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La Caprichosa Similitud – Triunfa Ponce en Desastre de la Autoridad en Aguascalientes.

El cambio de mano de Enrique Ponce en su faena al castaño “Artista” de Bernaldo de Quirós. Foto: Emilio Méndez.

Una de las más esperadas citas, doce años, once meses y veintiocho días después se colma entre similitudes, caprichos y ridículos. Y se esfuma con la sensación de que vuelve a faltar algo. Ya sea la sobre administración o la mala suerte de Enrique Ponce deja las cosas en suspenso ante el nuevo y enésimo ridículo de la “Autoridad” en Aguascalientes que todo lo que aprieta a la hora del apartado termina aflojando y aflojerando una señalada tarde donde se vuelven a hacer notar los peores males de el actual momento taurino: apatía, cinismo y, principalmente, la conveniencia y acomodo de los agentes y gestores del régimen incapaces, cubierta la papeleta, de ofrecer un espectáculo mejor.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA. Aguascalientes.

Si Enrique Ponce, que se encarga de hacer patente su enojo en todo el callejón por vérselas con el zambombo cuarto, espantoso por acochinado, feo y, además, manso, no quiere pasar más corajes primero tiene que dejar de hacerse, como dijera “El Negro” Aranda… igual que aquel otro paisano suyo una tarde de toro de regalo en la Plaza México.

Si, en verdad el enojo llega a este manoteo, hay que dejar de escoger estas bueyadas.

Así de fácil.

Aquí el único culpable es él.

Ese enojo, hagámoslo notar, es el mismo que sienten todos y cada uno de los partidarios del toreo, los aficionados que aman la Fiesta en este lado del mundo cuando toca ver a Enrique Ponce envuelto en escándalos, regateando su prestigio y valor en despachos y apartados en plazas como las mexicanas pero luego quejarse en plena corrida. Todo esto, envuelto de decepción es ensuciar una impecable hoja de vida innecesariamente. No queremos kilos, queremos casta y trapío.

La espera mencionada en la introducción se rompe este año y ha tenido “Armillita” que despedirse primero y morirse después para tener a Ponceen la Feria de San Marcos. Todo está a punto de echarse a perder desde el anuncio, ni Teofilo ni Bernaldo, en casta principalmente, serán jamás lo esperado y anhelado por el público, que no se moviliza igual que hace trece años. Y tal como ocurre la última vez, tiene que haber baile de corrales y sustituciones para que ocurra el milagro.

Solo así y a medias, porque las coincidencias tienen algo de caprichosas.

Aquella vez un novillo adelantado de Santa Bárbara, afortunadamente, hubo de romperse un pitón para que saliera el celebérrimo “Arlequín” de Fernando de la Mora, un toro, sobrero, en toda la extensión de la palabra. Esta vez, el baile de corrales acomoda una tarde ventosa en Aguascalientes que comienza con la salida de un alto y bien hecho castaño, con seriedad suficiente para aguardarle y, pese a ser de Bernaldo, el toro comienza reaccionando con fuerza y plena actitud de toro, alegra su rabo e, incluso, protesta ante el capote que logra avanzar hasta los medios y, pese a un enganchón, remata con media.

Aquí viene uno de los grandes episodios de la corrida: el tercio de varas.

Bendito Dios.

Ponce se templa, no toca los lados y deja en suerte para que por un vuelco del destino, al arrancarse fuerte el castaño, este resbale y al recibir un puyazo contrario haga perder la horizontal al caballo derribándole y desmontando al piquero que termina pisando al toro antes de caer incluso la propia jaca parcialmente cae encima del castaño. En ese momento nuestra impresión es que el astado habría de romperse.

En ese momento nuestra impresión es que el astado habría de romperse.

No, no con este bravo castaño.

Que, si bien sus extremidades traseras resienten el hecho, de pronto se pone en pie y sin vacilar persigue al caballo, ciego a fuerzas, lo hace con alegría en su trote y con la luz de su casta que muestra su disposición a atacar recorriendo circunferencia insospechada hacia la querencia, que también los animales, aun sin ver, mantienen su sentido de orientación, el toro se apodera de la escena y hasta que el caballo choca con su mansa resignación en la barrera, la escena se calma, como si ese encontronazo nos devolviera del drama hacia el mismo ruedo.

Entonces la decisión acertada de no picar de nuevo, sino de dar paso a un nuevo milagro de Mariano de la Viña, permite que el toro, aun pese a la inutilidad de los hermanos Luna que pasan hasta por cuatro veces, aun pese estar casi roto de los cuartos traseros, recupere aire, acentúe la largueza de sus viajes y comience a desarrollar paulatinamente por abajo.

Y tanto es así que “Artista” crece.

Cabecea y embiste al momento que se le cierra en el burladero de matadores y tira el tablón alto de la barrera justo cuando Ponce brinda a toda la Plaza que expectante vislumbra la llegada de amenazantes y grises nubes. Todo este ambiente de calma contrasta con el ansia del astado por ir a la muleta se palpa en los muletazos iniciales donde la embestida se encausa y se somete en el pase de la firma donde comienza a andar el castaño que aun protesta por arriba.

Por ello las tres primeras tandas son una constante por encontrar acople sobre la verticalidad y el temple sobre la mano derecha, basta un enganchón, uno solo para que el valenciano ajuste, vuelva sobre pitón izquierdo en el pase de pecho para vaciar lo más largo posible. Así, evita la tentación de la querencia tirando a los medios, abre entonces el compás, se proteje del viento tirando por abajo y liga cadenciosamente aun contra el viento que le interrumpe nuevo remate de pecho.

La paciencia paga frutos.

Decía Gabriel Figueroa, el gran fotógrafo de la luz, la sombra y el color: “Técnica es una forma de resolver los problemas de contar una historia en la mejor forma posible.” Y esta vez, la mejor forma es mantener la verticalidad, aguantar y, pese al viento, templa, sin eso el castaño se habría descompuesto. La tanda, rotunda y muy cadenciosa, sobre las rayas revienta en el de pecho y prepara la senda de la mano izquierda primero largo y arriba, el toro tiene nervio por ello luego responde abajo.

Ponce aguanta la ráfaga y tras ayudarse llegan los tres mejores pases de la faena, al natural, casi con media muleta por el viento molesto rompiendo la cintura y que proseguirían en una tanda al natural donde el castaño comienza a resentir el peso de la lidia, Ponce, entonces, encela colocando y quitando el engaño en plena cara dándose a torear hasta exprimir al toro al natural aguantando su medio paso, sin duda alguna, para tirar al final de un toro que ya se queda pero del que el magisterio completa.

La vuelta a la derecha obtiene derechazos ligados y un enorme cambio de mano previo a los adornos finales, poncina incluida, por ambos perfiles y sobre la mano derecha. La faena, de gran realización roza a una altura importante que empaña la estocada baja y la inexplicable concesión del rabo, debidamente, protestado.

Como para echarle la gente y la critica dura encima.

A Ponce le agrada la mencionada concesión y alegre da la vuelta al ruedo. La multitud se espanta por una llovizna que resulta hasta agradable pero que hace huir al personal de palcos como vanidosos de pueblo.

Y ahí terminaría casi todo. Malamente.

El público repudia la presencia del cuarto, flaco y demasiado feo para ser lidiado. Peor el sobrero demasiado retacado para ser siquiera embarcado, Ponce tras el pucherazo y brindis a Armando Manzanero, se esfuerza pero termina oyendo un aviso.

Pese al gran esfuerzo, Payo falla en momentos claves ante el difícil segundo que le desarma en inoportuno y desesperante capítulo de una faena que, no obstante vence al viento y al sentido de un toro cárdeno con cabeza y que le busca siempre, no rompe a donde parecía llegar. Turno que pincha antes de un gran espadazo. Falla el quinto y regala un novillo manso de La Joya con el que está voluntarioso aunque rápido con un torete jabonero que viene y que va sin parar… y al que vuelve a pinchar.

