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“Miguelín” y la eterna mansedumbre 

“Miguelín” exhibiendo la mansedumbre de un toro del Cordobés.

De SOL y SOMBRA.

El 18 de mayo de 1968 el torero Miguel Mateo “Miguelín” salto de espontáneo al ruedo de la castiza Plaza de Las Ventas de Madrid durante la lidia del toro que correspondía al ídolo taurino del momento, Manuel Benítez “El Cordobés”. “Miguelín” quiso manifestar así su protesta por el trato que consideraba se tenía hacia el torero de Palma del Río y demostrar que los astados que toreaba éste no ofrecían peligro alguno.

Efectivamente, el vídeo nos muestra como el torero nacido en Murcia y criado en Algeciras hace lo que quiere con el burel, que mira como atontado lo que ocurre en la arena.

Miguelín” fue siempre un torero especial; había nacido en la provincia de Murcia, aunque casi toda su vida la desarrolló en Algeciras, donde era considerado hijo adoptivo. En la década de los 60 fue uno de los toreros punteros del escalafón, en una época donde era difícil destacar con maestros de la talla de Antonio Ordóñez, “El Viti”, Diego Puerta, Julio Aparicio, Paco Camino, Curro Romero, Antonio Bienvenida … Tomó la alternativa en Murcia de manos de otra figura insigne, Luis Miguel Dominguín, en presencia del venezolano más ilustre que ha pasado por nuestros ruedos, César Girón. “Miguelín” dominaba todos los tercios, pues lucía en el capote y era dominador con la muleta, a la vez que banderilleaba primorosamente debido a su arte y, por encima de todo, a unas enormes facultades.

Su inesperada presencia de paisano en el ruedo de “Las Ventas” fue una demostración de la decisión y el carácter vindicativo del diestro, en una época en la que había saltado la polémica por el afeitado de los astados y en la que “El Cordobés” era el indiscutible número uno del escalafón y sus mentores ejercían tal poder sobre la fiesta que conseguían que el diestro andaluz evitara torear los toros más difíciles. “Miguelín” fue detenido y fuertemente sancionado, pero dio mucho que hablar y a la larga consiguió su objetivo de hacerse notar.

Miguel Mateo “Miguelín” falleció el Algeciras el 21 de julio de 2003 a los 64 años tras una larga enfermedad.

El torero hizo sus pinitos como actor y protagonizó las películas “El Momento de la Verdad” y “El Relicario”, esta última con Carmen Sevilla en 1969.

Una opinión del extraño suceso:

Hace más de 25 años, un 18 de mayo, los aficionados de la plaza de Las Ventas, codo con codo, rodilla con rodilla, mirada con mirada, se preguntaban quién era aquel osado que, traje oscuro, gesto desenvuelto y confianza torera, en acto de descarada espontaneidad, se pasaba por el cinturón un toro de Soledad Escribano de Bohórquez en la mismísima primera plaza del mundo. Y lo que es peor, un toro que pertenecía, en orden de lidia, nada más y nada menos que a Manuel Benítez, El Cordobés. Después de ajustar los primeros prototipos dé prismáticos que se llevaban por aquel entonces, los pocos, y de restregarse los ojos, los más, todos convinieron en que se trataba de… ¡Miguelín! Tuvo tiempo el espontáneo de tocar al toro por delante y por detrás, de dar explicaciones, de pedirlas, sobre el fondo y la forma de heterodoxia, todo ello con el pupilo de Bohórquez a su lado, testigo excepcional de un acto de desmitificación del espada cordobés que, al decir del torero malagueño, se estaba valiendo de su condición de número uno y bálsamo de masas para perjudicar su carrera.

Más tarde, después de la intervención de grises y autoridades, se pudo saber que, ante las dificultades para pasar el reconocimiento veterinario de la corrida que había de matar Benítez ese día 18, sin consultar con nadie, se había trasladado al día 18 la corrida de Escribano de Bohórquez con la que había de medirse, entre otros, Miguelín, el día 19 de mayo.

Es decir, que Miguel Mateo sometió, con 25 años de antelación, a El Cordobés a la máquina de la verdad del toreo. Dicen tanto Suárez-Guanes como Carlos Abella que el hotel Palace de Madrid se constituyó en epicentro de la conmoción de la vida española. Allí llegó el torero de Algeciras pasadas las diez de la noche del día 19 de mayo, después de pagar una multa de 40.000 pesetas en la Dirección General de Seguridad.

