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Si no hay respeto para el toro, difícil es que lo haya para la tauromaquia

El Juli en Salamanca.

Por ANTONIO LORCA.

Tiempo ha que el toro, el gran protagonista de la tauromaquia -el jefe de la cosa, el rey- ha sido destronado y dormita escondido en un exilio interior que lo tiene desesperanzado y triste. No hay más que verle la cara cada vez que uno de ellos aparece en un ruedo.

Tiempo ha que ha sufrido un violento golpe de estado que lo ha despojado de sus poderes y relegado a un deshonroso papel de convidado de piedra en una fiesta a la que ya no conoce ni el que la fundo.

Y los golpistas han sido los toreros -con la colaboración diligente, irresponsable e imprudente de ganaderos y empresarios-, erigidos en dueños de un negocio que, a la vista está, se les va de las manos con la huída en masa de los aficionados.

No tiene sentido alguno que la tauromaquia se siga llamando ‘fiesta de los toros’, cuando estos han sido despojados de toda autoridad y cometido estelar. Hoy no existe más que la fiesta de los toreros, alentada por esos aficionados de nuevo cuño -espectadores, no más- que se definen como ‘toreristas’, como si la tauromaquia se sustentara en las poses aflamencadas de un señor vestido de luces ante un tonto toro artista y apocado.

Es ya una práctica habitual que se anuncien carteles sin toros (actuarán fulano, zetano y mengano con toros por designar); acaba de suceder con las dos corridas que se celebrarán en la próxima feria de Jaén, pero no es un hecho aislado. Figuras como El Juli -y no es el único- han permitido semejante tropelía en algún momento.

En otras palabras, al toro bravo se le ha perdido el respeto. Son los toreros los que hacen el boicot, abandonan y, en muchos casos, condenan al exterminio a ganaderías que se distinguen por su casta, fiereza y movilidad, y aupan al podio de la fama a hierros caracterizados por su bondadosa condición y su desafortunada consideración de artistas.

“La nobleza y la dulzura me gustan en un perro, no en un toro”, confesaba hace unos días un aficionado en twiter. El pasado día 13, el periódico digital Noticiascyl de Salamanca escribía lo siguiente sobre la corrida celebrada en esa ciudad en la que actuaron Talavante, Ferrera y Cayetano con toros de García Jiménez (Matilla): “La tarde fue la demostración más palpable de la situación actual de la Fiesta, fundamentada en el torero y, con perdón, casi menospreciando la condición del toro.

Una Fiesta con toros hechos para las figuras actuales; bondadosos, noblotes, a medida… La gente -no toda, obviamente- va a ver toreros, no va a ver toros… y se deja llevar por las faenas bonitas ante toros fáciles”.

Nobleza y dulzura del denostado y vigente perritoro; y animalitos a la medida de las figuras en Salamanca, otrora tierra sagrada del toro bravo y hoy cualquiera sabe lo que será…

En fin, que la emoción ha sido sustituida por la diversión, y los espantados aficionados serios y exigentes por un público festivo, alborotador y lego en cuestiones taurinas.

Y la más nefasta consecuencia ha sido el triunfalismo imperante y la proliferación de los indultos.

Ya se sabe aquella máxima que dice que ‘sobre aquello que no se conoce se tiene mejor opinión’. Y ahí está la televisión -un arma peligrosa de doble filo- que, por un lado, te permite, por ejemplo, ver los toros de la prestigiosa feria de Bilbao y, al mismo tiempo, te enseña que el prestigio de esa plaza -como el de Pamplona o de tantas otras- no es más que una reminiscencia del pasado sin sentido alguno en la actualidad.

Esa pequeña pantalla muestra cada tarde cómo la fiesta está inundada de triunfalismo, movido por un público -bien pertrechado de comida y bebida, por lo general-, dadivoso, orejero y con ansias de diversión que olvida por desconocimiento absoluto las normas básicas que han hecho grande la tauromaquia.

Esa pequeña pantalla muestra cada tarde cómo ha desaparecido el tercio de varas, cómo han perdido importancia el capote y las banderillas, y todo se reduce a interminables y soporíferas faenas de muleta como preámbulo de un posible indulto no más que un toro muestre movilidad y dulce comportamiento

Si usted no dice lo que es la fiesta de los toros, el PACMA dirá lo que no es ¿Son las Corridas Generales de Bilbao la tercera feria taurina de España? ¿Le emociona la danza a paso de palio y embeleso de Ponce a un toro tonto?

Esas -el triunfalismo y el indulto- parecen ser las únicas respuestas del taurinismo al muy difícil momento que padece la fiesta: a más dificultad, más orejas y más toros a la dehesa, como si la diversión inocua fuera el bálsamo a tanto desafuero.

Y no es así; claro que no. La única solución de la fiesta está en el toro, en su recuperación, en el respeto que nunca se le debió perder.

Es el toro íntegro, encastado, fiero y noble, el que tiene la respuesta adecuada a la situación actual. El único que puede hacer nuevos aficionados, y el que devolverá la emoción y la exigencia.

