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Opinión: Merece la pena seguir yendo a los toros

Morante en Ronda. Fotografía: Arjona.

Por Fernando Fernández Román.

Porque todavía tenemos una reserva de bravura en nuestros campos y porque aún hay hombres en el mundo dispuestos a jugarse la vida por el prurito que reporta una vanagloria legítimamente alcanzada –al margen de la recolecta de otras recompensas mundanas y tangibles–, merece la pena ir a los toros, estudiar su insólito e imprevisible carácter y tomar conciencia de la proeza que alcanzan aquellos individuos de la especie humana que son capaces de enfrentarse a ellos, creando arte en situaciones de máximo riesgo, sobre el albur que entraña lo recóndito, al filo de lo imposible.

Por todo esto merece la pena seguir yendo a los toros.

Twitter @Twittaurino

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Bitácora de América: 50 días hacia la Feria de Lima, inicia Sudamérica en la Plaza de Acho

Por Pedro Abad Shuster.

Vaya usted amable lector, aquel que ya debiera haber pasado por taquilla para el abono, a decirnos que, sí, al igual que yo, fueron nuestros padres quienes nos llevaron de la mano a la Plaza de Acho, o a La México, o Cali, Bogotá y otras.

Al hacerlo nos estaban diciendo, esto es bueno, aquí hay modales, aquí hay un orden, hay colorido, hay belleza en los trajes, hay un juego ético, hay además un despliegue de los animales toros de lidia, en que cual vitrina de lujo demuestran su comportamiento, su carácter, su temperamento, su personalidad, frente a un torero, solos en el ruedo, para desplegar el Arte del Toreo. La vida humana se expone, no se sabe lo que va a pasar. No hay abuso de ninguna especie, no hay matanza, hay reglas, hay una estructura en el espectáculo, cuyo origen data de varios centenares de años.

Los empresarios de Lima son muy diferentes a los que antes hubo. Ahora van en una alianza, Perú con México, México con Perú, e interviene España para proveer los toros en 60 % de las corridas. Estos animales españoles este año participan de la Feria del Toro, que no es otra cosa que la Feria del Señor de los Milagros 2018 en la Plaza de Acho de Lima – Perú; pastan hace más de un año cerca de tierras huachanas, en la Ganadería “Camponuevo” del gran Rafael Puga Castro.

La prensa que cubre estas corridas se frota las manos este año porque quienes vienen a jugarse la vida lo hacen en momentos muy especiales de su carrera. Y porque los toros, sí que están aclimatados, cinqueños, con hechuras, peso y trapío como nunca antes ha sucedido en esta feria.

Andrés Roca Rey de Miraflores, Lima, el torero que más público convoca en el mundo entero; estará el domingo 2 de diciembre, con 6 de Sánchez Arjona, junto a dos toreros como El Juli y Enrique Ponce, nuestros ídolos a nivel mundial los últimos años. Joaquín Galdós, de Perú, agitanado en su estilo, viene toreando y triunfando seguido en España en plazas de segunda; estará el domingo 25 de noviembre, con 6 de la Ventana del Puerto, junto a dos toreros como Manzanares y Morante de la Puebla, capaces de producir una inenarrable tarde de toros. Los otros dos peruanos, Alfonso Simpson (el 11 de noviembre, con 6 de El Olivar), en su mejor momento, y el reclamado torero de Huancayo, Juan Carlos Cubas (el 4 de noviembre, con 6 de La Viña), con amplia experiencia en ruedos mexicanos, a pesar de su juventud, Tijuana, Aguascalientes, Chihuahua, Guadalajara le conocen.

Otros nombres importantes que vendrán a Lima: Ferrera, Padilla y El Fandi (el 18 de noviembre, con 6 de Daniel Ruiz y Sánchez Arjona), el joven Lorenzo, el sensacional Román Collado de Valencia, España, Paco Ureña, y de México Silveti, hijo del Rey David prematuramente muerto por una enfermedad psicológica no debidamente tratada cuando había soportado más de 40 operaciones en la rodilla, y a pesar de ello los públicos le idolatraban en México, su país de origen.

Esa es la Fiesta, un sinfín de historias se construyen cada día en los ruedos y fuera de ellos. Sudamérica no es menos que España. ¡Vayamos a los toros! Y habrán dos festivales en Acho organizados por los 50 años de los Aficionados Prácticos de la ATA, unas Bodas de Oro que celebrarán en el coso del Rímac, 252 años de historia de la Plaza de Acho de Lima.

Publicado en De Toros en Libertad

Defensa hipócrita

Por Gerardo Hernández González.

La tauromaquia es una de las fiestas más bellas e inspiradoras. Sus raíces se hunden en la prehistoria y en sus ramas milenarias anidan el arte y el valor. Desde niño he sido aficionado. Para asistir a la Plaza de Toros de Torreón, construida a principios de la década de los 30 del siglo pasado por Cesáreo Lumbreras, ahorraba mis domingos. Con el paso del tiempo disfruté desde sus gradas y tendidos faenas memorables de figuras de la época [Manolo Martínez, Eloy Cavazos, los Armillita (hijos del Maestro de Saltillo), David Silveti, Mariano Ramos, Manolo Arruza hijo, Curro Rivera, Antonio Lomelí] y de leyendas en cierne (Julián López Escobar, el Juli, Valente Arellano...), algunas de ellas malogradas como Aurelio Mora, el Yeyo.

