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Feria de San Isidro: Talavante y López Simón, doble y distinta puerta grande / La plaza de Madrid ha perdido el norte

Un presidente de manga ancha exageró en las dos orejas del segundo toro.

Por Carlos Ilián.

Después del diluvio, doble puerta grande. Alejandro Talavante y Alberto López Simón lo consiguieron con distintos argumentos. Y es que a veces hay que tener arrestos y recursos para plantarse sobre el fango y jugarse el tipo como López Simón que le ha dado la vuelta a su errática carrera con un triunfo en Madrid de los que se cotizan.

El torero se encontró con un sobrero de Mayalde noble y templado aunque se quedaba cortito. Lo embarcó una y otra vez hasta que en un cambio de mano fue volteado y arrollado. Se repuso y consiguió los mejores momentos, especialmente sobre la mano derecha. Después de un pinchazo se la jugó en una estocada de la que salió otra vez empitonado. Con tantos elementos emotivos la oreja cayó por si sola.

Le faltaba otra para la puerta grande y tuvo la suerte de encontrarse con un cuvillo jabonero de mucho tranco y exigencia. Sobre un ruedo imposible se templó por ambos pitones y dejó un estoconazo mortal. Ya tenía la puerta grande.

La misma que Talavante había asegurado en su primer toro. Fue un muestrario de chispazos de la mejor tauromaquia talavantista. Especialmente en el desmayo sobre la derecha y la factura de los naturales, con algún cambio de mano, un lance que se ha convertido ahora en moda y en moda infalible. Con el público entregado aseguró con una estocada en todo lo alto. El palco se entregó como un espectador más y concedió dos orejas exageradas. Una era impecable. La segunda una propina.

En el quinto cumplió el trámite. Ya tenía la salida en hombros y el ruedo no estaba para arriesgar. Con ese buen cuvillo y en terreno seco Talavante se habría desmelenado.

Juan Bautista quiso pero no pudo aprovechar el diluvio en el cuarto toro. No pasó de un trasteo anodino con el primero, con más kilos que bravura y en ese otro se esmeró en un muleteo tan aseado como insulso.

Plaza de Madrid. Decimoctava corrida. Asistencia: 22.236 espectadores, casi lleno. Toros de NÚÑEZ DEL CUVILLO y un sobrero de MAYALDE (6), de gran movilidad y desigual juego, con notable para 2ºy 6º.

JUAN BAUTISTA (5), de azul marino y oro. Estocada corta (silencio). Pinchazo y estocada (saludos).

ALEJANDRO TALAVANTE (7), de carmelita y oro. Estocada (dos orejas). Dos pinchazos y estocada (ovación).

LÓPEZ SIMÓN (7), de azul y oro. Pinchazo y estocada (una oreja). Estocada (una oreja).

Publicado en Marca

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Talavante y López Simón, por la puerta grande: El primero triunfó con una perita en dulce y el segundo protagonizó una tarde épica.

Por Antonio Lorca.

Se acabaron las penas. La feria de San Isidro ya tiene la foto del triunfo: dos toreros por la puerta grande. ¡Viva la tauromaquia!

Y se confirma el peor pronóstico: la plaza de Madrid ha perdido el norte; inutilizada la exigencia, desaparecido el toro bravo y encastado y menospreciado el torero heroico, se imponen el público farandulero, el torete artista y el diestro de inspirada concepción.

Pero ahí queda para la historia la gesta de un Talavante embrujado y un López Simón vapuleado, en una tarde tormentosa y lluviosa, que no hizo más que aumentar la generosidad extrema de unos tendidos bondadosos.

Pero las cosas como son: Alejandro Talavante —que estuvo ausente con el capote toda la tarde— es dueño de unas muñecas prodigiosas, posee un altísimo sentido del temple, una muy notable inspiración artística y derrocha embrujo, creatividad, personalidad.

Su comienzo por bajo, al segundo de la tarde, la rodilla flexionada, arrastrando la muleta en cada encuentro, largo y templadísimo cada uno de ellos, y el toro embebido en el engaño, fue todo un monumento a la torería.

A continuación, un par de redondos y, por sorpresa, un cambio de manos sin solución de continuidad del que apareció un natural milagroso, a paso de palio, eterno, circular, sobrenatural… Y hubo dos tandas más con la zurda, una de ellas a pies juntos, de alta tensión. Mató de una estocada y el paseó las dos orejas.

El problema es que hubo un pequeño detalle que no debe pasar inadvertido: el toro era un animal justito de trapío, manso en el caballo y que desplegó en la muleta una bondad infinita, como un corderito, de docilidad perruna. No hubo sensación de riesgo en momento alguno y aún no se sabe por qué este público tan dadivoso no pidió el indulto.

En dos palabras, para que haya toreo debe haber un toro. Y la conjunción de un animal que imprima respeto y torero poderoso y artista es el germen de la emoción profunda que este viernes no ha existido. El quinto, otra pera almibarada, pero el toreo del extremeño fue de baja tensión.

