Archivo de la categoría: SAN FERMIN 2017

Tendido 7: Un canto que se ha apagado

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Por Xavier Toscano G. de Quevedo.

¿Qué día es hoy? Si nos respondemos con nostalgia, afirmaremos que es el quinto día después de que se han callado los cantos de los corredores a su Santo Patrono “para que los cuide en el encierro, dándoles su bendición”, en la ciudad de Pamplona.

Y es que apenas dos semanas atrás, los pamploneses preparaban su ciudad para recibir no a miles, ya que sería más exacto afirmar que fueron varios cientos de miles, —obvio que unos estuvieron primero y otros después— de visitantes durante los 10 días que duraron sus festejos.

Seguramente y es el motivo principal, que durante este lapso de tiempo la afluencia numerosísima de paseantes que tenían literalmente abarrotadas, o será mejor utilizar la palabra “congestionadas”, las calles de la ciudad navarra, es indudable que representó para las arcas públicas y los comerciantes una muy importante derrama económica —motivo central, fundamento y fin de cualquier feria, ya sea en la más emblemática de las ciudades, o en la más austera localidad— como sucede cada año.

Pero si nos cuestionamos: ¿y en lo estrictamente taurino? Aquí sí que se titubea, seguramente que para algunos “aficionados de Pamplona” y de otras latitudes del universo taurino, les faltarán palabras, y su voz se escucha vacilante, al NO poder afirmar tajantemente y con plena seguridad, que “Los Sanfermines” de este año —y tristemente de la últimas décadas— han sido de un importante logro en materia taurina.

¡Es que el mundo ha ido cambiando! Podrán opinar algunos, y ya me imagino lo que dirán todas aquellas personas que no pueden, no saben respetar, y nunca han entendido lo que es nuestro mágico Espectáculo Taurino, pero que asisten a la Feria de San Fermín. Y aunque pareciera reiterativo, es necesario remarcar una y mil veces, que las Festividades de la ciudad navarra, son de una tradición y origen medieval —no es un producto nuevo, ni improvisado y mucho menos carnavalesco para un turismo prosaico— de cuando los pastores y mayorales hacían sus entradas a la ciudad “arriando los toros bravos” que habrían de lidiarse en la plaza mayor, que era el lugar en el cual se realizaban los festejos taurinos. Con el paso de los años el trabajo de los pastores y mayorales se convertiría en los hoy afamados universalmente “encierros”.

Sí, se dieron algunas tardes agradables, pero ninguna que llegará finalmente a ser histórica por lo realizado en el ruedo.

Sí, reses de impecable presencia, y este es un logro más de la Casa de La Misericordia, que cada año vigila la materia prima de esta fiesta; EL Toro Bravo.

¿Qué fallaron la mayoría de los ganaderos? ¡Claro, por supuesto, era obvio! ¿Quién esperaba algo diferente con el común denominador de su encaste?

Otras, ya lo comentamos, de no gratos recuerdos por los percances que se multiplicaron en éste año.

Y para estar acorde con los “fiesteros” —¡faltaba más!— que pésima, deplorable, negligente y lánguida actitud de quienes presidieron los festejos.

Sin embargo, sí continúan las actitudes positivas, y todavía vemos un importante número de aficionados, público y “auténticos corredores” que entonarán con pasión sus cánticos y plegarias el próximo año, ya que NUNCA han olvidado y siempre estará en su corazón, que la celebración de sus fiestas es una explosión de alegría, en donde el Eje Central y Único de sus “Sanfermines”, es y siempre será, su Majestad El Toro Bravo.

Informador: El Informador

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Bregando: La autenticidad de Rafaelillo

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Por Jaime OAXACA. 

Uno de los héroes de la pasada feria de San Fermín en Pamplona fue Rafaelillo, un torero que se jugó la vida auténticamente, sin trampas, sin cuentos.

En una tierra donde pululan los valientes, porque todos los que corren los encierros lo son, destacan los toreros; esos hombres que se visten con ropa elegantemente bordada para lidiar toros en un ruedo, esos ser humanos diferentes al resto de los mortales porque han hecho de jugarse la vida algo cotidiano.

La Feria del Toro le llaman al serial taurino de aquella región navarra y si en las plazasespañolas de primera categoría echan el toro, en Pamplona con mayor razón. Los llevan corpulentos con cornamentas como de sombrero de charro, con un trapío que no deja lugar a dudas.