Es más, si no hay respeto para el toro, difícilmente podrá haberlo para la tauromaquia.

Es, quizá, buen momento este para recordar aquella célebre reflexión de Joaquín Vidal sobre el aficionado:

“Aquello de que a los toros hay que ir a divertirse es una falsedad. A los toros hay que ir dispuesto a sufrir; provisto de lupa para comprobar la casta y fortaleza de las reses, la integridad de sus astas, el discurrir de la lidia, el mérito de los lidiadores, la calidad de los lances… Y si algo de todo esto falta, el aficionado conspicuo lo exigirá con la vehemencia que sea del caso; y si se cumple cabalmente, lo celebrará gozoso, e, incluso, puede que entre en trance y crea que se le ha aparecido la Virgen”.

Hace unos días, Diario de Sevilla publicaba una entrevista con Ara Malikian, el famoso violinista de origen libanés, y el título de la misma era toda una declaración: “Es un deber que cada espectador vuelva a casa emocionado’.

Se refería, claro es, a la música, pero imagínese por un momento que hablaba de toros. Esa es la clave.

Publicado en El País 

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Si usted no dice lo que es la fiesta de los toros, el PACMA dirá lo que no es

Por ANTONIO LORCA.

Mientras el mundo del toro sigue a lo suyo y se mira al ombligo del cansino triunfalismo con la indulgencia culposa del periodismo galopante, los enemigos de la fiesta continúan su batalla con el objetivo de ganar la guerra, que no es otra que la desaparición, por decreto o agotamiento, de la fiesta de los toros.

A riesgo de regalar publicidad al partido animalista PACMA, no se puede ocultar que acaban de estrenar un documental titulado ‘Tauromaquia’, que pretende retratar ‘la crudeza de las corridas desde el punto de vista del animal’. ‘La versión del toro: desconcierto, espanto y muerte’ ha titulado este periódico la información sobre el trabajo animalista. ‘Descarnado y dramático’ han sido los calificativos utilizados por otros medios. ‘La muerte del toro como nunca antes se ha visto’, según el PACMA.

Son treinta minutos de imágenes de festejos y citas literarias, con abundancia explícita de vómitos de sangre, estertores y espasmos del toro durante la lidia y el sádico semblante de los toreros, con el objeto manifiesto de mostrar que la fiesta de los toros es una ceremonia de maltrato, tortura y muerte de un animal indefenso ante verdugos sin piedad.

Mientras tanto, el mundo del toro vive en una burbuja, en un gueto del pasado

Imagínese un documental sobre el fútbol en el que solo aparecieran los futbolistas cuando se tapan un orificio de la nariz para echar los mocos sobre el césped, los insultos y las patadas ‘inocentes’ que se dedican unos a otros, o los hinchas cafres y primitivos que con inusitada violencia destrozan mobiliario y protagonizan peleas a leñazo limpio. Pero, ¿eso es el fútbol?

Imagínese que se habla de la vida y las imágenes se detienen en los padecimientos que sufren millones de niños, en la desolación que producen los terroristas, en las consecuencias de las epidemias, en la violencia de género, en las devastaciones de los huracanes, en las fotos de los criminales más sanguinarios… ¿Esa es la vida?

Pues eso es ‘Tauromaquia’, un documental mentiroso, manipulador, fraudulento, propagandístico, y, además, un pestiño.

Mentiroso porque nada tiene que ver el título con el contenido. No es un documental sobre la tauromaquia, sino sobre la presencia de la sangre del toro en la plaza.

Mentiroso, porque dice el director que muestra la perspectiva del toro. Falso. Enseña la intención de un enemigo declarado de la fiesta que utiliza las imágenes más desagradables del espectáculo para crear una opinión determinada.

Por eso es, además, un trabajo manipulador, fraudulento y propagandístico; porque oculta el conjunto de actividades artísticas, creativas y productivas de la fiesta, que incluye la crianza del toro de lidia, su protagonismo medioambiental, la grandeza de su bravura y nobleza y los nobles sentimientos que puede producir su lidia en la plaza.

Los niños de hoy no serán mañana, necesariamente, más pacíficos, pero sí animalistas

Y, además, el documental es un pestiño; una película sin planteamiento, nudo y desenlace, pesada y aburrida, que basa todo su interés en una sucesión de imágenes supuestamente desagradables con el único fin de provocar rechazo hacia la fiesta de los toros.

Pero ahí está, contra viento y marea, el documental del PACMA; un peldaño más en la búsqueda constante de la erradicación de la fiesta de los toros. Y seguro que a más de un observador convencerá, incluso para que se afilie al partido y conceda más importancia a los animales que a las personas.

Y lo curioso es que el mundo del toro parece que no se ha dado por enterado. 

