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Domingo de Resurrección: Reencuentro con la sevillana más guapa

Una mal presentada, descastada e inválida corrida de Núñez del Cuvillo entristeció una tarde luminosa

Por Antonio Lorca.

Es, sin duda, la sevillana más guapa. ¿Del mundo? Quizá; no es fácil conocerlas a todas, pero esta es de una belleza inmaculada, una preciosidad, de esas que te dejan sin habla. Y cuantas más veces la admiras, más te gusta. Vuelves cada año por estas fechas, y La Maestranza, -de la plaza se trata, qué se creían- se presenta vestida como una reina, limpia, perfumada, reluciente, coloreada de amarillo, blanco y rojo, de estreno y dispuesta para el noviazgo, una temporada más, con la fiesta que le da sentido a su existencia.

Sus buenos dineros se gasta la corporación maestrante en que parezca una sevillana en flor a pesar de su edad; y así, cada primavera abre sus puertas para gozo y deleite de todas las miradas, y se convierte en la pasarela más hermosa para el arte más sublime. Así es la rosa; así es la plaza de toros de La Maestranza de Sevilla, una obra de arte construida a trompicones, en tiempos distintos, sin el objetivo, quizá, de ser una belleza, pero lo es por obra y gracia de una milagrosa armonía.

Visitar esta plaza un Domingo de Resurrección luminoso como el de ayer es una gozada que no tiene precio; quien no la conozca que apunte en su agenda una próxima visita. No le defraudará. Merece la pena disfrutar con la sevillana más guapa. Vacía es una maravilla; llena, como ayer, transmite una impresión indescriptible. Qué pena que tan extraordinario escenario no albergara un espectáculo en consonancia con su categoría. Se inauguró la temporada con un cartel de postín: Morante, Manzanares y Roca Rey, con toros de Núñez del Cuvillo, una combinación perfecta para los aficionados toreristas que tanto abundan en detrimento de la exigencia del toro y el torero heroico.

A nadie sorprende que las figuras eligieran la ganadería gaditana, pues se aprobaron seis toros muy justos de presencia, nobles hasta la saciedad, y amuermados, descastados, inválidos y vacíos de bravura. Una corrida sin fuerza y bondadosa. Tonta e inservible hasta la exageración. Y de tal modo no es fácil que el arte se haga presente. Y mira que está fácil Sevilla, defecto que ya viene de lejos; mira que se aplauden vulgaridades, y se jalean momentos que hace poco exigían el silencio expectante. Pues ni por esas; no hay manera de entresacar secuencias de recordada emoción. Anda que no tiene ganas Sevilla de que triunfe Morante… 

Y él también, pero con estos toros tendrá que esperar, como espera cada año, que le salga el gordo de la lotería para mostrar sus esencias. Ayer, un detalle por aquí, otro por allá, y poco más. Decisión, mucha, con capote y muleta, pero, mientras persista con estos toros, nada. Lo intentó en su primero, distraído y sin fondo de casta, con cara de niño, y se justificó con algunos muletazos con la mano derecha. Se lució por delantales en un quite al tercero que cerró con una media cincelada con una lentitud tan sentida como imperceptible. Ante el cuarto volvió a intentarlo sin éxito ante otro animal inservible.

¿Y Manzanares? Decir que cayó de pie en esta plaza es quedarse corto. Sevilla lo arropa y lo empuja hacia el triunfo, y ayer no paseó alguna oreja porque falló con la espada ante el quinto. Su innata elegancia destaca aún más ante toretes infumables como los de Núñez del Cuvillo. Algo más se dejó el quinto, que no fue picado, como toda la corrida, y lo muleteó con nervio, despegado casi siempre y con una decisión muy agradecida por los tendidos. No acertó a la hora de matar y todo quedó en una cariñosa ovación. Desapercibido quedó en su primero, un muerto en vida.

Y se esperaba todo de Roca Rey. A pesar de lo que pudiera creerse, seguro, seguro que no habrá aprendido la lección, y en cuanto pueda volverá con esta ganadería. Es el sino de las llamadas ‘figuras’.
Lo intentó de principio a fin, intervino en quites por chicuelinas y con el capote a la espalda, intentó capotear de rodillas al sexto, pero toda su labor no pasó de decidida y discreta. Se dio un arrimón ante el tercero, que no merecía otra cosa, pues no permitía el toreo de muleta por su falta de fuerza y movilidad, y ni eso pudo intentar ante el último, inválido protestado, que urgía su paso a una vida más placentera.

Del Cuvillo/Morante, Manzanares, Roca

Toros de Núñez del Cuvillo, muy justos de presentación –el primero, anovillado-, mansos, descastados y muy blandos.

Morante de la Puebla: cuatro pinchazos _aviso_ pinchazo y media (silencio); estocada caída, tres descabellos y el toro se echa (ovación).

José María Manzanares: estocada (silencio); pinchazo y estocada _aviso_ (ovación).

Roca Rey: estocada (ovación); pinchazo y estocada (silencio).

Plaza de La Maestranza. Inauguración de la temporada. 16 de abril. Lleno de ‘no hay billetes’. Se guardó un minuto de silencio en memoria de los toreros Manolo Cortés y Pepe Ordóñez y del niño Adrián Hinojosa

Roca Rey.

