Archivo de la categoría: Villa Carmela

@Taurinisimos 135 – PREVIO La México, Temporada Grande. Faenas @MatadorJPS y @LuisDavidAdame.

Programa @Taurinisimos 135 de @RadioTVMx del viernes 17 de Noviembre de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina. Plaza México Análisis Inauguración Temporada Grande 2017-2018. Faenas de Juli y Morante de la Puebla con Teófilo Gómez el 5 de Febrero de 2017.

José María Hermosillo en La México, Novillada con “Pirata” de Las Huertas.

Análisis Corrida de Xajay 2 de Noviembre de 2017 para Castella y Sergio Flores.

Dos Grandes Faenas en Guadalajara, Juan Pablo Sanchez, toro de Marco Garfias y Luis David, polémica indulto “Maestro” de Villa Carmela.

Recuerdo de David Silveti, XIV Aniversario Luctuoso. Nota Omar Bolaños.

La próxima emisión de Taurinísimo será el próximo lunes 20 de Noviembre de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

FB/Taurinísimo

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Claveles y Rosas – Perfumada Salida a Hombros de Morante de la Puebla.

Ayudado por Alto de Morante
La cadencia magnífica, la sutileza de la media altura en el ayudado de Morante de la Puebla. FOTO: Miriam Cardona.

El más fino de todos los claveles y la más hermosa de todas las rosas florecen en los ramos que pasea Morante de la Puebla tras desorejar al cuarto de un decepcionante por su debilidad y falta de casta, encierro de Teófilo Gómez. Solo dicho astado, “Debutante” para la historia, soporta apenas con un tramo más de embestida el toreo amplio, soberbio y personalísimo del sevillano que se quita de encima al descastado primero, simplemente, con todo el arte del mundo por delante. En tarde de querer, “Payo” se estrella con su espada y con el manso y roto quinto mientras Fermín Espinosa, en tarde de no poder, se estrella, penosamente, con su realidad.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México. FOTOS: Miriam Cardona.

Suena el Toque de Cuadrillas y, tras su aparición, La México ovaciona a la terna.

Fuerte, como es, el rugir de la Monumental México se palpa a los primeros acordes del ya centenario “Cielo Andaluz”. Solo que la pieza del aragonés Gascón esta tarde soleada e invernal demora unos segundos en desgranarse. Cosa que toma con acostumbrada calma la generalidad pero que en el tercio al lado izquierdo y por columna frente a Cuadrillas, todo el oro en los bordados, toda nazarena a seda en la casaca y en la talega, desespera a Morante de la Puebla.

Al menos un poco, incluso al grado de cruzar palabras con el alguacil pidiendo partir Plaza.

Pero de inmediato, como casi una reacción instintiva, Morante regresa al ritmo en el que sabe estar y andar en la Plaza México, en sus propias palabras, despacio, que al torero que no anda de tal modo La México no le hace caso.

De ahí que el primero de la tarde, ponga las cosas a la contra.

Serio, muy bonito, cárdeno claro y vuelto de pitones, con mirada muy seria, sale a estropear el lance, a salir suelto, a no dejarse. Me recuerda a aquel de Jorge María, en el San Lunes morantista de hace tres años que también hizo las veces de primero de su lote en La México, más áspero y geniudo aquel, descastado y débil éste.

A pesar de hacer todo lo posible de salida el capote se guarda.

El astado espera a Dones y Carretero en banderillas.

Morante lo nota, no brinda y se reserva, para después, desde tablas, entre el doble firmazo, intercale avanzando el trincherazo y el precioso cambio de mano abajo que parecen cerrar el preámbulo de la faena. Solo que antes de que el cárdeno piense, Morante ayuda su muleta y, desde el tercio, sobreviene la friolera, grácil y fragante, sutil y elegante, de cuatro ayudados, dos por bajo a pitón derecho y dos pinturas, a media altura, por el lado izquierdo.

La México ruge. Morante sonríe y se regodea.

Llega hasta plena boca de riego y ahí el desahogo encuentra el camino del de pecho con la zurda. Vuelve al tercio, un paso por fuera de las rayas, para iniciar con el toreo por bajo con la derecha, liga los muletazos que muestran al toro reservón y mirón. El procedimiento cambia y con la de cobrar, muleta por delante, a verdad desnuda, Morante le liga los naturales, hilado siempre y con el toque exacto pero con un toro que ya mira de más.

