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Rompiendo el Asedio – Triunfal Regreso de Piedras Negras a la Plaza México.

Marco Antonio González  en la vuelta al ruedo, Piedras Negras regresa con fuerza a La México. FOTO: Toca.

Tal como si de romper un muro se tratara, los toros de Piedras Negras mantienen la posición y vuelven sin pedir tregua ni dar cuartel a unas cuadrillas rebasadas y a un cuarteto de toreros que se quedan por debajo de tan exigente, serio y revitalizante encierro que pone un signo de interrogación no solo a toreros y a las empresas en este país sino auténticamente a las razones por las que se acude a un espectáculo taurino y por las que este no camina. Hoy Piedras Negras revive el drama, la tensión y la atención de un público al que deslumbra por lo auténtico, lo vivo y lo riguroso del gran espectáculo que brindan cinco de seis toros con la mala suerte que el único torero digno del mismo cae herido. Sentida y tremendamente emocionada vuelta al ruedo de Marco Antonio González Villa que escribe, como ganadero, una página de oro en el libro de la Afición.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México. FOTOS: Edmundo Toca.

Salta a la vista el anuncio, quince minutos antes de partir Plaza, más esperado de las últimas dos décadas por la Afición. El hierro y divisa de Piedras Negras aparecen en el cartelón sostenido por el monosabio en la Monumental.

Ayer los del rastrillo están de luto por la pérdida de un compañero.

Igual que los de oro, ante la partida de Jesús Solórzano hijo y Mauro Liceaga.

La ovación es tal que refleja la expectación de una Plaza México bañada por el sol y atacada por el viento que aguarda muy pacientemente más de veintiún años para ver salir a los del corbatín, a los toros de la rigurosa etiqueta, los del cintillo rojo y el moño negro, de negra capa o cárdena estampa.

Piedras Negras regresa fiel a sí misma, sí, con la bravura por delante, sin importar el estado de sitio o asedio al que por más de dos

Media de “El Chihuahua” al cárdeno primero.

décadas le ha sometido la patronal taurina o los círculos del taurineo, así como con sus siempre muy fieles seguidores que más que nunca tienen fe en que los seis enviados caminen. Y de seis, tres caminan sinceramente, otro más deja estar y, pese a que el sexto se derrumba y el primero tiene violencia, la tarde se reviste de gran interés.

De gran importancia.

Traen consigo, la atención y la tensión del público.

Y de arranque seis ovaciones en las seis salidas se desgranan.

Entonces, tenemos que “El Chihuahua” con su aparato chufla y vacilador de siempre, se encuentra que el primero, estrecho, largo sin exceso en la báscula pero con cabeza, le pone calladamente en su sitio. Se confía porque el cárdeno claro le toma el engaño en los parones a pies juntos de salida y porque se traga las espantosas y enganchadas navarras luego de empujar firme al caballo. Sergio González brega pero el matador no advierte lo difícil que es el astado pasa a su brinquito chambón en banderillas donde todo es vacilón.

Como la chufla de aventar la montera al aire varias veces.

Acaba poniéndosela y a la vez quitándosela al doblarse sin efectividad, al engancharse su muleta y al oponer el de Piedras Negras la dureza de su cuello y su sentido que no permite a García quedarse quieto pues no sabe si cruzarse o hilarse, si citar contrario o natural si las rayas o los medios. Simplemente incapaz en la lidia y violento con al toro que le mira y se cuela porque quietud y sometimiento faltan.

Bajonazo resulta al final con los consecuentes pitos.

Entonces, para defender la estirpe, quitarse el asedio y romper el sitio, Marco Antonio González envía a la batalla a un “Artillero” negro como bala de cañón e intimidante como sus blancos pitones que se apodera del ruedo tan solo salir en segundo turno.

Este “Artillero”, a lo Narciso Mendoza, sale a disparar y dispersar toda la mala leche que se ha vertido estos veinte años sobre Piedras Negras con cada una de sus embestidas y, para dejar las cosas en

Este ha sido “Artillero” bravo y muy serio burel que se queda esperando…

claro, ataca en todo momento el capote con fiereza, embiste al piquero firmemente en tremendo choque de toro y caballo, sus muy agresivas astas ponen el ambiente tembloroso y es justo decirlo, le hace falta otra vara.

Por ello los toreros deben estar en todo en todo momento, claro, cuando están en la profesión. Claramente, el regiomontano Juan Fernando no lo está. Por ello, vacila, ni un capotazo de prueba y los caballos se van sin ser debidamente utilizados. Cuando en un tablero de ajedrez se pierden o se desperdician las bridas la mitad de partida está perdida.

Esto es igual en los toros.

Sin emplearse tanto en banderillas, el toro llega fuerte y muy poderoso a la muleta.

Así embistió “Artillero” muy en la muleta abajo con fiereza por momentos, demasiado para Juan Fernando.

El de Monterrey trata, solo que en el arte más que intentar hay que realizar y, tras el antecedente mencionado, no puede con el de Piedras Negras que crece a cada derechazo, que lo encuentra en mala colocación y que lo envuelve en su pésima elección de terreno, los medios es lo mejor no los adentros. Así, con la embestida larga por los dos pitones la gente toma, claramente partido por el toro que se impone y al que matan mal.

Entonces Piedras Negras se adelanta a los de oro.

Y ocurre que Mario Aguilar, otrora gran esperanza, tampoco puede irse por delante no obstante encontrarse con un toro sacado de un

Natural sereno y templado con el toro entregado de Mario Aguilar a “Ranchero” tercero de la tarde.

libro de historia con toda la carga tlaxcalteca que trae consigo el nombrado “Ranchero” -ya sabemos por quién. Un regreso a “Fantasío” de Tepeyahualco por su alargada cara y sus vueltos pitones, por su hocico largo, su estrechez y esa capa cárdena que parece impregnada del heno de los sabinos llorones de los potreros de Piedras Negras.

Este es el único que se raja al caballo. Se repucha y escapa no obstante empuja al segundo intento y, a pesar de ello, queda servido con esa suavidad y son en su embestida para que un torero del ritmo de Aguilar se de a torearle.

Pero no.

Los toreros ayer, salvo los de a caballo, salen auténticamente derrotados.

Anticipada y malamente.

Por ello, cuando más se requiere, Aguilar no se para sino se contagia de lo andarín del toro para no terminar por centrarse, entre el viento y la incapacidad de dejar la muleta puesta y reponerse. Mario solo atina a pararse, después de mucho pensarlo, sobre la mano

Aun en la postrimería, aun siendo el menos bravo, “Ranchero” embistió así.

izquierda con los mejores naturales de la tarde que llegan a cadencia plena con el cite inicialmente a media altura y el muletazo hacia abajo en plenos medios.

Siete son.

La México ruge.

Porque el toro se entrega y el torero, al menos una tanda, responde.

Pena grande que el hidrocálido caiga en la trampa. Cómo recuerdo las palabras de Mariano Ramos que hace cinco años exactos pronunció para De SOL Y SOMBRA con motivo de el treinta aniversario de la faena a “Timbalero” en esta misma Plaza México (https://desolysombra.com/2012/03/23/voz-de-la-fiesta-mariano-ramos-primero-es-timbalero-despues-yo/) pasado mañana, por cierto, su Aniversario:

“Siempre le cambiaba al toro, nunca dos tandas por el mismo lado. Venía una de naturales y otra de derechazos, otra de naturales y de nuevo a la derecha. Había que cambiarle para que ya no pensara, para que ya no tuviera tiempo de desarrollar a más su sapiencia y su sentido para agarrarme.”

Aquí Aguilar no se impone, claro se le viene porque la muleta no queda puesta, sino él, y deja pensar al cárdeno que lo deja fatal al intentar citarle a recibir.

Y, claro, pinchar.

La suerte es caprichosa, la memoria breve y, principalmente, la cultura taurina, escasa.

Las cuadrillas, acostumbradas a toros que “se prestan” y “se dejan”

Antonio Romero estructura solo tres tandas, una por derechazos como este.

que no tienen sentido y los hacen estar a sus anchas, salen a equivocarse con tanto enganchón y, por ello, aunado a su mala colocación e incapacidad, ponen las cosas a la contra del festejo durante la lidia del plateadísimo y tremendamente serio y alto, con el rabo al piso, cuarto de la tarde “Caporal” por nombre.

Esto ocurre cuando Romero, el único que pasa por Piedras Negras la semana previa, luego de la larga cambiada, le puede a la embestida dando los adentros en el recibo y deja bien en suerte al caballo para un buen puyazo. Resulta que Jorge Mirafuentes de Anda es incapaz de salir limpio por el pitón izquierdo tras apurado segundo par, recibe un zarandeo y un arropón que de milagro está vivo mostrando al toro el camino de ataque sobre el lado izquierdo.

Y el grave error de Antonio Romero es no someter.

E irse a los medios, a los cambiados por la espalda y a tocar el lado izquierdo del toro con esos cambiazos de muleta. La recta razón aparece, a pesar del ansia, aun pese a quedar a merced en el segundo cambiado por pitón izquierdo, y comienza a estructurar la faena a un

Mientras la cara va tapada el toro responde ante el derechazo de Romero.

toro que cuando tiene la muleta puesta responde, incluso con clase al muletazo por bajo con la derecha. Dos tandas son muy templadas y medidas, la última con valiente cambio de mano por bajo. Después en la siguiente con la izquierda igualmente y para cuando el remate llega, la gente está emocionada porque se palpa la creciente de la faena.

Solo la inexperiencia, la mala colocación que orienta la suerte a las rayas, provoca que Romero, tras cambio de mano por la espalda, no embarque correctamente, destemple su natural lo suficiente para dejar un hueco fatídico que siente el toro y que derriba al diestro infiriendo, tras derribarlo, severa cornada en salva sea la parte.

