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Feria de Abril: lo malo, si breve…


El presidente niega una oreja a El Juli en una deslucida corrida de Jandilla.

Por Andrés Amorós.

Si el cartel, en sí, era muy bueno, después del indulto de «Orgullito», se convierte en óptimo. El ambiente es extraordinario: una gran fiesta social. Luego, como tantas veces, llega la decepción. El toro lo decide todo. Recuerdo un viejo refrán: «Tres cosas hay que nadie sabe cómo van a ser: el melón, el toro y la mujer».

Más chocante resulta porque Jandilla lleva dos temporadas muy buenas pero, esta tarde, las reses han fallado estrepitosamente: flojos, descastados, huídos, sin emoción, rajados… Ese es el enigma básico de este arte, siempre imprevisible. Y los ánimos del público, exaltados al comienzo, se han ido desinflando, como un gigantesco «soufflé»…

Al comienzo, se ha hecho saludar a El Juli, en recuerdo de la gran faena al toro indultado. (Me dice una elegante vecina: «En Las Ventas, lo van a esperar»). Se emociona el público con una pancarta: «Cataluña, taurina». Todos aplauden. Y uno apostilla: «Y el Barsa, Subcampeón de la Copa del Rey…». La guasa de esta tierra.

Raíces clásicas

Antonio Ferrera ha conseguido que muchos esperemos con ilusión su nuevo estilo, de raíces tan clásicas. El gran público, en cambio, sigue pitándole, cuando no coge las banderillas. La gente no lee y tardará tiempo en enterarse de que ésa es su decisión para esta temporada. El primer toro flaquea, se queda corto. (Tendré que repetir esto con casi todos sus hermanos). Además, no repite y pega derrotes . Antonio, en seguida, lo lleva al centro – a pesar del viento – y muletea, muy asentado y sereno. De pronto, el toro decide echarse en el dorado albero. ¡Vaya decepción! Le piden que corte y lo hace. Después de un pinchazo, logra una buena estocada. Recibe al cuarto con buenos lances, en su estilo propio, bajando la cabeza, acompañando la embestida. Se luce poniéndolo en suerte. El toro tardea, echa el freno ante el caballo, sale de la suerte cayéndose. Ferrera muletea con oficio y buenas maneras pero las caídas deslucen el trasteo. Con valor y mérito, todavía le roba pases en tablas, que son insuficientemente valorados. (La efervescencia emocional del comienzo ya se ha diluido). Mata bien, entrando despacio.

Resume certero Fran: «En esta Feria, de seis toros, sólo le ha embestido uno». Veremos si en Las Ventas tiene más suerte.

Idilio con Sevilla

El Juli vive su momento de idilio con el público sevillano, que lo apoya y empuja. El segundo toro es noble pero flojo. Lo recibe con buenos lances, cargando la suerte y a pies juntos. Roca Rey aprovecha la bondad de la res para su quite barroco. Julián replica con chicuelinas de mano baja (como Manzanares padre) y compás abierto (como José Tomás). La gente ruge: ¡dos gallos de pelea! Es lo que han venido a ver. Brinda Julián al público; anda fácil con el toro pero molesto por las ráfagas de viento. Torea con mando, algo encorvado. Los naturales desmayados hacen sonar la música: escuchar a esta Banda «Suspiros de España» es una maravilla. Al final, desata el entusiasmo con un circular. Mata mal, con el habitual salto; además, caído y perpendicular. La petición de oreja es mayoritaria pero el Presidente no la concede. Sentencia un vecino: «Ha sido sólo medio toro; por eso, la faena ha ido a menos». Y no está bien que, en esta Plaza, como ahora en casi todas, se valore sólo lo rápido que caiga el toro, no el lugar de la estocada. Da la vuelta al ruedo. El quinto sale con genio, embiste de largo al caballo, pica bien Barroso. Después de los doblones iniciales, el toro se queda corto, se para y se cae. Una vez más, vivimos la desesperante situación de un diestro que ha de gritar cinco o seis veces «¡Je!» para que el toro embista un poquito. Le piden que abrevie y lo hace. Mata mal, con derrame.

