Archivo de la categoría: Bilbao

Lunes de @Taurinisimos 125 – Aste Nagusia, Bilbao 2017. Adiós a Dámaso. Manolete, 70 Aniversario.

Programa @Taurinisimos de @RadioTVMx del lunes 28 de Agosto de 2017. Conducen Miriam Cardona @MyRyCar y Luis Eduardo Maya Lora @CaballoNegroII.

Actualidad Taurina. Plaza México Temporada Novilleril 2017. Novillada Inaugural: 6 Las Huertas, 6 para Ricardo De Santiago, Isaac Fonseca y Héctor Gutiérrez.

Recuerdo de Manolete en el LVII Aniversario Luctuoso.
Testimonio de Francisco Cano “Canito”, fotógrafo taurino.

Análisis sobre la Semana Grande de Bilbao, Aste Nagusia 2017.
Puerta Grande de Enrique Ponce.

Faenas de Curro Díaz, Antonio Ferrera, Juan del Álamo, Joselito Adame, Diego Urdiales, Roca Rey, Román. Encierros de Miura, Victorino, Victoriano del Río, Alcurrucén, entre otros.

Recuerdo de José Cubero “Yiyo” en su XXXII Aniversario Luctuso. Musical “Mi Amigo El Yiyo”

La próxima emisión de #Taurinísimo será el próximo viernes 1 de Septiembre de 2017 a las 7 pm (Mex) a través de http://www.radiotv.mx

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FERIA DE BILBAO: Puerta grande para Enrique Ponce

Por Antonio Lorca.

El estoconazo de Enrique Ponce al cuarto de la tarde fue de libro, una de esas estocadas que deben ver y analizar todos los aspirantes a la gloria del toreo. Hizo la suerte a la perfección, clavó la espada en el mismísimo morrillo del animal, la hundió hasta la empuñadura y el toro salió muerto del encuentro. Tembló durante unos segundos y cayó patas arriba en la negra arena bilbaína mientras la plaza puesta en pie solicitó las dos orejas que el presidente concedió sin duda alguna.

Una oreja por la estocada, y otra por la faena, que no fue grandiosa, ni arrebatadora; ni siquiera tuvo tandas para el recuerdo por su hondura y majestuosidad, pero fue un compendio de inteligencia y conocimiento ante un toro nobilísimo que no acabó de definir su carácter. Sin recorrido en los inicios con la muleta, repitió después en embestidas cortas con más sosería que clase; Ponce administró los tiempos con suavidad y serenidad, y le robó muletazos, fundamentalmente con la mano derecha, ceñidos primero, desmayados y ligados después, un molinete, medios pases… Todo muy ceremonioso, lentamente, casi en éxtasis. Le robó al toro lo que no tenía. Lo exprimió. Y entusiasmó al respetable. No encontraba el torero la manera de finalizar su labor hasta que, tras un vistoso abaniqueo, montó la espada, y… ahí quedó una lección tan redonda como imperfecta de un maestro.

El propio Ponce inició una singular polémica política al brindar al Rey Don Juan Carlos por la unidad de España; en su turno, Cayetano -muy temperamental en su parlamento- aludió en su brindis al terrorismo, y momentos antes había ordenado a su cuadrilla que banderilleara con los colores de la bandera española, lo que produjo una división de opiniones en los tendidos. Y Marín corroboró sus palabras al monarca con un Viva España. Vamos, que aquello parecía una corrida patriótica…

Pero la realidad era otra. Y la culpa, de los toros. Ponce, en su primero, muy parado, se limitó a mantenerlo de pie. Cayetano, arrebatado y crecido con el asunto de las banderillas (Iván García y Alberto Zayas saludaron tras un buen tercio) y el brindis real, se quitó las zapatillas, hincó las rodillas en tierra, y así pasó por alto a su primero, que pronto se agotó y acabó con la ilusión de un torero valeroso que llegó a por todas. Sin clase se expresó el quinto, al que hizo un ceñido quite por gaoneras. Buena fue su actitud toda la tarde, pero no encontró el premio deseado.

Y Marín no perdió su crédito. Tampoco tuvo toros para el triunfo, sosos los dos y de escaso recorrido, pero prevalecieron su entrega y buenas maneras. Mejor en su primero por el lado izquierdo, con momentos estimables y escasos, también, de emoción, y con extraordinaria disposición ante el sobrero sexto, de contada calidad y recorrido, al que le cortó una oreja tras una voltereta sin consecuencias y una estocada de buena factura.

