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DESAFÍO GANADERO EN LAS VENTAS: Protagonista, el toro

Cristian Escribano sorprendió con una estocada de perfecta ejecución. PLAZA1.

Cristian Escribano cobró una de las estocadas de la temporada en un soberbio volapié.

Por Antonio Lorca.

El primer desafío entre los toros de Saltillo y Valdellán fue emocionante por diferente; porque, por una vez, se le concedía protagonismo al toro y los tendidos tuvieron la oportunidad de estar más pendiente del comportamiento de los de cuatro patas que de las flamenquerías de los de luces.

La corrida, ciertamente, no fue un gran espectáculo porque los toros no fueron un dechado de bravura y casta, y porque los toreros y picadores han perdido la práctica sobre el tercio de varas; los primeros no saben colocar los toros ante el caballo, y los del castoreño, con raras excepciones, no saben medir el castigo, de modo que el animal se va sin picar o resulta masacrado e inválido para la lidia posterior. Eso le ocurrió, por ejemplo, al tercero de la tarde, primero de Venegas; al toro de más calidad en la muleta lo castigaron con saña en el primer tercio, de modo que el público se molestó con razón, impidió que el torero brindara la faena y escuchó pitos al final por permitir tal desafuero.

Todos los toros acudieron a los caballos con mayor o menor codicia, y si bien obedecieron con prontitud al cite, solo el primero, el de la confirmación de Escribano, empujó de verdad en el peto. Después, tuvieron un desigual juego en el último tercio, y todos, a excepción del tercero, pecaron de sosería y falta de casta y ofrecieron dificultades varias para el ejercicio del toreo actual.

Así, Escribano, poco placeado, y que ha confirmado una alternativa que tomó en 2011, ha dejado una buena impresión en Las Ventas; especialmente, ante su primero, al que banderillearon con brillantez Ángel Otero e Ignacio Martín. Recibió al toro con un par de vistosas verónicas, y se asentó, después, muleta en mano, ante un animal exigente, nada bobalicón, que exigía un torero con oficio y sentido del temple. Cruzado en todo momento, en el terreno preciso, dibujó largos muletazos con la mano derecha, en tres tandas que rubricó con el obligado pase de pecho. Más corto el toro por el lado izquierdo, no impidió que Escribano destacara por su solvencia y torería. Y la obra la corroboró de la mejor manera posible: montó la espada, se cuadró en la cara de toro y se tiró sobre el morrillo en un perfecto volapié que dejó el estoque hundido en el hoyo de las agujas. A los pocos segundos, el animal estaba patas arriba sin puntilla. Sin duda alguna, una de las estocadas de la temporada y que por sí sola merecía la oreja que paseó. Nada fue igual ante el sexto, correoso e incómodo, con el que tuvo detalles de torería y falló con el estoque. Lo que son las cosas…

Otro trofeo paseó Robleño del cuarto, un toro exigente y duro, con el que tardó en acoplarse, y aunque el final del trasteo dibujó algunos muletazos templados, quedó la impresión de que el toro había ganado la pelea. Dispuesto y entregado se mostró ante su descastado primero.

Y Venegas fue el torero más incoloro. Permitió que ‘mataran’ a su primero en varas y no se lo perdonaron, de modo que a pesar de su buenas maneras con la muleta ante el toro de más calidad, el público le expresó su descontento; y poco pudo hacer ante el dificultoso quinto.

SALTILLO, VALDELLÁN/ROBLEÑO, VENEGAS, ESCRIBANO

Tres toros de Saltillo -los tres primeros- y tres de Valdellán, bien presentados; fiero y soso el primero, descastado el segundo, masacrado en varas y con clase el tercero, bravo, encastado y exigente el cuarto, correoso el quinto y bravo e incómodo el sexto.

Fernando Robleño: pinchazo y estocada (palmas); pinchazo y estocada (oreja).

José Carlos Venegas: estocada trasera _aviso_ (algunos pitos); dos pinchazos, media tendida _aviso_ (silencio).

Cristian Escribano, que confirmó la alternativa: gran estocada (oreja); dos pinchazos _aviso_ dos pinchazos y dos descabellos (silencio).

Los mayorales de las dos ganaderías saludaron al final del festejo.

Plaza de toros de Las Ventas. 9 de septiembre. Primer desafío ganadero. Un tercio de entrada (7.044 espectadores, según la empresa).