Un manso manejable

Todos esperan que Roca Rey se enfrente con todas sus armas al diestro triunfador: lo intenta pero no logra rematar el triunfo. El tercero se llama «Jumbrío» (supongo que es «Umbrío», con la hache aspirada, como «cante hondo» da lugar a «jondo») pero se queda en muy oscuro. Apenas lo pican; se mueve, en banderillas, pero renquea de atrás; quiere embestir pero… Comienza Andrés con cinco muletazos de rodillas: uno de ellos, por la espalda. («El pase del runrún», lo bautiza un vecino). Liga muletazos mandones, de mano baja, pero la flojedad del toro frena el estallido. Aunque la res saca genio, le arranca muletazos. Mata con decisión pero mal. El último es un manso manejable que huye continuamente hacia chiqueros. El quite por gaoneras c y una larga sube un poco la emoción, muy caída. Saluda en banderillas Juan José Domínguez. En los terrenos que va buscando el toro huído, intenta sujetarlo, manda y aguanta; todavía consigue naturales de mucho mérito, en tablas, pero pierde la oreja, al pinchar. Una vez más, ha demostrado que, además del evidente valor, posee una notable capacidad y una claridad de cabeza poco frecuente. Con esas calidades, va a llegar muy lejos.

Única noticia buena, la corrida ha durado poco más de dos horas, algo increíble, hoy en día. Lo malo, si es breve, sigue siendo malo, pero se soporta mejor.

FICHA

REAL MAESTRANZA DE SEVILLA. Jueves, 19 de abril de 2018. Décima corrida. Lleno de «No hay billetes». Toros de Jandilla y Vegahermosa (4º), de muy pobre juego, todos flojos y deslucidos.

ANTONIO FERRERA, de azul marino y oro. Pinchazo y estocada (silencio). En el cuarto, buena estocada (silencio).

EL JULI, de tabaco y oro. Estocada caída perpendicular (petición y vuelta al ruedo con bronca al presidente). En el quinto, media caída con derrame (silencio).

ANDRÉS ROCA REY, de barquillo y oro. Estocada rinconera (saludos). En el sexto, pinchazo y estocada. Aviso (ovación de despedida.

Publicado en ABC

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Crónica de Sevilla: “El Juli y Roca Rey, una rivalidad en ciernes”

Jueves, 19 de abril de 2018. Sevilla. 11ª de abono. No hay billetes. 12.000 almas. 27 grados a la sombra, algo de viento. Dos horas y diez minutos de función. Cinco toros de Jandilla y uno -4º- Vegahermosa, que completaba corrida. Los seis, de Borja Domecq Noguera. Antonio Ferrera, silencio en los dos. El Juli, vuelta al ruedo y silencio. Roca Rey, saludos y saludos tras un aviso.

Por Barquerito. Foto Arjona.

POR INTELIGENCIA, por temple y por la manera de torear en posado desmayo, El Juli. Por frescura, ambición, poderío, descaro y temeridad, y temple y desmayo también, Roca Rey.

Con uno y otro, y con los dos únicos toros de Jandilla que lo permitieron, cada uno a su manera, se midieron sin disimulo los dos toreros. El brujo y el aprendiz de brujo. El águila y el aguilucho, que ya vuela solo y planea y, si fuera preciso, muerde. Igual que El Juli hace veinte años.

Dieron los dos la talla. No solo por separado en sendas faenas que no tuvieron en común nada más que sus muchos recursos, su cabeza y su firmeza, sino también en una misma y sola baza juntos. En el segundo toro salió Roca Rey en su turno a quitar. Con gesto de retar, calentar y desafiar, un quite mixto de cuatro caros golpes, muy despaciosos, casi tanto como los tres lances sueltos a pies juntos con que El Juli se había hecho admirar en el primer quite propio. El remate de ese quite fue una espléndida media ceñida y a pulso. Contó además la manera de irse Julián de la cara del toro después de dejarlo puesto en suerte. Pura marchosería.

El quite de Roca fue celebradísimo. Por inesperado, por teatral y porque el torero limeño domina mejor que nadie los lances en bucle rescatados del repertorio barroco mexicano -saltilleras, gaoneras, los faroles en rizo de El Calesero– y los interpreta con aire ligero y seco, soltura notable y la imprescindible y elástica verticalidad. El toro se había empleado en dos puyazos de Salvador Núñez, iba a cambiarse el tercio y El Juli tuvo la brillante idea de recoger el guante y de salir a replicar con toda la tropa cerca. Se abrió de rayas afuera y en distancia, cobró dos chicuelinas de giro raudo y manos muy bajas, jaleadas las dos, y, sobre todas las cosas, remató esa réplica con dos lances de recorte a pies juntos antológicos, uno por cada mano.

