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La Estela del Brillo – La México: Triunfo y Firmeza de José María Hermosillo.

Así de rotundo, firme y rota la cintura, José María Hermosillo manda sobre la embestida de “Campeador”, a la casta del novillo de San Antonio de Padua se opone el mando del torero. FOTO: Toca.

Tarde entretenida y de realidades en diversos aspectos en la Plaza México. Se parcha el encierro y, pese a la desigualdad de trapío encuentra varios episodios de mucho interés en una novillada donde incluso el clima embiste a favor del aficionado taurino. En esas, Roberto Román encuentra el camino inevitable a su realidad taurina mientras Héctor Gutiérrez se ve rebasado en concepto y realización por la gran posibilidad más que promesa, de José María Hermosillo que, salvo con el estoque, libra uno por uno los obstáculos que la novillada le coloca hasta romper en otra importante faena que lo coloca al frente de la novillería mexicana y a la espera dentro de quince días de finalizar por todo lo alto esta campaña novilleril, esperemos sea el comienzo de una gran carrera taurina.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México. Foto: Edmundo Toca Olguín.

Se cumple el centenario de la muerte de Saturnino Herrán, el genio entre genios de la pintura mexicana, esperanza joven, frustrada, para variar, y a destiempo. De Aguascalientes. Y en Aguascalientes se encuentra viva mucha de su brevísima obra. Incluso, sabemos, se guardan celosamente sus apuntes taurinos enclavados en la primera época de la Plaza San Marcos.

Hoy, seguramente sin intención alguna, La México programa tres hidrocálidos.

Pero lo hace ante un encierro parchado sin necesidad alguna.

Con todo el tiempo del mundo para haber reseñado una novillada entera, seria y bien hecha, que se eleve a la ocasión, la Monumental cae en retraso y parcha el encierro de Maravillas, por suerte, el remiendo de San Antonio de Padua trae consigo los episodios más interesantes de la Temporada.

El cartel bueno queda en mano a mano por la natural realidad de Roberto Román todo deseo pero nulo en idea y concepto, enganchado y sin sometimiento con el capote, tiene la pésima suerte de encontrarse con un alto y muy serio novillo de origen Rancho Seco -esa capa cárdena, ese cuello y esos pitones no mienten- al que deja hacer lo que se le viene en gana, en vez de someterme de salida.

El toreo empieza cuando el toro para. El cárdeno en vez de deternerle, arrolla.

Nadie es capaz de ordenar, de aconsejar, en última instancia, mandar en el más que bisoño novillero quien desatinadamente se da a tirar de la cordobina de recibo, queda desarmado y hace que el novillo empiece a alargar la gaita desde muy temprano. Crudo tras el brevísimo y flojo puyazo -cuando las cuadrillas deben pegar no lo hacen- llega a un intento de quite donde gana terreno y, al tratar Román de rematar, apunta el pitón derecho a la ingle. La Virgen vuelve a cuidarle en los aires pero, ya en el piso, el novillo lo tiene a merced y no le perdona.

Ahí la tarde cambia pues hace que sobre los dos valores más adelantados de la novillería mexicana caiga el pesado fardo de la responsabilidad: Hermosillo y Gutiérrez.

Pero hay con qué responder.

Ese cárdeno tlaxcalteca se encuentra a José María Hermosillo lleno de sitio e inteligencia. Antes, en el que abre plaza, sobrepasa la prueba de un serio y bello ejemplar de Maravillas uno de esos novillos cuyo juego es regular, pues rasca y tardea en muleta tras mediocre tercio de (una) vara. Hermosillo, emociona en los lances, gusta en el quite por tafalleras al grado de pegar una en redondo y rematar hasta el exceso a una mano. Luego, se da a correr la mano a un novillo que duda pues le falta la casta para crecerse ante el exigente mando. Corre la mano por ambos lados con entendedera, la muleta en el sitio desde el inicio alternado abajo hace al novillo templarse y acudir.

Emociona pero mata mal.

Jorge Ramos, milagro, niega correctamente la oreja. Ojalá hayan tomado nota Jesús Morales y su secretario Juan Vázquez, pareja para el olvido. Bien Usía de forma, al no haber mayoría visible y de fondo, al no premiar una estocada defectuosa por atravesada.

Pero poco importan los trofeos cuando se tiene arte y cabeza.