Lo primero que hizo, en mitad de la tempestad de informadores, fue entregar 1.000 pesetas de propina -“lo único que tengo aquí”- a un botones del carismático recinto hotelero. Las mismas 1.000 pesetas con las que se podía adquirir, por aquel entonces, una barrera de sombra de la plaza que había visto la irreverencia, la iconoclastia, hacia el establishment taurino de un torero ocupante de las zonas medias del escalafón, y que, desde ese momento, las abandonó para ocupar las más altas.

El Cordobés no debió sentirse extrañado porque él mismo había saltado vestido de calle en las plazas de Madrid, Aranjuez y Córdoba. Similar numerito perpetró Pedrín Benjumea, en Sevilla, en 1973, ante un toro de Palomo Linares, lo que le valió al primero la retirada de la licencia profesional por dos meses. Continuadores, en definitiva, de los hábitos del gran Ignacio Sánchez Mejías, quien, en varias ocasiones, saltó del tendido a parear algún toro, con la aprobación de los toreros intervinientes.

Una vez más se confirma que, en España, los acontecimientos son tales en el momento de producirse y 25 años después.

Miguelín, Dubceck y Dani, El Rojo, tres personajes que sacudieron la conciencia de un mismo país.

Por Antonio Campuzano, periodista para el diario El País.

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@Taurinisimos 129 – Gloria Victorino Martín Andrés (1929-2017) Homenaje @VictorinoToros.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 6 de Octubre de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Homenaje, Recuerdo de Victorino Martín Andrés (1929-2017)
Memoria de grandes toros de Victorino de 1982 a 2017.

Imágenes de Ruiz Miguel, Luis Francisco Esplá y José Luis Palomar, “El Capea” y Luis Miguel Encabo en Madrid.

Faena de “El Tato” en Sevilla 1997, “El Cid” en Bilbao y recuerdo de “Zotoluco” en Valencia.

Faena e indulto de “Cobradiezmos” en Sevilla, 2007.

Faena e indulto de “Belador” en Madrid, 1982.

Juan Bautista en Logroño en 2017.

La próxima emisión de @Taurinisimos será el próximo viernes 13 de Octubre de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

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Al alimón: Recuerdos de la “corrida del siglo”


Por El Molinero.

Dentro de los tesoros de la historia que hay guardados en internet está la tarde más memorable de toros del siglo XX, al menos en España. Fue el día en el que la suerte se acompasó con la maestría y con ello se dio una muestra excepcional de técnica torera.
El primer día de junio de 1982 se realizó la vigésima corrida de la temporada de San Isidro, en Madrid, con un cartel compuesto por Ruiz Miguel, Luis Francisco Esplá y José Luis Palomar.

Los toros no podían ser otros que los de Victorino Martín, que llevó a “Pobretón”, “Playero”, “Gastoso”, “Director”, “Carcelero” y “Mosquetero”. Y es que sobre el último, todavía parece que la tarde hubiera sido narrada por el mismo Alejandro Dumas.

Casta, nobleza y trapío, todo lo que se sueña en un toro que corre por el redondel, estuvieron allí. De hecho, muchos pensaron que se trataba del futuro de la torería, pero otros, muy acertados, aseguraron que era la tauromaquia en su manera original.
De expectativas

Ruiz Miguel, en su primero del lote asignado, logró una oreja, pero dio dos vueltas al ruedo por aclamaciones de “¡torero, torero!”. En su segundo, nuevamente dio la vuelta al ruedo con otra oreja para su palmarés.

Luis Francisco Esplá fue ovacionado, pero no logró oreja en su primero. Tuvo después su momento de desquite con una media estocada que le consiguió dos orejas, luego de un éxtasis de banderillas.

A su turno, José Luis Palomar logró dos orejas en aquella tarde. De nuevo las aclamaciones y las ovaciones llegaron desde los tendidos, con una oreja que se tradujo por segunda vez en una doble vuelta al ruedo. Concluyó su tarde con otro apéndice.

Tal sería la dicha de aquella tarde y noche que portales y aficionados, como Sol y Moscas, reseñan que “el ganadero, el mayoral y los tres espadas dieron la vuelta al ruedo […] y al acabar la corrida salieron a hombros por la puerta grande”.

Banderillas de color

El quinto toro de la jornada le entregó las llaves a Luis Francisco Esplá para que se luciera como los filósofos de la tauromaquia lo habían pensado siglos atrás.

