorado» del toreo: del sueño a la realidad de la Fiesta

Las Ventas, una tarde de lleno en San Isidro – Paloma Aguilar.

Por Rosario Pérez – ABC.

Cuenta la historia que en el siglo XVI se generó una leyenda entre los primeros descubridores del Nuevo Mundo: había un pueblo en el que todo era dorado, un lugar donde los reyes eran cubiertos con oro en polvo a su muerte como ofrenda a los dioses. Esta deslumbrante urbe se localizaba en medio de la jungla, posiblemente en la zona central de la Nueva Granada, actual territorio de Colombia, aunque dependiendo del origen o la época de la versión, lo mismo se sitúa en Cundinamarca que en alguna zona de Venezuela, en la selva amazónica o en los mismos Andes. Variaba según la febril imaginación y la codiciosa mirada de algunos exasperados conquistadores.

Aquí, en España, la tauromaquia vivió su particular «Dorado» entre los años 50 y 70 del siglo pasado (sí, había menos oferta de ocio). Las plazas se llenaban, los toreros formaban parte de la cultura y la sociedad, y el toreo competía con el fútbol y el boxeo como mayor espectáculo de masas de un país que resurgía de sus propias cenizas. Los ochenta sufrieron su crisis, superada a principios de este siglo. En aquella época dorada las plazas se llenaban con el mero hecho de anunciar el cartel en una pizarra con tres o cuatro días de antelación. Al rebufo de esta ola fervorosa por las corridas, surgieron geniales empresarios que utilizaron el ingenio y una gran pasión para llevar nuestra Fiesta hasta cotas inimaginables. Hubo también grandiosas figuras, aunque en eso las épocas no son tan distintas y, lógicamente, los había con inmenso tirón como El Cordobés y otros con mucho menos.

Pliego intervencionista

Aún en 2018, algunos todavía sueñan con ese «Dorado» que nos contaban, aunque no son pocos los que empiezan a pensar que es tan irreal como aquel que imaginaron los conquistadores de las Américas. Y lo es porque la Fiesta se ha desestructurado. Toreros, empresarios y ganaderos van por caminos distintos y encontrados, cada vez más alejados. Los políticos utilizan el toreo como moneda de cambio y se sientan al sol que más calienta. Madrid, capital del toro, ha estirado como una goma San Isidro, tratando de paliar un pliego recaudatorio y nocivo para la Fiesta, que por primera vez en muchos años ha sobrepasado por poco la media plaza en festejos del abono del Santo. Bilbao busca la gestión privada tratando de huir de los desmanes de un modelo desgastado. Sevilla vive un modelo basado en un antiguo contrato y mantiene una delicada (aunque resistente a la par) salud, y a Valencia le ha tomado el pulso la misma empresa que no termina de cogérselo a la Monumental madrileña, con una oferta desorbitada en el último concurso. Un poco a la desesperada, se ha recurrido en Otoño a la fórmula del bombo para reclamar la atención del público: a ver si las figuras recogen el guante… Como algo puntual y novedoso, que ya se sabe que el manda elige y no es amigo de loterías… Pues estos son los cuatro ases de la baraja en los que se sustenta el toreo.

Pamplona es punto y aparte: allí encontraron su Dorado particular a mediados del siglo pasado, ayudados por un Nobel norteamericano, y siguen abarrotando los tendidos 70 años después. El resto de las plazas luchan por sobrevivir a los ataques antitaurinos, algunos caprichos de varias figuras y la renovación de un modelo que ya no da para más. Los años ochenta vivieron una gran crisis taurina y de identidad, pero la muerte en la plaza de Paquirri y Yiyo reforzó y dio credibilidad a cuanto acontecía en el ruedo y los públicos volvieron a las plazas. Por desgracia, hemos vuelto a vivir la tragedia de dos toreros caídos en la arena, pero no parece que aquel relanzamiento se repita. Tres décadas después, tenemos una sociedad cada día más desnaturalizada, a la que preocupa más las proteínas que aportamos a la alimentación de nuestro Cocker que el drama que viven los niños en Siria, donde en lo que va de 2018 han muerto más de mil pequeños, según datos de Naciones Unidas.

Alternativas de los carteles

Volvamos a la tauromaquia: en este triunvirato de poderes en el que se sustenta, los empresarios son quizá la pata más coja del banco. Componer carteles se ha convertido en una quimera basada en los intereses de un reducido grupo de figuras que dominan a su antojo los restos de aquel «Dorado» de hace 60 años. Salvo la excepción de Roca Rey, las ferias se componen por toreros y carteles que se repiten durante casi décadas y no generan la expectación soñada. El paso a los jóvenes es testimonial. El argumento simple: «No interesan». ¿Alguien se preocupó de que interesaran los noveles? Para muestra, un botón.

Analizados algunos carteles de plazas significativas y variadas de primera y segunda categoría, en lo que va de temporada los resultados son esclarecedores: Castellón arroja una media de 16 años de alternativa por actuante; Valencia, 12; Sevilla, 14; Madrid, 11; Algeciras, 12; Burgos, 15; y Pamplona, 12. Con 27 carteles en los que sus actuantes suman más de 40 años de alternativa y algunas puntas de iceberg alarmantes, en la Maestranza dos carteles alcanzaron los 60 años de alternativa, 57 en Burgos, 52 en Valencia y 50 en Madrid. Otro dato más es que en Sevilla 24 de los 45 puestos disponibles (más del 50%) los copan diestros que estuvieron ya anunciados en la feria de 2007… ¿Dónde está la regeneración?