Esos dos recortes sentenciaron a su favor la partida. Fue el momento cumbre de la corrida. Contando incluso el supino primor con que El Juli, en desmayo no impostado sino todo lo contrario -tensión cero-, llegó a torear con la izquierda muy a su antojo al toro de los quites. En los medios, en el tercio, entre las rayas también. Donde convino, porque el viento, que lo descubría, hizo a Julián rectificar su primer camino -las rayas delante de la Puerta del Príncipe- y buscar abrigo debajo de los músicos, que se arrancaron con una versión muy rica del Suspiros de España.

Siendo metódica, fue faena cargada de improvisaciones. Algunas del calado de seis muletazos por tanda y su broche. Por la mano derecha no había dejado de protestar el toro, que amagó con rajarse cuando El Juli quiso aplicarle el tercer grado. Por esa mano lo acabó obligando también. Sobró la coda de la faena. Tal vez estuviera Julián desatado. El toro se puso gazapón, se resolvió la cosa. Una estocada en la suerte contraria. Hubo petición sobrada. El palco se enrocó sin contar pañuelos. La vuelta al ruedo fue una fiesta.

Contando el quite, en fin, pero de otra manera tanto o más que el arrojo, la astucia y la limpia resolución de Roca Rey para buscarle y llegar a hallarle al sexto jandilla el cómo, el dónde, el cuánto y el cuándo. Un toro que huía de su sombra, no aguantaba más de dos viajes seguidos y solo tuvo una secreta virtud: no puntear ni cabecear. Dentro de la mansedumbre, su nobleza. Eso fue lo que adivinó Roca Rey, juncal, suelto de brazos, la muleta en vilo suave, sin carreras ni prisas ni pisotones, aunque tocara perseguir al toro y recorrer en pos de él el perímetro casi entero del óvalo de la Maestranza. Poderle a un toro tan rajado como ese -más que ninguno en unas cuantas ferias-, taparlo y gobernarlo y hasta someterlo en una penúltima tanda en carrusel pareció milagro. Al tercero de corrida, de viajes cortos y revoltosos, lo había tumbado Roca de una estocada en corto hasta el puño tan de las suyas. A este lo pinchó cuando ya acariciaba un triunfo de peso.

Por lo demás, la corrida de Jandilla fue un jarro de agua fría. Por su falta de combatividad, entrega y hasta fijeza. Las hechuras, sí. El fondo, no. Ferrera, distinguido en la brega como siempre, se llevó un lote deslucidísimo: se echó el primero, se aplomó el cuarto, El quinto, último de los cuatro que El Juli mataba en la feria, solo pegó taponazos antes de pararse.

Publicado en Torodos.com

Ocho con Ocho: Tiempos modernos Por Luis Ramón Carazo


Hoy en día y con mayor frecuencia el público demuestra su inclinación por el indulto, un hecho que aconteció el 16 de abril de 2018 en la Maestranza de Sevilla, en la que un toro de Garcigrande con el nombre de Orgullito, fue magistralmente toreado por Julián López El Juli e inmediatamente surgieron opiniones de protesta ante el premio que otorgó el presidente, José Luque Teruel y quién ya anteriormente concedió ese mismo premio a un toro de Victorino Martín en la misma plaza, y me refiero a Cobradiezmos, lidiado por Manolo Escribano, el 13 de abril de 2016.

El presidente de la Maestranza es hijo de Andrés Luque Gago, gran subalterno y apoderado y sobrino de André Gago, quién fuera apoderado entre otros de Carlos Arruza.

Las protestas surgen porque de acuerdo a los apegados a las reglas a rajatabla (regleros en Sonora) alegan que no fue en la suerte de varas un toro muy codicioso, eso sí coinciden en que en la muleta fue un toro de una embestida fija, con codicia, humillada en su largo recorrido y además fue de menos a mucho más en su lidia final.

