Archivo de la etiqueta: EL JULI

Feria de la Albahaca 2018 en Huesca: Corridas de Toros

Plaza-toros-Huesca_EDIIMA20171106_0435_4

De SOL y SOMBRA.

Tauroemoción ha presentado los carteles de la feria de la Albahaca 2018 en Huesca, destacando el mano a mano del día 12 de agosto entre Enrique Ponce y El Juli, con toros de El Vellosino. Otros toreros destacados que pisarán el ruedo oscense son Sebastián Castella, Cayetano, López Simón, Padilla o el rejoneador Diego Ventura. Uno de los momentos especiales se vivirá con la despedida de Juan José Padilla.

Siguen sin aparecer los hermanos Adame en las feria de verano y es ya preocupante saber que sus triunfos en Madrid no les están redituando. Que estará pasando ¿mala administración?, ¿no interesan?, ¿donde esta la fuerza de la FIT?, Antonio Barrera ¿que pasa?

Los festejos:

Día 10 agosto: Sebastián Castella, Cayetano Rivera y López Simón con toros de Manuel Blázquez

Día 11 agosto: Juan Bautista, Serranito y Emilio de Justo con reses de Adolfo Martín

Día 12 agosto: Mano a mano Enrique Ponce – Juli con toros de El Vellosino

Día 13 agosto: Juan José Padilla, El Fandi y Miguel Abellán para los toros de Salvador Domecq

Día 14 agosto: Corrida de rejones para Andy Cartagena, Diego Ventura y Pérez Langa. Los toros serán de la ganadería de Passanha.

Twitter @Twittaurino

Anuncios

Ponce cuelga el quinto cartel de «No hay billetes» en Las Ventas de Madrid

El maestro de Chiva agotará el papel en su único paseíllo en una Feria por donde, pese a la lluvia reinante, han pasado más de 400.000 espectadores.

Por Rosario Peréz.

Más de 400.000 espectadores han acudido a la Monumental de las Ventas en las primeras 22 tardes de toros de una Feria de San Isidro de 34, la más larga de la historia.

De momento, se han colgado cuatro carteles de «No hay billetes», en las tardes de Roca Rey, Manzanares, Juli y Talavante, que en su tercer paseíllo rozó el lleno por la vía de una sustitución anunciada apenas 24 horas antes debido a la lesión de Paco Ureña.

Pese al ninguneo por parte del Ayuntamiento de Carmena a los toros, que son el verdadero santo y seña de San Isidro, cada día han desfilado por la plaza una media de 18.000 espectadores, que se dice pronto y en ningún otro espectáculo de Madrid se logra cifra así durante un mes seguido.

El nombre más taquillero de todos, según la propia empresa, ha sido el de Andrés Roca Rey, seguido de José María Manzanares, al que todavía resta una cita, el próximo viernes, tarde en la que se lucirá el sexto «No hay billetes» de San Isidro.

El quinto anhelado cartel se colgará hoy de la mano de Enrique Ponce, en su único paseíllo en la Feria. El maestro de Chiva confirmará alternativa al venezolano Jesús Enrique Colombo, en presencia del francés Sebastián Castella.

Después de una primera semana de toros sin llegar a los tres cuartos -salvo el casi lleno en la festividad del Patrón- en el Mundial del Toreo, José María Manzanares y Alejandro Talavante, con Antonio Ferrera abriendo terna, fueron los primeros en agotar las localidades y activar la reventa, con la corrida de Núñez del Cuvillo.

En los dos paseíllos anunciados de los dos primeros se agotaron los boletos, aunque Talavante -escrito está- volvió una tercera tarde por la vía de la sustitución y el camino de la Puerta Grande, junto a López Simón, en un viernes de diluvio en el que se rozó el lleno.

Más tardes de «No hay boletos» han sido las de la despedida de Juan José Padilla en su despedida de Madrid; Sebastián Castella y Roca Rey.

También: el 23 de mayo, con Perera, Talavante y Roca Rey (toros de Victoriano del Río); el día 24, en el mano a mano de El Juli con Ginés Marín (toros de Garcigrande, Alcurrucén y Victoriano).

Faltan todavía casi dos semanas de toros en este Mundial del toreo de 34 tardes, en las que rara ha sido la jornada en la que la lluvia no se ha colado como invitada.

Tarde a tarde

Estos son los espectadores que han pasado por taquilla, tarde a tarde:

Martes 8 de mayo (novillos de Guadaira para David Garzón, Carlos Ochoa y Ángel Téllez): 16.371 espectadores.

Miércoles 9 (toros de La Quinta para Juan Bautista, El Cid y Morenito de Aranda): 15.032 espectadores.

Jueves 10 (toros de Fuente Ymbro para Joselito Adame, Román y José Garrido): 14.822 espectadores.

Viernes 11 (toros de Pedraza de Yeltes para Manuel Escribano, Daniel Luque y Fortes): 15.889 espectadores.

Sábado 12 (toros de Bohórquez para Martín Burgos, Rui Fernandes, Joao Moura, Leonardo Hernández, Joao Telles y Andrés Romero): 11.623 espectadores.

Domingo 13 (toros de Baltasar Ibán para Alberto Aguilar, Sergio Flores y Francisco José Espada): 13.620 espectadores.

Lunes 14 (toros de Las Ramblas para David Mora, Juan del Álamo y José Garrido): 15.479 espectadores.

Martes 15 (toros de Puerto de San Lorenzo para El Fandi, Paco Ureña y López Simón): 22.275 espectadores.