Publicado en El País 

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Las Ventas y la Maestranza celebran este domingo corridas de alto voltaje

Uno de los toros de la ganadería de Montealto, presentados para la corrida del domingo. Plaza 1.

Por Antonio Lorca.

Curro Díaz y José Garrido -artística veteranía y juventud arrolladora- en Madrid; Morante, Manzanares y Roca Rey, en Sevilla. Los dos primeros lidiarán seis toros de la ganadería de Montealto; a los tres restantes les esperan reses de Núñez del Cuvillo.

Estas son las dos propuestas que presentan las dos plazas más importantes del mundo taurino para este Domingo de Resurrección, 16 de abril. Dos festejos de alto voltaje, entre los que destaca, sin duda, el que se anuncia en la capital de España por el emocionantísimo recuerdo que ambos toreros dejaron en la afición en la Feria de Otoño del año pasado, cuando se enfrentaron a una durísima y correosa corrida de Puerto de San Lorenzo, de la que salieron victoriosos tras recibir una fuerte paliza.

Curro Díaz volvió a demostrar aquella tarde que es un torero de una pieza, valiente y elegante artista, que no se arredra ante las enormes dificultades que le planteó su lote; el joven Garrido, por su parte, fue volteado, zarandeado, perseguido y pisoteado por sus toros, ofreció toda una lección de pundonor y se ganó el respeto y la admiración de la afición madrileña.

Los dos vuelven a Las Ventas con todos los honores, junto a los toros de Montealto, en uno de los carteles más interesantes de la temporada que ahora comienza. La ganadería que dirige Agustín Montes, fundada en el año 2000 con vacas y sementales de Luis Algarra y Victoriano del Río, ha triunfado ya en esta plaza, y se ha distinguido por su clase y encastada nobleza.

En otro plato fuerte se celebrará en la plaza de la Real Maestranza de Sevilla, que inaugura la temporada con un cartel torerista, como es habitual cada año en esta ciudad.

Tras una intensa Semana Santa, el Domingo de Resurrección en la capital andaluza es el día taurino por excelencia; se espera que se cuelgue el cartel de ‘no hay billetes’ y los ánimos estarán dispuestos para que se abra la Puerta del Príncipe a poco que los toreros ofrezcan motivos. No en vano están anunciados dos ‘consentidos’ de esta plaza, Morante de la Puebla, a quien todo se le perdona y jalea, y José María Manzanares, que tiempo ha fue acogido como hijo predilecto aunque naciera en tierras alicantinas. Ambos estarán acompañados por el joven Andrés Roca Rey, nuevo en este cartel, la gran esperanza de la temporada, en quien están depositadas todas las ilusiones. En este cartel, los toros importan menos. Pertenecen a la ganadería gaditana de Núñez del Cuvillo, una de las más comerciales y nobles -y también menos emocionantes- del campo español, razones suficientes para que figure entre las preferidas de los toreros de postín.

Veinticuatro horas antes de que se abran las puertas de cuadrillas en Madrid y Sevilla, habrá toros en la plaza de Málaga. Allí, el llamado Sábado de Gloria se inaugurará la temporada con un festejo mixto, en el que se lidiarán dos toros de Guiomar Cortés Moura, para el rejoneador Diego Ventura, y cuatro de Torrehandila-Torreherberos, para Fortes y López Simón.

CRITICA SEVERA A LA TAUROMAQUIA MODERNA

Sierra de San Miguelito, S.L.P. a 5 de abril de 2017

A finales de marzo el periódico español “El País” publicó un artículo de Antonio Lorca –de crítica severa a la tauromaquia actual- del que transcribimos algunos párrafos que consideramos de gran interés para el aficionado exigente y conocedor.

“Va siendo hora de llamar a las cosas por su nombre antes de que la tauromaquia clásica se convierta en objeto de museo y dé paso a una modernidad deformada que parece inevitable.”( Una corrida en las Fallas de Valencia con un encierro de Garcigrande que despacharon tres figuras de la torería hispana y en la que Enrique Ponce indultó un toro, originó la crítica).

“Las figuras han impuesto el toro simplemente noble, que es simplemente tonto. Una tarde más, el veterano maestro de Chivas hizo de enfermero jefe del ruedo ibérico, puso cara de contrariedad y dijo aquello de que “el problema es que los toros están gordos y lo acusan, no se mueven”(…) Ponce es un torero grande, con una imagen magnífica, hombre educado y cordial, pero lo suyo ya está pasando de castaño oscuro , como le ocurre a El Juli, diestro poderoso y reconocido; y Manzanares , elegante a la par de cómodo y ventajista, y otros pocos que están en la cumbre del toreo actual . Todos ellos llevan años destrozando la tauromaquia, de manera inconsciente, seguramente, pero constante. Ellos y sus fieles colaboradores han impuesto a los ganaderos y al público el toro simplemente noble, como bien se sabe, es simplemente tonto. Ellos están acabando con la fiesta, sin prisa, pero sin pausa.”

En otra parte de su crítica aguda, Lorca afirma que “es una broma de mal gusto que las figuras pidan a la sociedad que cuiden la tauromaquia cuando son ellos los que la están destruyendo cada día.”