Nota final: no hay torero que llene la plaza de Bilbao.

DEL RÍO / PONCE, CAYETANO, MARÍN

Toros de Victoriano del Río, –el tercero, devuelto al partirse un pitón y sustituido por otro del mismo hierro, lidiado en sexto lugar–, correctamente presentados, cumplidores en el caballo, blandos, sosos, descastados y nobles; complicados quinto y sexto.

Enrique Ponce: media tendida y un descabello (silencio); gran estocada (dos orejas). Salió a hombros por la puerta grande.

Cayetano: pinchazo y estocada tendida (ovación); pinchazo y media baja (silencio).

Ginés Marín: tres pinchazos –aviso– y dos descabellos (ovación); estocada (oreja).

Plaza de Bilbao. Séptima corrida de feria. 25 de agosto. Algo más de media entrada. Asistieron Juan Carlos I y la Infanta Elena.

Publicado en El País 

TOROS BILBAO: El Juli y Talavante no justifican en Bilbao su condición de primeras figuras

El Juli.

Dos de las primeras figuras del momento, como son El Juli y Alejandro Talavante, no han justificado hoy tal condición en una cita tan trascendente como la de Bilbao, con una actuación anodina y displicente ante una corrida de Domingo Hernández que les permitió, sobre todo al primero, mayor lucimiento.



IMPROPIOS DE SU FAMA Por Paco Aguado.

Ni en las taquillas, con apenas dos tercios del aforo cubiertos, ni en el ruedo justificaron hoy El Juli y Alejandro Talavante su fama y su prestigio de figuras del toreo en la feria de Bilbao.

Y no tanto por culpa del ganado -pues ambos tuvieron toros con mayores o menores opciones- sino por su grisácea actitud durante toda la tarde, impropia de su categoría y de una cita de la importancia de esta decisiva feria de primer nivel.

El Juli cumplió su segundo paseíllo en el abono sin que se le atisbaran mínimanente ni aquella determinación ni la férrea ambición que le lanzaron al estrellato desde que era casi un niño y que le han mantenido en primera fila durante dos décadas.

Aunque estuvo ya anodino y destajista con el insulso pero manejable primero de su lote, la verdadera decepción con el maestro madrileño llegó con el cuarto, que fue, con diferencia, el mejor toro de la voluminosa corrida de Garcigrande.

El musculado ejemplar alió ya descolgando y embistiendo con celo a los capotes y mantuvo tal comportamiento, ya más pagado, hasta el final de su lidia, pero el caso es que El Juli nunca apuró sus virtudes, sino que lo toreó a medio gas, desplazando hacia afuera las embestidas y sin poner ni en los cites ni en el trazo de los pases esa mínima entrega que merecía el noble y claro animal.

Dio la impresión, incluso, que el veterano diestro intentó tapar tales virtudes a ojos del público durante en un trasteo de altibajos técnicos, en el que sólo calentó al tendido con las fruslerías con que lo remató antes de matarlo saliéndose de la suerte.

Talavante, por su parte, se encontró en primer turno con un toro bastote y alto que se movió sin clase pero sin ponerle en ningún apuro a lo largo de la que fue una amontonada e intrascendente sucesión de pases sin fibra, ni mando ni alma.

El público aplaudió tibiamente tal alarde de inane cantidad, pero llegó a enfadarse seriamente cuando contempló la displicencia con que el extremeño, como de trámite, se manejó ante el soso quinto, con el que cortó por lo sano sin ningún rubor.

Ante tal renuncia de las figuras, José Garrido, el espada más joven del cartel, se encontró el ambiente a favor para haber repetido un triunfo -como los del pasado año en esta misma plaza- que, por una u otra causa, tampoco llegó a alcanzar.

Lo tuvo más a mano con el tercero, el otro toro de buena condición de la corrida, al que ligó varias series de naturales y derechazos en las que, por encima de otras consideraciones, primó su firmeza de plantas y su voluntad de llevarlo toreado con la mano baja.

El único error de Garrido fue alargar un punto de más el trasteo hasta provocar que el toro, pasado de faena, se incomodara y no le facilitara las cosas a la hora de meterle la espada, lo que acabó por enfriar los ánimos de la gente.

Así que, tras perder esa oportunidad de triunfo y después de que los veteranos le dejaran todo campo abierto para llevarse la tarde, Garrido salió a por todas con el sexto.

