Archivo de la categoría: Antonio Lorca

Feria de San Fermín: “Padilla, quédate”

Emotiva despedida del torero jerezano ante dos buenos toros y triunfo incontestable de Roca Rey.

Por ANTONIO LORCA.

La despedida de Juan José Padilla de la feria de San Fermín fue una auténtica fiesta en una plaza llena hasta la bandera, hecho que sucede por vez primera en esta feria. Fue recibido con todos los honores, como solo se recibe a alguien de la familia, y despedido a hombros, entre la algarabía popular, y la plaza toda puesta en pie al grito de “Padilla, quédate”.

Padilla se presentó como un auténtico pirata -pañuelo negro cubriéndole su reciente herida en la cabeza y parche del mismo color en el ojo izquierdo-, y lo dio todo de principio a fin; primero, en medio de una inmensa polvareda, más propia de una tormenta desértica que de una plaza, y, después, empapado por un intenso aguacero que se hizo presente a partir del cuarto toro.

Se hincó de rodillas Padilla para recibir a su primero con cuatro largas cambiadas en el tercio, y ese inicio no fue más que la tarjeta de presentación de una completa actuación presidida por la entrega, el compromiso, la gallardía, el pundonor y el agradecimiento. Tuvo en sus manos un lote de toros extraordinarios -de alto nivel fue toda la corrida-, bravos y encastados los dos, y de mayor calidad, si cabe, el segundo, con los que protagonizó momentos brillantes sin redondear una faena de clamor, pero expresó abiertamente su personalísima tauromaquia, basada en una técnica efectista y dominadora y un estilo emocionado y cálido. No es Padilla un artista, pero sí una figura que se da sin límites. Brindó su primero al público, enloquecidos el sol y la sombra con su hijo adoptivo, y el segundo, a la Casa de Misericordia, que le ofreció la primera oportunidad de triunfo en el año 1999.

Especialmente emotiva fue su vuelta al ruedo tras la muerte del cuarto; al final de la misma besó el ruedo y se guardó un puñado de arena en el pecho mientras las peñas coreaban una y otra vez su nombre, el torero se llevaba la mano al corazón y mostraba emocionado el pañuelo rojo a toda la plaza en señal de afecto.

También triunfaron Cayetano y Roca, que brindaron uno de sus toros a Padilla. Inconmensurable el joven peruano por su valor, aplomo y firmeza; sobre todo, en la faena de muleta al tercero después de una tremenda voltereta que sufrió cuando Roca citó por estatuarios al inicio del último tercio. Con el gesto dolorido, el torero atornilló las zapatillas en la arena y ofreció toda una lección de buen toreo cimentado en el arrojo, la disposición y un conocimiento exacto de los terrenos; otra lección de poderío ofreció ante el sexto, al que mató de un muy efectivo espadazo.

Tampoco se fue de vacío Cayetano, irregular e intermitente, y autor de una gran estocada al quinto de la tarde.

JANDILLA / PADILLA, CAYETANO, ROCA REY

Toros de Jandilla, bien presentados, cumplidores en el caballo, encastados y nobles; destacaron especialmente los lidiados en primer y cuarto lugares.

Juan José Padilla: estocada (dos orejas); -aviso- estocada baja (oreja).

Cayetano: pinchazo y estocada (ovación); gran estocada (oreja).

Roca Rey: pinchazo y estocada (oreja); estocada (dos orejas).

Plaza de Pamplona. Séptima corrida de la feria de San Fermín. 13 de julio. Lleno.

Publicado en El País

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Feria de San Fermín: Pamplona es una verbena

Orejas de regalo para los tres novilleros en el inicio del ciclo sanferminero.

Por ANTONIO LORCA.

Cadaval y Toñete cortaron una oreja cada uno, y dos Francisco de Manuel, que salió a hombros. Pues ninguno de los tres novilleros mereció trofeo alguno.

Pero Pamplona, su público y su presidente, es una verbena, impropia del prestigio que goza, y sonrojante para cualquier aficionado generoso y exigente con la categoría y la historia de la plaza.

Los triunfadores fueron los novillos de Pincha, una desconocida ganadería de Tolosa, de procedencia Marqués de Domecq, Los Guateles y Luis Algarra; seis escogidos ejemplares muy cómodos de presentación y pitones, que hicieron un aceptable pelea en varas y, en líneas generales, desarrollaron movilidad y nobleza en el tercio final.

Pero los jóvenes toreros no estuvieron a la altura de la calidad de sus oponentes. Incansables los tres a la hora de dar capotazos y muletazos, pero ninguno dejó nada para el recuerdo.

Los tres hicieron quites y se esmeraron con los capotes, y solo De Manuel dibujó dos medias verónicas en novillos de sus compañeros. Toñete lo intentó por delantales, verónicas y chicuelinas y nada le salió a derechas; y vanos intentos, también, de Cadaval y del propio De Manuel. El que sí se lució con el capote en las manos fue el subalterno Sergio Aguilar en la lidia del sexto.

Sin explicación alguna, el más joven de los tres paseó las dos orejas del sexto novillo. Tiene buenas maneras y corte torero, demostró valor y firmeza ante un animal que embestía con escaso recorrido y la cara a media altura, pero su decisión, un arrimón final y una estocada no pueden justificar tan abultado premio.

