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Si no hay respeto para el toro, difícil es que lo haya para la tauromaquia

El Juli en Salamanca.

Por ANTONIO LORCA.

Tiempo ha que el toro, el gran protagonista de la tauromaquia -el jefe de la cosa, el rey- ha sido destronado y dormita escondido en un exilio interior que lo tiene desesperanzado y triste. No hay más que verle la cara cada vez que uno de ellos aparece en un ruedo.

Tiempo ha que ha sufrido un violento golpe de estado que lo ha despojado de sus poderes y relegado a un deshonroso papel de convidado de piedra en una fiesta a la que ya no conoce ni el que la fundo.

Y los golpistas han sido los toreros -con la colaboración diligente, irresponsable e imprudente de ganaderos y empresarios-, erigidos en dueños de un negocio que, a la vista está, se les va de las manos con la huída en masa de los aficionados.

No tiene sentido alguno que la tauromaquia se siga llamando ‘fiesta de los toros’, cuando estos han sido despojados de toda autoridad y cometido estelar. Hoy no existe más que la fiesta de los toreros, alentada por esos aficionados de nuevo cuño -espectadores, no más- que se definen como ‘toreristas’, como si la tauromaquia se sustentara en las poses aflamencadas de un señor vestido de luces ante un tonto toro artista y apocado.

Es ya una práctica habitual que se anuncien carteles sin toros (actuarán fulano, zetano y mengano con toros por designar); acaba de suceder con las dos corridas que se celebrarán en la próxima feria de Jaén, pero no es un hecho aislado. Figuras como El Juli -y no es el único- han permitido semejante tropelía en algún momento.

En otras palabras, al toro bravo se le ha perdido el respeto. Son los toreros los que hacen el boicot, abandonan y, en muchos casos, condenan al exterminio a ganaderías que se distinguen por su casta, fiereza y movilidad, y aupan al podio de la fama a hierros caracterizados por su bondadosa condición y su desafortunada consideración de artistas.

“La nobleza y la dulzura me gustan en un perro, no en un toro”, confesaba hace unos días un aficionado en twiter. El pasado día 13, el periódico digital Noticiascyl de Salamanca escribía lo siguiente sobre la corrida celebrada en esa ciudad en la que actuaron Talavante, Ferrera y Cayetano con toros de García Jiménez (Matilla): “La tarde fue la demostración más palpable de la situación actual de la Fiesta, fundamentada en el torero y, con perdón, casi menospreciando la condición del toro.

Una Fiesta con toros hechos para las figuras actuales; bondadosos, noblotes, a medida… La gente -no toda, obviamente- va a ver toreros, no va a ver toros… y se deja llevar por las faenas bonitas ante toros fáciles”.

Nobleza y dulzura del denostado y vigente perritoro; y animalitos a la medida de las figuras en Salamanca, otrora tierra sagrada del toro bravo y hoy cualquiera sabe lo que será…

En fin, que la emoción ha sido sustituida por la diversión, y los espantados aficionados serios y exigentes por un público festivo, alborotador y lego en cuestiones taurinas.

Y la más nefasta consecuencia ha sido el triunfalismo imperante y la proliferación de los indultos.

Ya se sabe aquella máxima que dice que ‘sobre aquello que no se conoce se tiene mejor opinión’. Y ahí está la televisión -un arma peligrosa de doble filo- que, por un lado, te permite, por ejemplo, ver los toros de la prestigiosa feria de Bilbao y, al mismo tiempo, te enseña que el prestigio de esa plaza -como el de Pamplona o de tantas otras- no es más que una reminiscencia del pasado sin sentido alguno en la actualidad.

Esa pequeña pantalla muestra cada tarde cómo la fiesta está inundada de triunfalismo, movido por un público -bien pertrechado de comida y bebida, por lo general-, dadivoso, orejero y con ansias de diversión que olvida por desconocimiento absoluto las normas básicas que han hecho grande la tauromaquia.

Esa pequeña pantalla muestra cada tarde cómo ha desaparecido el tercio de varas, cómo han perdido importancia el capote y las banderillas, y todo se reduce a interminables y soporíferas faenas de muleta como preámbulo de un posible indulto no más que un toro muestre movilidad y dulce comportamiento

Si usted no dice lo que es la fiesta de los toros, el PACMA dirá lo que no es ¿Son las Corridas Generales de Bilbao la tercera feria taurina de España? ¿Le emociona la danza a paso de palio y embeleso de Ponce a un toro tonto?

Esas -el triunfalismo y el indulto- parecen ser las únicas respuestas del taurinismo al muy difícil momento que padece la fiesta: a más dificultad, más orejas y más toros a la dehesa, como si la diversión inocua fuera el bálsamo a tanto desafuero.

