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Obispo y Oro: Gran Bronca

Por Fernando Fernández Román.

De todos los ingredientes susceptibles de ser vertidos en esa olla de pasiones que es una plaza de toros, el que produce el ruido más desagradable es el de la decepción. Lo que decepciona, lo que subvierte el ánimo de los seres humanos y lo empuja por el terraplén del desencanto, estalla con la sordidez más espeluznante cuando culmina la imprevisible insatisfacción de una tarde de toros. Es entonces, cuando el público toma por vía oral el analgésico secular, la purga de Benito o el bálsamo de Fierabrás con que siempre ha combatido eficazmente toda decepción: la bronca. Una buena bronca, repartida con receta de urgencia en la dosis adecuada para su ingesta entre los protagonistas principales de la corrida (toros y toreros), serena los ánimos, suaviza la irritabilidad y conforta los sentidos. Y es que, así como los parabienes por vía acústica mantienen una clasificación de menor a mayor (palmas, aplausos, ovación y gran ovación), los desagrados también se miden por decibelios, a saber, pititos pitos, protestas, bronca y gran bronca. En el caso que nos ocupa,–la corrida de ayer, en Madrid—hay que acogerse a la última clasificación. Gran bronca. Bien entendido, que si la bronca es mano de santo para que el personal se despache a gusto, la gran bronca ya es el paradigma de la placidez, el antídoto más eficaz contra la decepción. Llenas el ruedo de almohadillas y el aire de improperios hacia los toreros cuando abandonan el ruedo, clamas contra ellos con todo el ardor que sean capaces de almacenar los pulmones, y sales de la Plaza con la sensación del deber cumplido: Contra la insatisfacción, gran bronca.

Así acabó la tercera corrida de abono de la feria de Otoño en la capital de la corte: con la arena sembrada de almohadillas, esas almohadillas de Madrid que deben ser las mismas que se pusieron bajo las posaderas los espectadores que llenaron los tendidos de Las Ventas en su republicana inauguración, el año 31. ¡Qué dureza, Dios santo! (la de las propias almohadillas).

¿Fue para tanto la cosa? Fue. Las corridas que despiertan una gran expectación y que se tuercen desde el primer toro hasta el último, pueden desencadenar reacciones de este jaez. Y que no se queje nadie, porque antes quemaban la Plaza, y si no que se lean las crónicas de Almagro (con Cagancho) y Barcelona (con Domingo Ortega), sin ir más lejos. Ayer, no se llegó a tanto porque la sociedad del país, y por ende, el público de toros, ha ido refinando modales; pero la verdad es que los toros decepcionaron en grado sumo, se desencantaron los toreros y se cabrearon los aficionados. Hubo una voz potente –estridente, diría yo– que sentenció desde el tendido, cuando ya se anunciaba la anochecida: ¡Adolfo! ¡Golfo! Hombre, no era para tanto. Adolfo Martín es un gran ganadero, un ganadero de esta tierra que ha cosechado triunfos memorables en este ruedo. Vino a lidiar a Madrid cuando la temporada agoniza y trajo la corrida más apañada que pudo espigar entre las encinas de Los Alijares. Es cierto que falló la homogeneidad de presentación y los tipos tuvieron demasiado contraste, pero lo peor, lo más grave, es que los toros adolecieron de casta brava a niveles insospechados en este hierro ganadero y que algunos blandearon, hasta llegar a la extrema invalidez del quinto de la tarde, justamente devuelto a los corrales.

Claro que para entonces la corrida se estaba precipitando por el despeñadero del fracaso, y cualquier flaqueza era reprimida por una comprensible intolerancia, si es que la intolerancia puede comprenderse. Fracasó Adolfo Martín. Sin paliativos; pero de ahí a que se le insulte gratuitamente para el desahogo de un sujeto que quiere evitar la hernia de hiato, media un abismo. Mala corrida. Floja, descastada, con algunos toros de mortecina embestida o agarrados al piso y otros con aviesas intenciones. Así no hay quien haga vida de este ganado, es decir, así no hay quien triunfe, y menos en Madrid.

Por tal razón, me parece poco razonable la pitada final a Talavante, una de nuestras más rutilantes figuras del toreo, que tuvo el “gesto” (que yo detesto, dicho sea de paso) de irse a porta gayola para saludar al primer toro del festejo. ¿Necesitabas este “gesto”, Alejandro? El caso es que la larga le salió limpia, pero el toro en seguida ensució la labor del extremeño con su flojedad y palmaria falta de casta. Volteó a Trujillo en la brega y lo lastimó para el resto de la corrida, aunque sin graves consecuencias, pero imposibilitó el lucimiento del maestro. Miraba y medía el toro, a ver si encontraba carne humana y no tuvo un solo viaje que alumbrara ciertas esperanzas de triunfo. Pinchazo y media, y pititos. Comenzaban a echarse los ingredientes en la olla. El cuarto fue grandullón y serio, pero, sencillamente, no tuvo ni un pase. Se le hizo de noche a Talavante con la espada y los pitos subieron de tono. Más ingredientes. Álvaro Lorenzo, en cambio sorteó el mejor toro de la corrida, que no hubiera pasado de mediocre de no haberse enlotado con los otros cinco del mismo hierro. Humilló y le pegó al torero doce o quince arrancadas nobles y fijas que sirvieron para que se vieran unos pocos pases naturales de cierta calidad.

A Lorenzo también se le cerró la noche en agua con el verduguillo. Paré de contar cuando llevaba diez golpes. Escuchó un aviso. Y dos en el quinto-bis, sobrero del conde de Mayalde, un cinqueño gordo y serio que prometió, pero no cumplió, como los Bancos de las preferentes.

