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SANGRE, GRANDEZA Y ÉTICA EN EL TOREO


Por Sixto Naranjo.

Esta última semana ha sido dura en los ruedos. Varios toreros, novilleros o subalternos han caído heridos y de grave consideración la mayoría de ellos.

Paco Ureña, Pepe Moral, Diego San Román, Francisco de Manuel o Vicente Varela, son algunos de estos nombres propios.

Una realidad que vuelve a poner de manifiesto que aquí en la Fiesta de los toros, todo es verdad y el compromiso con su profesión de la gente de luces dota de un valor incalculable a lo que hacen en el ruedo.

Frente a ataques exteriores, qué mejor argumento que la verdad de los toreros, que se juegan la vida en pos de una creación artística efímera.

La fiesta de los toros no es una película con final feliz. La tauromaquia se sustenta sobre el esfuerzo y la sangre vertida por muchos toreros a lo largo de la historia.

Olvidarnos de ello sería negar la raíz de esta fiesta. La integridad de un toro y la valentía de un torero deparan obras de arte que emocionan a aquel que tiene la sensibilidad suficiente para comprender la grandeza y la ética que encierra un espectáculo así.

La fiesta se nutre de grandes faenas y también de heroicidades de los de luces.

Pronta recuperación a los heridos y gloria a su entrega.

Publicado en COPE

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FERIA DE JULIO DE VALENCIA; Tarde de grandes toros (Algarra) y excelentes toreros (Ureña y Román)

Román (a la izquierda) y Paco Ureña, a hombros por la puerta grande de la plaza de Valencia. KAI FÖRSTERLINGEFE.

Por VICENTE SOBRINO.

Tarde de toros y de toreros. De la verdad del toreo. Cuando no hay trampa ni cartón surge la emoción. Y un derroche de momentos emotivos dio la tarde, que acabó con los dos toreros a hombros, el mayoral aclamado, y el recuerdo de una corrida de Algarra con mucho que torear, pero también muy agradecida cuando las cosas, como en este caso, se hicieron con la verdad por delante.

De los seis toros de Algarra, de formidable presencia, hubo tres de nota alta: tercero, quinto y sexto. Con sus matices, con sus diferencias, pero que puntuaron con notable muy alto. De esos tres, el quinto, un precioso castaño, “Malospelos” de nombre, fue la rúbrica. Tomó dos varas, la primera al relance y la segunda, ya bien colocado, arrancándose con todas sus fuerzas desde lejos. Ureña comenzó con mucha torería, con el remate a ese inicio de faena con una trincherilla de reacción inmediata del tendido. A partir de entonces, sin que el toro acabara de humillar y una cierta embestida a golpes, Ureña le consintió, le fue corrigiendo ese defectillo, sorteó una colada y acabó dominador cuando la muleta se fue a la mano izquierda. Obligó Ureña y, ya para siempre, el toro se rindió a tanto poderío. La mano siempre muy baja, sometido el toro, con el resultado de un manojo de naturales de monumental ejecución. Serio y brillante Ureña; serio y haciéndose respetar el toro, que fue el complemento ideal. La estocada, sin puntilla, dejó servido el toro a las mulillas, que lo pasearon por el ruedo en homenaje póstumo.

Ya en primer turno, Ureña había logrado cortar una oreja. Toro distraído y abanto de salida, con el que el murciano tampoco se anduvo con dudas. Muy expresivo en el toreo al natural y consentidor para que el de Algarra no desentonara. A pies juntos remató Ureña una faena muy centrada y de planta quieta. Con el tercero, toro de mucho motor, bravo de verdad en la muleta, de embestida humillada pero de fuerzas justas, Ureña se acopló por donde el bravo toro pedía. Faena muy ajustada, de gran motivación, con un final brillante a pies juntos en los naturales que remataron una emotiva labor. La estocada, de gran ejecución, cayó un pelo desprendida y a pesar de la unánime petición, el palco desoyó al personal y se llevó una gran pitada.

