Los de José Barba fueron hoy toros de la ilusión al principio y de la desesperación al final.
Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.
Todo lo bonitos de hechuras que salieron algunos de los toros de José Barba —por pinta e incluso algunos también por lámina—, resultaron, sin embargo, mansos y descastados. Difícil imaginar una corrida variada de capas, con estampa tan clásica, y al mismo tiempo tan deficiente en todos los tercios.
Pero tanta belleza no pasaba de ser, en realidad, el disfraz de una mansedumbre total. Ni siquiera puede decirse que estos toros tuvieran malas intenciones; antes bien, eran el vivo ejemplo de la falta de casta: todos sin la mínima acometividad para que los diestros pudieran ejecutar las suertes con lucimiento.
Con semejante comportamiento, las posibilidades de éxito para los tres espadas fueron prácticamente nulas. Aun así, Héctor Gutiérrez, con su primero, estuvo más entonado en una faena en donde recurrió a la técnica e inteligencia hasta arrancarle algunos derechazos y naturales sueltos, ligados con ayudados por alto y rematados con finura; todo ello de notable sabor torero, pero sin forzar demasiado al astado porque, en cuanto Héctor le bajaba un poco la mano, el toro rodaba por la arena. No hubo demasiado brillo, aunque sí voluntad en la faena de muleta —el manso nunca se entregó—. Con todo, la emoción de aquellos muletazos hondos se sostuvo hasta la salida del segundo de su lote, otro toro insoportablemente manso e inválido que terminó por anular cualquier posibilidad de lucimiento.

No dejo nada para el recuerdo la actuación de Isaac Fonseca. Con su primero que tuvo más movilidad que el resto del encierro anduvo sin fuste, por momentos por debajo de la noble condición de la res, sobrado de desplantes y de miradas a los tendidos. A su segundo, otro inválido con muchos kilos, se lo quitó de en medio con facilidad tras escurrirle el bulto durante toda la faena. Regaló un toro del hierro de Núñez del Olmo, muy serio, con el que se la pasó tirando líneas, dubativo y pesado. Su principal defecto sigue siendo el mismo: torear de perfil y con el pico. Así, por más himnos y odas que pretenda dedicarle a la tauromaquia, será difícil que llegue muy lejos en esta profesión.
Abrió el festejo Diego Sánchez que también pasó de puntitas. Su primero se despitorro en un burladero cuando se disponía a torearlo con la muleta y tuvo que abreviar. A su segundo le dio unos lances impecables, con una media superior, y luego, con la muleta, le hizo una faena demasiado larga que estuvo condicionada por las malas condiciones de la res.
De verdad, ¿qué está pasando con el toro en México? ¿Cómo es posible que salten a la arena ejemplares con una fortaleza tan limitada?
La investigación debe emprenderse de inmediato —y, si ya está en curso, profundizarse sin titubeos—. No basta con la vía científica: también corresponde a las autoridades intervenir y esclarecer lo que está ocurriendo. Por si acaso.
JOSÉ BARBA / SÁNCHEZ, GUTIÉRREZ Y FONSECA
Toros de José Barba bonitos de tipo, variados de capa, mansos, sin casta y deslucidos en general. Uno de regalo de Núñez del Olmo, correcto de presentación, serio, complicado y áspero.
Diego Sánchez: Silencio en su lote.
Héctor Gutiérrez: Ovación y silencio.
Isaac Fonseca: Silencio en los tres toros que lidió.
Sábado 18 de Abril. Monumental de Aguascalientes. Primera Corrida de Feria a Beneficio de la Academia Taurina de Aguascalientes. Poco más de media plaza.
Incidencias: Destaco en banderillas Alejandro Prado, que saludo una ovación en el tercio.
Foto portada: EMSA.





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