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Vellosino resucita el debate sobre el ‘afeitado’ en la fiesta: “Se arregla el 100% de las corridas”

Un torero en activo, que prefiere mantener el anonimato, señala que “se tocan” los toros: “arreglar es quitar alguna astilla, sacar punta”. El propietario del Vellosino defiende que no ha afeitado nunca un toro y achaca las imágenes de este verano a problemas puntuales. El PSOE ha registrado una petición de información por el positivo del toro de Miura: “Es una trampa en la primera feria del mundo”.

Por Juan Diego Madueño.

“¡No he afeitado ningún toro! ¡Nunca!”, exclama Manuel Vellosino, propietario de la ganadería salmantina Vellosino, al otro lado del teléfono. Es el último ganadero acusado por la afición de fraude por la manipulación de pitones. Las fotos de sus cuatreños –toros con cuatro años de edad– con los cuernos presuntamente manipulados han corrido entre los aficionados por las redes sociales, reflotando un debate legendario en el sector taurino.

La afición ha sospechado históricamente de los toros que lidian las figuras del toreo. Ni siquiera Manolete se libró de las denuncias de fraude. Este verano el protagonista ha sido El Juli tras lidiar en la plaza de toros de Guijuelo una corrida de ese hierro. Las fotos de los pitones realizadas con un móvil se hicieron pronto virales y, sin confirmación, se asumió el engaño.

“Nunca he afeitado mis toros. Tienen un trato complicado, rematan mucho y los pitones en esas plazas tienen un tamaño menor”, intenta explicar el ganadero las razones del estado defectuoso a simple vista de los pitones y no sólo en Guijuelo: hubo también sospechas de los pitones de los toros que lidiaron Morante de la Puebla y Manzanares en Valladolid, “burdamente trabajados”, escribió Zabala de la Serna esa tarde. “Es ridículo. ¿Por qué dice eso? No tiene razón”, le reprocha el ganadero al cronista.

Toro de El Vellosino supuestamente ‘afeitado’ en Guijuelo. Alfonso Ibarra Cedida.

El afeitado consiste en reducir la longitud del pitón del toro cortándolo. Luego, se le intenta dar apariencia de normalidad raspando y lijándolo hasta reconstruirlo con el nuevo tamaño. El torero asume así con más facilidad el esfuerzo de torear y los aficionados creen que se están lidiando toros íntegros, con los pitones intactos.

Esta operación, en la que a veces sólo se lijan las puntas –el veneno–, se realiza en el llamado mueco, un cajón de curas presente en las explotaciones ganaderas que facilita el manejo del ganado bravo. Se introduce al toro en su interior, sujetándolo mecánicamente por el cuello. Ambos pitones aparecen por dos orificios situados a cada lado de la cabeza. Al toro se le tapa la visión con un trapo para tratar de tranquilizarlo durante el proceso. “El sufrimiento es, sin duda, muchísimo mayor que el que pueda producirle la lidia, porque no tiene ninguna posibilidad de defensa”, opinaba Joaquín Vidal en 1983.

El cuerno está dividido anatómicamente “en tres partes: la cepa –parte proximal–, la pala –parte media– y el pitón –parte distal–. Es una producción epidérmica”, explica el doctor Juan Manuel Lomillos, profesor de la Facultad de Veterinaria de la Universidad CEU-Cardenal Herrera de Valencia, a través de un correo electrónico. “Llamarlos astas es incorrecto. En su composición, de la que depende la dureza, aparecen minerales como el calcio, hierro, magnesio, sodio, potasio y fósforo”.

El afeitado puede provocar dolor en el toro si la manipulación “disminuye el macizo córneo del pitón hasta llegar al plexo de vasos y nervios situado en la dermis”, es decir, “bajo el estuche córneo”. Entonces, se vería afectada “la sensibilidad del animal”, produciéndose, a veces, “hemorragias perceptibles por el espectador”. En Béjar, un vellosino sangraba por el pitón. “Fue un toro que estaba de sobrero y remató mucho en los corrales a las puertas”, defiende su propietario.

Esquema de las partes de un pitón.

“Cuando un toro íntegro remata”, a un burladero o en los corrales, “no siente dolor más allá del golpe de la cornamenta sobre la madera”, explica el profesor Lomillos, “como cualquier otro mamífero podría sentir al arañar un objeto con fuerza o al dar una coz”. Sin embargo, “en el caso de un animal con una amplia manipulación previsiblemente el golpe en un burladero le causaría un dolor agudo”, advierte el experto.

Manuel Vellosino argumenta que tanto en las corridas de Guijuelo, Valladolid o Béjar los pitones podrían tener esa apariencia porque “los toros tienen el vicio de meterlos en el suelo”. El doctor Lomillos, uno de los autores del libro La cornamenta del toro de lidia: análisis de su integridad y efecto del enfundado, entiende que “esta sintomatología, conocida como hormiguillo, no está suficientemente estudiada en la raza de lidia. El desgaste natural por el rozamiento en el día a día de un bovino es muy bajo”.

Las causas de este comportamiento las provoca la alimentación. “Los animales ‘de saca’ [seleccionados por el ganadero para la lidia] se someten a un cebo intensivo durante el último año, alimentados con raciones de pienso altamente energéticas, con el objetivo de conseguir el desarrollo muscular y el peso exigidos en las plazas. Este cebo tiene efectos secundarios como la acidosis ruminal, que puede provocar dermitis crónica en pezuñas y cuernos generando un picor que el animal intenta aliviar rozándose contra todas las superficies que encuentra en su hábitat”. Este trastorno, sin embargo, “ha sido ampliamente estudiado permitiendo mejorar la alimentación del toro de lidia y reducir los problemas digestivos”, es decir, provoca un efecto secundario menor que hace una década.

La pérdida de la noción de las distancias por el afeitado, una de las excusas para ejecutarlo y así librar al torero de una cogida por milímetros, “no está estudiada científicamente”, señala el profesor Lomillos. “Podría ocurrir, pero igual que pasa con un mamífero cuando se corta las uñas. Si bien, se recobraría al poco tiempo, cuando el animal se haya cerciorado de ese acortamiento en sus defensas tras rematar en varios obstáculos”.

“El ‘afeitado’ existe y está a la orden del día”

Emilio de Justo, Pepe Moral, Thomas Joubert o Paco Ureña han caído gravemente heridos en un tramo final de temporada muy duro. Algunas voces pretenden enterrar la polémica con las cornadas. La lógica de ese razonamiento señala que se afeitan todos los toros. “El afeitado existe y está a la orden del día: se arreglan el 100% de las corridas de toros”, dice un matador de toros en activo que insiste en no hacer público su nombre. “Arreglar es limpiar los pitones, no tiene mayor historia. Ahora se ha puesto de moda volver a hablar del afeitado y no sé qué. Se arreglan, para bien o para mal, todos los toros de todas las ganaderías”, insiste este reconocido torero.

“Pienso que cuanto menos se hable de este asunto, mejor. Se ha hecho toda la vida. Hay toros con los pitones jodidos y para llevarlos a la plaza hay que limpiarlos de cualquier astilla. A algunos les hace falta y a otros no. Pasa en todos lados”, señala.

Para él, afeitar no es sólo “cortar los pitones”. “También”, comenta, “se les saca punta. Es muy raro el toro que sale sin tocar, limpio. Me extraña mucho, la verdad, que salga alguno así. No sólo se cortan los pitones, muchas veces se les saca punta también”, repite.

Un torero andaluz retirado pide anonimato y explica en un mensaje de WhatsApp que ha visto “afeitar toros para torearlos en el campo, nunca para ser lidiados en una plaza de toros”. Entre profesionales las conversaciones sobre este asunto son recurrentes. El matador de toros Juan Mora, en un tuit en el que comentaba un vídeo de una cornada en un entrenamiento a puerta cerrada, se refirió al peligro que tenían los toros afeitados y escribió que “es tremendo lo que es capaz de hacer un toro lógicamente arreglado. Debería hacer reflexionar a muchos que observan con lupa las astas [sic] de los toros”.