Desglosemos por años de alternativa los 15 primeros puestos del escalafón actual de matadores de toros. Desde Roca Rey, que lo lidera, hasta Román, que cierra ese top 15, arroja una media de casi 15 años de alternativa por coleta, con trece diestros por encima de los 10 años, nueve por encima de los 15, cinco por encima de los 20 y ¡solo! tres por debajo de dichos años de doctorado.

El porqué de tan delicada situación

Las cifras asustan por sí mismas, pero convendría analizar el porqué se ha llegado a esta delicada situación. Si analizamos la pirámide de abajo hacia arriba, la base la componen los matadores como máximos responsables de lo bueno y lo malo de cuanto acontece en la plaza, pero sería muy injusto generalizar, puesto que el escalafón 2017 lo compusieron 157 matadores (156 para ser exactos, puesto que uno de ellos, el que logró un lleno histórico en Madrid pore el camino de la independencia y saliéndose del «sota, caballo y rey» ya no está entre nosotros). Y nos atreveríamos a afirmar que no más de diez ven rentabilizados económicamente los esfuerzos y sacrificios realizados en la plaza. Alrededor de otra veintena viven dignamente de su profesión y los más de 120 restantes compatibilizan la tauromaquia con otras profesiones para poder llegar a fin de mes.

La liga novilleril

El caso de los novilleros es capítulo aparte: el caos y abandono de la liga juvenil es para hacérselo mirar. Y eso es lo que sucede: miran al lado y echan la culpa al siguiente. Mientras tanto, la solución de esos casi 200 novilleros con picadores es precaria y sin ninguna solución a corto plazo, salvo la esperanza de que surja algún genio, hecho que ocurre cada vez menos… Muchas veces tendemos a juzgar con demasiada severidad a imberbes que se ponen en Madrid delante de un ¿novillo? con más cuajo y seriedad del toro que matan en plazas de segunda y algunas de primera las figuras (el sobrero de Espartaco de la final de las nocturnas es un claro ejemplo). Chavales sin apenas bagaje y cuya recompensa económica son los mínimos de un convenio con el que, si les da por estrenar un vestido, salen del hotel en negativo. No son ellos los culpables de su poca experiencia, a los principales responsables no les suena ni el cinco por ciento de estos proyectos de toreros.

Desde dentro (y desde fuera) da la impresión de que los mandamases del toreo viven al margen de la realidad. La realidad de las cifras. Exigen corrida, fecha y cartel y el dinero de la plaza llena. Hasta ahí todo perfecto, pero el problema viene cuando la plaza no se llena en la mayoría de ocasiones y generan dos agujeros: el económico y el desequilibrio en la feria. Si la actualidad tiene cuatro o cinco toreros -caso aparte es José Tomás– que tienen demanda taquillera y van juntos en dos corridas, el empresario se ve en la difícil tesitura de completar las tres o cuatro restantes de cualquier feria mediana en los días menos buenos con toreros que no atraen al gran público. En lo que va de 2018, ha habido varias «cornadas» a las empresas de las graves. Vayamos por orden cronológigo en algunos ejemplos: en Guadalajara, por Primavera, Ventura y Perera, mano a mano, con sus 20 Puertas Grandes de Las Ventas y a media hora del Foro, apenas congregaron 1.800 personas; Aranjuez, con al aditivo mediático de Cayetano, por ahí anduvo; Zamora, León y Segovia, con los Julis, Manzanares, Talavantes, Morantes y Rocas repartidos, poco más de media entrada real… Lo de Badajoz tuvo entradas tristísimas. Y León, apenas media plaza en un cartel monstruo con Morante, Manzanares, Talavante y Roca Rey. ¿Poca promoción? ¿Falta de interés del público? ¿De todo un poco? Una feria consolidada como las Colombinas apenas ha reunido media plaza un día y escasos tres cuartos el otro con las máximas figuras y la milagrosa reaparición del ídolo local. En declaraciones a Carrusel Taurino, Carlos Pereda manifestó: «No ha sido una feria satisfactoria, económicamente hablando, pero podemos darnos por satisfechos. Nos salen las cuentas». Se trata de «salvar», más que de «ganar», en un negocio en el que se supone se mueven muchos billletes…

El Puerto inauguró, con Morante y Manzanares, con poco más de media plaza (días después, rozó el lleno con Roca Rey -con Padilla y Manzanares-). La empresa de Antequera ha tenido que salir corriendo tras la cornada económica de la primera corrida. Las figuras más taquilleras, con Juli, Manzanares y Roca, tampoco llenaron en Pontevedra. En Gijón, tampoco se están registrando las entradas esperadas. La recuperada Illumbe no remonta (las entradas de los primeros festejos de la Semana Grande han sido reducidas) tras los vientos prohibicionistas y pese al llenazo el año de José Tomás. Y van ya varios portazos a plazas de toros: vale que en algunas son por cuestiones políticas, pero han hecho algo las grandes figuras para decir «allá que voy a Vitoria», ¿por ejemplo? Es momento de hacer acto de reflexión y coger al toro por los cuernos.