“Sólo el toro serio y toreros heroicos podrán salvar la fiesta. El problema es que las figuras no quieren enterarse… La tauromaquia moderna carece de líderes comprometidos. Y así imposible, entre toreros es que viven en una burbuja-en otra galaxia-de espaldas a la realidad y rodeados de aduladores , besamanos y sectarios , entre ganaderos que en su mayoría están “vendidos” a las imposiciones de las figuras, y animales que sólo se parecen al toro bravo en el color de su piel, el futuro está en entredicho.”

Y Antonio Lorca remata su estupenda faena con esta frase :”LA FIESTA DE LOS TOROS NO TIENE MAS QUE UNA SOLUCIÓN Y ES SU SERIEDAD, FUENTE DE LA EMOCIÓN , BALUARTE INDISPENSABLE PARA SU MANTENIMIENTO EN EL TIEMPO.”

La crítica taurina existe desde hace mucho, predominando la superficial y pesimista; poca la inteligente, positiva y constructiva como la de Lorca. El enemigo realmente peligroso para la fiesta de la raza, es evidente, está dentro, como la famosa y legendaria “quinta columna” en la guerra civil de la Madre Patria. De ahí nuestro sempiterno llamado a empresarios, ganaderos, toreros y apoderados, público aficionado, “fuerzas vivas” de la Fiesta Brava, a que lo sean de verdad.

Tiene vigencia plena el lema del Primer Encuentro de Peñas Taurinas en San Luis Potosí: “Por la verdad en la Fiesta”. Un valor desgraciadamente a la baja –la verdad- también en la más bella de todas las fiestas. ¡A por ella!

Hasta el miércoles próximo , D.M. ¡Buenas tardes de toros!

Publicado en El Sol

Lorca y Crivell “resucitan” a Pepe Luis Vázquez como uno de los grandes del toreo

De SOL y SOMBRA.​

De la estirpe de Joselito El Gallo, Chicuelo y Belmonte, considerado uno de los diez toreros más importantes de la historia, Pepe Luis Vázquez alternó en 120 corridas con Manolete y ahora los críticos Carlos CrivellAntonio Lorca “resucitan” una personalidad única en el mundo del toro.

Pepe Luis Vázquez, torero de culto (El Paseo) es, en palabras de Lorca, “un homenaje a uno de los grandes toreros de la historia; la reivindicación humana y taurina de un personaje capital que, por carácter sencillo y humilde y por su decisión de apartarse del mundo y de los homenajes, vio mermada su aureola de gran figura”.

“Se dice que nació torero, ‘estudió’ la carrera ‘por libre’ en los oscuros pasillos del matadero, triunfó siendo casi un niño, sacó adelante a sus padres y hermanos, se retiró con 32 años, se casó, después, con una joven de buena familia, tuvo siete hijos, olvidó el traje de luces, se encerró en el campo, se olvidó de honores y fue un hombre feliz entre los suyos”, ha enumerado Lorca en relación con esta biografía, que no se detiene en ‘el torero’ y dedica capítulo propio ‘al hombre’.

Nacido en 1921 en el sevillano barrio de San Bernardo, “Pepe Luis fue un personaje original, un artista y un hombre íntegro y cabal, de los pocos que, de vez en cuando, aparecen por la vida; de exquisita educación, de esos que no hablan por no molestar, de pocas palabras, de gran vida interior, reflexivo y sentencioso”.

Lorca ha añadido que fue “amante de la poesía y amigo de pintores, escritores y músicos; disfrutaba con los hermanos Machado y Alberti, le encantaban Mozart y Schubert, se relacionó con Zuloaga, Bergamín y José María Cossío, y el maestro Joaquín Rodrigo, entre otros”.

“Fue feliz en el silencio y la soledad; su viuda dice que fue un hombre del campo, y humilde hasta la timidez, que prefería pasar inadvertido y al que le hubiera agradado ser invisible”, según el perfil trazado por Lorca, quien ha citado a sus familiares para asegurar que “alcanzó todas sus metas: fue figura del toreo, sacó adelante a sus hermanos, formó una familia numerosa, vivió feliz entre los suyos y se retiró del mundo para gozar del campo”.

Esta biografía era precisa, según Carlos Crivell, porque trata de “un ser excepcional” del que “era necesario reflejar sus dotes como lidiador y artista, porque aunque los más aficionados conocen muy bien, quienes no llegaron a verlo en los ruedos pueden ahora entender mejor su trascendencia en la Fiesta”.

Crivell ha asegurado que Vázquez “fue, por encima de todo, un torero cerebral, en el que lo primero fue la inteligencia que le permitió conocer a los toros de manera primorosa; fue un toreo de sabiduría innata y fue un artista porque su toreo estaba adornado por la excelencias de la pureza y el clasicismo” a lo que aportó “gracia natural, que es lo que ha perdurado, aunque no fue lo primordial en su estilo”.

Para Crivell “es un buen momento para recordar a Pepe Luis” porque “los principios en los que asentó su tauromaquia casi se han perdido; es cierto que el toro, eje básico del toreo, ha cambiado, y el que Pepe Luis lidió necesitaba un dominio previo a la creación del arte, algo que ahora raras veces ocurre porque ya no hay toro que dominar”.