Cartel de Hoyo en Pinares.

En gran parte de los festejos menores los aspirantes a matador de toros se enfrentan a novillos con las puntas intactas. La sospecha suele estar sobre las corridas que lidian los toreros más veteranos o figuras. En 2017, Hoyo de Pinares, un pueblo de Ávila, anunció dos novilladas y una corrida de toros, un total de tres mano a mano. “Encaste Santa Coloma con las defensas íntegras”, especificaba el ayuntamiento de la localidad, encargado de la organización de los festejos, sólo sobre el nombre de los novilleros. Respecto a la corrida de Valdefresno para El Cid y David Mora –con 18 y 12 años de alternativa respectivamente– no se concretaba nada. ¿Estaría manipulada?

La leyenda sobre el afeitado es amplia. El último matador que denunció el fraude de los pitones de forma abierta fue el maestro Antonio Bienvenida en 1952. Lo hizo en la radio, en diciembre, con la temporada finalizada. “Sí, los toros hasta ahora han salido afeitados, y de aquí en adelante sólo los torearé en puntas”, dijo.

Aquello provocó un terremoto en el sector taurino, y algunos matadores vetaron en los carteles a Bienvenida durante la temporada de 1953, cuya denuncia había provocado que volvieran a las plazas toros astifinos, según contaban los cronistas de la época. “De repente, el ganado bravo ya no se rascaba”, ironizaba Vidal en El País. “En 1954 los toros volvieron a ser romos […] cesó el veto a Bienvenida”.

La conspiración: objetivo Vellosino

–¿Nunca ha recibido órdenes de algún apoderado o empresa para afeitar una corrida de toros?

–No, nunca. Las corridas van acordes a la categoría de cada plaza. Esto es una campaña que existe contra la ganadería –indica Manuel Vellosino.

“¿Campaña? No, no tengo nada contra el ganadero ni contra la ganadería. Sólo viendo los animales… Es muy cantoso lo que se ha visto en Guijuelo, Béjar o Valladolid”, explica Alfonso Ibarra, el aficionado que hizo y colgó las fotos que resucitaron la polémica sobre el fraude en la manipulación de los pitones.

Ibarra es uno de los aficionados más activos en Twitter y esta temporada ha asistido “a más de 100 corridas de toros en España y Francia. Para mí era evidente”, explica. “Sólo puse un tuit acompañado de una imagen en el que decía que no había diferencia entre los toros de rejones y los destinados a la lidia a pie”. Aquella tarde en Guijuelo se celebró una corrida mixta con Ventura y Juli. Los toros para los rejones se afeitan siempre, por lo que la comparación era sencilla. “Salí asqueado de la plaza, me costó volver a ver un festejo”.

Uno de los pocos periodistas especializados que ha escrito sobre ello fue Javier Lorenzo, responsable de la sección taurina de La Gaceta de Salamanca, presente en los tendidos de Guijuelo durante el mano a mano entre El Juli y Diego Ventura. “Sí, es una plaza de pueblo pero hay unos límites que no se pueden sobrepasar”. Él es cauto a la hora de señalar si hubo o no fraude. “No lo puedo probar. Los pitones dejaban mucho que desear”.

Javier Lorenzo cree que así “se le falta el respeto a la gente que paga. Se necesitan unos mínimos para darle importancia a lo que sucede en el ruedo. Lo que hacen los toreros tiene mucho mérito y de esa forma no se ve”. Y escribió sobre ello: “Los principales referentes del toreo demuestran que esto les importa un bledo y tienen la poca vergüenza de reírse del aficionado en su propia cara”.

“La fotografía era tremenda”, se refiere a la imagen que acompañaba al artículo mostrando a El Juli desplantándose ante un toro con dos pitones ridículos. “No es volverse loco ni ser destructor”, enumera los reproches que suelen utilizar los taurinos cuando leen algo que no les gusta. “Ese día no hubo dignidad en el espectáculo”.

Sanciones sí, pero no muchas

El reglamento taurino nacional, Real Decreto 145/1996, de 2 de febrero, prevé un control para evitar “la manipulación”, explicando en el preámbulo que “articular las medidas precisas para asegurar la integridad del toro […] y la intangibilidad de sus defensas es un fin irrenunciable” analizando “con absoluto rigor científico y con total objetividad las posibles manipulaciones fraudulentas de las reses”.

Durante la celebración del último San Isidro, el presidente Jesús María Gómez mandó analizar los pitones de un toro de Miura lidiado el 3 de junio. El artículo 47 establece que los pitones de “las reses de lidia en corridas de toros y novilladas picadas estarán íntegros” y que corresponde al ganadero “asegurar al público la integridad de las reses de lidia”. El artículo 58 se refiere al análisis post mortem para “garantizar la integridad del espectáculo”. Según la norma, será el presidente de la plaza quien decida si un toro debe ser o no analizado “de oficio o a instancia de los veterinarios”.

Los cuernos enviados al laboratorio de la comisaría de Canillas de la Policía Nacional pertenecían al miura lidiado en tercer lugar por el matador de toros valenciano Román y dieron positivo por afeitado, según publicó en exclusiva Cope. “Aún falta la contraprueba. No podemos decir que haya dado positivo. El resultado aún no es público”, recuerda Jesús María Gómez. Fuentes conocedoras del caso comentan que “el reconocimiento post mortem busca por un lado defender la integridad y la pureza de la fiesta pero es hermético en cuanto a sus plazos y publicidad”.

Para Jesús María los pitones de ese toro de Miura “presentaban un aspecto externo bastante anormal, el escobillado era llamativo. Lo vi, se lo comenté al veterinario que tenía a mi lado y le pareció significativo”. Ya en el desolladero, Gómez se encontró con el ganadero. “Me montó bulla, me preguntaba que por qué a él. Le respondí que si estaba tan seguro de que no había nada podía servir para engrandecer y defender la divisa”. En las redes sociales los aficionados lo acusaron de conspirar con Simón Casas –empresario de Las Ventas– para perjudicar a Miura.

La CAM: “No sabemos si recibimos o no las actas”

Este presidente no había visto un caso “tan llamativo” en los otros festejos que ha presidido. “En la Feria de Otoño me toca la corrida de El Puerto de San Lorenzo y si hay algo parecido haré lo mismo. El ambiente se ha enrarecido desde que mandé analizar los pitones”. Las pruebas se revisan siguiendo una fórmula matemática. “Ya hay un primer resultado”, reconoce Gómez, “y tiene que concluir el proceso para poder hacerlo público”.

La sanción oscila entre los 4.500 y los 60.000 euros. Será el servicio de Espectáculos y Actividades Recreativas de la Comunidad de Madrid el que decida qué medidas se toman. “Tenemos que evaluar la actuación a la vista de las actas. A fecha de hoy tengo que examinar si las he recibido”, analizaba la situación Antonio Piñón este lunes, tres meses después de que Cope confirmase el afeitado.

“Somos competentes nosotros”, reconoce. “Las medidas que se tomen dependen del acta que se haya levantado. El proceso es largo, se resuelve en seis meses. Primero, se abre expediente, se eleva la denuncia a quien corresponda, se notifica al expedientado, que tiene 15 días para contestar, hay una propuesta de resolución, a la que también tiene derecho el expedientado a contestar… Así, se intentarán depurar todas las responsabilidades”.

En el departamento que dirige Piñón se da luz verde a los permisos para la celebración de festejos taurinos en la Comunidad de Madrid. “Son 1.800 festejos al año los que pasan por aquí. En septiembre estamos hasta arriba, la tercera parte de los festejos se producen en los primeros 20 días de mes. Lo tramitamos todo”, señala el responsable del área, quien aseguraba que el departamento de comunicación iba a dar más detalles de este asunto a EL ESPAÑOL y tres días después no se ha puesto en contacto con este diario.