«En las corridas se reúne todo: color, alegría, tragedia, valentía, ingenio, brutalidad, energía y fuerza, gracia, emoción… Es el espectáculo más completo. Yo no podré pasar sin corridas de toros». (Charles Chaplin)

Quienes acudimos a las plazas —niños, jóvenes, adultos; hombres y mujeres—lo hacemos en ejercicio de nuestra libertad, con gusto y respeto, lo cual a nadie ofende. Las corridas no son, como mañosamente se trata de hacer creer, una carnicería; esa función la cumplen los mataderos —los hay incluso clandestinos— cuya crueldad no es objeto de atención, y mucho menos se denuncia, pues no gana reflectores. Las corridas son una fiesta familiar, un rito de hombres y reses cuya vocación es esa: vencer o morir. Si el caso es equiparar la vida animal con la humana, en México es infinitamente mayor el número de personas víctimas de la violencia que el de toros en las plazas. ¿Quién repara en el ganado que se sirve en las mesas de millones de mexicanos? El consumo per cápita de carne de bovino en nuestro país es de 15.4 kilos (el sexto a escala mundial), equivalente a 1.87 millones de toneladas. (Congreso Nacional de carne 2017 y Consejo Mexicano de la Carne) Por su hábitat y cuidado, las reses bravas aportan nutrientes más saludables; otros llegan a las mesas contaminados por químicos o proceden de animales enfermos. Un tipo de corrupción —pública y privada— de la cual nadie se ocupa.

«El que no quiera ir a los toros, que no vaya. (…) Pero que no hablen de ecología ni de amor a los animales, porque no conozco a nadie que los amé más que los ganaderos y los toreros. Si yo fuera animal, me gustaría ser toro de lidia: a ninguno se lo respeta más. Ninguno está mejor tratado”. (…) Soy cantante por cobardía, yo quería ser torero». (Joaquín Sabina)

Centrar el debate en los toros e ignorar la vida de los diestros es un juego hipócrita. Consiste en una supuesta defensa de los astados —innecesaria, ellos se defienden solos—, los cuales no pueden esgrimir sus argumentos, pues de hacerlo serían los primeros en oponerse a los san Antonios que en su nombre desean condenarlos a la extinción. De los toreros no se habla porque ellos sí pueden rebatir a los antitaurinos. La fiesta es arteramente atacada por quienes no la entienden y por políticos cobardes que en las plazas aplauden y se pavonean, pero en sus despachos y en los congresos urden tramas para prohibirla y desaparecerla. Gobernadores enfermos de poder ha habido, incluso, que la satanizan por venganza, pero antes viajaban a España para gozarla.

«Solo cuando el hombre haya superado a la muerte y lo imprevisible no exista, morirá la fiesta de los toros y se perderá en el reino de la utopía; y el dios mitológico encarnado en el toro de lidia, derramará vanamente su sangre en la alcantarilla de un lúgubre matadero de reses». (Jaques Cousteau)

Publicado en SDP

Roca Rey se adueña del toreo

Roca Rey se adueña de Valladolid… y del toreo:

Excelente ambiente en las inmensas colas para acceder al coso del Paseo de Zorrilla que luego se trasladó a los tendidos con un casi lleno. Tal y como se esperaba de este cartel de relumbrón. Pero no nos engañemos, quien lleva gente a los toros es el de Lima.

Buena corrida, con matices, de Domingo Hernández- Garcigrande. En algunos faltó fuerza, presencia… y pitones.

Y Roca Rey, un peruano que se ha hecho el rey de la fiesta taurina del mundo mundial, se merendó a dos españoles en una tarde pletórica, llena de garra, de ambición torera, de valor espartano y enseñando al público lo que le piden: novedad y frescura en el ruedo. Y el peruano, que brindó su segundo al paisano Vargas Llosa, complació a la concurrencia ofreciendo una tarde para recordar. Ojalá abundaran los rocasrey en el escalafón.

Medias verónicas de recibo, y luego con el capote a la espalda y luego chicuelinas. En fin, todo un recital de buen hacer de un torero que, en breve, marcará la pauta en el toreo por su insultante juventud…y por su valor. “Lo de valor a mandar y los de arte a acompañar”, dice una máxima taurina desde tiempos inmemoriales.

El garcigrande fue un toro que, sin clase, repetía en la muleta de Roca Rey y este lo aprovechó al máximo luciéndolo, luciéndose y entregándose a un público que cualquier gesto era correspondido con una gran ovación. El toro no fue un carretón, lo que enfatiza la actitud del joven peruano.

En el platillo, a donde lo sacó para que no se defendiera, se lo pasó por la espalda con un ceñimiento que asustaba. El remate con bernadinas fueron precisos y preciosos, pero con el ay en la boca de los espectadores. Por ambos pitones sacó pases preciosistas muy ceñidos y muy bien rematados.

Un volapié rotundo y la plaza fue un estallido de júbilo. Cayeron las dos orejas y el toro recibió una merecida ovación.

Con el sexto, un manso que se fue enseguida a los tableros, supo robarle pases en su alocada huida, incluso algunos naturales para finalizar con un toreo en redondo. La espada otra vez fue efectiva y le concedieron otra oreja.

El segundo de la tarde fue un toro flojo y además inundó el ruedo de sosería y de protestas en el tendido por su escasa presencia. Manzanares lo intentó sacando algunos derechazos, pero enseguida abrevió y lo mató de estocada. Ovación para el alicantino.

En el quinto se desquitó el torero dinástico frente un toro manejable que se dejó por ambos pitones. No fue una faena redonda de las que nos tiene acostumbrados José María Manzanares. No es su mejor temporada y se notó. En otros momentos de su carrera a este toro le hubiera sacado mucho más partido. Mató recibiendo y el premio fue doble.

Nadie va a dudar de El Juli a estas alturas y con veinte años de alternativa. Con el primero, un toro mansurrón y sin fuelle, estuvo por encima del animal, pero sin apenas lucimiento. Brilló con un quite por chicuelinas y con la muleta le instrumentó alguna tanda de mérito. Enterró la espada tras pinchar y fue ovacionado. Brindó el Juli a Vargas Llosa.

Con el cuarto, un toro que nunca se entregó a las telas del madrileño. Con la franela pudo lucir por momentos su clase, que no la del toro, y ofreció al público varias tandas que gustaron y fueron muy jaleadas. Sobre todo Julián mostró su capacidad lidiadora. Pero con la espada no convenció. Ovación para el torero y pitos al toro.

