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Istres: Cornada y triunfo de Luis David Adame

MOMENTO DE LA CORNADA SUFRIDA POR LUIS DAVID EN LA PLAZA DE ISTRES | JUSTINE MESSINA | @LUISDAVIDADAME.
MOMENTO DE LA CORNADA SUFRIDA POR LUIS DAVID EN LA PLAZA DE ISTRES | JUSTINE MESSINA | @LUISDAVIDADAME.

De SOL y SOMBRA.

Abrió plaza un toro de Jandilla que lidió con temple Antonio Ferrera en los primeros tercios. El toro no estuvo sobrado de fuerzas, por lo que el diestro tiró de pulso y mucho temple para no violentar al toro. Mató de una estocada y fue ovacionado.

El cuarto fue otro ejemplar enclasado pero al que le faltó chispa en el último tercio. Ferrera realizó una faena correcta por los dos lados, con fases muy limpias. Pero al conjunto le faltó coger vuelo por la escasa transmisión del toro de Jandilla. Mató de una estocada entera pero el toro tardó en caer, por lo que llegaron a sonar dos avisos. Aún así, Ferrera dio una vuelta al ruedo.

Sebastián Castella comenzó a cimentar su triunfo en Istres cortando una oreja a su primer oponente, al que recibió con verónicas de rodillas y al que quitó después por ajustadas chicuelinas. El diestro galo, que reaparecía tras su percance y triunfo en Las Ventas, toreó con firmeza y aguante a un toro noble y enclasado. Muy buenas tandas al natural y muy despaciosos los cambios de mano. Alargó la faena y tras un pinchazo, el premio quedó en un trofeo.

El quinto salió abanto pero se fue centrando a lo largo que transcurrió la lidia, terminando embistiendo con notable nobleza y profundidad. Castella se explayó en una faena muy completa, con naturales de largo trazo y redondos de ajustado compás. Una tanda final a izquierdas a pies juntos fue la más lograda. La estocada cayó caída pero no fue impedimiento para que Castella pasease las dos orejas del toro.

Luis David se mostró variado con el capote ante el tercer toro de Jandilla. El toro tuvo raza, buen son y mucha clase, lo que aprovechó el mexicano para trenzar una faena ligada en la que siempre dio mucha dimensión y largura a los muletazos por ambos pitones. Pese a un pinchazo previo a la estocada, paseó una oreja como recompensa.

Al sexto, el torero azteca le cuajó un precioso quite por zapopinas. Después, muleta en mano, Luis David toreó con templanza y largura a otro buen ejemplar de Jandilla. Expuso mucho el joven diestro, que epilogó su faena con unas ajustadas manoletinas y una estocada volcándose sobre el morillo de la que salió herido en el muslo. Le fueron condecidas las dos orejas.

Sebastián Castella no quiso salir a hombros por respeto a su compañero herido.

Parte Medico:

El diestro Luis David Adame ha resultado herido este domingo en la plaza de toros francesa de Istres cuando entraba a matar al sexto toro de la corrida de Jandilla.

El diestro azteca ha sufrido una cornada muy extensa en la cara externa del muslo derecho que ha afectado a varios músculos. La buena noticia es que pese a extensión de la herida, ésta ha sido limpia ya que el pitón no ha tocado ni venas ni arterias importantes.

Luis David ha sido intervenido en el misma enfermería de la plaza de toros de Istres y tras pasar por el hotel, ha emprendido rumbo a Madrid para ponerse en las próximas horas en manos del doctor Máximo García Padrós.

Publicado en COPE

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Ocho con Ocho: Detalles Por Luis Ramón Carazo

En nuestro país el paso de Soñadores de Gloria sigue su cauce y varios novilleros tienen la oportunidad de enfrentarse al mejor maestro, que es el de negro o de otro pelaje que les permitirá evolucionar y a nosotros captar sus avances.

En La Florecita y en Los Azulejos por decir dos lugares cercanos a la capital del país, vemos sus posibilidades y por tanto ellos vienen marchando para cuando en septiembre próximo, los veamos con más bagaje, actuar en La México.

Mientras tanto en Madrid ya va caminando hacia su final y en la que ha prevalecido el tiempo de lluvia y por ello incluso hubo un festejo suspendido el del lunes 28 de mayo y en el que se iba a lidiar un encierro de Partido de Resina (antaño Pablo Romero) que entre otras cosas, provocó polémica pues hubo quien opinó que además de la lluvia la taquilla era muy floja y que por ello la manta protectora del ruedo no se colocó con antelación para paliar un ruedo que a la hora del festejo, era un lodazal.

Y vaya usted a saber, desde México dónde vemos los festejos por la pantalla nos es difícil aseverar si lo último anterior fue cierto, pero a la hora de la hora el ruedo estaba imposible y eso está fuera de discusión.

Previamente, hubo una anécdota que se gestó en el Vivero de Coyoacán dónde asiste a dar clases Pardete matador de toros mexicano en el retiro y quién fue a España para estar al lado del zaragozano Ricardo Torres, en la tarde del 28 de mayo en La Ventas; por azahares del destino cuando estaba preparándose el torero unos pocos días antes en una plaza de tientas, sufrió una fractura y se bajó del cartel que con tanta ilusión esperaba.

Fue sustituido Ricardo como sabemos, pero cuando no se puede no se puede dice el refrán y el festejo por el agua fue cancelado y ya sabremos si Ricardo, quién actúa muy poco recibe o no la oportunidad allí o en otra plaza en el futuro. Ya sabremos por Pardete en su regreso a México, los detalles.

La única tarde en la que estaba programado Enrique Ponce con Sebastián Castella y la confirmación de alternativa de Colombo, sirvió para que del arcano Enrique, tejiera lidiando una faena de aquellas en lo que lo importante no fue el natural o el pase con la derecha, sino el usar la muleta para lidiar a un marrajo, lástima que no fue acertado en la suerte suprema, hubiera sido importante lucir un trofeo en la mano, por su faena de gran cerebro el 30 de mayo al segundo de la tarde de Garcigrande y con el primero de Valdefresno esté más suave, estuvo en la misma tesitura.

Cómo muchos lo sabrán, ese día se fue en hombros Castella con una actuación en la que se jugó la piel literalmente y estuvo a punto estuvo de sufrir un grave percance, sin librarse de una dolorosa herida en cara lateral parte posterior del pie izquierdo, así como contusiones y erosiones múltiples.

Cuando ello ocurrió, la atinada actuación de Enrique lidiando de capote mientras su compañero decidía con gran arrojo, seguir en la faena, es como para recordarla cómo una lección de torería y compañerismo.

