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Lo que siempre has querido saber de un torero en el siglo XXI

Lo que siempre has querido saber de un torero.

Por Guille Álvarez.

Juan José Padilla, el “Ciclón de Jerez”, lleva casi un cuarto de siglo viviendo de su pasión de infancia. Es uno de los rostros más conocidos de la tauromaquia en España, sobre todo tras sufrir una grave cornada en 2011 por la que perdió el ojo izquierdo. Desde entonces lleva parche. Al “Pirata” Padilla le molesta y le parece una falta de respeto que le llamen asesino por la calle, y más cuando va acompañado de su familia. “Es una provocación”, dice el jerezano de 43 años, que asegura que tiene amigos y familiares a los que no les gustan los toros y no van a sus espectáculos, pero una cosa es que no te gusten y la otra es que seas antitaurino, matiza.

Siendo uno de los toreros más reconocidos del mundo, quisimos hacerle diez preguntas sobre su profesión, una de las que más polvareda levanta en pleno siglo 21.

VICE: ¿Por qué eres torero?

Juan José: Probablemente sea culpa de mi padre. En mi casa siempre se ha respirado ambiente taurino. Mi padre quiso ser torero, tuvo una gran vocación y una afición tremenda. Mis tres hermanos también intentaron ser toreros, y de hecho han sido banderilleros. Recuerdo la primera vez que me puse delante de una becerra. Tenía siete años. Aquí en la provincia de Cádiz hay muchas ganaderías, así que mi papá me llevaba y yo toreaba en ellas, me ponía delante de las becerras ya de pequeño.

¿Sabes a cuántos toros has matado?

Pues lo que son toros, podríamos calcular que alrededor de 5,000. Entre España y América he participado en unas 1,500 corridas, y contando lo que se mata practicando en el campo…

¿Nunca has sentido pena por el hecho de matar a un animal?

Bueno, nuestra cultura nos hace entender que el toro nace para morir en la plaza. Quizás puedo sentir una voluntad de no matarlo cuando el toro se ha ganado la vida por su comportamiento, y eso sucede en muchas ocasiones, que el toro tiene un comportamiento bravo y es digno de que vuelva al campo. Entonces, cuando hay que matarlo porque el presidente [de la corrida] te obliga, sientes frustración en ese momento. Pero en definitiva, en nuestra cultura creemos que el final del toro es la muerte en la plaza.

¿Te gustan los animales?

Sí, y de hecho tengo animales en casa. Al toro lo veo como un colaborador, como un animal especial, lo admiro y respeto. Mi vida es el toro, mi mundo es el toro. Me apasiona su bravura y su comportamiento, es una raza única y exclusiva para este espectáculo, la raza no existiría si no existiera el espectáculo.

¿Cuando estás delante del toro, sientes miedo?

El torero siempre tiene miedo, antes y después de la corrida. Primero sabes que te juegas la vida delante de un toro y luego, también, que tienes que crear un arte y una faena con un colaborador que se llama toro.

Has sufrido varias cornadas graves en tu trayectoria —19 intervenciones quirúrgicas en total—, y en una perdiste un ojo.

¿Qué sientes cuando el toro te embiste y te desgarra?

Comprensión. La verdad es que no le guardo rencor al toro, que solo está cumpliendo con su cometido. El toro sale a arremeter y su defensa es esa, por lo tanto, el tributo que pagamos los toreros es la cornada, algunas veces con la vida.

¿Y qué sientes cuando eres tú el que le atraviesa?

No hay ninguna sensación ni de placer ni de disgusto, siento que cumplo con mi cometido y obligación, que es matar al toro.

¿Qué haces con las orejas, el rabo y esas cosas?

Hay algunos trofeos que te llevas a casa, los disecas y los tienes como recuerdo o los regalamos a admiradores, amigos, la familia… Son motivo de orgullo e ilusión, porque quieren decir que has alcanzado algo durante tu carrera, es algo muy personal.

¿Cuánto ganas por una corrida?

No puedo hacer público lo que me llevo por una corrida, pero sí te puedo decir que, desgraciadamente, la crisis también se ha notado en el mundo de la tauromaquia y no pasamos por buenos momentos. Está costando mucho trabajo llevar al público a las plazas, y esto afecta al colectivo taurino en general.

¿Te tomarías un trago con un antitaurino?

Sí, ¿por qué no? Hay que ser educado. Yo respeto sus ideales y que él respete los míos. Yo entiendo su posición siempre que tengan un argumento, me parece perfecto. Yo también tengo los míos: el espectáculo se defiende por sí solo, es un espectáculo vivo y de verdad. Se siente de verdad, se vive de verdad y se muere de verdad.

Fuente: VICE

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Curro Romero: «El toreo está muy encorsetado y es un arte que debe ser libre»

El torero de Camas hace balance – J.M.Serrano.

El Faraón de Camas rememora los mejores momentos de su carrera y analiza la situación actual de la Fiesta.

Por Lorena Muñoz.

Ha pasado medio siglo desde aquel 13 de junio de 1968 en el que Curro Romero se encerró con seis toros en la Maestranza. Fue su segunda Puerta del Príncipe y un nuevo hito en su carrera. Dos años antes había protagonizado la mayor gesta taurina que se recuerda. El 19 de mayo de 1966 cortó ocho orejas a la corrida de Urquijo, el día de la Ascensión, a beneficio de la Cruz Roja. Una marca que todavía no ha sido superada. Aquel día nació el currismo.

Nos recibe en su casa, con la misma amabilidad y sencillez de siempre. Es un privilegio hablar de toros con un mito del toreo. Antes de entrar en materia, hay tiempo para preguntarle por el Real Betis Balompié y por el tenista Rafael Nadal, dos pasiones de las que se confiesa fiel seguidor. Vamos a hablar de toros y de un festejo que se celebró hace cinco décadas

¿Tiene vivos los recuerdos?

«Es sorprendente, el tiempo es tremendo, parece que está parado pero uno va andando, pasan los años y no es fácil recordar muchas cosas después de cincuenta años. Sí tengo más presente el día de Urquijo porque me encontré muy bien y muy dispuesto. Siempre digo que en el toreo y en el toro hay que tener mucha suerte y ese día yo la tuve», sostiene.

Aquel día nació el currismo pero asegura que «enganchó» a los buenos aficionados mucho antes.

«Había una tertulia en «el Sport», donde se juntaban muchos ganaderos, aficionados y profesionales. Se hablaba mucho de mi debut de novillero en el año 1957. Después de varios años de matador, decían que no había estado como aquel día. Ahí empecé a darme a conocer entre los aficionados de Sevilla».

Las tertulias de entonces eran lo que alimentaba la llama. «El boca a boca era más auténtico, antes se hablaba mucho de toros, se discutía y eso desapareció», lamenta Curro, que se sorprende de que todavía siga siendo un ejemplo para muchos, de que siga siendo el torero de Sevilla, incluso para quienes no lo han visto torear. «No lo termino de encajar, me pongo como loco porque vienen chavales muy jóvenes que me piden hacerse fotografías conmigo y autógrafos para sus padres y abuelos. Se entiende que ellos les han hablado de mí. Me lo piden con ganas y se ponen muy contentos. Eso no es normal».

