Archivo de la categoría: Corridas Generales

FERIA DE BILBAO: Puerta grande para Enrique Ponce

Por Antonio Lorca.

El estoconazo de Enrique Ponce al cuarto de la tarde fue de libro, una de esas estocadas que deben ver y analizar todos los aspirantes a la gloria del toreo. Hizo la suerte a la perfección, clavó la espada en el mismísimo morrillo del animal, la hundió hasta la empuñadura y el toro salió muerto del encuentro. Tembló durante unos segundos y cayó patas arriba en la negra arena bilbaína mientras la plaza puesta en pie solicitó las dos orejas que el presidente concedió sin duda alguna.

Una oreja por la estocada, y otra por la faena, que no fue grandiosa, ni arrebatadora; ni siquiera tuvo tandas para el recuerdo por su hondura y majestuosidad, pero fue un compendio de inteligencia y conocimiento ante un toro nobilísimo que no acabó de definir su carácter. Sin recorrido en los inicios con la muleta, repitió después en embestidas cortas con más sosería que clase; Ponce administró los tiempos con suavidad y serenidad, y le robó muletazos, fundamentalmente con la mano derecha, ceñidos primero, desmayados y ligados después, un molinete, medios pases… Todo muy ceremonioso, lentamente, casi en éxtasis. Le robó al toro lo que no tenía. Lo exprimió. Y entusiasmó al respetable. No encontraba el torero la manera de finalizar su labor hasta que, tras un vistoso abaniqueo, montó la espada, y… ahí quedó una lección tan redonda como imperfecta de un maestro.

El propio Ponce inició una singular polémica política al brindar al Rey Don Juan Carlos por la unidad de España; en su turno, Cayetano -muy temperamental en su parlamento- aludió en su brindis al terrorismo, y momentos antes había ordenado a su cuadrilla que banderilleara con los colores de la bandera española, lo que produjo una división de opiniones en los tendidos. Y Marín corroboró sus palabras al monarca con un Viva España. Vamos, que aquello parecía una corrida patriótica…

Pero la realidad era otra. Y la culpa, de los toros. Ponce, en su primero, muy parado, se limitó a mantenerlo de pie. Cayetano, arrebatado y crecido con el asunto de las banderillas (Iván García y Alberto Zayas saludaron tras un buen tercio) y el brindis real, se quitó las zapatillas, hincó las rodillas en tierra, y así pasó por alto a su primero, que pronto se agotó y acabó con la ilusión de un torero valeroso que llegó a por todas. Sin clase se expresó el quinto, al que hizo un ceñido quite por gaoneras. Buena fue su actitud toda la tarde, pero no encontró el premio deseado.

Y Marín no perdió su crédito. Tampoco tuvo toros para el triunfo, sosos los dos y de escaso recorrido, pero prevalecieron su entrega y buenas maneras. Mejor en su primero por el lado izquierdo, con momentos estimables y escasos, también, de emoción, y con extraordinaria disposición ante el sobrero sexto, de contada calidad y recorrido, al que le cortó una oreja tras una voltereta sin consecuencias y una estocada de buena factura.

Nota final: no hay torero que llene la plaza de Bilbao.

DEL RÍO / PONCE, CAYETANO, MARÍN

Toros de Victoriano del Río, –el tercero, devuelto al partirse un pitón y sustituido por otro del mismo hierro, lidiado en sexto lugar–, correctamente presentados, cumplidores en el caballo, blandos, sosos, descastados y nobles; complicados quinto y sexto.

Enrique Ponce: media tendida y un descabello (silencio); gran estocada (dos orejas). Salió a hombros por la puerta grande.

Cayetano: pinchazo y estocada tendida (ovación); pinchazo y media baja (silencio).

Ginés Marín: tres pinchazos –aviso– y dos descabellos (ovación); estocada (oreja).

Plaza de Bilbao. Séptima corrida de feria. 25 de agosto. Algo más de media entrada. Asistieron Juan Carlos I y la Infanta Elena.

Publicado en El País 

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TOROS BILBAO: El Juli y Talavante no justifican en Bilbao su condición de primeras figuras

El Juli.