De ahí que las tandas que siguen, con la voz y el toque del cite tan firmes que el toro lo toma por completo, le obliga y, aunque el cárdeno lo resiente, Morante le tapa, se le impone y, a pleno compás, con toda la serenidad de su cintura y la majestad de su empaque viene el firmazo y el cambio de mano, andando, sensacional.

Esto descompone al toro, al que Morante extiende innecesariamente la faena y al que, consideramos, debió entrar a matar en la suerte contraria.

Pincha. La ovación en el tercio lo dice todo.

Y el gesto también: “En el otro…”

Menos mal es así pues la corrida de Teófilo Gómez está a cada paso cerca de llevar al cadalso a la Plaza México: desde lo descoordinado y cabeceante del segundo, lo roto de tranco del tercero, lo manso y soso del quinto, lo débil y desrazado del sexto, más el desasosiego de la gente que choca con “Armillita IV” y un toro cariavacado, el tercero, que no gusta. Ojalá hubieran estado así hace quince días y, sobre todo, en lo que viene.

Lo imperdonable e incuestionable es que Fermín Espinosa no completa una sola intervención sin echar atrás, ya sea lance o ya sea pase, en algún momento de las suertes su pierna de recibo va para atrás gravemente, mostrando que este joven paga las habladurías del tío, las prisas del padre por hacerle matador, los excesivos cuidados… y no más.

La gente paga, exige y, cuando le dan motivos, se cobra.

Duramente.

Cosa distinta es “El Payo” que hace casi todo bien con el segundo, cárdeno oscuro y protestón, siempre a la contra y por ello, García se la ha jugado desde la arrucina inicial, hasta los naturales donde obliga y manda pese al desarme al alargar la faena. Solo el mal uso de la espada le priva, ante su primero, de algo más y su aceleramiento en el quinto, empañan algo su esfuerzo.

Nuevo pinchazo.

Alguien le preguntó a San Juan de la Cruz, “¿Y todos estos versos son inspiración del señor?”, entonces, el místico contestó, “Algunos son del Señor, otros son cosa mía”. La cosa de Morante es encontrar de un toro como el cuarto, tan fino, aquello que no le haga perderse en el camino de la mansedumbre sino encontrar las virtudes mayores de su raza.

Perdida en varios instantes.

De inicio, por ejemplo, pasa sin enterarse, Morante le brega apenas con parte del engaño para que “Debutante” se confíe y cierre soberbio el capote en la media. La cualidad es y ha sido la medida exacta del levísimo puyazo –casi una inyección- y la armonía de las chicuelinas que, a pesar de que solo pasa sin enterarse, hacen que el astado se empape de tela y que, para el remate en la media, meta la cara abajo hasta perder las manos.

Eso ha sido en lo que Carretero prosigue a la brega para milagrosamente hacer que “Debutante” trace viajes muy largos empleándose, incluso lucir Gustavo Campos que deja caliente a la gente, deslumbrada por el doble par de aretes aunque olvida que el capote de José Antonio Carretero deja servido el toro para la ocasión.

El temple encela.

Brindado el toro, Morante deslumbra en los tres doblones rodilla entierra, arrodillándose conforme el toro entra en la muleta y hasta despedirle, es decir, toreando a cada momento previo, durante y posterior al muletazo. Abierto en los medios, acaricia la embestida en el pase de la firma y, justeza de nuevo, no remata la primera tanda, ahorra el de pecho que proseguía previo al ahogo del toro.

Que no se ahogue en dudas a la Afición.

La dificultad de este toro que se aviva en banderillas es extraer de él, lo que parece no tener, emoción. Y eso es el arte, no copiar lo visible, hacer ver lo que no se ve.

Porque esta no es una faena únicamente valiosa en lo estético, lo es en el drama de observar como las posibilidades, aparentemente limitadas del toro, crecen conforme el de la Puebla está en el sitio, incluso a la larga distancia, como en la tanda que precede la vitolina en el otro tercio donde amplio es el cite, aliviadora la altura que repone al toro en el remate muleta arriba, cambiándose de mano, previo a otro firmazo de alarido.

Luego la precisa decisión, de regresar al sitio donde inicia la faena.