No tuvo suerte con su primer novillo que huía a la salida de cada muletazo, y el torero no pudo más que mostrar su entrega. A sus dos oponentes los banderilleó con facilidad y con más oficio que acierto.

Cadaval y Toñete sumaron muchos pases entre ambos, pero ya se sabe que torear es otra cosa. El toreo hay que sentirlo, y cuando tal milagro sucede se transmite a la velocidad de la luz a los tendidos, que vibran y saltan de contento.

Pues allí no saltó nadie y no porque estuviera más pendiente de la merienda que de los toreros, que en esta plaza no se perdona el bocadillo ni la tarde de la novillada, sino porque la labor de ambos toreros fue muy discreta, insulsa, desordenada y destemplada, en un torrente de muletazos despegados, iniciados siempre al hilo del pitón y fuera cacho. Y así no hay quien se emocione.

Cadaval lo hizo bien, sobre todo ante su noble primero, pero no levantó ánimo alguno; es decir, que no toreó. Se libró de la voltereta ante el cuarto, cuando lo citó de rodillas en el centro del ruedo al inicio de la faena de muleta. El animal se le vino cruzado y lo esquivó de milagro. Menos clase demostró ese novillo y no pasó nada.

Y Toñete tuvo el mérito de rehacerse con más prontitud de la debida de una seria lesión el campo. Tiene oficio y ganas, pero sus formas toreras son insípidas, carentes de hondura y empaque. El segundo novillo de la tarde fue excelente para la muleta, pero Toñete no destacó porque lo que le sobra de entrega le falta de inspiración. No mejoró ante el cuarto, pero si no falla con el descabello, también hubiera enfilado la puerta grande.

No es aceptable esta Pamplona tan simplista y generosa. Como no es serio ocultar la realidad de estos chavales, cargados de afición, sin duda, pero a los que han engañado entre un público de verbena y un presidente que flaco favor hizo al prestigio de la plaza.

PINCHA/CADAVAL,TOÑETE, DE MANUEL

Novillos de Pincha, justos de presentación, muy cómodos de cabeza, cumplidores en los caballos, nobles y con recorrido en el tercio final.

Alfonso Cadaval: estocada atravesada (vuelta al ruedo); estocada tendida (oreja).

Toñete: pinchazo y estocada (oreja); estocada contraria, un descabello _aviso_ y cuatro descabellos (silencio).

Francisco de Manuel: pinchazo y casi entera contraria y tendida (ovación); estocada (dos orejas). Salió a hombros.

Plaza de Pamplona. Primer festejo de la feria de San Fermín. 5 de julio. Más de tres cuartos de entrada.

Publicado en El País

Twitter @Twittaurino

Fortes, en San Isidro: de cómo un error presidencial puede ser un gran triunfo

Por Antonio Lorca.

Javier Lorenzo, acreditado periodista taurino salmantino —uno de los pocos que mantiene semanalmente un suplemento dedicado a los toros en un diario— escribió hace unos días en Twiter un mensaje esclarecedor: “El presidente, que bastante ridículo hizo, que se quede con el trofeo bien ganado de Jiménez Fortes. Ahora, quienes mejor pueden premiar esa faena son los empresarios. Espero que no cometan la misma injusticia que el palco”.

Se refería, claro está, a la tarde del pasado 11 de mayo en la Feria de San Isidro, en la que se vivió una encendida polémica al negar el presidente la oreja que la mayoría de los tendidos solicitó para el torero malagueño tras una faena valerosa y arriesgada ante un complicado toro de Pedraza de Yeltes.

La discusión continuó a la salida de la plaza, en los medios de comunicación, en las tertulias y corrillos, y aún se habla hoy de aquel trofeo merecidamente ganado y que Fortes no paseó por decisión del palco.

Incluso habló el presidente, José Magán Alonso, a requerimiento de este periódico, y explicó que él no constató una petición mayoritaria y que, a su juicio, la faena no había sido merecedora de oreja.

El hombre, con buena intención, sin duda, se equivocó como yerra cualquiera. Pero lo que el presidente de la corrida no podía imaginar es cómo un grave error, que condenaba en principio al torero, se podría convertir en un triunfo para su carrera.

¿Qué ha pasado después? ¿Han cambiado las perspectivas profesionales de Fortes desde aquel 11 de mayo?

Ignacio de la Serna, apoderado del torero, está contento con la gran repercusión que ha tenido el suceso entre los aficionados y los profesionales del sector, que reconocen el mérito de Fortes, ignorado por el presidente.

Toma su agenda y cuenta que ya tienen plaza fija en la feria de Santander, y mantiene conversaciones con las empresas de Pamplona, Bilbao, Gijón, Antequera, Málaga y Zaragoza, entre las plazas importantes. “Y nos están llamando de localidades grandes —continúa— que quieren contar con el torero para devolverles, me dicen, la oreja que el presidente le negó”.

De la Serna concede una importancia capital a la presencia de la televisión en la corrida del día 11. “España entera pudo ver la gesta de Fortes, y creo que estamos recogiendo los frutos de una actuación que a nadie ha dejado indiferente”.

