Pablo Hermoso de Mendoza, que hoy le dijo adiós a la afición de la Plaza México, volvió a realizar algunas hazañas históricas en la capital mexicana: Primero porque llenó hasta el reloj la plaza, y después, porque gracias a dos faenas sencillamente inigualables, salió en hombros por la puerta del encierro entre aclamaciones de los aficionados.
El público, tan distraído en este tipo de corridas, esta vez siguió la lidia de los toros de Los Encinos con verdadera pasión, y aclamó, puesto en pie, a algunos de los toros que crió su ganadero, Eduardo Martínez Urquidi.
Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.
Pablo Hermoso de Mendoza se despidió de la Plaza México y lo hizo desde la dignidad de ser fiel a su concepto hasta el último momento. En un día tan señalado podría haber buscado el triunfo fácil, pero se dedicó a rejonear como sabe, con maestría y su portentoso temple.
Inicio su actuación con un astado al que enceló y con el que lució lo mejor de su toreo clásico, aderezado con vistosos remates, piruetas en la cara, antes de señalar un rejón que clavó a la primera y en las agujas. Inexplicablemente, no hubo petición de oreja. Fue absurdo y afortunadamente ya no tiene importancia, pero nadie podrá desmerecer esta actuación que solo terminó en unas cariñosas palmas.

Volvió a desempolvar su maestría en el cuarto de nombre “Manuel” marcado con el número 63 y con 484 kilos, un toro de más a menos al que realizó una faena técnica y muy vistosa, rematada con cortas y rosas. El acero cayó en buen sitio y el juez le concedió las dos orejas, justo premió para una faena que se alinea entre las mejores que le hayamos visto en la Plaza México.

Hoy todos los aficionados del toreo a caballo y la afición en general, le despidieron como uno de los grandes del toreo. Hasta siempre Maestro Pablo.
El Calita por su parte demostró su madurez con un buen lote que le permitió mostrar una cara diferente de su quehacer torero.
Al Calita lo pudimos ver toda la tarde con las muñecas sueltas, especialmente con su segundo con el que tuvo pasajes notables con el capote, así como en tandas de redondos y de naturales interpretados con fundamento; y, principalmente, con sentimiento que suscitaron cálidas emociones en el tendido. El arte de torear tiene estos efectos, misteriosos, que se producen cuando un torero transmite una emoción profunda al tendido.
Y cuando la faena parecía que iba a llegar a su punto más álgido, una bronca en la zona general de sol distrajo al resto del tendido, el torero perdió la concentración y la faena se enfrió. La espada que en otras ocasiones le ha jugado malas pasadas, una vez más le impidió cortar por lo menos una oreja tras señalar un pinchazo y dejar una estocada contraria.

A su primero, uno de los toros importantes del encierro, lo recibió a porta gayola con una larga cambiada y le construyó una faena midiéndole las distancias y marcándole con temple los viajes en muletazos que llevaban el aroma del toreo bueno, hasta tumbarlo de un volapié volcándose sobre el morrillo, lo que le valió para cortar una merecida oreja.
Pero lo importante ha sido que El Calita ha entendido que el toreo, si es bueno, se percibe, se paladea y queda guardado en la mente del aficionado. Si consigue mantenerse por esta línea, seguramente vendrán cosas importantes en su carrera.
Hubo también otro toro importante que abrió plaza, de nombre “Carlos” y le correspondió a Arturo Gilio que confirmaba su alternativa. Tan pronto puso las pezuñas en el ruedo se podía presagiar algo bueno por sus hechuras. En banderillas el toro mostró su templanza y la acrecentó en el último tercio desarrollando una embestida repetitiva y franca, al primer cite. “Carlos” fue un toro para que su lidiador se recreara y mostrara con amplitud todo su repertorio.

Los primeros compases de la faena de muleta quizás no tuvieron el eco esperado en el tendido, porque Gilio aún no había asumido la encastada nobleza que el toro desarrolló hasta su muerte. Pero, de repente, cuando consiguió templarse cuajó algunos derechazos magníficos; después, con la izquierda, se serenó y surgieron unos aseados naturales. Cambió de mano y vinieron unos redondos con mucha suavidad. Volvió a los naturales y algunos los recreó hondos, abrochados con pases de pecho. Y aunque cobró una estocada de efectos fulminantes, perdió la puerta grande debido a que la faena no terminó por alcanzar el nivel esperado por una gran parte del tendido, pero se ganó una oreja en reconocimiento al esfuerzo realizado.
A su segundo, un toro noble, pero algo soso y con muy poco motor, le extrajo algunos muletazos de buena factura en el transcurso de una faena larga con algunos altibajos. De cualquier forma salió bien parado. Y lo despidieron con palmas.
La corrida duró lo justo (casi tres horas), pero lo importante fue que la gente salió feliz y seguramente deseando volver a la plaza la próxima semana.
LOS ENCINOS / HERMOSO DE MENDOZA, CALITA Y GILIO
Toros de Los Encinos terciados, algunos con calidad, casta y nobleza. Destacaron los corridos en 1°, 2° y 4° lugar.
Pablo Hermoso de Mendoza: Palmas y dos orejas.
Ernesto Javier “Calita”: Oreja y ovación con saludos.
Arturo Gilio, que confirmaba alternativa: Oreja y palmas.
Incidencias: Antes del paseíllo se entonó el himno nacional y se realizó un homenaje a al señor Emilio Checa, quien está próximo a cumplir 100 años de edad y que tuvo la fortuna de presenciar hace 78 años la inauguración de la plaza. Arturo Gilio confirmó con el toro “Carlos”, número 61, con 485 kilos. La autoridad aprobó el cambio en el formato de esta corrida mixta, para que Pablo Hermoso lidiara su lote en tercero y sexto lugar.
Plaza México. Aniversario 78. Lleno de “No hay Billetes”.
Fotos Erick Cuatepotzo y Luis Cuesta.






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