Y no es así; claro que no. La única solución de la fiesta está en el toro, en su recuperación, en el respeto que nunca se le debió perder.

Es el toro íntegro, encastado, fiero y noble, el que tiene la respuesta adecuada a la situación actual. El único que puede hacer nuevos aficionados, y el que devolverá la emoción y la exigencia.

Es más, si no hay respeto para el toro, difícilmente podrá haberlo para la tauromaquia.

Es, quizá, buen momento este para recordar aquella célebre reflexión de Joaquín Vidal sobre el aficionado:

“Aquello de que a los toros hay que ir a divertirse es una falsedad. A los toros hay que ir dispuesto a sufrir; provisto de lupa para comprobar la casta y fortaleza de las reses, la integridad de sus astas, el discurrir de la lidia, el mérito de los lidiadores, la calidad de los lances… Y si algo de todo esto falta, el aficionado conspicuo lo exigirá con la vehemencia que sea del caso; y si se cumple cabalmente, lo celebrará gozoso, e, incluso, puede que entre en trance y crea que se le ha aparecido la Virgen”.

Hace unos días, Diario de Sevilla publicaba una entrevista con Ara Malikian, el famoso violinista de origen libanés, y el título de la misma era toda una declaración: “Es un deber que cada espectador vuelva a casa emocionado’.

Se refería, claro es, a la música, pero imagínese por un momento que hablaba de toros. Esa es la clave.

Publicado en El País 

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Una corrida surrealista


Por Paco Mora.

El mano a mano de El Juli y Roca Rey ha resultado un fiasco, por culpa de una corrida de El Vellosino auténticamente surrealista. Yo al menos no había contemplado jamás nada parecido. 

Cuatro animales anunciados como toros, pero que parecía cebús enrazados con cabras montesinas. De la mitad para adelante exageradamente altos con pitones montados sobre la testuz y ojos de loco, y de la mitad para atrás con cuerpo de cabra y trasero de pato. Algo inaudito que no recordaba para nada la estampa de un toro bravo. 

El último de la tarde no era un toro, era un delito, o un escarnio que es mucho peor. Uno no había visto nada más antiestético en su vida. Pero es que además han sido mansos, rajados y esaboríos. No eran malos…simplemente no eran. Tal parecía que se había hecho objeto de una broma macabra al público que llenaba la plaza a reventar.

Los del Vellosino han sido un auténtico atentado. Parecían sacados de las pinturas de las Cuevas de Altamira o de un cuadro surrealista de Picasso. Con esos bueyes no han tenido más remedio que arar El Juli y Roca Rey. 

Solo El Juli cortó una increíble oreja, a base de altas dosis de su reconocida entrega y de la generosidad de un público que quiso calentarse las manos, en la atardecida gélida que se nos echó encima de improviso, para mayor inri. Se trataba de aplaudir cualquier resquicio de toreo que recordara las posibilidades de ver un duelo entre un torero consagrado y otro que llega con los mejores auspicios. 

Señuelo que lo había llevado a la Plaza. 

Pero los toros del Vellosino eran más inconstitucionales que Puigdemont y su escudero Rufián. Y con ese material, el aburrimiento y la decepción eran ineludibles.

Dicen que esa corrida la escogió Morante

Quizás ya había pensado en quitarse de en medio y les colocó, con los del Vellosino, una bomba fétida a sus compañeros para que se acordaran de él. 

Pero los que más han recordado a quien exigió tales toros han sido los espectadores. Y no me pregunten en que términos. Suerte que por allí anduvo Ventura a caballo, y puso un poco de alegría en la tarde, que sino aquello habría sido la antesala del infierno.

Publicado en Aplausos

@Taurinisimos 126 – Antonio Romero en Piedras Negras. Juli, Roca Rey y Luis David Adame a Hombros.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 1 de Septiembre de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina. Plaza México Temporada Chica 2017, faena de Miguel Aguilar a Contador de El Vergel, una oreja.

Análisis Feria de San Antonlín, Palencia 2017: Toros de Zalduendo para “El Juli”, Roca Rey y Luis David Adame.

Versos – “Dos Destinos” de Guillermo Rubio Belmonte.

Antonio Romero regresa en Piedras Negras, tentadero en Tlaxcala y faena de Romero a “Caporal” de Piedras Negras en la Plaza México.

Recuerdo de Armando Ramírez “El Bam-Bam” banderillero de toros en la Plaza México, Noviembre 29, 2009, Xajay, José Tomás y Arturo Macías en mano a mano.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 8 de Septiembre de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

FB/Taurinísimo

TOROS BILBAO: El Juli y Talavante no justifican en Bilbao su condición de primeras figuras

El Juli.