Dos de las primeras figuras del momento, como son El Juli y Alejandro Talavante, no han justificado hoy tal condición en una cita tan trascendente como la de Bilbao, con una actuación anodina y displicente ante una corrida de Domingo Hernández que les permitió, sobre todo al primero, mayor lucimiento.



IMPROPIOS DE SU FAMA Por Paco Aguado.

Ni en las taquillas, con apenas dos tercios del aforo cubiertos, ni en el ruedo justificaron hoy El Juli y Alejandro Talavante su fama y su prestigio de figuras del toreo en la feria de Bilbao.

Y no tanto por culpa del ganado -pues ambos tuvieron toros con mayores o menores opciones- sino por su grisácea actitud durante toda la tarde, impropia de su categoría y de una cita de la importancia de esta decisiva feria de primer nivel.

El Juli cumplió su segundo paseíllo en el abono sin que se le atisbaran mínimanente ni aquella determinación ni la férrea ambición que le lanzaron al estrellato desde que era casi un niño y que le han mantenido en primera fila durante dos décadas.

Aunque estuvo ya anodino y destajista con el insulso pero manejable primero de su lote, la verdadera decepción con el maestro madrileño llegó con el cuarto, que fue, con diferencia, el mejor toro de la voluminosa corrida de Garcigrande.

El musculado ejemplar alió ya descolgando y embistiendo con celo a los capotes y mantuvo tal comportamiento, ya más pagado, hasta el final de su lidia, pero el caso es que El Juli nunca apuró sus virtudes, sino que lo toreó a medio gas, desplazando hacia afuera las embestidas y sin poner ni en los cites ni en el trazo de los pases esa mínima entrega que merecía el noble y claro animal.

Dio la impresión, incluso, que el veterano diestro intentó tapar tales virtudes a ojos del público durante en un trasteo de altibajos técnicos, en el que sólo calentó al tendido con las fruslerías con que lo remató antes de matarlo saliéndose de la suerte.

Talavante, por su parte, se encontró en primer turno con un toro bastote y alto que se movió sin clase pero sin ponerle en ningún apuro a lo largo de la que fue una amontonada e intrascendente sucesión de pases sin fibra, ni mando ni alma.

El público aplaudió tibiamente tal alarde de inane cantidad, pero llegó a enfadarse seriamente cuando contempló la displicencia con que el extremeño, como de trámite, se manejó ante el soso quinto, con el que cortó por lo sano sin ningún rubor.

Ante tal renuncia de las figuras, José Garrido, el espada más joven del cartel, se encontró el ambiente a favor para haber repetido un triunfo -como los del pasado año en esta misma plaza- que, por una u otra causa, tampoco llegó a alcanzar.

Lo tuvo más a mano con el tercero, el otro toro de buena condición de la corrida, al que ligó varias series de naturales y derechazos en las que, por encima de otras consideraciones, primó su firmeza de plantas y su voluntad de llevarlo toreado con la mano baja.

El único error de Garrido fue alargar un punto de más el trasteo hasta provocar que el toro, pasado de faena, se incomodara y no le facilitara las cosas a la hora de meterle la espada, lo que acabó por enfriar los ánimos de la gente.

Así que, tras perder esa oportunidad de triunfo y después de que los veteranos le dejaran todo campo abierto para llevarse la tarde, Garrido salió a por todas con el sexto.

Dos largas afaroladas y varios lances de rodillas fueron su declaración de intenciones ante el que iba a ser el peor toro de la corrida, con una reservonería que se traducía en bruscas oleadas cuando se le obligaba a embestir, como sucedió cuando arrolló a su banderillero Manuel Larios cuando lo bregaba en el segundo tercio.

El joven extremeño intentó meterlo en vereda, con mejores resultados por el lado diestro, aunque no acabó de conseguirlo en un medido esfuerzo que remató de un feo sartenazo, tan indigno como la propia y nublada tarde de toros.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Domingo Hernández (el primero con el hierro de Garcigrande), de gran volumen y de juego desigual. 