Miércoles 16 (toros de Núñez del Cuvillo para Antonio Ferrera, José María Manzanares y Alejandro Talavante): 23.624 espectadores (Primer No hay billetes).

Jueves 17 (toros de Juan Pedro Domecq para Finito de Córdoba, Román y Luis David): 16.317 espectadores.

Viernes 18 (toros de Jandilla para Juan José Padilla, Sebastián Castella y Roca Rey): 23.634 espectadores (Segundo No hay billetes).

Sábado 19 (toros de Alcurrucén para Curro Díaz, Joselito Adame y Juan del Álamo): 22.179 espectadores.

Domingo 20 (toros de Capea para Diego Ventura y Leonardo Hernández): 21.243 espectadores.

Lunes 21 (novillos de Conde de Mayalde para Pablo Atienza, Toñete y Alfonso Cadaval): 15.763 espectadores.

Martes 22 (toros de El Ventorillo para Curro Díaz, Morenito de Aranda y David Mora): 17.042 espectadores.

Miércoles 23 (toros de Victoriano del Río para Miguel Ángel Perera, Alejandro Talavante y Roca Rey): 23.624 espectadores (Tercer No hay billetes).

Jueves 24 (toros de Garcigrande, Alcurrucén y Victoriano del Río para El Juli y Ginés Marín): 23.624 espectadores (Cuarto no hay billetes).

Viernes 25 (toros de Núñez del Cuvillo para Juan Bautista, Talavante -sustituto de Ureña- y López Simón): 22.636 espectadores.

Sábado 26 (novillos de Fuente Ymbro para Marcos, Alejandro Gardel y Francisco de Manuel): 16.823 espectadores.

Domingo 27 (toros de Dolores Aguirre para Rubén Pinar, Venegas y Gómez del Pilar): 15.013 espectadores.

Lunes 28 (toros de Partido de Resina para Sánchez Vara -sustituto de Ricardo Torres-, Javier Castaño y Thomas Duffau): suspensión.

Martes 29 (toros de Torrehandilla para Daniel Luque, David Galván y Álvaro Lorenzo).

Miércoles 30 (toros de Garcigrande para Enrique Ponce, Sebastián Castella y el confirmante Colombo): está previsto que se cuelge el No hay billetes (23.624 espectadores).

Andrés Roca Rey

Sus carteles son los más demandados. Actuó el 18 de mayo, con Padilla y Castella, frente a la divisa de Jandilla, y el día 23, con toros de Victoriano del Río, junto a Perera y Talavante.

José María Manzanares

Hizo su primer paseíllo el 16 de mayo, con Ferrera y Talavante, para dar cuenta de la corrida de Núñez del Cuvillo. Dos semanas después, el 1 de junio, torea con Castella y Cayetano los toros de Victoriano del Río.

Alejandro Talavante

Es uno de los toreros que más interés despierta en Madrid. Actúo en las citadas tardes del 16 de mayo, con Ferrera y Manzanares (toros de Cuvillo), y el 23, con Perera y Roca Rey (Victoriano del Río). También entró por la vía de la sustitución, por Paco Ureña, el pasado viernes, y abrió la Puerta Grande junto con López Simón.

El Juli

Tras su apoteosis en Sevilla, toreó el 24 de mayo en la Corrida de la Cultura, mano a mano con Ginés Marín. Entre lo más emocionante de la feria queda la faena de El Juli a Licenciado, de Alcurrucén, al que cortó una oreja.

Enrique Ponce

Comparece una única tarde, el 30 de mayo, para confirmar al venezolano Colombo en presencia de Castella. El ganado es de Garcigrande, hierro con el que abrió la Puerta Grande en San Isidro 2017.

Publicado en ABC

«La fiesta necesita toros como ‘Licenciado’ para que haya emoción» Pablo Lozano


Pablo Lozano, ganadero de Alcurrucén, describe las virtudes de uno de los mejores toros del ciclo isidril.

Por Jaime Roch.

«Licenciado», número 122, de la ganadería de Alcurrucén, será recordado como uno de los mejores toros de este San Isidro.

Una lámina. Colorado ojo de perdiz de capa, de 530 kilos, muy astifino y armónico de hechuras. Ese fue el animal que recibió una ovación de gala por su brava condición en el arrastre póstumo después de que El Juli realizara una gran faena.
Pablo Lozano, ganadero de Alcurrucén, afirma que «Licenciado» fue un toro «muy completo por su entrega, transmisión y recorrido en la muleta. Siguió los vuelos de los trastos hasta el final, mantuvo su ritmo y duró mucho en una muleta tan exigente como la de El Juli».

El criador asegura que «la fiesta necesita toros como ´Licenciado´ para que haya emoción, con casta y fiereza en su embestida, y no como algunos de los toros que han salido esta feria, mansos y con exceso de peso».

Este «Licenciado» cotizaba al alza en El Cortijillo, finca toledana donde pastan los pupilos de los Lozano: «Estaba reseñado para la Semana Grande de Bilbao pero mi hermano José Luis hizo que entrara en Las Ventas y no se equivocó porque el toro tenía unas hechuras muy buenas y en la plaza no nos defraudó», cuenta el ganadero.

Sobre la obra de El Juli, Pablo Lozano explica que «fue una lucha de poder a poder porque el toro demostró bravura y necesitaba un torero que no le dudara por las seis arrancadas seguidas que tenía. El Juli estuvo fenomenal, cada vez que exigía al toro, el animal respondía mejor».