“Esos aspectos del toreo eterno, la pureza, la naturalidad, el buen gusto, la torería en suma, se están perdiendo, y el recuerdo de Pepe Luis es muy adecuado para recordar que hay situaciones que deben perdurar en la tauromaquia; fue un torero de Sevilla, lo mismo que después lo fue Curro Romero; la prevalencia de Pepe Luis se sintetiza en una frase: Pepe Luis es Sevilla misma vestida de luces”.

Publicado en El País

La gesta heroica de Dávila Miura y otros ‘detalles’ de la Feria de San Isidro

Dávila Miura da la vuelta al ruedo en la plaza de la Maestranza. EMPRESA PAGÉS.

Por Antonio Lorca.

Por lo general, a los periodistas nos tira más la gesta de una figura de relumbrón; por ejemplo, el anuncio de Talavante con victorinos en Madrid (“¿Qué tal, Alex?”, “Hola”, responde el torero en el hall de un hotel cualquiera o en el patio de cuadrillas de una plaza perdida, con esa sonrisa extraña del diestro extremeño de la que no puedes deducir si te ha conocido o no), que la de otro torero que no concede al plumilla pretencioso la gracia gratificante de presumir de un amigo en las alturas.

Y honra a Talavante quede claro- que sea el único de la parte alta del escalafón que se ha dignado dar un paso al frente junto a la manifiesta huída de sus compañeros de camada. 

Es una vergüenza sonrojante que toreros jóvenes como Roca Rey y López Simón, veteranos como Ponce, Castella, Manzanares, El Juli, Perera y Morante, y aspirantes a la gloria como Ginés Marín, Álvaro Lorenzo, Joaquín Galdós, Garrido o Varea sean incapaces de sorprender a los aficionados con un detalle de torero que se quiere comer el mundo, que llega con aire de barrer a sus competidores, que pretende ser torero de época. Es decepcionante y descorazonador que todos busquen el amparo de carteles bonitos, de toros de garantías, de fechas de claveles… Pero en el pecado llevan la penitencia; no provocan el entusiasmo ni largas colas en las taquillas. Aspiran a ser grandes, pero solo uno más entre ellos, y decadentes en su incomprensible e inaceptable comodidad.

Bueno, a lo que iba…

Una de las sorpresas más sobresalientes de este San Isidro es que un torero que se retiró de los ruedos en 2006 -hace ya once años- decida reaparecer por un día y lo haga en Madrid y ante toros de Miura. Este que lo es se quita el sombrero y rinde un homenaje de respeto y admiración hacia un torero como la copa de un pino, un figurón del toreo, un ejemplo para la torería andante del siglo XXI. Su nombre es Eduardo Dávila Miura, que se ganó en activo un merecido prestigio profesional, y que desde la veteranía ha protagonizado con éxito dos reapariciones instantáneas, en la Feria de Abril de 2015, y en los Sanfermines de 2016, y en ambas ocasiones con toros del hierro de su familia.

Es sonrojante que toreros veteranos y jóvenes aspirantes a la gloria sean incapaces de sorprender a los aficionados

Toreros así no quedan; y si los hay, están desaparecidos. Toreros así son grandes de verdad, dan lustre a la tauromaquia y se convierten en sí mismos en referentes del héroe por antonomasia.

Que tenga que salir un señor retirado a hacer el paseíllo en Las Ventas con los impresionantes toros de Miura es solo un detalle de cómo está fiesta. Si hubiera figuras de verdad, habría bofetadas para acompañar al maestro Dávila el 11 de junio.

Esta misma mañana, un buen aficionado comentaba que el gesto del torero sevillano le parecía una locura. Claro que lo es. Pero desde cuándo una figura del toreo es un hombre cuerdo. Honor, gloria y suerte para ese loco maravilloso que vuelve a vestirse de luces para que nuestros corazones palpiten a un ritmo desacostumbrado mientras el suyo se mantiene templado (¡ojalá!) para que pueda pensar delante de los astifinos pitones de los inciertos toros de Miura.

Y un par de detalles finales sobre los carteles isidriles.

Que tenga que salir un señor retirado para anunciarse con toros de Miura es un detalle de la situación actual de la fiesta

Primero: magnífica la idea del nuevo empresario madrileño de presentar la feria en el transcurso de una gala musical en el ruedo venteño. El ciclo taurino más largo e importante del mundo mereció siempre algo más, mucho más, que una simple rueda de prensa.

Lo triste es que el toreo -toreros, empresarios, ganaderos, aficionados, medios de comunicación, etc- carezca de la fortaleza necesaria para que la televisión pública retransmita en directo un evento de interés capital para los millones de españoles interesados en la tauromaquia. Otra vez, lo políticamente correcto invalida el supuesto apoyo a la fiesta del partido que gobierna.

Y segundo: los hermanos Rivera Ordóñez, Francisco y Cayetano, deben rezar lo que sepan y dar las gracias al ser superior que consideren por la prebenda recibida, que no es otra que estar bien colocados en San Isidro sin méritos para ello.

