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Bilbao: Cuernos entre tinieblas

Por Andrés Duque Alfonso

CONVIENE abordar de una vez por todas el análisis de las distintas responsabilidades porque, llegado a este momento tardío, la amenaza de llorar su muerte representa para la plaza de toros bilbaina el principio del fin, luctuoso, por mor de la insuperable egolatría de cuatro sujetos inmersos en intereses personales y vanidades públicas conniventes tanto en la vulgar torpeza como en la cultura de la ignorancia.

Ya viene de atrás. Los toros en Bilbao corren el riesgo de la fractura total o de la autodestrucción bajo un diagnóstico increíblemente oscuro y con ostensibles expectativas de fracaso tanto en lo económico como en lo especialmente artístico, debido al desamor que a punto está de consumir la paciencia de la afición y la categoría de la plaza porque son muchas las tardes de desolados espacios vacíos, de flojos resultados en el juego de los toros, con exiguos triunfos por parte de los toreros cuando la ignorancia del presidente se confunde con el criterio. Sí, la plaza está enferma y a lo peor ya no tiene remedio. O, de haberlo, ha de cambiarse urgentemente el tratamiento, ya no valen los analgésicos, e intervenir con cirugía, aunque para eso haya que sustituir al equipo médico habitual, librando el paso a un médico de confianza antes de extender el certificado de defunción por síndrome de fatiga, que no de fatiga democrática ya que esa nunca existió por voluntad de un monopolio de mando, que no de hegemonía, arrumbado al fracaso desde el papanatismo más clamoroso cuando ahora ya es un enigma recuperar la buena salud y el sentido común. Vista Alegre está en lista de espera y no puede demorarse más la intervención.

El ocultismo con la falta de conexión hacia el aficionado han sido siempre una patente de corso en los tiempos de abundancia y, ahora, en los de penuria también, aunque desde hace seis años el declive progresivo tomara acentos preocupantes que han disipado el aura de triunfalismo del que siempre alardeaban con ridícula exageración los señores responsables, como si comprar cincuenta toros bravos y contratar 25 toreros para ocho días de corridas fuese una gesta, como si fuesen bienes escondidos de una mina… ¡Con la gorra!… ¡En un mercado excedente! Y se paga a un asesor técnico con un buen dinero cuando debía de ser al revés y cobrar por cederle la plaza. Es hora de adentrarse, por fin, en los caminos del laberinto para llegar al corazón cuando todo se ha tapado con la máscara del secreto y mal puede resultar beneficioso para una institución la política que ignora la racionalidad económica en un caso notorio de opacidad en la gestión pública, añadiendo el desamor hacia el cliente que consume y pasa por taquilla, merecedor que es de todos los respetos, llegando al punto de consumir su paciencia.

García Márquez decía de los habitantes de Macondo: “Han suspendido la razón y sucumbido a la fantasía de los poderes milagrosos”. Digamos que aquí “han sucumbido a los poderes y a los manejos de los taurinos profesionales”… que no son milagrosos precisamente. Y no han querido que nadie les agüe la fiesta ni interrumpa sushow que, desde el mito de la omnipotencia y ridícula presencia, consiste en viajar asiduamente por los predios de Iberia como si de reyes medievales se tratara dedicados a ojear los toros que han de lidiarse en Bilbao, convertidas sus vidas como ufana conquista de la corbata de seda y el traje italiano. Todo un sueño, que es una huida, a new way of life. Vivir rápido, como los señoritos de la franela, con una mano en el fino y la otra en la cadera, en los bares de la provincia de Cádiz, con la opulencia que rodea el nuevo capitalismo taurino, convertidos en gallitos pintureros que creen haber nacido en el tendido de sombra cuando, burla burlando, han descendido a los infiernos por el camino proceloso y a veces sórdido por el que los ha guiado el estilo deslumbrante del mundo profesional taurino, banal y chabacano en alguna parcela, cateto también, o pesado como el plomo cuando se dispara al aire.

Cuando ya es abrumadora la desaparición de abonados clásicos, desasosiega pensar que prevalece una rara sensación de rutina interesada que se alejó tanto de la cultura como de la comunicación y del marketing. 25 años haciendo lo mismo y con la misma gente. No son capaces. Carecen de ideas. Desconocen el mercado del diseño o de las artes visuales y no requieren la voz del aficionado en ningún foro relativo a la explotación de la plaza, a su futuro, a la confección de sus carteles. Y se olvidan de los jóvenes. Si las cosas no van bien, ¿porque hacemos lo mismo con los mismos? Desde el sentido común esto es una involución. Y en los últimos siete años se han perdido más del 50% de los espectadores, al ras de las pérdidas, parcelada la gestión como si fuese una finca rústica por un asesor técnico cuyo alquiler es un alarde infructuoso, innecesario y caro como responsable principal y connivencia compartida del fracaso. Transcribimos literalmente parte del acuerdo firmado con La Junta Administrativa de la plaza: “La sociedad Martínez Flamarique, S. A. también participa en la gerencia y por contrato tiene derecho a unos honorarios del 15% de los resultados positivos de todos los acontecimientos, que en el ejercicio (2015) estos han ascendido a 147.355,58 euros. Y en ejercicio (2014) estos ascendieron a 174.721,81 euros”.