Matemáticas de andar por casa

Metida a matemática de andar por casa, si a una plaza de segunda van 5.000 personas a una media de 40 euros la entrada (36 una vez descontado el IVA), la taquilla es de 180.000 euros. Si ponemos la corrida para figuras a 36.000; los gastos de apertura de plaza (médicos, veterinarios, seguros, cuadra de caballos, servicio plaza, etc.) en 9.000 euros; la Seguridad Social en 9.000; los gastos de publicidad en 7.500, quedan unos 118.500 euros. Si contratan a dos de esas tres o cuatro figuras que exigen 60.000 euros por tarde, ya va el organizador del espectáculo por «menos 1.500» y falta el tercer torero… Y algo debería ganar la empresa, ¿no?

Pues imaginemos ahora tres de ese grupo de «privilegiados»: para cubrir esos 180.000 euros, más los 61.500 de gastos, hay que vender 6.700 entradas para que la empresa «empate». ¿Y si no se venden? ¿Quién asume su responsabilidad? Casi siempre, el empresario… Otro ejemplo más es la plaza de toros de Las Ventas, donde se dicen que los beneficios en 2017 no llegaron al millón de las antiguas pesetas. Con una facturación cercana a los 30 millones de euros y un plantilla fija de casi 20 personas, los datos dan las mismas sensaciones que los antiguos Palhas: horror, terror y pavor. ¡Eso en Madrid!

Los empresarios se han quejado en varias ocasiones de que en los carteles donde están tres de esas cuatro o cinco figuras son ampliamente deficitarios aun colgando el «No hay billetes». Empresarialmente, ¿cómo se puede iniciar un negocio donde la pérdida es segura a pesar del lleno? La excusa de los apoderados es que tiran del abono y en los carteles medios se compensan las cifras. ¿Seguro? A veces sí, pero no siempre… En 2016 regresaron los miembros del G5 a la temporada sevillana tras dos años de ausencia voluntaria por no sé qué conflicto de intereses y cuentan que apenas se vendieron 300 nuevos abonos. La sangría de Madrid cuesta frenarla a pesar de estar todas las figuras. Con estos datos, ¿a qué excusa nos acogemos para justificar esos ingresos? Si trasladara estos números a mis compañeros de economía, me costaría convencerlos de la realidad que vivimos en nuestra querida tauromaquia.

Las empresas

Aunque hay algunas excepciones, el conjunto empresarial no destaca por su imaginación ni capacidad de trabajo, peros son, junto con los ganaderos, los grandes perjudicados de la situación actual. La inyección en dólares por parte de un millonario mexicano y la aparición de una agencia de viajes en Las Ventas no son suficientes para sostener los cimientos de un sector que se tambalea. La esperanza de contratar a José Tomás, salvar un abono y aprovechar su rebufo cada día se complica más, y con el resto de los mimbres y sus exigencias es una labor de orfebrería y altas dosis de trabajo y talento «perder poco» en cualquier feria. De ahí que los empresarios intenten atar cada vez a más toreros: viven más de ese intercambio y comisiones de apoderamiento que de la propia taquilla de las plazas.

Por cierto, alguno aboga por variar el precio en taquilla según el cartel, igual que ocurre, por ejemplo, en los conciertos: no todos los artistas «cuestan» lo mismo. ¿Y si se prueba en los toros allá donde el pliego no lo impida?

Otro caso curioso de la actualidad es el de Talavante. El genio extremeño vive un momento artístico pleno de inspiración, con un toreo puro al que casi ninguno se aproxima, pero sus logros en la plaza no se reflejan en la demanda que genera en taquilla y es la sorprendente ausencia de muchas ferias después de haber sido triunfador en San Isidro y cuajar la mejor faena de Sevilla y de otras plazas como Cuatro Caminos. Algunos culpan a Matilla, sacando toda su inquina hacia el empresario salmantino, y una venganza por su ruptura, pero no es esa la verdad, según comentan varios gerentes. Talavante está obsesionado con igualar sus números a los de Juli, Morante y Manzanares, y eso ha generado que los empresarios hayan decidido prescindir de tan grandioso torero por vivir al margen de la realidad económica de sus taquillas. Claro que no es el único caso que vive al margen de esa realidad, y algunos mantienen su caché casi por inercia. Por lo que Talavante dirá: ¿y por qué yo no? Eso sí, a cada cual lo suyo: es una de las figuras con mayor tirón en el Foro.

Pero, ¿quién tira del carro de la taquilla de verdad hoy? Solo la apisonadora Roca Rey, el último y joven fenómeno (que curiosamente no es el que más cobra….), ha sido capaz de situarse por delante de todos en la demanda de entradas para verle, gracias a su juventud, novedad, desparpajo y sus arrolladoras campañas, aunque, vista esta dinámica, ¿cuánto durará esa inercia?