Digo esto porque se comportó con evidente codicia, pero acabó doblado las manos. En este creo que dio nueve golpes con el de cruceta, pero ni estoy seguro ni me preocupa.

Y Luis David Adame se midió con un adolfo que se ganó a pulso el remoquete de toro anti-emoción. ¿Qué hacer con semejante muermo, además de indolente, flojo? Nada de relieve. Y así consumió los minutos de su faena este segundo Adame, promesa que fuera de novillero y torero de expectativas en su tierra mexicana. Un sablazo acabó con el anti-toro de Adolfo, y la gente no se pronunció. Sí lo hizo, en cambio en el que cerró la corrida, cuya lidia trascurrió con los mahumores del público subidos de tono. El animal era un cinqueño asaltillado y vareado que empujó con fijeza en dos varas, después de que fuera saludado por Luis David con una nueva suerte: la verónica en cuclillas, algo de tan escasa esbeltez como esas chicuelinas que ahora dan algunos toreros con el compás abierto, y que obligan a dar con la capa un latigazo contra la pierna del torero y un sopapo al costillar del toro. La moda. Bien, el caso es que el diestro mexicano se esforzó por sacar partido a otro descastado de Adolfo, que apuntó –solo apuntó—cierta nobleza. A esas alturas de corrida, el público ya no estaba para aguantar intentonas inútiles. Así que cuando acertó Luis David a la última y dobló el toro, después de sonar un aviso, la olla de las Ventas estaba a rebosar de ingredientes, y borbolleaba que daba miedo. Ya casi nadie se acordaba del esfuerzo de Juan José Trujillo por colocar banderillas con una pierna lesionada, ni de los soberbios pares de banderillas de Sergio Aguilar, Alberto Zayas y Manuel Martín. La mecha de la bronca ya estaba prendida y no tardó en estallar por entre la nube de almohadillas. Qué digo bronca: gran bronca. La gran bronca que pretende ser el lenitivo de la gran decepción.

A propósito del adjetivo “gran”, apócope de grande: se cuenta que en la época del “sobre taurino” como estipendio a los cronistas de una época felizmente superada, y estando leyendo Curro Romero la reseña de una de sus tardes desafortunadas, motejada con el calificativo de “gran bronca”, inquirió de su apoderado sí el autor del escrito no había recibido el “sobre” correspondiente, y ante la respuesta afirmativa, respondió, a su vez, el Faraón: “Hombre, pues podría haber quitado lo de “gran”…

Ayer, tras la corrida de Madrid, estaba justificado.

Publicado en República

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El Precipicio Novilleril – Reanudación Menor con Diluvio Mayor en La México

La actual Plaza México oficializa un nuevo calendario: acostumbrémonos. Las novilladas serán dadas así seguramente en un intento de inventar lo ya inventado o de alguna otra situación externa que ya habrá tiempo de explorar. Sea el clima, las circunstancias, la difícil situación taurina, la falta de interés… sabrá Dios que tantas más excusas habrá, lo cierto es que la mala suerte se atrae y ayer es la muestra. La lluvia inclemente ahoga toda posibilidad de emoción incluyendo la bravura de la novillada de Caparica y la seriedad en los actuantes que salvo Héctor Gutiérrez con las reservas del caso, deja cualquier opción de triunfo apagada.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Sospechamos que… el piso tendrá la culpa.

Nada salva al encierro. Más tomando en cuenta que la bravura lo ha de ser siempre y bajo cualquier circunstancia. Echemos mano del ayer. Para variar. Año 2009, Sergio Flores debuta inmejorablemente una tarde de sol con la novillada de Don José Garfias de los Santos a quien tanto se le extraña y por quien hoy hacemos votos para que su salud mejore. A los ocho días, dadas las dos orejas que corta, se le repite, claro está, fue con la de San Judas Tadeo y, en plena tarde lluviosa, triunfó.

La razón es la capacidad torera, llovía igualmente, las cuadrillas se rajaban y él, en el único lugar relativamente seco del ruedo, en los adentros a un costado del toro, se llevó a aquel castaño y, recuerdo bien, ligó los naturales, emocionó se arrimó a conciencia y triunfó.

Pese a todo y pese a todos.

Ha sido tal la circunstancia de esta novillada que a la salida del primero la concurrencia recibe un golpe de decepción, esos que quitan la afición y el gusto a cualquiera: la presencia de un abecerrado burel. Una vergüenza. Esta administración tan preocupada en lidiar durante estos dos primeros años de gestión novillos sin picadores, ayer se olvida que en dichos festejos ha echado lo serio pero hoy cuando las cosas tienen que elevarse a la altura de la coyuntura no lo hace.

Tan sólo el becerro es la respuesta. Y responde además porque la inocencia infantil del toretillo busca afanosamente el engaño, un bombón para devorarse entero si cae en buenas manos. Cae en las equivocadas del guanajuatense Francisco Martínez que triunfa en primavera pero que el otoño no le ve con avances. Muy preocupante es que la mitad de los lances que ha pegado de recibo han sido enganchados y aun así, serán las ganas de aplaudir, La México se da coba, corea y, tras el susto al piquero, en los quites la cosa se empieza a descomponer porque Martínez se deja comer el terreno, no se coloca y se encuentra en la tafallera comprometido al no alternar cada lance.

Y a partir del remate el pequeño pero encastado burel le empieza a formar la cuenta.

Para el segundo tercio, salvo un buen primer par, el resto son ideas sin conexión y que, aun así, el novillo llega con mucho que torear y yéndose largo a la tela. Martínez intenta doblarse pero sus muletazos en vez de ordenar, terminan haciendo que el novillo agarre aire y enganche el último tiempo del muletazo con un brazo que no acaba por mandar y que, aun con ciertos momentos de acople, cuando llega el momento de ligar por pitón izquierdo, el abecerrado burel puede más.