Y el 1 de junio de 2018 queda también en la memoria, la séptima actuación de Cayetano Rivera Ordoñez en Las Ventas por su capacidad histriónica, por arriesgar, por hacernos recordar que su estirpe taurina tiene raíces en los Dominguín, los Ordoñez, los Rivera y que sus genes lo impelen a tener detalles con el toro y sin él (como cuando pidió al alguacilillo que esperara para recibir un muy protestado trofeo) y luego cuando en su segundo astado, buscando salir en hombros, se fue a la puerta de toriles a pegar una larga.

Cayetano inició en su primero la faena por alto, sentado en el estribo, sacándose luego al animal al tercio, con gran empaque emocionó al público por ese brillante momento que luego completó con una serie por la derecha y una estocada entera para algunos asistentes de oreja, para otros no y por ello las protestas.

Y qué decir de Luis David Adame el 31 de mayo, dejó la estela de capacidad torera por todo lo alto y recordaremos ojala está feria de 2018 como la de su despegue, que así sea.

Pero que importan, lo memorable para algunos, son los detalles en las corridas de toros que permiten tejer historias como las que vimos en el transcurrir de estos días y que al final dan de que hablar, mientras en España cambian de presidente y mientras tanto en el ruedo suceden cosas que seguramente los taurinos enhebraremos con lo acontecido en la política de aquel país en alguna charla y si no al tiempo que es justiciero, me remito.

Se dirá, tal vez entre taurinos ¿Te acuerdas de cuando salió Mariano Rajoy y entró Pedro Sánchez? Claro fue el día en que Cayetano esperó a recibir una oreja por las protestas de muchos, el viernes 1 de junio de 2018 y al revés pudiera funcionar como muleta para recordarlo, ya veremos dijo un ciego, si estoy en lo cierto.

San Isidro’18. XIX de Feria. Corrida de las Seis Naciones

Por José Ramón Márquez.

“La corrida de la OTI” la bautizó con acierto el aficionado R. “La corrida de las seis naciones” es el título colocado por el ingenio Dombiano a este inexplicable cartel del cual lo único que resplandece es su baratura, que la gran apuesta de Domb era la de ver cómo hacer para poder dar otra corrida que a él le salga a precio irrisorio y que le reporte beneficios copiosos. El invento consiste en traer a seis matadores de toros: un francés, un colombiano, un español, un peruano, un mejicano y un venezolano a matar un toro cada uno y colocar en las balaustradas de las salidas de los tendidos altos unas banderas de los correspondientes países, y con eso ya tenemos liada la corrida de la OTI. Faltaba la representación portuguesa, que bien podía haber venido de la mano de Palha, pero prefirieron irse al Puerto de la Calderilla en Salamanca a traerse un saldo ganadero de El Pilar, que les habrá salido bien apañadito en precio, caracterizado por las carencias de los toros en cuanto a presencia y trapío. Sin circunloquios, lo que El Pilar trajo a Las Ventas fue impropio de la Plaza, y es chocante que los eminentes profesores veterinarios que con tanto esmero se aplican a la evaluación de las reses, que el año pasado se vieron impelidos en aras de su deontología profesional a que no se lidiase completo el encierro de Rehuelga, hoy hayan aprobado esas cinco cabras y esa bola de sebo que, dicho de manera harto abreviada, es la corrida de esta tarde, sin entrar en lindezas.

Los de Plaza1 deben tenerle afición a esto de El Pilar porque el año anterior, el primero de la era Dombiana, la primera corrida de los varios hierros que están en manos de todo ese conglomerado familiar salmantino apellidado “Fraile” fue precisamente una de El Pilar. Y hoy, a repetir un año más tarde y aprovechar lo del señuelo de las seis naciones para enviar a la capital seis que pasaban por allí. El programa avisa de que en esto de El Pilar hay un certero blended entre los coquillas de Fonseca y los juampedros de Domecq y ahí hay tema como para echar la tarde intentando ver qué hay de los unos y qué hay de los otros en aquello que corretea por el ruedo, y lo que pasa es que luego te distraes con lo de que no les piquen y ya ni te acuerdas de Fonseca, ni de Domecq y al final el que está de espectador sólo se queda con lo de la mala presentación y los toreros con lo de la mala colaboración, y entiéndase esto último como la poca inclinación a correr tras el trapo que se les presenta de manera perruna y obediente.

El primero que salió a torear fue Juan Bautista, en representación de Francia, del cual podemos decir sin temor a equivocarnos ni a mentir que no hizo en su toro nada digno de ser reseñado. Bien es verdad es que el toro era un soso y un aburrido, pero tampoco las acciones de Juan Bautista estaban orientadas por una neta decisión de poner él lo que el toro no ponía. Se pasó el rato, por cumplir el expediente y el francés se embarulló con la cosa del estoque y se volvió a entre barreras como si no hubiese estado en la Plaza.

Bolívar, que venía en representación de Colombia, estuvo aseado con el capote y al inicio de su faena de muleta, cuando toreaba por ayudados por alto, fue derribado y zarandeado en el suelo por el del Pilar, que se llamaba Jacobo, como el hermano del Duque de Alba, y que portaba marcado a fuego el número 114. Este toro sacó sus cositas que no fueron del agrado de Bolívar, lo primero porque parece que no acabó de recuperarse del susto que le metió el toro mientras estuvo en el suelo a su merced, y lo segundo porque ahí le esperan a la vuelta de cuatro días los albaserrada de Pepe Escolar, que es un reto más serio que el de las seis naciones. Por unos breves momentos pareció que Bolívar daba el paso adelante y hubo tres redondos que tuvieron buen son, pero la verdad es que la condición complicada del toro no fue suficiente acicate como para que Bolívar decidiese entrar en la pelea. El toro miraba mucho y se revolvía y Bolívar, ya definitivamente fuera de la corrida, acabó con él dejándole una estocada baja.

En tercer lugar ahí tenemos a Juan del Álamo, español y mirobrigense, del cual recordamos que el año pasado abrió la Puerta Grande de Madrid, sin que fuésemos testigos de dicho momento de éxito por no haber estado en la Plaza ese día. Su propuesta para hoy consistió en un sacarse al toro a los medios medio flexionando la pierna y en tomar las precauciones oportunas para mancharse lo menos posible el vestido blanco que traía, lo cual quiere decir que toreó de manera extremadamente despegada, muy por las afueras, llevando al animal con el pico de la talega. Le jalearon los consabidos muletazos empalmados, como ya va siendo tradición en esta Plaza, y luego se cambió la muleta a la izquierda donde lo intentó sin lucimiento. Cuando volvió al toreo en redondo el toro había cambiado, parándose tras cada pase, con lo que ni empalme ni aplausos. Y de matar, echándose afuera por dos veces y dejando el estoque a ver dónde cae.

