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Feria de San Isidro: Las figuras se reparten tres orejas

Por FERNANDO FERNÁNDEZ ROMÁN.

Para torear así, tal cual se muestra en el documento gráfico, el torero tiene que tener la gallardía y el chispazo de inspiración propio de una gran figura del toreo, y el toro tiene que embestir de esa manera. Si ambas cosas no se circunstancian, la belleza del arte del toreo no se produce.

Reflejada la premisa, lo emblemático de la fecha en que se produce el hecho obliga a rendir emocionado culto al Torero por antonomasia, al que fuera indiscutible Sumo Sacerdote de la Tauromaquia de su tiempo, al ídolo inmolado en la plaza de toros de un pueblo toledano, va para un siglo. Noventa y ocho años, exactamente. Noventa y ocho tardes de toros en que los toreros de última generación que se visten de luces cada 16 de mayo, se descubren e inclinan la cabeza para musitar una oración en su recuerdo. Noventa y ocho veces ya que una multitud se pone en pie y guarda un respetuoso minuto de silencio en su memoria. Y es que ayer, hizo noventa y ocho años –se dice pronto—que a Joselito el Gallo le mató un toro en Talavera. Y nos seguimos acordando de él. ¡Cómo sería de grande su arte y de fecunda su obra!

Ayer se colocó el cartel de No Hay Billetes en la fachada de la Plaza de Las Ventas, porque actuaban tres toreros considerados figuras en esta época, dos consolidados, Manzanares y Talavante y uno, Ferrera, que viene trepando por los vagones del tren del toreo y va camino de alcanzar la locomotora. Decir tres figuras del toreo y público de Madrid, equivale a escenificar un escenario de permanente beligerancia. ¿Por qué razón? Razón, ninguna. En cuestiones taurinas, esto es Madrid. La villa y corte. El centro geográfico del país y, por supuesto, el santo y seña de la Tauromaquia; dicho lo cual, conviene recordar que Joselito el Gallo no actuó hace noventa y ocho años en Madrid porque la hostilidad de su público de toros se hacía ya insoportable. Hay que irse, Juan –le dijo a Belmonte–, vayámonos por un tiempo de la Plaza de Madrid y dejemos que vengan otros toreros…; pero se fue solo él, a encontrar su muerte talaverana junto al río Tajo, pegado a la ermita de la Virgen del Prado. Y ahora Madrid, año tras año, como si de una contrición perpetua se tratara, se quita el sombrero, se pone en pie y le dedica un minuto de silencio que a mi me parece más que de rendición admirativa, de remordimiento.

Con estos antecedentes, suponíamos que la corrida de máxima expectación acabaría como el rosario de la aurora. Figuras y Madrid, igual a petardo. Así sucede casi siempre. Pero, venturosamente, no sucedió tal cosa.

Sucedió que vimos al resurgido Antonio Ferrera, ahora colocado en modo homo levitating, vestido de raso y oro, torear a un toro de Cuvillo como si fuera una becerra de tentadero, incluso sin pensar en el premio a ganar, es decir, sin ánimo de lucro. Torear sin ánimo de lucro, aunque sea una metáfora, supone que el toro tampoco ha de poner apenas dificultades, como así era. No quiere esto decir que el peligro –de muerte, también, por supuesto- no acechara al torero. Quiere decir que el toro debe poner emoción a su embestida. Si esa emoción no aparece, el arte puede llegar a convertirse en artificio. Ni ese primer toro de la corrida ni el cuarto de la tarde, segundo del lote de Ferrera, generaron la emoción que lleva implícita la casta brava, por tanto, la emoción hubo de buscarla el torero por la vía de la estética, aunque también debiera estar lejos del amaneramiento. Antonio toreó a sus dos toros despacio, despacio, despacio porque los toros acometían andando, pesadamente. Toreó a placer. Para su placer, principalmente. Dos faenas de parecido corte, con algunos chispazos de cierta genialidad, en las que intercaló muletazos de bella composición. Al primer toro lo mató de una excelente estocada y al segundo de su lote, después de una faena de espejo larguísima, con algunos muletazos que podían servir de modelo para un cartel de Ruano Llopis, de un metisaca en los bajos. Oreja y aviso fue el balance de Ferrera, pero si llega a colocar a este cuarto toro un volapié tan magnífico y tan eficaz como el que recetó al primero, en esta corrida Antonio abre la Puerta Grande de Las Ventas.

Otro tanto le ocurrió a José María Manzanares, que se enfrentó al toro de mejores hechuras del lote enviado por Núñez del Cuvillo, jugado en segundo lugar y de 555 kilos de peso. Eso es entrar en razón. Fue éste un toro algo corretón de salida, al que picó superiormente Chocolate-hijo, pero un toro al que había que someter, porque su encastada embestida generaba calamocheos y rebrincamientos difíciles de aplacar. José María cuajó muletazos excelentes, de largo recorrido y templanza evidente, a pesar de que un sector del público le recriminaba constantemente, con ese ponte aquí y quédate allá, que es el tópico preferido o el catecismo de moda en estos tiempos. Lo cierto es que la labor de Manzanares en este toro fue francamente meritoria, pero caprichosamente devaluada por una corriente empecinada en el distorsionado del sentido común. El quinto fue un jabonero sucio de bella estampa, al que el diestro alicantino toreó de capa con ampuloso juego de brazos y bamboleo suave de la tela. Se arrancó el toro de largo al caballo de picar y Manzanares le volvió a ofrecer la capa para torear por delantales, suaves, sedosos, lentísimos; tan lentos que en uno de ellos por poco se lo lleva el toro por delante. Después, el de Cuvillo presentó problemas por el pitón izquierdo, pero tomó bien –sin perder temperamento— la muleta por el derecho, donde José María encontró los momentos más inspirados. Dos series por ese lado fueron sencillamente magníficas… a pesar de los pesare de por allá arriba del graderío. Otra vez montó la espada y ejecutó el volapié con perfecta sincronía de movimientos, metiendo el acero por el hoyo de las agujas. Solo por la estocada, la oreja que paseó el torero fue un premio de máxima justicia.