¿Cómo se puede jugar la vida de una forma tan señorial (ver video en 1:46:50) y luego deleitarse con la suerte del trapecista? La imagen vale más que mil palabras en este caso.

Solo queda la invitación para disfrutar con la historia que se hizo hace ya prácticamente 35 años.

Véala

Usted puede ver la corrida del siglo aquí:


Publicado en La Patria

Así vio la prensa la actuación de Joselito Adame en la Feria de Otoño de Madrid

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De SOL y SOMBRA.

Carlos Ilián – Marca: Joselito Adame se relajó sobre la mano derecha en su primer toro con verticalidad, ligando los derechazos, todo muy templado, sin recurrir a las gesticulaciones y espacios de otras veces. Era la mejor versión del mexicano. Pero el bajonazo final lo estropeó. En el quinto, que brindó a Nacho, del Real Madrid hizo un esfuerzo ante un manso rajado al que sin embargo ligó y templó en derechazos en la querencia.

Andrés Amorós – ABC: El segundo flaquea pero es noble. Joselito Adame brinda al cielo. Con facilidad, le coge el aire: liga templados naturales con el de pecho. Una faena estimable, de buen oficio. En el quinto, que mansea y no se entrega, destaca Fernando Sánchez, con los palos.

Brinda a Nacho, el defensa del Real Madrid. Le saca algunos muletazos, aprovechando la querencia a tablas, pero la espada cae baja. Una tarde de veterano profesional, no más.

Paco Aguado –  El Periódico: El mexicano Joselito Adame dio una protestada vuelta al ruedo después que, sin fuerza suficiente, se le pidiera la oreja de su primero, al que hizo una faena habilidosa y de poco temple, en la que brillaron sólo los ayudados rodilla en tierra de remate antes de matarlo de un bajonazo. Ya con el manso quinto, que buscó las tablas desde el primer momento, no pudo desquitarse.

Rincón Taurino: Joselito Adame brindó al cielo el alto y basto que hizo segundo. Le anduvo con la muleta hacia los medios antes de ligar series por el derecho. La faena estuvo bien construida con un principio y un final torero, rodilla en tierra. Entre medias hubo un cambio de mano templado. Mató de estocada caída y la petición fue insuficiente pero dio una vuelta al ruedo. El quinto soltó la cara y se rajó después de la tercera serie. No obstante, después de la huida a tablas pudo dejar muletazos de mano baja. La estocada fue efectiva.

Antonio Lorca – El País: Joselito Adame consiguió dar la vuelta al ruedo en su primero en una actuación que tuvo color y cierta enjundia que no pudo rematar. Dibujó muletazos garbosos aprovechando el viaje de un toro tan noble como desfondado; en el quinto se justificó a pesar de la sosería del animal.

Vicente Zabala – El Mundo: La desigual, escalonada y seria corrida de Fuente Ymbro tuvo en este toro tan bien hecho y en el segundo, tan lejano a la belleza, sus más notables representantes. De mejor estilo y mayor fondo el de Joselito Adame. Cuando Adame lo trató convenientemente, el fuenteymbro respondió con amabilidad. Cuando lo violentó, la embestida se descompuso. Así en el prólogo y en el epílogo de la faena, el torero méxicano alcanzó el entendimiento y, probablemente, la línea del toreo que persigue: desmayado, templado, acinturado, caído de hombros. Pero el exceso de toques dinamitó ese camino. La obra perdió la brújula hasta que de nuevo el toreo despacioso y en redondo brotó. Un excelso cambio de mano apuntó el yacimiento no explotado de la embestida a izquierdas. Los doblones desprendieron sabor. Desgraciamente lo que se despredió de la cruz fue una estocada baja que desligitimaba la petición. La vuelta al ruedo valía como consolación por los momentos brillantes. O tampoco. Otro espadazo en los blandos se cargó también lo hecho con un quinto cinqueño, hondo y cuajado. Un mansote sin maldad que Joselito Adame toreó en otra versión más despatarrada.