De Silveti, convidado de aparador, su falta de soltura contrasta con el gran quite por gaoneras del sexto con el que se regala la vuelta al ruedo en ratonero modo. Que se le está volviendo costumbre.

Que se le está volviendo costumbre.

Entonces la llovizna trae la abundancia y el despilfarro, la sangre brava que superó, aun increíblemente siendo de Bernaldo de Quirós, que de no haberse lastimado o de haber salido en cuarto turno, habría marcado una composición de mayor alcance artístico.

Como ese cielo del centro de México, el perfecto escenario que tantas veces captara Gabriel Figueroa, a los que se rindieran Cannes y Venecia, el celaje ideal de púrpura y amaranto, pues ya que por capricho el toro no coincide en las grandes citas, en Aguascalientes queda siempre, la coincidencia, esta sin capricho, del atardecer.

Celaje, ese sí, fantástico e infaltable.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza Monumental de Aguascalientes. Feria Nacional de San Marcos 2018. Décimo Festejo del Serial Taurino. Novena Corrida de Toros. Casi Lleno en tarde de viento cambiante, con leves gotas al momento del paseillo, ráfagas muy molestas durante los dos primeros turnos que impiden el desarrollo de la lidia sumada a la refrescante llovizna culminado el primer turno. Precioso crepúsculo para terminar el festejo.

Fatal la actuación del Usía que devuelve al cuarto previamente autorizado, no da el primer aviso al primer espada luego de sobrepasar por casi diez minutos el tiempo reglamentario en la lidia del cuarto, inadecuadamente ordena la música para ser callado por el público y, principalmente, otorga inadecuadamente los máximos trofeos al primer espada a la muerte del que abre plaza y homenajea al manso sexto. Distraído en diversos pasajes de la lidia, el sujeto en cuestión responde al nombre de Ignacio Rivera Río, personaje de dudosa capacidad taurina y que, de tener mínima vergüenza, habría de presentar su dimisión.

8, Toros, 4 de Bernaldo de Quirós (Divisa Obispo, Rojo y Verde) Los lidiados como primero, segundo, cuarto y sexto turnos. Anunciados como titulares pero rechazados en el reconocimiento, el cuarto es devuelto por feo y escurrido; disparejos de presentación, chico el manso y soso sexto, con cara aunque chico también el difícil segundo, con sentido y emoción en la muleta. Destaca el bravo y noble primero, precioso castaño oscuro, alto y serio por delate; 3 de La Estancia (Divisa Rosa, Blanco y Azul) lidiados en tercero, cuarto como sobrero y quinto; disparejos de presencia y feos, el cuarto es terriblemente acochinado y manso lo mismo que sus hermanos; y 1 de La Joya (Divisa Turquesa, Blanco y Amarillo) Anovillado y manso, jabonero sucio, manso con tendencia a la querencia, inexplicablemente ovacionado y homenajeado en el arrastre.

El que abre plaza número 837, “Artista” nombrado, de 518 kilogramos, castaño aldinegro, alto, ojinegro y bragado, delantero de pitones, fue con justicia homenajeado con el Arrastre Lento ovacionado por la Afición.

Enrique Ponce (Marfil y Oro) Rabo con Protestas y Palmas tras aviso. Octavio García “El Payo” (Nazareno y Oro) Saludos en el Tercio, Silencio y Gran Ovación en el de regalo. Diego Silveti (Salmón y Oro) Palmas y Vuelta por su cuenta con protestas.

El Primer espada salió a hombros.

Bien a la brega Mariano de la Viña con el primero pese a la inutilidad de Jorge Luna, fatal con el capote Ángel González hijo.

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Victorinos de Domingo de Ramos: lo mejor de la tarde, una bandada de avecillas de pecho blanco sobre Las Ventas

Por José Ramón Márquez.

1. Cuestión previa

Victorino Martín hijo tiene ante sí una enorme responsabilidad heredada de su padre, una carga pesada, que es la de competir con todos los demás con las armas del toro, del toro encastado y fiero, a veces del toro que “hace el avión”, y de hacerlo no en remotas plazas francesas ante aficionados conversos, sino en todas las grandes citas de la temporada española. Victorino hizo imprescindible su presencia en todas las ferias de renombre a base de dar lo que nadie daba, y que se apuntase el que tuviese redaños, compitiendo y venciendo a los otros ganaderos -tantas veces ganaduros- en plano de igualdad. La obligación de Victorino Martín García es, como mínimo, mantener el legado que ha recibido de Victorino Martín Andrés y seguir proclamando la línea clara de tantos inolvidables toros como han salido de esa casa para gloria de la ganadería de bravo y, muchas veces, para la de los toreros que se han puesto frente a ellos. En cómo resuelva Victorino la sucesión al excepcional ganadero que fue su padre, le va la vida.

2. A lo negro

Domingo de Ramos en Madrid, con el ya imborrable recuerdo del Domingo de Ramos -de Pasión para él- de Fandiño hace ya dos años, en el que tanto nos jugamos y tanto perdimos. Hoy la empresa Plaza1 principia la temporada madrileña con una invitación a la ilusión anunciando seis de Victorino Martín, con divisa negra por luto del patrón, para El Cid, Pepe Moral y Jiménez Fortes. Buena entrada, pese a lo desapacible de la tarde, con la solanera a reventar y la sombra a merced del cierzo.

Cuando don Gabriel Martín, ataviado con su traje de barquillero y tocado con la madrileña parpusa franquea la puerta al primero de la temporada, Moñudito, número 61, la banda se pilla el primer berrinche de la temporada por la parte del 7 porque el bicho llevaba un puntazo en el anca izquierda. El animal no presentaba ni cojera ni síntoma alguno de que ese puntazo le afectase a la cosa psicomotriz, pero ya se sabe que a los toros se va a manifestar opiniones y la de muchos por la parte del 7 era la de que preferían estrenar la temporada de Madrid 2018 con el jabonero Mulato, número 18, de José Luis Marca, que con el cárdeno Moñudito. A uno, que había bajado hasta Las Ventas pertrechado como Shackelton cuando se fue a la Antártida, la verdad es que no le hacía ni repajolera gracia ir a ver a los albaserradas y encontrarse con la juampdedritis de Marca, con el label de calidad de “eliminando lo anterior”. A Moñudito, que tenía cuajo y presencia, lo que antes se decía trapío, lo aplaudieron de salida, pero cuando empezó la matraca del puntazo las cañas se tornaron lanzas para él. Lo mismo que a Nuestro Señor, del cual se conmemora hoy su triunfal entrada en Jerusalén, que a los cuatro días ya estaban con lo de “¡Crucifícale!”, y salvando las debidas distancias, a Moñudito se le recibió con las palmas cuando remató con vigor en el burladero del 10 y mostró su bella hechura y se le coronó de espinas nada más que se pudo ver la sangrecilla que le brotaba del anca. Luego el toro fue a menos: blandeó lo que quiso y dejó claro que la cara no es el espejo del alma, que su alma era tontorrona y sinsorga. En general hay que decir que la corrida no ha sido, ni por el forro, lo que uno se espera cuando ve en el cartel esa A con esa corona encima. Peor para nosotros. Ha habido dos toros interesantes en diverso registro: el tercero Mucamo, número 84, y el quinto Paquetillo, número 103, una especie de raspa fea y anovillada; el segundo, Palmireño, número 9, y dos de esos que antes que se los lleven los benhures de la mula a que los destazadores los transformen en medias canales, ya ni te acuerdas de ellos.

