Es lo que digo yo: La “Space Oddity” de Morante.

Columna Publicada el 13 de enero del 2016.

Por Luis CuestaDe SOL y SOMBRA.

Se dice que el Cid Campeador, fue un torero consumado, y así nos lo refleja el celebre Nicolás Fernández de Moratín, en un poema titulado “Fiesta antigua de toros”, donde se nos describe al héroe castellano, lanza en puño, montado sobre un fogoso caballo, desplegando su valor y destreza contra las fieras más temibles.

Esta costumbre tan hispanoamericana de enfrentarse un hombre con un animal bravo y fiero como es un toro, ha ido evolucionando, teniendo distintos escenarios y motivaciones cambiantes: De Frascuelo y Lagartijo hasta al día de hoy con Morante, unos de sus máximos exponentes.

Resulta extraordinario que en pleno siglo XXI cómo el talento de Morante consigue trascender su propio estilo y ganarse adeptos entre otros artistas de géneros radicalmente distintos al suyo. Al igual que David Bowie -otro genio pero de la música recientemente fallecido- Morante consigue constantemente reinventarse y adaptarse a los tiempos modernos donde el toreo clásico y puro pareciera que se encuentra en vías de extinción.

Y así como en el pasado el toreo inspiro obras de arte, como La Tauromaquia de Goya y El llanto por la muerte de Ignacio Sanchez Mejías de Federico García Lorca, la pintura de Picasso y algunas novelas del premio nobel Ernest Heminway por citar algunas. En la actualidad el arte y el misticismo de la fiesta de los toros tienen en el toreo de Morante quizás el ultimo eslabón de una estirpe torera que nació con Belmonte y que continuó con El Gallo, Pepe Luis y Pepín Martín Vázquez, Curro Romero y Rafel De Paula entre sus más grandes exponentes. 

Autentico, provocativo, camaleónico Morante es fiel a su concepto surrealista e impredecible dentro y fuera del ruedo con ese aire que despliega de bohemio auténtico que disfruta siempre de un buen puro, de la amistad y de la noche vertido en vestuarios que asemejan ha algunos de los más extraños personajes de alguna película de Tim Burton o de un party goer recién salido de una discoteca madrileña de los años 70s. Pero en el ruedo, Morante hace magia sorprendiéndonos siempre en el éxito y en el fracaso, justo como lo hacia (en menor numero de veces en el éxito) Rafael de Paula.

Por esta razón su próxima actuación en la Plaza México nos ilusiona con la esperanza de volver a verlo coger de nuevo ese capote para torear a tres tiempos a la verónica; primero, de recibo, en el tercio; luego, en los medios y que pueda rematar una tanda con una media que cruja nuevamente la Monumental con arte. Porque cuando Morante torea a la verónica, no es cualquier cosa: se fulgen en él la estampa gitana y el duende de Cagancho, Antonio Ordóñez o el de Pepe Ortiz en México.

Dicen los que saben de esto, que el secreto del toreo está en las manos y en la interpretación de las muñecas, pero para que se produzca esa magia, el torero tiene que ser capaz de transmitir al público toda la emoción que le embarga delante de un toro. Y eso es justamente lo que destila Morante con su capote y muleta, el sentimiento de un artista que no sabe torear con trampas, engaños o ventajas, porque su toreo no admite desahogos y ademas porque no sabe torear de otra manera cuando se acomoda con toro.

En tiempos donde el toreo clásico y puro se encuentra en extinción, sus seguidores son legión en Europa y en América, pero sus detractores también se cuentan por igual, ya que Morante les ha dado motivos en muchas tardes al querer apagar el fuego con gasolina al ser fiel a su concepto. No es fácil conseguir un equilibrio entre la innata exhuberancia de su arte y la aceptación de los públicos actuales acostumbrados al toreo moderno, en donde a partir del primer muletazo los toreros esconden la pierna de salida. Esa forma de torear les permite alargar los muletazos, pero es menos pura. Y la pureza es la esencia del toreo. Es ahí donde radica el misterio del toreo verdad y es precisamente lo que diferencia a pocos de muchos.

Este domingo se espera que haga erupción su inspiración y genialidad, para que nuevamente pueda tocar las emociones y los sentimientos de toda la afición como en aquella tarde del 20 de noviembre del 2012, cuando miles de aficionados salieron de la Plaza México con la sensibilidad renovada después de haber visto a un verdadero torero de arte en estado puro.

Morante y el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.

Desde este momento ya estamos contando las horas para volver a ver en la Monumental la estampa de Morante desfilando al frente de las cuadrillas, con esa elegancia peculiar que es patrimonio de los toreros gitanos, en una tarde que deseamos sea triunfal para el de la Puebla, pero que si no lo es: “Que el artista solo sea fiel a los dictados de su corazón” como dijo David Bowie alguna vez en una entrevista para la revista Rolling Stone. Y ya después que sea lo que Dios quiera.

Es lo que digo yo.

Twitter @LuisCuesta_

EL CARTEL: Domingo 17 de enero, Plaza México. Decimocuarta corrida de la Temporada Grande. Toros de Teófilo Gómez para Morante de la Puebla, Octavio García “El Payo” y Fermín Espinosa “Armillita IV”.

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