Archivo de la etiqueta: crónica

Victorino, el «Verdadero» nombre del toro bravo


Juan Bautista
desoreja al gran ejemplar en el broche de la Feria de Logroño.

Por ÁNGEL G. ABAD.


Victorino
, su mayoral y Juan Bautista, a hombros. La fiesta del toro bravo gracias a una imponente corrida bien hecha, enfibrada, muy seria por delante y que derrochó casta y nobleza. Seis toros bravos, y entre los seis «Verdadero», lidiado en segundo lugar, se llevó el premio gordo. Le pidieron con fuerza el indulto, la plaza era un clamor.
El francés Juan Bautista estuvo inmenso con él en una faena plena de armonía y temple. Mucho temple en un acoplamiento cuasi perfecto con el incansable victorino. 

Y cuanto más enloquecían los tendidos, mejor toreaba Bautista y más despacio, humillado y largo embestía «Verdadero». No se le perdonó la vida, pero fue premiado con una triunfal vuelta al ruedo después de que su matador, que consiguió dos orejas, se recreara en una gran estocada. También lució a gran altura con el quinto, al que cortó un trofeo, que tenía más picante, ante el que se mostró como un torero en plena sazón.
La tarde comenzó primorosa con una faena en la que Curro Díaz derramó sutileza y aroma de toreo caro. Tanto con la derecha como al natural surgieron series plenas de relajo que encandilaron. Se llevó una oreja, y aún regaló buenos pasajes con la zurda ante el cuarto.

Román se entregó con su lote, que le ofreció mucho más que el resultado final, y el público se lo reconoció.


FICHA

Plaza de toros de La Ribera. ssábado 23 de septiembre de 2017. Última corrida. Dos tercios de entrada. Se lidiaron toros de Victorino Martín, enfibrados, serios por delante, y de excelente juego por su casta y nobleza. Al segundo, de nombre “Verdadero“, se le pidió con clamor el indulto y fue premiado con la vuelta al ruedo.

Curro Díaz
, de grana y oro. Estocada desprendida (oreja). En el cuarto, estocada trasera (silencio).

Juan Bautista
, de canela y oro. Estocada. Dos avisos (dos orejas). En el quinto, estocada corta en la suerte de recibir (oreja). Salió a hombros con Victorino y el mayoral.

Román
, de nazareno y oro. Estocada trasera y cuatro descabellos. Aviso (silencio). En el sexto, pinchazo, estocada y descabello. Aviso (ovación).

Publicado en ABC 

Anuncios

Orejas de Tormenta – Jesús Morales Tropieza a La México (Otra Vez)

foto2038
Así embistió el garfeño “Victorioso” que se fue sin ser cabalmente aprovechado. FOTO: Edmundo Toca.

Perdona la lluvia el festejo pero castiga el viento, el cielo se queda encapotado, la bravura ausente y el descocado Juez vuelve a hacer sus gracias dejando en desgracia la realidad del festejo. Solo el inexplicable desorden del Usía hace que las cosas en La México estén peor cada vez, sin la menor consonancia taurina y con el público cada vez más confundido. Para el olvido el encierro garfeño cuyos únicos dos ejemplares con opciones caen en las manos atravancadas y sin temple de Roberto Román triunfador circunstancial de una Temporada tan contrastante y extraña como el clima esta tarde en Mixcoac.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Si hay un año extraño, confuso y contradictorio es este 2017.

En materia taurina lo es más. Y esto se deriva de un planteamiento taurino muy posiblemente equivocado, el famoso cuento que al no haber novilladas hay que bajar la exigencia, hacer de La México el experimento y no el gran foro que ha sido y que a pesar de todo sigue siendo.

A pesar, claro está, de ese oscuro personaje, cuya intención taurina es absolutamente desconocida y que ocupa el Palco de la Autoridad de Plaza, la que, les pese o punce, tiene y resguarda el pendón de la Ciudad de México.

Jesús Morales añade con la de ayer otra tarde (más) para su olvido.

Lo mismo que Marco Garfías.

Dado que la ganadería potosina envía un encierro absolutamente disparejo se muestra un aspecto muy negativo en estos festejos, el gran espacio que queda para enviar astados que no les interesan a los ganaderos que lleguen ya no digamos a corrida de toros a mera novillada. Puede ser por algun defecto en las astas, puede ser por lo zancudo o por las mismas hechuras, varios han sido horribles, resulta increíble que el Ganadero no mande lo mejor a estos festejos.

Pero parece que no puede echar lo bueno a un experimento.

Así, tenemos un muestrario variopinto y de muy dispares hechuras.

Esta vez los novillos han clamado por el puyazo, como no se les da, queda tratar de que la muleta haga las vez de castigo y sometimiento, Sebastián Ibelles va al toro con decisión desde sus gaoneras en respuesta a las zapopinas, tropezadas de inicio, de Mendoza, bien logradas, salvo el remate, y sus doblones donde avanza. Pero su actuación, un año después de su esperanzador debut, se estrella con la brusquedad de su toque, la cerrazón de citar afuera en todos los pases, de aprovechar los viajes y, principalmente, de acelerarse.