El PSOE: “Es un fraude al espectador”

El PSOE ya ha registrado una petición de información a la mesa de la diputación permanente de la asamblea de Madrid, con fecha de 17 de julio de 2018 a las 13.55 horas, sobre el asunto del toro de Miura. “¿Qué actuaciones se han realizado y/o está previstas desde el Área de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas tras las denuncias al respecto de la posible manipulación de las astas [sic] de un toro en la pasada feria de San Isidro?”. En la sección de registro general e información el número de expediente es el 1.555 y el de registro de entrada el 10.254.

“Esperamos obtener la respuesta pronto. En medio ha estado agosto, que es inhábil. Es urgente dar explicaciones y que haya transparencia”, señala Diego Cruz, portavoz de la comisión de presidencia y portavocía del Gobierno de los socialistas, a este diario. “Tuvimos noticia de este asunto a través de algunos aficionados, peñas y asociaciones de abonados”, con los que mantiene una relación fluida desde el inicio de las obras de Las Ventas.

“Más allá de que sea en Las Ventas y en San Isidro, esto es un fraude que afecta a los consumidores. Parece que va demasiado lento. Tendrían que acelerarlo. Nuestra intención es sencilla: pedir información sobre las actuaciones que se han realizado o vayan a realizar a los organismos competentes”, añade Cruz. “Es una trampa en la feria más importante del mundo”.

La Unión de Criadores de Toros de Lidia, UCTL por sus siglas, no contempla ninguna sanción por afeitado a sus socios. “Se sanciona todo el tema de fraude administrativo, malversación de papeles, irregularidades de este tipo”.

El hierro Olga Jiménez –propiedad de Matilla– fue sancionado con 10.000 euros y cuatro meses sin lidiar en Andalucía por un positivo en la Feria de Granada en 2015. Albarreal y Vellosino también dieron positivo en 2015 por uno y dos toros respectivamente lidiados en Huesca. En los 80 cuatro ganaderías fueron inhabilitadas por el Ministerio del Interior por afeitar sus toros. “El afeitado no se sanciona porque se parte de la premisa de que no existe”, indican desde la asociación ganadera con más miembros inscritos.

“Dicen que afeitamos hace unos años, que dio positivo un toro, pero a mí todavía no me ha llegado ninguna notificación. La culpa es nuestra. Parece que la gente no nos perdona no estar en las revistas ni dar entrevistas o no hacer visitas en la ganadería”, aclara Manuel Vellosino.

Publicado en El Español

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Ocho con Ocho: La sucesión en el toreo Por Luis Ramón Carazo

Francisco Martínez. Plaza México.

Ahora, que estamos viviendo los tramos finales del certamen de novilladas Soñadores de Gloria en las diferentes plazas en las que se ha desarrollado, ya vemos frutos en embrión producto de dar continuidad a los jóvenes que el día de mañana, se convertirán en los matadores que van a impulsar el cambio, tan necesario en la vida y a ello por supuesto, no escapa el toreo.

Y como ejemplo de sucesión, traemos a colación a quién el 8 de septiembre de 2018 conmemoró los 20 años de alternativa y me refiero a Julián López El Juli; quién de catorce años llegó a México a buscar un sitio de privilegio en el toreo ya conseguido hace mucho y que desde sus primeros años de vida, dio muestra de su facilidad para entender el difícil arte de la lidia.

Recuerdo que en la feria de Texcoco del año 1997, antes de presentarse oficialmente y por idea de los empresarios de aquella época Miguel Alemán Magnani y Rafael Herrerías, iba a actuar al final de una corrida con todo y cámaras de televisión de por medio con ropa de calle, pero no sucedió así, sino hasta el 16 de marzo de 1997 que se presentó oficialmente en la Silverio Pérez, y posteriormente el 15 de junio hizo su debut novilleril en La México.

La temporada en la que fue gran protagonista, fue una de las últimas que se recuerda con entradas importantes en La México y otras plazas del país, actuando al lado de novilleros mexicanos como Alfredo Gutiérrez, Jerónimo, Fermín Spinola, Gerardo Gaya entre otros que le dieron gallarda competencia al madrileño, quién como el camero Paco Camino, son considerados como Mozart del toreo por su precocidad en el entendimiento del oficio.

Era fácil imaginar que iba a llegar muy alto Julián por aquellos años, sin embargo verlo hecho una realidad, es comprobar que los presagios pudieron prevalecer con el transcurrir del tiempo, situación que no siempre se materializa en todos los ámbitos de la vida, y recordar que es el único novillero español con una faena de indulto en La México a un novillo de La Venta del Refugio de nombre Feligrés lidiado el 3 de agosto de 1997.

Posteriormente se fue a España y recuerdo ser testigo de su presentación en Las Ventas en Madrid, ante un lleno con seis novillos de diferentes ganaderías; el 13 de septiembre de 1998, logrando una gran faena al quinto de la tarde Afanes de Alcurrucén, ganadería por cierto de la Casa Lozano de dónde fue su apoderado ya como matador por un lapso largo, Manolo y ahora lo es su sobrino, Luis Manuel.

Torearía por última vez como novillero en Albacete y luego el 18 de septiembre en Nimes, se convierte en matador siendo menor a 16 años, tomando la alternativa de manos de José María Manzanares y con Ortega Cano de testigo, ante toros de Daniel Ruiz. Triunfa y su éxito lo pone desde su inicio en un sitio de privilegio.

Así las cosas, historias como las de Julián aúpan a novilleros como Francisco Martínez, Héctor Gutiérrez y Roberto Román que el 23 de septiembre de 2018, iniciaron el proceso hacia la final del certamen Soñadores de Gloria en La México, con un bien presentado encierro de Caparica del que destacaron el primero y el quinto.

El triunfador fue Héctor Gutiérrez que recibió un trofeo en tarde lluviosa por su muleta tersa y en el que sus compañeros y él (a pesar del tiempo) nunca dudaron en proseguir el festejo, del cual por su arrojo resultaron: lesionado Roberto y magullado se fue Francisco.

La próxima semana repite Héctor con André Lagravere y Sebastián Ibelles con astados de Fernando Lomelí, para buscar un lugar para el 21 de octubre en el festejo de triunfadores del certamen que ha dado la oportunidad de continuidad tan anhelada, por aquellos que empiezan en busca de llegar a figuras del toreo y solamente en el ruedo es dónde pueden lograrlo, por eso nos congratulamos que las empresas taurinas, apuesten por ello.

¿La fiesta en paz? Mero abajo, los toros / ¿Remedios institucionales o éticos? / El Juli, agradecido

▲ “Gracias a los empresarios, que han confiado y puesto en mí tantas veces el peso de la fiesta”, señaló El Juli. Lo malo es que esa fiesta cada día pesa menos y emociona poco.Foto archivo.

Por Leonardo Páez.

Como dejó dicho el legendario filósofo de Güémez, uno de los 43 municipios del estado libre y soberano –es un decir– de Tamaulipas: Si las cosas no han cambiado es porque siguen igual.

Andamos como andamos porque somos como somos. Y si también se dice que las cosas se parecen a su dueño, ¿qué nos extraña parecernos a la mafia que permitimos que se adueñara de México? Haber reducido la fiesta de toros a algunos figurines importados, trajo consecuencias.

En el mundito taurino la grandeza de la tauromaquia se quedó en las ganaderías que no quieren ver las empresas ni los que figuran, y en la espera de los que aspiran a figurar las cosas tampoco parecen modificarse, habida cuenta de que al monopolio taurino y a sus satélites no les preocupa tanto la asistencia de público como la persistencia de sus criterios toros mansos, figurines importados, débil relevo generacional, autoridades colaboradoras y crítica alcahueta, como lo confirman San Luis y Zacatecas: mismos toreros, mismo ganado, mismas entradas.