Buen negocio este de comprar toros y contratar toreros sin riesgo a perder, en combinación añadida con otras plazas que explota porque para los cuatro del equipo que controlan el asunto lo más bonito es viajar asiduamente en la compañía de aquel, a ver si los toros han puesto alguna arroba más o les han crecido las astas y tintinear después el hielo abrazados a la cintura del vaso de gin-tonic en un glamuroso bar de copas;como pintoresca resulta la pirueta bipolar sorpresiva de ver a uno de estos personajes de la Junta Administrativa fotografiado en portada de un periódico frente a la puerta de unos grandes almacenes de Bilbao, por la mañana, piqueteando una huelga obrera y por la tarde aparecer en las cámaras de televisión en directo fumándose un puro en la barrera de sombra más chic de la plaza de toros de Madrid, como la Ava Gardner que ocupaba idénticas localidades de barrera, siempre con la cabeza alta, glamurosa, también con su habano y lista para ser fotografiada en el brindis que le ofreciera Luis Miguel Dominguín. No es de recibo hacerse notar así tanto en otros cosos como en la bullaranga de los callejones porque, tratándose de entidad pública, como de cualquier empresa privada, se hace necesario las formas y el rubor que exigen cargos de esta naturaleza. A diferencia de los señores de la Casa de Misericordia de Iruñea (La Meca) por ejemplo, paradigma de la discreción cuando, confundidos entre las gentes de los tendidos de pago de las plazas que visitan, muestran el señorío de la gestión independiente a sabiendas de que una empresa viene a ser lo que son sus directivos que la representan.

Estos señores de la Junta Administrativa de Bilbao no reniegan del choperismo más devoto ni son capaces de cruzar el río por sí solos al padecer la enfermedad de la ignorancia, que vuelve osados a quienes la padecen, por lo que la forma más elegante y rentable de hacer la gestión sería sacar la plaza a concurso público con pliego de condiciones y dar acceso a cualquier empresario, incluida la empresa Martínez Flamarique, S. A. (Chopera) –asociada, ahora, al socorro de un capitalista mexicano- antes de que la plaza se vaya al garete definitivamente porque el verdadero equilibrio de intereses para la plaza de toros y su afición no necesita de grandes ideas rompedoras ni de consejeros de alquiler. Miremos a Pamplona, Azpeitia, Zestoa (este año se han cumplido los 350 con funciones de toros), Santander… Vayan a Madrid, plagada de chicos y chicas jóvenes y donde durante treinta días seguidos se sientan 24.000 espectadores. Vean los círculos concéntricos de la plaza convertidos en salas culturales, hervideros de conferencias, presentaciones de libros, documentales, debates, exposiciones ¡Un gentío! Desde el Club Taurino de Londres al de Milán, Chicago o Borussia. Desde Vargas Llosa a Botero… Y con solo mirar a Francia tenemos el ejemplo perfecto: todas las ciudades con tradición taurina han prescindido de nefastos asesores profesionales y se rigen por comisiones populares que atienden al aficionado todo el año hasta conseguir llenar las plazas con afición culta e interesada porque el valor social y económico de la tauromaquia es pertinente para los grupos sociales, minoritarios o no, como arte declarado en la República, Bien Cultural Inmaterial por la Unesco.

Aquí -en Bilbao- está tardando mucho en levantarse la niebla. Los cuernos están entre tinieblas desde hace 25 años. Llevan 25 años vendiendo su moto, la misma moto que ya no compra nadie y la labor de resurrección, aunque a base de rigor y conocimiento, ya no será un camino de rosas. ¡Ah! Con todo, ¡cuidado! Hay mucho zorro, trepas, figurones, que harían buenos a los que están, esperando a que el cuervo suelte el queso.

Fuente: Deia

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Bilbao, el reflejo de la frustración

Por Xavier Toscano G. de Quevedo.

¿Qué ha sucedido en las Corridas Generales en Bilbao? Esta pregunta se escuchaba, y se repetía cada día, en cada uno de los festejos durante toda la feria bilbaína. Y es que los aficionados y público no asistieron como solían hacerlo en décadas anteriores —son ya varios años los que se acumulan con este problema, y que se viene agudizando dramáticamente—  en la llamada “feria del toro”, galardón que ostentaban con orgullo la plaza de Vista Alegre y su afición, que hoy está prácticamente perdido.

