Archivo de la categoría: Antonio Lorca

¿Existe alguna posibilidad, por pequeña que sea, de salvar los toros?

Innovador cartel de la Corrida de la Cultura, celebrada el pasado 17 de junio en Las Ventas. PLAZA 1.

La tauromaquia del siglo XXI está necesitada de innovación y apertura a la sociedad.

Por ANTONIO LORCA.

(En la película La flor de mi secreto, Leo Macías, el personaje protagonista interpretado por Marisa Paredes, pregunta a su marido Paco, –Imanol Arias enfundado en un uniforme militar-: “¿Existe alguna posibilidad, por pequeña de sea, de salvar lo nuestro?”).

La temporada taurina de 2017 tiene un nombre sobresaliente, Iván Fandiño, corneado mortalmente a mediados de junio en una localidad francesa. Una muerte acaecida en circunstancias no suficientemente aclaradas en la envidiada Francia, que tanto deja que desear en la atención médica de los toreros heridos.

La temporada ha dibujado, también, un rictus de desencanto en el semblante de los aficionados. Ha sido, simplemente, un año más, sin recuerdos imborrables, con muy escasas tardes de éxito, anodino, si cabe… Ha prevalecido el triunfalismo sobre la exigencia y lo festivo sobre la emoción. Además, los antitaurinos no han perdido ocasión para escalar un peldaño más contra la fiesta, mientras el mundo del toro no se ha dado por enterado.

Sevilla y Madrid, las plazas más importantes, no han sido los estandartes de una fiesta necesitada de referentes. El empresario Ramón Valencia no acaba de encontrar la llave que devuelva a la Maestranza el esplendor de antaño; y Simón Casas, en Las Ventas, no ha cubierto las expectativas anunciadas.

La afición está desencantada y desaparecida, y a las plazas acude mayoritariamente un público bullanguero, iletrado taurino, orejero y presto al indulto como moneda de cambio proporcional al precio de la entrada.

Han destacado Antonio Ferrera -el torero más interesante del año- y Paco Ureña -autor del toreo más profundo-; y un grupo formado, junto a otros, por Ginés Marín, Roca Rey, Román y Pepe Moral, entre las novedades. 

Mención aparte merecen Enique Ponce, incombustible, y Padilla, líder del escalafón con solo 56 corridas, -una de las cifras más bajas desde el año 1900-, y el grupo de las llamadas figuras consagradas, que copan la mayoría de las ferias.

Y en el terreno torista, han sobresalido los hierros de Victorino y Torrestrella, a los que hay que unir toros sueltos de las ganaderías más comerciales, exigidas por los toreros que mandan.

Conclusión: la temporada finalizada se puede analizar desde el triunfalismo habitual, grandes faenas, salidas a hombros, números de corridas, orejas…; es decir, como si no hubiera ocurrido nada, y aún permaneciera la época de las vacas gordas; o desde la serena reflexión sobre un año en el que la fiesta de los toros ha vuelto a poner de manifiesto que sufre uno de los momentos más cruciales de su historia, aunque muchos se obstinen en no reconocer la realidad.

Llega el invierno, se baja el telón, cierran las plazas, los toreros que pueden cruzan el charco, algunas peñas y círculos taurinos celebran jornadas y entregan premios para que el ánimo no decaiga… El taurinismo se retira a un sueño invernal, guarda un silencio siempre preocupante y sospechoso, y espera que llegue el nuevo año con la esperanza de que el temporal antitaurino amaine y la fiesta de los toros encuentre por sí sola el camino perdido.

Llegados a este punto, el problema de interés no es el análisis de la temporada que se fue, sino la perspectiva del horizonte que llegará en unos meses. ¿De qué sirven balances tan triunfalistas como falaces si no se establecen las bases de un cambio que se presenta imprescindible?

Existe una premisa fundamental que permanece invariable: si las cosas se siguen haciendo como siempre, el resultado será el que ya se conoce. Si los planteamientos de toreros, ganaderos y empresarios permanecen inalterables año tras año, a nadie debe extrañar que el espectáculo taurino interese cada vez menos por su escasez de contenido.

A la vista está que cuesta un mundo llenar una plaza de toros; los abonados que se pierden no se recuperan, y raro es el festejo en el que brota la emoción. Impera el triunfalismo sobre la exigencia, el toro íntegro y el aficionado sabio están en trance de desaparición, y el taurinismo andante sigue siendo un coto cerrado y secreto, rancio y obsoleto, aislado de la modernidad.

Pero no son pocos los que no quieren entender que los tiempos han cambiado una barbaridad; que esta de hoy no es la España de Joselito y Belmonte, sino la de Ronaldo y Messi, la de las mascotas, de los antitaurinos, de los aficionados acomplejados, y la España de una tauromaquia descafeinada y reconvertida en la fiesta de los toreros que han encontrado en el toro tan noble como tonto su bálsamo de Fierabrás para ser figura con una estética vana y sin contenido ético.

¿Qué se puede hacer, entonces? Cualquier cosa antes que mantener la pasividad actual?

Lo primero, y quizá lo más urgente, es atreverse a innovar y cambiar los modos de antaño a la hora de confeccionar las ferias; preguntar a los que pasan por taquilla y pensar en los clientes antes que en los intereses de los toreros; y, lo más importante, ocuparse del toro, el gran protagonista de la fiesta y el personaje más relegado del espectáculo taurino.

Segundo: la tauromaquia del siglo XXI se debe sumergir en la época en la que le ha tocado vivir, lo que significa una decidida apertura a la sociedad actual.