Además en sus casi 20 años de alternativa se ha desarrollado la innata maestría de Julián López Escobar y la faena de muleta sin olvidar que estuvo magistral en el capote, fue memorable y en conjunto con su primera actuación en la misma tarde, provocaron una fecha para guardarla en los anales de la historia del toreo, inolvidable dejando casi en el olvido lo cual no es fácil el que Enrique Ponce obtuvo un trofeo del cuarto.

En Andalucía el Reglamento Taurino en su artículo sesenta establece que el indulto se concede; si es que sea solicitado mayoritariamente por el público; que lo solicite el diestro a quién haya correspondido la lidia de la res; que muestre conformidad el ganadero o mayoral de la ganadería. Los tres requisitos se cumplieron en Sevilla.

Y he aquí una reflexión, las herramientas de selección con los que cuentan los ganaderos de toros de lidia son diversas, una de las labores en el campo más hermosas es el tentadero de hembras y de machos. Se cuenta con los libros de la ganadería, en dónde registran la calificación histórica de la ascendencia o descendencia para la selección de empadres.

Cuando el toro de cualquier ganadería se lidia en público, este último sin el antecedente del trabajo ganadero, se pronuncia por el indulto de un ejemplar que a su modo de entender, lo merece, y pasa por alto muchos detalles como la suerte de varas, si escarbó o no el toro, si tuvo distracciones en el comportamiento, etcétera.

En conjunto el público juzga el fenotipo o forma física y el genotipo o comportamiento que incluye como condición positiva, la acometividad, el acudir con fijeza y mantenerse atento a los ligeros toques de capote y muleta, su duración, alegría, que humille al máximo, el galope y el recorrido.

Los ganaderos hace muchos años no eran proclives a que a sus reses se les concediera el homenaje del indulto al saber que el destino de su res era hasta la suerte suprema, pero el tiempo cambio y hoy es distinto, el público también opina, tiene peso en la decisión.

Ahora bien expresan su sentir todos en una plaza como Sevilla; los menos con aparentemente conocimiento (de toros saben las vacas y no hablan) y la mayoría con la sensación. Pocos asisten consuetudinariamente a un número alto de festejos taurinos, como sí sucedía antaño y eso nos pone claramente en perspectiva el futuro que pudiera tener el toreo, como espectáculo masivo.

Si, el objetivo prioritario es atraer al público y en particular a las nuevas generaciones, me parece que tiene que sustentarse en la hipótesis de lo que viene y no de lo que ya fue, tratando de regresar a tiempos idos que ya no volverán, por eso antes de seguir criticando acremente a toda la ganadería actual, sería bueno no caer en extremos y entender que todo cambia.

La grandeza del toreo se consigue en el ruedo, pero la leyenda la genera el público, cuando acude no le digamos que no sabe y que se equivocó, mejor incentivemos a que regresen que con el tiempo cada uno desde su prisma decidirá que le gusta y que no.

Las imposiciones me parece nunca serán buenas, el público cuando decide, exige para el toro el honor de retornar con vida a la dehesa y dado su papel protagónico es justo tomarlo en cuenta y viene a colación relatarlo como producto de la emoción que causa relatar los hechos de la tarde en la que el comportamiento de un toro de Garcigrande y la maestría de El Juli, fueron el epicentro en Sevilla.

Opinión: El indulto…

Por Ignacio Ruiz Quintano – Abc.

Julián López indultó un toro de granja en Sevilla de nombre, oh, justicia poética, “Orgullito”, que suena a los Quintero, papás de “Malvaloca”.

–Es muy hermoso crear… –acostumbraba decir Joaquín, el hermano de Serafín–. Se siente uno Dios…

Lo hermoso, hoy, es indultar: el público se siente Dios, y el torero se ahorra matar. Adiós a la “espá” en los toros, que es como el adiós en el flamenco a la cañita del compás, que dijo Ramón Montoya.

La sensibilidad es cuestión de fechas. Doña María Cristina se ganó el apodo popular de “Doña Virtudes” al indultar al general Villacampa, sublevado en Madrid: la Reina quería, pero los ministros no, y Sagasta se valió de un error (adrede) de su “María Soraya”, Cañamaque, para concederle el capricho a la Reina Regente.