Claro que los toreros, los apoderados, los ganaderos, gran parte de los empresarios y los taurinos en general viven aislados en una burbuja, en un gueto del pasado, al margen de la evolución de la sociedad, con sus propias leyes basadas en relaciones de desconfianza, el trueque y los compromisos cumplidos o incumplidos, qué más da. Ahí siguen, tan tranquilos, como si el asunto no fuera con ellos, aguantando un chaparrón que parece dirigido a otros, mientras los públicos abandonan poco a poco las plazas y aumenta peligrosamente el número de los animalistas que se sitúan en el lado de los ‘buenos’ y alejados de los morbosos y cada vez más escasos aficionados a los toros.

Total, que como los taurinos -entiéndase, el Ministerio de Cultura, las CCAA con presencia taurina en sus territorios, la Fundación del Toro de Lidia, la Unión de Criadores de Toros de Lidia y las demás asociaciones de ganaderos, los que se visten de oro o plata, los que gestionan las plazas, todos los que viven de este espectáculo y también los periodistas- no cuentan lo que es la fiesta, (pero la verdad, y no milongas), otros como el PACMA, se dedican a contar lo que no es, y esparcen mentiras que distorsionan la realidad.

Suframos los aficionados, sintámonos agredidos, critiquemos el documental, lamentémonos en la barra del bar, pero reconozcamos, también, que los antitaurinos están ganando posiciones frente a la irresponsable pasividad del sector. Qué más da que el PACMA conceda más importancia a los animales que a las personas, o utilice la mentira con fines propagandísticos… Lo más grave es que la sociedad española se destauriniza cada vez más.

Los niños de hoy no serán los aficionados de mañana; no serán más pacíficos porque conviven con la violencia del fútbol, de la televisión en horario infantil y de los videojuegos, pero rechazarán los toros porque es maltrato; rechazarán la sangre porque es desagradable, y la imagen de la muerte porque está prohibida.

¿Serán más solidarios y justos? Quizá, no, pero serán animalistas, que es lo progresista, lo moderno, lo más guay…

Y, mientras tanto, el mundo del toro, en las nubes. ¡Mecachis…!

Publicado en El País 

FERIA DE BILBAO: ¿Dónde está el prestigio?


Por Antonio Lorca.

Eso, eso… ¿Dónde está el prestigio de la plaza de Bilbao? Perdido, seguro, y no hallado. Está perdida la afición. Un tercio de plaza en los dos primeros días de corridas ordinarias y más de tres cuartos hoy, al reclamo de las figuras. ¡Y qué público…!, que aplaude a los picadores por no picar y pide orejas si el toro cae pronto, sea como fuere la colocación de la espada y el tenor de la faena.

Está perdido el presidente, de pañuelo fácil, como si ejerciera su cometido en plaza de segunda.

Ayer estuvo perdido también el toro, sin la presentación exigida, manso de libro (no se picó ni uno), blando, descastado y desfondado. Los equipos de veedores eligieron una birria, y se esmeraron en que los toros no tuvieran el trapío de otras tardes (el jefe manda). Por cierto, el cuarto quedó con los dos pitones escobillados tras hundirlos en la arena. ¡Vaya, hombre…! Pues no que parecía que estaba afeitado. Seguro que no, claro, porque se trata de la prestigiosa plaza de Bilbao…

No sería justo, sin embargo, afirmar que también estuvieron perdidos los toreros; más bien habría que decir que no se encontraron. Tiraron de oficio con picardía, alargaron las faenas hasta el fastidio, dieron cientos de pases y emocionaron casi nada. Lo dicho, el prestigio, perdido.

Roca Rey cortó dos orejas; la primera, al tercero, después de una labor correcta, valerosa e insulsa. Pero mató de una estocada y paseó un trofeo inexplicable. Pero es que cortó otra al sexto tras un feísimo metisaca que precedió, eso sí, a una estocada hasta la bola de efectos fulminantes. Otra vez la faena tuvo escaso peso, atiborrada de pases vacíos de contenido.

A El Juli se le nota la experiencia, faltaría más… Pero es un oficio el suyo que difícilmente emociona. Se le ve fácil en la cara del toro, pero cuenta pocos misterios. Cómodo fue su primero por el pitón derecho, y su labor no desprendió ni frío ni calor; larga fue su faena al escobillado cuarto, sin hondura, sin exigencia, sin gracia; y como mató mal y escuchó un aviso se quedó sin oreja.

Valeroso toda la tarde Perera, al que se le nota que atraviesa una racha de firmeza, confianza y seguridad en sus posibilidades. Distraído y con la cara alta embestía su primero, y el torero optó por mostrar su solvencia con un arrimón que entusiasmó al generoso público bilbaíno. Si hubiera matado bien pasea con trofeo. Y el quinto, que acudió con enorme codicia a los dos primeros pases cambiados por la espalda, se hundió un minuto después y ahí se acabó la presente historia.

¿Prestigio de Bilbao? El que lo encuentre, que levante la mano…

¡Ah! Lo mejor, dos pares de banderillas de Javier Ambel al quinto. Torería pura.

JANDILLA / EL JULI, PERERA, ROCA
Toros de Jandilla, justa de presentación, mansos, sosos, nobles y descastados. Destacó por su movilidad el sexto.

