Archivo de la categoría: Morante de la Puebla

¿Cuándo dejaron de estar; Picasso, Bergamín, Camarón…? Por Bardo de la Taurina

¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?

Hace más o menos ocho días que José Antonio Morante Camacho, ‘Morante de la Puebla’, se sacó de entre los olanes de la camisa torera una más de sus ‘Morantinas’ y como jilguero del arte, los caprichos, los berrinches, los estallidos, las explosiones y los arranques, mando al carajo a los presidentes y veterinarios de los que está aburrido, pidió su chistera se corono la melena que no sé si ¿es gitana o hippiana? Aunque más bien creo que el greñero forma parte de su histrionismo y dijo con más olvido que credibilidad;  ‘Que el toro tan grande que sale hoy, va en contra del toreo y ya no puede más’ atrasito de baranda use la palabra olvido y es que ‘Morante’ olvidó que quienes le escogen esos toros grandes son empleados muy menores del consorcio que fabrica millones de eurodólares que lo es el Grupo Bal.

¡Ah! perdón, no les había dicho a ustedes que el de Puebla del Río, es un personaje que me viene de rechupete, que se cuece aparte y que es capaz de brindarse a todo lo extraño en este galimatías de la taurina, bueno tan es grandioso, extravagante y esnobista que se da el lujo de traer como promotor al socio de la lista de Forbes don Alberto Bailleres Gonzáles, lo cual no es cosa menor, pues tutearse con Bill Gates, con Carlos Slim, con Amancio Ortega y algunos más tiene su guasa,  esto por solo citar a los que andan como taxis libres por la Gran Vía sin culpa y sin pecado alguno, porque a otros acaudalados pero que son malosos los  tienen con pijama de barrotes, como el mal parido del ‘Chapo’ Guzmán que anda jarioso por su artistita tequilera ahora que está en  restricción conyugal o Marcelo Odebrecht quien hasta ha de creer que va a ser anfitrión de los de su cuadrilla azteca, cuando aquí, si la lana es pa’ las campañas políticas pues va por la libre sin delito alguno.   

Siendo México un país que es ‘Ajonjolí de todos los moles’ pues antes de que José Antonio como lo tutean los igualados antes de que terminara su speach ya estaban haciendo deducciones y conclusión por toneladas en torno ¿a qué?, ¿pues quién sabe? Que si se fue porque es bipolar, que porque anda de mal fario en los sorteos, que porque está boteriano ¡carajo! ¿Que a un genio no se le pueden inflamar las pelotas?, y que ojala regrese prontico, que le hace falta muchote a la fiesta, que las castañuelas no suenan sin él y aquel tan quitado de la pena bañándose en whisky y apestando a ocote.

Y solo decir que hasta donde recuerdo, que es muy poco, si alguna vez dijeron Pablo Picasso, José Bergamín, El ‘Camarón de la isla’, que dejaban de pintar, de escribir, de tocar la lira, nunca lo cumplieron ¡Así son los genios!, así que no os preocupéis por ‘Morante’ que si al rato se le antoja ‘tirarse al agua’ pues tranquilamente se viene a Aguascalientes a la plaza donde su promotor hace lo que se le da la gana, le pide a sus veedores de angora faltos de ética que le traigan unos toros, pero no grandes, más que en la rasurada, desde luego sin sortear, que eso los de la mafia lo saben hacer muy bien y entonces los puede torear a su gusto cuantas veces se le dé la gana hasta que le salga uno candoroso ¿Cuál es el problema?, si ese es  ‘Morante’  el que siendo un valiente  un artista excelso, nunca un fajador, siempre ha hecho su santa voluntad.

Y hablando de mitos, ese otro que se llama Simón Casas, empresario de la Plaza Monumental de las Ventas, dio a conocer que dará el serial otoñal, eso sí, no de acuerdo a como lo tenía planeado con 10 festejos, lo cual en realidad si va a suceder nada más que dividió 3 previos y 7 básicos de medio pelo, acá en el México iluso se pensó que iba a fletar el Airbus A380 el más lujoso del mundo y que en sus 14 suites aéreas  daría albergue a la robusta torería azteca pa’ que le colgaran el cartelillo de ‘No Hay Billetes’ y efectivamente como no hay billetes por las obras de mejora del coso, el Rockstar francés agarro baratillo con matadores mexicanos de esos que entrenan por allá y que dicen en las redes sociales que se ofertean en paquete al 2 x 1, aunque con lo que pago y se ahorró el franchute, debió de haber invertido en Sergio Flores un torero que torea debajo de la hamaca, que es un esforzado no exento de florituras que esta consciente que pa’ los toreros ley la siguiente corrida se gana frente al toro y por eso sin peludas aunque sean de las de la calle de la Montera no se iba a regresar.