No dejar que el toro vaya a donde le plazca sino a donde dicte la derecha que de nuevo mece la cintura, embarca al frente, manda larguísimo y propicia, incluso sin tocar sino dejando la muleta muerta, la entrega del toro, cuya degollada forma le ayuda a descolgar, y de la propia Plaza, amante de los desdenes que aparecen como fulgurante destello invernal.

Alumbrando el camino de la izquierda.

Que vence al toro.

Que toca perfecto y, apenas reponiendo, gira en el embroque al tiempo que dicta Morante, lento y plácido, para desdeñar en el ayudado por bajo y luego en el nuevo desdén. La capacidad de redimir la inconfesable realidad de la mansedumbre que asoma al fondo, la posibilidad siempre presente de pulir aristas hacen que José Antonio alivie por alto en tres pases arriba.

Aun así “Debutante” se violenta.

Lo que propicia la nueva tanda derechista, breve y rotunda, con un interminable pase de pecho a la hombrera contraria. El cambio de terreno trae un desarme, la única mácula de la faena. Entonces Morante se desquita.

Tira del toro que ya sale cara arriba e incluso juguetea con la montera.

¡Esto homenajea Jorge Ramos!

No le permite salirse del engaño dejándolo siempre puesto con una impensable perfección, el enésimo firmazo -¿Cuál de todos sería el mejor?- y el cambio de mano a la zurda, simplemente perfecto, desatan la locura en el tendido. De pronto todo el tendido es morantista. Qué rápido cambian bandera, parecen tener los paganos la misma condición engañadora de este toro que, pese a la coba al Ganadero, acaba rajado, retrocediendo y en la querencia.

Por ello no hay adornos finales, porque “Debutante” lo estropea todo.

Entonces, con todo el tiempo del mundo prepara la muerte. Bien diría San Juan de la Cruz, “Toque delicado//Que a vida eterna sabe
y toda deuda paga//Matando. Muerte en vida la has trocado.” Solo la espada, trasera y tendida, en la suerte natural, pone la duda que el toro se eche. Ni medio minuto pasa cuando yace el astado en la arena aleteando pañuelos en la grada.

Vergüenza de Jorge Ramos al premiar la falta de casta y bravura que de haber sido así…

Esa es la autoridad en La México, la peor de su historia.

Morante pasea en la vuelta un ramo de claveles, otro de rosas, como el famoso pasodoble.

Y mirando esos candores, entre reflejos del sol y la sombra, pasando el inmaculado tallo del clavel e incluso las espinas de la rosa, llega esta gran faena, flor y espejo del arte del toreo, calvario y rosario de nuestra afición taurina.

La que aquieta el viento, la que enciende fuego eterno con el más torero de los aromas, el de la gloria.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2015-2016. Domingo, Enero 17 de 2016. Décima Cuarta de Derecho de Apartado. Más de Un Tercio de Plaza en tarde fría con fuerte ráfagas de viento que no afectan a la lidia. Piso mojado. Mal la Autoridad al ordenar el Arrastre Lento al manso cuarto.

6 Toros, 6 de Teófilo Gómez (Divisa Azul Cielo, Plomo y Blanco) Desiguales de presentación. Justo, cariavacado y sospechoso de pitones el tercero, protestado desde salida. Muy serio el primero aunque sin fondo en la muleta, descastado. Bien construidos el resto aunque débiles y sin raza en general. Precioso aunque chico el cuarto, número 147, “Debutante” nombrado, cárdeno obscuro, vuelto y astiblanco, degollado y lomitendido, pese a su mansedumbre hace los viajes largos y toma la muleta sincero aunque termina rajado y muy a menos.

Inexplicablemente la Autoridad de Plaza homenajea al mencionado cuarto con el Arrastre Lento, a todas luces, inmerecido. 

Morante de la Puebla (Nazareno y Oro) Saludos y Dos Orejas. Octavio García “El Payo” (Azul Rey y Oro) Ovación y Palmas. Fermín Espinosa “Armillita IV” (Obispo y Oro) Pitos y Pitos.

El primer espada salió a hombros.

Destacó con el cuarto a la brega y en banderillas de la cuadrilla del primer espada en especial a la brega del cuarto, el banderillero José Antonio Carretero así como Gustavo Campos en la brega del primero, este último saluda tras banderillear al cuarto. 

