Archivo de la categoría: Luis Eduardo Maya Lora

COMUNICADO: Vuelve @Taurinisimos – NUEVA TEMPORADA. HOY 7 PM www.radiotv.mx #TemporadaGrande.

Taurinísimo Original
Hoy @Taurinisimos. 7 de la noche opr RadioTV.mx.

Nueva Temporada Grande y nueva temporada de Taurinísimo, la tercera, a través de la red, a partir de hoy a las siete de la noche y todos los viernes siguientes a través de http://www.radiotv.mx en vivo: Taurinísimo, el programa taurino de la red. Luis Eduardo Maya Lora junto a Miriam Cardona y José González retoman este espacio como desde 2014, a partir de hoy, en el sitio de siempre un compromiso con la Afición taurina.

COMUNICADO– TaurinísimoTV.

Este viernes, hoy, 19 de Octubre, en punto de las diecinueve horas, siete de la noche, la estación de radio y televisión por internet, RadioTV (www.radiotv.mx) estrena la Tercera Temporada de su programa taurino: “Taurinísimo”.

Como desde 2014, se transmitirá semanalmente durante la Temporada Grande.

La conducción del programa estará a cargo de Luis Eduardo Maya Lora (@CaballoNegroII) cronista de este Portal, quien estará acompañado de Miriam Cardona (@MyRyCar) y, tal como al inicio de esta emisión en Junio de 2014, el crítico taurino José González (@JoseNinoG), retomando así el equipo original. Reiteramos que los fundamentos de nuestra emisión siguen siendo y serán la afición a los toros, la independencia y el único interés de fomentar el sentimiento y arte taurinos.

Como es esperado, a partir de hoy,  tras el anuncio de la Temporada Grande de la Plaza México analizaremos el anuncio y los 10 primeros carteles sin mayor atadura que el gusto taurino.

Convocamos a la Afición taurina a quien agradecemos su espera y paciencia a sumarse de nueva cuenta a este ya conocido espacio a través de www.radio.tv así como las redes sociales Fan Page: FB/Taurinisimo y Twitter: @Taurinisimos, así como el canal de YouTube:TaurinsisimoTV.

“Arte – Pasión – Entrega” siguen siendo lo que distingue a la emisión que hoy comienza y que esperamos nos brinde la Afición  su presencia y preferencia.

Agradecemos la atención a partir de hoy y los viernes siguientes, como siempre a  las siete de la noche.

¡Enhorabuena!

Twitter: @Taurinisimos.

Anuncios

La Estela del Brillo – La México: Triunfo y Firmeza de José María Hermosillo.

Así de rotundo, firme y rota la cintura, José María Hermosillo manda sobre la embestida de “Campeador”, a la casta del novillo de San Antonio de Padua se opone el mando del torero. FOTO: Toca.

Tarde entretenida y de realidades en diversos aspectos en la Plaza México. Se parcha el encierro y, pese a la desigualdad de trapío encuentra varios episodios de mucho interés en una novillada donde incluso el clima embiste a favor del aficionado taurino. En esas, Roberto Román encuentra el camino inevitable a su realidad taurina mientras Héctor Gutiérrez se ve rebasado en concepto y realización por la gran posibilidad más que promesa, de José María Hermosillo que, salvo con el estoque, libra uno por uno los obstáculos que la novillada le coloca hasta romper en otra importante faena que lo coloca al frente de la novillería mexicana y a la espera dentro de quince días de finalizar por todo lo alto esta campaña novilleril, esperemos sea el comienzo de una gran carrera taurina.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México. Foto: Edmundo Toca Olguín.

Se cumple el centenario de la muerte de Saturnino Herrán, el genio entre genios de la pintura mexicana, esperanza joven, frustrada, para variar, y a destiempo. De Aguascalientes. Y en Aguascalientes se encuentra viva mucha de su brevísima obra. Incluso, sabemos, se guardan celosamente sus apuntes taurinos enclavados en la primera época de la Plaza San Marcos.

Hoy, seguramente sin intención alguna, La México programa tres hidrocálidos.

Pero lo hace ante un encierro parchado sin necesidad alguna.

Con todo el tiempo del mundo para haber reseñado una novillada entera, seria y bien hecha, que se eleve a la ocasión, la Monumental cae en retraso y parcha el encierro de Maravillas, por suerte, el remiendo de San Antonio de Padua trae consigo los episodios más interesantes de la Temporada.

El cartel bueno queda en mano a mano por la natural realidad de Roberto Román todo deseo pero nulo en idea y concepto, enganchado y sin sometimiento con el capote, tiene la pésima suerte de encontrarse con un alto y muy serio novillo de origen Rancho Seco -esa capa cárdena, ese cuello y esos pitones no mienten- al que deja hacer lo que se le viene en gana, en vez de someterme de salida.

El toreo empieza cuando el toro para. El cárdeno en vez de deternerle, arrolla.

Nadie es capaz de ordenar, de aconsejar, en última instancia, mandar en el más que bisoño novillero quien desatinadamente se da a tirar de la cordobina de recibo, queda desarmado y hace que el novillo empiece a alargar la gaita desde muy temprano. Crudo tras el brevísimo y flojo puyazo -cuando las cuadrillas deben pegar no lo hacen- llega a un intento de quite donde gana terreno y, al tratar Román de rematar, apunta el pitón derecho a la ingle. La Virgen vuelve a cuidarle en los aires pero, ya en el piso, el novillo lo tiene a merced y no le perdona.

Ahí la tarde cambia pues hace que sobre los dos valores más adelantados de la novillería mexicana caiga el pesado fardo de la responsabilidad: Hermosillo y Gutiérrez.

Pero hay con qué responder.

Ese cárdeno tlaxcalteca se encuentra a José María Hermosillo lleno de sitio e inteligencia. Antes, en el que abre plaza, sobrepasa la prueba de un serio y bello ejemplar de Maravillas uno de esos novillos cuyo juego es regular, pues rasca y tardea en muleta tras mediocre tercio de (una) vara. Hermosillo, emociona en los lances, gusta en el quite por tafalleras al grado de pegar una en redondo y rematar hasta el exceso a una mano. Luego, se da a correr la mano a un novillo que duda pues le falta la casta para crecerse ante el exigente mando. Corre la mano por ambos lados con entendedera, la muleta en el sitio desde el inicio alternado abajo hace al novillo templarse y acudir.

Emociona pero mata mal.

Jorge Ramos, milagro, niega correctamente la oreja. Ojalá hayan tomado nota Jesús Morales y su secretario Juan Vázquez, pareja para el olvido. Bien Usía de forma, al no haber mayoría visible y de fondo, al no premiar una estocada defectuosa por atravesada.

Pero poco importan los trofeos cuando se tiene arte y cabeza.

Por ello, el cárdeno tercero y su juego, pese a no ser su toro, pese a lo crudo que queda y el sentido que desarrolla gracias a la falta de sometimiento inicial y al relajito que le forman las cuadrillas encabezadas por Christian Sánchez que recorta el viaje tras pasar en falso como si el novillo no hubiera aprendido lo suficiente, no hace mella en Hermosillo que se lo quita de encima con perfecto toreo de castigo de inicio por bajo, rematando con solvencia y suficiencia. Es más, prácticamente, lo hace pasar con la derecha con un mérito tremendo y al novillo, al fin sometido, lo único que le queda es morir de cara al sol tras la estocada.

Tras responder Hermosillo, queda la pena de que no haya mayor imaginación y pesen más sabrá Dios qué compromisos para hacer que el muchacho Héctor Gutiérrez repita tres domingos seguidos en la Plaza México y para este tercero muestre cierto cansancio mental. Aun así, lo intenta con el cárdeno claro segundo, chico pero con cara seria. Gutiérrez luce con el capote pero se muestra algo repetitivo y sin frescura con la muleta. Se trata de un novillero que esta vez sacrifica el fondo en pos de una forma que no le abona, equivoca el inicio con el cambiado por la espalda y el novillo, que necesita empaparse de muleta, pone el freno de mano para el último tercio.

Torear no es componer la figura. Torear no es lo mismo que dejar pasar.

Por ello tras la muerte del tercero, Gutiérrez se ve contrariado con el flaco, esmirriado, cariavacado e impresentable cuarto. Para sorpresa del personal el negro astado de Maravillas, hay que reconocerlo, embiste. Y no para. Gutiérrez trata pero no consigue nada en firme. Se confía, hace concha y el novillo no le perdona esa fijación que tiene por componer la figura, pendiente de las posturas a la mitad de la suerte y los desmayados remates. No es suficiente, aburre y se queda por debajo de la circunstancia.

Ese contraste se marca aun más al correr turno, con el quinto, el segundo novillo de San Antonio de Padua que deja en alto el color de la divisa por su hechura, apenas el trapío exacto para un cartel de este nivel y para esta Plaza y por la lidia que le otorga José María Hermosillo. Bien hecho de arboladura fino de corte es bien recibido por el novillero con la capa donde remata a una mano de salida. En cambio es muy maltratado por Efrén hijo en la cabalgadura. Cómo sería el golpe que el aparato motor del novillo resiente el efecto del feo puyazo contrario y sus patas traseras se doblan.