Martínez se pierde por completo. Le engancha, y no remata correctamente con un desorden final del primer turno que es el preludio de una tupida lluvia, cruel porque al sur muy cercano a la Plaza el cielo muestra un agujero de claridad siendo que todo lo demás está oscuro y lloviendo de tal modo que amenaza la continuación del festejo.

Entonces el triunfador hidrocálido Gutiérrez muestra su sitio, su solvencia y aun en pleno aguacero se nota sobrado ante un novillo al que pega un bonito remate a modo de tijerilla en el quite. Pero con tanto mantazo de las cuadrillas el novillo desarrolla hacia lo malo y la cabeza arriba desluce todo. Fuerte el aguacero, enlodándose el piso, la justificación habrá para que las cuadrillas se tapen en el burladero del agua. Sin mayor lucimiento Gutiérrez mata a como puede.

El muchacho Roberto Román, tan desordenado en sus lances, sale a quedarse quieto, lo logra al principio de un quite combinado por tafalleras pero que es desarmado, para variar, si contáramos cuantos quites ha intentado desde novillero sin caballos de un año para acá no encontraremos salvo dos, en que haya podido rematar por entero.

Román se queda quieto pero da la impresión de no saber para qué.

De ahí tanto arropón, enganchón y suplicio incluso para el espectador pues en un momento Román es empalado y al levantarle en vertical se teme lo peor.

Afortunadamente, aun todavía, a la novillería, “la Virgen te cuida”.

Entonces la Banda, luego de la muerte del tercero, mientras las cuadrillas tratan de “asesorar” a los espadas, se da a tocar “En Er Mundo”, “La Chiclanera” y “La Última Estocada” para aportar las cuotas más taurinas de la tarde. Menos mal. Porque Martínez regresaría a mostrarse impreciso, a merced del serio cuarto con el que equivoca el inicio por alto, le prende porque trae la cara alta y desarrolla sentido entre el piso, el tratamiento de las cuadrillas y el desarme que hace al novillo aprender arameo antiguo y al novillero no resolver la papeleta.

Peor con la muleta. Con ello su calvario apenas empezaba.

Porque Martínez habría de volver a aparecer cuando Román cae en el precipicio del sexto cuando la lluvia regresa y ante el serio cierraplaza se ve peor que nunca. Desastre en varas con tres puyazos a mansalva por parte de los de a caballo, peor con la incapacidad de los banderilleros ni sesgando ni al cuarteo ni a la media vuelta. De plano, ese hombre, Jesús Morales, disculpa el tercer par que antes había ordenado. Román advierte que tiene mucho peligro el toro. Y sabe de sus limitaciones pero no encuentra el modo de quitárselo de encima sin pasar por tantas volteretas una terrible de la que cae pésimamente y de la que ya no se repone.

Martínez al borde del tercer aviso, descabellando de lejos y haciéndose para atrás.

Ese tercer aviso no sonó porque Jesús Morales es capaz de todo.

Como regalar la oreja a Héctor Gutiérrez.

Y no porque el hidrocálido no luzca, al contrario. Es el único que hace valer la preparación, el sitio y el oficio que lo hace notar ante el paupérrimo de cabeza cárdeno quinto. Que inicia muy bien que protesta el mantazo que da Gutiérrez a pies juntos previo a corregir y lancear con prestancia y temple, ese mismo que demuestra en el toro anterior en una rebolera de lujo que da al novillo de Martínez. Replica esto en tres tandas, la segunda sensacional por el lado derecho.

Esa que derrumba la casta el novillo de Caparica.

De ahí que Gutiérrez pese a ser frenado por el novillo no ceja en el empeño, la embestida por el pitón izquierdo es casi nula y el hidrocálido se lo juega sin mayor resultado. Las manoletinas son peores.

Mata mal.

Y Morales se come el cuento del propio novillero que trata de alejarse de este precipicio llamado “Nacional de Novilladas” y hace como si hubiera matado por todo lo alto, cosa que no ha sido cierto. Como esto no se valora cuatro desorientados piden la oreja y el desorientado mayor, otrora buen banderillero afloja.

Así las cosas. Acabando la lidia del sexto el aguacero es inmisericorde.

Pero más cruel es el estrépito al que la administración somete a los novilleros, a la Afición y a la Fiesta. La de hoy es una novillada para levantar la ceja, para activar la alarma. Ojalá, con el otoño y sus primeros días, los festejos que restan, sean el necesario filtro, la necesaria regla que dicte de manera natural quien sigue y no.

Por supuesto, la lluvia, esperemos, no esté invitada.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2018. Domingo, Septiembre 23. Octavo festejo de Temporada Chica. Menos de un cuarto de Plaza en tarde de fuerte lluvia, constante desde el final de la lidia del primero, viento en ese turno y ruedo en condiciones muy complicadas increíblemente soportando la arena toda la lluvia que cayó sin desbordar el encharcamiento en buena medida gracias a la cuadrilla de monosabios que atendieron la situación.

6 Novillos, 6 de Caparica (Divisa Tabaco, Negro y Rojo) Dispareja de presencia con muy poca cara el quinto y especialmente el primero, sencillamente impresentable por abecerrado, indignante haber reseñado, aprobado y lidiado este ejemplar no solo por su cabeza sino inclusive el propio cuerpo. El resto con trapío suficiente, fiel a su tipo y bien armados. Mansos en general, derrumbando su juego luego del primer tercio, no obstante su buena pelea en las cabalgaduras, a partir de la pésima lidia otorgada por las cuadrillas, las condiciones del suelo y la poca entendedera mayormente del primer y tercer espadas. El impresentable primero resulta el único que, tras derribar al piquero, brinda juego por ambos lados en la muleta, probablemente por la poca edad que aparenta, resalta su buen pitón izquierdo.