Francisco, que alcanzó la gloria vestido de luces, hace años que no es ni sombra de lo que fue; su vuelta a los ruedos solo deja el recuerdo de una gravísima cornada y tardes para el olvido. Que pueda despedirse de Madrid sin que nadie lo haya pedido es un regalo excesivo.

Es triste que el toreo carezca de fuerza para que la TV pública retransmita la gala de presentación de San Isidro.

Y Cayetano aparece en los carteles como si fuera el mesías prometido cuando no es más que un singular torero venido muy a menos por su desmedido afán por huir de serios compromiso. Que su nombre aparezca en la corrida de Juan Pedro Domecq y en la de la Cultura es una tomadura de pelo del no menos singular empresario Simón Casas.

Publicado en El País.

FERIA DE ILLESCAS: Pepe Luis, el sueño de otra época

El diestro Pepe Luis Vázquez da un pase de muleta en su reaparición durante la corrida de la Feria del Milagro. ISMAEL HERRERO. EFE.
 

Indultado un toro con el que triunfó Manzanares, al igual que Morante en otro de vuelta.

Por Antonio Lorca.

La reaparición de Pepe Luis Vázquez bien justifica un viaje a Illescas. No en balde nació con la pureza del toreo en las entrañas, aunque la ausencia de ambición y serios percances impidieran en su día que pudiera emular la majestuosidad torera de su padre. Su paso por el arte taurino fue largo en el tiempo, breve en los éxitos e intenso en los sueños; quizá, por eso es de esos toreros que desborda esperanza cuando decide volver a enfundarse un traje de luces.

Pero el tiempo es un juez implacable, y lo que es peor, la inactividad, que pasa factura cada día. Lógicamente, Pepe Luis ha perdido el oficio -no torea desde 2012-, pero mantiene el garbo, las maneras y la estampa.

En Illescas esbozó detalles fugaces de una clase innata que ilusionó al toreo en los años ochenta: una media, un cambio de manos, un natural extraordinario, una trincherilla garbosa, todo ello ante su primero, muy terciado y noble torete con el que mostró excesiva y comprensible desconfianza. Mostró sus mejores intenciones ante el cuarto, también de noble condición, pero los deseos de su cabeza no coincidían con los impulsos del corazón. No hubo entendimiento e, incluso, se llevó un susto sin más consecuencias.

En fin, que no pudo ser, porque no ‘lo que no pué ser, no pué ser’, pero ahí quedó la imagen de un torero clásico de los que pervivirán siempre en el sueño de los buenos aficionados.

El resto del festejo fue una divertida algarabía. Morante se encontró con un nobilísimo toro en primer lugar y lo toreó como solo él sabe hacerlo. Lo recibió de capote con un farol en tablas y una tanda de verónicas excelentes. Repitió el animal en la muleta y el público se volvió loco de alegría. Al contrario sucedió ante el quinto, un marrajo que huía de su sombra, y los tendidos no quisieron entender que Morante acabara con el animal sin más preámbulos.

Manzanares se llevó el mejor lote: dos toros fabricados de pura almíbar: nobilísimos y de escasas fuerzas. Bien, con su habitual elegancia y templanza, muleteó a su primero, y se cansó de dar muletazos al excelente sexto, al que se le perdonó la vida. Excelente porque era un pan bendito en la muleta, pero el caballo ni lo olió.

En fin, todo muy divertido.

Y algo más. Es saludable visitar de vez en cuando una plaza de tercera para palpar el estado de la fiesta. Y la verdad es que se cae el alma a los pies. Pero no por el trapío del toro, sino porque lo que allí se celebra no es una corrida, sino un festejo adulterado que se parece a la tauromaquia como un huevo a una castaña.

Veamos: el presidente demuestra que ni sabe ni tiene autoridad, y el público se comporta como estuviera presenciando una verbena popular. Ejemplos: se le dio la vuelta al ruedo al segundo toro sin motivo, del mismo modo que se devolvió el quinto o se le perdonó la vida al sexto. Pero es más: el presidente le indicó a Manzanares que matara a ese último, e, incluso, le envió un aviso, pero el torero, en un gesto de inaceptable rebeldía, soltó el estoque y se sentó en el estribo a esperar que sonaran los otros dos; así pues el presidente, asustado, mostró el pañuelo naranja.

El respetable será muy respetable, pero parece no distinguir un toro de un caballo. Lo jalea todo, sobre todo si el torero se pone bonito, aplaude o abronca sin motivo y ríe a carcajadas como si estuviera en un circo.

En fin, que esta fiesta en plaza de tercera no necesita toro, ni fiereza, ni casta, ni sangre; basta con un carretón de entrenamiento y un señor vestido de luces con aires de bailarín.

Pero eso es un verbena, y no la fiesta de los toros…

VÁZQUEZ / VÁZQUEZ, MORANTE, MANZANARES

Toros de José Vázquez -el quinto, devuelto-, correctos de presentación, blandos, mansos y nobles; al segundo se le concedió la vuelta al ruedo y el sexto fue indultado. El sobrero, del mismo hierro, manso y bronco.

Pepe Luis Vázquez: estocada contraria (vuelta); casi entera perpendicular (ovación).