No ha sido un torero de números pero ahí están sus siete puertas grandes en Madrid y cinco en Sevilla, más las que no quiso salir a pesar de cortar los trofeos. Lo revive con cariño.

«Pienso muchas veces porque casi no me lo creo. Cuando me embestía un toro, yo me daba y me sentía», asegura. De aquella tarde del 13 de junio de 1968 recuerda el conjunto, el cariño del público. La salida a hombros por la Puerta del Príncipe. El primer toro saltó al callejón. Curro, lo ha borrado de su memoria. «No me acuerdo, son cosas que no me llaman mucho la atención», asegura con una sonrisa.

Tampoco recuerda demasiado las orejas, pero sí que se las daban con entrega. «He tenido fortuna de que fuera en Sevilla y en Madrid. Y he tenido la suerte de nacer con esas cualidades que me hacían transmitir y conectar con el público rápido. Para mí era maravilloso, no hay que estar ahí machando. Rápidamente cuando embestía un toro se volcaban conmigo».

En ese aspecto ha cambiado mucho el toreo. «Hoy el toro tiene menos movilidad y los toreros tardan más en ligar. Como no acaban de calentar a la gente, de uno en uno es más difícil. Ellos siguen y se hacen hasta pesados. El toro embiste menos por su casta y sus hechuras y se viene abajo todo lo que se ha hecho al principio».

Y qué decir del toreo de capote. «Las verónicas al segundo, que tomó un puyazo arrancándose de largo, levantaron un clamor de admiraciones y promovieron acordes musicales», escribe en su crónica don Fabricio II. ¿Por qué hoy es tan difícil ver torear bien con el capote? «Es como si no le dieran interés a torear con el capote, que yo creo que es una de las cosas más bonitas que hay cuando se torea bien. Sobre todo cuando viene un toro de salida y lo templas y lo vas reduciendo si te embiste. El interés con la muleta es más que con el capote, desisten… ¡Ellos sabrán, yo no lo sé!».

Ahora las orejas se cortan con la muleta y es lo que cuenta aunque el Faraón de Camas tiene su propia visión. «Cuando se torea con el capote la gente ha salido toreando por la calle». ¿Se podría cortar un trofeo solo con el toreo de capa? «El toreo está muy encorsetado, hay un Reglamento y creo que está mal. El toreo, como arte, es libre, debe ser más libre. Si un toro te embiste y puedes pegarle 30 ó 40 lances o diez o doce medias verónicas y quieres entrar a matar, ¿por qué no lo vas a hacer? Siempre lo he pensado. Una vez se lo dije a Miquel Barceló y me dijo que lo hiciera, pero le dije que me podían penalizar para no torear dos años en la provincia. Eso es más peligroso que una multa», bromea, ya que no duda de que el toreo es un arte. «Sin duda, y un arte grandioso. Cuando se hace el toreo como se requiere y como se merece un toro bravo y con clase, hay que acariciarlo, estar medido con él. La cantidad no tiene nada que ver con la calidad».

La crónica de Manuel Olmedo -con el pseudónimo de don Fabricio II- termina diciendo de «Curro Romero, artista que posee entre sus singulares dotes un gran poder de sugestión». El torero es consciente de la fidelidad de sus partidarios. «En mi época nos seguían mucho. Había una afición de una grandeza extraordinaria, de saber esperar y gozaban mucho. Ahora ha desaparecido el aficionado bueno».

«Curro ha conseguido su propósito de rehabilitarse ante la afición sevillana (…) ha vuelto a otorgarle su confianza jubilosamente», comenzaba la crónica del 13 de junio de 1968. «Sevilla ha sabido esperar a los toreros siempre. A mí me han pegado muchas broncas pero han ido al día siguiente a verme. Me dijeron que era el torero que más irritaba a los públicos de España y yo me preguntaba si no era peor aburrirlos», argumenta.

Era una figura del toreo indiscutible.

¿Era antes más fácil que ahora?

«Hay un toro muy grande, lo han sacado de tipo y hay menos probabilidades de triunfo. Los empresarios románticos han desaparecido y no todo es el dinero, el cuidar a la afición y darle los carteles que se merecen, si no se lo dan, se ve la bajada de gente en las plazas. Tiene mucho peligro porque el que se va no vuelve».

¿Qué ocurre con los que empiezan?

«Ya se ha acabado el padrino famoso que se gastaba el dinero para recuperarlo en el futuro. No se dan novilladas, cada vez menos y cuesta mucho trabajo, tomar la alternativa sin tener el oficio bien aprendido, cuando no se tiene la técnica, el triunfo está siempre más lejos».

Si echa la vista atrás, ¿volvería a ser torero?

«Yo siempre, aunque a lo mejor con estos toros… no sé yo».

Para Curro Romero, «con la altura que tienen y los cuellos tan cortos, se paran y se acaba todo pronto. No se puede torear tan cerca alrededor de los pitones. Las distancias son muy importantes». Hablamos de tres conceptos fundamentales en el toreo: la distancia, la medida y el temple.

¿Sigue soñando con torear?

«No, las cosas llegan y pasan y no hay que ser iluso. Pero sí que me acuerdo algunas veces, ¿no me voy a acordar? Sí, pero corto rápido porque a lo mejor me pongo a llorar», sonríe.

Publicado en ABC

Roca Rey: «Para poder expresar el toreo tienes que sentirlo, entrenarlo y ensayarlo»

Por Raul Doblado.

Pocas horas después de haber vuelto a demostrar su valía en la plaza más importante del mundo (Las Ventas), Andrés Roca Rey puso su objetivo en otra plaza de primera, Córdoba. Lo hace a sabiendas de que su figura se ha convertido desde hace tres años en un valor fundamental para el sostén de la Fiesta. Porque, hoy por hoy, si hay un espada que empuje a las gentes hacia la grada es este peruano que apenas supera las dos décadas de existencia. Llevar el peso de dicha responsabilidad no es algo que le abrume, todo lo contrario: tal y como explica supone un revulsivo porque «te das cuenta de que puedes hacer feliz a mucha gente».

Cuando uno se despierta tras haber toreado la tarde anterior en Madrid de la manera en la que usted lo hizo, ¿qué sensaciones tiene?

Son muy buenas, sin duda. Gracias a Dios (el miércoles) las cosas salieron bien. Las sensaciones que uno guarda son bonitas. Y ahora lo que uno desea es volver a sentirlas.

A pesar de su juventud, su tauromaquia parece consolidada. ¿Hasta dónde puede seguir evolucionando?

Voy evolucionando cuando busco cosas. Voy mejorando pequeños detalles que luego se ven grandes. Una vez que eso sucede, como artista y como torero te sientes cada vez mejor.

¿Es torero de mucho entrenamiento o de los que se guía por inspiración?