La Autoridad guarda el minuto de silencio inexplicablemente omitido la semana anterior dado el muy sensible fallecimiento de Don Alejandro Arena Torreslanda, ganadero de Villa Carmela acaecido la semana pasada.

Derechazo de Morante a Debutante
Roto, completamente fundido el derechazo de Morante de la Puebla a “Debutante” de Teófilo Gómez. FOTO: Miriam Cardona.

La “Casi” Rotundidad de Fermín Rivera – Esfuma Triunfo en Fiasco Carmelita.

El mando entero, a compás abierto, el derechazo de Fermín Rivera se impone… salvo la espada.

Lo tenemos que decir, de lo contrario, faltaríamos a la más elemental verdad taurina, dos fiascos se cargan casi la tarde entera: la mansedumbre y debilidad de Villa Carmela y la equívoca y desesperante forma de rematar las faenas del primer espada. Fermín Rivera deja en un suspiro muy fino y muy serio, como su toreo, la posibilidad no solo de salir en hombros sino de dejar claro que su toreo está para cosas aun más grandes que solo cortar las orejas en una Plaza México demasiado a la deriva. Sin opción alguna, Daniel Luque y Sergio Flores quedan limitados a solo demostrar sus buenos oficios y fundamentos toreros.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Si recordamos, hemos consignado a tres toros de Villa Carmela, con el de hoy tarde en La México, que de salida han quedado despitorrados: el de Joselito Adame en Enero de 2014 en la propia Monumental, el de Diego Silveti hace mes y medio en Guadalajara y el de ayer que abre festejo.

Una desgracia, acaba prácticamente sin pitones al estrellarse dos veces.

Los tres toros que menciono se han estrellado solos.

El de ayer, tan hermoso su morrillo, reunido y vuelto de pitones, abre Plaza y no debió haberse dejado para el caballista Rodrigo Santos, quizá la mala suerte de la tarde habría cambiado si se lidia para los de a pie dejando a cualquier otro para la lidia a caballo.

La suerte, caprichosa, no nos impide ver al impresentable rejoneador potosino, incapaz de sujetar al corraleado sobrero lidiado en cuarto lugar. Por un momento pareció sujetar y aguantar el arreón, no. Realmente sale despavorido. Mata fatal, le pitan y sale desfachatadamente. Pitos que, realmente, bronca debió haber sido.

Pasado este mal trago, dos peores íbamos a pasar.

Uno, la corrida.

Es increíble como ni Daniel Luque ni Sergio Flores tienen opciones de triunfo y todo porque Villa Carmela es todo lo dispareja en trapío pero todo lo pareja en juego posible: mansa. Así, el berrendo en castaño segundo (me dirán que es girón pero lo blanco es mayor que lo normal) pese a la filigrana de las verónicas con su excepcional recorte y las chicuelinas de Luque, se acaba de inmediato tras banderillas. Peor el quinto, que nos muestra a algo distante del gran nivel que tiene, contagiado por lo roto del tranco del toro y lo disperso del tendido.

Mal con la espada.

Y Sergio Flores parece hacer embestir al tercero, otro engañoso y serio cárdeno al que comienza haciendo embestir pero al que no le alcanza el fondo y termina a cabezazos pese al esfuerzo, ambición, buenos derechazos de inicio de Flores que se encuentra con voltereta e inoportuno desarme en el tercio frente a matadores. Le ha perdido pasos al cornivuelto carmelita para que no cayera pero de tanto quererle mandar es desarmado.

Del sexto, berrendo, ni que decir.

Torpón y basto, tan solo sentir la vara, afloja y viene a menos. Al menos Flores se dobla y aliña muy bien y pronto, acabando el suplicio. Aunque su espada no es efectiva tampoco.

Y dos. La desesperantes fallas con la espada de Fermín Rivera.

Un torero como Fermín, a pesar de todas sus virtudes, de todo su concepto e, incluso, su ya proverbial seriedad, no puede darse el lujo de pinchar una tarde como la de ayer. Cuándo será el momento en que Rivera rompa en realidad todos los pronósticos… Todo lo que se dice y comenta, va a ser poco en cuanto lo bien toreado, sea bien rematado.

En él, lo bien no será suficiente.

Es posible que Fermín, de utilizar toda la extensión de sus brazos y toda la curva del capote a la verónica, se vea aun mejor que en sus lances al primero, demasiado recortados considerando su empaque, estatura y la condición del que abre plaza, brilla la media verónica. El toro enmorrillado y retacado, apenas puede con su tranco, débil y vacilante.