Otro palo esta misma semana en la Malagueta, salió su majestad Enrique Ponce, con la puesta en escena que en la marquesina denominó ‘Crisol’ y la bordo de tal manera que no hay palabras pa’ describir lo ahí ocurrido, una tarde anaranjada en hechizo y en esencia diría el maestro de los pinceles mexicanos Francisco Álvarez, el que anda muy a tono con eso del naranja que aquella tarde permeo en la plaza en cuyas barreras se veían trazos naranjas del pintor Loren, en el palco del presidente un pañuelo naranja para ‘Jaraíz’ de Juan Pedro Domecq que se regresó al campo a refrescarse con una naranjada y se me ocurre decirle al productor artístico Enrique Ponce, que él que es tan afecto a lo mexicano pudiese incluir en su producción obras de Francisco Álvarez, el poli-cromático de las artes, así en plural, pues el artista también le mete a la escultura y al muralismo sensacionalmente  y en el ruedo  en lugar de llevar a su compadre Javier Conde, estaría bien que en alguna puesta en escena llevara a un coleta azteca que esté taurinamente al nivel del propio valenciano.

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¿La Fiesta en Paz?: ¿Qué haremos sin Morante? Por Leonardo Páez

Tras la noticia de que el diestro Morante de la Puebla decidió retirarse de los ruedos por tercera ocasión, fuertes emociones habrán padecido mexhincados, hispanópatas, ganaderos de la ilusión, poderosos empresarios-apoderados y cronistas positivos, más los conspicuos profesores de estética tauromáquica, descubridores del hilo negro del arte frente a reses discretas de trapío, mansas pero voluntariosas, que tras recibir un pujal de trámite o puyazo fugaz en forma de ojal, llegan a la muleta con pasadora y perruna docilidad para que ante ellos desplieguen su duende los comodinos diestros-marca que medio figuran y extasíen a los degustadores del toreo sin misterio pero bonito, aunque no llenen plazas porque su naturalidad depende de la docilidad, no de la intensidad de las embestidas, alejadas del dramatismo.

Sin embargo, taurinos y aficionados todavía se sorprenden de la pérdida de posicionamiento de la otrora fiesta brava y de la escasa pasión que despierta, pues insisten en olvidar que esta fiesta es de toros antes que de toreros, y que sólo frente a reses de lidia sin exceso de kilos, pero con cuatro años cumplidos y sus astas íntegras las expresiones artísticas y técnicas tienen sentido. Evitada la bravura por los taurinos y olvidada por el público, los resultados están a la vista.

Flojo el argumento de Morante en su tercera retirada: “los presidentes –jueces de plaza– y los veterinarios me han aburrido” o, si se prefiere, los que en España no sueltan orejas como confeti ni aprueban toros anovillados, me fastidian.

Desmemoriado o cínico, el exquisito diestro y deficiente estoqueador se olvida de las reses que ha toreado en México en 18 años de venir: Teófilo Gómez (en exceso), Fernando de la Mora, Julio Delgado, Bernaldo de Quirós, etcétera, sin haber querido ver ni en pintura, igual que sus colegas que figuran, hierros mexicanos cuya garantía es la emocionante exigencia de su encastado comportamiento, no la nobleza boba.

Ahora, en 20 años de alternativa un torero ya tuvo suficiente tiempo para evolucionar, madurar, exigir, decaer y aburrirse. El problema no reside en quién se va y quién llega, sino en el estancamiento de una tauromafia que hace décadas se olvidó del toro bravo y de estimular a buenos toreros que lo enfrenten.

Saludé en su casa a Huberto Batis, maestro universitario severo y magnífico de muchas generaciones de escritores, autor fecundo, investigador riguroso, bibliófilo desbocado, editor incansable, erudito columnista, gozoso director de revistas y suplementos e irredento sensualista, quien de entrada me soltó: ¿Por qué no me has entrevistado sobre el tema de los toros? Porque nunca me dijiste que te interesaban, respondí sorprendido luego de casi medio siglo de conocernos. Pues toma nota, ordenó.

“En 1946 Manolete era tema obligado en todo México. Mi padre, que no era aficionado, quiso atestiguar aquel fenómeno sociocultural, por lo que un sábado de enero decidió llevarme a la antigua plaza El Progreso, de Guadalajara, pero ¡en hombros!, ya que entre aquella multitud era la manera más segura de cuidar a un niño de 11 años. Recuerdo que también toreaba El Soldado, y quizá por eso los toreros en sus vistosos trajes se me figuraron muñequitos o soldaditos de plomo. Nunca volví a una plaza, a diferencia de Gurrola, Elizondo, Becerra o Chumacero, aunque siempre tuve la curiosidad de regresar, y eso que durante 20 años trabajé a dos cuadras de la Plaza México”, concluyó el entrañable Huberto su capítulo taurino.

Publicado en La Jornada

Tendido 7: De lo desastroso y nocivo, a lo atrayente

Morante ¿hasta la victoria?