El Juli: casi entera perpendicular y baja (silencio); pinchazo —aviso— dos pinchazos, estocada baja y un descabello (ovación).

Miguel Ángel Perera: pinchazo y estocada baja (ovación); pinchazo —aviso— y estocada (ovación).

Roca Rey: estocada (oreja); metisaca —aviso— y estocada fulminante(oreja).

Plaza de Bilbao. Cuarta corrida de feria, 22 de agosto. Más de tres cuartos de entrada.

Publicado en El País 

FERIA DE BILBAO: La dificultad del toro encastado

Solo Antonio Ferrera cortó una oreja a una seria y complicada corrida de Torrestrella. Foto Fernando D. Aldama.

Por ANTONIO LORCA.

Cuando sale un toro encastado, la cosa se pone seria; si, además, la estampa es imponente y luce cara astifina, el asunto no es para tomársela a broma.

Y eso fue lo que ocurrió con la corrida de Torrestrella, muy bien presentada, que acudió con prontitud a los caballos, persiguió en banderillas y se movió sin descanso en la muleta; prevalecieron, eso sí, la codicia, el genio y la dificultad por encima de la nobleza y la calidad que permiten el toreo moderno. Eran toros para lidiar y torear, no para dar pases; eran toros para toreros heroicos y poderosos, experimentados, con oficio y las ideas muy claras. En otras palabras, toros para un mirlo blanco.

Y pasó lo que tenía que pasar, que ganaron los de negro, que vendieron muy cara sus vidas, que no se cansaron de embestir, y, por fortuna, no dieron un disgusto irreparable a una valerosa y respetable terna que, en líneas generales, estuvo por debajo sus oponentes.

Era muy difícil estar a la altura de las circunstancias, y de hecho, solo Antonio Ferrera aprobó el complicado examen. Se le notan la claridad, la confianza, la seguridad… condiciones indispensables para salir airoso de un trance como el bilbaíno. 

De menos a más fue la faena a su primero, un animal muy exigente con el que se mostró firme y clarividente y pisó terrenos comprometidos en una faena de menos a más que evidenció el buen momento que atraviesa en su carrera. Del mismo tenor fue el quinto y volvió Ferrera a mostrar que está sobrado de facultades ante un toro que repitió las embestidas con genio y cierta violencia. Aún así quedaron en el recuerdo algunos naturales con aire de grandeza.

La asignatura le quedó para septiembre a Padilla. No fue torero poderoso y dominador ante el primero, que le planteó dificultades que el diestro no fue capaz de superar; y se entretuvo en una faena larguísima ante el cuarto, que embestía sin humillar, y nunca acabó de encontrar el camino del éxito. Falló repetidamente con el estoque y su labor quedó muy oscurecida.

Tampoco El Fandi dijo nada ante el complicado tercero, nada fácil en la muleta, al que dio pases acelerados y huecos; más noblote pareció el sexto, y el torero no pasó de anodino en el tercio final.

¿Y las banderillas, pues de banderilleros era el cartel? Ni un solo par como mandan los cánones, y todos a toro pasado. Los tres compartieron el tercio en los tres primeros toros, y Padilla y El Fandi clavaron en solitario en sus segundos. Ferrera desistió de hacerlo en el quinto porque al brindar con un par de garapullos con los colores de la bandera de España escuchó algunos pitos, y el torero, molesto con la protesta, dejó los palos y mandó a la cuadrilla que hiciera su labor.

Conclusión: ganaron los toros y perdió el ganadero. Se correrá la voz de la casta del toro y, a estas horas, ya estará tachada la ganadería de Torrestrella en las agendas de las figuras. Así está esto…

TORRESTRELLA / PADILLA, FERRERA, EL FANDI
Toros de Torrestrella, bien presentados, cumplidores en el caballo, encastados y dificultosos.

Juan José Padilla: casi entera caída y un descabello (palmas); metisaca, estocada atravesada —aviso— cuatro descabellos, estocada baja y un descabello (silencio).

Antonio Ferrera: pinchazo —aviso— y estocada baja (ovación); estocada —aviso— (oreja).

El Fandi: media trasera y tendida y un descabello (silencio); casi entera y dos descabellos (silencio).

Plaza de Bilbao. Segunda corrida de feria, 20 de agosto. Un tercio de entrada.

Publicado en El País 

ANÁLISIS – El toreo está loco: qué pinta Ortega Cano en San Sebastián de los Reyes

Por Antonio Lorca.

La noticia de la enésima reaparición de Ortega Cano es desternillante y cómica. O, quizá, es que el mundo de los toros ha perdido completamente la chaveta, y naufraga perdido entre el desatino y la payasada.

Se retira Morante de la Puebla y la primera sustitución -en la feria de la localidad madrileña de San Sebastián de los Reyes- no se le brinda a un torero con ganas de comerse el mundo y que haya ofrecido motivos para la esperanza, sino a un señor mayor, retirado mil veces, que no ha tenido empacho en hacer el ridículo dentro y fuera de los ruedos, que fue gran figura del toreo de su época, sí, pero que se arrastra sin recato desde hace años por alberos que ya no le pertenecen, y que tiene la indignidad de anunciarse de nuevo cuando hace mucho, mucho tiempo, que no tiene nada que decir en los ruedos.

