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Morante: la penúltima sorpresa

El diestro de La Puebla ha vuelto a sorprender a propios y extraños escogiendo al controvertido taurino charro Toño Matilla para que se haga cargo de sus asuntos profesionales. La historia de sus apoderamientos merece un repaso.

Por Álvaro R. Del Moral.

La noticia ha dado la vuelta a los rincones del toreo. Morante y Toño Matilla cabalgarán juntos en la temporada 2019. Atrás ha quedado el brevísimo y romántico apoderamiento con Manolo Lozano, convertido en un nuevo eslabón de la larguísima lista de mentores y etapas profesionales que ha dejado atrás el matador de La Puebla. Lozano no había dejado de ser el catalizador de una vuelta –la que siguió a su brevísimo eclipse de 2017- que no fue tal. Este nuevo bandazo del torero invita a recuperar la tortuosa historia de apretones de manos y despedidas que ha marcado la historia taurina de un matador y un artista necesario, imprescindible y, seguramente, irrepetible.

Para ello hay que rebobinar más de un cuarto de siglo, recordando las primeras andanzas del futuro matador de la mano de Leonardo Muñoz, que le preparó su debut con picadores en Guillena en 1994. Miguel Flores, el recordado taurino malagueño –fallecido el pasado año– creyó en él y le llevó a su alternativa burgalesa el día de San Pedro de 1997. Hay que recordar que las desavenencias con Diodoro Canorea habían alejado su doctorado del coso sevillano pero los resultados cosechados en las ferias de Abril de 1998 y 1999 –dos temporadas en las que navega de la mano de José Luis Marca y Álvarez Canorea– animaron al viejo y recordadísimo empresario manchego a prepararle una millonaria exclusiva que tendría corto recorrido.

Esa famosa exclusiva ya hacía aguas a la muerte de don Diodoro y quedó sentenciada después de la feria de 2000, preparada para la coronación de Morante que resultó gravísimamente herido.

Manolo Macías, amigo del torero, se hizo cargo de sus asuntos profesionales en ese tramo de transición pero la temporada 2001 la estrenó con nuevo mentor.

Manolo Camará, el prestigioso taurino cordobés –también fallecido– tomó las riendas de su carrera sucediendo a Macías, que siguió vinculado al torero de otra forma. Pero al final de aquella campaña iba a llegar un nuevo acuerdo que inauguraba otra etapa profesional.

Morante otorgó los poderes esta vez a su amigo y paisano José Luis Peralta, con el que afrontó un largo lustro en el que no faltaron las dificultades. El diestro cigarrero estaría ausente de Sevilla en 2002 y 2004, año en el que tuvo que cortar por lo sano para afrontar y resolver unos graves problemas psiquiátricos. Pero el torero iba a poner a prueba la capacidad de sorpresa de mundillo taurino una vez más.

Al concluir la temporada 2006, Peralta se quedaba en el camino. Ese mismo otoño convocó a lo medios en el hotel Alfonso XIII para anunciar a bombo y platillo que su nuevo mentor era Rafael de Paula. Los que conocían el paño torcieron el gesto. Aquella fábula no podía durar y Morante, fiel a su vocación de Guadiana, volvió a sumergirse en un nuevo eclipse después de mandar a Jerez al diestro gitano. Antes había quemado todas sus naves en la emocionante encerrona de la Beneficencia madrileña.

Pero –la historia se repite– el alejamiento no iba a ser demasiado duradero. Su íntima amistad con Antonio Barrera le llevaría a la órbita de su suegro, el constructor y ganadero José Sánchez Benito que le aseguró un altísimo caché difícil de materializar. El asunto saltó en la famosa espantada de Roquetas –se marchó de la plaza vestido de luces y sin hacer el paseíllo por desavenencias económicas– aunque el torero aún mantuvo a Benito –y Barrera– a su lado hasta 2009.

Lo que nadie podía suponer es que el diestro de La Puebla escogería a Curro Vázquez para que llevara sus asuntos a partir de 2010. Ambos habían chocado poco antes, a raíz de la concesión de la medalla de oro de las Bellas Artes a Francisco Rivera, sobrino de Vázquez. Pelillos a la mar: Morante y el veterano diestro de Linares afrontaron juntos las temporadas de 2010, 2011 y 2012. Ese último año reaparecería en escena su cuate Antonio Barrera, recién retirado de los ruedos.