Así, es urgente una campaña de comunicación que muestre la vida del toro en el campo y su aportación al medio ambiente. Es apremiante que los toreros salgan de su particular gueto, se dejen ver y se comprometan con el entorno y con causas sociales, más allá de la rancia tradición del encierro en el campo y repartir autógrafos y selfies el día de la corrida con cara de circunstancias.

Tercero: hay que proporcionar al aficionado taurino un argumentario que fundamente y justifique su fe en la tauromaquia, y lo aleje de complejos, vergüenzas, miedos y pecados. La Fundación del Toro de Lidia trabaja en un documento que tarda demasiado en ver la luz.

Y cuarto: hay que expulsar a los más peligrosos enemigos de la tauromaquia, que no son otros que los muchos taurinos que trabajan cada minuto para que todo siga igual y nada se mueva, aunque su inmovilismo suponga una sentencia de muerte para la fiesta.

La impresión reinante es que la tauromaquia ha perdido el rumbo, y no lo encontrará mientras sus protagonistas no asuman la responsabilidad que la época actual demanda.

(Paco, el marido militar de La flor de mi secreto, responde: “No, ninguna”).

Pero eso solo ocurre en las películas. La fiesta de los toros tiene solución; basta con ponerse a ello…

Publicado en El País 

Anuncios

70 sustituciones en el 2017 y ninguna fue para Pepe Moral, triunfador de Sevilla

Pepe Moral, un torero disfrazado de indio por el olvido de los empresarios.
Triunfador en Sevilla y Pamplona, solo se ha vestido de luces nueve tardes en 2017.

Por ANTONIO LORCA.

El caso del torero Pepe Moral (Los Palacios, Sevilla, 1987), quizá, no sea único, pero sí es extraño, inaudito, increíble, y referente, sin duda, de la pestilente situación que se vive en las bambalinas de la fiesta de los toros.

Protagonizó una esperanzadora carrera novilleril, que culminó con una triunfal salida a hombros por la puerta grande de Las Ventas en mayo de 2007. Ya entonces se atisbaron en él actitud y condiciones para alcanzar un puesto de privilegio como artista heroico delante del toro.

Sin embargo, aquel éxito ralentizó inexplicablemente sus ilusiones, de modo que no recibió la alternativa hasta junio de 2009 en La Maestranza. Una solitaria vuelta al ruedo se erigió en un negro presentimiento que lo mantuvo en el paro absoluto durante dos años y medio. Tanto es así, que las circunstancias le obligaron a ejercer como jornalero y camarero, y a disfrazarse de indio en un espectáculo teatral para seguir viviendo.

Cuando un golpe de suerte lo colocó en el cartel del Corpus sevillano de 2014 se había vestido de luces solo en nueve ocasiones. Decidido a cambiar de profesión esa misma tarde si ‘las cosas no rodaban’, salió en sexto lugar un sobrero del Conde de la Maza, al que cortó las dos orejas tras una actuación presidida por una desbordante torería. Ese triunfo inapelable solo le sirvió para torear seis corridas más ese año.

Olvidado por las empresas en las dos temporadas siguientes, a pesar de que nunca ha pasado desapercibido por Las Ventas como torero de alternativa, su nombre apareció en el cartel de los miuras de la pasada Feria de Abril. La sorpresa surgió otra vez en el sexto de la tarde, y la crónica de este periódico contó entonces que “nadie podía imaginar que el torero, ayuno de contratos, se transfiguraría a la vista de todos para convertirse en un mago y torear como los ángeles. Pepe Moral se olvidó de su cuerpo y toreó con lo más íntimo de su ser”. El premio fue una tarde de dos orejas y el reconocimiento unánime como uno de los triunfadores del ciclo sevillano.

Pero tampoco en esta ocasión pudo recoger las mieles de su éxito. Solo la Casa de Misericordia de Pamplona lo contrató para San Fermín; ni Madrid -en San Isidro o la Feria de Otoño-, ni ninguna feria importante, y, lo que es peor, ni la propia Sevilla en el ciclo de San Miguel contaron con él. De hecho, solo se ha vestido de luces nueve tardes en 2017, y todas ellas, a excepción de Sevilla y la capital navarra, en plazas de tercera: Bélmez (Córdoba), Valverde del Camino (Huelva), Navaluenga (Ávila), Roa de Duero (Burgos), Riaza (Segovia), Illescas (Toledo) y la localidad francesa de Ceret. Otra tarde más participó en un festival y su balance final de este año ha sido de 18 orejas y dos rabos, siete salidas a hombros y un toro indultado.

Inexplicable y misterioso el escenario de este torero, que, como él mismo asegura, ha convencido a los aficionados, pero no a los empresarios. Y lo más grave es que nadie es capaz de ofrecer una versión coherente que justifique su situación. Ni siquiera, el propio Pepe Moral.

“Yo tampoco sé a qué se debe este olvido, y lo único que tengo claro es que los empresarios no han contado conmigo; quizá, en algún momento de mi vida he tomado alguna decisión equivocada sobre mi carrera, pero considero que se me ha presentado una dura prueba que debo superar para seguir adelante”, afirma el torero. “Ha sido esta una temporada difícil porque he toreado poco”, añade, “pero a la vez muy intensa porque cada tarde he ratificado el triunfo de la pasada feria de Sevilla”.

¿No ha tenido la oportunidad de preguntar a ningún empresario?

– No he podido porque no he coincidido con ninguno. Imagino que habrá otros intereses, y toreros mejor relacionados que yo. Eso es lo que supongo, porque no sé lo que pasa.