Rompiendo con ello el destino de la corrida.

Porque para mal de todos, con Romero fuera, el primer espada aparece de nuevo y para matar el toro que Aguilar debió haber enfrentado.

Momento de la grave cornada del zacatecano Antonio Romero en La México.

El quinto.

Tan solo sale “Chihuahua” para recibir pitos al finiquitar malamente al cuarto y echar a perder a un quinto toro, “Agradecido” nombrado, tan serio como armónico, tan bravo como noble, hondo, lomitendido y degollado, tan templado su son en la muleta como pésima toda la lidia otorgada.

Solo así entendemos que “El Chihuahua” deje ir con lances tan a la trágala con el entrepelado que mete la cara pero al que, tras empujar, es maltratado al enrollarse el norteño con intento de zapopinas, tan efectistas como ineficaces.

Entonces, tres y medio pares, en cuarto pasadas, de brinquito, sin compás ni temple, sin pensar en modo alguno en el efecto que tendrá en el toro un tercio de vértigo, con rapidez mas no prontitud y siempre enganchado, García pasa del borde y al precipicio del ridículo con un toro fijo que http://www.suertematador.com/fotos2017/mexico19mar/foto%2014.jpg

El quinto metió así la cara, “Agradecido” de Piedras Negras el toro de la corrida.

incluso se regodea por el lado derecho que no pierde fijeza y que se queda esperando una lidia mejor que claro, el norteño no da.

Ni por asomo le otorgan los medios.

Pitos totales.

Anticipo levantamiento de ceja. Este toro debió ser homenajeado porque no es culpa de los de la corbata la incapacidad de los toreros, la imposible dominación de la casta que hace ver más que claro por qué los que hoy manejan la Fiesta hayan tenido en la congeladora a la divisa rojo y negro.

No son diferentes a los demás, son lo que los demás no son, bravos. A secas.

Remate de “El Chihuahua” al espléndido quinto.

Atacar, acometer, siempre al frente, sin dejarse, eso es de toro bravo. Al que no le gusta que no le salga, hará evidente (más) su impotencia.

Eso ha tenido la corrida y por eso Marco González, con toda justicia, antes de salir el sexto saluda en el tercio. Esa salida habría bastado y una ovación de saludo final pero ha sido tal el clamor, la esperanza y despertar del letargo de la falsa nobleza de la Afición que no importó la lastimadura del sexto, el más hermoso de los seis que no deja que la corrida rematara ya que tampoco Aguilar aflora el temple tan necesitado para el lastimado el astado.

La gente saca al ganadero a la vuelta.

Estrictamente, quizá es demasiado.

Taurinamente, en sentido amplio, ha sido el resultado natural de una larguísima espera recompensada ya con la tremenda presencia de todos los enviados incluyendo los sobreros que no quisieron que jugaran, el juego de cuatro de seis toros que hacen ver y que cuestionan la permanente coba y el modelo de Fiesta presente en la mayoría de las Plazas.

Piedras Negras llega, vence y convence de que la primera variable de la ecuación taurina se llama toro y que se compone de la suma de trapío y bravura.

La otra parte de la ecuación son los toreros, hoy descompuestos.

Solo queda ver si la primera fila, si la hay, dará la cara ante encierros como el de hoy.

Porque de entrada, esta tarde, Piedras Negras les ha roto el estado de sitio y el asedio que pesaba sobre ella.

Quiera Dios que haya sido por una vez y para siempre.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Feria de la Cuaresma 2017. Domingo, Marzo 19 de 2017. Segunda de Feria. Menos de Un Cuarto de Plaza en tarde soleada con viento durante toda la lidia molestando la misma principalmente en los primeros cuatro turnos.

Al finalizar el paseillo se realiza un sentido minuto de homenaje en memoria de los Matadores de Toros Jesús Solórzano Hijo y Mauro Liceaga, así como el monosabio Gabriel Cepeda y el Ganadero Don Jorge Barroso fallecidos tristemente en esta semana.

6 Toros, 6 de Piedras Negras (Divisa Rojo y Negro) Ovacionados, todos, de salida. Desigual de presencia y variopinta no obstante su seriedad; apenas menor en cuanto al trapío los cárdenos claros lidiados en primer y tercer lugar, muy serio el negro, alto y cornalón segundo, precioso, muy armónico el cárdeno claro cuarto, tremendamente serio por delante y de gran hechura el entrepelado quinto y hermoso el cárdeno claro que cierra plaza. Salvo este último lastimado y flojo que se echa a la arena en el último tercio, fuerte de remos y exigente en todos los tercios excepto el tercero, noble, flojo y andarín. Violento el primero sin recibir la lidia atinada se queda corto en la muleta, bravo y fiero el segundo con embestida larga debió ser lidiado en los medios. El cuarto muy exigente y serio en su juego progresivamente a más incluso por ambos pitones en la muleta. Espléndido el quinto en todos los tercios y con son en la muleta debió ser homenajeado. Toda la corrida, salvo el tercero, brava en varas.

Tras la muerte del quinto y bajo el unánime clamor popular el ganadero de la divisa titular, Marco Antonio González Villa, fue sacado al tercio y a la muerte del sexto homenajeado con vuelta al ruedo. De igual manera, a la muerte del tercero, los aficionados Félix Romero y Andrés López “Chupaya” homenajearon al ganadero Raúl González González en el vigésimo aniversario de su muerte con una placa y reconocimiento a su hijo y nieto presentes en el Callejón.

Indebidamente la Empresa somete a un jurado la asignación del triunfador del festejo que resulta ser, increíblemente, el primer espada. Primer y tercer espadas mataron a los toros quinto y sexto respectivamente por decisión también de Jurado.

Antonio García “El Chihuahua” (Obispo y Oro) División, Pitos en el que mató por el cuarto espada y Bronca tras Aviso. Juan Fernando (Rosa y Oro) División tras Dos Avisos. Mario Aguilar (Rosa y Oro) Palmas tras Aviso. Antonio Romero (Burdeos y Oro) Palmas al retirarse a la Enfermería.

Bien los picadores, destacando Eduardo Noyola al picar al cierra plaza. Las cuadrillas a pie generalmente enganchadas al momento de bregar. El cuarto de la tarde alcanza y derriba sin consecuencias pese a lo aparatoso del percance al banderillero Jorge Mirafuentes.

PARTE MÉDICO DE ANTONIO ROMERO.

Cornada grave ano rectal, profunda, que desgarra desde el esfínter anal hasta el colon; aún no se puede determinar la profundidad de la cornada, pero es grave y pone en peligro la vida. El matador fue trasladado al Hospital Mocel para ser atendido por el cuerpo médico y un cirujano de colon y recto.

Firma Dr. Rafael Vázquez Bayod.

Jefe de los Servicios Médicos de la Plaza México.

Marco González, el reconocimiento de la Afición, Piedras Negras siempre viva.
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La Regadera de Sergio Flores – Sequedad y Realidad de José Adame.

Arremete el jaraleño a la tapatía de Sergio Flores en plenos medios. FOTO: Edmundo Toca.
Arremete el jaraleño a la tapatía de Sergio Flores en plenos medios. FOTO: Edmundo Toca.

La constante búsqueda de la excelencia taurina de Sergio Flores, su paciencia dentro y fuera del ruedo, convierte la mala programación empresarial de su Temporada en la mejor de las presencias. Pleno de entrega y realización, su promesa de triunfo se torna en la sentencia que apunta a la mejor realidad taurina. La corrida de Jaral de Peñas se topa con sus propios defectos principalmente la mansedumbre y se estrella con un torero vestido, no de azabache, sino de conformidad y contrariedad. Joselito Adame recibe un descontón que exhibe a sus panegíricos y entreguistas incondicionales que ayer lo entronizan y hoy esconden la cabeza. Hace la entrada y el toreo Hermoso que pincha hasta la saciedad de nuevo.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Si Hermoso de Mendoza trae la gente, Sergio Flores se la echa a la bolsa.

Y ésta se lo echa a hombros al finalizar la corrida.

Así es esto del toreo, más en una Plaza que espera año con año al navarro para hacer la mejor entrada de cada Temporada. Es más que entendible, nunca está taurinamente mal, eso parece imposible. Hermoso entra a La México, llena su tendido y deja ver que hay visos de reforma, es decir, que él también entra al sentimiento de traer toros mejor presentados.

Tomemos la palabra a las figuras.

Así, cada tarde vendría el filtro tan necesario.

Las dos faenas de Hermoso, una ante el bravo y noble primero, otra ante el manso y tardo cuarto, ocurren ante el asombro de un público que le aplaude cuando le puede y exprime en su totalidad al buen primero, “Sebastián” nombrado, con el paso preciso y templado, quizá la contrariedad es colocar el segundo rejón y la ya inexplicable y lamentable, terrible, forma de matar del navarro. Simplemente así no se puede estar.

Al primero le para magníficamente, decide colocar el segundo rejón luego de que le aprieta, Pablo torea magnífico y acaricia con la cola del equino la cara del astado, luego crece en banderillas piruetas incluidas y cuando parece que el cárdeno seguirá ese ritmo, afloja tristemente dejando lo que dibuja premio doble, al bajon grado de matar fatal y descabellar peor.

Con el cuarto repite, malamente, la dosis.

Mata fatal tras hacer andar un manso, tardo y probón, protestón, al que Hermoso de Mendoza encela muy en lo corto, aguanta cabezazos y alterna lados del toro y perfiles del equino al torear al hilo de las tablas, de nuevo piruetas exponiendo y, en momento bueno, muy airoso sale de la suerte. El de Los Encinos, manso sin mayor fondo, queda sin aire dentro para soportar el final, tristemente deficiente, del estellés.