Barqueito – Torosdos:  Los dos toros de Joselito Adame tuvieron en común la nobleza y, además, una querencia a tablas no del todo incorregible. En tenerlos lejos de querencia y desengañarlos estribó el mérito de las dos faenas de Adame. Y no solo. En saber tenerlos en la mano también. Tuvo una apertura muy graciosa de toreo andado –recurso habitual en el torero de Aguascalientes- y un final por abajo y genuflexo. Censuraron una estocada demasiado desprendida. Se protestó la vuelta al ruedo. Al gordinflón quinto, que se iba a tablas en cuanto encontraba vía, le buscó Adame las vueltas y las cosquillas, y lo acabó pasando como el que torea un mosquito. También la espada se fue dos o tres dedos de la línea que divide a los toros por el lomo en dos mitades.

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Feria de Otoño 2017: Aquí y Ahora para Luis David, Ahora o Nunca para José Adame.

Pase del desdén de Luis David Adame en Madrid. Vuelve a Las Ventas a confirmar.

Con todos los radares apuntando hacia Luis David ante la oportunidad de su vida, Joselito Adame se juega la última carta cobijado, tal como ha ocurrido todo el año, por la casa de apoderamiento y de sus socios, con la cargada y el oficialismo aun de su lado pero con el enorme riesgo que implica el obligatorio salto cualitativo y no solo el numérico. Tal encrucijada, misteriosamente, no se televisa a México y deja al descubierto que el encubrimiento de la realidad taurina será, de nuevo, develado por las muy certeras redes sociales que, estridentes, muestran más pasión taurina que el oficialismo. Leo Valadez aun puede enderezar su desigual año en sus últimos minutos de novillero. Embestido los toros en los primeros días del Otoño madrileño, ¿Lo harán cuando más importa? Posible entronización de Ferrera justo al umbral de rematar por todo lo alto su gran Temporada.

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Desafío ganadero en Madrid: Un toro de Saltillo y José Carlos Venegas, la casta y el valor

Venegas en Madrid. Foto Plaza 1. 

Por Carlos Ilián.

En la programación del final de la temporada de verano, anterior a la feria de Otoño, la empresa se ha sacado de la manga un desafío ganadero en el que compiten seis hierros de los clasificados como muy de Madrid. 

Y para empezar se enfrentaron los de Saltillo y Juan Luis Fraile, con claro triunfo saltillero, especialmente por el juego del tercer toro, de nombre Gallito, que después de mansear en cuatro puyazos, se entregó en el quinto y cambió como de la noche al día porque en la muleta humilló y embistió con casta y codicia.

En este toro José Carlos Venegas estuvo a tono con las exigencias del de Saltillo. El torero de Jaen templó y ligó, plantado con firmeza en el toreo sobre la mano derecha, sobre la que fundamentó prácticamente toda su labor, aunque en el toreo al natural dejó un par de apuntes. La gente no le tuvo en cuenta el espadazo haciendo guardia con el que culminó la faena y le pidieron con mucha fuerza una oreja, la misma que paseó con el orgullo de cortársela en Madrid a un toro de verdad encastado.

En el sexto, de Juan Luis Fraile, un torazo de bella lámina y muy mal estilo, se defendió con más agallas que técnica ante las violentas tarascadas del animal y su forma de reponer y rebañar. Pero consiguió, por lo menos, salir ileso ante aquel aluvión de gañafones. 

Como ileso salió también Octavio Chacón después de enfrentarse a un lote imposible, tanto su primero, de Saltillo, cogiendo moscas en derrotes de infarto y midiendo cada embestida, como en el cuarto de Fraile, un toro complicadísimo, con la mirada en el bulto y la cara por las nubes. En ambos toros Chacón muleteó con dignidad.

Pérez Mota del que puedo dar fe de que en alguna ocasión le aprecié condiciones de torero fino y de exquisita muleta, ayer estuvo a la deriva ante la casta del quinto, de Saltillo, un toro exigente al que no encontró nunca ni la distancia, ni el temple y menos aún poderle por bajo. La gente se metió con el chaval de Cádiz, aunque me habría gustado ver con este toro a alguno de los de arriba del escalafón. En su primero, de Fraile, un toro de cara arriba y embestida arisca y cortísima hizo un esfuerzo por correr la mano aunque apenas conseguía remedos de muletazos.

Plaza de Madrid. Desafío ganadero, primera corrida. Un cuarto de entrada. 

Toros de Saltillo (6), encastados, de mucha movilidad y de juego bravo el tercero, y de Juan Luis Fraile (3), muy serios y de complicada y mansa condición. 

Octavio Chacón (5), de nazareno y oro. Dos pinchazos, bajonazo y tres descabellos. Un aviso (silencio). Pinchazo y estocada caída (silencio). 