Publicado en El País

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Corridas Generales de Bilbao: Garcigrande, otro bodrio antitoro bravo

Plaza de Vista Alegre. Quinta corrida. Más de media entrada. Toros de GARCIGRANDE /HERNÁNDEZ (3), un desfile de ejemplares faltos de casta en dosis alarmantes. JUAN JOSÉ PADILLA (5), de fucsia y azabache. Estocada (silencio). Estocada (una oreja). EL JULI (5), de negro y oro. Media estocada caída (silencio). Pinchazo y estocada corta (saludos). JOSÉ MARÍA MANZANARES (5), de azul noche y oro. Estocada delantera y desprendida (saludos). Dos pinchazos y estocada caída (saludos).

Por Carlos Ilián.

Después del bochorno que padecimos con la inválida corrida de Cuvillo había cierta esperanza de que Garcigrande fuera otra cosa, al menos más digna.

Pero de aquel bochorno nos hemos dado de cabeza con este otro, un monumento a la falta de casta, al toro bobo y a todo lo que no debe ser el toro bravo. O sea, que las dos ganaderías más comerciales del momento, pedidas por las figuras en Bilbao han sido el derrumbe de la fuerza y de la casta.

No faltarán los acólitos mediáticos del taurinismo que hayan defendido con su destreza tan insoportable colección de toras, si, no de toros.

La tarde para el público bondadoso de Bilbao ofreció un argumento para el entretenimiento y me refiero a la despedida de esta plaza de Juan José Padilla al que se le ofreció un aurrezku de honor antes del paseíllo.

Padilla decía adiós a una plaza en la que se ha jugado la vida muchas veces, esa es la verdad. Sin embargo para tan significado adiós se vistió de banderillero malo, de fucsia y azabache, un horror. Luego se encontró con un manso imposible al que despachó de trámite. El cuarto se dejaba hacer el toreo sin ninguna codicia. Padilla ofreció un recital de banderazos, molinetes y desplantes y mató, eso sí, de una estocada en todo lo alto. Cortó la oreja del adiós.

El Juli se hartó de intentar pegarle un muletazos al segundo, otro manso. En el quinto se estiró en redondos por bajo para componer una faena precisa y medida en el tiempo.

Manzanares con el tercero hizo un remedo de buen gusto ante un morucho. El sexto si que metió la cara especialmente por el pitón derecho, José Mari lo templó en los redondos componiendo con su sello particular. También midió el tiempo con tino y esta vez la espada no fue su punto fuerte.

El cartel de hoy

Toros de El Parralejo para Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera y Ginés Marín.

Publicado en Marca

Corridas Generales de Bilbao: Desanimación e indiferencia ante un desfile de inválidos “new age”

Por Luis CuestaDe SOL y SOMBRA.

A la corrida del clavel se la acabaron los toros que fueron una ruina total, ninguno de los toros de Nuñez del Cuvillo daban para más: flojos y mansos en líneas generales. Los toreros también llevan la culpa. Es inútil ya apuntar corruptelas o denunciar el estado de la fiesta: porque en resumen la fiesta esta como la quieren los taurinos, que parece que nos dicen en cada tarde: o la tomas o la dejas.

Previo al festejo, las declaraciones del ganadero “New Age” Álvaro Nuñez de la Campa, cayeron como una estaca sobre el corazón vampiro del mundo taurino, al afirmar (dicen los presentes que hasta con cierto aplomo): “Esto es muy simple: la gente paga por ver un espectáculo y divertirse. La gente no va a ver un toro, van a ver toreros” palabras fuertes y esquizofrénicas de un criador de reses (supuestamente) bravas.

Quizás por esta razón a Nuñez de la Campa no le importo que sus animales fueran solo fachada, muy serios todos, pero que perdían la pata a la primera oportunidad y, a la hora de embestir, mostraban una enternecedora mansedumbre.

Pero aquí el único sorprendido será el aficionado, para los taurinos profesionales esto no es sorpresa. Ellos saben perfectamente lo que embarcan. Ya sea por mediación de expertos conocedores o de algunos ganaderos “New Age” como Alvarito. En resumen la gente de Ponce, Manzanares y Roca Rey sabe perfectamente lo que embiste y lo que no; lo que tiene peligro y que hay que evitar al máximo y lo que tiene comportamiento borreguil disfrazado en algunas ocasiones de clase.

Ante esta carne de matadero; es decir, lo que no tiene lidia. Ponce le plantó cara al cuarto que tuvo mas movilidad en un meritorio muleteo de generosa entrega que finalmente emborrono con el descabello, después de tirarse a matar con mucha verdad en el primer intento.

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Manzanares anduvo ausente, incluso cuando intentaba trazar algunos muletazos sueltos, los cuales ejecutaba descargando la suerte, y por esta razón carecían de emoción y acababan en el olvido.

El que estuvo por encima del bien y del mal fue Roca Rey, aunque no paso totalmente desapercibido, ya que con su primero destacó no exactamente por su arte (en el sentido que le dan actualmente los públicos al arte) sino por su valentía y su pundonor.