Barrera quedaba con las manos libres para retomar la carrera de su entonces íntimo amigo bajo la cobertura empresarial del multimillonario mexicano Alberto Bailleres, mascarón de proa de la empresa Espectáculos Taurinos de México. Algunas formas y decisiones de Barrera, investido de embajador de los asuntos taurinos del magnate azteca, también acabarían por dejarle en el camino sin abandonar la poderosa casa empresarial, reconvertida en Fusión Internacional por la Tauromaquia (FIT) a raíz de las sucesivas alianzas con José Cutiño y los hermanos Chopera.

Morante escogió entonces a un hombre de trastienda, José Miguel Carvajal, para hacerse cargo del trabajo de despacho. El 13 de agosto, ya es más que sabido, llegaba el penúltimo eclipse que implicaba un nuevo cierre de etapa. Manolo Lozano apareció para “bordar” una temporada, la de 2018, en la que ha habido de todo.

La de 2019 tendrá el nombre de Toño Matilla. Morante ya es una pieza más del negocio.

A ver lo que dura el asunto.

Publicado en el Correo de Andalucía Web

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Morante se va con Toño Matilla

El acuerdo es “por tiempo indefinido”

De SOL y SOMBRA.

El poderoso empresario y ganadero salmantino Toño Matilla es ya el nuevo apoderado de Morante de la Puebla. El acuerdo se cerró este viernes “por tiempo indefinido” en Sevilla según lo han dado a conocer ambas partes a la prensa especializada.

El torero de la Puebla del Río, que finalizó este viernes en La Maestranza su temporada con su participación en el festival a beneficio de la Hermandad de La Macarena, había sido apoderado este último año por Manolo Lozano.

Matilla, sin duda un personaje polémico en el mundo taurino, conducirá y tratara de levantar la decaída carrera de un torero que en los últimos años ha tenido muchos altibajos, especialmente en el aspecto administrativo, y con el tema de la administración nos referimos a la manera en la que ha conducido su carrera en un nivel artístico, no así en la parte económica, que es quizás en el único punto en donde el de la Puebla ha acertado y ha conseguido sus triunfos más importantes en las últimas temporadas.

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“Me gustaría enviar un mensaje a los empresarios para que no se televisasen los seriales completos”: ¿Morante vs el futuro de la fiesta brava?

El diestro se sincera sobre su temporada antes del compromiso en la Feria de San Miguel, donde se anuncia las dos tardes y habla con la periodista Lorena Muñoz para ABC SEVILLA.

Fiel a su costumbre hace declaraciones polémicas y da su opinión personal acerca de la fiesta que a él le gustaría, que quizás no sean del agrado de muchos.

Por Lorena Muñoz.

Morante de la Puebla: «Mi relación con Sevilla está entre el amor y el odio»

En el despacho de Joselito El Gallo, a finales de 2017, firmó Morante de la Puebla el contrato para la Feria de San Miguel. Fue el gran ausente en abril y es el gran esperado en septiembre.

¿Se ha hecho larga la espera?

Sevilla siempre es como la eterna espera. Esté o no esté, uno la piensa, realizar la faena de su sueño. Piensa y siente que en este marco es la plaza en la que descubrió que el sueño de ser torero se podía hacer realidad.

La afición sí que espera a Morante.

Me causa mucha alegría por el interés que despierta pero también me llena de preocupación porque se cumpla el sueño del que viene a verme.

Fue el primer torero en firmar para llevar el peso de la Feria de San Miguel, ¿le pesa ahora el compromiso?

Acostumbrado a mi trayectoria y a mi sino no tengo más remedio que estar preocupado porque la campanada de la victoria ha sido siempre en el último asalto. Tengo el cuerpo y la mente hechas a sufrir. Estar las dos tardes, si las cosas no van saliendo y los toros son deslucidos, pesará. Ese pensamiento lo tengo, me acompaña, aunque espero que sean dos tardes importantes para mi carrera y para Sevilla. Me conformo con que, si no son las dos, que sea una, ya que he apostado firme por copar la Feria de San Miguel.

Padilla se despide y Cadaval toma la alternativa, ¿qué les dirá?

Creo que a Padilla no se le debe decir nada porque lo sabe todo, lo que vaya a saber nuevo será cuando no esté delante del toro. A Cadaval, en esta tierra de tantos consejos, le diría que hiciese lo que le venga, la intención y el sentimiento es al final lo que transmite y por lo que uno sueña con ser torero.

2018 es una temporada diferente que empezó en Jerez, ¿ha sido como esperaba o distinta a lo que planeó?

