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Hace 50 años nació la leyenda de Carlos Arruza

Carlos Arruza, en su arriesgadísimo farol de rodillas

De S y S

La noticia se corrió por todo el mundo, seca, fría y letal:”Carlos Arruza se dirigía a su finca, situada en la carretera de México a Toluca cuando el automóvil en el que viajaba derrapó y dio una vuelta de campana. Recogido al poco por una ambulancia de la Cruz Roja se le apreció una contusión profunda en el tórax, traumatismo creaneoencefálico y contusión retroauricular izquierda. Cinco minutos después del desgraciado accidente en la misma ambulancia fallecía el diestro sin pronunciar una sola palabra”.

Ahí acabo la vida del maestro, nacido en la Ciudad de México el 17 de febrero de 1920, y muerto en un accidente de automóvil en su país natal el 20 de mayo de 1966 con apenas 46 años de edad.

Una de las cualidades excepcionales que Carlos Arruza tenia, era su tremenda CONDICION FÍSICA. Eso le permitió -entre otras cosas- ser uno de los mejores banderilleros que ha habido en la historia de la fiesta de los toros. Su especialidad, dentro del segundo tercio de la lidia, fue sin duda, “el par de poder a poder”, que se basa en las cualidades físicas, y que culminaba con un gran salto, elevando al máximo los brazos, y clavando con gran fuerza y puntería los palos en lo alto del morrillo.

Era un gran espectáculo ver a Arruza poner banderillas. Tal vez por eso, Don José María Cossío, el autor de la gran Enciclopedia Taurina dijo que Arruza era un “torero deportivo”, y se podría aceptar, aunque sólo relativamente, en el sentido de que había en Arruza una elasticidad, una intrepidez alegre, una fortaleza activa, que era notoria no solo en el tercio de banderillas, sino en el transcurso de la lidia completa. Arruza tenía además, otros poderes, pero sobre todo una inventiva torera singular, no solo por la concepción de las suertes, sino sobre todo, por su VISION DE LOS TERRENOS. Veía en el área del toro, resquicios por donde “colarse”, que nadie había visto; y ese era muchas veces, el terreno inusitado que lo obligaba al hallazgo de la suerte insólita, que le permitía salir del aprieto…es que Arruza fue un torero personalísimo, un guerrero que al fragor de la batalla, FABRICABA SUS PROPIAS ARMAS.

Estos conceptos del toreo de Carlos Arruza, son los que según Pepe Alameda, lo hicieron “HETERODOXO”… diferente y singular.

Y es en “esto”, en lo que Arruza superaba a Manolete, que superaba a Arruza en otras cosas, y que por esto hacían tan interesantes sus confrontaciones. Manolete era un torero con “economía planificada”, en cambio Arruza “creaba sobre la marcha” su propia táctica, día a día, y toro a toro. Constituía, desde luego, un gran espectáculo… su imaginación torera infatigable, era de índole dramática, en el sentido de que se disparaba con el ejercicio y se desarrollaba con arte… pero era un drama en acción.

Mentalmente, Arruza conocía el toreo en toda su regla, pero al llevarlo a la práctica, SE DESBOCABA. Se metía en un compromiso con el toro y consigo mismo, y tenía que salir del trance… y salía SIEMPRE, con una fuerza de improvisación e imaginación, como pocos la han tenido. Pero no salía únicamente por sus facultades físicas, sino por su torerismo… si Arruza podía “salirse de la regla” ES PORQUE LA CONOCIA.

Por eso Alameda dice que Arruza era anticanónico… “heterodoxo”… de un tremendo poder de improvisación.

Se retiró Arruza, en pleno uso de sus facultades toreras, y nunca se volvió a vestir de luces… pero como era además un gran caballista, regresó a los redondeles como rejoneador, pero con la enorme ventaja de que clavaba a caballo los “rejones” de castigo y las banderillas en todas sus modalidades, y a la hora del último tercio, se bajaba del caballo, tomaba muleta y estoque, y toreaba con la muleta, con el mismo arte, la misma improvisación, el mismo dominio y torerismo que siempre le caracterizó, y estoqueaba con gran eficacia. Reapareció en la plaza “México” y cortó el primer rabo que en esta plaza se concedía a un torero de a caballo, y marchó de nuevo a España, reapareciendo en Madrid, en la corrida de la Beneficencia de 1957, alternando con las máximas figuras que había en España en ese entonces: Julio Aparicio y Miguel Baez “Litri”…

Cuenta Pepe Alameda: “Era un día soleado de Junio. Bullían las calles madrileñas, y me fui a la plaza en lento, largo paseo, para saborear el ambiente. Por la calle de Alcalá y a las puertas de la plaza, las floristas madrileñas tenían un sólo pregón:
“Señorito, flores para ver a ARRUZA”… No para ver a “Litri”… no para ver a Aparicio… ¡Para ver a Arruza!

La Leyenda

El mismo día (que no año) que venía al mundo Gustavo Adolfo Bécquer, nació uno de los mejores toreros mexicanos de la historia: Carlos Arruza. Este año cumpliría 96 años.

Había nacido el 17 de febrero de 1920 en la capital de México, hijo de españoles naturales de Santander y sobrino del célebre poeta León Felipe. Su verdadero nombre era Carlos Ruiz y Camino. Arruza era el segundo apellido de su padre. Con una acomodada situación económica familiar, estudió en un colegio inglés mexicano.