Por ello, el cárdeno tercero y su juego, pese a no ser su toro, pese a lo crudo que queda y el sentido que desarrolla gracias a la falta de sometimiento inicial y al relajito que le forman las cuadrillas encabezadas por Christian Sánchez que recorta el viaje tras pasar en falso como si el novillo no hubiera aprendido lo suficiente, no hace mella en Hermosillo que se lo quita de encima con perfecto toreo de castigo de inicio por bajo, rematando con solvencia y suficiencia. Es más, prácticamente, lo hace pasar con la derecha con un mérito tremendo y al novillo, al fin sometido, lo único que le queda es morir de cara al sol tras la estocada.

Tras responder Hermosillo, queda la pena de que no haya mayor imaginación y pesen más sabrá Dios qué compromisos para hacer que el muchacho Héctor Gutiérrez repita tres domingos seguidos en la Plaza México y para este tercero muestre cierto cansancio mental. Aun así, lo intenta con el cárdeno claro segundo, chico pero con cara seria. Gutiérrez luce con el capote pero se muestra algo repetitivo y sin frescura con la muleta. Se trata de un novillero que esta vez sacrifica el fondo en pos de una forma que no le abona, equivoca el inicio con el cambiado por la espalda y el novillo, que necesita empaparse de muleta, pone el freno de mano para el último tercio.

Torear no es componer la figura. Torear no es lo mismo que dejar pasar.

Por ello tras la muerte del tercero, Gutiérrez se ve contrariado con el flaco, esmirriado, cariavacado e impresentable cuarto. Para sorpresa del personal el negro astado de Maravillas, hay que reconocerlo, embiste. Y no para. Gutiérrez trata pero no consigue nada en firme. Se confía, hace concha y el novillo no le perdona esa fijación que tiene por componer la figura, pendiente de las posturas a la mitad de la suerte y los desmayados remates. No es suficiente, aburre y se queda por debajo de la circunstancia.

Ese contraste se marca aun más al correr turno, con el quinto, el segundo novillo de San Antonio de Padua que deja en alto el color de la divisa por su hechura, apenas el trapío exacto para un cartel de este nivel y para esta Plaza y por la lidia que le otorga José María Hermosillo. Bien hecho de arboladura fino de corte es bien recibido por el novillero con la capa donde remata a una mano de salida. En cambio es muy maltratado por Efrén hijo en la cabalgadura. Cómo sería el golpe que el aparato motor del novillo resiente el efecto del feo puyazo contrario y sus patas traseras se doblan.

Ante todo eso el temple queda, alivia.

Y queda la casta, que rescata.

En la caleserina al propio ritmo del novillo y pese a que dobla las manos, Hermosillo aviva la esperanza y, aun adelantando la suerte, único señalamiento que hacemos al diestro, el astado da la pelea y el torero luce en la larga de remate. Lo mismo en banderillas donde agarra el astado aire al grado de derribar a Gilberto Aragón Zamora, como siempre sufriendo.. Hay casta pero falta fuerza. José María, entonces, aplica la medicina, quietud y alivio por alto, en el inicio pegado a tablas que repara el tranco del novillo quien le dicta al torero no hacer tonterías como ese intento de cambiado por la espalda o querer ligar derechazos en el mismo inicio que solo derrumban.

Diría José Chafik, al novillo mexicano hay que esperarlo pues éste enseña a torear. Hermosillo lo hace consiente inicialmente.

Y comienza entonces, en plenos medios, el concierto.

Hermosillo abandona el intento inicial de llevar muy por bajo y ajusta a la media altura para, además de mantener el pie, encelar, lograr que el novillo rompa adelante y, pese a tener el hocico floreado, crecerse al acariciar la embestida en derechazos largos y en un pase de pecho con la derecha completamente en redondo. Perfecto al natural pese a lo despatarrado, Hermosillo rompe su muñeca pese a trompicarse en algun momento por la colocación esencial de su muleta y el despliegue de su trazo. No duda cuando las miradas se cruzan en el cite y se apodera de la embestida, en definitiva, tras tardear el astado previo a un magnífico pase de la ranchera donde el cambio de mano hace reventar a la Afición junto al de pecho ligado.

Luego la tanda grande con la derecha, abierta con amplio pase de pecho donde prende Hermosillo los muletazos adelante y en los que se rompen plenamente su cintura y su muñeca, donde se va detrás del muletazo en redondo y ahí donde le pelea el novillo apretar y responde abrochado la tanda en pleno clamor con magnífico remate arriba y ayudado por bajo.