Decididamente, el mundo del toro está loco, tira piedras sobre su propio tejado y trata con esmerado interés de destrozar los cimientos tambaleantes de la tauromaquia actual.

¿Cuál es el objetivo de la empresa Funciones Taurinas -la famosa, extraña y antitaurina Casa Matilla– a la hora de contratar a Ortega Cano? Acaso, ahorrarse unos euros, pues altos serían los emolumentos de Morante y muy barata la presencia del torero retirado. No es serio. Y muy penoso.

¿Y cómo se explica la actitud de Ortega? No la tendría si procediera de un hombre maduro, sensato, con la cabeza sobre los hombros y las ideas medianamente claras.

Pero parece que, por desgracia, no es ese el caso de Ortega Cano, con 63 años a sus espaldas, convaleciente de una intervención en el corazón, sin las mínimas condiciones físicas ni la preparación exigibles, preso de una popularidad muy mal entendida, de las cámaras del corazón, de los programas de la crónica social, y convertido por necesidades de su propio guión en triste divertimento de las conversaciones de sobremesa.

Quizá sea su enfermiza necesidad de notoriedad pública la que le impide aceptar que su faceta de torero grande forma parte del pasado, y que ya no interesa como tal. Su tiempo no es este. Y no entiende, o no quiere entender, que su actitud es profundamente antitaurina, pues cierra el paso a otros toreros con futuro y más méritos que los suyos.

¿Y por qué aceptan tamaño desatino sus compañeros de cartel, Alejandro Talavante y Miguel Ángel Perera, figuras ellos, tan prestos para vetar a toreros que puedan suponer una exigente competencia y tan complacientes ahora con un señor canoso?

En conclusión, Ortega Cano no pinta nada en la feria de San Sebastián de los Reyes. Reflexionar debiera y evitar este desafuero que daña el prestigio y la historia de la tauromaquia. Y si no es así, que le hagan entrar en razón quienes tanto dicen defender la fiesta de los toros con palabras huecas, y guardan un cómplice silencio ante situaciones tan preocupantes como esta.

Que se recupere Ortega de sus males, que solucione, como cualquier hijo de vecino los problemas familiares que lo acosan, que encuentre muchos motivos para salir en la tele, pero que se olvide, por favor, de los toros.

Alguien ha dicho con toda la razón en twiter que Morante debería reaparecer por un día para evitar tal desafuero. Así sería si el mundo del toro fuera algo más serio… Que lo es, a pesar de muchos de sus protagonistas.

Publicado en: El País 

Si quieres ser torero, come, y no olvides que es más difícil que ser Papa

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Por Antonio Lorca.

Se dice, y parece que con mucha razón, que ser figura del toreo es más difícil que ser Papa de Roma. A fin de cuentas, al máximo representante de la Iglesia lo elige el Colegio Cardenalicio, donde todos son conocidos y amigos y, una vez ungido, todo lo que diga va a misa sin más discusión posible, al menos, en el seno de la organización eclesial.

Caso muy diferente es el de los toreros que sueñan con la gloria. El camino exige, también, años de estudio (el conocimiento del toro puede llegar a ser más intrincado que el misterio divino), meditación (el aspirante a torero debe aislarse del mundo y vivir por y para un sueño), sacrificio (los chavales pierden su adolescencia y juventud y, a veces, hasta la infancia, sin más compañía que la del toro), y suerte (seguro que hay por ahí algún alma de torero conduciendo un autobús porque una cogida a destiempo, una enfermedad o su mala estrella le impidieron intimar con el traje de luces). Y algo más: juventud, un valor heroico, una cabeza privilegiada y la capacidad para emocionar y conmover a los públicos.

Lo dicho: es más difícil ser figura del toreo que Papa de Roma…

Se nace torero, lo que es muy distinto de sentirse torero. Seguro que por las calles de cualquier localidad taurina de este país (Sevilla, por ejemplo) hay personajes que hacen el paseíllo todas las mañanas, viven en torero, siguen con la cabeza llena de sueños, torean en la plaza de su imaginación y salen a hombros por la Puerta del Príncipe cada vez que desde el tendido de la Maestranza ven embestir a un toro, se les pone la carne de gallina, cierran los ojos y vuelan hasta el albero.

El camino de la gloria exige juventud, estudio, meditación, sacrificio, suerte, valor, inteligencia…

Muchos lo han intentado, y la mayoría se ha quedado en el camino; algunos han sabido rectificar a tiempo y visten con dignidad y hombría el traje de plata, y otros han salido adelante lejos del toro. Pero todos se sentirán toreros hasta la muerte, porque ese es un veneno incurable.

Se nace torero; y quien se asoma al mundo con esa gracia, deslumbra; se siente, se le nota a lo lejos, y, más bien pronto que tarde, destapa el tarro de su misterio.