Se sonríe Moral cuando se le pregunta si la razón será que es un torero exigente en los despachos.

-¿Exigente yo? Hasta el día de hoy no he pedido nada, ni en el terreno económico ni en la elección de ganaderías. Prueba de lo que digo es que este año he lidiado dos corridas de Miura, dos de José Escolar, dos de Victorino Martín y una de Cebada Gago.

Un año más, sin embargo, el torero sueña que en la temporada próxima se produzca un giro en su vida profesional que le permita iniciar el camino de su sueño. Reconoce que varios apoderados se han puesto en contacto con él, los ha escuchado, y ahora reflexiona con serenidad para no errar en su decisión final.

Parece que está usted de enhorabuena…

– No sé. Solo le puedo decir que hay ofertas interesantes, y espero que la temporada de 2018 sea diferente.

A pesar de esas esperanzadoras perspectivas, el torero se muestra comedido y temeroso de que sus palabras puedan pasarle factura. No olvida, lógicamente, los malos ratos padecidos.

-Cuando comienzas, sabes que esta profesión es dura, pero nunca imaginé que estaría cinco años olvidado por casi todo el mundo. Hasta que no lo sufres en tus carnes no eres consciente de lo difícil que puede resultar la profesión de torero.

Durante el largo periodo de descanso forzoso, Pepe Moral probó fortuna pasajera en otros oficios para ganarse la vida.

“Estuve trabajando como camarero, en tareas agrícolas y disfrazado de indio en un espectáculo teatral, pero nunca abandoné el toro, entrenaba todos los días y no perdí la confianza en mis posibilidades”.

-¿Pero alguna vez estuvo tentado de tirar la toalla?

– Claro que sí. En 2014 no entré en los carteles de la Feria de Abril, y cuando a última hora me vi anunciado en la corrida del Corpus, hablé con Manolo Cortés, que era mi apoderado, y le dije: ‘Si hoy no pasa nada, no tengo ánimo para esperar otros cinco años’. Afortunadamente, salió el toro ‘Facurroso’ y me permitió resurgir. Si no hubiera sido así, hoy estaría dedicado a otros menesteres, lejos del toro.

Mientras piensa en el inmediato futuro, no olvida al maestro Manolo Cortés, ya fallecido, “quien tuvo mucha influencia en mi forma de sentir el toreo; aprendí mucho de él y lo recuerdo con mucha frecuencia porque me doy cuenta de que todo lo que me decía es la verdad”.

“Me gustaría torear mejor con el capote”, continua el torero; “me queda mucho para alcanzar la perfección a la que aspiro en el primer tercio, sueño con torear largo y despacio con la muleta, y lograr una mayor contundencia con el estoque”. “Me queda mucho por aprender para que cada muletazo sea único y emocionante”, concluye.

¿Tiene ya algún contrato en firme para 2018?

– No. Me han hablado sobre alguna feria en Francia, pero, en firme, nada.

Y termina la charla Pepe Moral con una confidencia:

“Un periodista me ha dicho que este año se han producido 70 sustituciones en los carteles; ¿querrá usted saber que yo no he cogido ninguna?”

Publicado en El País 

FERIA DE OTOÑO: Toros de bella estampa y alma vacía

Decepcionante corrida de Adolfo Martín, que impidió el triunfo de Bautista y Ureña. Foto Plaza 1.

Por ANTONIO LORCA.
Fallaron los toros; esta vez, sí. Pero no por su estampa, sino por el comportamiento. Toros guapos, de esos que provocan la admiración del respetable cuando salen a la arena, pero animales sin alma, sin sangre brava, muy descastados, sosos y de mirada incierta.

Espectacular el trapío del cuarto, de nombre ‘Aviadoro’ y 515 kilos. Negro, musculado, largo, armonioso, con una cabeza coronada con dos pitones largos y astifinos como agujas, y actitud desafiante. Un tipo impresionante. Bien vestido, andares marchosos, guapo de verdad para un pase de modelos, pero no para tenerlo delante. Desde el tendido, infundía miedo. Habría que preguntarle qué sensación le produjo a Ureña, que fue el torero al que le tocó en suerte.

Presumidos también los demás, y aplaudidos todos de salida; y decepcionantes, también, a medida que transcurría la lidia. Acudieron con presteza al caballo, pero ninguno -quizá, algo mejor el sexto- hizo una pelea de bravo; todos aprendieron latín en el tercio de banderillas -algunos, con nota alta-, y en el tercio final mostraron sus muchos defectos, resumidos en falta de codicia, acometividad, fijeza, humillación y clase, y abundantes todos en sosería y dificultad. Quizá, el quinto fue el único que se movió, sin que se atisbaran en él condiciones para el aprobado.

No hubo triunfo. Ni una sola vuelta al ruedo, pero sí tres o cuatro momentos para el recuerdo.

El primero, un quite de Ureña al que abrió plaza, de dos delantales y una larga, templadísima y preñada de torería. Era un toro de escasa fortaleza y derrochadora suavidad, bien aprovechada por el torero.

Otro. En ese mismo primer toro, Juan Bautista se lo llevó al centro del ruedo y allí montó la espada. Preciosa y inhabitual estampa de un toro y un torero, en la suerte final, en la boca de riego. Una imagen torerísima, que duró lo que tardó el torero en cobrar una estocada atravesada y que el toro, acobardado, se refugiara en las tablas.