Dos largas afaroladas y varios lances de rodillas fueron su declaración de intenciones ante el que iba a ser el peor toro de la corrida, con una reservonería que se traducía en bruscas oleadas cuando se le obligaba a embestir, como sucedió cuando arrolló a su banderillero Manuel Larios cuando lo bregaba en el segundo tercio.

El joven extremeño intentó meterlo en vereda, con mejores resultados por el lado diestro, aunque no acabó de conseguirlo en un medido esfuerzo que remató de un feo sartenazo, tan indigno como la propia y nublada tarde de toros.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Domingo Hernández (el primero con el hierro de Garcigrande), de gran volumen y de juego desigual. 

Manejables en general, salvo el reservón y violento sexto; varios resultaron sosos por su medida raza, pero tercero y cuarto destacaron por la mayor entrega y profundidad de sus embestidas.

El Juli, sangre de toro y oro: media estocada trasera desprendida (silencio); pinchazo, estocada caída trasera y descabello (ovación con algunos pitos, tras aviso).

Alejandro Talavante, de negro y azabache: estocada baja (ovación); estocada desprendida y dos descabellos (pitos).

José Garrido, de grana y oro: pinchazo en los bajos y estocada delantera (ovación tras aviso); estocada chalequera (silencio).

Sexto festejo de abono de las Corridas Generales, con algo menos de dos tercios de entrada (unas 9.000 personas), en tarde nublada y con rachas de viento.

Publicado en La Vanguardia

Corridas Generales de Bilbao: Alejandro Talavante, de lujo la bronca

Talvante en un momento mágico que presidió a la bronca.

Por Carlos Ilián.

Tres muletazos exquisitos, sublimes, tres redondos de parsimonia infinita, tres momentos de lujo de Alejandro Talavante. Así inició la faena de muleta al primer toro de su lote. Un rato más tarde, a la muerte del quinto, su segunto toro, escuchó una bronca. 

Así de intermitente y deslavazada transcurre la temporada de este torero singular, uno de los pocos a los que agarrarse en estos tiempos de pegapases insufribles. Talavante se descosió después de ese inicio de faena y en ese mismo toro, uno de los más notables de la sesigual corrida de Garcigrande/Hernández, perdió el norte y se enredó sin encontrar el punto. 

El quinto comenzó a embestir en tromba pero no fue más que una bravuconada porque se desfondó, como Tatavante que se fue por la espada sin más aspavientos. Bronca y gorda.

El Juli tiene disculpa ante el primero, un mulo, pero en el cuarto que metió la cara humillado se empeñó en un trasteo ramplón, de jornalero del toreo, sin una chispa de profundidad, salvo en una tanda de mano baja dentro de un mar de pases para olvidar. En dos tardes ni un sola vuelta al ruedo. Y esta es una de sus plaza míticas…

José Garrido templó de verdad y se plantó muy firme en un toreo macizo sobre ambas manos en su primero, pero no midió los tiempos pasándose de faena lo que purgó a la hora de matar con un toro en gazapeo constante. Un pinchazo y una estocada recibiendo. Solo pudo salir a saludar. 

El sexto, la cara amarga de los garcigrandes de ayer, no le dio otra opción que el trabajo voluntarioso.

Plaza de Vista Alegre. Sexta corrida. Media entrada. 

Toros de GARCIGRANDE/HERNÁNDEZ (6), serios, con movilidad y juego muy desigual. 

EL JULI (5), de corinto y oro. Medio bajonazo (silencio). Pinchazo, estocada trasera y caída y descabello. Un aviso (saludos con protestas). 

ALEJANDRO TALAVANTE (4), de negro y azabache. Estocada caída (saludos). Bajonazo y dos descabellos (bronca). 

JOSÉ GARRIDO (6), de grana y oro. Pinchazo y estocada delantera (saludos). Bajonazo (palmas).

Publicado en Marca 

Feria de Bilbao: El atractivo perdido de las figuras / Decepcionante actuación de El Juli 

Por Antonio Lorca.

Ya es preocupante que dos figuras de la talla de El Juli y Talavante, acompañados por el joven triunfador del pasado año, José Garrido, no consigan llenar los tendidos bilbaínos.

Pero no es menos alarmante que los dos primeros pasen por la feria sin pena ni gloria con los toros elegidos por ellos; sorprendente, además, que no hayan ilusionado, y no hayan dejado nada para el recuerdo. Quizá, por eso, la plaza mostraba tantos asientos vacíos; quizá, la gente está ya cansada de tanta aburrida uniformidad.