Al tercer espada del cartel AlejandroTalavante, le echamos de comer aparte, que diría un castizo. Su primer toro, tercero de la corrida fue un toro enrazado, corniveleto y respondón, al que Talavante toreó por bajo con unos muletazos de inspirado concepto –me atrevería a decir que se le ocurrieron sobre la marcha–, flexionando la pierna de salida de la suerte y obligando a humillar hasta lo inverosímil al toro de Núñez del Cuvillo. Incluso se permitió el lujo de mirar al tendido.

Comienzo tan explosivo auguraba una faena de altas dimensiones, pero el temperamento del toro no permitió excesivas florituras al torero. No obstante, el Tala cuajó muletazos magníficos, sobre todo en dos series con la mano derecha y una –excelsa—de naturales. Mató de estocada casi entera y la oreja cayó, sin discrepancia alguna que tuviera base concreta y sensata. Mejoró su actuación en el sexto, sin duda el toro de la corrida. Un cuvillo castaño que derribó con estrépito al caballo y al picador, Manuel Cid; acudió de nuevo con fijeza al área de castigo y apretó de firme bajo el peto. Arreó en banderillas, pero Juan José Trujillo le ganó la cara en dos pares meritorios, que le obligaron a saludar. La faena de Talavante a este toro olía a Puerta Grande. Más aún: a triunfo grande, de dos orejas. Y a fe que a punto estuvo de conseguirlo, porque toreó de muleta con arrebatada personalidad y desbordante torería. Las series en redondo con la derecha, perfectas; las de naturales, inmaculadas. Faena de gran intensidad que no firmó su espada como merecía. Dos pinchazos y estocada. La ovación, supo a poco.

Tres orejas, tres se repartieron las figuras ayer en Las Ventas del Espíritu Santo. Los tres, tienen nuevas comparecencias contratadas. Los tres deben agradecer a Núñezdel Cuvillo la corrida que envió a Madrid: toros de razonable peso, algunos bien corpulentos, pero todos ellos armados con dos puñales puntiagudos. Corrida, pues, seria y buena en líneas generales, con los matices descritos.

Corrida en la que un año más, salió revalorizado José Gómez Ortega, Gallito, o Joselito el Gallo, como ustedes quieran. En cualquier caso, el Rey de los Toreros, antes, ahora y siempre. Un Rey que ha dejado en prenda su corona: la montera que tuve el honor, el placer y la fortuna de tener entre mis manos durante varios minutos, hace tan solo tres días. Todavía me tiemblan de emoción.

Publicado en República

Foto: NTR Toros.

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Feria de San Isidro: Amar la trama

Por Juan José Cercadillo.

Amar la trama más que el desenlace, Jorge Drexler ‘dixit‘.

Amo esa definición para cualquier cosa. Para el trabajo, para la vida, para el amor, para el odio, para la familia o la pareja. Amar la trama, disfrutar el momento, sentir que lo importante no es cómo quieres estar dentro de un tiempo sino cómo estás ahora. Es más fácil cuando disfrutas, cuando eres feliz en lo que haces, cuando no estás forzando situaciones a la búsqueda de mejor posición o sensaciones. Fácil de decir, difícil de hacer… La vida misma. Mucho riesgo olvidarse del final, de la estrategia o el objetivo y entregarse a disfrutar, pase lo que Dios quiera que venga. Pero creo en firme que es la actitud buena para disfrutar de todo, y en especial de los toros, y muy en especial en Las Ventas.

Y este miércoles la trama ha sido de ensueño. Ver a toreros cuajados, sensibles, con arte y con compromiso remontar las envidias de los mediocres, solventar las deficiencias de sus toros, entregar generosos sus interiores hilvanando historias que disfrutar a cada pase, a cada cite, a cada desplante o remate es disfrutar del todo de la trama, sin importar el desenlace de las estocadas perfectas, de las orejas cortadas.

Disfrutamos este miércoles hasta la médula la trama de Antonio Ferrera, la fama de Manzanares, la calma de Talavante, el fluir de una corrida que pudo marcar historia si no caen los toros al piso y se callan los que sobran… Y si no pincha Alejandro, también es cierto. Pero, como siempre en la vida, hay quien no disfruta de nada. Da igual que vean los pases lentos y planos del Manzanares más torero, los naturales profundos, sentidos y verdaderos de un Ferrera en plenitud o la fibra, el temple y la belleza de los pases del figurón del futuro Talavante. Da igual, algunos no quieren verlo y vuelven para sus casas como si no hubiera pasado nada delante de sus narices, al final de sus tendidos y muy muy dentro de su alma.