Tres. Tercio de picar en el segundo toro. Turno de Pedro Iturralde, joven y consagrado varilarguero y caballista. Hace la suerte como mandan los cánones. Mueve con soltura y precisión al caballo. El toro, en los medios, bien colocado. Fija la mirada en el señor del castoreño. Levanta Iturralde el palo y el animal acude veloz a la llamada. La puya clava en su sitio, pero el encuentro es fugaz. No hay pelea. La película se repite con idéntico argumento. La plaza hierve cuando vuelve a la vida una suerte casi perdida. No fue un tercio de toro bravo, pero quedó para el recuerdo.

Un respeto, primero, para los toreros, que tuvieron la vergüenza y la gallardía de anunciarse con esta corrida en plaza de tanto compromiso. Valientes los dos, por encima de la descastada corrida; especialmente, Ureña, muy responsabilizado toda la tarde, valentísimo, se jugó de verdad los muslos, no volvió la cara en ningún momento y dibujó muletazos muy estimables por ambos lados.

Correcto y comprometido Bautista, salió airoso del duro trance, y solo se afligió aparentemente ante el quinto, que más se movió, lo que le costó la reprimenda del público. 

MARTÍN/BAUTISTA Y UREÑA, MANO A MANO

Toros de Adolfo Martín, muy bien presentados, de bella estampa, (espectacular el trapío del cuarto), mansones, blandos, sosos y muy descastados

Juan Bautista: estocada atravesada, cinco descabellos _aviso_ y tres descabellos (silencio); dos pinchazos, media _aviso_ y dos descabellos (silencio); casi entera perpendicular y un descabello (pitos).

Paco Ureña: pinchazo _aviso_ y estocada caída (ovación); pinchazo y casi entera (silencio); estocada _aviso_ (ovación).

Plaza de Las Ventas. Séptimo y último festejo de la Feria de Otoño. 1 de octubre. Casi lleno (20.422 espectadores, según la empresa).

Publicado en El País 

FERIA DE OTOÑO: La nobleza fría, tonta y aburrida

El debutante Carlos Ochoa dibuja un buen derechazo al sexto novillo de la tarde. PLAZA1.

El festejo fue soporífero a causa de los sosos novillos y novilleros sin misterio.

Por ANTONIO LORCA.

La novillada no tuvo un solo momento de interés; seis novillos, tres novilleros (los dos primeros toman la alternativa en la inminente feria de Zaragoza) y dos horas de festejo, y no pasó nada. Ya es mala suerte…

La novillada parecía elegida a modo para tres recomendados: bonita; es decir, pequeñita, muy justa, -por ser generoso-, de presentación, sin pitones ni seriedad alguna. Tan nobilísimos los seis, que desparramaron almíbar por el ruedo, y blandos, sin fuerzas, agotados. Tanto es así que varios de ellos se derrumbaron como si acabaran de correr la maratón. Y tres novilleros con escaso misterio en las muñecas; valerosos, avispados, pundonorosos, pero faltos de inspiración y sensibilidad.

En dos palabras, no hubo conexión; nada brotó de aquellos encuentros entre novilleros con desparpajo y temperamento y novillos bonancibles, tan tontos como nobles y fríos.

Se despedía de Madrid el venezolano Colombo, que ya triunfara en esta plaza. Es un torero tan joven como seguro, firme y cuajado. Accede en unos días al escalafón de matador porque el novillo se le ha quedado chico. Más que torear parece que juega con sus oponentes; y lo hace con tal suficiencia que los novillos se tornan juguetes sin vida. Conoce la técnica, los trucos, es ventajista como casi todos los toreros modernos, y no destaca por la profundidad de su toreo. Si, además, no tuvo toro, su despedida pasó sin pena ni gloria. Tuvo la gallardía, eso sí, de no salir al tercio para saludar la ovación de los tendidos. Él sabía mejor que nadie que aquello no había sido ni un ensayo de salón.

Eso fue lo que ocurrió en su primero, el de más movilidad, quizá, de la tarde. El cuarto no dijo nada, soso y parado, y mudo también se quedó el torero. Lo citó de rodillas en el centro del anillo y resultó atropellado sin consecuencias. En fin, que con animales tan facilones no parece Colombo un torero, sino un chaval que se entretiene en su habitación con perritos de peluche.

También se despidió Leo Valadez y tampoco pudo dejar un buen recuerdo en su última comparecencia venteña. Trazó unas airosas verónicas al recibir al novillo segundo de la tarde, y hasta un natural pudo robarle. Pero este animal era, además, un inválido sin remedio que fue protestado, aunque no estimó el presidente su vuelta a los corrales. Se desplomó un par de veces y llegó sin vida al tercio final.

Otros tres naturales dibujó ante el quinto, y momentos antes había intentado el lucimiento en un quite por las vistosas zapopinas. Citó al novillo desde el centro del ruedo y consiguió un par de derechazos estimables, pero no hubo más. Bueno, sí: resbaló al entrar a matar y cobró un sartenazo (casi un espadazo entero en los costillares) antes de pinchar dos veces más. No fue esta la despedida soñada, ni mucho menos.

Dos que se iban y uno que llegaba. 

Carlos Ochoa se presentaba con picadores en Madrid, y ha dejado claro que acaba de empezar en la profesión, que no tiene mal concepto del toreo y que necesita toros con más casta que los de su debut. Recibió al tercero con una larga cambiada en el tercio, y al sexto con unos capotazos insulsos. Dibujó algún estimable pase de pecho en el tercero y dos derechazos y dos naturales en el otro. Y algo más: recetó una buena estocada a su primero. Un corto bagaje, sin duda, para quien debe guardar un baúl de aspiraciones.