De los interesantes el tal Mucamo lo fue por la cosa colaboracionista. Fue picado de manera delicadísima por Francisco de Borja Ruiz que movió con torería el aleluya, recibiendo tres entradas del burel, que acometió con ganas y alegría. Con la tercera no contaban los actuantes y fue por decisión de don Jesús María Gómez Martín, Presidente del festejo, que se verificó, con óptimo criterio porque en realidad lo que más nos había movido a bajar a la Siberia de Las Ventas era el ganado. Tres veces fue al penco, como se dijo, y Francisco de Borja agarró tres puyazos bien puestos sin apenas infligir castigo, como demostraban los lomos del toro en los que casi no había sangre. Luego el bicho llegó a la muleta con afán colaborador, un dechado de buena educación, regalando sus embestidas sin ánimo de crear conflicto de ningún tipo. El otro toro es el quinto, Paquetillo, que durante los dos primeros tercios se ha hecho el amo del redondel, metiendo el susto en el cuerpo a las cuadrillas, derribando con vigor y de bella manera a Francisco Romero y a su arre, demostrando condiciones aviesas y creando los problemas que nos gusta ver en un ruedo, porque con ellos se presume que no seremos torturados con el amaneramiento hortera de casi todas las tardes. El toro cambió en el último tercio y, sin dejar de provocar la sensación de peligro, presentó unas condiciones de las que se hablará más adelante. La corrida en conjunto, puede etiquetarse como decepcionante.

Y los toreros, cada uno con su cruz a cuestas, como corresponde en estas fechas venideras. El Cid no tiene más que una forma de estar, que es la suya, la que le ha hecho un hueco en el berroqueño corazón de la afición. Cuando El Cid se pone en plan cucamona, es decir como prácticamente todos, se le censura. Y está muy bien censurarle esas trazas que le son tan impropias porque él ha dejado un reguero de inolvidables faenas en el blancuzco sablón de Las Ventas basadas en lo que ya nadie hace: parar, templar, mandar y cargar la suerte. Por eso da cosa verle cobijado en la oreja del toro, tirando líneas, practicando ese toreo en paralelo al toro que a otros les otorga vitola de maestros inmarcesibles. Un interesante recibimiento y brega de su primero entre la silbería, sacándose el toro a los medios con mando y suavidad y una bonita manera de iniciar su trasteo a ese toro, andándole hasta llegar al tercio es la magra cosecha que nos deja Manuel Jesús Cid en su Domingo de Ramos.

Pepe Moral anduvo con su segundo sin ver nada claro. El bicho parecía un enano y el matador un gigante: el gigante y el cabezudo. Pepe se encorvaba feamente y el toro atendía a la muleta o no, según le diera la gana. Pepe no se cruzaba al pitón contrario ni con orden judicial y probaba ahora aquí, ahora un poco más aquí, ahora un poco menos aquí. En esas cositas se pasó el tiempo. En el segundo, Paquetillo, una vez comprobado cómo el toro había cambiado, tuvo en sus manos la posibilidad de plantear una faena más acorde a las condiciones del toro: el bicho demandaba enfrente mando y colocación. Pisarle el terreno, dirigir su embestida, rematar el muletazo, dar trapo y jugarse la femoral. Perfectamente se veía cómo el toro tomaba los engaños, pero Pepe prefirió adoptar una actitud más conservadora, que le quitase el riesgo de ir al hule y, como dijo aquél, hay más días que longanizas y ya le saldrá otro toro con el que haya que currar menos. Fue este Paquetillo un toro de los que dan relevancia a lo que se les haga, toro de Madrid, para aquel Madrid que de forma inexorable vemos desaparecer ante nuestros ojos.

Y Fortes, que ya es sólo Fortes, ahora apoderado por el tío de un crítico famoso por sus ocurrencias, se llevó de Madrid una orejilla de esas de Aliexpress, que ya se sabe lo que dice el viejo y amoroso refrán: “Si en el palco está Calderón / Ya hay oreja en el esportón”. Lo bueno de Fortes es que ya no se le ve tan acelerado y cogido como antes. Esa es la buena noticia de cara a la integridad del hombre. Luego, en lo del toreo está, como diría Manquiña en aquella película, “sin conceto”. El hombre trabajó lo suyo con mejor o peor fortuna y dio un natural espléndido que reseñado queda. El conjunto de su labor en sus dos oponentes es como el NASDAQ, que sube y baja como una montaña rusa, de pronto parece que sí, y es que no; luego parece que no y es medio sí. Le aplaudieron los medios pases como si fueran oro molido, le jalearon, le apoyaron cuando estaba agazapado en la oreja del toro como si citase de frente, y finalmente, como antes se dijo le dieron la oreja de su primero para que muchos pudieran sustanciar su experiencia en Las Ventas con ella:

-¿Qué tal los toros?

-Bien. Le han dado una oreja a uno.

Para su segundo vale lo mismo todo lo dicho del primero, que si mete el estoque dentro del toro, le hubieran dado otra.

En el momento en que Fortes marraba a espadas, una luz de atardecida de arrebatado bermellón iluminaba los pináculos de la Plaza, una gran nube negra hacía resaltar de forma muy viva los colores encarnado y amarillo de la bandera de España sobre la Puerta Grande y una bandada de avecillas de pecho blanco surcaban el cielo sobre Las Ventas, como salidas de una prestidigitación. En la fugacidad de ese momento se halla, sin lugar a dudas, lo mejor de la tarde.

Publicado en Salmonetes ya no nos quedan

La Enésima Tropelía – Cierra Temporada “Mayor” con sabor a Menor.

Cambio de mano de Arturo Macías a “Petirrojo” de Las Huertas. Foto: Miriam Cardona.

Ahora es el Juez Braun, en mala hora nombrado, porque no se puede hacer ridículo mayor, al no saber ver la lidia, ya sea a pie o a caballo, así como las reacciones de cada toro y así valorar y guiar a la asistencia, cada día más confundida. Salta un toro bravo, esto sumado la lastimera y chabacana actuación de Andy Cartagena consigue conmover y promover el camino fácil e inventar un indulto con muy poco de fondo propio y que subraya que de aquel torero a caballo ilusionante de 2000-2001 solo queda un tramposa y vulgar puesta en escena. Arturo Macías aporta la parte menos alborotadora de un espectáculo lamentable y, pese a la exageración que ha tenido su novena puerta grande en La México, se contrasta con la débil y decepcionante aparición de Leo Valadez, sin sitio y superficial, sin mayor recurso para quitarse un lote infame, reflejo del estado de la Fiesta.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Seriedad y solemnidad revisten las formas taurinas.

No negamos, decía Don Neto, la gran algarabía del público mexicano, que goza más del jolgorio de la corrida que de la entendedera del fenómeno taurino. Lo cierto es que la Plaza México está completamente perdida entre la desorientación a la que se le ha sometido de varios años para acá, la falta de autoridad y la auto complacencia de la actual administración. El mejor ejemplo de ello es el rejoneador Cartagena.

La aparición de un anovillado astado que abre plaza hace ver al torero a caballo preciso clavando un solo rejón en lo alto de salida pero acelerado y vacilante en los cites, al quiebro o a la tira en banderillas y sin mayor temple, a la misma velocidad siempre al galopar, sin torear, solo dando vueltas por el ruedo.

Así los toros, nunca mejoran.

Y veamos la lidia a caballo, precursora fundamental del toreo a pie, como un ejercicio también de sometimiento, de poderío y de temple. Esto Cartagena lo muestra a medias ante este cárdeno oscuro primero, fiel a su tipo ganadero pero infiel a su encaste pues este ejemplar sale flojo y se le esfuma la casta, acaba parado. A esto se homenajea con impensable Arrastre Lento. Claro, el rejoneador está tan pendiente de la galera y de dar coba a la gente que, ésta, predispuesta, aplaude incluso lo realizado fuera de la cara del toro.

Olvidando que, salvo el cite psicodélico, todo lo que se haga fuera de la línea de ataque del toro, del lugar donde puede herir, es ensayo o simulación.

Más, si esto se pretende que tenga mérito.

Pincha Cartagena varias veces y es silenciado.

Entonces la corrida encuentra, sorprendentemente, dos partes serias, una en la presencia aun cariavacada del castaño primero de lidia ordinaria, un burel largo y alto, demasiado zancudo acaso pero con cabeza bien armada. Y otra con la aparición tardía de Arturo Macías con buen proceder capotero, concentrado en el toro y firme ante un burel que se escurre a la querencia, dos veces, además de repucharse del caballo de recibir.