Ante todo eso el temple queda, alivia.

Y queda la casta, que rescata.

En la caleserina al propio ritmo del novillo y pese a que dobla las manos, Hermosillo aviva la esperanza y, aun adelantando la suerte, único señalamiento que hacemos al diestro, el astado da la pelea y el torero luce en la larga de remate. Lo mismo en banderillas donde agarra el astado aire al grado de derribar a Gilberto Aragón Zamora, como siempre sufriendo.. Hay casta pero falta fuerza. José María, entonces, aplica la medicina, quietud y alivio por alto, en el inicio pegado a tablas que repara el tranco del novillo quien le dicta al torero no hacer tonterías como ese intento de cambiado por la espalda o querer ligar derechazos en el mismo inicio que solo derrumban.

Diría José Chafik, al novillo mexicano hay que esperarlo pues éste enseña a torear. Hermosillo lo hace consiente inicialmente.

Y comienza entonces, en plenos medios, el concierto.

Hermosillo abandona el intento inicial de llevar muy por bajo y ajusta a la media altura para, además de mantener el pie, encelar, lograr que el novillo rompa adelante y, pese a tener el hocico floreado, crecerse al acariciar la embestida en derechazos largos y en un pase de pecho con la derecha completamente en redondo. Perfecto al natural pese a lo despatarrado, Hermosillo rompe su muñeca pese a trompicarse en algun momento por la colocación esencial de su muleta y el despliegue de su trazo. No duda cuando las miradas se cruzan en el cite y se apodera de la embestida, en definitiva, tras tardear el astado previo a un magnífico pase de la ranchera donde el cambio de mano hace reventar a la Afición junto al de pecho ligado.

Luego la tanda grande con la derecha, abierta con amplio pase de pecho donde prende Hermosillo los muletazos adelante y en los que se rompen plenamente su cintura y su muñeca, donde se va detrás del muletazo en redondo y ahí donde le pelea el novillo apretar y responde abrochado la tanda en pleno clamor con magnífico remate arriba y ayudado por bajo.

De cartel.

En otra época, no tan lejana, prendas y dianas habrían caído y tocado desde las alturas

Ya en la postrimería, con la faena hecha, las dosantinas y nueva ranchera ya cerca de tablas, pese a coquetear con pasarse de faena e intentar la arrucina, deja la mesa servida para la estocada algo caída. Esto y la casta del novillo retardan la hora final al grado de, en medio de un silencio total, requerir el descabello tras el aviso, perfecta decisión por parte de la Autoridad que preside y que hoy ha estado en el sitio.

Y una escena magnífica es la que sobreviene entonces.

La cruceta se asoma en el callejón y la gente, que desea el triunfo como el propio diestro, sabe que el descabello puede prevenirlo. Pero el arte del torero es una constante apuesta de la cual José María Hermosillo, no se raja. Al contrario, pese a demorar el uso del verduguillo y el aviso que diluyen la segunda oreja, el diestro se serena, busca encontrar el sitio exacto y el momento preciso en que “Campeador” descubra y, entonces, el rayo plateado de la espada ejerce con toda su fugaz, fulgurante y fulminante belleza con el descabello perfecto que rompe el silencio con el estruendo que no logra la segunda oreja pero que valora y aclama la gran faena. Oreja con todo el peso del triunfo y la responsabilidad, oreja que huele a triunfador.

Discutible el Arrastre Lento por la falta de fuerza, indiscutible por la casta y la bravura. Entonces, en tal caso, in dubio pro bous.

Gutiérrez se ve insípido pese al esfuerzo con el cierra plaza, manso e intrascendente.

Rebasado su forma habrá que esperarle, claro que sí, en la de triunfadores, donde saldrá a no dejarse rebasar. A picarse con lo ocurrido hoy a ver en Hermosillo a un adversario peligroso, sí, pero al que habrá que responderle a la altura.

Lo veremos. Ahí estaremos.

Ya quien se lo quería perder… pretexto no hay.

Falta que la Empresa, después de lo ocurrido, no vaya a convertir la graciosa huida en desapasionada intriga.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2018. Domingo, Octubre 7. Noveno festejo de Temporada Chica. Menos de un cuarto de Plaza en tarde espléndida por fresca y prácticamente nula de viento. Nubes blancas durante los primeros dos turnos y,  tras el quinto alumbrado artificial.

6 Novillos, 4 de Maravillas (Divisa Morado y Rosa) Disparejos de presencia, esmirriado y acariavacado el negro quinto, preciosos primero y segundo, bonito aunque chico el sexto. El primero es mejorado en la muleta por el espada en turno, no peleó fuerte en varas y le faltó casta en el último tercio, el segundo calamocheaba no obstante ofreció posibilidades. Bravo el anovillado cuarto que no paró de embestir a la muleta y flojo el sexto; y 2 de San Antonio de Padua (Divisa Caña y Nazareno) Desiguales, muy serio el tercero desarrolló sentido gracias a la pésima lidia otorgada por espada y, especialmente, las cuadrillas. Hermoso aunque chico el quinto, número 109 “Campeador” nombrado de 386 kilogramos, que desarrollo buenas virtudes por ambos pitones pese al puyazo y la falta de fuerza, sacó bravura en la muleta. Fue homenajeado con, discutible, Arrastre Lento.

Se corre el turno por la cornada del tercer espada, lidiándose el quinto en cuarto lugar y viceversa. 

José María Hermosillo (Grana y Oro) Vuelta tras Petición, Ovación y Oreja con petición de la segunda tras Aviso. Héctor Gutiérrez (Grosella y Oro) Ovación, Silencio y Silencio. Roberto Román (Grana y Azabache) Palmas al retirarse a la Enfermería.

Extraordinaria e inusitada actitud, por seria y centrada, de la Autoridad que preside en persona del Juez Jorge Ramos que niega perfectamente la petición tras la muerte del primero y la segunda oreja a la muerte del quinto además de enviar muy atinado y en el sitio el aviso al primer espada previo a la muerte de este astado, no obstante, discutible, el Arrastre Lento a este último pero procedente.

Protestan actuantes, espadas y cuadrillas con vuelta al ruedo contra las iniciativas contrarias a los festejos taurinos aludiendo al Artículo 123 Constitucional pero omitiendo el muy importante 5, referente a la libertad de profesión.

Pésima tarde de las cuadrillas a pie y a caballo. Artero puyazo contrario y carioca de Efrén Acosta hijo ante el quinto al que daña el aparato motor. Fatal a la brega Diego Martínez, no obstante consigue un excelente par de banderillas ante el cuarto y sus correspondientes saludos. Bien Fernando García al banderillear al difícil tercero lo mismo que la valentía de Adolfo Sánchez al tragar y salir comprometido tras banderillear al primero, ambos saludan en su turno. Ventajosos y abusivos los lamentables recortes tocando los lados de Christian Sánchez haciendo desarrollar aun más sentido al referido y peligroso tercero, no obstante, se cuela, para no variar, en el saludo de GarcíaGilberto Aragón sufriendo como cada fin de semana en banderillas es derribado por el quinto. Tarde desigual con el capote de Juan Ramón Saldaña. Mal colocado y desarmado Marco Antonio Dones.

Natural de José María Hermosillo a “Marismeño” el novillo que abrió plaza de Maravillas. FOTO: Toca.

San Miguel Sin Espadas – Milagroso Toro Bravo en San Miguel El Alto.

Juan Pablo Sánchez en el derechazo al cuarto. No hubo más opción.

La lucha, la perversidad y la acechanza de la que ampara San Miguel Arcángel, gladiador epónimo, aparecen al menos en un breve pero interesante capítulo que hace notar lo único taurinamente digno de reseña en la última corrida de Feria en el bellísimo San Miguel El Alto y su aun más hermosa plaza. La casta aparece cuando se piensa perdida, el orden que brinda el toreo alumbra cuando hay, al menos, un momento de compromiso que frena el caos de una plaza cuyo tendido se disloca pero que en el fondo muestra su predisposición al arte del toreo. Todo se derrumba gracias a la chabacana actuación de Sergio Flores, la ya permanente desigualdad de Arturo Saldívar, la desesperante inutilidad con la espada de Juan Pablo Sánchez y un ganado que en el resto de la tarde, simplemente, da pena.

Por: Luis Eduardo Maya Lora  De SOL Y SOMBRA.

 

Solo la vista de la cantera rosa de San Miguel El Alto paga todo lo que implica llegar a tan distinguida población alteño jalisciense. 

 

Cantera es buen gusto, solera y refinación. 

 

Todo esto se traslada a una Plaza en camino de su bicentenario, bien nombrada con el nombre de Carmelo Pérez, dotada de una preciosa arquería con remates canteranos y cantera labrada, que solo puede verse rebasada en belleza por las mujeres que adornan su tendido. Que todo se parece a su dueño. Porque, no olvidemos, los alteños y alteñas de San Miguel son los dueños de la Plaza.