De cartel.

En otra época, no tan lejana, prendas y dianas habrían caído y tocado desde las alturas

Ya en la postrimería, con la faena hecha, las dosantinas y nueva ranchera ya cerca de tablas, pese a coquetear con pasarse de faena e intentar la arrucina, deja la mesa servida para la estocada algo caída. Esto y la casta del novillo retardan la hora final al grado de, en medio de un silencio total, requerir el descabello tras el aviso, perfecta decisión por parte de la Autoridad que preside y que hoy ha estado en el sitio.

Y una escena magnífica es la que sobreviene entonces.

La cruceta se asoma en el callejón y la gente, que desea el triunfo como el propio diestro, sabe que el descabello puede prevenirlo. Pero el arte del torero es una constante apuesta de la cual José María Hermosillo, no se raja. Al contrario, pese a demorar el uso del verduguillo y el aviso que diluyen la segunda oreja, el diestro se serena, busca encontrar el sitio exacto y el momento preciso en que “Campeador” descubra y, entonces, el rayo plateado de la espada ejerce con toda su fugaz, fulgurante y fulminante belleza con el descabello perfecto que rompe el silencio con el estruendo que no logra la segunda oreja pero que valora y aclama la gran faena. Oreja con todo el peso del triunfo y la responsabilidad, oreja que huele a triunfador.

Discutible el Arrastre Lento por la falta de fuerza, indiscutible por la casta y la bravura. Entonces, en tal caso, in dubio pro bous.

Gutiérrez se ve insípido pese al esfuerzo con el cierra plaza, manso e intrascendente.

Rebasado su forma habrá que esperarle, claro que sí, en la de triunfadores, donde saldrá a no dejarse rebasar. A picarse con lo ocurrido hoy a ver en Hermosillo a un adversario peligroso, sí, pero al que habrá que responderle a la altura.

Lo veremos. Ahí estaremos.

Ya quien se lo quería perder… pretexto no hay.

Falta que la Empresa, después de lo ocurrido, no vaya a convertir la graciosa huida en desapasionada intriga.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2018. Domingo, Octubre 7. Noveno festejo de Temporada Chica. Menos de un cuarto de Plaza en tarde espléndida por fresca y prácticamente nula de viento. Nubes blancas durante los primeros dos turnos y,  tras el quinto alumbrado artificial.

6 Novillos, 4 de Maravillas (Divisa Morado y Rosa) Disparejos de presencia, esmirriado y acariavacado el negro quinto, preciosos primero y segundo, bonito aunque chico el sexto. El primero es mejorado en la muleta por el espada en turno, no peleó fuerte en varas y le faltó casta en el último tercio, el segundo calamocheaba no obstante ofreció posibilidades. Bravo el anovillado cuarto que no paró de embestir a la muleta y flojo el sexto; y 2 de San Antonio de Padua (Divisa Caña y Nazareno) Desiguales, muy serio el tercero desarrolló sentido gracias a la pésima lidia otorgada por espada y, especialmente, las cuadrillas. Hermoso aunque chico el quinto, número 109 “Campeador” nombrado de 386 kilogramos, que desarrollo buenas virtudes por ambos pitones pese al puyazo y la falta de fuerza, sacó bravura en la muleta. Fue homenajeado con, discutible, Arrastre Lento.

Se corre el turno por la cornada del tercer espada, lidiándose el quinto en cuarto lugar y viceversa. 

José María Hermosillo (Grana y Oro) Vuelta tras Petición, Ovación y Oreja con petición de la segunda tras Aviso. Héctor Gutiérrez (Grosella y Oro) Ovación, Silencio y Silencio. Roberto Román (Grana y Azabache) Palmas al retirarse a la Enfermería.

Extraordinaria e inusitada actitud, por seria y centrada, de la Autoridad que preside en persona del Juez Jorge Ramos que niega perfectamente la petición tras la muerte del primero y la segunda oreja a la muerte del quinto además de enviar muy atinado y en el sitio el aviso al primer espada previo a la muerte de este astado, no obstante, discutible, el Arrastre Lento a este último pero procedente.

Protestan actuantes, espadas y cuadrillas con vuelta al ruedo contra las iniciativas contrarias a los festejos taurinos aludiendo al Artículo 123 Constitucional pero omitiendo el muy importante 5, referente a la libertad de profesión.