Pasado el “ecuador de la corrida”, lo cual nos viene bien para decir que no tuvimos en este Festival de la OTI ningún toreador ecuatoriano, es decir Guillermo Albán, que es el único que nos suena de los de por allí, llegó el momento de Joaquín Galdós, del Virreinato del Perú. Al toro le puso Campanero el mayoral, y le marcó con el número 60, aunque le habría valido mejor el nombre de Goliat, porque era un grandullón gordinflón que demandaba un nutricionista a su lado más que un torero. El bicho iba a la muleta como el que va a por un Whopper a la hamburguesería, que hay hambre y eso es alimento, sin ilusión ni entrega y arrastrando sus lorzas. Tampoco Galdós dio esa impresión de que si no embiste el toro, embiste él, y más bien ofreció una imagen de si mismo acomodaticia y poco ambiciosa. Inició su faena con los ya consabidos pases de rodilla flexionada y entre medias dejó un cambio de mano y una trincherilla de buen aroma, siendo eso lo más señalado de su toreo en esta tarde. Con el estoque, mal.

Y en esto llegó el quinto, que “no hay quinto malo”, cuya muerte correspondía a Adame II, Luis David. El toro, con el número 59, atendía por Cotidiano, como el “panem nostrum” y tampoco fue el entregado y repetidor torito que Adame hubiese soñado para su trasteo. El animal nunca fue obligado por su matador, que buscaba lo que buscaba, esto es la maldita repetición de la embestida, para poder tundirle a muletazos. Como no se dio, la faena no fluyó y aunque el hidrocálido consiguió recabar algunos aplausos cuando se produjo el empalme, y aunque se tiró a matar con fe en clavar el estoque hasta la gamuza, sus argumentos no fueron suficientes como para que naciese una petición, inmerecida a todas luces, sin que ni siquiera el indecente chantaje que los benhures de la mula ejercen casi diariamente contra la Presidencia tuviera efecto. Luis David dio una vuelta al ruedo, que es un hermoso galardón en peligro de extinción. Se me olvidaba decir que no fuimos capaces de saber el color del vestido que portaba, que quedó perfectamente definido por la aficionada T. como “faja de señora mayor y oro”.

Y como colofón el venezolano Colombo, que en dos días es la segunda vez que le vemos. El toro, Medicillo, número 59 fue picado de pena por Andrés Nieto, quedándose Colombo con la cosa de las banderillas donde reiteró lo visto el día precedente en cuanto a que un matador no debe tolerar que los peones le “aparquen” el toro, que debe esa ser una labor del propio espada si decide banderillear. Puso tres pares, en el primero de los cuales tomó el olivo, y como la colocación de las banderillas del tercero, par al quiebro por los adentros, no fue muy correcta, decidió poner otro más, pura rabia, en el que rompió una de las banderillas, de la fuerza con la que las clavó. Colombo presentó un aire bullidor, muy en novillero con ganas, adoleciendo de muchos de los defectos contemporáneos en cuanto a colocación. En el remate de una serie, en un pase de trinchera, el toro alzó la cara y le arreó un golpazo en la mandíbula con la pala del pitón que fue como el K.O. de Mike Tyson a Tony Tubbs y Colombo se fue a la arena desplomado. Tras unos segundos se reanimó y volvió a la cara del toro a manifestar sus ganas de agradar y como mató de estocada entera con su habitual facilidad las gentes pidieron una oreja, que el usía no concedió con buen criterio, y finalmente el joven torero venezolano dio una vuelta al ruedo, la segunda de la tarde, que eso sí que es raro de ver.

La cosa del olivar entre el peonaje se la llevó de calle hoy El Pilo, que tomó el olivo dos veces de dos pares, aunque bien es verdad que en el segundo de ellos no había nadie en su sitio a hacerle el quite y tuvo que ser el alguacil quien distrajera al toro con las plumas de su sombrero. José Manuel Más también optó por tomar el oprobioso olivo banderilleando al quinto.

Salmonetes ya no nos quedan

San Isidro: La ONU taurina llega a Las Ventas

Por Fernando Fernández Román.

Era un experimento. Un ramalazo de genialidad, de buscar la novedad. Lo nunca visto, o casi nunca; en suma, un aliciente más, un pimiento del piquillo picante, para reavivar la cartelería maratoniana de esta feria de San Isidro. Dígase lo que se quiera, no se puede negar que, en principio, lo de la corrida de las Seis Naciones cayó bien. La ONU taurina se presenta en Las Ventas. Era una curiosidad que apetecía descubrir y discernir, llegada la hora. Y la hora llegó: las siete de la tarde del jueves del Corpus Christi, al tiempo que, a menos de una hora de camino en coche, se celebraba una corrida de toros de postín. Lo diré con letra de sevillana lenta de Chiquetete: A la Puerta de Toledo…/ en el mismo sitio (su plaza de toros) y a la misma hora, cuatro toreros, Morante, El Juli, Talavante y Álvaro Lorenzo, llenaban el coso de la imperial ciudad y se entretenían en cortarles ocho orejas a los toros de Garcigrande.

Tan brutal competencia hizo que los graderíos de la Monumental de Madrid se cubrieran solo en sus dos terceras partes. Impresión final: no carburó la novedosa corrida. Un solo toro para seis matadores, entraña el riesgo de que los toreros traten de dilatar al máximo su única intervención (lo cual puede acarrear, como así fue, una rociada de avisos). También comporta una pequeña ceremonia de la confusión, cada torero llevaba a sus órdenes un picador y dos banderilleros, pero como uno de estos últimos se encarga de la brega durante el segundo tercio, se tiene que echar mano de otro del siguiente espada, para cubrir el expediente. Total, que la inmensa mayoría del público, incluido el grueso de la conspicua afición, no se enteró bien de quien colocaba los palos en la tarde de ayer.

Banderas por doquier, en las bocanas de acceso a la gradería descubierta y también en los propios tendidos, en un ejercicio cromático y visual de fervor patriótico, esta vez un poco forzado por el marketing –bien dirigido, por cierto—del departamento pertinente de la empresa.