La salida a hombros de ambos diestros fue, otra vez, un hervidero de chiquillos que quieren vivir ampliamente y en libertad la fiesta de los toros.

Uno también la vivió intensamente en el callejón junto a mi amigo y compañero Carlos Martín Santoyo. Luego visité el burladero de los que velan por la fiesta desde el palco y callejón, nuestros amigos del Cuerpo Superior de Policía.

Notas al margen: A Roca Rey le está pasando lo que, hace 20 años, hacía El Juli: ambos incontestables, cada uno con su estilo y sus formas toreras.

Publicado en Noticiascyl

Alejandro Talavante: en mi miedo mando yo

Por Rosario Pérez.

Alejandro Talavante lo ha hecho. ¿El qué? Que todos hablen de él. Partidarios y detractores. Colegas toreros que van de compañeros amigos y que quizá no lo sean tanto. ¿O sí? No sé. Algunos andan «resquemados» por su atrevimiento. Sí, ya ven, en un ruedo tan osado como el de los toros, donde los toreros se juegan la vida, algunos andan molestos con su osadía de entrar en el bombo de la Feria de Otoño. Y, por si una ración les parecía ya mucho, Talavante dijo que dos: doble o nada.

Talavante, autor del toreo más puro de la temporada (con permiso de Morante, que juega ya en otra división); Talavante, portador de las muñecas que hacen crujir los cimientos de la naturalidad, ha dicho: «Aquí estoy yo. Y quiero dos». Porque lo quería y, por qué no decirlo, casi por necesidad, vista su ausencia de demasiadas ferias y para allanarse el camino, si todo brilla, de cara a la próxima. Y no, no es ausencia por la venganza de la que algunos hablan, es una ausencia escogida por considerar que lo que le ofrecen no se corresponde con lo que el torero cree merecer. Pero eso es otra cuestión que analizamos ya en el artículo «El Dorado» [Pinche aquí para leerlo].

Por cierto, a Talavante, que es un grandioso torero, le ponen mucho el título de independiente. Perdonen que les lleve la contraria: Talavante ha estado unido a muchas casas taurinas, la última, a la casa Matilla, a la que, por trabajo, talento y poder, algunos que largan quisieran estar unidos. Pero ese es otro cantar… El caso es que fue ésta quien rompió con el torero. Que ahora, sí, está libre. Y, de momento, va por libre. Ya se verá en el futuro…

Hablábamos del sorteo. Ha querido la diosa Fortuna que le toque una de las divisas predilectas por las figuras, Victoriano del Río, y otra de las favoritas por la afición torista, Adolfo Martín. Cuando la bolita desveló el hierro, el runrún y los aplausos de felicidad estallaron entre los que colmaron el Patio de Caballos de Las Ventas, donde se celebró el sorteo. Hasta Simón Casas, en primera fila, giró la mirada y sonrió, contagiado por la ilusión del aficionado. Ahora solo falta que aquella expectación se traduzca en la expectación en taquilla. Y así debería de ser, pues Talavante es uno de los toreros con mayor tirón en el Foro. Al César lo que es del César… Aunque las combinaciones no lleven el sello del glamour, ya veremos si ese misterio del azar atrae o no al personal…

Contradicciones del taurino

¿Taurinos dije? Pues menudos son (somos): rara vez están conformes. Ante lo viejo ponen cara de aburrimiento, ante lo nuevo fruncen el ceño… Y claro, algunos piden azar «a lo Champions), pero si luego los carteles no se redondean (el más redondo es, según el sentir general, el de Talavante, Ureña y Fortes) ya ponemos mala carita… Cara sin maquillaje, en una Fiesta con relaciones con una buena capa de este en una arena tan de verdad. Así, donde por delante algunos dicen «olé tú», por detrás dicen que «El Tala» deja a las demás figuras «a los pies de los caballos», que las figuras lo son para elegir y pedir. De hablar de lo que realmente generan mejor lo dejamos para otro día, ¿verdad?

Alejandro Talavante ha querido (y Plaza 1 habrá tenido que hacer un esfuerzo económico para contratarlo) anunciarse dos tardes en la Feria de Otoño. ¡Bienvenido sea! El último doblete en Otoño fue de López Simón, en 2015, aunque por percance solo pudo cumplir un compromiso en su año dorado. La anterior había sido de Iván Fandiño, curiosamente con las mismas ganaderías que matará el extremeño.

El tema es que Alejandro Talavante, en un gesto de figura, ha dicho «sí, quiero» a dos tardes en Madrid. «¡Viva Talavante!», como gritó el apasionado productor francés. Sin el lujo de ir arropado por otras figuras, pero con el lujo de su caro toreo. Y andan algunos toreros de oro revueltos. ¿Amigos? En la rivalidad no hay amigos. No sé si a Talavante le impiden dormir las dos tardes de Madrid, pero no miento si les digo que su apuesta ha quitado el sueño a más de uno, como otrora un histórico 29 M… Porque, ¿y si sale bien? ¡Ojalá!

Que hablen… Alejandro Talavante, al que solo le falta una «promo» a lo Coelho con su último «Hippie», es dueño de su destino. Y en su miedos o no miedos manda él. ¡Qué grande Talavante! ¡Que comience la revolución!

Coda: «Con miedo o sin él, que nadie nos aparte de nuestro libre camino»

Publicado en ABC

Feria de Otoño: Un sorteo al estilo Champions League

Talavante, la única figura del escalafón que ha recogido el guante del ‘productor’ francés Simón Casas.

Por Javier López.

Dos bombos, una mano inocente y el papel indispensable del azar serán los encargados de crear los carteles de la Feria de Otoño, la primera feria taurina de la historia que se conformará a partir de un sorteo al más puro estilo Champions League, que se celebrará mañana en Las Ventas.