Perdido con el rejón de muerte. ¿Qué ocurre con Pablo en el último tercio?

Francamente parece no haber solución.

Y qué habrá ocurrido con la Temporada si Empresa no desperdicia la oportunidad para que a tendido lleno, un torero como Juan Pablo Sánchez, triunfador de la Temporada, se muestre ante el gran orfeón de la Monumental. Al menos, le hacen un favor a la versión que de Joselito Adame aparece por la Puerta de Cuadrillas. Esta sombría, mediana y muy contradictoria aparición, empezando por el principio: el vestido elegido. Una muestra del estado taurino del torero, más sombra y menos luz.

Lo peor es que esto ocurre con el único toro con expresa posibilidad de triunfo, el primero de lidia ordinaria. Este castaño “Ciervo Rojo”, alto y serio, calcetero de los cuartos traseros igualmente, complica las cosas al hidrocálido que no alcanza a sujetar sin ser enganchado en el recibo, le receta doble puyazo al dejarlo ir suelto y es entonces cuando toda su pretendida pompa y prefabricada circunstancia, se derrumban justo al momento en que Sergio Flores le aprieta.

Basta una de las más hermosas tradiciones del toreo para que tal cosa ocurra, el quite.

Que a cada puyazo, tres deberían ser, corresponde un quite.

Y del segundo en adelante, toca a los alternantes. Flores echa mano

El quite de Sergio Flores al toro de Joselito, factor de cambio. FOTO: Edmundo Toca.
El quite de Sergio Flores al toro de Joselito, factor de cambio. FOTO: Edmundo Toca.

del catálogo habitual y tira de la chicuelina con emoción rematada en soberbia y vertical media verónica. En ese punto, el toro pone las cosas difíciles, Adame desespera por la incapacidad de la cuadrilla de salir al frente de un astado que echa para atrás y tira el ancla en síntoma de mansedumbre. Luego, ésta, expresa en el segundo tercio, parece desaparecer cuando José se dobla poderoso, acaso demasiado, latiguea la embestida que responde violenta en el de pecho con la derecha.

Atención, se trata de un manso con casta, es decir, de lío y que no se apacigua.

Pero Joselito, pese a un lado derecho con embestida larga y repetida, opone el tirón, el serrote y el martillo, tira del toro sin mayor temple, le enganchan de pronto y apurado se ve al rematar cada tanda. El toro, franco en su intención, no miente al anunciar que su pitón izquierdo es el complicado, donde puntea y se vuelve pronto, ante esto, no hay más que un mero ejercicio de exploración sin el mínimo esfuerzo de realización.

La vuelta a la derecha, la falta de compás, pese a despatarrarse, lo hacen ver descuadrado varias veces, no supera el cabeceo, se junta el viento y, aunque la gente le corea, pesa más en él la incomodidad que tratar de echar para adelante, cae en el ritmo del toro y no éste en su temple. La bagatela de la manoletina no disfraza la realidad.

El toro se ha ido y se va, sin haberle toreado del todo.

Hacer pasar no es torear. Feo espadazo.

En fin, así anda este torero, insuficiente ante el manso y deslucido, aunque violento, quinto, que le desarma tras la necedad de iniciar por alto, le hacer ver insolvente y le cobra la indolencia de tardes pasadas. Notorias son sus ganas de irse de la Temporada y reafirma José que, tras su encerrona, el trono queda más que vacante que nunca y, después de hoy, que no está ya siquiera en fila del mismo, su atención parece estar en todo menos en lo que importa, gana la forma al fondo y hoy sí que hay varios más que amenazan, más bien concretan, su mayor y mejor avance hacia la primera línea.

Tal es el caso de Sergio Flores. Con el mismo terno de su gran tarde hace dos años.

Porque no es causalidad que el bordado tlaxcalteca supere esta vez al deshilado hidrocálido, el berrendo y serio tercero, tal como el castaño ya descrito, es una real prueba. Y Sergio Flores hace posible lo imposible, detiene con los dedos un ventilador y no se corta, porque el berrendo, con todo y su percha, sale únicamente a calamochear y rebanar, a protestar y deslucir, a dejar mal al que viste de grana y oro .

Va a la querencia, ahí le pican, complica la brega, Flores ordena y convence.

Siempre en el sitio exacto espera el tlaxcalteca que se queda, tras iniciar abajo, en el lugar exacto para girar plantas y, como si nada, ligar con la derecha ante una protesta expresa que no trasciende sino al ojo del taurino pues al calamocheo le falta fuerza.

Flores insiste pero, pese a plantear las cosas en serio y hacerle pasar por ambos lados, la nula intención del astado, su irrenunciable protesta, le hace cortar por lo sano. Increíble que tras espadazo entero, cuando el toro se acuerda que tiene casta y aguanta a ceder en la hora final haya quien aplauda, no se confunda querido diletante, el chiste es aguantar y ser bravo en todos los tercios no solo en el final del último.

Claramente, Sergio Flores ha leído al tendido.

Compuesto por esta variopinta e incipiente, pero al fin, Afición.

Pero también ha hecho el torero y para muestra los lances, en algún momento sutiles y diáfanos, en otro desmayados y serenos,

Derechazo de Sergio Flores, a la huida del toro respondió con mando torero. FOTO: Edmundo Toca.
Derechazo de Sergio Flores, a la huida del toro respondió con mando torero. FOTO: Edmundo Toca.

sujetando al manso sexto que amaga con frenar y salir suelto, el manto de la verónica se desgrana entre su cintura que juega y las manos que al vuelo resuelven la embestida de la res como la playa la embestida del mar. Media muy toreada en los medios es el remate.

Y ahí comienza la escalada.

Porque, aunque ya lo ha hecho anteriormente, lo que se hace bajo el reflector de luz suele ser más importante que lo que se hace entre sombras, así que esta faena mirémosla como la indeclinable vocación de Sergio Flores de buscar lo mejor de un astado que mansea y que tal condición implica desplegar, no de cualquier modo, los resquicios, principalmente, de casta que posee el que cierra plaza.

Siendo la casta la agresividad ofensiva del toro, el de Jaral cuando arranca y deja de mansear toma el engaño, es bien picado y Sergio da la vuelta al intentado régimen adamista con un clásico del capote mexicano, Ortíz, la tapatía, esa suerte con el capote por detrás y por las afueras, con el lance siempre hacia los medios y el torero hacia el tercio, momento que no vivimos con tal emoción en esta Plaza desde Jorge Gutiérrez y su gran tarde en Diciembre 2001.

Esta vez no sale del todo al paso dado lo suelto del toro pero se remata airosamente alentando la esperanza de que el de negro embista.

Se complican las cosas en banderillas.

Vuelven a temblar a las cuadrillas y a mansear el jaraleño.

Entonces Flores ordena, recoge al astado y brega, hace las cosas en el sitio y, además, escucha y lee a la gente, a la que brinda sincero y entregado.

Cierto es que equivoca el inicio, tanto insistir en el repetitivo pase cambiado por la espalda a un toro tan manso viene mal, descubre la gracia en el morito de doblar contrario y hacerla varias veces. Flores, que insiste en el cambiado, lo consigue con la plaza hirviendo pero a riesgo de estropear la posible faena al tropezarse con el toro, entonces en el tercio frente a toriles, tras doblar contrario, Sergio, vertical y muy desmayado el brazo, se da, al fin, a torear.

Y no pararía.

Pese a las vueltas contrarias del toro al que castiga, lucidor, en el trincherazo, al que cita de dentro a afuera varias veces y con el que se inventa el terreno alternando arrucina invertida o molinete, atacaría desafiante su terreno pese a impedirle ligar por bajo derechazos. Entonces Flores, inteligente, dueño de su ubicación y sitio, alterna circurret, capetillina, vitolina, luminoso afarolado y cambios de mano, para quedar el toro por dentro y él en el mando por el terreno cambiado, salvo en uno de pecho larguísimo en terreno natural.

Solo así, con la Plaza en vilo, convence al manso.

Porque con la zurda, tras ligar dos y huir el toro, viene el cambio de procedimiento para hacerlo embestir por el lado izquierdo con dos pinceladas de cartel. Alguien me decía que alguna voz de ultratumba califica la poncina como “populismo”, un simple golpe de efecto. Nada más errado y trampa. Flores cita para tan mentado muletazo, genuflexo y frente al burladero de la primera suerte donde, tras pegarlo de manera circular invertida, corta la huida del toro en la primera y provoca la vuelta para un cambio de mano maravilloso en tal posición.

De cartel.

De campanillas.

Tan genial que ahí, sobrado y torerísimo, en pleno domino de su tiempo torero, cuando el toro vuelve natural, en pleno disfrute, Sergio Flores hace suya para siempre la victoria sobre el astado al trazar el pase contrario por bajo y con la izquierda más rotundo y de mayor calado, sí Señores, de toda la Temporada.

La entrega de La México es total.

Surge de lo bien toreado, de lo fundamentalmente construido y continua en el remanguillé, flor invertida del molinete, más el de pecho con el estallido de la Plaza.

Pese a la desigualdad, porque hay enganchones y un inicio en titubeo, el final de faena y la entrega en la estocada ponen la segunda oreja y una salida a hombros que ratifica que la regadera la carga siempre Sergio Flores, volverlo a traer es lo que procede y si lo hace con una corrida tlaxcalteca, atención, será el gesto de gestos.

Lástima que la Afición, sus deseos y sueños, vayan a ser ignorados.

Vilmente.

A menos que, tal como ocurre hoy, inesperadamente, regrese en unas semanas, un nuevo milagro del toreo.

Para bien y enhorabuena de todos.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2016-2017. Domingo, Febrero 19 de 2017. Décima Sexta de Derecho de Apartado. Tres Cuartos de Plaza en tarde fresca soleada aunque con diversas ráfagas de viento durante la lidia de tercero, quinto y sexto. Falta iluminación en la Plaza para efecto de la lidia y en pasillo de la misma.