Manejables en general, salvo el reservón y violento sexto; varios resultaron sosos por su medida raza, pero tercero y cuarto destacaron por la mayor entrega y profundidad de sus embestidas.

El Juli, sangre de toro y oro: media estocada trasera desprendida (silencio); pinchazo, estocada caída trasera y descabello (ovación con algunos pitos, tras aviso).

Alejandro Talavante, de negro y azabache: estocada baja (ovación); estocada desprendida y dos descabellos (pitos).

José Garrido, de grana y oro: pinchazo en los bajos y estocada delantera (ovación tras aviso); estocada chalequera (silencio).

Sexto festejo de abono de las Corridas Generales, con algo menos de dos tercios de entrada (unas 9.000 personas), en tarde nublada y con rachas de viento.

Publicado en La Vanguardia

Corridas Generales de Bilbao: Alejandro Talavante, de lujo la bronca

Talvante en un momento mágico que presidió a la bronca.

Por Carlos Ilián.

Tres muletazos exquisitos, sublimes, tres redondos de parsimonia infinita, tres momentos de lujo de Alejandro Talavante. Así inició la faena de muleta al primer toro de su lote. Un rato más tarde, a la muerte del quinto, su segunto toro, escuchó una bronca. 

Así de intermitente y deslavazada transcurre la temporada de este torero singular, uno de los pocos a los que agarrarse en estos tiempos de pegapases insufribles. Talavante se descosió después de ese inicio de faena y en ese mismo toro, uno de los más notables de la sesigual corrida de Garcigrande/Hernández, perdió el norte y se enredó sin encontrar el punto. 

El quinto comenzó a embestir en tromba pero no fue más que una bravuconada porque se desfondó, como Tatavante que se fue por la espada sin más aspavientos. Bronca y gorda.

El Juli tiene disculpa ante el primero, un mulo, pero en el cuarto que metió la cara humillado se empeñó en un trasteo ramplón, de jornalero del toreo, sin una chispa de profundidad, salvo en una tanda de mano baja dentro de un mar de pases para olvidar. En dos tardes ni un sola vuelta al ruedo. Y esta es una de sus plaza míticas…

José Garrido templó de verdad y se plantó muy firme en un toreo macizo sobre ambas manos en su primero, pero no midió los tiempos pasándose de faena lo que purgó a la hora de matar con un toro en gazapeo constante. Un pinchazo y una estocada recibiendo. Solo pudo salir a saludar. 

El sexto, la cara amarga de los garcigrandes de ayer, no le dio otra opción que el trabajo voluntarioso.

Plaza de Vista Alegre. Sexta corrida. Media entrada. 

Toros de GARCIGRANDE/HERNÁNDEZ (6), serios, con movilidad y juego muy desigual. 

EL JULI (5), de corinto y oro. Medio bajonazo (silencio). Pinchazo, estocada trasera y caída y descabello. Un aviso (saludos con protestas). 

ALEJANDRO TALAVANTE (4), de negro y azabache. Estocada caída (saludos). Bajonazo y dos descabellos (bronca). 

JOSÉ GARRIDO (6), de grana y oro. Pinchazo y estocada delantera (saludos). Bajonazo (palmas).

Publicado en Marca 

Feria de Bilbao: El atractivo perdido de las figuras / Decepcionante actuación de El Juli 

Por Antonio Lorca.

Ya es preocupante que dos figuras de la talla de El Juli y Talavante, acompañados por el joven triunfador del pasado año, José Garrido, no consigan llenar los tendidos bilbaínos.

Pero no es menos alarmante que los dos primeros pasen por la feria sin pena ni gloria con los toros elegidos por ellos; sorprendente, además, que no hayan ilusionado, y no hayan dejado nada para el recuerdo. Quizá, por eso, la plaza mostraba tantos asientos vacíos; quizá, la gente está ya cansada de tanta aburrida uniformidad.

Complejo asunto, pero ahí queda para la reflexión, aunque el mundo del toro —las figuras, los primeros— prefiera el olvido rápido y la corta espera de un toro que les devuelva la ilusión en el próximo compromiso.