Dos de las primeras figuras del momento, como son El Juli y Alejandro Talavante, no han justificado hoy tal condición en una cita tan trascendente como la de Bilbao, con una actuación anodina y displicente ante una corrida de Domingo Hernández que les permitió, sobre todo al primero, mayor lucimiento.



IMPROPIOS DE SU FAMA Por Paco Aguado.

Ni en las taquillas, con apenas dos tercios del aforo cubiertos, ni en el ruedo justificaron hoy El Juli y Alejandro Talavante su fama y su prestigio de figuras del toreo en la feria de Bilbao.

Y no tanto por culpa del ganado -pues ambos tuvieron toros con mayores o menores opciones- sino por su grisácea actitud durante toda la tarde, impropia de su categoría y de una cita de la importancia de esta decisiva feria de primer nivel.

El Juli cumplió su segundo paseíllo en el abono sin que se le atisbaran mínimanente ni aquella determinación ni la férrea ambición que le lanzaron al estrellato desde que era casi un niño y que le han mantenido en primera fila durante dos décadas.

Aunque estuvo ya anodino y destajista con el insulso pero manejable primero de su lote, la verdadera decepción con el maestro madrileño llegó con el cuarto, que fue, con diferencia, el mejor toro de la voluminosa corrida de Garcigrande.

El musculado ejemplar alió ya descolgando y embistiendo con celo a los capotes y mantuvo tal comportamiento, ya más pagado, hasta el final de su lidia, pero el caso es que El Juli nunca apuró sus virtudes, sino que lo toreó a medio gas, desplazando hacia afuera las embestidas y sin poner ni en los cites ni en el trazo de los pases esa mínima entrega que merecía el noble y claro animal.

Dio la impresión, incluso, que el veterano diestro intentó tapar tales virtudes a ojos del público durante en un trasteo de altibajos técnicos, en el que sólo calentó al tendido con las fruslerías con que lo remató antes de matarlo saliéndose de la suerte.

Talavante, por su parte, se encontró en primer turno con un toro bastote y alto que se movió sin clase pero sin ponerle en ningún apuro a lo largo de la que fue una amontonada e intrascendente sucesión de pases sin fibra, ni mando ni alma.

El público aplaudió tibiamente tal alarde de inane cantidad, pero llegó a enfadarse seriamente cuando contempló la displicencia con que el extremeño, como de trámite, se manejó ante el soso quinto, con el que cortó por lo sano sin ningún rubor.

Ante tal renuncia de las figuras, José Garrido, el espada más joven del cartel, se encontró el ambiente a favor para haber repetido un triunfo -como los del pasado año en esta misma plaza- que, por una u otra causa, tampoco llegó a alcanzar.

Lo tuvo más a mano con el tercero, el otro toro de buena condición de la corrida, al que ligó varias series de naturales y derechazos en las que, por encima de otras consideraciones, primó su firmeza de plantas y su voluntad de llevarlo toreado con la mano baja.

El único error de Garrido fue alargar un punto de más el trasteo hasta provocar que el toro, pasado de faena, se incomodara y no le facilitara las cosas a la hora de meterle la espada, lo que acabó por enfriar los ánimos de la gente.

Así que, tras perder esa oportunidad de triunfo y después de que los veteranos le dejaran todo campo abierto para llevarse la tarde, Garrido salió a por todas con el sexto.

Dos largas afaroladas y varios lances de rodillas fueron su declaración de intenciones ante el que iba a ser el peor toro de la corrida, con una reservonería que se traducía en bruscas oleadas cuando se le obligaba a embestir, como sucedió cuando arrolló a su banderillero Manuel Larios cuando lo bregaba en el segundo tercio.

El joven extremeño intentó meterlo en vereda, con mejores resultados por el lado diestro, aunque no acabó de conseguirlo en un medido esfuerzo que remató de un feo sartenazo, tan indigno como la propia y nublada tarde de toros.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Domingo Hernández (el primero con el hierro de Garcigrande), de gran volumen y de juego desigual. 

Manejables en general, salvo el reservón y violento sexto; varios resultaron sosos por su medida raza, pero tercero y cuarto destacaron por la mayor entrega y profundidad de sus embestidas.

El Juli, sangre de toro y oro: media estocada trasera desprendida (silencio); pinchazo, estocada caída trasera y descabello (ovación con algunos pitos, tras aviso).

Alejandro Talavante, de negro y azabache: estocada baja (ovación); estocada desprendida y dos descabellos (pitos).

José Garrido, de grana y oro: pinchazo en los bajos y estocada delantera (ovación tras aviso); estocada chalequera (silencio).