Nada de eso hace bien a dos novillos, el primero con cierto son y el segundo con plena cabeza puesta, acaban desarmándolo y dejando la promesa con el primero en salida al tercio y después ignominia total.

La expectación crece por Mendoza, lástima que el viento se haga el aparecido.

Y la mansedumbre, también. Escandalosa.

Jose María, siempre colocado en la lida, no ceja en su empeño de echar para adelante, mejora con el capote, sujeta al manso novillo y el quite, a la postre inorportuno, de Carlos Mauricio muestra como novillos del trapío y actitud de este cárdeno requieren la vara. Como las cuadrillas dan un concierto de desconciertos, nada abona en que el novillo pueda someterse. Mendoza insiste con valor y planteamiento, destaca un cambio de mano, pero la huidiza y despavorida ausencia de casta impiden todo esfuerzo.

El colmo es que el novillo, aun con la muy defectuosa estocada, juega a echarse y levantarse, cosa que confunde a muchos y deja a Jose María con la opción de un sexto que brinda al resto del cartel pero con el que se vuelve a topar con mansedumbre, descastamiento y con mucho más viento. Pésimo con la espada, al borde del colpaso, el rubio torero debe, urgentemente, mejorar con los aceros so pena de quedarse en anécdota.

A este torero capitalino deben dársele toros más que a ninguno.

Tal como ocurrirá en Morelia.

Entonces, uno de sus alternantes del próximo 23 en la Monumental moreliana vuelve con cierta esperanza en el tendido, Carlos Mauricio regresa y repite para mostrar su extrema delgadez, su disposición y su pésima manera de torear de capa, salvo los remates. Estropea el muchacho Román los quites, increíble que un torero de academia no sea capaz de rematar un solo quite en todas sus intervenciones, aquí hace que el castaño tercero empiece a aprender y endurezca su mansa y protestona actitud.

El de Morelia entonces no se entiende, ni su proceder ni su temple, no aflora ninguna virtud de lo mostrado hace ocho días, sin efecto los doblones impone su ley el castaño y sin más recursos que pases derechazos sin mayor razón termina escuchando tres avisos, tras no manejar el descabello con fuerza, la debilidad que transmite es desesperante.

Entonces viene el disloque de la tarde.

Entre Juan Vázquez, otro oscuro ente taurino, y Jesús Morales, hoy ya un clásico de la tragicomedia taurina, se las arreglan para autorizar primero a Ibelles a lidiar y dar muerte al duro séptimo que golpea severamente a Medina, luego como, siempre sí, el de Morelia si regresa, desautorizan a Ibelles, lo hacen quedar como espontáneo y a Medina le reinicia la cuenta de los avisos.

Estrictamente debió el novillo irse vivo, tras nuevo sainete con la espada.

Afortunadamente, para Medina, luego de su esforzado pero muy poco brillante trasteo, Morales enmienda todo. Como por ejemplo premiar al atropellado y atropellante, un tractor andante, Roberto Román, con dos orejas y eventual salida a hombros.

Este joven no es capaz de con el capote mostrar lo escencial, lo que todo torero que inicia, inclusive, debe contar, los fundamentos. Sorpresivamente, luce al lancear al más bonito del encierro, el alto cuarto, muy garfeño, al que le liga tres lances, si ha llegado el cuarto la Plaza México estallaría, pero no.

Un desarme borra todo.

Y los quites, una muestra plena, como ocurre en el séptimo que el toreo no es de ganas, o de “echar los kilos”, aquí desde que se comienza hay que hacer las cosas bien con el fundamento necesario para que se filtre tanto desorientado.

Román falla en la caleserina, en la chicuelina al séptimo, en las relatadas verónicas y en ganar un paso y templarse con este cuarto, que tan solo pedía espacio y hacer bueno aquello que al garfias, paciencia y templanza. Nadie, ni los dos profesores son capaces de decir nada. ¿Qué se andará eseñando en tales academias? Nos cuesta trabajo creerlo pero que el concepto no sea claro, que es lo mínimo que deben mostrar, es una tristeza, apenas algún derechazo, todo enganchado.

El temple no se enseña, se trae.

Mala suerte para el novillo y para la Aficin.

Lo atraviesa, sí, hace guardia la estocada. Y Jesús Morales, mutis.

Primera oreja. Protestada.

La segunda viene con el más espantoso novillo… que le embiste.

Las navarras son a una velocidad para multarle, los doblones lo intentan e incluso alinean el tranco del novillo por embestir, a Román solo le alcanza para pegar trapazos, no hay otra manera de definirlo, y algún muletazo muleta arrastrada. Lo triste es como el porrismo le gana la partida a la Afición.

Mata recibiendo, algo tendido pero efectivo y, sumado a la oreja anterior, abre la Puerta Grande. Así como ha sido.