En efecto, a las siete y unos pocos minutos iniciaron el paseíllo una formación inusual de toreros, a saber: Juan Bautista (de Francia), Luis Bolívar (de Colombia), Juan del Álamo (de España), Joaquín Galdós (de Perú), Luis David Adame (de México) y Jesús Enrique Colombo (de Venezuela). Seis naciones taurinas en liza, con sus correspondientes embajadores plenipotenciarios (o no). Y en chiqueros, seos buenos mozos de El Pilar, ganadería salmantina (traer cada cual su toro “nacional” debió complicar mucho las cosas, pero todo se andará). La disposición jerárquica que, según el orden de antigüedad de los toreros, ofrecía el cartel obliga también a una exposición cronológica de lo ocurrido; por tanto, me olvido por esta vez de invocar al estro literario y me doy complacido a la tarea de utilizar el género periodístico del “toro por toro”, que con tanta fortuna manejaban los revisteros de antaño, para lo cual, me complace reestrenar mi seudónimo, solo sacado del armario en casos excepcionales. A ello voy:

Primer toro, Dudoso de nombre, castaño de pelo 551 kilos de peso, de correcta presentación, aunque mas bajo de agujas que los estereotipos de esta ganadería. Mansea en varas. Brega eficazmente de capa Rafael González y Gustavo García (de la cuadrilla del torero siguiente) le coloca un buen par de banderillas. Aprieta en uno de los puyazos, poro no tarda en echar el freno en el tercio final. Juan Bautista torea de muleta con soltura y buen oficio. El toro pega arreones y no termina de pasar. Poco que hacer. Pincha una vez, a continuación otro pinchazo horrible, media caída y descabello. Silencio.

Segundo toro, negro mulato, Jacobo de nombre, y como tal resultó ser un jacobino de tomo y lomo, porque revolucionó la lidia en pocos minutos. Los 549 kilos de peso, bien repartidos por su equilibrada anatomía. Luis Bolivar lo torea a la verónica con buen porte, y saca dos lances excelentes. Se arranca al caballo de picar desde gran distancia (unos 20 metros), pelea metiendo los riñones y le pegan duro. En la segunda vara también aprieta, pero le pegan menos. Bolívar inicia el trasteo confiado, y cuando trata de dar un pase en redondo con la mano diestra, el toro se acuesta por ese lado, le prende, voltea y busca en el suelo, rompiéndole al torero los bullones de la camisa y le saca la pañoleta a pasear. Tremendos instante de incertidumbre, porque los pitones rondaron el pecho, la espalda y el cuello del colombiano, a merced del toro de El Pilar durante angustiosos segundos. Se levanta Luis Bolívar sereno y valiente, mostrando al toro la muleta que maneja con la mano izquierda. Brotan los naturales armoniosos, todo lo que permite una embestida encastada y buscona del toro. Más con la derecha, encarrilando mejor al animal en el trapo rojo. Pases de pecho profundos y ceñidos. Adornos finales. Escocada algo caída. Aviso y silencio. Mereció una ovación cerrada el torero, porque tuvo mucho mérito su labor, dadas las condiciones del toro de El Pilar.

Tercer toro, cinqueño, Liebre de nombre, castaño de pelo, 515 kilos, también bajo de agujas. Le pican poco. Embistió con viaje desmotivado, evidenciando también bajura de casta y escasa codicia. Juan del Álamo realiza una larga faena, deseoso de sacar el máximo partido al animal. Algunos pases al natural le salen estimables y los de pecho, también. Pinchazo y más de media al encuentro. Aviso y silencio.

Cuarto toro, de nombre Campanero, 601 kilos, rabilargo. Recibe un puyazo al relance de un capote, empujando con poder y otro metiendo abajo la cabeza en el peto. Luis David Adame, en su turno de quites, realiza uno muy vistoso por navarras. El Pilo coloca dos buenos pares de banderillas y el peruano Joaquín Galdós escenifica un precioso comienzo de faena, por abajo, flexionando la pierna. Dos series con la derecha que permiten ver la nobleza del animal y alguna de naturales de bella traza, se logran a la voz y con toques precisos, aunque no consiguen calar en el público. El toro es noble, pero soso. Mal con las espadas, pincha tres veces, pone media estocada y descabella al segundo intento. Dos avisos y silencio.

Quinto toro, Cotidiano de nombre, cinqueño, de 535 kilos de peso, negro bragado y muy astifino. Se deja pegar en varas, metiendo los riñones en dos entradas. Exhibe movilidad en los tercios siguientes, aunque lleva la cara alta y los pitones por encima del estaquillador de la muleta de Luis David Adame, muy inteligente y sereno, le saca el máximo partido, midiendo tiempos, alturas y distancias. Los pases en redondo con ambas manos no pueden completarse como quisiera el torero porque el toro se frena en la salida de los muletazos. Las bernadinas ajustadas de final de faena son injustamente afeadas por un sector de público. La casta que le falta al toro la pone el torero. Estocada entregándose. Petición de oreja y vuelta.

Sexto toro, atiende por Medidillo, es negro y pesa 562 kilos. Lo recibe Jesús Enrique Colombo con dos largas cambiadas de rodillas en terrenos de tablas del 10 y con unos salerosos lances del delantal.

Empuja el toro en varas y Colombo quita por chicuelinas. Banderillea con su proverbial espectacularidad, pero marra en el par al quiebro, prendiendo los palos en la paletilla del toro. Pide colocar un tercer par y parte del público le abronca, en gesto de absurda impertinencia. Por fin coloca otro al cuarteo, exhibiendo sus facultades físicas, porque el toro arrea en este tercio. Muy encastado y con movilidad, este toro fue el mejor de la desigual corrida enviada por Moisés Fraile, y posibilitó algunas fases lucidas del joven diestro venezolano, todo voluntad y ganas de agradar. La contundencia de su espada precipitó una tibia petición de oreja, desatendida por el presidente. Dio la vuelta al ruedo.

Consideraciones finales. Casi todos los toros fueron protestados de salida. Ignoran los protestadotes el perfil fenotípico de estos toros, generalmente no “rematados de atrás”, pero muy ofensivos por delante. Luis Bolívar se mostró cuajado, artista y valiente. Mereció una mejor respuesta del público, después del trance terrible que sufrió, del que salió milagrosamente ileso. Adame (Luis David) sale reforzado de Madrid y Colombo queda a la espera de más reposo y una nueva oportunidad.

La tarde fue soleada y fresquita.

Publicado: República

Como los buenos vinos: Lances y pases con “Denominación de Origen”

Por Alberto Vázquez Benítez.

Así como en los buenos vinos, buenos manjares, incluso deliciosos chocolates y otros comestibles y bebestibles se ha establecido, implantado y debidamente respetado, el concepto de “Denominación de origen”.

En el caso de algunos toreros debe establecerse ya esta denominación para hacer honor y reconocimiento a quienes han hecho una verdadera creación al interpretar a su manera el Toreo y determinados lances y muletazos.

El primer caso que traemos a muestra es el del torero de la Aranda del Duero, “Morenito” de Aranda y ello por la interpretación de esta media recortada debe de recibir esa denominación.

La propuesta es de Emilio Trigo de la web “Cultoro” y obedece a los lances que fueron como un guiño a los ricos caldos, lances de fijar y asentar en la primera de la Feria de San Isidro con toros de “La quinta”.