La suerte será la encargada de poner a cada matador delante de cada una de las cuatro ganaderías anunciadas en el ciclo (Fuente Ymbro, Adolfo Martín, Victoriano del Río y Puerto de San Lorenzo, evitando así la lucha en los despachos, las imposiciones por parte de los de luces para torear según qué corridas, qué compañeros quiere, además de eliminar los posibles vetos que pudiera haber. Un sorteo puro, que se realizará ante notario, en un acto en el que estarán también muchos de los toreros contratados, once en total: Talavante (dos tardes), Octavio Chacón, Ginés Marín, David Mora, Paco Ureña, Diego Urdiales, Emilio de Justo, Román, Fortes, Álvaro Lorenzo y el mexicano Luis David Adame.

La dinámica será la siguiente: En primer lugar se sortearán las corridas de toros a lidiar por el torero que comparecerá dos veces en el ciclo, Alejandro Talavante, para lo cual se utilizará un bombo con cuatro bolas, una por cada ganadería anunciada.

Se realizarán las dos primeras extracciones para determinar las dos ganaderías a lidiar por Talavante, quedando así ubicado en dos de los carteles del ciclo; y una vez posicionado en el cuadro se procederá a sortear al resto de los diez matadores anunciados, representados cada uno de ellos con una bola en el bombo de toreros.

Luego habrá otro bombo con las ganaderías, en el cual se introducirán un total de tres bolas por hierro, a excepción de aquellas que ya estén asignadas a Talavante, en cuyo caso se introducirán dos, quedando el bombo con diez bolas en total. Conformados los dos bombos, se procederá a realizar diez extracciones dobles. En cada una de ellas se sacará una bola del bombo de toreros y otro del bombo de ganaderías, quedándose así cerrados los carteles. Posteriormente será la empresa la que se encargue de distribuir dichas corridas (más la de rejones y la novillada) a lo largo de los seis días asignados para la celebración del serial otoñal. Lo que salga será inamovible, de ahí el mérito de los que han aceptado el reto, sobre todo Talavante, la única figura del escalafón que ha recogido el guante del ‘productor’ francés Simón Casas. El flamante triunfador de San Isidro da así un toque de atención a los de arriba, que ni se han planteado actuar, primero porque a estas alturas de temporada ya no suele interesarles pasar por la siempre exigente prueba de Madrid, y segundo porque al no poder poner sus condiciones tampoco les sale a cuenta.

Guiño al aficionado

El sorteo es también un guiño al aficionado, cansado de unas combinaciones de lo más repetitivas año tras año, además de ser una nueva forma de mover el cotarro, de cambiar un poco las reglas del juego y abrir por fin unos carteles en los que ya nada puede darse por sentado de antemano.

Pero esta nueva dinámica hace también desaparecer esa ardua lucha en los despachos, algo que puede poner en entredicho la figura del empresario, que solamente tiene que limitarse contratar a los toreros y las ganaderías para que luego sea el azar el encargado de hacer el resto.

En este sentido sería una quimera pensar que el próximo San Isidro pudiera llevarse a cabo algo similar.

Treinta y cuatro tardes son muchas para sortear, sin olvidar que, de mantenerse los bombos, las figuras difícilmente van a aceptar, lo que podría convertir al considerado mundial del toreo en una feria larguísima de perfil medio bajo, y eso ya no saldría tan rentable. Como la propia Feria de Otoño, pues, a excepción de Talavante, los toreros contratados pertenecen a ese estatus de mitad de tabla, nombres que interesan al aficionado y no tanto al gran público, que es el que al final salva al empresario, en este caso Simón Casas, creador de un sistema que, si todos aceptasen, podría ser muy interesante para el futuro de la fiesta.

Seguro que alguno habrá que no quede contento con lo que depare el sorteo. Los bromas sobre posibles ‘bolas calientes’ ya merodean en las redes. Todo se sabrá mañana cuando tome verdadero valor ese taurino refrán que dice: «La suerte está echada».

Publicado en Hoy Día

«El Dorado» del toreo: del sueño a la realidad de la Fiesta

Las Ventas, una tarde de lleno en San Isidro – Paloma Aguilar.

Por Rosario Pérez – ABC.

Cuenta la historia que en el siglo XVI se generó una leyenda entre los primeros descubridores del Nuevo Mundo: había un pueblo en el que todo era dorado, un lugar donde los reyes eran cubiertos con oro en polvo a su muerte como ofrenda a los dioses. Esta deslumbrante urbe se localizaba en medio de la jungla, posiblemente en la zona central de la Nueva Granada, actual territorio de Colombia, aunque dependiendo del origen o la época de la versión, lo mismo se sitúa en Cundinamarca que en alguna zona de Venezuela, en la selva amazónica o en los mismos Andes. Variaba según la febril imaginación y la codiciosa mirada de algunos exasperados conquistadores.

Aquí, en España, la tauromaquia vivió su particular «Dorado» entre los años 50 y 70 del siglo pasado (sí, había menos oferta de ocio). Las plazas se llenaban, los toreros formaban parte de la cultura y la sociedad, y el toreo competía con el fútbol y el boxeo como mayor espectáculo de masas de un país que resurgía de sus propias cenizas. Los ochenta sufrieron su crisis, superada a principios de este siglo. En aquella época dorada las plazas se llenaban con el mero hecho de anunciar el cartel en una pizarra con tres o cuatro días de antelación. Al rebufo de esta ola fervorosa por las corridas, surgieron geniales empresarios que utilizaron el ingenio y una gran pasión para llevar nuestra Fiesta hasta cotas inimaginables. Hubo también grandiosas figuras, aunque en eso las épocas no son tan distintas y, lógicamente, los había con inmenso tirón como El Cordobés y otros con mucho menos.