¡Cuánta extrañeza y cara de ingenuidad, porque supuestamente no lograban entenderlo! —¿tendremos que analizarlo?— “¡Si los carteles eran de lo ‘mejor’, contratamos a las figuras y a los toreros jóvenes del momento! ¿Por qué tuvimos tan bajas entradas?” Se repetían una y otra vez los integrantes de la Junta Administrativa, rectores y empresarios del coso de la arena negra, y sus leales pregoneros encargados de maquillar y encubrir la negativa situación por la que atravesó la ciudad de Bilbao, y que desafortunadamente es el común denominador de toda la geografía en donde existe el espectáculo taurino.       

Pero lo que nunca aceptan es que la fiesta es propiedad del Toro Bravo. ¡Qué va, si las figuras exigen determinadas reses, a sabiendas de que NO embestirán por su carencia absoluta y total de casta y bravura! ¡Qué los aficionados se molesten, ellos creen que no importa! Y Sí, claro que es lo más importante, y es por ello que NO asistieron al coso bilbaíno, y lo mismo viene sucediendo en las demás plazas. ¡Reconózcanlo, y fíjense bien! Los aficionados y el público que se deleita y acepta la fiesta brava, ya se aburrió y está fastidiado de tanta “mansedumbre”.

En ningún tiempo deberemos olvidar que el origen y la razón de este mágico y egregio espectáculo, se debe únicamente a la presencia de su majestad “El Toro Bravo”, sin él no podía haber existido jamás. Cuando él está presente en cualquier plaza del mundo, sea la más emblemática, hasta la más humilde o sencilla, marca tácitamente la diferencia y verdad de aquellos que tienen la honorabilidad y entrega para enfrentarlo, ganándose así el respeto y la admiración de los aficionados y público que son adeptos al espectáculo taurino.

De la presencia y trapío del que se enorgullecían los aficionados bilbaínos, también se han visto desplazados por el capricho de los actuantes y la complacencia de los organizadores. ¡Qué tristeza!, pero en este rubro Bilbao de igual forma se va desvaneciendo, el estandarte que ostentaban de la presentación impecable de todos sus encierros,  ya está en el olvido, la frase célebre que decía: “Este toro está para Bilbao” ya es historia. Por ello de nuevo subrayo; ¿Y todavía se cuestionan por qué su plaza lucia semivacía?

Tendrán que recapacitar —todos los actores y protagonistas del espectáculo en el planeta de los toros— y quitarse el velo del engaño, porque el padecimiento es muy grave y los problemas llegan como torrente de agua incontrolable. La única solución verdadera será con la presencia en las plazas, de su Majestad, El Toro Bravo.

Fuente: El informador.

FERIA DE BILBAO: Adiós con una tarde gris, gris ceniza

Iván Fandiño, en su primer toro. FERNANDO DOMINGO-ALDAMA.

A pesar de un buen Fandiño, la feria se cerró con otra mala corrida como resumen de una semana que ha quemado a la afición bilbaína.

Por Álvaro Suso.

La última tarde de la feria de Bilbao fue gris. Después de los infernales calores de la semana, llegó el día gris; gris el cielo y gris la corrida. El gris de las cenizas de los aficionados bilbaínos que se han quemado con la espantosa semana de toros que han vivido.

Otra descastada y floja corrida, la enésima. Le tocó el turno a Jandilla, que venía de buenos años en esta plaza, pero en esta ocasión no resultó. Con el trapío justo, los de Borja Domecq no se movieron en la muleta porque llegaron moribundos al último tercio. No tuvieron fuerzas desde la salida, apenas fueron picados y su transmisión para la faena fue nula.

Con esos mimbres poco se podía rascar en medio de la desesperación de unos tendidos que protestaron varios toros hasta que el tercero fue devuelto a los corrales. Pero los toreros echaron el resto y no dejaron que se escapara nada de lo que tenían los de Jandilla, salvo tercero y quinto, con buena clase.

Los de Urdiales no transmitieron y el riojano, ovacionado al finalizar el paseíllo por su triunfo de esta semana, vio su labor difuminada.

Iván Fandiño lo intentó todo y rayó a una gran altura. En su primero se hizo valedor a una oreja que habría tenido mucha más fuerza que otras de las cortadas en la feria, pero el palco no vio mayoría de pañuelos. El vizcaíno se gustó al natural ante un ejemplar de muy poquita fuerza, pero supo medirlo y hacer una faena ligada y con calidad. Lo remató con unas manoletinas de rodillas por si a alguien le quedaban dudas de su deseo de triunfo.

En el quinto se estrelló con un marmolillo al que recibió con una vibrante larga cambiada de rodillas y con el que no cedió ni un ápice. Una de las tardes más maduras del de Orduña en Vista Alegre.