Pero, ¿tan mal estuvieron El Juli y Talavante? No. No estuvieron bien, que es algo distinto. Los dos llegaron con el oficio aprendido, que es mucho, pero ni uno ni otro encontraron el camino para ilusionar y emocionar al público norteño, que está necesitado de triunfos que les devuelvan la esperanza.

El Juli no tuvo oponente en su primero, corto y sin codicia, que dio la impresión de embestir por contrato, pero sin interés alguno. Pero se encontró, después, con un toro noble, con clase y repetidor, de esos que arrastran el hocico por la oscura arena, y le dio muchos pases, aceptables unos y deslucidos otros; y alargó la faena en vista de que aquello no reclamaba olés profundos, y acabó con un circular y derechazos desmayados cuando la gente estaba ya un poco cansada. Mató mal y todo quedó en nada.

Y a Talavante, todo serio y circunspecto, se le vio prendido de frialdad, como ausente y con escasa motivación. Esa fue, al menos, la imagen que transmitió, corroborada, después, con su deficiente actuación. Lo cierto es que no se entendió con su primero, otro animal con nobleza, con el que solo destacó en las dos primeras tandas con la mano derecha, relajados y templados los muletazos en la primera, y hondos, en consonancia con el buen ritmo del toro, en la segunda. Y no hubo más. 

¿Cambió el toro? Sí, porque no embistió igual por el lado izquierdo, pero el transformado fue el torero, más pendiente de la postura que de la hondura, despegado y arrollado hasta la derrota final. No se anduvo con filigranas con el quinto, que brindó sorprendentemente al público, y quince segundos después ya lo estaba preparando para la suerte suprema. Era soso e incómodo, y el torero parecía estar en otro lugar.

Garrido llegó a por todas y se fue sin ná. 

Atropelló la razón y la cabeza lo devolvió a la realidad. Sorprendió gratamente en un quite con el capote a la espalda en el primero de Talavante, brindó a la plaza el tercero, el mejor toro de la corrida, con el que se mostró muy torero, y dibujó buenos muletazos por ambas manos, templados y hondos. Se le vio hambriento de triunfo y henchido de ilusión. Pero no encontraba el momento de acabar, se eternizó, sonó un aviso antes de montar la espada y todo lo bueno se difuminó.

Recibió al sexto con dos largas afaroladas, un amago de verónica con las rodillas en tierra, y una chicuelina, y todo en un visto y no visto. Garrido robó algunos destellos a un animal sin clase, y un bajonazo fue una rúbrica final muy fea.

GARCIGRANDE / EL JULI, TALAVANTE, GARRIDO

Un toro —el primero— de Garcigrande y cinco de Domingo Hernández, serios, a excepción del segundo y tercero, justo de presentación; mansos primero y segundo y cumplidores los demás; sin clase el primero, quinto y sexto, y nobles y con calidad el resto.

El Juli: casi entera baja (silencio); pinchazo, estocada trasera —aviso— y un descabello (ovación).

Alejandro Talavante: estocada baja (ovación); estocada baja y dos descabellos (algunos pitos).

José Garrido:—aviso— pinchazo y estocada contraria (ovación); bajonazo (silencio).

Plaza de Bilbao.
Sexta corrida de feria, 24 de agosto. Algo más de media entrada.

Publicado en El País 

CORRIDAS GENERALES DE BILBAO: Roca Rey remonta el vuelo sobre la categoría de ‘Impresor’

Embrocado y acinturado derechazo de Andrés Roca Rey al extraordinario sexto toro de la corrida de Jandilla. RAMÍREZ

Por ZABALA DE LA SERNA – Bilbao.
El peruano cae de pie en su presentación en Bilbao con un gran toro de Jandilla y corta una oreja a cada uno de su lote.
La expectación alcanzó la entrada más notable de las Corridas Generales hasta la fecha. Juli es mucho Juli en Bilbao; Roca Rey se presentaba -aunque el debut fue en el festival de junio-; y Miguel Ángel Perera sustituía en justicia al retirado Morante. El azul de las localidades vacías rebajó considerablemente su desagradable presencia. Como reflejo, la intensidad de ese otro azul de la divisa de Jandilla. ¿O es idéntica la tonalidad

La movilidad mal entendida caracterizó al castaño jandilla desde que acometió el capote de El Juli: la cara suelta, los derrotes, el genio. Sus bajas hechuras, sus estrechas sienes y su armonía prometían otra historia. No corrigió ninguno de sus defectos en la muleta. Es más: los incrementó por el pitón izquierdo con afilado peligro. Las astifinas puntas por encima del palillo como dagas voladoras.