Lamentable que en manos de Jesús Morales quede, no solo la valoración orejeril sino la conducción del espectáculo. Pero así está todo, sin ahondar en el fondo y principalmente al garete, sin la mínima estructura, con la Afición alicaida y el porrismo ganando.

En plena tormenta y el arte abandonado.

Solo queda esperar quien recupera aquí la grandeza.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Novilleril 2017. Quinta Novillada Sin Picadores. Menos de un cuarto de entrada en tarde nublada con mucho viento todo el tiempo, estorba toda la lida y en momento la vuelve imposible, cede un poco en los turnos cuarto y octavo. Fatal el Palco, una vez más: premia la estocada que hace guarda atravesando la espada por un constado al cuarto y la deshilvanada faena al octavo, además, en el sexto tolera que el primer espada intervenga en plena lidia sin confirmar si el tercer espada regresaría o no de la Enfermería, esto con responsabilidad igualmente de la autoridad de Callejón.

6 Marco Garfias, 6 (Divisa Negro, Naranja y Rojo) Terriblemente desigual, con varios espantosos e impresentables por feos como el horrible octavo. Se rescata la presencia del segundo, sexto y especialmente el muy bonito cuarto que resulta el mejor, camina en la muleta el octavo pese a su tendencia en banderillas a doblar contrario. El resto mansos en distintos matices, la mayoría quejándose y doblando contrario.

Sebastián Ibelles (Verde Botella y Oro) Silencio y Silencio tras Aviso; José Maria Mendoza (Malva y Oro) Silencio tras Aviso y Silencio tras Dos Avisos; Carlos Mauricio (Blanco y Plata) Silencio tras Tres Avisos y Silencio tras Dos Avisos; Roberto Román (Obispo y Oro) Oreja con protestas en ambos, salió a hombros.

Horrible tarde de las cuadrillas, de nuevo, Jorge Guerrero por ejemplo incapaz de banderillear, lo mismo que Pascual Navarro, claramente, fuera de la profesión, que falla al banderillear. Tonatiuh Silva incapaz de bregar correctamente al octavo, Juan Ramón Saldaña igualmente desarmado con el séptimo, entre otras tropelías.

Feria de Zacatecas: Un Paraíso de Mansedumbre 

Arturo Saldívar. Foto 📸 NTR Toros Twitter.


Toros mansos hasta la desesperación, inválidos y moribundos, que pedían clemencia con la mirada y daban pena, terminaron por afectar la segunda corrida de la feria.

Por J.C. Valadez para De SOL y SOMBRA.

Zacatecas, Zac.- El público manifestó su poco interés hacia la fiesta brava este fin de semana en Zacatecas con su ausencia en la Monumental.

Fue una pena ver nuevamente los tendidos semidesiertos durante la segunda corrida de la feria pero: ¿De quien ha sido la culpa?

La empresa y los toreros dirán que es culpa de la aficion, pero cuando no hay comunión entre la empresa y los aficionados es imposible que en circunstancias como estas, cuando la feria taurina necesita más apoyo que nunca se de el altruismo y el romanticismo de los aficionados para apoyar la causa.

Prueba de ello son las malas entradas para las dos primeras corridas y si a esto le sumamos la mansedumbre de los encierros lidiados y el alto precio del boletaje, la combinación es letal.

Pero los taurinos siguen tan campantes como si nada de esto pasará y sin hacerse un examen de autocrítica e inclusive algunos hasta se molestan con la crítica libre esa que no pueden controlar porque no la pagan, ni les pide pases, abrazos o arrumacos.

Afortunadamente en este 2017 en México el sol ya no se tapa con un dedo y existen espacios como De SOL y SOMBRA, en donde existe la libre expresión para manifestar nuestras ideas y conceptos.

Pero regresando al segundo festejo en realidad hay muy poco para el apunte, el encierro de la ganadería de Valparaíso fue deleznable por su invalidez, su extrema carencia de casta y su presentación.

Es increíble que año con año sigamos viendo estos toros tullidos, sin raza, algunos muy justos de presentación y que tan solo abonan al aburrimiento y provocan que el aficionado se alejé de las plazas, y aquí me vuelvo a preguntar: ¿La culpa es del aficionado?

Las tres martires que tuvieron la desgracia de tragarse la insoportable corrida de Valparaíso fueron Ignacio Garibay que sustituyó a Sergio Flores, Arturo Macías y Arturo Saldívar.

De los tres toreros Arturo Saldívar es el que mejor momento vive y dejó su toque de distinción con su primero y hasta consiguió meter en la muleta al morucho que cerró plaza de Valparaíso, un manso de solemnidad pero que tuvo más movilidad, misma qué Saldívar aprovecho en algunas series, de donde sobresalio una por naturales. Al final cortó una oreja  y nuevamente nos demostró que es un torero en ascenso, ya que se le ve muy centrado y más maduro.