Y se han cortado tres orejas, una por cada coleta, que decían los antiguos. Y da igual que Ferrera no pudiera rematar el cuarto, que Manzanares no reventara del todo rompiéndose con el buen quinto y sobre todo que Talavante no enterrara esa espada en el impresionante sexto que le hubiera dado una nueva puerta grande de la que contar a tus hijos.

Grandioso Alejandro de tobillos a la nuca, de cintura, de cadera, de muñecas y atributos. Entregado, sensible y templado, me ha encantado la trama de sus faenas. Bien compuestas y llevadas, bien planteadas y serias. Con historia, con su trama y con verdad de la buena.

Amar la trama del toreo, olvidar un poco el desenlace. Más allá… volver a vivir la trama y evitar el desenlace. Disfrutar de cada pase y recordarlo por siempre… Y me da igual la puerta grande.

Plaza de toros de Las Ventas, miércoles 16 de mayo de 2018.

9ª de feria. Lleno de no hay billetes en tarde primaveral y agradable. Toros de Núñez del Cuvillo de entre 533 y 585 kilos muy bien presentados y en tipo, serios y con gran tono en general, flojos algunos, lo que impidió, junto con los pinchazos de Talavante, una tarde de verdadera gloria.

Antonio Ferrera, de nazareno y oro. Oreja y silencio.

Manzanares, de azul marino y oro. Silencio y oreja.

Alejandro Talavante, de blanco y oro. Oreja y gran ovación. Pudo abrir la puerta grande de no pinchar en el sexto tras dos grandiosas faenas.

Se guardó un minuto de silencio al final del paseíllo por el aniversario de la muerte de Joselito el Gallo en Talavera.

Publicado en El Confidencial

Foto: NTR TOROS.

Corrida de expectación en Madrid: 3 de las 4 Puertas de Talavante han sido toreando con Manzanares…

Mientras el Atlético de Madrid se jugará en Lyon ser campeón de la Europe League, en la plaza de toros de Las Ventas Ferrera, Manzanares y Talavante miden sus fuerzas en el primer gran cartel de San Isidro 2018. Mucha expectación para esta corrida en la que se lidiarán toros de Cuvillo.

Atentos a las claves y curiosidades que nos ofrece, un día más, Datoros.com

De SOL y SOMBRA.

Talavante fue el torero que más cortó en la pasada feria de San Isidro (3). Por primera vez en su carrera puntuó en tres tardes en una misma feria (En Beneficencia –fuera de abono en 2017- se marchó de vacío).

Entre los 3 toreros, Talavante domina claramente el marcador en Las Ventas. El extremeño suma 15 orejas, 4 Puertas Grandes y 3 toros desorejados. Por su parte, Manzanares ha cortado en Madrid 8 orejas, ha salido dos veces a hombros y ha desorejado a otros tantos toros. Ferrera suma en toda su carrera 9 orejas, 1 salida a hombros y un toro desorejado.

Talavante se ha impuesto en los duelos con Manzanares en Las Ventas. 3 de las 4 Puertas Grandes que Talavante ha logrado en Madrid han sido toreando con Manzanares. Mientras, el alicantino nunca ha salido a hombros cuando ha hecho el paseíllo con el extremeño, sumando 3 trofeos menos.

Manzanares llega a Madrid tras desorejar un Cuvillo en La Maestranza. El alicantino es el único torero en la historia que ha desorejado un toro de Cuvillo en Las Ventas y en Sevilla en un mismo año (2011). Esta temporada podría lograrlo de nuevo.

José María Manzanares ha abierto en dos ocasiones la Puerta Grande de Madrid (2011 y 2016) En caso de lograrlo de nuevo igualaría las 3 salidas a hombros de su añorado padre.

Talavante ha cortado al menos una oreja en 6 de las últimas 7 temporadas en las que ha toreado en Madrid. Desde 2011 tan sólo se fue en blanco en 2014. Más irregular es Manzanares, que nunca ha encadenado más de dos años consecutivos puntuando. No obstante, desde 2011 nunca ha sumado dos años marchándose de vacío, algo que le ocurrió en 2017.

Talavante se puede convertir en el torero en la historia que más orejas ha cortado a los Cuvillo en Madrid. Hasta ahora está empatado a 4 orejas con Miguel Ángel Perera.

Ferrera vuelve a Madrid donde no pudo torear en la pasada feria de Otoño, cuando estaba anunciado dos tardes. El año pasado cortó una oreja de peso a un toro de Las Ramblas. No encadena dos años seguidos puntuando en Madrid desde 2002 – 2003.

Desde 2008 tres toreros han desorejado a un Cuvillo en Madrid: Perera (2008), Castella (2009) y Manzanares (2011). Sólo Manzanares lo hizo en la feria de San Isidro.

Hace 44 años que nadie desoreja un toro en Madrid un 16 de mayo. El último en lograrlo fue Antonio José Galán en 1974.

La corrida de hoy:

Enchiquerados seis toros de Núñez del Cuvillo para Antonio Ferrera, José María Manzanares y Alejandro Talavante.