De la época de las figuras, de toreros destacados que no sólo eran diferentes al resto, sino cuya personalidad apasionaba y generaba partidarios y adversarios que llenaban las plazas, no sólo por competitivos con celo y sello, sino porque además sabían enfrentar y triunfar con encastes diversos, se pasó al figurismo, es decir, al mangoneo sin fondo de unos cuantos que figuran con imposiciones sin categoría, ganado cómodo, faenas predecibles y rivalidades ficticias entre figurines, sin que alternantes de valía los presionen.

Han proliferado desde entonces, unas cuatro décadas, los carteles redondos, tres que figuran, y toritos de la ilusión y los cuadrados tres o cuatro que apenas torean ante reses exigentes que rechazan los figurines, gracias a la acomplejada actitud empresarial, a su menguada imaginación y estrecho concepto de tauromaquia. El público, cada vez más desinformado y agraviado, aplaude lo que hagan los toreros-marca o se conforma con dejar de ir a la plaza. No conoce otra manera de protestar ni hay quienes lo defiendan de abusos y fraudes. Como en el resto de las actividades, pues.

Entonces, no será la Unesco ni ningún otro organismo internacional filo-sajón el que reconozca y apuntale la tradición tauromáquica de México como patrimonio cultural inmaterial, si antes los adinerados taurinos del país no son capaces de honrar la dignidad animal del toro, sacudirse las inercias monopólicas y olvidarse de una vez por todas de seguir a merced de unos cuantos mandones de aquí y allá.

En una carta abierta a los medios, –deslavada, pero pretendidamente enjundiosa como su tauromaquia– el matador Julián López El Juli, ya con 20 años de alternativa y uno de los principales promotores del figurismo y sus imposiciones en el sistema taurino, agradeció a todos los que directa o indirectamente han significado algo en mi vida para que llegue a donde estoy. En su misiva, el voluntarioso diestro no se cuestiona si en dos décadas su presencia en los ruedos del mundo ha contribuido al repunte del espectáculo o a su debilitamiento; si su condición de primera figura ha propiciado la recuperación de la bravura y el surgimiento de nuevos valores o los estorba, y si el ventajismo que lo caracteriza de varios años para acá es su forma de corresponder a todo lo que la fiesta le ha dado. En la mitad de ese tiempo, las verdaderas figuras han cimbrado a la fiesta engrandeciéndola, no degradándola.

Publicado en La Jornada

El Juli: los galones del gran mariscal

Por Álvaro R. del Moral.

La efemérides se cumplió ayer pero merecía la pena esperar un día para contarla en papel. Las imágenes analógicas, antes de la definitiva irrupción de la fotografía digital, rescatan el momento: un chico de quince años, vestido de blanco y oro, recibía los trastos del oficio de matador de manos de un torero de referencia que, hace veinte años ya, caminaba de vuelta. Era el añorado maestro José María Manzanares, entregando la muleta y la espada en presencia de José Ortega Cano a un novillero que había logrado revolucionar el cotarro con vibraciones de elegido. Hablamos de Julián López El Juli, que había escogido el bimilenario anfiteatro de Nimes para convertirse en matador con las cámaras de Televisión Española retransmitiendo en directo lo que era todo un acontecimiento.

En eso también hemos cambiado. Quizás demasiado. Aquella breve ceremonia solo era el definitivo pasaporte al estrellato de un chico que era toda una figura social y taurina en aquel país de 1998 que aún no había sucumbido a la dictadura de lo políticamente correcto. Las limitaciones legales vigentes en España le habían obligado a curtirse en México –en el recuerdo aún campea el indulto del novillo Feligrés– antes de volver a la Madre Patria reconvertido en un auténtico fenómeno de masas. El Juli lo sabía todo, lo hacía todo… había puesto el toreo patas arriba y no dudó en apostar la mayor para encerrarse con seis serios utreros en la plaza de Las Ventas para despedirse de novillero. Lo suyo iba en serio…

En abril de 1999, unos meses después de su alternativa nimeña, se anunció en Sevilla junto a Curro Romero y Enrique Ponce para estoquear una corrida de Jandilla en una de esas tardes de expectación desbordada y reventá por las nubes. Julián, que ya había cumplido 16 años, le cortó una oreja al tercero y las dos al sexto, que le había herido. El jovencísimo matador no pudo atravesar a hombros la ansiada Puerta del Príncipe pero, en ese mismo momento, se había erigido en primera figura del toreo. Ya no se apearía nunca de esa condición. Desde aquella puerta que se quedó por abrir al glorioso indulto de Orgullito, el excepcional toro de Garcigrande que marcó la última Feria de Abril, el joven maestro madrileño había sumado otras tres Puertas del Príncipe además de obtener 29 trofeos en las cuarenta tardes cumplidas en la plaza de la Maestranza. La de Sevilla es, seguramente, una de las plazas que más y mejor le ha visto a pesar de las desavenencias empresariales, profesionales y personales que le han alejado de su ruedo en distintos momentos de su trayectoria.

Fue en el coso del Baratillo, precisamente, donde El Juli sufrió la cornada más trascendental de su trayectoria. Sucedió en la yema de la Feria de Abril de 2013, que ya había marcado con su cuarta Puerta del Príncipe. Pero la sangre que le arrancó un fiero ejemplar de Victoriano del Río cambió su vida y hasta el futuro diálogo interior con el toro y la profesión. Ese percance le impidió cumplir su propósito de estoquear la anunciada corrida de Miura que iba a cambiar por completo vida de su sustituto: el matador sevillano Manuel Escribano.

Desde ese punto, hay que contar otra historia, la de un torero que, sin renunciar a sus galones de mariscal, caminó en el filo de la navaja en algunas tardes de precipicio que enseñaron que también es humano. Aquel mismo otoño iba a estallar la breve guerra del G-10 que ya se había ensayado en 2012 con el conflicto de los derechos de televisión que le alejaron por primera vez de su cita con Sevilla. Todos le consideraban el capitán de la asonada que se recrudeció, definitivamente, en las temporadas siguientes a raíz de las abruptas y famosas declaraciones de Diodoro Canorea que alejaron a la mayor parte de las figuras del coso maestrante entre 2014 y 2015.

Ese conflicto, de alguna manera, empañó la auténtica valía taurina de un maestro precoz que había evolucionado a la vez que maduraba como hombre. Hay hitos en su trayectoria que, de alguna manera, marcan esos cambios de época. El primero, dejando atrás la carrera de los números y las estadísticas fue su renuncia a banderillear todos los toros en la temporada 2004. En 2007 se marcaría la frontera definitiva después de inmortalizar al toro Cantapájaros de Victoriano del Río en la plaza de Las Ventas, la plaza de su pueblo y en la que peor se lo han hecho pasar. Pero este año se desquitó enseñando lo mejor de sí mismo con un gran toro de Alcurrucén.

Publicado en El Correo Web

Defensa hipócrita

Por Gerardo Hernández González.

La tauromaquia es una de las fiestas más bellas e inspiradoras. Sus raíces se hunden en la prehistoria y en sus ramas milenarias anidan el arte y el valor. Desde niño he sido aficionado. Para asistir a la Plaza de Toros de Torreón, construida a principios de la década de los 30 del siglo pasado por Cesáreo Lumbreras, ahorraba mis domingos. Con el paso del tiempo disfruté desde sus gradas y tendidos faenas memorables de figuras de la época [Manolo Martínez, Eloy Cavazos, los Armillita (hijos del Maestro de Saltillo), David Silveti, Mariano Ramos, Manolo Arruza hijo, Curro Rivera, Antonio Lomelí] y de leyendas en cierne (Julián López Escobar, el Juli, Valente Arellano...), algunas de ellas malogradas como Aurelio Mora, el Yeyo.