Román, siempre motivado por el eco que Ureña dejaba en cada uno de sus turnos, no anduvo a la zaga. Al segundo lo saludó con la muleta con doblones muy toreros a una mano, la izquierda. Fue toro que pareció perder fuerzas tras el primer tercio, pero recuperó resuello en la muleta y embistió sin condiciones aunque algo vencido por el lado izquierdo. Román combinó momentos de ajuste con otros en los que el toro le pisaba el terreno. De ahí que llegara una voltereta sin consecuencias. Valiente y responsable, el valenciano acabó por manoletinas de frente de llamativa imagen.

En el cuarto brillaron especialmente los banderilleros Raúl Martí y El Sirio, en un tercio muy logrado tanto de ejecución como de colocación. Este fue el toro menos agradecido del envío, pues le costó tomar la muleta a pesar de la insistencia de Román. La faena fue de un valiente torero, que no logró acople total con el toro. Mérito tuvo la estocada, ejecutada en el mismo platillo.

Con la puerta grande abierta de par en par para Ureña, Román puso por delante el amor propio. Se fue a porta-gayola, aunque el trance se frustrara y se viera obligado a echar cuerpo a tierra ante la desbocada salida del toro. Pero aprovechó la inercia del toro para dar dos faroles de rodillas al hilo de las tablas. La faena fue, sobre todas las cosas, vibrante, por lo que dio el toro y por lo que dio el torero. A estas alturas lo que importaba era la respuesta del torero ante toro crecido y muy pujante. La fuerza de la pasión llevó a Román a cumplir una faena en la que asumió todos los riesgos ante la encastada embestida del astado. De muy cerca o a media distancia, Román no escatimó esfuerzos. Toro exigente, se suele llamar ahora, el que cerró la corrida, con el que Román, picado en su amor propio y orgullo, se jugó la voltereta. Tras un pinchazo, el único en toda la tarde, agarró una buena estocada. Y premio. La vuelta, acompañado del mayoral de Algarra, fue de clamor. Como también lo fue la salida por la puerta grande de los dos toreros.

Gran corrida en conjunto de Algarra, cumplidora en varas, crecida en la muleta y exigiendo decisión y seguridad en el último tercio.

ALGARRA / UREÑA, ROMÁN

Toros de Luis Algarra, de formidable presencia, muy bien armados, serios de juego, destacaron sobre todos tercero, quinto y sexto. Al quinto se le dio la vuelta al ruedo.

Paco Ureña: estocada perdiendo la muleta (oreja); estocada (vuelta con gran petición); estocada perdiendo la muleta (dos orejas).

Román: estocada (oreja); estocada (palmas); pinchazo y estocada (oreja).

Los dos toreros salieron a hombros.

Plaza de Valencia, 28 de julio. 3ª de Feria. Media entrada.

Publicado en El País

Feria de San Fermín: Los toros nobles también hieren

Paco Ureña, instantes después de ser corneado por el cuarto toro de la tarde.

Por Antonio Lorca.
El toro de más nobleza y calidad de la muy desigual corrida salmantina le infirió una cornada a Paco Ureña en la cara interna del muslo derecho. Para que luego se diga… Según los médicos, la herida es de 15 centímetros, produjo destrozos musculares, llegó hasta la cara anterior del fémur, y su pronóstico es menos grave.

El suceso acaeció cuando el torero entró a matar al cuarto de la tarde; le echó la muleta al hocico y, en el momento del encuentro, el animal levantó la cara, y soltó un derrote seco con tan mala fortuna que alcanzó la pierna de Ureña, quien ni siquiera perdió el equilibrio, pero se dio cuenta al instante de la importancia de la herida, que sangró abundantemente.

A pesar de la cornada, el torero se negó a ser trasladado a la enfermería y aguantó entre gestos de dolor que el animal doblara las manos. Solo entonces, y cuando supo que le habían concedido una oreja, permitió que la cuadrilla lo dejara en manos de los médicos.

Es una decisión esta que carece de sentido en tales circunstancias, y que solo agrava el accidente sufrido, pero así son los toreros en la falsa creencia de que esas cabezonerías le añaden prestigio a su contrastado valor.

Y no es así, porque las cualidades hay que demostrarlas en la cara del toro en plenitud de facultades. Y eso fue lo que intentó Ureña ante ese cuarto, quizá el toro de más calidad del encierro. Y no lo consiguió; al menos, no fue capaz de dibujar la faena honda, ligada y emocionante que su oponente exigía.