¿Cómo, si no, se explica el caso de Curro Romero, que guardó cerdos y trabajó como recadero en una farmacia siendo un chaval, y sorprendió al mundo el primer día que se vistió de torero, a los 21 años?

Javier Vázquez, a las puertas de la plaza de Las Ventas.
Javier Vázquez, a las puertas de la plaza de Las Ventas. Kike Cuesta. Efe

Toda esta perorata se justifica por la fugaz huelga de hambre que ha protagonizado a las puertas de la plaza de Las Ventas un chaval —bueno, un hombre hecho y derecho de 34 años— para que la empresa le ofrezca una oportunidad. Javier Vázquez debutó con picadores en 2003 —hace 14 años—, hizo el paseíllo en Sevilla en 2009, y asegura que ha lidiado 30 novilladas.

Su mensaje, escrito en una sábana que le ‘robó’ a su madre, decía: “Soy y me siento torero, pero sin una oportunidad no puedo conseguirlo ni demostrarlo”.

Hombre, ha tenido 30, y, como poco, dos de ellas en plazas de primera categoría. Pocos aspirantes a la torería pueden ofrecer un currículo tan abultado. Si con su historial y en tantos años, Javier no ha conseguido destacar, hace tiempo, mucho tiempo, que debió optar por otros derroteros en su vida.

Se nace torero, lo que es muy distinto de sentirse y vivir en torero

Ha habido grandes figuras que pasaron hambre antes de alcanzar su objetivo, pero no se conoce caso alguno de que una huelga de apetito haya abierto a nadie las puertas de la gloria; y menos con 34 años.

El Sirio, un magnífico torero de plata, natural de Alepo, enrolado actualmente en la cuadrilla del matador de toros Román, se presentó en la escuela taurina de Valencia con 23 años, y el director rechazó su solicitud con un argumento inapelable: “Con tu edad, chaval, ya hay quien es figura del toreo”.

Las huelgas de hambre no sirven más que para llamar la atención, pero no para atraer el interés de los aficionados o de las empresas.

Quienes han optado alguna vez por esa descabellada iniciativa se han negado a aceptar que la vida no les ha llamado por el destino de la gloria delante de los pitones de un toro.

La profesión de torero está plagada de soledad y desesperación, por su inherente dificultad, por un drama inesperado, un olvido injusto, una mala tarde en plaza de responsabilidad… Pero siempre prevalecerá la innata condición, la capacidad de sufrimiento y la disposición para el máximo esfuerzo. En otras palabras, que la torería es cuestión de genialidad.

Iniciar una huelga de hambre con 34 años para torear en Las Ventas es ir contra la corriente de la vida.

La mejor oportunidad de Javier es que puede vivir en torero hasta el final de sus días; como tantos otros que soñaron, lo intentaron y el toro los devolvió al callejón.

Y debe estar satisfecho porque sentirse torero es una gracia, un sueño, una realidad ficticia preñada de tardes de gloria. Esa es su suerte. Todo lo demás, una broma… Ah! Y que no deje de comer, que con el estómago vacío no se puede torear… ni en sueños.

Otra Fiesta: Azpeitia el protagonismo del toro, los toreros valientes y los más necesitados

Joxin Iriarte, empresario de Azpeitia, delante de la plaza de toros. MARIANO GARCÍA.
Joxin Iriarte, empresario de Azpeitia, delante de la plaza de toros. MARIANO GARCÍA.

Las corridas las pongo yo y no las que deciden los veedores de las figuras – Joxin Iriarte, empresario taurino (Azpeitia, 1957).

Por ANTONIO LORCA.

Dicen los propios vecinos que es difícil no ser aficionado a los toros en Azpeitia, una localidad de 15.000 habitantes situada en el corazón de la provincia de Guipúzcoa, donde la tradición taurina se remonta, como poco, al siglo XVI, y se mantiene enraizada en los festejos populares que se celebran en distintas épocas del año.

Quizá por eso, la feria taurina que se organiza a finales de julio, con motivo de la festividad de San Ignacio de Loyola, es singular y está reconocida como un referente en la tauromaquia moderna. Y la avalan distintos motivos.

El más llamativo y sobresaliente es una apuesta clara y decidida por las ganaderías toristas; el segundo, y no menos importante, es que se celebran tres corridas de toros que concitan la atención de exigentes y documentados aficionados de distintas zonas de España y Francia en torno a una remozada plaza que se inauguró en 1903 y tiene una capacidad para 3.750 espectadores.

El tercer motivo es que el Ayuntamiento de Azpeitia está gobernado con mayoría absoluta por la coalición abertzale Bildu, -formación que prohibió los toros en San Sebastián-, que respeta que una mayoría social opte por la afición a los toros y apoya y alienta la celebración de la feria.

Los sectores más débiles de la localidad reciben cada año entre 6.000 y 10.000 euros.