Al final nos quedamos nuevamente con la sensación de que actualmente todo es conformismo en la fiesta, así sean toros, toreros, autoridades y hasta el público, porque no crea usted que se armó la bronca gorda en Vista Alegre; nada de nada, la mayoría no dijo ni pío.

Vaya regalito que les hicieron las figuras y las autoridades al público inocente, con todo y turistas incluidos, algunos que habían acudido desde sus países de origen muy ilusionados a presenciar una corrida de toros histórica.

¿Así es como quieren hacer afición?

Nuñez del Cuvillo / Ponce, Manzanares y Roca Rey

Toros de Nuñez del Cuvillo bien presentados y serios; todos también flojos y la mayoría absolutamente descastados; ninguno dio juego, excepto el lidiado en cuarto lugar que tuvo más movimiento que el resto.

Enrique Ponce, silencio y en el cuarto aviso y ovación con saludos.

José María Manzanares, silencio en su lote.

Roca Rey, ovación con saludos y silencio.

Plaza de Vista Alegre. Cuarta de feria. Tres cuartos de entrada.

Twitter @LuisCuesta_

La Niebla Humeante – Triunfa Jerónimo con Piedras Negras en Teziutlán.

Así embistió, empujando por su casta, “Mezcalero” de Piedras Negras a la muleta de Jerónimo. Y así, largo y por abajo, roto de sentimiento, llegó el derechazo del torero. FOTO: Tadeo Alcina Rivera.

Convoca Piedras Negras y, sin traer su corrida más pareja en remate y juego, triunfa porque salvo el sexto todos los lidiados en algún momento brindan emoción, eterno distintivo de la centenaria casa tlaxcalteca. En medio de la bruma de la sierra, de menor a mayor, Jerónimo hace valer el sello, su personalidad y largueza para superar sus momentos de desigualdad y salir en hombros. De mayor a menor, José Adame se aprovecha de la taurinamente adolescente concurrencia para salir a hombros en una tarde desconcertante ante el más bravo de la corrida que le exhibe y con el que no respalda su supuesto cartel. Inicio esperanzador de una Feria que mejora.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Teziutlán.

Se apodera la niebla, brumosa y lluviosa, cubriendo la Perla de la Sierra, de las torres de la Catedral hasta su Plaza de Toros, El Pinal. Afortunadamente, techada. Por lo que el “blanco animal divino//engolado y soñoliento” que decía Gabriela Mistral, no hará de las suyas.

En la tierra de Maximino Ávila Camacho está viva la sensación taurina.

Claro. Alimentada por no pocos taurinos locales, orgullosos de su tierra y que pugnan año con año por el toro. Por una empresa que escucha y que, pese a las presiones, resiste lo más que puede y apuesta en los últimos dos años por traer lo que, malamente, se ha puesto la etiqueta de “duro” de “difícil”, a lo que muchos, incluyendo “taurinos” alzan la ceja. Como a los que sí nos gustan los toros, nos encanta que lo difícil se haga realidad, “El Pinal” abre su feria con un hierro que en un año, para alegría de la afición, se ha lidiado ya tres veces.

El resultado, artístico y de taquilla, refuerza su cartel y categoría.

Y es ya una cita obligada: Piedras Negras en Teziutlán es ineludible.

Pero la sospecha comienza desde que el taurineo aparece. Estos personajes sombríos que presionan con todas las artimañas posibles para quitarle algo, lo que sea, a los encierros: que si los sobreros de otro lado, que si sortean a puerta cerrada, que mejor fuera de la plaza, que si entre más chicos, mejor. Y muchas otras perrerías. Todo eso, menos mal, queda fuera cuando el primero de la tarde gusta por la belleza de su cárdena y berrenda capa, así como la manera de tomar el capote de Jerónimo, largo y por abajo.

El torero de la región responde con lo mejor de sí. Intenso su trazo y preciso su avance de tablas hasta más allá de las rayas para rematar con media de cartel. Pero el puyazo hace que el berrendo frene, que su casta se escape y llegue parado al último tercio sumado a la imprecisión de Jerónimo, inoportuno desarme, toreo rápido y múltiples pinchazos, dejan todo en pitos tras aviso.

El toro bueno, por presencia y esencia, aparece en segundo lugar.

Nombrado “Siete Mares” y la referencia jimenista –“entre las tempestades”- se hace buena al surcar las arenas de El Pinal con toda la dignidad de su trapío, enmorrillado alto, serio al frente pero, como prácticamente toda la corrida, perfectamente degollado. Y se va al abordaje apretando al segundo espada en el recibo. José Adame, joven de edad pero colmilludo al torear, lancea con la solvencia que de él se espera, con rapidez y levantando el pie de recibo en cada lance, aunque buena es la media.