Durante toda la novillada hubo un constante murmullo en la plaza, señal inequívoca de que lo que ocurría en el ruedo no era muy interesante…

EL VENTORRILLO/COLOMBO, VALADEZ, OCHOA

Novillos de El Ventorrillo, muy justos de presentación, mansones, blandos, sosos y nobles.

Jesús Enrique Colombo
: estocada (ovacion); pinchazo y estocada _aviso_ (ovación).

Leo Valadez
: pinchazo y bajonazo (silencio); sartenazo, dos pinchazos _aviso_ (silencio).

Carlos Ochoa
: buena estocada (palmas); media estocada y un descabello (silencio).

Plaza de Las Ventas
. Tercer festejo de la Feria de Otoño. 27 de septiembre. Casi tres cuartos de entrada (16.572 espectadores, según la empresa).
Publicado en El País 

FERIA DE SAN MIGUEL: Sevilla, una afición ‘low cost’


Sevilla, una afición ‘low cost’
Rafael Serna resultó herido grave en la axila derecha al matar el toro de su alternativa.

Por ANTONIO LORCA.

Dos noticias y una triste conclusión.

La primera es que Rafael Serna, torero sevillano que tomó la alternativa, fue prendido al entrar a matar a su primer toro, y el recuerdo de que se lleva de su día soñado es una cornada grave en la axila derecha. Mala suerte.

La segunda es que Alejandro Talavante, el sustituto inesperado de Manzanares, dibujó un manojo de preciosos naturales a un noble toro de una mala corrida, y su obra artística la emborronó, y de qué fea manera, con seis pinchazos. Pésimo colofón.

Y la conclusión: la afición de Sevilla se ha renovado y ahora es ‘low cost’. La de antes, la de hace unos años, la sabia, generosa y exigente afición sevillana, orgullo de la tauromaquia en el mundo entero, ha muerto, y ha dado paso a unos espectadores aplaudidores, festivos, triunfalistas, sorprendentes y bullangueros.

Vean si no. Andaba Talavante intentando meterle el diente al descastado y soso cuarto toro de la tarde, al que le dio muchos pases inconsistentes y un par de manoletinas, tan de moda en los tiempos actuales. Se perfila para matar, se echa sobre el morrillo -se supone que para olvidar el marrón del toro anterior-, con tan mala suerte de que el toro lo empala entre las piernas, lo voltea con estrépito, lo levanta y lo lanza contra el albero. Se levantó el torero desmadejado, pero sin cornada, afortunadamente.

Consternados por la voltereta, los tendidos se poblaron de pañuelos, se supone que para que el maestro se sobrepusiera del susto, y el presidente, a la vista del interés general, sacó el suyo. Una oreja. ¡Pero es que el público pidió con desmedido afán la segunda…! Ver para creer. Menos mal que el usía se mantuvo en su sitio y evitó lo que hubiera sido un auténtico disparate.

No quedó ahí la cosa. Dicho queda que el primer toro de Talavante murió después de seis pinchazos y una estocada. Pues la afición sevillana sorprendió con una cerrada ovación al pinchauvas, que tuvo el descaro de salir al tercio a saludar.

¡Pero, hombre…! Afición ‘low cost’ y figuras de bajo coste. El mismo Roca Rey, a la muerte del tercero, escuchó cuatro palmas -no eran más- y le faltó tiempo para tomar el capote y salir al tercio.

¡Dónde hemos llegado…! Y la guinda es que en Sevilla también se aplaude a los picadores por no picar y a cualquier banderillero que salga airoso del encuentro con el toro. En fin…

Rafael Serna se fue con paso firme hasta la puerta de chiqueros en cuanto sonaron los clarines. Hincó las rodillas, agachó la cabeza, se concentró, rezó durante unos segundos, se santiguó y avisó al torilero que abriera la puerta de los miedos.

El toro salió con velocidad, lo atropelló y resultó indemne del encuentro por puro milagro. Dibujó, eso sí, unas apasionadas verónicas, y momentos después una airosas chicuelinas, al tiempo que el animal demostraba su mansedumbre en el caballo. Se fundió con su padre en un emocionado abrazo y al muchacho se le atisbaron unas lágrimas cuando se acercaba al toro, que mostró movilidad y genio, humilló poco, sin celo ni clase. Quizá, por eso, la faena destacó más por la entrega del torero que por el fundamento del toreo realizado. Lo intentó Serna de veras, pero su labor no alcanzó la altura deseada. Y, después, la cogida. Se libró Serna de su primer encuentro con el toro, pero no del último; pasó a la enfermería y ahí se rompió la tarde.

El mejor toro, el segundo, le tocó a Talavante, que también lo recibió de rodillas en la puerta de toriles. Manso y suelto como lo demás, llegó a la muleta con recorrido y exquisita calidad en su embestida. El torero tomó la zurda y dibujó cinco tandas naturales de distinta calidad, pero de las que sobresalieron un manojo de muletazos de irreprochable templanza, hondos, hermosos y sublimes. No fue una faena redonda; larga, quizá, pero con pasajes de gran dimensión artística. La única pega es que, en casos como este, el dulce temperamento del toro lo convierte en pinche del cocinero artista; es decir, desaparece la lidia y el único protagonista es el torero.

Pero así es el toreo moderno…

Después, llegarían los pinchazos y el ridículo del público y del propio torero.

Aún mató el torero extremeño el sexto en sustitución del herido. Otro animal sin clase, al que también recibió en la puerta de chiqueros, y nada pudo hacer ante la sosería desesperante del animal.