 

Y para este año los arrendatarios del coso traen dos carteles en papel, buenos. Pero en este segundo y último episodio taurino de la Feria, una ganadería grande como Barralva echa a perder el asunto completamente. Porque siempre hemos creído que en las ganaderías grandes sí distinguen entre las Plazas a las que lidian por eso más vale no traerlas aquí. Sobre todo habiendo no pocas ganaderías en la región.

 

La corrida, además de terciada, es fea. Escandalosamente sospechosa de pitones. Casi de desecho en su parte más impresentable, débil y a menos, el resto.

 

Así tenemos que el lote de Juan Pablo Sánchez es muestra del mexicanísimo “A’í se va”… O sea, el compromiso es no comprometerse demás, solo guardar las apariencias, echar un horrible astado, de fea hechura para abrir plaza, corto de cuello y cornipaso, manso hasta decir nomás. Sanchez mide el puyazo, apenas picotazo, destaca al natural en una tanda de muy completo y realizado trazo, lo mismo que una por el lado derecho antes de que el barralva diga no, gracias, hoy no he venido a embestir. Ni Sánchez a matar. Bajonazo, pinchazos y descabello. Un Aviso.

 

Entonces la Plaza que tiene un tendido de sol alebestrado por la ignorancia, el relajo y el jolgorio de un grupo de asistentes, poco taurinos, pendientes de la juerga y el alboroto, que abuchean al picador tan solo al salir, toma irracionalmente partido por el igualmente feo segundo, un toro nervioso que su hechura promete muy poco pero que tan solo pasar por el capote de Saldívar y apretarle lo hace ver mal, se anticipa que el tercio de varas, ante tal escenario, podrá ser terrible.

 

Pero no, a veces, los milagros también ocurren.

 

Entonces el burel mete la cabeza fuerte y abajo, Guillermo Cobos se agarra de un buen puyazo en lo alto y, como cosa sorprendente, la gente, que de esto entiende poco pero siente mucho, sabe que hay un peligro franco, una sensación de emoción válida y natural que el riesgo existe porque al salir el toro busca pelea, se va para arriba y más cuando Saldívar decide no picarle más, en muy arriesgada decisión.

 

Y de ahí el asombro crece más porque el toro es el dueño absoluto de la escena, por su firme paso e intimidante mirada se hace amo y señor del ruedo, aprieta a las cuadrillas, esta agrupación que de plano no da una, que se ven en complicación cuando en un zafarrancho total, uno es levantado, otro tropezado y nadie es capaz de mandar.

 

Apenas y se completa el tercio de banderillas.

 

La cuestión, tanto para los entendidos como por los que sienten sin entender, es ver si alguien es capaz de parar a este negro y anovillado burel. Y someterle. No se sabe pero se siente. Arturo Saldívar hace por fin lo más torero de la tarde. Empieza por bajo con el nervio del toro palpable, la Plaza que calla bajo el sol y es capaz de someter, de hacer que el toro detenga las patas. Que el toreo empieza cuando el toro para. Y, tras el inicio alternado y por bajo, Saldívar echa adelante la muleta con la derecha, se queda firme, se da a ligar y somete abajo al astado que se vuelca hacia el trapo apretando al torero quien resuelve el quinto pase con el de pecho arriba tras el cambio de mano.

 

La gente estalla reconcilia la actitud torera cualquier otra sensación de desapego, porque cuando el toro bravo se aparece, aun este anovillado, la gente se centra, los vendedores se detienen y las cosas, por un instante al menos, vuelven a su sitio.

 

Lo malo es que solo es un momento, Saldívar se pierde con el cuento de la música

 

Por ello su faena se reduce a una tanda más donde ese paso tan necesario que gane tras el cuarto pase no llega como tampoco el toreo al natural donde el toro, sí, exigía más y por donde, claro está, más valía. Saldívar echa para atrás tras el cite, no se lo juega, para qué, si aquí, dice el oficialismo, “no pasa nada”, algunos, tristemente, lo ven como “pueblo”. La faena derechista es ensayo de lo que pudo ser. La faena, con el toro desarrollando algo de sentido al final no rompe a donde apuntaba, manoletinas finales y uso fatal de la espada. 

 

Una oreja más que benévola.

 

Saldívar está instalado en la más terrible frivolidad y desigualdad.

 

Imposible con el manso quinto que le engancha y desarma con el capote. Lo mismo con el de regalo de La Punta, manso y soso que le hace ver rápido y sin firmeza, todo lo que no muestra con el segundo. Con las grandes plazas a la vuelta de la esquina alarmante es el estado de este torero.

 

Sergio Flores ya agarró el modo, el son digamos a la gente. Chabacaneo claro aun  con momentos de torería como los lances al burraco, de línea española, tercero. Un trincherazo genial al iniciar la faena pero luego llegó la chapuza de la música y la muestra de la más corriente y apurada versión de este torero que tras rodillazos, molinetazos no ha sido, como sus compañeros de cartel, capaz de dar la muerte por lo alto, acaba tirándose al callejón. 

 

Aun así la oreja llega, gracias al bajonazo confundiendo a la asistencia.

 

Lamentablemente.

 

Sánchez con el más hermoso de los seis titulares tiene la mala suerte que el astado parece lastimado de los cuartos traseros y no se puede desplazar. Sánchez no atina con la espada, preocupante que pasan los años y el hidrocálido no puede manejar el estoque con solvencia. Afortunadamente, San Miguel Arcángel hace siempre buen uso de la espada. Y por eso a San Miguel pedimos, como dice su oración, arrojar allá abajo, a todos los espíritus malignos dispersos por el mundo.

 

El mundo taurino lo agradecerá porque la Afición lo necesita.

 

Así sea.

 

Twitter: @CaballoNegroII.

 

RESUMEN DEL FESTEJO.

 

San Miguel El Alto, Jalisco. Plaza de Toros Carmelo Pérez. Feria de San Miguel Arcángel, 2018. Sábado, Septiembre 29. Segundo y último festejo de Feria. Lleno en tarde espléndida de cielo, sol con apenas unas ráfagas. Palco condescendiente, mitad de la concurrencia ávida de jolgorio.

 

7 Toros, 6 de Barralva (Divisa Celeste, Amarillo y Azul) Totalmente sospechosa de pitones, desigual en presencia: horrible por chico y de fea cabeza el primero, alto y serio el burraco tercero que dura poco pese a su buen inicio. El cuarto hermoso por reunido y bien hecho pero débil y manso, fallan por falta de fuerza y casta quinto y sexto. Destaca el feo pero muy interesante segundo que derriba en un único encuentro y se va para arriba encastado y bravo siempre a más, inédito por el pitón izquierdo; Y 1 de La Punta (Divisa Rojo, Plata y Oro) Séptimo, sobrero de regalo, bonito serio, sospechoso de pitones y soso en su juego. El segundo, número 346 de 476, “Tío” nombrado debió ser homenajeado con el Arrastre Lento dada su casta y bravura.

 

Juan Pablo Sánchez (Granate y Azabache) Silencio tras Aviso y Oreja. 

 

Arturo Saldívar (Nazareno y Oro) Oreja, Silencio y Ovación. 

 

Sergio Flores (Obispo y Oro) Ovación y Palmas.

Los tres espadas matando por todo lo bajo, terriblemente mal usado el estoque por parte de la tercia.

 

Mal la Autoridad al ceder e inadecuadamente premiar a primer y tercer espada.

 

Bien a caballo los picadores Guillermo y Héctor Cobosal picar al segundo y cuarto respectivamente. Pascual Navarro toda la tarde fuera de sitio y fuera de forma.

El Precipicio Novilleril – Reanudación Menor con Diluvio Mayor en La México

La actual Plaza México oficializa un nuevo calendario: acostumbrémonos. Las novilladas serán dadas así seguramente en un intento de inventar lo ya inventado o de alguna otra situación externa que ya habrá tiempo de explorar. Sea el clima, las circunstancias, la difícil situación taurina, la falta de interés… sabrá Dios que tantas más excusas habrá, lo cierto es que la mala suerte se atrae y ayer es la muestra. La lluvia inclemente ahoga toda posibilidad de emoción incluyendo la bravura de la novillada de Caparica y la seriedad en los actuantes que salvo Héctor Gutiérrez con las reservas del caso, deja cualquier opción de triunfo apagada.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Sospechamos que… el piso tendrá la culpa.

Nada salva al encierro. Más tomando en cuenta que la bravura lo ha de ser siempre y bajo cualquier circunstancia. Echemos mano del ayer. Para variar. Año 2009, Sergio Flores debuta inmejorablemente una tarde de sol con la novillada de Don José Garfias de los Santos a quien tanto se le extraña y por quien hoy hacemos votos para que su salud mejore. A los ocho días, dadas las dos orejas que corta, se le repite, claro está, fue con la de San Judas Tadeo y, en plena tarde lluviosa, triunfó.

La razón es la capacidad torera, llovía igualmente, las cuadrillas se rajaban y él, en el único lugar relativamente seco del ruedo, en los adentros a un costado del toro, se llevó a aquel castaño y, recuerdo bien, ligó los naturales, emocionó se arrimó a conciencia y triunfó.

Pese a todo y pese a todos.