Fortes ya hizo el paseíllo en Las Ventas el Domingo de Ramos, el pasado 25 de marzo, cortó una oreja y la espada le privó de abrir la puerta grande. Y está anunciado en esta misma plaza después de San Isidro, el 17 de junio, con toros de Bohórquez, junto a Galdós y Álvaro Lorenzo.

Queda claro que la torería de Fortes no ha caído en saco roto y cómo un error presidencial puede ser el trampolín idóneo para una carrera.

Un caso diferente pudiera ser el de Javier Cortés, torero madrileño que el pasado 2 de mayo, y en esta misma plaza, protagonizó una tarde épica, impactó a los tendidos y acabó en la enfermería con una cornada de 20 centímetros en el muslo izquierdo.

Desde entonces, Cortés está plenamente dedicado a la rehabilitación de su pierna y para ello ha debido trasladarse a una clínica especializada en Sevilla. “Me está dando mucha guerra el nervio ciático”, se lamenta el torero, “sufro muchos dolores y los doctores me dicen que desaparecerán con el tiempo”.

De momento, su obsesión es llegar al día 7 de junio con la menor molestia posible. Esa tarde está anunciado en San Isidro en un desafío ganadero con toros de Rehuelga y Pallarés. “La pierna me molesta mucho todavía cuando toreo de salón, pero estaré en la puerta de cuadrillas junto a Iván Vicente y Javier Jiménez”, asegura.

Dice que mantiene unos recuerdos muy bonitos de la corrida del 2 de mayo. “Llegar a Madrid y ver al público entregado y escuchar sus olés es algo grande”, afirma.

¿Pero ha tenido repercusión la oreja que paseó Javier Cortés el pasado 2 de mayo?

“Desgraciadamente, no”, afirma el torero.”El teléfono no ha sonado como esperábamos; pero es pronto, quizá”, se consuela. Reconoce, no obstante, que lo han llamado de algunas ferias, aunque no se ha cerrado ningún cartel. “Quizá, esperan a ver qué pasa el día 7”.

Esa corrida será el punto y seguido de una carrera “bonita, pero muy difícil, —asegura Cortés—, porque he estado sin torear mucho tiempo; ni una vaca he tenido para poder entrenar, y solo el afecto y el ánimo de las personas más cercanas han impedido que tire la toalla”.

Al final, como asegura, Ignacio de la Serna, apoderado de Fortes, la presencia de la televisión es fundamental para la carrera de un torero en el siglo XXI. Gracias a la pequeña pantalla está recogiendo los frutos de una actuación especial.

Cortés, por su parte, no escucha el teléfono mientras trata de recuperar la estabilidad de su pierna derecha. El día 2 de mayo no hubo televisión en la plaza de Las Ventas.

Publicado en El País

Análisis taurino: El cambio de ciclo de la tauromaquia moderna

'Orgullito' y El Juli, en la Feria de Abril. Paco Puentes
‘Orgullito’ y El Juli, en la Feria de Abril. Paco Puentes.

Análisis taurino: La Feria de Abril confirma el cambio de ciclo de la tauromaquia moderna.

Por Antonio Lorca.

La Feria de Abril de 2018 ha consagrado el cambio de ciclo de la tauromaquia en el siglo XXI; todo lo sucedido en el ruedo valida y confirma que la fiesta se consolida como un espectáculo diferente y nuevo basado en el toro bonito, blando, noble, artista, bonancible y perdurable en el tercio de muleta.

Ese ha sido el gran triunfador en la Maestranza. Su nombre es Orgullito, fue indultado por su excepcional juego en las manos de El Juli, y mientras la plaza entera, conmovida ante un vibrante espectáculo, enloquecía de felicidad, toro y torero cruzaban el umbral de la gloria taurina.

Un toro tan incansable y generoso y una figura instalada en el encaste más complaciente se han erigido en los referentes fundamentales de la tauromaquia actual.

Está bien, muy bien… Si ese es el espectáculo que conmueve a las nuevas generaciones, bienvenido sea. No significa que sea el mejor, ni el más puro, ni el más íntegro, pero sí es el que hoy lleva a la gente a las plazas. Será, sin duda, el signo de los tiempos. Un veterano y sabio aficionado sevillano mantiene que los que él llama ‘integristas’ somos incapaces de vislumbrar el cambio porque estamos inmersos en el tsunami que está volviendo del revés la fiesta de los toros. Quizá tenga razón…

Pero aunque así fuere, quede claro que este nuevo ciclo, —que no ha nacido ahora—, supone la práctica desaparición del toro de deslumbrante trapío, fiero, engallado, bravo y de encastada nobleza, que ha sido el santo y seña de la tauromaquia y que ha permitido que haya llegado hasta nuestros días. Ese toro, que vende muy cara su vida en los tres tercios, y exige un torero heroico, es la razón de ser de esta fiesta, y el principal culpable de que muchos ‘integristas’ acudamos ilusionados a la plaza.

Pero los tiempos están cambiando…

El Juli, que cortó cuatro orejas y salió a hombros por la Puerta del Príncipe, y el toro Orgullito, de la ganadería de Garcigrande, son los dos nombres propios del ciclo ferial. Ambos copan los premios más importantes, están en boca de todos y se han erigido con todo merecimiento en la pareja protagonista de la primavera taurina sevillana.