Roca Rey se encontró con el peor lote, y su gran empeño, por agradar fue inútil. Variado y vistoso con el capote, lo intentó de veras, pero su entrega no encontró el eco deseado. Valeroso y animoso, su cartel se mantuvo intacto.

GARCÍA JIMÉNEZ/TALAVANTE, ROCA, SERNA

Toros de Hnos. García Jiménez, bien presentados, astifinos, mansos, sosos y sin clase, a excepción del segundo, noble y de gran calidad en el tercio final.

Alejandro Talavante: cinco pinchazos _aviso_ pinchazo y estocada (ovación); estocada (oreja); en el que mató por cogida de Serna, bajonazo (ovación).

Roca Rey: pinchazo y bajonazo (palmas); pinchazo y gran estocada (ovación).

Rafael Serna, que tomó la alternativa: estocada (ovación recogida por la cuadrilla). Fue cogido al entrar a matar e intervenido en la enfermería de una herida en la axila derecha con una trayectoria distal de 12 cms. con arrancamiento de rama de vena axilar, contundiendo plexo braquial y arteria braquial. Pronóstico grave.

Publicado en El País 

Si no hay respeto para el toro, difícil es que lo haya para la tauromaquia

El Juli en Salamanca.

Por ANTONIO LORCA.

Tiempo ha que el toro, el gran protagonista de la tauromaquia -el jefe de la cosa, el rey- ha sido destronado y dormita escondido en un exilio interior que lo tiene desesperanzado y triste. No hay más que verle la cara cada vez que uno de ellos aparece en un ruedo.

Tiempo ha que ha sufrido un violento golpe de estado que lo ha despojado de sus poderes y relegado a un deshonroso papel de convidado de piedra en una fiesta a la que ya no conoce ni el que la fundo.

Y los golpistas han sido los toreros -con la colaboración diligente, irresponsable e imprudente de ganaderos y empresarios-, erigidos en dueños de un negocio que, a la vista está, se les va de las manos con la huída en masa de los aficionados.

No tiene sentido alguno que la tauromaquia se siga llamando ‘fiesta de los toros’, cuando estos han sido despojados de toda autoridad y cometido estelar. Hoy no existe más que la fiesta de los toreros, alentada por esos aficionados de nuevo cuño -espectadores, no más- que se definen como ‘toreristas’, como si la tauromaquia se sustentara en las poses aflamencadas de un señor vestido de luces ante un tonto toro artista y apocado.

Es ya una práctica habitual que se anuncien carteles sin toros (actuarán fulano, zetano y mengano con toros por designar); acaba de suceder con las dos corridas que se celebrarán en la próxima feria de Jaén, pero no es un hecho aislado. Figuras como El Juli -y no es el único- han permitido semejante tropelía en algún momento.

En otras palabras, al toro bravo se le ha perdido el respeto. Son los toreros los que hacen el boicot, abandonan y, en muchos casos, condenan al exterminio a ganaderías que se distinguen por su casta, fiereza y movilidad, y aupan al podio de la fama a hierros caracterizados por su bondadosa condición y su desafortunada consideración de artistas.

“La nobleza y la dulzura me gustan en un perro, no en un toro”, confesaba hace unos días un aficionado en twiter. El pasado día 13, el periódico digital Noticiascyl de Salamanca escribía lo siguiente sobre la corrida celebrada en esa ciudad en la que actuaron Talavante, Ferrera y Cayetano con toros de García Jiménez (Matilla): “La tarde fue la demostración más palpable de la situación actual de la Fiesta, fundamentada en el torero y, con perdón, casi menospreciando la condición del toro.

Una Fiesta con toros hechos para las figuras actuales; bondadosos, noblotes, a medida… La gente -no toda, obviamente- va a ver toreros, no va a ver toros… y se deja llevar por las faenas bonitas ante toros fáciles”.

Nobleza y dulzura del denostado y vigente perritoro; y animalitos a la medida de las figuras en Salamanca, otrora tierra sagrada del toro bravo y hoy cualquiera sabe lo que será…

En fin, que la emoción ha sido sustituida por la diversión, y los espantados aficionados serios y exigentes por un público festivo, alborotador y lego en cuestiones taurinas.

Y la más nefasta consecuencia ha sido el triunfalismo imperante y la proliferación de los indultos.

Ya se sabe aquella máxima que dice que ‘sobre aquello que no se conoce se tiene mejor opinión’. Y ahí está la televisión -un arma peligrosa de doble filo- que, por un lado, te permite, por ejemplo, ver los toros de la prestigiosa feria de Bilbao y, al mismo tiempo, te enseña que el prestigio de esa plaza -como el de Pamplona o de tantas otras- no es más que una reminiscencia del pasado sin sentido alguno en la actualidad.

Esa pequeña pantalla muestra cada tarde cómo la fiesta está inundada de triunfalismo, movido por un público -bien pertrechado de comida y bebida, por lo general-, dadivoso, orejero y con ansias de diversión que olvida por desconocimiento absoluto las normas básicas que han hecho grande la tauromaquia.

Esa pequeña pantalla muestra cada tarde cómo ha desaparecido el tercio de varas, cómo han perdido importancia el capote y las banderillas, y todo se reduce a interminables y soporíferas faenas de muleta como preámbulo de un posible indulto no más que un toro muestre movilidad y dulce comportamiento

Si usted no dice lo que es la fiesta de los toros, el PACMA dirá lo que no es ¿Son las Corridas Generales de Bilbao la tercera feria taurina de España? ¿Le emociona la danza a paso de palio y embeleso de Ponce a un toro tonto?