David Mora tuvo en sus manos el triunfo. Si con el sobrero no llegó a entenderse, con el sexto, el mejor de los ejemplares de Jandilla, aprovechó en el inicio de la faena la clase del toro, siempre por abajo, largo y con la transmisión que no tuvieron sus hermanos.

Pero al toledano le faltó fondo para prolongar esa calidad y su labor se vino abajo demasiado pronto; además mató mal y su éxito se quedó en unos pobres saludos.

La de ayer también fue una tarde para olvidar, como varias de las vividas esta semana, aunque los tímidos pitos finales desde los tendidos debieran servir para que no caigan en el olvido y se recuerde lo harta que está la afición de Bilbao y lo quemada que se encuentra la feria en estos momentos. Quizás por eso la tarde fue tan gris, tan gris ceniza.

JANDILLA / URDIALES, FANDIÑO Y MORA

Siete toros de Jandilla, desigules de presentación, con muy poca fuerza, con clase la mayoría y destacó el buen sexto.

Diego Urdiales: Estocada delantera y descabellos (saludos). Estocada haciendo guardia y estocada (saludos).

Iván Fandiño: media trasera y descabello (vuelta con petición). Estocada (saludos).

David Mora: cuatro pinchazos y estocada (silencio tras aviso). Pinchazo y estocada (saludos tras aviso).

Saludaron por su actuación en banderillas Iván García y Víctor Martínez en el segundo y Ángel Otero en el sexto.

Plaza de Bilbao. 28 de agosto. Novena de las Corridas Generales. Media plaza.

publicado en El País.

El yuyo de López Simón

Por FERNANDO FERNÁNDEZ ROMÁN.

En Bilbao, el torero Alberto López Simón se ha desmayado. O casi. Según las informaciones que llegaban de la enfermería, ha sido atacado por una crisis de ansiedad, un aparatoso bajón anímico que afecta a sus constantes vitales y, por tanto, ha tenido que abandonar las tareas de la lidia. En lenguaje coloquial y de andar por casa, le ha dado unyuyo, que es como, aquí en España, se suele denominar al síncope, esparaván, epilepsia u otros zamarrazos que le dejan a uno desmoronado en un santiamén. Como si, de pronto, se hubiera tragado una mala hierba, de las que abundan en Hispanoámerica.

El desencadenante de la crisis anímica y la alcalosis respiratoria que los médicos advirtieron en Alberto fue la sonora pita que el público le dedicó, tanto a él como a su compañero de ocasión, José Garrido, por haberse quedado solos en el cartel, tras la forzosa baja de Andrés Roca Rey, todavía convaleciente del palizón que le propinó un toro en La Malagueta. Un vis a vis urdido entre bastidores que, se mire por donde se quiera, no tiene justificación alguna, ni el más mínimo interés para el aficionado a los toros, si acaso, el interés derivado del aumento de capital en el apartado de honorarios para los toreros y las colaterales bonificaciones de sus adláteres correspondientes, motivo por el cual, el público montó en cólera y abucheó a los cabeza de turco que tenía más a mano: los toreros del mano a mano.

El tema de los carteles duales forzados y esperpénticos ya lo he tratado en otras ocasiones, con la irritabilidad que corresponde. No se puede tolerar que se siga repartiendo el pastel de los ingresos de una corrida de toros en la mesa camilla que rodean los organizadores del festejo y los apoderados (a veces, una misma persona o ente “de razón”) de algunos toreros en cuanto se produce la menor contingencia o se barruntan conveniencias de estricta rentabilidad. Por fortuna, aquellos mano a mano que últimamente se prodigaban entre dos figuras sin el menor atisbo de rivalidad parece que iban remitiendo; pero en Bilbao, se ha vuelvo a reproducir el hecho, supongo que atendiendo al supuesto relanzamiento de dos jóvenes emergentes. Y la Junta Administrativa, traga.

Ellos, los miembros de la Junta Administrativa, debieron ser los destinatarios de la silba atronadora. Ellos, los de esa entidad apoltronada y respaldada por el Ayuntamiento de la ciudad, pero plenipotenciaria en el asunto taurino, son quienes debieron impedir que la ausencia forzosa de un torero nuevo, máximo atractivo de esta temporada, se restañara a la baja y no al alza, como en otros añorados tiempos. Porque antes, cuando un cartel cojeaba por la causa que fuere, el empresario lo reforzaba, no lo mutilaba. Así nacieron las corridas de ocho toros que tanto proliferaron hace algunas décadas.

Mira que lo tenían fácil: se cae del cartel su máximo atractivo, pues se cubre el hueco con otros jóvenes que tienen mucho que decir… y no les dejan. Qué cara habrán puesto, por ejemplo, Javier Jiménez o Román, que acaban de pegar un serio aldabonazo en Madrid, cuando sus respectivos apoderados llamaran a la puerta de Vista Alegre y le dijeran que el tema ya estaba resuelto: mano a mano.