Francisco Martínez (Berenjena y Oro) Silencio, División y Pitos tras Dos Avisos en el sexto que mató por el tercer espada. Héctor Gutiérrez (Canela y Oro con remates negros) Silencio y Oreja. Roberto Román (Azul Rey y Oro) Silencio en el único que mató.

Pésima la Autoridad de Plaza encabezada por Jesús Morales, sin tino, distraído y concediendo la oreja del quinto sin ninguna valoración sobre la mayoría o no. Desorden en la lida del quinto con el cual, ante la incapacidad de las cuadrillas Usía disculpa el tercer par no obstante había ordenado que fuera colocado.

Sufriendo y literalmente remando para no ahogarse, insufrible tarde de las cuadrillas a pie que echan mano de todo el costal de malas mañas con mantazos, desarmes y banderilleando a la media vuelta, seguramente, dada la condición del piso.

El toreo se ‘enroca’ después de Bilbao

Por Alvaro R. del Moral.

Hace poco menos de un mes, en estas mismas páginas, nos atrevíamos a profetizar que sería la arena negruzca –y decadente– de Bilbao donde se sentenciaría el cetro de la campaña antes de la llegada de los meandros de septiembre. Pasada la Aste Nagusia –profetizábamos– el toreo tendría nuevo rey… Y lo tiene, con una Roca delante. El joven matador peruano Andrés Roca Rey ya es, indiscutiblemente, el nuevo número uno por regularidad, ambición, concepto, tirón taquillero, juventud, calidad y una asombrosa capacidad de crecimiento profesional que ha alejado aquel fantasma de las cogidas inoportunas y a destiempo.

Roca había llegado a Bilbao después de triunfar a golpe cantado en la feria de Almería. Fue una corrida de denso argumento interior que acarteló a tres reyes de la baraja –se anunciaba con Ponce y El Juli– que sacaron lo mejor de sí mismos escenificando, de alguna manera, tres épocas del toreo que permanecen rabiosamente vigentes. Llamó la atención el esfuerzo de Ponce con un durísimo ejemplar de Zalduendo que habría puesto a cavilar a muchos toreros.

A partir de ahí, en la clase alta del escalafón hay que seguir lamentando el flaco momento de Manzanares –levemente desperezado en Linares–, las cimas y las simas de Morante, que se explaya dónde y cuando quiere, o el inmenso cariño recogido por Padilla en su temporada del adiós que supera su inevitable decadencia profesional. Castella suma y sigue, instalado en el circuito sin despertar entusiasmo alguno. ¿Qué decir de Talavante? El faenón de Almería siguió a una de sus siestas y revaloriza su papel de cara al gesto o necesidad de estar en otoño en la plaza de Las Ventas. El azar le ha colocado en las corridas de Victoriano del Río y Adolfo Martín. Se juega mucho pero menos que Urdiales, resucitado después del faenón de Bilbao.

No nos olvidamos de Perera aunque echamos de menos ese sprint que suele arrancar en la yema del verano. Marín, joven cachorro instalado en las ferias, parece salir de la modorra. El triunfo de la feria de la Virgen del Mar le debe servir para afrontar con otro ánimo el compromiso madrileño.

Dejando aparte el número y la calidad de corridas toreadas, hay ganas de ver y calibrar a toreros como Aguado, Ortega, Cortés, Fortes, David de Miranda, Román… también a los más veteranos Emilio de Justo, Pepe Moral, Octavio Chacón o Paco Ureña. Algunos de ellos han entrado en el famoso bombo de Casas y tendrán una oportunidad de reivindicarse en la próxima feria de Otoño.

La conclusión de este análisis apresurado es clara: el agotamiento de la primera línea del escalafón demanda abrir ligeramente los carteles para propiciar una transición suave de una a otra generación taurina. El ser y estado de cada matador será la mejor criba, más allá de las miserias de un negocio que hace y deshace carteles de forma artificial y con visión cortoplacista. El toro lleva demasiado tiempo en manos de comisionistas que no tienen fe en el futuro de este hermoso mundo. Así le va.

Publicado en El Correo Web

Corridas Generales de Bilbao: Garcigrande, otro bodrio antitoro bravo

Plaza de Vista Alegre. Quinta corrida. Más de media entrada. Toros de GARCIGRANDE /HERNÁNDEZ (3), un desfile de ejemplares faltos de casta en dosis alarmantes. JUAN JOSÉ PADILLA (5), de fucsia y azabache. Estocada (silencio). Estocada (una oreja). EL JULI (5), de negro y oro. Media estocada caída (silencio). Pinchazo y estocada corta (saludos). JOSÉ MARÍA MANZANARES (5), de azul noche y oro. Estocada delantera y desprendida (saludos). Dos pinchazos y estocada caída (saludos).

Por Carlos Ilián.

Después del bochorno que padecimos con la inválida corrida de Cuvillo había cierta esperanza de que Garcigrande fuera otra cosa, al menos más digna.

Pero de aquel bochorno nos hemos dado de cabeza con este otro, un monumento a la falta de casta, al toro bobo y a todo lo que no debe ser el toro bravo. O sea, que las dos ganaderías más comerciales del momento, pedidas por las figuras en Bilbao han sido el derrumbe de la fuerza y de la casta.

