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FESTIVAL A BENEFICIO DE LA HERMANDAD DE LA MACARENA: El fuerte tirón taurino de la Semana Santa de Sevilla

El fuerte tirón taurino de la Semana Santa de Sevilla
Lleno en la plaza de la Real Maestranza, donde se vivieron pocos momentos de interés.

Por ANTONIO LORCA

El cartel de ‘no hay billetes’ se colgó antes de las doce de la mañana. Taquillazo gordo, y éxito sin precedentes de la Hermandad de la Macarena de Sevilla, organizadora del festejo. A las cinco y media de la tarde, con un calor abrasador, la plaza sevillana lucía bellamente engalanada y abarrotada de público como un Domingo de Resurrección.

Se demuestra, pues, el fuerte tirón taurino de la Semana Santa de esta ciudad; o los hermanos y simpatizantes macarenos son legión, que lo son; o son muy solidarios, que también, o es que hay mucho taurino escondido a la espera de que alguien le ‘venda’ un producto interesante para pasar por la taquilla.

En fin, que la famosa hermandad de la muy conocida y venerada Virgen Macarena podría ofrecer un master para contar a los empresarios qué se debe hacer para llenar una plaza de toros. Y eso sin que el festejo tuviera carácter de acontecimiento por su contenido porque no se trataba más que de un festival benéfico y, como tal, con reses muy escogidas, toreros amables y nula exigencia de los tendidos.

No obstante, el festejo vivió algunos momentos emotivos, una anécdota y una decepción morantista y muy escasos detalles taurinos. Lo normal para un festival. Lleno de ‘no hay billetes’ Se guardó un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas de las inundaciones de Mallorca.

La plaza se puso en pie y acompañó con una cerrada ovación a la banda del Maestro Tejera durante toda la interpretación del himno nacional desde el mismo ruedo, donde el conjunto musical celebró su 80 aniversario desde que iniciara su relación con la plaza sevillana.

He ahí el primer momento emotivo, que siguió con un lento paseíllo, y el minuto de respetuoso silencio que se guardó en memoria de las víctimas de las inundaciones de Mallorca.

Dávila Miura, en representación de la entidad organizadora, brindó la muerte de su novillo a sus compañeros de cartel en agradecimiento por su participación en esta acción para las necesidades asistenciales de la hermandad.

Y poco más. No fue emocionante, pero sí llamativo constatar el corte de pelo de Morante de la Puebla, lo que le ha permitido recuperar una imagen rejuvenecida.

Y una decepción: el novillo de Miura que iba a lidiar el torero de La Puebla resultó ser un tullido moribundo que hubo de ser devuelto a los corrales. El gozo en un pozo. La única novedad del festejo se diluyo en cuanto el animal evidentes su nula fortaleza.

¿Y el apartado taurino? El festejo dio muy poco de sí.

Quizá, a causa de los muy escogidos novillos, que parecían hechos a mano, a medida, para no molestar. Corderitos todos ellos, amabilísimos, muy blandos de remos, que anduvieron por el albero como almas en pena y, como tales, no aportaron nada al éxito del espectáculo. La excepción la protagonizó el ejemplar de Garcigrande, bravo en el caballo, codicioso en banderillas y repetidor en la muleta, con del que Manzanares no terminó de acoplarse.

A Pepe Luis Vázquez se le vio muy precavido.

Muy suelto Rivera con el capote, entusiasta con los arpones y bullanguero con la muleta. Insulso Dávila, muy despegado siempre, ante un novillo repetidor. Dispuesto en todo momento Morante ante un ‘torrestrella’ apagado. Se estiró a la verónica en este y en el novillo de Dávila, pero el público quiso ver mucho más de lo que realmente vio.

Valentón y responsabilizado Roca Rey ante un animal tullido, y de nada le sirvió el examen al novillero Manolo Vázquez, porque su ‘juguete’ no le permitió demostrar sus teóricas cualidades.

Noche cerrada en Sevilla era cuando finalizó el festejo tres horas de duración. Lo mejor, sin ninguna duda, el taquillazo.

Publicado en El País

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¡Viva Matilla!, el lamentable grito de denuncia de una tauromaquia en crisis

En la atardecida del pasado sábado 29 de septiembre, en medio de la profunda desesperación que se estaba viviendo en la plaza de la Maestranza, con el muy penoso juego de los toros de la familia García Jiménez y la ridícula pantomima de Juan José Padilla, Morante de la Puebla y Roca Rey, surgió un grito desde las gradas de sol que compendiaba de manera concisa y exacta la situación actual de la tauromaquia: ¡Viva Matilla!