Arturo Macías salio como un tractor en el quinto y extrajo agua de una piedra mediante un trasteo eléctrico pero efectivo, en dónde destacó su pundonor por agradar a la escasa concurrencia. No perdono con el acero y se llevó una merecida oreja.

Nula suerte tuvo Ignacio Garibay, que pasó por la feria con más pena que gloria a causa, fundamentalmente, de la pésima clase de sus toros.

Y así, la fiesta brava es imposible.

Ficha del Festejo: 

Zacatecas, Zac.- Plaza Monumental. Segunda corrida de feria. Un cuarto de entrada, en tarde nublada. Seis toros de Valparaíso, algunos justos de presentación, mansos, y descastados.

Ignacio Garibay: Silencio y pitos tras dos avisos.

Arturo Macías: Silencio y oreja.

Arturo Saldívar: Silencio y oreja.

Twitter @Twittaurino 

Feria de Bilbao: El atractivo perdido de las figuras / Decepcionante actuación de El Juli 

Por Antonio Lorca.

Ya es preocupante que dos figuras de la talla de El Juli y Talavante, acompañados por el joven triunfador del pasado año, José Garrido, no consigan llenar los tendidos bilbaínos.

Pero no es menos alarmante que los dos primeros pasen por la feria sin pena ni gloria con los toros elegidos por ellos; sorprendente, además, que no hayan ilusionado, y no hayan dejado nada para el recuerdo. Quizá, por eso, la plaza mostraba tantos asientos vacíos; quizá, la gente está ya cansada de tanta aburrida uniformidad.

Complejo asunto, pero ahí queda para la reflexión, aunque el mundo del toro —las figuras, los primeros— prefiera el olvido rápido y la corta espera de un toro que les devuelva la ilusión en el próximo compromiso.

Pero, ¿tan mal estuvieron El Juli y Talavante? No. No estuvieron bien, que es algo distinto. Los dos llegaron con el oficio aprendido, que es mucho, pero ni uno ni otro encontraron el camino para ilusionar y emocionar al público norteño, que está necesitado de triunfos que les devuelvan la esperanza.

El Juli no tuvo oponente en su primero, corto y sin codicia, que dio la impresión de embestir por contrato, pero sin interés alguno. Pero se encontró, después, con un toro noble, con clase y repetidor, de esos que arrastran el hocico por la oscura arena, y le dio muchos pases, aceptables unos y deslucidos otros; y alargó la faena en vista de que aquello no reclamaba olés profundos, y acabó con un circular y derechazos desmayados cuando la gente estaba ya un poco cansada. Mató mal y todo quedó en nada.

Y a Talavante, todo serio y circunspecto, se le vio prendido de frialdad, como ausente y con escasa motivación. Esa fue, al menos, la imagen que transmitió, corroborada, después, con su deficiente actuación. Lo cierto es que no se entendió con su primero, otro animal con nobleza, con el que solo destacó en las dos primeras tandas con la mano derecha, relajados y templados los muletazos en la primera, y hondos, en consonancia con el buen ritmo del toro, en la segunda. Y no hubo más. 

¿Cambió el toro? Sí, porque no embistió igual por el lado izquierdo, pero el transformado fue el torero, más pendiente de la postura que de la hondura, despegado y arrollado hasta la derrota final. No se anduvo con filigranas con el quinto, que brindó sorprendentemente al público, y quince segundos después ya lo estaba preparando para la suerte suprema. Era soso e incómodo, y el torero parecía estar en otro lugar.

Garrido llegó a por todas y se fue sin ná. 

Atropelló la razón y la cabeza lo devolvió a la realidad. Sorprendió gratamente en un quite con el capote a la espalda en el primero de Talavante, brindó a la plaza el tercero, el mejor toro de la corrida, con el que se mostró muy torero, y dibujó buenos muletazos por ambas manos, templados y hondos. Se le vio hambriento de triunfo y henchido de ilusión. Pero no encontraba el momento de acabar, se eternizó, sonó un aviso antes de montar la espada y todo lo bueno se difuminó.

Recibió al sexto con dos largas afaroladas, un amago de verónica con las rodillas en tierra, y una chicuelina, y todo en un visto y no visto. Garrido robó algunos destellos a un animal sin clase, y un bajonazo fue una rúbrica final muy fea.

GARCIGRANDE / EL JULI, TALAVANTE, GARRIDO

Un toro —el primero— de Garcigrande y cinco de Domingo Hernández, serios, a excepción del segundo y tercero, justo de presentación; mansos primero y segundo y cumplidores los demás; sin clase el primero, quinto y sexto, y nobles y con calidad el resto.

El Juli: casi entera baja (silencio); pinchazo, estocada trasera —aviso— y un descabello (ovación).

Alejandro Talavante: estocada baja (ovación); estocada baja y dos descabellos (algunos pitos).

José Garrido:—aviso— pinchazo y estocada contraria (ovación); bajonazo (silencio).