No ha sido tan distinta porque tengo motivos por los que estar contento. Ha habido faenas importantes, otras tardes más aciagas pero tampoco ha habido ninguna tarde en la que haya habido una tragedia. Un torero se juega su integridad física y a veces incluso se llega a perder. Yo estoy contento, la verdad, con mi temporada y con la guinda que la he puesto en Sevilla. Con esa intención de responsabilidad vengo, sabiendo que fue la primera que contraté y que los últimos serán los primeros.

Otra apuesta fuerte es el festival del 12 de octubre, ¿cómo surge la idea de anunciarse con un miura?

Siempre me ha hecho ilusión matar un toro de Miura* y siempre me ha dado tanto miedo matarlo… No suele ser decisión del torero sino de las circunstancias o de la empresa y yo nunca he tenido esa desesperación ni esa imperiosa oportunidad, pero siempre me había hecho ilusión. Era una ocasión bonita. Sabemos de mi admiración por Joselito así que siendo el festival para las obras de caridad de la hermandad de la Macarena, no vi una ocasión más entrañable para que yo me animase.

En junio estuvo en la presentación de un libro sobre el centenario de la Monumental de Sevilla, el sueño de Joselito. ¿Con qué sueña Morante?

Sueño con hacer una plaza portátil cuadrada en mi pueblo. Tengo el proyecto para los encierros de La Puebla del Río. Si no da tiempo este año, será para el siguiente. Me gustan las plazas de quitaipón por el jolgorio y el ambiente que se forma cuando se montan, es mucho más popular. Antiguamente eran cuadradas igual que las de las fincas en las que se tentaba.

Hace un año se retiró harto de los toros grandes y del sistema. ¿Ha cambiado algo esta temporada?

Es difícil de cambiar. Lo que sí he procurado es no estar en sitios en los que se me va mucho de las manos el poder llevar ilusión. ¿Qué voy a cambiar yo? Puedo mandar el mensaje, pero los cambios se dan con más tiempo.

¿Qué le gustaría cambiar?

Cambiaría a los veterinarios, no tiene ningún sentido que digan si un toro es apto morfológicamente para la lidia o no. Saben mucho de sanidad y del papeleo que es a lo que se deberían ceñir. El trapío y la morfología lo dejaría en manos del presidente que es quien da la cara en un palco.

Planteó un año sin televisión ¿le ha condicionado no estar en plazas?

Sí, en todas las que se televisan. Se unen varias cosas. La primera es que, como decía Rafael de Paula, «el Espíritu Santo no sale en la televisión». Y la segunda es que la forma de retransmitir no me gusta. Continuamente se está interfiriendo en la obra que está haciendo el torero con los comentarios. Los comentaristas deberían mantener más el silencio. Es la única actividad artística en la que se está criticando en el momento de realizarla. En el flamenco o en la pintura se hace después. Hoy día se quiere explicar todo y el toreo no tiene explicación, es un sentimiento. Los sentimientos no tienen explicación. Es mi gran preocupación del año que viene. Movistar Plus Toros, un canal privado, está en la mayoría de sitios importantes. Me gustaría enviar un mensaje a los empresarios para que no se televisasen los seriales completos.

Madrid se televisa, ¿qué le parece el sorteo para la Feria de Otoño?

El sorteo tiene su atractivo, pero después cuando estás delante del toro no tiene ninguno. Es un morbo, está bien que se alimente, pero ¿qué pasará cuando el torero se ponga delante del toro? ¿Creará un ambiente favorable o seguirán diciéndole al torero que mata las corridas que él quiere? Si la parte crítica de Madrid me dice que no se va a meter con el toro que tengo delante, ya es un alivio grande. En Madrid desde que uno hace el paseíllo ya se están metiendo con algo. Cuando sale el toro, salga el que salga, no les convence ni les gusta. Si se acallan todas esas voces, bendito sea, pero no creo que lo vaya a conseguir. ¿Me apuntaría? Depende del pito y de la pelota. No estaría mal. Si todo eso de las protestas se acabara, al menos uno iría más tranquilo.

Sigue desempolvando suertes antiguas como el galleo del bú que hizo en León. ¿Hará algo en Sevilla?

Ojalá lo pudiese hacer en Sevilla y no el bú, sino otras suertes antiguas o en desuso pero que son clásicas. Tiene que salir ese toro que me lo permita

¿Qué cosas le inspiran?