Pero no son los únicos. En lo más alto del podio les acompañan José María Manzanares y Pepe Moral, que pasearon tres orejas, y en el siguiente escalón figuran Talavante (2), y una cada uno Enrique Ponce, El Fandi, Luis Bolívar, José Garrido y Pablo Aguado.

En total, 17 orejas más cuatro que cortaron los rejoneadores Andrés Romero (2), y una cada uno Sergio Galán y Lea Vicens. Y todo ello, en trece corridas y un espectáculo de rejoneo; la plaza se llenó nueve tardes y en cuatro de ellas se colgó el cartel de no hay billetes.

Saludaron muchos subalternos (24 en total) por su actuación de banderillas, pero pocos pares fueron sobresalientes; José Chacón ha sido reconocido como el mejor por varios jurados, porque no en vano saludó con justificación en sus tres comparecencias, y le siguieron Curro Javier, Fernando Sánchez, Javier Ambel, Antonio Chacón y Juan José Domínguez, entre otros.

Y algunos apuntes más: la feria de Sevilla de 2018 ha sido, también, la del fracaso del toro, de la desaparición de la suerte de varas, de la ausencia de aficionados sabios y exigentes, del protagonismo de un público jaranero, triunfalista y orejero, y la feria de la disparidad de criterios presidenciales.

Ninguna de las 13 corridas lidiadas a pie ha sido completa ni merecedora de premio, si bien algunas han lucido un aprobado en comparación con el bajo tono general, como Torrestrella, La Palmosilla, Fuente Ymbro, Miura y Garcigrande (reconocida esta por los jurados gracias al toro indultado); y otras se han hundido en el fracaso por su invalidez y falta de casta, como García-Jiménez y Jandilla, (ambas también por su presentación anovillada), y Juan Pedro Domecq.

Ha habido una decena de buenos toros sueltos, y entre todos sobresale con méritos suficientes Encendido, de la ganadería de Núñez del Cuvillo, correcto de presencia, nulo en varas, codicioso en banderillas y extraordinario en la muleta, que fue lidiado por Manzanares y le cortó las dos orejas. A pesar de su buen juego, ni siquiera mereció los honores de la vuelta al ruedo.

La suerte de varas ha desaparecido de la Feria de Sevilla. Ha sido premiado el varilarguero Paco María, de la cuadrilla de Manzanares, por realizar la suerte con torería, pero no por picar. El primer tercio ha sido todas las tardes un simulacro.

En la Maestranza no ha habido aficionados; y si alguno andaba por allí habrá sufrido en silencio el desaforado triunfalismo de un público de aluvión que lo mismo aplaude una cumbre artística que una ordinariez, y pide orejas y saludos de banderilleros con vergonzosa fruición.

Y a los presidentes hay que pedirles que eleven la exigencia en la presentación de las corridas, unifiquen criterios en la concesión de trofeos, y sigan buscando fórmulas para que los festejos no duren una eternidad.

En una palabra, la Feria de Abril de 2018 ha confirmado que la fiesta de los toros ha cambiado. Existe, que no es poco. Los tendidos se llenan muchas tardes, que está muy bien. Y perdura, a pesar de tantos ataques y complejos. Un éxito, sin duda, pero a cambio hay que dejar en la vereda muchas emociones inherentes a valores perdidos y que han sido, son y serán para siempre las columnas de la tauromaquia.

Y dos perlas finales, colgadas en Twitter por Beatrice Margé.

La primera la atribuye al ganadero Fernando Cuadri y dice: “Estamos haciendo un toro tan acomodado a los toreros que llega un momento que ya no sirve ni a ellos.”

Y la segunda, al fallecido maestro Dámaso González: “El aficionado necesita un animal con fiereza porque, si no, no valora lo que hace el torero. La fiesta se defiende por sí sola si hay emoción en la plaza.”

Publicado en El País

FERIA DE ABRIL SEVILLA | Román, herido en la pierna izquierda


El diestro Román, cuando es enganchado en la lidia al primero de su lote en Sevilla. Raúl Caro EFE.

Por Antonio Lorca.

El joven Román se presentó en Sevilla y sufrió una aparatosa voltereta con cornada incluida al poco de pisar el albero maestrante. Auténtica mala suerte. Ciertamente, fue una presentación breve. Solo tuvo tiempo de demostrar en un par de tandas con la muleta que venía a por todas, que sabe torear despacio y con temple, y que no estaba dispuesto a volverse de vacío. Pero un toro mal presentado, manso, soso, sin fiereza y emoción alguna, una birria de toro bravo, lo enganchó por la pierna izquierda, lo volteó, lo buscó con saña en el suelo y lo mandó a la enfermería con toda la media ensangrentada, prueba evidente de que iba herido.

El triunfador de la tarde fue Pepe Moral, que nada pudo hacer ante su primero, un buey pesado, sin casta ni codicia, al que le costaba un mundo moverse. Entendió muy bien a su segundo, un dechado de nobleza, aunque escasamente fortalecido y con poca capacidad de movimiento. Se colocó Moral en el lugar exacto y, después de trazar algún derechazo estimable, tomó la izquierda y dibujó un manojo de naturales de toreo de salón, largos, hondos, lentísimos, que hubieran adquirido una altísima consideración si el toro hubiera sido algo más que un marmolillo bienintencionado. Muy andarín y deslucido fue el sexto, y todo quedó en un deseo incumplido.