Complejo asunto, pero ahí queda para la reflexión, aunque el mundo del toro —las figuras, los primeros— prefiera el olvido rápido y la corta espera de un toro que les devuelva la ilusión en el próximo compromiso.

Pero, ¿tan mal estuvieron El Juli y Talavante? No. No estuvieron bien, que es algo distinto. Los dos llegaron con el oficio aprendido, que es mucho, pero ni uno ni otro encontraron el camino para ilusionar y emocionar al público norteño, que está necesitado de triunfos que les devuelvan la esperanza.

El Juli no tuvo oponente en su primero, corto y sin codicia, que dio la impresión de embestir por contrato, pero sin interés alguno. Pero se encontró, después, con un toro noble, con clase y repetidor, de esos que arrastran el hocico por la oscura arena, y le dio muchos pases, aceptables unos y deslucidos otros; y alargó la faena en vista de que aquello no reclamaba olés profundos, y acabó con un circular y derechazos desmayados cuando la gente estaba ya un poco cansada. Mató mal y todo quedó en nada.

Y a Talavante, todo serio y circunspecto, se le vio prendido de frialdad, como ausente y con escasa motivación. Esa fue, al menos, la imagen que transmitió, corroborada, después, con su deficiente actuación. Lo cierto es que no se entendió con su primero, otro animal con nobleza, con el que solo destacó en las dos primeras tandas con la mano derecha, relajados y templados los muletazos en la primera, y hondos, en consonancia con el buen ritmo del toro, en la segunda. Y no hubo más. 

¿Cambió el toro? Sí, porque no embistió igual por el lado izquierdo, pero el transformado fue el torero, más pendiente de la postura que de la hondura, despegado y arrollado hasta la derrota final. No se anduvo con filigranas con el quinto, que brindó sorprendentemente al público, y quince segundos después ya lo estaba preparando para la suerte suprema. Era soso e incómodo, y el torero parecía estar en otro lugar.

Garrido llegó a por todas y se fue sin ná. 

Atropelló la razón y la cabeza lo devolvió a la realidad. Sorprendió gratamente en un quite con el capote a la espalda en el primero de Talavante, brindó a la plaza el tercero, el mejor toro de la corrida, con el que se mostró muy torero, y dibujó buenos muletazos por ambas manos, templados y hondos. Se le vio hambriento de triunfo y henchido de ilusión. Pero no encontraba el momento de acabar, se eternizó, sonó un aviso antes de montar la espada y todo lo bueno se difuminó.

Recibió al sexto con dos largas afaroladas, un amago de verónica con las rodillas en tierra, y una chicuelina, y todo en un visto y no visto. Garrido robó algunos destellos a un animal sin clase, y un bajonazo fue una rúbrica final muy fea.

GARCIGRANDE / EL JULI, TALAVANTE, GARRIDO

Un toro —el primero— de Garcigrande y cinco de Domingo Hernández, serios, a excepción del segundo y tercero, justo de presentación; mansos primero y segundo y cumplidores los demás; sin clase el primero, quinto y sexto, y nobles y con calidad el resto.

El Juli: casi entera baja (silencio); pinchazo, estocada trasera —aviso— y un descabello (ovación).

Alejandro Talavante: estocada baja (ovación); estocada baja y dos descabellos (algunos pitos).

José Garrido:—aviso— pinchazo y estocada contraria (ovación); bajonazo (silencio).

Plaza de Bilbao.
Sexta corrida de feria, 24 de agosto. Algo más de media entrada.

Publicado en El País 

FERIA DE BILBAO: Nobles, blandos y mecánicos victorinos

Paco Ureña.

Por Antonio Lorca.

El garbanzo negro, pero muy negro, fue el primer toro, tobillero, pegajoso, que acudía a gañafón limpio y se revolvía en el espacio de una perra gorda, pero los cuatro restantes no tuvieron maldad, aunque tampoco la calidad que le ha dado esplendor a la casa en la que nacieron.

Toros nobles todos ellos, mansones en los caballos, con las fuerzas demasiado justas, al igual que la casta, que no permitieron el lucimiento que buscaron con empeño y decisión los toreros y no encontraron a pesar de la extrema generosidad del público bilbaíno. Sin duda, era parientes del famoso Cobradiezmos, indultado en Sevilla, pero muy lejanos; más bien, conocidos de dehesa.