Momento grande es el encuentro del cárdeno oscuro con el caballo. Derriba por empujar, amenaza la cuadra, basta su mirada que busca pelea y el peligro se percibe con el humeante poderío del astado y al que su lidiador, le otorga la gracia de no dar el tan necesario segundo puyazo. Torear es el arte de elegir y Adame, así se lo juega.

Solo que torear es dominar, tener las armas y usarlas en la medida exacta.

La del cárdeno es sobrepasar límites. A Víctor Mora lo hace padecer, ni la trampa de Juan Ramón Saldaña tocando para que banderillear a la media vuelta impide que Mora deje de pasar en falso y a su lidiador, pese a extender lo más posible la muleta, le pone las cosas en modo exigente y los doblones se quedan en intento. Lo mismo que el toreo con la derecha ante un toro al que hay que someter por bajo, quedarse quieto. Adame lo hace a retazos pendiente de salir más que de hacer entrar a su dominio al burel al que no le desengaña, ni por error, con la mano izquierda.

Zapatillazos por montones, torea para la galería cuando enfrente tiene un toro que aprieta y no traga pantomimas, mucha velocidad, por fuera, con la coreografía preconcebida termina por aburrir al toro y hacerle derrotar para arriba, un torero que cuando se lo propone es el heredero de las más corrientes formas recientes en el toreo mexicano.

Espadazo caído, dobla el astado que de su sangre humea vapores que se vuelven neblina.

Parece que la de Piedras Negras es una sangre que al vaporizar humea casta.

Palmas al toro. Y protestas al hidrocálido que resumiría su tarde en dos tandas al afligido cuarto, muy serio y hermoso cárdeno claro, bajo y bien cortado al que, de nuevo, ni por asomo consigue poner lo que le ha faltado sobre la mano izquierda, incluso es desarmado, de pena el final con intento de luquecinas. Pinchazos y piadoso silencio. Luego el tongo con el sexto, que tanto se empeña su gente a que, anovillado y de horrible cabeza, juegue. Para mal. Adame, si no luce con el toro serio, menos con el medio toro.

Salida a hombros para cubrir el expediente.

Entonces, cuando priva la vulgaridad, el maneo del taurineo, la nebulosa que quiere cargar lo más esencial del toreo, entre niebla, el humo de la casta encuentra su cauce en el sello y la personalidad, el nombre propio de Jerónimo. Siempre de menos a más. Sólido con el capote, vuelve a recibir con lances precisos al tercero, de cara y cabeza discretas pero con hechura exacta para embestir. El entrepelado duda al salir, solo un instante, entonces cambia el terreno el diestro serrano para lancear, largo y a la vez poderoso y hacer notar que ayer los Piedras Negras no es que se dejen o no, sino que el domino surge del toreo bien hecho.

Como las verónicas de Jerónimo a este cuarto que enciende la flama ante un coro que no comprende pero que siente y claro hay un reflejo en sus venas de que eso, lo que haya sido, ha sido valioso, desde que le pisa el terreno y se pone en el sitio, Jerónimo hace andar al astado y le remata lucidor con media.

Correcto el planteamiento, medido en varas, prontitud en banderillas.

Y el conocimiento rinde frutos. Cada muletazo de inicio encauza la embestida, somete por ambos pitones. Más allá del sabor y la personalidad es la plenitud de lo fundamental, que el astado pide quedarse quieto por ambos pitones. Jerónimo, cuando lo logra, derrocha su caudal de emoción prolongado en los naturales, en uno, su propio trazo hace que su toreo, a pesar de tomar la muleta más allá del centro, dicta la circunferencia del toro que camina con emoción pero que exige el temple so pena de enganchar y deslucir. Se adorna torero.

Jerónimo, luego de los pinchazos al primero y el primer pinchazo a este en la suerte contraria, cobra estoconazo, toda la mano se va empapada de esa sangre que con la que tanto se identifica. Y aunque hay una oreja, la emoción y el mérito se juntan en aclamada vuelta que rompe las nieblas y las dudas.

Jerónimo puede, como dice un gran aficionado, la cosa es que se decida.

De pronto, tras la fallida lidia al cuarto. Otra vez Jerónimo luce a la verónica y hace ver que de nuevo, el cárdeno, “Mezcalero”, quinto de la tarde, toma espléndido el capote por el lado izquierdo y el torero, despliega el lance, bellamente, llega a las rayas y luce en la media. Luego del puyazo, breve, pero en lo alto, el toro se alegra en el cite a la distancia para que vengan las chicuelinas, una muy asilverada, para rematar y de ahí, la brega no dilata y tras brindis a particular, Jerónimo, confiado y dispuesto, se brinda en pleno a la faena.