«En las corridas se reúne todo: color, alegría, tragedia, valentía, ingenio, brutalidad, energía y fuerza, gracia, emoción… Es el espectáculo más completo. Yo no podré pasar sin corridas de toros». (Charles Chaplin)

Quienes acudimos a las plazas —niños, jóvenes, adultos; hombres y mujeres—lo hacemos en ejercicio de nuestra libertad, con gusto y respeto, lo cual a nadie ofende. Las corridas no son, como mañosamente se trata de hacer creer, una carnicería; esa función la cumplen los mataderos —los hay incluso clandestinos— cuya crueldad no es objeto de atención, y mucho menos se denuncia, pues no gana reflectores. Las corridas son una fiesta familiar, un rito de hombres y reses cuya vocación es esa: vencer o morir. Si el caso es equiparar la vida animal con la humana, en México es infinitamente mayor el número de personas víctimas de la violencia que el de toros en las plazas. ¿Quién repara en el ganado que se sirve en las mesas de millones de mexicanos? El consumo per cápita de carne de bovino en nuestro país es de 15.4 kilos (el sexto a escala mundial), equivalente a 1.87 millones de toneladas. (Congreso Nacional de carne 2017 y Consejo Mexicano de la Carne) Por su hábitat y cuidado, las reses bravas aportan nutrientes más saludables; otros llegan a las mesas contaminados por químicos o proceden de animales enfermos. Un tipo de corrupción —pública y privada— de la cual nadie se ocupa.

«El que no quiera ir a los toros, que no vaya. (…) Pero que no hablen de ecología ni de amor a los animales, porque no conozco a nadie que los amé más que los ganaderos y los toreros. Si yo fuera animal, me gustaría ser toro de lidia: a ninguno se lo respeta más. Ninguno está mejor tratado”. (…) Soy cantante por cobardía, yo quería ser torero». (Joaquín Sabina)

Centrar el debate en los toros e ignorar la vida de los diestros es un juego hipócrita. Consiste en una supuesta defensa de los astados —innecesaria, ellos se defienden solos—, los cuales no pueden esgrimir sus argumentos, pues de hacerlo serían los primeros en oponerse a los san Antonios que en su nombre desean condenarlos a la extinción. De los toreros no se habla porque ellos sí pueden rebatir a los antitaurinos. La fiesta es arteramente atacada por quienes no la entienden y por políticos cobardes que en las plazas aplauden y se pavonean, pero en sus despachos y en los congresos urden tramas para prohibirla y desaparecerla. Gobernadores enfermos de poder ha habido, incluso, que la satanizan por venganza, pero antes viajaban a España para gozarla.

«Solo cuando el hombre haya superado a la muerte y lo imprevisible no exista, morirá la fiesta de los toros y se perderá en el reino de la utopía; y el dios mitológico encarnado en el toro de lidia, derramará vanamente su sangre en la alcantarilla de un lúgubre matadero de reses». (Jaques Cousteau)

Publicado en SDP

Corridas Generales de Bilbao: Media entrada (peligro inminente)

Por Antonio Lorca.

El dato no es nuevo, pero no deja de ser dramático: tres reconocidas figuras, de esas que mandan y con tirón entre el público, una ganadería de postín, de que las que casi aseguran el triunfo, y una feria de primerísima categoría, y solo la mitad de los tendidos cubiertos.

‘Houston, tenemos un problema’; pero lo más preocupante es que no hay astronautas -taurinos, en este caso- que emitan el mensaje de socorro, ni mesa de ingenieros -ni autoridad ni organismo competente- que lo reciba. Aquí, cada cual va a su guerra, se animan unos a otros y olvidan pronto los tropiezos. Pero el problema persiste.

Y, además, la corrida fue un pestiño. Es verdad que los dóciles toros no ayudaron; mejor dicho, no ‘colaboraron’ con los toreros, que es lo que ahora se lleva. Unos, los tres primeros, por su falta de casta, de vida, de energía; parecían adormilados, tristes, enfermos… Y los otros, con cierta movilidad y nobleza, porque, quizá, no rebosaban almíbar en sus embestidas. En fin, que no; que los señores Padilla, Juli y Manzanares pasaron por Bilbao como almas en pena a pesar de la extremosa generosidad de unos tendidos bullangueros, triunfalistas y en exceso conformistas.

Padilla se despedía de la feria y paseó un trofeo que no mereció tras una labor tan entregada como vulgar; mató bien, ciertamente, pero su labor careció de mérito torero. Sin embargo, fue recibido y despedido como un auténtico personaje. En la puerta de cuadrillas, antes de comenzar el paseíllo, bailaron en su honor el aurresku, una danza tradicional vasca a modo de homenaje; antes de que sonaran los clarines, saludó una cerrada y muy emotiva ovación desde el centro del anillo, y la vuelta al ruedo fue verdaderamente clamorosa. Fue tratado más como héroe, como un superhombre que ha sido capaz de convertir una tragedia en un triunfo -un referente social- que como torero.

Porque como torero, ciertamente, no aportó nada; quizá, dos largas cambiadas de rodillas en el tercio, dos verónicas y dos chicuelinas en el recibo al cuarto, y una fulminante estocada a ese toro, y poco más. No banderilleó a ninguno de sus toros, se equivocó al brindar el muy deslucido primero, y ofreció un recital de mantazos y dos desplantes ante el toro de la despedida. Eso sí: solo faltó que el público bajara al ruedo e hiciera cola para abrazar a Padilla en su última tarde. ¡Qué explosión de cariño la de los bilbaínos…!

El Juli y Manzanares debieron conformarse con ovaciones. Nada pudieron hacer ante sus marmolillos primeros, pero no se les criticó por sus graves deficiencias en los otros. Ni uno ni otro aprovecharon convenientemente las condiciones de sus oponentes.

El Juli, por ejemplo, se mostró ventajista, y muleteó siempre fuera cacho y al hilo del pitón, en una lección de pegapasismo moderno.

Y Manzanares fue incapaz de ahormar la casta del sexto, mejor que el torero, al que se le vio despegado y acelerado.

GARCIGRANDE / PADILLA, EL JULI, MANZANARES

Tres toros -primero, segundo y tercero- de Domingo Hernández y tres de Garcigrande, bien presentados y mansos; muy descastados los tres primeros, y nobles los demás. Con poco fondo cuarto y quinto, y bravo y encastado el sexto.

Juan José Padilla: estocada casi entera caída (silencio); estocada (oreja).

El Juli: media estocada trasera y atravesada (silencio); pinchazo y estocada corta (ovación).

José María Manzanares: estocada caída (ovación); metisaca, pinchazo _aviso_ y bajonazo (ovación).

Plaza de toros de Vista Alegre. 22 de agosto. Quinta corrida de feria. Media entrada.

Publicado en El País

Corridas Generales de Bilbao: Garcigrande, otro bodrio antitoro bravo

Plaza de Vista Alegre. Quinta corrida. Más de media entrada. Toros de GARCIGRANDE /HERNÁNDEZ (3), un desfile de ejemplares faltos de casta en dosis alarmantes. JUAN JOSÉ PADILLA (5), de fucsia y azabache. Estocada (silencio). Estocada (una oreja). EL JULI (5), de negro y oro. Media estocada caída (silencio). Pinchazo y estocada corta (saludos). JOSÉ MARÍA MANZANARES (5), de azul noche y oro. Estocada delantera y desprendida (saludos). Dos pinchazos y estocada caída (saludos).

Por Carlos Ilián.

Después del bochorno que padecimos con la inválida corrida de Cuvillo había cierta esperanza de que Garcigrande fuera otra cosa, al menos más digna.