Otro torero que ya amerita que de lo que hace, algunas cosas ya lleven la denominación de Badajoz, es Alejandro Talavante, con uno de “Cuvillo” meramente frente al tendido “7” se dobló con él y sacó esa su izquierda que es privilegio de dioses, dio una tanda de inmaculados naturales que terminaban por debajo de la pala del pitón, sin duda: “naturales con Denominación de origen”.

Así ocurre con la Arrucina que de manera muy personal y de mucha exposición y arriesgue ha hecho Luis David Adame en su comparecencia en Las Ventas en Madrid, donde al final ha salido con una muy merecida oreja en la mano. Incluimos aquí un par de fotos en collage de la versión del aguascalentense que por su verdad y originalidad debe ya recibir Denominación de Aguas.

¡Como debe de ser, en el tendido! Muy bien trajeados, quietos y en silencio, el hermano mayor de Adame, José Guadalupe y el apoderado en México: Mariano del Olmo. Será curiosa coincidencia que ahora; dejándolo sólo en el ruedo a Luis David, salió con una peluda en la mano, cortada con un enorme mérito.

Como debe de ser: sólido el Matador en el ruedo, sin que le estén diciendo: “échale la muleta en la cara…lo traes fijo…le das tres y lo remates…” O, cosas que la verdad ni entienden. Lo mejor es dejarlos solos y su inspiración torera.

Ocho con Ocho: ¡Viva México! Por Luis Ramón Carazo

Los toreros de nuestro país, estaban huérfanos de éxitos en Madrid y sin poder entonces reclamar sitio para ellos en la temporada española, en México lo mismo vimos en la pasada temporada grande; el público en particular, apretó a los Adame por una razón que aún no acabo de comprender y les pasó la factura de la exigencia, francamente a veces rayana en la intolerancia.

Hacía falta para los hermanos, un éxito rotundo en su comparecencia en San Isidro y está vez por la pantalla nos dimos el gran gusto verles dar cátedra, cada uno en su tarde, para demostrar que como dice el refrán; que también en San Juan hace aire y se han impuesto en toda la línea, sin dejar de lado que algunos necios de los tendidos de Madrid protestaron con ignorancia pedante,  la gran sapiencia de Joselito,  ante un toro de Alcurrucén, en el que solo él tuvo fe y así encontrar el punto del ruedo exacto y extraerle el fondo positivo del astado y cerrar con una valiente ejecución de la suerte suprema, para recibir merecida oreja.

El ganadero Eduardo Lozano, reconoció lo anterior y agregó: “hacía años que en esta plaza un torero no le encontraba lo bueno a un toro que era muy manso” Y ese gran elogio a la faena, del socio Eduardo con José Luis y Pablo proviene de una de la ganaderías que más triunfos de Puerta Grande han propiciado en Madrid en los últimos años, por ello vale mucho, sus toros  que por lo general en lo positivo tienen una forma de embestir de menos a más, humillan mucho, colocan bien la cara, tiene transmisión, mucha codicia y, sobre todo, un gran recorrido, está vez dependieron de saber sacar lo bueno a nuestro paisano, que para eso está, pero luego muchos se estrellan en el intento, y el salió con brillantez a flote, ese fue su gran mérito.

De la misma manera, el elogio de Juan Pedro Domecq para Luis David el 17 de mayo de 2018 fue afirmar: “tu compatriota era merecedor de dos orejas” y se refería a en la faena a Ombú, un precioso jabonero con prontitud, codicia y calidad cuya embestida de altos vuelos del toro, mismo que fue aprovechada con temple y colocación con capote y muleta, nunca sufriendo un mínimo enganchón en todo el trazo, un toro que con Hechizo de Fuente Ymbro por ahora me parecen de los más completos lidiados en San Isidro.

Luego con el sexto de Parladé, solamente la suerte suprema privó a Luis David de irse en hombros, fue un toro correoso, complicado y peligroso, en el que ha puesto su vocación de lograr mayores alturas y en lugar de arredrarse ante las dificultades, se jugó la piel con valor y conocimiento, aderezadas por un caché con sentimiento de torero grande.

Con toreros como Ginés Marín y Roca Rey por dar dos nombres, pudiera integrar tercias renovadas y con grandes posibilidades de respirar aire fresco y disputa feroz en el ruedo; Joselito por su parte, mostró pasta para contender con las figuras más maduras allá en su gallinero, acá siempre lo hace.

Estamos contentos, fue una semana muy buena para el toreo de México si empezamos con la firme actuación de Sergio Flores con los toros de Baltasar Ibán el domingo 13 de mayo taurino, me parce  ese el camino correcto de los toreros nuestros y enderezar la balanza tan a favor de los europeos en el planeta taurino y equilibrando la competencia en carteles en todos sitios.

Pero me desvió y cierro con un pensamiento de cariño pues se adelantó en el paseíllo de la vida,  el gran médico taurino de la Maestranza de Sevilla, Ramón Vila, al que tuve el gusto de conocer y ahora lo recuerdo con una anécdota de su carácter: en sus inicios, su padre que también fue médico, no se encontraba en la enfermería después de una grave cogida a Paquirri y el torero demandaba su presencia,  siendo Ramón el responsable.

El doctor les dice a sus colaboradores: “mi padre no va a venir y como el matador no quiere que sea yo, retirémonos”  Y entonces Paquirri apechugó, no había de otra y luego muchas veces, cuando fue necesario lo sacó adelante, convirtiéndose en amigos además de su relación profesional. Se le va extrañar y mucho.

Regreso y cierro, buena semana para México en el toreo, saboreamos las actuaciones de nuestros toreros que representan con gallardía a nuestro país en tiempos de tensión política e incierto. Bien por ellos.

San Isidro’18. IX de Feria. Gloria al Fino en sus andares y en la arena paz a los juampedros de buena voluntad*

Nunca merezcan mis ausentes ojos

Ver tu muro, tus torres y tu río,

Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!

Góngora, el otro Fino de Córdoba.

Por José Ramón Márquez.

En la Feria del Isidro hay, como si dijéramos, dos ferias que van entrelazadas. Por un lado lo que llamaríamos la Feria propiamente dicha y por otro la Feria Innecesaria, compuesta por todas aquellas corridas de relleno, de poco costo y poco interés donde la posibilidad de que salte la sorpresa es prácticamente inexistente. Hoy, sin ir más lejos, tocaba festejo de la Feria Innecesaria, que cualquiera puede darse cuenta de que la combinación de la juampedritis con el Fino, Román y Adame II que pensó Domb en sus ensoñaciones no es, ni  mucho menos, de las que hacen que la taquilla se ponga a echar humo. Y así fue, vistas las calvas que presentaba el tendido.