Alterna lados por arriba, alivia y se gusta en el de la firma y la fase de exploración del pitón derecho, incluye los derechazos largos y, luego de inoportuno enganchón, el remate enciende la cosa. Para la siguiente tanda, que remata con buen trincherazo, ya se anuncia el milagro posterior, suena “Silverio”, y tres son los derechazos de absoluta rotundidad, captura y despliegue de la emoción de la sangre brava que valen el boleto y la promesa, hoy cumplida, que torear es emocionar.

Aun al natural, vuelve una tanda breve, pero el bien ya se había hecho.

Luego una estocada caída, cierto, la emoción contagiada llevó a las dos orejas a la vuelta al ruedo del ganadero aun sin ser esta su más completa corrida, pero si la ilusión recompensada de ver un nuevo capitulo piedranegrino.

Que pronto sea.

Solo el humo de la casta, los vapores de la emoción son los que pueden deshacer la brumosa nebulosa, esa que ayer enciende y encuentra el aire de esencia en Jerónimo que bien podía, estando así, haber levantado toda la niebla con calor taurino.

Que con ese calor taurino bien podría haberse levantado toda la niebla de la gran Sierra de Puebla.

Texto:@CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza de Toros “El Pinal”. Teziutlán, Puebla. Feria del Toro 2018. Domingo, Agosto 5 de 2019. Primera de Feria. Más de Tres Cuartos de Plaza en tarde fría con bruma que rodea sin ingresar al coso, apenas un rayo de sol aparece a la muerte del quinto. Palco flojo y manejado por los toreros que equivoca la concesión de trofeos y autoriza llevar a cabo el sorteo fuera del horario reglamentario y las instalaciones de la Plaza. Pésima actuación de la Banda de Música con casi nulo repertorio taurino.

6 Toros, 6 de Piedras Negras (Divisa Negro, y Rojo) Desigual en hechuras de sospechosísimas encornaduras; el sexto impresentable en todo aspecto. Débil el primero. Serio aunque muy atacado el berrendo en cárdeno primero, que llegó sin fuerzas al último tercio. Bravo y creciente el lidiado en segundo lugar, número 540 “Siete Mares” nombrado de 520 kgs., hermoso entrepelado, alto, vuelto de pitones que tumba al caballo y muestra poder en los tres tercios, mereció mejor suerte. Espléndidos por su recorrido por ambos pitones en el último tercio los lidiados en tercero y, especialmente, el corrido en quinto lugar, número 518 de nombre “Mezcalero” de 490 kilogramos, cárdeno claro, ojalado y bocinero con espléndida fijeza y tremenda emoción por el lado derecho, homenajeado con merecido Arrastre Lento. El muy serio cuarto, pese a rajarse al final, tiene un momento de recorrido y cierta casta hasta desarmar a su lidiador y orientarse. El cierra plaza, anovillado, cariavacado con los pitones presumiblemente dañados, no debió lidiarse nunca.

A la muerte del quinto, el ganadero Marco Antonio González y su hijo dieron la vuelta el ruedo acompañados del primer espada.

Jerónimo (Grosella y Oro) Pitos tras Aviso, Oreja y Dos Orejas con Protestas. Joselito Adame (Grana y Oro) Dos Orejas con Protestas, Silencio y Leves Palmas. Ambos espadas salieron a hombros.

César Morales fue derrumbado por el segundo. Juan Ramón Saldaña hace un enorme quite de riesgo a Diego Martínez al salir de un par al cuarto, no obstante toca a la distancia al segundo de la tarde a fin de obtener la ventajosa media vuelta a favor de Víctor Mora, fatal con banderillas mejor con el capote pese a ser enganchado en varias ocasiones.

Al finalizar el paseíllo se realizó un homenaje, con develación de placa en honor del Profesor Bruno Pérez Vázquez, cronista por años de la Plaza de Toros “El Pinal”, célebre locutor de la radio local, recientemente fallecido. A partir de esta corrida el burladero de la radio en el callejón de la plaza llevará su nombre. DEP.

La cruz en el sitio. Estocada entera, mojándose los dedos de Jerónimo, ante el tercero. Foto: @MyRyCar.

Santander: Vergonzosa corrida de Matilla y bronca para Morante que sale escoltado de la plaza por la Policía

Morante de la Puebla recibió una bronca bíblica a la muerte del cuarto DAVID S. BUSTAMANTE para El Mundo.

Por Juan Antonio Sandoval.