El resto de la nueva hornada compuesta por Ginés Marín, Garrido o Román no termina de dar el salto, a pesar de algunos triunfos, y la recuperación de diestros como Ureña, Chacón, De Justo, Cortés o Moral no pasa de ser un buen complemento a los carteles medianos. Los mediáticos Fandi o Padilla (con su tirón en determinadas plazas) están también ya muy vistos. Y el circuito de las corridas duras (salvo en escenarios concretos) suscita el interés de parte de la afición pero no del público general y no mueve el suficiente dinero.

El incombustible Ponce aparece como «abreplaza» de lujo, mientras vive un dorado final dando lustre y categoría a una excelente trayectoria, siendo el triunfador de las dos últimas Orejas de Oro, pero sin llegar a las cotas taquilleras de sus inicios. Castella y Perera (que está cuajando un gran verano), dos figuras por el mismo palo pero opuestos planteamientos (el extremeño es de los pocos que se atreven al camino de la independencia), triunfan con regularidad pero su demanda taquillera está por debajo de sus resultados artísticos.

Panorama ganadero

En el apartado ganadero, superada ya la inflación que supuso la burbuja del ladrillo en nuestras dehesas y reguladas en base a la ley de mercado las cabezas existentes en las fincas, los sufridos criadores de bravo han conseguido «equilibrar» sus cuentas, aunque salvo cinco o seis excepciones son negocios por amor al arte y nula rentabilidad. En realidad, casi nunca lo fueron. Ser ganadero siempre fue un ejercicio de afición, valor, desinterés, amor al toro y, en ciertos casos, cierta dosis de ego que compensaba los sacrificios. De lo que no hay duda es de que estamos atravesando, a pesar del criticado monoencaste, una época dorada de porcentaje de toros que embisten. La unificación de la sangre Domecq en nuestra cabaña brava ha venido motivada, no nos engañemos, por la demanda y exigencia de la lidia actual. Su bravura más tardía ha sido la única capaz de soportar la longitud de lidia moderna y se ha adaptado a la nuevos tiempos. Pero la variedad de encastes es necesaria y también recobrar la importancia del toro. Pocos son los que preguntan «¿qué se lidia?», pues el público moderno es más bien torerista. Pero entre las ganaderías de otras sangres hay excepciones sobresalientes y que, en manos de algunos genios de la alquimia y la genética, han sido capaces de mantenerlas con éxito en plena actualidad. También, cierto es, algunas divisas Domecq atraviesan muy mal momento.

Con este panorama descrito viene el momento de preguntarnos si hay solución a nuestra realidad. Todavía generamos la demanda suficiente para mirar el futuro con optimismo, pero para ello toca ponerse el mono de trabajo y mancharse de grasa. Las cifras de espectadores todavía nos reflejan brotes verdes y esperanza. Y aquí ya se sabe: unos ven el vaso medio lleno, otros medio vacío y, como dice un viejo aficonado, «otros ven vodka donde solo hay hielo». Según el informe elaborado Diego Sánchez de la Cruz, más de cinco millones de espectadores asistieron a los toros durante la temporada 2017 en España. Según las estimaciones de su estudio, se vendieron alrededor de se vendieron 1.838.000 entradas en cosos de primera, 1.100.000 en escenarios de segunda y 2.100.000 en plazas de tercera y portátiles. A todo ello hay que sumar los festejos populares, alma de la tauromaquia. No nos olvidemos de ellos, cada vez con más auge. Todos esos datos son muy positivos, pero, no nos engañemos, existe un runrún de preocupación y de incertidumbre. Además de los varapalos externos, políticos y animalistas, se encuentra el de algunas tardes en taquilla.

La Fundación

La Fundación del Toro está muy bien, su discurso mejor, pero, más allá de postureos, ha llegado la hora de actuar y dejar de soñar con «El Dorado» e ir a buscarlo desde abajo. Quizá sea necesario gente externa, que desde dentro mire hacia fuera (y viceversa) y no al propio ombligo. También, para el aumento de socios, no estaría de más una transparencia total, con pelos y señales, en las cuentas y los resultados. Y también de los objetivos que persiguen y la hoja de ruta que siguen. Paciencia, sí, que aún es el embrión, pero el tiempo apremia y hay cuestiones que resolver pronto y en la mano, con reuniones con los principales mandamases de cada partido político y analizando las entrañas del propio sector. Sí, para ser cien por cien creíble y eficaz, la Fundación debería velar por profesionales y afición, por la supervivencia y el crecimiento del mundo del toro. No abandonemos Vitoria, ni Palma, donde cierto es que no están prohibidos pero las condiciones exigidas para dar toros convertirían la corrida en una pantomima, lo que imposibilita su celebración. Luchen por recuperar los puertos perdidos… ¿Ven a toreros y profesionales muy preocupados? Lo que se pierde, difícilmente se recupera…