Por Xavier Toscano G. de Quevedo.

¡Qué fecha tan importante la del 15 de agosto! ¿Y por qué? ¡Vaya hombre, qué fue la celebración de la festividad religiosa de La Asunción de La Santísima Virgen María! 

Así es, jornada de mucho movimiento en la península Ibérica, y que en el pueblo español se vive y venera con grande devoción en todos los rincones de su geografía, y cómo no, si es el alegórico día de “La Virgen de la Paloma”.

“Quien no torea el día de la Virgen, ya no toreara el resto de la temporada”. Es esta máxima una de las sentencias más recurrentes en el mundillo taurino español, ya que prácticamente por toda España se programan festejos taurinos para tan emblemática festividad, y todos los toreros, sea figuras o los demás, buscan su acomodo en algún cartel, sin importar el alto rango o lo modesto de la plaza y los alternantes.

Pero no obstante lo significativo de la fecha, giraré únicamente unos días en retroceso al calendario, para irnos hasta la hermosa ciudad de Donostia —denominación en el lenguaje euskera— conocida mundialmente como “San Sebastián”. Esta villa —narran sus cronistas— se fundó en el año de 1180 por el rey navarro Sancho “El Sabio”, estando muy cercana a un monasterio que se había consagrado a San Sebastián, que era un joven romano nacido hacia el año 256 en la ciudad de Narbona y que pertenecía a las filas de las Legiones Romanas.

Iniciado por su familia en la religión Cristiana, se caracterizó desde temprana edad por ser un grande catequizador de su fe, situación que lo llevó al martirio por orden del emperador Maximiano, falleciendo finalmente en el año 288. ¡Qué similitud con San Fermín (igualmente romano) y patrono de los pamploneses —año 272 al 303— que contaba con 16 años de edad cuando su compañero San Sebastián, de 32 años, era martirizado en Roma! Hoy estos dos santos son protectores de ciudades españolas, Pamplona y San Sebastián, respectivamente.

Ya transcurridos 1729 años, vayamos por tanto a recordar lo sucedido en la plaza de toros de “Illumbe” durante su tradicional feria de San Sebastián 2017, en la que fuimos testigos oculares de dos acontecimientos diametralmente opuestos: el primero —sábado 12— desastroso y nocivo, y un día después —domingo 13— lo atrayente, es decir, de lo que se nutre la Fiesta de los Toros y sus aficionados.

Tenemos un aforismo en nuestra fiesta, que refiere cuando alguna corrida ha sido mala, aburrida o intrascendente y dice así: “nada bueno que llevar a casa”. Pero lo que aconteció el anterior sábado —que dicho sea, es una imagen infausta, reiterativa y constante— nos da pauta y autorización a los aficionados del planeta de los toros para decir con energía ¡“YA BASTA”! 

Vaya “encierrito” de Zalduendo, siete reses “mansurronas, descastadas e intolerables” con el que se estrellaron, Morante, Ginés Marín y Andrés Roca Rey. Con animales así, la fiesta se hunde hasta el fondo del lodazal más renegrido, y los aficionados y el público lamentablemente pierden el interés por el espectáculo.

¿Habrá sido esta adversa situación, la causa por la cual el domingo 13 el coso de Illumbe mostrara tan raquítica asistencia? —apenas si un cuarto de entrada— ¡Y qué interesante corrida! Esas que a los aficionados les gratifica ampliamente presenciar. 

Un aplauso al ganadero de El Parralejo, que ha mandado al ruedo de Donostia seis ejemplares de lo que debe ser siempre “un toro de lidia”, y que fueron debidamente aprovechados por los jóvenes aguascalentenses Joselito y Luis David Adame, quienes agradaron y convencieron ampliamente al público de San Sebastián y a quienes pudimos disfrutarlos.

En resumen: en el festejo inaugural de la Feria de Donostia, las reses del hierro de Zalduendo nos han mostrado una vez más, tanto a los aficionados donostiarras como a todos los demás en el planeta de los toros, una clara constancia de esa “nefasta pandemia cancerígena” que viene demoliendo a pasos agigantados a nuestra fiesta, la nociva enfermedad denominada “mansedumbre”.

El cansancio y la desesperación de los aficionados está de manifiesto en cada tarde, y no obstante lo atrayente y favorable del segundo festejo, el público renunció a estar en la plaza. ¡Qué problemón! Vaya mal que nos aqueja, es evidente, ya que continúan transitando en nuestra hermosa fiesta quienes por su obstinada soberbia y altareros desplantes, se niegan a aceptar que el Eje Central y Único de éste milagroso Espectáculo, es y siempre será: Su Majestad El Toro Bravo.

Publicado en El Informador

Opinión: Así está el toreo…

Por Sixto Naranjo.