Macías ve como Valadez, en su único momento de lucimiento, interviene correctamente por chicuelinas y el veterano contesta con tafalleras cargando la suerte donde hace notar la tardanza y flojedad del castaño pero cierto son en la embestida, mismo que no alcanza a ser mejorado por las cuadrillas que no atinan y no ahondan la condición del astado.

Pena grande porque los de plata han abandonado el temple y el bien hacer.

Macías por el contrario.

En ambos turnos ha planteado y colocado correctamente el andamiaje. Ha caminado por una estructura adecuada, alternado y genuflexo, vaciando hacia arriba en el primero, sereno y templado, de pie, con el segundo. Este procedimiento le viene perfecto al castaño que agarra son y contagia a Macías de temple en un inicio donde después de iniciar bien se descuadra al girar en el martinete pero que encuentra soberbio desdén. Aquí el toro le responde y le indica que solo embestirá en cierto terreno –sobre las rayas- y a cierta altura y distancia –media altura, de preferencia.

De malva y oro, contra el viento, hace que el toro acuda en dos tandas breves de derechazos, rematadas bien, abajo y con la zurda. Pero trata de enroscarse al toro por el pitón izquierdo sin notar que la flojedad le pide respetar la línea para encelar. La informalidad del toro, su mansedumbre, impide que siga el engaño y descuadra a Macías que responde con la mejor tanda de su actuación, largos derechazos que encienden la esperanza.

Solo por una tanda.

Luego no terminaría por adecuarse ni rematar: plantea correcto, ejecuta desigual. Y en eso se parecen las dos faenas, la primera rematada por alto y con espadazo entero caído. Habría sido bueno tapar el pañuelo. La México, su Juez, tal como en el que abre plaza, aflojan.

Lo malo en los toros es caer una sola vez en la tentación.

Cuando es así, se cae para siempre.

Pese a ello Macías se mantiene ajeno al jolgorio, no hace mella en él, el numerito del cuarto turno y a un precioso toro lidiado en tercer turno ordinario le construye una faena que, de haber respetado la altura y tirado del toro sin descuadrarse o engancharse, el astado habría roto a mejor. No obstante la innecesaria voltereta propia en el intento de gaonera donde pierde tiempos preciosos, se nota de nuevo con estructura y, pese a no rematar, con poca ligazón, termina acertando con la espada, tras alternadamente rematar con cambios de mano por bajo en los terrenos cambiados bajo la Porra.

Estocada entera, en lo alto y en la suerte contraria, incluso la curva del estoque acentua su pronunciado trazo al clavar y, pese a tener algo de tendencia contraria el estoque, Macías hace uso paciente y magnífico del verduguillo, fulmina al precioso “Muñeco”, nombre célebre, y corta la segunda oreja para su novena puerta grande.

Justo cuando más lo necesitaba.

Ya veremos el tiempo qué sitio da a este su triunfo.

Pues así como Valadez no sabe qué hacer con un manso espantoso que hace de segundo ordinario al que no es capaz de sujetar y parar primero para castigar después, el novel torero se ve imposibilitado para apenas mostrarse con tanta pata para atrás, muchas zapopinas en el quite y, claro, demasiadas precauciones al empecinarse a lidiar en redondo a un toro tan manso como chico. Cómo se extraña ese toreo que domeña y remata a pitón contrario para alternar rodilla en tierra el castigo y el latiguillo que merecen los mansos. Su insustancial actuación se acentúa a peor con el inválido sexto al que intenta quite de oro sin mayor lucimiento ante un inválido que debió ser devuelto. Tarde para su olvido.

Y esas mismas tenemos para lo acaecido a la mitad de la tarde.

Cuando salta un dije como el cuarto, “Copo de Nieve” ya histórico, las esperanzas se avivan nomas de verlo. Recordemos, a mejor trapío, mejor bravura.

Aprieta al caballero en plaza, tanto, que pese a clavarle contrario y hacerle dudar sobre el segundo rejón, el toro muestra una condición de atacar con plena alegría en el tranco durante el segundo tercio.

Eso si, si no se le tapa, si se le pasa apenas por encima, sale suelto.

Pero basta sentir el engaño para que embista. Cartagena galopa y galopa, vueltas al ruedo más con las ancas y dando la espalda al cárdeno que encelándole con la grupa y con mejor temple que derive en despaciosidad y, sobre todo, verle torear en plenos medios, más allá del simple ejercicio, hoy ya rebasado, de solo clavar. Porque si Cartagena emociona no es por la manera enfrentar al toro mientras embiste, sino del modo en que él mismo “embiste” al tendido, más pendiente de la puesta en escena que del fundamento de la escena misma.

Y para muestra, un botón.

En uno de los múltiples cambios de jaca, el sobresaliente Jorge López traza caleserinas y el toro acude con tal clase y casta al engaño que termina entablerando y pidiendo más pelea al desorientado y sempiterno sobresaliente. Ahí Cartagena ya no sabe que hacer mas que recurrir baratamente a la chambonería del parado de manos del caballo para jamás citar con compromiso al hermoso cárdeno sino llamarle desde la periferia sin no provocar debdiamente en el cite sino aburriendo al toro y brindar el tramposo espectáculo que su peón de brega tocara los lados del noble toro en abusivo Capote.

A grado tal que “Copo de Nieve” acabara soso y doblando contrario.

Pero todo es posible en La México.

Y el indulto se promueve gracias al ridículo y lastimero ruego de Cartagena, echado en la arena sobre el caballo, todo con tal de no consumar la suerte suprema. Indulto tramposo y tolerado por una Autoridad aun peor y una empresa que festeja el hecho como todo un triunfo cuando quizá ha sido el retroceso donde no gana la bravura pues no hemos podido ver en total dimensión la condición de un toro inicialmente bravo sino la puerta falsa de la pachanga a la que hoy La México está reducida.

La que evita a propósito la suerte suprema.

Esa que impide una mejor y mayor Afición, pues hoy se interesa más la patronal el público y su relajo que en el futuro más duradero, el que nace en el amor de la asistencia por los valores más auténticos la Fiesta. Eso por lo que nadie apuesta…

Eso que es la Afición.

Y quedamos en el último episodio de esta infausta Temporada como el microrelato de @Narratorio, ayer aparecido: “Todo comenzó cuando cayó la última hoja. Se miraron a los ojos con fiereza y sus espadas chocaron. Tras varios minutos de combate cayó un copo de nieve y para alivio de ambos, la lucha a muerte quedó aplazada hasta la primavera.”

Así llega este “Copo de Nieve” y su indulto, a partir del cual, un lidiador se alivia.

Aplaza la realidad, da la falsa salida a lo inevitable de la Fiesta, la verdad del encuentro último, como decía Alfred Tennynson: “Permanece a mi lado cuando vaya apagándome//Y puedas señalarme el final de mi lucha.” Ese final que el cárdeno se ha ganado, luchando, al que la trampa cartaginera le ha cambiado por la muerte en la vejez y la soledad del campirano olvido.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2017-2018. Domingo, Febrero 11 de 2018. Décima Cuarta de Derecho de Apartado. Un Cuarto de Plaza en tarde fresca con viento molesto en diversos pasajes de la lidia. Palco desatinado y distraído que incide, lamentablemente, en la lidia y el resultado del festejo, para variar, la Autoridad no supo ni como indultar al cuarto de la tarde, ocupó todo menos el pañuelo verde.