Sexto festejo de abono de las Corridas Generales, con algo menos de dos tercios de entrada (unas 9.000 personas), en tarde nublada y con rachas de viento.

Publicado en La Vanguardia

Corridas Generales de Bilbao: Alejandro Talavante, de lujo la bronca

Talvante en un momento mágico que presidió a la bronca.

Por Carlos Ilián.

Tres muletazos exquisitos, sublimes, tres redondos de parsimonia infinita, tres momentos de lujo de Alejandro Talavante. Así inició la faena de muleta al primer toro de su lote. Un rato más tarde, a la muerte del quinto, su segunto toro, escuchó una bronca. 

Así de intermitente y deslavazada transcurre la temporada de este torero singular, uno de los pocos a los que agarrarse en estos tiempos de pegapases insufribles. Talavante se descosió después de ese inicio de faena y en ese mismo toro, uno de los más notables de la sesigual corrida de Garcigrande/Hernández, perdió el norte y se enredó sin encontrar el punto. 

El quinto comenzó a embestir en tromba pero no fue más que una bravuconada porque se desfondó, como Tatavante que se fue por la espada sin más aspavientos. Bronca y gorda.

El Juli tiene disculpa ante el primero, un mulo, pero en el cuarto que metió la cara humillado se empeñó en un trasteo ramplón, de jornalero del toreo, sin una chispa de profundidad, salvo en una tanda de mano baja dentro de un mar de pases para olvidar. En dos tardes ni un sola vuelta al ruedo. Y esta es una de sus plaza míticas…

José Garrido templó de verdad y se plantó muy firme en un toreo macizo sobre ambas manos en su primero, pero no midió los tiempos pasándose de faena lo que purgó a la hora de matar con un toro en gazapeo constante. Un pinchazo y una estocada recibiendo. Solo pudo salir a saludar. 

El sexto, la cara amarga de los garcigrandes de ayer, no le dio otra opción que el trabajo voluntarioso.

Plaza de Vista Alegre. Sexta corrida. Media entrada. 

Toros de GARCIGRANDE/HERNÁNDEZ (6), serios, con movilidad y juego muy desigual. 

EL JULI (5), de corinto y oro. Medio bajonazo (silencio). Pinchazo, estocada trasera y caída y descabello. Un aviso (saludos con protestas). 

ALEJANDRO TALAVANTE (4), de negro y azabache. Estocada caída (saludos). Bajonazo y dos descabellos (bronca). 

JOSÉ GARRIDO (6), de grana y oro. Pinchazo y estocada delantera (saludos). Bajonazo (palmas).

Publicado en Marca 

Feria de Bilbao: El atractivo perdido de las figuras / Decepcionante actuación de El Juli 

Por Antonio Lorca.

Ya es preocupante que dos figuras de la talla de El Juli y Talavante, acompañados por el joven triunfador del pasado año, José Garrido, no consigan llenar los tendidos bilbaínos.

Pero no es menos alarmante que los dos primeros pasen por la feria sin pena ni gloria con los toros elegidos por ellos; sorprendente, además, que no hayan ilusionado, y no hayan dejado nada para el recuerdo. Quizá, por eso, la plaza mostraba tantos asientos vacíos; quizá, la gente está ya cansada de tanta aburrida uniformidad.

Complejo asunto, pero ahí queda para la reflexión, aunque el mundo del toro —las figuras, los primeros— prefiera el olvido rápido y la corta espera de un toro que les devuelva la ilusión en el próximo compromiso.

Pero, ¿tan mal estuvieron El Juli y Talavante? No. No estuvieron bien, que es algo distinto. Los dos llegaron con el oficio aprendido, que es mucho, pero ni uno ni otro encontraron el camino para ilusionar y emocionar al público norteño, que está necesitado de triunfos que les devuelvan la esperanza.

El Juli no tuvo oponente en su primero, corto y sin codicia, que dio la impresión de embestir por contrato, pero sin interés alguno. Pero se encontró, después, con un toro noble, con clase y repetidor, de esos que arrastran el hocico por la oscura arena, y le dio muchos pases, aceptables unos y deslucidos otros; y alargó la faena en vista de que aquello no reclamaba olés profundos, y acabó con un circular y derechazos desmayados cuando la gente estaba ya un poco cansada. Mató mal y todo quedó en nada.

Y a Talavante, todo serio y circunspecto, se le vio prendido de frialdad, como ausente y con escasa motivación. Esa fue, al menos, la imagen que transmitió, corroborada, después, con su deficiente actuación. Lo cierto es que no se entendió con su primero, otro animal con nobleza, con el que solo destacó en las dos primeras tandas con la mano derecha, relajados y templados los muletazos en la primera, y hondos, en consonancia con el buen ritmo del toro, en la segunda. Y no hubo más. 