Esas -el triunfalismo y el indulto- parecen ser las únicas respuestas del taurinismo al muy difícil momento que padece la fiesta: a más dificultad, más orejas y más toros a la dehesa, como si la diversión inocua fuera el bálsamo a tanto desafuero.

Y no es así; claro que no. La única solución de la fiesta está en el toro, en su recuperación, en el respeto que nunca se le debió perder.

Es el toro íntegro, encastado, fiero y noble, el que tiene la respuesta adecuada a la situación actual. El único que puede hacer nuevos aficionados, y el que devolverá la emoción y la exigencia.

Es más, si no hay respeto para el toro, difícilmente podrá haberlo para la tauromaquia.

Es, quizá, buen momento este para recordar aquella célebre reflexión de Joaquín Vidal sobre el aficionado:

“Aquello de que a los toros hay que ir a divertirse es una falsedad. A los toros hay que ir dispuesto a sufrir; provisto de lupa para comprobar la casta y fortaleza de las reses, la integridad de sus astas, el discurrir de la lidia, el mérito de los lidiadores, la calidad de los lances… Y si algo de todo esto falta, el aficionado conspicuo lo exigirá con la vehemencia que sea del caso; y si se cumple cabalmente, lo celebrará gozoso, e, incluso, puede que entre en trance y crea que se le ha aparecido la Virgen”.

Hace unos días, Diario de Sevilla publicaba una entrevista con Ara Malikian, el famoso violinista de origen libanés, y el título de la misma era toda una declaración: “Es un deber que cada espectador vuelva a casa emocionado’.

Se refería, claro es, a la música, pero imagínese por un momento que hablaba de toros. Esa es la clave.

Publicado en El País 

Si usted no dice lo que es la fiesta de los toros, el PACMA dirá lo que no es

Por ANTONIO LORCA.

Mientras el mundo del toro sigue a lo suyo y se mira al ombligo del cansino triunfalismo con la indulgencia culposa del periodismo galopante, los enemigos de la fiesta continúan su batalla con el objetivo de ganar la guerra, que no es otra que la desaparición, por decreto o agotamiento, de la fiesta de los toros.

A riesgo de regalar publicidad al partido animalista PACMA, no se puede ocultar que acaban de estrenar un documental titulado ‘Tauromaquia’, que pretende retratar ‘la crudeza de las corridas desde el punto de vista del animal’. ‘La versión del toro: desconcierto, espanto y muerte’ ha titulado este periódico la información sobre el trabajo animalista. ‘Descarnado y dramático’ han sido los calificativos utilizados por otros medios. ‘La muerte del toro como nunca antes se ha visto’, según el PACMA.

Son treinta minutos de imágenes de festejos y citas literarias, con abundancia explícita de vómitos de sangre, estertores y espasmos del toro durante la lidia y el sádico semblante de los toreros, con el objeto manifiesto de mostrar que la fiesta de los toros es una ceremonia de maltrato, tortura y muerte de un animal indefenso ante verdugos sin piedad.

Mientras tanto, el mundo del toro vive en una burbuja, en un gueto del pasado

Imagínese un documental sobre el fútbol en el que solo aparecieran los futbolistas cuando se tapan un orificio de la nariz para echar los mocos sobre el césped, los insultos y las patadas ‘inocentes’ que se dedican unos a otros, o los hinchas cafres y primitivos que con inusitada violencia destrozan mobiliario y protagonizan peleas a leñazo limpio. Pero, ¿eso es el fútbol?

Imagínese que se habla de la vida y las imágenes se detienen en los padecimientos que sufren millones de niños, en la desolación que producen los terroristas, en las consecuencias de las epidemias, en la violencia de género, en las devastaciones de los huracanes, en las fotos de los criminales más sanguinarios… ¿Esa es la vida?

Pues eso es ‘Tauromaquia’, un documental mentiroso, manipulador, fraudulento, propagandístico, y, además, un pestiño.

Mentiroso porque nada tiene que ver el título con el contenido. No es un documental sobre la tauromaquia, sino sobre la presencia de la sangre del toro en la plaza.

Mentiroso, porque dice el director que muestra la perspectiva del toro. Falso. Enseña la intención de un enemigo declarado de la fiesta que utiliza las imágenes más desagradables del espectáculo para crear una opinión determinada.

Por eso es, además, un trabajo manipulador, fraudulento y propagandístico; porque oculta el conjunto de actividades artísticas, creativas y productivas de la fiesta, que incluye la crianza del toro de lidia, su protagonismo medioambiental, la grandeza de su bravura y nobleza y los nobles sentimientos que puede producir su lidia en la plaza.

Los niños de hoy no serán mañana, necesariamente, más pacíficos, pero sí animalistas

Y, además, el documental es un pestiño; una película sin planteamiento, nudo y desenlace, pesada y aburrida, que basa todo su interés en una sucesión de imágenes supuestamente desagradables con el único fin de provocar rechazo hacia la fiesta de los toros.

Pero ahí está, contra viento y marea, el documental del PACMA; un peldaño más en la búsqueda constante de la erradicación de la fiesta de los toros. Y seguro que a más de un observador convencerá, incluso para que se afilie al partido y conceda más importancia a los animales que a las personas.

Y lo curioso es que el mundo del toro parece que no se ha dado por enterado. 