Anda el mundo del toro un tanto convulso en los últimos días. La lesión de José María Manzanares dejaba cojos muchos carteles de este verano. El difuso futuro de Las Ventas, en el aire y sin comunicación por parte de Comunidad de Madrid y la empresa Plaza 1 (hasta el día de ayer) durante casi dos meses. Pero sobre todo, el adiós de Morante de la Puebla ha hecho remover muchos lodos que llevaban tiempo acumulándose.

El adiós del torero de La Puebla del Río y sus motivos han hecho que se abra el debate, que se juzguen sus razones. Morante, un grandioso torero, ha dicho que todo se debe al volumen del toro, al hartazgo con el sistema y a las decisiones de presidentes y veterinarios.

Pero como suele ocurrir en esto del toro, nada de hacer autocrítica. Nada de mirarse al espejo y admitir la realidad. La realidad le haría ver a Morante que en los últimos tiempos su gran tauromaquia se ha espolvoreado con cuentagotas. Que sus grandiosas condiciones no han salido a flote. Morante tiene el toreo en la cabeza, en las muñecas, en su cintura, en la yema de los dedos. Precisamente por eso, y más allá de sus palmeros, hay que exigirle lo máximo.

Morante ha sido la figura de los últimos tiempos que peor ha administrado su carrera. Sin rumbo, en manos de mediocres, de arribistas o de estrambóticos personajes. Morante y sus múltiples entornos no han sabido encauzar y estructurar su presencia en las temporadas, en las plazas donde merecía anunciarse o eligiendo el ganado más adecuado.

Su actual temporada, y hasta su retirada, ha sido un reflejo de ello. Triunfos en cosos menores y un paso de puntillas en los sitios importantes. Huelva, San Sebastián y El Puerto, sus tres últimos paseíllos, demostraron que Morante estaba ya fuera de esto. Un torero de su calibre no puede salvarse por una verónica, una media suelta o un pase aislado. Morante es mucho más que un torero de arte. Morante va mucho más allá de los tópicos que le adornan.

Sólo él sabe si volverá y, si es así, cuándo, cómo y con quién será esa vuelta. Lo único cierto, es que los dos toreros de podrían marcar esta época que vivimos, José Tomás y Morante de la Puebla, a día de hoy, ni están ni se les espera. Así de duro, pero así de cierto. Su hartazgo con el ‘sistema’ les une.

Tras este adiós, la olla a presión que es el toreo ha estallado. La vuelta de Ortega Cano para sustituir a Morante en San Sebastián de los Reyes no ha sido si no una muesca más que demuestra la actual deriva empresarial de la Fiesta. El llamado ‘sistema’ vuelve a mostrar su conservadurismo y su cortoplacismo.

Que un torero de 63 años, cuyo momento en la Fiesta acabó ya hace décadas, se vista de luces para torear junto a dos de las actuales figuras del escalafón en detrimento de los más jóvenes, demuestra la podredumbre del toreo y sus gestores. Que uno de los triunfadores del año pasado en Sanse, Javier Jiménez, no vuelva a La Tercera en los carteles iniciales o coja la sustitución de Morante, deja a las claras que los intereses particulares priman muy por encima de los triunfos en el ruedo.

No se tiene nada en cuenta. La llamada revolución de los jóvenes que siempre se vende en invierno sólo vale si el joven viene respaldado por una gran casa empresarial. Y si no, que se lo pregunten a Juan del Álamo, por ejemplo. O ya veremos si a Román le vale la puerta grande en Las Ventas en el día de La Paloma. No sirve ni los méritos contraídos en la cara del toro ni lo que opine el aficionado. El aficionado… sí, el que pasa por taquilla. Ese ente al que el taurineo oficial ha tomado como su enemigo íntimo. No hay otro sector que busque en el ‘paganini’ a su más fiero contrincante. Ver para creer.

Quizá esta situación también esté provocada por este lado de la trinchera. Por culpa de la prensa. Muchas veces se escribe o se comenta más pensando en lo que vaya a decir el empresario, apoderado o torero de turno, que pensando en la realidad y en lo que ve el aficionado en la plaza o lo que éste desea. Cuestión de convivir más con el taurino en un burladero de callejón que en un tendido rodeado del sentir del aficionado.

Quizá se ha perdido el sentido crítico que debe tener la prensa taurina. El ‘ayudar’ a favor de obra con la que está cayendo ha hecho que nos olvidemos de ser un contrapoder al sistema, de hacerlos reflexionar. De remover conciencias y cambiar hábitos. Porque también es verdad que si actúas así, para ellos te conviertes en blanco de sus reproches y en un enemigo de la Fiesta.

Y todo ello, en un entorno social y político cada vez más hostil con la Tauromaquia. Baleares ha sido el último ejemplo de ello. Y aquí, más allá de un hastag o un estado de opinión puntual, no se hace nada de nada. Se deja ganar la pelea y pronto a mirar para otro lado hasta que llegue otra batalla que perder. Y así seguimos.

