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Roca Rey vuelve a tronar en Valencia

El peruano corta dos orejas y abre la puerta grande en el último suspiro de la feria. Josemari Manzanares interpretó dos sinfonías inacabadas ante la pasión de su público y frente a dos toros de muy diferente condición.

Por JOSÉ LUIS BENLLOCHL.

Cualquiera que se hubiese asomado a la plaza arrastrado el último toro podría pensar que la tarde había sido un paseo en lancha, un desfile triunfal en loor de multitudes, y nada más lejos de la realidad. Fue una tarde extraña, complicada, apartada del guion que había convocado en la plaza la mejor entrada con diferencia de la feria, pero aquella vuelta al ruedo del toro, sorprendente, y los clamores con los que el público despedía a Roca disimulaban la auténtica realidad. Nada que contradiga la legitimidad del triunfo del peruano, que estuvo una vez más contundente y valeroso, con la fe del catecúmeno para perseguir la gloria final hasta allá donde no parecía haber posibilidades.

Antes de ese clímax, la tarde había pasado por los momentos más extraños. Hubo motivos para abjurar de los toros a la moderna, ¡vaya con los cuvillos esta vez!, el primero y el cuarto, mismamente, estuvieron absolutamente vacíos de fuerza y de casta, y ninguno remató en lo que siempre se espera de esta ganadería. Hubo pasajes extrañísimos también, de pura contradicción, como que el toro más protestado por chico, el coloradito tercero, fue el más complicado de la tarde, lo que viene a demostrar que no hace falta ser grande para ser un cabrón. El pájaro embestía rebrincado, pegando tornillazos, a dos velocidades, y acabó con la moral del propio Roca.

Curiosamente, ante la dificultad, los que lo habían protestado de salida ya no dijeron ni mu. Claro que también protestaron al sexto y acabaron premiándolo con la vuelta al ruedo para redondear el más absurdo de los círculos.

Luego, hubo pasajes en los que Manzanares dibujó el toreo.

Fueron dos sinfonías que cabría calificar de inacabadas, que permitieron, una vez más, escenificar el manzanarismo de Valencia, que naturalmente no es mancha sino recordatorio del buen gusto de una afición a la que no siempre se le reconoce. Y hubo, lo dicho, el momento crucial de esa última faena de Roca, de pies muy firmes, la muleta puesta, en una comunión absoluta con un público que si era manzanarista está claro que también idolatra a Roca. La vuelta al ruedo del último toro entra en el capítulo de lo anecdótico, ni una tarde sin una ocurrencia presidencial.

Era la tarde de las figuras. Eso se apreciaba claramente en la afluencia de público. No me cansaré de recordar que históricamente, no me hablen de modas, Valencia es una plaza de carteles cerrados, con todo lo bueno y de malo que tiene el asunto. Con la referencia de las dos tardes que la precedieron hay que convenir que estos carteles generan otro toreo, es otra fiesta, otro mundo. Sucede ahora y sucedió siempre, no cabe rasgarse las vestiduras. Ayer pesó durante mucho tiempo como una losa el nivel de tensión, también de emociones, de la tarde anterior. El libreto en ambos casos lo marcaron los toros. Los de Cuvillo no tuvieron nada que ver con los que le han convertido en predilectos de las figuras.

A estas alturas con los dos toros, muy bonitos por cierto, pero absolutamente muermos y vacíos que le correspondieron a Castella, no creo que al francés le queden muchas ganas de repetir con la divisa de El Grullo.

También hubo toros de alta complicación, el tercero que les he contado, que se llevó Roca. Fue menudo, áspero, con dos velocidades, sin ritmo, y el mismo toro segundo de la tarde se vino arriba en el último tercio y no se entregó en ningún momento, dificultades, por cierto, que siendo de quien eran, no se acabaron de valorar en su justa medida por los tendidos.

Después hubo dos toros con más toreabilidad, caso del quinto, al que Manzanares le tuvo que dar tiempos y tiempos hasta rayar en la pasividad para que no se viniese abajo, y hubo un toro sexto, el de la vuelta al ruedo, inédito en varas y obediente en el tramo final, cuya principal virtud fue la suerte, la suerte de caer en manos de un tipo ambicioso e inasequible al desaliento. En resumen, hubo toros para enfadarse, toros para la esperanza, toros para cuidar mucho y toros para cuidarse de ellos.

El protagonista de la tarde, es evidente, fue el peruano, que se topó con el incómodo tercero, el toro de las dos velocidades, una primera por dentro y medio obediente, y una segunda hasta el final del muletazo, agresiva y descompuesta. Y ante semejante prenda, lo que no puede ser no puede ser y hubo que esperar al sexto. Y como los grandes no se rinden, Roca le salió al jabonero sexto con absoluta decisión. Toro bruscote que apareció sin prometer nada, bruto y desclasado, pero que acabó sometido al mando de RR. Las rogerinas con las que lo puso en suerte fueron el parteaguas de su actuación, el trueno de aviso que despertó al público. La faena fue de mano baja y de plantas firmes, con la muleta siempre adelante en busca de la ligazón que tanto cala en los tendidos. ¡Y vaya si caló! Con la izquierda y con la derecha, aderezados con pellizcos del uy y del ay en las espaldinas. Lo amarró todo con una estocada de efectos espectaculares y el presidente, con buen criterio, le concedió las dos orejas de golpe. Lo del pañuelo azul, a lo peor fue un golpe de ese viento que tanto molestó a los lidiadores a lo largo de la tarde.