Matilla es el apodo de la saga García Jiménez, que nació en los años cuarenta de la mano de Teodoro García Sanchón, veedor de toros del empresario catalán Pedro Balañá. Hoy, la cabeza visible es su nieto, Antonio García Jiménez, empresario, ganadero, apoderado y mandamás del toreo en la sombra. Es un personaje anónimo para la mayoría, pero al que todos los taurinos le conceden una autoridad reverencial. Matilla es el amo, el líder. Nadie sabe explicar por qué y cómo, pero su poder e influencia se extienden a numerosas ganaderías y empresas, de modo que parece claro que pocos papeles —o ninguno— se mueven en el toreo sin su consentimiento.

Quizá, eso podría explicar que los tres hierros ganaderos de su familia estuvieran anunciados en la feria de San Miguel en un cartel de auténtico lujo, sin mérito alguno para ello.

Ya se conoce que el festejo fue escandaloso: toros muy mal presentados, mansos, descastados, sosos, birriosos…, una auténtica basura. Un atropello para las más de diez mil personas que abarrotaron la Maestranza. Un espectáculo denigrante e ignominioso, un puntillazo para la tauromaquia.

Y es en ese ambiente en el que surge el grito desolador de ¡Viva Matilla!, un rugido de denuncia, lamento y desesperanza ante la confirmación de que el toreo actual está en manos de alguien a quien poco, o nada, parece importar su rumbo; que conoce que el público aficionado a los toros es el más generoso y paciente, y sabe que nadie le pedirá cuentas.

Pero alguien será el responsable, además de Matilla, de tan grande desafuero.

Tal vez, el empresario, Ramón Valencia. Qué bueno que el primer día de la semana hubiera convocado un acto público para explicar qué pintaban en Sevilla los toros de Matilla (examen de conciencia), mostrar dolor y arrepentimiento por el daño causado, pedir perdón y comprometerse con el propósito de que esos hierros no vuelvan a aparecer nunca más por su plaza.

Qué bueno que hubiera estado acompañado por los tres toreros para que explicaran por qué aceptaron semejante bazofia y se avinieron a tan monumental ridículo.

¿Y la autoridad, que debe velar por los intereses de los espectadores? ¿Por qué la presidenta Anabel Moreno aprobó la corrida? También debiera ofrecer una explicación coherente.

Pero, no. Nadie hablará. Porque el mundo del toro es un pozo de silencio, en el que la integridad, la transparencia y la seriedad no tienen cabida.

Llegado a este punto, solo queda la resignación, que la tauromaquia nos depare algún momento de emoción a pesar de tanto atropello y aceptar la autoridad del jefe: ¡Viva Matilla!

(Por cierto, apuesten lo que quieran: los toros de la familia García Jiménez volverán a la Maestranza el año que viene. Donde manda capitán…)

(Ah, y que no se queje el empresario de Sevilla: cuenta con los mejores clientes del mundo a pesar del maltrato que reciben).

Los recortadores, ante los toros más exigentes, y los toreros, ante los ‘borregos’. Un dislate.

Día de la Tauromaquia: el mundo al revés

El martes, día 9 de octubre, la Fundación del Toro de Lidia (FTL), —la herramienta creada por todos los taurinos para la defensa, protección y promoción del mundo del toro—, organiza en Valencia el Día de la Tauromaquia, cuyo objetivo es que “todas las tauromaquias, profesionales y afición, muestren su unión y compromiso con el instrumento del que se ha dotado el sector para la defensa y promoción del mundo del toro”, según una nota de la propia Fundación.

Para ello, se celebrará un espectáculo de recortadores por la mañana y un festival taurino por la tarde.

Los recortadores “más prestigiosos de la historia de España, en activo y ya retirados”, se enfrentarán en un concurso ante toros de Adolfo Martín, Victorino Martín, Partido de Resina, Torrestrella, Saltillo, Samuel Flores y Antonio López Gibaja.

A las seis de la tarde, el coso valenciano acogerá “a las máximas figuras del toreo del momento”, (los entrecomillados pertenecen a la propia Fundación), Enrique Ponce, Julián López El Juli, José María Manzanares, Cayetano Rivera, Alejandro Talavante, Román y el novillero Borja Collado, que lidiarán novillos de Núñez del Cuvillo, Domingo Hernández, Garcigrande, Juan Pedro Domecq y Fuente Ymbro.