Un toro que se mueva con nobleza; me inspira mucho José, mi afición, cosas unidas más a mi niñez, más al sentimiento que a la razón. Es lo que más me motiva. Tengo en mi pensamiento y en mi ilusión poder realizar en Sevilla cosas nuevas que hago en el campo y entrenando de salón. Hasta que no se graba el disco no queda y Sevilla es la discografía más importante del toreo.

Sorprendió y mucho con el traje goyesco de Ronda, ¿cómo fue la idea?

Llevaba tiempo queriendo hacer algo especial con alguien que supiera de las telas, de los adornos. Rehuía de los diseñadores internacionales que habían hecho cosas porque el toreo es muy de nuestra cultura española. Vicky Martín Berrocal hizo un trabajo extraordinario, es sencillo y lujoso, tiene mucha calidad, una idea muy romántica como la época de Goya. Me inspiré en un traje del actor Rodolfo Valentino.

¿Piensa en abrir la Puerta del Príncipe?

Sí, es el sueño pero claro, es tan difícil… Hace dos años me enfadé un poco con el presidente, no por cortar una oreja sino como casi siempre voy por delante en los carteles, si no le cortas las orejas al primer toro es imposible. Y más cuando el público te las pide. No me suelo enfadar porque es un tema que no me preocupa demasiado, me preocupo de la calidad de lo que ocurra en el ruedo. Y también por las pendientes del ruedo que estén lisitas para las querencias de los toros.

¿Se siente torero de Sevilla?

En Sevilla siempre se me ha exigido mucho, es una plaza a la que vengo con mucha ilusión y sufro porque a veces no salen las cosas. El público se enfada y me pregunto el porqué. Es una relación entre el amor y el odio que no es una situación agradable pero la acepto. También se que es una plaza en la que cuando me arrebato es un público que sabe profundizar hasta dentro. Sevilla es así. La indiferencia es más preocupante. Hay compañeros que me dicen que el silencio de Sevilla es lo que más les preocupa. Y llevan razón.

¿Cambiará de apoderado en 2019?

El compromiso con Manolo Lozano era por un año. He aprendido muchísimo con él, es un aficionado y un taurino como no quedan, muy romántico pero a final de año el apoderamiento termina. No sé por dónde tirar en 2019.

* Morante lidiará un novillo afeitado ya que el reglamente lo permite en un festival y no un toro de Miura.

Publicado en ABC SEVILLA

Morante, la decadencia del genio

“La afición debe estar agradecida porque no me haya ido del todo”: Morante.

Editorial – De SOL y SOMBRA.

Dicen que esta temporada taurina Morante tiene atrapado en el fondo de su alma un sentido de culpa que sólo consiguen los alcohólicos y los muy religiosos.

Nosotros, aunque lo dudamos, pensamos que quizás ese arrepentimiento proviene de estar dilapando su arte con esa imagen lamentable que proyecta en donde quiera que se presenta por estos días.

Ese enorme torero, hoy en decadencia, de quien alguna vez apuntó nuestro compañero Luis Cuesta “que nadie ha toreado con tanta hondura en nuestra generación”, es el pálido reflejo de un torero disipado, derrotado por su manía de ser el más popular, el más excéntrico y el más millonario.

Morante tal vez piense que todos los genios sufren alguna vez en su vida el síndrome de la decadencia y, quizás para consolarse, a su locuaz apoderado o algún confidente le confesará en secreto que se siente tan destruido como alguna vez lo estuvo de Paula, otro de sus ídolos.

La única diferencia, será, que a Rafael de Paula le cayó alguna vez la megalomanía y se le quebraron los huesos, mientras que a Morante lo aplasta también la megalomanía y la tristeza de los tiempos en que le tocó vivir.

Jerez, Valladolid, Santander, Pucela y cuantas plazas más le faltarán al genio para seguir manchando un legado que se escribía hasta hace muy poco con letras de oro.

Acaso: ¿No se puede repetir el pasado? ¡Claro que se puede! pensará el de la Puebla en algún hotel frente al espejo y ojalá que así sea porque si no esté grandioso torero, el último de una especie que desaparece, será arrasado por su presente.

La última esperanza para los morantistas en el 2018 será en Sevilla, ahí veremos si Morante nuevamente es capaz de cambiar las golondrinas que le revolotean por la cabeza, por un aura de gloria que lo haga resurgir milagrosamente como un ave fénix.

Y si no es así, el sueño fue bonito mientras duro.