Ha sido tal la circunstancia de esta novillada que a la salida del primero la concurrencia recibe un golpe de decepción, esos que quitan la afición y el gusto a cualquiera: la presencia de un abecerrado burel. Una vergüenza. Esta administración tan preocupada en lidiar durante estos dos primeros años de gestión novillos sin picadores, ayer se olvida que en dichos festejos ha echado lo serio pero hoy cuando las cosas tienen que elevarse a la altura de la coyuntura no lo hace.

Tan sólo el becerro es la respuesta. Y responde además porque la inocencia infantil del toretillo busca afanosamente el engaño, un bombón para devorarse entero si cae en buenas manos. Cae en las equivocadas del guanajuatense Francisco Martínez que triunfa en primavera pero que el otoño no le ve con avances. Muy preocupante es que la mitad de los lances que ha pegado de recibo han sido enganchados y aun así, serán las ganas de aplaudir, La México se da coba, corea y, tras el susto al piquero, en los quites la cosa se empieza a descomponer porque Martínez se deja comer el terreno, no se coloca y se encuentra en la tafallera comprometido al no alternar cada lance.

Y a partir del remate el pequeño pero encastado burel le empieza a formar la cuenta.

Para el segundo tercio, salvo un buen primer par, el resto son ideas sin conexión y que, aun así, el novillo llega con mucho que torear y yéndose largo a la tela. Martínez intenta doblarse pero sus muletazos en vez de ordenar, terminan haciendo que el novillo agarre aire y enganche el último tiempo del muletazo con un brazo que no acaba por mandar y que, aun con ciertos momentos de acople, cuando llega el momento de ligar por pitón izquierdo, el abecerrado burel puede más.

Martínez se pierde por completo. Le engancha, y no remata correctamente con un desorden final del primer turno que es el preludio de una tupida lluvia, cruel porque al sur muy cercano a la Plaza el cielo muestra un agujero de claridad siendo que todo lo demás está oscuro y lloviendo de tal modo que amenaza la continuación del festejo.

Entonces el triunfador hidrocálido Gutiérrez muestra su sitio, su solvencia y aun en pleno aguacero se nota sobrado ante un novillo al que pega un bonito remate a modo de tijerilla en el quite. Pero con tanto mantazo de las cuadrillas el novillo desarrolla hacia lo malo y la cabeza arriba desluce todo. Fuerte el aguacero, enlodándose el piso, la justificación habrá para que las cuadrillas se tapen en el burladero del agua. Sin mayor lucimiento Gutiérrez mata a como puede.

El muchacho Roberto Román, tan desordenado en sus lances, sale a quedarse quieto, lo logra al principio de un quite combinado por tafalleras pero que es desarmado, para variar, si contáramos cuantos quites ha intentado desde novillero sin caballos de un año para acá no encontraremos salvo dos, en que haya podido rematar por entero.

Román se queda quieto pero da la impresión de no saber para qué.

De ahí tanto arropón, enganchón y suplicio incluso para el espectador pues en un momento Román es empalado y al levantarle en vertical se teme lo peor.

Afortunadamente, aun todavía, a la novillería, “la Virgen te cuida”.

Entonces la Banda, luego de la muerte del tercero, mientras las cuadrillas tratan de “asesorar” a los espadas, se da a tocar “En Er Mundo”, “La Chiclanera” y “La Última Estocada” para aportar las cuotas más taurinas de la tarde. Menos mal. Porque Martínez regresaría a mostrarse impreciso, a merced del serio cuarto con el que equivoca el inicio por alto, le prende porque trae la cara alta y desarrolla sentido entre el piso, el tratamiento de las cuadrillas y el desarme que hace al novillo aprender arameo antiguo y al novillero no resolver la papeleta.

Peor con la muleta. Con ello su calvario apenas empezaba.

Porque Martínez habría de volver a aparecer cuando Román cae en el precipicio del sexto cuando la lluvia regresa y ante el serio cierraplaza se ve peor que nunca. Desastre en varas con tres puyazos a mansalva por parte de los de a caballo, peor con la incapacidad de los banderilleros ni sesgando ni al cuarteo ni a la media vuelta. De plano, ese hombre, Jesús Morales, disculpa el tercer par que antes había ordenado. Román advierte que tiene mucho peligro el toro. Y sabe de sus limitaciones pero no encuentra el modo de quitárselo de encima sin pasar por tantas volteretas una terrible de la que cae pésimamente y de la que ya no se repone.

Martínez al borde del tercer aviso, descabellando de lejos y haciéndose para atrás.

Ese tercer aviso no sonó porque Jesús Morales es capaz de todo.

Como regalar la oreja a Héctor Gutiérrez.

Y no porque el hidrocálido no luzca, al contrario. Es el único que hace valer la preparación, el sitio y el oficio que lo hace notar ante el paupérrimo de cabeza cárdeno quinto. Que inicia muy bien que protesta el mantazo que da Gutiérrez a pies juntos previo a corregir y lancear con prestancia y temple, ese mismo que demuestra en el toro anterior en una rebolera de lujo que da al novillo de Martínez. Replica esto en tres tandas, la segunda sensacional por el lado derecho.

Esa que derrumba la casta el novillo de Caparica.

De ahí que Gutiérrez pese a ser frenado por el novillo no ceja en el empeño, la embestida por el pitón izquierdo es casi nula y el hidrocálido se lo juega sin mayor resultado. Las manoletinas son peores.

Mata mal.

Y Morales se come el cuento del propio novillero que trata de alejarse de este precipicio llamado “Nacional de Novilladas” y hace como si hubiera matado por todo lo alto, cosa que no ha sido cierto. Como esto no se valora cuatro desorientados piden la oreja y el desorientado mayor, otrora buen banderillero afloja.

Así las cosas. Acabando la lidia del sexto el aguacero es inmisericorde.

Pero más cruel es el estrépito al que la administración somete a los novilleros, a la Afición y a la Fiesta. La de hoy es una novillada para levantar la ceja, para activar la alarma. Ojalá, con el otoño y sus primeros días, los festejos que restan, sean el necesario filtro, la necesaria regla que dicte de manera natural quien sigue y no.

Por supuesto, la lluvia, esperemos, no esté invitada.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2018. Domingo, Septiembre 23. Octavo festejo de Temporada Chica. Menos de un cuarto de Plaza en tarde de fuerte lluvia, constante desde el final de la lidia del primero, viento en ese turno y ruedo en condiciones muy complicadas increíblemente soportando la arena toda la lluvia que cayó sin desbordar el encharcamiento en buena medida gracias a la cuadrilla de monosabios que atendieron la situación.

6 Novillos, 6 de Caparica (Divisa Tabaco, Negro y Rojo) Dispareja de presencia con muy poca cara el quinto y especialmente el primero, sencillamente impresentable por abecerrado, indignante haber reseñado, aprobado y lidiado este ejemplar no solo por su cabeza sino inclusive el propio cuerpo. El resto con trapío suficiente, fiel a su tipo y bien armados. Mansos en general, derrumbando su juego luego del primer tercio, no obstante su buena pelea en las cabalgaduras, a partir de la pésima lidia otorgada por las cuadrillas, las condiciones del suelo y la poca entendedera mayormente del primer y tercer espadas. El impresentable primero resulta el único que, tras derribar al piquero, brinda juego por ambos lados en la muleta, probablemente por la poca edad que aparenta, resalta su buen pitón izquierdo.

Francisco Martínez (Berenjena y Oro) Silencio, División y Pitos tras Dos Avisos en el sexto que mató por el tercer espada. Héctor Gutiérrez (Canela y Oro con remates negros) Silencio y Oreja. Roberto Román (Azul Rey y Oro) Silencio en el único que mató.

Pésima la Autoridad de Plaza encabezada por Jesús Morales, sin tino, distraído y concediendo la oreja del quinto sin ninguna valoración sobre la mayoría o no. Desorden en la lida del quinto con el cual, ante la incapacidad de las cuadrillas Usía disculpa el tercer par no obstante había ordenado que fuera colocado.

Sufriendo y literalmente remando para no ahogarse, insufrible tarde de las cuadrillas a pie que echan mano de todo el costal de malas mañas con mantazos, desarmes y banderilleando a la media vuelta, seguramente, dada la condición del piso.

Triunfa Piedras Negras en Teziutlán, una ganadería de leyenda…

Siete Mares de Piedras Negras. Foto Miriam Cardona.

Convoca Piedras Negras y, triunfa porque salvo el sexto todos los lidiados en algún momento brindan emoción, eterno distintivo de la centenaria casa tlaxcalteca.

Mal el palco de la autoridad manejado por las administraciones de los toreros, ya que equivoca la concesión de trofeos y autoriza llevar a cabo el sorteo fuera del horario reglamentario y las instalaciones de la Plaza.

Por Luis Eduardo Maya LoraDe SOL y SOMBRA.

El toro bueno, por presencia y esencia, apareció en segundo lugar en Teziutlán.

Nombrado “Siete Mares” y la referencia jimenista –“entre las tempestades”- se hace buena al surcar las arenas de El Pinal con toda la dignidad de su trapío, enmorrillado alto, serio al frente pero, como prácticamente toda la corrida, perfectamente degollado. Y se fue al abordaje apretando al segundo espada en el recibo, José Adame.