ORDEN GANADERÍA Nº G. NACI. PESO NOMBRE CAPA TORERO

1º NÚÑEZ DEL CUVILLO 2 4 09/13 553 FUNDADOR COLORADO ANTONIO FERRERA

2º NÚÑEZ DEL CUVILLO 116 4 12/13 555 VERLANGUILLO NEGRO J.M. MANZANARES

3º NÚÑEZ DEL CUVILLO 255 4 01/14 538 AGUADOR NEGRO TALAVANTE

4º NÚÑEZ DEL CUVILLO 95 4 10/13 570 RESCOLDITO COLORADO ANTONIO FERRERA

5º NÚÑEZ DEL CUVILLO 69 4 12/13 585 TRISTÓN JABONERO J.M. MANZANARES

6º NÚÑEZ DEL CUVILLO 131 4 09/13 560 ROSITO COLORADO CHORREADO EN VERDUGO TALAVANTE

S1 JOSÉ CRUZ 39 3 10/12 580 NIGERIANO NEGRO

S2 BUENAVISTA 5 3 12/12 575 PENSATIVO NEGRO

PRESIDENTE: D. JOSÉ MAGÁN ALONSO

DELEGADO GUBERNATIVO: D. LUIS MARIANO AGULLA LÓPEZ
ASESOR: D. PEDRO HERRANZ `MADRILES.

VETERINARIOS: D. ENRIQUE RECAS VARAS. Da BEGOÑA FLORES OCEJO, D. FDO. DAVID FUENTE FUENTE

ANTONIO FERRERA

PICADOR ANTONIO PRIETO (Pizarra y oro) PICA 1º
PICADOR JOSÉ MARIA GONZÁLEZ (Corinto y oro) PICA 4º
BANDERILLERO JOSÉ MANUEL MONTOLIÚ (Azul noche y plata) LIDIA 1º
BANDERILLERO JAVIER VALDEORO (Sangre de toro y plata) LIDIA 4º
BANDERILLERO JAVIER SÁNCHEZ ARAUJO (Verde y plata)
MOZO DE ESPADAS OMAR FLORES
APODERADO

JOSÉ MARÍA MANZANARES

PICADOR PEDRO MORALES “CHOCOLATE” (Azul y oro) PICA 2º
PICADOR PACO MARÍA (Azul rey y oro) PICA 5º
BANDERILLERO JESÚS GONZÁLEZ “SUSO” (Sangre de toro y azabache) LIDIA 2º
BANDERILLERO RAFAEL ROSA (Lirio y azabache) LIDIA 5º
BANDERILLERO LUIS BLÁZQUEZ (Celeste y azabache)
MOZO DE ESPADAS FRANCISCO JAVIER CASTRO
APODERADO CASA MATILLA

ALEJANDRO TALAVANTE

PICADOR MIGUEL ÁNGEL MÚÑOZ (Burdeos y oro) PICA 3º
PICADOR MANUEL CID (Pizarra y oro) PICA 6º
BANDERILLERO JUAN JOSÉ TRUJILLO (Visón y azabache) LIDIA 3º
BANDERILLERO VALENTÍN LUJÁN (Azul y azabache) LIDIA 6º
BANDERILLERO JULIO LÓPEZ (Verde y azabache)
MOZO DE ESPADAS CARLOS MONTAÑO
APODERADO CASA MATILLA

Twitter @Twittaurino

Puerta Grande para Manzanares en Valladolid

Valladolid, 13 may (EFE).- El diestro José María Manzanares, que cortó dos orejas, fue el triunfador de la corrida celebrada en Valladolid con motivo de la festividad de San Pedro Regalado, en la que Morante de la Puebla logró también un trofeo, mientras que Alejandro Talavante se marchó de vacío con el lote más deslucido.

FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Núñez del Cuvillo, correctos de presencia, nobles, justos de raza y fuerzas.

José Antonio “Morante de la Puebla”, silencio y oreja tras aviso.

José María Manzanares, oreja y oreja.

Alejandro Talavante, ovación y silencio.

La plaza rozó el lleno en los tendidos en tarde ventosa y de fresca temperatura,

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SUPO A POCO

Gran expectación en el coso del Paseo de Zorrilla para ver la segunda actuación de Morante, tras su vuelta ayer en los ruedos en Jerez. Casi se llenó la plaza, con público venido de toda la geografía nacional, lo que provocó que el festejo comenzara con quince minutos de retraso, debido a las largas colas para acceder a los tendidos.

Poca historia tuvo el primero de la tarde, Vinatero, un toro que punteaba los engaños. Morante, al que molestó el viento, eligió terrenos de rayas para un trasteo casi íntegramente basado en la zurda, dejando algún natural de bella factura dentro de un conjunto sin relieve. Desafortunado con los aceros.

En su segundo turno, con el cuarto, anduvo muy torero su inicio de faena por ayudados por alto y firmó sobre la diestra buenos momentos, con un toro que echaba la cara arriba a mitad del viaje. Molestó mucho el viento, lo que condicionó la búsqueda continua de terrenos más resguardados.

Pero mantuvo el sevillano la enjundia sobre la diestra en la corta distancia, en las tablas, a lo largo de una faena de largo metraje, y de menos a más, rubricada con una estocada entera, perdiendo la muleta. Cortó un oreja.

Jugó bien los brazos a la verónica Manzanares con el segundo, con el que se desmonteró “El Suso” con los palos.

Faena intermitente del alicantino sobre la diestra en la que hubo pasajes presididos por el empaque y la prestancia pero en tandas demasiado cortas ante un toro que repitió en la embestida pero justo de fortaleza. Oreja al canto.