***

¿Como te has dejado llevar a un callejón sin salida? El mejor dotado de los conductores suicidas…

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La estremecedora fragilidad del ser

Por Quino Petit.

Mientras contemplaba la imponente cabeza de toro del personalísimo bazar de Eduardo Arroyo que exhibía hace algunos años el madrileño Círculo de Bellas Artes, sobrevolaron mi memoria unas declaraciones de este pintor que tuve la fortuna de recoger hace ocho años cuando elaboraba un perfil sobre Morante de la Puebla para El País Semanal. “Lo que me gusta de Morante es su fragilidad. Un torero no tiene que ser un atleta. La dificultad convierte al torero en algo sublime”.

Arroyo llegó a esta conclusión tras varios minutos de charla en los que, ante su manifiesta pasión pugilística (además de por el toreo con enjundia), traté de disuadirle sobre si Morante, acaso el último exponente de la magia en los ruedos, podría representar una suerte de Cassius Clay de la lidia.

Arroyo tardó poco en responder: “Más bien se me asemejaría a un Sugar Ray Robinson, al que tuve la suerte de ver ya viejo en París cuando hacía su última tournée. Sobrecogía verlo evolucionar en el ring.

Tiene razón Arroyo cuando habla de la dificultad del torero en el camino hacia lo sublime. Acaso se trata de la misma estremecedora fragilidad del ser que convertía en turbador espectáculo presenciar a Paula, Romero, y Antoñete durante sus últimos días en el ruedo.

Vestidos de torear, luciendo barrigas prominentes y el rostro acartonado cuales Sugar Ray Robinson subiendo al ring en su última tournée, estos tres hombres dejaron la impronta del toreo añejo, sabio e inevitablemente asentado que llega en el otoño de la vida. Por qué quisieron seguir toreando en público (probablemente en privado nunca se deja de torear) a edades en las que otros no son capaces de abrocharse los zapatos es algo que solo ellos saben. ¿Pasión, narcisismo, dinero, simple locura?

Quizá fuera esa denodada atracción por la muerte de la que hablaba Norman Mailer: “Lo mismo vale para el santo, el torero y el amante. El denominador común de todos ellos es su ardiente conciencia del presente, exactamente esa conciencia incandescente que las posibilidades ínsitas de la muerte han abierto para ellos. Una profunda desesperación late en la condición que permite permanecer en la vida tan solo abrazando la muerte, pero su recompensa es el conocimiento de que lo que acontece en cada instante del electrizante presente es bueno o malo para ellos, bueno o malo para su causa, su amor, su acción, su necesidad”.

Poco importan las razones. Lo que importa es lo que dejaron escrito en el ocaso de su existencia torera. Paula fue en sus últimos días de matador un hombre sin rodillas, y por extensión sin piernas. Un torero gitano que embrujaba la música callada que José Bergamín supo escuchar en sus lances. Cerca de los cincuenta años, con tres decenios de alternativa, Paula paró los relojes de Las Ventas la tarde del 28 de septiembre de 1987, momento que recoge la fotografía de Marisa Flórez en el encabezamiento de esta entrada. Y siguió y siguió como un Keith Richards reticente a bajar del escenario. Para el recuerdo queda la tarde del 5 de junio de 1997 en Aranjuez. Ya sin piernas y casi sin cuerpo, Paula recitó con el capote su sentimiento, inspiración y locura. Él mismo intentaba explicar con su intrincado verbo su concepción del arte: “Cuando la inspiración no llega, técnicamente estoy perdío”.

Antoñete, que estás en los cielos, también toreó siendo un viejo recio y altivo. Todo su parco verbo se convertía en literatura cuando sorteaba a las bestias con un simple trozo de tela en las manos. Antoñete desgranando naturales el 24 de junio de 1998, con 66 años y su mechón blanco reluciente, es simplemente un monumento a lo imposible, el milagro del toreo por encima incluso de la capacidad de respirar, prácticamente anulada por el fumeque como puede observarse hacia el final de este vídeo:

Si la imaginación propiciaba entonces soñar con carteles de toros, el cierre de una terna idílica lo rubricaba sin duda Curro Romero. Antoñete, Romero y Paula dibujaron juntos, de hecho, grandes páginas de la historia de la tauromaquia reciente en las postrimerías del siglo XX. Tan solo verles juntos hacer el paseíllo en Antequera en Agosto de 1999 representaba un desafío como pocos al paso del tiempo. Antoñete tenía entonces 67 años; Romero, 66; y Paula, 59.