La corrida de Núñez del Cuvillo, de muy discreta presentación y desigual juego, apenas dio opción

Las dos primeras partes de las faenas de Josemari fueron de altos vuelos. Hubo muletazos de trazo largo, deslumbrante estética y sobrada torería. Curiosamente, en los dos trasteos, hubo un punto fatídico: dos desarmes de lo más inoportunos. A partir de ahí su primero se vino arriba y su segundo se aplomó hasta hacer imposible la ligazón. Los pasajes más hermosos, una trinchera a su primero, pura inspiración, y una trincherilla sobrada de improvisación y buen gusto, sin olvidar un quite por chicuelinas al quinto, puro manzanarismo, el giro y la mano baja fue un homenaje a su señor padre.

Castella, buena técnica, mucha templanza y pocas opciones ante un lote muy vacío.

Y con esto acabó la feria, que un julio más ha sido la feria de Paco Ureña.

Publicado en Las Provincias

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Noticias de España: En Alicante Manzanares y Carretero salvan la tarde / José Adame indulta un toro del Ventorrillo en Las Rozas de Puerto Real

Manzanares y los astros salvan la tarde Por José Luis Benlloch:

Se juntaron los astros. Manzanares rescató la tarde. Sucedió en el quinto. Digo yo que para algo existirán los astros: para salvar maridajes como el de Manzanares por San Juan. Iba la tarde de aquí para allá, mucho torero y poco toro.

También suele pasar cuando se anuncian los de Juan Pedro Domecq.

Pero salió el quinto y se puso a embestir. Sin gran emoción, con mucha toreabilidad, co toda la suerte del mundo en tanto en cuanto Manzanares, obligado por la tierra y por su condición de figura, le dio distancia, tiempo, mimo, ni muy fuerte ni muy flojo, y el toro se creció en su bondad y la faena lo hizo en calidad. Más generosa sobre la mano derecha, excelente en una serie zurda, sin duda el momento de la tarde.

A esas alturas Alicante era una fiesta, con motivos por el toreo de Josemari -otro momento cumbre fue un molinete absolutamente enroscado y ligado con el de pecho- y porque suponía salir del muermo en el que nos habíamos metido. La obra, una vez más, la rubricó con un volapié soberbio. La muerte radical del toro y el clamor del público llevaron a la aparición simultánea de los dos pañuelos de la presidencia. Dos orejas y puerta grande: estamos en Alicante y ni los astros ni Manzanares podían permitir otra solución a la tarde.

Era la tercera corrida de toros de la feria y volvió a llenarse la sombra hasta niveles de auténtica asfixia. Y por esta vez no tenía mal aspecto el inclemente sol.

Afuera no más de cuatro docenas de antitaurinos vociferaban hasta donde les dio el jornal del día. No mucho, por cierto. Y en la plaza la tarde arrancó con la entrega del trofeo de triunfador de Hogueras 2017 a Josemari y con una alternativa, la de Diego Carretero, así que emoción sobre emoción.

Para el primer acto, los compases del himno de Hogueras. Para el segundo, las ovaciones cariñosas de los seguidores del toricantano llegados desde sus tierras albaceteñas. Al toro de la alternativa, Rezongana, toro vivo, chico, bueno, un diez en toreabilidad, el neófito le aplicó un recital capotero. Toreó a la verónica rítmico, suave y sedoso. En la misma línea se manifestó en un quite por chicuelinas y luego la faena, brindada a su mentor, el matador Luis Rubias, tuvo buen trazo, buena intención, momentos lucidos en un principio, algunos más amontonados al final, de tal manera que fue todo de más a menos. En su segundo, que cerraba plaza, estuvo animoso, buscando con fe el éxito que le diese vida. Encontró los mejores momentos sobre la mano izquierda y lo despachó de un excelente estoconazo. Le concedieron dos orejas, que con la del primero fueron tres que le convertían en el triunfador numérico de la tarde.

Sin más historia

El resto de la corrida no tuvo gran historia. El segundo de la tarde fue un muñeco con el que Morante quedó inédito con el capote. Primera mala noticia de la tarde. En cambio su arranque de faena fue precioso. Los ayudados por alto los hubiese firmado Cagancho. Un molinete intermedio muy airoso y la trincherilla nos retrotrajeron a su tierra sevillana y ya vimos poco más porque el toro muñeco no entendía tales fruslerías y se puso incómodo. Excusa suficiente para que Morante abreviase. La gente le pitó porque vino a la plaza con el pack morantista, que supone las ovaciones delirantes y los pitos ñoños, vengan o no vengan al caso.

Su intervención capotera ante el quinto fue radicalmente distinta. Lo recibió por chicuelinas: qué gracia, qué donaire, qué facilidad, y qué torería. Y qué mierda de toro, por cierto. A partir de ahí, el mundo al revés. Morante se puso voluntarioso e insistente. Trabajador. Morante, por Dios, ¡no nos traicionemos los principios!

Del tercero apenas recuerdo unos lances muy parados de José María, muy descargado sobre los talones. El toro, castaño, zancudo y con poca clase, no reaccionó ni siquiera a la perfecta técnica del alicantino. Mucho torero y poco toro en una lucha absolutamente desequilibrada. Lo remató de dos pinchazos y un soberbio volapié.