Pero de aquel bochorno nos hemos dado de cabeza con este otro, un monumento a la falta de casta, al toro bobo y a todo lo que no debe ser el toro bravo. O sea, que las dos ganaderías más comerciales del momento, pedidas por las figuras en Bilbao han sido el derrumbe de la fuerza y de la casta.

No faltarán los acólitos mediáticos del taurinismo que hayan defendido con su destreza tan insoportable colección de toras, si, no de toros.

La tarde para el público bondadoso de Bilbao ofreció un argumento para el entretenimiento y me refiero a la despedida de esta plaza de Juan José Padilla al que se le ofreció un aurrezku de honor antes del paseíllo.

Padilla decía adiós a una plaza en la que se ha jugado la vida muchas veces, esa es la verdad. Sin embargo para tan significado adiós se vistió de banderillero malo, de fucsia y azabache, un horror. Luego se encontró con un manso imposible al que despachó de trámite. El cuarto se dejaba hacer el toreo sin ninguna codicia. Padilla ofreció un recital de banderazos, molinetes y desplantes y mató, eso sí, de una estocada en todo lo alto. Cortó la oreja del adiós.

El Juli se hartó de intentar pegarle un muletazos al segundo, otro manso. En el quinto se estiró en redondos por bajo para componer una faena precisa y medida en el tiempo.

Manzanares con el tercero hizo un remedo de buen gusto ante un morucho. El sexto si que metió la cara especialmente por el pitón derecho, José Mari lo templó en los redondos componiendo con su sello particular. También midió el tiempo con tino y esta vez la espada no fue su punto fuerte.

El cartel de hoy

Toros de El Parralejo para Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera y Ginés Marín.

Publicado en Marca

«El Dorado» del toreo: del sueño a la realidad de la Fiesta

Las Ventas, una tarde de lleno en San Isidro – Paloma Aguilar.

Por Rosario Pérez – ABC.

Cuenta la historia que en el siglo XVI se generó una leyenda entre los primeros descubridores del Nuevo Mundo: había un pueblo en el que todo era dorado, un lugar donde los reyes eran cubiertos con oro en polvo a su muerte como ofrenda a los dioses. Esta deslumbrante urbe se localizaba en medio de la jungla, posiblemente en la zona central de la Nueva Granada, actual territorio de Colombia, aunque dependiendo del origen o la época de la versión, lo mismo se sitúa en Cundinamarca que en alguna zona de Venezuela, en la selva amazónica o en los mismos Andes. Variaba según la febril imaginación y la codiciosa mirada de algunos exasperados conquistadores.

Aquí, en España, la tauromaquia vivió su particular «Dorado» entre los años 50 y 70 del siglo pasado (sí, había menos oferta de ocio). Las plazas se llenaban, los toreros formaban parte de la cultura y la sociedad, y el toreo competía con el fútbol y el boxeo como mayor espectáculo de masas de un país que resurgía de sus propias cenizas. Los ochenta sufrieron su crisis, superada a principios de este siglo. En aquella época dorada las plazas se llenaban con el mero hecho de anunciar el cartel en una pizarra con tres o cuatro días de antelación. Al rebufo de esta ola fervorosa por las corridas, surgieron geniales empresarios que utilizaron el ingenio y una gran pasión para llevar nuestra Fiesta hasta cotas inimaginables. Hubo también grandiosas figuras, aunque en eso las épocas no son tan distintas y, lógicamente, los había con inmenso tirón como El Cordobés y otros con mucho menos.

Pliego intervencionista

Aún en 2018, algunos todavía sueñan con ese «Dorado» que nos contaban, aunque no son pocos los que empiezan a pensar que es tan irreal como aquel que imaginaron los conquistadores de las Américas. Y lo es porque la Fiesta se ha desestructurado. Toreros, empresarios y ganaderos van por caminos distintos y encontrados, cada vez más alejados. Los políticos utilizan el toreo como moneda de cambio y se sientan al sol que más calienta. Madrid, capital del toro, ha estirado como una goma San Isidro, tratando de paliar un pliego recaudatorio y nocivo para la Fiesta, que por primera vez en muchos años ha sobrepasado por poco la media plaza en festejos del abono del Santo. Bilbao busca la gestión privada tratando de huir de los desmanes de un modelo desgastado. Sevilla vive un modelo basado en un antiguo contrato y mantiene una delicada (aunque resistente a la par) salud, y a Valencia le ha tomado el pulso la misma empresa que no termina de cogérselo a la Monumental madrileña, con una oferta desorbitada en el último concurso. Un poco a la desesperada, se ha recurrido en Otoño a la fórmula del bombo para reclamar la atención del público: a ver si las figuras recogen el guante… Como algo puntual y novedoso, que ya se sabe que el manda elige y no es amigo de loterías… Pues estos son los cuatro ases de la baraja en los que se sustenta el toreo.

Pamplona es punto y aparte: allí encontraron su Dorado particular a mediados del siglo pasado, ayudados por un Nobel norteamericano, y siguen abarrotando los tendidos 70 años después. El resto de las plazas luchan por sobrevivir a los ataques antitaurinos, algunos caprichos de varias figuras y la renovación de un modelo que ya no da para más. Los años ochenta vivieron una gran crisis taurina y de identidad, pero la muerte en la plaza de Paquirri y Yiyo reforzó y dio credibilidad a cuanto acontecía en el ruedo y los públicos volvieron a las plazas. Por desgracia, hemos vuelto a vivir la tragedia de dos toreros caídos en la arena, pero no parece que aquel relanzamiento se repita. Tres décadas después, tenemos una sociedad cada día más desnaturalizada, a la que preocupa más las proteínas que aportamos a la alimentación de nuestro Cocker que el drama que viven los niños en Siria, donde en lo que va de 2018 han muerto más de mil pequeños, según datos de Naciones Unidas.

Alternativas de los carteles

Volvamos a la tauromaquia: en este triunvirato de poderes en el que se sustenta, los empresarios son quizá la pata más coja del banco. Componer carteles se ha convertido en una quimera basada en los intereses de un reducido grupo de figuras que dominan a su antojo los restos de aquel «Dorado» de hace 60 años. Salvo la excepción de Roca Rey, las ferias se componen por toreros y carteles que se repiten durante casi décadas y no generan la expectación soñada. El paso a los jóvenes es testimonial. El argumento simple: «No interesan». ¿Alguien se preocupó de que interesaran los noveles? Para muestra, un botón.

Analizados algunos carteles de plazas significativas y variadas de primera y segunda categoría, en lo que va de temporada los resultados son esclarecedores: Castellón arroja una media de 16 años de alternativa por actuante; Valencia, 12; Sevilla, 14; Madrid, 11; Algeciras, 12; Burgos, 15; y Pamplona, 12. Con 27 carteles en los que sus actuantes suman más de 40 años de alternativa y algunas puntas de iceberg alarmantes, en la Maestranza dos carteles alcanzaron los 60 años de alternativa, 57 en Burgos, 52 en Valencia y 50 en Madrid. Otro dato más es que en Sevilla 24 de los 45 puestos disponibles (más del 50%) los copan diestros que estuvieron ya anunciados en la feria de 2007… ¿Dónde está la regeneración?

Desglosemos por años de alternativa los 15 primeros puestos del escalafón actual de matadores de toros. Desde Roca Rey, que lo lidera, hasta Román, que cierra ese top 15, arroja una media de casi 15 años de alternativa por coleta, con trece diestros por encima de los 10 años, nueve por encima de los 15, cinco por encima de los 20 y ¡solo! tres por debajo de dichos años de doctorado.