La del cárdeno era sobrepasar límites. Al subalterno Víctor Mora lo hizo padecer y a su lidiador, pese a extender lo más posible la muleta, le puso las cosas en modo exigente y los doblones se quedaron en un intento. Lo mismo que el toreo con la derecha ante un toro al que había que someter por bajo, quedarse quieto, toreó para la galería cuando enfrente tenía un toro que apretaba y no tragaba pantomimas. Espadazo caído, dobló el astado que de su sangre humeaba vapores que se volvían neblina.

Parece que la de Piedras Negras es una sangre que al vaporizar humea casta. Palmas al toro. Y protestas al hidrocálido.

También destacaría en el triunfo de Piedras Negras por su espléndido recorrido por ambos pitones en el último tercio el corrido en quinto lugar, herrado con el número 518 de nombre “Mezcalero” de 490 kilogramos, cárdeno claro, ojalado y bocinero con espléndida fijeza y tremenda emoción por el lado derecho, homenajeado con un merecido Arrastre Lento y lidiado por Jerónimo.

Ovación grande también para una empresa que escucha y que, pese a las presiones, resiste lo más que puede y que ha apostado en los últimos dos años por traer lo que, malamente, se le ha puesto la etiqueta de “duro” o de “difícil”.

Al final el resultado, artístico y de taquilla, refuerza nuevamente el cartel y la categoría de Piedras Negras.

Aquí la crónica completa del festejo.

Twitter @CaballonegroII

La Niebla Humeante – Triunfa Jerónimo con Piedras Negras en Teziutlán.

Screen Shot 2018-08-06 at 4.50.04 PM
Fotograma de Jerónimo en Teziutlán con “Mezcalero” de Piedras Negras.

Convoca Piedras Negras y, sin traer su corrida más pareja en remate y juego, triunfa porque salvo el sexto todos los lidiados en algún momento brindan emoción, eterno distintivo de la centenaria casa tlaxcalteca. En medio de la bruma de la sierra, de menor a mayor, Jerónimo hace valer el sello, su personalidad y largueza para superar sus momentos de desigualdad y salir en hombros. De mayor a menor, José Adame se aprovecha de la taurinamente adolescente concurrencia para salir a hombros en una tarde desconcertante ante el más bravo de la corrida que le exhibe y con el que no respalda su supuesto cartel. Inicio esperanzador de una Feria que mejora.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Teziutlán.

Se apodera la niebla, brumosa y lluviosa, cubriendo la Perla de la Sierra, de las torres de la Catedral hasta su Plaza de Toros, El Pinal. Afortunadamente, techada. Por lo que el “blanco animal divino//engolado y soñoliento” que decía Gabriela Mistral, no hará de las suyas.

En la tierra de Maximino Ávila Camacho está viva la sensación taurina.

Claro. Alimentada por no pocos taurinos locales, orgullosos de su tierra y que pugnan año con año por el toro. Por una empresa que escucha y que, pese a las presiones, resiste lo más que puede y apuesta en los últimos dos años por traer lo que, malamente, se ha puesto la etiqueta de “duro” de “difícil”, a lo que muchos, incluyendo “taurinos” alzan la ceja. Como a los que sí nos gustan los toros nos encanta que lo difícil se haga realidad, “El Pinal” abre su Feria con un hierro que en un año, para alegría de la Afición, se ha lidiado ya tres veces en esta Plaza.

El resultado, artístico y de taquilla, refuerza su cartel y categoría.

Y es ya una cita obligada: Piedras Negras en Teziutlán, compromiso ineludible.

Pero la sospecha comienza desde que el taurineo aparece. Estos personajes sombríos que presionan con todas las artimañas posibles para quitarle algo, lo que sea, a los encierros: que si los sobreros de otro lado, que si sortean a puerta cerrada, que mejor fuera de la plaza, que si entre más chicos, mejor. Y muchas otras perrerías. Todo eso, menos mal, queda fuera cuando el primero de la tarde gusta por la belleza de su cárdena y berrenda capa, así como la manera de tomar el capote de Jerónimo, largo y por abajo.

El torero de la región responde con lo mejor de sí. Intenso su trazo y preciso su avance de tablas hasta más allá de las rayas para rematar con media de cartel. Pero el puyazo hace que el berrendo frene, que su casta se escape y llegue parado al último tercio sumado a la imprecisión de Jerónimo, inoportuno desarme, toreo rápido y múltiples pinchazos, dejan todo en pitos tras aviso.

El toro bueno, por presencia y esencia, aparece en segundo lugar.

Nombrado “Siete Mares” y la referencia jimenista –“entre las tempestades”- se hace buena al surcar las arenas de El Pinal con toda la dignidad de su trapío, enmorrillado alto, serio al frente pero, como prácticamente toda la corrida, perfectamente degollado. Y se va al abordaje apretando al segundo espada en el recibo. José Adame, joven de edad pero colmilludo al torear, lancea con la solvencia que de él se espera, con rapidez y levantando el pie de recibo en cada lance, aunque buena es la media.

Momento grande es el encuentro del cárdeno oscuro con el caballo. Derriba por empujar, amenaza la cuadra, basta su mirada que busca pelea y el peligro se percibe con el humeante poderío del astado y al que su lidiador, le otorga la gracia de no dar el tan necesario segundo puyazo. Torear es el arte de elegir y Adame, así se lo juega.

Solo que torear es dominar, tener las armas y usarlas en la medida exacta.

La del cárdeno es sobrepasar límites. A Víctor Mora lo hace padecer, ni la trampa de Juan Ramón Saldaña tocando para que banderillear a la media vuelta impide que Moradeje de pasar en falso y a su lidiador, pese a extender lo más posible la muleta, le pone las pone las cosas en modo exigente y los doblones se quedan en intento. Lo mismo que el toreo con la derecha ante un toro al que hay que someter por bajo, quedarse quieto. Adamelo hace a retazos pendiente de salir más que de hacer entrar a su dominio al burel al que no le desengaña, ni por error, con la mano izquierda.

Zapatillazos por montones, torea para la galería cuando enfrente tiene un toro que aprieta y no traga pantomimas, mucha velocidad, por fuera, con la coreografía preconcebida termina por aburrir al toro y hacerle derrotar para arriba, un torero que cuando se lo propone es el heredero de las más corrientes formas recientes en el toreo mexicano.

Espadazo caído, dobla el astado que de su sangre humea vapores que se vuelven neblina.

Parece que la de Piedras Negras es una sangre que al vaporizar humea casta.

Palmas al toro. Y protestas al hidrocálido que resumiría su tarde en dos tandas al afligido cuarto, muy serio y hermoso cárdeno claro, bajo y bien cortado al que, de nuevo, ni por asomo consigue poner lo que le ha faltado sobre la mano izquierda, incluso es desarmado, de pena el final con intento de luquecinas. Pinchazos y piadoso silencio. Luego el tongo con el sexto, que tanto se empeña su gente a que, anovillado y de horrible cabeza, a que juegue. Para mal. Adame, si no luce con el toro serio, menos con el medio toro.

Salida a hombros por cubrir el expediente.

Entonces, cuando priva la vulgaridad, el maneo del taurineo, la nebulosa que quiere cargar lo más esencial del toreo, entre niebla, el humo de la casta encuentra su cauce en el sello y la personalidad, el nombre propio de Jerónimo. Siempre de menos a más. Sólido con el capote, vuelve a recibir con lances precisos al tercero, de cara y cabeza discretas pero con hechura exacta para embestir. El entrepelado duda al salir, solo un instante, entonces cambia el terreno el diestro serrano para lancear, largo y a la vez poderoso y hacer notar que ayer los Piedras Negras no es que se dejen o no, sino que el domino surge del toreo bien hecho.

Como las verónicas de Jerónimo a este cuarto que enciende la flama ante un coro que no comprende pero que siente y claro hay un reflejo en sus venas de que eso, lo que haya sido, ha sido valioso, desde que le pisa el terreno y se pone en el sitio, Jerónimo hace andar al astado y le remata lucidor con media.

Correcto el planteamiento, medido en varas, prontitud en banderillas.

Y el conocimiento rinde frutos. Cada muletazo de inicio encauza la embestida, somete por ambos pitones. Más allá del sabor y la personalidad es la plenitud de lo fundamental, que el astado pide quedarse quieto por ambos pitones. Jerónimo, cuando lo logra, derrocha su caudal de emoción prolongado en los naturales, en uno, su propio trazo hace que su toreo, a pesar de tomar la muleta más allá del centro, dicta la circunferencia del toro que camina con emoción pero que exige el temple so pena de enganchar y deslucir. Se adorna torero.

Jerónimo, luego de los pinchazos al primero y el primer pinchazo a este en la suerte contraria, cobra estoconazo, toda la mano se va empapada de esa sangre que con la que tanto se identifica. Y aunque hay una oreja, la emoción y el mérito se juntan en aclamada vuelta que rompe las nieblas y las dudas.

Jerónimo puede, como dice un gran aficionado, la cosa es que se decida.