Repetimos mucho la expresión figura del toreo. Pues, figuras, afronten el riesgo económico; el físico y el artístico ya lo asumen (y sí, ya sabemos que no hay precio que pague la vida, por lo que todos los dineros son pocos para un torero), y demuestren su ¿unión? no solo para atacar a un presidente y su grandeza no solo a la hora de coger la mejor fecha, ganadería y compañeros para «salvar» su cartel, demuestren su categoría pensando en el mañana, algo que algunos (pocos) sí hacen. Dejen paso a los nuevos, tiren ustedes de la taquilla en los días regulares, hagan (junto a las empresas -que necesitan, además de una política de precios asequible, dar una vuelta a los carteles y campañas de promoción efectivas-) algún guiño al que pasa por taquilla y discutan con los empresarios por el porcentaje de lo que generen. Tal vez no estaría de más igualarse con los grandes boxeadores y repartirse el neto de los ingresos. Cada uno en función de su categoría y demanda. Y, por favor, no dejen que se pierdan más plazas. Ganaderos y cuadrillas, hagan lo mismo. Y empresarios… ¡Trabajen y trabajen con cabeza, afición y afición! Solo así se podrá volver a soñar con «El Dorado» de una Fiesta que es grandeza por historia, sangre y verdad, pero en la que hay mucho, mucho, por hacer.

Posdata: las cifras aportadas han sido extraídas de conversaciones con diversos profesionales del sector. Y demasiadas veces se oye aquello de «vamos a llevarnos lo que podamos mientras esto dure…» Al menos donde políticos y pliegos lo permitan, trabajen todos los taurinos para que el presente de la Fiesta sea saludable y su futuro largo. Son muchos más los aficionados y las gentes que respetan las tradiciones que los animalistas falsos y oportunistas. La tauromaquia es grande, pero hagámosla gigante.

Publicado en ABC

Ni un atisbo de emoción

Un momento de la actuación de Ignacio Garibay en la primera corrida de la feria de SLP. Foto Tauro Nota Twitter.

Por Alejandro Martínez.

Los dos principales actores de la tauromaquia actual tienen un serio problema: no emocionan. Eso, siendo generosos. Si fuéramos completamente sinceros diríamos que, no sólo no emocionan, sino que aburren hasta la saciedad. Y, aunque parezca una contradicción, esto ocurre, en gran medida, por abusar de la perfección. Es tal la técnica que poseen hoy en día los toreros, que en su labor no hay espacio para el sentimiento ni la improvisación. De igual forma, la selección del toro de lidia se ha llevado hasta tal extremo que su comportamiento ha perdido todo atisbo de sorpresa e imprevisibilidad.

La lidia ha quedado prácticamente reducida al último tercio, el de muleta. Las faenas son eternas e idénticas.

¿Y el toro? Ese animal otrora salvaje y temible ahora es tan noble y obediente que apenas despierta la más mínima emoción en los espectadores.

El resultado: las tardes de toros se hacen largas y aburridas. “Como en la ópera”, apuntaba un joven aficionado en el tendido. “Los cantantes actuales tienen tanta técnica que son fríos, no conmueven”. Y sí, como la ópera o el teatro, el toreo es -o debería ser- emoción.

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Se le fue Curro a Simón

El diestro Curro Vázquez ha comunicado su desvinculación con Plaza 1, empresa gestora de Las Ventas, donde ejercía el cargo de Director Institucional y Artístico.

Cómo siempre pasa con estos acontecimientos taurinos, estos surgen después de unos meses y de muchos rumores.

Según afirma él mismo Curro, la decisión se la trasladó a la empresa «una vez culminado el ciclo de San Isidro y la tomé porque no estaba cómodo”. De momento se desconoce quién le remplazará en el cargo.

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“El Cossío” cumple 75 años

Por Gerardo González Calvo.

Hace setenta y cinco años se editó el primer volumen de “Los toros”, más conocido como “El Cossío”, en honor a su autor, el grandioso José María de Cossío.

Le encargó esta magna obra Espasa-Calpe en 1934, y en ella colaboró el poeta Miguel Hernández. Manejo una edición de 20 tomos, editada en el año 2007, en la que se incluye el nombre del novillero pajarés Miguel Temprano Calvo, “Miguel de los Reyes”, al que dedica en el último tomo -la reseña de toreros y novilleros está hecha por orden alfabético- unas pocas líneas con una fotografía.

Al contrario que el villalpandino Andrés Vázquez, del que era quinto (los dos nacieron en 1932, aunque “El Cossío” hace nacer a Miguel en 1936-, no cuajó como torero. Lo vi torear en pueblos zamoranos como Pajares de la Lampreana y Cerecinos del Carrizal y francamente tenía demasiado miedo a los cuernos de los toros. Andrés Vázquez triunfó y por eso su figura aparece en una monumental escultura-homenaje a su gran amigo Antonio Bienvenida, erigida ante la plaza de las Ventas de Madrid.

En el primer tomo de “Los toros” aparece un vocabulario taurino de 317 páginas, que es un florilegio de la jerga taurina; algunas palabras (entre otras muchas: lidiar, dar un puyazo, ponerse el mundo por montera, entrar al trapo, atarse los machos, echar un capote) han entrado en el habla común. Echo en falta algunas suertes, como manoletina, gaonera, arrucina, zapopina y caleserina; sí recoge chicuelina. En cualquier caso, este vocabulario, seleccionado por el propio Cossío, nos demuestra que el toreo es mucho más que torturar y matar a un toro, como denuncian los animalistas y antitaurinos, seguidores quizá sin saberlo del escritor Eugenio Noel, que relacionaba a los toros con los crímenes de raza.