La Fundación del Toro de Lidia no puede llegar a todo si no hay un apoyo real de todos los estamentos de la Fiesta. Y cuando digo todos, es todos. Aquí no hay intereses particulares o sectoriales. Aquí hablamos de la defensa global a todos los niveles. Quizá algo difícil de ver si no hay la suficiente formación y altura de miras que requiere la situación actual. Otro gran lastre de los actuales taurinos.

¿Alguien recuerda que el Constitucional falló a favor de la celebración de festejos taurinos en Cataluña? Con todo el alboroto desatado tras la decisión, ¿alguien recuerda que haya habido un mínimo movimiento real para que los toros vuelvan a la Monumental de Barcelona? 

Así está el toreo…

Publicado en COPE

Morante de la Puebla: Nacer torero

Por Álvaro Acevedo.

Con la despedida de José Antonio Morante Camacho (La Puebla del Río, 2 de octubre de 1979) se marcha también el aficionado itinerante, ése que cruzaba carreteras o espacios aéreos no al reclamo de las ferias, sino de un nombre concreto. Podemos comparar a unos y otros toreros por su valor, por su inteligencia, por su personalidad o por su capacidad artística, pero también podemos medirlos por kilómetros. Y Morante, en eso, también era único.

Precisamente hoy martes 15 de agosto, en el que llaman día más taurino del año, una sensación de vacío y desasosiego recorre el cuerpo de no pocos aficionados. De repente se ha ido el mesías de una religión, el morantismo, que congregaba a una legión de fieles en torno al arte de torear. Como en toda fe había un punto de fanatismo, de devoción incondicional hacia el personaje, pero a los morantistas les unía una pasión absoluta por el palo más artístico y clásico de la tauromaquia. Muchos habían sido seguidores de Rafael de Paula y/o de Curro Romero, y ahora habían encontrado en Morante a su nueva referencia, a un artista sublime que, sin embargo, aglutinaba otras virtudes aparentemente vedadas a los toreros de su corte.

Porque Morante es clásico y a la vez pinturero; artista y a la vez valiente; profundo y a la vez angélico. Además, su estudio de las tauromaquias antiguas desde Gallito y Belmonte, pasando por Chicuelo o Domingo Ortega, y su capacidad para adaptarlas al toreo contemporáneo, le llevó a recuperar suertes añejas que parecían transportarnos a otras épocas. Morante era mucho más que un torero de arte: era el último genio que había dado la tauromaquia. Todas sus grandes faenas eran únicas, irrepetibles, obligaban a una atención total desde el tendido, pues en cualquier momento sorprendía con algo inesperado. Pero nada era al azar. Todo tenía una razón lógica, pues la inspiración no está reñida con el conocimiento del toro y de los terrenos.

Durante los primeros años digamos que el torero no estuvo a la altura del artista, pero en su segunda etapa Morante de la Puebla evolucionó hasta convertirse en un lidiador magistral, muchas veces a pesar de la incomprensión de un público acostumbrado a faenas estereotipadas; de una afición desconocedora de ese otro toreo más defensivo, al paso o sobre las piernas, tanto o más meritorio que el toreo ligado y con los pies quietos, cuya emoción hace ocultar muchas veces las carencias artísticas de su ejecutor.

Bofetada sin manos

Pero no solo evolucionó su capacidad lidiadora sino también su manera de expresar el toreo. Siempre fue un torero clásico dotado de una capacidad artística innata, pero a partir de su reaparición en 2005 la dimensión de su tauromaquia alcanzó cotas hasta ese momento desconocidas. Morante había cortado la temporada de 2004 en el mes de abril, tras una encerrona con seis toros en Madrid con la que pretendía triunfar y darle así a la empresa de Sevilla una bofetada sin manos, después del enésimo ninguneo que el torero había sufrido a la hora de la contratación en la plaza de su tierra.

Pero aquello salió mal, no hubo triunfo y el de La Puebla huyó. Fue entonces cuando salió a la luz una extraña enfermedad psíquica, de carácter endógeno, que José Antonio padecía desde hacía un tiempo. En esas condiciones se había enfrentado al toro, a las exigencias de los públicos y al peso de la responsabilidad, pero en aquel momento de máxima tensión, derrotado por el fracaso y muy afectado al verse, otra vez, fuera de los carteles de la Feria de Abril, no pudo más. «Iba andando por la calle y veía cómo se me salía un brazo, estaba loco perdío», llegó a decirle Morante a este periodista. Lloraba y lloraba, no sabía por qué, y el psicoanálisis no le dio ningún resultado. Empezó entonces a acudir a psiquiatras, viajó a una clínica de Miami, se sometió a tratamientos durísimos de electrochoque, visitó médicos y más médicos hasta que poco a poco fueron ajustándole la medicación y controlándole una dolencia que le tuvo un año fuera de los ruedos: el trastorno de despersonalización.