No faltarán los acólitos mediáticos del taurinismo que hayan defendido con su destreza tan insoportable colección de toras, si, no de toros.

La tarde para el público bondadoso de Bilbao ofreció un argumento para el entretenimiento y me refiero a la despedida de esta plaza de Juan José Padilla al que se le ofreció un aurrezku de honor antes del paseíllo.

Padilla decía adiós a una plaza en la que se ha jugado la vida muchas veces, esa es la verdad. Sin embargo para tan significado adiós se vistió de banderillero malo, de fucsia y azabache, un horror. Luego se encontró con un manso imposible al que despachó de trámite. El cuarto se dejaba hacer el toreo sin ninguna codicia. Padilla ofreció un recital de banderazos, molinetes y desplantes y mató, eso sí, de una estocada en todo lo alto. Cortó la oreja del adiós.

El Juli se hartó de intentar pegarle un muletazos al segundo, otro manso. En el quinto se estiró en redondos por bajo para componer una faena precisa y medida en el tiempo.

Manzanares con el tercero hizo un remedo de buen gusto ante un morucho. El sexto si que metió la cara especialmente por el pitón derecho, José Mari lo templó en los redondos componiendo con su sello particular. También midió el tiempo con tino y esta vez la espada no fue su punto fuerte.

El cartel de hoy

Toros de El Parralejo para Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera y Ginés Marín.

Publicado en Marca

Teziutlán 2ª de Feria: Tenexac y Héctor Gabriel brindan una emotiva tarde

Foto Ángel Sainos.

Entre toros que “pasan, caminan o se dejan meter mano” se ha perdido la esencia de la fiesta, la emoción, el peligro.

Por Alejandro González P. De SOL Y SOMBRA. Teziutlán.

Se ha lidiado la segunda corrida de La Feria del Toro en “el Pinal” de Teziutlán, ante poco más de media plaza y un bravo encierro de la divisa tlaxcalteca de Tenexac, bien presentado en términos generales y emotivo de principio a fin.

Lo que hemos visto en los dos primeros festejos de la “Feria del Toro” confirmamos que se pueden hacer las cosas bien, que si la Fiesta se encuentra hundida en la mediocridad es debido a la complicidad de empresarios tramposos y autoridades alcahuetas, que por ignorancia o desidia, no aplican a carta cabal el Reglamento, pero que si se hacen las cosas con seriedad y verdad, la afición responde retratándose en la taquilla.

La corrida levantó una gran expectación desde que las imágenes de los cárdenos empezaron a circular a principios de semana en las redes sociales, además, el buen ambiente que dejaron los de Piedras Negras, Jerónimo y José Adame invitaba a que la gente regresara a los tendidos de “el Pinal”.

Fue así como uno a uno fueron aplaudidos de salida cinco de los seis del hierro tlaxcalteca lidiados por Federico Pizarro, quien se despedía de la afición Teziuteca, Octavio Garcíael Payo” sobre quien recaía el peso del cartel y el poblano Héctor Gabriel, que de una incógnita se convirtió en una grata sorpresa con una gran actuación.

El despedido, Federico Pizarro, ha tenido una actuación discreta y ha corrido con poca suerte en el sorteo. Con ambos toros se ha visto con voluntad pero no les ha encontrado la distancia y templarlos le ha sido prácticamente imposible. El “triunfo” le ha llegado con el de regalo, al que ha cortado dos orejas cortesía del Juez de Plaza, con una faena para el tendido, pero que sin duda nadie recordará por un par de días.

Lamentable la presencia del de Coyotepec, que ha sido el “toro” con menos presencia en lo que va de la feria, anovillado, escurrido, escaso de pitones, una verdadera vergüenza que saliera por toriles en una plaza que le está rindiendo culto al toro bravo.

De Octavio García “El Payo” se esperaba mucho más, el bagaje que tiene el queretano siendo el espada más toreado del cartel en los últimos años, albergaba en la afición la ilusión de verlo con un triunfo rotundo.

Sin embargo, no ha podido ser.

En su primero ha optado por torear a la gente y se ha olvidado que el de Tenexac ha sido bravo en el caballo, aun después del excesivo castigo que recibió “Alegre”, que ha apretado en banderillas y que necesitaba la sapiencia de una muleta mandona que le enseñara el camino y lo dominara con temple, nada de esto pasó y la benevolencia del palco impidió que le sonaran el primer aviso.

Con su segundo “Payo” se tomó las cosas con mayor serenidad y por momentos parecía que podía crear una faena importante ligando un par de tandas de largos muletazos por pitón derecho que al final no terminó por romper. No ha estado fino con la espada y su paso por Teziutlán ha sido sin pena ni gloria.

La sorpresa de la tarde la ha dado Héctor Gabriel.

Casi año y medio tuvo que pasar desde que tomara la alternativa para que matara su primera corrida como matador de toros. Siempre dispuesto, con ambición y hambre de ser torero durante todo el festejo.

Con su primer toro tuvo una actuación discreta, pero con valentía y arrojo, mató con estocada entera, ligeramente caída pero suficiente para que “Suertudo” rodara sin puntilla y el tendido le otorgara la primera oreja de la tarde.

Para la salida de su segundo, sabía que una oreja no era suficiente y tenía que pegar un fuerte golpe en la mesa y dejó una actuación que quedara en la memoria de quienes estábamos en la plaza, triunfando con autoridad. Y el de Puebla de los Ángeles tuvo la suerte de encontrarse con “Castillo”, herrado con el número 344 y que, hay que decir, ha sido el más chico del encierro sin la misma presencia de sus hermanos, con menos remate, más discreto de pitones, pero que desde su salida ha mostrado que en el ruedo había un toro bravo.