El singular léxico taurino lo encumbraron a exquisita literatura algunos críticos del arte de Cúchares, como el inconmensurable Antonio Díaz Cañabate, continuador de la obra de Cossío. A sus crónicas taurinas en “ABC” solo se asemejan en calidad periodística las entrevistas a personalidades que visitaban Barcelona hechas por Manuel del Arco para “La Vanguardia”, caricatura incluida. Dos maestros del periodismo.

Vi por primera vez una edición de “Los Toros” en la misma casona de Cossío en Tudanca. La construyó un perulero -indiano que hizo fortuna en Perú- en 1750. Es la Tablanca de “Peñas arriba”, la obra más notoria del realismo costumbrista del famoso escritor cántabro José María de Pereda. Había también en la voluminosa biblioteca de la Casona retratos dedicados, Cossío de Zuloaga y Vázquez Díaz y una escultura de Sebastián Miranda.

Entre sus joyas bibliográficas se encontraba el cuaderno con pastas azules en el que escribió Camilo José Cela su novela La familia de Pascual Duarte y varios manuscritos de integrantes de la Generación del 27. Aquí estuvieron, entre otros grandes escritores, Miguel de Unamuno (pasó veinte días en agosto de 1923), Gerardo Diego, Rafael Alberti (allí completó el poemario “Sobre los ángeles”), Federico García Lorca, Giner de los Ríos y Gregorio Marañón.

Desde los balcones de esta Casona vi pastar algunas vacas lecheras de la raza tudanca, pero dentro del grandioso edificio se respiraba un ambiente taurino. Cossío me comentó que los toros están muy presentes en el arte español, tanto literario como pictórico. Es indiscutible que desde de Quevedo hasta García Lorca y Miguel Hernández y desde Goya hasta Picasso, el toro tiene una gran carga simbólica.

Hay infinidad de autores que abordan el tema de la tauromaquia. A mí me ha sorprendido el libro del sociólogo y antropólogo norteamericano Jack Randolph Conrad, escrito en 1957 con el título de “El cuerno y la espada”, traducido en 1978 al francés como “El culto del toro. De la prehistoria a las corridas españolas” y al castellano en 2009, respetando el título original. Conozco la edición francesa, en la que reproduce el poema de García Lorca “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”.

Conrad vierte algunos tópicos sobre las corridas de toros en España, debido a la época en que escribió el libro, pero es un buen estudio sobre la importancia mítica y simbólica del toro desde hace al menos 50.000 años. “Los toros” o “El Cossío” no es un tratado sociológico ni reivindicativo, pero sí un libro imprescindible para conocer tanto la importancia de los toros bravos como a los toreros españoles que han tenido el coraje de lidiarlos con más o menos arte.

Publicado en La Opinión de Zamora

Pablo Mora, triunfador del Certamen de Novilleros 2018

Por Barquerito.

El Espartaco ganadero llevaba seis años sin lidiar una novillada completa en Madrid. La de 2012 salió seria, brava y buena. Y, luego, nunca más se supo. Poco más se supo de Alberto Durán, un novillero zamorano -de Villamor de los Escuderos, en La Guareña- muy capaz y preparado que encabezó la terna de aquella novillada y convenció. Una brillante alternativa en Zamora y al pozo de la marginación casi de golpe.

Volverán los novillos de Espartaco antes o después, porque este regreso a las Ventas quedó marcado por la variedad, el buen juego y el serio empleo de casi todos los novillos de banderillas en adelante. Quedará por satisfacer la curiosidad de una corrida de toros en regla. De las dos líneas de la ganadería: la mixta de Torrestrella y la de Los Guateles de ascendencia pura de Juan Pedro Domecq. Las dos líneas embisten, las dos tienen plaza y cara. En tipo las dos, presentes en esta traca final.

Lo seguro es que, en la novillada de la próxima feria de Otoño de las Ventas, el viernes 28 de septiembre, estará de vuelta Pablo Mora. Para el triunfador del Certamen de verano está reservado uno de los tres puestos. Un jurado anónimo de especialistas -con el añadido de un voto decantado procedentes de las redes sociales- declaró al novillero de Moralzarzal triunfador por unanimidad. Lo fue en las urnas, en el voto especializado y, con ventaja, lo fue en el ruedo también.

No se sabe si bendecido de la fortuna, pues el primero de lote -tercero de corrida y sorteo-, muy astifino, fue toro distraído, deslumbrado e incierto y, vista la corrida entera, el único de los seis, o siete si se cuenta el sobrero, con problemas para torero novel. Los muletazos con los que Pablo Mora dejó cuadrado el toro fueron sorpresa por primorosos. La estocada, notable.

Arrastrado ese tercero, a mitad de festejo, flotaba la posibilidad de que el concurso pudiera declararse desierto, pues el cacereño Alejandro Fermín, firme y resuelto, no terminó de entenderse con un primero un punto mansito, pero de embestidas descolgadas y pastueñas por la mano derecha, y el toledano Rafael González, que venía en papel de favorito, todo desparpajo y asiento, impostada teatralidad, muchos paseos gratitos, muy pendiente de los tendidos, tampoco redondeó con el segundo de la noche, uno de los tres de nota del envío. Fermín no pasó con la espada. La estocada de Rafael, muy trasera, necesito el refrendo del descabello y sonó un aviso, que en Madrid suele ser fatal. Señal pésima.