6 Toros, 2 para rejones de Los Encinos (Divisa Azul, Rosa y Verde) Serios y altos, bien presentados por sus cabezas serias y buena hechura: bravo y notable el primero mientras el cuarto resulta manso y probón, se frena en banderillas; y 4 de Jaral de Peñas (Divisa Obispo, Amarillo y Blanco) Variopintos y mansos los cuatro, serios por delante: encastado el segundo con un tremendo pitón derecho .

Indebidamente la Empresa inexplicablemente remueve a un posible tercer espada en contravención a lo originalmente anunciado como corrida de triunfadores.

Bien la Autoridad al aguantar la improcedente petición de homenaje y de máximos trofeos luego de premiar el sexto turno.

El Rejoneador Hermoso de Mendoza Ovación y División. Joselito Adame (Sangre de Toro y Oro) Palmas y Pitos. Sergio Flores (Grana y Oro) Ovación y Dos Orejas tras leve petición de Rabo.

El tercer espada salió a hombros.

Difícil tarde de las cuadrillas a pie, buen puyazo durante el primer tercio del tercer turno de Othón Salinas Ortega.

Tras la poncina, Sergio Flores se inspira en formidable muletazo que cierra la faena.

@Taurinisimos 93: PREVIO – Temporada Grande Plaza México. Análisis Carteles 2016-2017.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 20 de Enero de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar, Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Invitado: Leonardo Paez @fiespaz.

Actualidad Taurina. Plaza México Temporada Grande 2018- 2017. Análisis de la segunda parte de la Temporada en la Monumental.

Análisis Feria de León 2017.

Faenas de Fermín Rivera, Diego Silveti y Sergio Flores con Begoña en León y Juan Pablo Sánchez en la Plaza México.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 27 de Enero de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

FB/Taurinísimo

@Taurinisimos 90 – FERIA GUADALUPANA: Triunfo @DiegoSilveti e @InfoMorante en La México.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 16 de Diciembre de 2016. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar, Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII y Miguel Ramos.

Invitado: Omar Bolaños.

Actualidad Taurina. Plaza México, Temporada Grande 2016 – 2017. Feria Guadalupana.

Recuerdo del LXX Aniversario de la gran faena de Fermín Espinosa “Armillita” a “Nacarillo” de Piedras Negras en la Plaza México el 15 de Diciembre de 1946. Cuarto rabo cortado en la historia de la Monumental.

Análisis y Faenas en la Plaza México de Fermín Rivera, “El Payo” y el triunfo de Diego Silveti con Santa María de Xalpa; Encerrona de Joselito Adame y Corrida de Teófilo Gómez: Faenas de Gerardo Rivera y Morante de la Puebla.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 23 de Diciembre de 2016 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

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La Cadencia del Paso – Creciente Confrontación entre Flores y Rivera.

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El derechazo a plena luz de temple de Fermín Rivera al cuarto toro de El Vergel. FOTO: Humbert.

La corrida de El Vergel subraya el extremo de la mansedumbre, la sosería. Sonado fracaso ganadero en presencia y juego rescatado por el pequeño pero apasionante mano a mano sostenido entre Fermín Rivera y Sergio Flores, quien sale a hombros tras desorejar al único chispazo de casta de la corrida con el que responde al magnífico y rotundo toreo de Rivera cuya desconcertante espada le cierra la Puerta del Encierro, ojalá repita lo antes posible. Mala tarde del confirmante Garrido, rápido en casi todo su proceder, reducido queda, en todo sentido, a telonero de la corrida.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México. FOTOS: Humbert García y Edmundo Toca Olguín.

Suma preocupación sufría el General Lucio Blanco, acuartelado en la capital mexicana, sobre el paso de sus soldados, allá en el lejano 1914.

Como Jefe Militar de la Ciudad de México, Blanco se acuartela en la fastuosa y abandonada mansión de Don Joaquín Casasús en la colonia Guerrero, calle de “Héroes”, donde miraba el paso perdido de su tropa al intentar marchar en redondo, situación que resolvió “fácilmente” el General. Blanco, cruzó la calle, se plantó en el predio de enfrente, cuyo patio vislumbra una ideal rotonda, y realizó una “petición” a su dueño.

Si la tropa no debe perder cadencia al marchar en redondo, ensayar en el predio de enfrente. Ayer en La México, cien años después, la Temporada pierde paso, sin patio donde ensayarlo o retomarlo.

Con el petardo de las cuadrillas y el de El Vergel, un encierro mitad impresentable, los tres primeros, y manso en lo general, dejan a la Monumental sin resolver su mayor problema: el toro. Las quejas contra los josé-julianes del sábado son ridículas contra de esto. A los tres primeros de El Vergel solo el mal juicio de Jesús Morales, otra vez, deja pasar.

Desastre total con el anovillado primero, chincolo y, además, espantosamente manso. Ni la voluntad de José Garrido puede ayudarle. El confirmante, sin la cabeza en sitio, sin ritmo, enganchado y matando mal, no destaca con esta birria ni por chicuelinas, peor está  con el muy violento y protestón sexto, diametralmente opuesto a la falta de seriedad del de su confirmación, le desarma y hace ver que ayer, José Garrido, no aparece.

Ejemplo de ello, la omisión de pedir permiso a Usía al devolver trastos.

Inaceptable.

En fin. Lo único que puede ocurrir, para no perder el paso entre unas cuadrillas en la peor tarde en años y un encierro en mínimos históricos de bravura y presencia, es que aparezca el milagro del buen toreo. Esto tiene nombre, dos apellidos más que ilustres y una realidad incontestable: Fermín Rivera Agüero. En nazareno y oro enfundado, con mucha más soltura, menos cercano a la solemnidad pero siempre respetuoso de las formas, se topa con dos mansos como para estrellar la ilusión.

No esta vez. Por el contrario.

Desde el capote el muy pobre segundo sale a protestar y tirar cabezazos. Fermín, sin mayor preocupación, le da por su lado manteniendo la compostura, lancea y el astado trata de quitarse el engaño, cierra con media y, tras el puyazo, prosigue una

Desahogo de la embestida, pase de pecho redondo de Rivera. FOTO: Humbert.
Desahogo de la embestida, pase de pecho redondo de Rivera. FOTO: Humbert.

característica que desde el turno anterior muestra el encierro: aquerenciarse cerca de donde son picados. Las banderillas ayudan al manso que trata de poner el freno de mano y no pasar en la muleta.

Rivera entonces procede como de él se espera.

Serenidad y temple, alterna lados y tira del manso por fuera de las rayas. La faena es pausada y reposada sin atosigar venciendo a un toro que no termina por tomar la muleta por bajo sin protestar, justo en el punto donde todo puede echarse a perder: el último tiempo de su suerte. Si en una tarde Fermín Rivera está rotundo y redondo en su toreo es en esta, su suavidad raya en la seda, la yema de sus dedos tiene su sutileza, en la media altura de su engaño y el canillazo final, el enfoque de su realidad taurina que replica el tendido estruendosamente.

Y a más. Incluso a pesar del desarme, uno en cada toro.

Fermín, poco a poco y muy medido, gana imperceptiblemente el paso a este su primero cuando se queda u obliga a quedarse cuando se raja, el burel cambia tras el embarque del primer muletazo y, principalmente, por el lado derecho  hasta se emplea, al natural vuelve el mando a devenir tras el temple ligando el toreo, los firmazos y pases de pecho son completos.

Un pinchazo y espadazo entero deja todo en saludos.

E inquietante espera.

Menos mal la corrida se convierte en el nuevo capítulo de la confrontación Fermín RiveraSergio Flores, de segundo a quinto. Y la brevedad, el buen oficio del tlaxcalteca, dan cuenta del alimañero tercero, una alhaja, chica y acobardada tras el puyazo, que desarma de salida al tercer espada y se aquerencia accidentalmente para mal fuera del burladero de matadores, quedándose con solo dos palos en un segundo tercio para el olvido donde  urgían las infanterías a tomar pues no pueden banderillear al burel que arrea.

Recuerdo el último caso de dos pares, un cárdeno claro, todo un toro Xajay que se estacionó en toriles, en 2005, César Rincón, de palo de rosa y oro, le cortaría una oreja.

De este lío del solo Rafael Romero, al hacer tremendo quite de riesgo, alcanza a librarse. Flores otorga todo el castigo posible de su muleta al manso que no tiene un pase. Así se procede y el tendido agradece los muletazos rematados a pitón contrario perfectamente empleados, justo cuando salta, ahora sí, un toro para el cuarto turno de la corrida.

Cárdeno claro y nevado, bien armado, serio, por delante.

Aquí, de nueva cuenta, el tranco y la bravura completamente rotos del toro afloran cuando el potosino lancea mostrando, de nueva cuenta, que el juego será deficiente por los cabezazos. De ahí que, tras breve puyazo, la reacción aquerenciada vuelva aparecer y Fermín le avive en la chicuelina que brinda aire y la larga, borbotón de torería. Alejandro Prado se esfuerza, consigue algún capotazo bueno pero Felipe Kingston con esa extrema preocupación de tan solo aventar los palos hace la gracia de tener que volver a pasar pues no clava.

Y cuando un manso ve que al pasar los toreros, de oro o de plata, no pasa nada, puede crecer y hacerse dueño de la situación, por ello, inmediatamente quiere poner el freno de mano y quedarse en la querencia, como si fuese él, el ofendido.

Solo que ayer Fermín Rivera está en estado de gracia.

Plenamente.