Tras prolongado puyazo se anima en fregolinas a compás abierto pero ni el ritmo del quite ni la embestida del toro componen un cuadro que trascienda fuerte al tendido. Pero entonces, Rivera entona tras inicio alternado por alto, con su calma y paciencia, virtudes para entender un toro que frena en banderillas y parece no querer más.

Aquí sí, deja varios cuadros que podría pintar el brindado, Maestro Ramón Reveles, dos trincherazos preciosos. Pese a la tardanza del toro, Fermín insiste y, aunque le enganchan, pronto comienza a acortar el terreno, sitio clave para provocar y no dejar avivar la mansedumbre, que esta ahí justo en donde acaban los muletazos, incluso alarga la embestida al natural.

Que tardea y regatea.

La primera mitad de faena la suavidad necesaria encuentra al enganchón y ese paso que hace falta perder no aparece. Pero Rivera está más cerca que nadie y todo su planteamiento, incluso al natural, desemboca en tanda de derechazos sensacional. Tras uno de trazo perfecto, embarca en lo corto con lo largo del sentimiento pleno de su toreo, su muñeca gana y manda paso a paso, repitiendo hasta que el de Villa Carmela dice no más, frena y es obligado por el potosino que pese a la sosería luce en doble desdén su verticalidad y hace rugir la Plaza.

Es el momento de entrar a matar.

Se complica él solo.

Prosigue y perfila en la suerte contraria. Quizá al revés, en el terreno en que viene la gran estocada que sigue, el toro dada su mansedumbre y su expresa nobleza empujara más. El pinchazo, penosamente, enfría la posible oreja.

Vuelta con leves protestas.

Y el colmo de males: el manso cuarto.

Enganchadas las verónicas. Casi se echa el toro encima Rivera al recortar el capote hacia la esclavina en el quite chicuelinero algo movido que muestra a “Mestizo” con todo el ánimo de pasar de largo y, claro, doblar contrario. La noche, tras el intermedio ecuestre, se sobreviene sobre el toro que desde el inicio, arriba y a pies juntos, está buscando ser todo lo posiblemente manso y no embestir.

Cómodo está sin ser obligado, manso de entrada.

Y en las primeras tandas, no es que sea andarín, es que se quiere quedar tan por debajo que si se encuentra el engaño se lo va a querer quitar, es tan claro que sus patas traseras frenan cuando se le obligan y cabecea. Rivera tiene la asignatura de quitarle ese defecto y hacer que cada que se encuentre la zarga, el trapo no le permita pensar un solo instante.

Lo consigue por la derecha.

Los pases de la firma previos a los de pecho son claves, se coloca, impone el toque y remata. Y, si bien, pierde los pasos que no pierde ante el primero, en las dos primeras tandas, la tercera es plenamente al ritmo del torero en el sitio que el designa y a la velocidad que quiere y, claro, La México responde por todo lo alto.

Toma tiempo pulir pero cuando se pule se fulgura como Fermín en el trincherazo en la tanda siguiente donde el toro ya aprende y se desquita al desgarrar la muleta en el pase de pecho.

La sosería, la falta de raza y, de ahí, la de celo en el toro no hacen declinar a Rivera. Incluso en los naturales donde “Mestizo” rebrinca y engancha. Llega el esperado ajuste de altura y distancia, como el estaquillador cuadrado está, los siguientes naturales pese al cabezazo llegan precisos y desengañan al burel que busca el tercio, el diestro lo concede y el toro afloja.

Vuelta a los medios necesaria.

Pena grande que el toro, pese a la nueva tanda, ya no tenga más.

Y que la faena, a punto de remate como le gritan en Sol, se haya quedado en el “casi” de otras tantas veces, cuando el carmelita, como penúltima de sus artimañas, mancha la partida con un desarme punto más que inoportuno, terrible, como tirar un tablero de ajedrez de un manotazo. Deshace la secuencia y la cadencia de Fermín que empeña en bajar la mano, a nuestra apreciación, un punto más de echar la muleta arriba al final del natural y quizá no la habría alcanzado.

Solo Dios.