Faena valerosa de Fermín

Como estaba por dilucidarse el concurso, los tres últimos novillos parecieron los cartuchos definitivos. El cuarto, muy armado -acodado, astifino-, salió con muchos pies y, sin gobernar en el engaño, llegó a descomponerse al cabo de una faena de Alejandro Fermín valerosa pero temeraria, acelerada, salpicada de soluciones desangeladas -los cambiados intercalados por la espalda del repertorio Roca Rey, las sedicentes bernadinas- y rematada sin fortuna con la espada: un pinchazo hondo, nueve descabellos. La cosa había empezado con cuatro largas cambiadas de rodillas en tablas y un reto en quites con Rafael González más atrevido que logrado por las dos partes: saltilleras, los rizos de El Calesero, los lances del Zapopán.

El quinto, engatillado, muy bien rematado, fue el mejor de todos, el que mejor cumplió en varas, el de más fijeza y mejor son. Con él vino una versión de Rafael González bastante más segura que la primera, pero con dos pecados visibles: el exceso de pausas y paseos -raudas salidas marciales y gesticuladas de la cara del toro- y el caro error de torear muy encima, por fuera, y al toque y no con los vuelos. La nobleza del novillo consintió. Los cabales, no tanto. Una estocada cobrada con fe, un descabello y una vuelta al ruedo por libre que provocó la bronca de la velada. No se recuerda una vuelta al ruedo tan protestada en las Ventas. Le tomaron a Rafael el número de la matrícula.

El todo o nada quedó para los postres, que fueron dos: un sexto novillo de hechuras y elasticidad sobresalientes, que se lastimó en un puyazo trasero y fue devuelto no se sabe sin con precipitación, y un hondo sobrero con cuajo de cuatreño que se peleó con genio en el caballo -picó muy bien Tito FICHA DEL FESTEJO

Toros

Seis novillos de Juan Antonio Ruiz Román (Espartaco).

Toreros

Alejandro Fermín, silencio tras aviso en los dos. Rafael González, silencio tras aviso y vuelta muy protestada. Pablo Mora, silencio y vuelta tras un aviso. Buenos puyazos de Tito Sandoval. Miguel Martín y Raúl Ruiz cumplieron en brega y banderillas con su facilidad y buen sentido de siempre.

Plaza

Madrid. 51º festejo de temporada. Final del Certamen de novilleros. 8.200 almas. Calor sofocante. Dos horas y veinticinco minutos de función. Pablo Mora, declarado por unanimidad triunfador del Certamen. Sandoval, lidió con preciso mimo Raúl Ruiz– y que, aunque justo de celo y gas en la muleta, descolgó y se entregó, y repitió despacito. Y ese fue el toro de la faena de la noche y del certamen todo. Sobre todo, cuando Pablo Mora dio con el terreno, la distancia, la mano y el cómo: la muleta por delante, el toro embarcado, el muletazo a la cadera, sorprendente cadencia, la figura vertical, suave el encaje, pulso sereno, naturalidad, pases de pecho preciosos ligados con el natural. Porque fue toro de izquierdas. Media estocada atravesada y un aviso. Pero ya estaba el botín cobrado y limpiamente ganado.

FICHA DEL FESTEJO

Toros: Seis novillos de Juan Antonio Ruiz Román (Espartaco).

Toreros

Alejandro Fermín, silencio tras aviso en los dos.

Rafael González, silencio tras aviso y vuelta muy protestada.

Pablo Mora, silencio y vuelta tras un aviso. Buenos puyazos de Tito Sandoval.

Miguel Martín y Raúl Ruiz cumplieron en brega y banderillas con su facilidad y buen sentido de siempre.

Plaza/ Madrid. 51º festejo de temporada. Final del Certamen de novilleros. 8.200 almas. Calor sofocante. Dos horas y veinticinco minutos de función. Pablo Mora, declarado por unanimidad triunfador del Certamen.

Publicado en Hoy.es

Torea un yucateco en Madrid

Desde que Antonio del Olivar, progreseño de nacimiento, lo hizo el 12 de octubre de 1955 para su alternativa, ningún otro yucateco había hecho el desfile de cuadrillas en la Plaza de Las Ventas de Madrid, la más importante del mundo taurino.

Hoy, el juvenil André Lagravere Peniche, anunciado como “El Galo”, romperá esa sequía cuando se presente en una novillada nocturna, en la última cita de julio en la mítica plaza.

“Ya segundo, bueno, apenas segundo yucateco allí, pero quiero que sea un día que marque, que pueda cambiar mi vida”, expresa Lagravere, quien alternará con Alejandro Gardel y David Salvador, lidiando ejemplares de Ventana de El Puerto. En el festejo anterior en el ciclo conocido como “Cénate Las Ventas” acudieron ocho mil espectadores.

Lagravere Peniche lo sabe muy bien.