Por eso tira a los medios, al menos por fuera de la segunda raya, dónde más. Y se da a torear, a obligar y someter sin derrumbar o tropezar, los derechazos llegan con redondez, saliendo al frente, en cadencia, paso muy decidido y venciendo el tornillazo final, tan intermitente que a cualquier otro quitaría concentración. La de Rivera rebasa cualquier parangón y por ello, tras soberbia tanda con la derecha abierta con molinete, cosa rara, el de pecho y tres derechazos más el de la firma, viene el amplio y cantado cambio de mano, desencadenado hacia abajo y con tanto temple que la gente queda hipnotizada.

Y el toro imantado.

El camino a la zurda alumbrado, con la muñeca que vence y el desdén que prende el tendido pero que muestra agotadas las poca casta en el cárdeno para tristeza nuestra y toque de atención en Rivera que cambia la espada no sin antes pegar postreros derechazos, uno soberbio verticalísimo casi a pies juntos y, tras huida a tablas, nuevo cambio de mano pese al cabezazo.

Es hora de oficiar, también de decir que la estocada, prácticamente sobre las rayas, es algo defectuosa y tendida, lo mismo que trasera y algo contraria.

No opone mucho el toro hasta que el puntillero le levanta. Larga agonía de un manso que la muleta que tiene enfrente le rescata. Suena “La Veneciana”, intermezzo de “El Carro Del Sol” triunfal y sonoro lauro para Rivera que se agarra a la oreja, orgulloso, sonriente, y vencedor.

Solo Dios sabrá por qué tiene solo una tarde.

Con la corrida a más, otro manso, para variar, hace de las suyas en el lugar de honor.

Nadie duda que si hay un torero peligrosísimo en todo terreno, ante casi todos los toros es Sergio Flores. ¡Y qué peligro para él es tener esa cuadrilla! En fin. Lo cierto es que el astado no vale nada en los primeros tercios, anda suelto, como el valor de los banderilleros que pierden turno y dejan las cosas en plena nubosidad.

Pero el de Apizaco no entiende de imposibles y hay un momento al cerrar el segundo tercio cuando el cárdeno se arranca tras el brindis y el cual aprovecha tirando la muleta abajo, doblándose y castigando por derecho para sacar Sergio del manso lo último que podría esperarse, un poco de casta, protesta por el otro lado pero, poderoso, ya de pie, pega un cambio de mano a la zurda por bajo que resiente al toro, muletazo alumbrador.

Tres cambios de mano, tres, este fin de semana, Rivera y Saldívar y Flores.

De cartel…

Y los naturales llegan largos con vibración en doble tanda en los medios, aguanta el arreón quizá con mucho látigo, arrastrada la muleta y ansioso por reventar el asunto, afarolado y el de pecho. Sergio Flores podrá no ser el exquisito pero su manera de torear

evidencia la utilización tremendamente rotunda de los fundamentos. Entonces, con menos revolución, dosifica con la derecha la exigencia y cuando el toro pierde raza, la arrucina invertida mantiene el interés, pero no la raza del astado.

Por ello en la faena falta el remate, no por cosa del torero sino que el toro que escapa en los nuevos derechazos y naturales, abre con circurret que parece prender la mecha pero que solo hace que el cárdeno termine de escapar y refugie en el tercio bajo la Contraporra.

Entonces Flores no pierde tiempo.

Las joselillinas cierran faena y el estoconazo sobre las rayas rubrica perfecto con el toque abajo, es ejemplo del volapié donde el plateado estoque rompe las carnes y hasta los gavilanes deja el pomo de la espada y el derrumbe del toro, el siempre presente jolgorio y el inefable Jesús Morales dan las orejas en donde para nosotros una basta. Puerta grande.

Es lo de menos.

No es un dos por uno, paquete de corridas, tanta innovación y futuristas intentos. El toreo es arte y sus fundamentos permanecen, ahí está una posible y contrastada rivalidad que solo la ceguera y el interés pueden frenar.

Las empresas deben buscar hoy, esta tarde es muestra, lo que Don Antonio Rivas Mercado pronunció en 1910 al inaugurar su Columna a los Héroes de la Independencia Nacional: “Que el carácter del monumento es glorioso y triunfante, perpetuo de la lucha más brillante en nuestra historia y en las que en aquella contienda sucumbió”.

Lugar de honor.

No por nada Lucio Blanco hubo de detener la revolución a la reja de la casa Rivas Mercado en la Colonia dedicada al ilustre Guerrero y pedir, no ordenar, que sus soldados ensayaran marchando en redondo por la rotonda de la casa del hombre que no gustaba de “renegar de la imagen pública”, en plena Revolución.

Y así debe marchar la fiesta cuando el paso y la cadencia tropiezan.

Pena grande que alrededor de La México ni existan casas con rotondas como la de Héroes 45, que está ya restaurada. Ni tenga vecinos de la majestad de Rivas Mercado.

Al menos nos quedan Sergio Flores y Fermín Rivera para caminar.

Al paso y en redondo.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2016-2017. Domingo, Noviembre 26 de 2016. Cuarta de Derecho de Apartado. Un Cuarto de Plaza en tarde agradable con cielo despejado, luz artificial desde la lidia del segundo deficiente y debe corregirse.

6 Toros, 6 de El Vergel (Divisa Verde, Morado y Amarillo) mal presentada por desigual, los tres primeros por ningún motivo debieron lidiarse en esta Plaza, chicos, chincolos primero y sexto. Bien presentada los últimos tres. Mansa en general y protestona, sin casta salvo el lidiado en quinto lugar que, tras mansear en los primeros tercios, dura cuatro tandas antes de rajarse. El tercero pasa solo con dos pares al acobardarse en banderillas. La mayoría de los toros desarrollan querencia accidental en el sitio en el que son picados. Pitados en el arrastre por su pésimo juego. Segundo y cuarto apenas alcanzaron a tomar la muleta gracias a la lidia que se les da.

Fatal la Autoridad al premiar inadecuadamente y permitir la lidia de los primeros tres y permitir a las cuadrillas “hacer y deshacer” en diversos pasajes del festejo sin una sola amonestación.

Fermín Rivera (Nazareno y Oro) Saludos tras aviso y Oreja. Sergio Flores (Grana y Oro) Palmas y Dos Orejas con protestas. Salió a hombros. José Garrido (Noche y Oro) que confirma la alternativa, Silencio y Pitos.

El tercer espada confirma la alternativa con el impresentable negro, girón, nevado y facado, chincolo, de la ganadería titular nombrado “Mielero” número 90 de 490 kilogramos.

Una de las peores tardes en mucho tiempo para los banderilleros, mencionar las faltas sería interminable, solo decir que Jonathan Prado, Edmundo Navarro, Tonatiuh Silva, Felipe Kingston, entre otros, han sido incapaces de completar el tercio de banderillas sin pasar en falso, atinar o dejar de violentar el Reglamento y la adecuada lidia tratando de banderillear por detrás del toro. Bien Rafael Romero al hacer gran quite de riesgo durante el segundo tercio de la lida del tercero. Muy mal el puntillero al levantar al cuarto.

El único momento de casta en la corrida, fue un instante y gracias a la mano izquierda de Sergio Flores. FOTO: Edmundo Toca O.
El único momento de casta en la corrida fue un instante y gracias a la mano izquierda de Sergio Flores. FOTO: Edmundo Toca.

Claveles y Rosas – Perfumada Salida a Hombros de Morante de la Puebla.

Ayudado por Alto de Morante
La cadencia magnífica, la sutileza de la media altura en el ayudado de Morante de la Puebla. FOTO: Miriam Cardona.

El más fino de todos los claveles y la más hermosa de todas las rosas florecen en los ramos que pasea Morante de la Puebla tras desorejar al cuarto de un decepcionante por su debilidad y falta de casta, encierro de Teófilo Gómez. Solo dicho astado, “Debutante” para la historia, soporta apenas con un tramo más de embestida el toreo amplio, soberbio y personalísimo del sevillano que se quita de encima al descastado primero, simplemente, con todo el arte del mundo por delante. En tarde de querer, “Payo” se estrella con su espada y con el manso y roto quinto mientras Fermín Espinosa, en tarde de no poder, se estrella, penosamente, con su realidad.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México. FOTOS: Miriam Cardona.

Suena el Toque de Cuadrillas y, tras su aparición, La México ovaciona a la terna.

Fuerte, como es, el rugir de la Monumental México se palpa a los primeros acordes del ya centenario “Cielo Andaluz”. Solo que la pieza del aragonés Gascón esta tarde soleada e invernal demora unos segundos en desgranarse. Cosa que toma con acostumbrada calma la generalidad pero que en el tercio al lado izquierdo y por columna frente a Cuadrillas, todo el oro en los bordados, toda nazarena a seda en la casaca y en la talega, desespera a Morante de la Puebla.

Al menos un poco, incluso al grado de cruzar palabras con el alguacil pidiendo partir Plaza.

Pero de inmediato, como casi una reacción instintiva, Morante regresa al ritmo en el que sabe estar y andar en la Plaza México, en sus propias palabras, despacio, que al torero que no anda de tal modo La México no le hace caso.

De ahí que el primero de la tarde, ponga las cosas a la contra.

Serio, muy bonito, cárdeno claro y vuelto de pitones, con mirada muy seria, sale a estropear el lance, a salir suelto, a no dejarse. Me recuerda a aquel de Jorge María, en el San Lunes morantista de hace tres años que también hizo las veces de primero de su lote en La México, más áspero y geniudo aquel, descastado y débil éste.

A pesar de hacer todo lo posible de salida el capote se guarda.

El astado espera a Dones y Carretero en banderillas.

Morante lo nota, no brinda y se reserva, para después, desde tablas, entre el doble firmazo, intercale avanzando el trincherazo y el precioso cambio de mano abajo que parecen cerrar el preámbulo de la faena. Solo que antes de que el cárdeno piense, Morante ayuda su muleta y, desde el tercio, sobreviene la friolera, grácil y fragante, sutil y elegante, de cuatro ayudados, dos por bajo a pitón derecho y dos pinturas, a media altura, por el lado izquierdo.