¿Se trata, acaso, de una broma?

Ya es discutible que un concurso de recortadores represente a la tauromaquia moderna, una modalidad arraigada en algunas zonas de este país y absolutamente desconocida en otras muy taurinas.

Pero lo llamativo no es eso; lo sorprendente e incomprensible es que los recortadores se enfrenten a toros de ganaderías toristas, serias y muy exigentes, y “las máximas figuras del toreo” se anuncien con algunos de los hierros más comerciales y cómodos, criadores del toro más anodino e insulso de la historia de la tauromaquia.

Un contrasentido impresentable; el mundo al revés. Los recortadores, aficionados que no viven del espectáculo, ante los toros más fieros y temibles, y los toreros, ante los borregos.

¿De quién habrá sido la idea? ¿Y cómo se ha atrevido la Fundación a hacerla suya?

¿Acaso es esta la mejor forma de celebrar el Día de la Tauromaquia? No, y mil veces no.

Es, quizá, la conclusión desoladora de que la Fundación del Toro de Lidia es cómplice del sistema, y está al servicio de esas figuras que tan poco bien hacen a la fiesta. Es verdad que esta institución privada vive, también, de las aportaciones económicas de los toreros, pero hay líneas que no se pueden traspasar.

En fin, que entre Matilla y su legión de subordinados, el Día de la Tauromaquia, los integrantes del festival y la Fundación, la tauromaquia seguirá en crisis. El problema es hasta cuándo…

(Y aunque la plaza de Valencia se llene, y ojalá así sea, la iniciativa es un puro dislate…)

Es hora, pues, de que la afición en pleno se levante de sus asientos, y a la de tres reconozca la autoridad del líder y lance al aire el grito de guerra: ‘VIVA MATILLA”.

Publicado en El País

Feria de San Miguel en Sevilla: ‘Locura’ con Manzanares / Tauromaquia ‘low cost’

El torero José María Manzanares, en la Maestranza, en Sevilla. CRISTINA QUICLER .

El torero se cerró la Puerta del Príncipe al fallar con los aceros en tarde triunfalista.

Por Antonio Lorca.

No se podrá quejar Manzanares del trato exquisito que le dispensa la Maestranza. Tanto es así que a punto estuvo de abrir la Puerta del Príncipe si no falla con la espada en el quinto de la tarde. Los alborotados tendidos estaban dispuestos a pedir las dos orejas con fuerza después de una faena elegante, marca del alicantino, a una caricatura de toro bravo, nobilísimo y amuermado animal, que le propinó una voltereta sin consecuencias, lo que acrecentó el triunfalismo imperante.

Pasó que Manzanares es un torero artista, apadrinado por Sevilla, que torea con naturalidad, despegado siempre y muy aliviado; pero es muy del gusto de esta ciudad. Y tuvo delante dos monas de Juan Pedro Domecq, entendiéndose por ellos dos toros de bonitas hechuras, blandurrones, sosos y almibarados. Pero el toro ya no importa en esta plaza; no es más que un colaborador necesario para el artista, un actor secundario.

Y con ambos desarrolló una tauromaquia low cost, pura baratija, con tanta galanura como frialdad. Una oreja cortó a su primero y muchos pidieron la segunda, en una actitud sonrojante.

De tal astilla fue el quinto, bueno y generoso con el torero, y le permitió una faena larga por ambos lados que hizo disfrutar de lo lindo a los que ya soñaban con la salida a hombros. Cometió el error de trazar un molinete de rodillas, el animal se quedó corto y lo atropelló; el torero no estuvo presto para recuperar la verticalidad y el toro lo levantó por los aires sin más consecuencias que el golpetazo seco contra el albero. Citó a recibir con la espada cuando los pañuelos ya asomaban, pero falló y todo quedó en una clamorosa vuelta al ruedo, premio más justo para la labor realizada.

Se marchó Morante de vacío una vez más. Lo intentó, es verdad, pero no aprenderá —ya es muy tarde— la lección de que los toros artistas son embusteros. Apagado y amuermado resultó su primero, y el cuarto se vino abajo cuando la Maestranza esperaba que el torero destapara el tarro de las esencias. Lo cierto es que el inicio de la lidia de ese cuarto toro fue espectacular: lo recibió Morante pegado a tablas, con el capote abierto sobre la espalda y esbozó el inicio del galleo del bu, un par de estimables verónicas dibujó después, tres chicuelinas ceñidísimas a continuación y todo lo remató con una media y una vistosa serpentina. Y la plaza se venía abajo. Pero el gozo quedó en un pozo. Otro torero, al igual que Manzanares, que se presta el engaño continuo y descarado de Juan Pedro Domecq.