López Simón llegó a su segundo compromiso en esta feria en horas bajas, y ha tenido las agallas de cambiar el curso de su carrera. A cambio se llevó dos volteretas impresionantes, pero ha recuperado la confianza.

Inseguro, precipitado y con las ideas poco claras se le vio al inicio de faena al noble sobrero del Conde de Mayalde. Un pase cambiado la plaza de Madrid ha perdido el norte; mitad de su labor fue la antesala de la mejor tanda de redondos de toda su actuación; y, a continuación, con la muleta en la izquierda, una voltereta inesperada y una tremenda paliza de la que salió conmocionado. Con el público a favor, pasional y un poco alocado el torero, aún trazó estimables redondos antes de volcarse materialmente en el morrillo del toro y conseguir una gran estocada de la que salió otra vez por los aires.

Otro torete bueno fue el sexto y López Simón vio entreabierta la puerta grande. Animoso y templado fue el inicio por bajo y aprovechó las excelentes condiciones del animal para protagonizar una irregular y deslavazada labor, quizá, con más cantidad que calidad, pero emotiva y entregada. Mató bien y paseó el pasaporte del éxito. Si al torero le sirve para encaminar el futuro, bienvenido sea, pero tampoco fue lo suyo de puerta grande.

Y Bautista interesa poco, esa es la verdad. Le sobra el oficio, pero su toreo es mudo. Cayeron las primeras gotas durante el último tercio del primer toro y la gente no le hizo ni caso. Una tromba de agua le acompañó en el cuarto, intentó captar la atención de los espectadores, pero el agua era abundante y la torería insípida.

Del Cuvillo / Bautista, Talavante, Simón.

Toros de Núñez del Cuvillo —el tercero, devuelto—, muy justos de presentación, desiguales en los caballos; el segundo, nobilísimo y dulzón; quinto y sexto, bondadosos. Sobrero del Conde de Mayalde, bien presentado, manso y noble.

Juan Bautista: casi entera (silencio); pinchazo y estocada caída (ovación).

Alejandro Talavante: estocada (dos orejas); media, pinchazo y estocada (ovación).

López Simón: gran estocada (oreja); estocada (oreja).

Plaza de Las Ventas. Décimo octavo festejo de la Feria de San Isidro. 25 de mayo. Lleno. (22.636 espectadores, según la empresa).

Publicado en El País

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San Isidro: Talavante por Paco Ureña

De SOL y SOMBRA.

Alejandro Talavante sustituirá mañana a Paco Ureña en la decimoctava corrida de la Feria de San Isidro, ha informado hoy la empresa Plaza 1 en una nota.

Talavante, que hará su tercer paseíllo en el serial y donará los honorarios a una entidad benéfica de Extremadura, compartirá cartel con el francés Juan Bautista y Alberto López Simón, con toros de la ganadería de Núñez del Cuvillo.

Twitter @Twittaurino

Feria de San Isidro: Las figuras se reparten tres orejas

Por FERNANDO FERNÁNDEZ ROMÁN.

Para torear así, tal cual se muestra en el documento gráfico, el torero tiene que tener la gallardía y el chispazo de inspiración propio de una gran figura del toreo, y el toro tiene que embestir de esa manera. Si ambas cosas no se circunstancian, la belleza del arte del toreo no se produce.

Reflejada la premisa, lo emblemático de la fecha en que se produce el hecho obliga a rendir emocionado culto al Torero por antonomasia, al que fuera indiscutible Sumo Sacerdote de la Tauromaquia de su tiempo, al ídolo inmolado en la plaza de toros de un pueblo toledano, va para un siglo. Noventa y ocho años, exactamente. Noventa y ocho tardes de toros en que los toreros de última generación que se visten de luces cada 16 de mayo, se descubren e inclinan la cabeza para musitar una oración en su recuerdo. Noventa y ocho veces ya que una multitud se pone en pie y guarda un respetuoso minuto de silencio en su memoria. Y es que ayer, hizo noventa y ocho años –se dice pronto—que a Joselito el Gallo le mató un toro en Talavera. Y nos seguimos acordando de él. ¡Cómo sería de grande su arte y de fecunda su obra!

Ayer se colocó el cartel de No Hay Billetes en la fachada de la Plaza de Las Ventas, porque actuaban tres toreros considerados figuras en esta época, dos consolidados, Manzanares y Talavante y uno, Ferrera, que viene trepando por los vagones del tren del toreo y va camino de alcanzar la locomotora. Decir tres figuras del toreo y público de Madrid, equivale a escenificar un escenario de permanente beligerancia. ¿Por qué razón? Razón, ninguna. En cuestiones taurinas, esto es Madrid. La villa y corte. El centro geográfico del país y, por supuesto, el santo y seña de la Tauromaquia; dicho lo cual, conviene recordar que Joselito el Gallo no actuó hace noventa y ocho años en Madrid porque la hostilidad de su público de toros se hacía ya insoportable. Hay que irse, Juan –le dijo a Belmonte–, vayámonos por un tiempo de la Plaza de Madrid y dejemos que vengan otros toreros…; pero se fue solo él, a encontrar su muerte talaverana junto al río Tajo, pegado a la ermita de la Virgen del Prado. Y ahora Madrid, año tras año, como si de una contrición perpetua se tratara, se quita el sombrero, se pone en pie y le dedica un minuto de silencio que a mi me parece más que de rendición admirativa, de remordimiento.