Fue una faena larga, acelerada, superficial, desordenada, sin sentimiento; sonreía el torero entre tanda y tanda, supuestamente satisfecho de su labor, pero su contento no se reflejó nunca en la emoción del público. Después, llegó la cornada y ya se sabe que la visión de la sangre ablanda los corazones de la gente y la autoridad del presidente.

Otro buen toro hubo y fue el segundo, lidiado por Román. Lo recibió con dos largas cambiadas en el tercio, se lució en un ceñidísimo quite por saltilleras, acabó con unas ajustadas bernardinas y se tiró de verdad a la hora de matar. Pero el toreo fundamental brilló por su ausencia. Hubo templados redondos y algún natural aceptable, pero ninguno a la altura requerida por la calidad del animal.

Y poco más. Bueno, sí, hubo mucha rodilla en tierra. De hinojos comenzó Ureña la faena al toro que lo hirió; de rodillas recibió Román a su primero, y volvió a doblar las piernas en el inicio del último tercio; y en la misma posición veroniqueó Garrido al sexto y lo muleteó en redondo con escaso lucimiento.

Pero el toreo arrodillado, que tanto parece gustar en Pamplona, no surtió el efecto deseado. Ni los toros colaboraron, más allá de los dos reseñados, ni los toreros estuvieron finos, ni las peñas tan animadas como en ellas es habitual.

Ureña, Román y Garrido cumplieron con más entrega que lucimiento; y el tercero, con menos suerte en su lote, solo pudo mostrar un valor que de poco le sirvió.

PUERTO / UREÑA, ROMÁN, GARRIDO

Toros de Puerto de San Lorenzo, muy bien presentados, serios y con cuajo, mansos y descastados; destacaron por su nobleza segundo y cuarto.

Paco Ureña: estocada (palmas); estocada -aviso- (oreja).

Román: estocada trasera y caída (oreja); estocada y un descabello (silencio).

José Garrido: casi entera dos descabellos y el toro se echa (silencio); bajonazo -aviso- (palmas).

Plaza de Pamplona. Primera corrida de la feria de San Fermín. 7 de julio. Lleno.

Publicado en EL PAÍS

San Isidro: Talavante por Paco Ureña

De SOL y SOMBRA.

Alejandro Talavante sustituirá mañana a Paco Ureña en la decimoctava corrida de la Feria de San Isidro, ha informado hoy la empresa Plaza 1 en una nota.

Talavante, que hará su tercer paseíllo en el serial y donará los honorarios a una entidad benéfica de Extremadura, compartirá cartel con el francés Juan Bautista y Alberto López Simón, con toros de la ganadería de Núñez del Cuvillo.

Twitter @Twittaurino

San Isidro 2018: La épica como recurso / Ureña, una verdad a medias

Por Paco Aguado / Foto: Teseo Comunicación.

No estaban terminando de salirle las cosas al bueno de Paco Ureña. Con el primero, que aunque cargado de carnes fue el mejor hechurado y, por tanto, también el mejor toro de la corrida, porque le pudo la ansiedad: una visible, tensa y empecinada intención de rebozarse de toro, de despatarrarse hasta lo obsceno y de pasarse muy cerca de la bragueta unas embestidas que pedían, en cambio, más sutileza formal y sobre todo menos ligereza de muñecas en los remates.

Cuando acertó a cogerle medianamente el aire, le pegó de tal guisa una serie de naturales vibrantes y bizarros, pero que, por aquello que le faltó, ya no logró volver a repetir mientras la faena se le iba cayendo hasta los cinco pinchazos que la hundieron en la nada. Y con el quinto, que se movió mucho y con recorrido sin emplearse demasiado, Ureña se tiró también un largo rato sin concretar casi nada bajo un tendido que empezaba a contagiarse del fresco de la noche y del frío del ruedo.

Así que, una vez más, en el tiempo de descuento el de Murcia apeló a la épica, al drama más buscado que encontrado, a esa impostura que sabe recurso infalible en una plaza aparentemente tan dura pero en realidad tan impresionable como la de Madrid. De nuevo vimos a Ureña en su versión “hard core”, con el arrimón desafiante entre los pitones, el ajuste amontonado de empellones, el ¡uy! por el ¡ole! Y, para redondear la escena trágica, tampoco faltaron la voltereta final, la duda de la cornada y el renacer doliente, después de caer entre las patas del toro en una estocada a cara de perro.