Y otro sin motivo de queja es Alfonso Cadaval, que ha tomado la alternativa en tarde de gloria. Tiene maneras y gusto estético, pero desprende fragilidad y escaso entusiasmo. Se lució con el capote en un quite a la verónica y otro por chicuelinas, y lo intentó de veras con la muleta, pero no supo o no pudo despertar el entusiasmo requerido. Su primero llegó al tercio final agotado, y el sexto, también de condición santificadora, le permitió una confianza que no aprovechó. Fue una labor de más a menos; comenzó de rodillas en los medios con una tanda con la mano derecha que abrochó, ya de pie, con un precioso cambio de manos, pero no pasó de ahí.

DOMECQ/MORANTE, MANZANARES, CADAVAL

Toros de Juan Pedro Domecq, desigualmente presentados, mansurrones, descastados, muy blandos y muy nobles.

Morante de la Puebla: casi entera trasera (silencio); estocada (ovación).

José María Manzanares: estocada trasera (oreja); _aviso_ tres pinchazos, un descabello _segundo aviso_ (vuelta al ruedo).

Alfonso Cadaval, que tomó la alternativa: casi entera tendida y trasera (ovación); pinchazo y estocada (vuelta al ruedo).

Plaza de La Maestranza. 30 de septiembre. Tercer y último festejo de la Feria de San Miguel. Lleno.

Publicado en El País

Corridas Generales de Bilbao: Garcigrande, otro bodrio antitoro bravo

Plaza de Vista Alegre. Quinta corrida. Más de media entrada. Toros de GARCIGRANDE /HERNÁNDEZ (3), un desfile de ejemplares faltos de casta en dosis alarmantes. JUAN JOSÉ PADILLA (5), de fucsia y azabache. Estocada (silencio). Estocada (una oreja). EL JULI (5), de negro y oro. Media estocada caída (silencio). Pinchazo y estocada corta (saludos). JOSÉ MARÍA MANZANARES (5), de azul noche y oro. Estocada delantera y desprendida (saludos). Dos pinchazos y estocada caída (saludos).

Por Carlos Ilián.

Después del bochorno que padecimos con la inválida corrida de Cuvillo había cierta esperanza de que Garcigrande fuera otra cosa, al menos más digna.

Pero de aquel bochorno nos hemos dado de cabeza con este otro, un monumento a la falta de casta, al toro bobo y a todo lo que no debe ser el toro bravo. O sea, que las dos ganaderías más comerciales del momento, pedidas por las figuras en Bilbao han sido el derrumbe de la fuerza y de la casta.

No faltarán los acólitos mediáticos del taurinismo que hayan defendido con su destreza tan insoportable colección de toras, si, no de toros.

La tarde para el público bondadoso de Bilbao ofreció un argumento para el entretenimiento y me refiero a la despedida de esta plaza de Juan José Padilla al que se le ofreció un aurrezku de honor antes del paseíllo.

Padilla decía adiós a una plaza en la que se ha jugado la vida muchas veces, esa es la verdad. Sin embargo para tan significado adiós se vistió de banderillero malo, de fucsia y azabache, un horror. Luego se encontró con un manso imposible al que despachó de trámite. El cuarto se dejaba hacer el toreo sin ninguna codicia. Padilla ofreció un recital de banderazos, molinetes y desplantes y mató, eso sí, de una estocada en todo lo alto. Cortó la oreja del adiós.

El Juli se hartó de intentar pegarle un muletazos al segundo, otro manso. En el quinto se estiró en redondos por bajo para componer una faena precisa y medida en el tiempo.

Manzanares con el tercero hizo un remedo de buen gusto ante un morucho. El sexto si que metió la cara especialmente por el pitón derecho, José Mari lo templó en los redondos componiendo con su sello particular. También midió el tiempo con tino y esta vez la espada no fue su punto fuerte.

El cartel de hoy

Toros de El Parralejo para Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera y Ginés Marín.

Publicado en Marca

Roca Rey vuelve a tronar en Valencia

El peruano corta dos orejas y abre la puerta grande en el último suspiro de la feria. Josemari Manzanares interpretó dos sinfonías inacabadas ante la pasión de su público y frente a dos toros de muy diferente condición.

Por JOSÉ LUIS BENLLOCHL.