«Dentro de la exigencia de Madrid, creo que el toro se mereció la vuelta al ruedo porque cumplió en el tercio de varas, a pesar de que los Núñez son fríos de salida, y en la muleta fue a más. La media estocada de ElJuli frenó al presidente para sacar el pañuelo azul. En Sevilla le hubieran pedido el indulto porque su embestida se parecía a la de Orgullito, de Garcigrande», argumenta Lozano.

El alcurrucén es hijo de «Chalán», número 96, uno de los padres de la ganadería que ya ha fallecido. La historia de los toros memorables de esta ganadería en Las Ventas es tan larga como importante. El año pasado lidió a «Barberillo», al que Ginés Marín cortó dos orejas, y a «Licenciado», hermano del toro de ElJuli por parte de madre y padre que le tocó en suerte a Juan del Álamo: «El ´Licenciado´ de este año me gustó más porque tuvo una embestida más viva, más brava» concluye Pablo Lozano.

El próximo 6 de junio, sus toros vuelven a Las Ventas en la Corrida de la Beneficencia con Ferrera, Perera y Ginés Marín en el cartel. La regularidad de Alcurrucén continúa en Madrid.

Publicado en Levante EMV

Feria de Córdoba: La corrida de toros sin toros

Por Rafael de la Haba.

Otra tarde de toros sin toros. Una más. Y van… Así se cuece en la fiesta que languidece. Las crónicas se repiten. El toreo se estandariza, todo bajo el mismo patrón. La emoción… ¡Ay, la emoción! Sin toro no hay fiesta. Cuántas veces la misma frase. Cuántas veces la misma cantinela. Pero no hay secreto. Ayer fueron los de Daniel Ruiz. Más de lo mismo. El medio toro. La tauromaquia moderna. Adiós a la suerte de varas. Hola a los aplausos a los minipuyazos. Que el toro no se caiga y que la espada entre a la primera. Poco más exige el público. Es lo que hay. No va más. Es la corrida de toros sin toros. La del mimo y el cuidado. La de toreros a los que se valora por su capacidad para sostener animales en pie, para llevar sin molestar, conducir sin obligar… Es la fiesta moderna. La de los toros sin toro. Aquella en la que las orejas maquillan resultados, pero no engañan. Ya saben lo del algodón… Y un trofeo se llevó Ponce. Y otro Ginés Marín. Pero pasó la tarde y pasó la corrida. Y poco pasó.

El propio Enrique Ponce, dominador absoluto de este tipo de cuadro gracias a su espléndida fórmula de técnica, temple y elegancia, se estrelló con el que abrió plaza, un ejemplar inválido con el que no llegó ni a estirarse de capa antes de que perdiera las manos. Imaginénse ya en la muleta. El animal no aguantaba ni pasándolo a media altura. El maestro se fue a por la espada sin más. No era para menos.

En el cuarto, en cambio, otro de Daniel Ruiz que perdió la vertical ya en el capote y que salió parado del caballo, Ponce desplegó todo su catálogo de suavidad, tiempos muertos y ceremoniosidad para trazar muletazos limpios, sin obligar, templados… Todo eso en una labor despegada en muchas fases y siempre a cámara lenta, la misma que imponía la falta de fuelle del animal. Pero Ponce, una vez más, hipnotizó al astado como lo hizo con los tendidos, hasta el punto de hacerles olvidar la falta de emoción, la falta de toro.

La otra oreja de la tarde cayó en las manos de Ginés Marín en el tercero. Animoso con el capote, intercalando verónicas y chicuelinas, con la muleta no pudo pasar de series cortas y mucha variedad en los remates. Fue más lo que llegó al público con estos que lo que hubo entre los mismos. Y es que el animal tampoco daba para mucho más. Así es que lo pasó sin atacar por la derecha y con suavidad por la izquierda. Buen trazo, eso sí, pero sin prender la llama en series de tres y el remate. Hasta que, ya con el toro paradísimo, el hombre expusiera en unas bernardinas que, ahora sí, pusieron el ¡uy! en los tendidos. Eso y una buena estocada fueron determinantes para el trofeo.

Ya en el sexto, en cambio, no pudo repetir. Soso hasta decir basta el de Daniel Ruiz, tampoco Ginés Marín se comprometió en la colocación ni el trazo, planteando el toreo muchas veces por fuera y en línea. Pasaba el toro sin más y se sumaban los muletazos de igual guisa. Todo quedó en apenas nada.

Y nada se llevó tampoco El Juli, aunque el toreo de más peso corrió a su cargo. Fue en el segundo de la tarde, el sobrero de Virgen María que saltó al ruedo tras partirse un pitón el titular de Daniel Ruiz. Un animal que se le coló bien pronto por el derecho y al que planteó faena de inicio por el izquierdo. Por allí, los primeros muletazos le salieron tocados, pero luego mejoró en largura y temple. Y ya con la diestra, con el toro protestando, dominio y mando con la mano baja. Pudo ahí El Juli, como también mejoró en otros naturales muy redondos. Faena sólida, sin terminar de explotar en lo artístico, con algún altibajo, pero siempre con la virtud del mando. Eso sí, mal rematada con la espada, sin duda, clave para no sumar trofeo.

Y en el quinto, simplemente imposible. Lo había brindado El Juli al público, pero a las primeras de cambio, el de Daniel Ruiz reculó, se rajó y se paró. No había para más. No había toro. Ni para el mimo, ni para el cuidado, ni para sostenerlo, ni para llevarlo sin obligar, ni para no molestarlo… Las cosas del toreo moderno y de la fiesta que languidece.