Y luego lo del público, que casi todos los días lo repetimos, pero es que lo de no tener alrededor casi a personas conocidas es algo que llama la atención porque lo normal ha sido, a lo largo de lustros, tener a las mismas personas en las proximidades y pasar la Feria, muchas Ferias, junto a ellas. Y ahora han desaparecido, y llegas a la localidad y apenas hay rostros conocidos, que aquello está lleno de personas que cada día son distintas aunque, como me apunta el aficionado X., todos son parecidos, pues ninguno viene con la exigencia por bandera, y más bien están en el registro de la cosa triunfalista.

Lo de poner a la juampedritis (the real one), la del hierro de Veragua, en un cartel como el de hoy sólo significa una cosa: que la parte sensible del escalafón ha retirado su favor a esta vacada y ahora se la echan de recuelo a los del segundo escalón. Bueno, en realidad fueron cinco los de Juan Pedro Domecq y uno de Parladé, lo mismo que el año pasado que fueron cinco de Juan Pedro Domecq y uno de Juan Manuel Criado. Digamos que los productos que ya son el fruto de la selección de don Juan Pedro Domecq Morenés tras la muerte de su padre (qDg), no han sido capaces de proporcionar una corrida completa para Madrid en dos años consecutivos y digamos que lo que dichos productos han traído tampoco es como para ponerse a echar las campanas a volar, pues a la ya consustancial falta de poder de las reses de este hierro se ha unido la condición bobona del ganado, demostrada en grado supino en el jabonero claro que hizo tercero, Ombú, número 33, de características extremadamente serviles para con el que tenía que mandarle al otro barrio. El de Parladé salió en otro registro y, una vez dadas las tres tandas que traía de serie, cambió de manera espectacular, parándose y desarrollando sentido a causa de sus pocas fuerzas y, en general de su aire descastado y manso.

Por delante salió Juan Serrano, el Fino, con un vestido de ligeros bordados, como los del Luis Miguel que alcanzamos a ver, bordados cósmicos de soles y estrellas sobre un terciopelo de color berenjena. A estas alturas, parece mentira, ver a Finito es casi como ver al último de los clásicos. No me refiero a lo del toreo, que ya se ha comprobado en numerosas ocasiones que él no es hombre de gestas, y entiéndase aquí como gesta el ligar cuatro muletazos seguidos quedándose en el sitio, pero tiene un aire que nos lleva a una época no tan lejana en que los toreros, aunque estuviesen hasta las trancas, hacían afirmación de naturalidad en sus modos y en sus formas. Juan Serrano ha traído hoy a Las Ventas dos cosas de las que ya no se ven. La primera es la manera tan torera de moverse por la Plaza. Parece mentira que haya que reseñar esto, que debería darse por supuesto, pero con la invasión de feísmo en la que estamos sumidos de día en día, con la vulgaridad en las formas que se nos vende a diario como cumbres del arte, ver al Fino andando hacia su sitio, después de dejar el toro al caballo, yendo a su paso por detrás del penco con ese aire tan torero, con el capote recogido al brazo, es uno de los momentos buenos de la tarde. La segunda tiene que ver con la muleta, en la manera de agarrarla por el centro del palillo y la manera de presentarla, planchada y un poco retrasada, que se nota a las claras que él quiere estar en contacto con el toro cuanto menos mejor, cuando estamos aburridos de ver cada día el cite con el pico, esa espantosa letra uve que forma el cuerpo del torero con el brazo y la muleta, ver citar con la muleta recta y bien presentada es hoy día algo así como tener la oportunidad de ver a un bicho de esos que dicen que están en peligro de extinción. Resaltamos esos detalles de Finito de Córdoba, detalles de personalidad de quien estaba llamado a más altas cumbres que las obtenidas para poner el contrapunto adecuado a la estética restorcidista, atlética y febril de Román y de Adame II, cada cual en su forma. El Fino trajo eso para el ojo que estuviese avizor y, de una manera más genérica, trajo una sucesión de cuatro medias verónicas a su primero en los lances de recibo y un derechazo de mucho cuajo en ese mismo toro. En el segundo ná de ná. Magra cosecha, pero ciertamente quien esperase más de esto o es un iluso o no tiene repajolera idea de quién es Juan Serrano, Finito de Córdoba en los carteles.

Como el más oportuno contrapunto a Juan Serrano salió a continuación Román, el torero extrovertido y populista con su pirotecnia de fiestas patronales. En su primero, Organista, número 13, desplegó su enorme muleta y su desparpajo en una faena a menos compuesta por la sucesión de muletazos de ida y vuelta, en un toreo empalmado más que ligado y, desde luego, atropellado.

En su segundo, Gandul (sic), número 75, se encontró con la horma de su zapato pero al revés. El animal, de carácter soso, no se prestó al incesante movimiento que el toreo de Román demanda, por lo que la lidia y muerte del toro se convirtió en una ceremonia plúmbea a la que no se veía el final. El bullidor desparpajo de Román necesita que el toro tenga una inequívoca inclinación al correteo, y sin eso el torero se queda en una patente demostración de las carencias del valenciano.

Y Adame, Luis David en el cartel, que iba de tercero. Yo creo, a mí me parece,  que este Adame es mejor que el otro Adame, el del otro día. Hoy encontró un toro dispuesto a echar una mano en lo que él quería hacer y un público muy proclive a lo que traía en la cabeza, o sea que si no se llega a cruzar la espada en su camino ahora estaríamos hablando de la primera Puerta Grande de Madrid de este Isidro 2018, en esta Plaza de Talanqueras más Importante del Mundo. Para que las cosas le rodasen como él quería necesitaba la colaboración de Ombú, que fue un toro cinqueño de muy buenas condiciones para la muleta, que se había arrancado con alegría y fijeza a los cites de Óscar Bernal, que hizo bien la suerte y le dejó sendos puyazos traserillos sin pegar en demasía, y que en banderillas demostró su galope largo para que Miguel Martín pusiese sus pares con eficacia de buen peón y Luis Cebadera se viese tomando el olivo innecesariamente. Con ese material Luis Miguel ya podría habernos dado fiesta a los aficionados, porque el toro no tenía ningún defecto, acudía a los cites como si fuese al encuentro de su primera novia, repetía las embestidas sin exigir nada a cambio en cuanto a colocación, andaba cuando había que andar y se paraba cuando había que estar parado. Ante este derroche de generosidad por parte de Ombú, a Luis David Adame no se le ocurrió otra cosa que entonar la conocida jaculatoria: “no te cruzarás, al toro lejos echarás, con el pico citarás y si el toro se mueve y se mueve, tú triunfarás”, y en vez de aprovechar las condiciones óptimas del toro, se tiró por la calle de en medio, la que lleva a la orejilla guarripé, y donde tenía que haber construido un sólido edificio, hizo un chamizo con los tablones clavados. Comenzó su faena de manera espectacular con cuatro del Celeste Imperio y uno del desprecio. Fue muy jaleado por el público, ansiosos de ver algo, pero el tema que cantó estaba lleno de morcillas y, cómo decirlo, de olvido, pues mañana nadie de los que pidió la oreja a don Trinidad López-Pastor Expósito (el presidente que en cierta ocasión concedió una oreja con una estocada haciendo guardia) y ni siquiera el propio don Trinidad recordarán nada de lo que Adame hizo al amable toro que le cayó en suerte. Su segundo, el Parladé, cantaba bien claramente las pocas ganas de lío que tenía dada su condición mansurrona. Le costaba echarse a correr, pero cuando estaba en movimiento se tragaba los muletazos y eso lo hizo por tres ocasiones; luego ya no hubo cuarta tanda, porque el animal se paró y se dedicó a lanzar arteros derrotes al mejicano, que si lo pilla lo destroza. Ni que decir tiene que las tres tandas de las que se habla más arriba son bajo el mismo concepto de lo que le hizo al primero. Falló a espadas y su sueño del 1+1 se esfumó y con él el de la cantidad de gente que estaba ya deseando verle salir por la Puerta de Madrid.