Pienso que, como sucede con todo en la vida, cuando tú de verdad te sientes metido en la profesión, la quieres y buscar ser alguien dentro de ella, le dedicas mucho tiempo. Ni tú mismo te das cuenta del tiempo que le estás dedicando. Obviamente, hay sacrificio, entrega, pero es la única forma de que las cosas ocurran. Siempre entrenas y te preparas para cuando salga el toro y poder esta bien. Me refiero al nivel que tú quieres y puedes expresar. Para poder expresarlo tienes que sentirlo y entrenarlo y ensayarlo. Ahí está la clave.

¿Se fija objetivos o metas a corto y largo plazo?

Mi meta final es ser feliz, supongo que como quiere todo el mundo.

¿Es de los toreros que se siente más cómo con un tipo de encante?

Mientras un toro tenga fiereza y movilidad, tenga las características fundamentales para crear emoción, tienes que estar dispuesto a entregarte a él. Una vez sucede esto, te olvidas del toro y de su encaste.

¿Qué supone para usted el miedo?

Todas las personas tenemos miedo. Y todas lo sentimos. El miedo siempre está ahí para todo el mundo, pero es un factor que no puede desaparecer, porque sin él, muchas emociones se perderían. Es un factor que también te motiva, que te hace ir a más. Obviamente, es algo que a veces cuesta trabajo superar pero también estamos para eso.

¿Le ha cambiado mucho la vida desde que ejerce de figura?

En el ámbito familiar, no, porque la familia siempre sigue siendo la misma. Obviamente, a las plazas acude ahora más gente. Es parte de esto y tienes que aceptarlo. Para mí es bonito. Cuando llegas a un hotel, a un restaurante o vas caminando y la gente te reconoce como torero, es bello. En ocasiones piensas que podrías esconderte, pero luego te das cuenta de que puedes hacer feliz a mucha gente.

En ese sentido, ¿algo que le haya llegado al corazón de manera especial?

En Madrid vino a saludarme una persona de mi país, que había tenido cáncer y lo había superado. Me dijo que mientras estaba en tratamiento se venía arriba viendo las corridas de toros y que le había ayudado a recuperarse. Escuchas eso y sientes que eres partícipe de la felicidad de muchas personas, y por eso no puedes dejarlas solas.

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El Juli, valor de ley

Por Rubén Amón.

El niño que se lanzó a los ruedos es hoy un maestro del toreo con 20 años de alternativa. Tras su celebrado indulto del toro ‘Orgullito’ en La Maestranza de Sevilla, mañana disputa un mano a mano en la plaza de Las Ventas. Hoy asegura sentirse más vulnerable que nunca.

EL SILENCIO de la dehesa en una tarde templada de primavera se interrumpe por la algarabía entusiasta de los hijos de El Juli. Dos mellizos de siete años, Fernando y Rosario, y una niña de cuatro, Isabel, cuya devoción al padre alcanza a imitarlo con un capotillo de juguete mientras los caballos se secan al sol y el viento mece las encinas. Es una escena cotidiana en la exuberante finca extremeña del matador. Tan cotidiana que los niños y su madre, Rosario Domecq, son los únicos que se relacionan con Julián López (Madrid, 1982) como lo hacían antes del 16 de abril. Es la fecha del trance y del éxtasis. El día en que El Juli indultó en La Maestranza un ejemplar de Garcigrande. Acaso la mejor faena de su vida. Y la jornada más dichosa de los aficionados que abarrotaron la plaza de Sevilla, estupefactos por la emoción y la conmoción que procuró el torero madrileño en la lidia a cámara lenta de Orgullito. Así se llamaba el toro y el protagonista del indulto excepcional, aunque el diminutivo no contradice el diagnóstico de una experiencia superlativa.

Los hijos de El Juli no han observado transformaciones evidentes, pero los taurinos, los críticos y hasta los vecinos de Olivenza (Badajoz) se relacionan con el ­matador como si hubiera regresado de un acontecimiento sublime. Ya no puede desayunar con la tranquilidad de antaño en los bares del pueblo que siempre frecuentaba. Se le acercan. Le tocan. Y lo zarandean con preguntas e inquietudes a semejanza de una aparición. Como si El Juli levitara. O procediera de una aventura extrasensorial. “Lo que viví es muy difícil de contar. Cada vez que lo intento me doy cuenta de que la descripción limita lo que realmente sentí. Sentí que me abandonaba. Desaparecieron el miedo, la sensación de peligro, la técnica, el control. Era como si la muleta llevara mi cuerpo. Sentía que me rompía por dentro. No hay nada parecido a esa sensación de plenitud. Te dejas ir. Trasciendes. Y estableces con el toro una relación de intimidad. También desaparece su ferocidad y su peligro. Lo percibes no como un antagonista, sino como un cómplice. Sabía que no iba a matarlo”.

Hacerlo hubiera sido como dañarse a sí mismo. El Juli hubiera querido abrazar al toro. Y hubiera querido curarle las heridas, como luego hicieron los veterinarios. El Juli se despojaba del vestido de luces y se vestía de fraile franciscano. Más que jalear a Orgullito, lo arrullaba con la voz. Susurraba al hermano toro. “Amaba a ese animal. Y me conmovió cuando regresó vivo a los corrales. Llegué a sentir que la faena no iba a terminar nunca. Que estábamos en la eternidad”.

Impresiona el relato del indulto por la experiencia en sí y por los antecedentes. Julián conocía al padre de Orgullito. Que se llama Cazador. Y al que ha visto encampanarse en la finca salmantina de Garcigrande. Habla de él como si fuera un familiar. Y como si la simiente del torazo estuviera predispuesta a su tarde de gloria. El Juli había visto a Orgullito en el campo. Lo reconoció como a un amigo en cuanto apareció entre las sombras del toril de La Maestranza. “Son experiencias que suceden muy pocas veces. Que te abruman. Que te sobrepasan. Y me acordé del primer novillo que indulté en mi vida. Tenía 14 años. Ocurrió en México. Y cuando le perdonaron la vida me puse a llorar y no podía controlar las lágrimas. Me desbordaba la experiencia. Ahora ha sido distinto. Muy intenso, pero no hacia fuera, sino hacia dentro. Como si me descoyuntara y me partiera por la mitad”.

El Juli habla con más pudor que timidez. Una mirada profunda y expresiva que se acomoda a un rostro todavía adolescente, aunque las cicatrices que amenazan la boca retratan las costuras de una vida al límite. Niño prodigio fue Julián. Tan precoz que no podía torear en España. Y en hombre prodigio se ha convertido cuando cumple 20 años de alternativa. Sevilla ha capitulado a su maestría en una tarde de euforia. Madrid lo hará el 24 de mayo. Se anuncia mano a mano con Ginés Marín en la Feria de San Isidro. La plaza más difícil. La más hostil. Y la que más estimula su camino de superación, aunque El Juli se reconoce “más frágil y vulnerable que nunca” ahora que ya tiene 35 años y que le acechan unas sombras inquietantes. “Me impresionaron mucho las muertes de Víctor Barrio (2016) y de Iván Fandiño (2017). Me conmovieron. Y me hicieron adquirir conciencia de los peligros. He tenido cornadas fuertes, momentos de mucho riesgo, pero nunca crees realmente que puedes morir en una plaza. Hablamos de jugarnos la vida sin reparar en lo que estamos diciendo. Y te das cuenta de que puedes morirte de verdad. Y empiezas a convivir con esas sombras. No se marchan nunca, pero tratas de alejarlas. Y entonces te das cuenta de tu vulnerabilidad y de tu fragilidad. Se te presupone un torero poderoso, valiente, técnico, muy capacitado, pero en realidad eres frágil. Y esa conciencia de la fragilidad te abre a incertidumbres, a dudas, a preocupaciones. Y entonces rezas”.