Ganado: cinco toros de Daniel Ruiz y uno de Ganadería Virgen María -lidiado en segundo lugar como sobrero, en sustitución de uno del hierro titular que se partió un pitón-, justos de presentación y escasos de juego por su falta de fuerzas.

Enrique Ponce: pinchazo y estocada (silencio), y pinchazo y estocada desprendida (una oreja).

Julián López ‘El Juli‘: dos pinchazos y estocada trasera (ovación), y media y tres descabellos (silencio).

Ginés Marín: estocada (una oreja), y estocada casi entera muy trasera (ovación).

Cuadrillas: buenos pares de José María Soler en el quinto.

Plaza: media entrada en tarde de nubes y claros.

Fuente: Diario de Córdoba

Foto: Miguel Ángel Salas.

Corrida de la Cultura. En la Feria de San Blas, a Ginés le ponen una caseta (y nosotros les devolvemos a los sevillanos su torero)

Por José Ramón Márquez.

Bueno, pues al fin llegó el día de la Cultura, de la high culture, a Las Ventas. El día del advenimiento de Julián, que primero estuvo diciendo, hace meses, que si no venía a Madrid, que si la cosa no le cuadraba bien por no recuerdo qué, y resulta que era todo una añagaza como para hacerse valer y que se crease un movimiento a su favor que nunca se llegó a crear.

Finalmente solucionaron la papeleta con truco, pues en Julián todo lleva truco. Éste consistía en montar un mano a mano con él y con otro, para que a ver si con tres toros conseguía de una vez abrir la Puerta Grande de Madrid por segunda vez como matador de toros, cosa que le obsesiona. Se intituló la gesta como “Corrida de la Cultura”, echaron mano de Ginés Marín, y se compraron seis llamémosles toros para la parte cuadrúpeda del espectáculo que se correspondían con las ganaderías de Victoriano del Río, Alcurrucén y Domingo Hernández. Lo de Victoriano era, como si dijéramos, la continuación de lo de ayer, y la constatación de que entre los ocho toros le han hecho una avería gorda a su amo, que no sé quién de estos gourmets del toro bobo va a ir a comprarle el ganado vistos los resultados, y lo mismo nos toca ver dentro de un poco de tiempo a Victoriano del Río eliminando lo anterior. Y GinésMarín, pues a lo que se le diga, que ése es el papel que, lo quiera o no, le toca jugar.

Hoy han vuelto a poner el letrero de “No Hay Billetes” por ponerlo, porque había huecos más que notables en los asientos, y en la explanada los reventas ofrecían boletos con muy poco margen, señal de que no había chu-chu, como decía Juanito, a quien mandamos un abrazo desde aquí, que está delicado de salud el hombre. Se nos olvidaba decir que ésta se llama “Corrida de la Cultura” porque asiste a ella el señor Ministro del ramo, al que se le ve un aire de estar muchísimo más interesado en la tauromaquia caballeresca del siglo XVI sobre todo si va glosada en verso:

“…Ya miro al Duque con espada en mano,

Al Marques y á otro compañero;

Parece cada qual Héctor Troyano,

Y al herir, cada qual es el primero:

A fuertes cuchilladas

Se queda el toro allí hecho tajada…” etc.

Echaron por delante uno de Victoriano del Río que adoleció de falta de movimiento, por lo que era absolutamente incompatible con la idea de Julián, que necesita de la carrerita repetidora del animal para perpetrar su tauromaquia. Si el toro se para, a Julián se le caen inmediatamente todos los palos del sombrajo, y eso es justamente lo que le pasó, que el toro era de tipo marmolillo, del mismo encaste que los toros de Guisando, que están en la Venta Juradera cerca de El Tiemblo, que se tragaba un pase y se paraba y ahí se quedaba Julián desesperado porque la cosa de la ligazón y el empalme de los muletazos que él necesita como el aire para echar a andar su negociado, no manaba al encontrarse el toro como posando para un escultor, para un Benlliure de la birria ganadera. Señalemos que toda la responsabilidad respecto de las condiciones de los toros de hoy recae sobre Julián, que habrá reliado, él o persona interpuesta, en las ganaderías lo que no está en los escritos mirando líneas, reatas y sementales hasta la quinta generación para acabar trayendo esto. Lo mató de canónico Julipié al segundo intento y aún hubo personas generosas y de noble corazón que aplaudieron a Julián tras el arrastre del toro, que hay que decir en este caso lo bien que hizo el hombre en no salir del callejón a recoger cuatro palmas.

El primero de los Hermanos Lozano, se fue a las manos de Ginés Marín. Le picaron con el mismo mimo que se pican las cuerdas del violín en un piccicato, y el animal llegó a banderillas totalmente exhausto y con una falta de movilidad que daba pena verle andar por la Plaza. El buey arrastraba sus cuarenta y ocho arrobas y media con harto pesar de su corazón y cuando llegó la cosa de la franela el toro estaba como para tomarse un Dalsy y meterse en la cama más que para ponerse a embestir. De hecho se paró en medio de un pase, con Ginés en la oreja erre que erre dándole trapazos en el hocico y es que el bóvido ni se movía, ni intentó un derrote, ni protestó, ni hizo nada. Fuese el colorado de los Lozano a que le trinchasen los destazadores y nos aprestamos a ver a su hermano, a ver qué nos decía.