Finalizada la primera faena de muleta, asomaron cuatro pañuelos en los tendidos mientras el matador, Curro Díaz, se acercaba al burladero de cuadrillas. Arrastrado el toro entre leves palmas, una ovación obligó al torero a salir al tercio a saludar. Y así sucedió; con generosidad sevillana se le agradecieron los pocos y bonitos detalles que tuvo ante un animal que exigió otra actitud del diestro. Acabado el gesto, Curro se dirigía a su sitio pero, antes de alcanzar el callejón, cambió de opinión e inició una sorprendente vuelta al ruedo que nadie le había pedido ni, por supuesto, había merecido. No hubo más que protestas aisladas, pero fue un detalle el de Curro Díaz muy poco torero. No se debe uno arrogar premios a los que no se ha hecho acreedor, y mucho menos en esta plaza.

La verdad es que no estuvo mal ante un toro que cumplió en el caballo y repitió con nobleza en el tercio final. Curro Díaz lo recibió de capote con excesiva brevedad y molestado por el viento, y muleta en mano, despertó la esperanza con un inicio en el que combinó los trincherazos, los pases por alto y dos de pecho que ilusionaron al respetable. Hubo, después una buena tanda de muletazos con la mano derecha y asentadas las zapatillas, y otra a continuación que tuvo menos hondura. Y, a todo esto, el toro seguía embistiendo. Bajó el tono del animal por el lado izquierdo, y ya solo hubo detalles de torería, pero no una faena hilvanada. En fin, que todo quedó en detalles bonitos, muy al estilo de este torero, de buen corte y elegante siempre, pero poco amigo de triunfos arrolladores. Y la vuelta al ruedo sobró, sin duda alguna; un gesto impropio de un torero que debe conocer dónde está.

Tampoco estuvo mal ante su segundo, otro noblón con muy poco fuelle. De nuevo, un inicio esperanzador por alto, y dos buenas tandas por el lado derecho, con aroma y torería. Una estocada baja, muerte rápida del toro, petición mayoritaria del público que no atiende la presidenta y otra vuelta al ruedo, con más sentido en esta ocasión. Lo dicho: torero de ¡bien…! más que de ¡óle…!

LAS RAMBLAS / DÍAZ, MORAL, ROMÁN

Toros de Las Ramblas, desigualmente presentados, cumplidores en los caballos, nobles, flojos y descastados.

Curro Díaz: casi entera (vuelta por su cuenta); media y tres descabellos en el que mató por Román (silencio); estocada baja (vuelta tras petición).

Pepe Moral: pinchazo, estocada y un descabello (silencio); estocada y un descabello (oreja); estocada muy tendida y tres descabellos (silencio).

Román: herido durante la faena de muleta a su primer toro.

Plaza de la Maestranza. Primera corrida de la Feria de Abril. 8 de abril. Casi tres cuartos de entrada. Se guardó un minuto de silencio en memoria del rejoneador Ángel Peralta.

Parte médico de Román

Cornada en cara antero-externa de miembro inferior izquierdo, región pretibial, en una extensión de 15 cm, con dos trayectorias, una ascendente y otra posterior, que lesiona musculatura pretibial, alcanzando espacio posterior, donde lesiona estructura vascular venosa. Hemostasia de lesión venosa. Ante la imposibilidad de constatar con certeza la lesión arterial, y aun comprobando pulso arterial distal, se traslada para realización de pruebas complementarias.

Pronóstico: grave.

Publicado en El País

Crónica de Sevilla: El imperio del toreo ‘low cost’

Por Antonio Lorca.

La plaza de la Maestranza, una preciosidad, como cada primavera; el ambiente, de lujo, como cada Domingo de Resurrección; los sueños, por las nubes, y la afición (entiéndase público) fácil, fácil, como nunca: no es hambre de toros lo que se mastica, sino la constatación de que se ha perdido la inherente exigencia de la tauromaquia. Este es el imperio del toreo low cost, y así son las cosas…

Hubo momentos de alta tensión, de toreo bueno, es verdad, pero todo no puede valer. No valen, por ejemplo, los toros que se lidiaron de Victoriano del Río, correctos, por no decir muy justos de trapío, escasos de fortaleza, parientes lejanos de animales bravos y dulzones y nobles, eso sí, al gusto de la torería andante.

El primero que inauguró la temporada fue devuelto a los corrales. No es lo que se dice un buen comienzo. Besó la arena en varias ocasiones y demostró sin pudor que lo suyo no era la pelea. Después, salieron otros, sosones unos y muy nobles y sin fiereza otros. Destacaron, según la nomenclatura moderna, los corridos en tercer y cuarto lugar, correspondientes de Roca Rey y Antonio Ferrera. El primero cortó una oreja y el segundo se debió conformar con una vuelta al ruedo tras fallar con el acero a la primera.