Morante de la Puebla: pinchazo y estocada (dos orejas); cuatro pinchazos, media baja y un descabello (silencio).

José María Manzanares: pinchazo y estocada baja (oreja); vuelta apoteósica tras el indulto del toro.

Plaza de Illescas (Toledo). Feria del Milagro. 11 de marzo. Lleno de ‘no hay billetes’.

Publicado en El País 

San Isidro 2017 – Corridas de Toros

Por Antonio Lorca

No es por fastidiar, pero la Feria de San Isidro que acaba de presentar Simón Casas, nuevo empresario de Madrid, es la constatación de que la fiesta de los toros está en un callejón sin salida. Ojalá se vendan muchos abonos, nos esperen muchas tardes de gloria y más de uno (este que lo es, el primero) se trague sus malos augurios, pero, a la vista de la realidad, eso sería un milagro. Casas dio a entender que se iba a comer el mundo y organizó una gala por todo lo alto (buena idea, por cierto), pero, cuando mostró sus poderes, evidenció que está atado de pies y manos por esos extraños poderes fácticos que impiden la revolución que la tauromaquia necesita para recuperar la emoción perdida.

Una vez más, se organiza una gran feria de espaldas a los aficionados; una vez más, como ha debido de ocurrir en Sevilla, el empresario se reúne con las figuras que mandan (¡esas sí que mandan!) y les pregunta: “A ver, señores, ¿qué van a querer ustedes?”. Y Morante, por ejemplo, va y responde: “Yo, una, y por hacerte un favor, Simón, que no han arreglado aún la pendiente del ruedo”. “Vale, José Antonio. ¿Y tú, Julián? ¿Enrique? ¿Alejandro?”. Y es Talavante quien toma la palabra y sorprende a la concurrencia: “A mí apúntame en la de Victorino y tres más, pero de las buenas”. “Hombre, no sabes cómo te agradezco el gesto; con otro como tú salvo la feria. ¿Alguien se apunta?”. Silencio en la sala. Por cierto, de ganaderías ni se habla. El empresario sabe que lo mejorcito del campo, lo más bonito, lo más noble y lo más artista se reparte entre los señores asistentes.

Un dato positivo: están todas las figuras. Y otro negativo: pero mal repartidas. Todas acomodadas en carteles que son famosos por sus reiterados fracasos. ¿Ese es el compromiso con los toros del siglo XXI de Morante, Manzanares, Juli, Perera, Castella, López Simón, Roca Rey… y la pléyade de jóvenes cachorros? Váyanle a otro con ese cuento.

La fiesta necesita innovación, ideas nuevas y motivadoras, heroicidades… Y este San Isidro no cuenta más que con una gesta relevante: la vuelta de Eduardo Dávila con toros de Miura. Eso se llama reaparecer por un día como una auténtica figura del toreo. Dirá Casas con razón que en los carteles están casi todos los que son (¿por qué la ausencia de Pepe Moral?) y que no hay más cera que la que arde. Pero eso no es una revolución, señor empresario. Hacer las cosas como siempre lleva, indefectiblemente, al mismo resultado. Y los carteles de San Isidro 2017 son los mismos de años anteriores con ligeros retoques.

¿Y las ganaderías? ¿Por qué vuelven hierros que se han ganado a pulso, tarde tras tarde, el destierro? ¿Por qué se es tan severo con un torero de la zona media que fracasa y tan generoso con ganaderos que solo emocionan el corazón de las figuras? No pueden volver, lo exija quien lo exija, porque esa es una traición al que paga, cansado de aburrimiento y desesperación.

Otro dato positivo: la presencia de La Quinta, Dolores Aguirre, Rehuelga, Victorino, Adolfo, Cuadri o Miura. Y otro negativo: la ausencia de Bañuelos, Torrestrella, Escolar, Ibán, Palha… La feria es larga, como todos los años, y prima, de nuevo, la cantidad sobre la calidad. La feria es anodina porque las figuras se esconden, los jóvenes aspiran a esconderse y son muchos los carteles que carecen de interés.

Esta no es la revolución que prometió Simón Casas. Ojalá triunfemos todos, pero cuando las cosas se hacen como siempre, el resultado es el mismo.

Calendario

Domingo de Ramos, 9 de abril: Iván Fandiño, Alberto Aguilar y Gómez del Pilar, que confirmará la alternativa (toros de Victorino Martín).

Domingo de Resurrección, 16 de abril: Curro Díaz y José Garrido, mano a mano (toros de Montealto).

Miniferia de la Comunidad

30 de abril: Novillada. Tulio Salguero, Álvaro García y Daniel Menes (Sánchez Herrero).

1 de mayo: Novillada. Miguel Maestro, Javier Marín y Fernando Flores (Dolores Aguirre).

2 de mayo: Diego Urdiales y Paco Ureña mano a mano (Salvador Domecq, Toros de Cortés y José Vázquez). 7 de mayo: Novillada. Ángel Jiménez, Aitor Darío ‘El Gallo’ y Juan Silva ‘Juanito’ (Conde de Mayalde).

Feria de San Isidro

Jueves, 11 de mayo: Alberto Aguilar, David Galván y Javier Jiménez (toros de La Quinta).