Juli quiso darle ritmo y matar el muletazo por abajo para evitar los tornillazos. Ni una cosa ni la otra en series que concluían meritoriamente limpias. Llamó el torero la atención al callejón cuando el toro se distrajo con las inquietudes del burladero. Volvió a suceder al atacar el volapié. La estocada quedó a medias, perpendicular y caída de la cruz. 

Como hermano gemelo del primero parecía el segundo. También tocado arriba de pitones. Otro comportamiento pero la misma falta de humillación. De otro modo por la ausencia de poder. Menos aristas cortantes en su obediencia a la vez. Miguel Ángel Perera entró en un puesto que merecía. La remontada del año y los últimos triunfos apuntalaban la sustitución. Perera conjugó la distancia con las pausas entre series. Y en ellas, las alturas. Sin apretar nunca en los derechazos. Primaba el temple en el largo trazo. A pesar de todas las ayudas, el jandilla no respondió al natural. Sonó la hora de la ofensiva definitiva: la quietud pererista a ultranza en los circulares invertidos, en las trenzas y los ochos. Un arrimón de ley. El pinchazo quebrantó la convicción; la estocada rinconera ató el reconocimiento de la ovación como premio de consolación. 

Un espadazo de órdago catapultó el debut de Roca Rey en Bilbao. De la rotundidad de la suerte, rodó el enfibrado jabonero. El volapié en sí mismo valió la oreja. Como la vieja norma dictaba. El jandilla había humillado como ninguno de los anteriores. A los vuelos pero sin salirse de ellos. 

Roca Rey arrancó por cambiados y por alto y tiró de la noble embestida luego para prolongar hasta donde no daba. Para sacarle el punto más a la repetición que se quedaba encima. El entonado nivel, no más, estalló en la empuñadura de su acero. Que ya está escrito.

Juli le puso todo, o casi, al negro, altón, hondo y feote cuarto de trémulos apoyos. Fernando Pérez escapó de milagro cuando a la salida de su par cayó a merced. 

De la ciencia julista nacieron el tacto, el trato y la paciencia. Pulso y sitio para afianzar al jandilla, que se lo agradeció. Lo cosió a la muleta y le extrajo el fondo boyante que escondía. Metiendo en coordinada sintonía al toro y a la plaza en la faena. Por una y otra mano la espera. 

Afinada la izquierda, serena la derecha. La suavidad como clave para romper aquello hacia delante. Vista Alegre se entregó a tanta entrega como una sola voz. Un extenso invento del Juli. El aviso como reglamentario recordatorio. Cuando se presentía la gloria, la espada renegó como Pedro. Tres veces. La ovación bajó por los tendidos como una rotunda catarata de exaltación.

El galope del quinto en banderillas atisbaba la casta añorada. Javier Ambel majó dos pares vistosísimos. Miguel Ángel Perera y Roca Rey ya habían rivalizado en quites. Por chicuelinas y caleserinas, respectivamente. El ritmo trepidante lo sostuvo el jandilla sólo en el principio de faena. Sin terminar de descolgar. De los explosivos péndulos pasó MAP a su poderosa mano diestra. La raza prometida del toro desapareció en tres series. Si no antes. El diapasón se encogió como la anatomía del bruto. Que además a izquierdas descolgó aún menos. La firmeza de Perera derivó en tesón estéril. Un recado presidencial. De nuevo pinchó con escasa fe. Una sola vez no impidió que Bilbao le empujase al tercio.