Pero Morante fue fuerte, superó aquella terrible patología y volvió a torear. «Me apoyé en el toro, y en su hombro le hablé de lo que me pasaba», contaba Morante. «Se torea como se es», dijo Juan Belmonte, pero también se torea como se está. Y en el sentimiento de Morante frente al toro salió a relucir todo aquel drama. Como decíamos, la dimensión del toreo de Morante alcanzó a partir de entonces una profundidad estremecedora. Era como si aquel sufrimiento aflorara en el ruedo, su toreo era doloroso, como un desgarro del alma, y las grandes faenas de Morante empezaron a tener una estética nueva, es verdad que muy bonita en el toreo accesorio, pero dramáticamente honda en el toreo fundamental. Eran como una alegoría de la vida y la muerte, de la felicidad y las penas. Además, su inspiración se desató, aquella tara mental reforzó otras partes del cerebro, las relacionadas con la capacidad creativa, y la magia de su toreo embaucó, ya sin reservas, a toda la afición. Sí: era verdad que los genios tenían que estar locos… Nadie como él ha toreado a la verónica ni tan bien, ni tantas veces. Es como si el capote hubiera nacido en sus manos, como si fuese la prolongación de su cuerpo. Incluso de su alma. Y en una época de flagrante crisis capotera, aquel cante grande en la suerte más difícil y bella del toreo, era como un milagro cierto, como una catarsis renovada tarde a tarde.

Sus sublimes recibos a la verónica son incontables, pero por la relevancia de las citas, aquella de los lances al toro de Juan Pedro Domecq en Madrid, o la de la media a pies juntos en la Maestranza a un toro de Núñez del Cuvillo, pasarán a la historia de la tauromaquia.

La pureza del cite

Morante, además, era un virtuoso de la chicuelina, suerte en la que, más que torear, bailaba por sevillanas. Y con la muleta se unían en él todas las maravillas del toreo más auténtico: la pureza del cite, ofreciendo el medio pecho, sin ventajas ni trucos; la templanza del trazo, a veces ralentizando la embestida hasta límites irreales; su descomunal embroque con el toro, justo en ese momento donde afloraba aquella estética única, que aglutinaba en un solo hombre todo la belleza y el misterio del toreo; la profundidad que da el ajuste con el toro, al que se pasaba más cerca que ninguno con un valor sereno, sin alardes, muy de verdad; la gracia del toreo a pies juntos y en los pases de adorno, con aquel ángel casi divino con el que improvisaba para asombro de los públicos; ese arte mayúsculo en el pase de trinchera, en el ayudado o en el natural que valía por sí solo el precio de una entrada y miles de kilómetros en su búsqueda. Y aquella manera de estar en la plaza, sabiéndose único e irrepetible, con ese don solo posible en los toreros de leyenda.

Hoy, en un momento de crisis artística galopante la tauromaquia pierde a su mayor referente a pesar de que su temporada discurría, merced a una más que cuestionable administración, muy por debajo de lo esperado.

Aburrido y desengañado, Morante ha decidido retirarse, pero sus más devotos seguidores, e incluso también sus más severos críticos cuentan los días para el anuncio de su inevitable regreso. Porque nadie puede escapar a su destino.

Y Morante nació torero.

Publicado en La Razón

Los porqués de la retirada de Morante de la Puebla

Harto de toros «grandes», de su poca fortuna en los sorteos y de broncas, el genio sevillano se va por un tiempo y podría regresar con nuevo apoderado.

Por ANDRÉS AMORÓS.

En la madrugada del domingo al lunes, una bomba inesperada ha conmocionado el mundo taurino:«¡Morante se retira!» En medio de la confusión, nadie sabe con seguridad por cuánto tiempo ni si esto puede suponer, en el futuro, un cambio de apoderamiento (actualmente dirige su carrera la empresa del multimillonario mexicano Alberto Bailléres). No estaba llevando este torero una temporada especialmente brillante en las grandes Plazas, como Madrid o Sevilla; sí había cuajado faenas en cosos menos importantes, comoIllescas, Jerez o Arévalo.

La gota final, que ha podido colmar el vaso, han sido dos actuaciones poco afortunadas, sábado y domingo, en San Sebastián y El Puerto de Santa María. En todo caso, su tirón, en la taquilla, sigue siendo muy grande: Morante es uno de los diestros que atrae a más aficionados, por su indudable categoría artística.

A muy corto plazo, esta decisión obliga a los empresarios a replantear los carteles de Ferias tan importantes como Bilbao, Logroño, Salamanca…

Indiscutiblemente, José Antonio Morante de la Puebla es un gran torero y un personaje muy singular.

Como cualquier artista, tiene todo el derecho del mundo a dejar de ejercer en público su profesión, cuando no tenga ilusión, ánimo o, simplemente, ganas.