La salida del segundo Alcurrucén no fue lo que se dice la salida del toro que se viene a comer el mundo, y más bien al toro se le hacía un mundo abandonar el fresquito de las mazmorras de Florito sin acabar de salir. Así estuvo un ratito. Luego medio cumplió en varas y es tardo en banderillas. El bicho había tomado el capote de Julián con buen son en los lances de recibo y el de San Blas se fue con decisión a por él para iniciar su faena en el tercio, entre el 9 y el 8 con un principio ligero y gustoso: cuatro por bajo con la derecha rodilla en tierra, un cambio de manos, una trinchera algo tensa y otras tres más relajadas fue el inicio de su labor y en ellas ya se vieron las óptimas condiciones del Alcurrucén para la muleta. Ahí empezó la auténtica cultura de Julián, si será cultural el tío que el otro día le hacían un publirreportaje en un importante diario de tirada nacional, pero su cultura no es de Real Academia, más bien es cultura popular, como el botijo. Acabáramos. Bueno pues ahí tenemos al Julián de siempre con lo suyo de siempre, que no va a cambiar ahora el hombre tras veinte años de alternativa, lo del cite por las afueras, lo del pico, pico, lo de cargarse la suerte, porque no la carga ni en sueños, y, eso sí, un temple nacido de una muy buena técnica, que es lo que realmente pone él, porque el resto más bien lo pone el toro. En sus modos, recalquemos que en sus modos, ha estado bien y por eso le jalearon con fuerza en las series que enhebró, que fueron todas. Mató traserísimo donde hay más dolor de barriga que muerte, cobrando media estocada, y se vio obligado a descabellar. Luego, primero con tibieza y después con la ayuda de los benhures de la mula se fue creando una petición que se sustanció en la obtención de una de las dos orejas que había venido a buscar a Madrid. Incluso hubo quien dio palmas al toro en el arrastre. En ese momento abandoné la Plaza.

A continuación, por no dejar inconclusa la reseña, anoto los comentarios de persona de mi máxima confianza:

4º toro. Ginés se dispone a matar después de faena tediosa y aburrida en la cual ha sido revolconado y no ha hecho ná de ná. Lo mismo de siempre. Se tira a matar. Mata de un bajonazo trasero. Resultado final: puñalá… trapera. El bicho cae y el puntillero acierta a la séptima.

5º toro. El toro, de Garcigrande, es un claro ejemplo de lo que no es trapío. Recibe una puya medianilla y al salir cae. Julián intenta hacer un quite que pasa desapercibido. Ginés intenta un quite por verónicas, todas por el pitón izquierdo y es arrollado por el bicho. Segundo revolcón que se lleva el chaval.

Sale Julián con ilusión y alegría, el aparcacoches coloca el toro en terrenos del 6-7 y se apresta a comenzar la faena sobando al toro por las afueras, preparándole para lo que se le viene encima. Lo intenta por la mano derecha; el torejo no da vueltas y nos embarullamos un poco. Vamos con la izquierda y empezamos retrocediendo muchos pasos entre natural y natural. El toro no hace nada por colaborar. El torero es el mismo y el toro peor. El toro se llama Cazatesoros, número 64, y está sacando la vena como de macho cabrío y el pobre Julián no sabe qué hacer, totalmente desarmado. El aficionado R. apunta “incapacidad técnica total”. Mata con otro julipié a la primera y el toro rueda. El toro ha sacado su castita y le ha traído de cabeza. Sale a saludar y le chifla media Plaza, la otra media le aplaude, los que aplauden chiflan y los que no chiflan aplauden…

6º toro. Sale el último, de Victorianodel Río, que es un toro gordo como si fuera de carne, de capa negra. Si lo pilla el de El Capricho y lo castra, teníamos buey para dentro de diez años. Dos grandes puyazos de Agustín Navarro, que se lleva la ovación de la tarde. Comienza Ginés la faena con la derecha, vaciando arriba, muy atropellado, luego pilla la izquierda y después pasa a la fase de los sustos, a ver si el toro le empuja y “lo para con la mirada”. Mata a la segunda y descabella a la última. Parte de la afición abandona la Plaza y otra parte se queda para pitar al toro en el arrastre.

Esto dio de sí la Corrida de la Cultura. A ver qué inventan para ver cómo levantan el muñeco el año próximo, que al entipado Julián le van cayendo las castañas y en Madrid su currículum de acinturamientos sigue empatado con el de Morenito de Maracay, el inolvidable Pepe Nelo. De momento ahí les devolvemos a los sevillanos a su torero, para que pueda seguir reinando en el coso del Paseo de Cristóbal Colón, número 12.

Publicado en Salmonetes ya no nos quedan

San Isidro: ‘Licenciado’, hermano de ‘Orgullito’

El Juli. Foto Pablo Cobos Terán.

CUATRO GANADERÍAS / EL JULI Y MARIN, MANO A MANO

Dos toros -1º y 6º- de Victoriano del Río; dos -2º y 3º- de Alcurrucén; el cuarto de Garcigrande, y el quinto de triunfo de Domingo Hernández, muy justos y cumplidores en los caballos; muy nobles todos a excepción del deslucido cuarto; agotados y descastados primero y segundo; muy encastado y nobilísimo el tercero; lastimado el quinto, y bravo y mejor presentado el sexto.

Julián López El Juli: pinchazo y estocada caída (palmas); media trasera y un descabello (oreja); estocada caída (ovación).

Ginés Marín: pinchazo y estocada (silencio); estocada desprendida (ovación); pinchazo, estocada y un descabello (silencio).

Plaza de Las Ventas. Corrida de la Cultura. Décimo séptimo festejo de la Feria de San Isidro. 24 de mayo. Lleno de ‘no hay billetes’ (23.624 espectadores, según la empresa).