De pronto, tras la fallida lidia al cuarto. Otra vez Jerónimo luce a la verónica y hace ver que de nuevo, el cárdeno, “Mezcalero”, quinto de la tarde, toma espléndido el capote por el lado izquierdo y el torero, despliega el lance, bellamente, llega a las rayas y luce en la media. Luego del puyazo, breve, pero en lo alto, el toro se alegra en el cite a la distancia para que vengan las chicuelinas, una muy asilverada, para rematar con y de ahí, la brega no dilata y tras brindis a particular, Jerónimo, confiado y dispuesto, se brinda en pleno a la faena.

Alterna lados por arriba, alivia y se gusta en el de la firma y la fase de exploración del pitón derecho, incluye los derechazos largos y, luego de inoportuno enganchón, el remate enciende la cosa. Para la siguiente tanda, que remata con buen trincherazo, ya se anuncia el milagro posterior, suena “Silverio”, y tres son los derechazos de absoluta rotundidad, captura y despliegue de la emoción de la sangre brava que valen el boleto y la promesa, hoy cumplida, que torear es emocionar.

Aun al natural, vuelve una tanda breve, pero el bien ya se había hecho.

Luego una estocada caída, cierto, la emoción contagiada llevó a las dos orejas a la vuelta al ruedo de ganadero aun sin ser esta su más completa corrida pero si la ilusión recompensada de ver un nuevo capitulo piedranegrino.

Que pronto sea.

Solo el humo de la casta, los vapores de la emoción son los que pueden deshacer la brumosa nebulosa, esa que ayer enciende y encuentra el aire de esencia en Jerónimo que bien podía, estando así, haber levantado toda la niebla con calor taurino.

El suave y espeso vapor frío de toda la gran Sierra de Puebla.

Texto:@CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza de Toros “El Pinal”. Teziutlán, Puebla. Feria del Toro 2018. Domingo, Agosto 5 de 2019. Primera de Feria. Más de Tres Cuartos de Plaza en tarde fría con bruma que rodea sin ingresar al coso, apenas un rayo de sol aparece a la muerte del quinto. Palco flojo y manejado por los toreros que equivoca la concesión de trofeos y autoriza llevar a cabo el sorteo fuera del horario reglamentario y las instalaciones de la Plaza. Pésima actuación de la Banda de Música con casi nulo repertorio taurino.

6 Toros, 6 de Piedras Negras (Divisa Negro, y Rojo) Desigual en hechuras de sospechosísimas encornaduras; el sexto impresentable en todo aspecto. Débil el primero. Serio aunque muy atacado el berrendo en cárdeno primero, que llegó sin fuerzas al último tercio. Bravo y creciente el lidiado en segundo lugar, número 540 “Siete Mares” nombrado de 520 kgs., hermoso entrepelado, alto, vuelto de pitones que tumba al caballo y muestra poder en los tres tercios, mereció mejor suerte. Espléndidos por su recorrido por ambos pitones en el último tercio los lidiados en tercero y, especialmente, el corrido en quinto lugar, número 518 de nombre “Mezcalero” de 490 kilogramos, cárdeno claro, ojalado y bocinero con espléndida fijeza y tremenda emoción por el lado derecho, homenajeado con merecido Arrastre Lento. El muy serio cuarto, pese a rajarse al final, tiene un momento de recorrido y cierta casta hasta desarmar a su lidiador y orientarse. El cierra plaza, anovillado, cariavacado con los pitones presumiblemente dañados, no debió lidiarse nunca.

A la muerte del quinto, el ganadero Marco Antonio González y su hijo dieron la vuelta el ruedo acompañados del primer espada.

Jerónimo(Grosella y Oro) Pitos tras Aviso, Oreja y Dos Orejas con Protestas. Joselito Adame (Grana y Oro) Dos Orejas con Protestas, Silencio y Leves Palmas. Ambos espadas salieron a hombros.

César Morales fue derrumbado por el segundo. Juan Ramón Saldaña hace un enorme quite de riesgo a Diego Martínezal salir de un par al cuarto, no obstante toca a la distancia al segundo de la tarde a fin de obtener la ventajosa media vuelta a favor de Víctor Mora, fatal con banderillas mejor con el capote pese a ser enganchado en varias ocasiones.

En la Muerte de Mario Aguilar – Adiós la Torera Inspiración.

Mario Aguilar y el muletazo por bajo a “Abelardo” de San Martín, uno de los más bellos episodios en los últimos tiempos en la Plaza México.

México se consagra como líder mundial en toreros malogrados, por las razones que sean, esta vez, las peores. Una más es el tristemente fallecimiento, la mañana de hoy en Aguascalientes, de Mario Alberto Aguilar Tabares, el célebre novillero, autor de una de las grandes faenas novilleriles de la década pasada en la Plaza México, poseedor de distintas y difíciles virtudes toreras. Se va, lamentablemente, por decisión propia, dejando una esperanza rota dentro y fuera del ruedo y, peor aun, sin lograr plenamente como torero las múltiples virtudes que atesoró. Ahora, tan solo el recuerdo taurino queda y a nosotros corresponde volver a vivirlo.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Si vivir es como torear, si torear es decidir, la elección de Mario Aguilar, además de dolorosísima es sencillamente desgarradora.

Ya no solo para una familia de varios hermanos, uno de ellos importante esperanza taurina, para una madre y una novia hoy el indescriptible desconsuelo total, siempre son las damas las que más lágrimas generan al morir pues necesariamente, como diría Fernando Marcos, son las que más sufren al dar la vida. Con Mario Aguilar el camino, siempre espinoso, el drama de ser toreo, se precipita de la peor manera.

Todo lo contrario a sus virtudes toreras.

Supimos de su existencia taurina allá en el hoy lejano 2002, cuando se decía que había una cuadrilla infantil, principalmente, del Bajío que era impulsada por taurinos españoles y varios ganaderos mexicanos que habían importado el encaste Domecq. Luego supimos por el Dr. Octavio Lagunes, partidario inicial de dicha cuadrilla, que en Juriquilla, dos años después, el muchacho de Aguascalientes había salido bien librado de una terrible novillada de Jesús Cabrera y, no solo eso, lo había hecho con artística diferencia.

Luego, la semana en que Silverio Pérez se unió con Carmelo, es decir, Septiembre de 2006, aquella emocionante vuelta al ruedo de la Plaza México con las cenizas del Faraón de Texcoco y las notas del celebérrimo pasodoble preludiaron una novillada de La Joya para, en aquel entonces, Saldívar, “El Payo” y Aguilar, un festejo de altos vuelos donde, mayormente, los dos primeros destacaron.

No obstante, en aquel Mario Aguilar, no cabían, ni con sus quince años, las prisas.

Por ello remontó en Septiembre, esta vez con “El Payo” y Jairo Miguel con una mansada de Ayala que sustituía a las rechazadas Marco Garfias y Reyes Huerta, con la que Aguilar se repuso y toreó perfecto al natural al tercero, le caminó con pases alternados de los medios al tercio para rematar la faena al sexto cerca de tablas y cortar una oreja comenzando así, lentamente, la ebullición. Esa oreja dejó ver las virtudes para nada menores del joven hidrocálido, serenidad y temple.

Fue entonces cuando para casi rematar la Temporada, en una novillada de lujo, San Martín, aun con Chafik y Miaja, envió un encierro para la historia, sería la última novillada que enviaría bajo dicho mando. Ahí Aguilar se sublimó, se despegó de sus compañeros de aquella cuadrilla infantil, pareció alejarse de la disparidad de “El Payo” y la frialdad de Saldívar, quien esa temporada había oído los tres avisos de un novillo de Manolo Martínez, haciéndose notar ya no solo por temple y valor, sino por su empaque y sello.

Se consagró al cortar una oreja al tercero pese a una voltereta y desorejar al sexto. “Abelardo” nombrado, para la historia.

La faena fue un compendio de compás.

Abelardo”, cárdeno oscuro de reunidos y blancos pitones, fue clarísimo hermano del cuarto, “Soñador” de bandera, bravísimo, triste y penosamente se le fue entero y sin torear al primer espada Roberto Galán, quien no se impuso. “El Payo” se mostró sin recursos y acelerado mientras que Aguilar, tras el triunfo con el tercero, no se conformó con poco y a partir del recibo, palpó, tras doble puyazo, que el novillo quedaría servido idealmente para su toque, en un quite por tafalleras que aun vibra por su plácido vaivén que rompió en una rebolera perfecta que al novillo le llevó por donde habría todo de ser y ocurrir.

Todas las virtudes en él vistas se sublimaron al bordar, desde el péndulo inicial hasta las joselillinas finales, la embestida del noble pero bravo “Abelardo” ante el cual el de palo de rosa y oro respondió con oleaje todo calma en la muleta del de Aguascalientes que fue trazando a partir de los derechazos el camino del pase natural, momento cumbre de aquella faena de cielo gris pero de luminosa composición.

De alarido la fijeza del toro y la ligereza grácil, casi infantil del entonces novillero.

La largueza de la embestida, enviada al sitio correcto por el mando.

La caricia del temple y la rotundidad del bien hacer.