Cualquiera que se hubiese asomado a la plaza arrastrado el último toro podría pensar que la tarde había sido un paseo en lancha, un desfile triunfal en loor de multitudes, y nada más lejos de la realidad. Fue una tarde extraña, complicada, apartada del guion que había convocado en la plaza la mejor entrada con diferencia de la feria, pero aquella vuelta al ruedo del toro, sorprendente, y los clamores con los que el público despedía a Roca disimulaban la auténtica realidad. Nada que contradiga la legitimidad del triunfo del peruano, que estuvo una vez más contundente y valeroso, con la fe del catecúmeno para perseguir la gloria final hasta allá donde no parecía haber posibilidades.

Antes de ese clímax, la tarde había pasado por los momentos más extraños. Hubo motivos para abjurar de los toros a la moderna, ¡vaya con los cuvillos esta vez!, el primero y el cuarto, mismamente, estuvieron absolutamente vacíos de fuerza y de casta, y ninguno remató en lo que siempre se espera de esta ganadería. Hubo pasajes extrañísimos también, de pura contradicción, como que el toro más protestado por chico, el coloradito tercero, fue el más complicado de la tarde, lo que viene a demostrar que no hace falta ser grande para ser un cabrón. El pájaro embestía rebrincado, pegando tornillazos, a dos velocidades, y acabó con la moral del propio Roca.

Curiosamente, ante la dificultad, los que lo habían protestado de salida ya no dijeron ni mu. Claro que también protestaron al sexto y acabaron premiándolo con la vuelta al ruedo para redondear el más absurdo de los círculos.

Luego, hubo pasajes en los que Manzanares dibujó el toreo.

Fueron dos sinfonías que cabría calificar de inacabadas, que permitieron, una vez más, escenificar el manzanarismo de Valencia, que naturalmente no es mancha sino recordatorio del buen gusto de una afición a la que no siempre se le reconoce. Y hubo, lo dicho, el momento crucial de esa última faena de Roca, de pies muy firmes, la muleta puesta, en una comunión absoluta con un público que si era manzanarista está claro que también idolatra a Roca. La vuelta al ruedo del último toro entra en el capítulo de lo anecdótico, ni una tarde sin una ocurrencia presidencial.

Era la tarde de las figuras. Eso se apreciaba claramente en la afluencia de público. No me cansaré de recordar que históricamente, no me hablen de modas, Valencia es una plaza de carteles cerrados, con todo lo bueno y de malo que tiene el asunto. Con la referencia de las dos tardes que la precedieron hay que convenir que estos carteles generan otro toreo, es otra fiesta, otro mundo. Sucede ahora y sucedió siempre, no cabe rasgarse las vestiduras. Ayer pesó durante mucho tiempo como una losa el nivel de tensión, también de emociones, de la tarde anterior. El libreto en ambos casos lo marcaron los toros. Los de Cuvillo no tuvieron nada que ver con los que le han convertido en predilectos de las figuras.

A estas alturas con los dos toros, muy bonitos por cierto, pero absolutamente muermos y vacíos que le correspondieron a Castella, no creo que al francés le queden muchas ganas de repetir con la divisa de El Grullo.

También hubo toros de alta complicación, el tercero que les he contado, que se llevó Roca. Fue menudo, áspero, con dos velocidades, sin ritmo, y el mismo toro segundo de la tarde se vino arriba en el último tercio y no se entregó en ningún momento, dificultades, por cierto, que siendo de quien eran, no se acabaron de valorar en su justa medida por los tendidos.

Después hubo dos toros con más toreabilidad, caso del quinto, al que Manzanares le tuvo que dar tiempos y tiempos hasta rayar en la pasividad para que no se viniese abajo, y hubo un toro sexto, el de la vuelta al ruedo, inédito en varas y obediente en el tramo final, cuya principal virtud fue la suerte, la suerte de caer en manos de un tipo ambicioso e inasequible al desaliento. En resumen, hubo toros para enfadarse, toros para la esperanza, toros para cuidar mucho y toros para cuidarse de ellos.