La México ruge. Morante sonríe y se regodea.

Llega hasta plena boca de riego y ahí el desahogo encuentra el camino del de pecho con la zurda. Vuelve al tercio, un paso por fuera de las rayas, para iniciar con el toreo por bajo con la derecha, liga los muletazos que muestran al toro reservón y mirón. El procedimiento cambia y con la de cobrar, muleta por delante, a verdad desnuda, Morante le liga los naturales, hilado siempre y con el toque exacto pero con un toro que ya mira de más.

De ahí que las tandas que siguen, con la voz y el toque del cite tan firmes que el toro lo toma por completo, le obliga y, aunque el cárdeno lo resiente, Morante le tapa, se le impone y, a pleno compás, con toda la serenidad de su cintura y la majestad de su empaque viene el firmazo y el cambio de mano, andando, sensacional.

Esto descompone al toro, al que Morante extiende innecesariamente la faena y al que, consideramos, debió entrar a matar en la suerte contraria.

Pincha. La ovación en el tercio lo dice todo.

Y el gesto también: “En el otro…”

Menos mal es así pues la corrida de Teófilo Gómez está a cada paso cerca de llevar al cadalso a la Plaza México: desde lo descoordinado y cabeceante del segundo, lo roto de tranco del tercero, lo manso y soso del quinto, lo débil y desrazado del sexto, más el desasosiego de la gente que choca con “Armillita IV” y un toro cariavacado, el tercero, que no gusta. Ojalá hubieran estado así hace quince días y, sobre todo, en lo que viene.

Lo imperdonable e incuestionable es que Fermín Espinosa no completa una sola intervención sin echar atrás, ya sea lance o ya sea pase, en algún momento de las suertes su pierna de recibo va para atrás gravemente, mostrando que este joven paga las habladurías del tío, las prisas del padre por hacerle matador, los excesivos cuidados… y no más.

La gente paga, exige y, cuando le dan motivos, se cobra.

Duramente.

Cosa distinta es “El Payo” que hace casi todo bien con el segundo, cárdeno oscuro y protestón, siempre a la contra y por ello, García se la ha jugado desde la arrucina inicial, hasta los naturales donde obliga y manda pese al desarme al alargar la faena. Solo el mal uso de la espada le priva, ante su primero, de algo más y su aceleramiento en el quinto, empañan algo su esfuerzo.

Nuevo pinchazo.

Alguien le preguntó a San Juan de la Cruz, “¿Y todos estos versos son inspiración del señor?”, entonces, el místico contestó, “Algunos son del Señor, otros son cosa mía”. La cosa de Morante es encontrar de un toro como el cuarto, tan fino, aquello que no le haga perderse en el camino de la mansedumbre sino encontrar las virtudes mayores de su raza.

Perdida en varios instantes.

De inicio, por ejemplo, pasa sin enterarse, Morante le brega apenas con parte del engaño para que “Debutante” se confíe y cierre soberbio el capote en la media. La cualidad es y ha sido la medida exacta del levísimo puyazo –casi una inyección- y la armonía de las chicuelinas que, a pesar de que solo pasa sin enterarse, hacen que el astado se empape de tela y que, para el remate en la media, meta la cara abajo hasta perder las manos.

Eso ha sido en lo que Carretero prosigue a la brega para milagrosamente hacer que “Debutante” trace viajes muy largos empleándose, incluso lucir Gustavo Campos que deja caliente a la gente, deslumbrada por el doble par de aretes aunque olvida que el capote de José Antonio Carretero deja servido el toro para la ocasión.

El temple encela.

Brindado el toro, Morante deslumbra en los tres doblones rodilla entierra, arrodillándose conforme el toro entra en la muleta y hasta despedirle, es decir, toreando a cada momento previo, durante y posterior al muletazo. Abierto en los medios, acaricia la embestida en el pase de la firma y, justeza de nuevo, no remata la primera tanda, ahorra el de pecho que proseguía previo al ahogo del toro.

Que no se ahogue en dudas a la Afición.

La dificultad de este toro que se aviva en banderillas es extraer de él, lo que parece no tener, emoción. Y eso es el arte, no copiar lo visible, hacer ver lo que no se ve.

Porque esta no es una faena únicamente valiosa en lo estético, lo es en el drama de observar como las posibilidades, aparentemente limitadas del toro, crecen conforme el de la Puebla está en el sitio, incluso a la larga distancia, como en la tanda que precede la vitolina en el otro tercio donde amplio es el cite, aliviadora la altura que repone al toro en el remate muleta arriba, cambiándose de mano, previo a otro firmazo de alarido.

Luego la precisa decisión, de regresar al sitio donde inicia la faena.

No dejar que el toro vaya a donde le plazca sino a donde dicte la derecha que de nuevo mece la cintura, embarca al frente, manda larguísimo y propicia, incluso sin tocar sino dejando la muleta muerta, la entrega del toro, cuya degollada forma le ayuda a descolgar, y de la propia Plaza, amante de los desdenes que aparecen como fulgurante destello invernal.

Alumbrando el camino de la izquierda.

Que vence al toro.

Que toca perfecto y, apenas reponiendo, gira en el embroque al tiempo que dicta Morante, lento y plácido, para desdeñar en el ayudado por bajo y luego en el nuevo desdén. La capacidad de redimir la inconfesable realidad de la mansedumbre que asoma al fondo, la posibilidad siempre presente de pulir aristas hacen que José Antonio alivie por alto en tres pases arriba.

Aun así “Debutante” se violenta.

Lo que propicia la nueva tanda derechista, breve y rotunda, con un interminable pase de pecho a la hombrera contraria. El cambio de terreno trae un desarme, la única mácula de la faena. Entonces Morante se desquita.

Tira del toro que ya sale cara arriba e incluso juguetea con la montera.

¡Esto homenajea Jorge Ramos!

No le permite salirse del engaño dejándolo siempre puesto con una impensable perfección, el enésimo firmazo -¿Cuál de todos sería el mejor?- y el cambio de mano a la zurda, simplemente perfecto, desatan la locura en el tendido. De pronto todo el tendido es morantista. Qué rápido cambian bandera, parecen tener los paganos la misma condición engañadora de este toro que, pese a la coba al Ganadero, acaba rajado, retrocediendo y en la querencia.

Por ello no hay adornos finales, porque “Debutante” lo estropea todo.

Entonces, con todo el tiempo del mundo prepara la muerte. Bien diría San Juan de la Cruz, “Toque delicado//Que a vida eterna sabe
y toda deuda paga//Matando. Muerte en vida la has trocado.” Solo la espada, trasera y tendida, en la suerte natural, pone la duda que el toro se eche. Ni medio minuto pasa cuando yace el astado en la arena aleteando pañuelos en la grada.

Vergüenza de Jorge Ramos al premiar la falta de casta y bravura que de haber sido así…

Esa es la autoridad en La México, la peor de su historia.

Morante pasea en la vuelta un ramo de claveles, otro de rosas, como el famoso pasodoble.

Y mirando esos candores, entre reflejos del sol y la sombra, pasando el inmaculado tallo del clavel e incluso las espinas de la rosa, llega esta gran faena, flor y espejo del arte del toreo, calvario y rosario de nuestra afición taurina.

La que aquieta el viento, la que enciende fuego eterno con el más torero de los aromas, el de la gloria.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2015-2016. Domingo, Enero 17 de 2016. Décima Cuarta de Derecho de Apartado. Más de Un Tercio de Plaza en tarde fría con fuerte ráfagas de viento que no afectan a la lidia. Piso mojado. Mal la Autoridad al ordenar el Arrastre Lento al manso cuarto.

6 Toros, 6 de Teófilo Gómez (Divisa Azul Cielo, Plomo y Blanco) Desiguales de presentación. Justo, cariavacado y sospechoso de pitones el tercero, protestado desde salida. Muy serio el primero aunque sin fondo en la muleta, descastado. Bien construidos el resto aunque débiles y sin raza en general. Precioso aunque chico el cuarto, número 147, “Debutante” nombrado, cárdeno obscuro, vuelto y astiblanco, degollado y lomitendido, pese a su mansedumbre hace los viajes largos y toma la muleta sincero aunque termina rajado y muy a menos.

Inexplicablemente la Autoridad de Plaza homenajea al mencionado cuarto con el Arrastre Lento, a todas luces, inmerecido. 

Morante de la Puebla (Nazareno y Oro) Saludos y Dos Orejas. Octavio García “El Payo” (Azul Rey y Oro) Ovación y Palmas. Fermín Espinosa “Armillita IV” (Obispo y Oro) Pitos y Pitos.

El primer espada salió a hombros.

Destacó con el cuarto a la brega y en banderillas de la cuadrilla del primer espada en especial a la brega del cuarto, el banderillero José Antonio Carretero así como Gustavo Campos en la brega del primero, este último saluda tras banderillear al cuarto. 

La Autoridad guarda el minuto de silencio inexplicablemente omitido la semana anterior dado el muy sensible fallecimiento de Don Alejandro Arena Torreslanda, ganadero de Villa Carmela acaecido la semana pasada.

Derechazo de Morante a Debutante
Roto, completamente fundido el derechazo de Morante de la Puebla a “Debutante” de Teófilo Gómez. FOTO: Miriam Cardona.

RECAPITULANDO: A Golpe de Temple – Hipnosis de Juan Pablo en nuevo petardo Moralista.

Derechazo Juan Pablo Campo Real
La profundidad y la rotundidad de Juan Pablo ante el cárdeno de Campo Real. FOTO: Miriam Cardona.