Eso de que el trapío es subjetivo es puro cuento. En Pamplona nadie, absolutamente nadie, ve a los toros chicos, sin trapío, nadie osa decir que los toros son “zapatitos” porque están chiquitos y bonitos. La autenticidad no se adjetiva ridículamente.

Esa autenticidad es lo que predomina en el asunto taurino de Pamplona, los heridos en los encierros y en las corridas lo testifican.

Claro que hay de toreros a toreros.

Dentro de esa abundancia de autenticidad destacó la de Rafaelillo, un diestro nacido en Murcia, que cumplió 38 años el pasado día de la Virgen del Carmen, con casi 21 años de alternativa. Por supuesto que no fue el único.

Todos los diestros se la juegan en cualquier plaza. Por la presencia del toro, en Pamplona se la juegan más y aún más los que torean de la ganadería de Miura.

En el cerrojazo de feria Rafaelillo fue capaz de emocionar, inclusive viéndolo en televisión, fueron 15 minutos angustiosos.

Algunas veces, para disimular lo pequeño del toro, los diestros hincan las rodillas en la arena al iniciar con el capote. Rafaelillo así lo hizo, no para disimular, un toro de 660 kilos no le necesita, el torero emocionó con esos lances. Durante la lidia el chaleco fue roto por un pitón, faltó muy poco para que el cuerno rompiera la piel, después un arropón más, milagrosamente el diestro no fue corneado.

Toda la faena estuvo saturada de peligro, fue brutal, emocionante. La lidia sin trampas es brutalmente auténtica… peligrosa. Rafaelillo se comportó como un torero auténtico, como un héroe, con cada muletazo devolvía credibilidad a la fiesta.

Una oreja de cada toro fue el premio tangible a la heroicidad del diestro murciano, la llave para abrir la puerta grande y salir a hombros.

Antes que el alguacil entregara la segunda oreja, Rafaelillo, sin chaquetilla, sin chaleco, con los tirantes de la casaquilla rotos, se sentó en el estribo, su emoción se tradujo en lágrimas. Tan emocionante fue verlo jugarse la vida como llorar de satisfacción.

Algunos párrafos de una crónica escrita por Carlos Septién García en 1945, le viene al pelo al oriundo de Murcia:

“Echaste tu vida a un albur de triunfar y créeme que hubo momento en que tuve la duda si eras un ranchero con la frazada en la izquierda y el machete en la diestra, peleando tu vida y tu honra”. “Yo creí oír una ronca voz que cantaba el viejo canto viril: si me han de matar mañana, que me maten de una vez”. “No evoco otras lágrimas de torero tan sinceras, tan justas, tan emocionadas como las tuyas en esos minutos de ayer… ¡Qué hombre, qué torero!”.

Acostumbrado a los Adolfos, los Baltazaresiván, Los Cuadri, los Miura y esas corridas duras, a pesar de jugársela sin cuentos, Rafaelillo casi no ocupa las cabezas en los informativos que queman incienso a las figuras, quizá porque no pertenece al grupo de exquisitos, de esa tauromafia controladora de la fiesta existente en todos los lugares donde se practica la tauromaquia.

Algunas de las figuras no querrán estar junto a Rafael Rubio Luján, seguramente lo admiran en silencio, le deben tener envidia, muy pocos son capaces de presumir la autenticidad de Rafaelillo.

OPINIÓN: La Feria del Toro de Pamplona es un desprestigio para la tauromaquia

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El problema es la autoridad, que se toma a chanza las corridas con decisiones arbitrarias.

Por Antonio Lorca.

Llama poderosamente la atención que algunas voces autorizadas hayan denunciado el intento del gobierno navarro de modificar negativamente el reglamento taurino de esa comunidad y nadie se haya sentido ofendido ante el denigrante espectáculo taurino que ha sido la llamada Feria del Toro.

No hay nada que cambiar en el reglamento porque el ejecutivo autonómico y el ayuntamiento de Pamplona ya han decidido mofarse de la fiesta de los toros, humillarla y desprestigiarla a la vista de todos ante el silencio más absoluto de taurinos y aficionados.