Viernes, 12 de mayo: Eugenio de Mora, Morenito de Aranda y Román (toros de El Ventorrillo).

Sábado, 13 de mayo: Diego Urdiales, David Mora y José Garrido (toros de El Pilar).

Domingo, 14 de mayo: Espectáculo de rejoneo. Andy Cartagena, Sergio Galán y Manuel Manzanares (toros de Benítez Cubero).

Lunes, 15 de mayo: Curro Díaz, Paco Ureña y López Simón (toros de Montalvo). Martes, 16 de mayo: Juan del Álamo, Fortes y Román (toros de Lagunajanda).

Miércoles, 17 de mayo: El Fandi, Perera y José Garrido (toros de Fuente Ymbro).

Jueves, 18 de mayo: Curro Díaz, Iván Fandiño y David Mora (toros de Parladé).

Viernes, 19 de mayo: Corrida de la Prensa. Sebastián Castella, Alejandro Talavante y Javier Jiménez (toros de El Puerto de San Lorenzo).

Sábado, 20 de mayo: Espectáculo de rejoneo. Andy Cartagena, Diego Ventura y Leonardo Hernández (toros de Espartales).

Domingo, 21 de mayo: Juan José Padilla, Antonio Ferrera y Manuel Escribano (toros de Las Ramblas).

Lunes, 22 de mayo: Novillada. Jesús Enrique Colombo, Pablo Aguado y Rafael Serna (novillos de El Montecillo).

Martes, 23 de mayo: Daniel Luque, Fortes y Juan Leal (toros de Valdefresno).

Miércoles, 24 de mayo: Juan Bautista, Alejandro Talavante y Andrés Roca Rey (toros de Núñez del Cuvillo).

Jueves, 25 de mayo: El Juli, Ginés Marín y Álvaro Lorenzo, ambos confirmarán la alternativa (toros de Alcurrucén).

Viernes, 26 de mayo: Paquirri, Sebastián Castella y López Simón (toros de Jandilla).

Sábado, 27 de mayo: Joselito Adame, Francisco José Espada y Ginés Marín (toros de El Torero).

Domingo, 28 de mayo: Espectáculo de rejoneo. Diego Ventura y Leonardo Hernández, mano a mano (toros de Capea, Carmen Lorenzo y San Pelayo).

Lunes, 29 de mayo: Morenito de Aranda, Iván Fandiño y Gonzalo Caballero (toros de José Luis Pereda).

Martes, 30 de mayo: novillada. Leo Valadez, Diego Carretero y Andy Younes (novillos de Montealto).

Miércoles, 31 de mayo: Miguel Ángel Perera, López Simón y Andrés Roca Rey (toros de Victoriano del Río).

Jueves, 1 de junio: José María Manzanares, Cayetano y Joaquín Galdós, que confirma la alternativa (toros de Juan Pedro Domecq).

Viernes, 2 de junio: Enrique Ponce, David Mora y Varea, que confirma la alternativa (toros de Garcigrande).

Sábado, 3 de junio: novillada. Juan Miguel, Alejandro Marcos y Ángel Sánchez (novillos de Flor de Jara).

Domingo, 4 de junio: Javier Castaño, Fernando Robleño y José Carlos Venegas (toros de Cuadri).

Lunes, 5 de junio: Rafaelillo, Alberto Lamelas y Gómez del Pilar (toros de Dolores Aguirre).

Martes, 6 de junio: Diego Urdiales, Alejandro Talavante y Paco Ureña (toros de Victorino Martín).

Miércoles, 7 de junio: Fernando Robleño, Alberto Aguilar y Pérez Mota (toros de Rehuelga).

Jueves, 8 de junio: El Cid, Joselito Adame y Juan del Álamo (toros de Alcurrucén).

Viernes, 9 de junio: Antonio Ferrera, Juan Bautista y Manuel Escribano (toros de Adolfo Martín).

Sábado, 10 de junio: espectáculo de rejoneo. Hermoso de Mendoza, Sergio Galán y Lea Vicens (toros de Fermín Bohórquez).

Domingo, 11 de junio: Rafaelillo, Dávila Miura y Rubén Pinar (toros de Miura).

Corrida de Beneficencia.

Viernes, 16 de junio: El Juli, Alejandro Talavante y José María Manzanares (toros de Victoriano del Río).

Corrida de la Cultura Sábado, 17 de junio: Morante de la Puebla, Cayetano y un triunfador de San Isidro (toros de Núñez del Cuvillo).

Domingo, 18 de junio: Novillos de José Luis Marca para tres triunfadores de la feria de San Isidro.

Domingo, 25 de junio: Uceda Leal, Ricardo Torres e Iván Vicente (toros de Martín Lorca).

Publicado en El País.

Pepe Luis Vázquez: “Reaparezco para una ocasión única y especial”

Los Vázquez, Pepe Luis padre e hijo.

Por Antonio Lorca.

Pepe Luis Vázquez (Sevilla, 1957), retirado en septiembre de 2012 tras una larga carrera tan intermitente como artística, vuelve el próximo sábado, día 11, a la plaza toledana de Illescas de la mano de su amigo Morante y la compañía de Manzanares para sentirse torero de nuevo y llenar de felicidad, si es posible, a los muchos partidarios que aún lo recuerdan.