Santander, 27 jul.- El salmantino Alejandro Marcos salió hoy a hombros en la sexta de feria en Santander, una tarde marcada por la impresentable corrida que lidió los tres hierros de los Matilla y en la que Morante de la Puebla salió de la plaza escoltado por la Policía Nacional tras inhibirse frente a su inválido segundo.

Encapotado el cielo. Nublado también el criterio del equipo veterinario y del presidente que aprobaron un encierro impresentable. Sin pitones, ni trapío. Ni para una plaza de carros.

Escaso de todo fue el toro que abrió la tarde. Llevaba la negación hasta en el nombre. “Ateo”, de poco cuajo, que abría la cara, estaba inválido. Y puede que tuviera más taras, a juzgar por cómo se encogía. Dos causas había para devolverlo a los corrales. El presidente, incomprensiblemente, lo mantuvo en el ruedo. El público tampoco lo protestó. Y era para quemar la plaza. Morante abrevió.

La cabeza que lució el segundo era impresentable. Por inexistente. Por roma. Era para un festival. Aunque derribó en varas, perdía las manos continuamente. Además se derrumbó con estrépito en cuanto Manzanares comenzó a pasarlo de muleta en línea recta. Intentó “tangar” al público poniéndose por ambos pitones. Y a otra cosa.

Hizo tercero un cuasi novillete con los cuatro años recién cumplidos. Manso además. Una serie diestra de Alejandro Marcos muy compuesta bastó para que dijera basta. Echó el freno. No así su matador, que incluso le arrancó naturales de mérito, sorteando los trallazos del torillo. Se tiró a matar en rectitud total. Tanto que se llevó un pitonazo en la pechera. Oreja a la voluntad.

Verónicas de manos altas de Morante trataron de romper al alza la segunda mitad del festejo. Olés roncos. ¿Era para tanto? Cuatro años exactos tenía el de Peña de Francia, que no se soltaba de las telas. Y al fin se cabreó el público. Pero no fue por cuestiones relativas al encierro. Resultó que Morante decidió abreviar.

Ni un muletazo natural dio. Tras dejar un pinchazo hondo esperó en los medios a que doblara. La bronca fue de intensidad leve en proporción a las frustraciones que se llevaban acumuladas. La Policía Nacional le protegió de las almohadillas cuando abandonó el ruedo. Un solo escudo bastó.

Al fin se decidió el palco a devolver al también minusválido quinto, de Olga Jiménez. Salió en su lugar un sobrero de la misma ganadería. Igualmente lastrado. Chingado. Que dio con sus huesos en la arena mientras Manzanares camelaba al personal. Que se dejaba camelar.

Ni con la luz artificial que iluminaba el oscuro ruedo era posible ver los pitones del sexto. No tenía. Una brocha coronaba el asta derecha. A la gente le daba igual. Les bastó el buen manejo del capote de Alejandro Marcos en algunas verónicas de recibo. Y el quite por tafalleras.

Siguió un toreo diestro acoplado a la nobleza mansurrona. Largo y profundo. Pero por corto espacio de tiempo, pues se escupió a tablas el animal. Donde al fin le ligó tres naturales, uno mirando al tendido, y el de pecho, de jerarquía. El desplante a cuerpo limpio certificaba las ganas del torero y la nula entidad de lo que tenía delante. Lo pinchó. Pero Cuatro Caminos quería, sí o sí, una puerta grande. Y la consiguió.

FICHA DEL FESTEJO.- Cuatro toros de Hermanos García Jiménez: El chico primero, inválido; el segundo, de romos pitones, impresentable, también tullido; tercero, manso y sin clase; sexto, sin pitones, noble en su mansedumbre. Uno de Peña de Francia, que hizo cuarto, quedó inédito en el último tercio. Y un sobrero, el quinto, de Olga Jiménez, también lisiado.

José Antonio “Morante de la Puebla“, de azul marino y oro: estocada caída (silencio); y pinchazo hondo (bronca). Abandonó la plaza escoltado por agentes de la Policía Nacional.

José María Manzanares, de sangre de toro y oro: dos pinchazos y estocada desprendida (silencio); y estocada desprendida (ovación).

Alejandro Marcos, de malva y oro: estocada desprendida (oreja); y pinchazo y estocada ligeramente desprendida (oreja). Salió a hombros.

La plaza rozó el lleno en tarde con “agua” a partir del quinto.

Publicado en La Vanguardia.

Fin de San Fermín 2018: Miura pone el cierre con un muro imposible

Algún muletazo de Moral y la buena técnica de Pinar, lo demás entre regates.

Por Carlos Ilián.

Se acabó. Fin de San Fermín 2018 con una miurada que fue un auténtico frontón de mal estilo, derrotes y embestidas alocadas contra el que se estrellaron los tres matadores de ayer. Seguramente Rafaelillo, Pinar y Moral guardaban en lo más hondo la esperanza de que algún miura se dejara hacer el toreo, como ocurre a veces. Pero en esta ocasión apenas pudieron cumplir con decoro.