Y el cuarto es que la empresa que gestiona los festejos es una sociedad mercantil -comisión taurina- formada por tres vecinos azpeitiarras que manejan un presupuesto anual que ronda los 250.000 euros, y se comprometieron ante notario a asumir las pérdidas cuando las hubiere, y reparten los beneficios entre entidades benéficas de la localidad.

La cabeza visible de esa comisión es Joxin Iriarte (Azpeitia, 1957), exindustrial del sector maderero, enamorado del toro, que divide su tiempo entre la organización de la feria y la gestión de la carrera del torero Curro Díaz.

Horas después de que se cerraran las puertas de la plaza y sin tiempo aún para hacer un balance económico definitivo de las tres corridas celebradas, Iriarte afirma que aún está en una nube, que queda mucho papeleo por revisar, pero que tiene claras dos cuestiones, a su juicio fundamentales.

Por un lado, que ha habido más espectadores que en 2016, y, por tanto, un año más, la feria dará beneficios -entre 6.000 y 10.000 euros- para Cáritas, la congregación de Siervas de María de Azpeitia, que se dedica a la atención de enfermos a domicilio, y alguna otra ONG.

Y, por otro, que “Azpeitia tiene que seguir siendo diferente”, añade. “El toro es lo más importante y esa es la razón fundamental por la que los aficionados viajan hasta aquí”.

Se define como “un inconformista por naturaleza” y no le duelen prendas reconocer errores en la gestión. “Me entristece que el primer día de feria, con un cartel integrado por Curro Díaz, Perera y Roca Rey, frente a toros de Fuente Ymbro, sobraran 700 entradas”, señala, “ cuando todo el mundo me aseguraba que sería una tarde de ‘no hay billetes’. La taquilla fue muy similar a la de los dos días siguientes, con toros de encastes más duros y toreros de otro nivel. La conclusión es clara: esta feria es más torista que torerista”,

Destaca, asimismo, la positiva sorpresa del torero colombiano Sebastián Ritter, el triunfo de Perera con un ‘fuenteymbro’ de vuelta al ruedo, y el buen juego en general de los dos hierros ganaderos triunfadores del ciclo (Ana Romero y Cuadri), que ya tienen asegurada su presencia en 2018.

PUNTO CLAVE: “Las corridas que se lidian las elige la Comisión Taurina y no los veedores de los toreros”

Iriarte muestra, además, su disconformidad con la tradición del desencajonamiento, muy arraigada en su localidad, por sus peligrosos efectos sobre la integridad de los toros.

“Téngase en cuenta, -explica- que las corridas se embarcan el miércoles a las diez de la noche y llegan a la plaza a las doce de la mañana del día siguiente, tras catorce horas de viaje; el acto del desencajonamiento comienza a las siete de la tarde; el toro se calienta, sufre, sale del camión como un loco y derrota contra los burladeros y se escobilla los pitones. Las tradiciones deben ser respetadas, pero me gusta que el toro salga íntegro al ruedo, por lo que alguna solución habrá que buscar para el futuro”.

Joxin Iriarte está convencido de que la feria sería más completa si en ella se anunciaran los toreros más reconocidos, pero…

“Sería un buen aliciente, pero las figuras no quieren venir con ganaderías toristas, y yo no voy a cambiar mi trayectoria y ponerme en sus manos. La Comisión debe mantener el pulso firme para respetar la línea del toro serio y contratar a los toreros que se atrevan con esas corridas”.

Cuenta Iriarte que un apoderado le dijo en una ocasión para ser un buen empresario hay que hablar primero con los toreros, y, después, con los ganaderos. “Le contesté que ya lo hice una vez y no volveré a repetir la experiencia. Las corridas las pongo yo y no las que deciden los veedores de las figuras”.

Porque en Azpeitia el toro es lo más importante…

– Sin duda alguna.

– ¿Y la afición ha respondido como usted esperaba?

– Siempre se puede mejorar, pero el abono ha aumentado, y tenemos clientes de muy diversos puntos de España, Inglaterra y, sobre todo, de Francia, de donde vienen entre trescientos y cuatrocientos aficionados.

Asegura el empresario que las relaciones con el Ayuntamiento, propietario de la plaza, y con el alcalde, Eneko Etxeberría, de Bildu, son excelentes. Añade que “algo habrá que hacer porque la fiesta de los toros va decayendo”, y que el momento más feliz es cuando la comisión taurina entrega los beneficios a las entidades que ayudan a los más necesitados. “Para mí, es el día más bonito”, confiesa. “Podíamos guardar ese dinero, pero preferimos empezar cada año desde cero. Esto no es una cuestión de rentabilidad, sino de que seamos capaces de ofrecer un buen espectáculo”.

-¿Y usted, por qué hace esto?

-Eso mismo me preguntó el alcalde. Por afición, le respondí. Si no la tuviera, no podría andar entre tantos problemas como plantea la organización de la feria. Y por la satisfacción de que Azpeitia siga siendo un referente del toro serio y los toreros valientes.

Publicado en El País

P.D. En México tenemos todavía mucho por aprender y mejorar. Hay algunas honrosas excepciones, pero esta lo de Azpeitia es otra prueba de que se puede ofrecer una fiesta mucho más digna y de calidad para el buen aficionado – De SOL y SOMBRA.