El milagro del toreo surgía con el novillo que se bebía entero la bamba de la muleta que provocaba la arrancada y Aguilar se regodeaba en cada remate ya sea arriba en liberación por alto, ya sea por abajo y contrario en sometimiento y caricia. Naturalidad, completa y soberbia muestra que ese, no cuentos o simulaciones, es el toreo real. Una de las dos mejores faenas de la década pasada, la otra ocurrió un año antes con “Arlequín”de Marco Garfias y Fermín Rivera.

¿Qué habría ocurrido un año después si ambas generaciones se hubieran encontrado en 2006 en La México? Buen intento. Pero a Rafael Herrerías se le cocían las habas y batió el arroz al doctorar aceleradamente, primero a Fermín Rivera y luego a José Mauricio en la Temporada Grande siguiente. Y a Tauromaquia Mexicana, con agenda propia, le urgía mandar a Payo y a Aguilar a España aun cortando cualquier otra aspiración histórica.

La Afición, como siempre, frustrada.

No pudo verse el encuentro entre el también triunfador Víctor Mora y Mario Aguilar en ese mismo 2006, intereses y sobre intereses dejaron las cosas incompletas. Para variar un poco.

Aguilar volvería en 2007 para inaugurar la Temporada Chica y triunfar con San Isidro alternando con Murillo y Saldívar. No se le volvería a ver sino hasta la confirmación. Pero su paso por Madrid en 2008, con la oreja a un novillo de Martelilla, pareció colocarle en un sitio muy importante que su paso aún sin orejas en Sevilla reafirmó, no obstante, nadie lo ha aclarado nunca, su paso por España simplemente se acabó en el San Isidro del año siguiente donde, a diferencia de “El Payo” un año antes, la suerte no le acompañó también con el encierro de La Quinta.

Entonces, el tiempo que no perdona comenzó a acelerar la carrera de Aguilar.

Ya sin una guía ni una voz que le llevara con claridad, el afán de darle la alternativa y colocarle con ganaderías a modo, lo recuerdo en Guanajuato capital y en León, para en menos de tres meses hacerle confirmar con “Juli” y Arturo Macías en su mejor momento, resultará en precipitación y relego a su toreo que era todo sosiego.

Luego, para la otra Temporada, la apoteosis de Talavante con “Alma Gemela” de Julián Hamdan coincidió con su falta de sitio y de concentración, aquella tarde solo dejó ver su gran clase a la verónica ante el tercero. Aguilar toreó en cantidad pero su arribo a mayor calidad nunca llegó. Si ser torero es difícil y es siempre un drama, más lo es sin la cabeza fría y la guía adecuada. Cualquier profesión lo requiere, siempre dio la impresión que Aguilar la dejó de tener.

Aun así, una tarde de Calaveras, un año después, con un serio encierro de Celia Barbabosa, así le vi y aquí lo consagrados en De SOL Y SOMBRA:

“Diferencia. Siempre hay diferencia cuando Mario Aguilar baja las manos.”

“Los ‘brazos pordioseros’ que conjugan belleza y majestad a la verónica con la que saluda al tercero muestran de Aguilar lo mejor que tiene, que es con lo que tiene siempre que contar: el trazo clásico y sentido, bien hecho, el buen hábito técnico que sumado al sentimiento hondo saca igualmente lo mejor de una afición que palpita al corear igual la plomada estática y la broncínea estética de la media y el gran recorte de regreso.”

Porque pareció que Aguilar requería del buen toreo para regresar al origen, a lo esencial a los fundamentos, del oficio taurómaco y de la vida.

Y pese a los triunfos en la propia Plaza México, Villa Carmela y Marrón en 2011, poco se le abonó al hidrocálido, comenzó el desfile de apoderados, el manejo inadecuado, gente que por vanidad tan solo se acerca a los toreros, que los pretende usar y que abonan en nada.

Al contrario les timan y les quitan.

Con Aguilar, la dejazón es una constante, personal y empresarial.

Los chispazos igualmente aparecieron porque los toreros con sello no se agotan en un solo acto, Aguascalientes disfrutó de su capote y su toque, con los Piedras Negras en Texcoco triunfaría y la tarde redonda con los trastos ante los Carranco en Enero de 2014 en La México se frenaría con la espada una tarde de Puerta Grande.

Esa tarde pareció renacer el Mario Aguilar artista.

Reafirmaría aun en diciembre con Xajay, valiente y decidido ante un emocionante cárdeno. Sería de lo último.

Poco a poco escasearían los contratos, la consistencia en su toreo, se le vería fuera de forma como su tarde en La México donde pese a ser el mejor librado, no fue el torero que siempre anhelamos. Sospechoso, decían algunos, de depresión y quizá abusos, pasó todo un año hasta llegar al premonitorio catafalco y azabache de su última aparición san marqueña.

Lo que fuera mayor esperanza, hoy además de triste recuerdo, nos deja el desgarro del coraje, la oscuridad de la desolación y, principalmente, la repetición, quién sabe cuántas más, que en México el ritual, diría Don Dificultades, se hace astillas entre los peñascos de la idiotez.

Sin importar de quién sea la culpa.

Mario Aguilar deja a un hermano, de nombre Miguel, como Carmelo dejó a Silverio. Como Joaquín dejó a Paco Camino, como Alberto Balderas dejó a Francisco. Y, tristemente, como Nimeño II a Nimeño. Perdón por hacer uso de lugares comunes, siempre podrá el joven Aguilar pensar o sentir que, igual que a Silverio, Mario ha de asomarse en el cielo, como Carmelo, para verle torear.

Y nos recuerda Goethe tras anunciar la recopilación del epistolario lleno con las cuitas del joven Werther y que puede bien aplicar a cualquiera en el ruedo de la vida:

“¡Y tú, alma sensible y piadosa, oprimida y afligida por iguales quebrantos, aprende a consolarte en sus padecimientos! Si el destino o tus errores no te permiten tener cerca a un amigo, que este libro pueda suplir su ausencia.”

No pretendemos que estas líneas suplan a nadie.

Pero cada vez que el desconsuelo, personal o taurino, aletee sobre nosotros, sepamos que queda el consuelo en la obra del artista que hoy ha partido, en sus distancias y en sus fundamentos y, aun el lamento de su muerte, nos quedará el aliento de su temple y de su gracia.

Descanse en Paz.

Twitter: @CaballoNegroII.

Mario Alberto Aguilar Tabares (Aguascalientes, 1991) falleció en la primera mitad del 10 de junio de 2018 en su domicilio del centro oriente de la capital hidrocálida. Le sobrevive su madre María Tabares y sus hermanos, el mayor de ellos, Miguel, novillero sin caballos. Sus restos están siendo velados en la Funeraria Hernández de la mencionada ciudad. Descanse en Paz, así sea.

Aguilar a la verónica con el encierro de Villa Carmela en La México, en 2011.

La Caprichosa Similitud – Triunfa Ponce en Desastre de la Autoridad en Aguascalientes.

El cambio de mano de Enrique Ponce en su faena al castaño “Artista” de Bernaldo de Quirós. Foto: Emilio Méndez

Una de las más esperadas citas, doce años, once meses y veintiocho días después se colma entre similitudes, caprichos y ridículos. Y se esfuma con la sensación de que vuelve a faltar algo. Ya sea la sobre administración o la mala suerte de Enrique Ponce quedeja las cosas en suspenso ante el nuevo y enésimo ridículo de la “Autoridad” en Aguascalientes que todo lo que aprieta a la hora del apartado termina aflojando y aflojerando una señalada tarde donde se vuelven a hacer notar los peores males de el actual momento taurino: apatía, cinismo y, principalmente, la conveniencia y acomodo de los agentes y gestores del régimen incapaces, cubierta la papeleta, de ofrecer un espectáculo mejor.
Por: Luis Eduardo Maya Lora De SOL Y SOMBRA. Aguascalientes.

Si Enrique Ponce, que se encarga de hacer patente su enojo en todo el callejón por vérselas con el zambombo cuarto, espantoso por acochinado, feo y, además, manso, si no quiere pasar más corajes primero tiene que dejar de hacerse, como dijera “El Negro” Aranda… igual que aquel otro paisano suyo una tarde de toro de regalo en la Plaza México.

Si, en verdad el enojo llega a este manoteo, hay que dejar de escoger estas bueyadas.

Así de fácil.

Aquí el único culpable es él.

Ese enojo, hagámoslo notar, es el mismo que sienten todos y cada uno de los partidarios del toreo, los aficionados que aman la Fiesta en este lado del mundo cuando toca ver a Enrique Ponce envuelto en escándalos, regateando su prestigio y valor en despachos y apartados en plazas como las mexicanas pero luego quejarse en plena corrida. Todo esto, envuelto de decepción es ensuciar una impecable hoja de vida innecesariamente. No queremos kilos, queremos casta y trapío.

La espera mencionada en la introducción se rompe este año y ha tenido “Armillita” que despedirse primero y morirse después para tener a Ponce en la Feria de San Marcos. Todo está a punto de echarse a perder desde el anuncio, ni Teofilo ni Bernaldo, en casta principalmente, serán jamás lo esperado y anhelado por el público, que no se moviliza igual que hace trece años. Y tal como ocurre la última vez, tiene que haber baile de corrales y sustituciones para que ocurra el milagro.