Plaza de Bilbao.
Sexta corrida de feria, 24 de agosto. Algo más de media entrada.

Publicado en El País 

CORRIDAS GENERALES DE BILBAO: Roca Rey remonta el vuelo sobre la categoría de ‘Impresor’

Embrocado y acinturado derechazo de Andrés Roca Rey al extraordinario sexto toro de la corrida de Jandilla. RAMÍREZ

Por ZABALA DE LA SERNA – Bilbao.
El peruano cae de pie en su presentación en Bilbao con un gran toro de Jandilla y corta una oreja a cada uno de su lote.
La expectación alcanzó la entrada más notable de las Corridas Generales hasta la fecha. Juli es mucho Juli en Bilbao; Roca Rey se presentaba -aunque el debut fue en el festival de junio-; y Miguel Ángel Perera sustituía en justicia al retirado Morante. El azul de las localidades vacías rebajó considerablemente su desagradable presencia. Como reflejo, la intensidad de ese otro azul de la divisa de Jandilla. ¿O es idéntica la tonalidad

La movilidad mal entendida caracterizó al castaño jandilla desde que acometió el capote de El Juli: la cara suelta, los derrotes, el genio. Sus bajas hechuras, sus estrechas sienes y su armonía prometían otra historia. No corrigió ninguno de sus defectos en la muleta. Es más: los incrementó por el pitón izquierdo con afilado peligro. Las astifinas puntas por encima del palillo como dagas voladoras.

Juli quiso darle ritmo y matar el muletazo por abajo para evitar los tornillazos. Ni una cosa ni la otra en series que concluían meritoriamente limpias. Llamó el torero la atención al callejón cuando el toro se distrajo con las inquietudes del burladero. Volvió a suceder al atacar el volapié. La estocada quedó a medias, perpendicular y caída de la cruz. 

Como hermano gemelo del primero parecía el segundo. También tocado arriba de pitones. Otro comportamiento pero la misma falta de humillación. De otro modo por la ausencia de poder. Menos aristas cortantes en su obediencia a la vez. Miguel Ángel Perera entró en un puesto que merecía. La remontada del año y los últimos triunfos apuntalaban la sustitución. Perera conjugó la distancia con las pausas entre series. Y en ellas, las alturas. Sin apretar nunca en los derechazos. Primaba el temple en el largo trazo. A pesar de todas las ayudas, el jandilla no respondió al natural. Sonó la hora de la ofensiva definitiva: la quietud pererista a ultranza en los circulares invertidos, en las trenzas y los ochos. Un arrimón de ley. El pinchazo quebrantó la convicción; la estocada rinconera ató el reconocimiento de la ovación como premio de consolación. 

Un espadazo de órdago catapultó el debut de Roca Rey en Bilbao. De la rotundidad de la suerte, rodó el enfibrado jabonero. El volapié en sí mismo valió la oreja. Como la vieja norma dictaba. El jandilla había humillado como ninguno de los anteriores. A los vuelos pero sin salirse de ellos. 

Roca Rey arrancó por cambiados y por alto y tiró de la noble embestida luego para prolongar hasta donde no daba. Para sacarle el punto más a la repetición que se quedaba encima. El entonado nivel, no más, estalló en la empuñadura de su acero. Que ya está escrito.

Juli le puso todo, o casi, al negro, altón, hondo y feote cuarto de trémulos apoyos. Fernando Pérez escapó de milagro cuando a la salida de su par cayó a merced. 

De la ciencia julista nacieron el tacto, el trato y la paciencia. Pulso y sitio para afianzar al jandilla, que se lo agradeció. Lo cosió a la muleta y le extrajo el fondo boyante que escondía. Metiendo en coordinada sintonía al toro y a la plaza en la faena. Por una y otra mano la espera. 

Afinada la izquierda, serena la derecha. La suavidad como clave para romper aquello hacia delante. Vista Alegre se entregó a tanta entrega como una sola voz. Un extenso invento del Juli. El aviso como reglamentario recordatorio. Cuando se presentía la gloria, la espada renegó como Pedro. Tres veces. La ovación bajó por los tendidos como una rotunda catarata de exaltación.

El galope del quinto en banderillas atisbaba la casta añorada. Javier Ambel majó dos pares vistosísimos. Miguel Ángel Perera y Roca Rey ya habían rivalizado en quites. Por chicuelinas y caleserinas, respectivamente. El ritmo trepidante lo sostuvo el jandilla sólo en el principio de faena. Sin terminar de descolgar. De los explosivos péndulos pasó MAP a su poderosa mano diestra. La raza prometida del toro desapareció en tres series. Si no antes. El diapasón se encogió como la anatomía del bruto. Que además a izquierdas descolgó aún menos. La firmeza de Perera derivó en tesón estéril. Un recado presidencial. De nuevo pinchó con escasa fe. Una sola vez no impidió que Bilbao le empujase al tercio.