Luego cortinazo del chalecazo que hace guardia. Terrible…

Todo el riverismo lo lamenta… y como pocas veces. Al borde del triunfo, de cortar las orejas se escurre el triunfo de las manos de Fermín Rivera. Conste que las orejas aquí sí pesan. Y demasiado. Estar mejor, siempre, es posible.

Sobre todo en un torero con tantas posibilidades.

No sabemos si será en esta Temporada con tantos toros mansos, encierros desiguales, tanta falta de casta y tanta ausencia de raza, de público tan despistado. De tantos y tan inoportunos pinchazos.

El triunfo le aguarda… la Afición lo espera…

Solo que no sabemos si el tiempo lo haga. Ni mucho menos… por cuanto.

Que pronto sea.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2015-2016. Domingo, Diciembre 13 de 2015. Novena de Derecho de Apartado. Menos de Un Tercio de Plaza en tarde fresca de cielo despejado y con viento molesto en diversos pasajes de la lidia, principalmente en el segundo turno de la lidia ordinaria.

8 Toros, 1 para rejones de Marco Garfias (Divisa Naranja, Rojo y Negro) sobrero lidiado como a la mitad de festejo al sustituir al despitorrado de la ganadería titular, muy corraleado y destragado, manso, huidizo siempre arreando; y 7 de Villa Carmela (Divisa Negro, Gualda y Grana) el primero, muy rematado y reunido, para rejones, se despitorró ambos astas por bravo; los de la lidia ordinaria, desiguales en presencia, muy pobre de cara el hondo y largo berrendo en castaño segundo; muy rematados y ofensivos primero, tercero y quinto. Menos aparatoso el cárdeno cuarto y, aunque chico, con cabeza, el berrendo que cierra plaza. Mansos y débiles en general, de trámite la suerte de varas. Noble pero sin fuerza el primero y, no obstante su movilidad, manso el cuarto con buen pitón derecho en la muleta. Sin excepción, todos se duelen y frenan tras banderillas. Salvo primero y cuarto, todos pitados en el arrastre.

El Rejoneador Rodrigo Santos, Pitos tras Aviso. Fermín Rivera (Canela y Oro) Vuelta tras saludos con protestas en ambos. Daniel Luque (Azul Noche y Oro) Palmas y Silencio. Sergio Flores (Marino y Oro) Palmas y Silencio.

Buena actuación de Abraham Neiro de la cuadrilla del segundo espada. Gran par de banderillas al cerrar el segundo tercio de Felipe Kingston de la cuadrilla del primer espada.

La Pasión Creciente – Nueva Puerta Grande para Daniel Luque en Guadalajara.

Derechazo de Daniel Luque en su faena al primero en Guadalajara.

Acudir a las corridas de la Monumental Nuevo Progreso es cantar al toro, eje rector y esencial de la tauromaquia. Es sentir que las paradojas mayores del toreo pueden ser posible para bien y mejora de nuestra Fiesta taurina. La sensación que brinda el toro real, como el de Villa Carmela ayer, hace reflexionar que el camino al renacer y amanecer de la pasión taurina está más cercano de lo esperado. Carente de una imagen torera que apasione desde hace varias décadas, Daniel Luque parece dar visos de ser y muy pronto ya no un consentido, sino el amo de la Plaza tapatía. Tarde para el recuerdo, en el terreno más corto toreando muy largo, Luque sale a hombros dejando a sus alternantes lastimosa y tristemente, borrados.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Guadalajara.

Seria, ancha de fachada, la Catedral de Guadalajara refleja la personalidad y el acento de esta centenaria capital jalisciense. Con sus torres, como pitones, astas, que la hacen ver hasta el cielo astifina.

Tal como es y ha sido su toro en la arena de sus Plazas.

Desde las épocas en San Juan de Dios hasta estos tiempos de la Calzada Independencia y que serán por mucho más, el toro de Guadalajara es un canto, casi una devoción a la majestad de la Fiesta Brava, la que siempre da el toro real. Lo veíamos en “Taurinísimo” el viernes pasado. Ese toro no necesita más cantores que sus reunidos pitones, lo ancho de su pecho, lo armónico de sus manos y la línea recta del lomo que nace desde lo afoscado y empelotado morrillo hasta el largo y espeso rabo.

De preferencia, negro zaino, de puntas astifino, como casi todo el encierro de Villa Carmela.