Con estos antecedentes, suponíamos que la corrida de máxima expectación acabaría como el rosario de la aurora. Figuras y Madrid, igual a petardo. Así sucede casi siempre. Pero, venturosamente, no sucedió tal cosa.

Sucedió que vimos al resurgido Antonio Ferrera, ahora colocado en modo homo levitating, vestido de raso y oro, torear a un toro de Cuvillo como si fuera una becerra de tentadero, incluso sin pensar en el premio a ganar, es decir, sin ánimo de lucro. Torear sin ánimo de lucro, aunque sea una metáfora, supone que el toro tampoco ha de poner apenas dificultades, como así era. No quiere esto decir que el peligro –de muerte, también, por supuesto- no acechara al torero. Quiere decir que el toro debe poner emoción a su embestida. Si esa emoción no aparece, el arte puede llegar a convertirse en artificio. Ni ese primer toro de la corrida ni el cuarto de la tarde, segundo del lote de Ferrera, generaron la emoción que lleva implícita la casta brava, por tanto, la emoción hubo de buscarla el torero por la vía de la estética, aunque también debiera estar lejos del amaneramiento. Antonio toreó a sus dos toros despacio, despacio, despacio porque los toros acometían andando, pesadamente. Toreó a placer. Para su placer, principalmente. Dos faenas de parecido corte, con algunos chispazos de cierta genialidad, en las que intercaló muletazos de bella composición. Al primer toro lo mató de una excelente estocada y al segundo de su lote, después de una faena de espejo larguísima, con algunos muletazos que podían servir de modelo para un cartel de Ruano Llopis, de un metisaca en los bajos. Oreja y aviso fue el balance de Ferrera, pero si llega a colocar a este cuarto toro un volapié tan magnífico y tan eficaz como el que recetó al primero, en esta corrida Antonio abre la Puerta Grande de Las Ventas.

Otro tanto le ocurrió a José María Manzanares, que se enfrentó al toro de mejores hechuras del lote enviado por Núñez del Cuvillo, jugado en segundo lugar y de 555 kilos de peso. Eso es entrar en razón. Fue éste un toro algo corretón de salida, al que picó superiormente Chocolate-hijo, pero un toro al que había que someter, porque su encastada embestida generaba calamocheos y rebrincamientos difíciles de aplacar. José María cuajó muletazos excelentes, de largo recorrido y templanza evidente, a pesar de que un sector del público le recriminaba constantemente, con ese ponte aquí y quédate allá, que es el tópico preferido o el catecismo de moda en estos tiempos. Lo cierto es que la labor de Manzanares en este toro fue francamente meritoria, pero caprichosamente devaluada por una corriente empecinada en el distorsionado del sentido común. El quinto fue un jabonero sucio de bella estampa, al que el diestro alicantino toreó de capa con ampuloso juego de brazos y bamboleo suave de la tela. Se arrancó el toro de largo al caballo de picar y Manzanares le volvió a ofrecer la capa para torear por delantales, suaves, sedosos, lentísimos; tan lentos que en uno de ellos por poco se lo lleva el toro por delante. Después, el de Cuvillo presentó problemas por el pitón izquierdo, pero tomó bien –sin perder temperamento— la muleta por el derecho, donde José María encontró los momentos más inspirados. Dos series por ese lado fueron sencillamente magníficas… a pesar de los pesare de por allá arriba del graderío. Otra vez montó la espada y ejecutó el volapié con perfecta sincronía de movimientos, metiendo el acero por el hoyo de las agujas. Solo por la estocada, la oreja que paseó el torero fue un premio de máxima justicia.

Al tercer espada del cartel AlejandroTalavante, le echamos de comer aparte, que diría un castizo. Su primer toro, tercero de la corrida fue un toro enrazado, corniveleto y respondón, al que Talavante toreó por bajo con unos muletazos de inspirado concepto –me atrevería a decir que se le ocurrieron sobre la marcha–, flexionando la pierna de salida de la suerte y obligando a humillar hasta lo inverosímil al toro de Núñez del Cuvillo. Incluso se permitió el lujo de mirar al tendido.