Porque eso es lo que tiene la televisión, que divulga los valores de un acontecimiento, pero también sus miserias. Y la tele ha corroborado este año que la muy prestigiosa Feria del Toro es una verbena de pueblo en la que un concejal enfundado en un carnavalesco frac y un tímido y peripuesto asesor destrozan y echan por tierra el bien ganado prestigio de una plaza de primerísima categoría que ya no puede caer más bajo.

No es el toro el problema, el de más presencia, descarado de pitones y astifino del campo bravo; no es el público, -al sol solo le importan el jolgorio, la comida y la bebida, y la silenciosa sombra ni está ni se le espera-; ni los toreros, que hacen de tripas corazón para sortear las tarascadas de animales imponentes, muchos de ellos con aviesas intenciones.

Se concedieron 26 orejas, la mayoría inmerecidas, y la mejor faena se quedó sin premio. El problema es la autoridad, que se toma a chanza las corridas, y desprestigia la tauromaquia con decisiones arbitrarias que funden los plomos del aficionado más templado y generoso.

 

Y grave es que ello suceda entre la pasividad de los distintos sectores taurinos. Todos los que se rasgan las vestiduras, con razón, ante los ataques de los antitaurinos permanecen en silencio ante las barrabasadas protagonizadas por el presidente y el asesor del palco de Pamplona con el peregrino argumento de que su presencia, y, lo que es peor, sus cómicas decisiones forman parte de la tradición y, en este caso, además, con el beneplácito de un reglamento autonómico que permite arbitrariedades como las que se han visto en los pasados Sanfermines.

Se han celebrado ocho corridas, una novillada y un festejo de rejoneo, y se han paseado 26 orejas (18, los toreros de a pie; 6, los rejoneadores y 2 los novilleros). Un éxito sin precedentes si muchos trofeos no hubieran sido muy inmerecidos e incomprensibles regalos de la presidencia. Sin ánimo de molestar, más de veinte orejas nunca debieron refrendar las actuaciones bullangueras de toreros poco afortunados con los engaños, pero conscientes de que existen varias condiciones fundamentales para triunfar en esta plaza: brindar a la solanera, aguantar dos o tres tornillazos de rodillas, dar muchos pases (no es necesario torear), sufrir una voltereta y matar con rapidez, aunque sea de un infamante bajonazo. En tales casos, el señor del frac se siente enternecido y no duda en mostrar su pañuelo una o dos veces -no siempre lo tiene claro-, haya o no petición mayoritaria en los tendidos.

Así, el balance de orejas no refleja en modo alguno lo sucedido en el ruedo. No hubo salida a hombros -nada menos que cinco entre los toreros- que superara el aprobado; varios toros no recibieron la faena que su casta merecía, y muchos toreros pasearon orejas a sabiendas que no habían hecho méritos para ello.

Como suele ocurrir en tiempos de desatino, la mejor faena de la feria quedó sin premio, y esa fue la de Antonio Ferrera a un toro de Núñez del Cuvillo; torerísimo, inspirado, innovador, diferente… El torero más interesante, sin duda, del escalafón actual.

Perera toreó muy bien a un buen toro de Jandilla, pero era la hora de la merienda y no le hicieron ni caso (pero ni en el bullicioso y hambriento sol, ni en la silenciosa, y también comilona, sombra); una justa oreja paseó Pepe Moral después de dibujar los mejores naturales de la feria a un toro de Escolar; detalles toreros, también, de Talavante y Ginés Marín; entrega y valor de Roca Rey, Román, Caballero y Javier Jiménez, y heroico y dolorido Rafaelillo.

Buenas corridas, en líneas muy generales, de Jandilla, Victoriano del Río y Núñez del Cuvillo, algún toro aceptable de José Escolar y Fuente Ymbro, y párese de contar.

Y no hay que olvidar la dramática y conmovedora cogida que sufrió Pablo Saugar Pirri la tarde de los deslucidos toros de Puerto de San Lorenzo, de la que tardará tiempo en curar.

Ya lo dijo el genio alemán Leibnitz: “Sobre las cosas que no se conocen siempre se tiene mejor opinión”.

Pamplona era la muy prestigiosa Feria del Toro cuando solo la conocían los navarros y los afortunados foráneos que podían permitirse lo que era todo un lujo.

Si no hubiera televisión, Pamplona seguiría gozando del respeto y la fama que siempre tuvo en los años del blanco y negro. Pero llegó el color, -la tele de pago-, y todo se fastidió. ¿Y esta es la famosa Feria del Toro? Una milonga, una afrenta, un desprestigio y una deshonra para la tauromaquia.