Dulce suavidad desplegó el segundo de la tarde, pero carecía del ánimo suficiente para andar. De forma mecánica embistió el tercero, sin gracia y exceso de sosería; noble también el cuarto, pero sin confianza alguna en su condición de bravo; con clase de la buena el quinto y andares anodinos, y el sexto victorino se cansó de esperar en los corrales, mordió la oscura arena más de la cuenta y el presidente sacó el pañuelo verde, lo que vino a confirmar que el lote carecía de la categoría que su divisa anuncia.

En fin, toros a medio gas, sin fortaleza —perdieron las manos más de la cuenta—, de tan buena condición como escasa casta, de tal modo que no asustaron a nadie, a excepción del citado primero, que se las hizo pasar muy canutas a Urdiales, y tampoco colaboraron al triunfo de sus lidiadores.

A pesar de ello, se cortaron tres orejas. La primera la paseó Paco Ureña al tercero de la tarde; si bien su labor no pudo alcanzar la grandeza que buscó con entrega, cobró un estoconazo en todo lo alto que hizo rodar sin puntilla a su oponente. No hubo faena en el estricto sentido de término, porque el recorrido del animal era muy corto y siempre con la cara a media altura, y a regañadientes, también, porque hasta cinco veces perdió las manos antes del tercio final. 

La segunda la cortó Urdiales al cuarto después de un pinchazo y un aviso, y una labor con algún momento brillante, pero sin arrebato alguno. Una tanda de naturales, quizá, intentó alcanzar el vuelo, y un derechazo de categoría, pero poco más, en el contexto de un empaque innato de este torero, que recibió a ese toro con dos excelentes verónicas por el pitón izquierdo. Bien, pero no para que paseara una oreja en la otrora exigente plaza de Bilbao.

Y la tercera se la llevó Escribano del quinto. Lo recibió de rodillas en toriles, pasó un apuro gordo en un par al quiebro sentado en el estribo (a los dos los banderilleó con más entrega que brillo), y se acomodó por momentos a la excesivamente lenta embestida del toro. 

Mucho mejor el torero que el domesticado animal. ¡Pero es que le pidieron con fuerza las dos orejas! Un poco de seriedad, señores…

Imposible el primero, el victorino malo, que cantaba su peligro a voces; con clase, sin codicia y sin vibración alguna el primero de Escribano, y muy descastado y sin clase el sobrero, que desesperó con razón a Ureña.

Nota final: victorinos en Bilbao y algo más de media plaza. ¡Socorro!

MARTÍN / URDIALES, ESCRIBANO, UREÑA


Toros de Victorino Martín, —el sexto, devuelto—, bien presentados, mansones, blandos, nobles y sosos; peligroso el primero. Sobrero de Salvador Domecq, serio, manso y descastado.

Diego Urdiales: estocada (palmas); pinchazo, estocada —aviso— (oreja).

Manuel Escribano: dos pinchazos, media baja —aviso— y dos descabellos (ovación); estocada (oreja).

Paco Ureña: gran estocada (oreja); pinchazo hondo y tres descabellos (silencio).

Plaza de Bilbao. Quinta corrida de feria, 23 de agosto. Más de media entrada.

Publicado en El Pais 

CORRIDAS GENERALES DE BILBAO: Roca Rey remonta el vuelo sobre la categoría de ‘Impresor’

Embrocado y acinturado derechazo de Andrés Roca Rey al extraordinario sexto toro de la corrida de Jandilla. RAMÍREZ

Por ZABALA DE LA SERNA – Bilbao.
El peruano cae de pie en su presentación en Bilbao con un gran toro de Jandilla y corta una oreja a cada uno de su lote.
La expectación alcanzó la entrada más notable de las Corridas Generales hasta la fecha. Juli es mucho Juli en Bilbao; Roca Rey se presentaba -aunque el debut fue en el festival de junio-; y Miguel Ángel Perera sustituía en justicia al retirado Morante. El azul de las localidades vacías rebajó considerablemente su desagradable presencia. Como reflejo, la intensidad de ese otro azul de la divisa de Jandilla. ¿O es idéntica la tonalidad

La movilidad mal entendida caracterizó al castaño jandilla desde que acometió el capote de El Juli: la cara suelta, los derrotes, el genio. Sus bajas hechuras, sus estrechas sienes y su armonía prometían otra historia. No corrigió ninguno de sus defectos en la muleta. Es más: los incrementó por el pitón izquierdo con afilado peligro. Las astifinas puntas por encima del palillo como dagas voladoras.