Inicialmente programado para la que sería la segunda corrida, toca abrir por todo lo alto la Temporada tapatía con un encierro, bautizado con nombres de Santos, que tiene la pésima suerte, primero, de que su toro más hermoso, el tercero, de una armonía única y pitones de espanto esté tan caliente desde el entorilamiento que trabe una de las puertas y en la Plaza, remate tan abajo en el burladero de la querencia que termine por estrellarse.

Y estrellar la ilusión.

Porque además le habría tocado a Diego Silveti en total sumersión en la falta de mando y de soltura.

Este sobrero ha sido el único que ha bajado, sin traspasar lo no permisible, la categoría del trapío. Silveti, a pesar de que el sobrero no es un dechado de virtudes, manso y cabeceante, denota falta de colocación, enganchones y nula capacidad de salir al frente a cada muletazo y convencer al toro y al tendido. Impedido de aliviar y templar al muy débil sexto, el total de su actuación únicamente reseña templados lances de recibo a este último con el paso atrás y una estocada entera para cerrar un domingo poco menos que discreto.

Por el estilo, peor aun, está Arturo Saldívar.

Distraído, vacilante, ni siquiera se coloca en tiempo durante el segundo tercio del que abre plaza. Ya se iba justo cuando el tendido de Guadalajara, que tiene las puntas, intactas, como agave azul y el fino impacto de cuando entra el buen tequila, lo pone en su sitio. Y le recuerda que a un toro como el segundo, largo y algo zancudo, de condición mansa pero con la casta suficiente de seguir por bajo la muleta, hay que pararle y poderle e imponerse, a riesgo de quedar sobre piernas y sin posibilidad alguna.

No le sirve doblarse bien de inicio, plantear los derechazos en los medios, al no termina por imponer su ritmo al de el toro, someterle. Pega uno pero para el segundo no es capaz de quedarse quieto y girar para pegar los demás. Lo que pinta bueno acaba en descolorida versión de un torero, hoy, desigual, que devuelve todo el crédito al estar peor con el inválido quinto.

División y fuertes pitos. Certeros

La mala suerte del encierro y de la Afición misma se ve recompensada con la aparición, casi milagrosa, de Daniel Luque.

No es sencillo ser tan mandón y ser tan artista, ni tener una mano fina pero con un mando de hierro, poder andarle al toro y además saber quedarse quieto, manejar las telas con sutileza y brazo firme templar y hundir el acero: esto y más aun ha hecho el sevillano, toreando en lo corto, planteando dos faenas en un terreno casi inexistente, unir el ojedismo de noche de la marisma con la luz y la gracia de Sevilla.

Pero ya nos decía otro ilustre sevillano, “Creer que un cielo en un infierno cabe…”, justo así Daniel Luque ha sido capaz de descifrar el misterio de la santidad del encierro carmelita, primero con “San Juan Pablo” que pese así ser nombrado sale a quedarse parado, a frenar la embestida y fintar a Luque, que le para con lances de buen y poderoso trazo, con no entregarse haga lo que haga.

Pero por eso y para eso torear es a temperar.

Y entonces, desde el primer capotazo siente Daniel al toro. No se alborota, se templa, lo mismo en el lance, el recorte y la señorial chicuelina. Al primer muletazo Luque encuentra, muy en lo corto, la forma de alargar y de no frenar la embestida del carmelita, así han sido las tandas obligando, sometiendo pero sin dejar de correr la mano o cambiarse por la espalda alternadamente en su personal muletazo. Rinde al manso cabeceante y pierde la oreja por el pinchazo, pese a eventual y fulminante descabello.

Solo la Autoridad arruina lo que habría de ser una ovacionada oreja al dar una innecesaria oreja, protestada evidentemente y que sirve para alborotar y levantar la expectación previo a la salida del muy serio, alto de agujas, con arrugas en el rostro, carifosco y negrísimo, cuarto de la tarde.

“San José María”, nombrado.

Con la salvedad de la seriedad, en poco se ha parecido a Don José María Escriva por quien, creemos, ha sido así bautizado. Por el contrario. Sin emplearse de salida, áspero, Luque le recorta genuflexa y lucidamente en los medios para luego medir perfecto el puyazo y ahorrar el quite. Aquí la maravillosa, larga y templada brega de mano alta de Abraham Neiro hace que el reservón negro toro, tardo e indeciso en la arrancada, sobre venga a su capote. Incluso se cambia de mano en el último capotazo para cerrar al toro en los adentros.