Los aficionados lamentaremos su ausencia de los ruedos y le estaremos reconocidos por las tardes hermosas que nos ha hecho vivir.

Al margen de lo personal, ¿por qué este repentino anuncio? Morante tiene fama de mala suerte, en los toros que sortea. El sábado, en San Sebastián, recibió una fuerte bronca, después de hacer muy poco, en un toro que no valía nada. El público, que acude a verlo con la ilusión de saborear una estética exquisita, se indigna cuando eso no sucede. En Illumbe, este sábado, una señora me preguntaba qué opinaba yo de su actuación y no quedaba contenta por mi respuesta: «¿Es que defiende usted a Morante?» «No, es que ataco a ese toro». Pero, para eso, hay que fijarse en los toros (que él, por otra parte, ha elegido).

El domingo, en El Puerto, algo parecido, supongo: Morante se ha cansado de broncas y ha decidido parar.

Ahora mismo, Morante es uno de los representantes de ese toreo, concebido como arte, que muy pocos practican. Aunque su estilo sea muy distinto, suele comparársele con Curro Romero y Rafael de Paula.

Coincide con los dos en alternar grandes éxitos con fuertes broncas.

En todo caso, es capaz de hacerse perdonar todo con unos lances exquisitos porque maneja el capote como ningún torero actual. Además, su personal tauromaquia bebe en fuentes clásicas: Joselito, Juan Belmonte, Rafael el Gallo, Pepín Martín Vázquez… Por eso, interpreta con personalidad suertes que hoy están casi olvidadas y que forman parte de la gran tradición del toreo sevillano.

Ámbito personal

En el ámbito personal, tiene Morante todo el derecho –repito– a llevar su carrera como quiera o a interrumpirla, cuando desee. Otra cosa son las razones que aduce, para tomar esta decisión.

Ha repetido muchas veces –lo cree, sin duda– que los toros que actualmente se lidian son demasiado grandes para el toreo artístico que él realiza y del que, ahora mismo, es uno de los escasos representantes. Muchos aficionados lo pondrán en duda. ¿No será, más bien, que se ha cansado de recibir broncas, por no hacer nada, con toros no exageradamente voluminosos pero sí carentes de casta, que son los que él o su equipo han elegido?

Naturalmente, a todos nos encanta realizar nuestro trabajo con las máximas facilidades y comodidades pero ser primera figura del toreo implica una exigencia, por parte del público que paga y que exige entrega.

Morante de la Puebla ha dicho: «El toreo vive del arte y el misterio» Un ejemplo concreto: admira con pasión Morante –y hace muy bien –a Joselito el Gallo, la máxima figura, el rey de los toreros. ¿Cree él que Gallito se hubiera alejado de los ruedos porque los toros eran demasiado grandes o por no estar de acuerdo con la opinión de algunos presidentes?

Conviene ser coherente.

No es la primera vez que Morante interrumpe su actividad (ya lo hizo en 2004 y 2007). Espero que ésta no sea la definitiva. Cuando decida volver, la expectación que suscitará –y el dinero que le pagarán– habrán aumentado.

El ejemplo de José Tomás está muy próximo; muchos quisieran hacer como él: torear muy poco y ganar mucho.

Espero que Morante, cuando vuelva, lo haga con todas las consecuencias y con toda la responsabilidad de la primera figura que es, sin exigir toros más chicos.

¿Por qué creo que va a volver?

Porque supongo que este enfado es pasajero. Porque Morante de la Puebla es singular pero no es nada tonto. Porque torear es lo que él sabe hacer mejor que cualquier otra cosa, lo que más llena su vida. Y porque yo, como muchos aficionados, quiero disfrutar con su arte.

Publicado en ABC

Obispo y Oro: La ida de Morante

Por Fernando Fernández Roman.

La noticia de la retirada de Morante me pilla descolocado. Me pilla ya de madrugada, cuando de la medianoche para adelante, en el tránsito de ayer a hoy, todo –o casi todo– lo que se tabletea en los ordenadores gira en torno al clásico.

El clásico, ya se sabe, es un partido de fútbol entre el Real Madrid y el Barcelona, por tanto, las pantallas de la televisión y las redes sociales se inundan de clasicismo y no echo cuentas de que tengo el móvil apagado, en modo recarga.

Cuando lo enciendo, pasada la una de la madrugada, un sopetón me muestra que estoy en fuera de juego.

Las redes me espetan que Morante se va. Y yo con estos pelos. Cuentan en el portal taurino Mundotoro que el torero se ha puesto en contacto con ellos para comunicar su decisión de dejar los ruedos. Cierto. Tras los primeros momentos de desconcierto y las indagaciones precautorias de rigor, me entero de que, en efecto, y ya de noche, el torero puso al citado medio de comunicación taurino un mensaje online, manifestando que le aburre la prepotencia de presidentes y veterinarios; pero ya por mi cuenta y de la fuente más directa averiguo que también le aburren otras cosas que genera su entorno profesional, además de estar viviendo una mala racha en los sorteos.