Pliego intervencionista

Aún en 2018, algunos todavía sueñan con ese «Dorado» que nos contaban, aunque no son pocos los que empiezan a pensar que es tan irreal como aquel que imaginaron los conquistadores de las Américas. Y lo es porque la Fiesta se ha desestructurado. Toreros, empresarios y ganaderos van por caminos distintos y encontrados, cada vez más alejados. Los políticos utilizan el toreo como moneda de cambio y se sientan al sol que más calienta. Madrid, capital del toro, ha estirado como una goma San Isidro, tratando de paliar un pliego recaudatorio y nocivo para la Fiesta, que por primera vez en muchos años ha sobrepasado por poco la media plaza en festejos del abono del Santo. Bilbao busca la gestión privada tratando de huir de los desmanes de un modelo desgastado. Sevilla vive un modelo basado en un antiguo contrato y mantiene una delicada (aunque resistente a la par) salud, y a Valencia le ha tomado el pulso la misma empresa que no termina de cogérselo a la Monumental madrileña, con una oferta desorbitada en el último concurso. Un poco a la desesperada, se ha recurrido en Otoño a la fórmula del bombo para reclamar la atención del público: a ver si las figuras recogen el guante… Como algo puntual y novedoso, que ya se sabe que el manda elige y no es amigo de loterías… Pues estos son los cuatro ases de la baraja en los que se sustenta el toreo.

Pamplona es punto y aparte: allí encontraron su Dorado particular a mediados del siglo pasado, ayudados por un Nobel norteamericano, y siguen abarrotando los tendidos 70 años después. El resto de las plazas luchan por sobrevivir a los ataques antitaurinos, algunos caprichos de varias figuras y la renovación de un modelo que ya no da para más. Los años ochenta vivieron una gran crisis taurina y de identidad, pero la muerte en la plaza de Paquirri y Yiyo reforzó y dio credibilidad a cuanto acontecía en el ruedo y los públicos volvieron a las plazas. Por desgracia, hemos vuelto a vivir la tragedia de dos toreros caídos en la arena, pero no parece que aquel relanzamiento se repita. Tres décadas después, tenemos una sociedad cada día más desnaturalizada, a la que preocupa más las proteínas que aportamos a la alimentación de nuestro Cocker que el drama que viven los niños en Siria, donde en lo que va de 2018 han muerto más de mil pequeños, según datos de Naciones Unidas.

Alternativas de los carteles

Volvamos a la tauromaquia: en este triunvirato de poderes en el que se sustenta, los empresarios son quizá la pata más coja del banco. Componer carteles se ha convertido en una quimera basada en los intereses de un reducido grupo de figuras que dominan a su antojo los restos de aquel «Dorado» de hace 60 años. Salvo la excepción de Roca Rey, las ferias se componen por toreros y carteles que se repiten durante casi décadas y no generan la expectación soñada. El paso a los jóvenes es testimonial. El argumento simple: «No interesan». ¿Alguien se preocupó de que interesaran los noveles? Para muestra, un botón.

Analizados algunos carteles de plazas significativas y variadas de primera y segunda categoría, en lo que va de temporada los resultados son esclarecedores: Castellón arroja una media de 16 años de alternativa por actuante; Valencia, 12; Sevilla, 14; Madrid, 11; Algeciras, 12; Burgos, 15; y Pamplona, 12. Con 27 carteles en los que sus actuantes suman más de 40 años de alternativa y algunas puntas de iceberg alarmantes, en la Maestranza dos carteles alcanzaron los 60 años de alternativa, 57 en Burgos, 52 en Valencia y 50 en Madrid. Otro dato más es que en Sevilla 24 de los 45 puestos disponibles (más del 50%) los copan diestros que estuvieron ya anunciados en la feria de 2007… ¿Dónde está la regeneración?

Desglosemos por años de alternativa los 15 primeros puestos del escalafón actual de matadores de toros. Desde Roca Rey, que lo lidera, hasta Román, que cierra ese top 15, arroja una media de casi 15 años de alternativa por coleta, con trece diestros por encima de los 10 años, nueve por encima de los 15, cinco por encima de los 20 y ¡solo! tres por debajo de dichos años de doctorado.

El porqué de tan delicada situación

Las cifras asustan por sí mismas, pero convendría analizar el porqué se ha llegado a esta delicada situación. Si analizamos la pirámide de abajo hacia arriba, la base la componen los matadores como máximos responsables de lo bueno y lo malo de cuanto acontece en la plaza, pero sería muy injusto generalizar, puesto que el escalafón 2017 lo compusieron 157 matadores (156 para ser exactos, puesto que uno de ellos, el que logró un lleno histórico en Madrid pore el camino de la independencia y saliéndose del «sota, caballo y rey» ya no está entre nosotros). Y nos atreveríamos a afirmar que no más de diez ven rentabilizados económicamente los esfuerzos y sacrificios realizados en la plaza. Alrededor de otra veintena viven dignamente de su profesión y los más de 120 restantes compatibilizan la tauromaquia con otras profesiones para poder llegar a fin de mes.

La liga novilleril

El caso de los novilleros es capítulo aparte: el caos y abandono de la liga juvenil es para hacérselo mirar. Y eso es lo que sucede: miran al lado y echan la culpa al siguiente. Mientras tanto, la solución de esos casi 200 novilleros con picadores es precaria y sin ninguna solución a corto plazo, salvo la esperanza de que surja algún genio, hecho que ocurre cada vez menos… Muchas veces tendemos a juzgar con demasiada severidad a imberbes que se ponen en Madrid delante de un ¿novillo? con más cuajo y seriedad del toro que matan en plazas de segunda y algunas de primera las figuras (el sobrero de Espartaco de la final de las nocturnas es un claro ejemplo). Chavales sin apenas bagaje y cuya recompensa económica son los mínimos de un convenio con el que, si les da por estrenar un vestido, salen del hotel en negativo. No son ellos los culpables de su poca experiencia, a los principales responsables no les suena ni el cinco por ciento de estos proyectos de toreros.