Salió al ruedo galopando y rematando en los burladeros , con el capote lo ha recibido hasta con cinco verónicas que de inmediato provocaron que los ojos del tendido perdieran la atención de los vendedores y voltearan a ver lo que en el ruedo pasaba. Ha sido el único toro que han cuidado en el caballo, por lo que ha llegado al último tercio con más fuerza, una gran emotividad y arrancada, siempre fijo en la muleta, con buen estilo, metiendo con clase la cabeza, principalmente por el lado derecho y rompiendo en una faena de altos vuelos.

Estocada entera en buen sitio para que el juez de plaza otorgara dos orejas y merecido arrastre lento para “Castillo”.

Nunca durante la lidia de sus dos toros Héctor Gabriel se ha notado fuera de ritmo, ha tenido una actuación convincente, como si hubiera estado toreando cada ocho días. Hay en él una opción seria para refrescar los carteles en ferias que anuncian en todas las ferias “a los mismos de siempre”, ojalá sea este triunfo, con una señora corrida de toros, el parteaguas para que lleguen los contratos para diestro poblano.

El negrito en el arroz ha llegado por parte de los subalternos, algunos más bravos en las redes sociales que en las plazas, principalmente cuando en el ruedo hay una corrida con edad.

No hubo un solo par de banderillas a destacar y en complicidad con el palco de la autoridad se autorizó el cambio de tercio con un solo par o tres banderillas en los lomos de los seis astados.

En el caballo cinco de los seis han recibido un castigo excesivo recibiendo hasta tres y cuatro puyazos en uno; en el palco ha faltado autoridad para hacer sonar la trompeta cuando los de caballo tapaban la salida de los toros y si esto no ha derivado en una pachanga fue por la seriedad y categoría que los de Tenexac le han dado a la tarde.

El próximo domingo se lidiará la tercera y última corrida de la Feria del Toro con siete de De Haro para el Rejoneador Luis Pimentel acompañado de los Forcados de Puebla y a pie José Luis Angelino, Fabian Barba y José Mauricio.

Twitter: Alex_Gzl17.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza de Toros”El Pinal” de Teziutlán Pue. Segunda corrida de la Feria del Toro. Poco más de media plaza.

Seis toros de Tenexac (Divisa Negro, Verde y Rojo) bien presentados del 1º al 5º, el 6º más discreto de trapío pero bravo y que recibió arrastre lento y uno de Coyotepec impresentable para la categoría que le han dado a la Feria del Toro.

Federico Pizarro, (grana y oro): Silencio, palmas y dos orejas “de regalo en el de regalo”.

Octavio García “El Payo“, (lila y azabache): Pitos y silencio

Héctor Gabriel, (azul pavo y oro): Oreja y dos orejas. Salió a hombros.

Incidencias: Héctor Gabriel invitó al ganadero Santiago Villanueva Yano para dar la vuelta al ruedo tras la muerte del sexto.

Octavio Chacón y Javier Cortés dan una vuelta al ruedo cada uno con un notable encierro de Montalvo

Por Sixto Naranjo.

Jilguera” fue el nombre con el que Tomás Campos confirmó su alternativa. Cuatro años después del doctorado se asomaba a Las Ventas. Éste primero de Montalvo fue un animal al límite de todo. De fortaleza y raza. Campos tardó en cogerle el aire y la distancia al toro. Fue ya mediado el trasteo cuando surgieron un par de tandas al natural bien trazadas. Composición y ritmo aunque faltó la ligazón necesaria para dotar de mayor contenido a las series. El apagón con la espada cortó cualquier esperanza de mayor reconocimiento final.

Que Octavio Chacón ha caído de pie en Madrid se comprobó en la ovación que le tributó la afición venteña nada más terminar el paseíllo. “Asturdero” de Saltillo aún en el recuerdo. El gaditano cuajó un gran saludo a la verónica. Compás y temple a partes iguales. Después quiso lucir al toro en el caballo y en de Montalvo respondió en dos varas que tomó de largo y empujando abajo. El toro tuvo prontitud y humilló una barbaridad. Chacón trenzó una faena basada en la firmeza de plantas y en la limpieza de las tandas. Todo muy correcto. Un pinchazo previo a la estocada dio paso a una ovación final. Para el toro y para el torero.

Javier Cortés también quiso dejar de lejos al caballo a su primer toro. También se arrancó el animal pero después empujó sin terminar de entregarse en el peto. Después el de Montalvo también sacó casta y acometividad. El madrileño hilvanó una faena con demasiados altibajos en cuanto al temple. Lo mejor lo firmó al natural, con muletazos aislados preñados de profundidad y largura. Pero todo demasiado inconexo. Otra ovación reconoció al toro camino del desolladero y al torero en el tercio.

Se aplaudió de salida la imponente presencia del cuarto. Cuajo y pitones. Después fue el animal más medido de raza del conjunto del encierro de hierro salmantino. Sin embargo, tuvo unas embestidas dulces y enclasadas que aprovechó Octavio Chacón para mostrar su versión más templada. Lo cuajó sobre todo el toreo en redondo, por donde se llegó hasta a relajar en varios muletazos preñados de gusto. Como los remates de las series. Faena de torero aprovechable por sus múltiples registros. La estocada cayó algo perpendicular y suelta y dos golpes de descabello alejaron al torero de Prado del Rey de la oreja. La vuelta al ruedo fue el premio.