Pésima tarde de las cuadrillas a pie y a caballo. Artero puyazo contrario y carioca de Efrén Acosta hijo ante el quinto al que daña el aparato motor. Fatal a la brega Diego Martínez, no obstante consigue un excelente par de banderillas ante el cuarto y sus correspondientes saludos. Bien Fernando García al banderillear al difícil tercero lo mismo que la valentía de Adolfo Sánchez al tragar y salir comprometido tras banderillear al primero, ambos saludan en su turno. Ventajosos y abusivos los lamentables recortes tocando los lados de Christian Sánchez haciendo desarrollar aun más sentido al referido y peligroso tercero, no obstante, se cuela, para no variar, en el saludo de GarcíaGilberto Aragón sufriendo como cada fin de semana en banderillas es derribado por el quinto. Tarde desigual con el capote de Juan Ramón Saldaña. Mal colocado y desarmado Marco Antonio Dones.

Natural de José María Hermosillo a “Marismeño” el novillo que abrió plaza de Maravillas. FOTO: Toca.

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Roca Rey, entre la épica y la tragedia en La Malagueta

El peruano fue cogido, volvió al ruedo y tras cuajar una gran faena cayó al suelo en redondo. Pésima corrida de Garcigrande ante la que Morante escuchó los tres avisos de un toro y El Juli fue silenciado. Fotos por Gregorio Torres.

Por Daniel Herrera.

Morante, El Juli y Roca Rey protagonizaban este jueves un cartel que había despertado el interés de los aficionados, que casi rozaron el lleno en los tendidos de La Malagueta para presenciar a dos diestros consagrados junto a uno que, al paso que lleva, lo será dentro de muy poco.

La tarde se desarrolló entre la épica y la tragedia, marcada por la actuación del joven espada peruano, que mostró la verdad de esta fiesta en forma de sufrimiento y vergüenza torera. Tras haber estado enorme en un quite variado en el toro anterior de El Juli, al primero de su lote lo lanceó a la verónica adelantando la pierna, lo llevó por chicuelitas andando al caballo, y tomó la muleta para iniciar la faena a un astado sin codicia, que se quedaba corto y no humillaba. Sin dejarle ni un respiro, le fue obligando de uno en uno a tomar la muleta hasta que fue cogido mientras toreaba al natural y conducido inmediatamente a la enfermería. Tras unos instantes de desconcierto, la plaza rompió en una clamorosa ovación al ver salir al héroe sin chaquetilla y con el chaleco reventado para seguir toreando con rotundos pases por el pitón derecho y una tranquilidad pasmosa. A partir de ahí, las emociones se fueron sucediendo con tandas en redondo rematadas con pases de pecho majestuosos que pusieron al público en pie. Aguantó estoico las miradas que nuevamente le dedicó por el pitón izquierdo, y dejó a todo el mundo frío cuando tras pinchar en tres ocasiones, cayó en redondo al suelo. Tuvo Morante que salir a terminar de salir, en un instante de angustia absoluta que mezquinamente quiso ser aprovechado por una antitaurina a la que le importaba poco la vida de un ser humano. Aunque se tratase de un superhombre como Roca Rey.

Ya durante toda la tarde, la atención de lo que sucedía en el ruedo se compartía con las noticias que llegaban desde la enfermería. Finalmente, el diestro, que presentaba una «herida contusa por asta de toro en el abdomen» y una herida inciso-contusa en el labio superior fue trasladado con «pronóstico grave» al Parque San Antonio para ser explorado.

De pasión fue el comienzo de la tarde de Morante en la primera de las dos comparecencias previstas en esta feria. Le correspondía un toro con el hierro de Domingo Hernández (exactamente lo mismo que el anunciado de Garcigrande e igual de malo que fueron todos los lidiados) que manseó de salida y al que se le dieron dos puyazos fuertes. Sin haber visto nada de su arte, al inicio de la faena dejó una trincherilla con cierto gustito, o eso quisimos verle. Al siguiente muletazo, el animal se cayó y todos despertamos del sueño. La verdad es que era un toro que embestía andando, sin celo alguno, y que nunca tuvo intención de emplearse ante la muleta que le presentaba el sevillano. Por si fuera poco, era mironcito y le hizo saltar al olivo tras dejar media estocada. A partir de ahí, no quiso ni verlo, y apenas si disimuló su intención de descabellar. Lo hizo una vez sin suerte y los avisos se fueron sucediendo ante la desidia en el ruedo, dejando que pasase el tiempo y sonaran los tres avisos. También sonó la bronca, recrudeciéndose cuando al ver que no había forma de volverlo a meter en el corral intentó descabellarlo tras el burladero en dos ocasiones sin suerte. Finalmente, entró por su propio pie tras los cabestros en medio de una protesta monumental.