Pepe Luis, de natural sereno y reflexivo, espera la vuelta sin sobresaltos ni duros entrenamientos de última hora. Asegura que nunca se ha alejado del toro, que se siente bien físicamente y que este nuevo compromiso no es más que una ocasión especial y única.

“Única, especial y llena de incógnitas, también”, afirma. “No me negaría, si la corrida no se da mal, a participar en otro festejo por el estilo, pero mi planteamiento no es hacer una temporada”, añade.

En realidad, parece un acto de amistad con Morante…

– Entre otros actos, sí, podía ser. Yo estaba apático, toreaba en el campo, pero no iba apenas a los toros; estuve con él en varias corridas, y me ilusionó verlo y verme en la plaza. Digamos que me hizo despertar del adormecimiento que pudiera padecer.

Y otra vez los nervios, los miedos, la preocupación…

– Un poco de todo, sí, porque debo vestirme de nuevo de torero, y salir a una plaza, con la responsabilidad que ello implica.

Pero no es como cuando se está en activo.

– Es otra, indudablemente. Ahora no tengo la necesidad de organizar una temporada y abrirme puertas. Eso, a estas alturas, no lo preciso, pero en fin. Tengo un compromiso muy importante con mis partidarios y conmigo mismo.

Esta reaparición es como un cameo, la travesura de un torero veterano…

– Podía ser, pero no es mi caso. A veces, me preguntan: ¿por qué toreas? Y yo contesto que la base principal es porque soy torero. Por eso, mientras haya quien quiera contar conmigo, aquí estoy. En este caso, torear no ha partido de mí, sino de un gran torero y amigo, que es Morante, y del empresario de Illescas, que lo ha visto bien.

Pero usted no ha dejado de ser torero.

– Ni dejaré por muy viejecito que me pueda poner; creo que todavía soy capaz de ponerme delante de un toro.

Porque la ilusión por torear no se pierde.

– Nunca. Es curioso, pero se piensa y se sueña todos los días con el toreo. Yo sueño mucho con el toro y con mi padre; a veces, son más trágicos que glorioso, y no sé por qué.

Lo que está claro es que no se cortó la coleta en Utrera en septiembre de 2012.

– No. Me la quiso cortar Morante, pero le dije espérate, por si acaso surge algo más adelante. Y hoy esas palabras suenan como una premonición, aunque entonces ni yo mismo me las creía.

¿Se echa de menos el traje de luces?

– Sin duda, porque más que una vocación, ser torero es una pasión. Yo he toreado casi cuarenta años, con temporadas cortas, pero he debido prepararme como si fueran largas. Pero es oficio es muy duro y requiere una fortaleza física mínima; por eso, mi planteamiento actual es acudir a una ocasión especial y esporádica, sin mayores pretensiones.

Pepe Luis, Morante y Manzanares, un cartel de artistas…

Quedan pocos toreros de ese corte. ¿Quién tiene la culpa? 

Digamos que los tiempos. Todo cambia. Hoy suele salir un toro a contraestilo, grande y pesado, que dificulta el toreo artístico, necesitado de un animal más ágil y con movilidad.

¿Y la fiesta actual?

– El acontecimiento taurino es único en el mundo; único y exclusivo. Es un espectáculo (no me gusta llamarlo espectáculo) con raíces muy hondas, de la máxima pureza y del mayor riesgo que existe. Es algo mágico que perdurará siempre, con sus vaivenes y sus crisis, pero seguirá por los siglos. Independiente de que eche de menos más dosis de arte, veo la fiesta actual con buenos ojos.

– ¿Y con futuro?

– Con todo el futuro, a pesar de todos los ataques que sufre. Pervivirá como algo litúrgico en un época de tanta tecnología. ¡No sé qué más se puede inventar ya! Y estaría muy bien que entre tantas redes sociales e internet se mantuviera un acontecimiento único y profundo, ligado a nuestra naturaleza. El hombre lo dirige todo, menos a un toro, al que se torea con la cabeza y el corazón. Y eso está muy bien en un mundo dominado por las tecnologías.

– ¿Qué sueña hacer en Illescas?

– Si es posible dar una docena de muletazos de los que a mí me gustan, sería suficiente.

– ¿Se atreve a enjuiciar su paso por el toreo?

– Ha sido una etapa fugaz y efímera, tal vez, pero sustanciosa.

– ¿Alcanzó las metas propuestas?

– Quizá las rebasé, pero nunca me puse meta alguna.

¿Pero algo le quedaría por hacer?

– Todo, y me quedará siempre, y lo mejor.

Y se retiró usted en silencio…

– Sí, de forma gradual. Tampoco pretendía decir adiós porque no me gusta despedirme ni de las reuniones.

Por cierto, ¿está usted preparado para hacer un nuevo paseíllo?

– Creo que sí; si no, no lo haría. No me ha costado mucho, porque nunca me he dejado. No he perdido el contacto con el campo, los tentaderos, los festivales.

Pero, ¿le entra el traje de luces?

– Je, je… Me estoy haciendo uno nuevo porque el que me he probado me queda más bien ajustadito.

Publicado en El País