RECAPITULANDO: El Aire de la Regresión – Sombrío Encierro abre Aniversario.

La vertical majestad en el derechazo de Enrique Ponce al toro que abrió plaza en la primera de Aniversario LXXIV de la Plaza México. FOTO: Mario Guzmán.

Todas las mañas, malas por cierto, las arañas, cada día más presentes, y las telarañas, donde se atora cualquier intención taurina, sobrevienen en una jornada tan importante como el LXXIV Aniversario de la Monumental, terminan en el fango de la pésima decisión de reseñar un encierro que no creemos sea lo mejor que puede ofrecer una ganadería del peso histórico como Fernando de la Mora. De otro modo no podría explicarse lo desigual de presencia, lo manso del juego y lo anovillado. Enrique Ponce, pese a una oreja, se ve principalmente, amarrado a este juego estéril que él provoca y donde su esfuerzo alcanza para poco. Mientras que José Mauricio se estrella con un lote infame y con las consecuencias de su propio proceder para que, de nuevo, el populismo de José Adame vence en el juego orejeril pero se mantenga a la zaga respecto a la mejora de su toreo.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Se va a los toros en pleno acto de fe. Es decir, en un acto que consiste en creer en lo que no se ve, en aquello que no pasa por nuestros sentidos.

Algo de eso tiene la corrida de toros en lo general, se cree por anticipado.

Pero resulta que para la primera del LXXIV Aniversario, con tanta opacidad que rodea el encierro de Fernando de la Mora desigual por dentro y por fuera, hasta el cielo que trae una lucha entre nubes y sol en esta tarde fresca y ventosa se vuelve entre luminoso y sombrío. La propia terna sufre los estragos del viento, del frío y cárdeno toldo que se impone sobre la Plaza, que resienten los toros con tan solo salir del toril. Ese primero, cárdeno claro careto, es el típico ejemplo que no se reseña más allá de lo que la vista alcanza al veedor. Apenas en la raya del trapío, si no es que por debajo.

Le falta remate, le sobra adolescencia en la cara y, para acabar, clava los pitones tras lace a pies juntos e intento de abrir el compás en el recibo por parte de Enrique Ponce, hoy homenajeado por su enorme trayectoria. El toro finta con rajarse en varas, rebrinca y es débil. Parece que Enrique Ponce se empeña en echar atrás una gran hoja de vida en esta etapa de su carrera justo cuando se enfrenta a un astado que requiere urgente asistencia.

Ponce la concede. Inteligentemente, se templa en las chicuelinas.

No hay brusquedad, toques a destiempo ni mucho menos hacia los lados del burel. Se gusta Enrique y, pese a todo lo ocurrido estos años al gusto de La México, le responde el tendido ante la despaciosidad con el doble remate de media y una larga torera. Aquí, viendo que el toro retoma distancia y aire con la brega y los palos, Ponce brinda a la generalidad. Y la faena tiene una fase preliminar donde busca el terreno idóneo, donde no solo se cubra del viento, difícil cosa, sino el sitio donde se mejore la reducida condición, en fuerza y brío, del toro sin que las tablas generen mayor tentación al burel.

El inicio alternado exhibe la debilidad del toro apenas bajándole la mano en el pase de la firma. En el tercio bajo la porra, sobreviene el cite con la derecha y cada muletazo manda sin derrumbar, la altura es exacta, el trazo firme sin estorbar y a la distancia donde el toro reacciona a mejor. Corre la mano el diestro y el toro parece crecer pese a protestar y rajarse, apenas un ajuste y un muletazo que se liga al otro, resuelven airoso el trance.

Si el toro se complica o la tentación de no tomar la muleta aumenta, está el toque a tiempo.

Por ello, sobre la raya, la faena crece en nuevos derechazos donde, la especialidad de la casa, el cambio de mano, se hace presente para empezar a abrir el camino a el pase natural. Que llega en dos momentos, uno donde el toro quiere quedarse corto, entonces, tras el ajuste, tras nuevo sosiego, el toque firme de voz y mano enciende la ligazón y la largueza del trazo de tres naturales de temple y despaciosidad y el nuevo remate que encandila.

Y reafirma que ha vencido el diestro al astado que ya le queda poco. De ahí que el muletazo personal, la dosantina genuflexa aparezca, se ligue con pase de la firma y nuevo cambio de mano. Aun, Ponce tiene tiempo para los derechazos flexionada la rodilla y exprime hasta abanicar, subrayando domino y temple sobre el burel.

La estocada caída, algo tendida, en otro tiempo habría cerrado la oreja.

Pero aquello ha pasado, la valoración de la gente que cubre casi el numerado es de otorgar sin más. Antes, cuando había mejor taurinismo aun quedaba el Juez para valorar, hoy es tan solo un mostrador de paño. Oreja a la faena, obviando la estocada. Claro, para el torero dos debieron ser lo justo pero pese al esfuerzo técnico, el alcance estético, algo de drama, de sensación épica, está faltando.