Feria de Azpeitia: Una muy interesante corrida, por seriedad y juego, de Fernando Cuadri

Solo Paulita cortó una oreja ante los fallos reiterados de la terna en la suerte suprema.

Por Antonio Lorca.

Ahí van los pesos de los seis toros de Cuadri que saltaron al cárdeno ruedo de Azpeitia: 580 kilos, 560, 560, 620, 560 y 615; y el quinto, que fue devuelto por cojo, 605 kilos.

Pero lo importante no era solo el reflejo de la báscula, sino la seriedad, la hondura, el cuajo… Toros con toda la barba, imponentes, que resaltaban aún más en el pequeño redondel de esta localidad guipuzcoana cada vez que se acercaban a un burladero. No eran toros guapos -todos recogidos de pitones-, pero sobradamente preparados para cualquier plaza.

Y hubo más: Cuadri lidió una más que interesante corrida en la que solo el lote de Sebastián Ritter desentonó del resto por mansedumbre en los caballos, corto de embestida y desfondado en el tercio final. Los otros cuatro, si acercarse a la perfección del toro bravo, dejaron muy alto el pabellón onubense.

Los cuatro cumplieron en sus encuentros con los picadores; los cuatro persiguieron en banderillas, y todos ellos llegaron al tercio final con clase, movilidad y altas dosis de nobleza. Destacaron especialmente los dos primeros, incansables en sus embestidas; el que abrió plaza, por los dos pitones, y el otro, extraordinario por el derecho. Las dos faenas fueron largas, en la búsqueda inalcanzable del triunfo, y aún seguían los toros obedientes al engaño tras seis o siete tandas.

Templado y noble fue el cuarto, y permitió que los banderilleros Juan Sierra y Manolo de los Reyes se lucieran con los garapullos; y repitió humillado el sobrero quinto.

En fin, que Cuadri lidió una corrida en la que triunfaron los toros, y posibilitaron el éxito de los toreros, que no llegó porque fallaron con las espadas. Pero si hubieran acertado y el generoso público hubiera premiado su labor con trofeos también habría que apuntar que ni Paulita ni Lamelas hicieron suficientes méritos para ello. Se salvó por los puntos el joven Ritter, con el lote menos potable.

No estuvieron mal los toreros; el problema es que no estuvieron bien. El problema es que torean poco, y el toro noble y encastado, pero no tonto, como el de Cuadri, descubre las carencias al instante.

El oficio lo da la experiencia, y en esta profesión no sirven solo los buenos deseos y la entrega. Sobrado está Paulita de ganas por alcanzar una meta que se le resiste, y lo intentó con toda su alma ante el primero, pero solo pudo destacar en un par de muletazos con la derecha y otros dos naturales sentidos. Le falta la confianza que da el contacto con el toro. Y eso que el animal era un dechado de nobleza, pero no pudo ser. Como tampoco fue ante el cuarto, pronto al cite, otro animal noble, ante el que quiso y no pudo.

Animoso y apasionado se mostró Lamelas toda la tarde. Recibió a su primero con una larga cambiada de rodillas en el tercio y animosas verónicas, y volvió a repetir las suertes a la salida del quinto. El segundo de la tarde aún seguirá embistiendo por el pitón derecho en el cielo de los toros. Incansable el animal y con buen son. Pero era un tren, poderoso y encastado, y no un toro artista de los de ahora. El torero le dio muchos pases, pero no se produjo la fusión que desemboca en el triunfo. Tampoco levantó una polvareda ante el quinto, que repetía humillado.

Y Ritter, que también torea poco, es todo corazón. Tiene valor este torero, fortaleza y aparente serenidad, que le permite emocionar en la cara de los toros. Vende bien su mercancía. Embiste él si su oponente se niega a ello. Se dio un arrimón ante el tercero, muy corto de ánimo, e insistió con suficiencia ante el sexto, el de menos calidad del encierro.

Acabó así la feria de taurina de San Ignacio, que ha hecho honor, un año más, al toro bravo y a los toreros valientes. El problema es que la valentía no es suficiente para salir disparado hacia la cima.

Cuadri/Paulita, Lamelas, Ritter

Toros de Cuadri, -el quinto como sobrero- muy bien presentados, muy serios y con cuajo; primero, segundo, cuarto y quinto cumplieron en los caballos; bravos y encastados los dos primeros, y nobles los cuatro. Mansos y desfondados tercero y sexto.

Paulita: estocada trasera (oreja); dos pinchazos, media tendida _aviso_ y cuatro descabellos (ovación).

Alberto Lamelas: estocada perpendicular _aviso_ y cinco descabellos (ovación); estocada _aviso_ y dos descabellos (ovación).

Sebastián Ritter: bajonazo _aviso_ (ovación); media (ovación).

Plaza de Azpeitia. Tercera y última corrida de feria. 30 de julio. Casi lleno.

Publicado en El País