Comienzo tan explosivo auguraba una faena de altas dimensiones, pero el temperamento del toro no permitió excesivas florituras al torero. No obstante, el Tala cuajó muletazos magníficos, sobre todo en dos series con la mano derecha y una –excelsa—de naturales. Mató de estocada casi entera y la oreja cayó, sin discrepancia alguna que tuviera base concreta y sensata. Mejoró su actuación en el sexto, sin duda el toro de la corrida. Un cuvillo castaño que derribó con estrépito al caballo y al picador, Manuel Cid; acudió de nuevo con fijeza al área de castigo y apretó de firme bajo el peto. Arreó en banderillas, pero Juan José Trujillo le ganó la cara en dos pares meritorios, que le obligaron a saludar. La faena de Talavante a este toro olía a Puerta Grande. Más aún: a triunfo grande, de dos orejas. Y a fe que a punto estuvo de conseguirlo, porque toreó de muleta con arrebatada personalidad y desbordante torería. Las series en redondo con la derecha, perfectas; las de naturales, inmaculadas. Faena de gran intensidad que no firmó su espada como merecía. Dos pinchazos y estocada. La ovación, supo a poco.

Tres orejas, tres se repartieron las figuras ayer en Las Ventas del Espíritu Santo. Los tres, tienen nuevas comparecencias contratadas. Los tres deben agradecer a Núñezdel Cuvillo la corrida que envió a Madrid: toros de razonable peso, algunos bien corpulentos, pero todos ellos armados con dos puñales puntiagudos. Corrida, pues, seria y buena en líneas generales, con los matices descritos.

Corrida en la que un año más, salió revalorizado José Gómez Ortega, Gallito, o Joselito el Gallo, como ustedes quieran. En cualquier caso, el Rey de los Toreros, antes, ahora y siempre. Un Rey que ha dejado en prenda su corona: la montera que tuve el honor, el placer y la fortuna de tener entre mis manos durante varios minutos, hace tan solo tres días. Todavía me tiemblan de emoción.

Publicado en República

Foto: NTR Toros.

Feria de San Isidro: Amar la trama

Por Juan José Cercadillo.

Amar la trama más que el desenlace, Jorge Drexler ‘dixit‘.

Amo esa definición para cualquier cosa. Para el trabajo, para la vida, para el amor, para el odio, para la familia o la pareja. Amar la trama, disfrutar el momento, sentir que lo importante no es cómo quieres estar dentro de un tiempo sino cómo estás ahora. Es más fácil cuando disfrutas, cuando eres feliz en lo que haces, cuando no estás forzando situaciones a la búsqueda de mejor posición o sensaciones. Fácil de decir, difícil de hacer… La vida misma. Mucho riesgo olvidarse del final, de la estrategia o el objetivo y entregarse a disfrutar, pase lo que Dios quiera que venga. Pero creo en firme que es la actitud buena para disfrutar de todo, y en especial de los toros, y muy en especial en Las Ventas.

Y este miércoles la trama ha sido de ensueño. Ver a toreros cuajados, sensibles, con arte y con compromiso remontar las envidias de los mediocres, solventar las deficiencias de sus toros, entregar generosos sus interiores hilvanando historias que disfrutar a cada pase, a cada cite, a cada desplante o remate es disfrutar del todo de la trama, sin importar el desenlace de las estocadas perfectas, de las orejas cortadas.

Disfrutamos este miércoles hasta la médula la trama de Antonio Ferrera, la fama de Manzanares, la calma de Talavante, el fluir de una corrida que pudo marcar historia si no caen los toros al piso y se callan los que sobran… Y si no pincha Alejandro, también es cierto. Pero, como siempre en la vida, hay quien no disfruta de nada. Da igual que vean los pases lentos y planos del Manzanares más torero, los naturales profundos, sentidos y verdaderos de un Ferrera en plenitud o la fibra, el temple y la belleza de los pases del figurón del futuro Talavante. Da igual, algunos no quieren verlo y vuelven para sus casas como si no hubiera pasado nada delante de sus narices, al final de sus tendidos y muy muy dentro de su alma.

Y se han cortado tres orejas, una por cada coleta, que decían los antiguos. Y da igual que Ferrera no pudiera rematar el cuarto, que Manzanares no reventara del todo rompiéndose con el buen quinto y sobre todo que Talavante no enterrara esa espada en el impresionante sexto que le hubiera dado una nueva puerta grande de la que contar a tus hijos.

Grandioso Alejandro de tobillos a la nuca, de cintura, de cadera, de muñecas y atributos. Entregado, sensible y templado, me ha encantado la trama de sus faenas. Bien compuestas y llevadas, bien planteadas y serias. Con historia, con su trama y con verdad de la buena.

Amar la trama del toreo, olvidar un poco el desenlace. Más allá… volver a vivir la trama y evitar el desenlace. Disfrutar de cada pase y recordarlo por siempre… Y me da igual la puerta grande.

Plaza de toros de Las Ventas, miércoles 16 de mayo de 2018.

9ª de feria. Lleno de no hay billetes en tarde primaveral y agradable. Toros de Núñez del Cuvillo de entre 533 y 585 kilos muy bien presentados y en tipo, serios y con gran tono en general, flojos algunos, lo que impidió, junto con los pinchazos de Talavante, una tarde de verdadera gloria.

Antonio Ferrera, de nazareno y oro. Oreja y silencio.

Manzanares, de azul marino y oro. Silencio y oreja.