Desde dentro (y desde fuera) da la impresión de que los mandamases del toreo viven al margen de la realidad. La realidad de las cifras. Exigen corrida, fecha y cartel y el dinero de la plaza llena. Hasta ahí todo perfecto, pero el problema viene cuando la plaza no se llena en la mayoría de ocasiones y generan dos agujeros: el económico y el desequilibrio en la feria. Si la actualidad tiene cuatro o cinco toreros -caso aparte es José Tomás– que tienen demanda taquillera y van juntos en dos corridas, el empresario se ve en la difícil tesitura de completar las tres o cuatro restantes de cualquier feria mediana en los días menos buenos con toreros que no atraen al gran público. En lo que va de 2018, ha habido varias «cornadas» a las empresas de las graves. Vayamos por orden cronológigo en algunos ejemplos: en Guadalajara, por Primavera, Ventura y Perera, mano a mano, con sus 20 Puertas Grandes de Las Ventas y a media hora del Foro, apenas congregaron 1.800 personas; Aranjuez, con al aditivo mediático de Cayetano, por ahí anduvo; Zamora, León y Segovia, con los Julis, Manzanares, Talavantes, Morantes y Rocas repartidos, poco más de media entrada real… Lo de Badajoz tuvo entradas tristísimas. Y León, apenas media plaza en un cartel monstruo con Morante, Manzanares, Talavante y Roca Rey. ¿Poca promoción? ¿Falta de interés del público? ¿De todo un poco? Una feria consolidada como las Colombinas apenas ha reunido media plaza un día y escasos tres cuartos el otro con las máximas figuras y la milagrosa reaparición del ídolo local. En declaraciones a Carrusel Taurino, Carlos Pereda manifestó: «No ha sido una feria satisfactoria, económicamente hablando, pero podemos darnos por satisfechos. Nos salen las cuentas». Se trata de «salvar», más que de «ganar», en un negocio en el que se supone se mueven muchos billletes…

El Puerto inauguró, con Morante y Manzanares, con poco más de media plaza (días después, rozó el lleno con Roca Rey -con Padilla y Manzanares-). La empresa de Antequera ha tenido que salir corriendo tras la cornada económica de la primera corrida. Las figuras más taquilleras, con Juli, Manzanares y Roca, tampoco llenaron en Pontevedra. En Gijón, tampoco se están registrando las entradas esperadas. La recuperada Illumbe no remonta (las entradas de los primeros festejos de la Semana Grande han sido reducidas) tras los vientos prohibicionistas y pese al llenazo el año de José Tomás. Y van ya varios portazos a plazas de toros: vale que en algunas son por cuestiones políticas, pero han hecho algo las grandes figuras para decir «allá que voy a Vitoria», ¿por ejemplo? Es momento de hacer acto de reflexión y coger al toro por los cuernos.

Matemáticas de andar por casa

Metida a matemática de andar por casa, si a una plaza de segunda van 5.000 personas a una media de 40 euros la entrada (36 una vez descontado el IVA), la taquilla es de 180.000 euros. Si ponemos la corrida para figuras a 36.000; los gastos de apertura de plaza (médicos, veterinarios, seguros, cuadra de caballos, servicio plaza, etc.) en 9.000 euros; la Seguridad Social en 9.000; los gastos de publicidad en 7.500, quedan unos 118.500 euros. Si contratan a dos de esas tres o cuatro figuras que exigen 60.000 euros por tarde, ya va el organizador del espectáculo por «menos 1.500» y falta el tercer torero… Y algo debería ganar la empresa, ¿no?

Pues imaginemos ahora tres de ese grupo de «privilegiados»: para cubrir esos 180.000 euros, más los 61.500 de gastos, hay que vender 6.700 entradas para que la empresa «empate». ¿Y si no se venden? ¿Quién asume su responsabilidad? Casi siempre, el empresario… Otro ejemplo más es la plaza de toros de Las Ventas, donde se dicen que los beneficios en 2017 no llegaron al millón de las antiguas pesetas. Con una facturación cercana a los 30 millones de euros y un plantilla fija de casi 20 personas, los datos dan las mismas sensaciones que los antiguos Palhas: horror, terror y pavor. ¡Eso en Madrid!

Los empresarios se han quejado en varias ocasiones de que en los carteles donde están tres de esas cuatro o cinco figuras son ampliamente deficitarios aun colgando el «No hay billetes». Empresarialmente, ¿cómo se puede iniciar un negocio donde la pérdida es segura a pesar del lleno? La excusa de los apoderados es que tiran del abono y en los carteles medios se compensan las cifras. ¿Seguro? A veces sí, pero no siempre… En 2016 regresaron los miembros del G5 a la temporada sevillana tras dos años de ausencia voluntaria por no sé qué conflicto de intereses y cuentan que apenas se vendieron 300 nuevos abonos. La sangría de Madrid cuesta frenarla a pesar de estar todas las figuras. Con estos datos, ¿a qué excusa nos acogemos para justificar esos ingresos? Si trasladara estos números a mis compañeros de economía, me costaría convencerlos de la realidad que vivimos en nuestra querida tauromaquia.

Las empresas

Aunque hay algunas excepciones, el conjunto empresarial no destaca por su imaginación ni capacidad de trabajo, peros son, junto con los ganaderos, los grandes perjudicados de la situación actual. La inyección en dólares por parte de un millonario mexicano y la aparición de una agencia de viajes en Las Ventas no son suficientes para sostener los cimientos de un sector que se tambalea. La esperanza de contratar a José Tomás, salvar un abono y aprovechar su rebufo cada día se complica más, y con el resto de los mimbres y sus exigencias es una labor de orfebrería y altas dosis de trabajo y talento «perder poco» en cualquier feria. De ahí que los empresarios intenten atar cada vez a más toreros: viven más de ese intercambio y comisiones de apoderamiento que de la propia taquilla de las plazas.

Por cierto, alguno aboga por variar el precio en taquilla según el cartel, igual que ocurre, por ejemplo, en los conciertos: no todos los artistas «cuestan» lo mismo. ¿Y si se prueba en los toros allá donde el pliego no lo impida?