Para indultar un toro de granja en Sevilla (“Orgullito” es un toro de granja por diferenciarlo del toro de lidia, que sería “Cazarrata”) hay que rebuscar en el “Diccionario Razonado” de don Joaquín Escriche, para quien toda gracia es una derogación de la ley: si la gracia es justa, la ley es mala; pero si la ley es buena, la gracia es un atentado, pues el rigor siempre resultará menos funesto que la clemencia.

La faena de López viene en San Pablo a los romanos: “Pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. Mas en Madrid hace ilusión que el hijo de uno de sus barrios con más arte, San Blas, desaloje a Curro de la Maestranza; es como ver al japonés Horikoshi desalojar de Casa Anselma a Manolo Caracol. Aquí ya nadie recuerda que Palomo cortó un rabo en Las Ventas, para inspiración del añorado Cañabate:

–¡El rabo! ¡El rabo! El presidente se apresura a concederlo. ¿Por qué no, si la gente está muy contenta? ¿Qué significa un rabo? Cuatro pelos mal contados.

La tauromaquia está como España. El indulto de Sevilla anuncia una amnistía en Madrid. En la esfera del reloj, dice Pemán, hay siempre 5 minutos para lo revolucionario y destructor.

–Pero le quedan siempre 55 minutos a la tradición.

Sevilla: El Juli sortea el lote de su vida

Por Ignacio SM.

Foto: Tertulia Taurina Twitter.

Como sé que lo primero que quieren ustedes saber es si estamos de acuerdo con el indulto, lo diremos rápido: depende. Y soy de los aficionados que piensan que el indulto es un premio excepcional para un toro excepcional en TODOS los tercios. De los que debieran de darse dos o tres al año, y no los “tropetecientos” actuales. En este sentido no estoy de acuerdo. Por otra parte, tenemos la corriente triunfalista de los que creen que cada tarde tiene que haber triunfos, y mientras más mejor. Que cinco orejas y un indulto llenarán la plaza los próximos días por las expectativas de los asistentes de volver a ver algo grande. Si a esto unimos la corriente de pensamiento acomplejado, que argumenta que, para contrarrestar a los animalistas, nosotros somos tan bueno que perdonamos la vida todos los toros que se la merecen, comprenderán ustedes que los indultos abunden. Pero el indulto este de “Orgullito” ha tenido un componente esencial, el público, influenciado por los argumentos expuestos, la ha pedido mayoritariamente, y

La corrida de Garcigrande ha dado un gran juego, y El Juli ha sorteado un lote extraordinario. A su primero, todo lo que le faltaba de cara lo tenía de calidad y de nobleza. Obediente durante la faena de muleta y con duración, como si estuviera con el carretón. Cuando a la embestida de un toro le falta emoción, esta la debe de poner el torero, y a la faena de El Juli le faltó alma. A pesar de ello y después de una estocada, le dieron las dos orejas. Su segundo no dijo nada en los primeros tercios, de hecho, ElJuli ni lo toreó de capa. A la salida del último puyazo en la paletilla, el banderillero lo llevó de largo y el torero sí lo tereó a la verónica. Ahí creo que lo vio, y lo brindó al público. En la muleta fue el toro soñado, con clase, calidad, recorrido, ritmo y duración. El Juli se hizo una faena de ensueño, obligándole a cambiar de ritmo y de dirección como y cuando quiso. Una faena como supongo que habría soñado hacer en Sevilla. Ahí queda eso, cuatro orejas, Puerta del Príncipe y triunfador de la Feria.

El lote de Ponce también fue bueno, más exigente, pero de orejas. Al torero se le vio con ganas de agradar, pero su primero lo trasteó muy despegado, sin ajustarse y en diagonal. La faena a su segundo fue más más limpia, aunque tampoco es que toreara muy ajustado, aun así, y a remolque del triunfalismo comentado cortó una oreja.

Talavante, muy desganado, tiró por la calle de en medio a la primera dificultad del tercero, y lo intentó con el encastado sexto, pero con muy poca convicción. Así no se puede venir a Sevilla.

Publicado en blogs.sevilla.abc.es

Feria de Sevilla: Triunfalismo desatado en la Maestranza

El Juli, Puerta del Príncipe y Orgullito, indultado:

Por Carlos Ilián.