Habla Julián como si las palabras pesaran. Y como si le costara confiar su intimidad. Coopera en la confesión la serenidad de una sobremesa de primavera en el porche de su finca. Portugal está al alcance de la vista. Las reses bravas transitan con antigua parsimonia. Y el torero apura un café de verdad y un cigarrillo de mentira, estimulantes de una conversación metafísica. “No soy practicante, pero sí creyente. Hablo con Dios, tengo conversaciones. Me conforta la conciencia de algo superior. Que no acierto a definir, pero sí a sentir. Y que me sirve de ayuda cuando vienen momentos de preocupación. La paternidad ha sido una experiencia maravillosa, pero también es una responsabilidad enorme. Y siendo torero, contraes unos riesgos que multiplican esa responsabilidad. Sabes que tienes una familia. Que tienes que velar por ella. No quiero decir que haya dejado de correr riesgos, pero no es lo mismo torear cuando estas solo que cuando tienes tres niños esperándote”.

El primogénito le ha salido del Real Madrid. Un contratiempo a la tradición atlética de la familia que El Juli observa con más ternura que indignación. Se emocionó y lloró cuando el chaval apareció de la mano de Sergio Ramos en el partido de Champions que enfrentó a los blancos contra la Juventus. “No me gustaría que mi hijo fuera torero. Sufriría yo más que él. Y lo haría él también porque esta profesión es muy dura, muy exigente. Si le va tan bien como a mí, lo va a pasar muy mal. Y si le va peor, va a sufrir muchísimo. Claro que no me arrepiento de haber sido torero. Esta profesión no es una profesión, sino una manera de vivir. He tenido experiencias increíbles. Grandes sacrificios. Ha sido mi vida, pero preferiría que mi hijo eligiera otra profesión”. El cortijo de El Juli parece el de un torero decimonónico. Un caserón de techos altos cuyas paredes están recubiertas de carteles antiguos. Y los sofás del porche trasero predisponen a la contemplación y a la sinceridad. “¿Que si he pensado en retirarme? Claro. Hay veces que te sientes frustrado y otras en las que crees haber hecho todo lo que tenías que hacer. Empecé de muy niño. Llevo 20 años. Y me he exigido mucho. Incluso ahora, que me importan muy poco las estadísticas, me preparo más que nunca. Y lo hago corrida a corrida, como el cholismo. Me reconozco bastante en esa idiosincrasia de luchar, de sufrir, de ganar, de perder. He procurado ser íntegro. Defender mi forma de torear y de vivir. Y hay ocasiones en las que sí me planteo dejarlo. Esas sombras que he mencionado tienen que ver. A veces incluso se me aparece una cornada muy fuerte que un toro me pegó en Sevilla. Estoy toreando y se me viene el recuerdo porque el toro que tengo delante me la recuerda. Y entonces dudo. Creo que hay un equívoco conmigo. Se me considera un torero técnico, a veces frío, pero yo me reconozco como un torero y un hombre pasional y apasionado. Me entrego mucho”.

Los niños reanudan el acoso al padre. Interrumpen la conversación. O más bien la derivan al debate del animalismo. “¿Tú crees que están traumatizados?”, nos pregunta el joven patriarca. “Estos niños viven en la naturaleza. Conocen los animales, los árboles. Están en contacto con la vida, y viven con naturalidad la muerte. Porque la muerte es parte de la vida, aunque pretendamos esconderla. Me da rabia el malentendido de los toros. Al toro no se le maltrata, se le respeta. Yo crío toros, los cuido en el campo. Y son los antitaurinos quienes parecen querer exterminarlos, incluso a costa de dañar los ecosistemas. El mundo taurino tiene que explicarse mejor. Hacer pedagogía. Hemos pecado de pasividad, de división”.

El Juli considera prioritario desvincular la tauromaquia de la ideología. Rescatarla de la refriega política. “La bestia se despertó en Cataluña. La decisión de prohibir los toros y de cerrar la plaza de Barcelona trasladó el mensaje de que los toros eran una españolada. Y a partir de ahí empezó a relacionarse la fiesta con lo conservador y el antitaurinismo con lo progre. Es un despropósito. Los toros son un fenómeno universal. Y su perversión política es solo una manera de utilizarlos como arma arrojadiza. Este malentendido me obliga a mí mismo no a votar según mis ideas políticas —siempre he votado—, sino a diferenciar entre los partidos que los atacan y los que los protegen. Es un gran sinsentido”.

Publicado en El País

Juan José Padilla: «El valor no era para torear sino para volver a ser un hombre libre»

El torero, que sufrió una tremenda cornada en la cara y perdió un ojo hace siete años convirtiéndose en un icono de superación, torea este viernes en San Isidro en el año de su retirada de los ruedos. Se le acerca el descanso al Ciclón de Jerez.

Por Patricia Navarro.

Dice Padilla que las cornadas se olvidan para no convertir la vida «en un camino de amargura». El cuerpo del torero gaditano es un mapa en el que encontrar en cada cicatriz un puerto de montaña, un alto en el camino… Hace siete años, cuando la temporada llegaba a su fin en Zaragoza le tocó subir al Everest tras una dramática cornada que le convirtió ya para los restos en un icono de superación: el pirata Padilla. Sin un ojo, con problemas de audición, en la mandíbula y para hablar, regresó en tiempo récord (cinco meses) porque torear fue la manera de salvar al hombre. Ya sin parar, mientras las temporadas se sucedían, se sometió a interminables operaciones que le devolvieran la simetría en su cara, en la boca, recuperar la dicción… Y superarse día tras día. Ya ha cumplido los 25 años desde que tomó la alternativa. El cuarto de siglo exponiendo la vida y los pedazos de ella. Se recompuso de sus cenizas cuando dejó de creer y a finales de la temporada pasada, de vuelta de aquel lugar donde estuvo a punto de morir y nació con el tiempo un nuevo Padilla, decidió que había llegado el momento. La hora del adiós. El descanso del guerrero. El cambio de tercio. Y afronta así el año de la despedida. Será el viernes cuando haga su último paseíllo en la plaza de Madrid, en San Isidro, un cartel estrella con Castella y Roca Rey. «Esta etapa tiene mucha magia y la quiero disfrutar». Dice, y lo dice mientras cura a uno de los muchos perros que tiene en casa y que ha sido atacado por otro.

Parece que entre los conceptos de torero y animal hay un conflicto. ¿Qué relación tiene con los animales?

–Tengo muchos en casa y no sabe la gente nuestra sensación y nuestro amor hacia los animales. Yo he convivido con ellos desde pequeño y tengo pasión. Por eso me da tanta rabia que nos juzguen como maltratadores y personas violentas sin conocernos.