Y los taurinos, callados…

Publicado en El Pais

La andanada: El toro frente a los falsos tópicos, otra vez

Por Jorge Villar.

Ya ha sonado y resonado el «Pobre de mí» en las calles de Pamplona. El toro y la fiesta dejan paso a que el personal de limpieza trate de retornar a su estado de ciudad habitable para los convecinos a esa bella Pamplona de origen etimológico tan incierto como bello. Ya fuera por la influencia de Pompeyo, ya por ser un conocido despeñadero, la euskalduna Iruña pasa por ser emblema de la tauromaquia allende nuestras fronteras.

La Feria del Toro, por obra y gracia de Hemingway y de una idiosincrasia tan imitada como genuina en sus encierros matutinos, es considerada por los extranjeros como el «no va más» de la fiesta.

Sin embargo, cuando nos adentramos en lo estrictamente taurino, el coso pamplonés, catalogado como de primera categoría, responde más a los parámetros de una plaza alegre, bulliciosa, de público de «solana» bullanguero y puertas grandes de orden más populista que ortodoxo. No hay mejor ejemplo que el de los sanfermines que recién han acabado. 

El faenón de Antonio Ferrera el jueves pasó casi «in albis» en ese «toro de la merienda», si no llega a sufrir una fea voltereta el diestro extremeño mientras descabellaba y que despertó a los comilones. Por contra, se han concedido auténticas orejas de tómbola para faenas vacías de rodillazo final y espadazo deficiente, aunque efectivo. Y no por ello deja Pamplona de tener su importancia en el calendario taurino. 

Si bien es cierto que ha habido toreros que a lo largo de su historia no han querido actuar puntualmente en la plaza propiedad de la Casa de Misericordia, como ocurre en la actualidad con Morante de la Puebla o Manzanares. A muchos se les hace muy duro comparecer año tras año ante una afición tan «singular» y un toro tan ofensivo. Mas como igualmente en la capital navarra se paga bien, pero que muy bien, allá que suelen anunciarse (y hacen bien) la mayoría de los primeros nombres del escalafón.

Frente a ese jolgorio navarro nos encontramos en estos mismos días con la feria de un pueblo del sur de Francia enclavado en la llamada «Cataluña norte», de nombre Ceret. El 14 de julio, fiesta nacional francesa, ondea la «senyera» y se escucha en pie «Els Segadors». Y la lidia del toro en sus tres tercios se cuida como casi en ningún otro enclave taurino. La Association des Aficionados Cérétans (ADAC) se vanagloria como organizadora de que, si hay que gastar más dinero para mejorar un cartel, se invierte en los toros, y no en los toreros. Y anuncian a los picadores, a los que pagan más por hacer las cosas bien. Esta «rara avis» del planeta taurino se da, fíjense la paradoja, en un lugar donde se sienten tan catalanes como los que niegan y prohíben la tauromaquia a este lado de los Pirineos. El contrasentido se eleva exponencialmente si nos paramos a pensar que estos dos bastiones de la tauromaquia, Iruña y Ceret, no son precisamente dos ejemplos de ese «españolismo» con que despectivamente se suele relacionar a la fiesta taurina. Y en ambos enclaves, el toro como centro de todo y con una presencia impecable. Los tópicos, una vez más, echados por tierra ante las evidencias.

La izquierda «casposa», esa que quiere los votos del animalismo de salón para quitarse de encima unos complejos que nunca fueron de su ideología, va pegando palos de ciego (cuidado, que a veces duelen) allá por donde le dejan para aparentar una progresía vacua que nada tiene que ver con su historia y con la realidad. Por eso luego surgen polémicas como la del cartel de Miguel Hernández o interpretaciones espurias del mismísimo Goya. Tienen que manipular y mentir porque les es necesario. Pero claro, también está Pamplona, y está Ceret…