Otro caso curioso de la actualidad es el de Talavante. El genio extremeño vive un momento artístico pleno de inspiración, con un toreo puro al que casi ninguno se aproxima, pero sus logros en la plaza no se reflejan en la demanda que genera en taquilla y es la sorprendente ausencia de muchas ferias después de haber sido triunfador en San Isidro y cuajar la mejor faena de Sevilla y de otras plazas como Cuatro Caminos. Algunos culpan a Matilla, sacando toda su inquina hacia el empresario salmantino, y una venganza por su ruptura, pero no es esa la verdad, según comentan varios gerentes. Talavante está obsesionado con igualar sus números a los de Juli, Morante y Manzanares, y eso ha generado que los empresarios hayan decidido prescindir de tan grandioso torero por vivir al margen de la realidad económica de sus taquillas. Claro que no es el único caso que vive al margen de esa realidad, y algunos mantienen su caché casi por inercia. Por lo que Talavante dirá: ¿y por qué yo no? Eso sí, a cada cual lo suyo: es una de las figuras con mayor tirón en el Foro.

Pero, ¿quién tira del carro de la taquilla de verdad hoy? Solo la apisonadora Roca Rey, el último y joven fenómeno (que curiosamente no es el que más cobra….), ha sido capaz de situarse por delante de todos en la demanda de entradas para verle, gracias a su juventud, novedad, desparpajo y sus arrolladoras campañas, aunque, vista esta dinámica, ¿cuánto durará esa inercia?

El resto de la nueva hornada compuesta por Ginés Marín, Garrido o Román no termina de dar el salto, a pesar de algunos triunfos, y la recuperación de diestros como Ureña, Chacón, De Justo, Cortés o Moral no pasa de ser un buen complemento a los carteles medianos. Los mediáticos Fandi o Padilla (con su tirón en determinadas plazas) están también ya muy vistos. Y el circuito de las corridas duras (salvo en escenarios concretos) suscita el interés de parte de la afición pero no del público general y no mueve el suficiente dinero.

El incombustible Ponce aparece como «abreplaza» de lujo, mientras vive un dorado final dando lustre y categoría a una excelente trayectoria, siendo el triunfador de las dos últimas Orejas de Oro, pero sin llegar a las cotas taquilleras de sus inicios. Castella y Perera (que está cuajando un gran verano), dos figuras por el mismo palo pero opuestos planteamientos (el extremeño es de los pocos que se atreven al camino de la independencia), triunfan con regularidad pero su demanda taquillera está por debajo de sus resultados artísticos.

Panorama ganadero

En el apartado ganadero, superada ya la inflación que supuso la burbuja del ladrillo en nuestras dehesas y reguladas en base a la ley de mercado las cabezas existentes en las fincas, los sufridos criadores de bravo han conseguido «equilibrar» sus cuentas, aunque salvo cinco o seis excepciones son negocios por amor al arte y nula rentabilidad. En realidad, casi nunca lo fueron. Ser ganadero siempre fue un ejercicio de afición, valor, desinterés, amor al toro y, en ciertos casos, cierta dosis de ego que compensaba los sacrificios. De lo que no hay duda es de que estamos atravesando, a pesar del criticado monoencaste, una época dorada de porcentaje de toros que embisten. La unificación de la sangre Domecq en nuestra cabaña brava ha venido motivada, no nos engañemos, por la demanda y exigencia de la lidia actual. Su bravura más tardía ha sido la única capaz de soportar la longitud de lidia moderna y se ha adaptado a la nuevos tiempos. Pero la variedad de encastes es necesaria y también recobrar la importancia del toro. Pocos son los que preguntan «¿qué se lidia?», pues el público moderno es más bien torerista. Pero entre las ganaderías de otras sangres hay excepciones sobresalientes y que, en manos de algunos genios de la alquimia y la genética, han sido capaces de mantenerlas con éxito en plena actualidad. También, cierto es, algunas divisas Domecq atraviesan muy mal momento.

Con este panorama descrito viene el momento de preguntarnos si hay solución a nuestra realidad. Todavía generamos la demanda suficiente para mirar el futuro con optimismo, pero para ello toca ponerse el mono de trabajo y mancharse de grasa. Las cifras de espectadores todavía nos reflejan brotes verdes y esperanza. Y aquí ya se sabe: unos ven el vaso medio lleno, otros medio vacío y, como dice un viejo aficonado, «otros ven vodka donde solo hay hielo». Según el informe elaborado Diego Sánchez de la Cruz, más de cinco millones de espectadores asistieron a los toros durante la temporada 2017 en España. Según las estimaciones de su estudio, se vendieron alrededor de se vendieron 1.838.000 entradas en cosos de primera, 1.100.000 en escenarios de segunda y 2.100.000 en plazas de tercera y portátiles. A todo ello hay que sumar los festejos populares, alma de la tauromaquia. No nos olvidemos de ellos, cada vez con más auge. Todos esos datos son muy positivos, pero, no nos engañemos, existe un runrún de preocupación y de incertidumbre. Además de los varapalos externos, políticos y animalistas, se encuentra el de algunas tardes en taquilla.

La Fundación

La Fundación del Toro está muy bien, su discurso mejor, pero, más allá de postureos, ha llegado la hora de actuar y dejar de soñar con «El Dorado» e ir a buscarlo desde abajo. Quizá sea necesario gente externa, que desde dentro mire hacia fuera (y viceversa) y no al propio ombligo. También, para el aumento de socios, no estaría de más una transparencia total, con pelos y señales, en las cuentas y los resultados. Y también de los objetivos que persiguen y la hoja de ruta que siguen. Paciencia, sí, que aún es el embrión, pero el tiempo apremia y hay cuestiones que resolver pronto y en la mano, con reuniones con los principales mandamases de cada partido político y analizando las entrañas del propio sector. Sí, para ser cien por cien creíble y eficaz, la Fundación debería velar por profesionales y afición, por la supervivencia y el crecimiento del mundo del toro. No abandonemos Vitoria, ni Palma, donde cierto es que no están prohibidos pero las condiciones exigidas para dar toros convertirían la corrida en una pantomima, lo que imposibilita su celebración. Luchen por recuperar los puertos perdidos… ¿Ven a toreros y profesionales muy preocupados? Lo que se pierde, difícilmente se recupera…