Triunfalismo desatado en la Maestranza, en una de esas tardes de las que en esta plaza puede más la pasión que la mesura. Al final de la corrida El Juli salió en hombros por la Puerta del Príncipe después de cortar cuatro orejas, las dos últimas, simbólicas, después del indulto de Orgullito, de Garcigrande.

Hace dos años se indultó aquí otro toro, Cobradiezmos de Victorino Martín. El contraste entre ambos indultos está en la casta y bravura de aquel toro y en la extrema dulzura y duración de Orgullito, que no fue un toro bravo ni encastado, hasta escarbó al final de la faena, pero El Juli, supo exprimir hasta la última embestida y lograr el indulto. Honraba a su ganadería insignia.

Y es que a El Juli le salió todo, desde la suerte en el sorteo con dos toros para disfrutar. Ambos, hay que decirlo, de defensas impropias de una plaza de máxima categoría pero igualmente buenos para el torero. ElJuli se dosificó, estuvo muy templado y poderoso en los redondos y naturales, también hizo la noria, tan efectista como tramposa y a la vez utilizó los circulares y cambios de mano infalibles. Estoconazo en los bajos en uno e indulto en el otro. Y Puerta del Príncipe. Su mejor tarde en Sevilla.

Enrique Ponce hizo el papel de espectador del triunfo de El Juli, aunque cortó una orejita barata al cuarto, mansote, al que le endilgó su receta de templar mansos.

Talavante, con el peor lote, estuvo a la altura, es decir se inhibió en ambos y tiró la toalla, sin plantar ni un ápice de batalla al triunfador de la tarde.

Plaza de la Real Maestranza. Séptima corrida. Lleno. Toros de GARCIGRANDE/HERNÁNDEZ (7), pobres de defensas, desiguales de juego pero dos toros le suben la nota a la corrida, especialmente el 5º, Orgullito, indultado por su extrema dulzura y duración, pero no por su bravura.

ENRIQUE PONCE (5), de burdeos y oro. Pinchazo hondo y seis descabellos (silencio). Bajonazo (una oreja).

EL JULI (8), de mercurio y oro. Estocada caída (dos orejas). Dos orejas simbólicas en el toro indultado.

ALEJANDRO TALAVANTE (2), de negro y azabache. Pinchazo y estocada corta tendida (silencio). Cuatro pinchazos, media estocada y dos descabellos. Un aviso (silencio).

Publicado en Marca

Feria de Abril: “Orgullito” no debió ser indultado…

Indulto de un ‘garcigrande’ y apoteosis de El Juli:

El torero madrileño cortó cuatro orejas y salió por quinta vez por la Puerta del Príncipe.

Por Antonio Lorca.

La plaza de la Maestranza ha vuelto a vivir el inmenso gozo del indulto de un toro. Los tendidos rebosaron alegría, felicidad y emoción, pues eso implica que un animal se gane la vida en el ruedo. Y la tarde fue apoteósica para El Juli, que desplegó un derroche de poderío, técnica y buen gusto, y alcanzó el merecido triunfo de la Puerta del Príncipe, la quinta de su carrera.

Aplacados los ánimos tras el éxtasis vivido en los tendidos, la pregunta surge sola: ¿Qué hizo Orgullito, número 35, negro listón, de 528 kilos, de la ganadería de Garcigrande, para que el presidente sacara el pañuelo naranja?

Pues Orgullito fue un magnífico toro moderno, muy justo de trapío, que acudió inicialmente al capote sin codicia, hizo una muy desigual pelea en varas (en el primer puyazo empujó con un solo pitón y solo recibió un picotacito en el segundo), embistió con largura en un buen quite por verónicas de El Juli, y se descubrió en la muleta como un toro con clase extraordinaria, profundidad, repetición, humillación y fijeza; y algo más: fue de menos a más, y acabó tras una muy larga faena con embestidas más profundas y emocionantes. En fin, un grandísimo toro para la muleta que se encontró, además, con un torero en plenitud y entre ambos amasaron una faena que encandiló al público y al presidente.

Orgullito no debió ser indultado porque no demostró su bravura en el caballo; pero como el primer tercio está en vías de desaparición, nadie (ni la autoridad, y eso es lo peor) lo tiene ya en cuenta. Es más, podría decirse que se acaba de firmar la sentencia de su desaparición tras el indulto del toro de Garcigrande. Fue un toro de vuelta al ruedo.