La corrida acabó tan tarde como en días anteriores, sólo que hubo más motivos para justificarla. La imagen de los dos toreros por la puerta grande –Manzanares y Carretero– recuperaba el perfil más propio de las Hogueras.

Publicado en Las Provincias

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Mexicanos en España:

El diestro mexicano Joselito Adame indultó hoy un toro de El Ventorillo en la localidad madrileña de Las Rozas de Puerto Real y salió a hombros junto a su compatriota Sergio Flores que desorejó a un astado de vuelta al ruedo del mismo hierro.

Se lidiaron toros de El Ventorillo, desiguales de presentación y juego. El mejor, el cuarto, número 42, de nombre “Bordador“, que fue indultado. También fue bueno el tercero, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.

Joselito Adame, oreja, y dos orejas y rabo simbólicos.

Juan del Álamo, silencio y oreja.

Sergio Flores, dos orejas y silencio.

La plaza registró casi media entrada en los tendidos.

Twitter @Twittaurino

FIESTAS DE SAN JUAN Y SAN PEDRO: Cuatro monstruos en una corrida para buenos aficionados

Por María J. Muñiz.

La anuncian como una corrida «monstruo» y desde luego reúne, en lo que a toreros se refiere, algunas de las personalidades taurinas que más desean ver los aficionados en este momento. Personalidades, porque si algo define a los cuatro diestros que esta tarde lidiarán ocho toros en el coso del Parque es su distinta y muy singular concepción del toreo, sus formas y sus liturgias. Prometedor pulso, porque cada uno de ellos se encuentra en un momento de plenitud de su carrera, desde el diestro de pellizco siempre esperado al aspirante ya consagrado en su coraje; del poso de la madurez a la estética atemporal.

Vuelven a la plaza de toros de León los macrofestejos que en su día pergeñó la también singular e inigualable figura del desaparecido Gustavo Postigo, genio y figura de la compleja ingeniería de la mercadotecnia taurina. Buscan revitalizar el pulso de una feria que viene tornando mortecina, sea por el devenir de una Fiesta que no atiende a los nuevos códigos sociales o de un quehacer empresarial que no enlaza la onda que demanda el público cotizante. La oferta es atractiva en lo torerista, quizá falta la tecla torista sin la que la Fiesta languidece.

En uno de los festejos a priori más apetecibles de la temporada taurina, esta tarde, a partir de las 18.00 horas, harán el paseíllo en El Parque la siempre esperada inspiración y originalidad de Morante de la Puebla; el gusto, el poso y la calidad de José Mari Manzanares; la estética disrruptiva, transgresora a la vez que atemporal, de Alejandro Talavante. Y, como guinda, la esperanza ya consolidada de la entrega, la valentía y el momento de oro de Andrés Roca Rey.

Talavante, en el punto dulce del torero triunfador del largo ciclo madrileño de San Isidro, que también dejó huella en la Maestranza. Como lo han hecho el maestro Manzanares y el pujante Roca Rey. Han dado su puñetazo sobre la mesa en las principales ferias hasta el momento. Morante esquiva las televisiones. Hay que sentir su pálpito sobre la arena. Ahí le espera El Parque.

Publicado en Diario de León

25° FERIA DE SAN ISIDRO: La raza de Cayetano más allá de la oreja

Por Sixto Naranjo.

Reventón de viernes con la plaza de Las Ventas hasta arriba. San Isidro comienza la cuenta atrás. Los que apuraban su paso por la Feria eran Castella y Manzanares. Cayetano, por su parte, decía hola y adiós en la misma tarde. No término de cuajar la ovación a Castella tras su triunfo este mismo miércoles. Injusta la cicatería de algunos con el diestro galo.

Amplio pero bien hecho fue el primer toro de Victoriano. Se empleó en la primera vara aunque mostró cierta flojedad de remos. Algo que fue a más en el tercio de muleta. Lo intentó Sebastián a media altura, algo que Madrid no convence. El toro además se rajó y ya en tablas echó definitivamente el freno de mano. Media estocada al tercer intento acabó con el toro.

El segundo fue un ejemplar más basto de hechuras. Frentudo y ancho de sienes. Locuno y sin fijeza en los primeros tercios, Manzanares lo sobó en el inicio de faena. Intentando fijar una embestida que no terminaba de asentarse. Lo consiguió en una tanda en redondo. Mando y ligazón. Pero hasta ahí duro el toro. En la siguiente puso rumbo a tablas. Lo persiguió el alicantino hasta terrenos del cuatro. No se dio coba José María, que se lo quitó de en medio de media estocada.

Con el primero de Cayetano cambió el hierro de la casa ganadera. El de Toros de Cortés no terminó de emplearse en varas. Comenzó la faena sentado en el estribo. Por alto los muletazos. Ya incorporado, fueron sabrosos los ayudados y una trincherilla que ligó al de pecho. La primera tanda fue la mas lograda. Mando y reunión en el toreo a derechas. Después el toro también huyó a tablas. Solo ya en el epílogo hubo de nuevo conjunción entre toro y torero en una última serie. Cayetano, eso si, se volcó en el volapié. Entera pero tendida la espada. Y la petición de oreja, raspada. Algo que dividió a los tendidos tras la concesión del trofeo. El diestro se encaró con el 7 cuando iba camino de recoger la oreja.