Repetimos mucho la expresión figura del toreo. Pues, figuras, afronten el riesgo económico; el físico y el artístico ya lo asumen (y sí, ya sabemos que no hay precio que pague la vida, por lo que todos los dineros son pocos para un torero), y demuestren su ¿unión? no solo para atacar a un presidente y su grandeza no solo a la hora de coger la mejor fecha, ganadería y compañeros para «salvar» su cartel, demuestren su categoría pensando en el mañana, algo que algunos (pocos) sí hacen. Dejen paso a los nuevos, tiren ustedes de la taquilla en los días regulares, hagan (junto a las empresas -que necesitan, además de una política de precios asequible, dar una vuelta a los carteles y campañas de promoción efectivas-) algún guiño al que pasa por taquilla y discutan con los empresarios por el porcentaje de lo que generen. Tal vez no estaría de más igualarse con los grandes boxeadores y repartirse el neto de los ingresos. Cada uno en función de su categoría y demanda. Y, por favor, no dejen que se pierdan más plazas. Ganaderos y cuadrillas, hagan lo mismo. Y empresarios… ¡Trabajen y trabajen con cabeza, afición y afición! Solo así se podrá volver a soñar con «El Dorado» de una Fiesta que es grandeza por historia, sangre y verdad, pero en la que hay mucho, mucho, por hacer.

Posdata: las cifras aportadas han sido extraídas de conversaciones con diversos profesionales del sector. Y demasiadas veces se oye aquello de «vamos a llevarnos lo que podamos mientras esto dure…» Al menos donde políticos y pliegos lo permitan, trabajen todos los taurinos para que el presente de la Fiesta sea saludable y su futuro largo. Son muchos más los aficionados y las gentes que respetan las tradiciones que los animalistas falsos y oportunistas. La tauromaquia es grande, pero hagámosla gigante.

Publicado en ABC

CASI CINCO SIGLOS CON CORRIDAS DE TOROS EN MÉXICO

Por Jaime Oaxaca.

La tradición, la historia, son argumentos sólidos para conservar la fiesta de los toros. En esta tierra, mucho antes que se llamara Estados Unidos Mexicanos, ya se corrían toros; desde hace 492 años, el 24 de junio de 1526 cuando se realizó la primera corrida en el centro de lo que ahora es la ciudad de México.

Fue en una plazuela llamada del Marqués, ubicada atrás de lo que ahora es la Catedral de México, los toros y caballos se guardaban en un corral situado en lo que hoy es el principio de la avenida 5 de Mayo, a un costado de la Catedral, junto al edificio que actualmente ocupa el Monte de Piedad.

Normalmente, el 24 de junio es una fecha que pasa inadvertida para el medio taurino, prácticamente a ninguno de los que ganan dinero de las corridas de toros, se les ocurre festejar una fecha tan significativa.

Junio es un mes en el que no se realizan corridas en la República Mexicana debido a las lluvias, el 24, día de San Juan Bautista, casi siempre cae agua.

A pesar de que a lo largo del territorio mexicano existe una buena cantidad de poblaciones con el nombre de San Juan, muy pocas realizan alguna corrida en su feria patronal, este año sólo habrá una en Hidalgo, en la población San Juan Solís; en San Juan del Río, en Querétaro, en 2018 no habrá festejo taurino.

El asunto es que a la gente del toro no se le ocurre organizar alguna actividad cultural para celebrar uno de los días más importantes de la tauromaquia, bien valdría la pena cacarear que son casi 500 años de tradición taurina.

A los empresarios taurinos, por ejemplo, casi nunca se les ve organizando conferencias, ciclos de películas, exhibición de pinturas o esculturas, presentaciones de libros; como que no les interesa promover su negocio, deberían generar actividades para generar más clientela.

Son los aficionados, por el gusto que tienen por la fiesta brava, quienes se dedican a realizar actos culturales, generalmente ante la indiferencia de los profesionales.

Escriben los historiadores que con motivo del regreso de un viaje (1524-1526) del conquistador Hernán Cortés de Las Hibueras (Honduras) se realizó tal festejo.

“Estaba Cortés viendo correr ciertos toros cuando le avisaron de la llegada del visitador Luis Ponce de León”, narran en sus crónicas Torquemada y López de Gómara. El visitante venía con poderes de la corona española para hacerle un juicio sobre los manejos administrativos y políticos. Le cayó la contraloría del reino español.

Nada tiene que ver la forma en que se realizaban aquellas corridas con el espectáculo actual; el nombre de “corrida”, se origina porque el pueblo corría los toros para llevarlos a la plaza, de aquellos festejos se deriva la fiesta contemporánea.

El historiador mexicano NicolásRangel anota el 13 de agosto de 1529 -día de San Hipólito- como la fecha de la primera corrida; sin embargo, existen los antecedentes ya mencionados. La confusión se debe a que el Cabildo de la Ciudad ordenó que se corrieran toros en la fecha mencionada para celebrar la caída de la Gran Tenochtitlan.

Innegable que el origen de la fiesta brava es español. Para bien o para mal fuimos conquistados por los hispanos.

La afición está de plácemes, celebrando 492 años de tauromaquia. Han tratado de destruirla, surgieron los supuestos protectores de animales y los antitaurinos. En realidad quienes más daño hacen son algunos profesionales de la fiesta, están terminando con ella; los alacranes están dentro de las sábanas.

Los ganaderos eliminan bravura de sus toros. Los toreros exigen el toro chico y el billete grande, en muchos casos lidian el novillo en lugar del toro. Los empresarios ofrecen espectáculos indignos, no ofrecen lo que anuncian. Las autoridades de plaza son peleles de los empresarios. Los medios de comunicación alcahuetean anomalías. Los aficionados aceptan los engaños.

Sólo el regreso de la autenticidad puede salvar la tauromaquia. Aprovechemos que aún queda fiesta, casi medio siglo con corridas de toros en México.

Publicado en El Popular