La cosa es que llevamos ya nueve corridas en la Feria, 23 matadores de toros han pasado ante nuestros ojos, y aún nadie se ha acercado ni por el forro a lo que hizo el día 2 de mayo Javier Cortés.

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*Finito de Córdoba declaró que sus toros habían tenido buena voluntad

Tres balas de almendra verde

tiemblan en su vocecita.

– Lorca.

Así vio la prensa la actuación de Luis David Adame en Las Ventas

De SOL y SOMBRA – Luis Cuesta: Ombú no era un toro fácil, era un toro de triunfó, de esos que te dan, pero que también te pueden quitar del toreo.

Luis David Adame lo tenia claro desde que partió plaza y sabía que algunas veces las hechuras no mienten, quizás por eso desbordo ilusión con él jabonero de Juan Pedro Domecq y no desentonó ante un toro que era una maquina de embestir.

Falto quietud por momentos y quizás también faltó mando en la muleta de Luis David, pero sobro corazón y raza en el torero mexicano que se tiro a matar con mucha verdad y aunque dejo una estocada levemente caída, corto una oreja merecida de un toro qué para muchos era de dos.

Cuarenta y seis años después de la ultima puerta grande de Eloy Cavazos en Madrid, está sigue cerrada de momento para los toreros mexicanos.

El País – Antonio Lorca: Pero salió Ombú, un precioso toro jabonero, que empujó en el caballo, galopó en banderillas y llegó a la muleta con una movilidad y una clase excepcionales. No era un toro fiero, sino artista y nobilísimo, pero hondo y exigente en la muleta.

Luis David le cortó una oreja y se la ganó a pulso con entrega y pundonor. Lo recibió a la verónica, quitó por chicuelinas e inició el tercio final por estatuarios muy toreros, atornilladas las zapatillas en la arena, derecho como una vela y quieto como un poste. Ombú embistió largo y tendido, humilló y aguantó una faena larga con extrema bondad.

Luis David hizo lo que sabe y lo hizo bien con ilusión y fortaleza. No es un exquisito, pero se esforzó para estar al nivel de su oponente, objetivo harto difícil. Las tandas resultaron aceleradas, vistas y no vistas, y quedó la impresión de que el que mandó fue el toro, que repetía incansable una y otra vez. Espada en mano, se tiró sobre el morrillo y, aunque quedó caída, mereció la oreja por su encomiable decisión.

Quedaba la incógnita del sexto y la posibilidad de la puerta grande para el mexicano. Echó el resto, pero no pudo ser. Hizo un muy vistoso quite por zapopinas, volvió a brindar al respetable, inició la faena con un ceñido pase cambiado por la espalda, pero el toro desarrolló genio, acortó el viaje y deslució el sueño del muchacho.

El Mundo – Zabala de la Serna: Dormía la plaza en aquel sueño hasta que apareció Ombú. Qué nombre más rotundo para tanta belleza. Una pintura jabonera, un cromo de armonía veragüeña. El toro cincelado por Dios. Habitaba en su interior la bravura, la casta envuelta de calidad. De principio a fin con la boca cerrada. Ese tópico que se hacía verdad. La humillación cierta como el empleo en todas las suertes. Ombú en el caballo empujó con estilo y riñones. Como lo había hecho en el capote de Luis David Adame. En las templadas verónicas del saludo y en las arrebatadas chicuelinas de manos bajas, esa bravura de no hacer ruido. Deslizante y sedosa, sin una sola renuncia.

Adame brindó la ilusión al gentío. Ombú era una ilusión. Y se clavó LD por estatuarios. Sin rectificar un ápice las zapatillas. La resolución del pase del desprecio prendió de oles los tendidos. La primera tanda de derechazos sonó a ajuste. En las siguientes enganchó por delante la embestida dorada, la guió con largura, la sintió en la palma. Acinturado, encajado y ligado el mexicano. Tan seriecito y ordenado. Ombú viajaba en los flecos de la muleta, planeaba en modo avión. La faena tomaba cuerpo. Un molinete que nació con forma de trinchera y el pase de pecho cosido a ella, o a él, pegaron fuerte en el corazón de Madrid. Y, sin embargo, por la mano izquierda la cosa pasaba tibia. Ombú se daba igual pero los naturales no calaban con la misma intensidad. La clase del juampedro palpitaba. Luis David volvió a conectar con su diestra. Más seguro de su dote muletera. La arrucina trajo el eco de su tierra caliente. Otra vez el de pecho a la hombrera contraria como una bocanada de fuego. No quiso despedirse sin catar de nuevo la joya en su zurda. La ronda al natural de correcta propuesta, no más. El cierre fue un órdago a la grande. Por bernadinas ceñidas y, finalmente, con detalles de orfebre por bajo. Cuando agarró la espada, Ombú se cuadró con la fijeza de siempre. Unidas las manos incluso para la muerte. La boca cerrada a la espera del último aliento. Adame lo despenó con rectitud de vela. Una estocada cabal. Como la oreja. En el tránsito del arrastre al cielo de los grandes toros, Ombú provocó una ovación unánime.

No volvió la cara nunca Luis David con el grandón sexto. Con el hierro de Parladé. Un zamacuco basto. Que venía sin irse. Correoso. Bruto. Adame lo alegró por zapopinas sincronizadas. Y se la jugó con firmeza de hombre. Bragado y peleón. Un arrimón en toda regla. Madrid lo despidió con atronador reconocimiento.