Es de sobra conocido que esto último les pasa al noventa por ciento de los toreros del común. Las rachas van y vienen, a voluntad, sin tener en cuenta a quienes afectan más directamente.

Lo que ocurre es que Morante no es del común. No es de este mundo-mundanal de los toros. No practica el arrimonismo, como recurso para justificar sus honorarios frente a los paganos del tendido. No es un torero pundonoroso, diría yo que afortunadamente. Y como ve la cosa del color de la lombarda, pues ha tomado la toalla y la ha tirado sobre la rubia arena del ring del ruedo.

Entiendo a Morante. Le entiendo ahora porque le he entendido siempre, sobre todo en los tiempos en que algunos aficionados –y la mayoría de mis colegas– proclamaban a voz en cuello que era un practicante del pingüi, un bluf en vía de extinción, un remedo malo del currismo que cautiva a ese público festivo que luce la ramita de romero en el ojal de la solapa. Muchos de ellos ahora morantean y le dan jujana sin el menor rubor.

Entiendo el hartazgo de este torero porque es un intérprete genial del arte de torear, no un funcionario que se gana el salario aplicándose a ese otro arte cisorio de cortar orejas a tutiplén, que también lo es, pero un arte menor.

Morante se va, porque así lo ha decidido en la noche del Puerto. La noche en que se le vino encima todo el viscoso contenido del vaso de la adversidad, una adversidad que, muchas veces, provocan empleados de la Administración con todo el poder, todas las atribuciones y prácticamente ninguna responsabilidad o los contubernios de clanes taurinos de endogámica rastra.

Ahora vendrán los epítetos tipo ¡pues que se vaya! ¿es que solo quiere torear los toros que le convengan?

Van a ser inevitables; pero, contra lo que pudiera creerse, a los genios como Morante les resulta particularmente enojosa la contumacia de las tardes de mal fario, a cuya gestación, por mucho que se empeñen quienes ignoran los entrebastidores del negocio taurino, son bien ajenos. No conviven bien con el fracaso.

Morante podría haber tirado para adelante y llevarse un pastón en las muchas tardes que tiene contratadas de aquí a final de temporada, pero ha tirado por la calle de en medio, que es la de la cabalidad de quien se viste por los pies.

La ida de Morante va a propiciar un descalabro en algunos abonos de las muchas ferias que se integran en el calendario de la temporada, que nadie lo dude. Ya he recibido algunas llamadas telefónicas inquiriendo la veracidad de la noticia, porque tienen que tomar posiciones al respecto.

Ahora se verá cuáles son las consecuencias de esta insólita, inopinada y drástica resolución y quiénes son los toreros que tiran de verdad de las taquillas de la plaza de toros.

Morante ha renunciado a cientos de miles de euros, voluntariamente. Se va de los ruedos –esperemos que temporalmente—sencillamente porque le da la gana. Está en su derecho. Que le vaya bonito.

Lo feo, es el panorama que les espera a los empresario taurinos y a los aficionados al arte del toreo. Otros vendrán que bueno me harán, dice el refrán. En este caso, lo dudo. Buenos toreros hay muchos. Morante, solo uno. Ahí está el quid de los efectos colaterales que va a producir la noche en que el torero de la Puebla le dio por tomar el olivo de forma inesperada.

La del Puerto de Santa María ha sido una noche triste para la fiesta de los toros. Al menos, así me lo parece.

Publicado en República

Morante de la Puebla: los antitaurinos celebran su retirada y cargan contra él

De SOL y SOMBRA.

Un día después de anunciar su retirada indefinida de los ruedos, el torero se ha convertido en una de las tendencias de las redes sociales y el objeto de duras críticas por parte de sus detractores, quienes lo han calificado injustamente como “asesino” y “torturador” entre otros aberrantes calificativos.

La realidad es que Morante de la Puebla (37) se retira de los ruedos y Twitter se ha dividido en dos. Por un lado los que se entristecen ante la pérdida de la figura del toreo, considerado uno de los mejores diestros de la última década. Por otro los que aplauden que el mundo tenga este lunes un “torturador” menos.

Las críticas hacia el diestro sevillano, que asegura que está “aburrido” del mundo del toro, han sido feroces. El torero podrá ahora centrarse en su familia, su principal apoyo en estos momentos.

Morante de la Puebla, cuyo verdadero nombre en José Antonio Morante Camacho, lleva siete años casado con Elisabeth Garrido, con la que tiene dos hijas, María y Lola.

Además, el diestro tiene otro hijo de su primer matrimonio, con Cynthia Antúnez.

Twitter @Twittaurino