¿Y El Juli? Es un torero poderoso, que domina como pocos el oficio y la técnica del toreo. Se amoldó a la perfección a las condiciones del toro, mecánico y despegado su toreo en el inicio de la faena de muleta, y cada vez más ligado y profundo a medida que el animal se rompió en su exquisita calidad. Una faena esencialmente con la mano derecha, en tandas largas, al hilo del pitón casi siempre, pero henchidas de aroma. Solo un intento por vanos naturales y un doble circular que provocó el entusiasmo. Unos ayudados finales, con Orgullito alegre y codicioso aún, convencieron al presidente. Momentos antes, un quite a la verónica, de tres capotazos hondos y una buena media preludiaron el éxito posterior. Conclusión: Orgullito fue un toro nobilílismo, pero no combativo, exigente, poderoso y encastado. Ese animal ya no se lleva.

He ahí la razón fundamental por la que las figuras actuales exigen este tipo de toro, ideal, también, para los públicos generosos.

El Juli había cortado otras dos orejas a su primero, anovillado animal, nobilísimo, un corderito, al que El Juli toreó con oficio, pero sin intensidad ni emoción. Es verdad, no obstante, que lo veroniqueó con gusto, hizo un ajustado quite por chicuelinas, y su faena de muleta fue limpia, ligada y, también, fuera de cacho y al hilo del pitón. No hubo arrebato, ni conmoción, porque a toda la faena le faltó el alma que debe poner un toro encastado y un torero transfigurado.

También anduvo por la plaza Enrique Ponce, un poco desvaído en su expresión, que lidió primero una mona descastada, y le cortó la oreja al cuarto, otro animal noble y de escasa codicia. Jugó con él y lo mató de una gran estocada.

Y el tercero en discordia, Talavante, no tuvo su día. Insulso y sin esbozo de calidad fue el tercero y lo mató con prontitud; mejor el sexto, con más brío, pero el ánimo del torero estaba por los suelos y no arriesgó un alamar. No entendió a su oponente o, sencillamente, no lo quiso entender.

En dos palabras: valgan el indulto del toro y el triunfo del torero si contribuyen al enaltecimiento de la fiesta de los toros. Aceptemos, pues, pulpo como animal de compañía.

Garcigrande / Ponce, El Juli, Talavante

Toros de Garcigrande-Domingo Hernández, mal presentados —primero y segundo, anovillados—, mansurrones, blandos y muy nobles. El quinto, de calidad excepcional en la muleta, fue indultado.

Enrique Ponce: pinchazo hondo y cinco descabellos (silencio); estocada (oreja).

El Juli: estocada trasera (dos orejas); (dos orejas simbólicas).

Alejandro Talavante: pinchazo y casi entera tendida (silencio); cuatro pinchazos, media caída —aviso— y dos descabellos (silencio).

Plaza de la Maestranza. Séptima corrida de la Feria de Abril. 16 de abril. Lleno.

Publicado en El País

Feria de la Magdalena: El Juli y Talavante, a hombros en la gran fiesta del toreo y el toro moderno

Alejandro Talavante, al natural, ante el sexto de la tarde. Ángel Sánchez EFE.

José María Manzanares dejó detalles ante una corrida azucarada y de escasas fuerzas

Por Vicente Sobrino – Castellón.

Fue la gran fiesta del toreo moderno. Toro del siglo XXI y toreo del siglo XXI. Toros blandos, cogidos en alfileres, algunos como el tercero y el quinto. Y otros, como primero y sexto, de esos azucarados que de tanto azúcar parecen empalagosos. En varas ninguno rindió honores a la bravura, aunque el primero derribara casi sin pretender. Y alguno apuntó clara mansedumbre en varas, caso del cuarto que salió huyendo del caballo. Y los hubo hasta incómodos, como el segundo, que metió la cara como a regañadientes. Y otro, el quinto, que iba y venía con tanta docilidad como vulgaridad. En cualquier caso, toros que se apuntaron a la fiesta y que, en su mayoría, fueron correspondidos por toreros –Juli, Manzanares y Talavante- duchos y expertos en esta materia ganadera.