Idéntico premio obtuvo JavierCortés con el quinto, un toro que buscó la puerta de toriles al comienzo de faena pero al que inteligentemente se lo sacó a los medios el torero de Getafe. Muy asentado y jugando perfectamente la cintura, la cima del trasteo llegó en dos tandas al natural. La muleta puesta siempre para tirar de su oponente. El toro, también medido de raza, acabó embistiendo con buen son y calidad. Atacó por derecho Cortés para enterrar la espada pero quedando prendido por el pecho. Tremendo el trance y el susto en los tendidos. No caló el pitón y cayó el toro. Se pidió la oreja sin mayoría de pañuelos y la vuelta supo a premio cabal.

Para cerrar el notable envío de Montalvo, también se aplaudió la estampa del sexto, otro toro que se movió con viveza y fijeza en todos los tercios. Tuvo sabor el inicio por bajo de Tomás Campos, ganando terreno hacia los medios. Al natural llegó la mejor tanda del conjunto, por expresión y ligazón. En redondo no hubo la misma conjunción entre toro y torero. Cuando volvió a la zurda, todo pareció haberse diluido. Intentó recuperar la intensidad perdida con unas manoletinas finales. Pero un pinchazo y una estocada trasera terminaron por enfriar todo.

FICHA DEL FESTEJO

Madrid, domingo 24 de junio de 2018. Un cuarto de plaza.

Toros de Montalvo, muy bien presentados. De juego encastado y noble los lidiados en primer, segundo, tercero y sexto lugar. Más bajos de raza pero nobles y enclasados cuarto y quinto.

Octavio Chacón, saludos y vuelta.

Javier Cortés, saludos y vuelta.

Tomás Campos, que confirmaba alternativa, silencio tras aviso y saludos tras aviso.

Fuente: COPE

FERIA DE SAN ISIDRO: Una bellísima trincherilla

Cayetano protagonizó una entregada y valerosa faena ante su primero y paseó una oreja protestada.

Por Antonio Lorca.

Una trincherilla, sí, bellísima, de esas que valen por toda una corrida, o por una temporada, o por la afición a esta fiesta. Un destello fugaz y luminoso, de esos que se refugian en la memoria para toda la vida. Así fue la trincherilla que dibujó Cayetano a su primer toro, el cuerpo erguido, asentadas las zapatillas, el pecho hacia adelante, el mentón encajado, y la muleta en la izquierda, el toro que acude presto, fijo en el engaño, y el torero mueve la muñeca, baja la mano a velocidad inmedible, el animal humilla, y lo que parece un muletazo largo, se troncha en un instante, el toro obedece y el dibujo alcanza una plasticidad inimaginable, imperceptible para la vista, pero radiante de belleza para el corazón.

Así fue la trincherilla de Cayetano al tercero de la tarde.

Al torero no se le había visto el pelo hasta que salió ese toro. Estaba en la plaza, pero casi escondido mientras transcurría el festejo. Pero allá que apareció muy digno en cuanto el tercero apareció en la arena. Huidizo como los demás, Cayetano intentó pararlo sin éxito, manseó en el caballo, apretó con genio en banderillas y puso en apuros a Iván García. Tocaron los clarines para el tercio de muleta, Cayetano pide permiso al presidente y toma el camino del centro del anillo para brindar al respetable.

Héte aquí, entonces, que vuelve sobre sus pasos y se sienta en el estribo junto al burladero de cuadrillas. Allí llama a su oponente y lo recibe con cuatro muletazos por alto torerísimos. A renglón seguido, ya en pie, se hizo presente la trincherilla, que arrebató a los tendidos, y cerró el cuadro con un recorte templadísimo y el obligado de pecho que hizo que la plaza entera estallara de emoción.

El toro se había entregado tanto en el encuentro con el torero que quedó roto, rajado, desinflado, apagado y se refugió en tablas. Decidido, entregado y valiente Cayetano, pero sin opciones de triunfo. Así las cosas, montó la espada, se perfiló con torería y se tiró sobre el morrillo con toda su alma. Cobró una estocada algo desprendida y los tendidos se poblaron de pañuelos cuando el animal pasó a mejor vida.

El presidente concedió el trofeo y se armó la de san Quintín: una pura, dura y ensordecedora división de opiniones. La faena, ciertamente, no había sido de oreja. Dudó Cayetano en recoger el trofeo, y, oreja en mano, dio una vuelta ruidosa que alcanzó su esplendor cuando pasó por los terrenos del tendido 7 y arreciaron las protestas de los aficionados más exigentes. Tenían razón.

La falta de fondo del sexto impidió que la actuación de Cayetano se coronara con matrícula de honor. Lo recibió de rodillas con una larga cambiada en toriles, emocionó con un precioso galleo por chicuelinas que acabó con una espléndida larga y con el capote a una mano para dejar al toro en los terrenos del picador. Tras el manso trámite del caballo, citó Cayetano de largo al toro, con el compás abierto, se echó el capote a la espalda y trazó una inspirada gaonera, un par de verónicas y una media. Se le veía al torero enardecido y apasionado, como en estado de trance; una actitud que anunciaba algo grande. De rodillas comenzó el tercio final, unos ayudados por alto y por bajo después, pero hasta ahí pudo contar porque el toro habló y le dijo que abreviara, que estaba hundido. La estocada, eso sí, de premio.

Castella volvió después de la paliza del miércoles y se lo agradecieron con un conato de ovación al romperse el paseíllo. Inválido fue su primero y noble el cuarto. Solvente y templado se mostró entonces en dos tandas, una por cada lado. Falló con la espada y todo se emborronó.

Rajado fue el primero de Manzanares, acobardado en toriles e imposible para el toreo. Más entonado el quinto, blando como todos, y permitió detalles, solo detalles poco lucidos, de su lidiador.

DEL RÍO / CASTELLA, MANZANARES, CAYETANO

Cinco toros de Victoriano del Río y uno –el tercero- de Toros de Cortés, justos de presentación, mansos, blandos y descastados.