Por hurgar a fondo en la disección de la corrida encontramos alguna embestida en el lote de Rubén Pinar, que se empleó a fondo con mucho oficio, especialmente en el quinto, una especie de vaca vieja indecorosa pero que con su movilidad y cierto (escaso) temple en la embestida, por las nubes, le dejó algo de margen al toreo para que este le corriera la mano especialmente en los derechazos. Faena muy trabajada y bien fundamentada.

Pepe Moral tuvo un destello al torear al natural en el tercero cuando el de Miura le permitió esos muletazos, tal vez los más aseados de la tarde. El sexto fue un barrabás de criminales intenciones que le puso contra lasa cuerdas. Rafaelillo pechó contra la embestida entre hachazos del primero y la moruchez de un buey de Fuente Ymbro que remendó la corrida en cuarto lugar. Este 14 de julio, si que puede decir pobre de mi el de Murcia.

Plaza de Pamplona. Octava y última corrida. Lleno. Toros de MIURA y un toro de FUENTE YMBRO, lidiado en cuarto lugar (2), muy desiguales de presentación, 1º y 5º inaceptables, y de juego a la defensiva.

RAFAELILLO (5), de turquesa y oro. Media estocada contraria y cuatro descabellos (silencio). Pinchazo y estocada (silencio).

RUBÉN PINAR (6), de grana y oro. Estocada corta caída (saludos). Estocada corta y descabello. Un aviso (vuelta).

PEPE MORAL (5), de grana y oro. Estocada (saludos). Pinchazo, pinchazo hondo en costillar, estocada corta y dos descabellos. Un aviso (silencio).

Publicado en Marca

Feria de San Fermín: “Padilla, quédate”

Emotiva despedida del torero jerezano ante dos buenos toros y triunfo incontestable de Roca Rey.

Por ANTONIO LORCA.

La despedida de Juan José Padilla de la feria de San Fermín fue una auténtica fiesta en una plaza llena hasta la bandera, hecho que sucede por vez primera en esta feria. Fue recibido con todos los honores, como solo se recibe a alguien de la familia, y despedido a hombros, entre la algarabía popular, y la plaza toda puesta en pie al grito de “Padilla, quédate”.

Padilla se presentó como un auténtico pirata -pañuelo negro cubriéndole su reciente herida en la cabeza y parche del mismo color en el ojo izquierdo-, y lo dio todo de principio a fin; primero, en medio de una inmensa polvareda, más propia de una tormenta desértica que de una plaza, y, después, empapado por un intenso aguacero que se hizo presente a partir del cuarto toro.

Se hincó de rodillas Padilla para recibir a su primero con cuatro largas cambiadas en el tercio, y ese inicio no fue más que la tarjeta de presentación de una completa actuación presidida por la entrega, el compromiso, la gallardía, el pundonor y el agradecimiento. Tuvo en sus manos un lote de toros extraordinarios -de alto nivel fue toda la corrida-, bravos y encastados los dos, y de mayor calidad, si cabe, el segundo, con los que protagonizó momentos brillantes sin redondear una faena de clamor, pero expresó abiertamente su personalísima tauromaquia, basada en una técnica efectista y dominadora y un estilo emocionado y cálido. No es Padilla un artista, pero sí una figura que se da sin límites. Brindó su primero al público, enloquecidos el sol y la sombra con su hijo adoptivo, y el segundo, a la Casa de Misericordia, que le ofreció la primera oportunidad de triunfo en el año 1999.

Especialmente emotiva fue su vuelta al ruedo tras la muerte del cuarto; al final de la misma besó el ruedo y se guardó un puñado de arena en el pecho mientras las peñas coreaban una y otra vez su nombre, el torero se llevaba la mano al corazón y mostraba emocionado el pañuelo rojo a toda la plaza en señal de afecto.

También triunfaron Cayetano y Roca, que brindaron uno de sus toros a Padilla. Inconmensurable el joven peruano por su valor, aplomo y firmeza; sobre todo, en la faena de muleta al tercero después de una tremenda voltereta que sufrió cuando Roca citó por estatuarios al inicio del último tercio. Con el gesto dolorido, el torero atornilló las zapatillas en la arena y ofreció toda una lección de buen toreo cimentado en el arrojo, la disposición y un conocimiento exacto de los terrenos; otra lección de poderío ofreció ante el sexto, al que mató de un muy efectivo espadazo.

Tampoco se fue de vacío Cayetano, irregular e intermitente, y autor de una gran estocada al quinto de la tarde.