El porqué de tan delicada situación

Las cifras asustan por sí mismas, pero convendría analizar el porqué se ha llegado a esta delicada situación. Si analizamos la pirámide de abajo hacia arriba, la base la componen los matadores como máximos responsables de lo bueno y lo malo de cuanto acontece en la plaza, pero sería muy injusto generalizar, puesto que el escalafón 2017 lo compusieron 157 matadores (156 para ser exactos, puesto que uno de ellos, el que logró un lleno histórico en Madrid pore el camino de la independencia y saliéndose del «sota, caballo y rey» ya no está entre nosotros). Y nos atreveríamos a afirmar que no más de diez ven rentabilizados económicamente los esfuerzos y sacrificios realizados en la plaza. Alrededor de otra veintena viven dignamente de su profesión y los más de 120 restantes compatibilizan la tauromaquia con otras profesiones para poder llegar a fin de mes.

La liga novilleril

El caso de los novilleros es capítulo aparte: el caos y abandono de la liga juvenil es para hacérselo mirar. Y eso es lo que sucede: miran al lado y echan la culpa al siguiente. Mientras tanto, la solución de esos casi 200 novilleros con picadores es precaria y sin ninguna solución a corto plazo, salvo la esperanza de que surja algún genio, hecho que ocurre cada vez menos… Muchas veces tendemos a juzgar con demasiada severidad a imberbes que se ponen en Madrid delante de un ¿novillo? con más cuajo y seriedad del toro que matan en plazas de segunda y algunas de primera las figuras (el sobrero de Espartaco de la final de las nocturnas es un claro ejemplo). Chavales sin apenas bagaje y cuya recompensa económica son los mínimos de un convenio con el que, si les da por estrenar un vestido, salen del hotel en negativo. No son ellos los culpables de su poca experiencia, a los principales responsables no les suena ni el cinco por ciento de estos proyectos de toreros.

Desde dentro (y desde fuera) da la impresión de que los mandamases del toreo viven al margen de la realidad. La realidad de las cifras. Exigen corrida, fecha y cartel y el dinero de la plaza llena. Hasta ahí todo perfecto, pero el problema viene cuando la plaza no se llena en la mayoría de ocasiones y generan dos agujeros: el económico y el desequilibrio en la feria. Si la actualidad tiene cuatro o cinco toreros -caso aparte es José Tomás– que tienen demanda taquillera y van juntos en dos corridas, el empresario se ve en la difícil tesitura de completar las tres o cuatro restantes de cualquier feria mediana en los días menos buenos con toreros que no atraen al gran público. En lo que va de 2018, ha habido varias «cornadas» a las empresas de las graves. Vayamos por orden cronológigo en algunos ejemplos: en Guadalajara, por Primavera, Ventura y Perera, mano a mano, con sus 20 Puertas Grandes de Las Ventas y a media hora del Foro, apenas congregaron 1.800 personas; Aranjuez, con al aditivo mediático de Cayetano, por ahí anduvo; Zamora, León y Segovia, con los Julis, Manzanares, Talavantes, Morantes y Rocas repartidos, poco más de media entrada real… Lo de Badajoz tuvo entradas tristísimas. Y León, apenas media plaza en un cartel monstruo con Morante, Manzanares, Talavante y Roca Rey. ¿Poca promoción? ¿Falta de interés del público? ¿De todo un poco? Una feria consolidada como las Colombinas apenas ha reunido media plaza un día y escasos tres cuartos el otro con las máximas figuras y la milagrosa reaparición del ídolo local. En declaraciones a Carrusel Taurino, Carlos Pereda manifestó: «No ha sido una feria satisfactoria, económicamente hablando, pero podemos darnos por satisfechos. Nos salen las cuentas». Se trata de «salvar», más que de «ganar», en un negocio en el que se supone se mueven muchos billletes…

El Puerto inauguró, con Morante y Manzanares, con poco más de media plaza (días después, rozó el lleno con Roca Rey -con Padilla y Manzanares-). La empresa de Antequera ha tenido que salir corriendo tras la cornada económica de la primera corrida. Las figuras más taquilleras, con Juli, Manzanares y Roca, tampoco llenaron en Pontevedra. En Gijón, tampoco se están registrando las entradas esperadas. La recuperada Illumbe no remonta (las entradas de los primeros festejos de la Semana Grande han sido reducidas) tras los vientos prohibicionistas y pese al llenazo el año de José Tomás. Y van ya varios portazos a plazas de toros: vale que en algunas son por cuestiones políticas, pero han hecho algo las grandes figuras para decir «allá que voy a Vitoria», ¿por ejemplo? Es momento de hacer acto de reflexión y coger al toro por los cuernos.

Matemáticas de andar por casa

Metida a matemática de andar por casa, si a una plaza de segunda van 5.000 personas a una media de 40 euros la entrada (36 una vez descontado el IVA), la taquilla es de 180.000 euros. Si ponemos la corrida para figuras a 36.000; los gastos de apertura de plaza (médicos, veterinarios, seguros, cuadra de caballos, servicio plaza, etc.) en 9.000 euros; la Seguridad Social en 9.000; los gastos de publicidad en 7.500, quedan unos 118.500 euros. Si contratan a dos de esas tres o cuatro figuras que exigen 60.000 euros por tarde, ya va el organizador del espectáculo por «menos 1.500» y falta el tercer torero… Y algo debería ganar la empresa, ¿no?

Pues imaginemos ahora tres de ese grupo de «privilegiados»: para cubrir esos 180.000 euros, más los 61.500 de gastos, hay que vender 6.700 entradas para que la empresa «empate». ¿Y si no se venden? ¿Quién asume su responsabilidad? Casi siempre, el empresario… Otro ejemplo más es la plaza de toros de Las Ventas, donde se dicen que los beneficios en 2017 no llegaron al millón de las antiguas pesetas. Con una facturación cercana a los 30 millones de euros y un plantilla fija de casi 20 personas, los datos dan las mismas sensaciones que los antiguos Palhas: horror, terror y pavor. ¡Eso en Madrid!

Los empresarios se han quejado en varias ocasiones de que en los carteles donde están tres de esas cuatro o cinco figuras son ampliamente deficitarios aun colgando el «No hay billetes». Empresarialmente, ¿cómo se puede iniciar un negocio donde la pérdida es segura a pesar del lleno? La excusa de los apoderados es que tiran del abono y en los carteles medios se compensan las cifras. ¿Seguro? A veces sí, pero no siempre… En 2016 regresaron los miembros del G5 a la temporada sevillana tras dos años de ausencia voluntaria por no sé qué conflicto de intereses y cuentan que apenas se vendieron 300 nuevos abonos. La sangría de Madrid cuesta frenarla a pesar de estar todas las figuras. Con estos datos, ¿a qué excusa nos acogemos para justificar esos ingresos? Si trasladara estos números a mis compañeros de economía, me costaría convencerlos de la realidad que vivimos en nuestra querida tauromaquia.

Las empresas

Aunque hay algunas excepciones, el conjunto empresarial no destaca por su imaginación ni capacidad de trabajo, peros son, junto con los ganaderos, los grandes perjudicados de la situación actual. La inyección en dólares por parte de un millonario mexicano y la aparición de una agencia de viajes en Las Ventas no son suficientes para sostener los cimientos de un sector que se tambalea. La esperanza de contratar a José Tomás, salvar un abono y aprovechar su rebufo cada día se complica más, y con el resto de los mimbres y sus exigencias es una labor de orfebrería y altas dosis de trabajo y talento «perder poco» en cualquier feria. De ahí que los empresarios intenten atar cada vez a más toreros: viven más de ese intercambio y comisiones de apoderamiento que de la propia taquilla de las plazas.

Por cierto, alguno aboga por variar el precio en taquilla según el cartel, igual que ocurre, por ejemplo, en los conciertos: no todos los artistas «cuestan» lo mismo. ¿Y si se prueba en los toros allá donde el pliego no lo impida?