Para cerrar el último capítulo, Jandilla reservaba el toro de la corrida. Impresor respondió con categoría. Por abajo todo, la hondura, la calidad, la bravura de verdad. Roca Rey volvió a volar alto en una faena de creciente acople e intensidad. Los estatuarios como punto de partida. La derecha embrocada como fundamento que tardó alguna ronda que otra en aflorar; la figura aplomada, acinturada, rota y a más. Impresor sellaba hasta el final el toreo del peruano, que vuelve a ser él. El pulso también regresará a la izquierda. Tiempo al tiempo. Si no agarra hueso, caen las dos orejas. Una de enorme peso le relanza.

JANDILLA | El Juli, Perera y Roca Rey


Plaza de Vista Alegre
. Martes, 22 de agosto de 2017. Cuarta de feria. Tres cuartos de entrada.

Toros de Jandilla, serios en sus diferentes hechuras; extraordinario el 6º; humillador el noble 3º sin irse; desabrido de violento derrote el 1º; boyancón y a más el 4º; obediente sin descolgar el 2º; a menos el 5º de trepidante inicio.

El Juli
, de gris perla y oro. Media estocada perpendicular y desprendida (silencio). En el cuarto, tres pinchazos, estocada rinconera y descabello. Aviso (saludos).

Miguel Ángel Perera, de gris plomo y oro. Pinchazo y estocada desprendida (saludos). En el quinto, pinchazo y estocada trasera. Aviso (saludos).

Roca Rey,
de pizarra y oro. Gran estocada (oreja). En el sexto, pinchazo y estocada (oreja).
Publicado en El Mundo 

FERIA DE BILBAO: La dificultad del toro encastado

Solo Antonio Ferrera cortó una oreja a una seria y complicada corrida de Torrestrella. Foto Fernando D. Aldama.

Por ANTONIO LORCA.

Cuando sale un toro encastado, la cosa se pone seria; si, además, la estampa es imponente y luce cara astifina, el asunto no es para tomársela a broma.

Y eso fue lo que ocurrió con la corrida de Torrestrella, muy bien presentada, que acudió con prontitud a los caballos, persiguió en banderillas y se movió sin descanso en la muleta; prevalecieron, eso sí, la codicia, el genio y la dificultad por encima de la nobleza y la calidad que permiten el toreo moderno. Eran toros para lidiar y torear, no para dar pases; eran toros para toreros heroicos y poderosos, experimentados, con oficio y las ideas muy claras. En otras palabras, toros para un mirlo blanco.

Y pasó lo que tenía que pasar, que ganaron los de negro, que vendieron muy cara sus vidas, que no se cansaron de embestir, y, por fortuna, no dieron un disgusto irreparable a una valerosa y respetable terna que, en líneas generales, estuvo por debajo sus oponentes.

Era muy difícil estar a la altura de las circunstancias, y de hecho, solo Antonio Ferrera aprobó el complicado examen. Se le notan la claridad, la confianza, la seguridad… condiciones indispensables para salir airoso de un trance como el bilbaíno. 

De menos a más fue la faena a su primero, un animal muy exigente con el que se mostró firme y clarividente y pisó terrenos comprometidos en una faena de menos a más que evidenció el buen momento que atraviesa en su carrera. Del mismo tenor fue el quinto y volvió Ferrera a mostrar que está sobrado de facultades ante un toro que repitió las embestidas con genio y cierta violencia. Aún así quedaron en el recuerdo algunos naturales con aire de grandeza.

La asignatura le quedó para septiembre a Padilla. No fue torero poderoso y dominador ante el primero, que le planteó dificultades que el diestro no fue capaz de superar; y se entretuvo en una faena larguísima ante el cuarto, que embestía sin humillar, y nunca acabó de encontrar el camino del éxito. Falló repetidamente con el estoque y su labor quedó muy oscurecida.

Tampoco El Fandi dijo nada ante el complicado tercero, nada fácil en la muleta, al que dio pases acelerados y huecos; más noblote pareció el sexto, y el torero no pasó de anodino en el tercio final.

¿Y las banderillas, pues de banderilleros era el cartel? Ni un solo par como mandan los cánones, y todos a toro pasado. Los tres compartieron el tercio en los tres primeros toros, y Padilla y El Fandi clavaron en solitario en sus segundos. Ferrera desistió de hacerlo en el quinto porque al brindar con un par de garapullos con los colores de la bandera de España escuchó algunos pitos, y el torero, molesto con la protesta, dejó los palos y mandó a la cuadrilla que hiciera su labor.