Pérez Mota(4), de grana y oro. Cuatro pinchazos y bajonazo. Un aviso (silencio). Cinco pinchazos y descabello (pitos). José 

Carlos Venegas (7), de turquesa y oro. Estocada que atraviesa (una oreja). Pinchazo hondo, media estocada atravesada y dos descabellos (silencio).

Publicado en MARCA

A la conquista de Madrid


Por Ángel González Abad.

El pasado domingo toreó en el madrileño coso de Las Ventas un diestro catalán que esta luchando por abrirse paso. Abel Robles debutaba en la primera plaza del mundo con toda su carga de ilusiones, con la bandera de querer ser torero en una tierra en donde se mezclaron toros y política con toda clase de intereses, tanto que cercenaron la libertad de una afición.

Pues Abel Robles, un chaval que ha salido de la Escuela de Tauromaquia de Cataluña -un milagro que siga viva- desplegó en el ruedo venteño toda su torería, que, a juicio de las crónicas, no fue poca. Los novillos de San Martín que le tocaron en suerte no fueron los mejores para el triunfo, pero el catalán se sobrepuso. Firmeza y elegancia, le han cantado los críticos, que han destacado su buen concepto del toreo y sus formas clásicas. No hubo éxito grande, pero sí dejó ganas de volver a verlo. A punto estuvo de conquistar Madrid.

Y si echamos la vista atrás, quien conquistó Madrid en su presentación fue Enrique Patón, que ahora celebra el cincuenta aniversario de su alternativa. El 3 de septiembre de 1967, de manos de Chamaco, ante Paquirri, y con un toro de Manuel Arranz, un espigado mozo de Figueras se hizo matador de toros en la Monumental de Barcelona. Un torero que dejó escritas buenas páginas en la década en la que luchó enconadamente por alcanzar un lugar de privilegio en el escalafón de matadores. Triunfos y sangre marcaron su carrera, que tuvo el punto final en donde empezó, en una tarde de septiembre, de 1977, en la arena de la plaza de Barcelona. El pasado como hombre vestido de luces, catalán siempre, y el aún presente como importante empresario taurino.

Patón toreó mucho tanto en el coso barcelonés como en las numerosas plazas catalanas que por aquellos años ofrecían una temporada completa. Quiso, ya como empresario, coger las riendas de la Monumental barcelonesa, pero le cerraron el paso. Como a Abel Robles, el joven novillero que no puede pisar su plaza, pero que a punto ha estado de conquistar Madrid. 

Tiempo habrá.

Publicado en ABC 

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Cursilería, amargura y toros 

Simón Casas y la rejoneadora Lea Vicens.
Simón Casas y la rejoneadora Lea Vicens.

Por Jean Palette-Cazajus.

«Hacerle el amor al toro, desde luego es impúdico, es hermoso. Viene hacia nosotros, no para cornearnos sino para amarnos. La muleta se arrastra por el suelo como una lengua que nos invitase a un beso profundo. El espectador se vuelve vouyerista, lo que presenciamos es un coito, un orgasmo colectivo, […] la corrida es vaginal…»

Dentro de la logorrea y la cursilería que tanto abruman la literatura taurina, lo que acaban de leer se sitúa sin duda entre lo más granado del género. Pocos se extrañarán si les digo que acabo de traducir tan antológica pieza del francés. Y a muchos les invadirá una auténtica «schadenfreude» cuando se enteren de que el autor es el impagable Bernard Domb, más conocido en el mundillo taurino como Simón Casas, actual y muy cuestionado gestor de la plaza de Las Ventas. 

Los improbables desbordamientos están extraídos de un libro publicado en 2003 por el polifacético personaje y titulado «Manchas de tinta y de sangre». El caso es que esta misma mañana tropiezo en un conocido blog taurino con un ataque inmisericorde y sin duda justificado contra la gestión de Simon Casas, si bien enhebrado en una retórica patriotera donde, resumiendo, vienen a decirnos, entre más veras que bromas, que el aludido es un daño «colateral» de la invasión napoleónica y del reinado de Pepe Botella. El enconamiento de la agresión antitaurina ha propiciado el auge de un tipo de defensa neo casposa que me provoca erisipela.