Manzanares, con el quinto, un toro más apretado de carnes y ofensivo por delante, lo llevó a media altura, pero sin poder sacarlo a los medios por el viento. Corrió bien la mano diestra, con temple y continuidad, sin embargo, resultaron excesivos los tiempos muertos. Feo metisaca en el primer envite, aunque la estocada entera en la suerte de recibir en el segundo intento le valió otra oreja.

Supo a poco la actuación de Talavante, que inició la faena del tercero con estatuarios, para continuar con tandas cortas por ambos pitones ante un toro bondadoso pero de escaso fuelle. Fácil el torero extremeño, dentro de un conjunto falto de relieve.

El sexto, un toro claudicante, no le dio la más mínima opción, y el extremeño decidió de forma acertada abreviar.

Publicado en La Vanguardia.

SEVILLA. “Una noble corrida de Cuvillo”

Reabierto el debate sobre el toro de Sevilla, cuatro y casi cinco ejemplares dan la razón a sus partidarios. Dos orejas muy generosas para Manzanares. Festejo solo discreto.

Por Barquerito.

Martes, 17 de abril de 2018. Sevilla. 9ª de abono. 9.500 almas. Primaveral. Dos horas y veinte minutos de función. Seis toros de Núñez del Cuvillo. Castella, silencio tras un aviso y saludos tras un aviso. Manzanares, dos orejas y saludos. Talavante, una oreja y silencio. Dos pares notables de José Chacón al primero

LA CORRIDA DE Cuvillo, muy astifina, fue dechado de nobleza. Con una excepción, la del sexto toro, negro berrendo, de familia muy distinta a las de los cinco previos. Tampoco es que el del cierre fuera toro pérfido ni artero, porque en la ganadería de Cuvillo no los hay, pero se soltó de una primera vara que cobró empujando a favor de querencia, cobró un segundo puyazo trasero -y lo acusó, cabezazos sueltos- y reculó en banderillas. Valentín Luján perdió pie al salir del tercer par -probablemente un patinazo en la raya de cal- y el toro se volvió a buscarlo en el suelo. Ni al quite a tiempo de Manzanares obedeció el toro al tener la presa tan a mano. Pero no pasó nada.

Tampoco cuando Talavante salió prendido y volteado de la estocada con que tumbó al tercero de la tarde. No solo la paliza, sino el batacazo. Sentado en el estribo, asistido por muchos, Talavante tardó en reponerse y se asustó la gente. Fue solo el susto. Talavante llevaría el recuerdo del percance y pasó de puntillas, o a la defensiva, con el berrendo. Ni intención de gobernar al toro ni de meterse con él. Era el último de los seis que mataba en el abono de Sevilla. En tres de las cuatro últimas corridas en puntas estuvo anunciado: el sábado, el lunes y el martes. Sesión continua. Una idea contraproducente.

Lo más redondo que hizo Talavante esta vez fue un quite por delantales en los medios al segundo de la tarde, el de mejor nota de todos. El tercero estuvo a punto de desarmarlo en el recibo de capa. Tan despegados fueron los lances de saludo. No lo más redondo, pero sí lo más brillante fue la decisión de irse a los medios de partida con ese tercer toro, que cabeceó y se escupió en varas, pero galopó con ganas en banderillas. Trujillo le puso dos pares soberbios y de pronto pareció el toro claro y pronto. La apertura de faena con largos muletazos genuflexos y su coda fue promesa de trabajo mayor. Solo la promesa porque, de más a menos, la deriva abundó en el conformismo de fondo y en cosas para la galería: los desplantes, los muletazos rehilados, los pases mirando al tendido, los cites frontales muy impostados, una arrucina ligada con un molinete. La banda, en tarde gratuita y regalosa, puso música de fondo.

También la primera faena de Manzanares se vio regalada de los músicos antes de los diez viajes, ninguno de mayor cuantía. Un pasodoble tan torero como el “Cielo andaluz”, de Pascual Marquina, tenido por predilecto del torero. No solo la afinada orquesta de Tristán, que no paró y hasta resultó invasiva por su falta de medida. El toro, de tranco suave y seguro, la fuerza precisa, candentito y cadencioso -de nombre, Encendido-, fue música también. Espaciada en seis o siete tandas de logros desiguales, pero jaleada como acontecimiento por una mayoría y sin votos en contra, la faena tuvo por remate una estocada en la suerte natural. Manzanares recibió al toro sin aliviarse, pero la espada cayó trasera. Tardó mucho en doblar el toro, que se salió de rayas afuera en larga agonía. Esa muerte -la boca cerrada, como prefieren los toristas- levantó un clamor en ola. El clamor se hizo tan contagioso que hasta el mismo presidente sucumbió: dos orejas. No a la vez.

De manera que, echando cuentas, a Manzanares le bastaba con una más del quinto de corrida para abrir la Puerta del Príncipe famosa. Estaba de dulce la gente. El palco, también. Y no menos el toro, de manos leves y pantanosas, el carburador algo gripado y la misma nobleza del común de la corrida. Manzanares lo libró en el recibo con una larga cambiada de rodillas en tablas, pero el toro tardó en ser fijado a pesar de una molienda notoria de capotazos estériles. Morosa hasta la exageración, sembrada de tiempos muertos sin cuento, la faena se convirtió en parodia del toreo despacioso. De abajo arriba, de uno en uno, muchos paseos. Media atravesada y un descabello.