El buen momento de Castella salió a relucir con el castaño cuarto. La apertura de faena tuvo su habitual pase cambiado pero pronto cogió la derecha para ligar una primera tanda de limpio y largo trazo. La siguiente desembocó en un cambio de mano y un natural que se hicieron eternos. La faena parecía que estallaba definitivamente. Pero tras ello, llegaron algunos gritos extemporáneos desde el tendido y Castella pareció desconectarse. Se embarulló y se amontonó en la distancia corta donde concluyó la faena. Un pinchazo y media estocada trasera acabaron por diluir lo hecho por el torero galo. Se resistió a caer el de Victoriano y llegaron a sonar dos avisos.

El quinto de un ejemplar estrecho de sienes y tocado arriba de pitones. Derribó al caballo en la primera vara que tomó pero después llego desfondado y sin vida a la muleta de Manzanares. El diestro tampoco quiso meterse en líos y el trasteo no pasó de discreto. Sólo la estocada mereció la pena.

Cayetano pidió pausa al torilero. Tenia decidido irse a portagayola para recibir al sexto. Salvó con nota el trance. El de Victoriano era serio, un tíó como él solo. Lo llevó por chicuelinas Cayetano y después realizó el quite de Ronda. La plaza a esas alturas bullía. Inició de rodillas la faena pero tuvo que volver a la vertical ya que el toro salía suelto del engaño. Una primera tanda hizo albergar esperanzas. Buscó la colocación cabal el torero. Pero como todos los toros se Victoriano en esta Feria, y han sido 14, éste sexto también se hundió en su falta de casta. Pero la personalidad de Cayetano durante todo el festejo fue lo que nos llevamos en claro.

FICHA DEL FESTEJO

Madrid, viernes 1 de junio de 2018. 25° de Feria. Lleno de ‘No hay billetes’.

Cinco toros de Victoriano del Río y uno de Toros de Cortés (3°), bien presentados pero de distintas hechuras. Unos por flojos, otros por desfondados, a la corrida le costó romper.

Sebastián Castella, silencio tras aviso y saludos tras dos avisos.

José María Manzanares, silencio y silencio.

Cayetano Rivera, oreja y saludos.

Publicado por COPE

FERIA DE SAN ISIDRO: Una bellísima trincherilla

Cayetano protagonizó una entregada y valerosa faena ante su primero y paseó una oreja protestada.

Por Antonio Lorca.

Una trincherilla, sí, bellísima, de esas que valen por toda una corrida, o por una temporada, o por la afición a esta fiesta. Un destello fugaz y luminoso, de esos que se refugian en la memoria para toda la vida. Así fue la trincherilla que dibujó Cayetano a su primer toro, el cuerpo erguido, asentadas las zapatillas, el pecho hacia adelante, el mentón encajado, y la muleta en la izquierda, el toro que acude presto, fijo en el engaño, y el torero mueve la muñeca, baja la mano a velocidad inmedible, el animal humilla, y lo que parece un muletazo largo, se troncha en un instante, el toro obedece y el dibujo alcanza una plasticidad inimaginable, imperceptible para la vista, pero radiante de belleza para el corazón.

Así fue la trincherilla de Cayetano al tercero de la tarde.

Al torero no se le había visto el pelo hasta que salió ese toro. Estaba en la plaza, pero casi escondido mientras transcurría el festejo. Pero allá que apareció muy digno en cuanto el tercero apareció en la arena. Huidizo como los demás, Cayetano intentó pararlo sin éxito, manseó en el caballo, apretó con genio en banderillas y puso en apuros a Iván García. Tocaron los clarines para el tercio de muleta, Cayetano pide permiso al presidente y toma el camino del centro del anillo para brindar al respetable.

Héte aquí, entonces, que vuelve sobre sus pasos y se sienta en el estribo junto al burladero de cuadrillas. Allí llama a su oponente y lo recibe con cuatro muletazos por alto torerísimos. A renglón seguido, ya en pie, se hizo presente la trincherilla, que arrebató a los tendidos, y cerró el cuadro con un recorte templadísimo y el obligado de pecho que hizo que la plaza entera estallara de emoción.

El toro se había entregado tanto en el encuentro con el torero que quedó roto, rajado, desinflado, apagado y se refugió en tablas. Decidido, entregado y valiente Cayetano, pero sin opciones de triunfo. Así las cosas, montó la espada, se perfiló con torería y se tiró sobre el morrillo con toda su alma. Cobró una estocada algo desprendida y los tendidos se poblaron de pañuelos cuando el animal pasó a mejor vida.

El presidente concedió el trofeo y se armó la de san Quintín: una pura, dura y ensordecedora división de opiniones. La faena, ciertamente, no había sido de oreja. Dudó Cayetano en recoger el trofeo, y, oreja en mano, dio una vuelta ruidosa que alcanzó su esplendor cuando pasó por los terrenos del tendido 7 y arreciaron las protestas de los aficionados más exigentes. Tenían razón.

La falta de fondo del sexto impidió que la actuación de Cayetano se coronara con matrícula de honor. Lo recibió de rodillas con una larga cambiada en toriles, emocionó con un precioso galleo por chicuelinas que acabó con una espléndida larga y con el capote a una mano para dejar al toro en los terrenos del picador. Tras el manso trámite del caballo, citó Cayetano de largo al toro, con el compás abierto, se echó el capote a la espalda y trazó una inspirada gaonera, un par de verónicas y una media. Se le veía al torero enardecido y apasionado, como en estado de trance; una actitud que anunciaba algo grande. De rodillas comenzó el tercio final, unos ayudados por alto y por bajo después, pero hasta ahí pudo contar porque el toro habló y le dijo que abreviara, que estaba hundido. La estocada, eso sí, de premio.