¿Cambió el toro? Sí, porque no embistió igual por el lado izquierdo, pero el transformado fue el torero, más pendiente de la postura que de la hondura, despegado y arrollado hasta la derrota final. No se anduvo con filigranas con el quinto, que brindó sorprendentemente al público, y quince segundos después ya lo estaba preparando para la suerte suprema. Era soso e incómodo, y el torero parecía estar en otro lugar.

Garrido llegó a por todas y se fue sin ná. 

Atropelló la razón y la cabeza lo devolvió a la realidad. Sorprendió gratamente en un quite con el capote a la espalda en el primero de Talavante, brindó a la plaza el tercero, el mejor toro de la corrida, con el que se mostró muy torero, y dibujó buenos muletazos por ambas manos, templados y hondos. Se le vio hambriento de triunfo y henchido de ilusión. Pero no encontraba el momento de acabar, se eternizó, sonó un aviso antes de montar la espada y todo lo bueno se difuminó.

Recibió al sexto con dos largas afaroladas, un amago de verónica con las rodillas en tierra, y una chicuelina, y todo en un visto y no visto. Garrido robó algunos destellos a un animal sin clase, y un bajonazo fue una rúbrica final muy fea.

GARCIGRANDE / EL JULI, TALAVANTE, GARRIDO

Un toro —el primero— de Garcigrande y cinco de Domingo Hernández, serios, a excepción del segundo y tercero, justo de presentación; mansos primero y segundo y cumplidores los demás; sin clase el primero, quinto y sexto, y nobles y con calidad el resto.

El Juli: casi entera baja (silencio); pinchazo, estocada trasera —aviso— y un descabello (ovación).

Alejandro Talavante: estocada baja (ovación); estocada baja y dos descabellos (algunos pitos).

José Garrido:—aviso— pinchazo y estocada contraria (ovación); bajonazo (silencio).

Plaza de Bilbao.
Sexta corrida de feria, 24 de agosto. Algo más de media entrada.

Publicado en El País 

El Juli: “El torero que más me ha motivado ha sido José Tomás”

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Fue niño prodigio y ahora padre por partida triple. Dice que se harta a sidra en los días de vacaciones y nada como perderse allá por Argentina o México, pero es hombre de campo atrapado por una pasión: «Desgraciadamente mi felicidad está en un lugar muy arriesgado, pero donde más feliz he sido es en la plaza».

Por Patricia Navarro.

Parece otro en la calle: Julián López «El Juli» en los carteles, esta vez a las puertas del Hotel Palace de Madrid, con camisa y vaqueros, relajado y lejos de los ruedos. Un huracán se convierte en ellos a pesar de la veteranía, los años pasan. Habla de todo. También de los miedos, las cornadas, y de aquella con la que todavía libra una vieja batalla. Tienen, los aficionados en general, otra entre manos, y asfixiante, el duelo político con la reciente prohibición balear que vuelve a poner la fiesta contra las cuerdas.

–¿Qué opina de la artimaña balear para acabar con la tauromaquia?

–Lo de Palma es totalmente ilegal. Poco más hay que decir, sólo esperar a que el Gobierno aplique la ley.

–¿Qué teme más, a un antitaurino o a un político?

–A un político. El político ha creado muchos antitaurinos. El toreo desgraciadamente se ha politizado, ha habido un oportunismo tremendo. Los políticos juegan una baza con la tauromaquia y no es de ellos, es del pueblo, de quien la quiera ver, no es de derechas ni de izquierdas.

–¿Los toros se acaban?

–No creo que se acaben. Creo que la tauromaquia es muy rica, la menospreciamos. En Madrid durante más de 30 días han ido a la plaza 20.000 personas y a nivel rural es impresionante. Los números de la tauromaquia son muy potentes y por encima de los números… Ver torear emociona y acabar con la emoción es muy difícil.

–¿Qué le diría a un anti?

–Hay muchos tipos de antis. Es un mundo complejo y partiría de la base del respeto y del entendimiento con quien no le gusten los toros. Entiendo que la parte dura de la Fiesta les resulte tan fuerte que no les deje ver lo que verdaderamente es la tauromaquia, pero hay mucho falso animalismo y mucho desconocimiento de la tauromaquia y posicionarse en contra es ser moderno o progre y el toreo no lo hemos inventado ayer y no es normal que durante 300 años haya una actitud cordial y que en cinco estemos viviendo este cambio político.

–Por estas fechas las playas se llenan de gente y ustedes se juegan la vida. ¿Quiénes son los normales?