Estoy recién salido de la dura experiencia de tener que reflexionar por obligación sobre una hipotética filosofía taurina. Me encuentro confrontado con la declaración de guerra a la tauromaquia recientemente protagonizada por el filósofo francés más mediático, el prolífico Michel Onfray. Espero tener algo de tiempo para reconsiderar ambos eventos. De momento les dejo mi respuesta al cuestionario de la «Revista de Estudios Taurinos», publicada en el reciente número 40, en compañía de otras varias opiniones entre las cuales están las de Pepe Campos, Víctor Gómez Pino Francis Wolff. 

Redactado de prisa y corriendo, no me avergüenzo del todo de un texto que llega a reflejar mis conceptos fundamentales sobre la cuestión, además de mi distancia sideral con cierto tipo de aficionados que nos conducen al precipicio. Descuiden, soy el primero en darme cuenta de mis propios coqueteos con la logorrea y la cursilería. 

En otro momento intentaré exponer mi particular hipótesis sobre las razones por las cuales ni los más prevenidos nos libramos de tan aterradora plaga.  

1)    Qué razones avalan su afición a la fiesta de toros?

En mi caso personal, joven adolescente francés, no cabe negar el papel inicial de lo que se conoce como exotismo. El exotismo es el sueño de una radical exterioridad. Puede ser trivial punto de fuga o basculación de los ejes vitales y de la propia identidad. Lean a Víctor Segalen. Hoy tras compartir mi vida entre ambas naciones, sigo pensando que la corrida es, fundamentalmente, exotismo absoluto.  Entendida como ritual, como misterio en el sentido griego, o como simple espectáculo, «la corrida de muerte» consiste efectivamente en una exteriorización absoluta del sujeto humano fuera de los aplomos cotidianos de su condición básica. 

Descarto el argumento de la belleza. Primero porque solo surge en muy contadas ocasiones. Luego porque es convención. La tauromaquia no es retórica. Es la respuesta del logos a la etología del toro. En el ruedo reinan las reglas. Si surge la belleza no será perceptible para quien las desconozca. No hay belleza sin educación previa. En los Toros, la belleza es la respuesta fácil que acalla las preguntas complicadas. Antes que de educación, convendría hablar aquí de «iniciación». La excepcionalidad de la corrida de toros se basa en una transgresión fundamental. En la sociedad del simulacro y de la realidad «virtual», la corrida expone, única, la obscenidad de la muerte. La conciencia del aficionado más básico debe estar modelada por esta sagrada premisa.

Intuí desde un principio que las palabras básicas, contradictorias, conflictivas que denotaban la corrida de toros, muerte, peligro, belleza, tragedia, sangre, entusiasmo, aburrimiento, vulgaridad, cutrez, verdad, mentira… perdían todo sentido consideradas una por una. La corrida de toros es, parodiemos a Marcel Mauss, un «hecho existencial total». Por ello, siempre resultará un proyecto aporético intentar explicarla. Las circunstancias actuales me empujan a procurar entender lo que ella explica de mí.

2)    ¿Qué opina de las circunstancias actuales que están viviendo las fiestas de toros?

La sensibilidad zoófila se ha apoderado de los siquismos humanos. Se trata de una ruptura epistemológica y deóntica brutal. La temática de los llamados derechos animales ocupa el primer plano de las preocupaciones en la sociedad posoccidental. Una sociedad ilusa, atomizada en mónadas egoístas, de pronto asustada por el pitón buido de la razón y tentada por el necio refugio en el cascarón de las creencias autocompasivas. Algunos piensan así conjurar la violencia intraespecífica que define nuestra condición. Califican de culminación del proceso de civilización lo que son, al contrario, los síntomas de su crisis agónica. Sus salmodias lastimeras calan hondo en un abanico que va desde el fervor místico a la indiferencia benevolente. Tal ideología se extiende de forma viral y hace buena las teorías de Richard Dawkins sobre la replicación cultural de los llamados «memes».

Mientras, buena parte de la afición honra el verso machadiano y «desprecia cuanto ignora». Nada quiere saber sobre sus adversarios, ni quiénes, ni cómo, ni cuántos. Semejantes tropas suelen ser el plato favorito de los desastres. Piensan enfrentarse a una secta necia y minoritaria. Y sin embargo ven, día tras día, los estragos de su capacidad de influencia, ven como la sociedad se define mayoritariamente opuesta o indiferente a los toros. La pereza discursiva se acuerda entonces del viejo compló judeomasónico, resucitado hoy en catalanopodemita. Aires de caverna miope y oscurantista  soplan sobre tal afición. 