El protagonista de la tarde, es evidente, fue el peruano, que se topó con el incómodo tercero, el toro de las dos velocidades, una primera por dentro y medio obediente, y una segunda hasta el final del muletazo, agresiva y descompuesta. Y ante semejante prenda, lo que no puede ser no puede ser y hubo que esperar al sexto. Y como los grandes no se rinden, Roca le salió al jabonero sexto con absoluta decisión. Toro bruscote que apareció sin prometer nada, bruto y desclasado, pero que acabó sometido al mando de RR. Las rogerinas con las que lo puso en suerte fueron el parteaguas de su actuación, el trueno de aviso que despertó al público. La faena fue de mano baja y de plantas firmes, con la muleta siempre adelante en busca de la ligazón que tanto cala en los tendidos. ¡Y vaya si caló! Con la izquierda y con la derecha, aderezados con pellizcos del uy y del ay en las espaldinas. Lo amarró todo con una estocada de efectos espectaculares y el presidente, con buen criterio, le concedió las dos orejas de golpe. Lo del pañuelo azul, a lo peor fue un golpe de ese viento que tanto molestó a los lidiadores a lo largo de la tarde.

La corrida de Núñez del Cuvillo, de muy discreta presentación y desigual juego, apenas dio opción

Las dos primeras partes de las faenas de Josemari fueron de altos vuelos. Hubo muletazos de trazo largo, deslumbrante estética y sobrada torería. Curiosamente, en los dos trasteos, hubo un punto fatídico: dos desarmes de lo más inoportunos. A partir de ahí su primero se vino arriba y su segundo se aplomó hasta hacer imposible la ligazón. Los pasajes más hermosos, una trinchera a su primero, pura inspiración, y una trincherilla sobrada de improvisación y buen gusto, sin olvidar un quite por chicuelinas al quinto, puro manzanarismo, el giro y la mano baja fue un homenaje a su señor padre.

Castella, buena técnica, mucha templanza y pocas opciones ante un lote muy vacío.

Y con esto acabó la feria, que un julio más ha sido la feria de Paco Ureña.

Publicado en Las Provincias

Noticias de España: En Alicante Manzanares y Carretero salvan la tarde / José Adame indulta un toro del Ventorrillo en Las Rozas de Puerto Real

Manzanares y los astros salvan la tarde Por José Luis Benlloch:

Se juntaron los astros. Manzanares rescató la tarde. Sucedió en el quinto. Digo yo que para algo existirán los astros: para salvar maridajes como el de Manzanares por San Juan. Iba la tarde de aquí para allá, mucho torero y poco toro.

También suele pasar cuando se anuncian los de Juan Pedro Domecq.

Pero salió el quinto y se puso a embestir. Sin gran emoción, con mucha toreabilidad, co toda la suerte del mundo en tanto en cuanto Manzanares, obligado por la tierra y por su condición de figura, le dio distancia, tiempo, mimo, ni muy fuerte ni muy flojo, y el toro se creció en su bondad y la faena lo hizo en calidad. Más generosa sobre la mano derecha, excelente en una serie zurda, sin duda el momento de la tarde.

A esas alturas Alicante era una fiesta, con motivos por el toreo de Josemari -otro momento cumbre fue un molinete absolutamente enroscado y ligado con el de pecho- y porque suponía salir del muermo en el que nos habíamos metido. La obra, una vez más, la rubricó con un volapié soberbio. La muerte radical del toro y el clamor del público llevaron a la aparición simultánea de los dos pañuelos de la presidencia. Dos orejas y puerta grande: estamos en Alicante y ni los astros ni Manzanares podían permitir otra solución a la tarde.

Era la tercera corrida de toros de la feria y volvió a llenarse la sombra hasta niveles de auténtica asfixia. Y por esta vez no tenía mal aspecto el inclemente sol.

Afuera no más de cuatro docenas de antitaurinos vociferaban hasta donde les dio el jornal del día. No mucho, por cierto. Y en la plaza la tarde arrancó con la entrega del trofeo de triunfador de Hogueras 2017 a Josemari y con una alternativa, la de Diego Carretero, así que emoción sobre emoción.

Para el primer acto, los compases del himno de Hogueras. Para el segundo, las ovaciones cariñosas de los seguidores del toricantano llegados desde sus tierras albaceteñas. Al toro de la alternativa, Rezongana, toro vivo, chico, bueno, un diez en toreabilidad, el neófito le aplicó un recital capotero. Toreó a la verónica rítmico, suave y sedoso. En la misma línea se manifestó en un quite por chicuelinas y luego la faena, brindada a su mentor, el matador Luis Rubias, tuvo buen trazo, buena intención, momentos lucidos en un principio, algunos más amontonados al final, de tal manera que fue todo de más a menos. En su segundo, que cerraba plaza, estuvo animoso, buscando con fe el éxito que le diese vida. Encontró los mejores momentos sobre la mano izquierda y lo despachó de un excelente estoconazo. Le concedieron dos orejas, que con la del primero fueron tres que le convertían en el triunfador numérico de la tarde.