6 Toros, 2 para rejones de Reyes Huerta (Divisa Rojo, Blanco y Rosa, saltan al ruedo con otra divisa) chico el primero, sin fondo y con flojedad, increíblemente homenajeado con el Arrastre Lento a cargo de Usía. Precioso de hechura perfecta el lidiado en segundo lugar de la lidia para rejones, cárdeno claro número 250 de 514 kgs., con bravura y alegría en el tranco, responde bien en los capotazos de la cuadrilla y en el quite del sobresaliente así como a los cites de su lidiador, no obstante acaba soso y desentendiéndose de las jacas, indebidamente indultado por la pésima y lastimera actitud del rejoneador y la banalidad de Usía. Y 4 de Las Huertas (Divisa Negro, Oro y Amarillo) Desigual y variopinta, destaca el lote del primer espada, con flojedad pero nobleza. Manso y descastado, saltando al callejón dos veces el segundo e inutilizado el cuarto que debió ser devuelto.

Al finalizar la lida del segundo para rejones el ganadero José María Arturo Huerta y su hijo dieron la vuelta el ruedo.

El Rejoneador Andy Cartagena, Silencio y División en la vuelta al ruedo. Salió a Hombros. Arturo Macías (Malva y Oro) Oreja con Protestas y Oreja tras Aviso. Salió a Hombros. Leo Valadez (Azul Rey y Oro) Silencio en Ambos.

Padecen las cuadrillas nuevamente, al bregar y parear. Imprecisos toda la tarde.

RECAPITULANDO: Amargo Dulzor de Enrique Ponce – Tobogán Teófilo Gómez.

Doblón de Enrique Ponce a “Vivaracho” para quitar el freno de mano inicial.

Francamente poco podíamos esperar de Teófilo Gómez. Peor aun luego de la danza de corrales semanal. Enrique Ponce no necesita de estas maniobras sino alejarse de sospechas y de un gesto mayor: enfrentar a un toro mexicano de más cartel que las birrias queretanas con la que ya lo hemos visto hasta saciar. No importa el desastre de Teófilo para que un nuevo milagro se teja a partir de los mínimos exigidos en el toro para que Ponce trace una nueva lección, esta ocasión, de precisión de altura y donosura, de clase y arte para hacer embestir a un torito sardo al que, matando fatal, corta dos orejas en plena entrega de La México, severa con Adame y “El Payo” con dos actuaciones que nacen parecidas pero que al final la clase del último marca diferencia.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Se le abre plaza a Enrique Ponce con un rejoneador. ¿Necesita de ello? No.

Se le trae con Teófilo Gómez, sí, otra vez. Y con Barralva. ¿Necesita de ello? No.

Por ello la tarde, que comienza con ovación de auténtico lujo para el valenciano, pasa al aburrimiento con Jorge Hernández Gárate, acartonado al grado de entablerarse y fallar con el rejón de muerte. A la doble frustración de ver al primero saltar despavoridamente y atorarse en la tronera de picadores.

El Juez, Braun, destemplado como siempre, lejos de la acción, toma la pésima decisión de no devolver y el marfileño terno en oro bordado, deslumbrante de Ponce, tan recordado porque con tal combinación desde 1995 ha bordado diversas tardes para la historia en esta plaza, desde el toro de Mimiahuapam en dicha Temporada, la corrida de Los Encinos en Diciembre de 2000 o el faenón a “Llanero” (sí) de Bernaldo en el Aniversario de 2005.

Blanco y Oro, hoy marfil, que se convierte en filipina de enfermero.

O de terapeuta.

Solo así entendemos que, con todo y lo lastimado, lleguen chicuelinas, derechazos de mano alta y templada, despaciosas pero carentes de mayor emoción. Mata mal y solo hay ovación.

Pero la cosa no para ahí. Tenemos que el sospechoso de cuerna segundo se encuentra con la peor versión posible de torero alguno. Atacado de atacar, de zapatillear, de echar afuera y sin temple, de verse desarmado y, claro, exigido, José Adame se achica con el único toro de lidia ordinaria que toma la muleta largo y repetido. Tan poco tiene de toreo que se acerca a donde Manolo Rodríguez, que no ha echado el famoso sombrero, para mendingarle el tan mexicano tocado y hacer de la lidia un simple numerito.

Tras arrimón con un toro que pide espacio hace la gracia de tirarse con sombrero en mano en gesto artificial y forzado.

Como su actitud y pésima manera de estar en la Plaza.

Pincha claro, porque para matar bien, salvo casualidades, hay que haber toreado a tal nivel, más a un toro que le ha exigido someter. No pasa. Como tampoco pasa nada con el barralva quinto, otro torete soso que le levanta los pies al hidrocálido que ya se olvidó que para banderillear, como para todo en el torear, hay que estar bien colocado. Como gusta de pasarse de la cara, al segundo par, desentrenado, se pasa tanto que queda a contraquerencia y claro, el jarabe que le baila el barralveño apenas es la medida del terrible nivel de Adame.

Peor quedaría al matar mal y llegar ya no al enojo sino a la indiferencia de la gente.

Como uno más.

Así pudo quedar el “Payo” insípido y notablemente frustrado ante el tercero con el que, además de verse sin tino, se nota sin actitud. Afortunadamente, luego de intentar Ponce con el manso y débil cuarto, segundo teófilo, en una faena demasiado insistente, sobre piernas para tratar de que el manso avanzar y con dos cambios de mano por bajo de cartel, “El Payo”, por fin, para despertar de todos, se da a torear a la verónica.

Y de qué manera, el toreo como nunca debería de variar.

Cuando piramidalmente el compás que sostiene la suerte hace que el tronco gire y los brazos desahoguen la embestida hacia las muñecas, la plaza rompe y el toro, manso y desesperantemente soso, incluso mejora. Y esto ocurre en doble aspecto, “Payo” no

“El Payo” a la verónica, a pie firme, compás de pirámide y mano templada. FOTO: Edmundo Toca.

afloja, se templa en el nuevo quite y al cerrar la media verónica, vertical y torera, el ambiente se va para arriba y se dispara cuando la gente abruma como nunca a Ponce y este regala un toro.

A partir de entonces, con el efecto que genera esto, la faena del queretano, crece, desde el péndulo inicial hasta los derechazos redondos, los naturales de pleno empaque y los cambios de mano que no hicieron sino acentuar la mansedumbre y la necesidad, como hizo, de que “El Payo” se impusiera de nuevo y con la derecha abrochara la faena que…

Echa a perder con la espada… otra vez. ¿Por qué? Solo Dios…

Y como hubo protestas, con razón, “El Payo” estaba por taparse, menos mal Enrique Ponce no le deja y así se desahoga y purga la mala suerte de la tarde para dar paso a la capa roja, negra y blanca de “Vivaracho” el sardo y precioso astado, aunque destragado y chico, regalo de Teófilo Gómez que mete el freno de mano de la sosería, esa palabreja donde comienza la nobleza a mostrar los síntomas de su verdadera condición.

Ponce la siente en el capote, como en el lance por pitón derecho, hay salidas que muestran al sardo pajarear. Pero tras breve puyazo, lo realmente “Vivaracho” cobra vida gracias a la magistral y torera, de ritmo teñida, de temple creada y aunque de plata bordada, brega de Mariano de la Viña que dio a Enrique Ponce el milagro en oro centenario de lograr que el de Teófilo por lo menos no detuviera su embestida.

La México casi ni lo nota, de otro modo, lo habría sacado al tercio.

Ponce lo sabe. Brinda a todos y los doblones, constantes y sonantes, rematados algunos a la media altura, brindan el alivio y el amparo pero también son los cimientos a partir de los cuales los derechazos de las dos primeras tandas hacen que el toro tome el engaño al natural pero frene en el remate contrario, más si ve las tablas. Entonces la mano izquierda se rompe, previo aleteo en el cite, que traza un natural de estaquillados en horizontal perfecta en un ejercicio de colocación de encelamiento y de sometimiento de ese opaco deseo de no embestir hacia el pleno e iluminado camino del convencimiento de tomar el engaño.

Y al natural, el cite insiste  a la tardanza que convence y prepara los pases genuflexos y pese a no ser, primeramente lo rotundos como después, ajusta cuando el toro protesta al sentir los adentros, regresa con derechazo cumbre y nuevo cambio de mano de gloria revestido.