El público de Bilbao tenía razón en la sonora pitada, pero erró la dirección del tiro. Los destinatarios de la sonora reprobación no se alineaban en el desfile multicolor, vestidos de luces, sino en el confortable burladero del callejón.

Sin embargo, lo que más me entristece es el golpe bajo que supuso para la sensibilidad de un torero como López Simón sentirse blanco de las iras de una muchedumbre encolerizada en una plaza de tanta responsabilidad, entes de enfrentarse al llamado toro de Bilbao, el más aparatoso y agresivo que sale al ruedo de una plaza de toros. ¿Por qué a mí?, pensaría el torero mientras caminaba cabizbajo sobre la arena cenicienta de esta Plaza. Pues porque a juicio del publico que abucheaba era, de los dos (Garrido es más nuevo, más virgen en estos rifirrafes), el responsable más directo.¿El torero responsable? Los responsables serán, en todo caso, su apoderado, el empresario y los más o menos neguríticos de la citada Junta Administrativa; pero el pobre Alberto acusó el golpe bajo y entró en fase depresiva… vamos, lo más idóneo para ponerse delante de un torazo con dos pitones descomunales. Los doctores, con buen criterio, decretaron su retirada de la lidia, mientras López Simón lloraba en el callejón por el doble padecimiento de infortunio e injusticia.

La lamentable situación posibilitó la intervención de José Garrido en un destajo imprevisto, y le valió para pedir a voz en grito un puesto entre los grandes, a pesar de que, una vez más, el sujeto que ocupa la presidencia de Vista Alegre dictó sentencia sumarísima ateniéndose a la norma reglamentaria que faculta el ejercicio de su insufrible la parcialidad para conceder el segundo trofeo de un mismo toro, pedido en esta ocasión por abrumadora mayoría. Menos mal que lo arregló en la posterior actuación del muchacho.

El caso es que, antes de que su compañero José Garrido disfrutara de un legítimo triunfo, mermado por la citada parcialidad del juez de Plaza, a Alberto López Simón apenas le llegaba el aire a los pulmones, un nudo en la garganta presionaba su pecho y apenas podía contener las lágrimas. La pitada había superado su fortaleza física y mental. Estaba derrotado prematuramente. ¡Qué poco se identifican los públicos con la sensibilidad de quienes van a jugarse la vida al sol de una tarde de toros! ¡Qué poco entienden de su vulnerabilidad! Pero, sobre todo, ¡qué injusto es culparles de los tejemanejes de quienes les organizan la vida y, quizá, la muerte!

Escribo de estas cosas cuando apenas faltan cinco horas para que López Simón se vista de luces y reaparezca, al parecer ya recuperado del yuyo de Bilbao en San Sebastián de los Reyes para enfrentarse a ¡seis toros! en solitario. O sea, que el muchacho acaba de salir de un bajón anímico y le meten en un sobresfuerzo físico y mental tremendo, a las puertas de Madrid.

Le deseo toda la suerte del mundo, pero me parece un despropósito descomunal. Ojalá triunfe, pero poner al límite las constantes sicosomáticas de un enfermo recién dado de alta es, como poco, una temeridad.

Por si acaso, habrá que poner este domingo alguna vela más al Cristo de los Remedios, titular de esta feria taurina y devoción oficial del Sanse madrileño…, pero ¡qué barbaridad!

Fuente: La República.

FERIA DE BILBAO: Garrido rescata del abismo a la tarde

Por Álvaro Suso.

Si alguien pensó en una tarde aciaga, podría haber escrito la de ayer desde principio a final. Desde los agobios de los antitaurinos en la puerta de la plaza con la increíble pasividad de la Ertzantza, que no impidió ni el acoso a una embarazada en los aledaños de la entrada, hasta lo que ocurrió en el ruedo, un auténtico desastre que echa por tierra todo lo que fue Bilbao. 

Porque no se trata de una tarde aciaga, de la muchas que se viven en este espectáculo, sino del remate a una feria insufrible. El aficionado no aguantó más y protestó, con la amabilidad que ha caracterizado a esta plaza, pero protestó porque la feria se ha hundido en un pozo que ahoga a los aficionados, que no saben si huir despavoridos o tomar parte en un alboroto. 

La mansada que envió Fuente Ymbro a Bilbao solo tuvo fachada en sus dos primeros ejemplares. Ni un puyazo en una tarde en la que el tercio de varas fue un simulacro, en la tónica habitual de la semana y donde solamente los dos primeros tercios de banderillas merecieron aplausos.

Pero la culpa no fue de los toros solamente, porque hubo dos, primero y sexto, para cortar oreja.  

La apatía de Castella, que no quiso ponerse de verdad con un primero que pedía distancia y el francés se decidió a ahogarlo, fue clave para que la tarde comenzase mal. Además, no estuvo digno con el malo cuarto al que mató de manera infame. 