Lo que son las cosas, de la pasión se pasa en un momento a la gloria, con los atronadores oles que se sucedieron al recibir el de la Puebla a su segundo con verónicas cadenciosas. Fue una lección a cámara lenta de cómo hay que manejar el capote. Los pitos se tornaron en palmas, en una muestra más de la grandeza de esta fiesta cargada de sentimientos y emociones. El animal llegó a la faena desplazándose pero sin clase, y en un primer momento Morante parecía estar sólo obsesionado con quitarle una banderilla que le estaba molestando. Una vez se deshizo de ella, comenzó a torear al natural, pero el animal seguía sin emplearse y el resultado resultaba soso. Sin embargo, por el derecho por unos instantes llegó la magia. El toro se desplazó y pareció que la tarde por fin iba a romper en positivo, pero no hubo continuidad en las embestidas y tuvimos que conformarnos con destellos.

Una vez reconciliado con la afición malagueña, tenía que volver a salir a estoquear el que Roca Rey no pudo lidiar. Quiso dar un recibo capotero a pies juntos, pero luego toda la lidia se desordenó en picadores y banderillas, en un desastre absoluto que no sería remediado en tablas con un toro que fue barbeando en tablas hasta dar la vuelta al ruedo ante la desesperación de todos.

Tampoco comenzó bien la tarde para El Juli, si bien pudo lucir con la muleta de salida con lances de manos bajas y luego en un quite por chicuelinas con dos medias con el revés del capote que fueron muy jaleadas. Posteriormente, se fue a los medios a brindar al público y, cuando se reunió con el de Garcigrande, éste salió corriendo despavorido, pidiendo que la faena se desarrollara en chiqueros. Hasta allí se fue el madrileño, soportando espantadas continuas. Le pudo al burel la mansedumbre ante su nobleza, y su primera actuación pasó en blanco.

Algo más lucido pudo estar en el quinto, aunque después de tener que hacer un ejercicio de ingeniería técnica a un toro que esperó en capotes y banderillas, y con el que tuvo paciencia infinita para ir poco a poco exigiéndole para ir prolongando sus embestidas. A mediación de faena, se vio que el trabajo estaba dando sus frutos en tandas más profundas y ligadas por los dos pitones que, sin embargo, no calaron en los tendidos y fueron recibidas con relativa frialdad. Luego, como sucediera con su primero, estuvo desafortunado con los aceros y sumó su segundo silencio sepulcral en una tarde de gloria y tragedia sobre el ruedo de La Malagueta.

Publicado en La Opinión de Málaga

En Guadalajara: Roca Rey trae la escoba… y va a mandar

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PRENSA R. REY |Roca Rey, en una imagen espeluznante, con el pitón en la boca y la taleguilla destrozada.

Por Francisco Baruqui

Se presentó en Guadalajara un torero…

Torero de la montera a las zapatillas, con apenas 19 años y ya matador de toros con tronío que trae la escoba… y va a mandar.

De la hermana Perú, Andrés Roca Rey, lo aseguro es de los toreros que salen allá cada treintena de años. Espigado, alto, con empaque de figura, con el sentimiento artístico que desborda aunado a un valor cabal, auténtico, de verdad, cayendo de pie e impactando ante la afición tapatía.

Capote de privilegio, sueltas las manos, bajas, abriendo el abanico para el lance a pies juntos continuando con ceñidas chicuelinas arrancando la estruendosa ovación al rematar con larga cambiada de hinojos que fue su carta de presentación. Quitando por tafalleras al intentar echarse la capa a la espalda, fue arrollado y prendido aparatosamente, llevándose un palizón de órdago, quedándole la taleguilla destrozada a la altura de la cadera. Sin inmutarse, el chamaco de pie llegó al tercio de muleta para desbordarse en un faena impactante ante un burel de poco lucimiento al que entendió a la perfección para engranar series de toreo por abajo con ayudados con la derecha y al natural con la zurda, aplicando el leve quiebre de cintura y la elasticidad en su muñecas para pases pletóricos de temple, sin que las finas astas del morito alcanzaran nunca la tela de la muleta. Clavadas las zapatillas en la arena, tal como inició su trasteo con pases por alto, aguantando y barriendo los lomos, dio la tónica de ponerse en el sitio de los grandes, de esos que, insisto y repito, traen la escoba para barrer y cetro para mandar.