Incluso el intento (malo) de Juez que tenemos, a dos tercios, un callejón, tres pasillos, veintitrés filas y un Palco de distancia, queda hipnotizado por el despliegue de temple, perfecta colocación y toque sutilísimo que Juan Pablo Sánchez brinda ante el tercero. Tan hipnotizada queda la endeble “Autoridad” que ve suficientes pañuelos para regalar la segunda oreja en el sexto, seguramente ha sido por la petición que mal ha valorado pues, si a tal distancia Jesús Morales ha premiado la estocada con claridad, seguramente puede ya también ver el futuro. Esperamos que ese futuro incluya una Fiesta que no lo incluya a él. Falla la casta de Campo Real en tarde espantosa para Macías y de castigo para Talavante gracias a su incapaz y vacilante espada.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México. Fotos: Miriam Cardona.

Surge del puño, como una paloma digna del truco de un magazo, el pañuelo del mal.

El de Jesús Morales.

Quien con  gracia particular guarda la tela alba en un puño y, justo cuando saluda y ya no puede aguantar sus ganas, según él, de valorar lo difícil que es ser torero, suelta su gracia con la oreja a Juan Pablo Sánchez ante el tiro de arrastre que pasea los restos del tercero, bien nombrado Don Beto, 550 su número, cárdeno oscuro, estrecho y veleto, de gruesas cepas y caribello testuz.

Este es el único de la corrida que funciona en la muleta.

Si el encierro es pitado ha de ser por su falta de casta, su desesperante debilidad y extrema mansedumbre. Y esto es correcto. Pero si este encierro es protestado por una supuesta falta de edad o trapío, es porque algo muy raro ocurre en La México, no digamos en las redes. La corrida falla en sustancia y esencia pero cumple, tampoco exageramos, con la apariencia.

Y para muestra el primero.

Astifino, completamente asaltillado e irrenunciablemente cárdeno… y manso.

Como también es débil tiene la mala suerte de estrellarse con Arturo Macías, tan repetitivo como su terno, tan pendiente de lo funcional que olvida lo orgánico y tan débil como su oponente. Un torero que a diez años de su primer gran triunfo en México, no evoluciona. Para el, lastimosamente, el toreo es ebullición, hervidero y vapor. Y La México la ha de ver como ollas de presión.

Solo así entendemos las largas cambiadas en los medios al primero, débil y rajado.

Ni un lance le pega.

O las manoletinas de rodillas al final de la faena.

Inicia bien pero le desarman, obliga en tablas y hace pasar pero remata muy mal. Fatal. Se le debió ir vivo el primero pero ya sabemos que Usía hace magia… Doble aviso que replica en el cuarto, otro astifino pero lastimado astado de la pata izquierda y al que la lidia de Macías se carga por completo. Diez años, varios apoderados que no le aportan nada, y de aquel torero ilusionante incluso apasionante, el recuerdo queda.

Entonces se desata la rebatinga en el tendido.

Cómo no han estado quienes protestan al cariavacado, degollado, astiagudo, vareado y flojo cárdeno claro que hace las veces de segundo, hace ocho días cuando el mínimo histórico de trapío apareció bien hubieran caído estas protestas.

Pero no, hoy la protesta es protagónica primero.

Al cárdeno le rescata lo fino de sus cabos, lo agudo de sus astas, lo vuelto de los pitones, las arrugas de la cara y lo colgado de los cojones, para acabar pronto. Y claro, la magia esta sí auténtica de Alejandro Talavante. Que no cae en la trampa y lance, aunque algo apurado, con efectividad, tanto en el recibo con el quinte, donde cierra con tijerilla.

Trujillo, ante un toro que cabecea, pasa algo suelto sin meter la cara, que rebrinca, brinda una lección de calma, de mar sincero, al desplegar la playa de su capote, habrán sido tres lances que cambian todo el destino del astado, uno sobre pitón derecho que bien pudo ser una verónica. Juan José deja en troquel el molde sobre el que vacía Talavante la faena.

La pregunta entonces es, cómo someter sin lastimar.

Cómo mandar sin derrumbar.

La respuesta es abandonarse desde el primer doblón, desde el primer cambio de mano arrodillado –que no de rodillas- donde el toro se va largo, donde el olvida su suelta condición y donde responde al toque firme pero sutil, al mando sedoso pero a la vez de hierro del extremeño que firma el de pecho y echa la muleta a la izquierda.

Rebrincado, con la cabeza al garete, los naturales suceden rompiendo su cintura y todas sus articulaciones, lo mismo que todos los ángulos de la muleta, todos quedan al servicio de la muñeca y, claro, embarca tanto, templa infinitamente que los pases se hilan y se bordan trenzando la cabeza del toro que dobla contrario. Solo le interrumpe el viento.

Malcriado e indeseable.

He aquí cuando Talavante se otorga la licencia de ir a las tablas y donde su insistencia a enroscarse y traer la embestida toreada a la cadera se cargan al de Campo Real por completo, solo quedan, como si fueran poco, tras los derechazos donde su toque y aguante le hacen consumar cada suerte, las locuras de la arrucina prácticamente invertida, el desdén, la flor del invertido y el de pecho. Luego su arrebatada composición sin espada cambiándose de mano, al paso y por detrás hacia los adentros.

De cartel.

Luego hacia las afueras, al extremo de volver del mismo modo hacia dentro y desplantarse innecesariamente y pinchar.

Para variar. Y para su mala suerte.

El peor del encierro, el más cornalón pero el más insulso se lo lleva para quinto lugar. Manos atadas las de Alejandro. Que será hasta el otro año cuando esperemos, aun a pesar de su espada, no se le relegue.

Y si temple es la gran llave del toreo, la que es capaz de brindar las fuerzas al toro débil, de hacer bravo al manso y noble al que bravo, hay veces que este tiempo de la suerte adquiere grados superlativos, Juan Pablo Sánchez nació tocado con esta cualidad y en tal grado.

Una hipnosis total hacia el toro.

La ineludible red que, con solo el toro asomar a la misma, cae hipnotizado.

Por eso el tercero, recogido y asaltillado, dubitativo de inicio, tardo en algún momento, incluso como el resto de la corrida, sin emplearse en el capote o en el caballo, comienza a agarrar aire en banderillas y lo que inicialmente eran dudas acaban en certezas luego de los primeros muletazos alternados, genuflexos y hacia arriba, es convencimiento, quietud y lo que sostiene el edificio del toreo del hidrocálido, su perfecta colocación.

Los derechazos, ya por fuera del tercio, breves en la primera tanda, alivian y hacen al cárdeno convencerse, tomar el engaño aun y pese a su tendencia a quedarse abajo al final. Entonces Juan Pablo, en la siguiente, es capaz de ligar en un palmo, llevar largo y obligar con toda la sutileza de su temple, con todo lo amplio de su muleta, toda la armonía de su toreo al unísono del grito del tendido, se cae el toro al final de la nueva tanda.

Entonces, el natural alumbramiento, sobreviene.

El toreo con la izquierda se eleva.

Y más cerrado a las rayas Sánchez se rompe al natural, primero hacia arriba y luego con el doble toque sobre la marcha del muletazo y la verticalidad asomando toca en tres naturales la vena aorta de la Plaza México, una pulsación corazón a corazón en pleno pericardio de la Monumental que con el temple se alborota y goza el remate deletreado ante la nobleza del toro que saca, pese a la vuelta contraria, su fondo de casta.

Breve al fin.

Pero que alcanza a la nueva tanda que solo se afea por un giro martinista previo al de pecho que no le va a un toreo del imperio de Juan Pablo. Como tampoco descalzarse cada que torea, que si una mujer no aguantara los tacones. Así de grave, se toman la foto de tacones y a las primeras de cambio salen con pantuflas. Pero, forma de menos, malamente, el fondo del torero vuelve a aflorar en la tanda derechista en la que el toro cede y se rinde.

Aun quedan nuevos naturales de perfecto cite y aguante con el toro que ya clama la estocada, Juan Pablo liga ayudado y desdeñoso remate, previo a la dosantina a otros derechazos y a una estocada tendida y caída.

Aun así llega la oreja, no menos merecida, quizá excesiva, por no estar al mismo nivel de su toreo de muleta pero ya sabemos que el infame Jesús Morales liga orejas tarde con tarde, ahora con su truquito de mago de hacer aparecer el pañuelo. Luego en el sexto un astado con sospecha de estar lastimado y con el que Juan Pablo hace nuevo esfuerzo, le mata entero y por arriba en la suerte contraria y al volapié, muy efectivo.

Morales, lo piensa, sabe que hay que darla.

Pero afloja. Su especialidad.

Juan Pablo Sánchez sale a hombros, necesario es. Pero conste aquí que en otros tiempos, menos orejeriles y simplemente de mayor majestad, Juan Pablo no habría necesitado de las gracias de la supuesta “autoridad” para, aun sin salir en hombros, volver a torear, por ejemplo, el Aniversario.

Porque su hipnosis ante el toro de estas tierras es capaz incluso de adormecer a la aletargada Autoridad. Ojalá y que este templado procedimiento alcanzara para remover a Jesús Morales, el juez de la infamia.

Entre tanto, que Juan Pablo y su temple y su hipnosis perduren por muchos, muchísimos, años más.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2015-2016. Domingo, Enero 10 de 2016. Décima Tercera de Derecho de Apartado. Más de Un Tercio de Plaza en tarde fresca con mucho viento en varios pasajes de la lidia, principalmente durante los dos primeros turnos. Mal la Autoridad al otorgar la oreja durante el sexto turno.