De pronto Luque, siempre muy metido en su planteamiento, tras los pases arriba, mece el pase de la firma, justo en los medios que desdeña lo reservada de la embestida. Por ello, no se apresura ni presiona la embestida del astado, únicamente traza un cerco al posible arreón. Otra vez, repite la dosis del primero, se engalla y acorta la distancia en doble tanda derechista, breves pero intensas, donde los remates de cada una ayudado abajo y pases de pecho, el de la primera lentísimo, vuelcan la tardanza del toro en reventar de la Plaza.

Ronca para el último de los remates.

Y amplia es la siguiente, donde la emoción sube conforme la muleta se arrastra, parece perderse el paso del toro ante lo bien toreado pero Daniel tapa su cara, gira y liga, se cambia de mano por la espalda y remata por alto ante el cabeceo del toro que quiere pero no tiene como arrancarle la muleta. La “España Cañí” se desgrana en la tanda al natural, tal como, muy a regañadientes y en el terreno corto de nuevo, la mano izquierda que extiende el trazo y cuando a cada pase el carmelita se frena, Luque le rinde y vence en nuevo pase por bajo resuelto con el de pecho de alarido.

Aquí con el toro vencido en la pugna taurómaca, cambiada la espada tras última tanda con la derecha, inaugurada con la trinchera a pies juntos y abrochada con muletazo magnífico del desdén, muy entregado, Daniel Luque cierra con ayudados por bajo, justo a donde el toro se refugia, la querencia, vencido tras ser podido. Firmazo con la izquierda antecede el momento misterioso y latente de la estocada.

La suerte suprema.

En el terreno cambiado conjuga con un volapié soberbio que rinde a Guadalajara, a su Catedral, su toro y su Afición la que no escatima el doble premio y la legítima Puerta Grande. Por algo Guadalajara siempre se entiende con Sevilla.

“Que las flores de Jalisco vinieron de Andalucía”…

Y de Andalucía el torero que puede santificar la Plaza Nuevo Progreso hacia la pasión y la devoción, encauzar el culto al toro serio, por el arte más granado del toreo, convocar a la multitude, lograr el milagro del toreo. Como esa “Granada” que acompaña a Luque en la vuelta, como esa multitud que le carga en hombros hasta la Puerta.

De la Plaza más seria. Y ese es nuestro deseo, que lo siga siendo.

O la suerte venidera que pidamos a Dios, de verlo, nos conceda.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Guadalajara, Jalisco. Plaza de Toros Monumental Nuevo Progreso. Temporada 2015. Domingo, Noviembre 1 de 2015. Corrida de Apertura de Temporada al no poderse celebrar la programada para el domingo pasado. Primera de Abono. Menos de Media Plaza en soleada con espléndido clima y poco viento.

6 Toros, 6 de Villa Carmela (Divisa Negro, Amarillo y Rojo) lidiado el tercero como sobrero tras desceparse luego de salir el tercero de la Tarde. El segundo antirreglamentariamente lidiado al no haber estaño reseñado oficialmente. Desigual en presencia en su conjunto, pero con el trapío suficiente para la Plaza. Cargado en tamaño el lote del primer espada, sumamente serio y ofensivo de cabeza, principalmente el primero. Largo el segundo y destragado el sobrero que sustituyó al precioso tercero. Bien hecho el cuarto. Larguísimo el débil quinto y con muchos pitones el que cerró plaza; con edad en general, sin entregarse del todo salvo el segundo que inició manso y acabó embistiendo a la muleta. Reservón y cabeceante el lote del primer espada y con posibilidades quizá el quinto al que no se le pudo ver en el último tercio.

Daniel Luque (Azul Noche y Oro) Oreja con Protestas y Dos Orejas. Arturo Saldívar (Ciruela y Oro) División y Pitos. Diego Silveti (Malva y Oro) Silencio y Pitos.

El primer espada salió a hombros.

Espléndido el banderillero del primer espada, Abraham Neiro, sobrio con los palos ante el primero y soberbio en la importantísima brega al cuarto. Saludó el banderillero Ángel Martínez hijo tras banderillear al quinto.

Fatal, por medroso y ventajoso, el banderillero Diego Martínez de la cuadrilla del tercer espada que dos veces pasó en falso ante el sexto.