Cayó también así la oreja que se dejó en el otro, para repetir la que ya parece su tópica imagen de marca: aferrada la mano al trofeo, tinto en sangre el desaliñado vestido y el rostro crispado, entre lastimero y feliz. La gente le quiere por su humildad, por su constante sufrimiento, pero tiene ya ganas de verle salir a hombros con el traje impoluto y entero, salpicado si acaso de pelos del toro, y con una sonrisa de oreja a oreja después de que el toreo que busca le fluya de una vez sin tanta fatiga.

Del resto de la corrida, con el color ambiental que le dio el primer lleno pero coherente con el gris de todo lo que va de feria, quedó apenas la pasajera sensación de haber presenciado una jornada laboral más de El Fandi, con un lote vacío, y la voluntad evidente y desangelada de un López Simón que aún sigue por la tortuosa senda que le lleve hasta sí mismo.

Publicado en Cuadernos de TM

Ureña, una verdad a medias:

El torero murciano cortó una sola oreja al lote de más calidad de Puerto de San Lorenzo.

Por Antonio Lorca.

Que Paco Ureña es un gran torero es una innegable. Pero los héroes artistas no siempre tienen la inspiración a punto para culminar obras bellas.

Ayer, el torero murciano firmó una actuación valerosa, sincera, emotiva a veces, emocionante en algunos destellos, pero no arrebatadora ni conmocionante, como, quizá, exigía el lote que le tocó en suerte. Paseó una oreja a la muerte del quinto después de una faena de medianías y una voltereta en la suerte suprema que fue la que, de verdad, empujó para la concesión del premio. Una actuación a medio gas, por tanto, de un referente del mejor toreo actual al que se le debe exigir un mayor compromiso.

Todo comenzó en un quite por gaoneras ceñidísimas al primer toro de la tarde, anuncio de su plausible disposición. Recibió, después al suyo con un manojo de verónicas embraguetadas y otras tres, en el quite, de gran empaque.

Empujó el toro en el primer envite con el picador y salió suelto en el segundo; galopó en banderillas y pronto mostró su clase, hondura, prontitud y humillación en la muleta. No llegó a acoplarse Ureña con la mano derecha, y el buen toreo comenzó a surgir con unos naturales largos, templados y bien ligados, que dieron paso a una magnífica tanda por el mismo lado, con el compás abierto, en una demostración evidente del toreo auténtico. Aún hubo un gran pase de pecho, otro del desprecio monumental, una trincherilla y ayudados por alto finales. Mató mal, muy mal, pero ya antes había quedado explícito que brillaron trazos extraordinarios pero incapaces de crear una obra de arte. Fue una labor de menos a más que cayó por el precipicio de los pinchazos. Sobraron muletazos y faltó remate y conmoción. El buen toro mereció mejor suerte.

Bueno fue, otra vez, el recibo a la verónica al quinto, otro animal con movilidad y nobleza en el tercio final. Fue la de Ureña una faena larga, en la búsqueda incansable e inoperante de una emoción que no se hizo presente más que en destellos puntuales. Culminó su labor con unas anodinas manoletinas que, sorprendentemente, cerró con un remate y un pase de pecho torerísimos. El toro quedó cuadrado para la muerte, y Ureña se tiró encima del morrillo con decisión, lo que le costó una espectacular voltereta. Esta y la bella muerte del manso y noble toro propiciaron el premio de la oreja. Bien, pero puede y debe estar mejor. Es imprescindible que así sea por el bien de la tauromaquia.

El resto del festejo no tuvo color. El Fandi pechó con un lote infumable. Inválido, muy protestado, un cadáver en puertas, fue su primero, ante el que falló en un par de banderillas al violín y con el que trató de justificarse en una voluntariosa labor de brocha gorda.

No tuvo mejor fortuna con el cuarto, manso y deslucido, al que banderilleó con más fortuna, aunque desistió de hacerlo en la suerte del instrumento musical, por si acaso.

Y el madrileño López Simón confirmó la impresión que dejó en la pasada Feria de Abril: que atraviesa un bache, que no está, que da muchos pases y torea poco, que su labor no llega a los tendidos, y que, en pura lógica, aburre.