Lo de Romero viejo, Faraón de Camas, fue simplemente Arte y Majestad, que cantaba Camarón. “¿Hasta cuándo seguirá Curro?”, se preguntaba el respetable entre la incredulidad y el cachondeo. Y Curro solo callaba, toreando como los ángeles cuando le venía en gana. Curro desastroso y celestial, merecedor de la gloria y la bronca a partes iguales, contradictorio como la vida. Nunca tuvo miedo de tener miedo. “No me gusta la mediocridad, afortunadamente para mí”, se excusaba el Faraón tras el bombardeo de almohadillas y broncas de mil pares de bemoles que seguían a cada uno de sus sonados petardos.

Curro, Paula y Antoñete, como tantos otros, llegaron a estremecer al público vestidos de torear dibujando formas imposibles, barriga hacia fuera, el paso torpe, pero el toreo profundo, viejo, imperfecto, natural, sabio, entonando una trágica melodía que recordaba a la de aquel demacrado Chet Baker dando tumbos por los escenarios de Europa y susurrando a la cámara de Bruce Weber la mejor manera de dejarse llevar. Como tantos otros mitos, Baker llegó a viejo contra todo pronóstico y sopló la trompeta hasta el final afrontando todo tipo de dificultades (como aprender de nuevo a embocar el instrumento tras perder la dentadura en una trifulca con un camello) que convertían su mera presencia en el escenario en un acto de belleza suprema. Romero, Paula y Antoñete también torearon hasta que la vergüenza torera o quién sabe si una luz racional les hizo decir basta para orfandad de los sedientos de la suerte cargada con naturalidad y empaque.

Los tres diestros se cortaron la coleta con el cambio de siglo. Pero hasta entonces, narraron en el ruedo sus propias leyendas a quien quisiera escucharlas. Dijeron lo mismo que los demás, pero de forma diferente. Más diferente aún si cabe cuando fueron viejos. ¿Veremos torear también a esas edades a los Morante, Tomás y Manzanares de hoy? De todos ellos quizá sea Morante quien, como apunta Eduardo Arroyo, con más intensidad transmite hoy esa fragilidad del ser que encauza la creación hacia lo sublime. Su compleja personalidad y su estudiada estética ya le hacen parecer hoy en la arena un torero viejo, de otro tiempo. Un día tuve la oportunidad de preguntarle qué significaba el duende para él.

Respondió con voz baja en la dehesa Lo Alvaro, propiedad del difunto ganadero Juan Pedro Domecq, durante una desapacible tarde de aguacero. “Me gusta cómo hablaba García Lorca del duende y del arte. El arte es pinturero, y el duende sale más de la tierra. No voy a decir que yo lo tenga, pero se tiene o no se tiene. A veces sale. Y a veces no”.

Publicado en El País

Feria de Córdoba: Califato Morantista

De SOL y SOMBRA.

Tarde de triunfo en el coso de Los Califas de Córdoba con salida a hombros de Morante de la Puebla, que cortó dos orejas al cuarto, en un festejo donde también triunfaron Finito de Córdoba y Roca Rey, que pasearon también dos orejas, una de cada toro de sus lotes.

Se lidiaron seis toros de Juan Pedro Domecq, justos de presencia y nobles en general.

Juan Serrano Finito de Córdoba, oreja y oreja.

José Antonio Morante de la Puebla, silencio y dos orejas.

Roca Rey, oreja y oreja.

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria del doctor Ramón Vila y de Raúl Arce, antiguo empleado del coso cordobés.

La plaza registró más de media entrada.

Justo reparto de trofeos en la segunda del abono de Los Califas. Finito de Córdoba, Morante de la Puebla y Roca Rey obtuvieron un total de seis orejas, dos por coleta, en la última corrida de toros a pie del abono cordobés tras lidiar un asequible encierro de Juan Pedro Domecq que, sin acabar de romper, concedió opciones para el éxito.

Finito brindó a la afición la faena a su primero, al que citó a pies juntos para sacarlo del tercio con maestría antes de cambiar de terreno. En esa demarcación construyó una faena fundamentada en la diestra, toreando con técnica y largura en ocasiones, aunque a media altura, por la respuesta de la res. En la media distancia pudo ligar dos series antes de optar por el toreo al natural, donde la faena decreció. De nuevo con la derecha, Finito consiguió pasaje templado y con aplomo, levantando al respetable. Eficaz con el estoque, recibió un trofeo.