El joven peruano parece que viene a por todas esta temporada. Le sobran condiciones para ello; desborda valor, entrega, ilusión y capacidad para conectar con el público. Aprovechó las buenas condiciones de su primero, al que capoteó con donosura de salida, y esperó en el centro del ruedo, a pies juntos y por ajustados estatuarios en el inicio de la faena de muleta. Con pasmosa facilidad, dibujó varias tandas de derechazos muy jaleados y, después, un rosario de naturales templados y enjundiosos que hicieron sonar los compases de la banda de música. Aprovechó, en suma, la humillación del animal que le permitió ganar el entusiasmo de los tendidos. El toro tardó en morir tras un estoconazo y el premio se redujo a una oreja, más que merecida.

Se esperaba todo y más del sexto de la tarde, pero la muy irregular corrida de Victoriano del Río lo impidió. Roca Rey quiso darlo todo, pero su toro, acobardado en tablas, se negó a colaborar. Valor sin mácula ante un animal huidizo que impidió que el torero peruano corroborara una tarde de triunfo en Sevilla.

Y Ferrera, que no pudo más que justificarse ante el soso y desabrido primero, salió a por todas ante el cuarto, otro dechado de nobleza, ante el que dictó una lección de buen gusto, de temple e inspiración. Incomparable ese momento en el que la trompeta interpreta el solo del pasodoble Dávila Miura, de AbelMoreno Gómez, la plaza silente, y toro y torero, frente a frente, para dibujar una tanda de muletazos tan irregulares como henchidos de magia. Mejor, quizá, en los adornos que en el toreo fundamental, pero grande su torería, su inspiración, su forma de andar, sus maneras de pensar e interpretar en la cara del toro. Una media estocada fea y atravesada emborronó su obra.

Nada en el haber de Manzanares, poco agraciado con la suerte de un lote muy soso, impropio para el toreo que de él se espera. No pudo triunfar, pero se llevó un volteretón de miedo cuando pasaba con la derecha a su primero. Voló por los aires y salió milagrosamente indemne del accidente.

En fin, que se hizo de noche —las corridas en esta plaza siguen durando más que Lo que el viento se llevó, inconcebible, por ejemplo, la demora de los toreros en aparecer en la arena tras el anuncio de los clarines mientras la presidencia y el delegado de la autoridad miran para otro lado— y las ilusiones se marchitaron. Detalles, solo detalles, de buen toreo; toros para el desecho y las ilusiones por todo lo alto…

DEL RÍO / FERRERA, MANZANARES, ROCA

Cinco toros de Victoriano del Río, —el primero, devuelto—; el sobrero y el quinto de Toros de Cortés, correctos de presentación, mansos, blandos y nobles; destacaron tercero y cuarto.

Antonio Ferrera: estocada (ovación); —aviso—, media travesada y un descabello (petición y vuelta al ruedo).

José María Manzanares: pinchazo y casi entera (ovación); media estocada (silencio).

Roca Rey: estocada —aviso— (oreja); estocada, un descabello, —aviso— y el toro se echa (silencio).

Plaza de la Maestranza. Inauguración de la temporada. Domingo de Resurrección, 1 de abril. Lleno de “no hay billetes”.

Publicado en El País

DOMINGO DE RAMOS EN LAS VENTAS: Fortes, torería al natural

El diestro Saúl Jiménez Fortes da un pase a uno de sus astados en el festejo inaugural de la temporada 2018 en Las Ventas. MARISCAL EFE.

Por ANTONIO LORCA.

El fallo con la espada ante el sexto le cerró la puerta grande, pero Fortes ha dejado en Madrid la impronta de un torero nuevo, valiente siempre, con un gusto exquisito, una entrega sin límites, templado y puro.

Las dos faenas no fueron apoteósicas porque sus toros, los más noblotes de un encierro muy blando y descastado, no le permitieron el lucimiento soñado, pero el torero malagueño dibujó naturales de alta escuela, los pitones siempre rozándole la taleguilla y asentados los pies en la arena.

Avisó en un quite al segundo de la tarde por ajustadísimas chicuelinas capoteó con prestancia a su primero, que engañó en varas (acudió tres veces y cabeceó con feo estilo), y embistió a la muleta con nobleza, pero sin brío ni alegría. A pesar de ello, Fortes le robó un manojo de naturales preciosos, largos, lentos, soñados, de esos que no se olvidan. Y los ayudados por bajo finales fueron de categoría. No fue faena grande, pero sí preñada de instantes mágicos.

Otro toro noblote fue el sexto, y también falto de movilidad en el tercio final. Entre las rayas inició la faena con la mano izquierda y brotaron algunos compases de alta escuela, toreo de verdad, templadísimos, hermosos y apasionados por su belleza.

Todo se malogró con la espada cuando la puerta grande le esperaba con los brazos abiertos. No fue posible, pero Fortes dejó la impronta de que es un torero renovado y válido, más vivo que nunca, con ansias de escalar puestos más altos.

El Cid y Pepe Moral no pudieron hacer más que cumplir con su obligación de matar sus toros tras comprobar que allí no había alimento para el triunfo. Apagado y desganado se mostró el primero, al que algunos pitaron cuando apareció con una cornada en la parte superior de la pata izquierda, pero pronto se comprobó que el problema no era la herida sino su carácter. El cuarto se desplomó a todo lo largo al inicio de la faena de muleta, insulso el animal, y solo permitió buena voluntad de El Cid y un pase de pecho de cartel.

Y el lote de Moral fue otro monumento al desencanto. Se justificó el torero sobradamente por actitud y porfía, pero poco más admitió su infumable lote.