Previo al cierre y al remate por bajo.

Que mientras otros juegan al poste y al arrimón, Ponce echa mano de la personalísima dosantina genuflexa, luego de haber repasado todo el toreo natural al extremo, en triple poncina que termina, con La México rota y Ponce en torero desplante marcando en la arena, con el ayudado su pisada en la plaza de su máximo cartel.

Solo que la espada cae en pésimo sitio: baja y perpendicular.

Se esfuma cualquier trofeo, La México dio dos y, algunos pidieron el rabo. Mal otorgadas las primeras, bien negado el segundo. Ese fue el acíbar entre tanto almíbar, entre tanto, impensable dulzor que parecía no llegar ante lo manso y descastado del encierro.

Que solo las virtudes más finas de Enrique Ponce podían obtener.

¿Qué será el día que escape de el “Síndrome de Teófilo”?

Que nuestros ojos, igualmente triunfal, lo vean.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2017-2018. Domingo, Diciembre 3 de 2017. Tercera de Derecho de Apartado. Menos de Media Plaza en tarde fría con viento intermitente. Palco equivoca, para variar, el Arrastre Lento al sobrero de regalo dada su falta de fuerza, tardanza y sosería, así como la premiación de la segunda oreja al primer espada. De igual manera, terrible error no devolver, tras lastimarse luego de brinco al callejón y quedar atorado en la tronera de picadores, al primero. Público consentidor con el toro y severo con el toreo (remitirse a la crónica)

8 Toros, 1 para rejones de El Vergel (Amarillo, Obispo y Verde) Anovillado con cierta casta entre el tercio y las tablas funcionó en el último tercio. Y 7, el séptimo como sobrero, 3 de Barralva (Divisa Azul Pastel, Amarillo y Rosa) los lidiados en primero, segundo y quinto turnos; sospechosos de pitones, acochinado el primero que salta la barrera y luego de quedarse atorado con una cuerda en el pitón derecho, se astilla y aun así no es devuelto. Mansos el resto y descastados; 4 de Teófilo Gómez (Divisa Azul Celeste, Blanco y Plomo) Chicos, mansos y sospechosos de pitones. Bonito de hechuras aunque chico el sardo lidiado como primero, con fijeza y nobleza en las telas pero tardanza en decidir la arrancada y sosería tras el remate de las suertes, homenajeado exageradamente con el Arrastre Lento.

El Rejoneador Jorge Hernández Gárate, Silencio. Enrique Ponce (Marfil y Oro) Ovación con Saludos y Vuelta tras Aviso y Dos Orejas en el de Regalo tras petición de rabo. Salió a Hombros. Joselito Adame (Azul Rey y Oro) División y Silencio. Octavio García “El Payo” (Obispo y Oro) División tras Dos Avisos y Oreja con Protestas.

Simplemente genial, templado, largo y con donosura la brega de Mariano de la Viña al sobrero, ya había lidiado a una mano al cuarto. Al de regalo en el segundo tercio le empapa de tela, sin enganchar, le descubre el temple y le hace tomar el engaño largo, situación fundamental para el resultado de dicho turno. El resto como siempre, a media o mala agua.

Fotograma de la faena de Ponce a “Vivaracho” de un lado a otro encela al sardo astado.

RECAPITULANDO: Tropieza Jaral de Peñas – Posible Vuelta de Arturo Saldívar.

Así embistió el jaraleño “Bienvenido” al natural de Arturo Saldívar, solo el viento impidió llegara el remate de la faena. FOTO: SuerteMatador.com

Grave descalabro a la Temporada. Hermoso de Mendoza sufre de ese síndrome tan mal extendido entre todas las figuras del toreo y que implica, esta vez, la captura por parte de Bernaldo de Quirós de la voluntad y de las posibilidades taurinas en la Plaza México. Esta ganadería marca el tropiezo del rejoneador navarro en la peor entrada que se le recuerde y en la tarde más gris que podamos apuntarle. Tristemente Valadez y Cayetano exhiben sus carencias ante un encierro manso pero con ciertas posibilidades y, con el único toro bravo del encierro, Arturo Saldívar muestra síntomas de recuperación pese al siempre exagerado “show” de Jesús Morales que premia y homenaje hasta a las palomas que pasan.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Siguen las figuras, esta vez Hermoso de Mendoza, equivocando el razonamiento.

Ahorrándose esfuerzos acaban en la vergüenza total. La tarde de Hermoso hoy en La México ha sido para formarle la bronca pero, este también es un riesgo ya medido, a la asistencia capitalina también le han quitado la casta. Lo ocurrido con el navarro, al verle sin enemigo alguno al frente, tanto en presencia como en nula bravura, se habría castigado con aquel público reaccionario del ayer con no sola indiferencia de hoy sino con un severo mítin.

Hoy ya no pasa porque se ha acostumbrado la gente a conformarse. Como “es muy difícil negociar con las figuras” tenemos que tragarnos las dos birrias cárdenas que vuelven a pisotear el color de la divisa y la importancia de la Plaza México.

Javier Bernaldo no entiende.

Di de orgullo ni de dignidad.

Y si lo juntamos con Don Pablo el abuso adquiere proporciones monumentales, como la imposibilidad de hacer embestir al bernaldo no por otra cosa sino por la aflicción, lo abrumado que quedan ambos ejemplares y el susto que les provoca tener delante de sí a todo un peso completo cuando ellos apenas a categoría mínima llegan. Sumado esto a la mansedumbre, ningún activo del portafolio mendocino consigue el milagro.

El villamelonaje aun aplaude pero el aficionado responde con un arma moderna.

El desdén, la indiferencia, la más peligrosa de todas las actitudes.

Esto puede y debe tener arreglo, mismo que está en la corrida de los señores Barroso que siempre ilusiona. Solo que, desde el primer instante, se encuentra con una preocupante tendencia a la querencia generalizada. Así abre la tarde con la confirmación del joven Valadez, el muchacho hidrocálido que ha ganado en dureza pero que ha perdido en frescura y a quien privaron, sabrá Dios por qué, de venir de novillero a la Monumental.

La minoría le espera pero para la mayoría Leo Valadez es un desconocido más.

Esto pudo cambiar con el manso primero, al que lancea y que deja a su aire, el jaraleño busca y consigue doblar contrario en cada capotazo. Leo tolera, le deja hacer lo que le viene en gana, también en el quite. Como las cuadrillas no abonan en nada con el capote, desde la contraquerencia, pasada la ceremonia de confirmación, con notorio nerviosismo, Valadez trata al astado como si de un toro normal se trata.

La cosa acaba en el tercio frente a toriles.

Ahí el manso embiste, será manso pero casta tiene y toma largo el engaño, por un momento, pese a su imparable velocidad, Valadez corre la mano con emoción, crece con la izquierda y, tras pases diestros, la faena no termina por romper, ni el hidrocálido en centrarse por esa necedad de sacrificar la línea natural del toreo, echar hacia fuera, e ir por el trazo invertido que convierte, tristemente, la dosantina en enredadina y al temple en empujón.

Y la faena en enganchón y el pinchazo que enfría todo.

Entonces el festejo se congela en el frío y la mansedumbre.

El juego del encierro empaña cualquier intento ulterior de Valadez al que traen a la trágala a estrellarse y lo acentúa la falta de sitio, atinencia y, principalmente, solvencia de Cayetano que termina, por mal colocado, dando la espalda a los testigos en la confirmación, y que, ya en el ruedo, no se está quieto al no poder quitar la protesta al segundo al que no es capaz de quitárselo de encima con lo que de un torero como él se espera.

Lo mismo con el segundo, difícil, que vale poco. Rivera Ordóñez no muestra ni la raza de lo uno ni la majestad de lo otro. Se ve rebasado desde que Saldívar muestra, ante ese toro, que el manso requiere quietud y largueza. Lo muestra en un tremendo quite combinado, las chicuelinas le salen que ni pintadas, no obstante las tafalleras resultan algo enganchadas.