Otro caso curioso de la actualidad es el de Talavante. El genio extremeño vive un momento artístico pleno de inspiración, con un toreo puro al que casi ninguno se aproxima, pero sus logros en la plaza no se reflejan en la demanda que genera en taquilla y es la sorprendente ausencia de muchas ferias después de haber sido triunfador en San Isidro y cuajar la mejor faena de Sevilla y de otras plazas como Cuatro Caminos. Algunos culpan a Matilla, sacando toda su inquina hacia el empresario salmantino, y una venganza por su ruptura, pero no es esa la verdad, según comentan varios gerentes. Talavante está obsesionado con igualar sus números a los de Juli, Morante y Manzanares, y eso ha generado que los empresarios hayan decidido prescindir de tan grandioso torero por vivir al margen de la realidad económica de sus taquillas. Claro que no es el único caso que vive al margen de esa realidad, y algunos mantienen su caché casi por inercia. Por lo que Talavante dirá: ¿y por qué yo no? Eso sí, a cada cual lo suyo: es una de las figuras con mayor tirón en el Foro.

Pero, ¿quién tira del carro de la taquilla de verdad hoy? Solo la apisonadora Roca Rey, el último y joven fenómeno (que curiosamente no es el que más cobra….), ha sido capaz de situarse por delante de todos en la demanda de entradas para verle, gracias a su juventud, novedad, desparpajo y sus arrolladoras campañas, aunque, vista esta dinámica, ¿cuánto durará esa inercia?

El resto de la nueva hornada compuesta por Ginés Marín, Garrido o Román no termina de dar el salto, a pesar de algunos triunfos, y la recuperación de diestros como Ureña, Chacón, De Justo, Cortés o Moral no pasa de ser un buen complemento a los carteles medianos. Los mediáticos Fandi o Padilla (con su tirón en determinadas plazas) están también ya muy vistos. Y el circuito de las corridas duras (salvo en escenarios concretos) suscita el interés de parte de la afición pero no del público general y no mueve el suficiente dinero.

El incombustible Ponce aparece como «abreplaza» de lujo, mientras vive un dorado final dando lustre y categoría a una excelente trayectoria, siendo el triunfador de las dos últimas Orejas de Oro, pero sin llegar a las cotas taquilleras de sus inicios. Castella y Perera (que está cuajando un gran verano), dos figuras por el mismo palo pero opuestos planteamientos (el extremeño es de los pocos que se atreven al camino de la independencia), triunfan con regularidad pero su demanda taquillera está por debajo de sus resultados artísticos.

Panorama ganadero

En el apartado ganadero, superada ya la inflación que supuso la burbuja del ladrillo en nuestras dehesas y reguladas en base a la ley de mercado las cabezas existentes en las fincas, los sufridos criadores de bravo han conseguido «equilibrar» sus cuentas, aunque salvo cinco o seis excepciones son negocios por amor al arte y nula rentabilidad. En realidad, casi nunca lo fueron. Ser ganadero siempre fue un ejercicio de afición, valor, desinterés, amor al toro y, en ciertos casos, cierta dosis de ego que compensaba los sacrificios. De lo que no hay duda es de que estamos atravesando, a pesar del criticado monoencaste, una época dorada de porcentaje de toros que embisten. La unificación de la sangre Domecq en nuestra cabaña brava ha venido motivada, no nos engañemos, por la demanda y exigencia de la lidia actual. Su bravura más tardía ha sido la única capaz de soportar la longitud de lidia moderna y se ha adaptado a la nuevos tiempos. Pero la variedad de encastes es necesaria y también recobrar la importancia del toro. Pocos son los que preguntan «¿qué se lidia?», pues el público moderno es más bien torerista. Pero entre las ganaderías de otras sangres hay excepciones sobresalientes y que, en manos de algunos genios de la alquimia y la genética, han sido capaces de mantenerlas con éxito en plena actualidad. También, cierto es, algunas divisas Domecq atraviesan muy mal momento.

Con este panorama descrito viene el momento de preguntarnos si hay solución a nuestra realidad. Todavía generamos la demanda suficiente para mirar el futuro con optimismo, pero para ello toca ponerse el mono de trabajo y mancharse de grasa. Las cifras de espectadores todavía nos reflejan brotes verdes y esperanza. Y aquí ya se sabe: unos ven el vaso medio lleno, otros medio vacío y, como dice un viejo aficonado, «otros ven vodka donde solo hay hielo». Según el informe elaborado Diego Sánchez de la Cruz, más de cinco millones de espectadores asistieron a los toros durante la temporada 2017 en España. Según las estimaciones de su estudio, se vendieron alrededor de se vendieron 1.838.000 entradas en cosos de primera, 1.100.000 en escenarios de segunda y 2.100.000 en plazas de tercera y portátiles. A todo ello hay que sumar los festejos populares, alma de la tauromaquia. No nos olvidemos de ellos, cada vez con más auge. Todos esos datos son muy positivos, pero, no nos engañemos, existe un runrún de preocupación y de incertidumbre. Además de los varapalos externos, políticos y animalistas, se encuentra el de algunas tardes en taquilla.

La Fundación

La Fundación del Toro está muy bien, su discurso mejor, pero, más allá de postureos, ha llegado la hora de actuar y dejar de soñar con «El Dorado» e ir a buscarlo desde abajo. Quizá sea necesario gente externa, que desde dentro mire hacia fuera (y viceversa) y no al propio ombligo. También, para el aumento de socios, no estaría de más una transparencia total, con pelos y señales, en las cuentas y los resultados. Y también de los objetivos que persiguen y la hoja de ruta que siguen. Paciencia, sí, que aún es el embrión, pero el tiempo apremia y hay cuestiones que resolver pronto y en la mano, con reuniones con los principales mandamases de cada partido político y analizando las entrañas del propio sector. Sí, para ser cien por cien creíble y eficaz, la Fundación debería velar por profesionales y afición, por la supervivencia y el crecimiento del mundo del toro. No abandonemos Vitoria, ni Palma, donde cierto es que no están prohibidos pero las condiciones exigidas para dar toros convertirían la corrida en una pantomima, lo que imposibilita su celebración. Luchen por recuperar los puertos perdidos… ¿Ven a toreros y profesionales muy preocupados? Lo que se pierde, difícilmente se recupera…

Repetimos mucho la expresión figura del toreo. Pues, figuras, afronten el riesgo económico; el físico y el artístico ya lo asumen (y sí, ya sabemos que no hay precio que pague la vida, por lo que todos los dineros son pocos para un torero), y demuestren su ¿unión? no solo para atacar a un presidente y su grandeza no solo a la hora de coger la mejor fecha, ganadería y compañeros para «salvar» su cartel, demuestren su categoría pensando en el mañana, algo que algunos (pocos) sí hacen. Dejen paso a los nuevos, tiren ustedes de la taquilla en los días regulares, hagan (junto a las empresas -que necesitan, además de una política de precios asequible, dar una vuelta a los carteles y campañas de promoción efectivas-) algún guiño al que pasa por taquilla y discutan con los empresarios por el porcentaje de lo que generen. Tal vez no estaría de más igualarse con los grandes boxeadores y repartirse el neto de los ingresos. Cada uno en función de su categoría y demanda. Y, por favor, no dejen que se pierdan más plazas. Ganaderos y cuadrillas, hagan lo mismo. Y empresarios… ¡Trabajen y trabajen con cabeza, afición y afición! Solo así se podrá volver a soñar con «El Dorado» de una Fiesta que es grandeza por historia, sangre y verdad, pero en la que hay mucho, mucho, por hacer.

Posdata: las cifras aportadas han sido extraídas de conversaciones con diversos profesionales del sector. Y demasiadas veces se oye aquello de «vamos a llevarnos lo que podamos mientras esto dure…» Al menos donde políticos y pliegos lo permitan, trabajen todos los taurinos para que el presente de la Fiesta sea saludable y su futuro largo. Son muchos más los aficionados y las gentes que respetan las tradiciones que los animalistas falsos y oportunistas. La tauromaquia es grande, pero hagámosla gigante.

Publicado en ABC