Por cierto, esto de ser aficionado a los toros no está pagado con nada. Claro, que más que afición es un veneno, una enfermedad. Quien nace con el virus de fábrica o se lo inoculan de pequeño, ya sabe, a sufrir. Y a gozar, solo de vez en cuando. Aguantan el frío de ayer y no escarmientan porque están enfermos.

Varios miles de ellos (una minoría, claro que sí, pero buena y respetable) llenaron los tendidos de sol de la plaza de Las Ventas, mientras los de sombra ofrecían muchos claros porque allí acude mayoritariamente el público cuando se anuncian las figuras.

Pero el Domingo de Ramos era festejo para aficionados, y pronto que se notó. Protestaron al toro primero, que sangraba por la pata izquierda, y algunos exigieron el cese del presidente cuando aún no había calentado el asiento. Se emocionaron con el tercio de varas del tercero, cuando al animal acudió con alegría al caballo, pero no quisieron ver que el toro no empujó con los riñones, y luchó por huir del castigo. No fue toro de bandera, ni mucho menos, en la muleta, pero lo aplaudieron en el arrastre. Esas son las ganas de ver toros que tienen los aficionados.

Por razón parecida hubieran sacado a hombros a Fortes si no falla a espadas; porque si bien no firmó una faena grande, reconcilió a la afición con el buen toreo. Y eso, amigo, hay que premiarlo.

MARTÍN / EL CID, MORAL, FORTES

Toros de Victorino Martín, bien presentados, muy blandos, mansos, sosos y descastados.

Manuel Jesús, ‘El Cid’: estocada y dos descabellos (silencio); pinchazo, estocada —aviso— y un descabello (silencio).

Pepe Moral: metisaca, pinchazo y estocada (silencio); dos pinchazos, media —aviso— dos descabellos y el toro se echa (silencio).

Fortes: estocada (oreja); pinchazo —aviso— tres pinchazos y casi entera (ovación).

Plaza de Las Ventas. Inauguración de la temporada. 25 de marzo. Casi tres cuartos de entrada.

Publicado en El País

La orquesta taurina del ‘Titanic’ sigue sonando mientras el barco se hunde

Público de Las Ventas durante la celebración de un festejo. SAMUEL SÁNCHEZ .

Tres aficionados representativos reflexionan sobre la actualidad de la fiesta de los toros.

Por ANTONIO LORCA.

Como buenos aficionados a la fiesta de los toros, son entendidos, críticos, pacientes y fieles. Se les nota que llevan el veneno de la torería en la sangre, pero también el cansancio que producen unas estructuras taurinas caducas, rancias y adormecidas de las que se escapan el riesgo y la emoción. A pesar de todo, uno de ellos ya ha dejado escrito que sus cenizas se esparzan en el ruedo de su ciudad, y los tres afirman sin titubeos que, pase lo que pase, morirán como aficionados.

Roberto García Yuste es el presidente de la Asociación El Toro de Madrid, que reúne a 146 socios, y representa el sector más exigente (el llamado tendido 7) de la plaza de Las Ventas.

Jesús María Fernández es la voz de la Unión de Abonados y Aficionados Taurinos de Madrid, que integra a 780 de los 15.000 con que cuenta la plaza madrileña.

Y Javier López-Galiacho es el presidente del Círculo Taurino Universitario Luis Mazzantini, formado por 50 aficionados, que conceden anualmente el Premio Universitario de Tauromaquia Joaquín Vidal.

A instancias de este periódico, los tres se han reunido a escasos metros de la plaza de Las Ventas para hacer un diagnóstico de la tauromaquia del siglo XXI; y en el trascurso de la conversación se ha traslucido su desencanto ante la gravedad de los problemas que aquejan a la fiesta, sin renunciar, por ello, a la esperanza de alcanzar soluciones posibles para que el espectáculo alcance las cotas de interés con las que sueñan los aficionados.

El más optimista, el presidente de los abonados madrileños, Jesús M. Fernández, está convencido de que “la fiesta tiene todo el futuro por delante”, y que “la crisis pasará, aunque el porvenir sea distinto y evolucionado”.

El más crítico, el portavoz de la Asociación El Toro, quien clama por que “cada plaza cuente con una comisión de aficionados”, se recupere “la emoción del toro encastado, bravo y fiero, y que los ganaderos dejen de hablar de toreabilidad”, y que “las figuras compitan de verdad entre ellas en el ruedo”.

Y el más desencantado, el presidente del Círculo Mazzantini. “La fiesta está en caída libre, y nunca ha vivido un momento más grave que este en toda su historia”, asegura. “Es necesaria una gran sentada de todo el sector taurino para establecer una estrategia de anclaje de la fiesta en el siglo XXI”. “Si no somos capaces de hacerlo, —concluye—, la fiesta se parecerá a la orquesta del Titanic, que sigue sonando mientras el barco se hunde”.

Jesús M. Fernández considera que “la fiesta está en crisis, como siempre; continúan las mismas familias empresariales del siglo pasado y permanecen inamovibles las estructuras privadas y públicas”. “Los taurinos tienen que salir más a la calle y enseñar el campo; hay que romper la brecha existente entre el mundo rural y la ciudad”. “Porque nadie distingue ya entre un jilguero y un gorrión”, concluye.