Claro que los toreros, los apoderados, los ganaderos, gran parte de los empresarios y los taurinos en general viven aislados en una burbuja, en un gueto del pasado, al margen de la evolución de la sociedad, con sus propias leyes basadas en relaciones de desconfianza, el trueque y los compromisos cumplidos o incumplidos, qué más da. Ahí siguen, tan tranquilos, como si el asunto no fuera con ellos, aguantando un chaparrón que parece dirigido a otros, mientras los públicos abandonan poco a poco las plazas y aumenta peligrosamente el número de los animalistas que se sitúan en el lado de los ‘buenos’ y alejados de los morbosos y cada vez más escasos aficionados a los toros.

Total, que como los taurinos -entiéndase, el Ministerio de Cultura, las CCAA con presencia taurina en sus territorios, la Fundación del Toro de Lidia, la Unión de Criadores de Toros de Lidia y las demás asociaciones de ganaderos, los que se visten de oro o plata, los que gestionan las plazas, todos los que viven de este espectáculo y también los periodistas- no cuentan lo que es la fiesta, (pero la verdad, y no milongas), otros como el PACMA, se dedican a contar lo que no es, y esparcen mentiras que distorsionan la realidad.

Suframos los aficionados, sintámonos agredidos, critiquemos el documental, lamentémonos en la barra del bar, pero reconozcamos, también, que los antitaurinos están ganando posiciones frente a la irresponsable pasividad del sector. Qué más da que el PACMA conceda más importancia a los animales que a las personas, o utilice la mentira con fines propagandísticos… Lo más grave es que la sociedad española se destauriniza cada vez más.

Los niños de hoy no serán los aficionados de mañana; no serán más pacíficos porque conviven con la violencia del fútbol, de la televisión en horario infantil y de los videojuegos, pero rechazarán los toros porque es maltrato; rechazarán la sangre porque es desagradable, y la imagen de la muerte porque está prohibida.

¿Serán más solidarios y justos? Quizá, no, pero serán animalistas, que es lo progresista, lo moderno, lo más guay…

Y, mientras tanto, el mundo del toro, en las nubes. ¡Mecachis…!

Publicado en El País 

FERIA DE BILBAO: ¿Dónde está el prestigio?


Por Antonio Lorca.

Eso, eso… ¿Dónde está el prestigio de la plaza de Bilbao? Perdido, seguro, y no hallado. Está perdida la afición. Un tercio de plaza en los dos primeros días de corridas ordinarias y más de tres cuartos hoy, al reclamo de las figuras. ¡Y qué público…!, que aplaude a los picadores por no picar y pide orejas si el toro cae pronto, sea como fuere la colocación de la espada y el tenor de la faena.

Está perdido el presidente, de pañuelo fácil, como si ejerciera su cometido en plaza de segunda.

Ayer estuvo perdido también el toro, sin la presentación exigida, manso de libro (no se picó ni uno), blando, descastado y desfondado. Los equipos de veedores eligieron una birria, y se esmeraron en que los toros no tuvieran el trapío de otras tardes (el jefe manda). Por cierto, el cuarto quedó con los dos pitones escobillados tras hundirlos en la arena. ¡Vaya, hombre…! Pues no que parecía que estaba afeitado. Seguro que no, claro, porque se trata de la prestigiosa plaza de Bilbao…

No sería justo, sin embargo, afirmar que también estuvieron perdidos los toreros; más bien habría que decir que no se encontraron. Tiraron de oficio con picardía, alargaron las faenas hasta el fastidio, dieron cientos de pases y emocionaron casi nada. Lo dicho, el prestigio, perdido.

Roca Rey cortó dos orejas; la primera, al tercero, después de una labor correcta, valerosa e insulsa. Pero mató de una estocada y paseó un trofeo inexplicable. Pero es que cortó otra al sexto tras un feísimo metisaca que precedió, eso sí, a una estocada hasta la bola de efectos fulminantes. Otra vez la faena tuvo escaso peso, atiborrada de pases vacíos de contenido.

A El Juli se le nota la experiencia, faltaría más… Pero es un oficio el suyo que difícilmente emociona. Se le ve fácil en la cara del toro, pero cuenta pocos misterios. Cómodo fue su primero por el pitón derecho, y su labor no desprendió ni frío ni calor; larga fue su faena al escobillado cuarto, sin hondura, sin exigencia, sin gracia; y como mató mal y escuchó un aviso se quedó sin oreja.

Valeroso toda la tarde Perera, al que se le nota que atraviesa una racha de firmeza, confianza y seguridad en sus posibilidades. Distraído y con la cara alta embestía su primero, y el torero optó por mostrar su solvencia con un arrimón que entusiasmó al generoso público bilbaíno. Si hubiera matado bien pasea con trofeo. Y el quinto, que acudió con enorme codicia a los dos primeros pases cambiados por la espalda, se hundió un minuto después y ahí se acabó la presente historia.

¿Prestigio de Bilbao? El que lo encuentre, que levante la mano…

¡Ah! Lo mejor, dos pares de banderillas de Javier Ambel al quinto. Torería pura.

JANDILLA / EL JULI, PERERA, ROCA
Toros de Jandilla, justa de presentación, mansos, sosos, nobles y descastados. Destacó por su movilidad el sexto.

El Juli: casi entera perpendicular y baja (silencio); pinchazo —aviso— dos pinchazos, estocada baja y un descabello (ovación).

Miguel Ángel Perera: pinchazo y estocada baja (ovación); pinchazo —aviso— y estocada (ovación).

Roca Rey: estocada (oreja); metisaca —aviso— y estocada fulminante(oreja).

Plaza de Bilbao. Cuarta corrida de feria, 22 de agosto. Más de tres cuartos de entrada.

Publicado en El País