Sin más historia

El resto de la corrida no tuvo gran historia. El segundo de la tarde fue un muñeco con el que Morante quedó inédito con el capote. Primera mala noticia de la tarde. En cambio su arranque de faena fue precioso. Los ayudados por alto los hubiese firmado Cagancho. Un molinete intermedio muy airoso y la trincherilla nos retrotrajeron a su tierra sevillana y ya vimos poco más porque el toro muñeco no entendía tales fruslerías y se puso incómodo. Excusa suficiente para que Morante abreviase. La gente le pitó porque vino a la plaza con el pack morantista, que supone las ovaciones delirantes y los pitos ñoños, vengan o no vengan al caso.

Su intervención capotera ante el quinto fue radicalmente distinta. Lo recibió por chicuelinas: qué gracia, qué donaire, qué facilidad, y qué torería. Y qué mierda de toro, por cierto. A partir de ahí, el mundo al revés. Morante se puso voluntarioso e insistente. Trabajador. Morante, por Dios, ¡no nos traicionemos los principios!

Del tercero apenas recuerdo unos lances muy parados de José María, muy descargado sobre los talones. El toro, castaño, zancudo y con poca clase, no reaccionó ni siquiera a la perfecta técnica del alicantino. Mucho torero y poco toro en una lucha absolutamente desequilibrada. Lo remató de dos pinchazos y un soberbio volapié.

La corrida acabó tan tarde como en días anteriores, sólo que hubo más motivos para justificarla. La imagen de los dos toreros por la puerta grande –Manzanares y Carretero– recuperaba el perfil más propio de las Hogueras.

Publicado en Las Provincias

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Mexicanos en España:

El diestro mexicano Joselito Adame indultó hoy un toro de El Ventorillo en la localidad madrileña de Las Rozas de Puerto Real y salió a hombros junto a su compatriota Sergio Flores que desorejó a un astado de vuelta al ruedo del mismo hierro.

Se lidiaron toros de El Ventorillo, desiguales de presentación y juego. El mejor, el cuarto, número 42, de nombre “Bordador“, que fue indultado. También fue bueno el tercero, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.

Joselito Adame, oreja, y dos orejas y rabo simbólicos.

Juan del Álamo, silencio y oreja.

Sergio Flores, dos orejas y silencio.

La plaza registró casi media entrada en los tendidos.

Twitter @Twittaurino

FIESTAS DE SAN JUAN Y SAN PEDRO: Cuatro monstruos en una corrida para buenos aficionados

Por María J. Muñiz.

La anuncian como una corrida «monstruo» y desde luego reúne, en lo que a toreros se refiere, algunas de las personalidades taurinas que más desean ver los aficionados en este momento. Personalidades, porque si algo define a los cuatro diestros que esta tarde lidiarán ocho toros en el coso del Parque es su distinta y muy singular concepción del toreo, sus formas y sus liturgias. Prometedor pulso, porque cada uno de ellos se encuentra en un momento de plenitud de su carrera, desde el diestro de pellizco siempre esperado al aspirante ya consagrado en su coraje; del poso de la madurez a la estética atemporal.

Vuelven a la plaza de toros de León los macrofestejos que en su día pergeñó la también singular e inigualable figura del desaparecido Gustavo Postigo, genio y figura de la compleja ingeniería de la mercadotecnia taurina. Buscan revitalizar el pulso de una feria que viene tornando mortecina, sea por el devenir de una Fiesta que no atiende a los nuevos códigos sociales o de un quehacer empresarial que no enlaza la onda que demanda el público cotizante. La oferta es atractiva en lo torerista, quizá falta la tecla torista sin la que la Fiesta languidece.

En uno de los festejos a priori más apetecibles de la temporada taurina, esta tarde, a partir de las 18.00 horas, harán el paseíllo en El Parque la siempre esperada inspiración y originalidad de Morante de la Puebla; el gusto, el poso y la calidad de José Mari Manzanares; la estética disrruptiva, transgresora a la vez que atemporal, de Alejandro Talavante. Y, como guinda, la esperanza ya consolidada de la entrega, la valentía y el momento de oro de Andrés Roca Rey.

Talavante, en el punto dulce del torero triunfador del largo ciclo madrileño de San Isidro, que también dejó huella en la Maestranza. Como lo han hecho el maestro Manzanares y el pujante Roca Rey. Han dado su puñetazo sobre la mesa en las principales ferias hasta el momento. Morante esquiva las televisiones. Hay que sentir su pálpito sobre la arena. Ahí le espera El Parque.