De parecida opinión es López-Galiacho, persuadido de que “son muchos los enemigos y de que se está produciendo una destaurinización de la sociedad como no ha sucedido nunca”. “Los jóvenes desconocen absolutamente este espectáculo y existe una intencionada opacidad en los medios de comunicación”, añade. “Hay que abrir las puertas de la ganaderías a las nuevas generaciones”, apostilla.

Roberto García Yuste incide en que el animalismo es una amenaza para la fiesta de los toros, (“y un ataque a nuestra civilización”, apunta Fernández), “pero no menos que el propio sistema y los taurinos, que son los responsables de la falta de integridad del espectáculo, y causa de la huida de muchos aficionados”. “Los jóvenes acuden en masa a los festejos populares porque en ellos sobresalen el riesgo y la emoción, elementos que se están perdiendo en las corridas de toros”, añade.

El presidente de la Asociación El Toro tiene muy claro quién manda en la fiesta actual:

“Unos pocos empresarios y unas cuantas figuras que se lo están llevando todo. Simón Casas y la Casa Matilla son los que más daño hacen; confeccionan carteles a su antojo, no apuestan por los jóvenes ni por las novilladas, y siempre torean los mismos y con las mismas ganaderías”.

Jesús M. Fernández denuncia que la iniciativa pública, propietaria de muchas plazas, se limita a obtener beneficios del espectáculo, “sin que un solo euro revierta en la promoción de la fiesta”. “Es inadmisible que el poder público haga negocio con el patrimonio cultural”, tercia López-Galiacho.

—¿Qué pintan los aficionados en la tauromaquia moderna?

“Los aficionados no pintamos nada; a los empresarios solo les interesa que pasemos por taquilla” (Roberto García Yuste)

“Nada”, asevera García Yuste. “A los empresarios solo les interesa que pasemos por la taquilla y que en el tendido seamos aplaudidores y triunfalistas”.

“Es el único espectáculo que vive de espaldas al cliente”, afirma López-Galiacho. “Cualquier empresa moderna busca métodos para ganar la confianza de los clientes, —prosigue—, menos en los toros. En ninguna plaza, por ejemplo, se hace una encuesta de satisfacción sobre el producto que se ofrece a los espectadores; los toros se siguen gestionando con los mismos modos del siglo XIX”.

“El horizonte lo veo muy oscuro”, adelanta el primero. “Creo que en cualquier momento nos podemos encontrar con una prohibición legal en el Parlamento; partidos políticos muy taurinos como el PSOE o Ciudadanos están hoy de perfil; es decir, que la fiesta puede desaparecer como tal, lo que no impedirá que España siga siendo taurina, porque este país tiene una actitud muy torera ante la vida”.

“El aficionado siempre ha sido pesimista, pero creo que los toros continuarán a pesar de todo”, opina García Yuste. “Habrá otro tipo de espectáculo, eso sí, más humanizado y con menos sangre; de hecho, ya se han perdido los dos primeros tercios, el toro es más suave y abundan los espectadores poco exigentes y con los pañuelos blancos en las manos”.

Jesús M. Fernández, por su parte, cree que las figuras actuales interesan, y se inclina por Morante —“el torero más puro que he visto”—, y Finito, “que tiene una muy buena concepción del toreo”.

El presidente de la Asociación El Toro opina que las figuras importan al público, pero no al aficionado. “Las vemos porque están en el abono”, explica, “pero yo no hago ni cinco kilómetros para ver a ninguna”. Él prefiere a Paco Ureña, Antonio Ferrera y sueña con la aparición de un tercero que “pudiera sorprendernos a todos”.

López-Galiacho explica así sus preferencias: “Si sometiéramos la gestión de la feria de San Isidro a una escuela de negocios, saldrían carteles como estos: un mano a mano entre El Juli y Ureña; otro, con Ponce y Rafaelillo, y una terna formada por Juan Mora, Antonio Ferrera y Talavante”. Y coloca sobre la mesa los nombres de dos toreros que le han emocionado: Dámaso González e Iván Fandiño.

La tertulia toca a su fin, pero la Feria de San Isidro acaba de ser presentada y requiere una opinión.

“Opino que la cartelería es positiva en líneas generales”, afirma Jesús M. Fernández. Lamenta la ausencia de los toros de Cuadri y la comparecencia ‘testimonial’ de las figuras, “aunque ello posibilita que los más jóvenes tengan su oportunidad”. “No hay más cera que la que arde”, termina.

“Me parecen las combinaciones más rutinarias y aburridas de los últimos años”, afirma López-Galiacho. “Merecen un suspenso rotundo; no contienen ni el más mínimo atisbo de rivalidad, competencia, atractivo o innovación”.

Finalmente, Roberto García Yuste continúa por la vía de la exigencia: “La feria no está pensada para el aficionado, muy larga y poco atractiva, sino para un público ocasional. Nos gustaría un ciclo más corto, con más gestas de las mal llamadas figuras y más rivalidad. Menos cantidad y más calidad”. Valora la presencia de ganaderías toristas, echa de menos a toreros como Juan Mora, José Tomás y Morante, y espera que la afición sea rigurosa “para que Madrid siga siendo la plaza más importante del mundo

Publicado en El País