Castella volvió después de la paliza del miércoles y se lo agradecieron con un conato de ovación al romperse el paseíllo. Inválido fue su primero y noble el cuarto. Solvente y templado se mostró entonces en dos tandas, una por cada lado. Falló con la espada y todo se emborronó.

Rajado fue el primero de Manzanares, acobardado en toriles e imposible para el toreo. Más entonado el quinto, blando como todos, y permitió detalles, solo detalles poco lucidos, de su lidiador.

DEL RÍO / CASTELLA, MANZANARES, CAYETANO

Cinco toros de Victoriano del Río y uno –el tercero- de Toros de Cortés, justos de presentación, mansos, blandos y descastados.

Sebastián Castella: dos pinchazos y casi entera -aviso- (silencio); pinchazo, media -aviso-, -2º aviso- (silencio).

José María Manzanares: media (silencio); estocada (silencio).

Cayetano: estocada desprendida (oreja muy protestada); estocada (ovación).

Plaza de Las Ventas. Vigésimo quinto festejo de la Feria de San Isidro. 1 de junio. Lleno de ‘no hay billetes’ (23.624 espectadores, según la empresa).

Publicado en El Pais

Ponce cuelga el quinto cartel de «No hay billetes» en Las Ventas de Madrid

El maestro de Chiva agotará el papel en su único paseíllo en una Feria por donde, pese a la lluvia reinante, han pasado más de 400.000 espectadores.

Por Rosario Peréz.

Más de 400.000 espectadores han acudido a la Monumental de las Ventas en las primeras 22 tardes de toros de una Feria de San Isidro de 34, la más larga de la historia.

De momento, se han colgado cuatro carteles de «No hay billetes», en las tardes de Roca Rey, Manzanares, Juli y Talavante, que en su tercer paseíllo rozó el lleno por la vía de una sustitución anunciada apenas 24 horas antes debido a la lesión de Paco Ureña.

Pese al ninguneo por parte del Ayuntamiento de Carmena a los toros, que son el verdadero santo y seña de San Isidro, cada día han desfilado por la plaza una media de 18.000 espectadores, que se dice pronto y en ningún otro espectáculo de Madrid se logra cifra así durante un mes seguido.

El nombre más taquillero de todos, según la propia empresa, ha sido el de Andrés Roca Rey, seguido de José María Manzanares, al que todavía resta una cita, el próximo viernes, tarde en la que se lucirá el sexto «No hay billetes» de San Isidro.

El quinto anhelado cartel se colgará hoy de la mano de Enrique Ponce, en su único paseíllo en la Feria. El maestro de Chiva confirmará alternativa al venezolano Jesús Enrique Colombo, en presencia del francés Sebastián Castella.

Después de una primera semana de toros sin llegar a los tres cuartos -salvo el casi lleno en la festividad del Patrón- en el Mundial del Toreo, José María Manzanares y Alejandro Talavante, con Antonio Ferrera abriendo terna, fueron los primeros en agotar las localidades y activar la reventa, con la corrida de Núñez del Cuvillo.

En los dos paseíllos anunciados de los dos primeros se agotaron los boletos, aunque Talavante -escrito está- volvió una tercera tarde por la vía de la sustitución y el camino de la Puerta Grande, junto a López Simón, en un viernes de diluvio en el que se rozó el lleno.

Más tardes de «No hay boletos» han sido las de la despedida de Juan José Padilla en su despedida de Madrid; Sebastián Castella y Roca Rey.

También: el 23 de mayo, con Perera, Talavante y Roca Rey (toros de Victoriano del Río); el día 24, en el mano a mano de El Juli con Ginés Marín (toros de Garcigrande, Alcurrucén y Victoriano).

Faltan todavía casi dos semanas de toros en este Mundial del toreo de 34 tardes, en las que rara ha sido la jornada en la que la lluvia no se ha colado como invitada.

Tarde a tarde

Estos son los espectadores que han pasado por taquilla, tarde a tarde:

Martes 8 de mayo (novillos de Guadaira para David Garzón, Carlos Ochoa y Ángel Téllez): 16.371 espectadores.

Miércoles 9 (toros de La Quinta para Juan Bautista, El Cid y Morenito de Aranda): 15.032 espectadores.

Jueves 10 (toros de Fuente Ymbro para Joselito Adame, Román y José Garrido): 14.822 espectadores.

Viernes 11 (toros de Pedraza de Yeltes para Manuel Escribano, Daniel Luque y Fortes): 15.889 espectadores.

Sábado 12 (toros de Bohórquez para Martín Burgos, Rui Fernandes, Joao Moura, Leonardo Hernández, Joao Telles y Andrés Romero): 11.623 espectadores.

Domingo 13 (toros de Baltasar Ibán para Alberto Aguilar, Sergio Flores y Francisco José Espada): 13.620 espectadores.

Lunes 14 (toros de Las Ramblas para David Mora, Juan del Álamo y José Garrido): 15.479 espectadores.

Martes 15 (toros de Puerto de San Lorenzo para El Fandi, Paco Ureña y López Simón): 22.275 espectadores.