Por las redes virtuales andan estos días advirtiendo de que un canal televisivo privado quiere llevar a cabo un supuesto documental sobre la tauromaquia, y para ello han tratado de captar la impresión de algunos aficionados por esos cauces internautas. Del otro lado han puesto a José Enrique Zaldívar, veterinario presidente de AVAT, pretencioso antitaurino que se alegra públicamente cuando un torero muere, como ocurrió recientemente con Iván Fandiño. Será una parodia más, claro está, en favor de esa ya no tan nueva moda del buenismo animalista que nada tiene que ver con el ecologismo. Vean, si no, los esperpentos de Marisol Moreno, concejala de sus animalitos y reconocida entusiasta del tal Zaldívar. Lo dicho: esos tópicos que la misma realidad echa por tierra. Porque esta Goya, está Pamplona, está Miguel, está Ceret, y tantos otros, y tantas otras…

Publicado en Diario Información 

ANÁLISIS DE LA FERIA DEL TORO DE PAMPLONA: Generosos trofeos y poco toreo fundamental

Foto Antonio Ferrera (Twitter)

Por Luis Nieto.

La Feria del Toro de Pamplona ha quedado marcada por el bajo nivel de los toreros en su conjunto, un buen tono ganadero, varias cornadas -la más desagradable, la del banderillero Pablo Saugar>Pirri y premios de escaso valor en labores en las que prevalecieron el toreo accesorio sobre el fundamental.

En el ciclo se cortaron hasta 27 orejas, con seis salidas a hombros, que hubieran sido siete si Roca Rey no hubiera caído herido. Si separamos la paja del grano, nos encontramos que quien redondeó la actuación más importante fue Antonio Ferrera y que Pepe Moral, Talavante y Ginés Marín también dejaron huella.Así, lo más sólido fue la faena de Ferrera el día 13 a su segundo toro, sin trofeos en un ciclo de premios de escaso valor. El pacense, en estado de gracia, volvió a deleitar a los aficionados con una tauromaquia clásica y añeja. Pepe Moral, por su parte, fue el torero que con mayor solidez toreó al natural, recibiendo una oreja a ley. Talavante se distinguió por su temple y cobró otro trofeo. Y Marín, que salió a hombros en la corrida de Victoriano del Río y ganó la sustitución de Roca Rey que cayó herido y no pudo hacer doblete.

El madrileño López Simón logró una de las puertas grandes generosas del ciclo, como lo fue también la de Cayetano. También salieron a hombros Rafaelillo, el novillero Jesús Enrique Colombo y el rejoneador local Roberto Armendáriz en actuaciones con algunos trofeos concedidos con suma generosidad.

El aspecto ganadero tuvo un buen tono en su conjunto. Aunque abundaron los toros enormes, muchos de ellos fuera de tipo, embistieron un número considerable; no siempre aprovechados. La corrida más completa fue la de Jandilla y destacaron toros sueltos de José Escolar, La Ventana del Puerto, Fuente Ymbro y Victoriano del Río, éste último de nombre Forajido, premiado con el trofeo Carriquiri.

Los heridos en el ruedo, desplazados por los encierros

Dentro de una feria en la que la plaza de Pamplona ha ofrecido una cara de escasa seriedad -se han intensificado los rodillazos en detrimento del toreo ortodoxo- gravita algo tremendo y es que hubo varias cornadas a matadores de toros y a un banderillero que en los medios de comunicación generalistas no han tenido cobertura, salvo excepciones; entre tanto, los encierros han estado presentes en telediarios y portadas, aunque no haya heridos. 

A estas alturas, todos hablan del norteamericano tal o del inglés cual que fueron enganchados y sufrieron alguna lesión leve como si fueran héroes, pero muy pocos conocen que el banderillero Pablo Saugar Pirri sufrió disección de la uretra y rotura completa de la pared abdominal, y estuvo a punto de morir en el ruedo de Pamplona por una cornada terrible, por la que todavía continúa hospitalizado y sufrirá secuelas de por vida.

Publicado en El Diario de Sevilla 

@Taurinisimos 119 – Cierre Pamplona, San Fermín 2017. Entrevista @LamaDeGongora. Recuerdo Joselito Huerta.

Miuras por Telefónica. Foto El Diario de Navarra.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del viernes 14 de Julio de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina. Cerrojazo, Encierros, San Fermín, Pamplona 2017.

Cierre de Feria, análisis semanal. Faenas de Sebastián Castella, López Simón, Roca Rey, Cayetano, Ginés Marín, Antonio Ferrera, Paco Ureña, Pepe Moral, Rafaelillo, entre otros.

Encierro Puerto de San Lorenzo, toro “Huracán” corrido el 9 de Julio.