–¿Cómo justifica entonces la muerte del toro?

–Aunque suene crudo, si no muere el toro muere la Fiesta. Todo deja de tener sentido. Es la rúbrica a la exposición tan de verdad que se da entre el hombre y el toro. Es la suerte suprema que tiene vital importancia.

–¿Se pasa miedo en esa suerte suprema?

–Mucho. Son los momentos en los que pierdes de vista la cara del toro. Miras sólo el morrillo donde vas y pierdes el movimiento de la cabeza, lo que va a pasar, haces la cruz y… Por eso hay tantas cornadas e incluso muertes.

–¿Cómo se afronta la temporada sabiendo que es la última?

–Contento por todo lo que estoy viviendo. No me esperaba el cariño que estoy recibiendo. En algunos momentos siento emociones encontradas. A veces tristeza. Me ocurre cuando me quito el vestido de torear y pienso que el año que viene ya no voy a torear en esa plaza. Ahí me da un arrebato de nostalgia. Pero estoy convencido de dejar de torear, de retirarme y lo vivo con ilusión.

–¿Por qué se va ahora?

–Porque lo he elegido yo. No quería que me apartase el toro ni el público, porque dejara de interesar, o los médicos. La temporada pasada fue buena y pensé que había llegado el momento de decir adiós ahora en un punto álgido.

–¿Esa decisión se consulta con alguien?

–No. La tomé solo, porque la decisión de reaparecer también la tomé solo.

Esa tuvo que ser muy complicada.

–Fueron momentos muy difíciles. Tuve lagunas en las que la vida no tenía sentido. En el hospital me sentía fuerte, pero después me derrumbé y me di cuenta de que era muy difícil superar el trance. Supe que torear podía salvar al hombre. Aquella decisión la tomé yo y la de la retirada también. Después se lo dije a mi mujer y mis hijos.

–¿Cómo se lo tomaron?

–Pues hubo de todo. Mi mujer siempre ha sido imparcial. Ella me ha apoyado siempre, sin presionarme para tomar una decisión u otra. Pero yo creo que también sentía que había llegado el momento de disfrutar juntos de otras cosas. Pero Paloma, mi hija, que es muy aficionada y me sigue a muchas plazas, no quería que me retirara. La tuve que convencer de pasar a una nueva etapa y ver los toros juntos desde el tendido.

A pesar de haber vivido experiencias tan duras en casa…

–Ella tenía siete años cuando me pasó el percance de Zaragoza y ella se enteró de todo, pero creo que ama profundamente el toro… Yo he hecho lo mismo con mis dos hijos y no lo sienten con la misma intensidad. De hecho, en la cornada de Valencia, que ella estaba en la plaza, me acerqué al burladero y ella me hizo una señal con los dedos de fuerza y en la enfermería me besó y llamó a su madre con una entereza enorme. Esos valores yo creo que se los ha transmitido su madre. Los tributos que se pagan en el toreo con normalidad.

–¿Cómo es hacer el último paseíllo en Madrid?

–Todos los paseíllos son para mí especiales esta temporada, pero el de Madrid es algo que supera todo por el respeto que le tengo a esta plaza. No quiero que sea una tarde con sabor a despedida sino con la sensación de que me gano el siguiente San Isidro.

–¿Cuesta más vestirse de torero sabiendo que se va?

–Sí, pero eso es una lección de amor propio de la profesión. Yo lo he vivido de otras generaciones. Ruiz Miguel, César Rincón, Espartaco… las grandes figuras se fueron como si no tuvieran nada y me gustaría dar un reflejo de aquello.

–¿Le queda un sabor amargo de la cornada de Zaragoza?

–No le tengo rencor al toro. La sensación que me queda es la de conocer el sufrimiento que hay como parte de la gloria. Llevo mucho sufrimiento, pero he recibido mucha gloria. Cada vez que he vuelto a torear en Zaragoza pensaba dentro de mí que algo así no podía volver a suceder, que volvería a sentir la gloria y así ha sido. Estoy agradecido al toro, a mi profesión y a todos los médicos que han hecho posible llegar hasta aquí.

Esa cornada marcó un antes y un después también en su profesión.

–Después de 18 años matando las corridas duras, en las que el corazón bombea a otro ritmo, cuando tuve el percance me llegó la oportunidad de torear otro tipo de corridas, en otros carteles… He vivido una cara más amable del toreo.

–¿Cuál ha sido esa tarde inolvidable?

–La de la reaparición en Olivenza cinco meses después de la cornada en Zaragoza. Causó un impacto mediático brutal y me sentí muy arropado por mi gente. Significaba mucho por todo lo que dejaba atrás. Jamás lo podré olvidar. Al salir a hombros, miraba al cielo y me sentía cerca de Dios.

Pero la recuperación estaba lejos de acabar ahí, quedaba todavía mucho quirófano por delante.

–Sí. Reaparecí en marzo y después en Valencia salí intervenido de la mandíbula que me habían puesto cuatro placas, una operación de cinco o seis horas y toreé a los pocos días. Pero para mí fue importante, y acertamos, poner fecha de reaparición para tener la mente centrada. Tenía fisio, logopeda, el centro de alto rendimiento y mi preparación como torero a la vez. Según salían la fechas de torear era como que de las intervenciones no me iba dando cuenta, a mí me ha ayudado mucho.

–¿Qué ha tenido que ir mejorando?

–He tenido que corregir la simetría de mi boca y la pronunciación. No he podido comer bien durante casi dos años, porque las mandíbulas no funcionaban. Me tuvieron que poner placas, tornillos… Y la audición también. Además me crea vértigos y el acúfeno al que ya me he acostumbrado.

–¿Cómo se ha ido adaptando a estos desafíos delante de la cara del toro?

–A la visión me adapté rápidamente, a la profundidad, a la velocidad. Nunca he derramado agua en una vaso. Me acuerdo mucho de una conversación con Feliciano López, que él tuvo problemas con la visión de niño, y me dijo que jugara al tenis o pádel y lo hago. Me costó más la audición, perdía el equilibrio, las vueltas, las largas cambiadas, me desorientaba y me costó la adaptación.

–¿Se llega a olvidar un percance tan duro?

–Sí. Si no la vida sería muy amarga y he conseguido darle la vuelta a todo. Era más importante ver a mis hijos y mi mujer bien y la sonrisa ha vuelto a mis labios y he vuelto a ser el hombre de siempre.

–¿De dónde sacó el valor Padilla en aquellos momentos duros?

–Hubo lagunas profundas de estar solo en la habitación durante mucho tiempo. Recuerdo mirarme en el espejo y preguntarme ¿dónde está el valor de Padilla? Y la respuesta estaba en afrontar la vida tal y como me había venido, no en el valor de ponerme delante de un toro. El valor era salir a la calle, cenar con mi familia, ver a los amigos, ir al cine, no tener miedo, no ocultarme, destaparme. Ser un hombre libre. Eso ha sido para mí la verdadera importancia de la vida.

No estuvo solo.