Para cerrar el último capítulo, Jandilla reservaba el toro de la corrida. Impresor respondió con categoría. Por abajo todo, la hondura, la calidad, la bravura de verdad. Roca Rey volvió a volar alto en una faena de creciente acople e intensidad. Los estatuarios como punto de partida. La derecha embrocada como fundamento que tardó alguna ronda que otra en aflorar; la figura aplomada, acinturada, rota y a más. Impresor sellaba hasta el final el toreo del peruano, que vuelve a ser él. El pulso también regresará a la izquierda. Tiempo al tiempo. Si no agarra hueso, caen las dos orejas. Una de enorme peso le relanza.

JANDILLA | El Juli, Perera y Roca Rey


Plaza de Vista Alegre
. Martes, 22 de agosto de 2017. Cuarta de feria. Tres cuartos de entrada.

Toros de Jandilla, serios en sus diferentes hechuras; extraordinario el 6º; humillador el noble 3º sin irse; desabrido de violento derrote el 1º; boyancón y a más el 4º; obediente sin descolgar el 2º; a menos el 5º de trepidante inicio.

El Juli
, de gris perla y oro. Media estocada perpendicular y desprendida (silencio). En el cuarto, tres pinchazos, estocada rinconera y descabello. Aviso (saludos).

Miguel Ángel Perera, de gris plomo y oro. Pinchazo y estocada desprendida (saludos). En el quinto, pinchazo y estocada trasera. Aviso (saludos).

Roca Rey,
de pizarra y oro. Gran estocada (oreja). En el sexto, pinchazo y estocada (oreja).
Publicado en El Mundo 

HUELVA: A menta y canela olía la tarde

Perera.
Perera. Foto Alejandro Dominguez.

Por Paco Guerrero.

Como si las hordas de Atila hubiesen pasado por encima de la tarde. Como si el bárbaro del norte se hubiese hecho torero y arrasara el festejo, Perera y sus hordas subalternas le sacaron el aire a toda la plaza con dos faenas bestiajas que se adueñan de muchas cosas en la feria. De muchas, y todas llenas de la grandeza que un torero poderoso, artista y brutalmente ambicioso con el triunfo, les montó a dos bravos y nobles toros de la notable corrida con la que Torrealta inicia su andadura en esta plaza.

El triunfo del extremeño no deja ni una fisura por donde discutirlo. Ni una sombra de duda de que esas cuatro orejas son de una legitimidad que apabulla y distingue a un torero en plenitud llegado a la feria para adueñarse de ella. Con él vibró La Merced. Se apasionó entregado y roto el tendido, y cuando ya no pudo más se levantó para responderle con palmas al torero que les miraba altivo, desplantado de espaldas al toro como diciendo: Ahí queda eso.

PERERA FORJA UN TRIUNFO DE CUATRO OREJAS ANTE UN INTERESANTE LOTE DE TORREALTA

Dos toros bravos dispuso la suerte para el extremeño. Bravos y nobles. Uno, su primero, sacando fuerza de la raza que llevaba en la sangre para seguir esa tela hipnotizadora que se arrastraba muy despacito encelando la bravura de Legionario, un toro bien hecho, engatillado de pitones y con un temple excelente que se dejó el alma embistiendo sin parar en las largas series que Perera le administró. Por los dos pitones sirvió el toro y por ambos llegó a engarzar el toreo la muleta ambiciosa de un torero borracho de ambición y poder.

Brutal en el quite por la espalda al quinto, Perera le robó el corazón a una plaza loca de pasión, mirando cómo el toro trazó el surco completo mientras el capote se movió en la redondez perfecta de un pase de pecho.

Después, la faena en una perra gorda con los zapatillas atornilladas en el albero, parando, templando y mandando sobre ese curto gerundio de los cánones que es arrematando como decía El Guerra. El torrealta asumió en su embestida de bravo la borrachera de toreo que Perera le largó a la faena del quinto, que terminaron rubricando dos legitimas orejas fruto de una estocada certera. El acabose.

En la certeza de la valentía sin remilgos le contestó Miranda en el tercero de la tarde. Bravo como un tejón y transmitiendo verdad en su embestida, al triguereño le sirvió la ocasión para explicar en un quite por gaoneras ese toreo valiente que raya mas en el arte que sobre el miedo de la tragedia. Muleta sincera sobre el run run de la tarde. Metida la gente en un nuevo acto apasionado de clamor sobre las series que el más joven del cartel era capaz de llevarse a su terreno. Sin ambigüedades, Miranda jugó la baza de engarzar con temple la ambiciosa embestida de un burel que reclamaba sitio y firmeza. Las mantuvo el torero en otro acto importante de la tarde de ayer. Como si no hubiese un mañana. Como si todo tuviese que ser ayer frente a la nobleza que sobre el tapete del albero se dejaba en cada muletazo el torero a un toro con alma de bravo.

Por ambas manos se cuajó la búsqueda del muletazo y el remate que buscaba salir de la suerte y respirar ambos: toro y torero.