Tuvo toros de triunfo, nobles, obedientes y repetitivos los dos, pero a ninguno le cogió el aire, ni se sintió a gusto ni gustó a casi nadie. Algún muletazo largo, alguna tanda ligada, pero todo en un mar de aguas insípidas.

Cómo haría mella el aburrimiento en los tendidos que, mientras López Simón daba muletazos al sexto, se lanzaron vivas a España, a la tauromaquia y a san Isidro Labrador, motivo más que suficiente para que el buen torero reflexione sobre la crisis de identidad que, por lo visto, padece.

Otra tarde más deben subir al podio toreros de plata henchidos de gracia: Tito Sandoval por un buen puyazo al sexto, y Vicente Osuna, Yelco Álvarez y Jesús Arruga, por meritorios pares de banderillas. Los cuatro, miembros de la cuadrilla de López Simón; lo que son las cosas…

SAN LORENZO / EL FANDI, UREÑA, SIMÓN

Toros de Puerto de San Lorenzo, bien presentados; el primero, inválido; segundo, mansón y de calidad suprema en la muleta; cumplidor en varas y noble el tercero; deslucido el cuarto; manso y noble el quinto, y con movilidad el sexto.

El Fandi: casi entera (silencio); estocada caída (silencio).

Paco Ureña: dos pinchazos —aviso— tres pinchazos y un descabello (ovación); estocada (oreja).

López Simón: media estocada, un descabello —aviso— y un descabello (silencio); pinchazo —aviso— media tendida y un descabello (silencio).

Plaza de Las Ventas. Octavo festejo de la Feria de San Isidro. 15 de mayo. Lleno. (22.275 espectadores, según la empresa).

Publicado en El País

Tlaquepaque: Ureña y José Adame en hombros / Ferrera impregnó la noche de arte

De SOL y SOMBRA.

Dos noticias antecedieron el cartel charro taurino en Tlaquepaque: La ausencia de Roca Rey por lesión y la muy extraña baja a unas cuantas horas del festejo del francés Sebastián Castella.

La tercera fue que a pesar del gran cartel, no se llenó la Plaza de Toros El Centenario de Tlaquepaque para la corrida charro-taurina.

A pesar de lo anteriormente mencionado, el festejo en el terreno artístico resulto exitoso y destacaron las actuaciones de Paco Ureña, Antonio Ferrera y José Adame.

Ureña ataviado con la vestimenta de charro al igual que sus alternantes, realizo una emotiva faena a ”San Marqueño”, de la ganadería de San Isidro y se llevó dos orejas.

Ferrera anda inspirado y tras su gran actuación en Aguascalientes se le ve muy feliz por tierras mexicanas. Ayer pudo torear en Tlaquepaque con aroma, temple y firmeza. Se llevó tan solo una oreja, pero realizo los más puro y trascendental del festejo.

Jerónimo era muy esperado por un sector de la afición, pero se estrello con toro de Xajay que no le permitió el lucimiento.

Joselito Adame se llevo dos orejas del imponente ”Palomo” de la ganadería de Barralva, tras una meritoria faena.

Mientras que Juan Pablo Sánchez con uno de Campo Alegre y Luis David Adame con otro de Marrón se retiraron en silencio.

Twitter @Twittaurino

Paco Ureña, entre México y España

Foto Efe

Ureña viajará a México para torear en la feria de Aguascalientes: El diestro cartagenero Ortega Cano también actuará el 30 de abril en la localidad mexicana en un festival.

Por F. OJADOS.

El torero lorquino Paco Ureña lleva una dura semana de recuperación por los golpes sufridos en la corrida de toros celebrada en Valencia el pasado sábado día 17, cuando el último toro del festejo, de la ganadería de Garcigrande, le propinó una soberana paliza al cogerle en la faena de muleta. Tras pasar la noche hospitalizado, el diestro ha mantenido molestias en la zona cervical. A ello se le ha unido un cólico nefrítico que le ha hecho visitar el hospital este fin de semana. Ureña, que ha sido uno de los nombres propios de la pasada Feria de Fallas, al cortar una oreja al toro que le propinó la voltereta, por una valerosa faena, viajará el próximo mes a México, país en el que está anunciado el día 20 de abril en la localidad de Aguascalientes, en una de las ferias más importantes. Ese día, en el coso hidrocálido se lidiarán astados de Xajay, una de las ganaderías más afamadas de México, y el torero de Lorca alternará con Arturo Saldívar y Leo Valadez.