Quieto se queda y remata vertical la rebolera que enciende el tendido.

Cayetano se guarda el capote, solo intentaría algo más en el cuarto con el que impensadamente se va de rodillas al inicio, acaba la cosa muy mal, incluyendo, otra vez, la indiferencia. De nuevo, como en 2009, .

Entonces Saldívar revuelve el río y alcanza a salirse para pescar en él.

Así se encuentra al muy largo, algo destragado pero bien armado “Bienvenido”, nombre de toro célebre, más para este encaste, al que no insiste en veroniquear al ver su tendencia a la querencia, situación que duraría, salvo con el caballo, durante el resto de los primeros tercios. Saldívar remata el saludo con tijerilla y no comete el error de querer hacer quites ni acentuar la tendencia a la querencia del negro astado.

Al contrario, se afana en que, ese trote suelto, no se prolongue y presto se va a los medios, tras brindis general, donde tras pase cambiado por la espada, pega de largo la arrucina invertida en dos ocasiones que provoca, tras la segunda, la vuelta natural y pujante del toro sobre el lado izquierdo al que responde el torero con soberbio cambio de mano y desahogo por alto en el de pecho.

Pero llega el viento y, quizá por ello, el amontonamiento.

Pues tras una primera tanda larga y emocionante de derechazos, exprimiendo el tranco largo y entregado, por humillado, de la embestida del toro, y otra más, la necesaria tanda de naturales se estropea posterior al tercer muletazo de esa tanda, el viento y la imposibilidad de Saldívar de ganar un paso entre pase y pase provocan que el toro le invada el sitio y se venga con mucha emoción sobre la muleta.

Cierto es que sale un tanto suelto al final de cada muletazo.

Cierto es que Saldívar se refugia en el tercio y el toro afloja para terminar desparramando la vista y en las tablas pues lo que se habría hecho con él era con la famosa sentencia de “Antoñete”: “Pronto y en la mano”, cosa que el viento ha impedido.

De ahí viene el cierre haciendo el poste de Saldívar en la joselillina con la emoción que da el toro arrancando de largo al que, inexplicablemente, pincha.

Debió perder la oreja.

Tal como Jesús Morales, otra vez, pierde la honra al premiar, malamente con una oreja que no pide la mayoría y un arrastre lento algo discutible por tantas vueltas contrarias por tanto salir suelto.

La emoción enciende el frío ambiente, la casta incendia el palpitar taurino, orejas a un lado, homenajes de menos. Pocos entienden la necesidad de público: no queremos orejas, queremos casta. No queremos modelos, queremos toreros.

Veremos quién lo quiere entender.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2017-2018. Domingo, Noviembre 26 de 2017. Segunda de Derecho de Apartado. Menos de Media Plaza en tarde fría con viento que molesta la lidia a partir del tercero. El Juez de Plaza, que responde al nombre de Jesús Morales, no valora la correctamente la petición NO mayoritaria luego de la muerte del tercero y premia equivocadamente al tercer espada, así como exageradamente otorga el Arrastre Lento al tercero.

8 Toros, 2 para rejones de Bernaldo de Quirós (Rojo, Obispo y Verde) Impresentables por anovillados, ambos mansos y sin fuerza, pitados en el arrastre. Y 6 de Jaral de Peñas (Divisa Obispo, Amarillo y Blanco) pareja de pinta negros todos, aunque dispareja de trapío, destaca especialmente el lidiado en segundo lugar, negro, alto y con seria cabeza: bravo y con casta de inicio aunque acaba suelto y hacia la querencia. Homenajeado exageradamente al tercero, nombrado “Bienvenido” número 168 de 490 kilogramos, con el Arrastre Lento. El resto mansos y con tendencia a la querencia, no obstante el primero, manso de inicio, termina encastado y embiste en toriles.

El Rejoneador Hermoso de Mendoza, Pitos y Pitos. Cayetano (Tabaco y Oro) Silencio y Silencio tras Aviso. Arturo Saldívar (Azul Noche y Plata) Oreja Protestada tras Aviso y Silencio tras Aviso. Leo Valadez (Blanco y Plata) Ovación y Silencio.

El tercer espada confirma su alternativa con “Arrogante” número 171 de 477 kilogramos de la ganadería titular.

Pésima tarde de las cuadrillas con la capa. Tras parear al segundo de lidia ordinaria saluda Jonathan Prado.

 

Lunes @Taurinisimos 136 – El Juli y Adame, Temporada Grande 2017-2018. César Rincón en La México.

“El Juli” prepara el “julipié” esto y más en el lunes de @Taurinisimos.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del lunes 20 de Noviembre de 2017. Conducen Miriam Cardona (@MyRyCar) y Luis Eduardo Maya Lora (@CaballoNegroII)

Actualidad Taurina. Plaza México Temporada Grande 2017-2018. Corrida Inaugural del Derecho de Apartado.

Análisis Toros de Teófilo Gómez para Julián López “El Juli” y Joselito Adame en Mano a Mano.

Clip: “Antes de Salirle al Toro” de @DivisaFilms.

Roca Rey Triunfa en Querétaro con Payo y cornada a Luis David Adame encierro de Montecristo.

Recuerdo de César Rincón en la Plaza México en la Regia Inauguración de la Temporada de Oro 1995-1996. Faena al toro “Ventanito” de Garfias en Noviembre de 1995, dos orejas.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo lunes 27 de Noviembre de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

FB/Taurinísimo

HOY Lunes de @Taurinisimos EN VIVO 7 pm @RadioTVMx – Inaugural Plaza México, Temporada Grande 2017-2018.

Hoy en @Taurinisimos, polémica en el mano a mano de Juli y Adame.

El análisis de la apertura de la Temporada Grande llega @Taurinisimos luego del polémico encierro de Teófilo Gómez y la oreja de “Juli” en su mano a mano con Joselito Adame y el futuro de la Temporada en La México. Recordaremos a César Rincón 22 años después de su triunfo en la Monumental.

Por: De SOL Y SOMBRA. Redacción.

Hoy, en lunes revolucionario, en punto de las siete de la noche hora de la Ciudad de México  @Taurinisimos analizará el resultado del cartel de ayer domingo con el que abrió la Temporada Grande en la Plaza México.

Seguiremos con las faenas importantes de las corridas de Querétaro e Irapuato con la cornada de Luis David Adame y el triunfo de Andrés Roca Rey en la Santa María.

Desde Aguascalientes Sergio Martín del Campo y su opinión sobre festejos de Calaveras y el paso de los toreros hidrocálidos.

También recordaremos a César Rincón 22 años después en la inauguración de la Temporada de Oro.

Estos y otros temas de actualidad, hoy en punto de las 8 de la noche a través de http://www.radiotv.mx en vivo y, posteriormente, en el canal de YouTube: TaurinisimosTV.

Aquí la liga: https://youtu.be/uONpx44sk1U

Conducen Miriam Cardona y Luis Eduardo Maya.

Esperamos contar con la participación de la Afición taurina.

Twitter: @Taurinisimos.

La Cruz de Teófilo – Martirio Ganadero en Gris Apertura de La México.

En verticalidad, “El Juli” gana, en mansedumbre gana Teófilo y pierde la Afición. Foto: TADEO ALCINA RIVERA. Aplausos.

Teófilo cumple lo que promete. A la Empresa parcialmente le funciona lo que oculta. Y los toreros salen con la misma intención de siempre, hacer hasta donde se pueda, con el esfuerzo natural que impone de lidiar cualquier corrida pero sin el sobre esfuerzo que requiere la trascendencia taurina. Con una mansada tamaño Plaza México, “Juli” cumple el expediente al completar, en un mismo año, el quinteto de teófilos, no nos extrañe que, de premio, mate uno más el día 12 y complete “dignamente” su año en ña Monumental. Por su lado, Adame, efectista y corriente, refleja su estado real que solo el oficialismo podrá maquillar. Triste caída de la bravura, la casta y el trapío del toro de lidia.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Solemos pasar por el Barrio de la Santa Cruz en la mayoría de nuestras visitas a Querétaro capital, con su histórico templo, lo mismo convento que prisión, mausoleo y cuartel, vigía que ha visto pasar la historia de este país, casi en un pestañeo.