Por Antonio Lorca.

Orgullito -el toro de Garcigrande que El Juli indultó en la pasada Feria de Abril- y Licenciado -del hierro de Alcurrucén-, lidiado ayer por el mismo torero, serían hermanos; y si no, del mismo árbol genealógico bovino, pues ambos lucieron grandes cualidades en el tercio final: galope, clase, humillación, prontitud, profundidad… Más completo el sevillano que el madrileño, pero exponentes ambos del toro moderno: justo de trapío, insulso en el caballo y en banderillas y extraordinario -hondo e incansable- en la muleta.

Licenciado le tocó en suerte a El Juli, un torero de deslumbrante suficiencia y técnica abrumadora. Su comienzo por bajo fue sencillamente espectacular, un lección de temple y torería, largos los muletazos, especialmente uno rodilla en tierra mientras el toro embestía con el corazón; y como colofón, dos trincherillas de cartel y un hondo pase de pecho. Otra vez un toro de ensueño, nobilísimo, y un torero de la posmodernidad. Fue allá por la cuarta tanda, la muleta en la derecha, cuando El Juli toreaba al hilo del pitón, decidió el torero cambiarse de mano el engaño y dibujó un natural tan profundo y largo que aún no ha terminado en la memoria de quienes tuvieron la suerte de contemplarlo. Entre el inicio y el final, muchos pases, con la muleta baja, pero acelerados casi todos ellos, y basados en la técnica moderna de iniciarlos al hilo del pitón. Muletazos que enardecen a las masas, pero que dicen poco; y, encima, mató mal.

La corrida de la Cultura comenzó bien. Por cierto, como era de la Cultura, por llamarle algo, se acercó a Las Ventas el ministro del ramo. Si hubiera sido la corrida de la naranja, hubiera venido el presidente de los hortelanos (lo que hay que inventar para que un ministro acuda a los toros…).

Comenzó bien, sí, porque El Juli y Marín compitieron -la única vez en toda la tarde- en el tercio de quites: por cordobinas, delantales y chicuelinas el primero, y por gaoneras el más joven.

Y hubo un toro bravo en el caballo (¡oh, milagro, milagro!), el sexto, de Domingo Hernández, el de más presencia, que fue picado de forma excelente por Agustín Navarro. La suerte de varas existe y es una preciosidad. Solo son necesarios toros bravos y picadores toreros. Acudió Coplero con alegría en dos ocasiones, empujó con los riñones, la puya en su sitio, y la plaza disfrutó con el extraño -por infrecuente- espectáculo. Instantes después, galopó en banderillas y permitió el lucimiento de Manuel Izquierdo y El Algabeño.

Los toros bravos no suelen ser fáciles en la muleta, y Coplero se ajustó a la norma. No había que cuidarlo, como a tantos otros, sino cuidarse de él, y eso fue lo que hizo Ginés Marín, pero cansino y aburrido, con pocas ideas lidiadoras.

Por cierto, el torero extremeño no tuvo ayer su día. Cierto es que no tuvo ningún toro de carril, pero se le vio espeso, en un quiero y no puedo permanente, y sin la noción clara de cuándo debe acabar una faena para no desesperar al respetable.

Muy descastado y sosísimo fue su primero, al que trató de hacerle una faena tan insulsa como interminable. Dificultoso y deslucido fue el siguiente, con genio y la cara por las nubes, y el torero no encontró la manera de controlar ese incómodo genio. Tiene gusto y aroma en las muñecas, y así lo demostró a la verónica en dos ocasiones, pero el toreo debe ser algo más.

El Juli se encontró en primer lugar con un torete bonachón, dulce y buena gente, pero muy escaso de fortaleza. Obedeció al cite, pero todo lo hizo con mucha tristeza, agotado y hundido. Aun así, hubo dos naturales estimables.

Y el quinto tenía la llave de la puerta grande. Cumplió en varas y persiguió con codicia a José María Soler, que lo banderilleó con acierto, pero la mala suerte se alió contra el torero. El toro no llegó con muchas ilusiones al final, pronto acortó el viaje y resultó que se había lesionado las manos, por lo que El Juli lamentó el accidente y se conformó con una ovación.

Publicado en El País

Es lo que digo yo: Roca Rey ¿La próxima revolución?

Por Luis CuestaDe SOL y SOMBRA.

Andrés Roca Rey es punto y aparte. Uno de los últimos genios que está revolucionando nuevamente el toreo. Porque no solo hay qué fijarse en su quietud, en sus lances sin enmendar, sino también en el majestuoso esfuerzo del ánimo que tiene este torero, acompañado siempre de un valor inmenso.

En su segunda actuación en Las Ventas ha roto las leyes del espacio y del tiempo, dibujando espirales para llevar al toro donde el quería con su muleta y su cuerpo como escudo.

Que Roca Rey es un torero diferente no me cabe la menor duda. Que actualmente es el que más entusiasma a las masas está fuera de toda cuestión. No reconocerlo sería estar ciego.

La pregunta es: ¿Estamos ante un nuevo revolucionario del toreo?

Hay que recordar que los últimos revolucionarios basaron su legado en tres fundamentos: El riesgo, el dominio del toro, y la estética.

De los tres factores, en el del riesgo, Roca Rey cumple cabalmente con los fundamentos inpuestos por toreros como Belmonte y Ojeda, este quizás el último revolucionario, aunque algunos críticos dicen que en realidad el último fue Manuel Benítez “El Cordobés”.