Y a más. Una sobre otra en ese limite irrenunciable de la torería que aspira a ser.

Sobre el que cerró plaza la faena no terminó de rubricarse en la rotundidad deseada. Tuvo el toro de los campos gaditanos otras teclas complicadas de afinar y la faena nunca alcanzó ese punto de hervor que le da una embestida más entregada y franca que no tuvo este que cerró plaza. Una estocada mortífera sin pudor le arrancó al tendido las ansias de exigirle a la presidencia el trofeo que necesitaba el torero para celebrar su tarde por la Puerta Grande.

Y como la tarde se esta contando sobre la valentía de toros y toreros, merecida es la crónica que hable de un Castella que vino con la sinceridad y entrega necesarias para triunfar. Le faltó toro en su primero. Toro para emocionar con el que el de Beziers estuvo francamente bien en esa medicina que es el temple. Suavecito o despacito. Esa coña veraniega del Fonsi pero aplicada por el francés a un toro que se sumió en la nada, porque nada decía.

El jabonero que hizo cuarto tuvo poca cosa más que esa estampa diferente que le prestó Castella en una faena de menos emoción pero llena de verdad porque el francés no le hizo ascos en toda la tarde en intentar agradar y arrimarse sin cuentos. Desde los estatuarios hasta ese límite que marcaba un toro que no se entregó de verdad.

Calló la plaza ante su buena labor con el primero, al que le recetó una estocada a ley y calló el palco cuando la petición del tendido le pidió una oreja para el galo. Demasiado silencio injusto para Castella cuando tanta algarabía había tenido la tarde.

Tarde que se salda con tres toros bravos e intensos en su embestida y el triunfo de dos toreros cruzando el umbral de La Merced cuando la noche se hizo cierta y aún sobre el ruedo olía la tarde a torero valiente, a toro bravo y a triunfo. A menta y canela olía la tarde cuando se iban a hombros los toreros.

La plata también impone su ley en la tarde

Curro Javier cruzó el límite que impone la razón pero exige la torería y con el corazón de por medio se dejó llegar de verdad los pitones al chalequillo dejando sobre el morrillo del segundo uno de los pares de banderillas más inmensos de los que en mucho tiempo se han visto en esta plaza. Rugió La Merced, espontánea y sincera, sin reparos, para dedicarle la ovación que siempre merece el riesgo y la torería. Tanto soñó el tendido que aún en el quinto, la gente se acordaba de lo que había hecho ese torero que ahora lidiaba con capotazos de seda a otro bravo toro que se dejó ir en ovación sobre los vuelos de su capote. La tarde importante en tantas cosas destapó después la gallardía con la que Contreras le disputó los terrenos al riesgo en dos pares sinceros y brillantes a un toro exigente como fue el tercero. Mas como la tarde no se rendía por ningún lado, ahí vinieron Javier Ambel y Barbero a reivindicar con gallardía esa montera al viento que mereció la suerte y admitió su matador. Torería de plata que dejó muchas cosas planteadas entre lo bueno de una feria que hoy cruza su ecuador poniendo sobre el nombre del lesionado Manzanares el de Alejandro Talavante, sustituto del alicantino en el cartel de hoy. A ver cómo llega hoy la terna cuando se enteren de lo de ayer.

Talavante fue el triunfador de una noche triste en Palma de Mallorca 

El diestro Alejandro Talavante sale a hombros tras la corrida de toros celebrada esta noche en el Coliseo Balear, en Palma de Mallorca. EFE.

Los hermanos Cayetano y Francisco Rivera Ordóñez junto a Alejandro Talavante podrían haber sido los últimos matadores en actuar en la plaza de toros de Palma. 

De SOL y SOMBRA.

El coliseo balear ha acogido hoy la que presumiblemente será la última corrida de toros que se celebre en la capital a la espera de que entre en vigor la nueva ley autonómica que prohíbe la muerte y el sufrimiento del animal en el ruedo.

El triunfador en la última tarde ha sido Alejandro Talavante que cortó las dos orejas de su segundo toro y abrió la Puerta Grande del coliseo balear de Palma de Mallorca, en una noche triste para el toreo.

Lo único seguro después de esta noche es que no se sabe todavía si la nueva fórmula prosperará o se convertirá en mero instrumento para hacer desaparecer las corridas de una manera totalmente encubierta. El caso es que ayer, al menos, la afición de Palma demostró que quiere las cosas tal y como están.

Esto quedó demostrado con los casi tres cuartos de entrada que registró el coso mallorquín que contó con tres espectadores de excepción: La infanta Elena y sus hijos, Felipe Juan Froilán y Victoria Federica de Marichalar y Borbón, que no quisieron perderse una noche histórica y en la que no faltaron gritos de “¡libertad!” y otras consignas en demanda de un espectáculo íntegro y con su liturgia.

Luego la función tuvo un nombre por encima de los demás: Alejandro Talavante. El extremeño, que quedó inédito con el terciado e inválido segundo, hizo las delicias del respetable en el quinto, con el que cuajó una faena excelsa.