Alejandro Talavante, de blanco y oro. Oreja y gran ovación. Pudo abrir la puerta grande de no pinchar en el sexto tras dos grandiosas faenas.

Se guardó un minuto de silencio al final del paseíllo por el aniversario de la muerte de Joselito el Gallo en Talavera.

Publicado en El Confidencial

Foto: NTR TOROS.

Corrida de expectación en Madrid: 3 de las 4 Puertas de Talavante han sido toreando con Manzanares…

Mientras el Atlético de Madrid se jugará en Lyon ser campeón de la Europe League, en la plaza de toros de Las Ventas Ferrera, Manzanares y Talavante miden sus fuerzas en el primer gran cartel de San Isidro 2018. Mucha expectación para esta corrida en la que se lidiarán toros de Cuvillo.

Atentos a las claves y curiosidades que nos ofrece, un día más, Datoros.com

De SOL y SOMBRA.

Talavante fue el torero que más cortó en la pasada feria de San Isidro (3). Por primera vez en su carrera puntuó en tres tardes en una misma feria (En Beneficencia –fuera de abono en 2017- se marchó de vacío).

Entre los 3 toreros, Talavante domina claramente el marcador en Las Ventas. El extremeño suma 15 orejas, 4 Puertas Grandes y 3 toros desorejados. Por su parte, Manzanares ha cortado en Madrid 8 orejas, ha salido dos veces a hombros y ha desorejado a otros tantos toros. Ferrera suma en toda su carrera 9 orejas, 1 salida a hombros y un toro desorejado.

Talavante se ha impuesto en los duelos con Manzanares en Las Ventas. 3 de las 4 Puertas Grandes que Talavante ha logrado en Madrid han sido toreando con Manzanares. Mientras, el alicantino nunca ha salido a hombros cuando ha hecho el paseíllo con el extremeño, sumando 3 trofeos menos.

Manzanares llega a Madrid tras desorejar un Cuvillo en La Maestranza. El alicantino es el único torero en la historia que ha desorejado un toro de Cuvillo en Las Ventas y en Sevilla en un mismo año (2011). Esta temporada podría lograrlo de nuevo.

José María Manzanares ha abierto en dos ocasiones la Puerta Grande de Madrid (2011 y 2016) En caso de lograrlo de nuevo igualaría las 3 salidas a hombros de su añorado padre.

Talavante ha cortado al menos una oreja en 6 de las últimas 7 temporadas en las que ha toreado en Madrid. Desde 2011 tan sólo se fue en blanco en 2014. Más irregular es Manzanares, que nunca ha encadenado más de dos años consecutivos puntuando. No obstante, desde 2011 nunca ha sumado dos años marchándose de vacío, algo que le ocurrió en 2017.

Talavante se puede convertir en el torero en la historia que más orejas ha cortado a los Cuvillo en Madrid. Hasta ahora está empatado a 4 orejas con Miguel Ángel Perera.

Ferrera vuelve a Madrid donde no pudo torear en la pasada feria de Otoño, cuando estaba anunciado dos tardes. El año pasado cortó una oreja de peso a un toro de Las Ramblas. No encadena dos años seguidos puntuando en Madrid desde 2002 – 2003.

Desde 2008 tres toreros han desorejado a un Cuvillo en Madrid: Perera (2008), Castella (2009) y Manzanares (2011). Sólo Manzanares lo hizo en la feria de San Isidro.

Hace 44 años que nadie desoreja un toro en Madrid un 16 de mayo. El último en lograrlo fue Antonio José Galán en 1974.

La corrida de hoy:

Enchiquerados seis toros de Núñez del Cuvillo para Antonio Ferrera, José María Manzanares y Alejandro Talavante.

ORDEN GANADERÍA Nº G. NACI. PESO NOMBRE CAPA TORERO

1º NÚÑEZ DEL CUVILLO 2 4 09/13 553 FUNDADOR COLORADO ANTONIO FERRERA

2º NÚÑEZ DEL CUVILLO 116 4 12/13 555 VERLANGUILLO NEGRO J.M. MANZANARES

3º NÚÑEZ DEL CUVILLO 255 4 01/14 538 AGUADOR NEGRO TALAVANTE

4º NÚÑEZ DEL CUVILLO 95 4 10/13 570 RESCOLDITO COLORADO ANTONIO FERRERA

5º NÚÑEZ DEL CUVILLO 69 4 12/13 585 TRISTÓN JABONERO J.M. MANZANARES

6º NÚÑEZ DEL CUVILLO 131 4 09/13 560 ROSITO COLORADO CHORREADO EN VERDUGO TALAVANTE

S1 JOSÉ CRUZ 39 3 10/12 580 NIGERIANO NEGRO

S2 BUENAVISTA 5 3 12/12 575 PENSATIVO NEGRO

PRESIDENTE: D. JOSÉ MAGÁN ALONSO

DELEGADO GUBERNATIVO: D. LUIS MARIANO AGULLA LÓPEZ
ASESOR: D. PEDRO HERRANZ `MADRILES.