Juli quiso darle ritmo y matar el muletazo por abajo para evitar los tornillazos. Ni una cosa ni la otra en series que concluían meritoriamente limpias. Llamó el torero la atención al callejón cuando el toro se distrajo con las inquietudes del burladero. Volvió a suceder al atacar el volapié. La estocada quedó a medias, perpendicular y caída de la cruz. 

Como hermano gemelo del primero parecía el segundo. También tocado arriba de pitones. Otro comportamiento pero la misma falta de humillación. De otro modo por la ausencia de poder. Menos aristas cortantes en su obediencia a la vez. Miguel Ángel Perera entró en un puesto que merecía. La remontada del año y los últimos triunfos apuntalaban la sustitución. Perera conjugó la distancia con las pausas entre series. Y en ellas, las alturas. Sin apretar nunca en los derechazos. Primaba el temple en el largo trazo. A pesar de todas las ayudas, el jandilla no respondió al natural. Sonó la hora de la ofensiva definitiva: la quietud pererista a ultranza en los circulares invertidos, en las trenzas y los ochos. Un arrimón de ley. El pinchazo quebrantó la convicción; la estocada rinconera ató el reconocimiento de la ovación como premio de consolación. 

Un espadazo de órdago catapultó el debut de Roca Rey en Bilbao. De la rotundidad de la suerte, rodó el enfibrado jabonero. El volapié en sí mismo valió la oreja. Como la vieja norma dictaba. El jandilla había humillado como ninguno de los anteriores. A los vuelos pero sin salirse de ellos. 

Roca Rey arrancó por cambiados y por alto y tiró de la noble embestida luego para prolongar hasta donde no daba. Para sacarle el punto más a la repetición que se quedaba encima. El entonado nivel, no más, estalló en la empuñadura de su acero. Que ya está escrito.

Juli le puso todo, o casi, al negro, altón, hondo y feote cuarto de trémulos apoyos. Fernando Pérez escapó de milagro cuando a la salida de su par cayó a merced. 

De la ciencia julista nacieron el tacto, el trato y la paciencia. Pulso y sitio para afianzar al jandilla, que se lo agradeció. Lo cosió a la muleta y le extrajo el fondo boyante que escondía. Metiendo en coordinada sintonía al toro y a la plaza en la faena. Por una y otra mano la espera. 

Afinada la izquierda, serena la derecha. La suavidad como clave para romper aquello hacia delante. Vista Alegre se entregó a tanta entrega como una sola voz. Un extenso invento del Juli. El aviso como reglamentario recordatorio. Cuando se presentía la gloria, la espada renegó como Pedro. Tres veces. La ovación bajó por los tendidos como una rotunda catarata de exaltación.

El galope del quinto en banderillas atisbaba la casta añorada. Javier Ambel majó dos pares vistosísimos. Miguel Ángel Perera y Roca Rey ya habían rivalizado en quites. Por chicuelinas y caleserinas, respectivamente. El ritmo trepidante lo sostuvo el jandilla sólo en el principio de faena. Sin terminar de descolgar. De los explosivos péndulos pasó MAP a su poderosa mano diestra. La raza prometida del toro desapareció en tres series. Si no antes. El diapasón se encogió como la anatomía del bruto. Que además a izquierdas descolgó aún menos. La firmeza de Perera derivó en tesón estéril. Un recado presidencial. De nuevo pinchó con escasa fe. Una sola vez no impidió que Bilbao le empujase al tercio.

Para cerrar el último capítulo, Jandilla reservaba el toro de la corrida. Impresor respondió con categoría. Por abajo todo, la hondura, la calidad, la bravura de verdad. Roca Rey volvió a volar alto en una faena de creciente acople e intensidad. Los estatuarios como punto de partida. La derecha embrocada como fundamento que tardó alguna ronda que otra en aflorar; la figura aplomada, acinturada, rota y a más. Impresor sellaba hasta el final el toreo del peruano, que vuelve a ser él. El pulso también regresará a la izquierda. Tiempo al tiempo. Si no agarra hueso, caen las dos orejas. Una de enorme peso le relanza.

JANDILLA | El Juli, Perera y Roca Rey


Plaza de Vista Alegre
. Martes, 22 de agosto de 2017. Cuarta de feria. Tres cuartos de entrada.