Miércoles 16 (toros de Núñez del Cuvillo para Antonio Ferrera, José María Manzanares y Alejandro Talavante): 23.624 espectadores (Primer No hay billetes).

Jueves 17 (toros de Juan Pedro Domecq para Finito de Córdoba, Román y Luis David): 16.317 espectadores.

Viernes 18 (toros de Jandilla para Juan José Padilla, Sebastián Castella y Roca Rey): 23.634 espectadores (Segundo No hay billetes).

Sábado 19 (toros de Alcurrucén para Curro Díaz, Joselito Adame y Juan del Álamo): 22.179 espectadores.

Domingo 20 (toros de Capea para Diego Ventura y Leonardo Hernández): 21.243 espectadores.

Lunes 21 (novillos de Conde de Mayalde para Pablo Atienza, Toñete y Alfonso Cadaval): 15.763 espectadores.

Martes 22 (toros de El Ventorillo para Curro Díaz, Morenito de Aranda y David Mora): 17.042 espectadores.

Miércoles 23 (toros de Victoriano del Río para Miguel Ángel Perera, Alejandro Talavante y Roca Rey): 23.624 espectadores (Tercer No hay billetes).

Jueves 24 (toros de Garcigrande, Alcurrucén y Victoriano del Río para El Juli y Ginés Marín): 23.624 espectadores (Cuarto no hay billetes).

Viernes 25 (toros de Núñez del Cuvillo para Juan Bautista, Talavante -sustituto de Ureña- y López Simón): 22.636 espectadores.

Sábado 26 (novillos de Fuente Ymbro para Marcos, Alejandro Gardel y Francisco de Manuel): 16.823 espectadores.

Domingo 27 (toros de Dolores Aguirre para Rubén Pinar, Venegas y Gómez del Pilar): 15.013 espectadores.

Lunes 28 (toros de Partido de Resina para Sánchez Vara -sustituto de Ricardo Torres-, Javier Castaño y Thomas Duffau): suspensión.

Martes 29 (toros de Torrehandilla para Daniel Luque, David Galván y Álvaro Lorenzo).

Miércoles 30 (toros de Garcigrande para Enrique Ponce, Sebastián Castella y el confirmante Colombo): está previsto que se cuelge el No hay billetes (23.624 espectadores).

Andrés Roca Rey

Sus carteles son los más demandados. Actuó el 18 de mayo, con Padilla y Castella, frente a la divisa de Jandilla, y el día 23, con toros de Victoriano del Río, junto a Perera y Talavante.

José María Manzanares

Hizo su primer paseíllo el 16 de mayo, con Ferrera y Talavante, para dar cuenta de la corrida de Núñez del Cuvillo. Dos semanas después, el 1 de junio, torea con Castella y Cayetano los toros de Victoriano del Río.

Alejandro Talavante

Es uno de los toreros que más interés despierta en Madrid. Actúo en las citadas tardes del 16 de mayo, con Ferrera y Manzanares (toros de Cuvillo), y el 23, con Perera y Roca Rey (Victoriano del Río). También entró por la vía de la sustitución, por Paco Ureña, el pasado viernes, y abrió la Puerta Grande junto con López Simón.

El Juli

Tras su apoteosis en Sevilla, toreó el 24 de mayo en la Corrida de la Cultura, mano a mano con Ginés Marín. Entre lo más emocionante de la feria queda la faena de El Juli a Licenciado, de Alcurrucén, al que cortó una oreja.

Enrique Ponce

Comparece una única tarde, el 30 de mayo, para confirmar al venezolano Colombo en presencia de Castella. El ganado es de Garcigrande, hierro con el que abrió la Puerta Grande en San Isidro 2017.

Publicado en ABC

Feria de San Isidro: Las figuras se reparten tres orejas

Por FERNANDO FERNÁNDEZ ROMÁN.

Para torear así, tal cual se muestra en el documento gráfico, el torero tiene que tener la gallardía y el chispazo de inspiración propio de una gran figura del toreo, y el toro tiene que embestir de esa manera. Si ambas cosas no se circunstancian, la belleza del arte del toreo no se produce.

Reflejada la premisa, lo emblemático de la fecha en que se produce el hecho obliga a rendir emocionado culto al Torero por antonomasia, al que fuera indiscutible Sumo Sacerdote de la Tauromaquia de su tiempo, al ídolo inmolado en la plaza de toros de un pueblo toledano, va para un siglo. Noventa y ocho años, exactamente. Noventa y ocho tardes de toros en que los toreros de última generación que se visten de luces cada 16 de mayo, se descubren e inclinan la cabeza para musitar una oración en su recuerdo. Noventa y ocho veces ya que una multitud se pone en pie y guarda un respetuoso minuto de silencio en su memoria. Y es que ayer, hizo noventa y ocho años –se dice pronto—que a Joselito el Gallo le mató un toro en Talavera. Y nos seguimos acordando de él. ¡Cómo sería de grande su arte y de fecunda su obra!