VETERINARIOS: D. ENRIQUE RECAS VARAS. Da BEGOÑA FLORES OCEJO, D. FDO. DAVID FUENTE FUENTE

ANTONIO FERRERA

PICADOR ANTONIO PRIETO (Pizarra y oro) PICA 1º
PICADOR JOSÉ MARIA GONZÁLEZ (Corinto y oro) PICA 4º
BANDERILLERO JOSÉ MANUEL MONTOLIÚ (Azul noche y plata) LIDIA 1º
BANDERILLERO JAVIER VALDEORO (Sangre de toro y plata) LIDIA 4º
BANDERILLERO JAVIER SÁNCHEZ ARAUJO (Verde y plata)
MOZO DE ESPADAS OMAR FLORES
APODERADO

JOSÉ MARÍA MANZANARES

PICADOR PEDRO MORALES “CHOCOLATE” (Azul y oro) PICA 2º
PICADOR PACO MARÍA (Azul rey y oro) PICA 5º
BANDERILLERO JESÚS GONZÁLEZ “SUSO” (Sangre de toro y azabache) LIDIA 2º
BANDERILLERO RAFAEL ROSA (Lirio y azabache) LIDIA 5º
BANDERILLERO LUIS BLÁZQUEZ (Celeste y azabache)
MOZO DE ESPADAS FRANCISCO JAVIER CASTRO
APODERADO CASA MATILLA

ALEJANDRO TALAVANTE

PICADOR MIGUEL ÁNGEL MÚÑOZ (Burdeos y oro) PICA 3º
PICADOR MANUEL CID (Pizarra y oro) PICA 6º
BANDERILLERO JUAN JOSÉ TRUJILLO (Visón y azabache) LIDIA 3º
BANDERILLERO VALENTÍN LUJÁN (Azul y azabache) LIDIA 6º
BANDERILLERO JULIO LÓPEZ (Verde y azabache)
MOZO DE ESPADAS CARLOS MONTAÑO
APODERADO CASA MATILLA

Twitter @Twittaurino

SEVILLA. “Una noble corrida de Cuvillo”

Reabierto el debate sobre el toro de Sevilla, cuatro y casi cinco ejemplares dan la razón a sus partidarios. Dos orejas muy generosas para Manzanares. Festejo solo discreto.

Por Barquerito.

Martes, 17 de abril de 2018. Sevilla. 9ª de abono. 9.500 almas. Primaveral. Dos horas y veinte minutos de función. Seis toros de Núñez del Cuvillo. Castella, silencio tras un aviso y saludos tras un aviso. Manzanares, dos orejas y saludos. Talavante, una oreja y silencio. Dos pares notables de José Chacón al primero

LA CORRIDA DE Cuvillo, muy astifina, fue dechado de nobleza. Con una excepción, la del sexto toro, negro berrendo, de familia muy distinta a las de los cinco previos. Tampoco es que el del cierre fuera toro pérfido ni artero, porque en la ganadería de Cuvillo no los hay, pero se soltó de una primera vara que cobró empujando a favor de querencia, cobró un segundo puyazo trasero -y lo acusó, cabezazos sueltos- y reculó en banderillas. Valentín Luján perdió pie al salir del tercer par -probablemente un patinazo en la raya de cal- y el toro se volvió a buscarlo en el suelo. Ni al quite a tiempo de Manzanares obedeció el toro al tener la presa tan a mano. Pero no pasó nada.

Tampoco cuando Talavante salió prendido y volteado de la estocada con que tumbó al tercero de la tarde. No solo la paliza, sino el batacazo. Sentado en el estribo, asistido por muchos, Talavante tardó en reponerse y se asustó la gente. Fue solo el susto. Talavante llevaría el recuerdo del percance y pasó de puntillas, o a la defensiva, con el berrendo. Ni intención de gobernar al toro ni de meterse con él. Era el último de los seis que mataba en el abono de Sevilla. En tres de las cuatro últimas corridas en puntas estuvo anunciado: el sábado, el lunes y el martes. Sesión continua. Una idea contraproducente.

Lo más redondo que hizo Talavante esta vez fue un quite por delantales en los medios al segundo de la tarde, el de mejor nota de todos. El tercero estuvo a punto de desarmarlo en el recibo de capa. Tan despegados fueron los lances de saludo. No lo más redondo, pero sí lo más brillante fue la decisión de irse a los medios de partida con ese tercer toro, que cabeceó y se escupió en varas, pero galopó con ganas en banderillas. Trujillo le puso dos pares soberbios y de pronto pareció el toro claro y pronto. La apertura de faena con largos muletazos genuflexos y su coda fue promesa de trabajo mayor. Solo la promesa porque, de más a menos, la deriva abundó en el conformismo de fondo y en cosas para la galería: los desplantes, los muletazos rehilados, los pases mirando al tendido, los cites frontales muy impostados, una arrucina ligada con un molinete. La banda, en tarde gratuita y regalosa, puso música de fondo.