Publicado en Diario de León

25° FERIA DE SAN ISIDRO: La raza de Cayetano más allá de la oreja

Por Sixto Naranjo.

Reventón de viernes con la plaza de Las Ventas hasta arriba. San Isidro comienza la cuenta atrás. Los que apuraban su paso por la Feria eran Castella y Manzanares. Cayetano, por su parte, decía hola y adiós en la misma tarde. No término de cuajar la ovación a Castella tras su triunfo este mismo miércoles. Injusta la cicatería de algunos con el diestro galo.

Amplio pero bien hecho fue el primer toro de Victoriano. Se empleó en la primera vara aunque mostró cierta flojedad de remos. Algo que fue a más en el tercio de muleta. Lo intentó Sebastián a media altura, algo que Madrid no convence. El toro además se rajó y ya en tablas echó definitivamente el freno de mano. Media estocada al tercer intento acabó con el toro.

El segundo fue un ejemplar más basto de hechuras. Frentudo y ancho de sienes. Locuno y sin fijeza en los primeros tercios, Manzanares lo sobó en el inicio de faena. Intentando fijar una embestida que no terminaba de asentarse. Lo consiguió en una tanda en redondo. Mando y ligazón. Pero hasta ahí duro el toro. En la siguiente puso rumbo a tablas. Lo persiguió el alicantino hasta terrenos del cuatro. No se dio coba José María, que se lo quitó de en medio de media estocada.

Con el primero de Cayetano cambió el hierro de la casa ganadera. El de Toros de Cortés no terminó de emplearse en varas. Comenzó la faena sentado en el estribo. Por alto los muletazos. Ya incorporado, fueron sabrosos los ayudados y una trincherilla que ligó al de pecho. La primera tanda fue la mas lograda. Mando y reunión en el toreo a derechas. Después el toro también huyó a tablas. Solo ya en el epílogo hubo de nuevo conjunción entre toro y torero en una última serie. Cayetano, eso si, se volcó en el volapié. Entera pero tendida la espada. Y la petición de oreja, raspada. Algo que dividió a los tendidos tras la concesión del trofeo. El diestro se encaró con el 7 cuando iba camino de recoger la oreja.

El buen momento de Castella salió a relucir con el castaño cuarto. La apertura de faena tuvo su habitual pase cambiado pero pronto cogió la derecha para ligar una primera tanda de limpio y largo trazo. La siguiente desembocó en un cambio de mano y un natural que se hicieron eternos. La faena parecía que estallaba definitivamente. Pero tras ello, llegaron algunos gritos extemporáneos desde el tendido y Castella pareció desconectarse. Se embarulló y se amontonó en la distancia corta donde concluyó la faena. Un pinchazo y media estocada trasera acabaron por diluir lo hecho por el torero galo. Se resistió a caer el de Victoriano y llegaron a sonar dos avisos.

El quinto de un ejemplar estrecho de sienes y tocado arriba de pitones. Derribó al caballo en la primera vara que tomó pero después llego desfondado y sin vida a la muleta de Manzanares. El diestro tampoco quiso meterse en líos y el trasteo no pasó de discreto. Sólo la estocada mereció la pena.

Cayetano pidió pausa al torilero. Tenia decidido irse a portagayola para recibir al sexto. Salvó con nota el trance. El de Victoriano era serio, un tíó como él solo. Lo llevó por chicuelinas Cayetano y después realizó el quite de Ronda. La plaza a esas alturas bullía. Inició de rodillas la faena pero tuvo que volver a la vertical ya que el toro salía suelto del engaño. Una primera tanda hizo albergar esperanzas. Buscó la colocación cabal el torero. Pero como todos los toros se Victoriano en esta Feria, y han sido 14, éste sexto también se hundió en su falta de casta. Pero la personalidad de Cayetano durante todo el festejo fue lo que nos llevamos en claro.

FICHA DEL FESTEJO

Madrid, viernes 1 de junio de 2018. 25° de Feria. Lleno de ‘No hay billetes’.

Cinco toros de Victoriano del Río y uno de Toros de Cortés (3°), bien presentados pero de distintas hechuras. Unos por flojos, otros por desfondados, a la corrida le costó romper.

Sebastián Castella, silencio tras aviso y saludos tras dos avisos.

José María Manzanares, silencio y silencio.

Cayetano Rivera, oreja y saludos.

Publicado por COPE