Perera no encontró enemigos con los que medirse. 

Y como el entramado taurino es así de inexplicable, dejaron para sobrero un toro bien hecho y serio. Salió para sustituir al sexto y antes que a ese Pegajoso de nombre habían elegido a varios ejemplares que no había por dónde cogerlos. 

La tarde estaba a punto de estallar, pitos, palmas de protesta y la indignación como una mochila de la que ya nadie parecía poder librarse. Cuando se devolvió el sexto por su falta de fuerza, Bilbao estaba al borde del abismo, pero el sobrero apuntó maneras y se encontró con un José Garrido dispuesto a ponerse de verdad. 

El extremeño recibió una ovación antes de lancear a su primero y fue despedido en hombros con las dos orejas del sexto. Pudo ser un premio exagerado, donde las dos series de muletazos ligados por abajo desataron a los espectadores que vieron la luz divina en los rayos de Garrido. Una serie de rodillazos y una buena estocada fueron el colofón y de nuevo las dos orejas al tiempo en el palco. 

Había tanta desesperación que tampoco llegó a haber medida. Pero no se puede pedir más a una plaza castigada durante varios días con decepciones, al borde de la desorientación más absoluta. 

Se salvó la tarde en ese último sobrero. De la bronca histórica se pasó a la salida de José Garrido en hombros. Con el torero en la calle, hubo pitos de protesta, pero ya no fue lo mismo. Algo se había visto y algo bueno, aunque fueran cinco tragos amargos y tan solo uno dulce.

FUENTE YMBRO / CASTELLA, PERERA Y GARRIDO

Siete toros de Fuente Ymbro,desigules de presentación, con las fuerzas justas y mansos en general, salvo el sobrero corrido en sexto lugar, que tuvo gran transmisión.

Sebastián Castella: media y dos descabellos (saludos). Dos sablazos traseros y casi media(silencio).

Miguel Ángel Perera: estocada trasera (saludos). Estocada(silencio).

José Garrido: media y descabello (saludos). Estocada (dos orejas).

Saludaron por su actuación en banderillas José Chacón, Curro Javier y Guillermo Barbero.

Plaza de Bilbao. 27 de agosto. Octava de las Corridas Generales. Media plaza.

Feria de Bilbao: Garrido devuelve la fiesta a Bilbao

José Garrido, en el sexto toro que esperó a puerta gayola. FERNANDO DOMINGO-ALDAMA.

El extremeño cortó una oreja a un bravo toro de Torrestrella y demostró su deseo de triunfo mientras López Simón pasó de puntillas.

Por Álvaro Suso.

Solamente fueron unos minutos. Apenas media hora. Lo suficiente para que volviera la fiesta a la plaza de Bilbao. José Garrido había cortado una oreja al quinto de la tarde; acabó la vuelta al ruedo y le comunicaron que también tenía que matar el sexto. Se caló la montera, extendió su capote y cruzó la arena hasta la puerta de chiqueros. Vista Alegre rompió en una ovación y todo el público se puso con el corazón en un puño.

Esa es la fiesta, la grandeza que está a esperando el aficionado. Unos minutos de fiesta grande.

Luego salió el ensabanado y el extremeño tuvo que tirarse al suelo para no ser arrollado por el de Torrestrella. De nuevo de rodillas y verónicas en la boca de riego. Pronto se vino la cosa abajo y entre que el astado tuvo las fuerzas justas y el torero no acertó con las distancias en la muleta, el epílogo de la tarde fue menos brillante de lo que se pudo esperar.

Ya la corrida había comenzado enrarecida. El absurdo remedo de la ausencia de Roca Rey, un mano a mano entre, López Simón y José Garrido levantó las irás de muchos aficionados en las horas previas al festejo cansados de la mala tarde vivida en la víspera. Por ello, el paseíllo fue acompañado de pitos que no se acallaron en los primeros compases del festejo.

La rareza no quedó ahí. López Simón, que estuvo desangelado en su primero, con un labor llena de desarmes y apuros, sufrió una posible crisis de ansiedad tras esa labor de la que tuvo que ser atendido en el callejón y, aunque mató el tercero visiblemente mermado, pasó a la enfermería antes de ser trasladado al hospital.

Así que Garrido se quedó solo para el tramo final. Se la jugó en el cuarto, un toro protestado por falta de fuerzas, con el que se arrimó en el tramo final y en unos remates con unas bernardinas sin estoque en las que fue atropellado; suficiente para arrancar una petición minoritaria.

Corrió turno y en el quinto sí tocó pelo. Tuvo delante un toro bravo, con sus complicaciones y, por fin con trapío, y sobre todo con una transmisión tremenda. Una tanda de naturales hizo rugir la plaza, pero el toro era de los de encumbrar a un torero; Garrido estuvo bien aunque no lograra la gloria. Posiblemente, pocos del escalafón habrían encontrado el camino ante ese toro, que murió como bravo y fue ovacionado en el arrastre.