“Se dice fácil, pero para todos los años que han pasado, es un número pequeño. Eso quiere decir que es difícil tener esa oportunidad, esa suerte… y una cosa es tener la suerte y otra es poder ganársela. En medio de todo hay una lucha, sacrificio de año y medio. Me encontraba solo, con mi padre. buscando oportunidades para tentar, para torear, tener contactos, salir adelante”.

“Te hace creer que el esfuerzo tiene una recompensa con la llegada de esta oportunidad. En mi tierra me respaldan, pero me exigen y voy con esa presión, quiero poner en alto a Yucatán, a Tabasco, a México. No quiero defraudar a nadie, ni defraudarme a mí”.

También será el segundo Lagravere que pise ese ruedo como torero, pues su padre, el torero retirado Michel Lagravere, lo hizo en los años 80 como novillero. Y eso le da otra satisfacción. Pero algo tiene claro: “Quiero ser figura del toreo”. Y, dicen, a eso se va a Las Ventas, con esa mentalidad. O mejor no vayas.— Gaspar Silveira.

Publicado en Yucatan.com

Octavio Chacón y Javier Cortés dan una vuelta al ruedo cada uno con un notable encierro de Montalvo

Por Sixto Naranjo.

Jilguera” fue el nombre con el que Tomás Campos confirmó su alternativa. Cuatro años después del doctorado se asomaba a Las Ventas. Éste primero de Montalvo fue un animal al límite de todo. De fortaleza y raza. Campos tardó en cogerle el aire y la distancia al toro. Fue ya mediado el trasteo cuando surgieron un par de tandas al natural bien trazadas. Composición y ritmo aunque faltó la ligazón necesaria para dotar de mayor contenido a las series. El apagón con la espada cortó cualquier esperanza de mayor reconocimiento final.

Que Octavio Chacón ha caído de pie en Madrid se comprobó en la ovación que le tributó la afición venteña nada más terminar el paseíllo. “Asturdero” de Saltillo aún en el recuerdo. El gaditano cuajó un gran saludo a la verónica. Compás y temple a partes iguales. Después quiso lucir al toro en el caballo y en de Montalvo respondió en dos varas que tomó de largo y empujando abajo. El toro tuvo prontitud y humilló una barbaridad. Chacón trenzó una faena basada en la firmeza de plantas y en la limpieza de las tandas. Todo muy correcto. Un pinchazo previo a la estocada dio paso a una ovación final. Para el toro y para el torero.

Javier Cortés también quiso dejar de lejos al caballo a su primer toro. También se arrancó el animal pero después empujó sin terminar de entregarse en el peto. Después el de Montalvo también sacó casta y acometividad. El madrileño hilvanó una faena con demasiados altibajos en cuanto al temple. Lo mejor lo firmó al natural, con muletazos aislados preñados de profundidad y largura. Pero todo demasiado inconexo. Otra ovación reconoció al toro camino del desolladero y al torero en el tercio.

Se aplaudió de salida la imponente presencia del cuarto. Cuajo y pitones. Después fue el animal más medido de raza del conjunto del encierro de hierro salmantino. Sin embargo, tuvo unas embestidas dulces y enclasadas que aprovechó Octavio Chacón para mostrar su versión más templada. Lo cuajó sobre todo el toreo en redondo, por donde se llegó hasta a relajar en varios muletazos preñados de gusto. Como los remates de las series. Faena de torero aprovechable por sus múltiples registros. La estocada cayó algo perpendicular y suelta y dos golpes de descabello alejaron al torero de Prado del Rey de la oreja. La vuelta al ruedo fue el premio.

Idéntico premio obtuvo JavierCortés con el quinto, un toro que buscó la puerta de toriles al comienzo de faena pero al que inteligentemente se lo sacó a los medios el torero de Getafe. Muy asentado y jugando perfectamente la cintura, la cima del trasteo llegó en dos tandas al natural. La muleta puesta siempre para tirar de su oponente. El toro, también medido de raza, acabó embistiendo con buen son y calidad. Atacó por derecho Cortés para enterrar la espada pero quedando prendido por el pecho. Tremendo el trance y el susto en los tendidos. No caló el pitón y cayó el toro. Se pidió la oreja sin mayoría de pañuelos y la vuelta supo a premio cabal.

Para cerrar el notable envío de Montalvo, también se aplaudió la estampa del sexto, otro toro que se movió con viveza y fijeza en todos los tercios. Tuvo sabor el inicio por bajo de Tomás Campos, ganando terreno hacia los medios. Al natural llegó la mejor tanda del conjunto, por expresión y ligazón. En redondo no hubo la misma conjunción entre toro y torero. Cuando volvió a la zurda, todo pareció haberse diluido. Intentó recuperar la intensidad perdida con unas manoletinas finales. Pero un pinchazo y una estocada trasera terminaron por enfriar todo.

FICHA DEL FESTEJO

Madrid, domingo 24 de junio de 2018. Un cuarto de plaza.

Toros de Montalvo, muy bien presentados. De juego encastado y noble los lidiados en primer, segundo, tercero y sexto lugar. Más bajos de raza pero nobles y enclasados cuarto y quinto.

Octavio Chacón, saludos y vuelta.

Javier Cortés, saludos y vuelta.

Tomás Campos, que confirmaba alternativa, silencio tras aviso y saludos tras aviso.

Fuente: COPE