Abrió el festejo Francisco Rivera Paquirri, como se anuncia en los carteles, y suscitó el entusiasmo del público con su valerosa actuación, especialmente cuando se puso de rodillas en un desplante. Pero luego decepcionó cuando entró a matar y pinchó en hueso dos veces. El silencio no era completo. De fondo, se oían los gritos del centenar de manifestantes antitaurinos, frente a los miles de aficionados que ejercían en el coso su derecho a asistir a una corrida de toros, un espectáculo legal. A la tercera, la estocada fue completa, hubo aplausos y parte del público se puso en pie, entre ellos la Infanta y sus hijos.

Paquirri tampoco anduvo afortunado en la espada en el cuarto, pese a su oficio y voluntad de agradar durante su actuación.

Mientras Cayetano, que abrevio con su primero, le arrancó una oreja al toro que cerraba la noche.

Twitter @Twittaurino 

4ª Feria de Santiago: Una buena corrida de Adolfo Martín se va con las orejas puestas en Santander


Por Juan Antonio Sandoval.

Santander, 26 jul (EFE).- Una buena corrida de Adolfo Martín se ha ido con las orejas puestas después de que los tres toreros que hicieron hoy el paseíllo en la cuarta de feria en Santander no acabaran de aprovecharlos convenientemente.

FICHA DEL FESTEJO.- Seis toros de Adolfo Martín, bien presentados, serios y de parejas hechuras. Suavón el primero; desigual, dejando estar, el noble segundo; de buen pitón izquierdo el tercero; notable por los dos lados el encastado cuarto; muy enclasado el nobilísimo quinto; frenado y duro el sexto.

Manuel Jesús “El Cid”: dos pinchazos y estocada arriba (palmas); y tres pinchazos y estocada atravesada (ovación tras aviso).

Paco Ureña: estocada arriba (ovación); y gran estocada (silencio).

José Garrido: pinchazo y estocada desprendida (ovación tras aviso); y casi entera y seis descabellos (silencio).

Cuarta de abono de la Feria de Santiago. Tres cuartos de entrada en tarde agradable.

LOS “ADOLFOS” VUELVEN A CONVENCER

Largo y ensillado, con un valle en mitad del lomo, apareció el primero que salió barbeando tablas. En cuanto se estiró mostró estar hecho cuesta abajo. Y así, acorde a sus hechuras, empezó a humillar desde el primer tercio. Se le picó muy mal, trasero y aplicando tres aguijonazos en el único encuentro con la acorazada.

Mantuvo el ritmo el toro en el medido quite por delantales de El Cid, que lo brindó al público: el indulto de “Madroñito“, del mismo hierro y en la misma plaza, el año pasado, siempre presente.

Fue un ejemplar de la versión más amable de lo de Adolfo Martín, de mayor profundidad por el pitón izquierdo, por donde basó el Cid un quehacer de más a menos con naturales enclasados sólo en los primeros “rounds”.

Más alto de agujas fue el segundo, cárdeno claro, con las puntas de los pitones mirando al cielo, tibiamente ovacionado de salida.

Paco Ureña compareció con la paliza recibida en Valencia retumbando en los huesos. El “adolfo” alternó sedosos deslizares con tornillazos, de ahí el desarme al natural. Sólo una tanta a derechas tuvo jerarquía. De ahí en adelante el trasteo entró en tendencia bajista. Lo mató por arriba.

Horquillón” hizo tercero. Un tío, con dos señores pitones, abriéndolos, desafiante la expresión y con cuajo. En el segundo tercio empezó a colocar la cara con clase en los capotes. Con ese inclinar las sienes como signo de entrega. Hacer el avión le dicen.

Empujó entregado en el caballo. Inició José Garrido de rodillas en redondo y se demoró en exprimir el pitón bueno, el izquierdo. Incluso por ahí hubo intermitencias, con la colocación al hilo del pitón como común denominador.

Se desperezó la tarde con el vibrante galopar hacia el caballo del cuarto, al que no se le hizo bien la suerte de varas. Esperó mucho en banderillas pero abrió la veda de las emociones desde que El Cid le citó desde la larga distancia.

Pedía sitio “Horquillero“. Cuando se lo dio su matador surgió la emoción del toreo largo y ligado en dos rondas a derechas. En la distancia más corta era menos agradecido y no retomó vuelo el trasteo hasta una zurda abrochada con uno bueno de pecho. Hasta tres veces lo pinchó.

También fue reseñable el empuje en el caballo del quinto, al que le taparon la salida para darle todo el castigo en el único encuentro. Ureña no fue capaz de aprovechar su enclasado ritmo lento, como mexicano. Y lo tuvo por ambos pitones. Sin embargo se tiró con fe tras el estoque y lo dejó arriba.

Complicado resultó el último, acostándose por ambos lados, dejando inédito a Garrido.

Publicado en La Vanguardia