En el cuarto, Finito construyó una faena a un animal que, aparentemente, no regalaba acometidas. El de El Arrecife animó al tendido con varias series a derechas por abajo antes de pasar a la zurda, donde alargó el trazo. Faena en constante construcción que llegó al tendido y que fue premiada con otro apéndice.

Morante, que anduvo ausente ante el segundo de la tarde, se desquitó en el quinto con una faena donde hubo profundidad y largura. El torero, que contó con el acompañamiento de su rival, compuso un precioso preámbulo con ayudados por alto. Sobre la diestra enganchó por delante sin titubear para trenzar a media altura hasta que el animal, noblote, acabara dejándose por bajo.

En esas, diseñó una secuencia por ambos pitones donde el astado nunca acabó de emplearse, pero la buena consigna del matador imprimió cordura. Más gusto se vio en una cuarta serie, impregnada con el duende propio. Faena pertinente pero sin rotundidad, que fue premiada generosamente con dos orejas.

Roca Rey anduvo insistente y comprometido ante un animal, el tercero, soso y sin transmisión que sólo concedió opciones por obra y gracia del torero, que anduvo presto por ambos pitones, cuidando la colocación. Faena construida por el matador, donde hubo aplomo y perseverancia, aunque también altibajos.

En el último anduvo decidido y fresco. Sin dejar de batallar, el torero intentó un máximo despliegue con la muleta en la diestra pero la res se vino abajo, concediendo únicamente fases. La entrega y voluntad del peruano propiciaron un enfrentamiento más en la distancia corta que el público quiso premiar.

Una serie de manoletinas antes de mostrarse eficaz con el acero le valió una oreja.

Al finalizar la tarde Finito y Roca Rey salieron a pie por la puerta de cuadrillas, mientras que Morante lo hizo a hombros por la de Los Califas.

Tarde con sabor.

Morante de la Puebla, premio de la Cultura de la Comunidad de #Madrid

De SOL y SOMBRA.

“Cantando ahuyentamos los monstruos y construimos sueños para ir remando cada día”. Con estas palabras Joan Manuel Serrat ha recogido el Premio de Cultura de la Comunidad de Madrid, dotado con 18.000 euros, en la categoría de música popular, este miércoles en los Teatros del Canal.

Serrat no ha sido el único en hacerse con este reconocimiento, también el torero Morante de la Puebla ha sido premiado por su aportación a la tauromaquia.

El acto ha estado presidido por el consejero de Cultura, Jaime Jiménez de los Santos que ha querido destacar la labor de los artistas premiados que, según ha dicho, inciden en la realidad de la cultura y sociedad española, además de hacer del país un lugar mejor.

Durante su discurso Morante de la Puebla, ha querido poner de relieve que a veces nadie es profeta en su tierra al recordar que este premio se lo ha concedido la Comunidad de Madrid mientras Andalucía, según a dicho, no se acuerda de él.

El acto que ha estado amenizado por dos integrantes del grupo La Ritirata ha finalizado con estas palabras del consejero De los Santos: “hoy es el Día de la Luz. Vosotros sois la luz”. Después todos los galardonados han disfrutado de una comida a cargo del chef premiado, Abraham García.

Foto: José Ramón Ladra.

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Jerez: Padilla se va a lo grande en el discreto regresó de Morante

Juan José Padilla se despide a lo grande ante sus paisanos. Penoso e impresentable encierro de Juan Pedro Domecq. En la foto Morante.

Por Pepe Reyes.

La despedida ante sus paisanos de Padilla y el anuncio del retorno a los ruedos de Morante en esta última tarde del ciclo jerezano despertó un inusitado interés entre los aficionados, hasta el punto de colgarse el cartel de «no hay billetes» varios días antes de la cita.

Unos que vienen y otros que se van, unos regresan y otros se retiran, la eterna danza del toreo, su propio e inevitable devenir representado en vivo en la corrida de este sábado.

Una terna rematada de matadores, que levantó la lógica expectación pero, como en tantas otras ocasiones, lo acontecido después en el ruedo no respondería a las desbordadas expectativas.

La contrastada clase de Morante, la profundidad de Manzanares, el poderío de Padilla necesitan enemigos de mayor enjundian y agresividad para que sus cualidades puedan ser valoradas en su justa medida.