Creen defender la Fiesta y la trivializan. Son los primeros en tapar su grandeza. Su  rancia retórica oculta el temor a enfrentarse a la gravedad de esta relación a vida o muerte con «la sustancia peligrosa de los seres vivos», palabras de Lévi Strauss. Hace años que afirmo que todo aficionado dotado del cupo neuronal reglamentario es alguien que sólo puede cabalgar inconfortablemente en el filo de la navaja entre el Sí y el No. Quienes no renunciaremos nunca a «la funesta manía de discurrir» sabemos que la corrida de toros es un terrible lecho de Procusto para la mente humana. Formo parte de quienes, al final, consideran no obstante que la aportación de los toros a la inexplicable anomalía humana inclina positivamente el fiel de la balanza.

La paleoantropología y la biología evolutivas, la ecología del comportamiento, las neurociencias son cada vez más aptas para desbaratar las obsesiones antropomórficas del lamento animalista. Tal afirmación sólo le puede resultar contraintuitiva al dueño de un cerebro previamente colonizado por semejantes dogmas. No soy el primero en negar toda dualidad ontológica de las sustancias entre el hombre y el animal. O en recusar la intervención de toda trascendencia  en el debate. Pero precisamente porque el hombre ocupa, en tanto que uno más en la cadena de los seres vivos, su sitio en la evolución del genoma, es más fácil evidenciar la inconmensurabilidad de destino entre cualquiera de las especies animales y los factores autopoiéticos y emergentes que propiciaron la particularidad humana. Sólo desde la fe antropomórfica se puede pretender que las citadas ciencias contribuyen a borrar las fronteras entre hombre y animal. Creo que, muy al contrario, van afianzando cada día la realidad de una frontera tan inexorable como irreductible.

Un buen natural, siempre que el toro «no se deje» ¡claro!, puede calificarse de neguentrópico. El toreo sirve para reactivar en cada ocasión el núcleo fisible del tiempo y de la muerte. El bifaz lítico anunció la hominización. Chronos/Thanatos configuran el bifaz existencial que anuncia y fataliza la humana condición. El primate se hominizó cuando accedió al tiempo, es decir a la convivencia -¿la connivencia?- con la muerte. Tiempo y muerte sedimentaron durante milenios en el espesor geológico del lenguaje. Por eso no debemos dudar de que el contenido existencial de cada especie reside por entero en lo que cada ejemplar sea capaz de decir de sí mismo. De modo que el toro muere, pero sólo el hombre es mortal. La «creación» es muda, los animalistas burdos ventrílocuos.

Ni siquiera el hombre acaba de acceder a la total conciencia de su finitud. Su animalidad constitutiva le borra parcial y afortunadamente la nitidez de su horizonte mortal. Si tuviéramos cabal conciencia de tal e inmenso absurdo, la vida se nos haría literalmente imposible. Los ingenuos siempre pensaron que el devenir de la especie iría aportando paz y respuestas a sus preguntas. El devenir sólo invalida las viejas respuestas y carga de tormentas las nuevas preguntas. Prohibir la corrida de toros no supondría acabar con una respuesta inconveniente sino abortar una pregunta necesaria. La corrida de toros, es así la mejor vacuna contra las ilusiones mortales de quienes esperan respuestas desde el porvenir o la historia. En nuestro tiempo, como en el de los estoicos, la respuesta no tiene pregunta, la pregunta no tiene respuesta y sólo cabe confiar en la capacidad torera del alma propia.

3)    ¿Qué soluciones daría para incentivar en la sociedad del siglo XXI las fiestas de toros?

Muchas cosas deberían cambiar para que la corrida de toros saliera viva del siglo XXI. Me pierdo en la historia del hombre y me voy sin evocar siquiera la necrosis interna de la Fiesta actual, sus menguantes públicos papanatas, sus  toros precocinados y su toreo fraudulento. Suena el tercer aviso sin tiempo para explicar por qué, cualquier medida positiva en los toros, sería siempre aquella que suscite el rechazo unánime de empresarios, ganaderos y toreros. Si la Fiesta Brava puede salvarse lo tendrá que hacer contra todas sus letales rutinas. De momento la única pregunta seria es la de saber quién acabará primero con los ritos táuricos, si el cáncer en las propias entrañas o la agresión exterior. No por ello debe aflojar nuestra voluntad de defender la tauromaquia. Recordemos a Camus y «El mito de Sísifo ». Vivimus quia absurdum.

Publicado en Salmonetes ya no nos quedan.