AIba para deportista, pero Domingo Ortega hizo que su destino cambiase. Cuando lo vio torear, mostró una decidida inclinación por el arte de Cúchares. Y a ello se dedicó. Tomó lecciones toreras y actuó como becerrista durante el período de 1934- 36. Al año siguiente debutó como novillero en la antigua Plaza del Toreo, alternando con Emiliano Vega y Porfirio Sánchez. En el amanecer de 1940 llegó el gran día: la alternativa. Ese 1 de enero se doctoró con «Oncito», de la ganadería de Piedras Negras, con Armillita Chico de padrino. Aquella tarde resultó herido,aunque no con la gravedad de esa tremenda cornada que sufriría luego en Colombia. Valentísimo, también cayó herido en plazas como Sevilla, Burgos, Jerez y Madrid.

Por respeto a Belmonte

Aquí confirmó el 18 de julio de 1944, de manos de Antonio Bienvenida, en presencia de Morenito de Talavera y con toros de Muriel. A partir de entonces su éxito creció y llegó a torear 40 corridas. Al número de 108 llegaría en 1945 y se negó a torear una más por respeto a Juan Belmonte, que había sumado esa cifra.

Carlos Arruza, que toreó mucho en Barcelona, entusiasmaba con sus faroles de rodillas, en su salto característico en banderillas, en ese péndulo (que no es el actual) cogiendo la muleta de arriba abajo. Su adorno del teléfono se hizo famoso, al igual que ese encimismo y tremendismo tan particular. Se recuerda también un tercio de banderillas con Pepe Bienvenida. Su plaza favorita era Sevilla y su torero: Manuel Rodríguez «Manolete».

Una vez resuelto el conflicto mexicano, hubo un tiempo en que Arruza molestaba a toreros como Luis Miguel y apenas toreó. Ya se hablaba entonces de «vetos»…

Cruz de Beneficencia

Arruza era conocido también por su generosidad, y en España tuvo numerosos gestos solidarios. Poseía la Cruz de Beneficencia de Estado español por su entrega a los pobres.

Esta figura mexicana murió con 46 años. El toro de la carretera le jugó una mala pasada. Conducía su mozo de espadas, Jorge Rosales Aragón, La Rana. El tiempo lluvioso que empezó a reinar desde mediodía hizo que la carretera se encontrara resbaladiza. Cuando volvían de su finca «Dolores», al salir de una curva, a 18 kilómetros de Toluca, el mozo de espadas no pudo controlar el vehículo, derrapó, se estrelló contra un camión, rebotó contra la cuneta y allí, moribundo, quedó el cuerpo del torero. La noticia corrió como reguero de pólvora en la ciudad. Su viuda, doña María del Carmen Vázquez, sufrió un desmayo al ver inerme al que fuera compañero de su vida. Unas manos piadosas pusieron sobre su cuello un crucifijo en madera negra.

La madre de Manolete

Su madre, que residía en Madrid, cogió el primer vuelo. Su «otra mamá»,Doña Angustias, la madre de Manolete, lloró amargamente su muerte desde España y envió sendos cablegramas a su familia. Por aquel entonces contó Doña Angustias a ABC que Arruza la estaba ayudando en la organización de un festival benéfico en Córdoba. También fue uno de los grandes impulsores de que se erigiese un monumento en homenaje al Califa. «A partir de hoy -dijo- seguiré rezando antes esta Virgen de los Dolores por dos hijos, por Manolo y por Carlos, que en vida fueron como hermanos, ambos muy buenos, y que, sin duda alguna, esta mañana de mayo han vuelta abrazarse en el cielo».

Era el mes de mayo de 1966, casi dos décadas después de la muerte del Monstruo cordobés, con quien había rivalizado en las arenas y que sería luego íntimo amigo. Carlos Arruza llegaba al cielo de los toreros. Un año antes había declarado: «No conocí a Fleming, pero me moriré admirándole». No fue una cornada por asta de toro la que lo mató: la lluvia y la velocidad acabaron con la vida de uno de los toreros más importantes que México ha parido.

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Carlos Arruza y la Torre de Guadiamar.

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Por El Guerra para De SOL y SOMBRA.

Carlos Arruza estaba en la cúspide del toreo cuando compró La Torre, en Benacazón, España en la cual construyó una plaza de toros.

Relacionado con la Virgen de la Granada se puede contar que José Garrido (fundador), Pedro Espinosa, Florencio Bernal, Marcelo Rodriguez, Eduardo Cobos, Dionisio Ortiz y otros fundaron una hermandad que llamaron “Los Leopardos” entre 1940 y 1944 con objeto de llevar en romería a la Virgen al lugar donde fue encontrada.

Este lugar era conocido por “Torre de Guadiamar”, antiguamente “Torre de Martín Zerón”.

La Hermandad terminó por desaparecer a finales de los años 40. Entonces se celebraba en esa localidad la romería de la Granada, en la cual Carlos Arruza como torero y empresario, participaba en las corridas de “Las Nieves”, celebradas en su plaza de toros, que se ubicaba en la parte trasera de “La Casa Palacio” y en donde Arruza conseguia que se presentaran las figuras mas importantes del toreo de ese entonces, como Pepe Luis Vazquez.

Dicen que la idea de Arruza era aparte de fundar una ganadería, la de crear un desarrrollo turistico y de agricultura, junto con un moderno campo de golf y un proyecto inmobilario, pero al poco tiempo se desistio o quizas se aburrio de la idea y vendio todas sus propiedades.

Regreso a Mexico y adquirio la ganadería de Pasteje, en donde vivio hasta su ultimo dia, el 20 de mayo de 1966.

Carlos Arruza aun es recordado entre los viejos del pueblo como una buena persona, que tenía a la gente trabajando para el en la Torre.

Nota: La ganadería fundada por Carlos Arruza en Sevilla, concretamente en Benacazón, con toros y vacas procedentes de las ganaderías de don Joaquín Buendía y don Felipe Bartolomé, fue vendida en 1956 a María Isabel Ibarra, vale la pena decir que Maribel Ibarra rehízo su ganadería con toros y vacas del marqués de Domecq.

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