Entrevista al Matador sevillano Francisco Lama de Góngora previo a su presentación en Jesús María, Aguascalientes. Faenas del torero en 2016 en Jesús María y San Juan Solís, Hidalgo.

Recuerdo de Joselito Huerta. Faena al toro “Soldado” de Valparaiso en el Toreo de Cuatro Caminos en 1960, orejas. y rabo.

Producción Miguel Ramos – Staff RadioTV.

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 21 de Julio de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

#EsperamosSuOpinión.

Twitter: @Taurinisimos.

Mail: taurinisimos@gmail.com

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San Fermín 2017: Disminuye la afluencia de turistas en más de un 10%  

 

Los sanfermines de la psicosis:

El yihadismo, el sexismo y el antitaurinismo afectan la afluencia y la reputación de una edición de mucho sensacionalismo mediático.

Por Rubén Amón. 

Los pamploneses recelan de “la prensa de Madrid”. Observan a las televisiones y los periodistas capitalinos como depredadores de sensacionalismo, voceadores de la psicosis sanferminera en la descripción de una fiesta machista, depravada y peligrosa.

Es verdad que el balance tradicional de los heridos por asta de toro -cinco casos, al margen de los numerosísimos contusionados- ha incorporado el balance de abusos o tocamientos (11), agresiones sexuales (una) y detenidos en ese contexto (9), pero también es cierto que ha sido el propio Ayuntamiento de Pamplona -y no la prensa de Madrid- el que ha movilizado una gran campaña de concienciación contra la amenaza del sexismo: “Se acabó que no podamos sentirnos seguras ni seguros en la fiesta”.

El lema, el ultimátum, ha adquirido forma en las manos rojas gigantes que se yerguen en los puntos estratégicos de la ciudad. Un tótem urbano que se multiplica en la propia indumentaria sanferminera, que inculca la cultura del respeto y que al mismo tiempo redunda en la sugestión o en la percepción superficial de uno sanfermines inseguros.

No lo son en su rutina, en sus manifestaciones familiares ni en la proporción de delitos respecto a la afluencia de visitantes (más de un millón en una semana), pero sí en sus extremos y hasta en la percepción escénica. El hedonismo sanferminero y las aglomeraciones de occidentales desinhibidos convierten Pamplona en un modélico objetivo yihadista. Se explica así el despliegue rotundo, explícito, intimidatorio -armamento a la vista- de policías nacionales, policías forales y gendarmes franceses, como se entienden las barreras de hormigón que limitan el acceso al centro, precisamente como medida disuasoria al fenómeno contagioso del “camión terrorista”.

Se ocupa tradicionalmente de atraerlos Juanchi Patus, titular de la agencia Navarsol y presidente de la Asociación de Agencias de Viajes de Navarra (ANAVI), pero reconoce que en 2017 se ha producido un claro retroceso de afluencia de extranjeros. Recobrará Pamplona la normalidad a partir de este sábado – este viernes por la noche se entona el Pobre de mí- y podrá entonces hacerse el balance de unos sanfermines convulsos como nunca en su reputación, en sus malentendidos y en repercusión mediática, pero los primeros síntomas y datos apuntan a un franco descenso de visitantes. Ha decrecido un 5% la ocupación hotelera y se ha advertido mucho menos ajetreo en los encierros. Ha disminuido la afluencia de los turistas anglosajones.

“Las razones son tres. Una general, como el yihadismo y su efecto de psicosis en las grandes aglomeraciones. Otra es el sexismo, o la idea equivocada pero también extendida de que Pamplona es una ciudad sin ley, peligrosa para las mujeres. Y la tercera es la pujanza del antitaurinismo. Los toros ya no son un argumento de atracción para ingleses, australianos, estadounidenses o neozelandeses”.

No puede hablarse de crisis porque la plaza de toros se abarrota sistemáticamente y porque San Fermín constituye una mayúscula expresión turística, comercial -los negocios de hostelería recaudan en diez días el 50% de la caja de todo el año- festiva, universal, pero sí es víctima de un cambio de percepción y de “un grave o un gran equívoco”, como explica el escritor y periodista donostiarra Chapu Apaolaza: lleva 25 años corriendo los sanfermines y tiene recogida la experiencia en el manual para devotos y escépticos de 7 de julio (Libros del K.O.).