JANDILLA / PADILLA, CAYETANO, ROCA REY

Toros de Jandilla, bien presentados, cumplidores en el caballo, encastados y nobles; destacaron especialmente los lidiados en primer y cuarto lugares.

Juan José Padilla: estocada (dos orejas); -aviso- estocada baja (oreja).

Cayetano: pinchazo y estocada (ovación); gran estocada (oreja).

Roca Rey: pinchazo y estocada (oreja); estocada (dos orejas).

Plaza de Pamplona. Séptima corrida de la feria de San Fermín. 13 de julio. Lleno.

Publicado en El País

Feria de San Fermín: Orejas para Castella y López Simón de una deslucida corrida de Fuente Ymbro

Por Paco Aguado.

Pamplona, 10 jul (EFE).- En otra tarde de generosidad popular y populista en Pamplona, Sebastián Castella y López Simón pasearon sendas orejas en el sexto festejo de los Sanfermines, simplemente por una faena destajista e insustancial del francés y por la entereza del madrileño para recuperarse de una fea voltereta sin serias consecuencias.

En realidad, el festejo de hoy fue largo y plúmbeo, sin apenas alteraciones emotivas o emocionales mientras la terna iba cumpliendo sin mayor brillantez la lidia anodina y opaca de los tres primeros toros de una seria pero descastada corrida de Fuente Ymbro.

Castella, por ejemplo, estuvo tan pesado como intrascendente con el desclasado y afligido primero, Perera no acabó de fajarse con el segundo, que apuntó ciertas posibilidades por el pìtón izquierdo dentro de su mansita aspereza, mientras que López Simón trapicheó sin fe con el inválido tercero.

Y en esas estábamos cuando llegó la hora de la merienda y, al tiempo que las bebidas y los bocadillos salían de las bolsas, apareció en el ruedo un cuarto toro melocotón que, sin derrochar raza tampoco, al menos aguantó y se movió más tras la monótona muleta de Castella.

La faena fue una especie de acuerdo de no agresión entre ambos, pues el toro no planteó muchas dificultades mientras el torero no le exigió mayores esfuerzos, solo que resultó tan machaconamente larga que aún dio tiempo a que la gente terminara de merendar y, ya más animados, se quedara con las manos libres para pedir las orejas.

Así que el diestro galo aprovechó esa mayor atención del tendido para, al final del extenso destajo, calentar el hasta entonces plano ambiente con una serie de alardes y efectismos que llevaron a la concesión de la oreja, todavía más barata por la defectuosa colocación de la espada.

Ya con la tarde metida en derroches, Perera se quedó sin premio por tardar en matar al quinto, que no se le cuadraba para la estocada, y además hacerlo de fea manera con un auténtico sartenazo. En cambio, la suya a ese temperamental y más exigente toro de Fuente Ymbro fue la única estimable y de cierto mérito de la corrida.

No en vano, el extremeño, en ciertas fases y con altibajos en el acople, consiguió atemperar y alargar las embestidas sin ritmo pero con vibración de un cornalón ejemplar que acabó reservándose en cuanto se vio podido.

Ya para echar la casa por la ventana, las peñas, y los que se suponen más serios aficionados de la sombra, se empeñaron en pedir hasta las dos orejas del sexto para López Simón tras la impresión que les causó la fuerte y aparatosa voltereta que, en un descuido, le pegó a este el toraco castaño tras un ligero inicio de faena.

El hecho de que el joven madrileño se rehiciera y volviera ileso y decidido a la cara del toro despertó los cánticos de las peñas, como para celebrarlo. Solo que, con el de Fuente Ymbro huido descaradamente hacia chiqueros, ya no hubo realmente mayores motivos para el entusiasmo que la voluntad de agradar de López Simón, suficientemente premiada con esa única oreja que concedió la presidenta.

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FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Fuente Ymbro, de pareja presencia y hechuras, con serias cabezas, aunque altos por delante y cortos de cuello la mayoría. Todos dieron un juego descastado y a menos, incluso rajándose, aunque alguno conservó una manejable movilidad, como el cuarto, o cierta emoción en sus ásperas embestidas, como el quinto.

Sebastián Castella, de grana y oro: pinchazo y estocada caída trasera (silencio); estocada caída (oreja tras aviso).

Miguel Ángel Perera, de azul pastel y oro: estocada baja (silencio); media estocada muy baja (ovación tras aviso).

López Simón, de azul pavo y oro: media estocada tendida trasera (silencio); estocada trasera atravesada (oreja con petición de la segunda).

Sexto festejo de abono de los Sanfermines, con lleno en los tendidos (unos 20.000 espectadores) en tarde de viento racheado.

Publicado en La Vanguardia