Antes, estuvo aseado con un toro más terciado, que le recetó buenos derechazos pero acortó las distancias muy pronto. Los de Torrestrella pidieron sitio, se movieron y tuvieron alegría en la embestida. Fue otra cosa.

Garrido devolvió la fiesta a Bilbao. Cuando todo parecía en contra, dejó un ramillete de naturales para el recuerdo y las ganas de ser figura en el inicio del que cerró plaza.

TORRESTRELLA / SIMÓN Y GARRIDO

Seis toros de Torrestrella,desiguales de presentación, tan sólo los dos últimos con trapío y destacó la bravura del quinto.

Alberto López Simón: pinchazo con apuro, estocada contraria caída y dos descabellos (algunos pitos). Estocada baja (silencio).

José Garrido: pinchazo y estocada (saludos tras aviso)Estocada contraria (vuelta tras petición). Estocada (oreja). Dos pinchazos y dos descabellos (saludos tras aviso) en el que mató por López Simón.

López Simón sufrió una alcalosis respiratoria con cuadro vasovagal, que le impidió matar su tercer toro.

Plaza de Bilbao. 26 de agosto. Séptima de las Corridas Generales. Más de media plaza.

FERIA de Bilbao: Ilusiones quemadas

Paco Ureña, con su primer toro. FERNANDO DOMINGO-ALDAMA.

Los toros de Victorino Martín decepcionaron por su falta de casta en un mano a mano donde naufragaron Curro Díaz y Paco Ureña.

Por Álvaro Suso.

La tarde fue un castigo desde mucho antes de que empezara. Los más de cuarenta grados que tostaron a los espectadores camino de la plaza de toros fue un desfile hacia un crematorio donde se fueron sacrificando las ilusiones toro a toro hasta acabar quemados en la frustración absoluta.

El espectáculo estuvo vacío de contenido. Ni los toros sacaron su presumible bravura ni los toreros mostraron venir al tan deseado convite de Bilbao dispuestos a dar un vuelco a sus carreras.

No es que los astados de Victorino fueran imposibles, pero tampoco hicieron honor a su hierro, con una conducta descastada, ausente de emoción y transmisión, que es lo mínimo que se puede pedir a unvictorino. Se movieron como cualquier otra ganadería, humillaron casi siempre y acabaron distraídos, pero ni cuando tomaron la muleta con largura llegaron a transmitir nada a los tendidos. Por si fuera poco, tuvieron un trapío tan justito que el público acabó por no darles importancia.

Pero no fueron los únicos protagonistas desgraciados de la tarde, porque los dos espadas anunciados se olvidaron de muchas cosas y estuvieron más desdibujados cuanto más avanzaba la corrida.

Primero no respetaron que se trataba de un mano a mano, un duelo donde deben transmitir ese deseo de salir victoriosos. Después, no supieron poner lo que les faltaba a sus enemigos en el ruedo, esa chispa que nunca tuvieron los animales y que tampoco estuvieron dispuestos a encender los que llevaban el vestido de luces con una apatía desesperante.

Curro Díaz se estrenó con elegantes naturales en el que abrió plaza y dejó su sello profundo ante un ejemplar con poca clase. En su segundo, dio un paso atrás y su muleteo se convirtió en un quehacer anodino y despegado, en el que nunca apostó por cruzarse y querer ponerse de verdad. En el tercero no frenó su desdén y cuando demostró que el de Victorino podía tomar la muleta por ambos pitones decidió abreviar ante el disgusto del público. Era el único sorbo de esperanza que restaba para superar la tarde y se convirtió en un jarro de agua fría para el aficionado que optó por hacer sonar sus pitos con fuerza.

Paco Ureña, que al igual que el de Linares brindó su primer toro a Manuel Escribano, el ausente en el ruedo, tuvo una tarde desacertada. A su primero le quiso torear sin tener en cuenta la condición del animal y los muletazos, algunos con buen porte, quedaron perdidos en una faena sin principio ni final. Con el cuarto no llegó a entenderse y se puso pesado en el tramo final mientras que en el que cerró plaza estuvo superado por el sopor del ambiente sin la capacidad para dar la vuelta a la tarde y también escuchó algunos pitos.

Un tostón y no sólo por el calor, sino por la incapacidad de los toreros Curro Díaz y Paco Ureña para solventar la poca calidad de los toros de Victorino.

Roca Rey tampoco actuará en Bilbao

El peruano Roca Rey tampoco podrá estar en el cartel del día grande de la Aste Nagusia al seguir convaleciente de la cogida sufrida en Málaga la pasada semana y que ya le impidió presentarse en Bilbao el miércoles. El cartel lo configuran López Simón y José Garrido con reses de Torrestrella en un mano a mano sin sentido que no responde a ningún interés de la afición y que provocará un buen número de devoluciones en la taquilla.