Cómo le ha faltado a José Mauricio, serenidad y, a falta inicial de ella, esquina. Como para advertir que el avispado, negro, segundo, se ha encendido y es apto para recibir un segundo puyazo o para imponérsele por bajo firmemente. Como aun, a pesar de lo anterior, va por un quite que no abona en nada, sino subraya su falta de dominio, el burel se le va para arriba al grado de hacerle pasar un pésimo rato. Pero las decisiones en la vida y en el toreo tienen consecuencias y el efecto de ello se agolpó en el capitalino.

Con el quinto, difícil, por geniudo, la cosa no mejoraría.

Solo aguantar y andar de nuevo por los aires con un toro peligroso, manso desde salida, que se le fue para arriba y él en dos trances de mucho peligro, se lo juega pero se nota rebasado. De milagro no pasa la cosa a peor. A esperar si acaso le colocan el día nueve.

Que con esta Empresa todo puede pasar y nada se puede esperar.

Al que a pesar de otra tarde de abrazo y empujón, de brusquedad y desigualdad, estará en la corrida del Estoque de Oro, es José Adame. Sin temple para lograr que el zambombo tercero, el más serio del encierro, se empape de su muleta, exceso de zapatillazo y de exagerar el arrimón, se encuentra una oreja por estocada casi entera, una oreja que es nuevo obsequio protestado para el hidrocálido, que se lo guarda.

En el cuarto, salvo un extraordinario tercio de varas de José Palomares ante un chico y feo toro que se le fue de frente y de largo y al que chorrea la vara con sublime precisión, aguantando fuerte y siempre mandando sobre caballo y toro, Ponce no pierde el tiempo, no había más que sentido por parte del toro y, claro, abrevia, cosa más que digna de agradecerse.

Quedaría el mejor del encierro.

Con la mala suerte de que cae en manos de Adame.

El más chico del encierro, de reunidos pitones, es bautizado como “Teques” en clara añoranza al origen de la divisa amarilla y blanco, es el que más en el tipo está de todos sus hermanos y resulta ser un toro espléndido por ambos lados, especialmente el lado izquierdo, sensacional. Ahí parece, a lo lejos, aparecer el José Adame que no necesita retorcerse ni torear como un diestro de menor talla, ni zapatillear, ni perder el tiempo en la galería. Hay dos tandas de naturales donde abandona el cartón y el periodicazo, donde la cintura juega, los hombros van para atrás y el engaño fluye.

Ah, pero la regresión, tanto grito desde el callejón, tanto murmullo.

Y como el diestro parece no tener la madurez para él dicta su propio camino, revientan los derechazos a compás abierto y se diluye la faena con tirones y el pinchazo.

La regresión que no abandona el estado del torero.

Y de la Plaza. Uno de los filósofos alemanes del exilio, Theodore W. Adorno, mencionaba a bien que el arte nos vincula con ese mundo que el (propio) arte abre. Y que la regresión es la sombra de la resistencia contra la cultura que siempre afirma, la que demuestra que no necesariamente la tendencia en el arte es lo valioso pues esta se encuentra más cercana al “atontamiento” y la industrialización del fenómeno cultural.

Algo más simple. Hay una sensación de que el toro hoy produce, maquila, genera triunfos y que ese es el camino a seguir, más luego de ver esta versión de Fernando de la Mora. Dudaremos de ello siempre que el toro no tenga la plena emoción que enciende la flama de la Afición. Y la mantiene viva. Ante ello, tomamos a Adorno, quedará siempre el camino de la regresión, de la resistencia artística.

Ojalá la observemos en lo que resta del Aniversario.

Twitter: @CaballoNegroII.

Plaza México. Temporada Grande 2019-2020. Lunes 3 de Febrero de 2020. Décima Quinta de Derecho de Apartado. Primera Corrida del LXXIV Aniversario de la Monumental. Media Plaza en tarde fresca y agradable con viento molesto los primeros cuatro turnos. Mejora ligeramente la iluminación pese a observarse sombra en muchas partes del ruedo los últimos tres turnos.

6 Toros, 6 de Fernando de la Mora (Divisa Amarillo y Blanco) mal presentada, desigual, sin remate primero, segundo y cuarto, este último protestado de salida. Anovillado el sexto. Muy serio y retacado el tercero. Mansos, desrazados y descastados en general con excepción del mencionado sexto, claro por ambos pitones. Con peligro segundo y quinto, incluso genio este último.

Enrique Ponce (Palo de Rosa y Oro) Oreja con Petición y División. José Mauricio (Barquillo y Oro) Silencio tras Aviso y Saludos. Joselito Adame (Perla y Oro) Oreja con protestas y Ovación y Vuelta por su cuenta.

Extraordinario, por lo torero y lo bien conjuntado, el puyazo de José Palomares ante el cuarto de la tarde, toro que se arranca de largo y que pese a la violencia es perfectamente bien picado por el varilarguero español muy ovacionado desde su jaca. Debió saludar, en el mencionado turno saluda en el tercio Fernando García. Mala tarde de la cuadrilla del segundo espada sin someter ni hacer romper a ninguno de los toros que componen el lote.

Se homenajea al primer espada luego de romperse el paseillo dada su trayectoria en la Plaza México.

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