Torodos- Barquerito: A pesar de ser corrida de abono se hizo sensible la presencia de un público no habitual. Como el de los domingos de San Isidro. Un público más impresionable. Cuando asomó el toro jabonero, muchos se quedaron con la boca abierta. La ovación cerrada en el arrastre fue unánime: los de los domingos y los de días de labor. Tirios y troyanos, toristas y no. Gran toro. Llevaba nombre exótico: Ombú. El árbol patrio de la Argentina. El árbol de la vasta Pampa malquerido de los gauchos pese a ser de mucha y buena sombra.

Pues este Ombú no paró de embestir, por una mano y la otra, de salida y en banderillas, en las rayas, en los medios y en el tercio también, y de hacerlo con un ritmo carísimo, descolgado a pesar de ser corto de cuello, humillando y repitiendo. No solo le entró a la gente por los ojos. Sino por que de verdad importa y toca el corazón.

Estar a la altura del toro sin demérito era más difícil de lo que pueda pensarse, porque el toro de carril no es necesariamente bravo. Aunque haya casos raros de bravura de carril, como la de este toro tan singular que fue protagonista de la corrida. Mejor dicho, coprotagonista, porque el menor de los hermanos Adame, Luis David, se echó adelante con una seguridad, un celo y un aplomo impropios de torero nuevo. Veinte añitos no más. Toreaba por primera vez en San Isidro como matador de alternativa -la confirmó el pasado otoño en el abono- y la cosa fue llegar y besar el santo, porque no perdonó ni un viaje, estuvo puesto sin vacilar -en la segunda raya, cuatro ceñidos estatuarios para abrir boca, cosidos con el natural y el de pecho- y no se anduvo con tiempos muertos ni pausas ni bromas.

Al platillo sin más, y ahí brotaron tres tandas en redondo, el toro en los vuelos bien traído, en línea o no, las tres ligadas muy en serio y bien abrochadas. El son de la faena bajó un poquito tras esa explosión primera. Hubo toreo con la zurda de quilates, pero no la tanda generosa que pone del revés el mundo. La última tanda en redondo fue más rehilada que ligada. Adame intercaló una arrucina de sorpresa y remató con ajustadas y apuradas bernadinas más aparatosas que precisas. Se fue tras la espada a reventar. Entera la estocada, tal vez algo atravesada, muerte lenta del toro. Casi las dos orejas, muchas banderas mexicanas y esa voz tan fiel que le pega un viva a Aguascalientes cada vez que torea uno de los Adame.

Con Luis David estuvo la gente hasta el último suspiro de la tarde, pero el sexto toro, del hierro de Parladé, negro zaino, acodado, levantado, fue la cruz de la moneda, se quedaba debajo, se revolvía y se defendía. Y no pudo ser completo el desenlace. Una versión feliz del quite del Zapopán después de picado el toro puso a la gente caliente. Y el remate de una serpentina, la primera de la feria.

Marca – Carlos Ilián: En tan pobre conjunto había sin embargo un tal Ombú, toro hondo y lustroso, soberbio en todo que dignificó su procedencia. Un toro de fijeza extraordinaria, de embestida por ambos pitones dejando un surco en el ruedo, templado, codicioso, de largo recorrido. Ujn toro para soñar el toreo. Enfrente se plantó el mexicano Luis David que nunca perdió la cara, que dentro de sus posibilidades estuvo a gusto, desde los estatuarios hasta los redondos muy ligados y los naturales desiguales. Era difícil estar a la altura del toro, pero el chaval mexicano, al menos, pasó con enorme dignidad ante semejante exigencia. Cortó una oreja. El toro era de rabo.

De Toros en Libertad – José Antonio del Moral: De la corrida de ayer, nos quedará la actuación del espada mexicano Luis David Adame, el segundo de los tres hermanos y, por lo que ayer pudimos apreciar, el más virtuoso de la familia azteca. Pronto será la máxima figura actual de los espadas mexicanos. Y si no, tiempo al tiempo. Ayer anduvo enorme por todos los conceptos con el toro ya mencionado y con el otro de su lote, peor en comportamiento, lo que no quitó un ápice de los grandes méritos que Luis David. De haber acertado pronto y bien con la espada con este sexto de la tarde, Luis David hubiera podido salir a hombros por la Puerta Grande de la primera plaza del mundo.

ABC – Andrés Amorós: Luis David, el segundo de los Adame, que brilló como novillero, lucha por abrirse paso como matador. Fue el triunfador en San Sebastián. Tiene condiciones, debe ir madurando. El tercero, un bonito jabonero, se llama «Ombú»: es el nombre del árbol patrio argentino; en guaraní, significa «bella sombra», porque es el único cobijo para los dulces sueños de los gauchos, en la pampa. (Curiosamente, se discute si es un árbol o una hierba grande: aunque llega a diez metros de alto, su tronco es medio hueco). Este «Ombú» da un juego excelente, aunque no le sobren las fuerzas; embiste con prontitud, alegría y nobleza. Luis David capotea vistoso; comienza por estatuarios, logra acoplarse en series buenas, llevándolo prendido a la muleta, muy lento; intercala una arrucina; las bernadinas finales son superfluas. Se vuelca, aunque la espada va al rincón: oreja. El sexto, de Parladé, más grande, da un juego distinto, transmite cierta emoción. Quita Luis David por zapopinas. Saluda Tomás López, en banderillas. Comienza la faena con un pase cambiado de escalofrío; se entrega, buscando redondear el éxito, pero el toro se queda cortísimo; a fuerza de tragar, saca algún muletazo.

Este segundo Adame se ha ganado el respeto de los aficionados. No debe abusar de los quites con el capote a la espalda (igual que Román): recuerden la belleza de la verónica… Ha tenido la fortuna de vivir un dulce sueño, a la sombra bella de un noble «Ombú».

La Razón- Patricia Navarro: Toro bravo, encastado y bueno, que exigía, porque tenía la embestida profunda y pedía que las cosas se le hicieran perfectas. Tuvo mérito todo, porque no era toro simplón sino importante. La faena se vivió con los tiempos templados, costó meterse en ella. De hecho, hubo que esperar a las bernardinas del final para que la cosa explosionara.

EFE – Paco Aguado: Esa solitaria oreja se antojó escaso premio no tanto a su voluntarioso trabajo sino en comparación con el aún mayor que el toro le puso en bandeja con la calidad, repetición y largo recorrido de sus embestidas, merecedoras de un toreo de más calado, hondura y reposo que el que encontraron en las manos del joven azteca.

El Español – Juan Diego Madueño: Inteligente Adame para no tirar demasiado, suave, templado; justo Ombú, con una embestida súper clase. Al natural no se confío Luis David en la primera tanda, se quedaba un poco debajo el toro. Había que llevarlo. Del gateo robó dos o tres. La arrucina elevó de nuevo la faena y ya mantuvo el vuelo hasta la siguiente tanda de naturales, esta vez sí, lo mejor.

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