Conclusión: ganaron los toros y perdió el ganadero. Se correrá la voz de la casta del toro y, a estas horas, ya estará tachada la ganadería de Torrestrella en las agendas de las figuras. Así está esto…

TORRESTRELLA / PADILLA, FERRERA, EL FANDI
Toros de Torrestrella, bien presentados, cumplidores en el caballo, encastados y dificultosos.

Juan José Padilla: casi entera caída y un descabello (palmas); metisaca, estocada atravesada —aviso— cuatro descabellos, estocada baja y un descabello (silencio).

Antonio Ferrera: pinchazo —aviso— y estocada baja (ovación); estocada —aviso— (oreja).

El Fandi: media trasera y tendida y un descabello (silencio); casi entera y dos descabellos (silencio).

Plaza de Bilbao. Segunda corrida de feria, 20 de agosto. Un tercio de entrada.

Publicado en El País 

1ª Corridas Generales: Puerta Grande para Pablo Hermoso y Cartagena 

De SOL y SOMBRA.

Con una agradable temperatura en la Plaza de Vista Alegre de Bilbao, han comenzado las Corridas Generales enmarcadas dentro de la Semana Grande. 

Tras un minuto de silencio por los atentados terroristas ocurridos en Barcelona, los tres jinetes han bailado al son de la música sobre la oscura arena del ruedo para saludar a la más de media entrada que se ha congregado el día de hoy.

La tarde inicio sin mucho brillo, con unos primeros compases en los que a Hermoso De Mendoza le ha costado encontrar el ritmo de su astado. Con pasajes de tedio, en los que incluso ha habido algunas banderillas que se fueron directamente al suelo, el navarro fue abucheado tras pegar un mitin con los aceros.

En su segundo Pablo Hermoso De Mendoza abrió con un abanico de hermosinas ante un toro de mucha fijeza, pero de poca fuerza al que el jinete exprimio al máximo en una labor de Maestro. Dejo un rejón de muerte trasero pero fulminante, que ha levantado al publico de sus asientos que pidió con fuerza la oreja, pero el señor presidente a respondido con dos orejas directas. Puerta grande tras una actuación magistral sobre los lomos de Disparate, Donatelli y Nevado. 

Andy Cartagena, quien recibió  desde el inicio de su labor los primeros grandes aplausos del respetable, tuvo una gran actuacion también, pero sobretodo espectacular por las buenas condiciones que tuvo su primer toro.

Un rejon trasero y un acierto con el descabello al quinto intento le han privado de cortar una oreja.

Al son de los pasodobles y con un vistoso manejo Andy Cartagena lidió a su segundo toro con el que ha logrado cortar dos orejas. Una rejón algo caído después de una faena que ha enloquecido a un público animoso, fue suficiente para cortar las dos orejas. Merecida y feliz puerta grande para el alicantino.

Con grandes espectativas han recibido los asistentes a Lea Vicens. A pesar de los importantes fallos técnicos que ha tenido, ha sabido sacar adelante una faena que por su poca puntería con el rejón de muerte, no pudo llevarse una oreja. Silencio para la francesa.

Finalizo la tarde con un buen sabor de boca cortesía de Lea, quien obtuvo una oreja. Discreta y certera, aunque sin grandes detalles así  fue la labor de la francesa, que en esta ocasión si acertó en la suerte suprema.

Bilbao, sábado 19 de agosto de 2017. 1er. festejo de las Corridas Generales. Toros de los hierros de El Capea y Carmen Lorenzo, bien presentados de buen juego en líneas generales. 

Hermoso de Mendoza, pitos y dos orejas.

Andy Cartagena, palmas y dos orejas.

Lea Vicens, silencio y oreja.

Entrada: Tres cuartos de plaza.

Twitter @Twittaurino 

Comienza la feria de Bilbao con el recuerdo al desaparecido Iván Fandiño


De SOL y SOMBRA.