–Hubo mucha gente que se entregó. Adolfo Suárez no se separó de la cama del hospital. Ni después. De médicos y hasta hoy. Ha sido un puntal para mí y para toda la familia y además un hombre que ha pasado por circunstancias tan duras en la familia. Es un amigo y un hermano. O Finito, que es padrino de mi hijo, y su mujer Arantxa, en los momentos duros y en los felices. La Casa Matilla, y por supuesto Diego… Y tantos y tantos compañeros.

El pirata acabó convirtiéndose en un icono, incluso entre los niños.

–Yo no soy un hombre de estudios, pero he tenido la oportunidad de expresar todo lo que he vivido para ayudar a personas que también han pasado o pasan por momentos complicados. Hay que dar fuerza a los valores de la vida para empezar de nuevo. Yo no soy ejemplo para nadie, pero sí he tenido ejemplo en otras personas y me ha ayudado. Perder un ojo no puede ser todo, hay que valorar lo que se tiene.

–¿Qué se ve haciendo?

–No soy un hombre de futuro dejo la vida en mano de Dios. Pero me siento tranquilo.

En este tiempo ha protagonizado varias polémicas también, algunas de manera indirecta, como la retirada en Barcelona de una imagen suya de fotografía.

–No me ofendió por mí, sí sentí que se retiraba la tauromaquia, la cultura, la fiesta y eso duele.

–¿Orgulloso de su bandera?

–Yo sí. Y me da mucha envidia cómo otros países la lucen con orgullo. Yo no me avergüenzo, aunque muchos no la respeten.

Publicado en La Razón

Álvaro Lorenzo: “En el toreo la vida te puede cambiar en diez minutos”

Por Javier López.

Foto: ‪@ErustesCesar‬ / Twitter.

Madrid, 5 abril .- “La grandeza de esta profesión es que te puede cambiar la vida en diez minutos”, dice el torero Álvaro Lorenzo, que ha pasado de promesa a firme realidad gracias al triunfo del pasado domingo en Madrid, cuando consiguió abrir la Puerta Grande de Las Ventas tras cortar tres orejas.

Lorenzo nació en el barrio toledano de Santa Teresa el 2 de agosto de 1995. Sin antecedentes taurinos en la familia, se formó como torero en la escuela taurina de su Toledo natal, donde empezó ya a despuntar por sus extraordinarias maneras.

Considerado una de las “figuras” de los novilleros de los últimos tiempos, su incipiente carrera como matador de toros -tomó la alternativa en 2016, en Nimes (Francia) de manos del Juli- necesitaba de un golpe en la mesa como el que dio el pasado 1 de abril en la primera plaza del mundo para despegar definitivamente.

Pregunta: Una tarde que jamás podrá olvidar…

Respuesta: Es lo que siempre he soñado desde que empecé y lo que me hacía falta para empezar a abrirme paso en esta profesión tan difícil. Por fin, todo el trabajo y el sacrificio de este tiempo atrás tiene su recompensa. Ahora, a seguir y a mantener este nivel.

P: Más importante, si cabe, por el hecho de lograr tres orejas en su segunda tarde como matador de toros en Las Ventas y por lograr poner a todo el mundo de acuerdo.

R: Sin duda. Cortar tres orejas en una plaza como Madrid es algo muy difícil, deben darse muchas cosas para que esto ocurra: tener la suerte de que los dos toros embistan, que los cuajes, los mates bien, no moleste el viento y que el presidente esté de acuerdo con la petición. El domingo, gracias a Dios, se dieron todas.

P: ¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza al rememorar su actuación?

R: Sinceramente, lo tengo todo muy difuso. Me entregué tanto que, la verdad, hay momentos que te olvidas de todo y te dedicas únicamente a disfrutar el momento y saborearlo. Recuerdo que disfruté mucho toda la tarde, desde el paseíllo hasta que llegué al hotel.

P: Y qué gran lote de El Torero el que le cupo en suerte.

R: Sí, fueron dos toros magníficos. El primero fue más exigente y pedía más concentración y precisión en todo lo que se le hacía; pero el sexto fue un torrente de bravura que me permitió abandonarme, sacar el toreo que llevo dentro y disfrutarlo muchísimo.

Y, claro, cuando un torero disfruta tanto en la cara de un toro, Madrid lo capta enseguida y se entrega como ninguna otra plaza lo hace.

P: ¿A qué suenan los olés de Madrid?

R: Notar a las cerca de 10.000 personas que hubo aquella tarde es algo muy grande. Ese calor, esos olés tan profundos…, una auténtica maravilla. Ya estoy deseando volver a notarlos otra vez.

P: ¿De quién se acordó cuando enterró la espada en lo alto del toro Viscoso?

R: En ese momento lo único que quería es que el toro cayera rápido y no se levantara. Pero la muerte de bravo que tuvo también ayudó a que la gente se calentara todavía más.

Luego es verdad que, cuando cogí las dos orejas, me acordé de todos los que han confiado en mí desde el principio, los que me han ayudado y han estado conmigo en las buenas y en las malas: mis padres, mi apoderado, mi cuadrilla, don Pablo -Lozano- (su mentor desde que toreaba sin caballos), de mi gente en definitiva.

P: ¿Qué se siente al cruzar el umbral de la Puerta Grande de la primera plaza del mundo?

R: La verdad es que pasó todo muy rápido. Pero es algo indescriptible. Ver a tanta gente esperándote, gritando “¡Torero, torero!”: no quería llegar nunca a la furgoneta, me hubiera gustado paralizar el tiempo justo en ese momento.

P: Con este triunfo se une a la nutrida nómina de toreros jóvenes llamados a renovar al escalafón. ¿Cómo afronta esa responsabilidad?

R: Con mucha ilusión. Me siento muy capacitado para entrar en esa baraja. Ya me sentía antes, aunque necesitaba un toque de atención así para dar motivos a los empresarios para que cuenten también conmigo.

P: Ya no tendrán excusas para no incluirle en las ferias.

R: Pienso que este triunfo ha llegado en un momento muy bueno de la temporada, cuando las ferias están aún sin cerrar. Ojalá sea así y pueda estar en todas esas ferias donde hasta ahora, por unas cosas o por otras, me estaba costando mucho entrar.

P: Sabe que lo difícil de esto no es llegar, sino mantenerse.

R: La grandeza del toreo es tal que te puede cambiar la vida en diez minutos. Como en mi caso. He pasado de ser prácticamente un desconocido a que me conozca todo el mundo.

Pero ahora hay que seguir. No conformarse ni creérselo. Esto no es una meta, sino el principio del camino. Soy todavía muy joven y debo mantener los pies en la tierra. Esta profesión no es abrir la Puerta Grande de Madrid y ya está. Hay que seguir con la misma humildad y espíritu de sacrificio. Así, y solo así, lograré el objetivo e llegar a lo más alto.

P: En San Isidro le van a esperar y a medir con más exigencia. ¿Preparado para notar al Madrid más estricto?

R: Por supuesto. Es más, lo estoy deseando.

Publicado en La Vanguardia

Morante: “La afición debe estar agradecida porque no me haya ido”

Morante: “La afición debe estar agradecida porque no me haya ido del todo”

El genio de La Puebla se sincera: dice no tener ningún trauma por no estar anunciado el Domingo de Resurrección en Sevilla y se reafirma en su circuito de 30 tardes sin televisión para la temporada 2018.