–Hay gente para todo, como dice el dicho. La verdad es que los toreros vivimos un poco a destiempo, en vacaciones es cuando más actividad profesional tenemos y luego es a la inversa.

–¿Cómo son las vacaciones perfectas?

–Hay muchos tipos de vacaciones y desde que eres padre cambia mucho el sentido. Ahora estoy muy cerca de los niños y es lo que más me alimenta.

–¿Se acuerda de cómo era la vida antes?

–Sí, viajar y conocer mundo era una de las cosas más divertidas.

–¿Qué tiene prohibido antes de salir a la plaza?

–Prohibido nada. Otra cosa es tu responsabilidad. Pero yo me prohibo ir a torear como quien va a trabajar, hay que pasar miedo, incertidumbre, si no luego no te expresas igual.

–¿El miedo se puede compartir?

–Yo no lo comparto. No me parece que sea trasladable a nadie, lo tengo que vivir yo y de alguna manera disfrutarlo.

–¿Qué le saca de quicio?

–Llegar tarde, que no me dé tiempo a vestirme relajado o llegar con prisas a la plaza… la impuntualidad.

–¿Hace dieta?

–En la pretemporada. Luego ya en temporada me libero más de cuidarme y empiezo más flaco que acabo; al revés de muchos compañeros que con el desgaste adelgazan.

–¿Qué le pierde para saltarse la dieta?

–El chocolate es mi debilidad, la pasta, los guisos, un buen vino, me gusta comer.

–¿Con qué se maneja bien entre fogones?

–Con nada, negado para la cocina. Cocina rápida y fuera.

–¿Hay un color de la buena suerte?

–Hay colores que te hacen sentir mejor.

–¿Y de la mala suerte?

–Respeto el amarillo por los compañeros y no lo toco por no molestar.

–¿Al miedo se le evade o se le habla de tú a tú?

–No siempre es la misma relación y no siempre ganas tú. A veces el miedo te gana y te imposibilita quitarte ese instinto de conservación que tanto limita a los toreros. Pero hay veces que le ganas, le hablas de tú a tú y le superas. Y otras veces la mejor pelea es la que no se tiene.

–¿Qué se escucha en una plaza?

–Se escucha todo, pero a veces no tienes que escuchar voces para saber lo que está pasando.

–¿Qué es lo peor que le han dicho?

–Lo que más duele es la indiferencia, el ni fu ni fa. Las críticas son ocasionales, las malas tardes nos pasan a todos. Pero el querer y no poder son de las peores sensaciones de cara al público, la impotencia, no ser capaz de ser lo que eres.

–¿El amor propio es infinito o se acaba la gasolina?

–Hay personas y personas y uno no está siempre en la misma escala. Hay ocasiones que lo tienes a flor de piel y hay otras veces que, como en el mus, pasas.

–¿Hay olvido para las cornadas?

–Para algunas sí, otras no y en particular una me está pasando factura y dudo de que la pueda olvidar.

–¿Se le aparece?

–Sí, son momentos que se te vienen a la cabeza, no lo puedes controlar y se te hace imposible hacer la tauromaquia. Con la cornada de Sevilla ocasionalmente se me viene a la cabeza y cuando se me viene toreando soy absolutamente incapaz. Y es una cosa que no se quita, tengo metido el recuerdo y de pronto hay una embestida que me recuerda a eso. Cuando llega esa embestida me descompongo.

–¿Y sintiendo eso cómo se puede volver a vestir de torero?

–Pues es lo que verdaderamente emociona, que teniendo todas estas cosas en la cabeza, el torero sea capaz de asumir volver a pasar otra vez por eso y llegar a torear con más entrega que nunca.

–¿Ser torero es una trampa emocional?

–Es una trampa total. Creo que en la cabeza soy mejor torero que en el ruedo y eso es una frustración tremenda. Creo que veo más de lo que hago y es doloroso.

–¿Qué ve y no hace?

–Hay momentos que visualizo la faena y no consigo llegar a ella. Creo que cuando los toreros están al cien por cien los toros te dan infinitamente; la entrega muchas veces es física, es del corazón.

–¿Y sale satisfecho de la plaza?

–Cuando me siento salgo satisfecho, aunque no sean las obras más redondas.

–¿Qué le asusta a El Juli?

–La educación de mis hijos, la estructura familiar, la integridad física de mi familia, me da miedo y me descontrola un poco.

–¿Le ven sus hijos?

–En la plaza, no, en la tele alguna vez y en el campo mucho. Es impresionante la naturalidad con la que un niño ve la tauromaquia cuando la viven en casa desde niño.

–¿Qué dice el toro con la mirada?