El recuerdo al torero desaparecido Iván Fandiño protagonizará la Aste Nagusia de Bilbao, que comienza mañana, sábado, y se prolongará hasta el domingo 27, y consta de ocho corridas de toros, un espectáculo de rejoneo y el tradicional duelo de recortadores, el día 26.

El mundo taurino de Bizkaia celebrará numerosos actos en homenaje al torero de Orduña, corneado mortalmente el pasado 17 de junio por un toro en la plaza francesa de Aire Sur L’Adour. Los homenajes han sido organizados por la Junta Administrativa de la Plaza de Toros de Bilbao, la Casa Chopera, responsable de la temporada taurina; la Federación de Clubes y Peñas Taurinas de Bizkaia, los dos clubes taurinos de Bilbao y el de la comparsa Tintigorri. Aunque los actos se celebrarán a lo largo de la Semana Grande, los principales se concentrarán el 21 de agosto, jornada en la que estaba anunciada su actuación en las Corridas Generales de Vista Alegre.

Ese día, se le recordará en el apartado de los toros; después, durante la corrida se interpretará el Agur Jauna, con los toreros y sus cuadrillas ya en el ruedo, y el pasodoble Fandiño durante el paseíllo de los toreros Joselito Adame, Juan del Álamo y Curro Díaz, que ese día lidiarán reses de la ganadería de Alcurrucén y brindarán sus primeros toros al matador fallecido y a su familia.

Además, se inaugurará una exposición de fotografías de faenas del torero de Orduña y se exhibirá el cartel de las Corridas Generales en el que aparece el torero con un traje de luces. Por último, la Federación de Clubes y Peñas Taurinas de Bizkaia ha instituido un trofeo que lleva el nombre del malogrado matador.

Perera, sustituto de Morante

Miguel Ángel Perera será el sustituto de Morante de la Puebla, retirado de los ruedos; Cayetano se anuncia en lugar de Manzanares, en período de rehabilitación tras ser intervenido quirúrgicamente, y Curro Díaz suplirá la ausencia de Fandiño.

Junto a ellos, los toros de Victorino Martín y Miura y otras primeras figuras del toreo como Enrique Ponce, El Juli, Alejandro Talavante y Andrés Roca Rey estarán presentes en la feria taurina de las Corridas Generales de Bilbao.

Llama la atención que la empresa haya regresado a la apuesta por los toreros consagrados después de que el año pasado lo hiciera por los jóvenes. Destacan las repeticiones de Ponce y El Juli, como bases de la feria, las dos tardes de Roca Rey, ausente el año pasado por cogida, y de Urdiales, uno de los dos triunfadores de 2016; sin embargo, José Garrido, que abrió la Puerta Grande, hará un único paseíllo.

Sebastián Castella y López Simón componen el dúo más sobresaliente de ausentes, al que se une, un año más, el rejoneador Diego Ventura, vetado por Hermoso de Mendoza.

Las combinaciones son las siguientes: 

Sábado, 19 de agosto. Espectáculo de rejoneo. Pablo Hermoso de Mendoza, Andy Cartagena y Lea Vicens (toros de El Capea y Carmen Lorenzo).

Domingo, 20: Juan José Padilla, Antonio Ferrera y David Fandila, El Fandi (toros de Torrestrella).

Lunes, 21: Curro Díaz, Joselito Adame y Juan del Álamo (toros de Alcurrucén).

Martes, 22: Miguel Ángel Perera, Julián López, El Juli y Andrés Roca Rey (toros de Jandilla).

Miércoles, 23: Diego Urdiales, Manuel Escribano y Paco Ureña (toros de Victorino Martín).

Jueves, 24: Julián López El Juli, Alejandro Talavante y José Garrido (toros de Garcigrande y Domingo Hernández).

Viernes, 25: Enrique Ponce, Cayetano y Ginés Marín (toros de Victoriano del Río).

Sábado, 26: Enrique Ponce, Diego Urdiales y Andrés Roca Rey (toros de Puerto de San Lorenzo).

Domingo, 27: Fortes, Juan Leal y Román (toros de Miura).
Publicado en El País