El primero de Castella, brusco al principio, se apagó después de enganchar mucho la muleta. Castella estuvo fino con el capote -templados lances rodilla en tierra-, pero se puso trabajoso solo después de haber arrancado faena con una estimable tanda de ayudados por alto del repertorio mexicano, a suerte cargada. No lo vio con la espada. Tampoco en el segundo turno con un cuarto que se paró y se quedó a mitad de suerte hasta dos veces. Sin rechistar. La carga de nobleza. Sin inmutarse Castella, que se sintió obligado a seguir y seguir. Se llevaba un botín de tres orejas a mitad de corrida. La tómbola.

Publicado en Torodos.com

Sevilla: De la espada de Manzanares y la izquierda de Talavante

Plaza de la Real Maestranza. Octava corrida. Lleno. Toros de NÚÑEZ DELCUVILLO (5), bien presentados, dos con mucha clase, 2º y 3º, bajos de casta y de pobre juego en varas. SEBASTIÁN CASTELLA (4), de azul marino y oro. Dos pinchazos y bajonazo trasero. Un aviso (silencio). Dos pinchazos y estocada trasera. Un aviso (saludos). JOSÉ MARÍA MANZANARES (7), de grana y oro. Estocada (dos orejas). Pinchazo hondo y descabello (saludos). ALEJANDRO TALAVANTE (6), de negro y oro. Estocada corta (una oreja). Dos pinchazos, media estocada, seis descabellos. Un aviso (silencio).

Por Carlos Ilián.

Después del desmadre y el triunfalismo desatado del día anterior ayer se volvió a la normalidad, aunque Manzanares anduvo coqueteando con la Puerta del Príncipe pero el quinto toro se defendió aunque José Maria, a pesar de todo cuajó algún natural suelto y una tanda de redondos indiscutibles. Si llega a meter la espada como en el segundo corta la oreja y se va en hombros.

Y es que en su primero, después de una faena medida y en la que el de Alicante nos enseñó su versión buena, sin aliviarse ni meterse en el cuello o abusar de la insoportable noria, Manzanares hizo la suerte de recibir de forma soberbia. Esa espada es de época. No le voy a dejar de elogiar la cadencia y la hondura de sus mejores muletazos al buen cuvillo, el mejor de una corrida mediocre.

A la espada de Manzanares hay que añadirle, como protagonista de la tarde, la mano izquierda de Alejandro Talavante. La echábamos de menos en esta feria que esta siendo muy pobre para el torero extremeño. Pero ayer nos dejó dos series de naturales que recitó con la hondura y la pureza del toreo más indiscutible; cada muletazo era una sinfonía. Se la jugó al entrar a matar para marrar esa oreja que nadie discutió.

Sebastián Castella alargó sin sentido una faena de trallazos al primero, un cuvillo descastadísimo y en el cuarto, que se desfondó, se jusatificó metido entre los pitones del toro moribundo.

Publicado en Marca

Sevilla: Historia taurina del Domingo de Resurrección

Historia taurina del Domingo de Pascua.

Resurrección en Sevilla. Convertida en una de las citas más lujosas de la temporada, la corrida del Domingo de Resurrección no siempre fue el acontecimiento glamuroso que hoy conocemos. Esta es su historia…

Por ÁLVARO R. DEL MORAL.

El brillo de la corrida del Domingo de Resurrección no siempre fue tan rutilante. Un vistazo al último siglo del hoy lujoso festejo pascual revela distintas épocas y orientaciones hasta que la cita se convierte en el meeting glamuroso que hoy conocemos. Para ello, tuvo mucho que ver la definitiva forja de lo que hoy entendemos por currismo, perfectamente enhebrada con la visión de Diodoro Canorea, que transformó un festejo de circunstancias en un escaparate de lujo.

La Edad de Oro del toreo dejó su impronta el Domingo de Resurrección. Marcaremos el inicio en 1913, primer año completo de matador de Joselito y temporada de la alternativa de Belmonte. Pero es El Gallo, mano a mano con Bombita, el que actúa en Pascua. Juan Belmonte se asoma al cartel en 1914 y repite en 1916, mano a mano con Joselito. Volverían a actuar juntos de nuevo en 1920 para despachar ocho toros de González Nandín en unión de Ignacio Sánchez Mejías y Chicuelo. Mes y medio más tarde –fue un 4 de abril– se cerraba toda una época del toreo con la muerte de José en Talavera de la Reina…

La caída del coloso nos adentra en la Edad de Plata. Chicuelo actúa como único espada en 1921. El diestro de la Alameda de Hércules es habitual en estos años junto a toreros como Varelito, Marcial Lalanda, Litri, Algabeño, Posada, el Niño de la Palma… Ese tono medio se mantiene en la década siguiente aunque hay que anotar –además de alguna novillada– el rabo que corta Pepe Bienvenida en 1939 alternando con Cagancho y el infortunado Pascual Márquez, que tiene revolucionado el cotarro en esos años

Los primeros cuarenta son los años de Manolete que, aunque se prodiga en la plaza de la Maestranza, no aparece en los carteles pascuales –tampoco Pepe Luis– que mantienen el pulso gracias a toreros como Pepe Bienvenida o el propio Pascual Márquez, que otorgan la alternativa a José Ignacio Sánchez Mejías el Domingo de Resurrección de 1941. En el terreno anecdótico podemos reseñar la corrida de 1944: El Estudiante y Mario Cabré caen heridos y dejan a Cagancho, el gitano de los ojos verdes, con cuatro toros para él solito. Podemos anotar a toreros como Manuel Martín Vázquez, Gallito, El Calesero, Albaicín, la alternativa de El Yoni… la década no da para más.