En esa misma feria de Aguascalientes actuará también otro torero de la Región, el veterano Ortega Cano, en este caso en un festival (el 30 de abril), dentro de un cartel de toreros de otra época, como el propio diestro de Cartagena, Fermín Espinosa Armillita, Guillermo Capetillo, Espartaco, Pepe Luis Vázquez y El Zotoluco.

En cuanto a Ureña, el lorquino tiene cita en otra plaza mexicana, el 26 de abril. Se trata de la corrida internacional charro-taurina que se celebrará en la plaza de toros El Centenario de Tlaquepaque. En ella actuarán los locales Jerónimo, Joselito y Luis David Adame, el peruano Roca Rey, el francés Sebastián Castella y Paco Ureña, como único representante español.

Entre Aguscalientes y Tlaquepaque, Paco Ureña tiene comprometida la fecha del domingo 22 de abril con Murcia y su festival taurino a beneficio de la Asociación Española Contra el Cáncer, cuyas localidades ya están a la venta en las sedes regionales de la AECC, y el próximo día 12 de abril lo estarán en las taquillas de la plaza de toros. El de Lorca no quiere perderse esa cita y realizará un viaje de ida y vuelta exprés desde México para llegar a Madrid la noche del sábado 21 y estar en Murcia la mañana del día 22, para volar de nuevo a América y actuar el día 26 en aquel país. Un innegable esfuerzo del diestro lorquino por estar con sus paisanos en este tradicional festival benéfico.

Publicado en La Verdad

FERIA DE FALLAS: Enrique Ponce, a hombros, orgullo y pasión; Paco Ureña, herido, un valiente

Enrique Ponce, a hombros en la plaza de Valencia. JUAN CARLOS CÁRDENAS EFE.

Además Alejandro Talavante, apático, y una corrida de Garcigrande de escaso contenido ganadero.

Por VICENTE SOBRINO.

Del blanco al negro; de la ovación a la bronca; de lo bueno a lo malo; del éxtasis al tormento; del orgullo a la pasión; del compromiso a la abulia; del éxito a la cornada…una tarde de toros con muchos y variados matices. Polémica, discusión, la alegría o la decepción irá por barrios, según la opinión de cada vecino que a Dios guarde. Pero una tarde, en fin, para no dejar indiferente a nadie. No pasó de indiferente la corrida de Domingo Hernández/Garcigrande, tanto monta, dos collares diferentes pero un mismo toro. O, en este caso, más que un mismo toro, toros dispares, más de presencia que de esencia. Desigualdad absoluta: desde dos cinqueños bien cumplidos, primero y segundo, a cuatro cuatreños justos de todo, sobre todo de trapío. Nada que ver el primero, incluso el segundo, con el resto de una corrida que descubrió virtudes y defectos de los tres espadas.

De la ovación a la bronca más sonora de los últimos tiempos en esta plaza. Fue el colofón al primero de la corrida. Toro engatillado de defensas, hondo, cuajado, de lo más potable de un lote general demasiado justo. Hizo cosas raras al salir y se quedó corto en banderillas. Le dieron en varas en dos entradas más discretas que notables. Sin una entrega total, acabó rendido a la muleta de Ponce. La faena empezó improvisada, cuando Ponce iba a brindar se arrancó el toro y, sobre la marcha, recetó una trincherilla a una mano prólogo de obra grande. Toro de esos a los que hay que ganarle la mano de partida porque si no te la gana él. Consintió Ponce, muy motivado toda la tarde, dominó la situación y se tomó la libertad de torear como quiso y cuanto quiso. En redondo los derechazos salían en racimos, casi siempre con el final de un cambio de mano cosido a los pases de pecho generalmente monumentales. Ajustado sobre ese pitón, al igual en el toreo al natural a un toro que se hacía más de rogar por el pitón izquierdo. Para desengrasar labor tan empastada, molinetes en serie y la poncina final como postre refrescante. La estocada, algo desprendida, y el descabello final dieron paso a una lluvia de pañuelos sobre el tendido. Pero el presidente hizo oídos sordos y negó trofeos. La pita fue histórica y la vuelta al ruedo de Ponce, apoteósica. Dicen las lenguas, no se sabe si malas o buenas, que la negativa presidencial se debía a una especie de vendetta por discusiones habidas el día anterior en los corrales de la plaza entre el propio torero y la autoridad. Dicen…