Toros de Jandilla, serios en sus diferentes hechuras; extraordinario el 6º; humillador el noble 3º sin irse; desabrido de violento derrote el 1º; boyancón y a más el 4º; obediente sin descolgar el 2º; a menos el 5º de trepidante inicio.

El Juli
, de gris perla y oro. Media estocada perpendicular y desprendida (silencio). En el cuarto, tres pinchazos, estocada rinconera y descabello. Aviso (saludos).

Miguel Ángel Perera, de gris plomo y oro. Pinchazo y estocada desprendida (saludos). En el quinto, pinchazo y estocada trasera. Aviso (saludos).

Roca Rey,
de pizarra y oro. Gran estocada (oreja). En el sexto, pinchazo y estocada (oreja).
Publicado en El Mundo 

FERIA DE BILBAO: ¿Dónde está el prestigio?


Por Antonio Lorca.

Eso, eso… ¿Dónde está el prestigio de la plaza de Bilbao? Perdido, seguro, y no hallado. Está perdida la afición. Un tercio de plaza en los dos primeros días de corridas ordinarias y más de tres cuartos hoy, al reclamo de las figuras. ¡Y qué público…!, que aplaude a los picadores por no picar y pide orejas si el toro cae pronto, sea como fuere la colocación de la espada y el tenor de la faena.

Está perdido el presidente, de pañuelo fácil, como si ejerciera su cometido en plaza de segunda.

Ayer estuvo perdido también el toro, sin la presentación exigida, manso de libro (no se picó ni uno), blando, descastado y desfondado. Los equipos de veedores eligieron una birria, y se esmeraron en que los toros no tuvieran el trapío de otras tardes (el jefe manda). Por cierto, el cuarto quedó con los dos pitones escobillados tras hundirlos en la arena. ¡Vaya, hombre…! Pues no que parecía que estaba afeitado. Seguro que no, claro, porque se trata de la prestigiosa plaza de Bilbao…

No sería justo, sin embargo, afirmar que también estuvieron perdidos los toreros; más bien habría que decir que no se encontraron. Tiraron de oficio con picardía, alargaron las faenas hasta el fastidio, dieron cientos de pases y emocionaron casi nada. Lo dicho, el prestigio, perdido.

Roca Rey cortó dos orejas; la primera, al tercero, después de una labor correcta, valerosa e insulsa. Pero mató de una estocada y paseó un trofeo inexplicable. Pero es que cortó otra al sexto tras un feísimo metisaca que precedió, eso sí, a una estocada hasta la bola de efectos fulminantes. Otra vez la faena tuvo escaso peso, atiborrada de pases vacíos de contenido.

A El Juli se le nota la experiencia, faltaría más… Pero es un oficio el suyo que difícilmente emociona. Se le ve fácil en la cara del toro, pero cuenta pocos misterios. Cómodo fue su primero por el pitón derecho, y su labor no desprendió ni frío ni calor; larga fue su faena al escobillado cuarto, sin hondura, sin exigencia, sin gracia; y como mató mal y escuchó un aviso se quedó sin oreja.

Valeroso toda la tarde Perera, al que se le nota que atraviesa una racha de firmeza, confianza y seguridad en sus posibilidades. Distraído y con la cara alta embestía su primero, y el torero optó por mostrar su solvencia con un arrimón que entusiasmó al generoso público bilbaíno. Si hubiera matado bien pasea con trofeo. Y el quinto, que acudió con enorme codicia a los dos primeros pases cambiados por la espalda, se hundió un minuto después y ahí se acabó la presente historia.

¿Prestigio de Bilbao? El que lo encuentre, que levante la mano…

¡Ah! Lo mejor, dos pares de banderillas de Javier Ambel al quinto. Torería pura.

JANDILLA / EL JULI, PERERA, ROCA
Toros de Jandilla, justa de presentación, mansos, sosos, nobles y descastados. Destacó por su movilidad el sexto.

El Juli: casi entera perpendicular y baja (silencio); pinchazo —aviso— dos pinchazos, estocada baja y un descabello (ovación).

Miguel Ángel Perera: pinchazo y estocada baja (ovación); pinchazo —aviso— y estocada (ovación).

Roca Rey: estocada (oreja); metisaca —aviso— y estocada fulminante(oreja).

Plaza de Bilbao. Cuarta corrida de feria, 22 de agosto. Más de tres cuartos de entrada.

Publicado en El País