“La esencia de San Fermín ha sido y es la alegría compartida, la tolerancia. Su secreto es haberse convertido en un estado de ánimo. Y la fiesta consiste precisamente en saber estar al lado del otro, del prójimo. De hecho, es la propia Pamplona la que desenmascara los códigos que diferencian el compadreo del abuso o del exceso sexual. Ha sido aquí donde se han hecho las campañas de concienciación pioneras. Por eso no tiene sentido que se le cuelgue el estigma de la ciudad depravada. Hay una magnificación mediática de episodios concretos con la que pretende desprestigiarse una fiesta que esencialmente es sana, divertida y que tiene muchos registros. Desde el más familiar y contenido, hasta el más excesivo, porque San Fermín es una fiesta precisamente hiperbólica que desborda los límites de la corrección”.

El desprestigio al que alude Apaolaza preocupa a las instituciones, a los vecinos, a los comerciantes, a los hosteleros. Predomina el reproche al sensacionalismo que traslada “la prensa de Madrid”, pero también se explica el retroceso por la incidencia de los errores propios. “Si viene menos gente, ocurre porque hemos abusado de los precios demasiado elevados y porque no siempre ha sido equilibrada la relación entre calidad, servicio y tarifas.”, explica Juanchi Patus. “Tenemos delante una gran oportunidad para replantear el futuro. Puede que este año haya bajado la afluencia un 10%, calculo, pero el porvenir de San Fermín tiene que depender más de la calidad que de la cantidad. Es más, igual que Pamplona no ha superado estos días el 73% de ocupación hotelera, en agosto va a subir por encima del 90%. Pamplona ya no depende tanto de San Fermín. ni del foco universal de los encierros”, añade el presidente de ANAVI.

Están muy lejos los sanfermines de la decadencia, lejísimos, pero Chapu Apaolaza sostiene que están muy cerca de la inquisición laica. “Trata de imponérsenos a los sanfermineros un orden moral, del mismo modo que ha ido insinuándose la idea de prohibir la fiesta. Hay una cultura dominante que censura cualquier transgresión y que trata de imponer sus dogmas en una hipócrita definición de la tolerancia”.

UNA ‘MANADA’ ENTRE REJAS A ESPERA DE JUICIO

Siguen en prisión preventiva los cinco jóvenes que están acusados de haber violado a una chica en los pasados sanfermines. Se les conoce mediática y popularmente como la “manada”, en alusión al comportamiento colectivo, feroz, aunque también se han convertido en una suerte de escarmiento y de advertencia para los eventuales imitadores. En espera de juicio, la Fiscalía ha pedido 22 años de cárcel a cada uno de los cinco implicados en la presunta violación -un militar y un guardia civil, entre ellos-, concediendo todo el crédito a la versión de la víctima, al criterio de los forenses y a la reconstrucción de un episodio violento que se produjo en el portal de un inmueble céntrico de Pamplona en la madrugada del 7 de julio de 2016.

El impacto de la noticia reaparece cada vez que se producen novedades informativas y judiciales, pero también preocupa a las instituciones y comerciantes locales la relación que pueda crearse entre Pamplona, los sanfermines y la sugestión de una ciudad peligrosa para las mujeres.

Publicado en El País 

FERIA SAN FERMÍN: Puerta grande para un dolorido Rafaelillo

Rafaelillo es volteado por uno de los ‘miuras’ en Pamplona. ÁLVARO BARRIENTOS AP.

Por Antonio Lorca.

Sin chaquetilla ni chaleco, con los tirantes rotos y hecho un mar de lágrimas recogió Rafaelillo la oreja de su cuarto toro, que le abría la puerta grande. Se había jugado la vida ante un marrajo complicadísimo de Miura que le dio una espantosa voltereta cuando trataba de pasarlo con la mano derecha en el tercio de muleta. Lo empaló el toro, lo lanzó por los aires y el torero cayó violentamente de culo sobre la arena. El golpe fue de tal calibre que el semblante que se le quedó lo decía todo. Lo había atropellado una excavadora.

Había recibido Rafaelillo al cuarto con una verónica de rodillas, pero el torero se vio obligado a recuperar al instante la verticalidad porque lo que le pasó por la pechera no era un toro, sino un tren de mercancías, que así de largo era Nevadito, de 660 kilos, el de más peso de la feria. Cuando lo volvió a citar con el capote, el toro alargó el pitón derecho y trató de quitarle la cartera, de modo que le rasgó el chaleco, lo que da una idea de la intención del animal.