En el aspecto estético, el toreo de Roca Rey esta transformándose en un concepto de arte superior, por momentos muy lento, y en ocasiones, muy en redondo, pero basado en el toreo más fundamental, rematado con pases de pecho instrumentados con mucha hondura.

Y en cuanto al dominio de los toros, es preciso señalar que en su novísimo toreo, es algo que tarde a tarde ha ido mejorando, prueba de ello es que los toros ahora lo respetan más que en otras temporadas. Será interesante en un futuro verlo con otros encastes y toros mas exigentes, pero creo que todo llegará en su momento.

Hoy su faena al sexto toro tuvo dos partes: Una, de acuerdo con los cánones clásicos y la otra, de esa emocionante nueva tauromaquia que está anunciado una nueva revolución en el toreo.

Una revolución que, todavía algunos no quieren ver y que quizás cuando menos lo esperen, tocará muy pronto a las puertas de sus plazas.

Es lo que digo yo.

Twitter @LuisCuesta_

Foto: NTR Twitter

El Juli, valor de ley

Por Rubén Amón.

El niño que se lanzó a los ruedos es hoy un maestro del toreo con 20 años de alternativa. Tras su celebrado indulto del toro ‘Orgullito’ en La Maestranza de Sevilla, mañana disputa un mano a mano en la plaza de Las Ventas. Hoy asegura sentirse más vulnerable que nunca.

EL SILENCIO de la dehesa en una tarde templada de primavera se interrumpe por la algarabía entusiasta de los hijos de El Juli. Dos mellizos de siete años, Fernando y Rosario, y una niña de cuatro, Isabel, cuya devoción al padre alcanza a imitarlo con un capotillo de juguete mientras los caballos se secan al sol y el viento mece las encinas. Es una escena cotidiana en la exuberante finca extremeña del matador. Tan cotidiana que los niños y su madre, Rosario Domecq, son los únicos que se relacionan con Julián López (Madrid, 1982) como lo hacían antes del 16 de abril. Es la fecha del trance y del éxtasis. El día en que El Juli indultó en La Maestranza un ejemplar de Garcigrande. Acaso la mejor faena de su vida. Y la jornada más dichosa de los aficionados que abarrotaron la plaza de Sevilla, estupefactos por la emoción y la conmoción que procuró el torero madrileño en la lidia a cámara lenta de Orgullito. Así se llamaba el toro y el protagonista del indulto excepcional, aunque el diminutivo no contradice el diagnóstico de una experiencia superlativa.

Los hijos de El Juli no han observado transformaciones evidentes, pero los taurinos, los críticos y hasta los vecinos de Olivenza (Badajoz) se relacionan con el ­matador como si hubiera regresado de un acontecimiento sublime. Ya no puede desayunar con la tranquilidad de antaño en los bares del pueblo que siempre frecuentaba. Se le acercan. Le tocan. Y lo zarandean con preguntas e inquietudes a semejanza de una aparición. Como si El Juli levitara. O procediera de una aventura extrasensorial. “Lo que viví es muy difícil de contar. Cada vez que lo intento me doy cuenta de que la descripción limita lo que realmente sentí. Sentí que me abandonaba. Desaparecieron el miedo, la sensación de peligro, la técnica, el control. Era como si la muleta llevara mi cuerpo. Sentía que me rompía por dentro. No hay nada parecido a esa sensación de plenitud. Te dejas ir. Trasciendes. Y estableces con el toro una relación de intimidad. También desaparece su ferocidad y su peligro. Lo percibes no como un antagonista, sino como un cómplice. Sabía que no iba a matarlo”.

Hacerlo hubiera sido como dañarse a sí mismo. El Juli hubiera querido abrazar al toro. Y hubiera querido curarle las heridas, como luego hicieron los veterinarios. El Juli se despojaba del vestido de luces y se vestía de fraile franciscano. Más que jalear a Orgullito, lo arrullaba con la voz. Susurraba al hermano toro. “Amaba a ese animal. Y me conmovió cuando regresó vivo a los corrales. Llegué a sentir que la faena no iba a terminar nunca. Que estábamos en la eternidad”.

Impresiona el relato del indulto por la experiencia en sí y por los antecedentes. Julián conocía al padre de Orgullito. Que se llama Cazador. Y al que ha visto encampanarse en la finca salmantina de Garcigrande. Habla de él como si fuera un familiar. Y como si la simiente del torazo estuviera predispuesta a su tarde de gloria. El Juli había visto a Orgullito en el campo. Lo reconoció como a un amigo en cuanto apareció entre las sombras del toril de La Maestranza. “Son experiencias que suceden muy pocas veces. Que te abruman. Que te sobrepasan. Y me acordé del primer novillo que indulté en mi vida. Tenía 14 años. Ocurrió en México. Y cuando le perdonaron la vida me puse a llorar y no podía controlar las lágrimas. Me desbordaba la experiencia. Ahora ha sido distinto. Muy intenso, pero no hacia fuera, sino hacia dentro. Como si me descoyuntara y me partiera por la mitad”.