–El toro dice de todo y cosas muy distintas. Hay toros que dicen que des el paso y hay toros que te dicen que no lo des, que no te escapas. No sé cuántas corridas llevo, alrededor de 1.600 o así, pero todos los toros me enseñan cosas.

–¿Compite con sus compañeros?

–Sí, pero es una competencia interna. A veces dicen que los toreros nos pegamos abrazos, yo quiero a compañeros míos, los tengo mucho aprecio, aunque quiero ser mejor que ellos en la plaza, pero que ellos estén mal a mí no me hace más grande como torero. Los tiempos han cambiado y a veces se hace mucha demagogia barata con la competencia. Ahora hay toreros que rivalizan mucho y que tienen un nivel de compromiso con la Fiesta que sinceramente creo que en otras épocas no se ha tenido.

–¿A quién le tiene ganas?

–El torero que más me ha motivado ha sido José Tomás, pero quizá ahora los toreros que más me motivan son los jóvenes porque tú juegas como el torero que ya han visto muchas veces y el favor de alguna manera juega de su parte y ese reto es muy bonito.

–¿Cómo se celebra el triunfo?

–Cena con familia y casi siempre no hablas de la tarde. Se quedan pequeñas las palabras para las sensaciones.

–¿Cuál fue la tarde para el olvido?

–Ha habido muchas, pero no diría las trágicas, quizá las de Madrid en las que me he sentido pequeño por no ser capaz de superar esa sensación de atenazamiento.

–¿Cuál es el momento top del miedo?

–El patio de cuadrillas. Tienes los pensamientos más complicados y a la vez tienes que atender a la gente. Necesitas concentración y no la puedes tener. Te descoloca mucho porque sientes que se te está yendo el momento.

–Si en ese momento le pregunto si tiene miedo, ¿lo reconoce?

–Con el tiempo he aprendido a reconocer hasta lo más vulnerable de mí. No tengo pudor en decir la verdad.

–¿Su profesión frustrada?

–Psicólogo. O médico.

–¿A qué se hincha en verano?

–En los días de vacaciones a sidra.

–Discúlpeme que pase al drama, pero como profesional ¿cómo se asume las tragedias de Iván Fandiño o Víctor Barrio?

–Mal. Doloroso. Nosotros convivimos con la muerte, pero no le damos el verdadero sitio que tiene porque quizá nos costaría mucho torear. No solemos pensar que nos pueda matar un toro. Te pega un golpe de realidad demasiado duro y te hace replantearte todo. Y hay una pregunta muy importante que hay que hacerse todos los días, ¿Y por qué? Porque para torear tiene que haber un por qué. Si no hay respuesta no te puedes jugar la vida porque no merece la pena. No hay dinero que pague ponerse delante del toro para perder todo lo que tienes.

–Dice eso pero mañana volverá a un ruedo.

–Sí, porque lo necesito para vivir, es el único sitio donde puedo ser yo, donde soy feliz. Desgraciadamente mi felicidad está en un sitio muy arriesgado, pero el lugar donde más feliz he sido en mi vida es en la plaza. El resto tiene otra escala.

–Entonces, con esa perspectiva, ¿asusta la retirada?

–Mucho. Sé que el día que no pueda torear mi vida estará vacía y me asusta. Hay una parte de mí que el día que no toree se va a morir.

Publicado en La Razon

De bien nacido es ser agradecido, Majestad

l rey Felipe VI, entre la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, y el ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo. SAMUEL SÁNCHEZ / atlas
l rey Felipe VI, entre la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, y el ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo. SAMUEL SÁNCHEZ / atlas

Del Río / El Juli, Manzanares, Talavante



Toros de Victoriano del Río-Toros de Cortés —el segundo, devuelto— correctos de presentación, cumplidores en los caballos, a excepción del manso primero, nobles, desfondados y corto recorrido; fiero y rajado el tercero. El sobrero, de Domingo Hernández, bravo y con clase.

El Juli: pinchazo y casi entera atravesada (silencio);

estocada caída y trasera (oreja).

José María Manzanares: estocada —aviso— (silencio); casi entera caída y atravesada (silencio).

Alejandro Talavante: pinchazo y estocada (silencio); pinchazo y media trasera (silencio).