Se llora a Manolete, caído en Linares en 1947, y llegan los 50. Pero el lujo de hoy sigue quedando muy lejos. Ángel Peralta comienza a asomarse a unos carteles en los que se puede destacar la presencia de toreros como el viejo Chicuelo, Gitanillo de Triana, Rafael Ortega, Cagancho, Cayetano Ordóñez, Antonio BienvenidaGregorio Sánchez, que cae herido, toma la alternativa en 1956 y un juvenil Antonio Ordóñez se anuncia junto a Manolo Vázquez en 1958 para darle la alternativa a Rafaelito Chicuelo. El mismo tándem repite en el 59 para doctorar a Mondeño.

La década prodigiosa, los felices 60 de la Edad de Platino del toreo, no se refleja en la programación del Domingo de Resurrección. Es frecuente la presencia de los hermanos Peralta a caballo para abrir un cartel en el que desfilan toreros de segunda fila. José Julio, Dámaso Gómez, Corpas, Limeño, Oliva, Zurito o Palmeño, entre otros, marcan el tono discreto de esta década. Ni rastro de Camino, Puerta, El Viti, Ordóñez, El Cordobés…

Curro Romero se anuncia por primera vez en Resurrección en 1969. Lo volvería a a hacer cuatro años más en ese período pero la corrida es aún un festejo de circunstancias en el que no aparecen las figuras del momento. En esos años podemos recordar los nombres de Pepe Limeño, Barea, Riverita, Rafael Torres, Palmeño, Marismeño, José Antonio Campuzano, Currillo… No faltan las alternativas. Son las de Marcelino en 1971, la de Antonio Alfonso Martín en el 78 y la de Pepe Luis Vargas, que llega en 1979. En 1980, con Ostos, Ángel Teruel y Manolo Cortés se eleva el tono y se da cierre a una época.

Pero es, definitivamente, la reaparición de Manolo Vázquez la que abre un nuevo tiempo que no se puede entender sin la presencia, prácticamente ininterrumpida, de Curro Romero en perfecta simbiosis con Diodoro Canorea. Los dos viejos amigos terminan de dar carácter al festejo pascual pero la fecha de partida es 1981: Manolo Vázquez le da la alternativa a su sobrino Pepe Luis en presencia de Romero, que alterna con Paula y Manzanares al año siguiente, el de los Mundiales de Fútbol. En 1983 reaparece el nombre de Manolo Vázquez, que se retiraría triunfalmente en otoño alternando con Antoñete. Su compañero en Resurrección fue Curro. Y el tercero, otro toricantano, Juan Mora.

Paquirri se anuncia en Resurrección por única vez en 1984. Algunos meses más tarde pasaría a la inmortalidad en Pozoblanco. Curro y Galloso completan la terna. Pero es que Curro no se apea ya del cartel hasta 1992 aunque ese año –el de las desmesuras de la Expo– sí se anunció en el lujoso festejo del Lunes de Pascua.

El camero alterna con Paula en 1985 para darle la alternativa a Lucio Sandín. En 1986 aparecen Rafael de Paula y Espartaco, que en esa misma feria forjaría su propio despegue hacia la cima del toreo con el célebre toro Facultades de Manolo González. El camero precede a José Antonio Campuzano y Pepe Luis Vázquez en 1987. Ese bajón argumental se recupera en el 88, con Paula y Espartaco de nuevo en un cartel en el que también será fijo hasta 1995, año de la lesión que le apartó del toreo. Curro y Espartaco alternan con Joselito en el 89. En el 90 le dan la alternativa a Julio Aparicio y en el 91, a Martín Pareja Obregón. En el 92 ceden la fecha a Ortega Cano, César Rincón y el propio Aparicio para retomar su sitio natural en 1993, fecha de la alternativa de Manuel Díaz El Cordobés, que hizo el paseíllo embutido en capote de paseo con el escudo de la Legión. Finito debuta en Pascua junto al equipo habitual en el 94 y en el 95, lo hace Pedrito de Portugal, que vive sus mejores años.

En el 96 hay un nuevo cambio de rumbo. Emilio Muñoz, Rivera Ordóñez, Enrique Ponce, Joselito y hasta José Tomás –que actúa en 1999– serán los nuevos compañeros del camero, que vuelve a alternar con Espartaco en 1999, año de su reaparición. En el 2000 cumpliría su último Domingo de Resurrección acartelado con Ponce y Morante, que debutaba en una fecha que, a partir de ese momento variará por completo su argumento.

La primera década del siglo XXI, en cualquier caso, consagra al Domingo de Resurrección como acontecimiento de la temporada. En 2001 –con el rey Juan Carlos en el Palco– se abre la Puerta del Príncipe para sacar a hombros a José Tomás. En 2002 reapareció Paco Ojeda y el resto es historia reciente.

Publicado en El Correo Web

Feria de la Magdalena: El Juli y Talavante, a hombros en la gran fiesta del toreo y el toro moderno

Alejandro Talavante, al natural, ante el sexto de la tarde. Ángel Sánchez EFE.