6 Toros, 6 de Campo Real (Divisa Azul Rey, Blanco y Naranja) Desiguales, primero, quinto y sexto bien presentados y con pitones, cariavacado pero injustamente protestado el segundo, con pitones, aunque estrecho y corto, el tercero, a la postre el mejor en la muleta gracias a la lida otorgada. Mansos en general, salvo el mencionado tercero que reacciona favorablemente en la muleta. El resto sin casta, con mucha flojedad pese a su calidad el segundo.

Arturo Macías (Azul Rey y Oro) Pitos tras Dos Avisos en ambos. Alejandro Talavante (Plomo y Plata) Palmas y Silencio. Juan Pablo Sánchez (Nazareno y Oro) Oreja y Oreja Protestada.

El tercer espada salió a hombros.

Destacó a la brega y en banderillas de la cuadrilla del tercer espada, Alejandro Prado, así como el banderillero Juan José Trujillo de la cuadrilla del segundo espada.

Fatal la supuesta Autoridad de Plaza que omite guardar el minuto de silencio homenaje en recuerdo del fallecimiento de Don Alejandro Arena Torreslanda, ganadero de Villa Carmela ocurrido esta misma mañana a consecuencia de una cornada en su Ganadería.

Cambio de Mano de Talavante
La profundidad y la rotundidad de Juan Pablo ante el cárdeno de Campo Real. FOTO: Miriam Cardona.

RECAPITULANDO: El Apagón Bravológico – Negro Borrón para De Haro.

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Banderillas negras por tercera vez en la historia de la Plaza México y por segunda en la década. La injusta y precipitada decisión de la “autoridad” no refleja lo realmente acontecido en ese lastimosamente célebre sexto toro, sino tal vez lo ocurrido durante cinco turnos a la ganadería de De Haro: poca presencia y lastimoso, por manso, juego. Reaparecen las rebajas marca Jesús Morales, el peor Juez de Plaza que ha pasado en lo que va del siglo en la Monumental, regala la salida a hombros a José Luis Angelino y pone en entredicho no solo su capacidad taurina sino la que en lo taurino ejerce el Gobierno en esta Ciudad.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México.

Se juntan la mansedumbre con las ganas de salir huyendo.

Aparece la cara alta, la tardanza en el cite, la falta de raza y la aburrición general. A esto sumemos que la Afición tiene la mala suerte de que el encierro de De Haro, que no corre completo, es lidiado por tres diestros con diversas y variadas limitaciones, así como el colmo de caer en las garras –manos es poco- de una autoridad encabezada por Jesús Morales y secundada por Juan Vázquez cuya incapacidad, ausencia de personalidad y minúsculo criterio tienen secuestrado todo intento de restauración taurina.

Así las cosas De Haro se derrumba superlativamente.

Falla en lo que nunca fallaba: la presencia.

Falla en lo que sospechamos en el pasado: la bravura.

Y nos pesa mucho decirlo, porque aun tenemos en los ojos y en el sentimiento la bravura inacabable de “Referente” la Temporada Chica antepasada, la emoción de “Gonzalero” hace dos Temporadas Grandes y, sobretodo, la palpable esperanza de la Afición. Todo se va por la borda empezando por lo desigual y corta de la corrida, tanto en las cabezas de los toros como el propio remate de sus carnes.

En fin, justificaciones habrá, lo cierto es que la cosa no ha comenzado del todo mal. Principalmente cuando el que abre festejo regala embestidas por bajo de salida incluso el inexplicablemente acartelado Víctor Puerto logra bajar los brazos pero al dejarse enganchar comienza a echar a perder todo. Se anima por lances al paso pero, en vez de cuidar la lidia en el segundo tercio, se preocupa menos y para cuando se anima al inicio del último tercio, el toro le aprieta y le pone en predicamento.

Aun consigue sacarlo de tablas otorgando los adentros, luce y remata con molinete pero es todo. No cabe duda que a alguien muy importante habrá metido al engaño el manchego, astuto tanto en los despachos como en el ruedo, donde hábilmente no para los pies, no le puede al cárdeno y la cosa que va para bronca acaba en solo rechifla, parece que a la Afición también le han quitado la casta.

Esto se replica en el cuarto donde sin decoro alguno Puerto es incapaz de lidiar con la mansedumbre y la falta de celo por el engaño en otro mitin que nos demuestra que un torero así claramente no está por el mérito sino por la recomendación.

La viva antítesis del mérito.

Pero así está el toreo, solo en un ambiente tan enrarecido como en el que se encuentra la Fiesta entendemos la salida a hombros de José Luis Angelino. Siempre dispuesto, cierto, aunque poco resuelto. Enfrenta a un astado sanmarqueño, hierro jalisciense que por segundo domingo seguido enmienda la corrida y que trae lo único destacable.

Pero Angelino no se entiende desde la larga cambiada de inicio.

Cita “por aquí” y el toro sale “por allá”.

Entonces todo es querer, en banderillas por ejemplo, con la cabeza arriba, consigue un buen segundo par y otro arriesgando por dentro. Pero en la muleta, pese a su trazo con temple ocasional, le engancha un toro que sale con la cara arriba pero que crea la interrogante de saber qué habría sido si el tlaxcalteca tira menos hacia fuera y lleva más en la línea en el cite, menos pendiente de salirse y mucho más comprometido de que el toro no se vaya, pena porque el de San Marcos podría haber sido mejorado por el torero.

Por eso Angelino termina increíblemente desarmado, por un toro ante el que debió estar siempre por encima pese a que parece haber estado lastimado de la pata izquierda. Afortunadamente, el monedero electrónico de Jesús Morales lo salva sin importar el espadazo tendido y trasero: viene la primera oreja.

Protestada, como iba a tener que ser.

Angelino se encuentra con el único de De Haro que sigue el engaño pero que no nos engaña. El anovillado quinto va por el trapo pero siempre con la cara arriba, doblando contrario varias veces y sin el mínimo interés de tomar la muleta repetidamente con raza, con los rasgos que hacen del toro de lidia diferenciarse del que no lo es.

José Luis Angelino lo intenta con el capote, con banderillas pese a demorar horas, cierra con un gran par al violín pero, a fin de complacer a la complaciente asistencia, se va a los medios al chocante pase cambiado que resulta movido.

Ahí entonces, en una faena con muchos muletazos, algunos moviéndose otros deslucidos por el extraño modo del toro Angelino no es capaz de tapar el ojo contrario sin que le enganchen, se queda en el intento, opta por manoletinas y pese al pinchazo viene la segunda oreja que ya no iba a dar el Juez Morales pero sabrá Dios por qué razón afloja.

En el último momento.

Jesús Morales y su incapacidad se anotan otro triunfo.

Porque lo de las banderillas negras ha sido más que un cuento.

Sobre todo teniendo en cuenta que el sainete del segundo tercio en el sexto ha tenido como resultado que el toro, gracias a los oficios y mañas de Don Carlos Domínguez Márquez casi en la Puerta de Toriles, pudiera sangrar. Claro que el astado se repucha dos veces de cada caballo pero no menos cierto es que también sangra y alcanza a ser picado en la querencia. De lo contrario las banderillas negras eran perfectamente adecuadas.

La pésima valoración del Juez pone en entredicho su criterio taurino.

Al parecer, paupérrimo.

El sexto, encuentra a las temibles cuadrillas con las viudas entre manos.

El petardo sobreviene cuando Diego Martínez, para variar, no calcula la extensión de los palitroques y se ve sorprendido por el astado que le pega tremenda voltereta y lo deja fuera de combate. Completado el tercio el condenado a dos pares de negras es tan pastueño como sus hermanos y a lo mejor hubiese podido embestir de un modo distinto de no encontrarse con Pepe López, cuya actuación ante el cuarto deja igualmente dudas.

Su trazo siempre frágil, su quietud de cristal y su aparente displicencia poco abonan para la historia del festejo. La suerte de este año taurino en La México parece cambiar realmente justo cuando se acaba.

Esa es la mejor noticia, el 2015 para la Plaza México ya acaba.

Esperemos que el año nuevo nos traiga el apagón pero de la mansedumbre, muy activa en este 2015 que no olvidaremos, que no será fácil dejar atrás y que, como casi siempre pretende la mansedumbre, trata de llegar para quedarse.

Solo una cosa la puede alejar de nuestro destino, el rigor, dentro y fuera del ruedo.

Aquello que indubitablemente encuentra su complemento en la verdad.

Que esperemos tampoco se encuentre, analógica o digitalmente, apagada.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2015-2016. Domingo, Diciembre 27 de 2015. Décima Primera de Derecho de Apartado. Menos de Un Tercio de Plaza en tarde fresca de cielo despejado pero con viento molesto en diversos pasajes de la lidia. Fatal la Autoridad al regalar los trofeos malbaratando la categoría de la Plaza.

6 Toros, 5 de De Haro (Divisa Tabaco y Oro) Sospechosos de cornamenta. Desiguales en presencia, variopintos mansos en general y descastados, siempre con la cabeza arriba y frenando la embestida, peligroso el primero, el sexto es indebidamente condenado a banderillas negras; y 1 de San Marcos (Divisa Azul Rey, Blanco y Amarillo) lidiado en segundo lugar y aparentemente lastimado de la pata izquierda. Estrecho, destragado con recorrido por el pitón derecho, no obstante su cara arriba.

Víctor Puerto (Palo de Rosa y Oro) Pitos tras Aviso en Ambos.

José Luis Angelino (Malva y Oro) Oreja con protestas en ambos.

Pepe López (Turquesa y Oro) Silencio y Silencio tras aviso.

Fatal las cuadrillas toda la tarde. Banderilleando a la media vuelta y con ventajas, varios banderilleros caminando por dentro del callejón sin agacharse afectando la lidia. Diego Martínez, de la cuadrilla del tercer espada, resulta empitonado y con un puntazo en el tobillo y  un golpe en la rodilla al no poder banderillear con palitroques negros al sexto.