Solo así y a medias, porque las coincidencias tienen algo de caprichosas.

Aquella vez un novillo adelantado de Santa Bárbara, afortunadamente, hubo de romperse un pitón para que saliera el celebérrimo “Arlequín” de Fernando de la Mora, un toro, sobrero, en toda la extensión de la palabra. Esta vez, el baile de corrales acomoda una tarde ventosa en Aguascalientes que comienza con la salida de un alto y bien hecho castaño, con seriedad suficiente para aguardarle y, pese a ser de Bernaldo, el toro comienza reaccionando con fuerza y plena actitud de toro, alegra su rabo e, incluso, protesta ante el capote que logra avanzar hasta los medios y, pese a un enganchón, remata con media.

Aquí viene uno de los grandes episodios de la corrida: el tercio de varas.

Bendito Dios.

Ponce se templa, no toca los lados y deja en suerte para que por un vuelco del destino, al arrancarse fuerte el castaño, este resbale y al recibir un puyazo contrario haga perder la horizontal al caballo derribándole y desmontando al piquero que termina pisando al toro antes de caer incluso la propia jaca parcialmente cae encima del castaño. En ese momento nuestra impresión es que el astado habría de romperse.

En ese momento nuestra impresión es que el astado habría de romperse.

No, no con este bravo castaño.

Que, si bien sus extremidades traseras resienten el hecho, de pronto se pone en pie y sin vacilar persigue al caballo, ciego a fuerzas, lo hace con alegría en su trote y con la luz de su casta que muestra su disposición a atacar recorriendo circunferencia insospechada hacia la querencia, que también los animales, aun sin ver, mantienen su sentido de orientación, el toro se apodera de la escena y hasta que el caballo choca con su mansa resignación en la barrera, la escena se calma, como si ese encontronazo nos devolviera del drama hacia el mismo ruedo.

Entonces la decisión acertada de no picar de nuevo, sino de dar paso a un nuevo milagro de Mariano de la Viña, permite que el toro, aun pese a la inutilidad de los hermanos Luna que pasan hasta por cuatro veces, aun pese estar casi roto de los cuartos traseros, recupere aire, acentúe la largueza de sus viajes y comience a desarrollar paulatinamente por abajo.

Y tanto es así que “Artista” crece.

Cabecea y embiste al momento que se le cierra en el burladero de matadores y tira el tablón alto de la barrera justo cuando Ponce brinda a toda la Plaza que expectante vislumbra la llegada de amenazantes y grises nubes. Todo este ambiente de calma contrasta con el ansia del astado por ir a la muleta se palpa en los muletazos iniciales donde la embestida se encausa y se somete en el pase de la firma donde comienza a andar el castaño que aun protesta por arriba.

Por ello las tres primeras tandas son una constante por encontrar acople sobre la verticalidad y el temple sobre la mano derecha, basta un enganchón, uno solo para que el valenciano ajuste, vuelva sobre pitón izquierdo en el pase de pecho para vaciar lo más largo posible. Así, evita la tentación de la querencia tirando a los medios, abre entonces el compás, se proteje del viento tirando por abajo y liga cadenciosamente aun contra el viento que le interrumpe nuevo remate de pecho.

La paciencia paga frutos.

Decía Gabriel Figueroa, el gran fotógrafo de la luz, la sombra y el color: “Técnica es una forma de resolver los problemas de contar una historia en la mejor forma posible.” Y esta vez, la mejor forma es mantener la verticalidad, aguantar y, pese al viento, templa, sin eso el castaño se habría descompuesto. La tanda, rotunda y muy cadenciosa, sobre las rayas revienta en el de pecho y prepara la senda de la mano izquierda primero largo y arriba, el toro tiene nervio por ello luego responde abajo.

Ponce aguanta la ráfaga y tras ayudarse llegan los tres mejores pases de la faena, al natural, casi con media muleta por el viento molesto rompiendo la cintura y que proseguirían en una tanda al natural donde el castaño comienza a resentir el peso de la lidia, Ponce, entonces, encela colocando y quitando el engaño en plena cara dándose a torear hasta exprimir al toro al natural aguantando su medio paso, sin duda alguna, para tirar al final de un toro que ya se queda pero del que el magisterio completa.

La vuelta a la derecha obtiene derechazos ligados y un enorme cambio de mano previo a los adornos finales, poncina incluida, por ambos perfiles y sobre la mano derecha. La faena, de gran realización roza a una altura importante que empaña la estocada baja y la inexplicable concesión del rabo, debidamente, protestado.Como para echarle la gente y la criticaduria encima.

Como para echarle la gente y la criticaduria encima.
Como para echarle la gente y la criticaduria encima.

A Ponce le agrada la mencionada concesión y alegre da la vuelta al ruedo. La multitud se espanta por una llovizna que resulta hasta agradable pero que hace huir al personal de palcos como vanidosos de pueblo.

Y ahí terminaría casi todo. Malamente.

El público repudia la presencia del cuarto, flaco y demasiado feo para ser lidiado. Peor el sobrero demasiado retacado para ser siquiera embarcado, Ponce tras el pucherazo y brindis a Armando Manzanero, se esfuerza pero termina oyendo un aviso.

Pese al gran esfuerzo, Payo falla en momentos claves ante el difícil segundo que le desarma en un momento clave no obstante vence al viento y al sentido del toro que le busca siempre. Turno que pincha antes de un gran espadazo. Falla el quinto y regala un novillo manso de La Joya con el que está voluntarioso y al que vuelve a pinchar.

De Silveti, convidado de aparador, su falta de soltura contrasta con el gran quite por gaoneras del sexto con el que se regala la vuelta al ruedo en ratonero modo.Que se le está volviendo costumbre.

Que se le está volviendo costumbre.

Entonces la llovizna trae la abundancia y el despilfarro, la sangre brava que superó, aun increíblemente siendo de Bernaldo de Quirós, que de no haberse lastimado o de haber salido en cuarto turno, habría marcado una composición de mayor alcance artístico.

Como ese cielo del centro de México, el perfecto escenario que tantas veces captara Gabriel Figueroa, al que se rindieran Cannes y Venecia, el celaje ideal de púrpura y amaranto, pues ya que por capricho el toro no coincide en las grandes citas, en Aguascalientes queda siempre, la coincidencia, esta sin capricho, del atardecer.

Celaje, ese sí, fantástico e infaltable.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza Monumental de Aguascalientes. Feria Nacional de San Marcos 2018. Décimo Festejo del Serial Taurino. Novena Corrida de Toros. Casi Lleno en tarde de viento cambiante, con leves gotas al momento del paseillo, ráfagas muy molestas durante los dos primeros turnos que impiden el desarrollo de la lidia sumada a la refrescante llovizna culminado el primer turno. Precioso crepúsculo para terminar el festejo.

Fatal la actuación del Usía que devuelve al cuarto previamente autorizado, no da el primer aviso al primer espada luego de sobrepasar por casi diez minutos el tiempo reglamentario en la lidia del cuarto, inadecuadamente ordena la música para ser callado por el público y, principalmente, otorga inadecuadamente los máximos trofeos al primer espada a la muerte del que abre plaza y homenajea al manso sexto. Distraído en diversos pasajes de la lidia, el sujeto en cuestión responde al nombre de Ignacio Rivera Ríopersonaje de dudosa capacidad taurina y que, de tener mínima vergüenza, habría de presentar su dimisión.

8, Toros, 4 de Bernaldo de Quirós (Divisa Obispo, Rojo y Verde) Los lidiados como primero, segundo, cuarto y sexto turnos. Anunciados como titulares pero rechazados en el reconocimiento, el cuarto es devuelto por feo y escurrido; disparejos de presentación, chico el manso y soso sexto, con cara aunque chico también el difícil segundo, con sentido y emoción en la muleta. Destaca el bravo y noble primero, precioso castaño oscuro, alto y serio por delate; 3 de La Estancia (Divisa Rosa, Blanco y Azul) lidiados en tercero, cuarto como sobrero y quinto; disparejos de presencia y feos, el cuarto es terriblemente acochinado y manso lo mismo que sus hermanos; y 1 de La Joya (Divisa Turquesa, Blanco y Amarillo) Anovillado y manso, jabonero sucio, manso con tendencia a la querencia, inexplicablemente ovacionado y homenajeado en el arrastre.

El que abre plaza número 837, “Artista” nombrado, de 518 kilogramos, castaño aldinegro, alto, ojinegro y bragado, delantero de pitones, fue con justicia homenajeado con el Arrastre Lento ovacionado por la Afición.

Enrique Ponce (Marfil y Oro) Rabo con Protestas y Palmas tras aviso. Octavio García “El Payo” (Nazareno y Oro) Saludos en el Tercio, Silencio y Gran Ovación en el de regalo. Diego Silveti (Salmón y Oro) Palmas y Vuelta por su cuenta con protestas.

El Primer espada salió a hombros.

Bien a la brega Mariano de la Viña con el primero pese a la inutilidad de Jorge Luna, fatal con el capote Ángel González hijo.