Plaza de Las Ventas. Corrida de Beneficencia. 16 de junio. Lleno de “no hay billetes” (23.624 espectadores). Presidió el rey Felipe VI desde el palco real, acompañado por el ministro de Cultura y la presidenta de la Comunidad de Madrid.
Por Antonio Lorca.
La gran ovación de la tarde —unánime, cerrada, clamorosa— comenzó cuando el rey Felipe VI apareció en el palco real, y arreció al finalizar las notas del himno nacional. La plaza, de bote en bote, puesta en pie, silenciosa primero, y emocionada después, manifestó de modo tan ceremonioso y expresivo su cariño a la Corona y el agradecimiento al Rey por su presencia en la corrida de Beneficencia.
Pues que no se engañe Su Majestad. Recibió un afecto que él no se ha ganado, porque la fiesta de los toros no ha recibido del nuevo monarca más que desapego y frialdad.
Es la segunda vez que asiste a Las Ventas desde que asumió la jefatura del Estado, un balance muy pobre para quien representa a todos los españoles. Y en lugar de que la afición le recibiera como merece, con desaprobación por su lejanía manifiesta, va y le ofrece un abrazo de amigo, como si el Rey fuera de los nuestros —los aficionados—, que no lo es.
No debiera olvidar el Rey que en Las Ventas no escucha pitos —solo recibe simpatía— y sería lógico que, en justa reciprocidad, devolviera algún gesto de apoyo a la fiesta; aunque no le gusten los toros. Algún republicano habría en la plaza y, sin embargo, estaba de pie, en actitud de respeto, porque estaba allí el jefe del Estado. Pues eso… En dos palabras, que si don Felipe no es aficionado, al menos que sea agradecido, que ya se sabe que esa condición es de bien nacido.
Asunto distinto es que el Rey se aburriera; primero, porque la corrida fue un pestiñazo; segundo, porque debe de estar corto de conocimientos taurinos, y tercero, porque tenía a su lado al ministro de Cultura, que va a los toros menos que él, y de poca ayuda le pudo servir.
 El Juli, en un pase de pecho a su segundo toro.

El Juli, en un pase de pecho a su segundo toro. SAMUEL SÁNCHEZ

En fin, que la extraordinaria corrida de Beneficencia no cumplió con las expectativas. Los toros de Victoriano del Río ofrecieron un juego muy desigual; cumplieron en varas, pero se rajaron en la muleta, a excepción del cuarto, al que El Juli le cortó una oreja, y del sobrero, de Domingo Hernández, el más completo de la tarde, con el que naufragó Manzanares.
La corrida no fue buena, pero tampoco quiso comerse a nadie; muy noble toda ella, bobalicona y dulce, puso, también, de manifiesto que la zona alta del escalafón, las llamadas figuras, no está sobrada de ideas.
José María Manzanares, por ejemplo, se lució con unas buenas verónicas a su primero, que fue devuelto, y otro manojo de estimables capotazos al quinto, al que llevó al caballo con una larga cambiada en el centro del ruedo y un vistoso galleo por chicuelinas. Pero ahí acabó su obra.
Se encontró con el buen sobrero de Domingo Hernández, muy bravo en el caballo y al que picó con eficacia y torería Chocolate, que llegó al tercio final con clase y recorrido. Se esperaba faena grande —el público, entusiasmado, eufórico y entregado al torero alicantino—, pero todo quedó en una triste decepción. Comenzó con un trincherazo, un recorte y un pase de pecho, a los que siguieron dos bellos redondos, y no hubo más. Muletazos enganchados, falta de acoplamiento con el toro y de conexión con los tendidos; toreo anodino, sin gracia ni sentimiento. Todo muy embarullado y desdibujado. Pronto se rajó el quinto, noble y soso, y Manzanares se fue con más pena que gloria.
No es bien recibido El Juli en esta plaza, y no parece posible relajarse, asentarse y torear en un ambiente manifiestamente hostil. No está bien que eso ocurra, pero el propio torero debiera preguntarse su cuota de responsabilidad en este desafuero. Han sido muchas las tardes en las que se ha anunciado con reses impresentables después de un ajetreado baile de corrales; y, claro, el que siembra vientos ya se sabe lo que recoge…
No estuvo a gusto —no parecía posible— ante el noblón y descastado primero; y se esforzó ante el muy noble y bobalicón cuarto, en una labor intermitente, menos emocionante de lo que expresaron los veleidosos tendidos, pero con destellos de su experiencia y torería. Cortó una oreja tras una estocada trasera y caída y quedó la impresión de que se esperaba algo más.
Talavante tuvo peor suerte con su lote, pero tampoco estuvo lúcido. Fiero y codicioso llegó a la muleta su primero, y el torero no supo cómo frenar la velocidad impetuosa del animal. Pero pronto se rajó, se refugió en tablas y se esfumó la codicia. Y el sexto era blando, como casi todo, y sin pizca de calidad.
El Rey se marchó entre nuevas muestras de afecto. ¡Cómo es el público de toros…!
La corrida de hoy
I Corrida de la Cultura. Toros de Núñez del Cuvillo, para Morante de la Puebla, Cayetano y Ginés Marín.