Ayer se colocó el cartel de No Hay Billetes en la fachada de la Plaza de Las Ventas, porque actuaban tres toreros considerados figuras en esta época, dos consolidados, Manzanares y Talavante y uno, Ferrera, que viene trepando por los vagones del tren del toreo y va camino de alcanzar la locomotora. Decir tres figuras del toreo y público de Madrid, equivale a escenificar un escenario de permanente beligerancia. ¿Por qué razón? Razón, ninguna. En cuestiones taurinas, esto es Madrid. La villa y corte. El centro geográfico del país y, por supuesto, el santo y seña de la Tauromaquia; dicho lo cual, conviene recordar que Joselito el Gallo no actuó hace noventa y ocho años en Madrid porque la hostilidad de su público de toros se hacía ya insoportable. Hay que irse, Juan –le dijo a Belmonte–, vayámonos por un tiempo de la Plaza de Madrid y dejemos que vengan otros toreros…; pero se fue solo él, a encontrar su muerte talaverana junto al río Tajo, pegado a la ermita de la Virgen del Prado. Y ahora Madrid, año tras año, como si de una contrición perpetua se tratara, se quita el sombrero, se pone en pie y le dedica un minuto de silencio que a mi me parece más que de rendición admirativa, de remordimiento.

Con estos antecedentes, suponíamos que la corrida de máxima expectación acabaría como el rosario de la aurora. Figuras y Madrid, igual a petardo. Así sucede casi siempre. Pero, venturosamente, no sucedió tal cosa.

Sucedió que vimos al resurgido Antonio Ferrera, ahora colocado en modo homo levitating, vestido de raso y oro, torear a un toro de Cuvillo como si fuera una becerra de tentadero, incluso sin pensar en el premio a ganar, es decir, sin ánimo de lucro. Torear sin ánimo de lucro, aunque sea una metáfora, supone que el toro tampoco ha de poner apenas dificultades, como así era. No quiere esto decir que el peligro –de muerte, también, por supuesto- no acechara al torero. Quiere decir que el toro debe poner emoción a su embestida. Si esa emoción no aparece, el arte puede llegar a convertirse en artificio. Ni ese primer toro de la corrida ni el cuarto de la tarde, segundo del lote de Ferrera, generaron la emoción que lleva implícita la casta brava, por tanto, la emoción hubo de buscarla el torero por la vía de la estética, aunque también debiera estar lejos del amaneramiento. Antonio toreó a sus dos toros despacio, despacio, despacio porque los toros acometían andando, pesadamente. Toreó a placer. Para su placer, principalmente. Dos faenas de parecido corte, con algunos chispazos de cierta genialidad, en las que intercaló muletazos de bella composición. Al primer toro lo mató de una excelente estocada y al segundo de su lote, después de una faena de espejo larguísima, con algunos muletazos que podían servir de modelo para un cartel de Ruano Llopis, de un metisaca en los bajos. Oreja y aviso fue el balance de Ferrera, pero si llega a colocar a este cuarto toro un volapié tan magnífico y tan eficaz como el que recetó al primero, en esta corrida Antonio abre la Puerta Grande de Las Ventas.

Otro tanto le ocurrió a José María Manzanares, que se enfrentó al toro de mejores hechuras del lote enviado por Núñez del Cuvillo, jugado en segundo lugar y de 555 kilos de peso. Eso es entrar en razón. Fue éste un toro algo corretón de salida, al que picó superiormente Chocolate-hijo, pero un toro al que había que someter, porque su encastada embestida generaba calamocheos y rebrincamientos difíciles de aplacar. José María cuajó muletazos excelentes, de largo recorrido y templanza evidente, a pesar de que un sector del público le recriminaba constantemente, con ese ponte aquí y quédate allá, que es el tópico preferido o el catecismo de moda en estos tiempos. Lo cierto es que la labor de Manzanares en este toro fue francamente meritoria, pero caprichosamente devaluada por una corriente empecinada en el distorsionado del sentido común. El quinto fue un jabonero sucio de bella estampa, al que el diestro alicantino toreó de capa con ampuloso juego de brazos y bamboleo suave de la tela. Se arrancó el toro de largo al caballo de picar y Manzanares le volvió a ofrecer la capa para torear por delantales, suaves, sedosos, lentísimos; tan lentos que en uno de ellos por poco se lo lleva el toro por delante. Después, el de Cuvillo presentó problemas por el pitón izquierdo, pero tomó bien –sin perder temperamento— la muleta por el derecho, donde José María encontró los momentos más inspirados. Dos series por ese lado fueron sencillamente magníficas… a pesar de los pesare de por allá arriba del graderío. Otra vez montó la espada y ejecutó el volapié con perfecta sincronía de movimientos, metiendo el acero por el hoyo de las agujas. Solo por la estocada, la oreja que paseó el torero fue un premio de máxima justicia.

Al tercer espada del cartel AlejandroTalavante, le echamos de comer aparte, que diría un castizo. Su primer toro, tercero de la corrida fue un toro enrazado, corniveleto y respondón, al que Talavante toreó por bajo con unos muletazos de inspirado concepto –me atrevería a decir que se le ocurrieron sobre la marcha–, flexionando la pierna de salida de la suerte y obligando a humillar hasta lo inverosímil al toro de Núñez del Cuvillo. Incluso se permitió el lujo de mirar al tendido.