Ahí está el árbol de espina más misterioso del mundo, el que no da flor ni da fruto que solo puede crecer y reproducirse ahí, ese cuya figura, en forma de cruz, es solo espina por los cuatro costados. Algo así es la mansedumbre, esa espina que también igualmente es el báculo olvidado de un fraile que caminó dewde las Hibueras hasta la Santa Cruz sobre un camino igualmente espinoso.

Como la herida que esta noche deja Teófilo Gómez en la Plaza México.

Que nada justifica lo disparejo de la primera parte de la corrida y lo variopinto de la segunda, la falta de casta de los tres primeros y lo inválido del resto aunado a los sospechosos pitones. Si esto no ha llegado a mayores es dado la taurinamente juvenil mayoría, asistencia que cuya ilusión taurina, ávida de Plaza México y de Temporada Grande, ha frenado perder los papeles pero a la que hay que decir que esto ni es el toro bravo ni menos la Fiesta.

Así tenemos que Teófilo manda un flaco y serio cárdeno para abrir Temporada que muestra a “Juli” simple, sin mayor otro trámite capoteril, viene un horrible refilón trasero y la tendencia del astado, el más serio del encierro, a recortar por el lado derecho es expresa. Por ello López entiende que el lado bueno es el izquierdo por donde muletea con el tranquillo que tanto le caracteriza, muleta a modo de pantalla, la cintura hacia fuera, un embarque atrasado y la ligazón siempre en la periferia.

Como hay momentos de largueza y lentitud, La México embelesa.

No podemos negarlo, está en nuestra programación neuronal y en el palpitar.

Pero lo cierto es que el mérito de una faena y del toreo está en proporción directa al rival que se enfrente, este, descastado y soso, permite con su cara alta pase a pase que “Juli” se coloque a placer sin ser su planta exigida a la distancia que se pone, más cerca el cárdeno protesta, de ahí que el toreo, ya sin el feo retorcimiento, abra el compás pero se de a hacer embestir al veleto con mayor temple, alargando el recorrido y logrando llevar la embestida, incluso en redondo.

Único momento mayor de la faena.

Porque con la derecha Julián López no encuentra la forma, ni en lo vertical ni con su tranquillo, solo en los circulares ligados que borran cualquier observación hacia el toro. La México ayer solo ve al torero que excede en la faena y, a su por demás ventajoso modo, deja un volapié, contrario y perpendicular, defectuoso, que… sí, aunque ustedes no lo crean… se premia.

Y se protesta, que aun el porrismo no es unanimidad.

A la postre, esta sería la única oreja, menos mal.

Porque “Juli”, habría cortado otra más con el espantoso manso tercero, rajado desde salida, un burel cárdeno de feos pitones jadeante en todo momento sin celo por la muleta ni casta, que husmea los muslos y que, no obstante López lancea con temple, trata de aplicarle la fórmula por el lado derecho hasta que tanta periferia, tanto apuntar la salida por anticipado y tanto retorcimiento en los naturales, provoca que el cárdeno se salga del cuadro y se le cuele por dos veces.

Dos topetazos que no causan mayor emoción.

Entonces, “Juli”, en gesto dramatizado, se engalla pero el descastado le pone en el sitio obligándolo a dejar amaneramientos para quedarse vertical y quieto para ahí buscar su toreo la mejor versión que pueda ofrecer ante estos toros que ni para el consomé sirven.

Juli” vuelve a regodearse, a acomodarse con temple.

Pero ese temple, que tiene fundamento técnico, carece del alma dramática de la Fiesta.

La México le corea fuerte pasando por alto lo anterior, se embelesa en la circular dosantina y los cambios de mano, los molinetazos que llevan a pasar de faena y a dejar todo en pinchazo cuando el “julipié” canto a la ventaja, se estrella en hueso. La vuelta al ruedo, mecánica como casi toda su actuación sabe a muy poco.

Porque, es cierto, nos lo corrobora el gran Salvador García Bolio, ha toreado en redondo, varias veces y bien, pero cierto es que al natural, ha acompañado la embestida más que haberla toreado.

Así las cosas.

El inválido quinto, castaño retacado, sumado al cuarto y al cierra plaza, hacen ver que Teófilo Gómez coloca la cruz sobre la naciente Temporada, la mansedumbre, la flojedad y la invalidez que dan al traste cualquier esfuerzo.

De ahí que José Adame, arrastrando la cobija, recurra al estribo con el decadente cárdeno cuarto e, incluso, banderillee a la moderna pero con temple al salinero y debilísimo sexto. Tratando de rescatar su muy cuestionable prestigio y, sobre todo, su incapacidad de poder con el segundo.

Un cárdeno girón, fino y en la raya del trapío, a la postre único toro de triunfo.

Nombrado “Misionero” a lo Fray Márgil de Jesús, queretanamente.

Pero claro, al no lancear templado, al no mandar con sutileza a Adame le queda la vulgaridad, lo más corriente y al uso que se tiene, la cara dura, el retorcimiento y la ausencia de la mínima sutileza en los derechazos a un toro que pide mando de seda y temple de hierro. Con él solo atina a despatarrarse y ligar derechazos con el pitón derecho del astado que crece y así como en Diciembre dejó la mitad de embestidas al bravo teófilo de aquella ocasión, con este desatina al intentar cerrar por bajo, al grado del enganchón.

Y de la voltereta.

Y de marrar con el descabello.

Y así pasar al abucheo, con toda razón.

Que cuando se habla demás, el toro mexicano, a veces mustio, sin decir tanto pone en su lugar a los que no son capaces de poner el toreo donde ponen las palabras.

Y así se va el mano a mano, cargando la Afición con la ausencia de rivalidad, falta de contraste, sin oposición con bravura pero con la cruz del aburrimiento y, claro, con la torería al mínimo en una de las entradas inaugurales de menor asistencia después del año pasado.

En preocupante monotonía.

Solo queda pensar que después de la cruz, de la espina e, incluso, de las caídas y la expiración, tan solo quede, la esperanza de que llegue, taurinamente, la resurrección.

Al tiempo.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2017-2018. Domingo, Noviembre 19 de 2017. “Corrida de Inauguración”. Primera de Derecho de Apartado. Más de Media Plaza en tarde fría con cierto viento que molesta la lidia a partir del tercero. Corrida en Homenaje a Miguel Espinosa “Armillita” tras su sensible fallecimiento con minuto de aplausos. Mal la Autoridad Delegacional al permitir que la Temporada comience una semana posterior a lo exigido por la Ley para la Celebración de Espectáculos Públicos del Distrito Federal. La Autoridad que preside equivoca al juzgar mal la petición al finalizar la lidia del primero. Afición en cortedad y villamelonaje en mayoría.

6 Toros, 6 de Teófilo Gómez (Divisa Celeste, Blanco y Plomo) variopinta y dispareja de presencia, sospechosa gravemente de pitones y, salvo primero y tercero, retacada en kilos. Ausente de fuerza y bravura, apenas el estrecho segundo tiene recorrido en la muleta aunque es débil. Protestón y descastado el cariavacado primero, manso y soso el tercero y el resto simplemente inválidos y sin fuerza.

Inexplicablemente el tercero es aplaudido en el arrastre, el resto, salvo el segundo, es fuertemente pitado.

Julián López “El Juli” (Azul Añil y Azabache) Oreja con Protestas, Vuelta y Silencio. Joselito Adame (Grana y Oro) Silencio, Pitos tras Aviso y Silencio.

Cuadrillas en discreción y con solvencia. Pésimo puyazo en el primer tercio de la lida, refilón a medio toro.

Así embistió el noble “Misionero” al que no cuajo Adame. FOTO: Tadeo Alcina Rivera. Aplausos.