Con el orgullo herido, Ponce volvió a brindar al público el cuarto. Toro este muy corto de pitones y tipo. La faena volvió a presentar idénticos registros que en el primero. Apabullante superioridad del torero ante toro que, antes de encontrarse con la muleta, no había dicho ni pio ni para bien ni para mal. Otra demostración de Ponce. Labor trabajada, si acaso, un poco más que en el anterior. Macerada poco a poco. Larga. De mucho contenido y pocas concesiones fáciles. Si acaso, ya con toda la mercancía vendida, los molinetes finales con las dos rodillas en tierra y las poncinas elevaron la faena a las alturas con la total pleitesía de la gente. Llegó un aviso antes de entrar a matar y el segundo lo perdonó el usía. Pero esta vez asomaron a la vez dos pañuelos blancos en el palco. Otra vuelta al ruedo de apoteosis. Orgullo y pasión.

Paco Ureña se jugó la cornada en el sexto, el toro más enterado del envío ganadero. La emoción suplió cualquier otra cuestión en este toro. Ureña no acabó de gobernar a un astado que le avisó varias veces que, con él, las bromas no servían. Aguantó el tipo el murciano y las miradas poco amigas del toro. La faena fue un continuo ¡ay! con un Ureña muy metido y concentrado. No hubo muletazos para la historia, pero sí quedó para el recuerdo la entrega de un torero que caló la bayoneta para jugarse la vida sin trampa. Al final pasó lo que se temía: el toro lo enganchó, lo zarandeó y le dio una tremenda paliza. Conmocionado, volvió Ureña a la cara del toro y ese final de festejo se celebró en el tendido por la entrega y sinceridad de un valiente. Mal parado y con signos evidentes de conmoción, recogió el trofeo y se fue por su propio pie a la enfermería. En el tercero, un torillo sin presencia, Ureña no acabó de acoplarse. Protestó el de Garcigrande, se violentó algo por el pitón izquierdo, sorteó algún apuro Ureña, muy comprometido siempre, y las manoletinas finales en serie continuada le dieron cierto espaldarazo a una labor valiente. Faena de cuerpo a cuerpo, que terminó ganada a los puntos por el torero.

Del compromiso –Ponce y Ureña– a la displicencia de un Talavante ausente, desmotivado, apático, abúlico. No quiso complicaciones con el segundo, el otro toro de mejor presencia. Sin confianza ni compromiso. Y ya se sabe, cuando uno no quiere, dos no riñen. Con el quinto, tras la exposición de Ponce, pareció más comprometido. Un espejismo. Se aburrió pronto y echó por la calle de en medio. Talavante llegó a Valencia, se supone que cobró, y se marchó sin dar un palo al agua.

Al finalizar la corrida la empresa notificó que la ausencia de Cayetano, al parecer lesionado, en la corrida de este domingo 18 de marzo, será ocupada por Enrique Ponce.

HERNÁNDEZ, GARCIGRANDE / PONCE, TALAVANTE, UREÑA

Toros de Domingo Hernández, 1º, 2º y 6º, y de Garcigrande, el resto, desiguales de juego y muy justos y dispares de presentación. Cumplieron en varas.

Enrique Ponce: estocada desprendida _aviso_ y descabello (vuelta al ruedo tras fuerte petición); _aviso_ pinchazo y estocada perdiendo muleta (dos orejas).

Alejandro Talavante: pinchazo y estocada (silencio); estocada cañiza y tendida, estocada _aviso_ y dos descabellos (silencio).

Paco Ureña: pinchazo _aviso_ y estocada pasada (saludos); estocada trasera perdiendo muleta (oreja).

Plaza de Valencia, 17 de marzo. Lleno. Paco Ureña fue atendido de un politraumatismo general, pendiente de estudio radiológico. Quedó ingresado en la Clínica La Salud.

Publicado en El País