También la primera faena de Manzanares se vio regalada de los músicos antes de los diez viajes, ninguno de mayor cuantía. Un pasodoble tan torero como el “Cielo andaluz”, de Pascual Marquina, tenido por predilecto del torero. No solo la afinada orquesta de Tristán, que no paró y hasta resultó invasiva por su falta de medida. El toro, de tranco suave y seguro, la fuerza precisa, candentito y cadencioso -de nombre, Encendido-, fue música también. Espaciada en seis o siete tandas de logros desiguales, pero jaleada como acontecimiento por una mayoría y sin votos en contra, la faena tuvo por remate una estocada en la suerte natural. Manzanares recibió al toro sin aliviarse, pero la espada cayó trasera. Tardó mucho en doblar el toro, que se salió de rayas afuera en larga agonía. Esa muerte -la boca cerrada, como prefieren los toristas- levantó un clamor en ola. El clamor se hizo tan contagioso que hasta el mismo presidente sucumbió: dos orejas. No a la vez.

De manera que, echando cuentas, a Manzanares le bastaba con una más del quinto de corrida para abrir la Puerta del Príncipe famosa. Estaba de dulce la gente. El palco, también. Y no menos el toro, de manos leves y pantanosas, el carburador algo gripado y la misma nobleza del común de la corrida. Manzanares lo libró en el recibo con una larga cambiada de rodillas en tablas, pero el toro tardó en ser fijado a pesar de una molienda notoria de capotazos estériles. Morosa hasta la exageración, sembrada de tiempos muertos sin cuento, la faena se convirtió en parodia del toreo despacioso. De abajo arriba, de uno en uno, muchos paseos. Media atravesada y un descabello.

El primero de Castella, brusco al principio, se apagó después de enganchar mucho la muleta. Castella estuvo fino con el capote -templados lances rodilla en tierra-, pero se puso trabajoso solo después de haber arrancado faena con una estimable tanda de ayudados por alto del repertorio mexicano, a suerte cargada. No lo vio con la espada. Tampoco en el segundo turno con un cuarto que se paró y se quedó a mitad de suerte hasta dos veces. Sin rechistar. La carga de nobleza. Sin inmutarse Castella, que se sintió obligado a seguir y seguir. Se llevaba un botín de tres orejas a mitad de corrida. La tómbola.

Publicado en Torodos.com

Sevilla: De la espada de Manzanares y la izquierda de Talavante

Plaza de la Real Maestranza. Octava corrida. Lleno. Toros de NÚÑEZ DELCUVILLO (5), bien presentados, dos con mucha clase, 2º y 3º, bajos de casta y de pobre juego en varas. SEBASTIÁN CASTELLA (4), de azul marino y oro. Dos pinchazos y bajonazo trasero. Un aviso (silencio). Dos pinchazos y estocada trasera. Un aviso (saludos). JOSÉ MARÍA MANZANARES (7), de grana y oro. Estocada (dos orejas). Pinchazo hondo y descabello (saludos). ALEJANDRO TALAVANTE (6), de negro y oro. Estocada corta (una oreja). Dos pinchazos, media estocada, seis descabellos. Un aviso (silencio).

Por Carlos Ilián.

Después del desmadre y el triunfalismo desatado del día anterior ayer se volvió a la normalidad, aunque Manzanares anduvo coqueteando con la Puerta del Príncipe pero el quinto toro se defendió aunque José Maria, a pesar de todo cuajó algún natural suelto y una tanda de redondos indiscutibles. Si llega a meter la espada como en el segundo corta la oreja y se va en hombros.

Y es que en su primero, después de una faena medida y en la que el de Alicante nos enseñó su versión buena, sin aliviarse ni meterse en el cuello o abusar de la insoportable noria, Manzanares hizo la suerte de recibir de forma soberbia. Esa espada es de época. No le voy a dejar de elogiar la cadencia y la hondura de sus mejores muletazos al buen cuvillo, el mejor de una corrida mediocre.

A la espada de Manzanares hay que añadirle, como protagonista de la tarde, la mano izquierda de Alejandro Talavante. La echábamos de menos en esta feria que esta siendo muy pobre para el torero extremeño. Pero ayer nos dejó dos series de naturales que recitó con la hondura y la pureza del toreo más indiscutible; cada muletazo era una sinfonía. Se la jugó al entrar a matar para marrar esa oreja que nadie discutió.

Sebastián Castella alargó sin sentido una faena de trallazos al primero, un cuvillo descastadísimo y en el cuarto, que se desfondó, se jusatificó metido entre los pitones del toro moribundo.

Publicado en Marca

Feria de la Magdalena: El Juli y Talavante, a hombros en la gran fiesta del toreo y el toro moderno

Alejandro Talavante, al natural, ante el sexto de la tarde. Ángel Sánchez EFE.

José María Manzanares dejó detalles ante una corrida azucarada y de escasas fuerzas

Por Vicente Sobrino – Castellón.