Comienzo tan explosivo auguraba una faena de altas dimensiones, pero el temperamento del toro no permitió excesivas florituras al torero. No obstante, el Tala cuajó muletazos magníficos, sobre todo en dos series con la mano derecha y una –excelsa—de naturales. Mató de estocada casi entera y la oreja cayó, sin discrepancia alguna que tuviera base concreta y sensata. Mejoró su actuación en el sexto, sin duda el toro de la corrida. Un cuvillo castaño que derribó con estrépito al caballo y al picador, Manuel Cid; acudió de nuevo con fijeza al área de castigo y apretó de firme bajo el peto. Arreó en banderillas, pero Juan José Trujillo le ganó la cara en dos pares meritorios, que le obligaron a saludar. La faena de Talavante a este toro olía a Puerta Grande. Más aún: a triunfo grande, de dos orejas. Y a fe que a punto estuvo de conseguirlo, porque toreó de muleta con arrebatada personalidad y desbordante torería. Las series en redondo con la derecha, perfectas; las de naturales, inmaculadas. Faena de gran intensidad que no firmó su espada como merecía. Dos pinchazos y estocada. La ovación, supo a poco.

Tres orejas, tres se repartieron las figuras ayer en Las Ventas del Espíritu Santo. Los tres, tienen nuevas comparecencias contratadas. Los tres deben agradecer a Núñezdel Cuvillo la corrida que envió a Madrid: toros de razonable peso, algunos bien corpulentos, pero todos ellos armados con dos puñales puntiagudos. Corrida, pues, seria y buena en líneas generales, con los matices descritos.

Corrida en la que un año más, salió revalorizado José Gómez Ortega, Gallito, o Joselito el Gallo, como ustedes quieran. En cualquier caso, el Rey de los Toreros, antes, ahora y siempre. Un Rey que ha dejado en prenda su corona: la montera que tuve el honor, el placer y la fortuna de tener entre mis manos durante varios minutos, hace tan solo tres días. Todavía me tiemblan de emoción.

Publicado en República

Foto: NTR Toros.

Feria de San Isidro: Amar la trama

Por Juan José Cercadillo.

Amar la trama más que el desenlace, Jorge Drexler ‘dixit‘.

Amo esa definición para cualquier cosa. Para el trabajo, para la vida, para el amor, para el odio, para la familia o la pareja. Amar la trama, disfrutar el momento, sentir que lo importante no es cómo quieres estar dentro de un tiempo sino cómo estás ahora. Es más fácil cuando disfrutas, cuando eres feliz en lo que haces, cuando no estás forzando situaciones a la búsqueda de mejor posición o sensaciones. Fácil de decir, difícil de hacer… La vida misma. Mucho riesgo olvidarse del final, de la estrategia o el objetivo y entregarse a disfrutar, pase lo que Dios quiera que venga. Pero creo en firme que es la actitud buena para disfrutar de todo, y en especial de los toros, y muy en especial en Las Ventas.

Y este miércoles la trama ha sido de ensueño. Ver a toreros cuajados, sensibles, con arte y con compromiso remontar las envidias de los mediocres, solventar las deficiencias de sus toros, entregar generosos sus interiores hilvanando historias que disfrutar a cada pase, a cada cite, a cada desplante o remate es disfrutar del todo de la trama, sin importar el desenlace de las estocadas perfectas, de las orejas cortadas.

Disfrutamos este miércoles hasta la médula la trama de Antonio Ferrera, la fama de Manzanares, la calma de Talavante, el fluir de una corrida que pudo marcar historia si no caen los toros al piso y se callan los que sobran… Y si no pincha Alejandro, también es cierto. Pero, como siempre en la vida, hay quien no disfruta de nada. Da igual que vean los pases lentos y planos del Manzanares más torero, los naturales profundos, sentidos y verdaderos de un Ferrera en plenitud o la fibra, el temple y la belleza de los pases del figurón del futuro Talavante. Da igual, algunos no quieren verlo y vuelven para sus casas como si no hubiera pasado nada delante de sus narices, al final de sus tendidos y muy muy dentro de su alma.

Y se han cortado tres orejas, una por cada coleta, que decían los antiguos. Y da igual que Ferrera no pudiera rematar el cuarto, que Manzanares no reventara del todo rompiéndose con el buen quinto y sobre todo que Talavante no enterrara esa espada en el impresionante sexto que le hubiera dado una nueva puerta grande de la que contar a tus hijos.

Grandioso Alejandro de tobillos a la nuca, de cintura, de cadera, de muñecas y atributos. Entregado, sensible y templado, me ha encantado la trama de sus faenas. Bien compuestas y llevadas, bien planteadas y serias. Con historia, con su trama y con verdad de la buena.

Amar la trama del toreo, olvidar un poco el desenlace. Más allá… volver a vivir la trama y evitar el desenlace. Disfrutar de cada pase y recordarlo por siempre… Y me da igual la puerta grande.

Plaza de toros de Las Ventas, miércoles 16 de mayo de 2018.

9ª de feria. Lleno de no hay billetes en tarde primaveral y agradable. Toros de Núñez del Cuvillo de entre 533 y 585 kilos muy bien presentados y en tipo, serios y con gran tono en general, flojos algunos, lo que impidió, junto con los pinchazos de Talavante, una tarde de verdadera gloria.

Antonio Ferrera, de nazareno y oro. Oreja y silencio.

Manzanares, de azul marino y oro. Silencio y oreja.

Alejandro Talavante, de blanco y oro. Oreja y gran ovación. Pudo abrir la puerta grande de no pinchar en el sexto tras dos grandiosas faenas.

Se guardó un minuto de silencio al final del paseíllo por el aniversario de la muerte de Joselito el Gallo en Talavera.

Publicado en El Confidencial

Foto: NTR TOROS.