Sebastián Castella: dos pinchazos y casi entera -aviso- (silencio); pinchazo, media -aviso-, -2º aviso- (silencio).

José María Manzanares: media (silencio); estocada (silencio).

Cayetano: estocada desprendida (oreja muy protestada); estocada (ovación).

Plaza de Las Ventas. Vigésimo quinto festejo de la Feria de San Isidro. 1 de junio. Lleno de ‘no hay billetes’ (23.624 espectadores, según la empresa).

Publicado en El Pais

¿Donde quedo el rigor de la afición madrileña? Generosa Puerta Grande para Castella en la puesta de escena de Ponce

El empresario Simón Casas se rompía la camisa frente el micrófono de canal Toros ante la puerta grande de su poderdante, mientras el prestigio de Las Ventas para muchos se iba por una coladera del coso madrileño.

La catedral del toreo esta de cabeza, su empresario no ha cumplido con lo que prometio al tomar la plaza, hay más cemento en el tendido que en años pasados, mientras que su afición y autoridades cada vez están mas cerca de una plaza triunfalista y sin rigor como por ejemplo la Plaza México, que de Las Ventas.

De la Televisión mejor ni hablar, ya que el resultado que nos arroja el festejo del día de hoy es una bomba molotov para Las Ventas.

Por Paco Aguado para el Heraldo.

El amable y festivo público que colmó este miércoles los tendidos de la plaza de Las Ventas consiguió que el diestro Sebastián Castella, aun lesionado, saliera finalmente a hombros, más por la impresión causada por el aparatoso percance que sufrió el francés que por los méritos reales de su faena al quinto toro de la tarde.

Ese preciso momento, cuando recibía de capa al astado de Garcigrande, fue la dramática clave de todo cuanto sucedió después, pues condicionó que se tomara como una heroicidad todo lo que Castella, ya recuperado del tremendo susto, le hizo al animal que minutos antes estuvo a punto de acabar con su vida.

Y es que el toro, de un violento y seco derrote de su pitón izquierdo, cuando aún conservaba todas sus fuerzas, prendió al francés por el pecho y lo zarandeó brutalmente en el aire antes de dejarle inerme sobre la arena.

Toda la plaza, hasta ese momento metida en fiesta, se quedó en silencio, impactada, conmocionada, esperando a que Castella tuviera una mínima reacción, esa que solo llegó cuando las cuadrillas lograron que se incorporara y pudieron llevarle hasta las tablas para ser atendido.

Tardó unos minutos el torero galo en recuperar las fuerzas y el ánimo, en tanto que el toro iba mostrando la calidad y la profundidad de sus embestidas. Quizá por ello, en un gesto que enardeció al tendido, Castella comenzó su faena de muleta con las dos rodillas en tierra con más voluntad que temple y acierto.

Pero ese matiz, esa falta de mando y de pulso sobre el notable toro de Garcigrande que continuó marcando el resto del trasteo, no lo tuvo en cuenta ese público que jaleó cada medio pase, cada alarde y cada efectismo de Castella como si contemplara una revelación, sin reparar en la buena condición de su enemigo, que no pedía épica sino una más profunda estética.

Sebastián Castella cortó dos orejas. Efe

Aun así, después de que Castella saliera trastabillado de una estocada volcándose entre la cuna de los pitones, se pidieron y se concedieron esas dos orejas, que fueron un desmedido premio acorde a las desmedidas reacciones de un público más impresionable de lo que era habitual en esta seria y exigente plaza.

Por Sixto Naranjo COPE:

Jesús Enrique Colombo se convertía en el noveno matador de toros al que Enrique Ponce confirmaba alternativa en Las Ventas. Ocho toreros de varias generaciones precedían al venezolano. Desde los tempranos Abellán o Juli hasta los más noveles Román o Varea. Es lo que tiene llevar casi treinta años al pie del cañón. Quien no tuvo suerte con el toro de la ceremonia fue Colombo. Un semoviente que llegó totalmente desfondado al tercio de muleta y con el que el joven diestro solo pudo brillar en un poderoso tercio de banderillas.

Se protestó al primero del lote de Ponce, muy lavadito de cara pese a sus buenas hechuras. No hubo mucho motivo para la polémica porque el animal se descoordinó al poco de salir y hubo de volver a chiqueros.

El sobrero de Valdefresno. ‘Lironcito‘ y Ponce en el recuerdo lejano. No estuvo sobrado de fuerza el toro del hierro charro, al que mimó el de Chiva en los primeros tercios. El inicio de faena, puro almíbar. Por abajo, sin violentar al toro y abriéndole los caminos. Dos tandas a derechas, aprovechando la bondad y clase del toro de Valdefresno. Muy estético, pero poca verdad en el embroque. Al natural le tropezó más el engaño, se alargaron los tiempos muertos. Cuando retomó la diestra el toro ya había echado el cierre. La estocada viajó caída y algunos intrépidos se aventuraron a pedir incluso la oreja. Pareció excesiva hasta la ovación final y la puesta en escena de Ponce y su cuadrilla, incitándole ésta a dar la vuelta al ruedo.

Colombo se volvió a mostrar como un fácil y poderoso rehiletero. Destacó en un tercer par al quiebro por los adentros de mucha exposición. Para prologar su faena de muleta, el venezolano se hincó de hinojos. Por dos veces el toro se llevó por dalente la muleta. El de Garcigrande siempre quiso salir de najas. Otro desarme ya incorporado frenó aún más la labor del joven diestro, que estuvo un punto acelerado por sus ansias de agradar.

Foto: Pablo Cobos Teran.