Ritmo, armonía, cadencia y entrega absoluta en un torero excepcional que cuenta con todo para ser figurón, ganándose al público todo que le coreaba ‘¡torero, torero!’ como hipnotizado por el caudal artístico de este fuera de serie, venido de tierras peruanas pero hecho en ruedos españoles. Perfilado en corto aunque un cuanto precipitado, pinchó en dos viajes, para en el tercero cobrar estocadón, y con un público arrebatado que pedía la oreja, recibirla con todo merecimiento para dar la vuelta al ruedo con el batir de las palmas, con un lesión bucal por la que perdió varias piezas dentales teniendo que ir a la enfermería y salir a matar corriendo turno, el quinto de la tarde, toda vez que Octavio García “El Payo” al que vi desde partir plaza mal de semblante y extremadamente delgado, que tras de matar su primer toro sin transcendencia mayor, fue llevado a la enfermería de la que ya no salió.

Motivo tal, fue que Roca Rey, saliera en el quinto, con la taleguilla vendada y sin la chaquetilla, luego de los golpazos que se llevó, volver a darse en el mismo tenor de su primero, emocionando ante el toro más serio del encierro pero que, lamentablemente, pocas condiciones de lucimiento ofreció. El trasteo fue largo, iniciándolo con pases cambiados por la espalda sin moverse que conmocionaron a los tendidos, para continuar con derechazos y naturales, siendo cogido de nueva cuenta espectacularmente sin herida que lamentar, pero con el temple con el que los instrumenta, rematando siempre, con sendos pases de pecho, llevarse aplausos fuertes. Lamentablemente cobrando entera defectuosa al “hacer guardia”, lo que significa que la hoja de la espada saliese por un costado del toro, para posteriormente cobrar una entera bien ejecutada y descabello al primer golpe, hacerse merecedor a una vuelta al ruedo entre los gritos de torero, torero.

Al margen de apéndices cortados, la presentación de Roca Rey, ha sido esplendida al hacer a Guadalajara y su afición testigo de un torero con un proyección de alcances de alto, muy alto, altísimo nivel, que quiera Dios, que le respeten los toros, dado que se pone en donde las figuras mandan pero también en donde vienen las cornadas. Estamos con alegría porque Andrés, el chaval de 19 años, trae todo para renovar el marasmo, el tedio y el aburrimiento de un toreo repetitivo que hasta el hoy venía campeando por los ruedos taurómacos.

Su presencia en la próxima temporada española, seguramente será de alboroto, repito, que le respeten los toros…

De Eulalio López “El Zotoluco” cabe decir que tuvo una actuación con tres astados, dos de su lote y uno de “El Payo”, tuvo una actuación profesional con voluntad y tesón, haciendo gala de su buen oficio, pero sin alcances mayores que le valieran lo más, una salida al tercio de su segundo, ya que voluntad no quedó, rematando su faenas con varios viajes con la espada pero sin proyección mayor que la de un torero veterano que, con maestría, resuelve la papeleta lo mejor posible.

Por cuanto a los toros…

Repito, por cuanto a los toros, los tres de La Estancia, mal presentados, de feas hechuras y manifestando media casta desde el tipo a las lidias que dieron, lamentablemente vemos que la mansedumbre campea, y con mansedumbre tal, la emoción se ausenta sobreviniendo la moleta intrascendencia que da al espectáculo un sentido de parodia.

Los de Celia Barbabosa, con mejor presentación y trapío, sin nada de extraordinarios, tuvieron movilidad de toros de lidia pero la bravura escasea y el descastamiento manda.

Así, la brillantez y lujo de un espectáculo que se basa con mucho en la grandeza, se opaca. Volviendo a reconsiderar que la fiesta es de toros… y de toros bravos… lo demás; lo demás… es lo de menos.

Apenas un cuarto de entrada, influyendo seguramente el puente vacacional y las ofertas del “Buen Fin”. Los que no fueron se perdieron lo de Andrés Roca Rey.

Publicado en El Informador.