Por CARLOS CRIVELL.

Acude a una entrega de premios vestido de forma casi convencional. Chaqueta gris azulada, corbata naranja y pantalones rojos. Tan convencional que ahora solo luce unas enormes patillas, casi barbas, pero que respetan la barbilla. Le acompaña Pepe Luis. Atiende a todos; más que a nadie a un grupo de chavales de la Escuela Taurina de Sevilla que buscan la foto con el maestro. José Antonio Morante Camacho, Morante de la Puebla, abrió el fuego de su palabra en el agradecimiento. Habían leído los motivos por los que recibía el trofeo ‘a la mejor lección taurina’ de la pasada Feria de Abril. “Os lo agradezco. Habéis entendido bien mi mensaje y mi manera de estar en la plaza”. Y habló de torería, “que es lo que distingue al toreo de cualquier otro arte”.

En la conversación posterior se le preguntó por este tiempo sin torear en público; por una primavera sin Sevilla en el horizonte. “Este tiempo sin torear, ahora cuando se acerca el Domingo de Resurrección, es para pensar y me hace dudar mucho de mí y de hasta dónde quiero llegar. Estoy pendiente de lo que pasa en la Fiesta, de las corridas de las primeras ferias. Todo ello me ofrece una perspectiva sobre cómo están las cosas y sobre lo que yo quiero hacer. En el plano físico, está claro que estoy más tranquilo que otros años”.

¿Nota que la afición le reclama en las plazas?

Sí, sí; noto que hay aficionados que me están esperando. Y lo llevo bien, al menos no me hace doblegarme. Entiendo que es una responsabilidad grande, pero por otro lado la Fiesta necesita de la torería y del misterio, y creo que soy un representante adecuado para llevarlo a cabo.Sin embargo, muchos le acusan de abandonar a la Fiesta en estos momentos.No es fácil. El toro es muy duro. Yo tengo ya un recorrido y aunque ahora los toreros duran mucho más que antes, no es agradable estar continuamente jugándote la vida ante los toros y ante un público que, a veces, hace mucho daño con sus exigencias. Eso hay que superarlo, pero no es fácil. La afición debe estar agradecida porque no me he ido del todo.¿Es definitiva la fecha del 12 de mayo para la vuelta?El regreso será en Jerez el 12 de mayo. Y después hay más corridas en Valladolid, Brihuega, Santander, Sanlúcar de Barrameda, las de Sevilla en septiembre. Como vuelvo después de Sevilla y no voy a Madrid, todo está más relajado.

¿Era preciso cambiar de apoderado?

Soy culo de mal asiento. Me motiva a veces cambiar de apoderado. Era el momento de cambiar. Lo mismo que llegará el momento de cerrar una página y dejarlo todo en suspense.

¿Qué temporada quiere hacer en 2018?

Quiero torear unas 30 corridas de toros este año. Son las que hay, porque si toreo más me tendría que meter en muchos berenjenales¿Por qué no quiere televisión en sus corridas?Lo he pensado durante mucho tiempo. Entre los beneficios y los perjuicios de la televisión, ganan los segundos. El toreo es misterio. Con la actual forma de retransmitir, tan dicharachera, con gente tan experta que están todo el tiempo queriendo descifrarlo todo, yendo muchas veces por delante de lo que ocurre, creo que todo eso no es bueno porque no se mantiene ese misterio que siempre he apreciado en lo que yo veía de joven en la televisión. Se ha desvirtuado mucho. Los comentarios se quieren equiparar a los de los partidos de fútbol, y eso no tiene sentido porque acaba con la intimidad que necesita quien está viendo la corrida en su casa. Curro Romero decía que le gustaba el público del tenis. A mí me gustan los comentaristas del tenis. Cuando saca un jugador, silencio. Cuando acaba la jugada, se habla. Se ha querido magnificar una alegría popular en los comentarios y el toreo es mucho más serio que toda esa farándula. No estoy a favor de la farándula.Pero la televisión es necesaria. En una gran servicio para la afición.Me gustaría que la televisión se acomodara más a la realidad. No me gusta que se televisen feria completas muy largas. Hay que crear acontecimientos y hacerlo con corridas muy especiales, como se hizo siempre. Y que conste que el canal Toros es para aficionados que pagan para verlo, que hacen una labor conjunta muy buena, pero aprecio que se manosea mucho el festejo. Es mi opinión.

¿Hacia dónde va su tauromaquia?

Me gustaría captar a Joselito El Gallo. Pero lo más difícil es seguir a Joselito El Gallo. Mi meta sería parecerme a José cuando salía a torear. El toreo pasa por unos momentos demasiado estáticos, preconcebidos y aburridos. Me gustaría darle la vuelta a todo aquello que se puede intuir. Es un misterio y una maravilla que se debe observar y sentir, no descifrar.¿Siente no torear en Resurrección en Sevilla?No estoy en Resurrección, pero no estoy por ello muy apenado. El torero sale a jugarse la vida y repito que no es fácil torear. Decía Belmonte que si los contratos tuvieran que hacerse en un patio de cuadrillas no se firmaría ninguna. Después de una tarde de triunfo se firma lo que te pongan por delante. En mi caso el año pasado no hubo un triunfo grande en Sevilla, así que no soy el más oportuno para firmar ese tipo de corridas. Veo la dificultad. Que no se piense que estoy abrumado por no torear en Sevilla el Domingo de Resurrección. Prefiero disfrutar como aficionado y seguir con mis pensamientos sobre lo que quiero hacer en las plazas. Ya en septiembre, con el rodaje de la temporada, será otra cosa.

¿Habrá este año corridas junto a José Tomás?

Se habla mucho, pero la realidad es que no hay nada ahora mismo. De José Tomás no tengo ninguna noticia. Eso me dice Manolo Lozano. Hubo comentarios sobre corridas con José Tomás y Pepe Luis, pero fueron simples especulaciones.Me dijo en cierta ocasión que no quería irse del toro sin matar seis toros en Sevilla. ¿Cuándo será el momento?Paula me dijo a mí que no se quería ir de los toros sin matar uno bien. Lo de los seis toros se queda, de momento, en la intención. No me he sentido bien nunca al matar seis toros. Es difícil que los toros que ayuden en esas corridas. No sé, no son corridas de mi agrado ahora mismo.¿Qué quiere aportar en su vuelta este año?El deseo es abstracto en mi mente, pero me hace falta la ayuda del toro. Mi intención es darle un aire más fresco al toreo, con movilidad alegre y lejos del tancredismo que ahora domina en la Fiesta.

Y se acaba la charla realizada en el marco solemne del Salón de Carteles de la Maestranza, rodeado de las pinturas que han anunciado las ferias, tan modernas, tan contestadas, pero que son el marco para la charla con el de La Puebla. Antes de marcharse, otra vez los chavales vuelven a pedirle fotos. Nadie se quedó sin ella. Morante, relajado, al alcance de todos.