El Juli habla con más pudor que timidez. Una mirada profunda y expresiva que se acomoda a un rostro todavía adolescente, aunque las cicatrices que amenazan la boca retratan las costuras de una vida al límite. Niño prodigio fue Julián. Tan precoz que no podía torear en España. Y en hombre prodigio se ha convertido cuando cumple 20 años de alternativa. Sevilla ha capitulado a su maestría en una tarde de euforia. Madrid lo hará el 24 de mayo. Se anuncia mano a mano con Ginés Marín en la Feria de San Isidro. La plaza más difícil. La más hostil. Y la que más estimula su camino de superación, aunque El Juli se reconoce “más frágil y vulnerable que nunca” ahora que ya tiene 35 años y que le acechan unas sombras inquietantes. “Me impresionaron mucho las muertes de Víctor Barrio (2016) y de Iván Fandiño (2017). Me conmovieron. Y me hicieron adquirir conciencia de los peligros. He tenido cornadas fuertes, momentos de mucho riesgo, pero nunca crees realmente que puedes morir en una plaza. Hablamos de jugarnos la vida sin reparar en lo que estamos diciendo. Y te das cuenta de que puedes morirte de verdad. Y empiezas a convivir con esas sombras. No se marchan nunca, pero tratas de alejarlas. Y entonces te das cuenta de tu vulnerabilidad y de tu fragilidad. Se te presupone un torero poderoso, valiente, técnico, muy capacitado, pero en realidad eres frágil. Y esa conciencia de la fragilidad te abre a incertidumbres, a dudas, a preocupaciones. Y entonces rezas”.

Habla Julián como si las palabras pesaran. Y como si le costara confiar su intimidad. Coopera en la confesión la serenidad de una sobremesa de primavera en el porche de su finca. Portugal está al alcance de la vista. Las reses bravas transitan con antigua parsimonia. Y el torero apura un café de verdad y un cigarrillo de mentira, estimulantes de una conversación metafísica. “No soy practicante, pero sí creyente. Hablo con Dios, tengo conversaciones. Me conforta la conciencia de algo superior. Que no acierto a definir, pero sí a sentir. Y que me sirve de ayuda cuando vienen momentos de preocupación. La paternidad ha sido una experiencia maravillosa, pero también es una responsabilidad enorme. Y siendo torero, contraes unos riesgos que multiplican esa responsabilidad. Sabes que tienes una familia. Que tienes que velar por ella. No quiero decir que haya dejado de correr riesgos, pero no es lo mismo torear cuando estas solo que cuando tienes tres niños esperándote”.

El primogénito le ha salido del Real Madrid. Un contratiempo a la tradición atlética de la familia que El Juli observa con más ternura que indignación. Se emocionó y lloró cuando el chaval apareció de la mano de Sergio Ramos en el partido de Champions que enfrentó a los blancos contra la Juventus. “No me gustaría que mi hijo fuera torero. Sufriría yo más que él. Y lo haría él también porque esta profesión es muy dura, muy exigente. Si le va tan bien como a mí, lo va a pasar muy mal. Y si le va peor, va a sufrir muchísimo. Claro que no me arrepiento de haber sido torero. Esta profesión no es una profesión, sino una manera de vivir. He tenido experiencias increíbles. Grandes sacrificios. Ha sido mi vida, pero preferiría que mi hijo eligiera otra profesión”. El cortijo de El Juli parece el de un torero decimonónico. Un caserón de techos altos cuyas paredes están recubiertas de carteles antiguos. Y los sofás del porche trasero predisponen a la contemplación y a la sinceridad. “¿Que si he pensado en retirarme? Claro. Hay veces que te sientes frustrado y otras en las que crees haber hecho todo lo que tenías que hacer. Empecé de muy niño. Llevo 20 años. Y me he exigido mucho. Incluso ahora, que me importan muy poco las estadísticas, me preparo más que nunca. Y lo hago corrida a corrida, como el cholismo. Me reconozco bastante en esa idiosincrasia de luchar, de sufrir, de ganar, de perder. He procurado ser íntegro. Defender mi forma de torear y de vivir. Y hay ocasiones en las que sí me planteo dejarlo. Esas sombras que he mencionado tienen que ver. A veces incluso se me aparece una cornada muy fuerte que un toro me pegó en Sevilla. Estoy toreando y se me viene el recuerdo porque el toro que tengo delante me la recuerda. Y entonces dudo. Creo que hay un equívoco conmigo. Se me considera un torero técnico, a veces frío, pero yo me reconozco como un torero y un hombre pasional y apasionado. Me entrego mucho”.

Los niños reanudan el acoso al padre. Interrumpen la conversación. O más bien la derivan al debate del animalismo. “¿Tú crees que están traumatizados?”, nos pregunta el joven patriarca. “Estos niños viven en la naturaleza. Conocen los animales, los árboles. Están en contacto con la vida, y viven con naturalidad la muerte. Porque la muerte es parte de la vida, aunque pretendamos esconderla. Me da rabia el malentendido de los toros. Al toro no se le maltrata, se le respeta. Yo crío toros, los cuido en el campo. Y son los antitaurinos quienes parecen querer exterminarlos, incluso a costa de dañar los ecosistemas. El mundo taurino tiene que explicarse mejor. Hacer pedagogía. Hemos pecado de pasividad, de división”.

El Juli considera prioritario desvincular la tauromaquia de la ideología. Rescatarla de la refriega política. “La bestia se despertó en Cataluña. La decisión de prohibir los toros y de cerrar la plaza de Barcelona trasladó el mensaje de que los toros eran una españolada. Y a partir de ahí empezó a relacionarse la fiesta con lo conservador y el antitaurinismo con lo progre. Es un despropósito. Los toros son un fenómeno universal. Y su perversión política es solo una manera de utilizarlos como arma arrojadiza. Este malentendido me obliga a mí mismo no a votar según mis ideas políticas —siempre he votado—, sino a diferenciar entre los partidos que los atacan y los que los protegen. Es un gran sinsentido”.

Publicado en El País