Abrió plaza un toro de pobre presencia que, tras salir suelto a las primeras llamadas, embistió con humillada suavidad al capote de Padilla, quien meció la verónica con despaciosidad y fue desarmado en su galleo posterior. Simulada la suerte de varas, verificó el jerezano un tercio de banderillas compuesto por dos pares al cuateo y un tercero de dentro a fuera. Tras sufrir una colada al inicio del trasteo, instrumentó series en redondo, en cuyo transcurso su oponente mostraba un recorrido cada vez menor. Más ajustado resultó su toreo al natural, más suave y más largo. Sin emargo el toro, ayuno de casta, perdería pronto el brío en sus acometidas y tendió a buscar la huida. Un arrimón final junto a tablas constituyó valeroso preámbulo de una estocada desprendida.

Con dos arrebatadoras largas cambiada de rodillas rescibió Padilla al cuarto del encierro, el que sería el último ded su carrera profesional en el coso de su localidad. Un quite variado puso continuidad a su labor capotera, preámbulo de un nuevo tercio rehiletero, que resultó variado y muy aplaudido el último par al violín. Con el amor propio de un principiante, Juan José Padilla citó de hinojos desde los medios y dibujó una tanda completa de derechazos. Ya de pie, prosiguió con su toreo en redondo, en el que ligaba los pases y los alargaba en pos de una profundidad que la movilidad del toro le otorgaba. A medida que éste perdía gas, mayor era el denuedo de Padilla por agradar, extremo que conseguiría a base de molinetes, desplantes, manoletinas…Puso fin a su labor con una estocada tendida y una gran ejecución del volapié.

La reaparición de Morante

Reapareció Morante dibujando con garbo la verónica al recibir al colorado que hizo segundo y que no prolongó sus embestidas por ninguno de los pitones. Molestado el de La Puebla por el viento, hubo de omitir el quite pretendido. A pesar de que a penas se picó, el toro arribó al último tercio con evidentes problemas de tracción, lo que sumado a su total ausencia de casta, convirtió en imposible el esfuerzo de Morante para arrancarle un solo muletazo. Con dos pinchazos y una estocada caída puso fin al primer compromiso de su retorno. En el que no estuvo ni bien ni mal, simplemente no pudo estar.

Al quinto lo recibió con cuatro mecidas verónicas, lentas y esculpidas, que remató con una airosa larga cordobesa. Desistió del quite ante la desabrida embestida de la res a media altura y tomó la franela para encontrarse la misma cirunstancia. Toro sin raza e inmóvil con el que a penas pudo esbozar algún muletazo suelto con cierta enjundia y calidad. Gran esfuerzo de Morante que sacó agua de un pozo seco. Dos pinchazos y una estocada pusieron rúbrica a su labor.

Oreja para Manzanares

Perdió las manos el tercero cuando Manzanares le bajó las suyas al recibirlo de capa y después se cambiaría el tercio sin recibir castigo alguno en varas. El alicantino, muleta en mano, lo pasó por amboa pitones, al tiempo que aguantaba rebrincamientos y una embestida desesperadamente anodina del enemigo. Toro descastado y faena sin chispa ni sustancia que aburrió sobre manera al respetable. Un pinchazo hondo y un descabello pusieron fin al despropósito. Al novillote que cerraba plaza, lo veroniqueó a distancia y la lidia transcurrió rauda y soporífera. El trateo muleteril, planteado en los medios, consistió en una sucesión de pases espesos por ambos pitones frente a un enemigo sin entrega y acometiendo a sobresaltos. Un gran volapié de Manzanares puso fin al festejo.

Fuente: La Voz de Galicia

Dicen que para Morante, Jerez se le hacía el escenario idóneo porque no hay problemas de presidentes y veterinarios y el tipo de toro jerezano era el soñado para la ocasión.

Pero el destino le tenia otra jugada al de la Puebla, como bien apunto el crítico Zabala de la Serna: La figura de José Antonio irradiaba cuando apareció por el portón de cuadrillas. El vestido de torear de corte antiguo era un espectáculo en sí mismo. Negro y cuajadísimo de oro con pequeños cuadros florales. Inspirado en un terno de 1870 de Enrique Vargas “Minuto”. Las frondosas patillas de hacha, que se presumían sólo invernales, aún ilustraban su cara.

Al final la decepción del gentío que desbordaba la plaza fue mayúscula.

“No era esto, no era esto”, repetía la gente desconsolada al abandonar la remozada plaza. La obra más lograda, desgraciadamente, de Morante de la Puebla en su reaparición.