Fue la gran fiesta del toreo moderno. Toro del siglo XXI y toreo del siglo XXI. Toros blandos, cogidos en alfileres, algunos como el tercero y el quinto. Y otros, como primero y sexto, de esos azucarados que de tanto azúcar parecen empalagosos. En varas ninguno rindió honores a la bravura, aunque el primero derribara casi sin pretender. Y alguno apuntó clara mansedumbre en varas, caso del cuarto que salió huyendo del caballo. Y los hubo hasta incómodos, como el segundo, que metió la cara como a regañadientes. Y otro, el quinto, que iba y venía con tanta docilidad como vulgaridad. En cualquier caso, toros que se apuntaron a la fiesta y que, en su mayoría, fueron correspondidos por toreros –Juli, Manzanares y Talavante- duchos y expertos en esta materia ganadera.

El Juli salió como se va a la guerra cuando se quiere ganar por la vía rápida: al ataque. Al azucarado primero lo toreó como y cuanto quiso. Toro cómodo de cara, recogido de pitones, protestado de salida porque renqueaba. Pero fue toro a más, cada cosa en su sitio, y en la muleta recuperó el resuello que de salida no parecía tener. El de Garcigrande fue todo un aliado a la ambición casi desesperada de un Juli que lo toreó a placer. La faena tuvo poso y reposo, con el toro siempre muy embebido en la muleta. Faena colorista y profunda. Inspirada también. Y larga. En resumen, se diría que el toro fue como un juguete en las manos de El Juli. Tumbó al toro sin puntilla y la gente lo celebró a lo grande.

Al manso cuarto le hizo un quite por ‘lopecinas’, con el remate de tres medias enroscándose al toro a la cintura, que enloquecieron al personal. Con la muleta, sin más preámbulos, El Juli hincó las rodillas en la arena y le dio hasta ocho muletazos seguidos de tal guisa. No contento con ello, también de hinojos tres naturales. Ya de pie, el del desprecio. Y la gente, bramando en los tendidos. Un Juli al ataque y atacado. Algo crispado también. Cuando la faena pedía más calma, el toro se volvió más remiso. Le costó ya tomar la muleta, pero la superioridad del torero continuó siendo aplastante. Forzó mucho Juli a que el toro tomara la muleta, y consiguió su objetivo con un coraje desmedido.

El segundo de la tarde fue algo incómodo y Manzanares no logró centrar la faena. Hubo muletazos sueltos de calidad. Academicismo y elegancia, pero la cosa no fue más allá. Faltó acople menos en una serie final con la derecha, la más ligada de faena con altibajos. El quinto, uno de los más serios de la corrida, pero muy justo de fuerzas. Fue y vino a la muleta sin mayores compromisos y sin gran clase. Los muletazos no llegaron en racimos, sino sueltos. Pero los hubo, sobre todo los naturales, que desprendieron indudable clase. Tampoco daba para mucho más un toro dócil, pero también de los que no plantean problemas más allá de sus escasas fuerzas. A sus dos toros Manzanares los mató, con gran seguridad, de dos formidables estocadas aunque algo pasadas.

Se agradeció la brevedad de Talavante con el tullido tercero. Un tremendo volatín del toro nada más iniciar la faena determinó su estado. Antes de tal desaguisado, Talavante lo había recibido con el capote de la forma más variada y luminosa posible: verónicas, chicuelinas, una larga…repertorio a lo grande. Pero el toro dijo basta tras la costalada y Talavante abrevió como manda la lógica en estos casos.

El sexto, otro de los toros más serios, fue recibido por Talavante con lances a una mano. Escena de otros tiempos, con el toro de estos tiempos. Gesto, en todo caso, que se agradece. Un buen toro, sin duda este que cerró la fiesta. Talavante se abrió de muleta de la manera más original e inspirada posible: un cóctel de derechazos en redondo en combinación con las clásicas arrucinas, con el remate de uno del desprecio. Para entonces la plaza ya volvía a ser un clamor. Con el toro muy entregado, la faena recorrió mucho ruedo pero tuvo como principal argumento el toreo al natural. Largos, muy estéticos y mandones. Para que la balanza no pesara más de un lado, sobre la derecha destacó el empaque en todas las acciones posibles. Y la gente, loca de contenta. Ya con la faena muy cumplida, el toro hizo amagos de marcharse a tablas. Para entonces ya estaba todo el pescado vendido. Una buena estocada puso el colofón a la gran fiesta del toro y toreo moderno.

GARCIGRANDE, HERNÁNDEZ / EL JULI, MANZANARES, TALAVANTE

Toros de Garcigrande, los tres primeros, y Domingo Hernández, desiguales de presentación. Blandos en líneas generales, pero muy boyantes para el último tercio.

El Juli: estocada pasada sin puntilla (dos orejas); media pasada que basta (oreja).

José María Manzanares: estocada trasera (saludos); estocada pasada (oreja).

Alejandro Talavante: dos pinchazos y estocada (silencio); estocada (dos orejas).

Plaza de Castellón, 9 de marzo. Cuarta de la Feria de La Magdalena. Prácticamente lleno.

Publicado en El País