Más que una faena, lo que se vio fue un combate entre un señor heroico y un toro peligroso que no paró hasta que lo volteó de mala manera. No hubo, porque era imposible, lucimiento alguno, pero sí un derroche de valentía, oficio y entrega de un hombre vestido de luces. Por eso salió por la puerta grande, y no por su toreo, porque su lote no le permitió lucimiento.

La tarjeta de presentación de primer miura de la tarde fue decepcionante: manso e inválido. Acudió sin ganas cuando Rafaelillo lo saludó de entrada con una larga afarolada y otra cambiada de rodillas en el tercio; a continuación, perdió las manos por primera vez, cabeceó con muy mala gana en el caballo, y se derrumbó a todo largo en la arena después; en fin, mal comienzo.

La suerte es que tuvo delante a un torero solvente y con aprendido oficio como es Rafaelillo, que estuvo muy por encima de la oscura condición de toro. Intentó ganar el favor del público con varios molinetes de rodillas, pero su labor careció de eco a causa de la sosería y la ausencia de casta de su oponente. Le robó algunos muletazos por ambas manos en una faena más aseada que lucida. Mató bien, eso sí, y el presidente le concedió una oreja que seguro que no entendió ni el propio torero.

Volvió Castaño a una gran feria y dijo sin abrir la boca que, efectivamente, no atraviesa el mejor momento de su valiente y difícil trayectoria. Torea poco y se le notó en exceso. Su primero, muy blando de remos, también, acudió de largo en los cites y se dejó torear con cierta nobleza. Castaño dio muchos pases, pero no toreó. Lució más el toro cuando acudió desde lejos a la muleta, pero el encuentro careció de misterio; despegado siempre se mostró el torero, apurado a veces y sin salir airoso de su evidente esfuerzo. Mató de manera fulminante de una estocada baja que ejecutó con solvencia y paseó otra sorprendente e inmerecida oreja.

Pidió una silla de enea Castaño para comenzar la faena de muleta al quinto, un prenda colorao que no había presentado nobles credenciales desde el inicio. Lo pasó tres veces por alto y fue la violencia del animal la que le indicó que se dejara de florituras. No fue toro de faena moderna, y el torero se limitó a justificarse del mejor modo posible. Mató a la primera -algo novedoso en este torero- y falló con el descabello, lo que le cerró, sin duda, la puerta grande.

Preciosa estampa lució el tercero de la tarde y desde los medios miró a los toreros con altivez y en actitud de claro desafío. Pero pronto se vio que todo era pura fachada. Acudió al caballo con la cara por las nubes, le cortó el viaje a los banderilleros, y en el tercio final cantó a voces su pésima condición: experto en tornillazos, corto recorrido, brusco y áspero, no ofreció oportunidad alguna a un entregado Rubén Pinar, que se vio los pitones en la cara en un par de ocasiones y milagrosamente salió con bien de tan gran apuro. De los tres primeros, fue el miura malo de la tarde. Pinar pinchó por dos veces y se quedó sin trofeo. ¡Mecachis…!

El toro más claro de la tarde -sin olvidar que era también un complicado Miura- fue el sexto, y Pinar dio lo mejor de sí mismo entre la ruidosa algarabía de los tendidos. Fue una faena larga, irregular, con pocos momentos brillantes, de un torero responsable y valiente que lo dio todo en un mar de dificultades. La espada cayó baja, el toro murió con rapidez, y ¿qué pasó? Pues, eso, que le concedieron una oreja.

MIURA / RAFAELILLO, CASTAÑO, PINAR

Toros de Miura, bien presentados, mansos en los caballos a excepción de los corridos en segundo, cuarto y sexto lugares; muy blandos, descastados y peligrosos.

Rafaelillo: estocada (oreja);  -aviso-, pinchazo y estocada (oreja). Salió a hombros por la puerta grande.

Javier Castaño: estocada baja (oreja); estocada y seis descabellos (ovación).

Rubén Pinar: dos pinchazos y estocada (silencio); estocada baja (oreja).

Plaza de Pamplona. Octava y última corrida de feria. 14 de julio. Lleno.

Publicado en El País