VICTORINO / DÍAZ Y UREÑA

Seis Toros de Victorino Martín justitos de presentación y faltos de raza. 

Curro Díaz: estocada delantera caída (saludos). Tres pinchazos y tres descabellos (algunos pitos).Estocada desprendida (división de opiniones).

Paco Ureña: Estocada atravesada y dos descabellos (saludos). Casi media y seis descabellos (silencio).Pinchazo y estocada baja(silencio).

Plaza de Bilbao. 25 de agosto. Sexta de las Corridas Generales. Media plaza.

Fuente: El País.

FERIA DE BILBAO: El oasis de Diego Urdiales

Diego Urdiales, por la puerta grande de Vista Alegre. FERNANDO DOMINGO-ALDAMA.

Por Álvaro Suso.

Algunos llegaron a la plaza derrotados del bajonazo sufrido el día anterior y sumaron el disgusto de la ausencia del revolucionario Roca Rey, aún lesionado. Con todo, la respuesta del público fue buena y mostraron su deseo de aplaudir al obligar a saludar a Diego Urdiales tras el paseíllo como recuerdo de su triunfo del pasado año.

Y salió el primero, un breve capítulo de Morante, que acabó en pitada y otra decepción que sumar a la tristeza acumulada. Pero entonces surgió un oasis llamado Diego Urdiales y cambió el signo de la feria con un triunfo de dos orejas que varió el semblante de los aficionados. Puerta grande de menor peso que la del pasado año, bondadosa, pero está más bajo el listón este año y la necesidad de alegrías aprieta hasta al palco de Vista Alegre.

Atrevido se llamó el segundo de Alcurrucén. No era un toro guapo, pero sí un berrendo en colorado espectacular que tuvo alegría en casi todo lo que hizo. Acudió prestó al capote de Urdiales y entró dos veces al caballo aunque no se empleara con empeño. Y en la muleta fue un toro repetidor, con clase y humillación; solamente le faltó algo más de transmisión para redondear su nota. Al final, obtuvo el premio de la vuelta al ruedo, quizás también benévola, pero no está el listón para exquisiteces y un buen plato se convierte en manjar por menos de nada. Fue el único toro potable de un flojo encierro del hierro de los hermanos Lozano.

Diego Urdiales prolongó su idilio con Bilbao con una faena a la que le faltó rotundidad, pero tuvo ligazón, deseo y varios naturales de seda. Un cambio de mano con el que cerró la segunda tanda de derechazos hizo rugir a los tendidos y los ayudados finales subieron la categoría hasta firmar una estocada de rápido efecto que arrancó el doble premio. Algunos pitos cuestionaron el trofeo.

Morante repitió espantada en Bilbao. Igual que el año pasado. Lejos queda ya su hazaña con el Cuvillo que le hizo salir en hombros. Es norma de los toreros artistas eso de tener más tardes de broncas que de ovaciones, pero el público quiere y exige algo más digno que andar arrastrado por la plaza.

Es cierto que los matadores con duende a veces no quieren, pero Morante además no pudo. En el primero, se vio atenazado, poco dispuesto a buscar algún camino hacia el triunfo y encima mató mal; en el cuarto, ni siquiera pudo y se desinhibió claramente de la lidia en los dos primeros tercios. Con la muleta se limitó a ser desarmado en un ejercicio de incapacidad y de falta de dignidad torera antes de apuñalar al astado sin ninguna vergüenza. La bronca fue de órdago, pero del siglo XXI, lejos de aquellos artistas escoltados por escudos o esquivando almohadillas. También a los públicos les falta la raza de antaño.

La juventud la puso Ginés Marín en todas sus dimensiones. Inexperiencia para superar los problemas de su primero, en el que acabó desbordado, y valentía y decisión para jugársela en el sexto, lo que le valió una cariñosa vuelta de despedida.

ALCURRUCEN / MORANTE, URDIALES Y MARÍN

Siete toros de Alcurrucén, el quinto fue devuelto por una lesión y sustituido por un sobrero de la misma ganadería, desiguales de presentación pero serios y de pobre juego salvo el buen segundo, que fue premiado con la vuelta al ruedo.

Morante de la Puebla: tres pinchazos y media (pitos). Pinchazo y dos pinchazos bajos(bronca).

Diego Urdiales: Estocada (dos orejas). Pinchazo feo, casi entera y cuatro descabellos (silencio).

Ginés Marín: pinchazo y estocada(silencio). Media y descabello (vuelta).

Plaza de Bilbao. 24 de agosto. Quinta de las Corridas Generales. Casi tres cuartos de plaza.

Publicado en El País.