Publicado en El Mundo

«La gloria del toro es morir en la plaza»

Pilar González del Valle, marquesa de la Vega de Anzo: «Hay corridas en las que más que pasodobles suenan arias de Wagner por la belleza de la lucha»

Por M. F. ANTUÑA GIJÓN.

La Marquesa en su casa. Foro de Iñaky Martínez.

Nobleza y tauromaquia obligan: Pilar González del Valle entra a todos los trapos sin miedo al qué dirán. La marquesa de la Vega de Anzo nació en San Sebastián y vive en Madrid, pero se siente asturiana por los cuatro costados. Nunca falta a su cita con El Bibio y a sus veraneos en el Principado.

¿Qué tiene Asturias?

-Que es mi tierra, mi patria chica, mi patria grande, donde nació España. Cuando paso el Negrón, pienso: «Soy de aquí y pertenezco aquí». Es una fuerza, un carisma.

-¿Y qué tiene El Bibio que no tiene la Maestranza?

-La Maestranza es la alegría sevillana, a ellos le gusta el arte en el toreo, y, en El Bibio, aparte de ser una de las plazas más bonitas de España, están conjugadas dos cosas: el gusto por el toro y por el arte en el ruedo.

-¿Se acuerda de su primera corrida?

-Nací aficionada, he visto toros desde siempre, pero sería con ocho o nueve años.

-Pues hay quien dice que los niños no deberían ir a las corridas.

-No me voy a meter en este momento a contradecir a un animalista, pero mis nietos tienen un gen que hace que a ellos les guste el toro y son absolutamente ecologistas, y a todos los niños del mundo que van al campo les gustan los toros. El toro es un animal que lucha por embestir, por ser el ganador. Resulta que sí se puede hacer un aborto y no se puede hacer una corrida de toros, y sí se puede comer carne de pollo de un mes y no se puede hacer una corrida… El toreo es algo que juega con el arte y con la bravura de los hombres de España.

Pero el movimiento antitaurino se hace fuerte.

-Están casi todos pagados. Y esas personas siguen comiendo carne, siguen abortando, abandonando mascotas. Es política.

-Para quien no lo ve, ¿dónde está el arte?

-Hay corridas que tienen arte, hay corridas en las que, como decía un gran amigo mío, en lugar de tocar pasodobles, la cosa es tan fuerte, tan trágica, que podría sonar un aria de Wagner por la fuerza de la belleza que hay en la lucha del hombre y el toro. De todas formas, el que no quiera ir que no vaya, pero que nos dejen a los demás disfrutarlo.

-¿Corridas sin muerte?

-El toro es el animal que mejor vive en el campo, con una alimentación especial, en libertad. Ellos mismos luchan contra ellos, tienen ese instinto de la lucha. La gloria para un toro es morir en una corrida, así que no, no estoy de acuerdo con las corridas sin muerte.

-¿Habrá toros dentro de cien años?

-Rotundamente, sí. Es ancestral. Y le podría hablar de miles de espectáculos donde actúan los animales con menos dignidad que el toro bravo.

Los toros son también vida social.

-Los toros son arte, inteligencia y mucho más. ¿Vida social? El ambiente de una corrida de toros es diferente a una fiesta social. Ves expectación, gente que va a emocionarse, no a divertirse, a gozar o a sufrir, pero no a divertirse como si fuera a un baile de carnavales.

Pero hay mucho de ver y dejarse ver en barrera, palco o callejón.

-Hay matices. Hay aficionados y entendidos. A los que nos gusta de verdad, nos da igual estar en una barrera que en una andanada. Yo entiendo al toro cuando sale, y eso es un don. Un pintor pinta y ve siempre su obra, Mozart compone y oye siempre su partitura, pero el toro, la corrida, es algo único, no vuelve nunca más, es arte, inspiración.

-Pero no me niegue que hay mucho postureo.

-No lo niego. Hay quien quiere ver los toros y quien quiere dejarse ver, pero como en todas partes, como en una ópera. Ya le digo: la diferencia entre aficionados y entendidos.

-¿Pero hay más aficionados o entendidos?

-Hay más aficionados. Entender los toros es un don. Hay grandes aficionados que no llegan a ser entendidos.

Asesora taurina de Madrid, primera mujer en presidir la peña José y Juan, en el jurado de los Premios Mayte. ¿Lo suyo es feminismo?

-No, no. Para nada, no soy nada feminista. Soy una antigua. Soy poco feminista por una razón: creo que las mujeres ahora mismo, y se va a molestar mucha gente, están en las universidades, en los puestos importantes, hay una gran cantidad por encima de los hombres, pero, ay, amiga, de repente te casas, tienes hijos y los tienes tú, no los tiene el hombre. O atiendes a una cosa o atiendes a otra. No puede tener la misma disponibilidad una mujer que tenga tres hijos porque en España, por desgracia, no es posible. Tendríamos que vivir en Alemania o en otro país.

-Pues mire que el mundo del toro es machista.

-Bastante machista. Y además mi amiga Cristina Sánchez sabe lo que voy a decir: hay mujeres que torean como nadie, pero a mí me gustan más los hombres, me dan más tranquilidad.

-¿Se romperá esa dinámica?

-Con el tiempo… Pero es un mundo machista. En una escuela de tauromaquia, si hay cien niños, hay una niña o no hay ninguna.

-Pues son tiempos de revolución femenina.

-Me parece de miedo. Si usted es la mejor periodista, tendrá que reivindicarse. Lo mismo en los toros que en todas partes.

-¿Será este 2018 el año de la mujer?

-Es un poco pronto. Aún nos queda mucho. Aunque no me guste una mujer en el ruedo, yo he intentado toda mi vida reivindicar su papel. Que triunfe quien sabe, quien puede, quien trabaje, que triunfen las aptitudes y las actitudes.

-Oiga, ¿ser marquesa pesa?

-No pesa. Es una responsabilidad y bonita.

-¿Nobleza obliga?

-Pues sí. Soy marquesa gracias a mis antepasados. Es mi título, intento llevarlo con una dignidad imponente, estoy orgullosa de la herencia que me han dejado. Mi abuelo, mi padre, en Grado, eran referentes.

-¿Qué me dice de Cataluña?

-Me parece un horror. Como a casi todos los españoles. El otro día lo hablaba con Albert Boadella, que es muy amigo mío. Hay muchísimos catalanes que quieren seguir siendo españoles y nosotros tenemos que ayudarles a salir del marasmo.

-Dice la Wikipedia que es amiga de muchas celebrities. ¿Su agenda vale millones?

-No lo sé. Son mis amigos. Pero da igual. Yo soy amiga de un paisano de Peñamellera y de algunas celebrities, pero cuando salgo con el paisano no nos sacan en la foto.

-¿Quiénes le han calado más?

-Sandro Pertini, Carlos Osoro, Carlos Amigo, Severo Ochoa…

-¿Alguno le habrá decepcionado?

-Varios, hay mucha gente que tiene fachada pero no es nada.

-¿A quién admira especialmente?

-A mi amiga Alicia Koplowitz, una mujer comprometida con España, con el arte, con las labores sociales.

¿Vale más por lo que calla…?

-Totalmente cierto.

Publicado en El Comercio 20