José María Manzanares dejó detalles ante una corrida azucarada y de escasas fuerzas

Por Vicente Sobrino – Castellón.

Fue la gran fiesta del toreo moderno. Toro del siglo XXI y toreo del siglo XXI. Toros blandos, cogidos en alfileres, algunos como el tercero y el quinto. Y otros, como primero y sexto, de esos azucarados que de tanto azúcar parecen empalagosos. En varas ninguno rindió honores a la bravura, aunque el primero derribara casi sin pretender. Y alguno apuntó clara mansedumbre en varas, caso del cuarto que salió huyendo del caballo. Y los hubo hasta incómodos, como el segundo, que metió la cara como a regañadientes. Y otro, el quinto, que iba y venía con tanta docilidad como vulgaridad. En cualquier caso, toros que se apuntaron a la fiesta y que, en su mayoría, fueron correspondidos por toreros –Juli, Manzanares y Talavante- duchos y expertos en esta materia ganadera.

El Juli salió como se va a la guerra cuando se quiere ganar por la vía rápida: al ataque. Al azucarado primero lo toreó como y cuanto quiso. Toro cómodo de cara, recogido de pitones, protestado de salida porque renqueaba. Pero fue toro a más, cada cosa en su sitio, y en la muleta recuperó el resuello que de salida no parecía tener. El de Garcigrande fue todo un aliado a la ambición casi desesperada de un Juli que lo toreó a placer. La faena tuvo poso y reposo, con el toro siempre muy embebido en la muleta. Faena colorista y profunda. Inspirada también. Y larga. En resumen, se diría que el toro fue como un juguete en las manos de El Juli. Tumbó al toro sin puntilla y la gente lo celebró a lo grande.

Al manso cuarto le hizo un quite por ‘lopecinas’, con el remate de tres medias enroscándose al toro a la cintura, que enloquecieron al personal. Con la muleta, sin más preámbulos, El Juli hincó las rodillas en la arena y le dio hasta ocho muletazos seguidos de tal guisa. No contento con ello, también de hinojos tres naturales. Ya de pie, el del desprecio. Y la gente, bramando en los tendidos. Un Juli al ataque y atacado. Algo crispado también. Cuando la faena pedía más calma, el toro se volvió más remiso. Le costó ya tomar la muleta, pero la superioridad del torero continuó siendo aplastante. Forzó mucho Juli a que el toro tomara la muleta, y consiguió su objetivo con un coraje desmedido.

El segundo de la tarde fue algo incómodo y Manzanares no logró centrar la faena. Hubo muletazos sueltos de calidad. Academicismo y elegancia, pero la cosa no fue más allá. Faltó acople menos en una serie final con la derecha, la más ligada de faena con altibajos. El quinto, uno de los más serios de la corrida, pero muy justo de fuerzas. Fue y vino a la muleta sin mayores compromisos y sin gran clase. Los muletazos no llegaron en racimos, sino sueltos. Pero los hubo, sobre todo los naturales, que desprendieron indudable clase. Tampoco daba para mucho más un toro dócil, pero también de los que no plantean problemas más allá de sus escasas fuerzas. A sus dos toros Manzanares los mató, con gran seguridad, de dos formidables estocadas aunque algo pasadas.

Se agradeció la brevedad de Talavante con el tullido tercero. Un tremendo volatín del toro nada más iniciar la faena determinó su estado. Antes de tal desaguisado, Talavante lo había recibido con el capote de la forma más variada y luminosa posible: verónicas, chicuelinas, una larga…repertorio a lo grande. Pero el toro dijo basta tras la costalada y Talavante abrevió como manda la lógica en estos casos.

El sexto, otro de los toros más serios, fue recibido por Talavante con lances a una mano. Escena de otros tiempos, con el toro de estos tiempos. Gesto, en todo caso, que se agradece. Un buen toro, sin duda este que cerró la fiesta. Talavante se abrió de muleta de la manera más original e inspirada posible: un cóctel de derechazos en redondo en combinación con las clásicas arrucinas, con el remate de uno del desprecio. Para entonces la plaza ya volvía a ser un clamor. Con el toro muy entregado, la faena recorrió mucho ruedo pero tuvo como principal argumento el toreo al natural. Largos, muy estéticos y mandones. Para que la balanza no pesara más de un lado, sobre la derecha destacó el empaque en todas las acciones posibles. Y la gente, loca de contenta. Ya con la faena muy cumplida, el toro hizo amagos de marcharse a tablas. Para entonces ya estaba todo el pescado vendido. Una buena estocada puso el colofón a la gran fiesta del toro y toreo moderno.

GARCIGRANDE, HERNÁNDEZ / EL JULI, MANZANARES, TALAVANTE

Toros de Garcigrande, los tres primeros, y Domingo Hernández, desiguales de presentación. Blandos en líneas generales, pero muy boyantes para el último tercio.

El Juli: estocada pasada sin puntilla (dos orejas); media pasada que basta (oreja).

José María Manzanares: estocada trasera (saludos); estocada pasada (oreja).

Alejandro Talavante: dos pinchazos y estocada (silencio); estocada (dos orejas).

Plaza de Castellón, 9 de marzo. Cuarta de la Feria de La Magdalena. Prácticamente lleno.

Publicado en El País