El Juli salió como se va a la guerra cuando se quiere ganar por la vía rápida: al ataque. Al azucarado primero lo toreó como y cuanto quiso. Toro cómodo de cara, recogido de pitones, protestado de salida porque renqueaba. Pero fue toro a más, cada cosa en su sitio, y en la muleta recuperó el resuello que de salida no parecía tener. El de Garcigrande fue todo un aliado a la ambición casi desesperada de un Juli que lo toreó a placer. La faena tuvo poso y reposo, con el toro siempre muy embebido en la muleta. Faena colorista y profunda. Inspirada también. Y larga. En resumen, se diría que el toro fue como un juguete en las manos de El Juli. Tumbó al toro sin puntilla y la gente lo celebró a lo grande.

Al manso cuarto le hizo un quite por ‘lopecinas’, con el remate de tres medias enroscándose al toro a la cintura, que enloquecieron al personal. Con la muleta, sin más preámbulos, El Juli hincó las rodillas en la arena y le dio hasta ocho muletazos seguidos de tal guisa. No contento con ello, también de hinojos tres naturales. Ya de pie, el del desprecio. Y la gente, bramando en los tendidos. Un Juli al ataque y atacado. Algo crispado también. Cuando la faena pedía más calma, el toro se volvió más remiso. Le costó ya tomar la muleta, pero la superioridad del torero continuó siendo aplastante. Forzó mucho Juli a que el toro tomara la muleta, y consiguió su objetivo con un coraje desmedido.

El segundo de la tarde fue algo incómodo y Manzanares no logró centrar la faena. Hubo muletazos sueltos de calidad. Academicismo y elegancia, pero la cosa no fue más allá. Faltó acople menos en una serie final con la derecha, la más ligada de faena con altibajos. El quinto, uno de los más serios de la corrida, pero muy justo de fuerzas. Fue y vino a la muleta sin mayores compromisos y sin gran clase. Los muletazos no llegaron en racimos, sino sueltos. Pero los hubo, sobre todo los naturales, que desprendieron indudable clase. Tampoco daba para mucho más un toro dócil, pero también de los que no plantean problemas más allá de sus escasas fuerzas. A sus dos toros Manzanares los mató, con gran seguridad, de dos formidables estocadas aunque algo pasadas.

Se agradeció la brevedad de Talavante con el tullido tercero. Un tremendo volatín del toro nada más iniciar la faena determinó su estado. Antes de tal desaguisado, Talavante lo había recibido con el capote de la forma más variada y luminosa posible: verónicas, chicuelinas, una larga…repertorio a lo grande. Pero el toro dijo basta tras la costalada y Talavante abrevió como manda la lógica en estos casos.

El sexto, otro de los toros más serios, fue recibido por Talavante con lances a una mano. Escena de otros tiempos, con el toro de estos tiempos. Gesto, en todo caso, que se agradece. Un buen toro, sin duda este que cerró la fiesta. Talavante se abrió de muleta de la manera más original e inspirada posible: un cóctel de derechazos en redondo en combinación con las clásicas arrucinas, con el remate de uno del desprecio. Para entonces la plaza ya volvía a ser un clamor. Con el toro muy entregado, la faena recorrió mucho ruedo pero tuvo como principal argumento el toreo al natural. Largos, muy estéticos y mandones. Para que la balanza no pesara más de un lado, sobre la derecha destacó el empaque en todas las acciones posibles. Y la gente, loca de contenta. Ya con la faena muy cumplida, el toro hizo amagos de marcharse a tablas. Para entonces ya estaba todo el pescado vendido. Una buena estocada puso el colofón a la gran fiesta del toro y toreo moderno.

GARCIGRANDE, HERNÁNDEZ / EL JULI, MANZANARES, TALAVANTE

Toros de Garcigrande, los tres primeros, y Domingo Hernández, desiguales de presentación. Blandos en líneas generales, pero muy boyantes para el último tercio.

El Juli: estocada pasada sin puntilla (dos orejas); media pasada que basta (oreja).

José María Manzanares: estocada trasera (saludos); estocada pasada (oreja).

Alejandro Talavante: dos pinchazos y estocada (silencio); estocada (dos orejas).

Plaza de Castellón, 9 de marzo. Cuarta de la Feria de La Magdalena. Prácticamente lleno.

Publicado en El País